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· EL ESPACIO BARRIAL ·

El espacio colectivo sufre una transforma-


JULIO LADIZESKY
ción profunda y desfavorable impuesta por la
avasallante irrupción del automóvil y las
malformaciones emergentes de la cultura
del mercado, que derivan al habitante
EL
urbano hacia formas de vida carentes de
solidaridad y bajo nivel de ciudadanía. ESPACIO
Frente a esta situación de crisis, la
BARRIAL

JULIO LADIZESKY
propuesta de un espacio barrial habitable
brinda soporte a una política municipal
Criterios de diseño
dirigida al desarrollo humano y a la integra-
ción comunitaria de la población.
para un espacio
Este libro, centrado en la escala del barrio, público habitado
reconsidera los criterios conceptuales y los
métodos instrumentales que se utilizan

EL ESPACIO BARRIAL
habitualmente para la configuración del
espacio público barrial.

El autor, Julio Ladizesky, ha desarrollado una larga


actividad como profesor titular en las Facultades
de Arquitectura de las Universidades de Buenos
Aires y La Plata. Dos veces expulsado de su cargo
por las últimas dictaduras militares (1966 y 1976),
retomó la docencia en el año 1984.
Ha sido premiado en concursos de arquitectura
y electo como miembro de los Colegios de jurados
y asesores de la Sociedad Central de Arquitectos
de Buenos Aires. La mayor parte de su producción
teórica está referida a los temas del hábitat social y
la vivienda popular.

Editado por:

Coeditado por:
JULIO LADIZESKY

EL
ESPACIO
BARRIAL
Criterios de diseño
para un espacio
público habitado
Ladizesky, Julio
El Espacio barrial: criterios de diseño para un espacio público habitado. - 1a ed. -
Buenos Aires: Bisman Ediciones; Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo, 2011.
166 p. ; 20x14 cm.

ISBN 978-987-26769-2-6

1. Urbanismo. 2. Espacio Urbano. I. Título


CDD 711

Editado por:
BISMAN EDICIONES
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Tristán Diéguez, arqs. / Consejeros Suplentes Hernán Maldonado Aguiar, Daniel H.
Silberfaden, Esteban R. Urruty, Guillermo C. Tella, arqs.

ISBN 978-987-26769-2-6
Hecho el depósito que establece la ley 11.723 / Impreso en la Argentina / Printed in Argentina

© de la publicación, Bisman Ediciones y CPAU, 2011.


© de la obra, Julio Ladizesky.

Todos los derechos reservados bajo convenios internacionales y la Convención Panamericana


de Derecho de Autor. No se permite la reproducción parcial o total de este libro ni su incorpo-
ración a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio,
sea este mecánico, electrónico, por fotocopia, grabación u otros métodos, sin el permiso previo
y por escrito de los titulares del copyright.
Al habitante
de las ciudades
que, como verá,
puede ser protagonista

A los arquitectos y urbanistas


que crean espacios
para la vida colectiva

A los estudiosos y trabajadores


de las ciencias sociales
que iluminan el camino

A los artistas de la calle


que incorporan vida y espíritu
a los sitios urbanos

A los gobiernos municipales


que convocan a la participación
de sus comunidades

A los estudiantes
próximos arquitectos y urbanistas,
que maduran su mirada
hacia un espacio público
para ser habitado.
ÍNDICE Reconocimientos pág / 9
Este Libro 10
Testimonios 15
Introducción 20

1
La crisis de la
I


LA GLOBALIZACIÓN COMO CONTEXTO DE LA VIDA URBANA 27
La globalización económica
Las sociedades nacionales ante la globalización
vida urbana La globalización de los valores neoliberales
en la era de la La globalización del trabajo
globalización La globalización de la cultura
El futuro de la globalización
pág / 26
II LOS FACTORES GLOBALES DE DISGREGACIÓN SOCIAL 41
La anomia del cambio continuo
La inseguridad laboral
La inducción del consumo
La huella ecológica del consumo
La cultura televisiva
La socialidad virtual
El pragmatismo y las creencias regresivas

III LOS FACTORES URBANOS DE ALIENACIÓN SOCIAL 53


La ciudad alienante
Burocracia, masificación y anonimato
El distanciamiento de los demás
La enajenación del tiempo libre
Violencia, vandalismo y miedo
El maltratado psiquismo del habitante urbano

2
El barrio,
IV EL ESPACIO PÚBLICO SEGÚN LOS ESTRATOS SOCIALES
Las dos visiones urbanas
Estratificación social y espacio público
67

territorio de
la integración V LA ESCALA BARRIAL 73
social Barrio y ciudad
El concepto de barrio
pág / 66 El concepto de vecindario
El sentimiento barrial
La estructura del barrio
La límites barriales
3La VI


REHABILITACIÓN DE LA VIDA DE VEREDA
Autos vs. peatones
Nuevos lugares para las veredas
pág / 87

producción Las tres franjas de la vereda


del espacio Los puntos sociales de la vereda
barrial La atenuación del tránsito barrial

pág / 86 VII PRESERVACIÓN AMBIENTAL DE LA CALLE 101


Protección de la identidad
El ambiente barrial y la arquitectura destacada
Preservación del perfil de la calle barrial
Aprobación municipal de las fachadas
Otros rasgos a preservar

VIII INTENSIFICACIÓN DE LA PLAZA BARRIAL 109


El concepto de plaza
El funcionamiento de la plaza barrial
El equipamiento mobiliario
Zonificación de las actividades
El entorno de la plaza
La plaza como centro comunitario (PCC)
La plaza de cruce
Las plazas cercadas

IX INTENSIFICACIÓN DEL CENTRO BARRIAL 126


El concepto de centro barrial
Estrategias para intensificar el centro barrial
Criterios proyectuales
Anexo de la tercera parte: programación de los lugares barriales

4
pág / 142
X


LAS POLÍTICAS BARRIALES
Desarrollo humano, desarrollo urbano y voluntad política
La descentralización urbana
143

La práctica participativa en las comunidades barriales


El diseño participativo
Promoción de las actividades barriales
La seguridad en el espacio público barrial

Referencias bibliográficas 160


Referencias de publicaciones periódicas 164
RECONOCIMIENTOS

Muchas de las propuestas de los capítulos VI, VII y VIII provienen de


proyectos elaborados con mis amigos y colegas del Grupo Promotor
del Espacio Público (GEP), arquitectos Carlos de Franco, Guillermo
García Fahler y Mario Rub.
Agradezco a mis hijos Pablo, Malena y Grisel por el esforzado tra-
bajo de leer mis borradores y por los señalamientos que, desde sus
visiones profesionales, enriquecieron el carácter multidisciplinario de
este libro. También agradezco a Dina Roisman por su asesoramiento
en las imágenes, y a mis colaboradores Juan Torres, Agustín Badarac-
co y Lola Patiño por su inteligente operatividad.
Me siento especialmente en deuda con tantos pensadores citados ·9·
y no citados, arquitectos, urbanistas, artistas, sociólogos, economis-
tas, politólogos, demógrafos, historiadores, antropólogos, psicólo-
gos, trabajadores sociales y literatos, de cuyos conocimientos me he
alimentado a través de la lectura, la escucha o el diálogo. Incorpora-
dos sus conceptos a mi propio pensamiento, hoy me resulta imposible
individualizar el aporte de cada uno. No obstante quiero citar a Wla-
dimiro Acosta y Marcos Winograd, dos referentes fundamentales del
pensamiento social aplicado a la arquitectura y a la ciudad.
Finalmente quiero expresar mi profundo y afectuoso reconocimiento
hacia los equipos docentes y las generaciones de alumnos que acom-
pañaron mi trabajo en las Facultades de Arquitectura y Urbanismo de
las Universidades Nacionales de Buenos Aires y La Plata, que han de-
batido, experimentado y enriquecido los contenidos de este libro.


Julio Ladizesky, octubre de 2010.
ESTE LIBRO

En el año 1995 elaboramos un informe para la Facultad de Arquitectura de


la UBA, titulado: “Arquitectura del espacio social”. (*)
Quince años después, la cuestión del uso del espacio público se ha esta-
blecido como un aspecto importante de los debates relacionados con la
calidad de vida de la población urbana, tomada como individuos y como
comunidades activas.
El presente ensayo actualiza y desarrolla aquella visión, hoy reafirmada
por los emergentes de un mundo cada vez más globalizado e impelido hacia
la disgregación social.
En el seno de una cultura marcada por el individualismo extremo y por la
pérdida del vínculo cara a cara a manos de la comunicación virtual, los la-
zos que se establecen en el espacio público juegan un papel cada vez más
importante para el desarrollo participativo de la vida urbana.

·10· Este libro trata sobre el “valor de habitabilidad” de los espacios co-
lectivos.(**)
Se trata de un ensayo centrado en la escala barrial, dirigido a ana-
lizar los enfoques proyectuales y políticos que llevan a la configura-
ción de un hábitat promotor de la socialidad.
La habitabilidad del espacio barrial debiera ser un objetivo priori-
tario para cualquier política municipal dirigida al desarrollo humano
de la población. Igual que la familia, las comunidades urbanas preci-
san un hábitat para vivir y desarrollarse. La viabilidad de este objeti-
vo se verifica en la exitosa escala humana de las ciudades menores,
“ciudades-barrio” homologables en buena medida a los barrios de las
ciudades mayores.
Hemos intentado examinar los vínculos entre la concepción de
los lugares públicos y el asentamiento de las actividades colectivas,
así como la capacidad de convocatoria que adquieren estos lugares
cuando son programados, diseñados y equipados como espacios
para habitar.

* Parcialmente publicado en el nº 162 de la revista de la Sociedad Central de Arquitectos.

** Para otras visiones que escapan al campo de los arquitectos, nos hemos apoyado en la opinión
de reconocidas figuras de la política, la historia, la psiquiatría, la economía, la sociología y la an-
tropología que, aportan sus puntos de vista relacionados con la cuestión del espacio público.
La historia reciente

La crisis actual de la socialidad urbana es un emergente de los


grandes cambios producidos en la segunda mitad del siglo XX, cuyas
contradicciones comienzan a estallar en el siglo XXI en la forma de
diversas crisis económicas, sociales, culturales y también urbanas.
El espacio público es uno de los escenarios principales de estas
crisis, particularmente las de los vínculos comunitarios y la genera-
lización de la anomia social. Con estas dinámicas ha comenzado a
gestarse la riesgosa historia del siglo XXI.
Eric Hobsbawm propone tres épocas para interpretar el siglo XX:
La primera, entre 1914 y 1945, asolada por terribles convulsiones,
culminó con una alianza insólita y temporal entre el capitalismo liberal
y el comunismo en contra del fascismo, que permitió salvar la democra-
cia. Esta alianza fue el momento decisivo de la historia del siglo XX.
La segunda fue un período de crecimiento económico y transfor-
mación social, la llamada edad de oro, que se prolongó hasta media-
dos de la década del 70. Parecía que se había encontrado una manera
de redistribuir al menos una parte de la riqueza. Después de tantas
catástrofes como la primera guerra, la gran depresión y la segunda ·11·
guerra, nadie quería regresar a un clima de confrontación social. La
lucha contra el nazismo había sugerido una imagen de solidaridad po-
sible entre los seres humanos.
Desde un punto de vista político, la contención del comunismo era
una prioridad tan absoluta que justificaba la intervención estatal en
la economía. Si para la URSS, el dogma era la planificación centraliza-
da, para occidente lo fue la economía mixta. En la época del presiden-
te Roosevelt, Averell Harriman, director del Departamento de Estado,
afirmaba que “la gente de este país ya no le tiene miedo a palabras
como planificación. Ha aceptado que el gobierno, al igual que los in-
dividuos, tiene que desempeñar su papel en la economía”35. Este obli-
gado compromiso con el bienestar social dio pie a la existencia de un
mercado masivo, mientras los defensores de la libertad del mercado
clamaban en el desierto.(*)

