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El instrumento de la palabra

La cobertura periodística del juicio Guerrieri – Amelong en los


diarios impresos de la ciudad de Rosario

Universidad Nacional de Rosario


Licenciatura en Periodismo
Trabajo Final Integrador

Tamara Fernández Casal


Abril 2017

1
Índice

Presentación

Introducción …………………………………………………………………………………….…….… 4

Objetivos …………………………….…………………………………………………………….……. 7

Estructura y metodología ………………………………………………………………….…….. 7

Capítulo I: El trabajo periodístico y la calidad de la información ………….………. 9

1. La organización y su relación con la rutinas productivas ……..……….…. 10

2. Acceso y fuentes de Información ………………………………………..…………….. 14

2.1. La preeminencia de las fuentes oficiales ……………………………………………. 19

2.2. Vínculos con las fuentes durante el juicio ………………………………………….. 21

2.3 Coincidencias, usos y diferencias en la selección de fuentes ……………… 25

3. La calidad de información …………………………………………………………………….. 27

3.1. Hacia un intento de medición de la calidad ………….…………………………….. 29

3.2 Marcas en la construcción de la noticia del juicio …….…………………………. 31

Capítulo II: El derecho a la información en medio de la mercantilización de la


comunicación ……………………………………………………………………………………………….. 35

4. La parcialidad y flexibilización en la información ………………………………. 35

4.1. Relaciones dentro de las empresas de comunicación …………………………. 36

5. El medio como actor social y la información como derecho humano …. 39

2
Conclusión ……………………………………………………………………………………………….……… 43

Bibliografía ……………………………………………………………………………………………………… 46

Anexo ………………………………………………………………………………………………………………. 50

Entrevista a Daniel Leñini. Diario La Capital …………………………………………………. 51

Entrevista a Jorge Kaplán. Diario La Capital ………………………………………………….. 56

Entrevista a José Maggi. Rosario 12 ………….….………………………………………………. 63

Entrevista Walter Palena. Diario La Capital …………………………………………………... 71

Entrevista a Lucía Demarchi. Diario El Ciudadano ………………………………………… 76

Proyecto de TFI aprobado en el Taller …………………………………………………………… 84

3
Introducción

Cuándo la necesidad de justicia se cimenta en la memoria

La reapertura de los juicios por delitos de lesa humanidad en Argentina en el año dos
mil tres, permitió, no solo la elevación a juicio de los responsables de las violaciones a los
derechos humanos durante la última dictadura cívico militar, sino también la
reconstrucción de la historia de las víctimas. De esta manera fue posible trazar un camino
para encontrar los restos de muchos desaparecidos y recuperar la identidad de aquellos
niños a los que la dictadura separó de sus familias.

Esta serie de juzgamientos habían comenzado con el juicio a la Junta Militar en 1985,
en un contexto de apoyo social en plena recuperación democrática. Aunque años más
tarde, la sanción de las denominadas leyes de Obediencia Debida y Punto Final,
detuvieron las condenas al declarar no punibles los delitos cometidos por el personal
militar y policial bajo el mando de las Fuerzas Armadas durante el gobierno de facto.

La derogación de las mismas de la mano de la ley N° 25.779, la constante lucha de los


familiares de víctimas, organismos de derechos humanos, junto a las investigaciones
realizadas y la recopilación de testimonios que permitieron la obtención de pruebas,
habilitaron la reapertura de las causas abandonadas y el inicio de los respectivos procesos
judiciales, fundamentalmente a partir del dos mil cinco. En ese momento, las demandas
de los organismos de derechos humanos se unificaron con los de gran parte de la
sociedad, bajo el mismo reclamo para lograr justicia.

En la ciudad de Rosario, el juicio iniciado en dos mil nueve en el marco de la causa que
unificó los expedientes conocidos como “Quinta de Funes” y “Fábrica de Armas Domingo
Matheu”, fue el primero en la región donde se juzgaron delitos de lesa humanidad. La
causa llevada adelante por la justicia federal, investigó la privación ilegítima de la libertad,
las amenazas, la aplicación de tormentos y la desaparición de las personas que pasaron

4
por el circuito represivo donde actuaron los acusados Juan Daniel Amelong, Oscar Pascual
Guerrierri, Jorge Alberto Fariña, Walter Salvador Pagano y Eduardo Rodolfo Costanzo.

En este camino, el trabajo de los periodistas de los medios impresos de la ciudad de


Rosario, ocupó un rol relevante ante la necesidad social de conocer y saber sobre este
juicio. La presencia en los diarios de testimonios de victimas que narraban las atrocidades
que vivieron durante su cautiverio o las historias de familiares que contaban sobre la
detención o el secuestro de un pariente, daban cuenta de los delitos cometidos para que
no queden dudas del horror vivido. El robo de bebes, los asesinatos, las torturas padecidas
por las víctimas de la dictadura, los nombres de los desaparecidos, los rostros y apellidos
de los represores, comenzaron a conocerse por el conjunto social, a partir del desarrollo
de los juicios. La difusión en los medios como puente para su llegada a la sociedad
permitió generar conciencia e instalar la lucha por el “nunca más”.

Desde el inicio de la primera audiencia oral y pública el 31 de agosto de dos mil


nueve, los diarios, comenzaron a diagramar sus rutinas periodísticas para darle difusión al
tema, siendo los periodistas, los que hacían públicos los avances y novedades de la causa.
No existían precedentes de juicios similares en la justicia federal, por lo cual se forjó una
nueva manera de trabajar.

En un primer momento, se encontraron con audiencias extensas y con la


imposibilidad de ingresar a las salas con grabadores para evitar que se filtren datos
aportados por los testigos. Estas características generaron cambios en las formas de
trabajo de los periodistas, a la vez que aumentó la duración de sus jornadas laborales. La
presencia como oyentes en las audiencias, el contacto con distintas fuentes para obtener
información y la consulta al archivo para contextualizar el tema, fueron algunas de las
tareas que determinaron el modo de trabajo, marcado por su propio interés y la demanda
social de informarse sobre este proceso sin precedentes.

Esta forma de acceder a la información, relacionada a los avances y modificaciones


del caso, fue llevada adelante hasta el día de la sentencia final, el 15 de abril de año 2010.

5
Se vio influenciada por un determinado modo de ejercer la profesión y las características
propias de la labor periodística.

A los temas diarios del medio, se sumaron las largas jornadas laborales, los ritmos que
caracterizan las rutinas productivas y la producción de noticias sin una capacitación o
especialización previa. En este contexto, con condiciones laborales particulares, los
periodistas llevaron adelante el trabajo de dar a conocer a la comunidad sobre el primer
juicio por delitos de lesa humanidad.

Por lo anterior y al entender a la información como un derecho humano inalienable,


el presente trabajo pretende indagar sobre la relación que existe entre las condiciones
laborales de los periodistas y la calidad de información en el trabajo periodístico vinculado
a la causa Guerrieri – Amelong en la ciudad de Rosario.

Para llevarlo a cabo, el análisis se basa en el trabajo de los periodistas de los diarios
gráficos de circulación diaria de la ciudad; La Capital, El Ciudadano y el suplemento de
Pagina 12, Rosario 12. El recorte temporal está enmarcado desde el comienzo del juicio, el
31 de agosto de 2009 hasta su finalización, el quince de abril de 2010.

Una investigación sobre la práctica periodística en el tratamiento de la información en


el primer juicio por delitos de lesa humanidad, y su inevitable relación con el modo de
trabajo, permite reconocer el valor del trabajo periodístico, junto a la garantía de hacer
público estos procesos judiciales, para saber lo ocurrido durante aquellos años. Cada
testimonio que se logró conocer a través de los medios, generó una mayor
concientización.

Y si bien, este juicio corresponde a causas individualizadas, identifica a la totalidad de


los que otorgaron sentencia firme a los acusados de cometer este tipo de crímenes.
Además, como se expresa al inicio, sirvió para recabar información valiosa para nuevos
expedientes y para la recuperación de los nietos y desaparecidos. Sin un rol activo de los
periodistas que se encargaron de la cobertura de este tema, no hubiera sido posible la
terea de contribuir a la memoria, la verdad y la justicia.

6
Objetivo general

Producir conocimiento acerca de la relación existente entre los criterios de selección


de fuentes y las condiciones laborales de los periodistas, a partir de la construcción de la
noticia en la causa Guerrieri – Amelong.

Objetivos específicos

- Dar cuenta del vínculo entre la calidad de la información y la selección de


las fuentes
- Indagar de qué manera inciden las condiciones laborales de los periodistas
en el manejo de las fuentes
- Comprender en qué medida afectan los parámetros de calidad de
información en la noticia que recibe el público
- Indagar sobre el origen de la información y la incorporación de fuentes

Estructura y metodología

El presente trabajo se divide en dos capítulos principales y uno específico para las
conclusiones finales. En el primero, se analiza lo relacionado a la organización del trabajo,
el acceso a la información y la relación que se entabla con cada elemento de la
construcción de la noticia. En este punto se busca comprender la relevancia de las fuentes
y su vínculo con la calidad de información.

El segundo capítulo toma lo referido a las condiciones laborales de los periodistas,


desde su posición inicial de trabajadores inmersos en un Convenio Colectivo de Trabajo,
hasta la estructura del medio en base al tratamiento y organización de la información que
llega al público.

7
El último incluye las conclusiones finales orientadas hacia la existencia de una relación
entre las condiciones laborales y la información que recibe el público en concordancia con
su derecho a la información.

Para la realización de este trabajo, se efectuaron entrevistas a cinco periodistas que


trabajaron en el tema para los diarios La Capital, Rosario 12 y El Ciudadano y a su vez se
llevó a cabo la lectura de noticias publicadas desde el inicio hasta el día posterior al
veredicto final.

8
Capítulo I: El trabajo periodístico y la calidad de la información

“En ese mundo de lo cotidiano se verifica, igualmente, el papel del andamiaje jurídico-
institucional reproductor de la ideología dominante, uno de cuyos instrumentos más
eficaces lo constituyen los medios de comunicación de masas. En la frecuentación
permanente con las ideas de la clase hegemónica de la sociedad-la que posee
materialmente los medios e impone el sentido de los mensajes que emite-, los hombres
elaboran su manera de actuar, de observar la realidad. Es preciso, por lo tanto, escapar de
ese orden y decodificarlo desde otra visión del mundo, es necesario re-comprender la
realidad para lograr modificarla” (…)

Héctor Schmucler (1972)1

Al abordar y tomar contacto con la práctica periodística en los medios de


comunicación, es necesario tener en claro que los trabajadores de prensa, sin dudas
cumplen un rol desde el que es posible generar ideas, mediante la producción de
información completa y plural que le permite al público aproximarse a la realidad que lo
rodea. Si un medio solo reproduce los datos obtenidos de una sola fuente, por ejemplo,
esa información es incompleta y parcial, en cambio sí se acude al lugar de los hechos, o se
consulta a diferentes actores vinculados al tema y se realiza un trabajo de archivo para
visualizar el contexto, los datos obtenidos garantizan, o al menos posibilitan, una
comunicación más profunda.

En este punto intervienen las características propias de los diferentes medios de


comunicación, determinadas por sus posicionamientos políticos, el modo que tienen para
narrar la realidad, las relaciones laborales con sus trabajadores y los aspectos

1
Extraído del prólogo de Héctor Schmucler en el libro Para leer al pato Donald: comunicación de masas y
colonialismo de Ariel Dorfman y Armand Mattelart – 2da edición. Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI Editores,
2012.

9
organizativos de sus rutinas y ritmos de trabajo. Si bien muchos aspectos que se
desarrollan a continuación son compartidos por la prensa audiovisual y la escrita en la
totalidad de sus coberturas, el trabajo en las salas de redacción de los diarios gráficos
respecto al seguimiento del juicio es donde se centra este trabajo.

1. La organización y su relación con las rutinas productivas.

Al momento de producir información, en el interior de los medios de comunicación se


ponen en juego ciertos mecanismos para lograr una diagramación estable y ordenada de
la forma de trabajo. No es una novedad que solo algunos acontecimientos logren
convertirse en noticia, ya que deben cumplir ciertos requisitos para hacerlo. Se inicia así,
la puesta en marcha de un proceso donde se decide qué puede incluirse y qué se deja de
lado en los medios, dando como resultado la noticia.

Desde esta perspectiva, haciendo un primer acercamiento con el concepto de noticia,


es precisa la noción de David Altheide cuando la presenta como “el producto de un
proceso organizado que implica una perspectiva práctica sobre los acontecimientos,
destinada a reunirlos, a dar valoraciones simples y directas sobre sus relaciones, y al
hacerlo de manera que logren entretener a los espectadores” (Wolf, 1987 p. 117). La
naturaleza misma de la noticia y la capacidad de ser apropiada por parte de los periodistas
le permitió a Herbert Gans exhibirla como una “institución social, producto informadores
insertos en procesos institucionales y en ejecución de prácticas institucionales” (Arueta y
Brunet, 2010, p. 24).

Otro aporte relevante para abordarla, es lo establecido por Rodrigo Alsina (1989) al
decir que “el acontecimiento es un fenómeno de percepción del sistema, mientras que la
noticia es un fenómeno de generación del sistema. Sin embargo lo que para un sistema
son noticias para otros son acontecimientos (…) Por eso para estudiarlos hay que
investigar la estructura de las instituciones comunicativas” (pp. 91-92). De esta manera, se

10
comienza a observar que el tratamiento de los temas depende de una organización de
trabajo determinada y de las prácticas institucionales establecidas por las características
distintivas de cada medio.

En particular, como se ha indicado antes, el análisis se basa en los diarios La Capital, El


Ciudadano y el suplemento Rosario 12. Sin dejar de lado a ninguno tres, es importante
resaltar que poseen líneas editoriales bien marcadas, con diferencias contundentes
respecto del privilegio de un tema sobre el otro y su consecuente tratamiento.

Lo anterior se apoya en lo señalado por los investigadores Cesar Arrueta y Marcelo


Brunet (2010), al ver que “la noticia no es el resultado de un mecanismo de selección, sino
la construcción organizacional producto de una multiplicidad de factores que intervienen
en el proceso de negociación” (p. 22). Por esto mismo, es importante divisar que la
construcción de la información dentro de las salas de redacción se fija mediante la
ejecución de un modo de producción determinado para la construcción de la noticia. Cada
medio maneja sus propios criterios de selección de los acontecimientos noticiosos y
estructura así la información.

En relación al modo de abordar la cobertura del juicio Guerrieri – Amelong, el primero


en la historia del medio donde se juzgaron delitos de lesa humanidad, existen puntos
coincidentes respecto a las decisiones y la organización del trabajo. Los periodistas que
llevaron adelante el seguimiento, concuerdan en la actitud del medio donde trabajaban
de adjudicar el tema a aquellos que venían realizando coberturas afines. La mayoría de
ellos ya se encontraba dentro de la sección Política y desde ese lugar encararon la
búsqueda de información. El juicio no significaba un acontecimiento más, por el contrario,
cumpliendo con todos los criterios propios de la noticibilidad, la causa fue tomada por los
tres diarios.

La idea de noticiabilidad como una práctica sobre los acontecimientos, enfatizada por
Wolf (1987) al establecerla en correspondencia al conjunto de criterios y procedimientos
que tienen los aparatos de información para seleccionar noticias entre un número
importante de acontecimientos, la vincula directamente a los “procesos de rutinización y

11
estandarización de las prácticas productivas” (p. 117). Esta relación permite indagar en el
vínculo existente entre el trabajo de los periodistas, la posición que ocupan los dueños del
medio donde desarrollan su labor y los valores que marcan el trabajo dentro de esa
empresa (Arueta y Brunet, 2010, p. 23).

En este sentido, Stella Martini (2000), explica que “el pasaje de la categoría
acontecimiento a la categoría noticia es el resultado de un trabajo en producción cuyo
primer paso consiste en la aplicación discrecional de los criterios de noticiabilidad
establecidos por el medio” (p. 12). Estos criterios, de cierto modo, parcializan la
información brindada, al basarse en sus propios lineamientos editoriales que
inevitablemente llevan a un modo específico de desarrollar la tarea del periodista.

Siguiendo con estos lineamientos, la concepción de la noticia como un servicio


público2, permite establecer el rol activo que los medios de comunicación tienen en la
sociedad como “jerarquizadores” de los datos de la vida cotidiana, a partir del contacto
con los acontecimientos. La valoración según la existencia en ellos de ciertos valores
noticias3, de acuerdo con los criterios de relevancia de cada medio, garantiza su presencia
mediática.

Es así como en la construcción de la noticia se articulan los elementos propios de la


cultura periodística, la organización del trabajo y los procesos productivos, que a su vez
están influenciados por los criterios que estructuran el contenido y tratamiento de la
información. Estos, varían con el tiempo y se modifican según los intereses, las demandas
sociales o simplemente, por las transformaciones socioculturales del momento. (Mc Quail:
2000; Wolf. 1987; Rodrigo Alsina: 1996; Gans: 1980).

2
La concepción de la noticia como un servicio público fue establecido por Stella Martini en su escrito
Periodismo, noticia y noticiabilidad, al decir que los medios construyen los datos que la sociedad necesita en
lo cotidiano, creando empatía entre la construcción periodística y el público, haciendo una noticia más
cercana y creíble, a la vez que cumplen un rol “jerarquizador” en los asuntos públicos (Martini, 2000, p. 12).
3
El termino valor noticia se refiere a aquellos “criterios de importancia difundidos a lo largo de todo el
proceso de producción, que no están sólo presentes en la selección de noticias, sino que impregnan también
las fases sucesivas del proceso, aunque con distinto grado de importancia” (Wolf, 1997, pp 222 -223)

12
Se toma la noción de cultura periodística que la establece como el saber o la idea que
tiene el periodista para percibir su propia realidad significativa y desarrollar desde ahí un
marco de conocimientos colectivos, que lo mantiene dentro de una cultura determinada
por una forma de actuar en común. Abarcando los valores, actitudes, convicciones y
prácticas propias del trabajo periodístico4 (Oller Alonso, 2014, p. 4).

En relación a los intereses mismos de cada profesional de la comunicación, Walter


Palena, periodista del diario La Capital, cuenta que “todo tiene que ver con una historia
personal y de militancia”5. En su caso, cuando llegó al diario tenía cierta afinidad con
distintos grupos políticos que posibilitaba el contacto con actores relevantes en el proceso
judicial, ya sean integrantes de organismos de derechos humanos o abogados de las
víctimas. El comenzó a abordar temas vinculados a la causa antes del inicio del proceso
judicial, con los primeros escraches realizados por la fundación HIJOS6, las marchas y
diferentes manifestaciones previas. De igual manera fue el caso de Jorge Kaplán,
integrante del mismo diario, que considera que todos los que tomaron el tema tenían una
“afinidad ideológica real” para dedicarse a la cuestión de derechos humanos.

