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ABIGAIL.

«Aquel varón se llamaba Nabal, y su mujer Abigail. Era aquella mujer de buen
entendimiento y de hermosa apariencia, pero el hombre era duro y de malas obras; y era
del linaje de Caleb» (lea Samuel 25:3).

LEASE: 1 SAMUEL 25:2-42

Parece que también en otras épocas se concertaban matrimonios de personas


sumamente dispares. Tenemos Un ejemplo de ello en el matrimonio de Nabal con Abigail.
Nabal era un hombre muy rico, pero sumamente burdo y zafio, de poco discernimiento y
dado a toda clase de excesos. Ella era una mujer juiciosa y de buen parecer y con un recto
sentido moral.

Es posible que el lector se pregunte cómo pudo aceptar esta mujer a un hombre así. Para
comprenderlo nos basta recordar que en aquellos tiempos la mujer no era consultada para
ser dada en matrimonio. Nos basta hacer mención de Lea en su matrimonio con Jacob.
Podemos suponer que el caso de Abigail fue semejante.

No es muy probable que Abigail tuviera una vida muy plácida con este hombre, o que
hubiera mucha comprensión por parte de él en los asuntos de la casa o en sus relaciones
personales. Este hombre sólo se preciaba de sus posesiones materiales y su mayor
satisfacción era correrse juergas mayúsculas con sus compinches. Nabal había tomado la
parte de Saúl, el rey, en la contienda de éste con David según se nos hace evidente en la
respuesta que da a los mensajeros de David: «Hay muchos siervos hoy que huyen de sus
señores.» Como veremos, Abigail tenía mucha más comprensión y es evidente que por su.
parte, estaba decididamente del lado de David, pues lo demuestran también sus palabras:
«Y. acontecerá que cuando Jehová haga con mi señor conforme a todo el bien que ha
hablado de ti, y te establezca por príncipe sobre la tierra...»

La historia se puede relatar rápidamente: David se hallaba con sus hombres en la


montaña y envió a Nabal un destacamento para pedirle vituallas. David consideraba que
tenía derecho a ello porque había protegido a los pastores de Nabal. Pero Nabal odiaba a
David; por ello trató rudamente a sus enviados y los despidió con las manos vacías.

La reacción de David al enterarse del ultraje es comprensible: «Cíñase cada uno su


espada.» Cuatrocientos soldados iban a caer sobre la casa de Nabal y ningún hombre
habría quedado vivo en ella. Pero. Abigail intervino y dio órdenes de cargar varios asnos
con panes, cueros de vino, ovejas, grano y fruta. Los envió a David y ella misma siguió a
sus siervos para asegurarse de ver aplacado a David. El discurso de Abigail a David es un
modelo de diplomacia, y consiguió lo que deseaba. Se echó a los pies de David, tan pronto
como le vio, y disculpó la insensatez de su marido con palabras elocuentes. Luego pidió
misericordia a David en nombre de Jehová, y al final le hace ver que cuando llegue el día
que David vea reconocidos sus derechos estará contento de no haber derramado sangre
sin causa «o de haberse vengado por sí mismo». Las palabras con que se despide son:
«Acuérdese mi señor de su sierva.»

No sólo aplacó la ira de David, sino que cuando al poco Nabal murió, después de una
espantosa borrachera, y Abigail quedó viuda, David «se acordó»: le mandó una embajada
diciéndole que deseaba tomarla por mujer. Oigamos la respuesta de Abigail: «He aquí tu
sierva será una sierva para lavar los pies de los siervos de mi señor.» Su discreción no la
había abandonado. Hemos de tener en cuenta que éste era el estilo de lenguaje de aquellos
tiempos.

Abigail mostró prudencia en difíciles circunstancias. Dio muestras de fe al decir a David,


el escogido de Dios en oposición al rey Saúl: «Aunque alguien se haya levantado para
perseguirte y atentar contra tu vida, con todo, la vida de mi señor (David) será ligada en la
faz de los que viven delante de Jehová tu Dios, y Él arrojará la vida de tus enemigos como
de en medio del hueco de una honda.»

Abigail vio cumplidas estas palabras.

AGAR

"Y también del hijo de la sierva haré una nación, porque es tu descendiente" Génesis
21:9-21

Lease: Génesis 21:9-21

Agar había sido sacada de Egipto cuando era una niña y vendida como esclava.
Probablemente había estado ya con Sara en Ur de los Caldeos. El caso es que entre
muchos criados y criadas, Agar era tenida en gran estima por su ama Esto es evidente por
el hecho que cuando Sara quería que Abraham tuviera un hijo, cuando ella creía ser estéril,
se la dio a Abraham, para que naciera de Agar el hijo de la promesa. Desde el punto de vista
de Sara era imposible conceder mayor honor a una esclava.
Y con todo, esto constituyó un pecado delante de Dios, para los tres aunque menos para
Agar. Era un pecado y como tal permaneció, pues el acto sexual no es permisible fuera del
matrimonio. Es verdad que las costumbres de la época eran diferentes, pero esto no anula
las leyes de Dios. Por tanto, los tres eran culpables. En el caso de Abraham y Sara a esta
violación de los preceptos de Dios se añadía el pecado de la incredulidad. El intento de
asegurar el Hijo de la promesa a través de Agar era el resultado de una falta de fe en la
omnipotencia de Dios y la certeza de sus promesas. Agar, siendo una esclava era,
naturalmente, la menos responsable por tener menos libertad.

Por tanto, no es de sorprender que ni resulte de este arreglo humano ninguna bendición.
Agar "miraba con desprecio a su señora", ya antes de nacer Ismael, y se escapa de su
dueña. Luego, cuando Sara dio a luz a un hijo, aparecen los celos entre las dos, celos que
luego se trasladan de las madres a los hijos. Ismael se burla de Isaac. Aparece la discordia
entre Abraham y Sara. Sólo después de la intervención de Dios Abraham despide a Agar.
Esta vez sale para el desierto con el hijo.

Pero esto no completa el episodio de Agar, pues de él ha habido consecuencias visibles


aún hoy. De Ismael proceden los árabes, de los cuales salió Mahoma. Así que la fuerza del
Islam que todavía es potente en tres continentes, está en su origen unida al nombre de
Agar.

De hecho, hay en esta circunstancia un misterio que no ha sido bien comprendido


todavía. Es indudable que esta muchacha egipcia había llegado a un conocimiento del
verdadero Dios en la tienda de Abraham. Por la gracia de Dios había aparecido la fe en su
corazón. Y a través de esta promesa había en ella fe en el Mesías. Agar tiene que haber
soñado que iba a dar a luz al antecesor del Mesías. Y así lo creería durante años, pero en el
curso del tiempo sus ojos se abrirían y entró la desilusión.

Sin embargo, antes y después de esta ilusión de la fe, Agar fue objeto de un especial
cuidado por parte de Dios. Dos veces tuvo el privilegio de ser testimonio de la aparición del
Señor. La primera vez en el camino de Shur, cuando se había escapado; la segunda en el
desierto de Beerseba, cuando Ismael se estaba muriendo de sed. Con toda esta atención
por parte de Dios es natural que tenga un gran significado en la historia de su reino. Porque
el Señor le dio ricas promesas. En el desierto de Beerseba le dijo claramente que haría de
su hijo una gran nación. Antes le había dicho que "sería hombre fiero, la mano de todos
contra él, su mano contra todos." Y a Abraham, Dios le dijo que daría prosperidad a Ismael
por ser la simiente de Abraham. Todo esto está registrado en Génesis 16:10-12 y en 21:13,
mucho antes del nacimiento de Mahoma. Vemos que la profecía se ha cumplido
literalmente. Y con todo, esta página de la historia, que empieza con la fe de Agar y termina
con la falsa fe del Islam, permanece envuelto en la niebla. Sólo se puede decir que el pueblo
nacido de Agar ha sido empleado por Dios para disciplinar a su Iglesia. Pero hemos de
considerar también que poseen grandes territorios que constituyen una barrera contra el
paganismo. Todos ellos, muchos millones, creen en un solo Dios, y en la revelación
profética de Dios. Hemos de recordar que los mahometanos reconocen a Jesús como
profeta. Su error es no creer en Jesús como Mesías, y en colocar un falso profeta por
encima de El. Por ello permanecen en parte del Antiguo Testamento y rechazan el Nuevo.
Colocan su fe en el contenido del Corán.

Esto es quizá lo que insinúa Pablo cuando en Gálatas 4:22 compara a Sara con una mujer
libre y a Agar con una esclava, y místicamente lo interpreta significando que los que no
encuentran al Mesías permanecen "hijos de la esclava", y los otros "hijos de la libre". Es
posible que se refiera a la Jerusalén terrenal, y a la religión cristiana, que no busca su
Jerusalén sobre la tierra, sino eternamente en los cielos.

Sea como sea, Agar aparece en las Escrituras por más razones que meramente estimular
nuestra simpatía por el hecho que se perdió en el desierto. Aparece como un eslabón en la
cadena de la Providencia insondable de Dios. El nombre de Agar está entrelazado con las
raíces de la historia de la Iglesia de Dios.

Ana, madre de Samuel.

«Jehová empobrece, y Él enriquece; abate y ensalza.» (1a Samuel 2:7).

Léase: 1a Samuel

Ana llegó a ser madre por fe. Se nos presenta en el relato como una mujer estéril. Luego pasó
a ser madre y con ello se completa su papel. Después de esto su nombre no es mencionado otra
vez. Por tanto, la revelación de Dios ya no se expresa en Ana, la madre, sino en Samuel, el hijo
que ella pidió al Señor.

En algunos aspectos, pues, Ana nos recuerda a Sara, pero en otros, es totalmente distinta. El
amor de Sara, es verdad, estaba en conflicto con el de otra mujer, antes de que fuera madre.
Pero antes de que le naciera este hijo no podemos hallar el menor rasgo de fe en Sara. La
hallamos riendo en su incredulidad, y es la firme fe de Abraham la que la induce a creer.

No se puede decir que el marido de Ana ejercía una influencia similar a la de Abraham en su
esposa. No cabe duda que era un buen hombre. Iba a Silo a adorar en el santuario cada año, y
amaba a Ana mucho más que a Penina, su otra esposa. Para Elcana el problema de Ana era su
esterilidad. Y lo enfocaba desde un punto estrictamente psicológico: «Ana, ¿por qué lloras?...
¿No te soy yo mejor que diez hijos?» No vemos en parte alguna que tuviera una fe firme. Se
resignaba fácilmente a la condición de Ana. No participaba en la lucha de la oración con Dios,
como hacía Abraham. No ponemos en duda que oraría de vez en cuando: «Señor, dale a Ana mi
querida esposa un hijo.» Pero estas oraciones generales no implican un conflicto profundo para
el alma, y muchas veces quedan sin contestar.

Por otra parte, Ana tenía una concepción clara de que Dios podía concederle un hijo. Nuestra
generación tiende a confiar en la ciencia en circunstancias similares, olvidando que es Dios quien
rige los destinos de los hombres. Para Ana todo se reducía a un problema de fe. El hijo tenía que
serle dado por Dios. Y en realidad, Dios había hecho grandes planes para ella. Este era un
momento decisivo en la historia de su pueblo y Dios había dispuesto que Samuel, el futuro
profeta, naciera de Ana. En su espera prolongada vemos que Dios está preparando a Ana para su
decisiva contribución a la vida de Samuel.

En su tribulación Ana se rinde por completo a la confianza de Dios. Su fe firme es que Dios
puede convertirla en madre. Podemos llamarle intuición, podemos llamarlo inspiración divina,
pero había algo que instigaba a Ana, que la hacía persistir. No se contentaba sin el hijo. Se
desentendía de todo lo que la rodeaba, incluso de la irritación, que le causaba Penina, que tenía
varios hijos, no daba mucho valor a la consolación que le prodigaba su esposo; su mirada estaba
fija sólo en Dios.

Había llegado otra vez el tiempo en que Elcana y su esposa iban a Silo para las festividades. Y
entrando en el santuario «con amargura del alma oró a Jehová y lloró abundantemente». Oró
con todo el fervor de su alma. Luchaba con Dios y no estaba dispuesta a ceder hasta recibir
respuesta a su oración. No sabemos todos los motivos en la mente de Ana. Es posible que no
fueran todos ellos puros. La imagen de Penina y el deseo de triunfar sobre ella y librarse de sus
burlas es posible que la empujara. Al leer su cántico vemos que menciona la satisfacción de
haberse resarcido de las anteriores mofas que ella le hacía. Pero esto era secundario. Su deseo
era un hijo para dedicarlo al Señor, según vemos en el voto solemne que hace. Y Ana tiene fe en
el hecho que Dios puede concedérselo. Veía la respuesta no como meramente posible, sino
cierta. Su fe la inducía a aferrarse al Dios vivo.

La petición fue contestada. El Señor le dio a Samuel. Como es natural, no toda madre está
dispuesta a entregar a su hijo a Dios en el momento de nacer. A través de Ana, sin embargo, este
pensamiento pasa de Dios a cada madre cristiana. Como Ana tienen que reconocer que Dios es el
que da los hijos. Cuando se hace este reconocimiento las madres están más dispuestas a dedicar
a sus hijos al Señor que los ha creado.

ASENAT *

"Y le dio Faraón por mujer (a José) a Asenat, hija de Potifera, sacerdote de On"
(Génesis 41:45).

Lease: Génesis 41:45-52

Faraón estaba decidido a convertir a José en un egipcio de modo completo; quería que
este joven hebreo asimilara el estilo de vida nacional. José le había agradado, era un
hombre valioso; Faraón le consideraba un genio, un verdadero hombre de estado. Pero él
no tenía idea del Dios de Israel, que era quien había enviado a José para salvar a Egipto.
Desde el principio Faraón se opuso a Jehová.
Para transformar a José en una perla de la corona de Egipto, le concede toda clase de
honores. Le cambia el nombre, por el de Safnat-paneaj (que significa "declarador de lo
oculto"), y le da por mujer a Asenat. Esto era un honor, pues era la hija de Potifera,
sacerdote de On, la ciudad sagrada de los adoradores del sol. La casta de sacerdotes era
muy elevada en Egipto, hombres con estudios profundos y que eran el depósito de la
sabiduría de Egipto, conocida en la historia de modo tradicional.

José podía interpretar sueños, y podía penetrar los secretos de la naturaleza. Era también
un sabio, y es lógico que se le asimilara a la casta sacerdotal. No sabemos si José estaba
contento con este arreglo. En todo caso el resultado del mismo fue, sin duda, implicarle en
la idolatría egipcia y el pasar a ser un miembro de esta casta le acarreaba el prestigio
resultante de esta idolatría.

No tenemos derechos a suponer que José se casara con esta mujer con entusiasmo.
Sabemos que José podía resistir la tentación de la carne, como nos lo muestra que la mujer
de Potifar, sin duda una mujer de gran experiencia a este respecto, fracasó en sus repetidos
intentos de hacerle caer en el lazo de sus encantos.

Como sea, sabemos que Asenat entró en la casa de José como su esposa. Y los mismos
nombres de los dos hijos que José tuvo con ella nos dan idea de que empezaba José a
cosechar el fruto de su liviandad y poca entereza. El primero se llamó Manasés, porque dijo
José: "Dios me hizo olvidar todo mi trabajo y toda la casa de mi padre." El segundo se
llamó Efraim: "Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción." El plan de Faraón de
hacer de José un egipcio tenía éxito. Asenat estaba contribuyendo a que José se resignara
a la idea que había muerto para la casa de su padre.

Sucedió, como sabemos, que por la providencia de Dios, la casa de su padre volvió a
recobrarle, en Egipto. Entonces José mismo se volvió a unir a los suyos hasta el punto que
insistió en que sus huesos fueran enterrados con los de sus padres en Canaán.

Si no hubiera habido otras influencias en su matrimonio con Asenat, José habría sido
enterrado en Egipto. Pero hay algo de la sangre de Asenat en las venas de Efraim y de
Manasés, que los divide del verdadero Israel. De estos dos hijos apareció con el tiempo el
cisma y la separación entre las generaciones ulteriores de Jacob.Efraim se opone a Judá, y
Jeroboán, al hijo de Salomón. Esto resulta en el conflicto entre Samaria y Jerusalén. Es en
Samaria que el servicio de Baal predomina; es allí que Jezabel da muerte a los profetas del
Señor. Así que José, que se elevó a una posición de autoridad y distinción acaba
completamente eliminado. La gloria de la familia de Jacob se acumula sólo sobre Judá.
Atalía

«Cuando Atalía, madre de Ocozías, vio que su hijo era muerto, se levantó y
destruyó toda la descendencia real.» (2a. Reyes 11:1)

LEASE: 2.A CORINTIOS 22

Hay un paralelo sorprendente entre la relación de Israel con Judá y la de los


descendientes de Caín, y los de Set. Caín se apartó, él y su familia, de todas
las personas temerosas de Dios en su día. Años más tarde las hijas de los
camitas tentaron a los hijos de Set, y acabaron preparando la escena para el
diluvio. De la misma manera el idólatra Israel se separó primero de Judá.
Luego por medio de una mujer licenciosa, trató de entrampar a Judá, y con
ello lo preparó para la cautividad babilónica.

La licenciosa mujer que de esta manera preparó la caída moral de Judá fue
Atalía, la hija de Acab y de Jezabel. Era la verdadera personificación de toda
la maldad de sus padres. Jezabel había traído el veneno de Sidón y lo había
inyectado en las venas de Israel. Y ahora Atalía iba a trasvasarlo a las venas
de Jerusalén. Notamos en este relato que un rey de la casa de David, en vez
de aliarse con el profeta de Dios en el conflicto entre Acab y Elías, se decidió
en cambio a favor de la dinastía de Acab. Incluso permitió a Joram, príncipe
heredero que se casara con la hija de Jezabel.

Si Jerusalén no se hubiera ya apartado mucho del servicio de Jehová, la


llegada de Atalía y sus sacerdotes de Baal habría incitado una reacción
violenta en contra por parte del pueblo de Jerusalén. Pero no ocurrió tal cosa.
Al contrario, Atalía pasó a regir Israel en el momento que fue hecha reina.

En bastantes aspectos Atalía se parece a su propia madre Jezabel, y lo que


hizo Atalía en Jerusalén es similar a lo que había hecho Jezabel en Jezreel, en
Samaria. Aparecieron en Jerusalén templos a Baal por todas partes. El tenor
de vida de Jerusalén cambió completamente. La mundanalidad prevalecía y
los que temían a Jehová tuvieron que partir de Jerusalén.
Pero Jehová llamó a Jehú, el cual eliminó a la dinastía de Acab en Israel y
dio muerte al hijo de Atalía, Ocozías. En vista de ello Atalía decidió
exterminar a todos los otros hijos de Joram, su esposo, posibles herederos
del trono, y se puso ella misma al frente.

Milagrosamente se salvó un hijo de Ocozías, Joás, que fue escondido en


casa de Josafat, una hija del rey Joram, mujer del sacerdote Joyada. Esta
mujer era hermana de Ocozías. Atalía reinó seis años. Después de este
tiempo Joyada proclamó rey a Joás. Atalía fue ejecutada y todos los altares
de Baal derribados.

Parece no haber límites a la capacidad para el mal en una mujer con las
entrañas de Jezabel o de Atalías cuando no reconoce los límites de su propia
naturaleza humana, o rehúsa aceptar las limitaciones que Dios ha
establecido.

Betsabé

«Envió David a preguntar por aquella mujer, y le dijeron: "Es Betsabé, hija
de Eliam, mujer de Urías Heteo"» (2a de Samuel 11:3).

Lease: 2a Samuel 11:2-5, 26, 27; 12:15-24; 1a Reyes 1:11-40

El nombre de Betsabé va unido al terrible pecado cometido por David. Es


tan terrible que nos asombra que pudiera ser cometido por un hombre de
quien Dios se había agradado. Representa tres transgresiones distintas. En
primer lugar, un acto de adulterio ignominioso. Segundo, David hizo
embriagar a Urías, en un esfuerzo para disimular su propia culpa. Finalmente,
intrigó y dispuso las cosas de forma que Urías muriera en el ataque a una
ciudad. Dio órdenes expresas de que se le dejara en la estacada.

Dios no hace acepción de personas y estos hechos son relatados en la


Biblia. David el elegido de Dios fue culpable de una conducta vergonzosa.
Pero también hemos de observar la conducta de Betsabé. Como es natural, al
hablar de este asunto siempre hablamos de lo que hizo David, pero hemos de
pensar en lo que hizo Betsabé también.
David se fijó en Betsabé al verla bañándose, mientras él se paseaba por el
terrado de su casa. Hemos de suponer que Betsabé debía darse cuenta que se
estaba bañando en un lugar en que podía ser observada. Probablemente, era
en el terrado, que se hallá en la mayoría de las casas en oriente en lugar del
tejado. Allí pasa el aire y es un lugar agradable para estar, especialmente al
atardecer. Betsabé no debía haberse expuesto y, por tanto, tenemos que
hacerla responsable de su falta de pudor. En modo alguno se intentan estas
palabras como una disculpa para David. Sobre este punto no se necesitan
más comentarios.

No se nos dicen las circunstancias de la entrevista de Betsabé con David


cuandó éste la mandó llamar. Sólo sabemos los resultados. «Cuando llegó,
David se acostó con ella... La mujer quedó embarazada.» No sabemos si
podía presentir el motivo de la llamada, pero sí que tenía que haberse
resistido a los requerimientos del rey. Si Betsabé rió hubiera consentido bajo
ninguna circunstancia, como era su deber, David no habría tenido
oportunidad de cometer este pecado y ella tampoco. Por tanto, hemos de
considerar a Betsabé como cómplice en el adulterio.

El resto de la historia es bien conocido. Urías era un hombre leal, sincero e


incapaz de pensar la traición que habían cometido contra él su esposa y el
rey. Los dos. Muerto Urías Betsabé, ocupó el lugar de una de las esposas de
David. Cuando dio luz al hijo ella ya se hallaba en el palacio.

Las Escrituras no nos dicen nada con respecto a la forma en que ella juzgó
su propia conducta. Sólo se nos habla de David. El relato nos muestra el
pecado y arrepentimiento de un gran hombre. También el castigo que sufrió
por el mismo. Finalmente, nos habla de su restitución. Porque David pagó
toda su vida las consecuencias de estos pecados. Betsabé es responsable con
el rey. La historia es un aviso, a toda mujer que juega con su hermosura
física, de los graves peligros en que incurre. Dios exige que todos nuestros
caminos sean rectos en su presencia.

Cetura
"Y Cetura, concubina de Abraham..." 1 Crónicas 1:32
Lease: Génesis 25:1-6 y 1ro. Crónicas 1:32-33

A la muerte de Sara el patriarca de Mamré quedó viudo. Hacía mucho que Agar había
huido al desierto de Madián. Después de casarse Isaac con Rebeca, el hijo había dejado el
techo paterno. Estos cambios dejaron a Abraham solo, y esto le indujo a casarse de nuevo.
Esta vez se casó con Cetura.

Cetura le dio seis hijos: Zimrán, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa. Esto parece raro
cuando se recuerda que Abraham tenía aproximadamente 140 años cuando se casó Isaac.
Esto sólo es compatible con un curso especial de los sucesos. Por ello, algunos dicen que
esto es un cuento de hadas. Otros comentaristas dicen que Cetura era la concubina ya
desde mucho antes. Sin embargo, esto es imposible. Primero porque "Y Abraham tomó otra
mujer", lo cual sugiere un orden cronológico en los sucesos. Segundo: si Abraham ya tenía
seis hijos antes del suceso de Agar y del sacrificio de Mona, la cosa es incomprensible.

El uso de la palabra concubina sólo indica que esta mujer no tenía todos los privilegios y
derechos que Sara había tenido, y esto lo prueba el que no hubo derechos hereditarios para
los hijos. En cuanto al hecho de que Abraham engendrara a esta edad, hemos de recordar
que su virilidad había sido restaurada milagrosamente por el nacimiento de Isaac, y hemos
de creer que persistió hasta su muerte. Esto es parte de la promesa de que su simiente se
multiplicaría como la arena del mar y como las estrellas. No vamos, pues a detenernos más
en esto. Lo que nos interesa es sólo que por el matrimonio, Cetura pasó a ser la segunda
esposa de Abraham.

El ejemplo del patriarca, naturalmente, no es una ley de conducta. Es curioso que Cetura
es la primera mujer que se nos menciona que estaba dispuesta a casarse con un hombre
que lo hacía por segunda vez.Esto no implica censura para Abraham ni para Cetura. En
realidad fue una bendición el que tuviera tantos hijos, lo que contribuyó al cumplimiento de
la promesa a Abraham. Es de notar que en aquellos tiempos la esterilidad femenina no era
rara. Recuérdese que Sara, Rebeca, Raquel y Lea tuvieron muy pocos hijos. Hay algo
simpático en la idea de que el viejo patriarca se vio rodeado por el amor de una mujer en su
última edad y por todo un círculo de hijos.

Por esto Cetura se nos presenta como un tipo distinto de esposa. No como una joven que
dedica su vida al marido con cariño. No como una esposa que es, hasta cierto punto,
independiente en su propia tienda. Sino como una esposa que tiene cuidado de una
persona de edad. Esto implica devoción, que combina el afecto de esposa con el de madre.
Es como la hija mayor que cuida al padre.
No se trata de una relación romántica. No representa un matrimonio ideal. Pero es un
matrimonio el cual la pasión, que ya no es vehemente adquiere cualidades altamente éticas.
Naturalmente, no sabemos hasta que punto Cetura amó a Abraham debido a su peculiar
vocación y si compartía su fe.

Pero podemos decir que ocupa una peculiar posición como esposa de un hombre con un
segundo matrimonio. En modo alguno este segundo matrimonio es prohibido por el Señor.
No es obstáculo la relación que habrá en el cielo, como dice Jesús a los Saduceos.
Sabemos bien que los santos están unidos por el matrimonio, pero sabemos bien que son,
sobre todo, hermanos y hermanas en Cristo. En el cielo los santos vivirán como los ángeles
de Dios. No se trata de un matrimonio de conveniencias, o como se dice hoy un "unir los
recursos" o cualquier otro arreglo por razones superficiales. Ha de haber sincera devoción
entre los dos. Ha de haber la consagración de esta calidad en que el amor se combina con
el deseo santo de ser una ayuda para el que está solo y solitario.

DALILA

«Después de esto aconteció que se enamoró de una mujer en el valle de


Sorec, la cual se llamaba Dalila.» (Jueces 16:4>

Lease: Jueces 16:4-20

Dalila tenía su casa junto a la orilla del río Sorek, una mujer que fue
instrumento de los jefes de los filisteos para reducir a la impotencia a
Sansón.

Sansón es el héroe de Dios. Su aparición como liberador de Israel


permanece en misterio. Fue escogido y equipado por Dios para este propósito
en una forma singular. Pero Sansón, el héroe, mostró un defecto fatal, el de
sucumbir fácilmente a los encantos de las mujeres. Una mujer lo subyugó y
sacó ventaja de su dominio sobre él.

Incluso ya antes de conocer a Dalila, Sansón en Gaza vio a una ramera y se


llegó a ella. Los filisteos lo acecharon a las puertas de la ciudad para echarse
sobre él al amanecer. Pero a media noche Sansón se levantó y « tomando las
puertas de la ciudad con sus dos pilares y su cerrojo, se las echó al hombro y
se fue.
Después de esto se enamoró de esta mujer en el valle de Sorec, que se
llamaba Dalila. El nombre nos suena hermoso, y lo que halló Sansón en su
casa fue peor que la muerte. La mujer le fingió amor y le sedujo para que en
prueba del amor con que él había de corresponder al suyo, le dijera cuál era
el secreto de su fuerza. «¿Cómo dices: Yo te amo, cuando tu corazón no está
conmigo ?» Tres veces consecuetivas Sansón le dio una falsa respuesta. Al
tratar de ponerla a prueba Sansón se demostraba invencible: el secreto no
había sido revelado.

Dalila fue tejiendo una red inextricable de engaño y seducción. Fue


presionándole cada día, e importunándole, hasta conseguir reducir su alma
«a mortal angustia». Entonces él le reveló finalmente el secreto. Esta vez
Sansón fue reducido a la impotencia en manos de sus numerosos enemigos.

La execrable calidad moral de esta mujer, que se pone al servicio por «cien
siclos de plata» concedidos por cada uno de los jefes filisteos no exonera de
su culpa a Sansón. Dalila es una critatura infame en las páginas de la Biblia,
pero Sansón no debía visitar prostitutas en Gaza o en Sorec. Sansón había
perdido el temor de Jehová.

El aspecto que nos interesa hacer resaltar de la conducta de Dalila es


simplemente que usó su atractivo femenino ilegítimamente, con un propósito
destructor y homicida. Sin embargo, toda mujer que finge amor y usa las
armas de su vanidad y coquetería para conseguir sus fines egoístas, está
haciendo un juego paralelo al de Dalila. El encanto femenino y el atractivo del
cariño son dones de Dios. La mujer los ha recibido del Creador. Dios castigará
a quien los use de un modo trivial o frívolo, pues los ha concedido con
propósitos mucho más elevados.

Débora, la profetiza

"Las aldeas quedaron abandonadas en Israel... hasta que yo, Débora, me levanté, me
levanté como madre de Israel."

Lease: Jueces 4:4; 5:5


Débora es Ia Juana de Arco de la asombrosa historia de Israel. Israel cayó repetidas veces
en la idolatría. En estos períodos había perdido todo sentimiento de conciencia nacional y
habría renunciado a su prestigio y honor. Pero tenía también una resistencia y una
elasticidad que le permitía recobrarse como ninguna otra nación. Se recobraba totalmente
de lo que parecía una desintegración espiritual y política. Esta capacidad de renacer de sus
cenizas era un don de Dios. Que Dios tenía destinado que Israel tenía que restaurarse, se
hace evidente de modo perfecto cuando consideramos la historia de Débora y los días en
que vivió.