* Según Hobsbawm, “para EEUU, la presencia de un enemigo exterior que provocaba la histeria
pública facilitó la obtención de las enormes sumas necesarias para financiar las políticas ar-
mamentistas. La industria bélica volvió a crecer. El presidente Eisenhower calificó la economía
de EEUU como un “complejo militar industrial”, una masa de hombres y recursos dedicados a la
preparación de la guerra. Hoy resulta evidente que mientras la carrera armamentista favoreció
los negocios y el empleo en EEUU, impidió el desarrollo de las bases materiales para la cons-
trucción del socialismo en la URSS”. [35]
La tercera parte del siglo XX fue una nueva era de descomposi-
ción, incertidumbre y crisis. En la cumbre de Islandia, en 1986, termi-
nó políticamente la Guerra Fría, cuando Reagan y Gorbachov acep-
taron acabar la carrera de armamentos atómicos. Los EEUU, dice
Hobsbawm, “habían pasado de ser el mayor acreedor mundial a ser
el mayor deudor, con una deuda de 3 billones de dólares invertidos en
gastos militares. En su caso esta deuda fue absorbida por los países
que integraban el sistema capitalista mundial”35. Ello no ocurrió con
los países aliados de la URSS, que dependían de su ayuda. Para la
URSS ya era tarde. El mundo socialista colapsó.
Con el derrumbe del comunismo europeo llegó el fin de la bipola-
ridad. Desaparecidos los frenos a la libertad de mercado, se reinició
aceleradamente la expansión del capitalismo, sustentada en la hiper-
trofia del consumo y en los valores de un individualismo exacerbado.
Margaret Tatcher expresaba con suprema síntesis este ideario: “la
sociedad no existe, sólo los individuos”.
Hoy, comenzado el siglo XXI se acrecienta la desigualdad y se im-
pone mundialmente un fuerte proceso concentrador de la riqueza,
a expensas del 80% de la población mundial, con 2000 millones de
·12· personas expuestas a la precariedad y fuertes dudas acerca de la
sustentabilidad social y biológica del planeta.

Desde el punto de vista urbanístico, el cambio de mayor alcance


del siglo XX, el que nos separa para siempre del pasado, fue la migra-
ción masiva del campesinado. El mundo se urbanizó y las ciudades
se expandieron como el agua. Las concentraciones más gigantescas
se formaron en los países del tercer mundo, donde el éxodo rural se
dirigió a las capitales. México DF sextuplicó su población entre 1950 y
2000, mientras New York, Londres y París apenas crecían.
En el primer mundo, la expansión urbana incluyó una cierta des-
centralización, al desarrollarse núcleos suburbanos con servicios
propios. No sucedió lo mismo en el tercer mundo, donde los inmigran-
tes rurales se apiñaron en enormes periferias desestructuradas, mu-
chas veces asentados precariamente sobre tierras ilegales, carentes
de servicios y mal servidas por redes maltrechas y autobuses tan an-
tiguos como desvencijados. Estas conurbaciones resultaron verdade-
ros amasijos humanos.

La disrupción avasallante del tráfico automotor se hizo muy visi-


ble a partir de los años 50, cuando aparecieron las primeras redes de
autopistas en los países desarrollados. Las ciudades, atestadas de
automóviles, se convirtieron en un hervidero estruendoso y polucio-
nado, expulsando la vida social del espacio callejero.
El automóvil fue encumbrado como un ícono. La apetencia de la
gente por el automóvil se conjugó con el enorme interés comercial
que despertaba la industria automotriz, que producía el artículo más
perfecto que pueda concebirse: alto precio, venta masiva, difusión
mundial, renovación periódica y demanda siempre creciente.
Convertida en un soporte fundamental de la economía capitalis-
ta, la producción de automóviles cambió la forma de las ciudades, los
estilos de vida y los valores de la gente, consiguiendo que renovar el
automóvil una y otra vez se convierta en un deseo perpetuo para cuya
satisfacción las personas trabajan toda su vida.

El desarrollo de las ciencias sociales introdujo nuevos enfoques en


la planificación de posguerra, que fueron experimentados durante la
reconstrucción europea. El urbanismo y la arquitectura incorporaron
conceptos nuevos como el usuario masivo, el racionalismo y la indus-
trialización, y apuntaron a un replanteo completo de las ciudades.
En Francia, Inglaterra, la URSS, los Países Bajos y los nórdicos, se
comenzaron a reedificar las ciudades destruidas. Se trataba de conce- ·13·
bir un nuevo hábitat para un futuro promisorio. La ciudad del porvenir
debía pensarse a partir del automóvil, con una población motorizada,
habitando grandes edificios programados como unidades vecinales de
alta concentración. Mientras tanto se recuperaban los cascos histó-
ricos y las ciudades se descentralizaban mediante la creación de nú-
cleos satélites concebidos a nuevo. En el marco de un fuerte impulso
renovador, los viejos tejidos urbanos se consideraron perimidos. Pero la
insuficiencia del discurso urbanístico se hizo evidente. La concepción
racionalista que concibe a la ciudad como un espacio indiferente para
la satisfacción de necesidades estandarizadas condujo a soluciones
que entraron en conflicto con el mundo simbólico de los ciudadanos.
Las doctrinas urbanas del Movimiento Moderno pudieron haber
asestado un golpe de muerte a la calle como espacio de asociación
pero, en definitiva, no prosperaron. A partir de los años 70, sus funda-
mentos fueron cuestionados en razón de su escasa comprensión de
los fenómenos económicos y psicosociales que intervienen en la vida
de las ciudades.(*)

* Dice Amos Rapoport: Frecuentemente la persistencia de relaciones sociales tradicionales es de-


truida por el diseñador. Ello no debería ocurrir. El diseño debería servir de plataforma para que
esas persistencias entren en contacto con los cambios en los estilos de vida y los sistemas de
valores.
La continuidad de la forma urbana fue revalorizada y las nuevas inter-
venciones empezaron a preservar y valorizar los tejidos preexistentes.
Estos procesos, irradiados desde los países que sufrieron la
guerra, fueron incorporados por las universidades argentinas. Las
Facultades de Arquitectura y Urbanismo asumieron la construcción
del hábitat como su problema más trascendente, desarrollando pro-
puestas locales para la vivienda social y sus formas de agrupamiento.
Sus búsquedas incorporaron el aporte multidisciplinario y ampliaron
el campo de intervención urbanística a escalas suprarregionales, en
un rico proceso que fue interrumpido por la dictadura militar en 1976.
Reconquistada la democracia años después, la cuestión reingre-
só a los ámbitos académicos, volviendo a decaer durante el gobierno
neoliberal de los años 90 cuando el rol organizador del Estado fue de-
jado de lado.
En la primera década del siglo XXI, ante los trascendentes cambios
democráticos ocurridos en América Latina y el resultado alentador de
numerosas experiencias llevadas a cabo en otras ciudades del mun-
do, el tema ha sido retomado con nuevo vigor.

·14· Este libro se organiza en cuatro partes o secciones:

En la primera (cap. I, II y III) se enfocan tres rasgos del contexto socio-


político en el que se inscribe la vida urbana: la globalización, sus disol-
ventes efectos sociales y la alienación provocada por la gran ciudad.
La segunda (cap. IV y V) enfoca la concepción de la ciudad y su es-
pacio público como un emergente de la estratificación socioeconómi-
ca de la población, concluyendo con un esbozo de las relaciones entre
la escala barrial y el desarrollo de las comunidades locales.
La tercera (cap. VI, VII, VIII y IX) aborda, desde un enfoque instru-
mental, cuatro líneas de trabajo para la producción de un espacio ba-
rrial habitable: la promoción de la calle como un ámbito esencial para
el florecimiento de los vínculos primarios, la preservación de la identi-
dad barrial, la profundización del rol de las plazas y la intensificación
de los centros barriales. Incluye un anexo para la programación de los
lugares barriales.
En la cuarta (cap. X) se esbozan algunos enfoques fundamentales
para una política municipal dirigida a la institucionalización democrá-
tica de las sociedades barriales.


TESTIMONIOS PARA
UNA APROXIMACIÓN SENSIBLE

1. Cuando ser peatón resulta sospechoso


Maria Esther Gillio. Fragmentos de su artículo “La ignorancia asegu-
ra el paraíso” –Página 12– 17/06/04

“La amiga en cuya casa vivo por unos días, habita en Kansas City, a
diez kilómetros del centro. Es un barrio modesto cuyas casas de ma-
dera se levantan en grandes terrenos arbolados.”

— Vamos caminando al supermercado, le dije.


— Es imposible, queda a más de dos kilómetros.
— ¿Y si te olvidaste de comprar sal? ·15·
— Agarrás el auto y vas.
— ¿Y si no tenés auto?
— Nadie no tiene auto. Nosotros tenemos dos.
— ¿Nunca usan el ómnibus?
— No hay ómnibus, vamos en auto.
— Pero habrá lugares a los que pueden ir caminando.
— A la casa de alguna amiga que viva muy cerca.
— ¿Y si no vive tan cerca?
— Habría que caminar por la carretera, pero eso está prohibido. Si
te ven, te pueden llevan presa
— ¿Por qué te llevarían presa?
— Las carreteras no tienen sendas para peatones. Un individuo
caminando despierta sospechas, tiene que explicar a la policía qué
anda haciendo.

2. Cuando se piensa el espacio público.


Washington Uranga, Página 12, 30-5-2010 (extracto)

En referencia al intenso festejo del bicentenario, vale la pena aden-


trarse en una perspectiva que cruza el hecho festivo con la participa-
ción y el ejercicio de la ciudadanía.
Todos hemos asistido a la privatización del espacio público, los
cercos de las plazas, los paseos de compras. La creciente urbaniza-
ción, la globalización y la relegación del Estado han creado las condi-
ciones para que esto ocurra, un proceso de conversión de la ciudad
en espacio del anonimato. Cierta parte de la población entiende cual-
quier ocupación del espacio público como una intromisión que avanza
sobre la única función que le reconoce: la movilidad.
La ciudad, en tanto espacio público, no está siendo registrada
como un escenario de las relaciones sociales. La idea del ser colec-
tivo ha sido gradualmente reemplazada por el concepto del sujeto
individual.
¿Qué tiene que ver esto con la ciudadanía? Si el concepto de ciuda-
danía no se confunde con algunas prácticas que lo conforman, como
votar, la ocupación del espacio público se ve como una de sus expre-
siones genuinas, una manifestación de pertenencia a una comunidad
más amplia: la sociedad.