Por su parte, el diario El Ciudadano, no tenía en ese momento suficiente personal en


la sección Política y contó con la colaboración de dos integrantes de Policiales, que por
motivación personal propusieron hacerse cargo del juicio. “Desde Política no lo iban a
cubrir con la intensidad que se necesitaba, es decir, ir a todas las audiencias, llevar
adelante un trabajo diario y considerábamos que era importante que se hiciera por ser
una causa tan grande y esperada. Personalmente, tenía mucha intriga de saber cómo era
un juicio en la justicia federal”, cuenta Lucía Demarchi, recordando su primer
acercamiento con el juicio, junto a uno de su jefe, Carlos Retamal.

4
La noción es entendida según lo establecido por Hanitzsch (2007), aunque se toma lo explicado por Oller
Allonso (2014) en Análisis de la cultura periodística en Ecuador.
5
Entrevista realizada al periodista Walter Palena. Ver anexo.
6
La organización HIJOS (Hijos e hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) desde sus
inicios realizó una serie de escraches públicos para identificar socialmente a los represores que se
encontraban en libertad.

13
La apertura de los juicios, significó para los periodistas consultados el comienzo hacia
una reparación social luego de tantos años de dolor y lucha. Coinciden en que se
encontraban movilizados por un interés personal hacia el tema en medio de un clima
político y social que acompañaba el proceso, por eso muchos se ofrecieron para el
seguimiento.

Esta actitud de los comunicadores frente al tema, se ve afectada directamente por los
parámetros marcados en las empresas donde trabajan. Todo el proceso informativo,
desde el acceso, tratamiento y resultado final de la información que llega al público, se
estructura según el umbral de noticiabilidad7 generado por los criterios del medio.

Al concebir a los medios de comunicación como parte del denominado aparato


ideológico del estado8, y como un actor participante en la formación de la opinión pública,
es importante analizar el tratamiento de la información desde su inicio. El rol de los
periodistas a la hora de brindar información, hace que se pongan en juego ciertos
elementos en el acceso a la información que generan un mensaje a pesar de línea editorial
de la empresa a la que pertenecen.

2. Acceso y fuentes de información

Al hablar del acceso a la información se hace referencia a ese primer momento donde
se aborda una noticia, es decir a “la capacidad que tiene el periodista, o el medio en
general, de llegar a los actores principales del hecho noticioso” (Terramo, 2006, p. 66). Al
hacerlo, los trabajadores de prensa despliegan una serie de medidas para llegar a quienes

7
El termino fue señalado por Mauro Wolf (1981) para establecer aquellos factores que permiten que un
acontecimiento sea noticia, determinados por las estructuras mediáticas, las rutinas productivas y los
valores noticias. (Alsina, 1989, p. 108)
8
Tomando los aportes de Louis Althusser (1988), los aparatos ideológicos de estado hacen referencia a
“cierto número de realidades que se presentan al observador bajo la forma de instituciones precisas y
especializadas” (p. 8). El mismo autor precisa que mientras el aparato represivo del estado funciona
mediante el uso de la violencia, los ideológicos lo hacen mediante la reproducción de la ideología
dominante. Estos forman parte del ámbito privado y están conformados por: la iglesia, la escuela, la familia,
el sistema jurídico, el político, el sindical, los medios de comunicación y la cultura.

14
están vinculados con el hecho en sí. Una vez que realizan este paso, deben constatar la
información otorgada y ampliarla para asegurar un correcto manejo de los datos.

En la mayoría de los casos los periodistas no están en el preciso momento cuando


ocurren las cosas, motivo por el cual deben acudir a datos brindados por otros para saber
qué pasó. Y a veces, aunque si hayan estado presentes, no es suficiente y necesitan
ampliar la información o incorporar puntos de vistas distintos. Para hacerlo, se ponen en
contacto con diferentes fuentes intentando reconstruir lo sucedido y tener un primer
acercamiento con el tema.

Se parte del concepto de fuentes de información brindado por Herbert Gans (2004),
que las presenta como “los actores que los periodistas observan o entrevistan, incluidos
quienes hablan por los medios o que son citados en artículos de revistas (…)” (p. 80). Por
otro lado, para Mar de Fontcuberta (1993), las fuentes se constituyen por las personas,
organismos, empresas o instituciones que dan información a los medios para que
confeccionen sus noticias. Y agrega que el contacto no siempre surge del mismo lugar, a
veces el medio contacta a la fuente, y otras los sectores interesados toman la iniciativa (p.
58).

Gracias a estas conceptualizaciones, queda definido que fuente es aquella persona,


institución, grupo u organización que el periodista consulta o entrevista para obtener
información necesaria, ya sea fundamental o complementaria, para la redacción de la
noticia; independientemente sí estuvo o no en el lugar de los hechos.

Como se ha dicho anteriormente, los contactos de los periodistas con grupos


vinculados a familiares, víctimas o jueces y fiscales del juicio, garantizaron en cierto modo
un primer acceso a la información en torno a la causa, los acusados y las víctimas. Hay que
tener en cuenta que la particularidad de este proceso judicial se relaciona a la existencia
de un trabajo de investigación anterior, que a lo largo de los años posibilitó la
reconstrucción de pruebas para llevar, nuevamente, a los militares ante un tribunal. En
este recorrido, los periodistas tuvieron una participación activa al publicar notas,
anteriores al juicio, sobre personas o historias con incidencia en la causa Guerrieri -

15
Amelong. Por lo cual, muchas de sus publicaciones servían de material de consulta para
ampliar información.

José Maggi, miembro de Rosario 12, y uno de los encargados de cuestiones referidas a
derechos humanos y juicios de lesa humanidad, explica que cuando comienzan a trabajar
con el juicio, lo hacen con un “conocimiento previo de testimonios que eran muy fuertes,
como por ejemplo el caso de Eduardo Costanzo9, uno de los represores que ya había
venido hablando periodísticamente hacía años cuando todavía no estaban abierta la etapa
del juicio con responsabilidad penal. El avance periodístico que teníamos por las
entrevistas con él, nos permitió saber en qué sectores de La Calamita10 habían enterrado
gente, de qué manera se había pergeñado la disposición final de todos los asesinados en
La Ribera11 y que rol había jugado cada represor en la Quinta de Funes12”. Datos que le
permitió llegar al juicio con un completo conocimiento previo resultante de una fuente
directa, uno de los pocos represores que se “decidió a hablar y contar detalles de lo que
pasaba allí”13.

Kaplán, que también venía de un trabajo anterior respecto a las causas, cuenta que a
los querellantes y las víctimas los conocía de antes, por eso podía acceder a ellos con
regularidad. Sobre todo porque “el juicio es el resultado final de un proceso muy largo de
reclamos públicos y judiciales en la búsqueda de la justicia (…) El juicio es la penúltima
etapa y la última es la condena”14.

9
Eduardo Costanzo, ex Personal Civil de Inteligencia (PCI) durante la dictadura cívico-militar argentina.
Obtuvo en el primer juicio oral y público por delitos de lesa humanidad, junto al resto de los acusados, la
pena de prisión perpetua.
10
Ex cetro clandestino de detención y torturas ubicado en Granadero Baigorria.
11
La quinta de La Ribera fue un ex centro clandestino de detención, propiedad de la familia Amelong, según
información recabada en el juicio.
12
Ex centro clandestino de detención y torturas. Al igual que La Calamita, La Intermedia, la Escuela
Magnasco, la ex Fábrica de Armas Domingo Matheu, formó parte del circuito represivo del Comando del
Segundo Cuerpo del Ejército y del Destacamento de Inteligencia 121 durante la dictadura cívico militar, cuyo
parte de sus crímenes fueron juzgados en este juicio.
13
Entrevista realizada a José Maggi. Ver anexo.
14
Entrevista realizada a Jorge Kaplán. Ver anexo.

16
Como las audiencias de este primer juicio oral y público eran muy extensas al durar
más de diez horas, separadas por un cuarto intermedio al mediodía15, el trabajo de
redacción y la presencia en la sala comenzó a dificultarse en el desarrollo del juicio que se
extendió a lo largo de ocho meses. Ante esto, algunos periodistas dejaron de asistir a las
audiencias y otros lo hacían en forma parcial, reemplazando los datos que podían obtener
de modo presencial por la consulta a alguien más.

“Desde el punto de vista técnico periodístico, centrándonos en este primer juicio, al


principio íbamos bastante al tribunal, pero el gran problema fue que las audiencias eran
muy extensas por la mañana y la tarde, no todos los días, pero sí maratónicas. Era
imposible cubrir todo presencialmente y después ir a escribir una nota”, explica Jorge
Kaplán y cuenta que tomaron conciencia que una forma práctica para no perder datos era
contactarse con los abogados, ya que ellos tomaban apunte de todos los testimonios. “Sus
notas simplificaban nuestro trabajo, ya que en definitiva, estaban haciendo el trabajo que
podíamos hacer nosotros”16. De este modo, la asistencia a las audiencias de los periodistas
del diario La Capital fue disminuyendo.

Algo similar afirma Walter Palena, respecto a su consulta a integrantes de HIJOS, que
eran una fuente importante con los que se comunicaba de forma fluida. Además, había
generado el contacto con la abogada Matilde Bruera17, a partir de notas anteriores al
juicio y eso le garantizaba el acceso a información que podía perderse al no estar en el
Tribunal. Por otro lado, su contacto con sobrevivientes y personas que estuvieron
detenidas en centros clandestinos, era habitual y se acercaban al diario buscándolo para
hablar, sobre todo en fechas puntuales. La cercanía a HIJOS hizo posible que acceda al

15
Las audiencias estaban previstas de 9.30 a 13 y de 16 a 20 hs, aunque la profundidad y extensión de los
testimonios extendía la duración de las mismas.
16
Fragmento de la entrevista realizada a Jorge Kaplán. Ver anexo.
17
Integrante del equipo de querellantes y abogada, en ese tiempo, de la Asamblea Permanente por los
Derechos Humanos (APDH) de Rosario.

17
informe realizado por Esteban Borgonovo18, que le aportó gran cantidad de información
para graficar los delitos juzgados en la causa. 19

Si bien considera que era “atrapante” asistir a las audiencias y que era necesario estar
presente, Maggi cuenta que no era posible, ya que asistir a toda la jornada significaba
trabajar veinte horas porque después había que volver al diario y escribir. “Yo también
tenía otro trabajo que era en la radio. Por ahí iba cortado y trabajaba sobre el testimonio
que me pasaban las mismas fuentes del tribunal”, explica.

Otro rasgo característico del juicio Guerrieri-Amelong , tiene que ver con el tamaño
reducido de la sala de audiencias del Tribunal Oral Federal N° 1 (TOF). Hasta ese momento
no se realizaban juicios orales en la ciudad y fue necesario adaptar las salas. “Habían
puesto un blindex para que los imputados no tuvieran contacto con el público, que eran
los propios testigos o familiares, allegados de las víctimas u otras víctimas. Entonces
quedaba un espacio muy reducido y los periodistas no entrabamos. Había jornadas que no
eran muchos, pero otras, cuando iba un testigo que tenía más acompañamiento, nos
íbamos a otra sala”, comenta la periodista consultada del diario El Ciudadano. Esta sala se
encontraba en la Cámara Federal de Apelaciones, ubicada a quince cuadras del Tribunal,
era más grande y tenía una pantalla donde se transmitía en el mismo momento lo que
ocurría en el TOF N° 1. Desde ese lugar, el diario, según explica, llevó a cabo el
seguimiento del juicio, salvo alguna vez por problemas de señal o el día de la sentencia
final que estuvieron en el exterior del Tribunal junto a la multitud que esperaba el alegato
final en Bv Oroño.

Otro dato importante para comprender el modo de trabajo se relaciona con la


inexistencia de grabadores dentro de ambas salas, ya que, tal y como lo explica Jorge
Kaplán, en juicios orales “los testigos que forman parte tienen que ser presentados antes

18
Esteban Borgonovo fue detenido ilegalmente en 1977 mientras era estudiante universitario. En 1997 fue
Subsecretario de Asuntos Legislativos del gobierno provincial, lugar desde el cual realizó un informe sobre
parte del personal policial que participó y ejecutó detenciones, torturas y tormentos durante la dictadura
cívico-militar. Los datos fueron recabados de la causa Feced, archivada desde hacía años. Producto de su
informe y de los procesamientos que llegaban de investigaciones realizadas en España e Italia, se firmó el
retiro por cesantía de seis comisarios involucrados que el mismo pudo reconocer.
19
Entrevista a Walter Palena. Ver anexo.

18
que inicie el juicio. Para incorporar alguno nuevo hay que hacer una justificación especial.
Los testigos que dan testimonio en los procesos orales tienen prohibido ingresar a las
salas para no escuchar los aportes del testigo anterior y que de alguna manera su
testimonio se contamine por lo que escucho. Por todo eso no nos dejaban grabar o
filmar”.

Al tener en cuenta las diferentes maneras de acceder a la información que


desarrollaron los periodistas, que dan cuenta de una práctica que reemplaza con fuentes
su ausencia en el lugar, Demarchi, quien según indicó, estuvo muchas veces sola en la sala,
explica que quizás los otros periodistas seleccionaban días que consideraban más
relevantes. “No sé cuál era su criterio, pero yo iba todos los días. Estaba muy enganchada,
me interesaba”20.

Acerca de este tipo de acceso, María Teresa Terramo, en su exposición en el II


Congreso Nacional e Internacional del Foro de Periodismo Argentino, realizado en Buenos
Aires en 2007, afirmó que “el medio no siempre media entre los acontecimientos y su
público, sino entre las fuentes que procesan acontecimientos y los lectores (p. 93).
Acentuando esta idea, Martini (2000) afirma que “se piensa que el periodista vive a la caza
de noticias, cuando en realidad son las noticias, o más exactamente los acontecimientos,
o los actores de los mismos, los que buscan a los periodistas”.

De este modo, la pertenencia a una organización social, una institución no


gubernamental, la posesión de un cargo en alguna repartición del estado, ser conocedor
del tema específico, o simplemente haber estado en el sitio donde ocurrió el hecho
noticioso, habilita la posibilidad de ser fuente de información. Sin embargo, tal como lo
plantea Wolf (1987), las fuentes no son todas iguales y el acceso a ellas tampoco (p. 135).

2.1. La preeminencia de las fuentes oficiales

20
Entrevista realizada a Lucía Demarchi. Ver anexo.

19
A largo de los años, desde una teoría a la otra, se plantearon distintos criterios y
clasificaciones en relación a las fuentes. Esto se debe a la existencia de ciertos rasgos
convenientes para el periodista a la hora de seleccionar una fuente que le permita cumplir
con los tiempos y concretar el producto informativo. Estos factores se basan en cuestiones
propias de cada fuente: que sea posible de obtener, sea productiva, fiable, tenga
credibilidad y autoridad (Gans, 1979). Muchas veces la exaltación de las llamadas fuentes
oficiales sobre otras es habitual en las noticias.

Para acelerar el proceso de construcción, los periodistas acuden a fuentes que logren
garantizarles la obtención información suficiente para la redacción de las noticias. Por este
motivo la consulta a fuentes institucionales o de autoridad es constante, al considerarlas
más confiables que el resto, haciendo que “la información suministrada requiera el menor
número posible de controles” (Wolf, 1987, p. 136). Del mismo modo ocurre con las que
aportan datos correctos y ciertos, teniendo en cuenta que según el planteo de Wolf
(1987), los periodistas vuelven a utilizarlas al confiar en ellas, pasando a ser fuentes fiables
de consulta regular. En este punto se observa que fiabilidad y productividad21, son dos
aspectos que garantizan la confiabilidad y la disminución de fuentes a consultar.

Es común que los periodistas prefieran referenciar a fuentes vinculadas a


instituciones o al estado, que presentan el punto de vista oficial sobre un tema, como fue
el caso de la consulta a querellantes y fiscales a lo largo del juicio. Esto se debe, según
Gans (1979), porque son tomadas como “creíbles aunque sólo sea porque no pueden
permitirse mentir abiertamente y son consideradas también más persuasivas por cuanto
sus acciones y opiniones son oficiales” (Wolf, 1987, p. 137).

En ciertas ocasiones se llega a un apego innecesario por parte de los periodistas que
las creen superiores a otros testimonios que en realidad pueden llegar a ser igual de
confiables, parcializando la información a partir de la reproducción de fuentes

21
Mauro Wolf (1987), la define como una cierta garantía en el material que la fuente ofrece, unida a la
necesidad del aparato de limitar la consulta a otras fuentes para limitar costos y tiempo.

20
pertenecientes al sector oficial. Se prioriza la rentabilidad en el tiempo de trabajo o el
temor de perder el contacto con la fuente sobre el necesario chequeo de la información.

Aunque parecería obvio, no está de más recordar que las fuentes no solo dan
información que se desconoce, sino que enriquecen la noticia con sus testimonios, por lo
cual su consulta debe ir acompañada de una verificación de los datos y una contraposición
de lo dicho por y entre cada una de ellas. Muchas veces, solo por tener una fuente al
alcance, se prefiere contactarla o utilizar sus aportes en vez de buscar por otro lado,
donde se pueden encontrar testimonios significativos y pertinentes.

Al realizar lecturas de las notas escritas en los diarios nombrados, se ve una consulta
recurrente a fuentes provenientes del poder judicial y en menor medida a organismos de
Derechos Humanos. La posibilidad que tenía Kaplán para acceder a los apuntes de los
abogados, muestra de qué lugar provenía su información, aunque en las noticias escritas
por él también se ve la presencia de algunos querellantes. Daniel Leñini, por su parte, se
comunicaba con abogados o militantes de los organismos para obtener datos que estaban
“flojos”. Palena, accedía principalmente de los abogados de los mismos. José Maggi,
acudía a su conocimiento previo y sus notas anteriores pero principalmente realizaba un
trabajo junto a la fiscalía que le habilitaba un acceso a la información que allí guardaban.
En cambio, Demarchi utilizaba como fuente directa los testimonios que escuchaba en las
audiencias y en algunos casos consultaba con familiares de las víctimas que se
nombraban o los mismos testigos.