Casi todos los llanos de Palestina habían ya sucumbido a la fuerza de los cananeos.
Jabín, el rey de estos, residía en Hazor y dominaba a Israel por medio de sus fuerzas
armadas. Tenía un potente ejercito, especialmente temido por sus novecientos carros
herrados. En contra de ellos los esfuerzos de la infantería eran inútiles. En consecuencia la
gente de Israel que poblaba la tierra baja tenía que pagar tributo a Jabín. Vivían en
condiciones de servidumbre. Sólo la gente de las regiones montañosas habían conservado
su libertad, simplemente porque los carros de guerra de Jabín no se adaptaban al terreno
montañoso. Los que vivían en las regiones de montañas como Efraín, poseían todavía una
cierta organización, y habían resistido heroicamente.

La esposa de Lapidot, que vivía debajo de una palmera, entre Rama y Betel, en tierra de
Efraín, los había inspirado a esta resistencia. Su nombre era Débora, y la llamaban «la
madre de Israel». Era astuta, denodada y tenía el don de la profecía y del canto. Les
recordaba a sus compatriotas en las montañas la historia de la liberación de Egipto, el paso
por el Sinaí, y les profetizaba días mejores en el futuro. Como juez, administraba justicia y
les daba consejos. Su reputación era sólida y les inspiraba confianza. Con la ayuda de
Barac organizó un ejercito pequeño permanente entre el pueblo. Entrenó e inspiró al jefe de
este ejercito, Barac, y le dio instrucciones en la forma en que debía presentar batalla a
Sisara, el general del ejercito de Jabín. Su capacidad militar era evidente, y lo prueba que
Barac requiriera de Débora que ella le acompañara a la batalla.

Se alistaron diez mil hombres de Neftalí y Zabulón, y los estacionó en el monte de Tabor.
Débora dirigió destacamentos que se apoderaran de los pasos en las montañas. Conocía a
Jabín y su altivez, y sabía que entraría en el valle del Kisón, terreno sumamente peligroso
entonces para los carros herrados, por ser la estación de las lluvias.

Todo sucedió como ella había previsto. Barac estaba esperando en la ladera del Tabor.
Los otros bloqueaban los pasos hacia la región del norte. Barac descendió del monte con
sus hombres. Sisara se hallaba en el valle de Kisón. Dios envió una tormenta de truenos y
relámpagos que desbarató completamente las filas de Jabín. Las huestes de Barac se
lanzaron contra el ejercito en desorden de Jabín y los carros acabaron arrastrados o
atascados en el turbulento Kisón. La derrota de Sisara fue completa. El mismo pereció en
su huída en manos de una mujer, mientras descansaba agotado en una tienda.Dios llevó a
cabo una gran victoria a través de una mujer. Barac contribuyó a la misma, pero las
alabanzas no recayeron sobre el. Débora era poderosa porque la movía el Espíritu del
Señor. De El recibía su inspiración y el fuego de su corazón. Su heroísmo se contagió a
todos aquel día. Aún hoy Dios elige a alguna mujer e implanta en ella del temor de su
nombre. La nombra «madre de Israel». De ella irradia inspiración y despierta a los que
duermen, para que la luz de Cristo los ilumine.

DEBORA, LA NODRIZA

"Entonces murió Débora, nodriza de Rebeca, y fue sepultada al pie de Betel, debajo de
una encina, la cual fue llamada Alon-bacut." Génesis 35:8.

Lease: Genesis 35:1-15

Las Escrituras nos hablan de dos Déboras. Una, en tiempo de Barac, gobernó como
profetisa a Israel. La otra, fue el ama de leche de la familia patriarcal de Jacob. Merece
nuestra atención el que esta ama de Rebeca sea mencionada en las Escrituras.

Tenemos delante la Santa Revelación de Dios. La dio a su Iglesia para vencer a Satán. En
este libro se nos habla del destino de cielos y tierra, y con todo, cabe en el relato el referirse
a un ama de leche en tiempos patriarcales. Esto es lo que leemos en el versículo que hemos
leído. Allon Bacut significa "encina del lloro".

Débora sería una sierva de muchos años en la casa. Cuando murió, Jacob había ya
regresado con su esposa y los suyos de Padan-Arán a Canaán. Había plantado sus tiendas
en Betel. Sus hijos eran ya hombres. El tendría unos sesenta y pico de años para este
tiempo, y Débora sería una anciana de ochenta a noventa.

Obsérvese la consideración que se tiene a esta antigua sierva en la casa de Jacob. Isaac
y Rebeca se la habrían dado a Jacob cuando la familia de éste empezó a aumentar.
Probablemente, en la casa de Jacob habría cuidado a José y a Dina. Se había quedado con
la familia. Todos la tratarían con cariño y se sentirían apegados a ella. Cuando finalmente
hubo sonado su última hora toda la familia está presente en su entierro. Jacob y los suyos
la acompañaron a su última morada con lágrimas en los ojos, según vemos en el nombre
dado al lugar.
Hoy nos hemos librado de la esclavitud. Obsérvese, sin embargo, que incluso en tiempos
en que existía esta triste relación entre hombres, Dios inspiraba con su gracia una fe que
convertía esta maldición en una bendición: las cadenas de la esclavitud podían ser cadenas
de amor.

Débora significa "una abeja". Un nombre apropiado para una sirvienta. Un símbolo de
actividad, diligencia, tesón. Porque la gracia de Dios convirtió a Débora en un siervo
querido y fiel. ¿No es esto un ejemplo hoy para muchos cristianos que sólo trabajan
pensando en la recompensa, como la hormiga?

En el caso de la sirvienta, Dios inspira en Débora un tierno afecto hacia Jacob, Lea,
Raquel y los demás, afecto que es correspondido. No sólo quieren que se les sirva, sino
que aprecian y agradecen los servicios prestados. Débora pasa a ser un miembro de la
familia. Al morir es como si hubiera muerto uno de los deudos entrañables, como la muerte
de un hijo. Como si hubiera sido una hermana de Jacob o de Lea.

Aquí también hay una lección. Hoy no existen en el mismo sentido este tipo de
relaciones, entre esclavos y dueños, y apenas en siervos y amos. Pero sí existen relaciones
en que otros seres humanos pueden ser tratados como objetos, se les saca el provecho y
luego se les abandona como si no hubieran existido. Cuando una persona deja de ser útil a
la otra se la arrincona, se le pone a un lado: "Hallaremos a otra en su lugar."

Este tipo de relación hace imposible la fe. Impide la devoción en el que sirve, lo cual niega
la fe. Impide cumplir la responsabilidad del que utiliza los servicios del otro, que cree que
ha cumplido al pagar el salario; la fe aquí también es muerta. La relación humana es muerta
también: en ella no hay ayuda mutua para el crecimiento de la fe.

DINA
"Salió Dina, la hija de Lea, la cual ésta había dado a luz a Jacob, a ver a las hijas del país"
(Génesis 34:1).

Lease: Génesis 34:1-31

Dina era un chica sobre la cual hay en la Biblia un largo relato. Esta historia se narra en el
capítulo 34 del Génesis. Obsérvese la avalancha de catástrofes que siguieron como una
cadena de una primera equivocación cometida por la chica. De un modo especial destaca la
traición de sus hermanos, que mancillaron el Pacto del Señor al atacar a los habitantes de
Siquem, cuando estaban sufriendo el dolor de la circuncisión. La circuncisión era el signo
del Pacto. A causa de Dina fue destruida toda la ciudad, y Simeón y Leví violaron la justicia
porque se llevaron las mujeres y los niños de aquella ciudad como despojos. El resultado
fue tal que Jacob consideró que "los moradores de la tierra lo tendrían por abominable", y
tuvo que huir de Betel. Además, ella fue culpable de que Simeón y Leví recibieran una
maldición en vez de una bendición al morir Jacob.

¿De qué equivocación procede esta serie de catástrofes? De algo que llamaríamos una
travesura. Había sido educada en una casa que hoy llamaríamos cristiana. Pero sentía
curiosidad por ver cómo era el mundo, y quiso establecer contacto con la sociedad.

Las tiendas de su padre se hallaban cerca de Siquem. Jacob no había establecido


contacto con la pequeña ciudad. Sin embargo Dina quiso ir a la ciudad y contemplar las
chicas de la misma, y aun quizá asociarse con ellas. Un día cuando sus hermanos estaban
con el ganado dejó la tienda de su padre y se fue a "ver a las hijas del país".

Dina sabía muy bien que se exponía a serios peligros. Habría oído la historia de que (dos
veces) su bisabuela y una su abuela habían sido prácticamente raptadas por príncipes
locales. Y se fue sola, ¡a esta edad! ¡No había que preocuparse! Ya encontraría manera de
que todo saliera bien.

Pero no fue así. Apenas hubo entrado Dina en la ciudad, y había entablado conversación
con algunos transeúntes, que el príncipe, hijo del rey Hamor, que se llamaba también
Siquem, como la ciudad, la invitó a su palacio. La historia no nos cuenta si Dina consintió o
se resistió a los halagos de Siquem; sólo sabemos que éste "se acostó con ella, y la
deshonró".

Entonces, se nos dice, el alma de Siquem se apego a ella y se enamoró de la joven y le


pidió a su padre que se la diera por mujer.

El deseo de Dina por las cosas mundanas la había llevado a Siquem y allí había perdido
su virginidad; sabemos que se quedó en el palacio, y posiblemente habría persistido en
servir al mundo. Pero, no fue éste el curso que siguieron las cosas.

Sabemos que una vez pasados a cuchillo los siquemitas, Simeón y Leví, saquearon la
ciudad, tomaron sus riquezas y se llevaron cautivos a los niños y a las mujeres. Al parecer
esto no turbó en lo más mínimo su conciencia. Ante la reconvención de su padre por su
proceder contestaron: "¿Había este hombre de tratar a nuestra hermana como una
ramera?" Al pasar juicio sobre el hecho no olvidemos que esta hermana era la que había
dado lugar a todo lo ocurrido.
Dina no ha sido sola. También hoy hay hijas que se cansan de residir en las tiendas del
Señor. Quieren ver un poco del mundo. Quieren asociarse con los demás, y hablar de modo
inteligente de lo que han visto. Esto no es pedir mucho. Sólo un leve contacto con el
mundo.

Aunque no es de esperar que el resultado de este deseo sean también violaciones y


asesinatos, ponen en peligro la religión del hogar, y esto puede implicar la muerte moral del
alma. Para el mundo nada de esto tiene sentido, naturalmente. Pero para la Iglesia de Dios
ésta es una degradación seria.

ESTER

«Y Mardoqueo había criado a Ester, hija de su tía, porque era huérfana; y la joven era de
hermosa figura y de buen parecer. Cuando su padre y su madre murieron, Mardoqueo la
adoptó coma hija suya» (Ester 2:7).

Lease: Ester 2

Ester es la última mujer del Antiguo Testamento de la cual conocemos bastante para
hacer un perfil de la misma. Encontramos en su carácter y conducta puntos dignos de
elogio, pero también otros que lo son menos.

Digamos en primer lugar que, como dice el versículo, era muy hermosa. Tenía que serlo,
pues el rey Asuero había ordenado que su imperio fuera reseguido y buscado para
encontrar las mujeres más hermosas, y que éstas fueran traídas a Susa. Entre tanta belleza
Ester fue considerada superior. Asuero se sintió cautivado por ella y la eligió para sustituir
a la reina arrinconada Vasti.

Como cualidades de carácter encontramos dos que son agradables. Primero es su afecto
por Mardoqueo, su padre adoptivo y segundo su decisión y valor al oponerse a Amán. Hay
muchas personas que cuando emergen de la oscuridad a posiciones de autoridad y favor
no se acuerdan más,o fingen no acordarse de las personas con quienes se habían
frecuentado antes, incluso de sus deudos y familiares. No podemos decir esto de Ester.
Su valor es indudable. Arriesgó su vida al aparecer ante Asuero sin ser llamada: «Si
perezco que perezca», resuena todavía como una demostración de su valor. Sus acciones
fueron decisivas, realizadas con mucho tacto. Era una persona de carácter.

Entre los rasgos menos dignos de alabanza hay la impresión que produce su conducta de
que vaciló bastante antes de decidir presentarse al rey (vease capítulo 4). Mardoqueo tuvo
que usar lenguaje bastante enérgico para convencerla: «No te imagines que por estar en la
casa del rey te vas a librar tú sola más que cualquier judío.» Y especialmente la conmovió
otra parte del mensaje: «Quién sabe si para una ocasión como ésta has llegado a ser reina.»

Puede mencionarse también el hecho de que aceptara la proposición de Asuero de


hacerla reina con evidente alegría. Vasti no había sido depuesta por una causa legítima, y
aunque para discutir con Asuero sus acciones (sería ridículo pensar que podía haberle
echado en cara este acto), no hay duda que el que una hija de Abraham se casara con un
potentado pagano era una flagrante violación de las órdenes de Dios. En otras palabras, si
su conciencia la hubiera acusado de un acto reprobable, podría haber procurado no causar
tan buena impresión en el rey.

También es reprobable el que se dejara llevar por el deseo de venganza, o sea, que una
vez había conseguido el decreto que permitió a los judíos matar a quinientos hombres en
Susa que se oponían a ellos; entre ellos a los diez hijos de Amán (aparte del mismo Amán)
no considerara que ya había bastante. Todavía le pidió al rey un día más de venganza
(trescientos hombres murieron en esta nueva matanza), y que se dejara colgando de la
horca a los diez hijos de Amán. Esto es reprobable.

Los planes de Amán eran para la eliminación de todo el pueblo judío, Ester incluida, si
fuera posible, pero Ester no mostró clemencia. Tenemos que llegar al Nuevo Testamento
para hallar figuras dulces como María, la madre de Jesús,o María de Betania. Ester también
contribuyó a su manera a la redención de su pueblo. Es necesario que sea erigida la cruz en
el Gólgota para que cesen todas estas matanzas y la paz y el amor se enseñoreen de los
corazones.

Eva, La Madre De Todos

"Porque Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la
mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión". 1ra. Timoteo 2:13, 14.

Lease: 1a Timoteo 2:9- 15


Eva significa "madre de vida", o sea, "madre de todos los que tienen vida". Eva
personifica todo lo femenino en la raza humana. En ella hay escondido, como en un grano o
semilla, toda la gracia e independencia de una mujer, su susceptibilidad a Satán, pero
también su susceptibilidad a la fe. Adán personificaba todo lo masculino, y en general lo
humano. El mundo se burla hoy de la "costilla de Adán", pero gracias a este relato, al
parecer absurdo, el creyente más sencillo de la Iglesia de Dios entiende la relación entre los
hombres y las mujeres mucho mejor que el más profundo filósofo, que medita sobre él a
base de su prejuicios personales.

Eva fue creada de Adán. Adán tiene que ser considerado como el origen y fondo del cual
ella apareció. Pero esto no significa que Adán la hizo. Aunque ella procedió de él, fue Dios
quien la creó. Por esta razón, ella también, antes de aparecer sobre la tierra, existía en el
pensamiento de Dios. Dios la vio, y porque la vio la creó. Eva es el producto de esta
creación divina.

Eva nunca fue un niño o una hija o una joven. En el instante de la creación estaba delante
de Adán en el Paraíso, resplandeciente y en plena madurez femenina. Era una mujer
completa, cuyas perfecciones no eran debidas a la cultura o la tradición, sino que era el
producto de la creación divina. La mujer no tiene, pues, por qué quejarse de no ser un
hombre, porque ella, como él, es el resultado de la actividad divina. El pensamiento de Dios
está expresado en su ser femenino. Es verdad que Adán existió primero. El fue su cabeza y
la raíz de que procedió ella. Pero Adán no era viable sin ella. Estaba en necesidad, y ella era
la ayuda que necesitaba. Dios la creó como una ayuda para él. En realidad, la ayuda y
sostén debe ser mutuo.

Satán vio inmediatamente que Adán podía ser seducido más fácilmente a través de Eva.
Satán reconoció su amabilidad y gracia, pero también su fragilidad natural. Se dio cuenta
que podía ser tentada. "Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió
en transgresión", dice el apóstol Pablo. La mujer representa la gracia humana en alto grado.
Lo bello en la naturaleza le entusiasma más que al hombre. Su sensibilidad es más viva e
impresionable por lo concreto y lo atractivo. No es, instintivamente, menos santa o más
pecadora. Pero era más susceptible a la tentación, porque estaba constitucionalmente
menos adaptada para ofrecer resistencia que él. Pero no transgredió sola, sino que arrastró
a Adán, con ella, al pecado. En vez de perderla a ella en manos de Satán, Adán se dejó
atraer a él por causa de ella. La transgresión de Eva consiste esencialmente en "el pecado
con el cual hizo que Adán pecara".
Debido a él, la felicidad de Eva duró muy poco. Resbaló en su primer paso. Adán no le
extendió la mano para resguardarla, sino que se dejó arrastrar con ella. Ahora tenía que
abandonar este magnífico Paraíso para entrar en un mundo de abrojos y cardos. La
angustia que precede el dar a luz a los hijos afectó su ser gravemente. Perdió la confianza
en sí misma que Dios le había dado. Ahora estaría sujeta al dominio de otro.

No sabemos cuánto tiempo vivió Eva, pero es probable que viviera centenares de años.
Sus días tienen que haber sido tediosos y cansinos, ocasionalmente llenos de dolor. Había
sido gloriosa un tiempo y había vivido, durante un corto período solamente en la hermosura
del Paraíso. El verse echada en un mundo en el que nada había sido provisto para la mujer
tiene que haber sido un contraste terrible. Eva fue apartada de su heredad. Su plenitud
femenina fue completamente devastada.

Sin embargo, en lo profundo del alma de esta mujer, Dios sembró la semilla de una fe
gloriosa, y por medio de ella permitió de nuevo que se levantara delante de ella un cielo. La
simiente de esta mujer tentada había de quebrantar la cabeza del tentador. Eva concentró
toda su alma en esa promesa. De hecho, cuando nació Cain de ella, supuso que este hijo
era ya la simiente prometida y exclamó: "Por voluntad de Jehová he adquirido varón."
¡Pobre Eva! La desilusión que siguió a esta esperanza, cuando después de los años la tierra
absorbió la sangre de Abel, tuvo que ser muy amarga.

No obstante, después de siglos. Los ángeles de Dios reconocieron la simiente de esta


mujer en el Hijo de María. El Hijo de María era también el hijo de Eva. Nuestro privilegio
consiste en que podamos reconocer a este Niño de Belén en su cuna. Entonces, quizá
renuentes pero con una clara esperanza podemos recordar a Eva. Pensando en ella, en el
Niño y en nosotros podemos decir la "Madre de todos".

Hulda
«Entonces fueron el sacerdote Hilcías y Ahicam, Acbor, Safán y Asaya a la
profetisa Hulda, mujer de Salum, hijo de Ticva, hijo de Harhas, guarda de las
vestiduras, la cual moraba en Jerusalén en la parte nueva de la ciudad, y
hablaron con ella» (2 Reyes 22:14).

LEASE: 2 de Reyes 22:14-20; 2 de Crónicas 34:21-33.

Hemos visto a varias mujeres ocupando posiciones eminentes en la historia


de Israel. Incluso el trono de Judá fue ocupado por una reina durante varios
años: Atalía. No hemos visto a ninguna mujer que fuera llamada profetisa, sin
embargo, excepto a Débora. Débora subió a su cargo militar en una época en
que los hombres parecían haber perdido el vigor. Ella les sirvió de
inspiración. En esta época de desbarajuste en Israel y Judá, vemos a dos
mujeres asumiendo posiciones clave en los asuntos del estado. Josabat,
preservando el linaje real en una acción atrevida, cuando los hombres no
daban la cara. Hulda, testificando el nombre de Jehová.

En el culto de Israel sólo los hombres podían ser sacerdotes. Incluso el


cordero sacrificial tenía que ser macho, no hembra. En el mundo pagano las
mujeres han ocupado lugares prominentes en los círculos religiosos,
adivinadores, pitonisas y sibilas. El oráculo en Delfos y en Pitia estaba a
cargo de una mujer. La mujer tiene una poderosa imaginación y sensibilidad.
Tiene una mayor intuición que el hombre, y al parecer puede recibir raptos y
éxtasis con tanta o mayor facilidad que los hombres. En la historia del pueblo
judío hay muy pocas mujeres que descuellen como profetisas. Vemos una en
el reino de Josías.

Los esfuerzos de Hulda parecen haber sido bendecidos. Ezequías había,


finalmente, reaccionado contra la disolución moral y espiritual que había
seguido después de Atalía. Pero esta reacción se había ido ya desvaneciendo.
Bajo Manasés había desaparecido y el clima moral era pésimo. A su muerte la
reforma era necesaria.

Entonces aparece la figura de Josías, un reinado largo y hermoso,


probablemente bajo la inspiración de Jedida pero de modo especial de la
profetisa Hulda, que animó al rey a reformar las condiciones paganas del
estado. Hulda era una mujer campesina corriente. Estaba casada con Salum,
del cual no sabemos nada más. A pesar del humilde origen de Hulda, tenía
gran reputación, pues el rey envió al sumo sacerdote y otros ministros a que
inquirieran de ella cuál era la voluntad de Dios. Y el relato nos indica que
gracias a su profecía Josías fue inducido a renovar el pacto con Jehová.

Aun hoy quedan Huldas, mujeres que se han hecho líderes de causas que
parecían del todo perdidas. En nuestros días de decaimiento de la iglesia
necesitamos nuevas Huldas que hagan la misma magnífica labor.
JAEL

«Bendita sea entre las mujeres Jael, mujer de Heberceneo; entre las mujeres que habitan
tiendas, bendita sea» (Jueces 5:24).

Lease:Jueces 4:17-24; 5:24-31

Jael nos recuerda a Judít de Betulia, que hundió una espada en el cuello de Olofernes
mientras estaba durmiendo.

Jael era Ia esposa de Heber, ceneo. Los ceneos, no eran verdaderos israelitas, sino los
descendientes de la esposa de Moisés. Como eran un pueblo nómada, vivían en tiendas. En
los días de Débora se hallaban acampados al pie del monte Tabor. Estas tiendas estaban
situadas cerca del lugar en que Barac y Débora habían destruído el ejercito de Jabín con
sus novecientos carros herrados. Jabín había permitido a los ceneos que se asentaran en
su territorio porque esperaba que se harían aliados suyos contra los israelitas. Pero Jabín
se equivocó, porque los ceneos se pusieron del lado de Israel.

Jael se consideraba también como aliada de Israel. Se gozó cuando supo que Barac había
derrotado a Sisara. Jael recabó para sí el honor que Barac habría deseado para sí. Con su
propia mano, como un juicio de Dios, Sisara, el cruel opresor de Israel fue clavado en la
tierra por medio de una estaca que le atravesó las sienes. Hemos leído en Jueces 4:9 que
Débora ya le había dicho a Barac: «No será tuya Ia gloria de Ia jornada que emprendes,
porque en mano de mujer entregará Jehová a Sisara.» Por ello, Débora en su cántico entona
alabanzas a Jael: «Bendita sea entre las mujeres que habitan tiendas, bendita sea.»

Digamos de paso, que los comentaristas coinciden en afirmar que Jael mató a Sisara no
como un impulso personal, sino porque el celo por Jehová movió su mano. Esto no
significa que su acción pueda compararse a la de David cuando mató a Goliat, pues éste lo
hizo dando Ia cara. Dios ayudó a David. Jael no podía confiar en Ia misma forma en Dios.
Aunque se sintió impulsada a eliminar a un enemigo reconocido de Dios y de su pueblo, le
faltaba la fe de que Dios la ayuda-ra y por ello atacó a Sisara a traicón.

El relato de Jueces nos dice que después de haberle hablado ofreciéndole seguridad en
su tienda, le cubrió con una manta, le dio de beber leche y se avino a vigilar a Ia puerta de la
tienda para despistar a los que pudieran inquirir por Sisara. En vez de hacerlo, tomó una
estaca de Ia tienda y con un mazo se acercó a Sisara calladamente y le metió la estaca por
las sienes y lo dejó clavado en el suelo.
Jael mató a Sisara como un asesino mataría a su víctima, no como un campeón del Señor
destruiría a los enemigos. Es bueno tener celo por Dios, pero no es posible elogiar el medio
usado por Jael.

Jezabel

«A la verdad, ninguno fue como Acab, que se vendió para hacer lo malo ante los ojos de
Jehová; porque Jezabel, su mujer, lo incitaba». 1 de Reyes 21:25.

Lease: 1.A Reyes 21

A los ojos de Jesús, Sidón y Tiro fueron calibradas como equivalentes a Sodoma y
Gomorra. Eran ciudades dedicadas al comercio, ricas y prósperas, centros de vicio y de
impiedad. Jezabel procedía de Sidón. Era una princesa, la hija del rey de Sidón. Ya se puede
comprender su reacción, acostumbrada a una vida licenciosa y refinida, cuando se trasladó
a un ambiente rural, Jezreel, ciudad en que la vida era simple y austera en comparación,
donde se hacían esfuerzos para vivir al servicio de Jehová.

La religión judía no era pura. Jeroboam había vuelto a organizar el servicio al becerro de
oro pero también había el culto a Jehová. Samaria era intolerable para Jezabel, tal como
era. Por ello, al ver que Acab, su marido, era un hombre sin carácter, ni voluntad, decidió
tomar las cosas bajo mano. Sustituyó poco a poco el culto de Jehová por el culto a Baal.
Suprimió el primero, simplemente, eliminando a los profetas. Y con ello empezó la lucha a
muerte entre Elías y Jezabel. Jezabel era la que instigaba el mal que Acab permitía.

Aparecieron templos a Baal por todas partes, con sacerdotes vestidos en preciosos
atuendos. Banquetes, festividades, y el pueblo seguía ávidamente todos estos festejos.
Entretanto, el culto de Jehová quedó prácticamente suprimido. Los profetas fueron
asesinados. Elías tuvo que huir, y no creía que hubiera en Israel ningún hombre que no
hubiera doblado su rodilla ante Baal, excepto él mismo.

La lucha inexorable contra Jezabel llevada a cabo por Elías, que culminó con el milagro
del Carmelo, es bien conocida y ahora no nos afecta. Pero si podemos decir unas palabras
más sobre Jezabel. Era una mujer sin conciencia y sin corazón. Su arrogancia y su
sensualidad no conocían límites; habían acallado la voz de su conciencia. Persiguió a
muerte sistemáticamente los profetas de Jehová. Puso a muerte a Nabot para apo- derarse
de su viña, con acusaciones falsas. y cuando Acab fue herido mortalmente por una flecha y
Jehú se dirigió a Jezreel se posó indiferente a la ventana (2.a Reyes 9:30) con aires
seductores. Jehú ordenó que la echaran ventana abajo.
Jezabel se nos aparece como una mujer repulsiva. Todo su refinamiento sólo le sirvió
para comportarse de modo más brutal. Para hundirse más en el pecado. Incluso el malvado
Acab queda pálido ante la perversidad de Jezabel. El eterno juicio será sobre ella peor que
el que recibió en la tierra: defenestrada, pisoteada por los caballos y comida por los perros.
Cuando intentaron sepultarla no hallaron de ella más que los huesos de la calavera, los pies
y las palmas de las manos.

Jocabed

"Por la fe, Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres durante tres meses".
(Hebreos 11:23).

Lease: Exodo 2:1-10; 6:20

Jocabed ha sido incluída en Hebreos 11 entre "la gran nube de testigos" cuyas vidas y
actividades dieron testimonio de su fe. Era de la tribu de Leví. De Exodo 6:20 deducimos
que sería de mayor edad que su marido Amram, pues era su tía. Un matrimonio así fue
prohibido más tarde, pero durante el período de la confusión de Egipto fue permitido.

Era el tiempo en que Faraón ordenó que los hebreos echaran los hijos varones recién
nacidos en el Nilo. Jocabed tenía, por lo menos, dos hijos: uno, Miriam o María, ya crecida
para este tiempo. Otro, Aarón, un rapaz de tres años. Otra vez queda en cinta. Quizás había
orado para no volver a quedar en cinta, a fin de evitar una tragedia. Pero con el hijo en
camino, quizá desearía que fuera otra niña. Si fuera un niño no sería posible resistir la
orden de darle muerte.No es difícil imaginarse la lucha interna en el corazón de Jocabed
durante estos meses de embarazo. Y cuando al fin ha dado a luz la respuesta es: "Sí, es un
niño."Pero el dolor maternal transforma a Jocabed en una heroína. Va a luchar por el hijo.
Esta decisión fue remachada al ver que el niño "era hermoso" (Exodo 2:3, Hechos 7:20 y
Hebreos 11:23). ¿Hermoso? ¡Que madre no considera que su hijo es hermoso? Pero
Hechos 7:20 añade unas palabras que nos dan más luz: "Hermoso a los ojos de Dios."

Jocabed captó esta hermosura, algo del otro mundo, celestial, resplandeciendo en las
facciones del niño. Jocabed pensaría que aquel pequeño ser que descansaba en su regazo
había sido enviado directamente por Dios. Era una intuición que adivinaba el propósito
divino. La fe se mezcló con el amor, y armada de los dos decidió que tenía que salvar el
niño a toda costa.

No sabemos cómo consiguió esconder al niño Moisés durante sus tres primeros meses.
La imaginación de una madre hace prodigios. Pero llegó pronto el momento en que el niño,
robusto y sano, habría llamado la atención de alguien con sus lloros y gritos. "No pudiendo,
pues, ocultarle más tiempo, tomo una arquilla de juncos y la calafateó con asfalto y brea, y
colocó en ella al niño y lo puso en un carrizal a la orilla del rio." María se quedó a una corta
distancia observando. El resto todo el mundo lo sabe. Al ocurrir el maravilloso salvamento.
"¡Madre, madre!", correría alocada a su casa. "Una señora muy importante quiere que críes
a Moisés."