3. Cuando la gente se apropió de la calle


De Gerardo Albarrán de Alba desde México DF/Página 12/13-08-06:
·16·
Los seguidores de Andrés López Obrador hoy cumplen dos sema-
nas ocupando 9 kilómetros de avenidas estratégicas en la ciudad de
México.
Viven ahí, en la ciudad que construyeron de la noche a la mañana,
dentro de otra urbe, como medida extrema de resistencia civil contra
un fraude electoral, ante una autoridad judicial que ha rechazado la
consigna de volver a contar voto por voto el resultado de la jornada
electoral del 2 de julio.
Aquí en estas calles-vivienda, se reproduce la vida toda: se nace
y se muere y en el medio se ocupa el tiempo en cantar, en bailar y en
pensar.
No es un eufemismo, el domingo 7 una mujer parió un niño en el
Zócalo capitalino, mientras López Obrador dirigía un discurso ante
unas 200 mil personas. La vida se abrió paso en plena calle.
Horas después, un indigente murió sobre el Paseo de la Refor-
ma, a los pies de la Torre Mayor, un edificio inteligente, el más alto
de Latinoamérica. Se había refugiado en uno de los 48 campamentos
instalados por la Coalición. Se hizo un ovillo bajo un árbol y ya no se
despertó.
En estas calles-cocina miles de personas hacen tres comidas ca-
lientes al día, gracias a las provisiones que ellos mismos traen y que
muchos más aportan. Los que se quejan por estos “renegados”, como
los llama el Presidente Fox, ni se imaginan que las despensas tam-
bién han sido llenadas por habitantes de las zonas más pudientes de
la ciudad. Aquí, no sólo a nadie se le niega comida sino que se le ofrece
a cualquiera que se acerque, y hasta los policías que vigilan la zona
aprovechan para almorzar.
No es broma asentarse sobre Paseo de la Reforma o sobre las
calles del centro. La tensión aflora todos los días en la avenida, que
no fue cortada a la circulación vehicular. El viernes, un automovilis-
ta intentó arrollar el campamento. En esta zona de la ciudad, la más
densamente poblada, se ubican oficinas de importantes ejecutivos,
la Bolsa Mexicana de Valores y algunos de los mejores hoteles de
la ciudad. Empleados, ejecutivos y patrones ahora deben caminar
incluso algunos kilómetros para llegar a sus trabajos, y están re-
sentidos.
El viernes pasado un terremoto de 5.9 grados Richter obligó al
desalojo de cientos de edificios cuyos ocupantes se internaron entre
los campamentos en busca de seguridad. No sólo fueron bienvenidos
–que al fin y al cabo el miedo no distingue militancias–, sino que goza-
ron de algún bocado para el susto. ·17·

Los pocos turistas extranjeros toman fotos y se sorprenden de que


nadie esté ocioso. La actividad en cada campamento es constante y
de todo tipo. Abundan los talleres de derechos humanos, de ajedrez,
de cerámica y de cualquier cantidad de otras manualidades. A diario
hay decenas de conciertos de todo género musical, conferencias, lec-
turas de poesía, proyecciones de película, obras de teatro, danza y
exposiciones de fotografía, pintura y escultura.
Los ancianos practican Tai Chi, los niños juegan, los jóvenes, entre
caricias y besos, levantan frágiles estructuras y preparan los escena-
rios, los adultos organizan actos políticos y todos participan en el vo-
lanteo de decenas de folletos y pasquines que explican por qué están
ahí. Otros han instalado puestos donde venden desde artesanías has-
ta libros, discos, tazas y remeras con consignas. Se ofrecen servicios
gratuitos de barbería y salones de belleza, clases de salsa y cumbia,
asesores jurídicos…
Son las calles-posada, las calles-taller, las calles-escenario, las
calles-kindergarden, las calles-trabajo, las calles-protesta.
Nadie sabe qué sigue a esto. Cuando faltan menos de 24 horas
para conocer el resultado de un recuento parcial, ordenado por el tri-
bunal electoral.
4. Cuando se habita el espacio público
Agustina Ruiz Barrea - Página 12 – 5/10/2008

En octubre del 2008 se celebró en Buenos Aires el 7º encuentro de


teatro comunitario, con la asistencia de 1500 vecinos – actores por-
teños y procedentes de todo el país y de Montevideo. Se extraen tres
textos de reportajes periodísticos:
Sin duda el encuentro nos ayuda a acercarnos a nuestro objetivo
mayor: “que la gente vuelva a ocupar la calle, que el espacio público
deje de ser un lugar de tránsito”
“…trabajamos en la plaza salvo cuando llueve. Ensayamos, proba-
mos escenas, fragmentos de obras. Todo está a la vista, no hay miste-
rios, los vecinos ven la cocina teatral en vivo.”
“…es una manera de intervención directa, de plantearnos en qué
tipo de comunidad queremos vivir y qué podemos hacer al respecto”

5. Cuando algunos se incomodan


Arq Carlos Libedinsky / La Nación / 26-09-07(extracto)

·18· He pensado repetidas veces que uno de los espacios acéfalos de la


trama urbana debería ser utilizado para instalar un Foro de las Mani-
festaciones. Este “manifestódromo” sería un gran espacio pavimenta-
do e iluminado que constaría de un escenario, debidamente equipado
con sistemas de sonido, molinetes de acceso para contar el número
de concurrentes, baños a escala de la multitudinaria concurrencia... y
vastas playas de estacionamiento.
La primer función sería contener todas las manifestaciones políti-
cas, de protesta, piquetes, escraches, festejos, etc., para que fueran
desarrolladas sin perturbar a ciudadanos que no tienen nada que ver ni
están a favor o en contra de esas protestas y a quienes se causa habi-
tualmente enormes molestias. En la era de la comunicación y la infor-
mática son claramente anacrónicas las actuales formas de protesta.

6. Cuando la vida urbana genera malestar


Transcribimos tres testimonios del diario Clarín.

– Dice Cecilia Arizaga: “Conocidos en Estados Unidos y Europa


como “lifestyle medicines”, los psicotrópicos han abandonado la ca-
tegoría de medicamento para ser pensados y consumidos como un
estilo de vida, que proporciona alivio rápido a las condiciones de mo-
lestia y malestar que acarrea la vida actual”.
– Según la Organización Mundial de la Salud, en los últimos años
se ha instalado la ¨sociedad depresiva¨, el mal del siglo, producto del
stress, el hastío y la falta de ideales de la sociedad urbana. Se espera
que los trastornos depresivos, que en la actualidad son la cuarta cau-
sa de muerte y discapacidad a escala mundial, ocupen el segundo en
el año 2020.
– Laura es hiperquinética, madre de dos hijos, esposa cumplidora
y trabajadora full time de una empresa, “siempre tengo a mano Ibu-
profeno, cuanto más alta la dosis mejor. Sirve para cualquier dolor, te
saca el malestar, el dolor de cabeza, de espalda, de todo. Y tomo Rivo-
tril o Alplax para bajar la ansiedad, los miedos”, también toma Sertal
Compuesto o Buscapina, “Amoxidal 500 cada 8 horas si me resfrío y
un Oxa si estoy muy tensa. Cuando estoy muy cansada y debo seguir,
nada como una Aspirina”.

·19·
INTRODUCCIÓN

La sociedad como comunidad imaginada está sustituyendo a la co-


munidad de verdad. Quizás hoy estamos construyendo la ciudad, pero
no estamos construyendo los espacios de la socialidad.
Hacer ciudad supone proteger las comunidades de proximidad. La
consolidación de la escala barrial y la producción de sus sitios son
fundamentales para el desarrollo de las redes sociales urbanas. La
configuración de un espacio público propicio para la vida colectiva es
una condición para producir ciudadanía y superar el estado de aglo-
meración anómica en que vive la población.(*)

·20· El gregarismo es un rasgo de la condición humana. Los seres hu-


manos se fecundan y potencian en sociedad. Por condicionamiento
genético o por adaptación para la supervivencia, desde sus orígenes
la población aparece agrupada en comunidades tribales, establecien-
do sus relaciones sociales, ceremoniales y productivas en el espacio
comunitario.(**)
Existe en los humanos un instinto de “afiliación” similar al obser-
vado en diversas especies animales. La opinión mayoritaria de los
antropólogos coincide en que, en el origen, las personas se agruparon
para sobrevivir y reforzarse en el logro de necesidades compartidas.
Desde allí y para siempre, el grupo se convierte en marco de referencia

* La comunidad es la forma primigenia de agrupamiento humano.


Se denomina así a determinados grupos caracterizados por una fuerte cohesión. Se aplica
también a agrupamientos sociales localizados en diferentes magnitudes territoriales como el
barrio o la ciudad. En estos casos, la noción de comunidad enfatiza los vínculos sociales, histó-
ricos y afectivos.
Según el Diccionario de Ciencias Sociales y Políticas (Torcuato Di Tella y otros).

** Dice Nels Anderson: los comienzos de la vida en comunidad se pierden en el misterio.
Se sabe que la humanidad primitiva estaba dividida en gran número de pequeñas comunida-
des. Este mosaico soportó todo el período de evolución del género humano y creó las circuns-
tancias que habrían de traer cambios en su cerebro.
Inclusive el lenguaje debió su desarrollo a las necesidades de comunicación que planteaba
la vida en común.
y configura un imaginario social que define, en términos culturales,
el comportamiento de sus miembros.Esta forma de vivir en sociedad
lleva más de 100.000 años y no cambiará.(*)

Históricamente las ciudades dispusieron de numerosos lugares


aptos para la convivencia. Las plazas, los atrios, las calles aún no
amenazadas por los atosigamientos del tránsito constituían parte de
la oferta espacial que la ciudad hacía para el encuentro de sus ha-
bitantes. Lamentablemente, en la actualidad el espacio colectivo ha
entrado en crisis. Las ciudades han sufrido una transformación pro-
funda y desfavorable, impuesta por la irrupción del tráfico automotor
y por las malformaciones emergentes de un crecimiento anárquico,
producto de poderosas presiones mercantiles que han perjudicado
sustancialmente la calidad de vida y las posibilidades convivenciales
de la población.
La construcción de la ciudad es un aspecto central de la econo-
mía. A través de su capacidad de absorber ganancias excedentes, ha
desempeñado siempre un importante papel en las dinámicas de acu-
mulación del capital. Cada onda de expansión económica desata una
desaforada etapa urbanizadora que, careciendo de regulación esta- ·21·
tal, acarrea todo tipo de problemas ecológicos y sociales. Es así que
las ciudades fueron híperextendidas mediante inmensas operaciones
especulativas basadas en el loteo indiscriminado de los sucesivos
cinturones rurales.

Los costos económicos, sociales y psicológicos son enormes y


hoy los estamos pagando. La población debe invertir muchas horas
de su vida en salvar grandes distancias, combinando trabajosamente
diferentes medios de transporte que tramo a tramo la acercan a des-
tino. El tiempo de sus recorridos es cada vez más largo. Las ciudades
mayores dependen de un transporte enrevesado y difícil que cuando

* Toynbee señala que el hombre es un ser anhelante de raíces, un ser conviviente que no tolera
el estado de desarraigo que caracteriza a la gran ciudad y que amenaza con volverlo loco o
incitarlo a tomar caminos criminales.

Según Eric Fromm el ansia de relación es el deseo más poderoso en el hombre, la pasión
fundamental, la fuerza que aglutina a la especie humana, al clan, a la familia, a la sociedad. El
fracaso en conseguir esa unión puede significar la locura o la autodestrucción.

Para José Eduardo Abadi, una de las condiciones del bienestar es el vínculo comunitario, la
empatía con el semejante, latir en conjunto. No podemos ser si no somos en relación con los
otros. En la medida en que no logramos enlazar nuestra subjetividad con la de los demás, que-
damos aislados.
fracasa, como ocurrió con el plan Transantiago (Santiago de Chile, año
2006), determinan su colapso casi total.(*)
Alexander Mitscherlich señala que “la temprana limitación del
tráfico privado y su canalización hacia medios de transporte público
de amplia eficiencia hubiese evitado los problemas del tráfico urbano
antes que el conflicto se desarrollara. Por el contrario, se gastaron
millones en imponer la ficción de que el transporte urbano se resolvía
mediante los vehículos particulares”54.
Sólo han transcurrido siete décadas desde que el tránsito moto-
rizado inició la invasión masiva del espacio público. Hoy el auto ha
impuesto su modelo de vida (**). El espacio peatonal ha quedado redu-
cido a las veredas, angostas fajas de refugio donde los ciudadanos,
transformados en flujos, caminan o se detienen al compás del semá-
foro. En palabras de Rob Krier, “el abismo creado entre las inversio-
nes realizadas para los automóviles y las destinadas a atender otras
necesidades humanas nos augura que, cuando esta sociedad trate de
volver a vivir social y razonablemente tendremos que pagar un altísi-
mo precio para la restauración del espacio urbano”41.
La habitabilidad del espacio público ha sido la primera víctima co-
·22· lateral de estos procesos, desprotegida por los administradores urba-
nos que, casi siempre faltos de decisión para enfrentar los influyentes
intereses afectados por la planificación, se reducen a asegurar los
servicios básicos, desbloquear el tránsito y acelerar sus flujos. Es así
que se construyen autopistas que seccionan los barrios y se asfaltan
adoquinados históricos, muchas veces destruyendo áreas socialmen-
te consolidadas, en busca de más carriles y mayor velocidad. El interés

* El problema de la aglomeración del tránsito no es nuevo. Según Allan Nevins, hasta principios
del siglo XX las ciudades aún dependían de los caballos para el transporte. El neoyorquino tenía
a su disposición cerca de 1400 carruajes particulares, 500 vehículos con líneas regulares, 500
carros de tranvías a caballo. Los lentos vehículos de tracción a sangre se aglomeraban hasta el
sofoco en las calles principales y cubrían el pavimento de excrementos y suciedad.