2.2. Vínculos con las fuentes durante el juicio

El entrevistado de Rosario 12 explica que la fiscal Mabel Colalongo22 fue una persona
muy cercana que les habilitaba todas las fuentes de información. “Entendíamos de qué se

22
La Dra. Mabel Yolanda Colalalongo, fiscal subrogante a cargo de la fiscalía N° 1, conformó la Unidad Fiscal
que intervino en el juicio oral junto a la Dra. Adriana Tessa Saccone de la Unidad Fiscal de Asistencia por
causas por violaciones de derechos humanos durante el terrorismo de estado.

21
los acusaba, sabíamos los pasos siguientes en torno hacia donde iban las acusaciones y
donde tenían mayores o menores pruebas”. Ese contacto permanente con la fiscalía “de
puertas abiertas”, tal y como la describió, le garantizaba precisiones sobre los avances de
la causa que plasmaba en las publicaciones del diario.

Al hablar de esta fuente significativa para su trabajo, indica que Colalongo marcó “una
diferencia, una distancia, un antes y un después en la vida judicial federal. (…) Rompió el
molde prácticamente, porque abrió puertas y compartió mucha información”. El junto a
sus compañeros, iban a las audiencias, hablaban con fiscales, con defensores y siempre
acudían a la fiscalía, considerado que al convivir varios meses con querellantes y
defensores, era posible confiar en sus datos y tenerlos como alternativa.

En las noticias del diario La Capital, generalmente, las fuentes de información


específicas de las audiencias, eran los abogados de los organismos de derechos humanos y
de los querellantes. También obtenían datos importantes de uno de los secretarios que
por un tiempo se había ocupado de ser el contacto con la prensa. Cuando esta posibilidad
no estuvo más, les brindaban información los fiscales23.

Jorge Kaplán, grafica bastante bien la elección que llevaba delante de las fuentes al
justificar que “por un lado, por cuestiones vinculadas al desarrollo propio del juicio vas a
los funcionarios oficiales, pero para contextualizar sí vas a los familiares o a sus abogados,
quienes te dan un discurso más técnico y aportan una buena síntesis de lo ocurrido. Por
otro lado, hay veces en que los familiares no saben muy bien lo que pasa en un juicio,
porque no es su tarea. Te pueden contar su vida, que están sintiendo, o te pueden dar su
opinión. Los que pueden explicarte bien las cuestiones del juicio son sus abogados o los
fiscales, que son los profesionales del derecho”. 24

Entonces, dos de los tres diarios recurrían en la mayoría de los casos a fiscales,
abogados y secretarios para obtener los datos que faltaban, ya sea por no haber
presenciado la audiencia en su totalidad o por no haber asistido ese día. La situación fue

23
Tomado de la entrevista realizada a Jorge Kaplán. Ver anexo.
24
Entrevista a Jorge Kaplán. Ver anexo.

22
un tanto diferente en El Ciudadano, donde el contacto con fuentes lo utilizaban para
reforzar cuestiones tratadas en las audiencias, al haber tenido la posibilidad de asistir a la
jornada completa donde los testimonios eran “extensos” y “minuciosos”. 25

Queda claro de esta manera que mientras más datos obtenían, más conocimientos
adquirían de la causa y mejor era la información brindada. Entendiendo que “el insumo
básico de cualquier medio es la información y, en consecuencia, cuanto mayor sea la
cantidad, la calidad y la diversidad de las informaciones que comunica tanto mayor serán
su credibilidad y, por lo tanto, su influencia. Es por eso que para los medios conquistar y
mantener el acceso a las fuentes que le brindan este recurso vital constituye una de las
tareas centrales en el desempeño de su quehacer cotidiano” (Ruiz y Albertini, 2008, p. 24).
Por esto mismo, la incorporación de diferentes voces en la construcción de la noticia
permite construir una notica un poco más completa.

Dentro de este proceso judicial donde se juzgaban delitos de violaciones, torturas,


tormentos, detenciones ilegales, desapariciones y robos de bebes, todo dentro de un plan
sistemático organizado y puesto en marcha por personal civil y militar durante la
dictadura; existía por supuesto, la defensa de la parte acusada, es decir, de los represores.
Solo uno de los periodistas entrevistó en persona, más de una vez a uno de ellos, al único
represor que habló y dio cuenta de los crímenes perpetrados por él y el resto de los
condenados.

“Es una sensación intransferible hablar con una persona que está cargada con
historias de muerte, y eso es algo que hice básicamente durante mucho tiempo. Eso te
marca mucho”, cuenta José Maggi, al referirse a las entrevista que el mismo le hacía a
Eduardo Costanzo con el fin de obtener alguna información que sirva para reconstruir la
historia de determinadas personas.

Afirma que hablar con él fue lo más pesado que hasta el día de hoy le dejó el juicio.
“Era muy fuerte verlo hablar con naturalidad, siempre contando algo donde los

25
Entrevista a Lucía Demarchi. Ver anexo.

23
protagonistas eran los otros, el solo veía, uno no dejaba de reconocer que él estaba
contando y desnudando parte de la verdad donde él era un mero espectador, aunque
seguramente en realidad no lo era. Era una carga de energía muy fuerte estar allí tratando
de sacar una información. (…) Hay un costo personal en el sentarte con alguien así y volver
a la noche a tu casa con toda esa carga negativa. (…) Costanzo era la personificación del
mal con un bagaje político (…) es la mano de ese aparato del estado dedicado a pisarnos la
cabeza, entonces era un monstruo grande, bastante más grande que un asesino. Era la
cara visible del estado violento. Y muchísimas veces lo entreviste, las veces que fueron
necesarias”.

La decisión de darle voz a este represor, sin dudas fue solventada por la necesidad de
contar con el testimonio de una persona que lleva en su memoria la historia de miles de
desaparecidos y asesinados, aunque signifique darle lugar a la voz de quien cometió los
crímenes más inhumanos. Es importante recordar que dentro de esta causa, se aceptó
como prueba el audio de una entrevista que Carlos Tizziani, corresponsal de Página 12,
realizó para una noticia sobre la historia de un desaparecido. Esto permitió tener un
testimonio de una persona ya fallecida, mediante el audio brindado por el periodista.26

Para el resto de los periodistas consultados, no era importante difundir nada de la


parte acusada. “No tenían nada para decir, de hecho no han dicho nada nunca, solo
negaban los hechos, se mantenían en esa postura de no hablar y suponerse inocentes.
Nunca aportaban nada ni siquiera en sus declaraciones indagatorias, han negado todo
haciendo alusiones políticas de ser parte de un proceso político pero que no tenían nada
que ver. Solo uno habló, que fue Eduardo Costanzo, todos los otros no. No tenía sentido
tomarlos como fuente”, manifiesta Jorge Kaplán.

Estas diferencias en el tratamiento de la información, no solo eran producto de las


decisiones individuales de los propios periodistas, sino de todo un equipo de trabajo y de

26
El 6 de octubre de 2009, el periodista Carlos Tizziani declaró en la audiencia del juicio sobre la entrevista
realizada al ya fallecido Carlos Laluf, que cuenta como fue la historia de la desaparición de su hijo, quien
estuvo en la Quinta de Funes, según la reconstrucción. Se escuchó el audio completo de la entrevista, donde
cuenta de qué manera le entregan a su nieto y como asesinan a su hija. El periodista también brindó
información sobre otras detenidas, según testimonios que el mismo pudo obtener.

24
los lineamientos de cada uno de los medios. Página 12 ha sido y lo sigue siendo, uno de los
diarios que mayor dedicación le otorgó a las causas de delitos de este tipo y eso habilitó la
posibilidad de ser quienes lleven adelante la relación con distintos tipos de fuentes.

Leñini, comenta que del lado de los represores sabían que no iban a encontrar datos
útiles para el seguimiento del juicio, pero era consiente que si a ellos les interesaba hablar
se iban a poner en contacto, como fue el caso del “tucumano Costanzo que era más
excéntrico y porque terminó hablando”.

También comentó de qué forma el desconocimiento de algunos casos que se


incluyeron en la causa, llevaba a la actitud de ir a lo fundamental del tema sin profundizar
demasiado para evitar cometer errores, y a la consulta a fuentes seguras como los
abogados o fiscales sin buscar datos por otro lugar. “A mí me paso así. No por falta de
riesgos sino porque en el momento no se prendieron las antenas. La esposa de un
conocido mío trabajaba para el juzgado recolectando pruebas y tomando testimonios un
año y medio antes del juicio. Eso era gran parte de todo lo instruido, y una de las personas
que se encargó de hacerlo era conocida mía. Pero yo me entere cuando estaba a la mitad
del juicio y me lo perdí. Muchas veces me paso que al desconocer algunos detalles sobre
determinadas historias, o por tener datos confusos, prefería no incluirlo en mis notas por
desconocimiento, cuando en realidad podría haberlo consultado con ella y me sacaba las
dudas y podía sumarlo. No lo utilicé por desconocimiento. Es así, depende de las antenas
de cada periodista (…)”27.

2.3. Coincidencias, usos y diferencias en la selección de fuentes

Una vez que se han identificado las fuentes que seleccionaron los periodistas para la
redacción de las noticias en base a su propia explicación y justificación de la elección, se
llevó a cabo el reconocimiento de esas fuentes en las notas publicadas. Para hacerlo, se

27
Entrevista a Daniel Leñini. Ver anexo.

25
efectuó un recorte de las fechas que más trascendencia tuvieron al haber sido tomadas el
mismo día por los tres diarios y por significar puntos relevantes en el proceso judicial,
aunque cada audiencia, sin dudas, ha sido de igual importancia en la reconstrucción de la
memoria y la impartición de justicia.

Las fechas seleccionadas inician el 31 de agosto por ser el primer día del juicio, luego
el 1° de septiembre que fue el día posterior, se pasa al 22 de ese mes donde declara ell
represor Eduardo Costanzo, mas delante se toma el 5 y 6 de octubre donde declararon
algunos sobrevivientes, se aceptó como prueba el audio de la entrevista del periodista
Carlos Tizziani y se habló de la prohibición del ingreso a las salas con imágenes de los
desaparecidos. Luego se toma el 15 de diciembre por contener la ampliación de la
indagatoria al represor Pascual Guerrieri, el 19 de marzo que es el día posterior a los
alegatos de los defensores de Fariña, Amelong y Pagano donde se pide la “nulidad del
juicio”, después se pasa al 7 de abril con las últimas palabras de los represores, hasta
llegar al 15 y 16 del mismo mes donde se realiza la lectura de la sentencia final y las
repercusiones del veredicto del tribunal.

En este recorrido se observa que tanto La Capital como Rosario 12, tal y como lo
expresaron los periodistas, al principio consultaban a querellantes, a integrantes de
organismos de derechos humanos (HIJOS y Familiares de Detenidos y Desaparecidos por
Razones Políticas), y a personas vinculadas al estado como es el caso de Griselda Tessio,
vicegobernadora de ese momento (en Rosario 12), el ministro de justicia y Derechos
Humanos Héctor Superti y la secretaria de Derechos Humanos, Rosa Acosta (en La
Capital). Además en la manera de narrar se ven ciertos “indicios” de haber estado en el
lugar, al incluir expresiones de los asistentes o reacciones que van por fuera de las
transcripciones que se podían realizar de la causa.

Con el paso de los días, la atribución de fuentes directas se ve en menor medida y en


su lugar se presentan narraciones que dan cuenta de lo ocurrido en las audiencias, con
citas pero del testimonio brindado ante el Tribunal. Llegado el día de la sentencia final y la
lectura de la decisión de los jueces, se vuelve a acudir a declaraciones de abogados,

26
querellantes, familiares de víctimas e integrantes de organizaciones de derechos
humanos.

El caso del diario El Ciudadano es diferente en algunos puntos. De forma cierta, como
indico Lucía Demarchi, se dedicaron a introducir en las noticias lo acontecido en las
audiencias, citando las declaraciones de testigos, víctimas, acusados y abogados. Al inicio y
al final del juico sí acudieron a expresiones de personas vinculadas a organismos de
derechos humanos, querellantes, familiares de víctimas, nietos recuperados, como es el
caso de Sabrina Gullino, y también a personas como Norma Ríos por ser presidenta de
Apdh, y a sobrevivientes como por ejemplo Carlos Novillo, que además es familiar de
desaparecidos.

Otro punto en el que difieren, es el la publicación del día 6 de octubre donde Rosario
12 y El Ciudadano hicieron pública la negativa del Tribunal para que los asistentes,
familiares y víctimas, puedan ingresar a la sala de audiencias con las fotografía de los
desaparecidos. Ambos diarios no solo lo incluyeron en la noticia del día sino también
realizaron una comparación con la actitud de los jueces que por un lado no permitían el
ingreso con imágenes, pero por el otro solo apercibieron verbalmente al represor Juan
Daniel Amelong cuando ingresó y permaneció más de cuatro horas en la sala con una
vincha que tenía escrita la palabra “legalidad” y un maletín con la frase “CFK perdiste,
entendelo”. En cambio, La Capital, con una breve noticia sobre ese hecho eligió publicar
citas del documento leído por el espacio Juicio y Castigo repudiando la actitud de los
jueces, pero sin recordarles a los lectores sobre el primer día de audiencias y la vincha de
Amelong.

3. La calidad de información

La cuestión en torno a la calidad informativa dentro de la compleja estructura del


manejo de la información y la ausencia de una conceptualización unificada del término,

27
lleva a la necesidad de establecer a qué se hace referencia cuándo se habla de calidad. En
este punto, el eje no solo está puesto en la información, sino en el análisis de la calidad
periodística dentro del proceso de construcción de noticia en su totalidad. El interés se
centra en el producto periodístico y en todo el proceso informativo‐comunicativo,
incluyendo a los periodistas, editores y responsables de la empresa en sí (Gómez Mompart
y Sampio, 2013, p. 773).

Al indagar sobre los criterios que deben utilizarse para medirla o definirla, vemos que
“no existe un instrumento para medir la calidad informativa como el termómetro para
medir la temperatura, o un sistema métrico para medir distancia” (VVAA, 2001, p. 115).
Por lo tanto, es conveniente recurrir a las investigaciones que apuntan a definir el término
que se fue modificando notoriamente a lo largo de los años.

En relación a esto, Omar Rincón en El periodista DJ es el medio, explica que “lo que
siempre ha definido la calidad periodística ya no se aplica: disponer de diversidad de
fuentes, confirmar lo dicho con datos y hechos, ofrecer contexto, investigar para
comprender lo que se informa, contar historias utilizando diversos géneros, brindar
modos de interpretación, tener una mirada propia. Los medios de comunicación no pasan
la evaluación de calidad periodística. No existe”. (LUCHESSI. 2013, p. 13)

Un acercamiento inicial al concepto de calidad es el postulado por Teresa Terramo en


el II Congreso Nacional e Internacional del FOPEA28, al definirla teniendo en cuenta su
significado según la Real Academia Española, como “la propiedad o conjunto de
propiedades inherentes a algo, que permiten juzgar su valor. Industrialmente quiere decir
lo mejor dentro de ciertas condiciones del producto y de la satisfacción del consumidor.
(…) La calidad es algo que todas las cosas tienen, pero que depende de la naturaleza de la
cosa. Y por eso mismo decimos que es relativa, depende de la naturaleza de cada cosa” (p.
86). Por consiguiente, para definirla es preciso basarse en el servicio o producto
específico: la construcción de las noticias, por ende, la calidad periodística. De esta

28
Mesa debate llamada Calidad, el estado actual, compuesto por Teresa Téramo, Carlos Jornet e Ignacio
Rodríguez Reyna en el II Congreso Nacional e Internacional del Foro de Periodismo Argentino, realizado en
Buenos Aires en 2007.

28
definición se desprenden dos nociones relevantes: la existencia de un cliente (publico-
lector) y la presencia de determinados requisitos a cumplimentar para garantizar la
calidad.

3.1. Hacia un intento de medición de la calidad

Indicadores, índices o estándares de calidad, han sido desarrollados por distintos


investigadores interesados en el tema que pusieron su mirada en la empresa y el producto
periodístico, para orientarla luego hacia el periodista y el contexto en el que se
desempeña. (Gómez Mompart y Sampio, 2013, p. 781).

A continuación, tomando como referencia los aportes de Josep Lluis Gómez Mompart
y Dolors Palau Sampio 29, se presenta una selección de determinados estudios que
propusieron elementos para determinar o “medir” la calidad en el periodismo.

En el año 2004, la revista Ámbitos publica el escrito Estrategias informativas para


acceder a un periodismo de calidad, en prensa y TV. Patologías y tabla de medicación para
recuperar la calidad en la prensa, de Pablos Coello y Mateos Martín, donde presentan una
propuesta para evaluar la calidad periodística, contemplando la totalidad del proceso
productivo. Lo hacen en base a tres índices: laboral, periodístico y empresarial.

El primero mide las condiciones dentro de las salas de redacción, la productividad, la


especialización, las normas, la conflictividad laboral, el salario justo, el tiempo de trabajo,
las vacaciones y tiempo libre. El segundo, se basa en la medición de la calidad de las
informaciones a partir de la pluralidad de fuentes utilizadas y citadas, uso de bases
documentales primarias, temas propios, investigación, libertad de la redacción en sus
cometidos, continuidad de las informaciones y presencia de correcciones lingüísticas. Y

29
En Métodos y técnicas de análisis y registro para investigar la calidad periodística. Actas del 2° Congreso
Nacional sobre Metodología de la Investigación en Comunicación, Segovia, 2012.

29
por último el tercer índice, toma el rol del propietario del medio. (Martin, 2004, pp. 21-
21).

Otra propuesta es la relacionada al Valor Agregado Periodístico (VAP), impulsada por


el Equipo de investigadores de la Facultad de Periodismo de la Universidad Católica de
Chile (2001), quienes lo presentan como “el resultado de los indicadores obtenidos
mediante la observación y la evaluación de la presencia de variables atribuidas a dos
momentos del proceso informativo: el proceso de selección y el proceso de creación” (p.
118).

La selección incluye la capacidad de discernir entre los acontecimientos noticiosos, el


nivel de acceso de las fuentes y da cuenta del tipo de pauta informativa de cada medio de
comunicación. El acceso se mide a través de la fuente de la noticia y por el tipo, nivel y
aporte que brinda y los indicadores de equidad hacen referencia al equilibrio informativo
en relación con los actores que cubre. El segundo momento, tiene que ver con la creación
de la información sobre un hecho noticioso e incluye las dimensiones de estilo, que se
basa en la forma de relato, las estructuras y los elementos narrativos; el contenido que
involucra el relato de lo sucedido dentro de un contexto determinado; y el énfasis que es
principalmente, el enfoque principal de la noticia (VVAA, 2001, pp. 119, 120).