Es imposible describir con palabras el dolor y angustia que sufren algunas madres por
sus hijos. El dolor en el parto, el ver al niño enfermo en la cuna con el rostro ardiente por
fiebre, la ansiedad del futuro incierto que se cierne sobre ellos, y sobre todo saber que han
traído al mundo un ser con un alma y tienen que dar cuenta de ella a Dios por la forma en
que lo han criado. Pero, ¡oh!, el gozo de poder decir, como decimos de Jocabed: "Su fe
salvó al niño."

Josabat

«Pero Josabat, hija del rey Joram, hermana de Ocozías, tomó a Joás, hijo de Ocozías, y lo
sacó furtivamente de entre los hijos del rey a quienes estaban matando, y lo ocultó de
Atalía, a él y a su ama, en la cámara de dormir y de esta manera no lo mataron» (2.' Reyes
11:2).

LEASE: 2. REYES 11

En la relación que hemos hecho antes de Atalía vimos cómo trató de exterminar a toda la
descendencia real de la casa de David, y consiguió eliminar a todos los descendientes
masculinos de Joram, menos un nieto. Este se salvó gracias a la intervención de Josabat.

Como vemos en el versículo anterior, Josabat, hermana de Ocozías, salvó a Joás, su


sobrino, «mientras estaban matando a sus hermanos», y llevándoselo con su ama lo
escondió en una de las habitaciones de su propia residencia. Josabat era la esposa del
sumo sacerdote Joiada, y por tanto residía en el templo. El poder real no tenía prerrogativa
para investigar el templo, y por tanto estaba seguro; aparte de que este hecho fue realizado
sin que se diera cuenta Atalía.

Satán usó a Atalía para ver de eliminar toda la simiente de David si fuera posible. De
conseguirlo habría puesto serias dificultades al cumplimiento de la profecía de que el futuro
Mesías procedería del tronco de David. Pero Dios frustró los planes de Atalía.
Josabat era una mujer sencilla, llena de fe. Aunque hija del rey se casó con Joiada, un
descendiente de la tribu de Leví. No conocemos detalles de la estancia de Joás bajo la
protección de Josabat, pero hemos de suponer que el ama de leche de Joás era también
temerosa de Dios. Ya vimos que Joás fue proclamado rey seis años después.

Josabat es una figura recordada con cariño por la Iglesia del Nuevo Testamento. No
interesada en la vida fastuosa de la corte, aunque hermana del rey se casó con un
sacerdote y vivió la vida semi recluida del templo. Era, probablemente una mujer de gran
calma interior, pero con la mente clara, que supo cómo actuar cuando los hombres se
mostraban indecisos. Se hizo cargo de la gravedad de la situación y arriesgándose al
peligro de que llegara a oídos de Atalía lo que había hecho, no vaciló en su acto heroico.

Su valor se contagió al marido que, seis años después, fue el que tomó la iniciativa y fue
el brazo ejecutor de la sentencia de Dios sobre Atalía.

JUDIT Y BASEMAT
"Y fueron amargura de espíritu a Isaac y a Rebeca." Génesis 26:35

Lease: Génesis 26:34, 35

Esaú escogió también dos esposas para sí. Eran Judit y Basemat, las dos doncellas de
los heteos, esto es, procedían de familias cananeas, y estaban acostumbradas a las
idolatrías con que los habitantes originarios de Canaán provocaron al Señor. El
matrimonio de Esaú representa, pues, una ruptura de la fe. Sabía muy bien Esaú que estos
matrimonios iban en contra de la vocación que había recibido su pueblo al salir de Ur de
los Caldeos hacia Canaán.

Abraham había salido con su familia de Ur, para evitar la idolatría de Mesopotamia, y
habían sido enviados a Canaán, donde la idolatría alcanzaba proporciones mucho más
escandalosas. Los habitantes de esta hermosa tierra carecían de todo vestigio de temor a
Dios. Era algo degradante y que profanaba la confianza que Dios había puesto en la familia
el que Esaú quisiera tomar esposas de estas familias malditas. Era inevitable que él mismo
se contaminara, y en efecto, fue causa de que la idolatría penetrara en la familia santa.

Judit y Basemat tienen, pues, en la Escritura la mala fama de ser puestas como ejemplo
del tipo de mujer que el hijo de una familia que teme a Dios no puede recibir por esposa.
No se nos dice nada, naturalmente, de estas dos mujeres personalmente, excepto su
origen, y el hecho que este matrimonio de Esaú fue causa de "amargura de espíritu" para
sus padres. Es posible que fueran dos mujeres atractivas y razonables. No hay razón para
que tengamos que creer que Esaú escogería mujeres indeseables. Hemos de creer que la
pena que alcanzó a Isaac y Rebeca procedía del hecho de sus creencias idolátricas, y la
forma pecaminosa de vida que esto implicaba.

Isaac y Rebeca estaban perpetuando las tradiciones de Abraham y Sara en su hogar.


Vivían una vida quieta y piadosa. Ahora, ya en su ancianidad, aparecieron estas dos
mujeres que no tenían el temor de Dios en su corazón. Tenían tendencias sensuales y
paganas, lo que hoy llamaríamos mundanalidad, que chocaba con la piedad de los padres.
Por ello, sus últimos años, los pasaron en amargura.

Este relato ha sido incluido en las Sagradas Escrituras para beneficio de la Iglesia de
Dios. Con demasiada frecuencia la Iglesia ve que hay jóvenes cristianos que se quedan
entrampados en las redes de mujeres mundanas, que no conocen ni a Dios ni al Salvador,
y que queman incienso a los ídolos del mundo. Estos matrimonios suelen acabar siendo
aflicción para los padres. La influencia de los padres va disminuyendo, y la de estas
mujeres infieles va siendo lo que marca el tono de la nueva familia. El nombre y la Cruz de
Cristo son profanados por su manera de vivir. Es raro que se perpetúe en los hijos el
temor del Santo Nombre.

Esaú, con su Judit y Basemat, por tanto, son como una luz roja, indicando peligro a la
familia de cada cristiano. El mal pernicioso que resulta de estos matrimonios ha de ser
evitado en la comunidad del pueblo de Dios. Los padres piadosos yerran cuando rehúsan
apagar este fuego en sus inicios en el hogar. Cuando abandonan a sus hijos a toda clase
de asociaciones pecaminosas, luego el intento de amonestarles ya no surte efecto. Es
imposible contrarrestar las malas influencias cuando están en marcha los resultados. Los
padres intentan arrancar las malas hierbas, pero no evitaron que fueran sembradas: para
entonces suele ser tarde. Desde la infancia a la madurez la semilla de la Iglesia de Dios
debe ser mantenida dentro del temor del Señor y debe permanecer apartada de la
asociación con influencias idolátricas.

La Campesina De Bahurim
«Y tomando la mujer de la casa una manta, la extendió sobre la boca del pozo, y tendió
sobre ella grano trillado; y nada se supo del asunto» (2.a Samuel 17:19).

Lease: 2.a Samuel 17:18-21


En un momento crucial, una campesina de Bahurim, una aldea cercana de Jerusalén, fue
instrumento para salvar la vida de David, de su ejército y del reino de David.

Absalón se había rebelado contra su padre. David se había visto obligado a huir de su
propio hijo. Ahitofel estaba dispuesto a destruir a David y tenía preparado un ejército de
doce mil hombres para caer sobre él. De haberse seguido el consejo de Ahitofel, que era
sumamente astuto, David no habría podido escaparse.

Pero David había enviado al campo de Absalón a Husay. Tenía, además, a dos fieles
amigos en la fuente de Rogel. Husay se les arregló para desbaratar el consejo de Ahitofel y
hacer otros planes que le parecieron a Absalón mejores que los de Ahitofel. Absalón se
decidió, pues, a seguirlos.

Entretanto, Husay a través de dos sacerdotes consiguió llevar mensaje a sus amigos de
David, Jonatán y Ahimas, que estaban en Rogel. El mensaje lo llevó una criada. Pero un
joven partidario de Absalón vio a los dos mensajeros escondidos y, sospechando, fue a dar
las nuevas a Absalón, el cual envió inmediatamente gente en su búsqueda.

Todo dependía, pues, de que Jonatán y Ahimas consiguieran hacer llegar las noticias a
David. Además, su propia vida estaba en peligro. Corrieron, pues, los dos, buscando
escondedero y llegaron a Bahurim. Y en una de las casas de este poblado, la mujer los
escondió en un pozo vacío y para mayor. seguridad extendió una manta y puso grano
encima como si se estuviera secando al sol. Cuando llegó el destacamento de Absalón e
inquirieron por los fugitivos, la mujer les dijo que ya habían pasado el vado de las aguas.
Como es natural no pudieron dar con ellos y tuvieron que regresar a Jerusalén.

Dios guió los pasos de Jonatán y Ahimas al patio de esta mujer, la cual, sin duda se jugó
la vida para defender la vida de David. Podemos imaginarnos la emoción de la mujer
mientras estaba procurando disimular el miedo de que adivinaran su estratagema.

Había numerosas personas anónimas dispuestas a exponer la vida por David. Esta mujer
oraría sin duda en favor de David durante su exilio. Dios la escogió para enviar a Absalón
por una senda sin salida y así salvar la vida de David.

En los momentos graves la salvación no viene siempre de la mano de los poderosos. Una
simple mujer pudo salvar toda la causa de David y su reinado.

La esposa de Manoa

«Y había un hombre de Zora, de la tribu de Dan, el cual se llamaba Manoa; y su mujer era
estéril, y nunca había tenido hijos» (Jueces 13:2).

Lease: Jueces 13

La esposa de Manoa es otra mujer del período de los Jueces que muestra nuestra
atención. Como Sara y Ana era estéril. Las tres recibieron un anuncio especial del Señor
que cambió su tristeza en gozo y alegría. Isaac, Sansón y Samuel deben su nacimiento al
severo conflicto de fe de que sus madres fueron protagonistas.
La madre de Sansón estaba casada con Manoa, un varón de la tribu de Dan. Vivía en Zora.
El matrimonio vivía en abundancia, pues sus establos estaban Ilenos de ganado. Pero les
había sido negado el gozo de tener un hijo.

Estando en el campo un día, la esposa recibió un mensaje de un ángel que se le apareció.


Su aspecto era «terrible en gran manera», segun ella misma dijo luego a su marido. El
mensajero conocía bien su situación, le anunció el nacimiento de un hijo y le dio
instrucciones de las cosas de que había de abstenerse hasta que naciera el niño.

Todo esto Ia esposa lo comunicó al marido al llegar a casa. Le dijo que no se había
atrevido a preguntar al mensajero quién era. Manoa asombrado, supuso que tenía que ser
un ángel del Señor. Se postró de hinojos y pidió a Dios que le permitiera a él ver al ángel.

Su oración fue contestada. La mujer fue otra vez al campo y volvió a aparecérsele la
forma resplandeciente. Esta vez corrió a casa y lo dijo al marido, Este a su vez fue al lugar
de la aparición con su esposa. «¿Eres tu aquel varón que habló con esta mujer?», le
preguntó Manoa. Y él dijo: «Yo soy.» Manoa se ofreció para hospedarle pero el ángel
rehusó: «No me detengas. Ofrece tu holocausto a Jehová.»

Manoa sabía que era un ángel y le preguntó cual era su nombre. La respuesta fue que el
nombre era «admirable». Manoa ofreció un cabrito a Jehová sobre una peña como una
ofrenda. Y el ángel desapareció entre la llama que subía del altar hacia el cielo ante los ojos
de Manoa y de su mujer que se postraron en tierra.

La visión desapareció, pero no las palabras que el ángel había hablado. Poco después la
mujer quedó en cinta y a su debido tiempo nació Sansón. Sansón fue un gran libertador de
Israel, cuyo nombre aterrorizaba a los filisteos.

El Señor había oído el clamor de su pueblo. Todas las tribus se quejaban y murmuraban.
Meneaban sus cabezas porque no había un libertador. Y como siempre, al oirse estas
quejas Dios ya ha provisto redención. Sansón vino al mundo de una madre que había
permanecido muchos años estéril, para mostrar la providencia del Señor de un modo mas
evidente. Y en esta historia Dios nos muestra que el futuro del hijo esta siendo preparado
por los conflictos espirituales y físicos de la madre. Sansón iba a ser un héroe de la fe y,
por tanto, su madre fue la primera que tuvo que luchar un conflicto de fe. Sansón iba a ser
un nazareo a Dios, por lo que ella tenia que abstenerse de beber vino durante el período de
su embarazo. Esto mostraba que ya antes del nacimiento, el alma y el cuerpo de la madre
pueden causar una impresión permanente en el cuerpo y el alma del hijo.
LA HIJA DE FARAÓN
"Y vio ella la arquilla entre los juncos, y envió una criada suya a que la tomase"
(Exodo 2:5).

LEASE: EXODO 2:5-10; HECHOS 7:20-22; HEBREOS 11:23-28

Había muy pocos judíos en Egipto que vivieran en el distrito del palacio real. El rey los
destinaba en su mayoría a la región de Goshen o Pithom y Ramesés. Ello explica que no
ocurriera probablemente en ninguna otra ocasión que alguna familia hebrea desesperada
recurriera a depositar a un niño en el río, para ver de salvarlo. En todo caso, para la hija de
Faraón tiene que haber sido un espectáculo sorprendente encontrar a un niño escondido
entre juncos cuando iba a bañarse al río.

Lo que nos interesa destacar es que tenía que haber un corazón humano de veras
latiendo dentro del pecho de esta princesa pagana. Habría en el fondo del mismo, a pesar
de la pompa y formalidad de su vida en el ambiente regio, el verdadero impulso que mueve
a las madres a abrazar en su pecho a la criatura.

La imaginación de la princesa sería cautivada por el pequeño, sonrosado y caliente, vivo,


probablemente llorando entre los juncos. La princesa sabía que su padre había ordenado
que todos los niños varones de los hebreos tenían que perecer ahogados. Y por ello es muy
probable que hasta cierto punto se diera cuenta de que en este extraño suceso había una
añagaza, y que el niño que tenía intención de quedarse pertenecía a los que debían perecer
por orden de su propio padre. Pero la princesa no tiene en cuenta la amenaza de

tener que hacer frente al ceño de su padre que le podía exigir cuentas por su acto. Da
rienda a su impulso amoroso, maternal, y acepta la oferta de María, haciendo oído sordo a
la sospecha añadida cuando la niña le dice que iría a buscar "una nodriza entre las hebreas
para criar al niño".

La princesa está conforme, y la orden que la da es el sello le protección para el niño. La


"nodriza" tiene órdenes de devolver al niño una vez criado. Y así sucedió. "Cuando el niño
creció, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo prohijó, y le puso por nombre Moisés."

Esta serie de acciones de una princesa pagana puede ser causa de sonrojo a más de una
madre cristiana hoy en día. Cuando el niño acaba de nacer parece que les sale el amor por
todos los poros, están locas de alegría, como suele decirse, pero tan pronto como
empiezan las responsabilidades y el cuidar a la criatura limita su libertad de movimientos,
empieza el descuido y negligencia en la crianza. Esta conducta es indigna de personas.
Todo el afecto e ilusión inicial es espuma y desaparece al llegar la realidad adusta y agria.

En comparación, la conducta de esta princesa egipcia demuestra su grandeza. Era una


mujer pagana, pero su conducta hacia Moisés ilustra que estaba por encima de lo que
esperamos de los paganos. Para ella el niño Moisés no era un objeto de ilusión y de juego.
Se cuidó de hacer planes para su bienestar sin contar los riesgos personales que
implicaban su decisión.

La hija de Jefté

Lease:Jueces 11:29, 34, 40; Hebreos 11:32

No podemos admitir que Jefté sacrificara la vida de su hija para quemarla en holocausto a
Jehová. Esto es inconcebible dentro del marco de la ley mosaica y de las tradicionaes de
Israel como nación. Jehová no era un moloc al cual los padres sacrificaran sus hijos sobre
un altar. Hay abundantes puntos en la historia misma, tal como nos la narra la Biblia para
que podamos interpretar el sacrificio de la hija como un apartamiento y renuncia a conocer
varón, o sea al matrimonio. En otras palabras, que como consecuencia del voto de su
padre, Jefté, la hija fue dedicada al servicio del tabernáculo, y alli pasó el resto de sus días,
segregada de sus amigas y su familia.

No tenemos derecho a imponer el relato pagano de Ifigenia, de la mitología griega, sobre


una narración bíblica.

Jefté acababa de derrotar a los amonitas, la cumbre de su carrera como juez de Israel. En
un momento de ofuscación pronunció juramento de que sacrificaría a cualquiera que
saliera por la puerta, a su llegada de la victoria, para darle la bienvenida y felicitarle. Estas
palabras precipitadas fueron la causa de que se viera privado de la compañía de su hija
durante el resto de su vida. Vemos también a la hija como víctima del voto de su padre.

Lo que más choca a nuestra mentalidad moderna es el que, sin ocultar su tristeza por el
hecho, acepta volutariamente su destino. La hija de Jefté no era una joven que pudiera en
una efusión de misticismo decidir excluirse del mundo y pasar el resto de su vida en una
celda. Era una joven alegre, vivaracha, Ilena de entusiasmo y energía. Reune a las
muchachas de Mizpa, al saber que su padre regresa, y sale a recibirle con panderos y
danzas. Vemos en ello un impulso a alabar a Dios a través de la victoria de su padre.
La historia nos sugiere que había llegado a Ia edad en que las muchachas acostumbraban
casarse. No era, pues, todavía una mujer madura. Pero sí nos Ia pintamos llena de gracia y
atractivo.

Pero las palabras de su padre caerían como un mazazo sobre su mente: «Ay, hija mía!, en
verdad que me has abatido, y tú misma has venido a ser causa de mi dolor.» Luego le
comunica el voto que había hecho y el destino que por consiguiente le correspondía. Jefté
mismo es el primero en sufrir el impacto de la tragedia, pues esta era su única
descendencia, no tenía otra hija ni hijo alguno.

¿Cuál fue Ia reacción de su hija? Es indudable que no se dirigió a su reclusión con


alegría. Con serenidad, pero sinceramente le dice: «Padre mío, Si le has dado palabra a
Jehová, haz de mí conforme a lo que prometiste.» No pidió sino una gracia: «Concédeme
esto: déjame que por dos meses me vaya a vagar por los montes y llore mi virginidad con
mis compañeras.»

Su padre le concedió este período de gracia. Y ella se dirigió a las colinas cercanas con
sus amigas. Allí procuró hallarse a sí misma, y ajustarse para el nuevo estilo de vida.

Habría querido casarse y gozar de la vida de modo pleno. Pero le fue negado. El curso de
sus años transcurrió separada de los suyos, ocupada probablemente en tareas monótonas
y rutinarias. Esto fue el mayor sacrificio que podía hacer, el de su vida como algo propio y
personal. Pero no se quejó y lo aceptó sin resentimiento: una vida recluída y resignada.

La Mujer de Jeroboam

«Entonces la mujer de Jeroboam se levantó y se marchó, y vino a Tirsa; y entrando ella


por el umbral de la casa el niño murió" (1ra. Reyes 14: 17).

Lease: 1ra. Reyes 14:1-17

La lección que aprendemos de esta meditación es ; hasta qué punto debe ceder una
esposa a lo que le pide su marido. Esta historia nos da una respuesta bien clara.

Jeroboam era el rey de las diez tribus. Tenían por lo menos dos hijos, Abías (del cual se
dice «se ha halIado alguna cosa buena en el delante de Jehová») y Nadab, su sucesor, del
cual se dice que «hizo lo malo en ojos de Jehová».
En momentos de tribulación no es raro que la persona que no ha perdido todo contacto
con Dios sienta impulsos de estar más cerca de Jehová. Y Jeroboam y su esposa, ante la
enfermedad del hijo, sintieron este deseo. El hijo, Abías, estaba gravemente enfermo. El rey
estaba ansioso para saber cuál sería el resultado de la enfermedad y no atreviéndose a ir
personalmente a consultar al profeta Ahías, decidió que sería mejor que fuera a su esposa,
con la precaución de disfrazarse, para evitar que la reconociera.

La mujer se disfrazó y tomando varios presentes se dirigió a Silo y fue a la casa de Ahías.
Es difícil imaginarse cómo podía esperar a Jeroboam que con un simple disfraz engañaría
al profeta, pero muy pronto supo su esposa que esta treta no les daría ningún resultado.
Apenas hubo oído el sonido de los pies de la reina, Ahías la saludó diciéndole: «Entra,
mujer de Jeroboam. ¿Por qué te finges otra? He recibido para ti duro mensaje»

El mensaje era en esencia el siguiente: «Tan pronto regreses a la ciudad el hijo va a morir,
porque Jeroboam ha hecho lo malo sobre todos los que han sido antes de él. Por ello, toda
la casa de Jeroboam será destruida, tanto siervo corno libre.»

¿ Qué quieren enseñarnos las Escrituras con esta referencia en la historia a la esposa de
Jeroboam? Es evidente, que no se trata de que no hay que engañar, ni que no hay que
disfrazarse, sino algo distinto. El mensaje es que el principal pecado de la mujer de
Jeroboam fue a asentir a la petición u orden de su marido, cuando esta orden estaba en
discrepancia con los mandamientos del Señor.

El deber que tiene la esposa a estar sumisa a su marido y hacer su voluntad tiene sus
límites. Estos límites no son lo que ella aprueba o desaprueba. El marido tiene autoridad
sobre la esposa y en un caso de diferencia de opinión irreconciliable ella tiene que ceder.
Sin embargo, el límite de esta sumisión lo marca la conciencia que no se puede transgredir.
En cuanto la conciencia de la mujer le asegura que lo que pide su marido está prohibido
por Dios, no sólo tiene que negarse a ello, sino que tiene que resistirse a cumplir sus
deseos. La autoridad del marido no está por encima de la autoridad de Dios. La mujer que
da su aquiescencia a los designios pecaminosos del marido ya no es una «ayuda idónea
para él». Le ayuda a condenarse y se condena ella al mismo tiempo.

LA REINA DE SABÁ
«La reina del Sur se levantará en el juicio con esta generación, y la condenará; porque
ella vino de los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí más que
Salomón en este lugar» (Mateo 12: 42).

Lease: 1ª Reyes 10:1-13; mateo 12:42

En ninguna parte de la Biblia se nos dice que la reina de Seba fuera una mujer pagana
convertida. En realidad, se nos dice bastante para suponer que no se convirtió. Si se
hubiera convertido se nos diría que al entrar en Jerusalén se dirigió al Templo para ofrecer
sacrificios al Dios de Israel. En los dos puntos que se nos habla de ella, 1ª. Reyes 10 o en
2ª. Crónicas 9 no se dice nada de este hecho. Se nos habla de sus conversaciones con
Salomón y de sus visitas a los palacios y la contemplación de sus riquezas... y nada más.

Es verdad que al final de su visita dijo: «Bendito Jehová tu Dios, que se agradó de ti para
ponerte en el trono de Israel.» Pero éstas no son palabras extrañas incluso en la boca de
una persona pagana, por el hecho mismo que podía reconocer el Dios de Salomón como
uno de tantos. Dice «Jehová tu Dios», lo cual distingue el de Salomón del propio.

Lo mismo Jesús, cuando afirma que «la reina del Sur se levantará en el juicio con esta
generación y la condenará», no hace más que poner otro ejemplo como el de Nínive, que
había de hacer lo mismo, o el de Sodoma y Gomorra, que darían testimonio contra la
«presente generación», o sea, que eran superiores a ella. La reina de Seba era un mujer que
se interesaba en las cosas. Sus intereses eran múltiples y variados: joyas, vestidos lujosos,
y también el cultivo de la mente.

Había oído que había ascendido al trono de Israel un rey de profunda sabiduría, y grandes
riquezas. Quiso conocerle. Ella misma había dedicado tiempo a las ciencias y las artes,
hasta el punto que podía tener una profunda conversación con el rey: «le expuso todo lo
que tenía en su corazón». Y Salomón le correspondIó. Pensemos en lo que le costó el viaje
suyo y de todo sus séquitos, de tierras lejanas. Pensemos en los dones de piedras
preciosas, talentos de oro y especias en grandes cantidades. La reina pensó que conocer a
Salomón valía todo esto. Oyó al rey, disfrutó de su conversación con él, satisfizo su
curiosidad intelectual y su sentido artístico. Pero nada más.

Hoy vemos también muchas jóvenes, especialmente entre las clases pudientes, que
sienten deseos de ampliar sus horizontes intelectuales, de alcanzar excelencia en el mundo
de las artes, de las ciencias de las letras. Esta es una actividad digna de elogio. No hay por
qué pensar que el fregadero, la escoba y las cazuelas son el destino exclusivo de la mujer.
Elegir ser mediocre en la vida es una triste elección. Estas muchachas, con estas nobles
ambiciones, si hubieran vivido en tiempo de Salomón habrían también emprendido el viaje
a Jerusalén para extasiarse en los tesoros para los sentidos y para la mente que había en la
corte del rey sabio y en la belleza externa del Templo.

Pero por desgracia, la mayoría de las veces, ocupadas con todos estos oropeles se
olvidan de algo: «He aquí hay uno mayor que Salomón en este lugar.» Este les pide no que
aprecien la belleza de su palabra y nada más; les pide que le entreguen su corazón y se
rindan a su servicio. Por desgracia muy pocas de estas jóvenes de educación esmerada
están dispuestas a obedecer este punto. Lo que les interesa es la cultura por amor a la
cultura. Pueden incluso considerar que Jesús era mayor que Salomón. Pero no le
consideran como Redentor de su pecado y de su culpa. Por tanto, no se sienten inclinadas
a adherirse a El ni a alabarle con agradecimiento. Se quedan donde se quedó la reina de
Seba. Van a Jerusalén, se entusiasman y se marchan.

LA REINA VASTI.

«Mas la reina Vasti no quiso comparecer a la orden del rey enviada por medio de los
eunucos; y el rey se enojó mucho, y ardía en ira» (Ester 1: 12)..

Lease: Ester 1

Vasti es una figura noble. Es verdad que desobedeció a su rey y marido, Asuero,
pero su desobediencia estaba justificada. Nadie va a defender que una esposa tenga
que someterse a su marido de modo incondicional.

Se celebraban grandes festividades en Persia. El reino de Asuero habla alcanzado


enorme extensión. Hacía tres años que él reinaba. Todo Susa, la capital, estaba llena
de personajes que habían llegado de numerosas partes del imperio. El rey celebraba
banquetes a diario. La reina también hizo banquete para las mujeres. Y según leemos
en el libro de Ester, «el séptimo día, estando el corazón del rey alegre del vino, mandó
que Vasti se presentase ante el banquete, para mostrar a los príncipes congregados
allí la belleza de la reina, porque era muy hermosa».

Es posible que Vasti fuera una mujer orgullosa, pero pensar que el motivo de su
negativa a presentarse al banquete era solo el orgullo sería un grave error. En Persia,
las formas sociales dictaban que las mujeres quedaran recluídas, nunca aparecían en
banquetes públicos delante de los hombres. Vasti comprendió que un requerimiento
así solo podía explicarse por el exceso de vino que había ingerido el rey que quería
jactarse de poseer una mujer tan hermosa, y mostrarla como si fuera un caballo o un
objeto.

Vasti sabía con toda seguridad cuáles serían las consecuencias de su negativa. A
pesar de ello se negó a presentarse. Demostró que consideraba de más valor su
dignidad como mujer que el mismo favor del rey ante el desdoro de exhibirse
socialmente.

Se nos dice que Asuero se enojo mucho y ardiendo en ira preguntó a sus consejeros
(era hombre legalista) qué habla que hacer con la reina. El consenso fue que la reina
había pecado contra el rey y contra todos los príncipes y contra todos los pueblos,
nada menos. El argumento clave usado por estos consejeros fue que <<cuando
llegara a los oídos de las mujeres este hecho tendrán en poco a sus maridos. El
consejo fue seguido y Vasti no pudo presentarse más delante del rey. La ley ordenaba
también «que todo marido fuese señor de su casa».

Por lo que a nosotros afecta sabemos que la ley de Dios ordena que el hombre sea
el señor de la creación, según vemos en la historia del Paraíso, por tradición seguida
prácticamente en todos los pueblos. Esta prerrogativa ha sido usada con arrogancia
por los hombres corno un arma para mantener esclavizadas a sus mujeres,
especialmente en los pueblos no cristianos. Es innecesario el sufrimiento que ello ha
acarreado a la mujer en el curso de los siglos.

Por lo que respecta a Israel esta ordenanza fue restaurada a su significado primitivo.
Entre los judíos la mujer ha tenido siempre una posición dignificada. El cristianismo ha
contribuido también a La liberación de la mujer de todo lazo de servidumbre que
pudiera infringir en su dignidad apropiada. El apóstol Pablo nos dice que la esposa ha
de estar sometida a la autoridad del marido en el hogar. Pero no cabe la menor duda
que cualquier exigencia del marido contraria a las leyes de Dios ha de ser rechazada
por la mujer. Lo mismo se aplica a lo que afecta a su dignidad como mujer.

No podemos olvidar que ha habido ocasiones en que la mujer ha abusado también


de sus derechos y procurado subyugar al marido, rechazando totalmente la ordenanza
de sumisión. Dios no puede permitir ni lo uno ni lo otro.

La Sirvienta Judía De Naamán

«...y de Siria habían salido bandas armadas, y habían llevado cautiva de la tierra de Israel a una
muchacha, la cual servía a la mujer de Naamán» (2 de Reyes 5:2).

Léase: 2.A Reyes 5

Como nos dice el versículo anterior, la muchacha servía en calidad de cautiva, o como podría
decirse, de esclava. En aquellos tiempos había gran cantidad de sirvientes en una casa principal,
y de diversas categorías. Recordemos a Agar y a Zilpa, que eran como dueñas, o doncellas
personales. Esta era la ocupación de la muchacha a que nos referimos.