** El primer automóvil Ford T se produjo el 1 de octubre de 1908. Hasta el año 1915 sus faroles se
encendían con acetileno y hasta 1919 se arrancaba con manivela.
En 1908, con el comienzo de la irrupción automovilística, el director de policía de Berlín, Von
Stubenrauch, publicó el siguiente bando: “El centro de la calle está reservado en primer lugar
para el tráfico de vehículos. Por ello el peatón evitará cualquier permanencia superflua en él y
lo cruzará por el camino más corto, es decir, perpendicularmente y no en diagonal.
Esta disposición anunció el comienzo de una época cuyo lema sería “mantente pegado a
la pared”.
Según el sociólogo Gary Gereffi, el proceso de masificación en el uso de los automóviles
quedó establecido en la década del ´60, cuando la industria automotriz se erigió en el modelo
industrial de la producción en masa.
La constitución de las cadenas productivas post fordistas dio el marco para el principio de la
globalización.
por el espacio peatonal se limita a las áreas históricas y centrales,
relacionadas con los ingresos que provee la industria turística.
La decadencia del espacio público ha debilitado las redes sociales,
aunque permanece invariable su potencial como condensador de la
vida colectiva. Si bien las actividades comunitarias no se organizan
en la calle sino en las instituciones barriales, los vínculos primarios se
enlazan previamente en la proximidad que ofrecen la vereda y la plaza
del barrio, un paso previo al desarrollo de las organizaciones locales.

Los cambios emergentes de la sociedad tecnológica han originado


un nuevo espacio público virtual, que cancela los vínculos de proxi-
midad y fomenta el repliegue individual. Las redes sociales virtuales
son híperabundantes, pero descomprometidas y efímeras. Convocan
a sus usuarios a través de temas de interés, pero carecen del valor
identitario y organizativo de las comunidades barriales.
La comunidad urbana necesita soporte espacial. No podemos
aceptar la pérdida del territorio del encuentro y la comunicación es-
pontánea, los espacios de proximidad. Como dice Roberto Frangella
“la expresión mayor de la vida ciudadano es el encuentro en los espa-
cios de participación comunitaria, poder encontrarse con los otros, ·23·
intercambiar, compartir y comunicarse, sentirse parte unos de otros.
Compartir la vida da plenitud y sentido a cada día. Es imprescindible
que la ciudad ofrezca espacios de encuentro de los que el habitante
pueda apropiarse. Cuantos más espacios públicos tengamos más hu-
manos y sociables seremos”.
Todas las vertientes de las ciencias sociales señalan que la depri-
vación del espacio colectivo afecta la salud psicofísica de la población
y resulta perjudicial para la producción de ciudadanía. Desde la psi-
quiatría, José Luis Pinillos advierte que “los efectos de la desintegra-
ción social sobre los trastornos mentales no son especulaciones. La
relación causa efecto está por desgracia demasiado bien documenta-
da en este orden de cosas”60. La inclusión social adquiere un significa-
do terapéutico para un ciudadano inmerso en un clima generalizado
de indiferencia social. Desde lo sociológico R. E. Park señala que “la
ciudad favorece los desarrollos individuales, pero determina un ma-
yor riesgo de marginación y patologías mentales que se traducirán en
desorganización moral y familiar. De ahí la importancia de las comu-
nidades locales, factores aglutinantes que equilibran las tendencias a
la segregación y al anonimato presentes en el medio urbano”2.
Existe una divergencia fundamental acerca del sentido del espa-
cio público: el idioma cotidiano suele igualar las expresiones “espacio
público” y “espacio social” sin percibir que con la primera se alude a
la “vía pública”, es decir, al derecho de circulación, mientras que la
segunda privilegia el uso comunitario, el derecho de instalar en él la
vida social y las actividades públicas de la población.
Si se trata sólo de un espacio de tránsito, la vida de los habitantes
transcurrirá disociada en tiempos estancos, siempre dentro de los
edificios. Si, como lo fue históricamente, se piensa el espacio público
como hábitat de la vida colectiva, ambas vidas, la pública y la privada,
se integran en un tiempo continuo, en un espacio antropológico, físico
y temporal que asume su sentido cuando es habitado.
Esta integración no se produce en la ciudad tomada como un todo.
Es en la escala barrial donde el habitante puede hacer pie para arrai-
gar en una sociedad urbana que por lo compleja y sobredimensiona-
da le resulta ilegible y difícil de comprender. La existencia de barrios
es lo que contrarresta el pernicioso efecto del anonimato y la masi-
ficación, característicos de las ciudades grandes. Como dice Pierre
George, “la unidad básica de la vida urbana es el barrio. Siempre que
el habitante desea situarse en la ciudad se refiere a su entorno. Si
pasa a otro barrio tiene la sensación de trasponer un límite. Es por
·24· eso que los barrios poseen nombres que les confieren personalidad
dentro de la ciudad”.

Si la existencia de organizaciones barriales es la primera condición


para promover la vida comunitaria, la segunda es contar con luga-
res públicos aptos para contenerla. Hay una fuerte relación entre la
manera cómo se organiza el espacio colectivo y el desarrollo de los
vínculos sociales. La configuración de los sitios públicos condiciona
las conductas y define la subjetivación de tales vínculos. La vida se
asienta en el espacio, por lo que depende de él.(*)
Desde luego, no puede esperarse que una buena organización del
espacio colectivo asegure el éxito de la vida comunitaria, la actitud
participativa depende de factores individuales y sociales, como el
sentido de pertenencia y el nivel alcanzado por la organización barrial,
pero no cabe duda que el éxito de las convocatorias, la voluntad de
concurrir y el deseo de permanecer, dependerán en buena medida de
la disponibilidad de lugares ambientalmente contenedores y funcio-
nalmente equipados.

* Relata Edward Hall que “durante un debate parlamentario sobre obras de restauración en la
Cámara de los Comunes, Churchill expresó su temor a cualquier desviación del modelo del local
histórico que pone frente a frente a los diputados separados únicamente por un estrecho pasi-
llo, ya que podría llegar a modificar los patrones tradicionales del gobierno inglés” 102.
La relación entre la sociedad y la arquitectura, dice Richard Ro-
gers, es el espacio público, el lugar de encuentro e intercambio entre
las personas. “Lo que hoy se necesita es una institucionalización que
proteja el espacio público. Siempre me preocupo por crear lugares
para la gente, no sólo edificios para las ciudades.”
¿Cuales y cómo deben ser estos espacios promotores de la vida
colectiva? (*) Las respuestas se encuentran en la esfera del microur-
banismo, un área fronteriza entre la arquitectura y el urbanismo, que
enfoca el diseño de los lugares menores de la ciudad, la pequeña es-
cala en la que se instalan los habitantes cuando su vida se desarrolla
en el espacio público. Así como los arquitectos pueden organizar un
edificio para promover el encuentro entre sus habitantes, también
pueden inducir socialidad a través de una organización intencionada
de los ámbitos colectivos.(**)
Como señala Alexander Mitscherlich, “el reto que se presenta a
arquitectos y urbanistas es el de crear un territorio que lleve implí-
citos los presupuestos para convertirse en una patria para sus ha-
bitantes”54. Es en este campo donde, con el apoyo de las disciplinas
convergentes, son irremplazables para aportar al desarrollo de un
modelo humanizado de hábitat urbano. ·25·

* Lefebre señala la conveniencia metodológica de abordar el fenómeno urbano a partir de las


propiedades formales del espacio. Es que la forma urbana influye sobre las percepciones de los
ciudadanos, condiciona sus comportamientos y desplazamientos y determina la jerarquización
de los lugares de la ciudad.

** De un reportaje al arquitecto catalán Joseph Acebillo.


— En Barcelona el espacio público cuenta mucho. El clima es muy bueno y a todos nos gusta la
calle...
— ¿Cómo hicieron para transformar tanto a Barcelona?
— Ganamos espacio público. Entre el año ´80 y el ´87 diseñamos y construimos ciento cuarenta
lugares nuevos, pequeñitos a veces. Placitas, mínimos espacios para que todo el mundo tuviera
cerca de su casa un respiro público, pavimentado, con árboles, con una fuente para beber, con
un banco.
— ¿Tiraron construcciones abajo?
— Muy pocas veces. Construimos sobre huecos que existían, espacios residuales. Hemos tra-
bajado mucho sobre la instersticialidad, espacios aparentemente sin valor para convertirlos en
espacios públicos significativos.
1
La crisis de
la vida urbana
en la era de
la globalización
Capítulo I
La globalización como contexto de la vida urbana

Capítulo II
Los factores globales de disgregación social

Capítulo III
Los factores urbanos de alienación social
·I·
LA GLOBALIZACIÓN COMO
CONTEXTO DE LA VIDA URBANA

1. La globalización económica

La globalización es un proceso que crece y se ha acelerado mucho en


los últimos diez años. Según Eric Hobsbawm, el reconocido historia-
dor inglés, en el año 2050 estaremos más globalizados y en el 2100
mucho más. La tendencia expansiva es intrínseca al capitalismo. Ya
existieron etapas en el pasado, pero la difusión instantánea de infor-
mación y el masivo desarrollo tecnológico y científico le han impartido
una aceleración inédita.
La abolición de las distancias y el tiempo es el resultado de los re-
volucionarios perfeccionamientos en el transporte y las comunicacio- ·27·
nes, que han llevado a los actuales niveles de globalización (*). La inno-
vación más influyente es la que permitió descentralizar la producción
industrial en escala global, más allá de la localización de las casas
matrices. Hoy es habitual diversificar la producción de componentes,
por ejemplo motores, y hacerlos converger donde se quiera, proce-
diendo allí al armado final.(**) Esta evolución no hubiera sido posible sin
la mejora espectacular de los sistemas informáticos, que permiten
controlar todos los aspectos de un proceso productivo disperso en
países diferentes.

