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La música popular, en su sentido más amplio, se refiere a una serie de géneros musicales

que tienen un gran atractivo y que generalmente son distribuidos a grandes audiencias a
través de la industria de la música. Esto está en contraste tanto con la música culta, como
con la música tradicional, las cuales normalmente se difunden académicamente o por vía
oral, a audiencias locales, o más pequeñas.

La aplicación original del término fue adoptada en la década de 1880 en el período


conocido como Tin Pan Alley en los Estados Unidos

Hasta finales del siglo XVIII, en Europa, las dos grandes corrientes musicales que había
eran la que actualmente conocemos como música clásica, de tradición escrita y vinculada
a la aristocracia, y la música folclórica (por entonces música popular), de tradición oral y
vinculada a una población fundamentalmente rural.

Esta dualidad artística, que no hacía sino reflejar la clara división social y cultural del
público, empezará a cambiar con el desarrollo de la Revolución Industrial. En países como
Reino Unido y Francia, el crecimiento de las ciudades, la burguesía y el florecimiento de
una clase media urbana interesada en la cultura, promueven la aparición de espectáculos
músico-teatrales dirigidos a este público.41 Estos espectáculos se representarán de forma
regular en lugares como las tabernas, jardines y salones de baile de Londres, o los teatros
y los café-concert de París, y serán el caldo de cultivo para la creación y divulgación de
canciones y otras composiciones que irán conformando una nueva corriente, la música
popular urbana. Los primeros espectáculos de este tipo son el ballad opera y el music hall
en el Reino Unido, el teatro de variedades y el vaudeville en Francia, y un tiempo después
el minstrel show en EE. UU. A éstos se sumarían en las siguientes décadas nuevos
formatos de espectáculos de variedades como el cabaret, la revista, el burlesque, etc.

Junto a este desarrollo del mundo del espectáculo se produce también un progresivo
acercamiento de la música a los hogares de la gente, basado por un lado en el
abaratamiento de los instrumentos musicales, y por otro en una disponibilidad cada vez
mayor de partituras creadas para el consumo doméstico. Este nuevo mercado permitió
que muchos compositores, que en épocas anteriores sólo podían trabajar bajo el encargo
de una institución religiosa o como empleados de una corte o un importante mecenas,
pudieran ahora convertirse en profesionales liberales. Sus creaciones serán
comercializadas por editoras musicales que se encargarán también de tutelar los derechos
de la composición. Ejemplos de estas creaciones se pueden encontrar en los lieder
alemanes de Schumann o las canzonette italianas de Donizetti, para voz y piano, en las
cuales hay a menudo una estructura similar a la de muchas canciones pop modernas. Un
fenómeno similar ocurre en EE. UU. con la industria musical del Tin Pan Alley —con
fuertes raíces en folclore angloamericano— y su autor más conocido, Stephen Foster.
Por último, en la segunda mitad del siglo XIX también cobra fuerza la ópera ligera u
opereta, primero en París (con figuras como Jacques Offenbach y su popular cancán),
después en Viena (de donde surgieron los famosos valses de los Strauss) y Londres. En
España también se practicó el género de la opereta, bajo el nombre de zarzuela.

El pop y el rock

El rock and roll nació en los años 50 como una música animada y de ritmo rápido que
surgía fundamentalmente de un maridaje interracial entre el rhythm and blues negro y el
country blanco. Pioneros de este género fueron mayormente artistas de color como Chuck
Berry o Little Richard, aunque también cantantes blancos como Bill Haley y especialmente
Elvis Presley, que llevaría el fenómeno del rock and roll a sus máximas cotas de
popularidad. El nuevo género, que arraigó fundamentalmente entre la gente joven, se
combinaría en la década siguiente con otros estilos de música popular dando lugar a una
serie de variantes conocidas genéricamente como rock, que terminarían expandiéndose
por los cinco continentes.

En la década de los 60, las figuras dominantes del rock primigenio americano tuvieron que
ceder protagonismo ante el avance de una nueva oleada de grupos británicos que habían
recibido la influencia del rock and roll. Surge lo que se denominaría como Invasión
británica. Bandas como The Beatles, The Rolling Stones, The Who o The Animals, las cuales
tuvieron respuesta en América con grupos como The Beach Boys o The Byrds,
contribuirían notablemente a la evolución del rock y al surgimiento de la nueva cara de la
música popular blanca: la música pop. Por otra parte, al final de la década artistas
estadounidenses como Jimi Hendrix o The Doors también jugarían un papel fundamental
en el desarrollo de la música rock. Al mismo tiempo, se consolidaron nuevas tendencias
entre los norteamericanos de color, como el soul y el funk, con la figura destacada de
James Brown. Se produjo también en Estados Unidos un revival de la música folk con la
canción protesta, representada entre otros por Bob Dylan.

Los años 70 vieron nacer nuevos estilos, como el hard rock (una variante del rock más
dura y de guitarras eléctricas más distorsionadas), el reggae de origen jamaicano, el rock
progresivo, el punk, el rap, la música disco (que dominó las pistas de baile), o los primeros
pasos de la música electrónica en el ámbito de lo popular, donde despuntarán
compositores como Jean-Michel Jarre o Vangelis. Al nivel más comercial, los mayores
éxitos pertenecieron a artistas pop como Elton John o el grupo sueco ABBA. Al mismo
tiempo alcanzaban repercusión internacional nuevos ritmos latinos como la salsa cubana
o la bossa nova brasileña, y, en distintas zonas del mundo, emergían estilos que
mezclaban elementos del pop/rock occidental con la música popular local (así toman
forma el Afropop, el rock latino, el J-Pop, el pop ruso, etc.). Por último, fue esta década la
época dorada de la canción de autor en países del sur de Europa (España, Francia, Italia...)
y Latinoamérica.

La incorporación de los sonidos sintetizados y la popularidad del videoclip marcaron la


estética de la música pop de los 80, donde destacaron figuras como Michael Jackson o
Madonna, junto a grupos pop-rock europeos de una nueva ola (New Wave) que buscaban
sonidos alternativos, como U2 o The Police. En las discotecas, la música disco dejaba paso
a la música electrónica de baile como el post-disco, el house o el techno. Entre los
amantes de la música lenta y relajante se consolidaba el new age y, en el otro extremo del
espectro musical, el heavy metal alcanzaba su mayor popularidad a ambos lados del
Atlántico.

En los años 90, el grunge de Nirvana y el rock alternativo comparten protagonismo con el
britpop de Blur y Oasis en las listas de éxitos, mientras la escena dance, vinculada a las
pistas de baile, desarrolla una cada vez más variada prole de subgéneros electrónicos
(trance, drum and bass, chill-out...). Una multiplicación similar se consolida desde la
década anterior en el ámbito del heavy metal, con derivaciones como el thrash metal
(liderado por la banda Metallica) y otros subgéneros como el metal progresivo o el death
metal. Con todo, las ventas de discos en esta década estarán lideradas por artistas
musicalmente más conservadores como Mariah Carey y otras estrellas angloamericanas
del pop melódico.

La música popular entra así finalmente en el siglo XXI con un ya amplio bagaje a sus
espaldas, caracterizado por la multitud de géneros y estilos que han ido tomando forma
década tras década, y conformando un extenso y variado cuerpo de música apreciado por
gente de distintos gustos, edades, ideologías y extracciones sociales a lo largo y ancho de
todo el mundo.