Naamán era el comandante en jefe del ejército del rey de Siria. Había ocupado una posición
semejante a la de ministro de la guerra. Después de realizar campañas victoriosas en el territorio,
de Israel había regresado a su pueblo cargado de botín: entre los despojos se hallaba esta
muchacha judía, por medio de la cual iba a recibir su curación. La naturaleza exacta de la
enfermedad de Naamán no la conocemos, aunque es llamada en el libro de Reyes lepra. Sin
duda, era una enfermedad de la piel muy severa, aunque no le impedía cumplir sus deberes
militares. La muchacha, viendo en la intimidad del hogar, en que las sirvientas entonces vivían, y
han venido haciéndolo durante siglos, no pudo por menos que llegar a conocer la condición de su
señor. Sin duda, sentiría afecto por sus amos y tenía bastante confianza en la señora para
sugerirle que en Samaria había un profeta que podría curar la enfermedad. La historia es de las
más conocidas del Antiguo Testamento. Naamán fue a Siria y Eliseo fue instrumento de Dios para
que su «lepra» fuera curada. Sólo el Dios de Israel podía hacer milagros así. Su nombre, a partir
de entonces, fue celebrado en Damasco. Podemos suponer que Israel no fue atacado por partidas
armadas procedentes de Siria en tanto que Naamán fue el jefe supremo del ejército.

Queda un aspecto que se puede hacer notar en el relato. Es la influencia que una doncella
puede tener en una casa. Aunque el número de casas con sirvientas se ha venido reduciendo, en
una forma u otra, siempre hay personas que prestan sus servicios, sea a horas, o por lo menos
con un cierto tipo de regularidad en otras casas. Niñeras o cuidantes de niños que ya no son
tampoco muy comunes. Las posibilidades de influir en la casa de los amos, sean en los mismos
señores o en los hijos, o en el ambiente total de la familia por parte de la sirviente son muy
grandes. Una sirviente cristiana que teme a Dios y tiene un sentido apropiado de su
responsabilidad aprovechara las numerosas oportunidades que se le presentarán para dar
testimonio del Señor, como hizo esta muchacha judía.

La Sunamita

«Aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem, y había allí una mujer
importante que le invitaba insistentemente a que comiese» (2 Reyes 4:8).

Lease: 2 de Reyes 4:8-37

Las diez tribus no habían retenido el servicio de los sacerdotes y los levitas. Por esta
razón las personas temerosas de Dios tenían en gran estimación a los profetas, y por la
misma razón los profetas de Israel fueron más importantes que los de Judá. En Judá no
aparecieron personalidades del calibre de Elías y Eliseo. No es de extrañar que los
israelitas piadosos les tuvieran gran afecto.

Esta mujer de Sunem nos da un ejemplo «Eliseo pasaba por Sunem en sus viajes
periódicos desde el Carmelo, donde vivía, a Jezreel la capital. Al principio, hacía estos
viajes en un solo día. Pero al ir avanzando en años se cansaba demasiado. Una mujer de
Sunem le invitó a quedarse en su casa. Esto se transformó en una costumbre.
Esta mujer se había casado con un hombre de más edad que ella. Esta diferencia de edad
debía ser nota ble, pues vemos que en una conversación de Eliseo con su criado Giezi, éste
le hizo notar al profeta: «He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es viejo.» No tenemos la
menor idea de los motivos por los cuales esta mujer estaba casada con un hombre mucho
mayor que ella. Es posible pensar que fue por conveniencias familiares, o quizá cuando se
casaron, ella muy joven, y él un hombre maduro y en el vigor de la vida le ofreciera más
confianza y seguridad que un partido más joven, con menos experiencia en la vida. Quizá
viera en él un ideal de protección paterna. Todo esto son suposiciones. Es notable, por otro
lado que le pusiera también mucho afecto a Eliseo, para entonces, ya prácticamente un
anciano.

Era una mujer independiente, temerosa de Dios y respetuosa con las personas de edad.
Capaz de hacer planes y con mucha disposición: ella le dice al marido que tienen que hacer
un aposento para Eliseo, cómo deben amueblarlo y no sólo convence al marido de que lo
haga, sino que atrae a Eliseo a aceptar su hospitalidad.

Eliseo quiere corresponder a su afecto y le pregunta a través de Giezi si ella quería que él
hiciera algo en favor suyo, hablar al rey o a un general del ejército. La sunamita le contesta
que era una mujer del pueblo y que no necesitaba favor ninguno.

El incidente de la muerte del hijo es muy conocido. Habiendo salido al campo con su
padre el niño sufrió un ataque de insolación. Llevado a la casa murió a las pocas horas
sentado sobre las rodillas de su madre. La sunamita entonces va en busca de Eliseo y se
echa a sus pies, asiéndose de ellos. Luego le dijo: «¿Pedí yo hijo a mi señor? ¿No dije yo
que no te burlases de mí?» Es evidente que la intención de la madre estaba alimentada por
su fe en el que el Dios de Eliseo podía devolverle al hijo, tal como se lo había dado, cuando
ella ya ni soñaba tenerlo. Eliseo, después de un intento fallido del criado para reavivarlo,
vuelve a la casa y le devuelve la vida. «Toma tu hijo», le dice simplemente a la sunamita. Al
restaurarle a su hijo, Dios confirmó la sinceridad y validez de su maravillosa fe.

LA VERDADERA MADRE
«Entonces el rey respondió y dijo: "Dad a aquella el hijo vivo, y no lo matéis; ella es su
madre.» (1.a Reyes 3:27>

Lease: 1a reyes 3:16-28

No vamos a entretenemos a hablar de la sentencia de Salomón en sí, sino más bien a


considerar los rasgos que nos revela la conducta de las dos mujeres en esta situación.
Vamos a estudiar varios puntos distintos.
Las dos eran mujeres de vida reprensible. Las dos habían concebido y el hijo de cada una
era ilegítimo. Este es el primer comentario. Pero después de esto vemos que la conducta de
las dos difiere en algunos puntos y coincide en otros.

En primer lugar, incluso en una persona que ha su cumbido al pecado, y como estas dos
mujeres vive de) mismo, podemos hallar rasgos de verdadero valor. La madre verdadera>
por ejemplo, se opone rotundamente al sacrificio del hijo; en esto la segunda muestra
entrañas insensibles, pues sabía que el hijo no era suyo. Sin duda, la segunda es una mujer
mucho más depravada. Con todo, notemos que incluso ésta tiene una chispa de amor
maternal por desviado que sea: procura poseer un hijo, aunque sepa que no es el suyo.
Aquí nos duele tener que reconocer que incluso en países que llamamos cristianos no hay
inconveniente por parte de algunas madres en hacer desaparecer un hijo, antes de haber
nacido, para evitar el oprobio o la vergúenza pública que implica haber cometido una
inmoralidad.

Salomón se atrave a dar una orden monstruosa porque sabía que las mujeres de su país
se rebelarían ante una orden semejante y no se equivocó. La madre al punto cedió sus
derechos al hijo para salvarle la vida. Hoy muchas mujeres se preguntan: ¿Cómo puedo
librarme del hijo?

Incluso los animales, llevados por su instinto defienden a sus hijos. Una perra defiende a
sus cachorros. Una madre, en un país cristiano, ¿cómo puede a san-. gre fría permitir que
su hijo sea asesinado, o mejor dicho, cómo puede dar orden para que su hijo sea
desrtuido?

Excepto en casos especiales, la expresión de afecto maternal tenemos que considerarla


natural. Por el hecho de poseer este afecto, no hay motivo para que tengamos que colmar
de alabanzas a una mujer. Es un instinto, una pasión para preservar la vida del hijo. Se
encuentra hasta cierto punto en personas esencialmente egocéntricas. La madre del hijo
ilegítimo es un caso ejemplar de afecto maternal, y por él merece nuestra alabanza.

Por otra parte, hemos de considerar que el mero hecho de que una mujer no haya
sucumbido al pecado, no implica que represente un ideal de maternidad. Hay muchas
mujeres que temen dar a luz, o bien que si han dado a luz finalmente a un hijo, lo ponen
totalmente bajo el cuidado de manos extrañas.

Como resumen, hemos de decir que, al margen de su conducta censurable en otros


aspectos de su vida, la madre verdadera del niño es un ejemplo de afecto maternal, que
cuando es contemplada por muchas madres cristianas en nuestra sociedad, debería
causarles sonrojo.

La Viuda de Sarepta

«Levántate, vete a Sarepta de Sidón y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer
viuda que te sustente» (l Reyes 17:9).

Lease: 1ra. de Reyes 17

Vamos a hablar no del milagro de Elías, sino de la viuda.

Esta mujer había perdido a su marido, y con ello el medio de sustento de la familia. Tenía
un niño, eso sí, pero su edad no le permitía ser ningún apoyo para la casa, sino una carga
material para la madre. A la viuda no le faltaban las preocupaciones. Su vida había
cambiado por completo desde la muerte, del marido. Y podemos suponer también que su fe
se había amortiguado gravemente. Es posible que todavía tuviera alguna fe en el Dios de
Israel, pero el relato de Reyes no nos lo permite dilucidar.

Y esta mujer que vivía con tantas dificultades para seguir adelante, que tenía que ir
recogiendo leña echada por las calles o los caminos, a consecuencia del hambre
generalizada en el país estaba llegando a las últimas. La vida se había hecho imposible. Los
precios eran exorbitantes. El fin estaba a la mano. Y entonces ocurre algo extraordinario.

La mujer está recogiendo unos leños secos cuando un hombre de extraño aspecto, con
un búculo en la mano, de avanzada edad, cubierto de polvo, que se dirigía al pueblo, le dice
que le traiga un vaso de agua.

La mujer podía muy bien darle agua, así que se va camino a la casa para ir a buscársela,
pero había dado sólo unos pasos cuando aquel extraño personaje la vuelve a llamar: «Te
ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano.»

La mujer con una mirada triste le contestó que ni tan solo tenía pan cocido, aunque sí un
poco de harina y que precisamente estaba recogiendo dos leños para prepararlo y
comérselo, untado con un poco de aceite que también le quedaba, junto con su hijo.
Después de haberlo comido no le quedaba más recurso que dejarse morir de hambre.
Y entonces vienen las noticias estupendas, que de momento la mujer escucharía con
oídos incrédulos: «La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá,
hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra.»

La mujer hizo la tarta y comieron los tres. Y la harina no escaseó ni menguó el aceite de la
tinaja. La fe de la mujer se está reavivando. ¿ Cómo es posible negar la evidencia de que
Dios proveía para ellos, con la intervención de aquel varón extraño, que se había quedado
aposentado en la casa.

El segundo paso adelante en la fe para la viuda fue una nueva prueba. Esta vez fue el hijo
que enfermó hasta quedar sin aliento. Entonces la viuda no pudo por menos que
recapacitar sobre su vida pasada. Según la mentalidad de la época una enfermedad tenía
que interpretarse como una visitación divina: eran sus propios pecados que habían
causado el desastre en el hijo. Con la conciencia turbada, y tratando de defenderse, a
ciegas, se dirige al profeta en su desespero y le in- crepa: «¿Qué tengo que ver contigo
varón de Dios? ¿Has venido a mí para hacer morir a mi hijo?»

Elías clama a Dios apenado pór los sufrimientos de la viuda. Dios le concede poder para
hacer recobrar la salud al hijo. Solo con el niño ruega a Dios que le sea devuelta el alma al
niño. «Jehová oyó la voz de Elías», una vez más, y al poco el niño estaba sano en el regazo
de la madre.

Las palabras que pronuncia ahora la madre nos hablan de otro milagro, no menos
sorprendente que recobrar la salud del cuerpo; la recuperación de la salud del alma. Llena
de gratitud y asombro la viuda exclama: «Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la
palabra de Jehová es verdad en tu boca.»

LEA

"Y los ojos de Lea eran delicados, pero Raquel era de lindo semblante y de hermoso
parecer." Génesis 29: 17

Lease: Génesis 29:16-35

Lea recibe el comentario curioso de que sus ojos eran tiernos; sin embargo, al
compararla, con un "pero", con Raquel de la que se dice que era hermosa, podemos
deducir que no podía compararse a su hermana. Lea tendría facciones comunes, sin que
tuviera que ser fea. Pero ante sus propios ojos se consideraba como poco atractiva.

El ser una joven hermosa puede resultar peligroso para ella. Pero no es razón para que la
que no lo es se sienta postergada. Esta carencia de hermosura puede ser compensada por
una naturaleza rica, un corazón ferviente, ternura y afecto. Sabemos que hay caras
comunes que pueden esconder rasgos angélicos. Pero esta falta de hermosura puede ser
una preocupación para una joven. "¿Por qué no puedo ser más hermosa?" Este deseo no
es en sí pecaminoso, sino muy humano. Las Escrituras de vez en cuando usan la expresión
"de hermoso semblante". Al hacerlo, la Biblia confirma que la característica de la
hermosura es una de las bendiciones en nuestra vida humana.

Pero hemos de decir también que la Escritura ofrece consuelo a las Leas. Lea, que no era
tractiva, recibe, en realidad, una bendición más rica que la hermosa Raquel. Raquel tuvo
sólo dos hijos, José y Benjamín. De éstos, José fue vendido como esclavo y dio origen a
una de las tribus mancilladas de Israel. En cuanto a la tribu de Benjamín, fue casi
totalmente eliminada a causa de un terrible pecado nacional en que incurrió. Lea puede
blasonar de ser la madre de Judá, y Judá de David y de Cristo.

Esto no se dice en alabanza de Lea como mujer. Sabemos que la posición económica,
social y moral de Labán era muy inferior a la de Betuel. Cuando Eliezer llamó a Rebeca, ésta
todavía podía partir como hija libre. Pero las cosas habían empeorado rápidamente en
Padan-Arán. Lo muestra el que Labán prácticamente vendió a Lea. Jacob tuvo que trabajar
siete años para ganar a Lea. Además, Labán engañó a Jacob, y Lea fue su cómplice, pues
Jacob deseaba casarse con su hermana Raquel. Es evidente que el tono moral de la familia
había degenerado como lo demuestra el hecho que luego se aprovechara de las
mandrágoras que había traído su hijo Rubén del campo para causar celos en su hermana.

Sin embargo, Lea tenía una cosa. Dios había puesto milagrosamente fe en su corazón. Al
principio era fe egoísta. Cuando nació Rubén alabó a Dios porque había sido mirada con
favor. Cuando recibió Simeón estuvo contenta porque Dios la había consolado del odio de
que había sido víctima. Cuando nació Leví se regocijó porque su marido la amaría. Pero
cuando nació Judá ya había derrotado el egoísmo de su corazón y lo había reemplazado
por sincero agradecimiento: "Ahora", dijo, "alabaré al Señor".

Lea no lo hizo por si sola, sino que fue Dios quien lo realizó en su corazón. Raquel no
hizo lo mismo. La gloria del Señor no se expresa ni en el nombre de José ni en el de
Benjamín. La alabanza al Señor está sólo en Judá, porque Judá significa "El que alaba a
Dios".

Es evidente, el maravilloso gobierno de Dios operando en todas estas cosas. En su


soberanía creó a Raquel hermosa y a Lea de facciones corrientes. Como resultado de ello
resultó prácticamente una tragedia entre las dos hermanas. No fue Raquel sino Lea la que
dio nacimiento a Judá y con ello al antecesor de la madre de Cristo. La alabanza a Dios
procede de Lea, no de Raquel.

De ello se sigue que Dios no ve las cosas con los mismos ojos que los hombres. Hay dos
clases de belleza. Hay la belleza que Dios da al nacer, y que se marchita como una flor. Y
hay la belleza que Dios concede cuando en su gracia, los hombres nacen de nuevo. Esta
clase de belleza no se marchita, sino que florece eternamente.

María, la hermana de Moisés

"Porque yo te hice subir de la tierra de Egipto, y te redimí de la casa de servidumbre; y


envié delante de ti a Moisés, a Aarón y a María (Miriam)". (Miqueas 6:4).

Lease: exodo 15:20, 21; numeros 12; miqueas 6:4

Miriam o María es una profetisa y cantora de Israel. Es una de las mujeres que, como
Débora, fue elegida y capacitada por el Señor para contribuir a la redención de su pueblo.

Era bastante mayor que Aarón y Moisés. De su encuentro con la princesa egipcia en el
Nilo sabemos que era una chica sagaz. En efecto, Joquebed, su madre, podía encargarle el
cuidado y supervisión del pequeño Moisés sin vacilación. Y aunque fue ella la que salvó la
vida de Moisés, siempre se la ve en compañía de Aarón y no de Moisés. Esto es
perfectamente natural. Moisés había vivido en el palacio y asistido a las escuelas de los
egipcios. Luego, poco después de su primera aparición pública había tenido que emigrar a
Madián. Entretanto, María y Aarón vivían juntos en su hogar tranquilo en Amram. Fue por
esto que María no conocía a Moisés a fondo.

Por el contrario había una relación íntima entre María y Aarón. Duró toda su vida, y se
vislumbra en ella, tal vez, un poco de celos con respecto al hermano menor. Sabemos, por
ejemplo, que en el desierto de Sinaí, María y Aarón se opusieron a Moisés. Lo hicieron bajo
el pretexto de que se había casado ilegítimamente con una mujer de los cusitas. En esta
oposición fue María y no Aarón quien tomó la iniciativa. Esto es evidente del orden de sus
dos nombres en Números 12:1: "María y Aarón hablaron contra Moisés." María era la
instigadora y la que tomó la palabra. Fue sobre ella que cayó la terrible maldición de la
lepra.

El que la mujer etiópica de Moisés sirvió sólo como una excusa y pretexto para la
rebelión, se hace evidente del contenido del argumento de María contra Moisés en que ni se
menciona la mujer. La protesta era para subrayar que Dios había hablado también a través
de ellos, no sólo de Moisés; se implica que no estaban muy dispuestos a aceptar la
autoridad superior de Moisés. Esta rebeldía no fue vista con buenos ojos por Dios, como lo
muestra el versículo 6 y siguiente: "Moisés es fiel en toda mi casa. Boca a boca hablaré con
él y claramente y no por figuras... ¿Por qué, pues no tuvisteis temor de hablar contra mi
siervo Moisés." María fue castigada a permanecer siete días fuera del campamento y esto
sólo después que "Moisés clamó a Jehová, diciendo: "Te ruego que la sanes ahora." Al fin
fue restablecida y "María pudo reunirse con ellos".

A partir de este incidente no se nos habla más de María. Al parecer, el don de profecía la
había abandonado. Sólo sabemos que cuando murió fue sepultada en Kades. No se añade
nada al comentario de que Israel lamentó su muerte.

Los días más brillantes de la vida de María fueron, pues, no los del desierto del Sinaí o de
Kades, sino los que pasó junto al Mar Rojo. Eran los días después que Moisés, al regresar
de la experiencia de la zarza ardiente, para revelar a los esclavizados hebreos la voluntad
de Dios respecto a ellos, mostró a Faraón sus señales. Cuando salieron de Egipto y
cruzaron el Mar Rojo no se nos hace mención alguna de los celos de María de su hermano
menor. Entonces creía en la vocación de Moisés. Como profetisa se añadió a Moisés y a
Aarón en su empresa común. Tomó su lugar a la cabeza de las mujeres de Israel y con
entusiasmo cantó las alabanzas a Dios junto a las dunas del Mar Rojo.

Esta tiene que haber sido una escena impresionante. Israel se halla a salvo en la otra
orilla. Faraón y sus hombres y sus caballos han sido tragados por las aguas. Moisés reúne
a los hombres y María hace lo mismo con las mujeres. Dan una mirada a las aguas
tranquilas ahora, sepulcro de los orgullosos egipcios y ven a la otro orilla, al aborrecido
Egipto. Luego en un magnífico coro de instrumentos y voces, prorrumpen en alabanzas al
Señor. María ya era de avanzada edad, se nos dice, pero su cara volvería a resplandecer
hermosa como en los años de su juventud. Sosteniendo un pandero en la mano y
acompañada de las otras mujeres danzando les respondía: "Canta a Jehová, porque en
extremo ha triunfado gloriosamente; ha echado en el mar al caballo y al jinete."
En aquel tiempo María creía; con todo, el orgullo y los celos estaban agazapados en su
corazón. Se entusiasmó por la gloria de Moisés y todavía más por los grandes hechos del
Señor. María alcanzó su mayor grandeza en aquella ocasión.

Pero la fe oscila. Por ello cayó María. Apareció en la superficie lo que llevaba escondido.
Murmuró contra Moisés y se rebeló contra el Señor su Dios. Dios tocó su corazón, curó su
leprá y la libró de su rebeldía e incredulidad.

Noadías

Acuérdate, Dios mío, de Tobías y de Sanbalat, conforme a estas cosas que hicieron;
también acuérdate de Noadías profetisa, y de los otros profetas que procuraron infundirme
miedo (Nehemías 6: 14).

Lease: Nehemías 6

Noadías se nos presenta en contraste con Hulda. Las dos son profetisas: la diferencia es
que Hulda inspiró la reforma que se realizó en tiempo de Josías, y Noadías contribuyó a
obstaculizar la que se realizó en tiempo de Nehemías. Hulda era un profetisa auténtica,
Noadías era falsa. Hulda hablaba inspirada por el Espíritu; en el caso de Noadías lo que
decía era un mero producto de su imaginación.

Los profetas y profetisas recibían su inspiración de Dios, pero estaban además


sometidos a su temperamento natural, a su disposición y al efecto de su propia formación
voluntaria y personal. Sabemos, por ejemplo, que había escuelas de profetas y que la
música ocupaba una parte importante en ellas.

Este aspecto mediato de Ia profecía (en oposición al inmediato o divino) daba por
resultado la aparición de profetas falsos. Eran hombres y mujeres que eran por naturaleza
excitables, entraban en estados de fervor exacerbado, y que iban por el país, con este
estado de ánimo, imitando las palabras de Dios. Aun hoy vemos conversiones de este tipo,
llenas de éxtasis y frenesí, en que todo es entusiasmo, espuma que es el mero producto
subjetivo o una exacerbación aguda de la imaginación.

Hemos de considerar a Noadías como una mujer de este tipo. Pero, esta característica la
hacía una mujer peligrosa. Esta mujer pseudo piadosa y nerviosamente excitable producía
gran impresión por su pasión y celo, por su sinceridad. Las masas eran arrastradas a creer
que ofrecía una revelación divina. Cuando ayudaba con sus exhortaciones a los aviesos
planes de Tobías y Sanbalat, para estorbar la reforma de Nehemías, su palabra era efectiva.
La situación, en lo esencial, puede reducirse a lo siguiente. Este era el razonamiento,
podemos suponer de Noadías: «El Templo está en ruinas y los muros de Jerusalén
destruidos. Es necesario instituir una reforma y esto es lo que intenta Nehemías. Pero la
voluntad de Dios es hacerla a su debido tiempo no ahora. Ahora quiere que pasemos un
periodo de humillación y disciplina, pues ésta es la maldición y castigo de Dios. Hemos,
pues, de aceptar esta carga de Dios contentos y de buena voluntad, pues es el resultado de
nuestros pecados. La reforma inmediata son meros esfuerzos humanos, no los planes
divinos. Dios estorbará estos esfuerzos y Nehemías caerá a cuchillo si prosigue con su
orgullosa reforma.»

Esto parecía a muchos un lenguaje piadoso. «Apartaos de los esfuerzos humanos, son el
fruto del orgullo. Dios hará su reforma, ésta es Ia que necesitamos, no la de los hombres.»

Nehemías no hizo caso alguno de sus admoniciones. A un profeta de Baal se le habría


opuesto por Ia espada. Pero esta falsa charla pseudo piadosa eran causa de desánimo para
el pueblo, e incluso socavaba probablemente su propio ánimo. No entro en controversias
con Noadías. Procuro evitar las asechanzas y lazos de Tobías y Sanbalat, y oro contra
todos ellos: «Acuérdate, Dios mío, de Tobías y de Sanbalat...»

La oración fue contestada. El muro terminado. La reforma fue llevada a su cabo. En toda
reforma hay en la Iglesia almas pseudo místicas que se oponen a su progreso. Las había en
abundancia en la Reforma del siglo XIV, que obstaculizaban la labor de los héroes de la fe
de entonces. Las hay incluso ahora. El arma más efectiva contra todos ellos es la oración.

Noemí

«Y ella les respondía: "No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara, porque en grande amargura
me ha puesto el Todopoderoso"» (Rut 1:20).

LEASE: RUT 1

Noemí significa «placentera». Comparada con varias de las mujeres anteriores, Noemí se nos
presenta como amistosa y amable. Está relacionada con la genealogía de Cristo, indirectamente,
una de las mujeres con rasgos nobles. La nobleza de sus rasgos da lugar inmediatamente a
nuestra sincera simpatía, especialmente si añadimos el hecho de sus sufrimientos.

Casada con Elimelec, huyó con su marido de un hambre en su tierra, Belén, y fueron a parar a
Moab. Por la historia vemos que su corazón siguió apegado a los suyos y a Belén. Su esposo
murió en Moab, en el exilio, y ella se quedó con sus dos hijos, Mahlón y Quelión. Los dos se
casaron con mujeres moabitas. Pero el Señor le quitó a sus dos hijos, ya casados, además de
haber quedado viuda. Sólo le quedaban las dos nueras, y éstas no eran de su pueblo ni servían a
su Dios.

Reducida a la extrema pobreza Noemí decidió regresar a Belén, tanto más que había oído que
en Belén el pan era ahora abundante. Salió de Moab acompañada de sus dos nueras.

Era ya, prácticamente una mujer de edad avanzada.

El camino tuvo que serle penoso en gran manera, pero al fin volvió a ver su amada Belén, la
ciudad de su felicidad infantil. Podemos imaginarnos el interés con que los habitantes de la ciudad
observaron a Noemí y la companía que llevaba consigo, una de las nueras. Se nos dice que «toda
la ciudad se conmovió por causa de ellas; y decían: "¿No es ésta Noemí?".» Con lágrimas en los
ojos la anciana contestó: «No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara, porque en grande
amargura me ha puesto el Todopoderoso.»

Pero Noemí no había regresado sola como dijimos. Una de las nueras había decidido
acompañarla, a pesar de que Noemí había intentado disuadirla. Noemí se nos dice que había
despedido a las dos: «Volveos cada una a la casa de vuestra madre.» Noemí supondría que las
dos habían seguido orando a los dioses de Moab. Dos veces consecutivas les suplicó que la
abandonaran. Finalmente, Orfa besó a su suegra y regresó a los suyos. Rut, empero, se negó a
abandonarla. «Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios», fue la respuesta decidida de Rut.
Moab descendía de Lot, y por tanto de Abraham. Es posible que hubiera permanecido un
remanente fiel a Dios en Moab y que, sin saberlo Noemí, Rut hubiera estado en contacto con
ellos. El Señor, en todo caso, se acercó a su alma con su gracia omnipotente. Lo que sabemos de
cierto, pues, es que Rut decidió abandonar a los dioses de Moab y ser fiel al Dios de Israel. Por
ello, tenía muy poco sentido para ella quedarse en Moab y prefirió ir con su suegra.

Noemí era pobre y se sostenían las dos de las espigas que Rut recogía en los campos yendo en
pos de los segadores. Los planes que hizo Noemí para Rut son distintos de los planes a que
nosotros estamos acostumbrados, pero seguían las costumbres de aquellos tiempos en Belén.
Las palabras de Noemí muestran ternura y consideración para su nuera. Noemí venció su
amargura y volvió a ser amable y cariñosa como había sido antes. Dios honró a esta mujer
abandonada de modo excepcional. Además de incluirla en el relato de las Sagradas Escrituras, y
de proporcionarle la simpatía de la Iglesia de todos los tiempos. Permitió que su sangre se
mezclara con la del Hijo de Dios en el curso de las generaciones.

Orfa

«He aquí tu cuñada Se ha vuelto a su pueblo y a sus dioses; vuélvete tú tras ella» (Rut 1:15).

Orfa representa la mujer a la cual se ofrece la gracia, pero la rechaza, y vuelve a hundirse en la
condenación. Había tenido un contacto íntimo con la gracia. Dios había dirigido los asuntos de tal
forma que como resultado del hambre, una familia de Israel había huído a su pueblo. De modo
que Orfa pudo conocer al pueblo que adoraba al único Dios verdadero. Era el mismo Dios al cual
su antecesor Lot había adorado, y el mismo que había castigado a Sodoma y a Gomorra. Orfa
pertenecía a las generaciones de la esposa de Lot también. Y la historia de la forma en que Dios
la había petrificado era probablemente conocida todavía en Moab. Ahora ella tuvo ocasión de
volver a escuchar estos actos milagrosos del Dios de Israel. Se había casado con uno de los hijos
de Noemí. Por ello tenía que haberse puesto en contacto directo con el conocimiento del
verdadero Dios. Había estado durante años en contacto con los cuatro misioneros que habían ido
a Belén, pues se había casado con uno de ellos.

Además, otra muchacha de Moab, Rut, se había casado con el otro hermano. Y esto nos ilustra
cómo esta otra mujer, extraña a la fe, se deja vencer por ella al ponerse en contacto con la misma.
A pesar de estas ventajas, sin embargo, Orfa cerró su corazón a la gracia. Prefirió regresar a los
dioses de su patria.

No es probable que cuando era mujer casada ella se opusiera de modo abierto al Señor.
Habiendo dicho Noemí que «se había vuelto a sus dioses» puede inferirse que ella, durante
aquellos años, al entrar en la nueva familia, había formalmente, por lo menos, aceptado el culto a
Jehová. Pero se trataba de una conversión que era pura fórmula. Para ella el casamiento había
sido más importante que la religión. Hemos de creer, sin embargo, que si su marido hubiera vivido,
caso de haberse trasladado de nuevo a Belén el esposo, es probable que ella hubiera continuado
con la nueva religión que había adoptado, engrosando el número de creyentes aparentes.