En lo económico, la globalización supone el dominio de un pe-


queño grupo de naciones sobre el conjunto de los mercados mun-
diales. Hasta ahora, los EEUU han liderado ese grupo, basados en

* Según Hobsbawm “el primer gran cambio se produjo con la aparición de los aviones de carga.
El mejor ejemplo es el de los productos frutícolas: desde cualquier latitud es posible importar
frutas tropicales, australes o boreales con independencia de la temporada. El transporte aéreo
permite traer esos productos frescos a los hogares”. [36]

** Ya en los años 70, la Volkswagen tenía instaladas fábricas en Argentina, Brasil, Canadá, Ecua-
dor, Egipto, México, Nigeria, Perú, Sudáfrica y Yugoslavia.
En Manaos, Brasil, en la selva amazónica, se fabrican textiles, juguetes y electrónicos para
compañías estadounidenses, holandesas y japonesas.
la preeminencia del dólar como moneda universal y en que son y se-
guirán siendo por mucho tiempo la potencia sin competencia desde el
punto de vista militar.(*)
Sin embargo, prestigiosos analistas coinciden en que esto no po-
drá sostenerse en el largo plazo. EEUU es actualmente una poten-
cia endeudada que estuvo viviendo muchos años por encima de sus
posibilidades y que representa un porcentual cada vez menor de la
economía mundial. En el período 2003/2008 creció un 15%, mientras
China lo hizo un 64%, India un 52%, Rusia un 41% y Brasil un 25%.
China, en particular, se ha convertido en una gran potencia, inclusive
en materia militar. Hoy es el mayor exportador del mundo y se calcula
que en el año 2011 se convertirá en el primer productor mundial de
automotores. También la India es una potencia regional con enormes
recursos humanos, que dispone de una verdadera originalidad en el
terreno de la tecnología y la investigación. La Federación Rusa se re-
constituye rápidamente y en Sudamérica el MERCOSUR, liderado por
Brasil, es un proyecto que se consolida, pese a las presiones ejercidas
por EEUU, que desde hace más de un siglo, detenta la hegemonía con-
tinental.(**)
·28·
En el hemisferio norte estalló en el año 2008 una inmensa bur-
buja especulativa. La onda expansiva cubrió el mundo. En palabras
del economista Daniel Muchnik: “frente a la incredulidad de muchos,
primero se pinchó la burbuja inmobiliaria y se derrumbó la burbuja
accionaria. Luego la de los bonos, después las monedas y al final las
materias primas. La banca de inversión se fue desmoronando como
un castillo de arena. Las cinco mayores entidades Merril Lynch, Leh-

* Según el politólogo Juan Gabriel Tokatlián: “Estados Unidos tiene 860 instalaciones militares en
el mundo (15 grandes, 19 medias y 826 pequeñas); algo que ninguna gran potencia aspirante o
conjunto de potencias tiene. Se agregó en 2007 el US African Command, al tiempo que en 2008
se reactivó para el área de América Latina la IV Flota desactivada en 1950” 103.

** En el año 2004 Jeffrey Sachs pronosticaba que “pese a su riqueza y su poderío militar EEUU
irá perdiendo su capacidad de proyectar presencia política. Su presupuesto está en crisis
gracias a los gastos militares. Estamos tomando préstamos masivos en el exterior, sólo los
bancos asiáticos nos han comprado bonos de deuda por más de un billón de dólares”. [104]
“EEUU no podrá posponer eternamente su inevitable declinación. El resto del mundo lo está
alcanzando“.

Tras el estallido de la crisis del 2008, Paul Krugman confirmaba el pronóstico de Geoffrey
Sachs: “durante la mayor parte de la última década EEUU fue un país de tomadores de créditos.
Ahora estamos en problemas. Si quieren ver lo que haría falta, miren el ´programa de obras
públicas´ conocido como Segunda Guerra Mundial”. [105]
man Brothers, Morgan Stanley, Bear Stears y Goldman Sachs fueron
absorbidas o ingresaron en quiebra”106. (*)
A partir del derrumbe, el postulado de dominio unilateral está
siendo discutido por una nueva lógica multilateral.
Miguel Bein señala que “América Latina quedó del lado bueno del
rompecabezas mundial por los efectos de la integración de China e India
al mercado global. Éramos un país que desde 1930 no podía vender lo
que era capaz de producir y hoy nos cuesta organizarnos para producir
lo que estamos en condiciones de vender. La región es complementaria
con la mitad de la población mundial que crece al 8%, aunque ya no le
venda tanto a la mitad que crece el 2,5%, el grupo de los países ricos”.

La globalización ha intensificado la concentración de la riqueza.


Las empresas mundiales absorben a las nacionales y en todo el mundo
la brecha de ingresos promedio entre ricos y pobres se agranda rápi-
damente a expensas de la exclusión de centenares o miles de millones
de seres humanos. Las consecuencias son tan graves que el Vaticano
ha declarado “pecados sociales a las desigualdades económicas que
alimentan una insostenible injusticia social”. L´Osservatore Romano
reconoce esta realidad como “un corolario del inevitable proceso de ·29·
globalización”.
Los países que tratan de dar protección a sus poblaciones intentan
no ser superados integrándose en bloques regionales. Parece claro
que sólo a través de estas uniones tendrán la posibilidad de oponer-
se con éxito a la explotación extranjera de sus recursos nacionales,
ya que a nivel global no se percibe ninguna tendencia real a unificar
las Naciones en una autoridad política mundial.(**) Prácticamente no

* Declarada la crisis, George Soros observaba: “terminó una época de organización global basada
en el dominio del dólar.
El consenso de Washington impuso una disciplina a todos los miembros de la economía glo-
bal excepto a EEUU que tenía el dólar como divisa aceptada por los demás. Por esta vía acabó
utilizando todos los ahorros del mundo para apoyar el consumo interno”.[107]
Tras la crisis, según Ana Baron, en EEUU la pobreza subió el 14,3 % en 2009, eso significa que
uno de cada 7 de sus habitantes es pobre. Las estadísticas oficiales son devastadoras. El des-
empleo sigue aumentando y la situación social deteriorándose. Mientras tanto cientos de miles
de viviendas están vacías y las tasas de ejecuciones hipotecarias están en aumento: 2 millones
perdieron sus casas en 2008, 2,8 millones en 2009 y se espera aún más para 2010.

** En términos teóricos, dice Hobsbawm, “ya hay quien ha tratado de imaginar un planeta donde
las unidades no estén constituidas por países sino por grandes grupos empresariales: las 200
empresas internacionales más importantes, circundadas por entidades económicas menores,
pero multinacionales, tipo Benetton, y un tercer círculo de pequeñas empresas con acceso al
mercado global a través de internet”. “Este mundo sería altamente inestable. Cualquiera de los
gigantes actuales de la economía global, GM, Ford, IBM, Microsoft, puede sufrir cambios impor-
tantes en sus estructuras o desaparecer en plazos breves”.
existen instituciones políticas globales con poder real. La más impor-
tante, la ONU, que obtiene su poder de los Estados existentes, sólo es
respetada cuando sus decisiones no se oponen a las políticas nacio-
nales. Los países centrales ni necesitan desobedecer, ya que, como
miembros privilegiados del Consejo de Seguridad, cuentan con poder
de veto(*). Un conocido ejemplo es el de EEUU que, con casi el 99% de
los países del mundo en contra, mantiene el bloqueo a Cuba desde
hace medio siglo.

2. Las sociedades nacionales ante la globalización

Coexisten en el mundo dos sistemas conflictivamente interconec-


tados: uno globalizado que tiende a unificar la economía mundial y
otro pluralista, formado por los Estados que defienden sus autono-
mías. El primero presiona sobre los países que conforman el segundo
para determinar sus políticas económicas.(**)
Hobsbawm afirma que “la idea de que contra la globalización
no se puede actuar es errónea. De hecho, dentro de ciertos límites,
los gobiernos lo hacen con regularidad, ya que sus autoridades po-
·30· líticas están comprometidas por la democracia electoral y deben
atender a los intereses de la población si pretenden seguir gober-
nando”. Su problema consiste en cómo manejarse cuando ciertas
empresas globales, tan poderosas como los mismos países, los
obligan a negociar, utilizando su poder para actuar en contra de la
gobernabilidad por vía económica, financiera y mediática, cultivan-
do descontentos y creando situaciones de crisis. Es sabido que la
responsabilidad por la inseguridad social recae siempre sobre los
gobiernos.
El más profundo y significativo de los problemas de los Estados
democráticos estriba en la distribución de la riqueza. No hay duda de
que el Estado es el único protagonista capaz de redistribuir, compen-
sando los estragos sociales que produce una economía abandonada a

* Noam Chomsky señala que en las Naciones Unidas, “EEUU es el país que por lejos más vetos
produjo en una amplia variedad de cuestiones. En los primeros tiempos de la ONU podíamos
contar con el acuerdo de otros países. Como ahora no podemos, determinamos por nosotros
mismos”.

** Dice Osvaldo Bayer: el continente africano está siendo devorado por las naciones centrales.
Compran los mejores campos con arroyos o fuentes de agua en los que cultivan alimentos bá-
sicos que exportan a sus respectivos países.
Ya se han superado los 20 millones de hectáreas, condenando al destierro y a la lucha contra
el hambre a los habitantes africanos que cultivaban allí sus alimentos.[109]
sus propias leyes. No en balde el ultraliberal presidente Reagan insis-
tía en que “el gobierno no es la solución sino el problema”.
Lo que el Estado de Bienestar puede proporcionar es muy superior
a lo que las personas podrían obtener por sí solas en una sociedad
neoliberal. Se trata de un Estado regulador, planificador y recaudador
que capta buena parte de los ingresos nacionales y los redistribuye
por la vía de los salarios, los seguros de desempleo, el crédito barato,
los subsidios y un amplio abanico de servicios sociales. (*) En la actua-
lidad no se vislumbra otra alternativa realista para la distribución de
la riqueza. Las propuestas de neto corte socialista, donde las eco-
nomías nacionales quedan en manos del Estado, no están pudiendo
superar el colapso del modelo soviético, la descalificación mediática,
ni las sanciones económico políticas que les dispara el sistema que
intentan sustituir. (**)

3. La globalización de los valores neoliberales

¿Cómo se explica la relativa aceptación social de un ideario que,


como el de la globalización, actúa en contra de los intereses de las
mayorías ciudadanas? ·31·
Desde hace más de cuarenta años las empresas y los economistas
del mercado han orientado su labor hacia la formación de opinión pú-
blica intentando, a partir de la forma como constituyen los relatos, in-
corporar sus ideas al sentido común. Se trata de un discurso que ter-
mina siendo apropiado por buena parte de la población, desenfocada
de las claves de la realidad por una reiteración mediática que apunta
contra todos los vínculos que no se basen, como decía Adam Smith,
en la natural inclinación del ser humano a comerciar y perseguir el
placer personal. Como apunta Pierre Bourdieu: “se pretende que la
visión neoliberal es algo evidente y sin alternativa posible porque exis-
te un trabajo conciente de inculcación simbólica para imponer como
obvios los presupuestos del pensamiento conservador”.

* Carl Honoré señala que “a fines de la década del 90, Francia dio el audaz paso de limitar el
horario de trabajo a 35 horas semanales. Hoy, los empresarios franceses se quejan de que la
“Revolución del ocio” ha hecho que Francia deje de ser competitiva y que el flujo de inversiones
haya disminuido por el alto costo de la mano de obra francesa.
Esta experiencia pone de manifiesto la dificultad de tomar una postura nacional contra las
normas que rigen el mundo globalizado” [37].