Terramo (2006), diseñó estándares de Calidad para la información Periodística (CIP)


en busca de un “fortalecimiento de los productos periodísticos en beneficio de una
sociedad mejor informada” (p.75). Para reconocerlos, presenta diez criterios con sus
respectivos indicadores, que tienen que ver la confiabilidad y autoridad de las fuentes, la
relevancia, el interés, el impacto, los antecedentes y consecuencias, la claridad en el
lenguaje, entre otros.

En 2006, la Red de Periodismo de Calidad de México planteó una Propuesta de


indicadores para un periodismo de calidad, donde señalan que su preocupación va más
allá de las cuestiones técnicas, al “aspirar a un periodismo de calidad” que es fundamental
para “la consolidación de la democracia”. En su estudio definen indicadores para medirla
divididos en dos grupos: El primero tiene que ver con el propio trabajo, la formación, el

30
compromiso, los derechos y obligaciones de los periodistas junto a sus directivos. El
segundo, se basa en el entorno, ya sean los códigos de ética, la relación entre
comercialización o publicidad y el derecho al acceso a la información (Gómez Mompart y
Sampio, 2013, p. 781).

3.2. Marcas en la construcción de la noticia del juicio

Seleccionando puntos de contacto entre los diferentes estudios nombrados


oportunamente, es posible indicar que tanto lo referido a las fuentes como al entorno
laboral del periodista son aspectos primordiales para evaluar la calidad en la construcción
de la noticia. De este modo, el acceso a las fuentes, su selección y utilización deben
garantizan el pluralismo de fuentes para otorgar distintos puntos de vista y testimonios
sobre un acontecimiento. Otro aspecto relacionado con los datos obtenidos es el control
de la información a partir de la consulta de archivo, la corrección y la utilización de
estructuras narrativas adecuadas; cada uno de estos aspectos marcan, por decirlo de
alguna manera, la calidad.

En los puntos anteriores ya se han nombrado aquellos criterios para la selección de


las personas, organizaciones e instituciones que los periodistas utilizaron para el
seguimiento del juicio. Queda por establecer las condiciones en que se llevó adelante
trabajo en torno a proceso judicial en cuestión.

Como describe Walter Palena, al recordar lo referido al primer juicio vuelve a su


mente el tiempo del inicio de las reconstrucciones antes de la apertura de los juicios. Ahí
era “todo era mucho más pesado. Luego fue un poco más fácil, teniendo en cuenta que al
caer las leyes de obediencia debida y punto final, se generó todo un clima político y social
muy favorable para eso. Antes de hacer eclosión la crisis del 2001, lo relacionado a los
derechos humanos era una cuestión muy restringida donde participaban pocos. Cuando se
toma la decisión de abrir los juicios, y tomar el enorme trabajo previo que había, se

31
generó un clima diferente de apoyo a los juicios”, explica y deja de manifiesto el contexto
en el cual se realizó el trabajo con la presente causa.

Volviendo a las características propias de juicio, con audiencias largas, con salas
reestructuradas al ser los primeros procesos orales, jueces que no estaban acostumbrados
a hacer público su trabajo y sobre todas las cosas, un proceso único hasta el momento por
la relevancia social y política que significaba; es acertada la expresión de los periodistas
consultados cuando dicen que fue un aprendizaje para todos. “Para los jueces porque no
había existido ningún juicio por delitos de lesa humanidad de esa envergadura, ni con
tanta cantidad de imputados. (…) para familiares, para los abogados, para los propios
periodistas, para los organismos que tuvieron distintos chisporroteos porque en algunas
audiencias no los dejaban entrar con las fotos de los familiares”30, entre otros detalles.

En relación a las limitaciones que encontraron en el interior del medio donde


trabajaban, independientemente de las condiciones laborales de contratación, que se
tratarán en el siguiente capítulo, el espacio adjudicado para las noticias del juicio y el
tiempo que marcaba el cierre del diario, limitaban el trabajo.

Los medios gráficos tienen una estructura determinada que contempla el espacio
para las noticias plasmadas en el interior de una sección y para las publicidades. No es lo
mismo un diario con la extensión de La Capital a otros como El Ciudadano o Rosario 12,
este último que no deja de ser un suplemento del diario a nivel nacional.

“El espacio con el que contábamos era casi siempre una página o a veces menos y
cuando había algo muy relevante, contábamos con dos. No había más espacio porque el
diario tenía cuarenta y pico de páginas y tenía que entrar todo lo demás”, explica Kaplán
basándose en los límites de La Capital, y haciendo hincapié en que desde la empresa había
interés, un interés que quizá hoy en día, se ha perdido un poco debido a “los nuevos
climas políticos de época que marcan los intereses de las empresas”.

30
Fragmento de la entrevista a José Maggi. Ver anexo.

32
En relación a limitaciones de las fuentes, Daniel Leñini afirma que por lo general el
diario “piensa que el periodista que sigue el tema está tan o más informado que escalones
superiores y confía bastante en el que está en la calle y sigue el tema”, por lo cual no
recibía indicaciones de preferencias de fuentes.

Un aspecto relevante es la falta de capacitaciones del medio hacia sus trabajadores.


Era un proceso complicado donde se trataban temas muy delicados, donde un
conocimiento relativo a derechos humanos, a la historia detrás de la dictadura cívico –
militar, a las luchas por la recuperación de identidades, al incansable camino para
identificar y encontrar los restos de los desaparecidos, era necesario para la producción de
noticias con contenido que logren responder las demandas de gran parte de la sociedad
de saber sobre este proceso. Pero ante la ausencia de una iniciativa por parte de los
propietarios de los medios, los periodistas fueron los que se formaron e interesaron en el
tema.

Los tres periodistas consultados del diario La Capital, confiesan que no tuvieron
ningún tipo de capacitación. Para Leñini fue “todo motus propio, vocación propia” y
explica que en los casos que necesitaba conocer un poco más recurría a su compañero
Jorge Kaplán que estaba más instruido en el tema de derechos humanos. Este a su vez
cuenta que al no haber capacitaciones, ni la posibilidad de una especie de exclusividad
temática había que “tratar de circunscribirse a lo marcado por nuestro convenio colectivo
de trabajo. Tampoco tenía mucho sentido quedarse todas las horas de las audiencias,
porque teníamos esa otra forma de reconstruir lo ocurrido. Quizá para un investigador o
alguien que escribiera un libro sobre eso, sí sería importante”31.

En El Ciudadano tampoco hubo capacitaciones, y quienes llevaron adelante este


trabajo no eran especialistas ni personas vinculadas con el tema32. Lucía Demarchi explica
que “era más instintivo” porque su objetivo era “dar a conocerlas historias personales de
toda la gente que paso como testigo, a partir de pequeñas historias de vida de todo eso.

31
Extraído de la entrevista realizada al periodista del diario La Capital, Jorge Kaplán. Ver anexo.
32
Recordar que los dos periodistas que toman el caso venían de la sección Policiales por falta de personal en
Política, sección elegida para la publicación de estos temas.

33
Eso grafica mucho más lo que fue en términos generales cuando se cuentan casos
puntuales. Fui buscando aquellos que me movilizaban y escribí sobre eso”.

Llegado a este punto y con lo expuesto hasta acá, se observa que varios de los
criterios establecidos por los investigadores en torno a la calidad, no se presentan en esta
práctica. Uso de fuentes oficiales, definidas en fiscales y abogados, espacio limitado que
coarta la posibilidad de otras formas de narrar y falta de especialización temática, son
algunos de ellos. Sería conveniente establecer en qué medida el accionar del medio de
comunicación y las condiciones laborales de los periodistas influyen es esto. Para hacerlo
es necesario identificar que hace años, las empresas periodísticas funcionan fieles a su
vínculo con la rentabilidad económica.

34
Capítulo II: El derecho a la información en medio de la mercantilización de la
comunicación

4. La parcialidad y flexibilización en la información

Néstor García Canclini, en su publicación ¿Qué queremos decir con diversidad y


calidad en los medios? , establece que los medios de comunicación nacieron para crear
homogeneidad e “integrar” creando cohesión dentro de una nación, formando así un
movimiento contra la calidad cultural, al ser su vocación principal la de relacionar culturas
distintas, pero “subordinando las diferencias a repertorios compartidos”. Luego, indica
que en tiempos de control estatal de las culturas, lo opuesto a la diversidad era la
homogeneidad y en tiempos donde prevalecen las industrias culturales privadas, la
concentración monopólica de los medios es lo que atenta contra ella, al seleccionar solo
algunas manifestaciones y contenidos de la diversidad (García Canclini, 2011, pp. 3-5).

De esta explicación se desprende la relación que tienen los medios desde su propio
nacimiento, con los intereses propios del poder político o económico en el desarrollo de la
información. El periodismo reconocido como una “práctica social institucionalizada
moderna, circunscripta en sistemas políticos democráticos”, ha sido el punto de partida
de distintas propuestas que buscan estudiar y definir la calidad periodística (Gómez
Mompart y Sampio, 2013, p. 772).

Cada vez es más notoria la relación entre la labor periodística, las condiciones de
trabajo y los intereses del propietario del medio que estructura el modo en que se
organiza la información. El pensar que una historia es buena exclusivamente desde
criterios de rentabilidad, dejando de lado la explicación del contexto y la contraposición
de testimonios sobre los acontecimientos, o priorizando el espacio destinado para la
publicidad, limita el trabajo de los periodistas y como contrapartida, a la calidad de su
producción.

35
Luego de varias consideraciones, García Canclini (2011), indica que la reflexión sobre
la calidad engloba varios aspectos del pensamiento democrático moderno, a saber que
“se da por sentado que la calidad es mayor si la oferta respeta la diversidad étnica y de
creencias, da espacio a distintas opiniones de una sociedad, estimula la imaginación de los
espectadores, fomenta el conocimiento de otras tradiciones culturales” (p. 7). Esta
necesaria introducción de diferentes voces va de la mano con la concepción de las fuentes
como un factor determinante respecto a la calidad de la información producida por los
medios (Wolf, 1987, p.134). O, citando a López (1995), a partir del fundamento de las
fuentes como elemento inicial de las noticias, ya que la “potencia informativa del
periódico se pone de manifiesto (...) en el número, la calidad y el pluralismo de sus fuentes
de información” (Terramo, 2006, p.60)

Una vez más, se vuelve al reconocimiento de la diversidad y su necesaria


reproducción en las noticias, es la relación directa que se entabla con la multiplicidad de
fuentes como garantía de un periodismo que practica su profesión en defensa de la
información como un derecho humano. Aunque la situación actual muestra que las
formas de construcción del sentido social van cambiando, al ver que en “los nuevos estilos
de información y comunicación, cambian las preguntas acerca de cómo se seleccionan y
ordenan los acontecimientos, cómo se construyen los puntos de vista y se comparten,
cómo desprenderse de prejuicios y emanciparse” (García Canclini, 2011, p. 9)

4.1. Relaciones dentro de las empresas de comunicación

En 2002, el sociólogo Robert Castel realizó en Argentina la Conferencia Inaugural del


Seminario Permanente sobre las manifestaciones actuales de la cuestión social, donde
explicó que las transformaciones que comienzan a partir de la década del 70´ eliminaron
el soporte estable para los trabajadores, dando paso a una “desestabilización de la
condición salarial”. Estas mutaciones junto al “desempleo de masas, la precarización de

36
las condiciones del trabajo y paralelamente el debilitamiento de las protecciones
brindadas, hicieron que un gran número de trabajadores se volviera vulnerable” (p. 33).

En medio de estas formas de inestabilidad laboral, Argentina, comienza a travesar


años más tarde, un proceso de privatización y concentración de los medios de
comunicación33, que puso en marcha un manejo de la información direccionada por las
propias reglas del mercado. El medio como empresa y la noticia como mercancía,
producto del trabajo de periodistas, comenzaron a delimitar el escenario en torno a la
comunicación.

Desde este punto, la garantía de la monopolización de las empresas


comunicacionales, manifestaron de forma clara las modificaciones de las rutinas
productivas, las condiciones de trabajo, sumado a los modos de hacer y decir noticias. “Las
nuevas formas particulares de empleo eran muy similares a las antiguas formas de
contratación, de modo que el estatuto del trabajador se desdibujaba ante las imposiciones
del empleo”. La “flexibilidad” no es otra cosa que “una manera de denominar a esta
necesidad de ajuste del trabajador moderno a su tarea” (Castel, 1995, p. 337). En este
escenario, los periodistas, dentro de su condición de asalariados, no quedan por fuera de
ese tipo de relación laboral marcada por la lógica mercantil y por una fuerte movilidad de
las tareas.

En concordancia se encuentra lo expuesto por Omar Rincón (2013) al decir que “los
medios, aunque fracasen como relatores del poder y por su baja calidad periodística,
siguen siendo exitosos como negocio porque las condiciones laborales son lamentables,
ya que se inventó el periodista multimedia: tres oficios por el precio de uno” (p. 13).
Mostrando así, que los cambios producidos en el interior del aparato productivo
repercuten en las formas de contratación, y los medios de comunicación al ser empresas
no quedan ajenos a ellos.

33
César Arrueta y Marcelo Brunet en Noticiabilidad y planificación. Una mirada desde la teoría de los
emisores, los procesos productivos y la cultura tecnológica (2010),sitúan el comienzo de la privatización de
la radiodifusión alrededor de 1989 durante la presidencia de Carlos Menem, a partir de la ley de Reforma del
Estado N° 23.696.

37
Periodistas que sacan fotos, fotógrafos que redactan notas, horas extras no pagas,
personal excluido del convenio colectivo de trabajo y en su lugar monotributistas
facturando por las horas de trabajo; solo algunos aspectos de las modalidades de trabajo
que generan ganancias a las empresas mediáticas.

De esta manera, “empieza a quedar claro que la precarización del empleo y el


desempleo se han inscripto en la dinámica actual de la modernización. Son las
consecuencias necesarias de los nuevos modos de estructuración del empleo, la sombra
de las reestructuraciones industriales y la lucha por la competitividad, que efectivamente
convierten en sombra a gran parte del mundo” (Castel. 1995, p. 337).

En este contexto, y bajo la órbita mercantil de la comunicación, se desarrollan las


actividades de construcción de las noticias, y se realizó el trabajo del juicio Guerrieri –
Amelong, donde la línea editorial junto a los intereses de los dueños fueron límites en el
trabajo.

Los periodistas entrevistados, al momento del inicio del juicio se encontraban


anotados en las empresas bajo el Convenio Colectivo de Trabajo correspondiente. Pero
ante la necesidad de asistir a las jornadas, que como se ha dicho antes, tenían una
duración de diez o doce o más horas, casi duplicando la carga horaria diaria que debían
cumplir; no contaban con el pago de las horas extras que igualmente trabajaban.

Tampoco contaban con el pago total de los viáticos para trasladarse a las audiencias,
aunque ellos mismos manifiestan que la cercanía de las oficinas de los respectivos diarios
les permitía trasladarse caminando, dejando en claro que por viáticos se entendía solo el
traslado. En algunos casos comentaron que los días que realizaron visitas a los ex centros
clandestinos de detención, como La Calamita o Quinta de Funes, si corrió por cuenta del
medio.

Otro detalle a considerar está vinculado a la “multifunción de tareas o temas” que no


les permitía estar en todas las audiencias. Jorge Kaplán es quien describe esta situación al
decir que a veces no tenían la posibilidad de realizar notas con mayor profundidad por

38
falta de espacio pero también por no tener la disponibilidad de estar en las audiencias. En
ocasiones no podía porque estaba en el diario o estaba trabajando en varios temas a la
vez.

Esto no solo pasaba en La Capital, sino también en Rosario 12 y El Ciudadano. José


Maggi comenta que no importaba cuantas horas había trabajado, el sueldo siempre era el
mismo. Pero se conforma con saber que “lo que hacía se exhibía, se mostraba y
corroboraba un laburo que venía haciendo desde hace años. Era el momento para decir
que todo lo que periodísticamente se hizo tenía un valor importantísimo. Comprometerse
con la palabra, era hacerlo frente a un tribunal federal”.34

Por su parte, la situación en El Ciudadano era igual, aunque la propia situación de este
diario siempre se caracterizó por un desempeño precario en cuando a los elementos y las
condiciones de trabajo35. No se pagaban horas extras y las dos personas encargadas del
tema trabajaban muchas horas para poder incluir sus noticias en el matutino. Desde
siempre, según explica Lucía Demarchi, “todo lo que fue garantizar un contenido, no era
por una exigencia de la empresa sino por los que trabajábamos ahí adentro”.

5. El medio como actor social y la información como un derecho humano

El rol que ocupan los medios de comunicación dentro de la sociedad actual es cada
vez más importante, las personas se informan por y en base a ellos, otorgándoles un
poder relevante. Hasta llegar a pensar que “(…) hoy en día los tres poderes importantes
no son el poder ejecutivo, el legislativo y el judicial, sino que el primer poder es el
económico, el segundo es el mediático y que cuando alguien posee el poder económico

34
Entrevista realizada a José Maggi. Ver anexo.
35
Ver en el anexo la entrevista a Lucía Demarchi cuando habla sobre la historia del diario El Ciudadano y la
manera en que los reiterados cambios de dueños afectó al funcionamiento y el contenido del diario.

39
más el poder mediático, controla o acaba por controlar el poder político” (Ramonet, 1995,
381).

En otras palabras, no quiere decir que los medios por si solos pueden lograr ser el
poder político, sí que este se profundiza mediante la utilización y manipulación mediante
los medios de comunicación. El verdadero poder está conformado por el conjunto de
dueños de grupos económicos nacionales e internacionales que se manejan
cómodamente en el mundo de los negocios manteniendo un peso superior al de los
propios gobernantes36 .

Ante este dominio de las empresas sobre la comunicación, se pone en jaque el


derecho de comunicar y expresarse libremente, garantizado por diferentes normativas a
nivel internacional. Entre ellas, el artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos
Humanos suscripta en San José de Costa Rica en 1969 y adoptada por Argentina37, indica
que “toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión. Este
derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda
índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o
artística o por cualquier otro procedimiento de su elección”.

Por su parte y de forma similar, la Declaración Universal de Derechos Humanos,


garantizan que los individuos tienen derecho a la libertad de opinión y de expresión sin
ser “molestados” por eso, a investigar, recibir informaciones y a difundirlas sin limitación
de fronteras por cualquier medio de expresión 38.