Por lo que se refiere a ella, sin embargo, al permitir Dios que falleciera su esposo, Orfa se vio
sometida a una prueba en la sinceridad de su conversión. Noemí es el agente de esta prueba: no
hace presión sobre ella para que la siga, sino al contrario. Orfa podría haberla seguido a Belén si
se hubiera convertido sinceramente, pero Orfa falló esta prueba.

Orfa sopesó la perspectiva de seguir a una viuda pobre y sin hijos, en tanto que si volvía a Moab
allí estaban los suyos y sus dioses. Dio un beso de despedida a Noemí y al mismo tiempo se
despidió para siempre del amor de Dios.

Rut y Orfa se separaron, las dos mujeres de Moab. Rut siguió a Noemí, y entró en la línea
ancestral de Cristo. Orfa se despidió de Noemí y regresó a las tinieblas espiritualés de Moab y a
su perdición.

RAHAB
"Por fe, Rahab la ramera, no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido
a los espías en paz." (Hebreos 11:31)

LEASE: JOSUE 2:1; 6:17-25; HEBREOS 11:31; SANTIAGO 2:25

Los rabinos, desde tiempo inmemorial y luego muchos intérpretes del Cristianismo han
intentado demostrar que Rahab era una mujer distinta de lo que nos describen las
Escrituras. Niegan que fuera una ramera. Rahab se casó con Salmón, fue la madre de Booz
y, por tanto, está incluida en la línea materna de los antecesores de Cristo. El apóstol Pablo
la nombra entre la gran "nube de testigos" Es la única mujer, junto con Sara, que es
designada como un ejemplo de fe. Además, el apóstol Santiago la menciona como una
persona digna por sus buenas obras (2:25). ¿Cómo, se preguntan algunos, puede una
mujer así haber sido una ramera? Es demasiado escandaloso. Especialmente difícil de
creer para las personas pagadas de sí mismas, y que miran con desdén a los pecadores
flagrantes. Repugna también a los que quieren hacer modelos de piedad y virtud a todos
los carácteres de las Escrituras.

En consecuencia ha habido mucha discusión sobre el significado de la palabra hebrea


"zoonah" traducida en nuestra versión como ramera. Algunos dicen que era la dueña de
una posada, simplemente. Otras que Rahab había sido una concubina, como Agar y Zilpa.
Otros conjeturan que podía haber caído en su juventud, pero que cuando vivía en Jericó era
una mujer de buena reputación. Todas estas suposiciones se han hecho por no entender el
consejo de Dios para la redención de los pecadores. Deforman la historia de Rahab porque
quieren establecer un esquema de salvación a base de la bondad humana.

Pero las conjeturas no alteran los hechos. Rahab era una ramera. No hay manera de
cambiar el significado de "zoonah", ni el del griego "porne". Aunque nos repugne admitirlo,
hemos de recordar que no sólo Rahab, sino Tamar y Betsabé eran mujeres pecadoras,
aunque constan en la genealogía de nuestro Salvador.

"Todos pecaron y han sido destituídos de la gloria de Dios, siendo justificados


gratuitamente por su gracia." Esta es la gran verdad que hemos de recordar al considerar la
materia, y esto se aplica a Rahab o a toda mujer virtuosa hoy. Las Escrituras no hacen
excepciones. Pero Rahab tuvo fe y se arrepintió de su pecado. Después que cayeron los
muros de Jericó y ella fue salvada, se casó con un príncipe de Israel. Por su fe, que nació
cuando todavía vivía una vida de pecado, su nombre ha sido inmortalizado por el apóstol.

Rahab, probablemente, oiría del extraño pueblo que se estaba acercando a Jericó, por
algunos mercaderes, gente que. frecuentaban una casa como la suya. Por otra parte hemos
visto que en el pueblo escogido el pecado era frecuente, había una murmuración constante.
(Recordemos a María la hermana de Moisés, nada menos.) Recordemos también a Sípora, la
esposa de Moisés. Incluso el mismo Aarón pecó en numerosas ocasiones. Entretanto, Dios
tuvo compasión de esta mujer y le concedió su gracia. Es indudable que había centenares
de mujeres incomparablemente más virtuosas en Jericó que Rahab. Todas ellas fueron
pasadas por alto y el toque de gracia recayó sobre Rahab.

Es posible que la fe ya hubiera estado creciendo en su alma. Que hubiera oído de los
milagros extraños que se realizaban entre aquel pueblo que peregrinaba por el desierto,
cercano ya a Jericó. En este momento de su fe la visitaron dos representantes de Dios. Su
entrada en la casa fue parte de la preparación para el camino de Dios en favor de su pueblo.
Ahora la fe de Rahab se vuelve decisiva. Considera a sus visitantes como embajadores de
Dios. Arriesga su vida por ellos. El peligro en que incurrió era grave en extremo. Sin
embargo salva a aquellos dos hombres, no por simpatía humana, no porque le convino para
su propia seguridad, sino porque habían sido enviados por el altísimo Dios. -

Rahab hizo lo que hizo por amor a Dios. Los primeros frutos de su fe se hacen evidentes
al instante. Su corazón antes de hielo se derrite y piensa en su padre y su madre, y pide si
pueden ser salvados.

Los ejércitos de Israel se estacionaron alrededor de Jericó. Pero en toda la ciudad sólo
hay una persona que reconoce en aquel ejército a los enviados de Dios. Abre la ventana y
hace descender un cordón de grana. Rahab cree, y su redención es segura. Dios la
incorpora en la línea santa de su Hijo unigénito. Con ello Dios no aprueba los actos
pecaminosos. Lo que hace es decirnos que El es omnipotente y que puede redimir incluso
al más profundamente pecaminoso. Y nos dice, además, que por el hecho de que haya
puesto fin al conflicto agudo del pecado en nosotros, no hemos de tenernos por
santurrones, y mirar con desdén a los otros porque pecan.

RAQUEL

"Raquel que llora por sus hijos" Jeremías 31:15.

Lease: Génesis 25:16-20; Jeremías 31:15

El grito que dio Raquel al morir fue "Benonni"; Benonni significa "hijo de mi dolor". Y es
en el espíritu de Benonni que las Escrituras muestran su entera presencia en la Biblia.

El Señor se muestra soberano e independiente al decidir hasta qué extensión cada mujer
que pasa a ser madre participa en la maldición del Paraíso: "En dolor darás a luz los hijos."
La intensidad del sufrimiento varía. Algunas, ante el gozo por el hijo apenas consideran que
han sufrido. Otras sufren terriblemente, y para algunas significa la muerte. Raquel fue una
de ellas. Una vida por otra.

Nadie puede decir lo intenso del dolor sufrido por Raquel en su agonía al dar a luz a
Benjamín, camino de Betel a Belén. Probablemente, esperaba poder llegar a Belén. Pero no
fue posible. "Y hubo dificultad en el parto" nos dice la Biblia. La partera le aseguró que el
hijo llegaría, pero al nacer el hijo se le salió el alma. "Benonni", exclamó Raquel "hijo de mi
dolor".

Raquel era una mujer femenina en alto grado. Jacob había sido cautivado por ella.
Probablemente, no vio mucho más en ella. Pero con esto le bastaba. La amó desde el
principio. Siete años de trabajo le parecieron días; y cuando ocurrió el engaño y recibió a
Lea, trabajó otros siete años.

Raquel no fue un modelo en algunos aspectos. Sabemos que se llevó imágenes con ella a
Canaán. Engañó a su padre. Estaba celosa de Lea. Cuando finalmente dio a luz a José, y
pudo ser madre, su orgullo maternal dominó su personalidad completamente. Esto es
notable. Todo el ser de Raquel estaba concentrado en el deseo de ser madre. El Señor lo
permitió y también permitió que al serlo por segunda vez lo pagara con el precio de su
propia vida.

Jacob no podía entender este Benonni. No se daba cuenta del sentido profético de este
nombre. La tribu de Benjamín iba a ser casi completamente exterminada. Fue conducida a
Babilonia vía Edom. Fue la generación que dio los primeros mártires a la Iglesia con la
matanza de Belén.

Después de diez siglos, el Señor recordaba la profecía de Raquel. La vemos escrita en


Jeremías 31:15:

"Así dice Jehová: Se oye una voz en Rama, lamento y llanto amargo; Raquel que llora por
sus hijos, y rehúsa ser consolada." Más tarde, en este mismo Belén, ante cuyas puertas
casi, Raquel había exclamado "Benonni", Herodes realizó una terrible matanza. De ella las
Escrituras nos dicen: "Entonces fue cumplido lo que dice el profeta Jeremías: "Raquel llorá
por sus hijos, y rehúsa ser consolada, porque perecieron".

Así el Benonni de este corazón de madre en su agonía halló eco en la historia de la Iglesia
de Dios en Israel. Israel no pudo olvidar a Raquel que, al morir, dio a luz a su hijo. El
Espíritu Santo mismo recuerda este grito de agonía.

Si en esta terrible tragedia parece a veces que el dolor triunfa una y otra vez, en la Iglesia
de Cristo hay la llave a este misterio en las palabras que durante siglos ha estado cantando
por Raquel:

"No llores Raquel, con tus tristes ojos;


Al ver a tus hijos morir como mártires.
Son los primogénitos de una simiente
Que de tu sangre empieza a crecer;
A pesar de días terribles de tiranía
Florecen para alabanza de Dios."

REBECA

"Y no sólo esto, sino también Rebeca cuando concibió de uno..." Romanos 9:10

Lease: Romanos 9:6-16

Se dice que Sara representa una figura regia. Comparada con ella pensamos en Rebeca
como una mujer de su casa. En sus años jóvenes era, sin duda, hermosa, una doncella
oriental. Una belleza sencilla. Sin ostentación. Era una joven simple, casi infantil. Obsérvese
cómo recibió a Eliezer en el pozo, y cómo estuvo dispuesta a acompañar al siervo a Canaán
sin haber visto a Isaac. Las mujeres orientales suelen ser pasivas e introspectivas. Rebeca
no lo era. Aunque procedía de una familia de reputación, no tenía miedo de ensuciarse los
dedos. Ella misma iba a buscar agua en una vasija, ayudó a preparar la comida, y proveyó
para los camellos de Eliezer. Debe de haber sido como su nombre indica, "una muchacha
amable".

No dio un ejemplo especial de fe, pero es evidente que ésta existía en su corazón. Por
ejemplo, dejó la tierra idólatra de Arán en favor de las tiendas de Abraham. Lo confirma
también el hecho que según Romanos 9:12 recibió una revelación directa del Señor.
observemos también sus esfuerzos para asegurar la bendición del Mesías para su hijo
predilecto Jacob.

Este tipo de mujer recatada, esencialmente femenina, puede recurrir a toda clase de
medios domésticos para conseguir sus propósitos. No es orgullosa o jactanciosa, y quizá
por ello tiende a arreglar las cosas a su manera. Esto evita descontento y contribuye a la
armonía. Pero también pueden ser maniobreras: usar astucia para conseguir su propósito,
confiando, por ejemplo que nadie lo va a notar.

Rebeca tenía esta característica. Esto nos da a entender por qué tenía tanto aprecio a
Jacob y en cambio, a veces, no podía tolerar a Esaú. Por otra parte, el mismo Jacob tenía
este mismo defecto antes de su conversión. Esto no es digno de elogio, en modo alguno,
pero procedía, sin duda, de su madre.

Así vemos que en el asunto de la bendición patriarcal de Isaac, Rebeca no le habla a su


marido directamente. No le recuerda la revelación de Dios, indicando el carácter desviado
de Esaú, y sobre esta base le pide que bendiga a Jacob. En vez de ello, haciendo uso ya
entonces de la idea que el fin justifica los medios, empieza sus maniobras. Jacob coopera
con entusiasmo. El también está cortado por el mismo patrón. Su madre le ha entrenado
con mano maestra. Cuando se hace evidente que Jacob tiene que huir, Rebeca vuelve a
intervenir para preparar al marido. (Véase a partir de Génesis 27:42.)

Las Escrituras no se abstienen de dejarnos saber todas estas cosas, sino que las cuentan
con detalles. Podemos suponer que Rebeca obraba astutamente, en parte inspirada por la
fe de que la bendición del Mesías fuera para Jacob, pero no podemos decir que obrara
justificadamente, y el resultado de estos engaños lo pagó ella misma, pues nunca vio otra
vez a su hijo.

A pesar de sus cualidades Rebeca es un aviso para que la esposa no haga uso de
engaños y astucias. Estos continuos engaños dan muestra de la relación de Rebeca con su
esposo. Si hubiera habido confianza y sinceridad los resultados hubieran sido mucho
mejores.
La consideración de las consecuencias de esta conducta es aleccionadora. Rebeca
fomentó las tendencias de Jacob al engaño y para él el conflicto entre ellas y la fe se
agudizó y se hizo más doloroso. En cuanto a Esaú, no contribuyó a alterar la base de su
carácter.

En realidad Rebeca descartó a Esaú y se dedicó como madre exclusivamente a Jacób. El


castigo lo pagó con las mujeres que Esaú trajo a su casa y que acabaron degradándole
completamente. La negligencia de Rebeca en la educación de Esaú tuvo repercusiones más
adelante para el pueblo de Israel, en las épocas de sus conflictos con Edom, que es lo
mismo que Esaú. La ira de Esaú todavía hierve en Herodes que era idumeo, en el día en que
se burla del Varón de Dolores.

Rizpa
«Entonces Rizpa, hija de Aja, tomó una tela de cilicio y la tendió para sí sobre el peñasco,
desde el principio de la siega hasta que llovió sobre ellos agua del cielo; y no dejó que
ninguna ave del cielo se posase sobre ellos de día, ni fieras del campo de noche.»

Lease: 2.8 samuel 3:7; 21:8-14

La historia es bastante macabra, y refleja las costumbres brutales y las venganzas


personales comunes en las historias de este período. Por desgracia, el barniz de
civilización que hemos conseguido poner en nuestras costumbres es muy delgado. La
Biblia nos cuenta simplemente lo que pasó, sin tratar de disimular u ocultar los hechos por
reprobables que sean. En toda esta historia descuella la entereza de una mujer, que con su
noble conducta hizo dar cuenta al rey David de una falta de respeto a los cadáveres de
varios miembros de la familia de su enemigo Saúl. Vamos a contar la historia.

En primer lugar Rizpa había sido una concubina de Saúl y, por tanto, una mujer
prominente en el reino de Israel. Dejando aparte el hecho de que más adelante cediera
ilegítimamente a los desos de uno de los hijos de Saúl, Abner, vamos a considerar el
episodio de los cadáveres de sus propios hijos, Armoni y Mefiboset, y los de los cinco hijos
de Merab, la hermana de Mical (estas dos eran hijas de Saúl).
El episodio consiste en el hecho que los gabaonitas reclamaron, para vengarse de una
matanza que había realizado Saúl entre su pueblo, a siete descendientes de Saúl. Los
gabaonitas habían hecho un pacto con Josué, mediante un engaño, de que los israelitas no
tomarían su vida, y servirían en Israel como leñadores y aguadores. El pacto debía ser
mantenído, a pesar del engaño. Sin embargo, al llegar Saúl al trono suplantó las ideas de
Dios por las suyas (pretendiendo que las dos eran idénticas) y decidió destruir a los
gabaonitas. No los exterminó a todos, pero el juramento que Josué había hecho quedaba
profanado.

David averiguó después de consultar a Jehová que la causa de un hambre que sufría
Israel era la matanza de gabaonitas. Llamados, éstos requirieron siete varones
descendientes de Saúl para ahorcarlos. David les entregó a los dos hijos de Rizpa y los
cinco de Merab (por Adreiel uno de sus maridos).

Los siete fueron ahorcados, pero Rizpa, según vimos en el versículo del texto, cubrió los
cadáveres que habían sido abandonados sobre la peña, para evitar que fueran devorados
por los animales silvestres con una manta, y veló sobre la manta día y noche para impedir,
que los cadáveres fueran descuartizados por las fieras, «desde el principio de la siega
hasta que llovió». David recibió nuevas de la conducta de Rizpa y entonces, avergonzado,
sin duda, ordenó que fueran juntados los huesos de estos siete ahorcados a los de Saúl, de
Jonatán y otros y los mandó enterrar. Con ello terminó el hambre en la tierra.

Dejemos todos los aspectos sangrientos de esta historia y hagamos sólo mención a la
entereza de esta mujer que desafió las inclemencias de los elementos naturales, la
hostilidad de las fieras, el antagonismo de personas poderosas y acabó dando una lección
de humanidad al mismo rey David. Su historia nos conmueve incluso hoy. No podemos
dudar que las oraciones de Rizpa, para que se diera el respeto debido a los muertos, fueron
escuchadas por el Señor.

RUT

« Toda la gente de mi pueblo sabe que eres una mujer virtuosa» (Rut 3:11).

Lease: Rut 3

Rut ya no era una joven cuando se casó con Booz y dio a luz a Obed. Había estado
casada con Mahlón en Moab durante casi diez años, y había continuado viuda durante
algún tiempo. En aquellos tiempos y en el Oriente, podía ya considerarse, pues, una mujer
de edad madura. Al compararla con Noemí nos inclinamos a pensar que era joven, pero no
lo era tanto como suponemos.

Rut procedía del mismo origen pagano de Orfa. Era parte de Ia tribu de Moab, que había
degenerado espiritualmente. También ella había entrado en contacto con Ia Santa influencia
de Elimelec y su familia. Pero al revés de Orfa había abierto su corazón a Ia gracia.

No tenemos Ia menor indicación de que Noemí tratara a Rut de modo diferente que a Orfa.
Pero, Ia disposición del corazón de una es totalmente distinto del de la otra. Orfa había
rechazado en su corazón la gracia. Noemí había abierto su corazón a la misma. Notemos
que las tres habían empezado el viaje juntas. Es posible que si no se hubiera presentado la
cuestión de decidir por un pueblo y otro, por unos dioses u otros, las tres habrían llegado a
Belén. Pero Noemí, de repente se para y las insta a que regresen a los dioses de sus
padres.

Ante esta invitación Orfa se vuelve. Rut, por el contrario, se siente conmovida por la fe
que arde ya en ella y se niega a regresar. Hace su decisión, y confiesa que en adelante su
vida y su muerte será contada con el pueblo de Dios. «No me ruegues que te deje y que me
aparte de ti;, porque adonde quiera que tú vayas iré yo, y donde quiera. que vivas viviré. Tu
pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú mueras, moriré yo, y allí seré sepultada;
así me haga Jehová, y aun me añada, que sólo Ia muerte hará separación entre nosotras
dos.»

Vemos, pues, que Dios usó su afecto por Ia pobre y desolada Noemí como medio de
gracia. Noemí es el eslabón con que Dios ha unido para siempre a Rut con su pueblo y su
Mesías.

No vemos a Rut trazando especulaciones espirituales abstractas. Con agradecimiento


mira el rostro arrugado y triste de la madre de su esposo y quiere permanecer junto a ella.
La fe en el Dios de Israel se mezcla inseparablemente con su amor por Noemí. Quiere
identificarse con ella, pero en el fondo hemos de ver la confesión de que el Dios de Noemí
será el suyo. Admite, en realidad, que el mismo Dios que la sacó de Moab la trasplanta al
pueblo de Israel.

La fe de Rut es simple y transparente. Un servicio humilde y tranquilo, sin macha de


orgullo o altivez espiritual. Rut no dice: «Alguien tiene que cuidar a esta anciana, y soy yo
quien debe hacerlo.» Respetó la posición de Noemí como madre y decidió ser su hija.
Rut siguió a los segadores en un campo de Belén, para proveer para su suegra y para
ella. Por haberlo hecho en humilde obediencia Dios la bendijo. Entró en los campos de
Booz. Todos le fueron favorables; todos la ayudaron. Luego, cuando Noemí oyó la simpatía
mostrada por Booz se preguntó si siendo su pariente no estaría dispuesto a casarse con
Rut. En esto Rut volvió a ajustarse a los deseos de su suegra. En todo, incluso lo más
aventurado, ejerció Rut obediencia total. De esta manera Dios tejió el hilo de su vida en la
tela de la historia de su pueblo.

Booz se casó con Rut. Rut dio a luz a Obed. De Obed nació Isaí. Así que Rut, la moabita,
fue incluida en la línea de los elegidos por Dios para formar la línea de la que nació el
Salvador. Rut fue la bisabuela de David.

Sara

"Por fe Sara siendo estéril, recibió poder para concebir" Hebreos 11:11.

Lease: Hebreos 11:1-16

Sara es la primera mujer cuya fe se nos muestra para que la observemos, y esto
específicamente en su función de mujer casada. Hay dos apóstoles que nos lo dicen.
Primero es Pablo que indica que por fe pasó a ser madre (Hebreos 11:11); y segundo,
Pedro, que ruega a las mujeres cristianas que sean como Sara, que " obedecía a Abraham
llamándole señor" (1ra.Pedro 3:6). No sabemos qué clase de mujer era Sara como hija, en
su casa, o como doncella. Se nos presenta ya como "la mujer de Abraham" y así
permanece en la Biblia.

En algunos aspectos, Sara puede ser comparada con Ada y Zila: su hermosura, que es
altamente alabada, por ejemplo; en el episodio de Agar [su sierva ofrecida a Abraham como
esposa] vemos que seguía el ejemplo que habían dado las mujeres de Lamec. Se nos dice
que fué deseada dos veces por otros hombres, primero por el Faraón y luego por Abimelec.
Añadamos a esto sus celos entre ella y Agar, y tenemos la impresión que el malestar y
desazón de Ada y Zila llena también la tienda de Sara. Sara nos es presentada como es:
como una intrigante a veces; a veces como una heroína. Se nos presenta la vida de una
mujer como era en aquellos días, una vida de negación personal para las mujeres.

Hay una diferencia importante en la situacion de Sara con respecto a la de Ada y Zila.
Interviene la gracia en esta situación patética. El misterio de la fe se realiza en su corazón.
Por medio de esta fe la posición de la mujer es esencialmente ennoblecida, de modo que
puede ser presentada como un modelo para las mujeres cristianas.
Esta fe, sin embargo, se expresa a través del curso natural de los sucesos. En realidad
halla en la vida ordinaria la substancia en la cual puede echar raíces y empezar a crecer.
Esta fe perfecta primero le induce a conducirse en la capacidad de madre conforme a las
ordenanzas de Dios. Esta fe luego se fija en el Hijo que había de nacer, y de esta forma en el
Mesías.

Como esposa de su marido cumple todos los requerimientos de los preceptos divinos. En
el Paraíso Dios había dicho que la voluntad de la mujer debía ser sometida a la del marido y
Sara busca su satisfacción en la obediencia a esta orden. Cuando Abraham sale de Ur de
los Caldeos para ir a Canaán, ella deja a sus amigos para ir con él a un país extraño.
Cuando es raptada al harén de dos príncipes extranjeros, permanece fiel a Abraham. En
todo se adapta a las circunstancias. Recibe sus invitados y con ello, sin saberlo hospeda a
ángeles. Y, finalmente, decide dar la preferencia a Agar antes de ver a su marido sin hijos.

Por esta actitud recobra la posición de dignidad que Dios había asignado a la mujer. La
mujer teme ante la autoridad. Pedro dice a las mujeres cristianas: "Vosotras habéis venido
a ser hijas (de Sara), si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza" (1.a Pedro 3:6). Por
tanto, ocupando exactamente la posición apropiada que Dios le ha ordenado, Sara
consigue ser una mujer con dignidad. Luego, cuando Agar la provoca, afirma sus derechos
como esposa, y Dios le dice a Abraham que debe tomar partido por Sara.

Sara no se aceptaba a sí misma. Es verdad que ella creyó que el Mesías procedería de su
marido. Pero finalmente acabó creyendo que no iba a compartir este honor como madre.
Por ello dio a Agar a Abraham. Cuando Dios se apareció a ella y a Abraham, y les dice que
el hijo nacerá de su matriz, ella lo duda. Persiste en colocar la promesa sobre el hijo de
Agar. Por ello se ríe. A pesar de su risa incrédula, sin embargo, acepta finalmente la
esperanza de que el Mesías saldrá de su seno. El apóstol dice que "por fe recibió poder
para concebir". Dios, en consecuencia, cumple dos cosas en ella. Por su Espíritu la
fortalece y hace que su fe crezca. Además, crea en ella una nueva vida en su seno.

De esta manera pasa a ser la madre de Isaac y a través de él, del Mesías. Y es presentada
a todas las mujeres cristianas como su madre. Todas son instadas a ser hijas de Sara, a fin
de que pueda crecer en una fe bien fundada y progresiva.

Sara, sin embargo, tuvo momentos pecaminosos. El ceder a Agar fue un acto de
incredulidad. Su risa fue también incrédula. A causa de su incredulidad Sara trató a Agar
rudamente. Y las Escrituras no disimulan este hecho. Pero a pesar de todos sus pecados,
Sara vivió por fe. Por fe recobró su valor como mujer. Por fe, de Sarai pasó a Sara.
Comparada con Ada y Zila, Sara es una princesa entre las mujeres.

Séfora

"Y aquel varón dio su hija Séfora por mujer a Moisés" (Exodo 2:21).

LEASE: EXODO 2:15-22; 18:2-7

El primer matrimonio de Moisés fue muy desdichado. Su propia falta de fe fue la causa de
ello. Recordemos cómo se puso a la defensa de un compatriota en Egipto, y pensaba con
su sola fuerza liberar a los hebreos de mano de los egipcios. Sin duda, no tenía para este
tiempo la menor idea de la forma milagrosa en que Jehová iba a usarle para guiar a su
pueblo y sacarlo de servidumbre. Ante el fracaso, Moisés desilusionado tuvo que huir. Y
llegó a Madián y a Jetró. Se hallaba disgustado en su corazón. Ahora, las perspectivas de
poder liberar a los judíos tenían que parecerle sin esperanza. Pensaría que no tenía ya otra
cosa que hacer que permanecer en una tierra extraña, oscura y desconocida.

En este estado de ánimo abatido y desanimado Moisés aceptó en matrimonio a Séfora,


una mujer medianita. Podía haber esperado una esposa de su propio pueblo. Pero Moisés
era débil de carácter en aquel entonces. Ni aún tenía el coraje y decisión del período de la
zarza ardiente. Expresó su desilusión con el nombre que dio al hijo que le nació de Séfora,
poco tiempo después: Gerson, que significa "forastero soy en tierra ajena". Puede muy
bien ser por este desánimo y depresión que Séfora poco a poco pudo dominarle e interferir
más y más en las sagradas tradiciones de Israel. Por lo menos, cuanto tuvo su segundo
hijo, Eliezer, sabemos que a Moisés le faltó incluso el valor de insistir en que fuera
circuncidado. Es también verdad, sin embargo, que para este tiempo Moisés había
desarrollado una fe más firme. Esto es evidente por el nombre, que significa "el Señor de
mi padre fue mi ayuda". Pero como ocurre con frecuencia, la tendencia a cultivar los
valores internos espirituales, se compensó con esta caída de la actividad productiva, y la
energía. Moisés pecó gravemente: hizo una componenda con una mujer no creyente, y se
abstuvo de aplicar su hijo la marca del Pacto de Dios. Séfora, al parecer triunfó. Moisés no
iba a vencer a Madián, sino que Madián iba a subyugar a Moisés.

En este punto, sin embargo, intervino el Señor. En uno de sus frecuentes viajes por el
país, Moisés estaba alojado con su familia en una posada de una ciudad extraña. Allí Dios
causó que Moisés cayera gravemente enfermo. Séfora le ve postrado; las señales de la
muerte aparecen en su rostro. La conciencia les acusa a los dos de que han profanado el
Pacto de Dios. Séfora que no se encuentra bajo la influencia directa de la casa de su padre
se encuentra perdida, no halla solución. En su desespero se siente obligada a ceder a los
deseos de su esposo. Estando Moisés demasiado enfermo para hacerlo, ella misma
circuncida a Eliezer con un pedernal afilado.

Séfora no lo hace porque se arrepienta o tenga el corazón quebrantado, porque haya sido
vencida por el Señor. Es evidente, por el relato que lo hace sólo para salvar lavida de su
esposo. Leemos en Exodo 4:25 que echó el prepucio a los pies de su esposo y dijo: "A la
verdad tú me eres un esposo de sangre. Por poco te pierdo por la muerte; ahora estás
convaleciente. Yo te he arrancado de las garras de la muerte. Eres mi esposo por segunda
vez, y esta vez por medio de la sangre de mi hijo." Sin duda, éste es un lenguaje
jactancioso, de amargura, no de un corazón contrito. Y no sirvió esto para restaurar las
relaciones entre los dos.

Leemos que al final ella y sus dos hijos regresaron a Madián y que Moisés se dirigió a
Egipto solo.

Es verdad que más tarde Jetró le devolvió la esposa y los hijos (Exodo 18). Es también
verdad que Moisés, que había pasado a ser el líder de Israel, ni repudió ni rechazó a la
mujer con la que se había casado en un acto poco juicioso. Para él el matrimonio era una
unión demasiado sagrada. Después de esto, sin embargo, ya no se nos habla más de
Séfora ni de sus hijos. Ninguno de ellos recibió una legación de riquezas espirituales. Sus
personas pasan sin comentario en la historia del pueblo judío.

María, la hermana de Moisés, también había caído en pecado. Pero ésta ha retenido su
valor para nosotros como representante de la fe. Séfora carece de este atractivo. Las
Escrituras nos la presentan como una mujer no salva, que se opuso a su marido, y por ello
rebajó el nivel de la familia al lugar en que ella estaba.

SIFRA Y PUA

"Y por haber las parteras temido a Dios, El prosperó sus familias" [Exodo 1:21].