** Phillippe Starck, desde su visión de diseñador, observa agudamente que “el socialismo cayó por
culpa de la mala calidad del primer prototipo. Si yo tirase la toalla cada vez que me sale mal el
primer prototipo, no haría nunca nada” [110].
Políticamente el secreto está en dominar el aparato de comunica-
ción, el mayor instrumento de poder de nuestro tiempo, con su capaci-
dad de colonizar la percepción y la subjetividad de las personas. Su éxito
más acabado se produce cuando las ideas impuestas se transforman
en lugares comunes, porque entonces parece que han existido siempre.
Quien pretenda cambiarlas estará subvirtiendo el orden natural.
La producción del nuevo imaginario social se irradia desde diver-
sos ámbitos:
– En primer lugar, el escenario de la percepción sensible pasa a ser
dominante, alejando toda posibilidad de análisis.(*) Su manipulación
constituye el factor más relevante para la inserción mediática de los
políticos. Las elecciones no las ganan las ideas sino poderosos grupos
económicos que promueven al campo de la política a figuras de alta
penetración popular. La baja de la militancia hace que las campañas
queden en manos de quienes disponen de los recursos para financiar
su publicidad.(**)
Según el politólogo Alain Uhamel, asistimos a una transformación
desde la democracia representativa a la de opinión, que hace que las
propuestas de un partido resulten de los sondeos previos. Es la vic-
·32· toria de la imagen sobre el proyecto político, de la subjetividad sobre
la racionalidad.
– La instalación del miedo es otro éxito propagandístico. Bourdieu12
señala que “la imagen de un mundo lleno de delitos y odios raciales,
se introduce poco a poco como una filosofía pesimista que estimula el
retraimiento político y la resignación” (***).
Es evidente que un ciudadano con miedo se hace mucho más ma-
nipulable, menos crítico y está dispuesto a transferir más libertad que

* Según José Pablo Feinmann, el film The Truman Show, dirigida por Peter Weir, metaforiza el
enorme poder de convicción de la manipulación mediática. “A Truman le crean su entorno y su
vida en un enorme set televisivo. Weir demuestra que se puede crear una realidad ficticia a
partir de los medios de comunicación” [111].

** En el año 2010, el tribunal supremo de los EEUU ha permitido a las grandes empresas financiar
sin límites las campañas políticas. Según el presidente Obama: “el tribunal aplicó un duro golpe
a los esfuerzos por controlar la influencia de las empresas en el quehacer político del país.
Hasta las empresas extranjeras podrán participar de ello. Esto significa que cualquier funcio-
nario público que tiene la valentía de oponerse a los intereses particulares y defender al pueblo
puede ser atacado en el momento de las elecciones” [112].

*** Ha quedado atrás la vieja prédica de Frankling Delano Roosevelt: “Lo único que tenemos que
temer es al temor mismo, un temor desconocido, irrazonable, injustificado, que paraliza los es-
fuerzos.” Desde el 11/09/2001 una voz invade cada cinco minutos los aeropuertos de los EEUU.
Como si se tratara del pronóstico de la temperatura, la voz informa el grado o nivel de ame-
naza de atentados terroristas.
De lo que se trata, en realidad, es del pronóstico del miedo.
un ciudadano normal. Ello no puede menos que afectar las condicio-
nes de la vida urbana, propendiendo al aislamiento de la población y
a la desconfianza hacia el colectivo social. La ilusión de un mundo de
delincuencia y violencia aumenta las ansiedades y las fobias y hace
desear que la política quede en manos de los especialistas.
– El discurso neoliberal ha realizado un inmenso trabajo para el
debilitamiento de las estructuras colectivas establecidas. Su estra-
tegia mediática apunta a identificar la libertad con el individualismo,
generando un equívoco que convierte el debate público en una discu-
sión falsa. Guiadas por la engañosa propuesta de una libertad indivi-
dual ilimitada, las personas se despolitizan y apartan de la vida pú-
blica, diluyéndose como sujetos capaces de asociarse para intervenir
en las decisiones políticas. El discurso elude expresiones en contra
de la participación, pero la identifica con los inofensivos mensajes de
veinte segundos que los oyentes envían a las emisoras y que éstas
seleccionan antes de lanzarlos al aire.(*)
– Como dice el lingüista norteamericano Noam Chomsky, “se está
plasmando una especie de neodarwinismo social expresado en el
concepto de meritocracia. Deben dirigir los mejores y más exitosos” 18.
Se ha inducido el tener dinero como un nuevo valor para medir el éxito ·33·
ya que, se dice, todos pueden obtenerlo si se han preparado y trabajan
duro. Desde esta ética todo induce a la población a ocuparse de lo
propio y delegar los público en los lideres del mercado.(**)
La irreversibilidad de esta situación –dice Chomsky– está fundada
en el crédito y en la especulación de bolsa. En el crédito porque mien-
tras impulsa la cultura del consumo estimula el endeudamiento de la
población. En la especulación porque la inversión del ahorro y los fon-
dos jubilatorios en acciones y bonos de Bolsa, destruye toda base soli-
daria. Si tengo mi jubilación invertida en determinada compañía, quie-
ro que esas acciones suban, aun sabiendo que para que esto ocurra
deben empeorar las condiciones de sus trabajadores. De este modo,
se unifican los intereses de la gente con los de las corporaciones”.18
La adicción a esta forma de obtener dinero se ha convertido en un
fenómeno incontenible. El porcentaje de estadounidenses actualmente

* Según la antropóloga Rosalía Winocurt, “un ciudadano mediático piensa desde lo inmediato. No
milita políticamente sino que escucha la radio, mira la TV y llama a los medios, generalmente para
quejarse”. Esa forma de participación hace que la cosa pública tenga lugar desde la cocina.

** Bourdieu señala que el mercado propone basar la legitimidad en la autoridad de la ciencia eco-
nómica. Estas elites dicen “quiero que Francia sea un país serio y feliz. Las personas formadas
sabemos dónde reside la felicidad del pueblo que, a veces ofuscado por algunos deseos incum-
plidos, no se da cuenta de lo feliz que es” [13].
vinculado con la especulación bursátil llega casi al 60%. No hay duda
que la idea del ahorro masivo invertido en acciones financieras es una
obra maestra del neoliberalismo.

4. La globalización del trabajo

Entre los medios de producción de la era tecnológica, los seres hu-


manos son cada vez menos necesarios. Constituyen el único factor
cuyos costos no se pueden reducir más allá de los umbrales de super-
vivencia, razón por la cual la presión para eliminarlos es enorme.
Más beneficios y menos puestos de trabajo han sido siempre una
tendencia de la economía capitalista. Sustituir gente por máquinas es
su lógica productiva. La novedad que introdujo la globalización reside en
que el universo de la producción ha sido desterritorializado y que, a partir
de la conversión de las grandes empresas en “empresas-red” de escala
mundial, se han puesto en crisis la estabilidad del trabajo y el salario. El
miedo al despido está presente en todo momento y en todas las mentes.
La deslocalización del trabajo hacia los países con salarios más
bajos, ha planteado un nivel internacional de competencia entre los
·34· trabajadores. En palabras de Bourdieu, “el trabajo se ha convertido en
un privilegio. La precariedad laboral ha instituido un estado generali-
zado de inseguridad y temor que no tiene precedentes. A este modelo
se le llama ´flexibilidad´, es decir, facilidad de despido e imposición de
horarios irregulares. La competencia de los trabajadores de países
con conquistas sociales y organización sindical contra los de países
sumergidos, rompe las resistencias y consigue obediencia. Hoy, como
hace un siglo, se les vuelve a ofrecer un modelo desregulado donde se
trabaja 12 hs. diarias” 13 (*).

5. La globalización de la cultura

Se trata, ante todo, de un efecto emergente de las nuevas tecnolo-


gías de comunicación. Todo refleja la hegemonía cultural de los EEUU.
Según Hobsbawm, “actualmente los EEUU lideran la cultura global y

* El teletrabajo cumple un rol cada vez más importante en el descompromiso de las empresas
con sus trabajadores.
En todo el mundo las grandes empresas persiguen el objetivo de promover el teletrabajo
como la nueva forma de organización laboral.
Un análisis de Robert Half International indica que el teletrabajo y los horarios flexibles son
el tercer incentivo que las empresas ofrecen a su personal para informalizar sus vínculos labo-
rales, sólo superado por los Bonos y los días extras de vacaciones.
tienen grandes posibilidades de continuar haciéndolo, sustentados
en la mundialización del idioma inglés y en la conducción del universo
informático, fuertemente concentrado en ese país.
La homogeneización cultural es muy fuerte. Hoy en día los medios
satelizados proyectan en simultáneo los mismos programas televi-
sivos y comparten la red unificada de Internet. El fútbol es el mejor
ejemplo: si bien las reglas del deporte, por su naturaleza, están muy
homologadas, el público de un encuentro de fútbol se comporta de
idéntico modo en cualquier lugar del mundo. En la intimidad de nues-
tras viviendas la recepción de nuestras pantallas nos da una visión
de lo que ocurre en el otro extremo del planeta. Como dice Marc Augé
“hoy Texas, Washington, Moscú o el desierto de Arabia nos resultan
conocidos aun que no hayamos viajado. Esta super abundancia de
conocimiento espacial funciona como un engaño. Constituye un sus-
tituto de los universos culturales verdaderos, recortados de sus iden-
tidades y del sentido que asumen para sus habitantes.”

Los jóvenes fueron un factor clave en la mundialización de la cul-


tura popular, ahora basada en el entretenimiento y el consumo de
masas. Los jeans y el rock se han convertido en marcas de la juventud ·35·
en todo el mundo, el pop art se introdujo en las trampas visuales de
la comercialización, los sonidos que acompañan la vida urbana son
los de la música comercial, el inglés de las letras de rock ni se tradu-
ce. En el consumo cultural predomina lo que ha sido diseñado para la
reproducción.
García Canclini señala que la globalización redefine lo que se en-
tiende por arte tanto en occidente como en oriente. Vivimos un tiempo
de interdependencia global en el que estamos confrontados con mu-
chas etnias y formas culturales simultáneamente. “El arte interactúa
con el mercado, con la moda, con los medios y con públicos diversos
de países diferentes, culturas heterogéneas lo reinterpretan y dialo-
gan entre sí. De tal manera el arte pierde autonomía y plantea una
condición nueva, característica de la globalización”.
El público de masas se encuentra sólo por accidente con los gé-
neros de la llamada alta cultura, como cuando un tema de Vivaldi
aparece en algún anuncio de televisión. “En la música clásica, dice
Hobsbawm, la decadencia de los viejos géneros parece oculta por el
aumento de sus intérpretes, pero la producción operística y sinfónica
se ha reducido”.36 Lo contrario ocurre con la música popular, donde
nos encontramos ante un fuerte desarrollo del sincretismo. Es el caso
de las músicas urbanas, una mezcla de repertorios configurados por
la fusión de elementos locales con otros de la cultura negra america-
na, blanca, latinoamericana y, más recientemente, africana e hindú,
que es impulsada con gran fuerza innovadora.
También el hábito de la lectura decayó cuando la letra impresa dejó
de ser la principal puerta de acceso al mundo. La literatura y el teatro
fueron suplantados en buena medida por las pantallas del cine, las de
la televisión, la computadora personal y las del teléfono celular.(*)
Hoy vivimos en un universo abigarrado y diverso. Las impresiones
nos llegan de todos los frentes, imágenes, titulares, anuncios, el so-
nido de los auriculares. Luz, voz, letra y sonido, todo se superpone
y todo es asimilado simultánea y periféricamente. La vida cotidiana
está impregnada por una multiplicidad de impresiones sensoriales.
Nunca ha sido tan difícil abstraerse, eludir las experiencias que na-
cen de la estimulación continua de nuestros sentidos. Los artistas,
espectadores y lectores no buscan narrativas claras que lleven a des-
enlaces unívocos, los enunciados se abren hacia la ambigüedad. El
gusto contemporáneo prefiere los finales inciertos.