Pero, pese a están garantías constitucionales, las empresas mediáticas restringen esta
libertad de expresión, difundiendo información falsa, incompleta, parcial y retocada

36
Ramonet, Ignacio, El quinto poder , Le Monde diplomatique, 2003 (http://monde-
diplomatique.es/2003/10/ramonet.html)
37
En el artículo 75 inciso 22 de la Constitución Nacional Argentina, se especifica la adhesión a normativa de
distintos tratados internacionales con jerarquía constitucional, entre ellos, la Convención Americana sobre
Derechos Humanos.
38
Declaración Universal de Derechos Humanos, aprobada y proclamada por la Asamblea General de
Naciones Unidas en su resolución N° 217 A (III) de 10 de diciembre de 1948.

40
según sus intereses, infringiendo así otros derechos “tan sagrados como el de que todo
ciudadano pueda acceder a una información no contaminada” (Ramonet, 2003, p. 4).

En concordancia a la necesidad de proteger el derecho a la información, se encuentra


el artículo 2 de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual N° 26.522 donde indica
que la actividad realizada por los medios de comunicación es de “interés público, de
carácter fundamental para el desarrollo sociocultural de la población por el que se
exterioriza el derecho humano inalienable de expresar, recibir, difundir e investigar
informaciones, ideas y opiniones”, cuestión que debe ser garantizada por el Estado quien
debe “salvaguardar el derecho a la información, a la participación, preservación y
desarrollo del Estado de Derecho, así como los valores de la libertad de expresión”.

Lo señalado en este punto, vine de la mano de reconocer a los medios como “actores
indispensables” en el desarrollo de la sociedad de información al contribuir a la libertad de
expresión y la pluralidad de información39. De esta manera, la regulación de la actividad
de los medios, en busca de una desconcentración de las empresas, se presenta como la
cuestión principal para lograr el respeto a la diversidad cultural y al derecho a la
información y participación ante una situación donde los grandes medios de comunicación
ponen por encima del interés general sus propios intereses.

Pese a esto, continúa la actitud de los propietarios de los medios que confunden su
propia libertad con la libertad de empresa. Aunque sin lugar a dudas, los beneficios
económicos no pueden (aunque sí lo hacen), prevalecer sobre el derecho de los
ciudadanos a una “información rigurosa y verificada ni servir de pretexto a la difusión
consciente de informaciones falsas o difamaciones” (Ramonet, 2003, p. 3).

Queda entendido entonces, que los medios tienen una manera particular de
organizarse, con sus propios conjuntos de normas y prácticas, pero que a su vez,
“dependen esencialmente de la sociedad y en particular, de sus instituciones de poder
político y económico. Si bien queda lugar para una influencia inversa y puede que la

39
Artículo 1° apartado 9 de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual N° 26.522, sancionada y
promulgada en Argentina el 10 de octubre de 2009.

41
institución mediática esté ganando autonomía debido, sencillamente, al incremento del
volumen y del alcance de sus actividades” (Mc Quail, 2000, p. 29).

Retomando lo relativo al juicio específicamente, se ve que la cobertura del mismo en


los tres diarios gráficos de la ciudad acompañó el camino de reapertura de los procesos
judiciales para impartir justicia contra los delitos de lesa humanidad. Luego de años de
espera, la historia que había sido pospuesta, pasa a estar en la agenda mediática.
Independientemente si el medio coincidía con el proceso, la demanda social y el contexto
del momento, hicieron que en sus páginas se publiquen noticias con el seguimiento del
mismo.

En este sentido, se ve la presencia de los que llevaron adelante el trabajo, quienes


guardan una opinión favorable respecto al resultado final de su participación en el
seguimiento del juicio. Si bien cada uno de ellos explicó aquellos aspectos que podrían
haber mejorado, al haber sido el primer contacto con un juicio con un valor histórico
semejante, lo expresado por José Maggi engloba y representa una idea compartida:

“Acá no hay una especie de héroe, hay decisiones grupales de recolectar información,
abrirse para que la gente las conozca, cuestión que compromete a muchas personas que
forman parte de ese anillo circular. Una fiscal que atiende una familia que se arrima,
periodistas que son capaces de contar y buscar esa información, un Equipo Argentino de
Antropología Forense que trabaja muy noblemente ayudando en la identificación. (…)
Siempre se puede hacer mejor y siempre se puede hacer más. Pero no se trata de
decisiones individuales sino de decisiones grupales que incluyen a un medio de
comunicación. Pero me parece que se hizo lo mejor que se pudo en ese momento y con
un alto costo personal”. 40

40
Fragmento de la entrevista realizada a José Maggi. Ver anexo.

42
Conclusión

Desde el momento en que la comunicación ha sido reclutada por empresas


mediáticas que solo se organizan bajo el impulso mercantil y la exigencia para obtener la
mayor cantidad de ganancias, se fue empantanaron la comunicación.

Es a partir de la puesta en marcha del primer engranaje de la cadena comunicativa,


donde se ven las marcas del poder económico que guía a la información hacia un lugar de
conveniencia. En medio de esta maquinaria, se encuentran los trabajadores de prensa,
con sus propios ideales, falencias, diferencias y capacidades, pero bajo el manto en común
de ser empleados y asalariados, que no solo construyen noticias que serán consumidas
por el público, sino que además cumplen una jornada laboral como cualquier trabajador.
La diferencia, su función roza muy de cerca un derecho fundamental para la vida de las
personas, el de informarse, conocer y comunicarse.

Los criterios de selección de acontecimientos que utilizan los medios, responden a


estos intereses que dominan el proceso, a sus vínculos con el poder de turno y a la
rentabilidad adquirida por la publicación que se realiza cada día. Por eso mismo, como se
ha dejado claro en estas páginas, la línea editorial del medio estructura el modo de
producción y afecta las decisiones de los propios periodistas.

Existen momentos donde los temas a tratar pueden generar rechazo en ellos, que
tienen la posibilidad de tratar la información de manera tal que no se vean afectados sus
intereses y valores. Pero cuando la cuestión es a la inversa, es decir que hay temas que
consideran relevantes y son fieles a sus ideales personales, se ponen en juego otras
cuestiones. Así fue el caso del tratamiento de la información en el juicio Guerriri –
Amelong, un hecho que gran parte de la sociedad esperaba y que representaba la
materialización de más de treinta años de lucha y pedios de justicia.

En este caso puntual, los medios tenían que cumplir la función que el entorno
demandaba. No había dudas que era fundamental la difusión del primer proceso judicial

43
donde se juzgaban delitos de lesa humanidad, que iniciaba un camino de reparación
histórica en torno a la memoria y la justicia. Era importante llevar a cabo una producción
completa y de calidad del proceso, donde la reproducción de los testimonios de víctimas y
sobrevivientes fortalezca el camino que se iniciaba.

El interés de los periodistas en este proceso es indiscutible, cada uno de ellos dejó en
claro que su propia historia personal los llevó a trabajar en la cobertura, investigar sobre
el caso, sobre las historias de las 28 víctimas incluidas en la causa, a destinar más horas de
las que correspondía al trabajo previo a la redacción de las noticias. Los propietarios de los
medios acompañaron, en cierto modo, este trayecto, pero a su vez, limitaban la labor por
cuestiones relacionadas a espacio, falta de capacitaciones, la inexistencia de tener
exclusividad temática, al menos los días de las audiencias, y por no cumplir con el pago de
horas extras o viáticos.

A pesar de estos obstáculos para desempeñar el trabajo, los periodistas intentaron


llevar adelante y consideran haberlo hecho, una cobertura adecuada que colaboró para
sentar precedente en la sociedad y para que se comience a tener en claro cuan macabro
fue el sistema represivo del estado en la dictadura cívico militar.

Si al tener en cuenta los criterios de calidad indicados por los investigadores, es


posible pensar que no se logró garantizar al público el acceso a una información que
responda a la diversidad de voces para reconstruir el relato; no se está identificando el
problema real. La mirada debe empezar a calar más hondo. Sería una actitud simplista
cargar a los periodistas con la responsabilidad de haber hecho un trabajo incompleto,
cuando en realidad existen elementos ajenos a ellos que impidieron la concreción del
trabajo que en verdad sí realizaron. Sin dejar de lado la responsabilidad que deben
mantener con sus producciones.

Si se tiene en cuenta que los mismos periodistas expresaron que en varias


oportunidades no pudieron trabajar con profundidad al tener que dedicarse a varios
temas a la vez, o que se perdieron una historia conmovedora por desconocer a los

44
protagonistas de la misma, aunque los tenían al alcance de la mano; se comienza a
percibir que el motivo radica en otro lado, en otro engranaje de la cadena.

Quizás sea momento de extender los parámetros en torno a la calidad, apoyándose


en el reconociendo en ellos de las modalidades de trabajo de los profesionales de la
comunicación. Indefectiblemente, las dificultades en torno a los elementos de trabajo, la
falta de capacitación y la inestabilidad laboral por ser un asalariado en la sociedad actual,
influyen enormemente el desempeño en torno a la comunicación. El advenimiento de la
explotación de la actividad periodística y del medio físico donde se desarrolla, se edifica a
favor y en beneficio del mercado.

Claro está que existen aspectos fáciles de reconocer y que forman parte de los
criterios unificados para el reconocimiento de la calidad, como el caso de los elementos
técnicos de trabajo, la utilización de diversas fuentes de información y una correcta forma
de organización de ideas para que aquello que se dice sea comprensible. Pero el problema
está en que la calidad se mide para y exclusivamente por las ganancias económicas y no
por la urgente y necesaria representación de la diversidad social41. El concepto continúa
siendo relativo, ¿no será momento de empezar a observar a la calidad desde el
impedimento resultante del esfuerzo ilimitado de las empresas por agrandar sus arcas
dinerarias?

A partir del reconocimiento de esta lógica, es importante empezar a comprender que


en medio de la monopolización mediática, que se estructura y organiza por las reglas
tiranas del mercado, se desarrolla la labor periodística, tan vinculada con el derecho
inalienable a la información. Solo tomando conciencia de esto se podrá recuperar el valor
y el poder que desde tiempos remotos ha tenido la palabra, como una herramienta que se
encuentra por encima de todos los instrumentos del poder de turno.

41
Recordar lo expuesto por Néstor García Canclini (2011) en ¿Qué queremos decir con diversidad y calidad
en los medios?

45
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49
ANEXO

50
Entrevista a Daniel Leñini. Diario La Capital

¿Cómo comenzaste a trabajar con la causa Guerrieri-Amelong y cuáles eran tus


fuentes de información?

En el diario, se tendió a motivar a los periodistas que venían tratando el tema de


derechos humanos para que hagan la cobertura. Yo trabajaba en la sesión política, mi
especialidad no era eso, pero venía siguiendo las informaciones cotidianas. Quien más
seguía el tema era Jorge Kaplán, que además es el que firmó la mayoría de las notas.
Obviamente que a mí también me interesaba la cuestión porque había hecho muchas
notas en mis anteriores trabajos en LT8 y LT3 y seguí en contacto con esas personas, como
por ejemplo integrantes de derechos humanos, Alicia Gutiérrez. Por eso éramos Jorge o
yo, y si yo lo podía cubrir mejor y lo pude hacer. No recuerdo los detalles de la cobertura
inicial, pero sí que el diario hizo esto, se le adjudicó a los periodistas que se inclinaban por
este tema específico y lo siguieron, salvo algún inconveniente, que igual, como siempre, se
lo estimula para que siga la causa porque lo va a hacer con más fuentes y mayor
conocimientos de detalles.

Respecto a las fuentes, en el tema derechos humanos son muy importantes las que
conseguís para recabar ciertos datos para hacer los anticipos y dar contexto, para saber
que podía pasar en las audiencias o en que consiste la causa. Pero en este caso en
particular cuando me acercaba al lugar me encontraba con militantes o abogados que en
el caso de tener algún detalle flojo, ahí lo conseguía. Del lado de los represores intuís que
ahí no vas a encontrar a nadie, entonces hay que buscar por otro lado, ahí te podían
llamar ellos y se los contactaba por ese lado para saber si iba a hablar o no, si se iba a
declarar culpable o no, entre otras cosas.

¿Y vos hablaste con alguno de ellos o con sus abogados?

Yo particularmente no, ni con sus abogados ni familiares de esa parte. Es más, no


recuerdo haber tratado en el juicio con esa parte porque no lo cubrí siempre y porque no

51
estaba la vocación por parte de ellos de hablar. Lo que sabía era que no había forma de
lograr algo por parte de los acusados, salvo del tucumano Costanzo que era más
excéntrico y porque terminó hablando. En una oportunidad le acercó una entrevista a
Carlos Del Frade donde daba detalles de los operativos macabros que hacían y porque yo
lo conocía con anterioridad por haberlo entrevistado en el año 92 cuando el hizo una
denuncia muy fuerte contra el secretario de seguridad de Reuteman, y sabía que si esa
parte quería decir algo iban a tirar los lazos para que su voz se escuche aunque sea un
estropicio lo que diga.

¿Desde el diario limitaban las fuentes o sugerían darle voz a alguna en particular o
les daban libertad a los que seguían el tema?

No. En general el diario piensa que el periodista que sigue el tema está tan o más
informado que escalones superiores y confía bastante en el que está en la calle y sigue el
tema. Por ahí sí te orienta en lo que está faltando, pero solo eso. Pero en cuestiones como
esta que llevaba tiempo atrás de preparación, se sabía que si alguien quería hablar te iba a
contactar.

Eran causas muy instruidas, con un trabajo de los tribunales y recopilación de pruebas
que los acusados no tenían manera de desmentir nada.

¿Qué modalidad de contratación tenías en ese momento en el diario?

Los periodistas que lo cubríamos éramos todos fijos del diario. Yo hacía diez años que
trabajaba ya, Jorge Kaplán más porque es más antiguo que yo en el diario, el entro a
mediados de los 90 y Walter (Palena) también estaba hace tiempo. Los tres que tomamos
el tema estábamos fijos en el diario como redactores.

¿Los viáticos para trasladarse o las horas extras se las pagaban?

Para trasladarnos no porque era todo cerca. Si me pagaron un traslado a la Quinta de


Funes y a La Calamita que hicimos una recorrida. Pero después me quedaba todo cerca de

52
mi casa o del diario, a los Tribunales me acercaba caminando. Igualmente si tenes que ir a
algún lugar rápido te pagan los taxis.

¿El diario les brindó algún tipo de capacitación para trabajar con el juicio?

No, fue todo motus propio, vocación propia. Son muy pocos temas que requieran
algún tipo de capacitación, en mi caso necesitaba el apoyo de mi compañero porque él
venía con más antecedente en la cobertura de derechos humanos. Pero siempre tenes
acceso a la información para conocer la causa y también tenes mucho al estar ahí para
saber que sucede en cada día.

¿Y vos estabas presente en las audiencias?

Si, iba a las audiencias, hablaba con la gente y lo que no conseguía adentro de los
Tribunales, lo buscaba afuera. Tenía mucha respuesta de Alicia Gutiérrez, de los
militantes de organismos, familiares de los desaparecidos. Siempre me encontraba con
gente que no conocía y enseguida pedía el teléfono y me lo daban para poder llamarlos
después, a la tarde o a los días, para completar datos cuando se mencionaba a alguien en
particular o algún testigo determinado. Porque había apellidos que venía menejando y
gente que encontraba ahí o que tienen un perfil más bajo y tuvieron familiares o hijos
asesinados que no son los históricos militantes que se veían en los organismos. Los
descubrí ahí y en ellos también descubrís historias. En la vocación te encontras con eso, en
tratar de ir a las historias personales.

¿Dentro de esas historias, no realizaste ninguna nota que cuente de forma más
personal lo vivido por esas personas?

Quizás te vas enterando de cosas, pero algunas personas no están interesadas en que
salga ese tipo de reportaje. Te chocas con grandes dramas pero a mí no me surgió hacer
algo así. Pero, por ejemplo, en relación a Alicia Gutiérrez, que perdió el esposo, en aquel
momento google un poco su historia y me encontré con que algunos lo enfocaron como
reportaje, los del diario El Ciudadano o Pagina 12. Esa es una nota que yo envidié por
decirlo de alguna manera, porque yo hablaba mucho con ella, pero no se me ocurrió

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hacerlo a mí. Después el diario sí, sacó una nota de Eduardo Tognioli, pero a mí no me
paso.

Respecto al contacto con las fuentes, ¿cuál fue tu criterio de elección?

Los mismos organismos te dicen con quién podes hablar, también el juzgado te baja
línea, no parcializándote sino marcando lo importante y diciéndote que fue lo relevante
en la audiencia. Nadie se mueve mucho de ahí, en eso los periodistas tenemos poca
vocación de encarar los temas desde un costado más arriesgado. Nos ajustamos a lo
medular y eso es lo que terminan publicando la mayoría de los medios escritos. Uno va a
la fuente fija y segura. Lo mismo pasa con todo, en la política está todo muy sistematizado
por ese lado, se sabe que, por ejemplo Marcos Peña va a hablar sobre un aumento de la
nafta y nadie va a averiguar porque se da así. Podríamos hacer otra historia la verdad.

Se necesita más tiempo y un poquito más de riesgo. Capaz que vas y hablas con otro
funcionario y después el gabinete lo lee y te llaman la atención porque fuste el único que
fue por otro lado. A veces paras seguir siendo un periodista al que le dan notas, te ajustas
a las fuentes que hay que ir y evitas no tener que llamar a dos o tres y volverte loco.

¿Te parece que eso mismo paso en este caso del juicio, quizá por no perder las
fuentes “aseguradas” no buscabas por otro lado?

Y si, a mí me paso así. No por falta de riesgos sino porque en el momento no se


prendieron las antenas. La esposa de un conocido mío trabajaba para el juzgado
recolectando pruebas y tomando testimonios un año y medio antes del juicio. Eso era
gran parte de todo lo instruido, y una de las personas que se encargó de hacerlo era
conocida mía. Pero yo me entere cuando estaba a la mitad del juicio y me lo perdí.
Muchas veces me paso que al desconocer algunos detalles sobre determinadas historias, o
por tener datos confusos, prefería no incluirlo en mis notas por desconocimiento, cuando
en realidad podría haberlo consultado con ella y me sacaba las dudas y podía sumarlo. No
lo utilicé por desconocimiento. Es así, depende de las antenas de cada periodista, por eso

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hay mejores periodistas que otros. Pasaba eso, nadie quería errarle y se iba a lo medular
de la audiencia del día y no nos movíamos de ese eje.

No hay que dejar de lado el contexto de esos años, se estaba descubriendo todo, el
gobierno nacional tenía una posición determinada, el país caminaba más seriamente en
política de derechos humanos. Ahora mismo se sabe que en materia de derechos
humanos en la última década las cosas se hicieron bien.