Lease: Exodo 1:15-22

Sifra y Púa eran dos mujeres de carácter. Sin duda, eran personas vigorosas, de mediana
edad. El libro de Exodo nos dice que estaban a la cabeza de las de su profesión entre los
israelitas. Es indudable que había muchas otras, pero ellas eran las superintendentes. Su
cargo había sido designado por el gobierno egipcio, pues vemos que Faraón les daba
órdenes, como si se tratara de funcionarios oficiales.

La orden que les dio aquí era terrible: que al dar a luz las mujeres judías, si el hijo era
varón tenían que matarlo. La orden de Faraón las puso en una grave dificultad moral. A
quien tenían que obedecer al Rey de reyes, el Dios de sus padres, o al rey de Egipto.

Sabían bien que no podía desobedecer a Dios, y estas dos mujeres "temían a Dios y no
hicieron lo que se les mandó". Faraón las interrogó. Las dos mujeres se refugiaron en una
mentira.

Sin duda, la mentira era un pecado. Pero Dios sabía también que había surgido como
solución a una crisis, insoluble para ellas de otro modo. El Señor premió a estas dos
mujeres porque habían preferido obedecer a Dios antes que a Faraón. Las bendijo e hizo
aumentar sus propias familias.

Sifra y Púa arriesgaron sus propias vidas para salvar las de los niños judíos. Y, con qué
pena lo digo, hay madres cristianas que para evitar la vergüenza y la tribulación han sido
ocasión de la muerte de sus propios hijos. Es algo vergonzoso. Nos referimos al hecho de
que cuando se ha concebido un niño hay quien aplica medios para detener su crecimiento y
para eliminarlo. ¿Cómo puede una madre hacer esto con su propio hijo, cuando Sifra y Púa
arriesgaron sus vidas para salvar los hijos ajenos. Esta práctica es lo mismo que asentir a
decir que una joven no debe tener en estima su honor y su pureza, que no tiene que
preocuparse de caer en este pecado. Y que si ha caído, no puede hallar refugio en el Señor
y ayuda en su Dios. ¡Qué vergüenza!

Pero hay otros significados temporales y espirituales que podemos obtener de Sifra y
Púa. Nos referimos a la importancia de los primeros años en la crianza y cuidado de los
niños. En esta tierna edad se les puede causar mucho daño. El nivel de mortalidad de los
niños en los primeros meses es muy elevado, en algunas áreas excesivamente elevado.
Con más amor y más temor de Dios el porcentaje de mortalidad no sería tan alto. Las
madres que cuidas niños pequeños tienen una grave responsabilidad. Y los que instruyen a
estas madres también. El mundo puede no darse cuenta de que algunas madres no se
dedican y cuidan debidamente a sus hijos, pero Dios sí lo ve. Observa los casos en que la
madre, por pura vanidad no da su propia leche al niño, que le es de suma importancia.

Pero estas dos nobles mujeres judías diseminan también influencia espiritual. La madre o
persona que cuida a un niño puede ser de gran bendición espiritual. La niñera tiene
capacidad para influir en la joven madre, que se encuentra en un estado mental muy
receptivo. La creación de un niño es un testimonio de la omnipotencia de Dios. Y la
influencia no se limita a la madre; suele haber otros niños en la casa. La niñera puede
aumentar la comprensión de la responsabilidad de todos en la casa, incluso el padre.

La niñera después de ayudar a la madre las primeras semanas pasará a otra casa, donde
ejercerá la misma acción benéfica. Pero si ha servido a Dios de esta forma, su nombre no
será olvidado. Y algo que es muy importante, Dios nunca olvida lo que ha hecho en su
nombre.

Tamar

"Y Tamar, su nuera, dio a luz a Peres y a Zera." (I Crónicas 2:4)

Lease: Génesis 38:6-30; I Crónicas 2:4

Tamar significa "delgada" y es el nombre que se usa en las Escrituras para denominar la
palmera. De esto se puede inferir la configuración de Tamar: alta y delgada. Pero es más
importante aún que como su suegra, la hija de Súa, fuera cananea.

El hecho de que fuera cananea expone una característica atrevida en la familia de Jacob.
Aunque no lo sabemos exactamente, es probable que los otros hijos tomaran esposas de
Padan-Aram. Pero de Judá, que nos interesa especialmente por el hecho que era el
antecesor del Mesías, se nos dice ex profeso que su esposa era cananea, y que le dio a Er,
su hijo mayor; y la esposa de Er, era muy probablemente también cananea.

Todo esto no significa que Tamar fuera perversa o idólatra, pues sabemos por la visita
que hizo Melquisedec a Abraham que había algunas familias en Canaán que reverenciaban
al "Altísimo", aunque no tuvieran un conocimiento completo de Dios. Y sin embargo, por la
patética historia de Tamar es evidente que este resto de fe había sido severamente
deformado por una vida moral defectuosa.

Canaán había sucumbido especialmente al pecado de adulterio, el cual había adquirido


tales proporciones, que incluso era un deber en términos de ritual religioso. Esto se hace
evidente por la experiencia de Fineas y el culto de Baal-peor. Y sabemos de otros incidentes
que el servicio de Astarot era de una depravación extrema. Cuando el-hombre se aparta de
Dios acaba cayendo en una lamentable degradación.

Recordemos brevemente que Tamar había sido la esposa del primogénito de Judá, Er, al
cual por su maldad, Dios le quitó la vida. Habiendo Tamar quedado viuda se casa con el
segundo hijo, Onán. Pero éste hace también lo malo delante de Jehová, y sufre el mismo
castigo. Judá tenía que darle ahora a Sela, el tercer hijo, pues se lo había prometido, pero
no lo hizo y Tamar seguía sin hijos. Esto era una pena para ella. Tres veces consecutivas
falló en sus deseos de dar descendencia a la familia de Judá.

Y entonces viene el plan de atraer al mismo Judá a que cometa adulterio con ella. De su
pecado nacieron Pares y Zara. Y con ello su nombre consta en la genealogía de Cristo.
Como Betsabé, también figura en esta línea ancestral. Los dos casos nos dejan
sorprendidos en gran manera.

Nos es difícil entender cómo Dios, para humillarnos e instruirnos, permite que en la
genealogía de su Hijo aparezcan los nombres de dos mujeres pecadoras. No es, sin duda,
lo mejor y escogido de la raza lo que va a dar nacimiento al Mesías; el Redentor nos es
concedido a los pecadores de pura gracia. Y con todo, el hecho no puede por menos que
ser un golpe para nuestro sentido moral. Todo esto nos hace reconocer que los caminos de
Dios son incomprensibles.

Es indudable, sin embargo, que en toda esta serie de acciones pecaminosas, Tamar es la
menos culpable de todos. Judá dijo la verdad cuando reconoció que "mas justa es ella que
yo" después de haber dado órdenes de que la quemaran por haber fornicado. No podemos
olvidar el sincero deseo de Tamar de dar un heredero a Judá; que había la provocación del
mismo Judá al romper su promesa; un último punto es que había sido criada entre los
cananeos, para los cuales el adulterio no merecía prácticamente reprobación.

Así, pues, si hemos de levantar el dedo censurando estos excesos, hemos de ser más
severos con Judá que con ella, y también con los hijos de Judá.
Mujeres del Nuevo Testamento:

Ana, la profetiza

"En ese momento se presentó ella, y comenzó también a expresar su reconocimiento a


Dios y a hablar de él a todos los que aguardaban la redención en Jerusalén". Lucas 2:38

Lease Lucas 2:36-38

Toda la gloria del nacimiento de Jesús se concentró sobre el antiguo reino de Judá. Tanto
José como María descendían de la tribu de Judá. Elisabet vivía en Judá y allí nació Juan.
Belén pertenece a Judá.

Sin embargo, Jesús vino para todo Israel, y más que para Israel, para ser luz a los
gentiles. Los magos vinieron como representantes de los países paganos, para rendir
tributo al nuevo Rey. Y Ana, la profetisa del Templo, vino a confesar la esperanza de sus
padres por parte de Israel, que se hallaba fuera de los dominios propios de Judá. No
descendía de la tribu de Judá. Era hija de Fanuel, de la tribu de Aser. La tribu de Aser estaba
situada en las tribus dispersas. Por eso su cargo en el Templo tenía significancia especial.
Bajo Joroboam, las Diez Tribus se habían emancipado de la casa de David, y durante los
siglos, habían seguido rechazando el Mesías de Israel y el Dios del Pacto. Ahora vemos que
Ana aparece en el Templo, junto a la figura de Simeón, para saludar al Rey de la Casa de
David. Parece como si Ana viniera a llamarle a que fuera al Lago de Genezaret y a la
despreciada Galilea, a fin de que pudiera recoger un pueblo rebelde a su Reino.

Simeón y Ana eran los dos ancianos. Ana tenía ochenta y cuatro años. No representaba
pues, ni tampoco Simeón, a la nueva generación. No pertenecían al círculo del cual el Señor
escogió sus discípulos, ni al grupo del que escogió a María y Marta. Al contrario,
pertenecían a Israel que moría. Ana extendió la palma de honor a Cristo, no como
representante del pasado, sino del futuro. Parece como si viniera a ofrecerle la acción de
gracias de cuarenta generaciones a los pies de Jesús, antes de morir.

Ana trajo esta ofrenda como mujer, después que Simeón lo había hecho como hombre.
Así, observamos que los dos sexos, juntos e individualmente, son llamados a glorificar al
Dios de Israel. Junto a Abraham hallamos a Sara, junto a Barac a Débora, junto a Moisés a
Sípora. Y a Ana, de Aser, junto a Simeón. No era su mujer, sin embargo. Su relación era
intensamente espiritual, que trasciende toda diferencia de sexos. Se había casado, ya hacía
sesenta años, y vivió siete años con su marido. No se nos dice qué fue de él, y ella no se
había casado otra vez. Se hallaba recluida en el Templo, guardando y sirviendo en él de día
y de noche, con ayunos y oraciones. Su vida debió ser de genuina piedad, y tenía que haber
oído de Simeón que el Cristo había de venir antes de su muerte.

Además de lo dicho, era profetisa, y queda incluida en la larga serie de los que habían
sido heraldos del Profeta y Maestro venidero a lo largo de los siglos. Cristo representaba a
una tribu de reyes. Zacarías y Elisabet a una tribu de sacerdotes. Ana representaba a los
profetas. Esta última profetisa viene a confirmar lo que habían anunciado los que la habían
precedido, especialmente Isaías y Malaquías. No sólo confesó a Cristo, sino que "comenzó
también a expresar su reconocimiento a Dios y a hablar de él a todos los que aguardaban la
redención en Jerusalén.»

Su testimonio en el Templo fue la última voz de la profecía que se oyó. La profecía había
cumplido su cometido. Juan, el heraldo del Señor, estaba esperando a la puerta.

DORCAS ó TABITA

"Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita, que traducido quiere decir Dorcas.
Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía." (Hechos 9:36)

Lease Hechos 9:36-42

El nombre de la mujer era Tabita. Dorcas es una traducción hebrea. Tabita, en griego,
significa «gacela». «Esta mujer abundaba en buenas obras y en Iimosnas que hacía.» Se
dedicaba a coser vestidos y túnicas para los pobres. Esta costumbre ha sido imitada más
adelante y en la Iglesia Cristiana de nues-tros tiempos incluso su nombre ha presidido el de
Sociedades de Señoras, que se han dedicado a la beneficiencia. Parece ser que fue la
primera, (por lo menos de la que tenemos conocimiento) que se dedicó a estos actos de
amor, inspirada por Cristo. Su ejemplo ha sido una fuente de inspiración constante para las
buenas obras. La Iglesia ha mostrado en innumerables ocasiones este espíritu de amor
hacia los pobres, especialmente en el pasado cuando no había la menor forma de auxilio
social de entidades seculares o de las autoridades.

Tabita puso en acción las palabras de Jesús: «Estuve desnudo y me cubristeis.» Originó
un movimiento de amor que ha perdurado durante diecinueve siglos. La Iglesia Cristiana ha
mitigado infinitos sufrimientos. En tiempos pasados y en paises no cristianos, la suerte de
los humildes fue siempre cruel e inmisericorde.
Cuando Pedro fue a Jope se encontró al llegar que Tabita acababa de morir. La habían
lavado y puesto en la estancia superior, y allí llorando, llevaron a Pedro, y le rodearon las
viudas mostrándole las prendas en que todas ellas se ocupaban. La falta de Tabita iba a ser
irremediable. Pedro se puso de rodillas, oró, y poco después se la volvió a presentar viva.
Tabita pudo continuar su ministerio benéfico.

Tabita es una expresión del amor cristiano transformado en hechos. Apela a la acción de
las mujeres que, por su edad, o su posición, o circunstancias, no tienen ninguna otra
vocación específica. Nos enseña que la pobreza puede ser mitigada efectivamente en el
nombre deJesús.

Drusila

"Algunos días después, viniendo Félix con Drusila su mujer, que era judía, llamó a Pablo,
y le oyó acerca de la fe de Jesucristo." Hechos 24:24.

Drusila era de Edom. Era la hija del rey idumeo Herodes Agripa y había nacido en el año
34 D. de J. Como los suyos, Drusila profesaba la religión judía. Cuando oyó a Pablo en
Cesarea aún no tenía veinte años, a pesar de que ya habían ocurrido muchas cosas en su
vida. Era famosa por su hermosura. A los dieciseis años se había casado con el príncipe
Azizo, rey de Emesa. Pero, el gobernador romano Félix la conoció en un festival en la corte,
y se interesó en ella. Cuando Félix envió a Drusila un nigromante judío, Simón, con una
invitación personal, Drusila abandonó quietamente la corte de Azizo y se dirigió a Cesarea,
donde se casó con Félix. Ante la ley judía evidentemente el matrimonio era ilegal. Drusila no
tuvo inconveniente en aparecer en público como la esposa de Félix. Azizo tuvo que
aguantarse, simplemente.

Drusila llevaba un año viviendo con el gobernador romano cuando Pablo llegó a Cesarea
en circunstancias que pueden leerse en el capítulo 23 de Hechos. Es posible que cuando
Pablo fue llamado ante el tribunal de Félix, para responder a las acusaciones de los judíos,
capitaneados por Tértulo, Drusila se hallara presente en la sala, si bien no hallamos
confirmación de esto en el libro de Hechos. Pero sí hallamos allí que a los pocos días, Félix
y Drusila, los dos conversaron en privado con él respecto a la fe de Cristo.

No sabemos exactamente qué ideas se cambiaron en esta conversación, pero no parece


improbable que Pablo aprovechara la ocasión para dejar claro en oídos de Drusila, que de
nombre por lo menos todavía era judía de religión, cuáles eran los requerimientos éticos de
la ley mosaica y las consecuencias de su infracción. Este se evidencia en el versículo 25,
donde se nos dice que Pablo disertó sobre «la justicia, el dominio propio y el juicio
venidero», en términos tales que el nuevo esposo de Drusila, Félix», «se aterrorizó y dijo:
«Vete por ahora; pero cuando tenga oportunidad te llamaré.»

Es probable que Drusila se burlara de Pablo y de sus ideas sobre el dominio propio y la
justicia. No sabemos nada más de Drusila por la Biblia, pero este mismo hecho parece
indicar que su conciencia no quedó afectada muy profundamente, y en todo caso su
conducta no lo mostró. Josefo, el historiador judío, nos cuenta que Drusila murió en la
erupción del Vesubio que sepultó a Pompeya y Herculano. Drusila había ido allí,
precisamente unos pocos días antes de la erupción con su único hijo, Agripa, y pereció
sepultada por la lava.

Drusila había deshonrado su fe judía, había rechazado a Cristo, abandonado a su esposo


y vivía en pecado. Drusila supo cuán «horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo».

ELISABET

"Y he aquí que tu parienta Elisabet, también ella ha concebido un hijo en su vejez; y ya
está de seis meses, la que era llamada estéril." Lucas 1:36

Lease Lucas 1

A Elisabet le cabe el honor de ser la primera mujer que confesó a Cristo en la carne,
incluso antes que María. Cuando María, después que hubo concebido por el Espíritu, fue a
visitar a Elisabet, esta exclamó en oración profética: "¿De dónde a mí esto, que la madre de
mi Señor venga a mí?" (v. 43). Por medio de esta inesperada e indudable confesión Elisabet
reforzó la fe de María en el hecho de que ella, sin la menor duda, llevaba al Salvador del
mundo en su seno.

Es esta fe firme e invariable que constituye la virtud más prominente de Elisabet. Quizá su
firme convicción de que Cristo había ya empezado a asumir forma humana no nos parece a
nosotros particularmente notable. Esto puede ser porque sabemos que María ya llevaba en
su seno a su hijo, y que este hijo demostró ser el Mediador entre Dios y los hombres. Pero
Elisabet no tenía nuestra perspectiva histórica,

Y por esta razón la convicción a que dio expresión es verdaderamente notable.


Israel había quedado reducido casi a la nada, debido al desprecio y malicia de la
jurisdicción romana. El culto a Jehová había quedado reducido a poco más que mero
formalismo. Caifás, por ejemplo, constituía un ejemplo patente de la condición de
degeneración a que había llegado el sacerdocio en aquel tiempo. Y hemos de recordar que
Elisabet pertenecía a este pueblo, que se hallaba en condiciones espirituales humillantes.

Además, Elisabet era anciana, una mujer que había estado pidiendo un hijo a Dios durante
muchos años. Era motejada con este estigma de la esterilidad. Y no había estado presente
al tiempo en que el ángel se le apareció a Zacarías. No había oído lo que Gabriel le dijo a
María. Todo esto ella lo había oído de otros.

A pesar de sus circunstancias desfavorables, Elisabet trascendió inmediatamente toda


duda. No sólo esperaba al Mesías que había de llegar, sino que creyó que había llegado.
Cuando María fue a visitarla, ella vio y creyó inmediatamente esta maravillosa verdad: "Aquí
debajo de los vestidos de esta mujer se halla mi Salvador escondido." El Mesías ya no tenía
que venir. Elisabet sabía que había venido. Y por ello oró y le confesó.

Los pasos por los cuales el Señor condujo a Elisabet a esta fe rica y plena no nos son
escondidos. Su nombre era el mismo que el de la mujer de Aarón. Caifás, dijimos, era un
ejemplo de degeneración del sacerdocio en su tiempo. Elisabet representaba un verdadero
retoño del tronco familiar de Aarón. Ella preservaba todas las benditas tradiciones de la
familia de Aarón. El Señor, por tanto, la había conducido a ello, aunque fuera a través de
caminos de humillación, pues era aflictivo de un modo especial el que la hija de un
sacerdote permaneciera sin hijos.

Por lo que el Señor inesperadamente la bendijo con un embarazo con el que ya no


contaba. Había renunciado a la esperanza de tener un hijo. Su concepción fue acompañada
de un mensaje de un ángel y de la mudez de su marido. Es patético, pero Zacarías no le
pudo decir nada respecto a su encuentro con el ángel; tuvo que escribirselo. Por estas
demostraciones extraordinarias, Elisabet, sabía que Dios había decidido realizar cosas
maravillosas. Le parecería a ella que habían vuelto los días de Abraham y Sara, y que Dios
había visitado de nuevo a su pueblo.

María fue a visitarla cuando Elisabet ya estaba de cinco meses. El instinto maternal de
Elisabet le dijo que un hijo se movía en su matriz, al ver a María, y que este hijo se movía en
una forma extraordinaria. Así que madre e hijo fueron afectados por la influencia del
Espíritu Santo cuando se acercó el Salvador. Al instante la flor de la fe floreció del todo en
Elisabet. Ella apreció y sintió la bendición del hecho que Dios, revelado en la carne, estaba
cumpliendo la esperanza de sus padres.

Es interesante observar la evidencia de esta fe en Elisabet. Era la madre de Juan. María,


una mujer mucho más joven que ella, y que ni tan sólo descendía de sacerdotes, era la
madre del Mesías. Una situación así podría haber inducido celos en ella. Podría haberse
dicho: "¿Por qué a ella este mayor honor?" Sabemos que en Elisabet no hubo tales
pensamientos. Dio a María el más honroso de los nombres posibles a una mujer: "Madre de
mi Señor." Y se lo dijo de modo espontáneo y natural, sin afectación. Alabó a María como
"bendita tú entre todas las mujeres". El hijo de Elisabet dijo más adelante: "El tiene que
crecer y yo he de menguar." El espíritu de Elisabet pasó a Juan, o el espíritu de Juan ya
inspiraba a Elisabet. Elisabet fue el último retoño de la vara de Aarón. Judá había de dar
nacimiento al Mesías, pero Aarón había de adorarle en servicio.

EUNICE

Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela
Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también. (2.a Timoteo 1:5)

LEASE 2 TIMOTEO 1

En la familia de Timoteo reinaba la tradición cristiana. Conocemos nombres en tres


generaciones. Detrás de Timoteo hay Eunice, y detrás de ésta, Loida. Los tres manifiestan
una «fe no fingida», que ha pasado de uno a otro. La fe no es impartida por los padres sino
que procede de Dios. Pero Dios se complace en permitir que su bendición se acreciente en
las sucesivas generaciones, imprimiendo el valor de lo que permanece y el conocimiento de
ser llamado, dentro de la familia, para glorificar el nombre del Señor.

Ni Loida ni Eunice podían haberse imaginado que Timoteo iba a ser llamado a un lugar de
tanta prominencia en la Iglesia de Cristo. A Pablo esta especie de nobilidad espiritual, que
va de una generación a otra, como israelita, le parece especial mente hermosa. Se goza al
contemplarla. Pero nos habla de ello por algo más: quiere llamar nuestra atención a lo
realizado por la madre, la forma en que Dios la usó, a ella y a Loida, para inspirar la fe
ferviente y real en Timoteo.

Pablo viene a decirnos que el hecho que Timoteo fuera criado bajo la influencia de la
gracia es motivo en sí para dar gracias a Dios. La salvación puede tener lugar a cualquier
edad, incluso a edad muy avanzada, pero el llegar lejos en el conocimiento de Dios suele
ser más seguro cuando el niño ha sido criado dentro de las Escrituras. El corazón, espíritu
y conciencia del niño es más tierno y en él se hunden de modo indeleble las enseñanzas.
Cuando han sido imprimidas con eficacia difícilmente se borran más adelante. Timoteo tuvo
un inmenso privilegio al poder ser educado desde la niñez en el camino del Señor. Para él,
el conocimiento de la Escritura y el contenido de la fe fue vívidamente real. No eran un mero
barniz formal, sino que habían crecido y se habían hecho una posesión inseparable de su
propia vida y conciencia.

Timoteo le debía esto a su madre, como Agustín se lo debía a su madre Mónica. Este es el
privilegio de algunos hijos de madres cristianas, pero no de todas. Algunos hijos de madres
cristianas, convertidos luego, han dicho que no habían recibido la más mínima bendición
de su madre. Pero en otras ocasiones la madre inspira de modo permanente la vida del hijo
y éste conserva siempre sagrados recuerdos de ella. Es algo glorioso que unifica a los dos
espiritualmente. La ternura del amor materno es santificada por el amor de Cristo; el amor
maternal potencia el ferviente anhelo de la madre de que el hijo sea del Salvador. La madre
no descansa hasta que de un modo u otro, leyendo historias de la Biblia, dando consejos,
ejempío, estimulo, como sea, le induce a abrir su corazón al Salvador que se le está
revelando por aquellos medios.

Nos lamentamos hoy del hecho que muchos hijos madurso se apartan de la fe. Pero al
hacerlo hemos de preguntarnos dónde están las Eunices, cuya intensidad espiritual se ha
contagiado al hijo. El padre sin duda tiene su responsabilidad, y su carácter, con frecuencia
más fuerte, ha de guiar también al hijo en el hogar. Pero, aun cuando se ejerce la influencia
del padre, la tierna actividad espiritual de la madre, su vida fiel, piadosa y de oración es la
roturación del terreno que permite recibir la semilla en un blando seno. Las madres deben
empezar su actividad en los niños cuando son muy jóvenes. No basta con educar a lhijo a
comportarse con modales, cuidarlos e instruirlos con rectitud. Hay que conducirlos a entrar
en los misterios de la Divinidad.

Evodia y Síntica.

"Ruego a Evodia y ruego a Sintique, que sean de un mismo sentir en el Señor."

Lease Filipenses 4

Las mujeres hicieron un gran papel en la introducción del Cristianismo en el mundo


pagano. Pablo, desde el comienzo de sus cartas a sus últimas palabras de despedida, nos
da nombres de mujeres, que tenían gran influencia en la vida de la Iglesia. En Roma
solamente hay Febe, de Cencrea, María «la cual ha trabajado mucho por nosotros», Trifena
y Trifosa «las cuales trabajan en el Señor»; vimos a Persida, que merece un comentario
similar y Julia, una hermana de Nereo. Vimos especialmente a Priscila en varios puntos. A
Lidia. Y aquí se nos mencionan a dos mujeres de influencia, Evodia y Sintique, de las
cuales Pablo dice también que «han combatido conmigo juntamente en el evangelio, con
Clemente y otros colaboradores».

Las dos serían de los primeros convertidos de Filipos, cuando Pablo llegó a la ciudad. Se
ofrecieron a ayudar a Pablo, de modo evidentemente eficaz. No ya una llamarada de
entusiasmo, sino trabajo persistente, tenaz, difícil, perseverando en sus esfuerzos para
establecer la iglesia de Filipos.

No tenemos idea de la causa de la disención entre Evodia y Sintique. Lo que sí sabemos,


que los efectos de la misma tenían que ser destructores para la iglesia. No sabemos si
había diferencias doctrinales entre las dos o un puntillo o celos de carácter personal. Otra
vez vemos al maligno azuzando a una hermana contra otra, como en el pasado había
jugado con Caín. Todo ello era en deterioro de la obra y el crecimiento de la congregación.

¿Qué hace Pablo sobre ello? ¿Encogerse de hombros, y permitir que la pugna continúe
indefinidamente. Esto deshonra el nombre del Señor y es un escándalo en la Iglesia. Esto
estorba también la obra de la gracia en ambas. Cuando hay reyertas entre personas
influyentes se forman facciones en la congregación, pues los unos se ponen en favor de
uno y los otros de otro. Estas rencillas habrían terminado con la congregación.

Pablo interviene. Los que han sido comprados por el Señor deben persistir unánimes en
la mentalidad de Cristo. En el versículo mencionado exhorta a que hagan las paces. Esta
disensión halla eco en la Epístola en otros puntos. Sin duda, Pablo se refiere también a la
misma cuando dice en el capítulo 2: «Por tanto, si hay alguna exhortación en Cristo, si
algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable y
compasivo, completad mi gozo, siendo de un mismo sentir, teniendo el mismo amor,
sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por rivalidad o por vanagloria; antes bien en
humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a sí mismo (v v. 1-3).

Hemos de suponer que esta disensión se resolvió, pero podría haberse transformado en
una conflagración que habría destruido la iglesia. Esto ha ocurrido más adelante en
numerosas ocasiones.

Es por esto que las advertencias del apóstol son válidas incluso hoy. Nos impulsan a
procurar que estas contiendas se apaguen por todos los medios posibles y se efectúe la
reconciliación y restablezca la unidad.
Herodías

"Ella salió y le dijo a su madre: ¿Qué pediré? Y ella contestó: La cabeza de Juan el
Bautista". (Marcos 6:24)

Lease Marcos 6:14-21

Herodías era de Edom, descendiente de Esaú. Herodías era en realidad la mujer del
hermano de Herodes, Felipe, un príncipe, pero que había sido desheredado por su
padre.Felipe y Herodías vivían en Roma. Como resultado de una visita de Herodes a Roma
durante la cual se hospedó en casa de su hermano, Felipe se vio privado de su esposa.
Herodías le abandonó para irse con Herodes. Pero, Herodes también era casado con una
princesa de Arabia, lo cual era otro obstáculo al matrimonio de los dos.

Herodes rechazó a su esposa. Herodías entró en el palacio como reina. Sólo un hombre
se atrevió a protestar públicamente de toda esta inmoralidad: Juan el Bautista. Herodes lo
mandó encerrar y es de suponer que, por temor a malquistarse con el pueblo prefirió
dejarlo en vida. Herodes era capaz de cualquier crimen, pero era taimado y probablemente
supersticioso. No le cabía duda que Juan era un profeta.

Herodías no tenía escrúpulos y sabía perfectamente que su peor enemigo era Juan el
Bautista. En tanto el viviera su situación como favorita estaba en peligro. Siempre cabía la
posibilidad de que Juan imfluyera en Herodes de modo desfavorable para ella.

La ambición de Herodías carecía de límites. Lo mismo su orgullo. Habría urdido toda


clase de planes para librarse de Juan. Por fin se presentó la ocasión perfecta. Herodes se
había puesto en una trampa de la que no pudo escapar. La hija de Herodías, a instigación
de su madre pidió, como recompensa de haber danzado de forma que soliviantó las
pasiones de aquel viejo zorro, la cabeza de Juan. Juan fue degollado.

Herodías era para Herodes algo semejante a lo que Jezabel era para Acab. En ambos
casos la mujer tenía aún menos escrúpulos que el marido. Jezabel odiaba a Elías; Herodías
a Juan. Sólo el final de la historia es distinto. Jezabel pereció sin consumar su venganza
sobre Elías. Juan sucumbió en manos de Herodías.
El corazón de una mujer decidida al mal no se queda atrás respecto al corazón de un
hombre. Cuando se entrega al pecado, pasa a ser un instrumento de Satanás con no menos
perfidia y bajeza. Hoy no suelen ocurrir dramas de semejante violencia, por lo menos en los
medios habituales en que transcurren nuestras vidas. Sin embargo no es menos verdad
que la influencia de una mujer puede ser seguida y descubierta en la conducta de muchos
hombres de responsabilidad. La historia nos presenta numerosos ejemplos de mujeres de
este tipo que dieron lugar a persecuciones religiosas crueles e incontables ví

ctimas. Basta con que recordemos los casos de Fernando I el Católico de España y Luis
XIV, en Francia, cuyas esposas Isabel y Mme. de Maintenon, respectivamente, dieron lugar a
la Inquisición en España y a la Revocación del Edicto de Nantes, en Francia. Ambas
decisiones causaron millares de víctimas entre los judíos conversos y los protestantes o
reformados en España y entre los hugonotes en Francia.