Como parte de un mundo hipercomunicado también las imágenes


·36· del espacio construido tienden a uniformarse. En los cinco continen-
tes se habla de una sola arquitectura, sustentada en la mundializa-
ción de la alta tecnología y en la búsqueda de individuación y especta-
cularidad. Los comienzos del siglo XXI están marcados por la cultura
del mercado, produciendo esa arquitectura antojadiza, espectacular
y altisonante, concebida para ser mirada y robar cámara. Muchas
creaciones de grandes arquitectos del presente como Frank Gehry,
Daniel Libeskind, Norman Foster, Zaha Hadid, Herzog & De Meuron,
Rem Koolhaas o Santiago Calatrava ejemplifican a la perfección esta
tendencia.
La arquitectura es una de las manifestaciones de uniformidad
cultural más globalizadas. Hobsbawm señala que “los pasajeros que
arriban a un aeropuerto no pueden percibir en qué país se encuentran.
Su concepción espacial, los repertorios de diseño y los mecanismos
organizativos están uniformados, por todas partes se ven los mismos
lugares, los letreros en idioma inglés, las mismas tiendas y parecidas

* Gilles Lipovetsky señala que la lectura ha perdido gran parte de su prestigio. No aparece como
el entretenimiento favorito en ninguna categoría de la juventud, incluso las más cultivadas.
Un autor norteamericano se pregunta “¿acaso Google nos hace tontos? Antes yo leía libros,
ahora quiero encontrarlo todo en cinco minutos”. Es así, buscamos informaciones inmediatas,
pero el libro exige tiempo. La gente quiere tener acceso a todo rápidamente, hasta hay libros en
cuya tapa se promete explicar Platón en dos páginas: eso es el espectáculo. [113]
multitudes étnicas. En todos lados el aire acondicionado anula la di-
ferencia climática” 36.
El antropólogo Marc Augé, creador de la expresión no lugar apun-
ta que proliferan los no lugares, en un mundo donde se nace en la
clínica, se muere en el hospital, las ocupaciones son provisionales y
proliferan los super-mercados. Su frecuentación no tiene precedente
histórico, espacios para una individualidad solitaria y carente de me-
diación humana. Basta con un cartel o una pantalla. Los no lugares
son invadidos por textos y automatismos entre los cuales se circula
silenciosamente, se consultan las pantallas que indican los precios,
se paga con tarjeta de crédito a una mujer silenciosa y se opera en
cajeros automáticos que se despiden con un digital: “gracias por su
visita”. Es en esos momentos cuando nos invade el deseo de retornar
a nuestro barrio, nuestro ámbito de identidad.

6. El futuro de la globalización

Sabemos que una fase histórica determinada no es permanente,


que la sociedad humana es una estructura evolutiva y que el presente
no es un puerto de arribo. ¿Qué se divisa hacia el futuro? ·37·
En el corto plazo, hablamos de años, numerosos pronósticos coin-
ciden en que el pasaje al multilateralismo será mas rápido e intenso de
lo que se esperaba. Los EEUU intentarán defender su predominio. El
advenimiento de un presidente que procura consensos, como Barack
Obama, no altera las tendencias hegemónicas de su país. Así lo dio a
entender el mismo Obama en su primer mensaje, después del triunfo
eleccionario: “A todos aquellos que me miran más allá de nuestras ori-
llas,… les digo que un nuevo amanecer del liderazgo estadounidense
ha llegado”.
Quizás, como dice la economista inglesa Naomi Klein, “la crisis del
neoliberalismo detonada en septiembre de 2008 debería impulsar una
manera distinta para el progreso de nuestras sociedades, pero nada
ocurrirá si no se ejerce una enorme presión pública en el período pos-
terior”. De hecho, a dos años del estallido, la especulación financiera
no sólo sigue siendo dominante sino que, insertos en lugares clave de
los gobiernos, los banqueros que la produjeron son quienes están di-
señando las regulaciones que sobrevendrán.
A largo plazo, pensando en décadas, Hobsbawm admite que no
consigue ver claro el futuro de las relaciones políticas y culturales en-
tre los seres humanos. “Gran parte de las estructuras que teníamos
han sido destruidas por el extraordinario dinamismo de la economía
y los cambios que estamos viviendo. Nada funciona como antes y los
hombres y las mujeres no están pudiendo imaginar sus proyectos de
vida. El futuro es incierto(*). Las fuerzas históricas que han configu-
rado el siglo XX siguen actuando sobre el colosal proceso económico,
técnico y científico que sacude el mundo, determinando que el siglo
XXI se inicie con una situación de ruptura socia y síntomas claros de
que hemos alcanzado un punto de crisis histórica”.36
Entre varias tendencias que definirán los futuros campos de con-
flicto, los problemas decisivos son la pobreza, los demográficos y los
ecológicos(**). La población planetaria se estabilizará en 10.000 millo-
nes para mediados de siglo XXI, contando con reducir la natalidad del
tercer mundo. Si este límite resulta superado, el futuro se presentará
catastrófico.
El crecimiento productivo necesario para sostener los nuevos vo-
lúmenes de población tendrá efectos polucionantes irreversibles para
el entorno bioambiental, incluyendo a la especie humana. Cambiarán
las pautas de vida en la biosfera y podría llegarse a una situación de
inhabitabilidad. Hay amplio consenso científico en que el tiempo de
que disponemos se cuenta en décadas.(***)
·38· El futuro estará lleno de cambios, muchos de ellos violentos, cuya
naturaleza todavía resulta oscura. Los movimientos migratorios y la
lucha por los recursos naturales aumentarán las fricciones entre los
países centrales y los pobres. Serán un factor principal en los conflictos

* “Cuando se integren la revolución biotecnológica con la nanotecnológica, tendremos todas


las piezas para un cambio cualitativamente transformador con resultados imposibles de pre-
decir” [75].

** Dice Atilio Boron: entre las metas del milenio fijadas por la ONU para el 2015 figura reducir la
población mundial que vive con menos de 1,25 dólares por día. Ni siquiera tan insignificante
logro puede ser garantizado.
Sería interesante que los tecnócratas y el FMI explicaran cómo podría calificarse a una per-
sona que ha superado el umbral de 1,25 dólares por día. Si gana, por ejemplo, 1,50 ¿es un no
pobre por eso? El problema, en vez de afectar a mil millones de habitantes crecería extrordina-
riamente si se situara la línea de pobreza en 2 dólares diarios.
Mientras tanto los países más desarrollados nucleados en el G7 dedicaron a la cooperación
internacional apenas el 0,22% de su PBI.

*** En diciembre de 2009 se realizó la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climá-
tico, alrededor de la idea de salvar al planeta del colapso.
Los informes científicos advirtieron (por enésima vez) que las emisiones de dióxido de car-
bono elevarán seis grados la temperatura media mundial para fines del siglo XXI, por encima
del promedio de hace doscientos años, cuando comenzamos a quemar combustibles fósiles en
gran escala.
La Conferencia acordó limitar este ascenso a dos grados para el año 2050. Sin embargo, el
planeta desde entonces ya se calentó 0.75 ºC. Si detuviéramos el recalentamiento ahora, el
efecto ya acumulado agregaría otros 0.6 ºC, por lo que ya estamos en casi 1.5 ºC. [115].
que se avecinan, con riesgos acrecentados por el incremento de la
capacidad de represalia de la población excluida. No pueden descar-
tarse los riesgos de guerra a la que siempre recurrió el gran capital
para superar sus crisis. Difícilmente pueda pensarse en un conflicto
mundial, pero debe preverse la repetida aparición de guerras locales
y regionales que respondan al mismo objetivo.(*)
La alarma se dispara ante una peligrosa confluencia de anticipa-
ciones:

– 10.000 millones de habitantes en el planeta.


– Incremento de las temperaturas mundiales.
– Deterioro progresivo del bioma.
– Crisis de agua potable.
– Poblaciones costeras sumergidas.
– Desplazamientos masivos de masas hambreadas.
– Presión migratoria sobre los países desarrollados.
– Nuevas tecnologías de destrucción barata, fáciles de obtener.
– Proliferación de enormes negocios montados sobre la persisten-
cia de estos conflictos (tráfico de personas, armas y drogas).
·39·
Esta sumatoria interpela sobre la sustentabilidad de la civilización.
No habrá solución a la violencia mientras todos los habitantes del pla-
neta no estén asegurados contra el hambre y la enfermedad y no ten-
gan un presente que deben cuidar. Como señala Ahmed Zewail, premio
Nobel de Química, “deberá haber grandes transformaciones para que
haya supervivencia. Hoy estamos todos demasiado cerca como para
permitirnos incompatibilidades en el campo de los valores vitales”75

* Tres tendencias en marcha sustentan este pronóstico:

a. En el año 2009, el Programa Alimentario Mundial (PAM) de las Naciones Unidas anunció que la
cifra de hambrientos había superado por primera vez los 1000 millones de personas y advirtió
que continuaría aumentando. “Esta situación, agravada por el futuro crecimiento demográfico,
constituye una ´receta para el desastre´, prólogo de grandes violencias” [75].

b. La privatización de los medios de destrucción ha transformado el carácter de la violencia. Ya


resulta posible que pequeños grupos disidentes puedan ocasionar graves daños humanos y ma-
teriales en cualquier lugar del mundo. El costo originado para tales actividades es modesto [36].

c.
Se ha iniciado un nuevo tipo de guerra dispersa, relacionada con las luchas étnicas y religiosas,
con el petróleo, el agua y la alimentación, alimentada por la proliferación del tráfico de armas.
Según la experta rusa Ekaterina Stepanova, “en el mundo islámico se aspira a instalar glo-
balmente un nuevo orden social con un mensaje que es poderoso porque se ajusta al malestar
de los tiempos que corren: la religión islámica organiza todos los aspectos de la vida, desde las
relaciones familiares hasta la vida política, según una visión holística. Por eso tantos jóvenes
educados, ingenieros, biólogos, médicos son atraídos por el movimiento” [114].
¿Estamos entrando en un período de desenlace en la puja por la
apropiación de la riqueza? Hobsbawm advierte que “no llegaremos
al futuro prolongando los procesos de acumulación económica que
mueven el presente. Si hemos de tener un futuro, el capitalismo neo-
liberal no debería tenerlo.”

Sumando el incremento demográfico a los imparables procesos


globales que continúan impulsando la urbanización de las poblacio-
nes rurales, estamos ante el gigantesco imperativo de duplicar la
superficie urbana mundial en el breve plazo de cuatro décadas. Si la
comunidad internacional no logra afrontar esta tendencia en forma
sustentable, las predicciones de hoy mañana serán dramas.
Los paquistaníes, indios y bangladesíes han cambiado la compo-
sición demográfica de las ciudades inglesas, los africanos y árabes
lo han hecho con las francesas. En la actualidad estos mosaicos ét-
nicos están separados por una profunda brecha racista. Jordi Borja
se pregunta si “el fenómeno primitivo de Kigali , la capital rwandesa,
compartimentada por tribus que se odian, se convierte en una prefi-
guración de pesadilla para nuestro futuro urbano, ya presente en Ar-
·40· gel o El Cairo, con ejércitos protegiendo los “barrios civilizados” frente
a la “barbarie popular”.
El mundo esta en camino de ser totalmente urbanizado pero noso-
tros no estamos ni siquiera cerca de la urbanidad, considerada como
cultura. En Latinoamérica las autoridades públicas no disponen de
los medios para hacer frente a estos problemas y, salvo excepciones,
no tienen la voluntad política para imponer los cambios y regulacio-
nes necesarios.
Es aquí donde vale subrayar la importancia de las comunidades ur-
banas para influir sobre estos procesos. El desarrollo de los conflictos
que se avecinan dependerá en alto grado de la capacidad de acción y
coordinación que desplieguen las organizaciones ciudadanas, entre
ellas, esas que brotan en el fértil sustrato de la escala de barrio.
· II ·
LOS FACTORES GLOBALES DE
DISGREGACIÓN SOCIAL

La globalización nos ubica en un mundo alienado y alienante que


amenaza las bases sociales de la civilización.
Es indiscutible que la economía de mercado no tiene rival para des-
encadenar las energías económicas de las sociedades. La búsqueda
de plenitud personal a través de la posesión de bienes materiales pro-
vee la energía del sistema, pero degrada el sentido de la vida, tiraniza
y enfrenta a las personas y destruye el medio ambiente. Los diversos
mecanismos que componen el sistema se combinan para disgregar a
su habitantes, derivándolos hacia formas asociales, despojadas de so-
lidaridad e indiferentes ante el destino de los demás.