¿Fue una decisión la elección de las fuentes del lado de los familiares y militantes de
derechos humanos?

Y si, uno sigue esa tendencia, puede haber parcialidad al seguir solo la historia de los
familiares pero la historia demuestra que han venido acertando en las políticas que han
desarrollado y en la presión social como factor de movilización, tanto los familiares como
los organismos de derechos humanos. Durante años sostuvieron el reclamo de “no al
indulto ni el punto final”, lo sostuvieron durante el tiempo hasta que el poder político lo
tuvo que derogar. Eso genera que tengan una credibilidad importante que hace que no
dudes en levantar el teléfono confiando en lo que dicen.

Hablando con los que recopilaron datos anteriores al juicio, explicaban que la
coincidencia en los testimonios eran muchas, la causa estaba muy bien instruida y era
muy difícil la defensa. No eran detalles que validaban un solo testigo, sino muchos. Los
acusados no tenían nada para decir y por eso recurrieron a actos como la vincha de
Amelong. Las pruebas estaban bien colectadas y todos lo sabíamos.

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Entrevista a Jorge Kaplán. Diario La Capital. 2016

¿Cómo llegas a trabajar en la cobertura del juicio Guerrieri – Amelong y de qué


manera fuiste generando contacto con querellantes o familiares de las víctimas?

Más allá de que personalmente tengo una afinidad ideológica con el tema derechos
humanos se dio porque estaba trabajando en la sección política, que era el lugar donde se
publicaban esas noticias y a su vez en la sección un compañero y yo éramos los más afines
al tema. Después me quede siguiendo ese tema al tener la agenda de contactos y los
antecedentes bien a mano, como suele pasar. Pero en general todos los que trabajamos
ese tema tenemos una afinidad ideológica real. Aunque también pasa que en ocasiones
tenés que cubrir temas que no te interesan en lo más mínimo, pero no fue este caso.

Y a los querellantes y las víctimas los conocía de antes, sobre todo porque el juicio es
el resultado final de un proceso muy largo de reclamos públicos y judiciales en la
búsqueda de la justicia. El juicio es la penúltima etapa y la última es la condena, por eso
los conocía desde hace tiempo. Al tema los empecé a seguir, primero como lector y luego
trabajando, pero siempre metido en las novedades y el interés de las causas de los juicios
de lesa humanidad.

¿Al momento de recabar información, lo hacías presenciando a las audiencias o


mediante alguna comunicación telefónica para conocer los cambios o novedades?

Desde el punto de vista técnico periodístico, centrándonos en este primer juicio, al


principio íbamos bastante al tribunal, pero el gran problema es que las audiencias eran
muy extensas por la mañana y la tarde, no todos los días, pero sí maratónicas. Era
imposible cubrir todo presencialmente y después ir a escribir una nota. De hecho, a
medida que fue avanzando el juicio y en algunos posteriores, al ser bastantes repetitivos
algunas vivencias de los testigos que tenían muchas coincidencias, vas perdiendo un poco
la importancia del momento inicial, más allá de que todos son importantes.

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A veces pasaba que se le ponía especial foco cuando hay algún testigo o algún
personaje más conocido o relevante o llamativo como noticia. Nosotros al estar en un
medio gráfico podemos ir reconstruyendo mucho que pasó. Por ejemplo una forma que
nos fue muy práctica fue prestar atención en los abogados, ya que ellos toman nota de
todos los testimonios, más allá que las audiencias son grabadas y se hacen
transcripciones, sus notas simplificaban nuestro trabajo, ya que en definitiva, estaban
haciendo el trabajo que podíamos hacer nosotros.

¿Y tenías acceso a esas notas?

Claro. Como los abogados eran amigos, me mandaban esas trascripciones


diariamente. Con eso yo podía hacer algún extracto y los completaba con alguna otra
cuestión puntual que me contaban. Es así como la asistencia a las audiencias se fue
perdiendo por esta cuestión de disponibilidad de recursos que tiene las empresas. Porque
no puedo estar haciendo diez horas y después escribir o poner dos o tres personas
asignadas específicamente para tareas puntuales porque a ninguna empresa le cerraba
eso. No nos daban esa posibilidad.

¿El diario te ofreció algún tipo de capacitación, viáticos o la posibilidad de dejarte


trabajando solo en estas notas para que puedas llevar adelante el trabajo de manera
completa, sin tener que repartir tu tiempo de trabajo en distintas notas con diferentes
temáticas?

No, la verdad es que ninguna empresa te ofrecía eso. Por eso el tema era tratar de
circunscribirse a lo marcado por nuestro convenio colectivo de trabajo. Tampoco tenía
mucho sentido quedarse todas las horas de las audiencias, porque teníamos esa otra
forma de reconstruir lo ocurrido. Quizá para un investigador o alguien que escribiera un
libro sobre eso, sí sería importante.

¿Tenían acceso a las audiencias grabadas o filmadas en su totalidad?

No, sé que estaban pero no accedíamos a ellas. Pero, al pasar un tiempo de este
juicio, paso algo muy piola en relación a la cobertura. A lo largo de los años, se fue

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variando en la forma de cobertura de todos los juicios, ya que todos tuvimos que ir
aprendiendo a cambiar cosas, incluso el poder judicial. No en ese momento, pero sí unos
años después. La Corte Suprema de Justicia creó el Centro de Información Judicial, que es
una especia de órgano de prensa de la Corte. Lo bueno de este sitio de internet es que
transmite por streaming muchos juicios, sean de lesa humanidad o crímenes comunes
resonantes. Yo podía estar desde mi casa escuchando la audiencia completa mientras
hacía otra cosa. Esto fue un proceso de ir aprendiendo el tribunal de cómo manejarse,
además porque a los jueces no les gusta mucho tener público. En aquel momento las salas
de audiencias eran chicas, entraban cerca de quince o veinte personas de público. En ese
juicio en particular habían habilitado un salón auditorio grande en calle Mitre, donde
transmitían en vivo toda la audiencia, aunque a veces se cortaba. En la sala de los
Tribunales Federales de calle Oroño no había mucho espacio, ya que estaban los
familiares y por cuestión de lugar casi siempre iba a la sala de calle Mitre. Pero en
audiencias donde se dictó sentencia sí nos acercamos a calle Oroño. También, más
adelante, para días claves, cuando se juntaba gente en la puerta, habilitaron una salita con
un televisor y una pantalla en la puerta con un equipo de audio para que se escuche en
vivo. Fue un proceso que fue variando con el tiempo y dejando un aprendizaje sobre cómo
manejarse, sobre todo porque los jueces no están acostumbrados a hacer públicos sus
actos, no les gusta que los estén mirando ahí.

¿Respecto a tu relación con las fuentes, a quienes tratabas de darle voz en tus
notas?

Generalmente a los abogados de los organismos de derechos humanos y de los


querellantes, como fuente de información específica de las audiencias. También en ese
juicio uno de los juzgados había puesto a uno de los secretarios en contacto con la prensa,
que era hijo de una de las juezas. Eso estaba bueno, pero después no lo hicieron más.
También nos brindaban información los fiscales, que más allá de asistir o tomar algún
testimonio directo de los testigos, esperábamos afuera para hablar con ellos o llamarlos.

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Los acusados no tenían nada para decir, de hecho no han dicho nada nunca, solo
negaban los hechos, se mantenían en esa postura de no hablar y suponerse inocentes.
Nunca aportaban nada ni siquiera en sus declaraciones indagatorias han negado todo
haciendo alusiones políticas de ser parte de un proceso político pero que no tenían nada
que ver. Solo uno habló, que fue Eduardo Costanzo, todos los otros no. No tenía sentido
tomarlos como fuente.

¿En algún momento llevaste adelante alguna narración o nota más completa sobre
la historia puntual de alguna de las víctimas?

No hicimos específicamente eso. Pero si ha quedado contada la historia de esa


persona en el marco de la crónica o como una especie de material vinculado con la nota,
quedando muy vinculado a sus declaraciones específicas que tenía que ver con el caso.
Sobre todo por una cuestión de espacio físico que tenía que ver con el diario. Si ha hecho
eso más Rosario 12, al tener más espacio que les permitía contextualizar más. Igualmente
lo hacíamos, aunque de una manera, para mi gusto más comprimido.

¿Te hubiera gustado poder hacerlo de una manera más extensa y el diario no te
brindó ese espacio?

Si, digamos que no es que no me dio el espacio. El medio gráfico tiene un


determinado espacio físico donde entrar un montón de cosas. El espacio con el que
contábamos era casi siempre una página o a veces menos y cuando había algo muy
relevante, contábamos con dos. No había más espacio porque el diario tenía cuarenta y
pico de páginas y tenías que entrar todo lo demás también. Sí hicimos reportajes, como es
el caso de Sabrina Gullino. Ese tipo de entrevistas no tenían que ver con la audiencia del
día, sino con la temática en general. Siempre se contextualizaba un poco quien era y de
dónde venían. Espacio había y desde la empresa había un interés. Hoy en día veo que ese
interés se ha perdido un poco debido a los nuevos climas políticos de época que marcan
los intereses de las empresas.

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Volviendo al tema de las fuentes, incluías en tus notas a los abogados, los
familiares, los testigos y los funcionarios judiciales, pero en muchas oportunidades se
recurre mucho a las fuentes oficiales, dejando de lado quizá lo que pueda aportar un
testigo directo. ¿En tu caso fue así?

Lo específico de los juicios orales son esencialmente crónicas donde contás que se
dijo, las reacciones de los involucrados, el clima, y no hay mucho más que eso. No hay una
tarea de investigación sino una crónica, te paras frente a la audiencia para contar que está
pasando. Para hacer esa contextualización sí vas a los archivos para poder decir en qué
parte de la historia encaja esa persona. También hay instancias que tienen que ver con el
trámite judicial o apelaciones o presentaciones de las distintas partes que también forman
parte del juicio que hacen necesario que se utilicen otro tipo de fuentes, como los fiscales
o abogados solamente.

Por un lado, por cuestiones vinculadas al desarrollo propio del juicio vas a los
funcionarios oficiales, pero para contextualizar sí vas a los familiares o a sus abogados,
quienes te dan un discurso más técnico y aportan una buena síntesis de lo ocurrido. Por
otro lado, hay veces en que los familiares no saben muy bien lo que pasa en un juicio,
porque no es su tarea. Te pueden contar su vida, que están sintiendo, o te pueden dar su
opinión. Los que pueden explicarte bien las cuestiones del juicio son sus abogados o los
fiscales, que son los profesionales del derecho. Seguro que al finalizar un juicio, sí va el
testimonio de alguno de los referentes de los organismos para manifestar su punto de
vista.

Nosotros por la falta de espacio, no hemos tenido la posibilidad de explayarnos tanto.


Rosario 12 si la tuvo y ampliaron las declaraciones de los testigos donde tenían la
posibilidad de contar como se sentían con el proceso judicial. También tiene que ver la
disponibilidad de estar o no en las audiencias, que no podíamos porque personalmente
estaba en el diario o porque estaba trabajando en varios temas a la vez, por ahí no te
alcanza.

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¿Se podría decir que esa multifunción de tareas o temas junto a la falta de espacio
influía en la forma de trabajo con el juicio?

Si, más que de tareas de temas, pasa todo el tiempo. Pero igualmente a este primer
juicio se le dio bastante importancia desde el diario. Pero al ser tan extensos y como los
tribunales atienden varios juicios a la vez le dedican un solo día a la semana todo el día y
quizás duran años. En estas causas hubo cientos de testigos y cada testimonio duraba
cerca de media hora o una hora. Son juicios especiales que requieren maneras especiales
de trabajar. Al principio vas a la totalidad de las audiencias para tomar nota y después te
das cuenta que te conviene llamar al final de la audiencia a los abogados o fiscales de
confianza para que te pasen sus notas o te cuentan lo más importante. Ahí lo resumís y
poder escribir una buena actualización.

¿No les permitían ingresar con grabadores a las salas de audiencias?

No, porque en los juicios orales los testigos que forman parte tiene que ser
presentados antes que inicie el juicio. Para incorporar alguno nuevo hay que hacer una
justificación especial. Los testigos que dan testimonio en los procesos orales tienen
prohibido ingresar a las salas para no escuchar los aportes del testigo anterior y que de
alguna manera su testimonio se contamine por lo que escucho. Por todo eso no nos
dejaban grabar o filmar.

Más adelante, todo se fue flexibilizando un poco. La Cámara Federal de Casación


Penal, que es la máxima autoridad penal del país, que llevó adelante una serie de
sugerencias, que son casi órdenes a los tribunales respecto a varias cosas para que se
puedan hacer más públicas, hasta el punto de ser transmitidas por Internet.

Actualmente tampoco te dejan ingresar con grabadores, porque consideran que esas
transmisiones eran suficientes.

¿Después de este juicio, continuaste formando parte de la cobertura de los juicios


por delitos de lesa humanidad?

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Estuve en todos, hasta el arranque del juicio Pereyra Rossi. Aunque actualmente
estoy en la sección La Región, hay muchos delitos de violación de derechos humanos
durante la dictadura que tienen que ver con la región, y me los he llevado conmigo. He
estado con los juicios todo el tiempo. En general en los medios más masivos ha perdido un
poco de interés, no tanto en Página 12 que es un público más de nicho, pero sí en La
Capital que es un público más genérico, que se caracteriza por los actuales climas políticos
de época.

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Entrevista a José Maggi. Rosario 12

¿Cómo fue tu trabajo en la cobertura del juicio Guerrieri - Amelong y cómo era tu
relación con las fuentes?

Es bastante amplio el tema. Nosotros llegamos al juicio con un conocimiento previo


de testimonios que eran muy fuertes, como por ejemplo el caso de Eduardo Costanzo,
uno de los represores que ya había venido hablando periodísticamente con nosotros hacía
años cuando todavía no estaban abierta la etapa del juicio con responsabilidad penal. El
avance periodístico que teníamos por las entrevistas con él nos permitió saber en qué
sectores de La Calamita habían enterrado gente, de qué manera se había pergeñado la
disposición final de todos los asesinados en La Ribera, que rol había jugado cada represor
en la Quinta de Funes. Entones llegamos al juicio con ese conocimiento previo de una
fuente directa porque él era y es hasta hoy uno de los pocos represores que se decidió a
hablar y contar detalles de lo que pasaba allí. Con lo cual veníamos con un bagaje
periodístico interesante. Lo más importante fue que el en el juicio revalidaba toda nuestra
investigación y sus dicho en las entrevistas. Como fue el primer juicio también era muy
fuerte ver tan solo con un vidrio de diferencia, a los familiares de los desaparecidos y a los
represores del otro lado, sobre todo en las primeras y las últimas audiencias porque
durante el juicio tenían la opción de no estar, pero sí cuando se leían los alegatos. Siempre
es una imagen fuerte ver en un mismo espacio ver a víctimas y victimarios.

Fue una cobertura larga, ninguno tenía experiencia, ni siquiera quienes debían
cuidarnos y estar allí en medio de las charlas y las audiencias diarias, también fue un gran
aprendizaje para los jueces porque no había existido ningún juicio por delitos de lesa
humanidad de esa envergadura, ni con tanta cantidad de imputados. Fue un aprendizaje
para todos, para familiares, para los abogados, para los propios periodistas, para los
organismos que tuvieron distintos chisporroteos porque en algunas audiencias no los
dejaban entrar con las fotos de los familiares. Los jueces fueron entendiendo con mayor

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sensibilidad, como el juez Paulucci, no tanto en otros sectores de la misma justicia, pero,
digamos, fue uno de los juicios donde más se aprendió.

En lo personal, la fiscal Mabel Colalongo fue una persona muy cercana que nos
habilitaba todas las fuentes de información, entendíamos de qué se los acusaba, sabíamos
los pasos siguientes en torno hacia donde iban las acusaciones y donde tenían mayores o
menores pruebas.

¿Gracias a los datos que les aportaba ella?

Sí, porque era una fiscalía de puertas abiertas. Ella marcó una diferencia y una
distancia, un antes y un después en la vida judicial federal. Siempre se dice un poco en
tono de broma y otro poco no tan en broma, que si vos gritas un solo apellido se da vuelta
medio tribunal, porque son todos padres, abuelos, hijos, son todos los mismo apellidos los
que trabajan ahí; casi una casta donde Colalongo rompió el molde prácticamente, porque
abrió puerta y compartió mucha información. Ese fue otro sesgo distintivo del juicio.

Íbamos todos los días a las audiencias, teníamos la posibilidad de hablar con fiscales y
defensores. Hay dos clases de defensores, y esto es muy interesante saberlo, porque
cuando son un defensor privado de un represor el hombre paga por eso y además de un
abogado busca también un hombre de confianza y hasta ideológicamente cercano. Parece
una pavada pero no lo es tanto al momento de querer repreguntar. Algún defensor
privado quiso en ocasiones convertirse en fiscal y tratar de hacer pisar con algún
testimonio a una víctima. Cuando son defensores públicos son miembros de la estructura
del estado y eso es lo que hay que defender porque tienen que tener un juicio justo, y eso
solo se garantiza con una defensa justa. El defensor público cumplía un rol pero cuando el
defensor era privado siempre te encontrabas con situaciones de sesgo ideológico y
malintencionado que solo compran la idea de la defensa a ultranza de la persona que
defienden. Eso fue otro rasgo de los juicios.

Las jornadas de las audiencias eran muy largas, ¿vos asistías a la totalidad o te
dividías el trabajo con otro compañero compañera?

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En general trataba de estar la mayor parte, pero estar todo el día significaba trabajar
veinte horas de trabajo y porque después había que volver al diario y escribir. Yo también
tenía otro trabajo que era en la radio. Por ahí iba cortado y trabajaba sobre el testimonio
que me pasaban las mismas fuentes del tribunal. Si íbamos mucho porque era muy
atrapante como primer juicio estar ahí. Periodísticamente había que estar y era muy
importante estar, no era lo mismo que te pasen un parte. Sobre todo porque podíamos
estar preguntando en la fiscalía, ver que se había hecho, que se dijo y cuál era la
importancia del testimonio. Eran jornadas extensísimas en el marco de un juicio, no era un
peso ni pesado estar allí. Estábamos mucho tiempo compartiendo con Colalongo que fue
la fiscal que marcó el proceso de los juicios, del primero y de los posteriores también con
los que la sucedieron.

¿Entones, los días que no te quedabas en a toda la audiencia, utilizabas para


completar la información, los datos que te brindaban desde la fiscalía?