LA MUJER CANANEA

"Y he aquí que una mujer cananea, que había salido de aquellos confines, gritaba
diciéndole:¡Señor, Hijo de David, ten compasión de mí! Mi hija es gravemente atormentada
por un demonio." (Mateo 15:22)

LEASE MATEO 15:21-28; MARCOS 7:24-30

Por el relato no podemos decir si esta mujer se convirtió. Sólo que Jesús alabó su fe y
por ella consiguió que su hija fuera librada del demonio, pero no sabemos si su fe era
verdadera fe para la salvación. Se nos dice que la mujer insistió, a pesar de ser rechazada
su petición repetidamente y que finalmente Jesús accedió a concederle lo que le pedía.

No se nos habla pues de gracia espiritual. Vemos que la comparación que hace Jesús de
esta mujer, "hechar pan a los perrillos" la clasifica como extraña al pueblo de Israel , no
perteneciente al pacto. La mujer era cananea, descendiente del antiguo pueblo que ocupaba
Canaán antes de la llegada de los Israelitas. Habitaba cerca de Tiro y Sidón, ciudades de
pésima reputación.

La mujer tenía fe en que Jesús podía curar a su hija. Fe en un milagro. Podemos suponer
que esta fe no era el producto de una tendencia natural, sino el resultado de la gracia
común de Dios, que permitió el encuentro de esta mujer con su amado Hijo. Como
resultado de esta entrevista y del milagro, el pueblo de Israel fue abochornado por su
incredulidad. Esta mujer extranjera se adhería al Mesías, aunque esta adhesión fuera
externa. Era una protesta contra la orgullosa creencia de los israelitas de que ellos habían
de ser para siempre la única nación favorecida.

Dios tiene compasión y libra a los hombres de la miseria humana, sin necesidad de
tratarse de la gracia que genera fe salvadora. La mujer nos enseña que en toda situación
aflictiva hemos de orar. La mujer cananea oró de modo inteligente: sabía que Jesús podía
salvar a su hija. Perseveró y venció.

Es verdad que no pedía una bendición espiritual, ni para ella ni para su hija. A pesar de
ello, nos enseña algo sobre el misterio de la oración. Hay que orar sin la menor insinuación
de duda. Hay que rendirse a la suprema soberanía de Dios. Cuanto más era reprendida con
más intensidad pedía. Ya nos dice Santiago que el que ora dudando es como una "ola del
mar echada de acá para allá por los vientos". Esta mujer era lo opuesto. La fe es posible en
el no creyente, aunque en este caso no se trata de la fe genuina, verdadera, que obra para
salvación.

La Mujer de Pilato

"Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir: No tengas nada que ver
con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él." (Mateo 27:19)

LEASE MATEO 27:15-31

No es raro que un hombre adusto y duro reciba la bendición de una esposa suave en su
trato y que ejerce una influencia benéfica sobre él. Pilato es un ejemplo. Era un verdadero
déspota, que abusaba de su autoridad y poder. Sus superiores tuvieron que relevarle de su
cargo por los abusos cometidos. La forma vergonzosa en que trató a Jesús, estando
convencido de que era inocente, mandándole azotar y luego crucificar nos da evidencia de
su naturaleza despótica.

Pero su esposa era muy distinta. Es evidente que se interesaba directamente en las
actitudes de su marido, procurando moderar sus excesos en la ejecución de sus deberes
oficiales. En este caso tenía que estar enterada del arresto del rabino judío y del juicio a que
se le sometería al día siguiente. Su sueño inquieto está poblado de pesadillas. Se levanta
angustiada y manda encargo a su marido que "por causa de aquel justo ha sufrido mucho
en sueños durante la noche".No sabemos hasta que punto la mujer deseaba favorecer a
Jesús porque consideraba que era inocente aunque esto es perfectamente posible de lo
que no cabe duda es que trataba de evitar que su esposo hiciera lo que precisamente hizo:
poner sobre su cabeza la sangre de un justo y además un maestro religioso.
Desde el punto de vista humano, en el hecho hemos de ver una mujer pagana, de
naturaleza delicada y sensible, que trata de evitar que su marido cometa una atrocidad que
sólo podía invitar la ira y venganza divinas. En su sentido de responsabilidad respecto a su
marido es indudable que nos resulta una figura amable. Para ella, el marido y sus actos era
algo del mayor interés, aunque no era un hombre que se hiciera estimar mucho, como lo
prueba el que no hizo el menor caso de lo que ella le había dicho.

En este sentido ante su ejemplo, muchas mujeres cristianas pueden quedar


avergonzadas, pues la responsabilidad de sus esposos es algo que ni les pasa por la
cabeza. Una esposa puede influir para bien en un marido y si deja de hacerlo, rehuye su
deber y el ejercicio de una de sus mejores prerrogativas. Para muchos la esposa ocupa el
lugar que antes ocupaban los ángeles. Por desgracia muchos maridos actúan todavía de la
misma forma que Pilato con respecto a su esposa. En estos casos la bondad de la esposa
aumenta la maldad de su corazón. "Amontonan ascuas de fuego sobre su cabeza."

LA MUJER SAMARITANA

"Vino una mujer de Samaria a sacar agua, Jesús le dijo: Dame de beber". [Juan 4:7]

Lease Juan 4:1-42

Esta mujer no podemos decir que fuera un modelo de virtudes. El hecho de que cinco
maridos se le murieran no puede achacársele como culpa suya, pero sí el que, cuando fue
al pozo y encontró a Jesús, estuviera viviendo con un hombre que no era su marido.

Era sin duda una mujer desenvuelta, no muy recatada, probablemente un tipo que
procuraríamos evitar si asistiera a la misma iglesia que nosotros. Y sin embargo, Dios, en
su Providencía dirige las cosas de tal forma que esta mujer mundana, superficial y
probablemente inculta, recibe una revelación extraordinaria, pues Jesús le habla de
términos de gran profundidad y simbolismo, que se reservaba para ocasiones solemnes.

La mujer va al pozo, donde se halla Jesús sentado. Le pide de beber, pero sólo como
excusa para entrar en un tema más profundo. La mujer de momento no entiende lo que
dice, pero Jesús, poco a poco, le pone delante una visión espiritual y delicada que nos
asombra pensar como podría ser captada por la mujer. Algunos no han vacilado en llamar
esta entrevista pura ficción, una alegoría. Sabemos que fue real y conocemos el resultado
de esta conversación.
La lección para nosotros es clara. Nos habla del concepto que tenemos de nuestra propia
piedad: probablemente trataríamos de evitar a una mujer como la de Sicar, dándola por un
caso perdido. Jesús en cambio la escogió para convertirla y le indujo a hacer una confesión
de fe.

Al mismo tiempo nos reprende a nosotros porque nos consideramos buenos y nobles.
Nosotros pertenecemos a los que dicen, según las Escrituras: "Apártate de mí, que soy
más santo que tú." El relato de la mujer de Samaria nos deja corridos y avergonzados. La
gracia de Dios permanece soberana e independiente. Busca a los perdidos, no a los justos.
Lo que cuenta es si es posible tocar la conciencia. Era posible en el caso de la mujer de
Samaria.

La Mujer Pecadora Arrepentida

"En esto, una mujer pecadora pública que había en la ciudad, enterada de que él estaba a
la mesa en la casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume". (Lucas 7:37)

LEASE LUCAS 7:36-50

Ungir los pies o la cabeza de otra persona era una forma más bien común de dar la
bienvenida u honrar a otro en Israel. Los rabinos más prominentes recibían homenaje en la
práctica de besar los pies, costumbre de la que queda una sombra en las fórmulas de
cortesía oficial, de tiempos no muy remotos, en algunas culturas mediterráneas. Por esta
razón no es sorprendente que Jesús recibiera este homenaje más de una vez en su vida, y
los evangelios registran dos casos de ello. En este caso se trata de una mujer pecadora. No
tenemos derecho a pensar que pueda tratarse de María Magdalena, como a veces se ha
hecho, pues no sabemos nada en sus antecedentes que pueda hacernos pensar que era
una mujer pública. La segunda ocasión tuvo lugar en Betania, en casa de Lázaro, poco
antes de que Jesús fuera arrestado.

La mujer de que se trata ahora era una ramera, probablemente establecida en Naín. Era
una figura despreciada en los círculos correctos, y podemos imaginarnos el desagrado de
Simón, el fariseo que había invitado a Jesús a su casa, al verla aparecer en la puerta. Es
evidente que la mujer habría oído hablar a Jesús y sus palabras habían penetrado en su
corazón y como resultado de ellas habría decidido cambiar su modo de vida. Al entrar en
casa de Simón, sacó un frasco de alabastro con perfume "y colocándose detrás de Jesús,
junto a sus pies (comían recostados) se echó a llorar y comenzó a regar con sus lágrimas
los pies de él, y a enjugarlos con los cabellos de su cabeza; y besaba afectuosamente sus
pies, y los ungía con el perfume". Estas son las palabras del Evangelio.

Toda la escena y la conversación que tuvo lugar luego entre Jesús y Simón es para
nosotros sorprendente. Se confirma en esta escena, lo que ya había ocurrido en otras
ocasiones, que Jesús recriminara a la buena sociedad de Jerusalén: "Los publicanos y las
rameras entran en el reino de Dios antes que vosotros." Simón había recibido más bien
friamente a Jesús, cosa que el Maestro subrayó bien claramente en su comentario. Esto no
es difícil de entender, pero la cosa va más adelante: Sigamos: "Quedan perdonados sus
pecados, que son muchos; por eso muestra mucho amor; pero aquel a quien se le perdona
poco, ama poco." Recordemos que antes le había presentado a Simón la parábola de los
dos deudores, en que, se supone que el que tenía mayor deuda ama más a su amo, una vez
éste ha perdonado a los dos. Jesús explica que el mayor amor de la mujer es debido a que
se le ha perdonado más. A nosotros este concepto nos parece un poco precaño, pero
hemos de aceptar el juicio del Salvador en esta materia. Al final, la mujer despreciada por
todos, fue exaltada por Jesús sobre Simón, el ciudadano respetado por todos.

La mujer tenía un carácter ardoroso y afectivo. Dio suelta a sus emociones sobre los pies
de Jesús, regándolos con lágrimas y enjugándolos con su cabello.

Jesús comenta estas cosas y las elogia, en contraste con la fría cortesía de Simón. Dios
puede usar personas capaces de sentir ardiente simpatía,como esta mujer. Primero tiene
que purificarla y santificarla. Pero estas personas son más receptivas a la gracia y el amor,
y la fe se desarrollan en ellos más fácilmente.

El mensaje supremo de este caso, es sin embargo que Dios elige pecadores de todos los
tipos y que, ante sus ojos, nuestras gradaciones de pecado o respetabilidad no son muy
importantes. Nadie puede jactarse de ser mucho mejor que esta pobre mujer a quien Jesús
enalteció para humillarnos a nosotros.

Las Criadas de Caifás

"Pedro estaba sentado fuera en el patio, y se le acercó una criada, y le dijo: Tú también
estabas con Jesús el galileo". (Mateo26:69)

LEASE MATEO 26:56-75


Aunque no se nos dan los nombres, se nos habla de dos criadas en la casa de Caifás el
sumo sacerdote. Las dos coinciden de delatar a Pedro, como uno de los seguidores del
hombre a quien estaban juzgando su amo y los otros sacerdotes.

Hagámonos cargo de la situación. Era la madrugada, oscuro aún. El gallo no había


cantado. La casa estaba llena de ente. El juicio de Jesús se estaba celebrando ante el
Sanedrin, que se había congregado de urgencia.

Las criadas probablemente no se habían retirado para poder atender el fuego en el patio.
Se daban cuenta de la importancia de aquel juicio, y de lo grave de las acusaciones del
encartado. No sabemos exactamente por qué y en qué forma, pero las dos coincidieron en
notar la presencia de Pedro, extraño totalmente en aquel ambiente, y probablemente
nervioso e inquieto ante el curso de los sucesos. Para las criadas no se trataba
probablemente más que de una diversión, el causar un sofoco a aquel hombre, haciéndole
burla y poniendo de manifiesto lo que él procuraba esconder: su relación con el acusado.

Pedro reaccionó vivamente. Al verse descubierto en un ambiente peligroso, negó


rotundamente que tuviera nada que ver con Jesús, con juramentos y maldiciones. Pedro
cometió el pecado más grave de su vida. Podemos suponer que las criadas se divirtieron
con todo ello, indiferentes a las desastrosas consecuencias para Pedro que pronto se retiró
a llorar amargamente su culpa.

Es posible que las criadas disfrutaran al poder contribuir en esta forma al ambiente de
violencia y venganza. Esto las dejaba participar. Quizá no fue nada más que vanidad, la
vanidad que puede aplastar los impulsos nobles, incluso, si es que existen. No sabemos si
este era el caso. Probablemente les divirtió el ver el azoramiento de Pedro y su pérdida total
de control.

Las criadas no se darían cuenta de su propio pecado. Para ellas todo se terminaría con
unas cuantas risitas y chismorreo junto con los otros sirvientes de la casa. Probablemente
se felicitarían de su éxito. Toda palabra liviana es pecado. Lo son los chismes y las risitas
cuando son maliciosas. Todos hemos conocido estos tipos que se deleitan en poñer a otros
en un mal paso por mera diversión. No piensan en las heridas que inflingen y el daño que
causan.

LIDIA
Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de
Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió su corazón para
que estuviese atenta a lo que Pablo hablaba. Hechos 16:14

Lease Hechos 16:14-40

Lidia procedía de la ciudad de Tiatira, pero cuando conoció a Pablo residía


en Filipos. Era dueña de una tienda en que se vendían vestidos teñidos de
púrpura. Es evidente que vendía no sólo púrpura, sino muchos otros
artículos. Debe de haber estado en buena posición y viviría en una casa
espaciosa, en la que podía acomodar a Pablo y a Silas y a otros que les
acompañaran.

No sabemos si era de estirpe judía. En todo caso se había convertido al Dios


de Israel, porque los sábados se juntaba con otras mujeres judías en el lugar
de oración acostumbrado. Este lugar no era la sinagoga, pues en aquel
entonces no había ninguna en Filipos. En lugares donde no había sinagogas
los judíos se reunían fuera de la ciudad en un prado o lugar con sombra. No
se celebraba el servicio regular judío sino meramente se congregaban para
orar. En Filipos había un lugar con sombra a la orilla del río que servía para
este propósito. Este río al presente se llama Maritza. Hay una islita que divide
al río en dos cauces, y es un lugar de agradable apariencia. Se suele indicar el
lugar en que tuvo el encuentro, pero estas tradiciones son en el mejor de los
casos dudosas. Sentada Lidia con las otras mujeres, Pablo y Silas fueron al
lugar, y «se pusieron a hablarles a las mujeres allí congregadas». Les
hablaron, naturalmente, de Jesús de Nazaret.

Parece que no tuvo mucha aceptación su predicación, con la excepción de


Lidia, «cuyo corazón abrió el Señor para que estuviese atenta a lo que Pablo
hablaba». Al parecer haría poco que Pablo había llegado a Filipos. Había
esperado hasta el sábado para tener una audiencia. Lidia no abría la tienda
en el día de sábado.

Lidia no se convirtió porque Pablo le predicó. Se convirtió porque su


corazón fue abierto por el Señor.
La gracia es la que abre el corazón. Todas las mujeres oyeron el mensaje.
Para las otras resultó incomprensible o detestable. Para ella fue una llama
que hizo arder su corazón. Lidia creyó.

Pablo y Silas no podían estar alojados con mucho confort en una posada
pública. Solían ser frecuentadas por gentes de baja estofa. Lidia
acostumbrada al trato del público, especialmente clases pudientes, con
indudable don de gentes, no tuvo inconveniente de invitarles a hospedarse en
su casa. No lo hizo como un ser vicio para ellos sino que «nos obligó a
quedarnos» (v. 15). Parece que los que vivían en aquella casa (Lidia era
posiblemente viuda o en todo caso no se menciona marido alguno) habrían
compartido la fe de Lidia en el Mesías, porque confesaron a Cristo y fueron
bautizados con ella.

Pablo y Silas se hospedaron allí unos días. Al poco hubo un motín por causa
de una muchacha adivina,

Y Pablo y Silas fueron arrestados. Seguirían muchas horas de ansiedad para


Lidia, al ver que Pablo no regresaba, y más cuando Lidia supo que él y Silas
estaban en la cárcel. Podemos imaginar sus fervientes oraciones en favor de
Pablo, a las que se unirían otros convertidos de Filipo, en su casa. Pero al fin
se oyó un aldabonazo en la puerta y Pablo y Silas estaban allí librados
milagrosamente, a causa de un terremoto.

Leemos que Pablo y Silas, «saliendo de la cárcel, entraron en casa de Lidia,


y habiendo visto a los hermanos los consolaron y se fueron».

El recuerdo de Lidia y de lo que hizo por Pablo ha grabado en letras de amor


su nombre en el corazón de los creyentes hasta el día de hoy.

Loida

Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela
Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro en ti también. (2a Timoteo 1:5)
Loida tiene el honroso papel de la «abuela» en las Escrituras. En ella se nos revela la gran
importancia de una abuela en la familia. Representa, entre las mujeres de la Biblia, la
influencia espiritual única que resulta de su peculiar posición.

Es indudable que Loida había sido creyente. Parece que cuando a lo envió su segunda
carta a Timoteo ya había fallecido. Se nos habla de la fe no fingida que «habitó primero en
tu abuela Loida». Lo que nos interesa hacer resaltar aquí es que esta fé no había sido
enterrada con ella, sino que había pasado a su hija Eunice, y después, al nieto, Timoteo.
Vemos pues, tres eslabones de una cadena espiritual. Una relación espiritual paralela a la
relación de la sangre. A los lazos de la sangre se añaden los lazos de la fe. Es Dios quien da
la fe, pero como vemos frecuentemente, este hecho ocurre con frecuencia como resultado
del Pacto de gracia. Aunque hay excepciones, es más corriente que aparezca en el seno de
una familia cristiana que en una familia pagana.

La regla, y no la excepción, es que los elegidos aparezcan en las familias en que hay una
tradición cristiana, especialmente cuando la madre y la abuela han pertenecido al Señor. La
gracia, reflejada en el bautismo, satura toda la educación en un ambiente cristiano. Tiende a
hacerse una tradición familiar. De ahí vemos que Pablo recuerde con amor a Loida y a
Eunice.

Los servicios que una madre puede ejercer para que el nieto nazca y crezca en la gracia
son más destacados cuando falta el eslabón intermedio: cuando la madre no es creyente.
Pero, incluso cuando lo es la abuela tiene abundantes oportunidades, tanto cuando los
hijos están todavía en la casa, como cuando han salido de ella. La madre está muchas
veces más ocupada y fatigada. La vida de la abuela transcurre de modo más pacífico; su
cara revela su mayor calma y paz. Y cuando los nietos entran en su esféra e influencia
puede estampar en ellos la fe a través de su ejemplo y admonición. En este sentido la
abuela puede ser, en algunos casos más eficiente aún que la madre, más activa y con
menos experiencia. La abuela no debe ser dominadora de los nietos. Al contrario puede dar
a nietos e hijos la bendición única que una persona madura y con experiencia espiritual
puede proporcionar.

MARIA DE BETANIA

"Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la parte buena, la cual no le será
quitada". [Lucas 10:42]
María de Betania representa una mujer mística, contrastando con Marta, que es un
ejemplo de piedad activa. La primera escogió vivir en su mundo interior; la segunda prefirió
hacer más hermoso el mundo que la rodeaba. Esto son dos ejemplos, pero se dan
naturalmente, toda clase de posiciones intermedias en nuestras iglesias.

No se trata de algo que uno escoge: ser de una u otra forma, sino que es cuestión de
temperamento y de la verdadera esencia de la personalidad. Por ello la una no debe pasar
juicio condenatorio sobre la otra. Los dos tipos tienen que existir. Es más, no podemos
pasarnos de ninguno de los dos. El mundo suele preferir a la mujer activa, pero
necesitamos también los pensamientos profundos y la meditación de la otra. Por otra parte,
una vida de excesiva introspección sería como un sueño.

Por esta razón María de Betania ocupa una posición peculiar en el grupo de amigos de
Jesús. Representa la mujer de pensamientos internos profundos y cultivados. Ve lo que
otros no ven. Observa, y sus palabras y actos suelen ir más profundo que los de los que la
rodean.

Se nos dan tres particulares de su vida, los tres típicos de esta clase de mujer.
Aproximadamente un año antes de la muerte y resurrección de Lázaro Jesús había parado
en Betania. En aquella ocasión Marta se apresuró a servir a Jesús, pero María se colocó a
sus pies escuchando sus palabras "María escogió la parte buena", nos dice Jesús. Un año
después Lázaro murió. Observamos que Marta corre a recibir a Jesús, mientras María está
todavía aturdida por los sucesos y se queda en casa. Poco antes de morir Jesús vuelve a
parar en Betania. Marta había preparado la comida y se aseguraría que no faltara nada en la
mesa. Pero María notó que faltaba algo. A la prosa, añadió poesía divina ungiendo al
Maestro amado con un frasco de perfume de nardo. Fue como si dedicara al Cordero de
Dios al inminente sacrificio.

No siempre aprecia el mundo estos rasgos delicados. A estas personas se las acusa de
pasivas. Marta le echó en cara que descuidaba el deber de ayudar a los preparativos. Jesús
la defendió. En la tumba de Lázaro, las lágrimas de María conmovieron al Maestro el cual
acabó también llorando al verlas. Y cuando María le ungió con el perfume de nardo, Jesús
otra vez aprobó lo que otros criticaban y dijo que su acción sería recordada en las
generaciones futuras.

No podemos olvidar el valor de la vida emocional y meditativa de las Marías. Son


lámparas en la iglesia. Son llama de amor viva.
MARIA DE JERUSALEN

"Y habiendo reflexionado así, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por
sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando". (Hechos 12:12)

Lease Hechos 12:1-12

María de Jerusalén era una viuda rica. Lo sabemos porque era propietaria de una casa
bastante grande para que cupiera en ella toda la congregación. Y porque Ia casa tenía un
gran portal, por lo que podemos suponer que era una de las casas notables de Jerusalén.
Tenía también criadas, de las cuales se nombra una, Rode, que fue a abrir Ia puerta a Pedro.

Esta María se había unido al servicio del Señor muy pronto. Su hijo, Juan Marcos se había
hecho ministro de la Palabra, y acompañó a Pablo en uno de sus viajes. Es también el autor
de uno de los Evangelios, el de Marcos. Pero, vamos a ver a lo que las Escrituras nos dicen
de ella. La congregación se reunía en su casa de modo regular durante los días de Ia
persecución de Herodes Agripa, que echó a los cristianos del Templo, donde se reunían
antes. Entonces María les abrió la puerta de su casa. Pedro se dirigió allá inmediatamente
que salió de la carcel.

María tiene interés para nosotros en el hecho que no se limitó a entregar su óbolo
(contribución) para la obra en las colectas de la iglesia, sino que poseyendo una casa
espaciosa, la puso toda ella a disposición de la congregación. No es raro que haya
personas de edad, quizá viudas, cuyos hijos ya han salido de la casa y estan esparcidos,
que posean casas grandes y espaciosas. Antes llenas de vida, ahora hay en ellas
numerosas habitaciones vacías y sin vida. ¿No podrían animarse otra vez con reuniones,
grupos de meditación, de oración, o para cantar salmos e himnos de modo más o menos
regular. Con ello además se aliviaría el silencio y la soledad de la casa y de sus dueños.

En algunos puntos es posible incluso que haya congregaciones en estado de formación,


que no dispongan todavía de un local propio. No se trata de alquilar unas habitaciones para
este propósito, sino de poner la casa a disposición para el Señor.

María lo hizo y además las sirvientas se hacían cargo de ayudar en lo posible. Vemos que
Rode abre la puerta a Pedro, y de gozo no sabía que se hacía. Sin duda la sirvienta era
también cristiana. Toda la atmósfera de esta casa era propicia para ayudar al crecimiento de
Ia obra del Señor. Deberíamos tener Marías hoy que ofrecieran sus casas para la obra.
María la de Roma

Saludad a María, la cual ha trabajado mucho por vosotros. (Romanos 16:6)

Al terminar su carta a la iglesia de Roma Pablo envía sus saludos apostólicos a veinte
personas, a las cuales menciona por sus nombres. Entre ellas se encuentra una mujer
romana a la que llama María, posiblemente un nombre adoptado en el momento del
bautismo. Pablo dice de ella: «Saludad a María, la cual ha trabajado mucho por vosotros.
Más adelante (v. 12) dice: «Saludad a la amada Pérsida, la cual ha trabajado mucho en el
Señor.»

Algunos teólogos han conjeturado por estas afirmaciones que las dos eran evangelistas,
empleadas en la diseminación directa del evangelio a través de contacto personal, algo así
como lo que hacen algunas mujeres dentro del Ejército de Salvación. Otros consideran que
lo que hicieron fue extender hospitalidad a otros que eran los que propagaban el Evangelio.

La forma de expresarse Pablo nos hace pensar que hacían más que esto, aunque no
sabemos exactamente qué. No es probable que fueran diaconisas, en el sentido que damos
ahora a la palabra, pues Pablo probablemente lo habría indicado. No es probable que
predicaran directamente en público, pues de haberlo hecho es dudoso que Pablo lo hubiera
considerado digno de elogio.

Como sea, y aunque no podemos especificar el tipo de actividad a que se dedicaban, esto
no nos hace dudar de la eficacia de su labor, elogiada por Pablo. Una mujer, cualquiera que
sea su estado en la vida tiene numerosas oportunidades para ayudar a la causa de Cristo.

En aquellos tiempos (y hoy) podía ayudar a través del marido, o las personas asociadas
con él, sobre sus hijos o las familias de los amigos de sus hijos. En los tiempos de la
Iglesia de Roma, había muchos problemas que nosotros no conocemos. Esposas cristianas
frustradas porque sus maridos permanecían paganos. Esclavos convertidos (o quizá
sirvientes) que se veían obligados a servir en casas paganas. Hijos cuyos padres le
prohibían bautizarse. En muchas casas no dejaban entrar a nadie que hubiera podido
propagar el evangelio. Como sea, una mujer tenía numerosas oportunidades para servir.

El servicio de María de Roma es posible que fuera distinto del de cualquiera de las otras
Marías que hemos visto, pero con todo era de suma utilidad para la congregación de Dios.
Y al revés, una forma de servir, es evitar que la influencia personal pueda causar detrimento
a la causa de Cristo. Este es el caso de la mujer chismosa o intrigante.
La mujer, incluso cuando su ocupación principal es el hogar y los hijos, por tener sobre sí
estas responsabilidades, no tiene por qué limitarse a ello y cortar todo contacto con el
mundo. Hay numerosas ocasiones en que puede servir al Señor con su ingenio y energía.

María, la madre del Apóstol

"Estaban de pie junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer
de Cleofás, y María Magdalena". Juan 19:25.

Lease Juan 19:25-42

No hay que confundir las seis Marías de que nos habla el Nuevo Testamento. Son: 1-
María de Nazaret, la madre de Jesús; 2- María de Betania, la hermana de Lázaro; 3- María de
Magdala; 4- María de Jerusalén, la madre de Juan Marcos; 5- María de Roma, una ayudanta
de Pablo; y 6- María, la madre del apóstol, que no sabemos donde vivía, aunque sería en la
vecindad del Lago de Galilea.

Hablaremos aquí de la última, a la que distinguimos de las demás llamándola "la madre
del apóstol". Se la llama a veces "la otra María", pero esto no significa nada y da lugar a
confusión.

Se había casado con Cleofás, de Alfeo, y tenía dos hijos, Jacobo y José. Jacobo era uno
de los apóstoles. Se le suele llamar Jacobo, el menor, para distinguirlo del hermano de
Juan. La característica esencial de la María que estudiamos era que, con las otras mujeres,
seguía a Jesús y ministraba a sus necesidades. Es lo que vimos hacía también María
Magdalena, y otras que nos son mencionadas. María la madre del apóstol presenció
también la tragedia de la cruz y participó en el entierro de Jesús. Fue también una de las
que contempló a Jesús levantado de la tumba.

Si la comparamos con María Magdalena podemos ver que era una mujer muy distinta: no
tenía los rasgos e impetuosidad y ardor de esta, pero su servicio no tenía por qué ser
menos útil por ser inconspicuo. Sería una persona piadosa, quieta, servicial, que no
necesitaba figurar en primera línea, como les gustaba a la Magdalena y a Pedro.

Pero, la escala de valores de Dios es diferente de la nuestra, si es que nosotros damos


más importancia a las personas que destacan más. Dios quiere también a los que cantan en
el coro, no únicamente a los solistas.
Hay muchos cuya ambición excede su capacidad. Cuando consiguen ponerse a la altura
de los héroes. Hay otros que, sin ser héroes, trabajan de modo constante y no tiene por qué
su celo ser menor que el de aquellos. Dios ha hecho a algunos más decididos, más
impulsivos y ardorosos. Una fe quieta puede dar tanto fruto como una fe espectacular.
María tiene un especial encanto: amaba a Jesús y le servía quietamente.

María, la madre de Jesús

I - Su humildad

"Porque ha puesto sus ojos sobre la pequeñez de su esclava; pues he aquí que desde
ahora me tendrán por dichosa entre todas las generaciones." Lucas 1:48.