Si, los propios fiscales, los abogados querellantes, los testimonios que se iban dando.
Eso es parte del oficio ya. Cuando estas varios meses conviviendo con defensores, con
querellantes, y lo haces de buena fe, accedes a eso y es posible esa alternativa. No todos
los días había un gran testimonio, pero sí había testimonios fuertes, de represores donde
había que estar y verlos por si aceptaban hablar, como el caso de Costanzo, y había
testimonios de víctimas que por su propia historia o su forma de contarlo eran mucho más
conmovedores, atrapantes o impactantes, o a veces no se conocían en detalle. No te
olvides que en los juicios, no puntualmente en ese, pero sí en los posteriores se habló por
primera vez de violaciones a mujeres, como fue el caso de nuestra compañera del
sindicato de Prensa, que su violación se consideró por primera vez como un delito de lesa
humanidad, por ser una forma de quebrar a las mujeres en ese sentido. No había todos
los días testimonios como los de ella, pero sí testimonios que sumaban a la descripción de
como funcionó este circuito. Un circuito, que para dejarlo claro, se inició en la Quinta de
Funes, se pasaba a la Escuela Magnasco, se fue a La Calamita, y finalmente terminaron en
la casa de fin de semana de la familia Amelong en La Ribera, donde se llevó adelante la
disposición final de esta cantidad enorme de detenidos. Todos los testimonio llevaban a
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corroborar en distinto modo donde suponían o habría pruebas del lugar donde habían
estado y servía para descubrir el entramado del aparato represivo.

Vos me hablabas de la importancia de estar en las audiencias…

Era importante estar a pesar de ser para nosotros una especie de revisión. Por
ejemplo, yo fui con una sobreviviente que por primera vez entró a La Calamita con
nosotros, después ella en el juicio estuvo, pero es realmente intransferible entrar con una
víctima por primera vez al lugar donde estuvo en cautiverio. El trabajo previo para nuestro
diario y para nosotros era refrendar lo que veníamos publicando cada día, eso mismo pasó
con otros aspectos a lo largo del juicio.

No todos asistieron a la totalidad de las audiencias y cuando sucedía esto se


quedaban con la información que sus fuentes les brindaban, ¿qué opinión tenes al
respecto?

Cada medio lo trabaja de manera distinta, tal vez para La Capital no era su principal
línea editorial el seguimiento de los juicios, sino que era un complemento de otras noticias
por la impronta que tenían, tal vez El Ciudadano tenía otra impronta distinta a la de
Rosario 12. Pero lo cierto es que tenes que tener decisión no solo personal, más allá que la
carga personal es un extra porque no daba lo mismo ir o no ir, pero no somos
trabajadores independientes trabajamos en estructuras empresarias. El compañero de La
Capital no podía decidir hacer la tapa con los juicios, tiene que ver con un laburo personal
pero también un compromiso también del medio, te tienen que enviar a cubrir con tantas
horas, con fotógrafos, con espacio.

¿Te pagaban las horas extras o te compensaban de alguna manera el tiempo


dedicado en el juicio?

El sueldo es siempre en el mismo. En Rosario 12 no, sí hay otros medios que te


pueden llegar a compensar con un franco o algo, pero acá no había horas extras. Yo sabía
que lo que hacía se exhibía y se mostraba y corroboraba un laburo que venía haciendo
desde hace años. Era el momento para decir que todo lo que periodísticamente se hizo

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tenía un valor importantísimo. Comprometerse con la palabra, era hacerlo frente a un
tribunal federal.

¿Notaste una predisposición mayor por parte de los fiscales, víctimas o testigos al
ser periodista de Rosario 12?

Lo que pasa es que muchas veces el diario terminaba siendo la fuente de la


información y los testigos se ubicaban a parir de lo que habían dicho en notas previas.
Habíamos hecho un trabajo previo que tenía que ver con las investigaciones de Mabel
Colalongo, que tenía que ver con la cercanía con los familiares, con la identificación del
diario con ese proceso y obviamente eso nos acotaba el margen de error, pero el mismo
diario era fuente de información y se ponían las notas en los legajos de cada uno por los
dichos de cada una de las víctimas y los mismo jueces las buscaban también. Casi era un
circulo que se alimentaba porque la fiscal buscaba testimonio, historias e información
para reconstruir esas historias, también había una posibilidad de que nosotros
colaboremos a encontrar datos. Eso daba cuenta de esa cercanía. Armar ese
rompecabezas fue fruto no solo de la voluntad de una sino de varias personas, porque
Mabel tenía su fiscalía de puertas abiertas y allí llegaban los familiares para contar lo que
sabían, se los convocaba y éramos parte de esa construcción de la historia también. Pero
fue invalorable por la actitud que tuvo la fiscal básicamente.

¿El medio otorgó la posibilidad de una cobertura amplia sobre el juicio?

Sin dudas no hubiera sido posible sin una decisión editorial. Página lo había tenido en
su momento con el juicio a la Junta Militar y desde ese momento para acá todo lo que se
publicaba tenía esa bandera y esa línea periodística.

Siempre hay limitaciones de espacio. Pero forma parte de lo habitual En una


redacción hay disputas y llega un momento que uno llega y explica que uno entiende qué
cosas deben ser tapa, en qué lugar pueden ir las notas. No había un manual de estilo, el
manual es el que tiene el diario, siempre hay disputas y es sano qe sea así. Porque si yo
me paso diez horas en un juicio, quiero que mi laburo se vea reflejado.

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¿Tuviste que discutir mucho?

Siempre discuto mucho. Fue un estilo de discusión más. Porque hay que encontrar el
detalle que te conmueva. Si ves que en una de las audiencias pasan cosas importantes
como por ejemplo que alguien reconoce a su torturador, porque en aquel momento se le
cayó la venda que le tapaba los ojos y lo vio. Bueno, entonces eso es importante para el
juicio, pero como se lo contamos a la gente para que lo comprenda y entienda cómo
fueron las cosas.

El resultado final de la información que se brindó está claro. No es lo mismo la


cobertura de los primeros y de los últimos juicios. Por la repercusión social de sostenerlos
en el tiempo y las medidas políticas que toman los distintos gobiernos. Hay un abordaje de
la propia justicia que segmenta mucho y en lugar de elevar causas donde hay doscientas
víctimas, lo hace de a pedazos y eso hace que las víctimas tengan que declarar, dos, tres o
más veces, deben escuchar nuevamente su testimonio, se va deshilachando todo, se van
perdiendo historias porque se van perdiendo vidas, hay personas que han muerto en
medio del proceso judicial o antes del fallo final. La decisión de estirar, estirar y segmentar
hace esto, el tiempo que pasa la verdad que huye.

¿Estas conforme con el trabajo que hiciste y por tu aporte para la reconstrucción de
estas historias?

Sí, estoy conforme, aunque siempre las cosas se pueden hacer mejor. Acá no hay una
especie de héroe, hay decisiones grupales de recolectar información, abrirse para que la
gente las conozca, cuestión que compromete a muchas personas que forman parte de ese
anillo circular. Una fiscal que atiende una familia que se arrima, periodistas que son
capaces de contar y buscar esa información, un Equipo Argentino de Antropología Forense
que trabaja muy noblemente ayudando en la identificación. Nievas nos ha enseñado
muchísimas cosas, no solo nos enseñó que desenterrando un hueso se conoce su ADN,
sino por qué ese huso estaba ahí, eso significan años de investigación. Encontrar un
esqueleto en un camino rural, ver de quién para tratar de buscar quienes podrían ser sus
deudos para poder hacer una extracción de sangre y empezar a reconstruir su historia.

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Buscamos en diarios de época, buscábamos pobladores que vivían allí en ese momento,
reconstruíamos y contábamos lo que los propios investigadores hacían. Siempre se puede
hacer mejor y siempre se puede hacer más. Pero no se trata de decisiones individuales
sino de decisiones grupales que incluyen a un medio de comunicación. Pero me parece
que se hizo lo mejor que se pudo en ese momento y con un alto costo personal.

Sentarse a hablar con represores, como me pasaba cuando buscábamos pistas de


alguna persona determinada y lo iba a ver a Costanzo que tenía prisión domiciliaria, me
sentaba y preguntaba. Es una sensación intransferible hablar con una persona que está
cargada con historias de muerte, y eso es algo que hice básicamente durante mucho
tiempo. Eso te marca, mucho.

Era muy fuerte verlo hablar con naturalidad, siempre contando algo donde los
protagonistas eran los otros, el solo veía, uno no dejaba de reconocer que él estaba
contando y desnudando parte de la verdad donde él era un mero espectador, aunque
seguramente en realidad no lo era. Era una carga de energía muy fuerte estar allí tratando
de sacar una información, aunque tenía una memoria prodigiosa. Los testimonios de
mucha gente están teñidos de parcialidad, la parcialidad del que quiere, porque él
también tenía sus enemigos, Amelong lo había querido matar y eso queda. Hay un costo
personal en el sentarte con alguien así y volver a la noche a tu casa con toda esa carga
negativa. Pero es lo más pesado que me quedó del juicio, lo más pesado. En mi profesión
he hablado y lo sigo haciendo, con narcotraficantes, asesinos, pero tuve una sola
sensación de dolor y de angustia similar la de haber hablado con Costanzo y fue la de
haber hablado con un asesino de la maestra, llamado Carrascal, y lo similar es la cercanía
con el mal. En el caso de Costanzo era la personificación del mal con un bagaje político.
Carrascal es un asesino, un hijo de puta que se tiene que morir en la cárcel, porque el día
que salga no se abe, por la inmundicia que le hizo a esa chica, no hay dudas que lo volvería
a hacer. Pero Costanzo viene con lo político, es la mano de ese aparato del estado
dedicado a pisarnos la cabeza, entonces era un monstruo grande, bastante más grande
que un asesino. Era la cara visible del estado violento. Y muchísimas veces lo entreviste,
las veces que fueron necesarias.
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Fuiste uno de los pocos que hablaron con el…

Siempre se construyen esas relaciones. Son decisiones y creo que para llegar a contar
esas historias había que hablar con él. No te olvides que el hijo de Costanzo, que era
policía y su hija que también ayudó, había detenido a Walter Pagano en la Iglesia de San
Luis y Oroño. El también tenía el compromiso de detener al que había hecho las mismas
cosas que él o incluso algunas mucho más pesadas y llevárselos juntos. En algún
momento, quiso ponerse al mismo nivel, porque al hablar se estaba llevando muchos años
de condena y el resto no, no sé si alguna vez sentirá culpa. Yo no tengo prurito por haber
hablado con él, ha ayudado con algunas causas y revalidado historias. Pero si el tipo te
dice blanco cuando prendes el grabador y en el tribunal dice negro es otra cosa, pero en
este caso no fue así. Pero rindió sus frutos, mas allá que la justicia no busca o no se
acuerda, pero lo cierto es que Costanzo está en su casa con prisión domiciliaria cuando
debería estar en la cárcel.

¿Los familiares o sobrevivientes te buscaban a vos para hablar o vos a ellos?

Se daba una doble situación. Hay gente que veía que el diario era permeable a contar
esas historias y nos buscaba, otras nos contactaba a través de la fiscalía y muchas veces
nosotros buscábamos el testimonio. El hecho de ir con una sobreviviente a La Calamita
muestra un poco eso. Ella nunca había regresado, no estaba segura si era o no el lugar,
pudimos ingresar y como La Calamita tiene ciertas características particulares en su
camino de ingreso, con vías de trenes, piedras, y es lo que ella reconoció. Eso sirvió
mucho, para un testimonio muy fuerte y desgarrador pero para una situación persona
muy movilizante. Yo quería publicar y publicar pero al salir dela Calamita hubo que
contener, acompañar porque era una situación muy fuerte para ella también. Lo mismo
cuando pudimos entrar y ver el terreno donde según Costanzo nos había ubicado que
podrían haber enterrado gente, o cuando hace poco volvimos cuando habían demolido
parte de la historia del lugar, al tumbar un galpón. Situaciones muy movilizantes y era un
material periodísticos que pensamos que estaba muy bien publicarlo. No sé si ahora
tendría el mismo interés, me parece que el interés en los juicios ha decaído.

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Entrevista Walter Palena. Diario La Capital

¿Cómo inicias a trabajar en la cobertura del juicio Guerrieri- Amelong?

Cuando empecé a abordar temas vinculados a derechos humanos, no fue solo lo


relacionado a lo judicial, sino también a lo simbólico, a las marchas, a los primeros
escraches de la fundación hijos. En ese momento estaba vigente la ley de Obediencia
Debida y Punto Final y se hacían los llamados “juicos de la verdad” que eran una especie
de juicio en ausencia. Iban los testigos, daban declaraciones. Después, ante un episodio
que tuvo el ex ministro de gobierno de Reuteman con HIJOS, cerca del 2002, conseguimos
el informe realizado de Esteban Borgonovo. Ese informe está basado en lo que fue la
causa Feced I, que permitió la vinculación de los policías involucrados en delitos de lesa
humanidad. Con ese informe se conoció la decisión de la provincia de separar a los policías
de los militares. Conseguimos la copia y publicamos una serie de notas en el diario sobre
el tema. De Feced se derivan otras causas, ya que es la causa madre, a partir de la cual se
va reconstruyendo todo. Seguí también prácticamente el inicio de la organización HIJOS y
sus primeros escraches para identificar a los represores para que socialmente se sepan
quienes eran. Iban hasta la casa, por ejemplo de Lofiego y los identificaban. Después de
algunos episodios un poco más violentos, me fui abriendo de la cobertura de los juicios.

Según las notas que pude leer, estas al comienzo del inicio del juicio y años
anteriores… ¿Cómo fue ese recorrido?

Si, cuando no había juicios. Recuerdo que tenía contacto con una abogada, que ahora
es jueza, Matilde Bruera, sobre un caso que seguí de un militante desaparecido, que es
Gorosito y es el esposo de Elida Luna, que es una militante de la ciudad. La particularidad
de ese proceso judicial tenía que ver que primero estuvo detenido en la cárcel de Richieri
y estaba bajo disposición del poder ejecutivo nacional, esa era una forma que blanqueaba
en cierto punto su situación, haciendo más difícil la posibilidad de desaparecer durante la
dictadura. Pero, igualmente, luego lo trasladan a Coronda y ahí desaparece. Seguí este

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caso en particular, pero a la vez tenía lo relacionado a los organismos de derechos
humanos. También escribí sobre la Quinta de Funes. Para eso fuimos con mi jefe (Mauricio
Barona) al enterarnos por un aviso clasificado que la quinta se alquilaba para fiestas. Nos
hicimos pasar por interesados y enseguida se dio cuenta, pero nos hizo pasar. Eso me
impresionó mucho, creo sobre todo porque había leído el libro de ….. y fue bastante
impresionante por las descripciones y los detalles. Después en 2003 o 2004 que se
derogan las leyes de Punto Debida y Punto Final, ya me dedicaba a otra cosa. Ahora soy
jefe en la sección Política, pero desde esos años ya no tome esos temas y me dedique a la
política partidaria y las notas de los juicios con valor de sentencia los tomó Jorge Kaplán.

La parte que más recuerdo de mi trabajo en relación a eso fue el inicio de las
reconstrucciones, antes de la apertura de los juicios, cuando todo era mucho más pesado.
Luego fue un poco más fácil, teniendo en cuenta que al caer las leyes de obediencia
debida y punto final, se generó todo un clima político y social muy favorable para eso.
Antes de hacer eclosión la crisis del 2001, lo relacionado a los derechos humanos era una
cuestión muy restringida donde participaban pocos. Cuando se toma a decisión de abrir
los juicios, y tomar el enorme trabajo previo que había, se generó un clima diferente de
apoyo a los juicios. Los escraches eran cada vez más violentos y eso me fue alejando un
poco.

Dentro del diario, ¿la adjudicación de las notas se hacía teniendo en cuenta la
afinidad con el tema? Y además me interesa saber si te brindaron algún tipo de
formación en relación a los derechos humanos.

Se tenía en cuenta la afinidad temática, pero capacitación no. Todo tiene que ver con
una historia personal y de militancia. Cuando llegue al diario tenía cierta militancia
universitaria y cierta afinidad a distintos grupos políticos. Yo ingresé al diario en el 86 y era
un clima de revuelo. Se venía del Juicio a las Juntas y de la gran decepción de las leyes que
nombrábamos antes. Primero pase por otras secciones, como Información General y en el
99 ingresé a política, como refuerzo para cubrir elecciones legislativas. Paralelamente,
igualmente, hacía otras notas, ya que no teníamos posibilidad de exclusividad temática.

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Pero considero como un gran logro que hayamos conseguido el informe Feced, que
permitió difundir cosas que no se sabían.

¿Y cómo acceden al informe?

Por una prenda de cambio. La agrupación HIJOS había hecho un escrache ambulante
con un itinerario marcado donde marchaban en lugares emblemáticos de la ciudad, casas
de represores o ex centros clandestinos de represión. En esa marcha llevaron todo el
camino una marioneta de Bartucci, que fue el ministro de gobierno. Lo tenían apuntado
porque unos días antes en una entrevista para el diario El Eslabón, dijo, mientras pensaba
que grababan en off, que esos pibes nunca habían visto una picana, refiriéndose a ellos de
una forma despectiva. Por eso hicieron de él una figura criticable. Nosotros hicimos la
cobertura de la marcha y mostramoslas fotos de las marionetas. Enseguida se acercó al
diario pensando que había una doble intención y pidiendo que no le hagan eso a el porque
también había estado desaparecido. Sacamos una nota con su historia y le pedimos a
cambio el informe Borgonovo. Fue a cambio de recordar con una nota su propia historia.

¿Existía algún tipo de limitación a la hora de trabajar, ya sea en el tratamiento de


los temas o su extensión?

A pesar de la historia que tuvo el diario, nunca hubo una especie de censura o
limitaciones para el tratamiento de las notas, te podías manejar con libertad y amplitud
absoluta. Esto a pesar del prejuicio que uno pueda tener por la participación de este
medio, como también muchos otros, durante la dictadura. Yo advertía por parte de
algunos organismos de derechos humanos cierto prejuicio hacia nosotros por ser
depositarios de esa historia del diario. En relación a limite en el espacio, tampoco, sobre
todo porque el diario era más grande y había más periodistas en las secciones.

¿Cómo estaba compuesta aproximadamente la sección en ese momento?

Éramos cerca de ocho y hoy solo tres… Yo podía dedicarme a hacer notas especiales y
en toda una semana no trabajaba en otras, a la vez trabajaba en temas de coyuntura y
alguna nota más amplia. Uno se podía dedicar en estos temas específicos y había cierta

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especialización. Pero ahora eso es prácticamente imposible, por la propia dinámica de la
redacción actual. Yo, por ejemplo soy jefe de sección y mientras diagramo el trabajo diario
tengo que pensar notas para el fin de semana. Todo es más pesado, la responsabilidad es
otras y somos menos.

La urgencia era otra, sin querer ponerme en un lugar de mártir de la lucha por los
derechos humanos, pero había un montón de periodistas que hacíamos lo mismo, en una
época donde no era tan fácil hacerlo, como sí lo fue después de la asunción de Kirchner
Fueron varios episodios que me fueron alejando, como ciertas actitudes delos organismos
de derechos humanos donde quedamos involucrados, donde quizá necesitaban que
seamos voceros de algún grupo. También cuando hace Kirchner el acto en la ESMA, que
algunos consideraron fundacional, y a mí me pareció al revés. En su discurso pedía perdón
en nombre del estado y grabó la idea de que venía a hacer algo que no se había hecho,
cuando en realidad había todo un laburo anterior de muchos años. Eso me fue separando
un poco, aunque sin tomar ningún tipo de posición extremista. Empecé a tomar otros
temas al dejar de sentir atracción por ciertos temas.

¿La relación con tus fuentes como las entablaba y las mantuviste durante ese
período?

Prácticamente HIJOS eran una fuente importante con los que tenía una información
fluida. Ellos intentaban seguir el camino de sus padres y formar parte de los organismos
de derechos humanos. Después con la abogada Matilde Bruera, con el caso Gorosito. Por
otro lado sobrevivientes y personas que estuvieron prisioneros, detenidas, desaparecidas
durante un tiempo, venían al diario y hablábamos. Fundamentalmente para algún
aniversario. Como por ejemplo, cuando fue el aniversario de la Masacre de los Surgentes,
que a mí me tocaba desde muy cerca porque soy de un pueblo cercano del lugar donde
paso en la provincia de Córdoba. Eran unos chicos, estudiantes secundarios, que sacaron
del Servicio de Informaciones, los trasladaron a los Surgentes y los masacraron a todos.
Uno o dos de ese grupo quedaron en jefatura y se salvaron. Yo hablé con ellos, Cerca del
aniversario hicimos notas detallando su personalidad, tomando datos del informe y

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hablando con víctimas de la Patota de Feced. Venían las personas y les hacíamos las
notas, teníamos su testimonio y eso era una parte de lo que después atestiguaron frente
al juez.

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Entrevista a Lucía Demarchi. Diario El Ciudadano.

¿Cómo empezaste a trabajar en la cobertura del juicio Guerrieri - Amelong?

Ingrese en el diario en el año 2006, y en ese momento estaba trabajando en la sección


Policiales, que tiene que ver y no con la cobertura del juicio, pero en realidad lo iba a
cubrir la gente de Política por ser causas muy cargadas políticamente. Pero como el
ciudadano siempre fue muy complicado estructuralmente, entonces al momento del inicio
del juicio no había suficiente cantidad de gente para que lo cubriera y yo me ofrecí a
cubrirlo junto a uno de mis jefes, que era Carlos Retamal, que si no me equivoco, en ese
momento estaba como jefe o segundo jefe de sección. Porque eran jornadas muy largas
que empezaban a la mañana, cortaban cerca de las dos o tres de la tarde y volvían a
arrancar una hora después hasta las seis o siete de la tarde. Hacíamos horarios
desdoblado. Por lo general yo iba a la mañana y la cobertura se dejaba a medias. Yo no
solo dejaba por escrito lo que había pasado, sino que dejaba una nota que a la tarde se
completaba con lo que pasaba en el juicio. Si ameritaba para dos notas, se hacían dos o
solo una. Depende de quienes eran los testigos o las novedades.

¿En ese momento cuál era la modalidad de contratación que tenías en el diario? Y
teniendo en cuenta que las jornadas eran tan largas y muchas veces excedían la
duración de tu jornada laboral, ¿Te pagaban algún tipo de hora extra?

En ese tiempo ya estaba en blanco. Eso significa en Rosario, trabajar seis horas cinco
días a la semana, horarios flexibles en el sentido que a veces te quedas más y otras te vas
antes. No se pagaban horas extras ni nada. Por lo general nos quedábamos trabajando
muchas horas esos días porque las jornadas de audiencias eran muy largas y había que
quedarse. El diario, que en esa época era de Eduardo López y la situación estaba bastante
estabilizado económicamente, en el sentido que cobrábamos medianamente a término y
que la redacción estaba en condiciones con computadoras, pero las cosas extras no se
cobraban.

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En el modo de llevar adelante la cobertura del juicio, ¿consideras que tuvo que ver
con un posicionamiento del medio o primó el interés personal de los que trabajaron en
la causa?

En el ciudadano siempre fue todo más a pulmón. Todo fue muy irregular desde
siempre por la propia historia y características del diario. Lo funda Orlando Vignati en
1998, empieza a estar muy bien en ventas, en aquel momento salía $0,50 y La Capital $1,
y después termina bajando los precios hasta que compra El Ciudadano porque le estaba
significando algún tipo de competencia, que antes no había tenido en la ciudad. En el
2000, inicia un proceso de deterioro muy grande al no destinarse fondos para su
funcionamiento y el contenido del diario lo había transformado en un medio muy
amarillista. No tengo en claro bien el años, pero López cobra el diario, se hace cargo de
esto, por beneficios políticos y lo tuvo hasta el 2009 o 2010, que lo abandona, después se
cooperativiza, lo vuelve a comprar Vignati y después Indalo. En el medio de todo eso está
el juicio, cuando todavía era de López, en un momento que había intentado mejorar un
poco el diario. Funcionaba en una redacción de Dorrego y San Luis y nos mudamos a una
redacción a Entre Ríos y San Lorenzo, con computadoras y equipos nuevos. Para que te
des una idea, cuando ingresé en el 2006 todavía se estaban utilizando las computadoras
de 1998, todo funcionaba todo muy lento, estaba todo muy roto y sucio. Llegamos a una
redacción nueva con cosas nuevas, con teclados y mouse inalámbricos, una novedad.
Pero, a pesar de esto, en todas las etapas, siempre hubo falencias en los elementos de
trabajo. Siempre constó mucho todo. Porque en el medio de tantos cambios de dueños, el
producto dejaba de importar y los dueños no se interesaban en ver que er lo que salía.
Todo lo que fue garantizar un contenido, no era por una exigencia de la empresa sino por
los que trabajábamos ahí adentro. Por ejemplo, yo que trabajaba en Policiales, no me
enteraba de un homicidio, desde la empresa no te iban a hacer un problema, pero
nosotros tratábamos de cubrirlo y que salga. Trabajamos siempre en función de eso. Con
el juicio fue por ese lado. Desde Política no lo iban a cubrir con la intensidad que se
necesitaba, es decir, ir a todas las audiencias y llevar adelante un trabajo diario y
considerábamos que era importante que se hiciera, por ser una causa tan grande y

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esperada. Personalmente, yo realmente tenía mucha intriga de saber cómo era un juicio
en la justicia federal.

¿Era la primera vez que trabajabas en un proceso judicial?

En justicia federal sí y en Política también. Igualmente en ese tiempo estaba vigente el


viejo Código Procesal penal, no había juicios orales como ahora, si querías conocer el
estado de una causa tenías que ir a hablar con los jueces para conocer el avance y si
eventualmente había algún fallo condenatorio, te daban los papeles. Igualmente fue rara
la modalidad, porque la sala de audiencias de los tribunales de calle Oroño era muy
chiquitita y la habían tenido que adaptar para el juicio. Habían puesto un blindex para
que los imputados no tuvieran contacto con el público, que eran los propios testigos o
familiares, allegados de las víctimas u otras víctimas. Entonces quedaba un espacio muy
reducido y los periodistas no entrabamos. Había jornadas que no eran muchos, pero otras,
cuando iba un testigo que tenía más acompañamiento, nos íbamos a otra sala, ubicada
donde está la Sala de Apelaciones del Federal que es por calle Entre Ríos. Una sala enorme
con una pantalla y gendarmes custodiando. Ahí muchas veces estuve sola, con los
gendarmes. Hicimos el seguimiento del juicio pero desde la pantalla, salvo alguna vez que
pudo haber problemas con la señal. Y el día de la sentencia, no fue desde ahí, porque
habían puesto pantallas y el sonido afuera, así que estuvimos ahí en la puerta del tribunal,
lo que importaba era eso que estaba pasando afuera.

Anteriormente comentaste que muchas veces estabas sola en la sala de calle Entre
Ríos, ¿consideras que a diferencia de tus compañeros de otros medios, tuviste mayor
presencia en las audiencias para hacer tus notas?

Todos los días iba a audiencias. Me repetía con mi compañero, pero siempre íbamos.
Nos fijábamos quienes eran los testigos y aunque seguramente de alguna jornada no se
hicieron crónicas, estábamos ahí. Verlo por pantalla gigante, si bien te saca la posibilidad
de no poder estar ahí, te permitía poder verle la cara a los que estaban declarando y a los
imputados también. Estaban divididos por un blindex, los imputados mirando para

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adelante y en el lugar no se les veía la cara, cosa que con la cámara, de vez en cuando los
enfocaban y los podíamos ver. No es lo ideal, pero…

¿La expresión “sola” es literal?

Si, sola con los gendarmes. Igualmente no era así todos los días, pero quizá los otros
periodistas seleccionaban días más relevantes y no iban, no se cuál era su criterio, pero yo
iba todos los días. Estaba muy enganchada, me interesaba mucho la causa y hacer el
seguimiento diario. Por eso el interés de cubrirlo aunque no sea de Política. M había
comprado el libro de Bonasso y tenía muy fresca la historia, que acompañaba todo el
proceso, parte de todo lo que vivía estuvo acompañado por lo que cuenta el libro, a veces
esperaba que lleguen los testigos que se nombraban ahí.

Seguramente, al ser la primera vez que trabajabas en el tema, te empezaste a


relacionar en ese momento con distintas fuentes. ¿En el transcurrir de las jornadas,
acudías a ellas?

Si, fue nuevo, pero tampoco recurría a demasiadas fuentes. Primero porque la fuente
directa eran los testimonios y no necesitábamos más que eso, y después sí, lo que hacía
era contactarme con alguno de los testigos, luego de su declaración, y también con
familiares de víctimas que se nombraran. Eso fue muy nuevo. Yo nunca había tenido
contacto con víctimas de la dictadura, y es muy jodido, incluso para mí que ya venía
haciendo Policiales y eso implica que tengas que hablar con la familia de gente que se
acaba de morir. Pero es muy distinto hablar con familiares de víctimas de la dictadura
porque tienen un dolor que nunca tuvo reparación durante mucho tiempo. Va más allá de
lo directo que puede ser un familiar de un homicidio en el dolor que está viviendo en el
momento de la muerte. Se me hacía muy difícil manejar esas situaciones. Yo era muy
chica, tenía veintitrés años y se me complico poder trabajar con ese dolor que se le escapa
a uno que no está acostumbrado a vivirlo tan directamente.

¿Realizaste alguna nota basándote en ese testimonio directo, que obtenías al hablar
con las víctimas o familiares, independientemente del manifestado en las audiencias?

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Más o menos reforzaba los que ya se había contado, porque en la audiencia eran muy
extensos y minuciosos. Lo más fuerte era lo referido a las detenciones, me acuerdo de los
testimonios, no de los nombres de todos. Pero me cuerdo de uno que hablo del momento
en que detienen al hermano mientras él lo esperaba para hacer una mudanza y nunca
llega. Otro chico, que es testigo de algo que le paso cuando tenía dos años, que en
realidad termina contando todo por la reconstrucción que le hacen a él al ser más grande.
A él lo dejan en una plaza solo a los dos años con un cartel y un número de teléfono para
que los contacten. Y así él se encuentra con sus abuelos. Eran ese tipo de testigos con los
que me contactaba. No recuerdo bien porque los llamaba, supongo que para hacer alguna
consideración, o porque no me habría quedado algo claro, o para ampliar.

Para muchos testigos era la primera vez que declaraban, otros ya lo habían hecho en
otras instancias. Estaban cansados de decir siempre sobre lo mismo. Algunos me decían
que cuando declaras por primera vez por delitos de lesa humanidad, sentían que era
reparador porque algo se estaba movilizando, pero cuando declaras muchas veces, la
situación es otra.

Por eso la importancia de difundirlos y que no se pierda el testimonio de cada


testigo. Entiendo que fue todo muy “a pulmón”, pero, no está de más peguntarlo, ¿el
medio te brindó algún tipo de capacitación?

No hubo capacitaciones, ni éramos especialistas en el tema. Ahora quizás hay más


cursos y talleres, antes solo estaba la capacitación para periodistas en Tribunales, que
siempre dije que lo iba a hacer pero hasta ahora no lo hice. Era más instintivo. Porque en
realidad el objetivo que yo tenía y lo que a mí más me interesaba eran las historias
personales de toda la gente que paso como testigo, a partir de pequeñas historias de vida
de todo eso. Eso grafica mucho más lo que fue en términos generales cuando se cuentan
casos puntuales. Fui buscando aquellos que me movilizara y escribí sobre eso.

¿Y lo pudiste hacer sin tener ningún freno por parte del medio?

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En ese sentido no tenía problema. La línea editorial que tenía López era muy puntual,
sobre todo en deportes, con el resto se podía. Además cuando yo planteé que me gustaría
cubrir el juicio, desde mi sección tampoco hubo problema. Yo me iba a hacer otra cosa y
eso significaba dos personas menos en la sección esos días, porque yo estaba en las
audiencias a la mañana y Carlitos a la tarde.

¿A la par estabas con el juicio y con Policiales?

Los días del juicio no, pero el resto de la semana sí. Yo trabajé siempre de domingos a
jueves, los domingos seguro hacia Policiales y no debe haber habido audiencias todos los
días. Repartía y organizaba los días entre las dos cosas.

Igualmente esto es propio del trabajo en los diarios. Es muy común tener que estar
con un tema y todos los días barajar y dar de nuevo para ponerse con otro. De hecho para
mí fue positivos trabajar en el juicio en ese momento porque estaba en tema, haciendo
otra cosa era distinto. La verdad es que yo tuve la libertad de hacer lo que quise, tenía la
libertad de organizarme con mis compañeros, y le dedicamos el tiempo que le quisimos
dedicar y de hecho, creo que le dedicamos más tiempo que otros medios.

Me comentabas que vos no acudías a fuentes que no sean las víctimas o los
familiares, a diferencia de otros periodistas que utilizaron material que les acercaban
desde la fiscalía, ¿porque pensas que existió esta diferencia?

Porque muchas veces no acudían a las audiencias y tenían que reconstruir lo que
había pasado. Había jornadas que no podían dejar de cubrir, pero muchas veces pasa en
los diarios que por falta de voluntad, falta de ganas o de interés o por falta de gente no se
puede tener una jornada de doce horas, ya que eso implica tener a dos personas
trabajando solo en ese tema. A veces los recursos son acotados, por ejemplo acá en
Rosario 12 son cinco o seis personas para armar toda la edición. De todos modos, Sonia
fue varias veces a las audiencia, aunque lejos de haber estado en todas. Por eso se debe
haber acudido a los abogados o ayudantes de la fiscalía.

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En nuestro caso fue un interés personal, no fue el medio quien nos pidió eso.
Nosotros considerábamos que era importante que estuviera y mis jefes estuvieron de
acuerdo y destinaron los recursos para eso, coordinaron entre las secciones y nos
habilitaron al cien por ciento.

¿Cuándo hablabas con testigos o víctimas, sentías algún tipo de rechazo por ser del
Ciudadano?

En este caso no, pero siempre me paso en otro momento, sobre todo con las fuentes
oficiales, el gobierno o un juez. Si es distinto, me pasa ahora que estoy en La Capital, te
atienden más el teléfono, les interesa más salir. Eso limita un montón porque si saldrían
las notas en distintos medios con distintos enfoques, se brindaría una real pluralidad de
información.

En ese sentido el Ciudadano, al no haber línea editorial ni negociados por atrás,


siempre se hicieron las cosas bastante limpiamente, sin que hubiera aprietes de por
medio…salvo en deportes. Pero el tema con las fuentes era más complicado, desde las
fuentes oficiales, yo me cansé que me pregunten si el diario seguía abierto o no.

¿Estas conforme con el trabajo que pudiste hacer?

Sí, estoy conforme. Porque además, mientras hacía la cobertura, tenía muy presente
el mapeo de quien era quien y podía sentarme a escribir sobre cualquiera, sin tener que
recurrir a muchos archivos. En ese momento me dediqué a eso y fue bueno. Está muy
bueno cubrir un juicio entero, todas las jornadas. Ahora con el nuevo sistema penal es
muy difícil ir a todas las jornadas, porque no te d el tiempo porque hay muchas audiencias
juntas.

Estuvo bueno poder escuchar y presenciar todo el proceso. Si bien en esta causa, por
la cantidad de testigos que había, la contundencia de los testimonios y la importancia
política, se esperaba una condena fuerte. El día de la sentencia fue realmente
emocionante, el estallido en el momento de la sentencia fue muy impresionante. Era algo

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que se esperó durante mucho tiempo y se necesitaba algo que sea reparador. Se esperó
mucho tiempo para eso. Y además por ser la antesala de la causa Feced era necesario.

¿Crees que las condiciones de trabajo de los diarios rosarinos influyeron en la


información que se generó del juicio?

Si, tienen mucho que ver las condiciones de trabajo, pero no me parece que se un
impedimento. Te puede jugar mucho más en contra una línea editorial. Por ejemplo, La
Capital tiene una sección Política que no pone prácticamente nada de juicios por delitos
de lesa humanidad, y eso me parece que es por falta de interés de los jefes, contra eso no
podes hacer nada. En relación a lo otro, si te interesa el tema, se requiere de una
predisposición personal a quedarte, trabajar de más, pero si no tenes el visto bueno del
medio es muy difícil Yo me encontré en una situación donde me dejaron hacer lo que
quise, eso no se puede hacer en todos los casos, sobre todo cuando falta gente. Nosotros
éramos dos pero en la sección había más personas. Hoy en La Capital en Política son tres o
cuatro, hoy no se podría hacer, ya que la mayoría trabaja como colaboradores y no los
pagarían para ese tema. Pero yo trabajando en un diario que históricamente tuvo
problemas para cubrir, porque no teníamos plata para los remises, ni auto propio o si lo
teníamos se rompía, donde no teníamos computadoras para todos ni sillas, o cosas por el
estilo, se pudo. Nos organizamos y se pudo hacer.

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