Vease Lucas 1

María, la madre de nuestro Señor, era también descendiente, o hija, de un rey. Cristo nació
de ella y sólo de ella. El apóstol Pablo afirma que Cristo era de "la simiente de David según
la carne". Y aunque las genealogías de Mateo y Lucas terminan con el nombre de José, fue
sólo a través de María que Cristo pudo ser hijo de David según la carne.

El hecho de que María fuera la prima de Elisabet no impide que creamos que era de
estirpe regia. Es verdad que Elisabet era descendiente de Leví, y que generalmente los hijos
de los sacerdotes se casaban con miembros de la misma tribu. Pero, esto no era una regla
rígida.

María era, pues, la hija de un rey. Por ello su humildad se destaca aún más. No hay que
pensar que pertenecer a una clase humilde sea algo vergonzoso. Aunque hija de rey estaba
casada con un carpintero. No es imposible que una persona de una alta posición social
descienda súbitamente a un plano social o económico más humilde. Entonces las
privaciones materiales no suelen ser llevadas con gracia. Son un motivo de queja
permanente. Sin embargo pueden ser una bendición para algunos. En general estas
personas tienden a desarrollar mejor su alma y ser mas cultas y refinadas.

Hay un punto en la vida de María en que discrepamos de los catolicorromanos. Desde


1879 confiesan que la concepción de María, o sea, su propio nacimiento fue también
milagroso: sin pecado, que no estaba afectada por el pecado original. Se suele añadir a
esto que además nunca pecó. De ser esto así María estaría aparte del resto de la raza
humana. Tales son las implicaciones de la doctrina de la Inmaculada Concepción.

Si preguntamos la base de esta creencia, se nos refiere a Lucas 1:28: "Bendita eres tú
entre las mujeres." (Que por cierto no se halla en los manuscritos más antiguos.) Esto se
expresa en griego con la palabra " kecharitomene". Orígenes interpretó esto como que
significaba una gracia especial concedida a María, incluso antes de su nacimiento. Si
aceptamos esto podemos decir lo mismo de Juan, porque él recibió el Espíritu Santo antes
del nacimiento. Y nadie dice que Juan el Bautista nació inmaculado y puro. La Iglesia
Católica cita a otros padres de la Iglesia como evidencia adicional. Pero, todas estas
afirmaciones carecen de valor si no descansan sobre la Palabra de Dios. Y todavía
podemos preguntar: si fue posible que María naciera inmaculada de padres pecadores,
¿por qué no tenía que ser también posible que naciera así Cristo?

Sin embargo, hay un argumento mucho más poderoso en contra de esta doctrina de la
Inmaculada Concepción. Si fuera cierta, haría innecesaria y superflua la obra de la
salvación. Si María pudo nacer inmaculada y permanecer sin pecado, lo mismo podía la
gracia haber efectuado esto para el resto de los hombres, después de la caída. Con ello, el
pecado al instante habría quedado anulado, y la venida del Mediador habría sido
innecesaria.

Por tanto, para nosotros la humildad y pequeñez de María tiene un doble significado.
Ocupa un estado humilde, para ilustrar cómo una princesa de la casa de David había
descendido de su alta posición. Nos ilustra, además, cómo toda la raza había caído de su
alta posición en el Paraíso, a los planos bajos del pecado y la culpa.

Preguntas sugeridas para estudio y discusión:

1- ¿Qué significa la humildad y pequeñez de María?

2- ¿Por qué era necesario que tomara este estado?

3- ¿Qué significa la doctrina catolico-romana de la "Inmaculada Consepción de María?

II - La madre de nuestro Señor

"Porque ha hecho por mí grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre." Lucas 1:49.

Lease Lucas 2
En su canto de alabanza, María dice que el Señor ha hecho grandes cosas por ella, y dice
que su nombre es Santo. Su alabanza no era en modo alguno exagerada. No cabe mayor
honor sobre un ser humano que el que le correspondió a María. Era verdaderamente la más
bendita de todas las mujeres. De todas las hijas de los hombres, ella fue escogida para que
el Altísimo la favoreciera con su gracia y la cubriera con su sombra. A lo largo de los siglos
se le ha concedido el nombre de Madre de Dios, y no hay objeción a usarlo, con tal que se
interprete este nombre debidamente.

Las Escrituras cantan honores a María y no se andan remisos en ello. El ángel la saludó
como muy favorecida. Elisabet la llamó "bendita entre las mujeres", "Bienaventurada
porque había creído" (v. 45). María misma, se daba cuenta de sus bendiciones cuando dice:
" Me tendrán por dichosa todas las generaciones." No tenemos que ir al otro extremo,
cuando reaccionamos contra el énfasis excesivo a su gloria que le conceden las Iglesias
Católica, Romana y Griega.

María fue elegida por Dios en un sentido único. Su privilegio fue mayor que el que se ha
concedido a mortal alguno. Ello es más destacado por su estado humilde, a pesar de sus
ilustres antecesores. Pero no hemos de quitarle la gloria que le pertenece porque otros le
conceden honores indebidos.

El favor único que se le concedió fue el de ser la Madre de nuestro Señor, que el Hijo de
Dios tomara forma humana de su carne y su sangre. María bebió de los santos ojos del niño
el amor que los demás tardaron muchos años en conocer. Este honor no lo ganó; le fue
concedido por Dios en su soberanía absoluta. Eligió a María. Salvó su vida y le envió el
ángel para entregarle el mensaje. La abundancia de gracia que le fue concedida es motivo
para que nosotros loemos, no el nombre de María, sino del Señor Dios que se la concedió.
La misma esencia de la gracia nos impide que loemos a la criatura. Si hubiera virtud en el
hombre para merecerla dejaría de ser gracia.

Tenemos que considerarla como muy favorecida y bienaventurada entre todas las
mujeres. Estamos agradecidos de que le fuera concedida esta gracia, y por la gracia que a
través de ella nos llega a cada uno. Con todo, no deja de ser "la sierva del Señor" que
acepta gozosa hacer su voluntad. Al pensar en ella hemos de proclamar: "¡Gloria a Dios en
las alturas!".

Queda por mencionar si María ascendió al cielo sin morir, como se nos dice de Elías. La
Iglesia Católica lo defiende, pero no ha encontrado esto en la Biblia. Lo dice basándose en
tradiciones. Nadie sabe cuando murió María y dónde fue enterrada. La serie de ideas que
han llevado a la de la Asunción de María es: si hubiera sido enterrada dada su importancia
se sabría dónde. Además, es difícil admitir que el cuerpo de María, que había dado forma
humana al Hijo de Dios, se desintegrara en la tumba. Algunos dijeron que murió y luego,
resucitando, ascendió al cielo. En el occidente se habla de la "Ascensión de María". En
Oriente se habla de que "durmió" y se celebra de su "Dormición". Esta idea pasó a
Occidente. Luego fue reemplazada allí por la idea de la "Asunción', que significa que María
ascendió al cielo sin morir.

Preguntas sugeridas para estudio y discusión:

1- ¿Por qué decimos que María era "bendita entre todas las mujeres"?

2- ¿Cuál fue el privilegio concedido a María?

3- ¿Era María consciente de ese privilegio? ¿Cómo lo sabemos?

III - Su fe

"Bienaventurada la que ha creído que tendrán cumplimiento las cosas que le han hablado
de parte del Señor." Lucas 1:45.

Lease Lucas 1:45-55

La exaltación religiosa de María, por cierto exagerada por algunos, descansa


primeramente en su fe, y sobre su fe concebida como un mérito personal. Cuando María
recibió el glorioso anuncio del ángel, contestó: "He aquí la sierva del Señor; hágase
conmigo conforme a tu palabra." Elisabet afirmó referente a esta confesión:
"Bienaventurada la que ha creído que tendrán cumplimiento las cosas que le han hablado
de parte del Señor." La fe a la que María dio expresión, a veces se ha perdido de vista que le
fue dada gratuitamente por la gracia. No fue mérito suyo alguno. Si se considera que lo fue,
inmediatamente se sigue: La encarnación del Señor fue sólo posible por el asentimiento de
María; por ello María hizo posible a Cristo el ofrecer el supremo sacrificio de la redención; y
por la redención del mundo, y por el perdón de nuestros pecados por la sangre del Cordero.
Esto es inadmisible.

No se trata de rebajar la calidad de la fe de María. Esto estaría en contra del espíritu de las
Escrituras, que confirman esta fe repetidamente. Se trata más bien de hacer ver que esta fe
no da lugar para la exaltación de María, pues no se aparta de la regla: "La fe no es de
vosotros, pues es don de Dios." Dios influyó en su alma y en su cuerpo: en su alma
dándole la fe y en su cuerpo formando en él al Salvador, a partir de su carne y de su sangre.

Se hace destacar su virginidad como si fuera otra virtud excepcional. La Escritura no nos
da base para creer que permaneciera virgen. Ni tan sólo que el nacimiento de Jesús dejara
su virginidad intacta en el sentido físico. Todas las referencias a profecías sobre este punto
específico, como Ezequiel 44:2 están fuera de lugar.

No se insiste sobre este punto para negar o afirmar que tuviera otros hijos después del
nacimiento virginal de Belén. Esto no se podrá demostrar nunca. El que se hable de los
"hermanos" de Jesús no significa nada. "Hermano" es usado en la Biblia para
hermanastros, y aún más general, como parientes (Génesis 3:18; 14:16; 29:12; Números
8:26; 15:10, etc.). Si insistimos sobre esto es para decir que no sabemos que Dios prefiera
una virgen a una madre. El caso de María no es aplicable, ya que no fue elegida para que
diera el nacimiento como virgen porque esto significara mayor categoría, sino por razones
teológicas mucho más profundas.

Podemos tener en gran estima a María como Madre del Señor y como Escogida del
Altísimo, pero las Escrituras no nos dicen que fuera una mujer de extraordinaria vitalidad
espiritual. Se la menciona quince veces después del relato de los sucesos en Belén.
Cuando Jesús tuvo doce años fue con El al Templo de Sión. En aquel entonces María no
entendía a Jesús. La vemos otra vez en las bodas de Caná. Ella misma dice que no entendía
los profundos pensamientos de Jesús. Luego en Mateo 12:46, cuando quiere hablar con su
hijo, Jesús más bien la reprende. En el Gólgota no revela penetración espiritual alguna, sino
los sentimientos normales en toda madre. Cuando Jesús asciende al cielo hallamos a María
entre el grupo de creyentes (Hechos 1:14). Su nombre es mencionado al final de todos. Al
parecer no era muy prominente.

Los apóstoles no la mencionan, ni en Pentecostés ni en ninguna otra ocasión, al predicar


a Cristo. Pablo recibió el evangelio directamente de Jesús, y ni tan sólo menciona su
nombre. Ni en los Hechos ni en las Espístolas se le conoce honor alguno. No se le pide
opinión en ocasión alguna. Desaparece de las Escrituras de modo inconspícuo.

Quien compara la posición de María en las Iglesias Católica, Romana y Griega, en el culto
y en el corazón de su religión, con el silencio que se mantiene sobre ella en los Hechos y en
las Epístolas, no puede por menos que pensar que los Padres apostólicos pensaban de ella
más o menos lo mismo que los teólogos de la Reforma.
María Magdalena

"Y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malignos y de enfermedades;
María la llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios". (Lucas 8:2)

Lease Lucas 8:1-2; Mateo 28:1-15

María Magdalena es el equivalente femenino de Pedro en el círculo que seguía a Jesús


Los dos se caracterizaban por su celo y su fervor; fervor que a veces era excesivo y tenía
que ser reprendido.

Magdala, la ciudad natal de María, estaba a tres millas de Capernaum. No es raro pues
que oyera pronto de Jesús y se pusiera en contacto directo con El. María era un personaje
conocido en Magdala. Era relativamente rica y había estado sujeta a la influencia de los
demonios. Algunos dicen que era adúltera, pero no es justo decirlo no teniendo ningún
dato. No tenía nada que ver con la mujer pecadora que lavó los pies a Jesús. Podemos
suponer, por su posesión de demonios, que era de naturaleza apasionada e impetuosa.
Pero María se había librado de estas influencias. Jesús expulsó sus siete demonios y a
partir de aquel momento, María Magdalena, dedicó su fervor apasionado a servir a Jesús.

Permaneció con las mujeres que seguían a Jesús y sus discípulos, que les servían según
necesitaban y que cuidaban de ellos. Necesitaban dinero, alimento, vestido. El dinero lo
proveían estas mujeres, según vemos en Lucas 8:3.

Pero, este servicio material no era la única prueba de lealtad de María Magdalena a su
Salvador. Cuando Jesús fue a Jerusalén para sufrir y ser crucificado, María Magdalena le
acompañaba. En la cruz, todos los discípulos excepto Juan, habían huído en el momento de
la crisis. Pero, María Magdalena permaneció y fue testigo de la muerte de Jesús (Marcos
15:40,41). Y después de los sucesos del Gólgota, participó en los preparativos de su
entierro. Fue también una de las mujeres que se dirigió al sepulcro para derramar especias
sobre la tumba. Y cuando hallaron que el cuerpo no estaba allí, fue María la que fue a
Jerusalén y halló a Pedro y le comunicó la noticia que lo habían robado.

Pero, esto no fue bastante. Regresó inmediatamente a la tumba, probablemente antes que
los apóstoles llegaran allí. Sabemos que tuvo un encuentro con Jesús y que no le
reconoció, pero fue sin duda la primera mujer que le vio. Fue necesario que Jesús la
llamara por su nombre antes que sus ojos fueran abiertos. Entonces le reconoció y cayó de
rodillas. Otra vez muestra su celo y trata de acercarse a Jesús, pero el Señor le ordena que
no le toque. En su fervor, consumida por él, como en todo en su vida, Jesús tuvo que frenar
a María. Cuan distinta, por ejemplo, de María de Nazaret, o de Salomé, o de Marta, la
hermana de Lázaro.

Pero, este fervor, esta impetuosidad, debidamente templado puede dar mucho fruto. La
Iglesia no tiene que despreciar a las Magdalenas.

MARTA

"Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose dijo: Señor, ¿no te
importa que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude". Lucas 10:40.

Lease Juan 11:1-45

Nos es difícil pensar en Marta sin traer a María a escena. Las dos son diferentes, es
verdad. María era una cristiana quieta, que gustaba de escuchar a Jesús, sentada a sus
pies. Marta estaba en continuo trajín, afanándose por servir mejor al Maestro. Sería un error
hacer el contraste entre las dos como de luz y tinieblas, bien o mal.

Jesús le dijo a Marta, cuando esta le instó a que ordenara a su hermana que la ayudara,
que María había escogido la buena parte, es decir algo mejor a la actividad incesante de
Marta. Podríamos comparar diciendo que la una trabajaba con oro, y la otra con plata. Pero
no hemos de olvidar que Dios en su soberana elección había llamado a cada una a un
servicio distinto. Isaías era un profeta, lo mismo Amós. Pero no se confundían. Juan era un
evangelista; lo mismo Marcos, pero el Evangelio de Juan es distinto del de Marcos, como el
mensaje de Isaías es distinto del de Amós. Cada uno cumplió su responsabilidad siguiendo
su camino señalado.

Jesús no reprendió a Marta por que estaba ocupaba. La reprendió por que quería arrancar
a María de los pies de Jesús, la porción que había escogido su hermana. Marta
probablemente miraba con desdén a su hermana arrobada escuchando a Jesús, no
comprendiendo su quietud y misticismo. Para ella la vida era actividad y servicio. Pero, el
servicio de ministrar misericordia y ayuda no lo es todo. En la iglesia hay también el
ministerío de la palabra. El diácono que visita enfermos no puede menospreciar al pastor
que predica la Palabra, pensando que sería mejor que él también visitara enfermos.

Marta, pues, tenía su trabajo particular, y estaba orgullosa de hacerlo bien. Aquí es donde
tiene su punto flaco. Era una mujer íntegra, que amaba ardientemente a Jesús, que se
ocupaba de lo humilde para servir al maestro. En la vida se necesitan mujeres capaces y
dispuestas como Marta, mujeres que puedan aceptar toda clase de responsabilidades. En la
familia son absolutamente indispensables.

María escuchaba a Jesús, la mejor parte. Pero luego, todos ellos se sentaron a la mesa,
bendecida por el Señor, pero servida por Marta.

La Mujer con flujo de sangre

"En esto, una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por
detrás y tocó el borde de su manto." (Mateo 9:20)

Lease Marcos 5:24-34

La mujer arrastra aún las consecuencias de la maldición del Paraíso: "En dolor darás a
luz a tus hijos" Y no sólo dolor en los partos, sino una multitud de dolencias relacionadas
directa o indirectamente con este proceso fisiológico. No sabemos si la enfermedad de esta
mujer había resultado de algún parto, pero no hay duda que podía haberse dado este caso.

Esta mujer sufría su pena y su molestia en secreto. No se nos dice nada más, sino que se
trataba de un "flujo de sangre" o sea hemorragias, y que ya hacía doce años. Después de
tantos años hemos de suponer que su salud habría decaído, y que se encontraría pálida y
decaída. En cambio su fe era firme y enérgica. De no haber sido así no se habría atevido a
mezclarse con la multitud para acercarse a Jesús en público.

No se atrevió sin embargo a hablarle a Jesús de esta dolencia. Es posible que estuviera
avergonzada de la misma. Por ello se acercó por detrás y tocó el borde del manto de Jesús.
Sabemos que como resultado de este acto de fe, ("Si tocó aunque sólo sea su manto"), la
mujer quedó realmente curada de su aflicción. Cesó el flujo, después de tantos años, en
aquel momento.

Hemos de suponer que la mujer habría ido más de una vez al médico. Pero no había
conseguido ningún resultado. No cabe duda que había hecho lo debido al ir al médico. Pero
el don de la medicina dista mucho de ser perfecto. No había recibido ayuda alguna. Por otra
parte, sus medios de vida no serían abundantes, y la pobre mujer necesitaba todo lo que
tenía para su sustento. Cansada y decepcionada, ya se habría resignado a sufrir su
enfermedad en silencio.
Pero, la fe le impidió llegar al desespero. Fue a Jesús. No pidió nada. Tocó el borde de su
manto. Y quedó sanada. La fe puede realizar cosas estupendas. Jesús se lo dijo: "Tu fe te
ha sanado; vete en paz y queda sana de tu aflicción." Aun cuando hemos de ponernos en
manos del médico cuando estamos enfermos, no siempre es la voluntad de Dios que
recibamos la curación por este medio, o por ningún medio. Dios siempre nos sostendrá y
aliviará el sufrimiento, aunque no nos cure. El da a los que sufren una visión de su
compasión y amor.

RODE

"Cuando Pedro llamó a la puerta del patio, salió a escuchar una muchacha llamada Rode"

Lease Hechos 12:13-35

No se nos dice mucho de Rode, pero algunos rasgos de su carácter se hacen evidentes
en su breve aparición en el libro de los Hechos. Era una de las criadas de María, la madre de
Marcos, y vivía en la casa de ellos, en Jerusalén. El incidente en que aparece es el acto de
abrir la puerta a Pedro cuando este había salido milagrosamente de la cárcel. Hay tres
cosas destacables: Primero es que Rode se había adherido a la misma fe de su señor. La
pequeña contregación se reunía en la casa de María. Era ya más tarde de la medianoche.
Estaban juntos orando en favor de Pedro que estaba en la cárcel. Rode participaba
plenamente en la vida de aquella casa, no se limitaba a recibir manutención y salario. Creía
en el mismo Dios de María y compartía sus goces y sus penas Era una criada ideal; servía a
su señora y a la iglesia de Dios.

Servía también con diligencia. Estaba destacada a la puerta, separada de la casa por un
patio o vestíbulo. De buena gana Rode habría estado dentro con los otros en Ia oración y la
conversación.. Sin embargo, vigilaba en la puerta. Se daba cuenta que era mejor cumplir
con su deber que dedicarse a ejercicios más piadodos dentro.

Finalmente, el tercer rasgo que vemos en Rode es su naturaleza exuberante. Lo


demuestra la forma como se comportó cuando Pedro anunció su llegada con unos recios
aldabonazos. Al reconocer la voz de Pedro, «de gozo no abrió la puerta, sino que corrió
adentro a anunciar que Pedro estaba a la puerta» Es posible que interrumpiera la oración de
alguno o un mensaje, pero no tuvo inconveniente en hacerlo. Los de dentro al ver su
alborozo y sus gritos, probablemente medio incoherentes, pues estaba embargada por la
emoción, le dijeron que estaba loca. Sólo después fue a abrir y tardaría bastante, pues se
nos dice que, «Pedro continuaba llamando». Rode era una muchacha espontanea, con la
emoción a flor de piel, llena de entusiasmo, y leal a la causa.

Safira

Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, y se
quedó con parte del precio, sabiéndolo también su mujer. (Hechos 5:1, 2)

Lease Hechos 5:1-Il

Dios castigó a Safira con la muerte por haber colaborado con su esposo en un acto
fraudulento. Lo ocurrido no parece que debería haber dado lugar a un resultado tan trágico.
Vamos a considerar los hechos en conjunto.

Ananías y Safira, los dos se habían segregado del judaísmo y se habían adherido a los
seguidores de Jesús. No eran meramente simpatizantes: vendieron una propiedad suya y
entregaron a los apóstoles una buena parte de la venta, para beneficencia o necesidades de
los apóstoles y la predicación. ¿Cómo pudo dar lugar a un castigo tan grave un acto de
generosidad?

En la Iglesia de Jerusalén habíase formado un espíritu de cooperación extrema, que


afectaba incluso a la entrega de las posesiones personales, para ministrar a las
necesidades de los santos. Muchos vendían sus propiedades, casas, campos y entregaban
el producto a los apóstoles. No es infrecuente al principio de movimientos o avivamientos
que los seguidores muestren gran entusiasmo.

Es posible que Ananías y Safira eran bien conocidos, y también lo era el hecho de que
tenían una propiedad. El retenerla, cuando los demás vendían las suyas, podía producir la
impresión de egoísmo ante los demás fieles.Ananías y Safira querían asegurarse de
mantener las apariencias y su reputación de piedad. Decidieron pues, vender la propiedad.
Una vez vendida, de comun acuerdo decidieron que, sin menoscabo para su reputación,
iban a retener parte del producto de la venta. Es posible que no retuvieran mucho, pues de
otro modo la discrepancia se habría hecho evidente.

Lo que vemos aquí esencialmente es que su acción no era motivada espiritualmente. Y al


dar la apariencia de que entregaban todo lo obtenido de Ia venta, la acción adquiría el
carácter de fraude a los ojos de los apóstoles, y una mentira ante los ojos de Dios. Era un
verdadero sacrilegio.
No sabemos si Pedro se enteró del precio indirectamente o si le fue revelado por Dios.
Pero su acusación fue fulminante:«¿No podías retenerlo todo para ti siendo tuya la
propiedad? La mentira no es a los hombres sino a Dios que la has dicho.» Ananías expiró al
oir estas palabras. A las tres horas más o menos, apareció Safira y cuando Pedro le
preguntó a qué precio habían vendido la heredad; Safira, que se había puesto de acuerdo
con su esposo, repitió la mentira. Safira «cayó a los pies de Pedro y expiró».

Salomé

"Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo, con sus hijos, postrándose
ante él y pidiéndole algo". (Mateo 20:20)

Lease Lucas 20:20-28; Marcos 15:40, 41

Salomé era la esposa de Zebedeo, y la madre de Juan y Jacobo. Lo notamos al


comparar Marcos 15:40 con Mateo 27:56. Marcos nos da el nombre de Salomé como una
de las mujeres que estuvieron presentes en el entierro de Jesús. En Mateo no se
menciona su nombre pero se la designa como la madre de los hijos de Zebedeo. Salomé
podía considerarse como muy bendecida entre las mujeres, puesto que era la madre de
dos de los discípulos más queridos por Jesús. Es indudable que los tres apóstoles en
quienes Jesús tenía más confianza eran Pedro, Juan y Jacobo. Más adelante apareció
Pablo, pero este no formaba parte de los doce. Jacobo y Juan, junto con Pedro, siempre
son nombrados en ocasiones aparte. Jacobo murió como mártir según vemos en Hechos
12:2, por lo que su entrada en el cielo precedió a la de los otros apóstoles. De los once
que habían presenciado la ascensión de Jesús en el monte de los Olivos, Jacobo fue el
primero llamado a la comunión con el Señor.

La vida de Salomé, pues, dio mucho fruto. Sus dos hijos retuvieron su posición clave
entre los apóstoles. Juan murió mucho más tarde. Fue el último de los apóstoles que
murió, después de la revelación de Patmos.

Salomé era la mujer de un pescador. Vivían en la cosata del Lago de Genezaret. Era de
esperar que sus hijos Juan y Jacobo seguirían moviéndose entre barcas y redes,
continuando la ocupación de su padre. Pero, el curso de la familia fue cambiando
súbitamente cuando Jesús los llamó a formar parte de su grupo. Su posición como
apóstoles de un Rey con poder en el cielo y en la tierra cambió las ambiciones de Salomé
para ellos, como veremos a continuación.
Hay multitud de leyendas con respecto a Salomé. Por ejemplo: que nació de un primer
matrimonio de José, y por ello estaba emparentada con la familia de María. Otra, que era
hija de Zacarías. El sentido de ellas es establecer el hecho que Jacobo y Juan
probablemente habrían ya oído hablar de Jesús, cuando este los llamó. Más probable es
que la familia había oído hablar de Jesús a través de Juan el Bautista, cuando este
predicaba junto al Jordán. Esto significa que la familia ya estaba preparada para recibir el
mensaje, pues no se nos dice que Zebedeo hiciera el menor esfuerzo para retenerlos; en
cuanto a María sabemos que fue luego ella misma a escuchar a Jesús y que siguió a las
mujeres. Ya vimos que fue una de las mujeres que preparó los lienzos y especias para el
entierro de Jesús.

El pecado de Salomé era el de los apóstoles. Reconoció que Jesús era el Mesías, pero
no podía separar al Mesías de la gloria temporal de Israel. No se dio cuenta que los hijos
de Abraham lo eran por la fe, no por sus hijos y por Pedro, y quizá sintiera incluso celos
de Pedro y quiso asegurarse de que sus hijos, cuando Jesús viniera en su Reino, tuvieran
un lugar de honor en él. Estas razones, comprensibles al considerar el orgullo natural de
madre, la inducen a esta petición pecaminosa. No procedía de la fe, sino de lo opuesto a
la fe.

¿Cuál fue la respuesta de Jesús? Dirigiéndose a sus hijos, que estaban con ella, les
pregunta si podían beber de la copa que estaba preparada para él. Los hijos respondieron
que podían. Jesús les confirmó el hecho que realmente lo harían: profetizando con ello el
martirio, del que los dos iban a morir más adelante en distintas circunstancias. ¡Esta fue
la corona de Salomé! ¡Una corona de eterno peso de gloria!

LA SUEGRA DE PEDRO

"Habiendo entrado Jesús en casa de Pedro, vio a la suegra de éste postrada en cama con
fiebre". Mateo 8:14

Lease Mateo 8:14-17

Cuando Jesús dijo a Pedro y a Andrés: "¡Seguidme!" los dos dejaron todo lo que tenían y
le siguieron. Los lazos que unían a Pedro, y en general a los discípulos, con sus familias
tenían que ser cortados, y nuevos lazos tenían que aparecer para sustituirlos. Pero, Pedro
ya no pertenecía a Betsaida, ni a la familia de su padre Jonás. Pertenecía a Jesús y a su
Reino. Recordemos a Jesús: "El que ama a su padre o madre más que a mi no es digno de
mí." Esto parece una exigencia extrema. Y los primeros cristianos hicieron este sacrificio
por sus convicciones: lo dejaron todo para seguir a Jesús.

Eso no era obstáculo para que los lazos deshechos entre el discípulo y su familia fueran
luego reconfirmados. Esto ocurrió en el caso de Salomé, la madre de Juan y Jacobo, y en
este caso entre Pedro y su suegra. Estas mujeres creemos que se convirtieron a la fe. En
cuanto a Salomé es seguro. Sabemos de la suegra de Pedro que servía a Jesús. No cabe
duda que el milagro recibido tenía que disponerla a adorar al Señor.

No sabemos si vivía en Betsaida o Capernaum, aunque no importa. Allí Pedro y Andrés


poseían una casa. Posiblemente heredada de su padre. Pedro era casado, y al seguir a
Jesús dejó la casa a cargo de la esposa. Cuando Jesús visitó la casa, su madre vivía con
ella. No sabemos si Andrés era casado. Tampoco sabemos si había hijos. Sabemos que la
esposa de Pedro todavía vivía cuando Pablo era creyente, por la referencia que hace a ella
en 1a Corintios 9:5.

En nuestra historia vemos que la suegra de Pedro está enferma. No sabemos si era una
enfermedad grave. Pero, sí que Jesús llegó, le tocó la mano, y a pesar de que "estaba
postrada en cama" se puso bien: se levantó y les servía.

De este incidente aprendemos que el hecho que Jesús mandara a sus discípulos que lo
dejaran todo para seguirle no les impedía mantener las relaciones con la familia, pues de
otro modo Pedro no les habría visitado. En este caso toda la familia alaba al Maestro.

Las relaciones entre yernos y suegras no siempre son lisas y suaves. Es posible que en
algunos casos no haya la discreción debida o la paciencia deseable por parte de los dos, en
estas relaciones. Por otra parte el amor puede superar todas las discrepancias y diferencias
en el modo de ver las cosas. En el caso de Pedro hemos de creer que su enfermedad había
unido a toda la familia en oración. Ahora, una vez curada, ella muestra su amor y se dedica
a servir al grupo que había traído a casa su yerno, especialmente a Jesús que la había
curado. Reinaba la armonía en aquella casa

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