1. La anomia del cambio continuo (*)

Apenas tenemos tiempo de envejecer un poco que ya nuestro pa- ·41·


sado se vuelve historia. La prolongación de la expectativa de vida y la
coexistencia de cuatro y ya no tres generaciones, amplían la memoria
colectiva y multiplican la sensación que cada individuo tiene de que
su historia personal atraviesa la historia. La rápida fluencia de los
cambios desborda la capacidad de adaptación de las personas y las
sumerge en tensión y alarma continua. La globalización y los ritmos
de la innovación tecnológica han puesto en crisis costumbres y valo-
res que poco tiempo atrás eran considerados certezas, rompiendo el
sentido de continuidad con el pasado.
Transcribimos a José Luis Pinillos: “hemos dejado atrás el tiempo
sólido de una vida estable y predecible. Evaporadas las normas y los
valores anteriores se ha desatado un profundo fenómeno de falta de
referencias que explica la proliferación de comportamientos desvia-
dos. La adaptación al cambio exige un período en el que se suceden

* La anomia emerge de la ruptura de los sistemas de valores vigentes en una sociedad, la pérdida
del marco que les permite orientarse. El estado de anomia surge de la discrepancia aguda entre
las normas, las metas y las capacidades de los miembros del conjunto social.
Los cambios rápidos crean confusión. Si los viejos valores no son sustituidos rápidamente, el
estado de anomia se profundiza.
Es uno de los factores que explica el aumento de suicidios que se producen en las socieda-
des urbanas, independientemente de su prosperidad económica.
Extractado del Diccionario de Ciencias Sociales y Políticas; Torcuato Di Tella y otros.
etapas de resistencia, aceptación y recuperación. En una vida de cam-
bios rápidos y continuos, el hombre no puede completar sus períodos
de adaptación entrando en confusión e incertidumbre. No sabe a qué
atenerse y no comprende los procesos externos que determinan su
vida, por lo que se refugia en la provisoriedad, la búsqueda de place-
res rápidos y en proyectos de muy corto alcance.
La rapidez de los cambios ubica al habitante en un permanente aquí
y ahora. Todo se hace efímero suscitando un modo de vivir que se ha
bautizado como ‘presente extenso’, la dilatación del momento presente
y la negación de las referencias al ayer y al mañana. Se distorsionan las
prioridades y las perspectivas. Las pequeñas contrariedades suelen
convertirse en tragedias, en una regresión a niveles emotivos infantiles
de personas que tienen pasiones y músculos adultos. Los psiquiatras
germanos las denominan Blitzpsychosen (psicosis relámpago).”
El delito en las grandes ciudades está íntimamente relacionado
con la anomia, el desmoronamiento patológico de los principios y nor-
mas de los que surge nuestro comportamiento. La anomia produce
personas insatisfechas que luchan sin descanso por avanzar hacia
metas indefinidas. En el camino compiten los unos contra los otros
·42· para terminar agotados, resentidos y desmoralizados.(*)
Ya el viejo Aristóteles advertía que lo que cambia incesantemente
está condenado a no poder ser entendido.

2. La inseguridad laboral (**)

Las perspectivas de nuestra calidad de vida son tan inestables


como nuestros puestos de trabajo y como las empresas que los ofre-
cen. Se ha instituido un mundo en el que la población vive alienada
por la posibilidad de perder su empleo, y donde la adhesión al trabajo
surge del temor al despido.
Con el miedo al desempleo se extiende la presión hacia trabajar más
horas para demostrar eficacia y competencia, inclusive en estado de

* Dice Alexander Mitscherlich: “las sociedades humanas, como todos los organismos, tratan de
mantener su equilibrio vital aferrándose al status quo.
Nuestra conducta no se modifica de repente. Se precisan innumerables repeticiones de un
hecho nuevo para que calen en la conciencia social. Primero necesitamos ignorarlo y rechazarlo
muchas veces.” [54].

** La flexibilización laboral supone un alto grado de inestabilidad. Según el experto en selección


de personal, Manoel Rebello, en EEUU, una persona de dieciocho años que ingresa al mercado
de trabajo llegará a los 45 años habiendo cambiado 25 veces de empleo. Su éxito en cada uno
de ellos depende 25% del conocimiento, 25% de la motivación y el 50% de saber manejarse en
situaciones de alto estrés, de la velocidad de sus acciones y de su capacidad de anticiparse [116].
agotamiento o enfermedad. Millones de personas dejan de tomar las
vacaciones a las que tienen derecho y otras continúan el trabajo vaca-
cionando. Como dice Honoré, “la tecnología ha permitido que el trabajo
se filtre en cada momento de la vida. Es imposible esconderse del correo
electrónico y del teléfono celular. Hasta en un avión o en una playa, todo
el mundo puede estar recibiendo datos e indicaciones laborales”. 37(*)
Los efectos sociales de este tipo de inseguridad son particular-
mente corrosivos. Bourdieu, citando estudios británicos que demos-
traban que la política thatcheriana suscitó una enorme sensación de
angustia entre los trabajadores y la pequeña burguesía, señala que
“la tensión nerviosa por temor a quedar expuestos entre personas in-
diferentes, sin la defensa del dinero, es similar al miedo del náufrago.
La precariedad laboral siempre produce la desestructuración de la
existencia, la degradación de las relaciones humanas y una mentali-
dad que se expresa en una lucha de todos contra todos.13”
No se puede bromear con la violencia que ejercen los despidos y
la precariedad laboral. Pronto aparece la contrapartida, en forma de
suicidios, delincuencia, droga, alcoholismo y pequeñas o grandes vio-
lencias cotidianas.(**)
·43·
3. La inducción del consumo

El viejo axioma liberal “busca una necesidad y encontrarás un ne-


gocio” se ha transformado en otro: “para encontrar un negocio, inven-
ta una necesidad e indúcela a través de los medios”.(***)

* Hobsbawm señala que trabajar en casa puede convertirse con facilidad en trabajar sin límite.
Asegura que los seres humanos no quieren trabajar solos, prefieren hacerlo en compañía.
Aunque la actual propaganda señala las ventajas del trabajo en domicilio se dirige en buena
medida a liberar a las empresas de la carga de los despidos[36].

** Escribe la corresponsal María Laura Avignolo: “una ola de suicidios en la empresa France Te-
lecom conmueve a Francia. Los despidos, las transferencias intempestivas y las deslocaliza-
ciones, han traído como consecuencia que veintitrés empleados se quitaran la vida y otro lo
intentara en los últimos dieciocho meses.
Los trabajadores relacionan los suicidios con un programa de modernización de la compa-
ñía: “nos han establecido objetivos imposibles de alcanzar. Cambian a la gente de puestos, ar-
gumentando que si seguimos en una posición, perdemos eficacia[11].

*** En Japón la empresa Bandai ha vendido más de un millón de unidades de muñecas dedicadas
a mujeres mayores de 50 años. Se trata de una muñeca de 50cm con mejillas suaves y rosadas
y grandes ojos negros que, cuando la abrazan o le hablan, responde. Es considerada un nuevo
miembro de la familia al que se le puede enseñar a hablar y cantar hasta 5 canciones siempre y
cuando la abracen.
La empresa organiza simulacros de inicio de clases, así como viajes a las aguas termales
para ellas acompañando a sus “abuelas”.
¿Por qué debemos aprender que el consumo confiere sentido a
nuestra vida? ¿Por qué el discurso dominante llama consumidores a
los ciudadanos? La rotunda explicación radica en que el consumo de
bienes y servicios es el motor del sistema económico, que necesita
ser cuidadosamente cultivado porque, en la actualidad, representa
dos tercios de la actividad económica mundial. De ahí el esfuerzo que
realiza la inteligencia del mercado para que los individuos identifiquen
el consumo con la felicidad, el éxito y el status social.
Lo útil debe ser efímero para dejar el terreno a la compra siguiente.
Desde este principio se despliega la denominada “cultura bulímica”,
una palanca principal del mercado que funciona en sucesivas oleadas
de bienes cuya sustitución es inducida mediáticamente. La población
aprende a vivir comprando y a trabajar para cubrir sus “flamantes ne-
cesidades”. Al hacerlo, cada individuo se transforma en un elemento
de la máquina económica.

La marea del consumo inunda al individuo con necesidades que no


son suyas, que destrozan su identidad y robotizan su conducta. Está
convencido de que la posesión de estos bienes representa su punto de
·44· llegada. Es lo que Zygmunt Bauman6 denomina “vida líquida”, porque
fluye permanentemente y carece de forma propia: “la vida líquida es de-
voradora porque asigna a los objetos y a la propia vida el rol de ser con-
sumidos. Se nos aparece como una flecha lanzada hacia un blanco que
se aleja indefinidamente. La aprobación social de cada uno depende de
su agilidad para no quedar relegado.(*) La existencia puesta al servicio
de la moda ha resultado en un ser modal, una persona que ha diluido su
identidad a fuerza de querer ser siempre diferente.(**) Es paradójico, pero
el deseo de individualidad está íntimamente relacionado con el espíritu
de masa. Los miembros de la sociedad líquida tratan de ser individua-
les y distintos, pero son asombrosamente parecidos, ya que todos usan
los mismos códigos para ser especiales. Anuncios tan contradictorios
como ‘sé tu mismo, bebe Pepsi’ recuerdan este imposible.”

* Dice Bauman: “El volumen de conocimientos que se necesita para mantenerse conectado es
impresionante: una multitud de marcas y logotipos que hay que memorizar a medida que los
líderes del diseño los imponen: ‘las celebridades no llevan abrigos’, ‘ahora predominarán el me-
locotón y la menta’; dígale adiós a los pantalones de combate y den la bienvenida al caftán, son
conocimientos que se debe refrescar cada semana.[6]

** “Dado que ‘ser’ se traduce como ‘ser distinto’ –ironiza Bauman– no tengo más remedio que bus-
car mi verdadero yo, mi yo real. No tardamos en tener ofertas de ayuda. Quienes busquen su
individualidad podrán encontrar (a precio justo) a los colaboradores diplomados dispuestos a
guiarlos hacia las oscuras mazmorras donde quizás se esconda su auténtico yo”. [6]
La cultura juvenil se ha convertido en dominante en el mercado.
Su auge fue recibido con entusiasmo por los fabricantes de bienes
de consumo. No sólo representa una masa concentrada de poder
adquisitivo: la velocidad del cambio tecnológico da a la juventud am-
plia ventaja sobre las edades mayores para liderar los nuevos hábitos
culturales. El mercado se percató de la existencia de este nicho de
consumo cuando descubrió que, estando estimulados, los niños y los
adolescentes exigen lo que quieren. Son muchos más de 5 millones de
menores de 14 años en la Argentina y más de 60 en América Latina.(*)
Como señala la pedagoga Gabriela Diker, “el fenómeno no es exclusivo
de las clases consumistas. En los sectores excluidos los niños expre-
san los mismos deseos jugando con basura electrónica. Las preado-
lescentes internadas en hogares asistenciales juegan con un teléfono
celular a que son personajes de Rebelde Way”.
Asusta el avance de esta cultura sobre la infancia, porque tien-
de a modelar generaciones de niños empapados de los valores del
consumo.

Como todo esto cuesta mucho dinero, la sociedad consumista se


ha dejado caer en una anestesia que borra los límites éticos del com- ·45·
portamiento. Todo es equivalente, las conductas se tornan rapaces.
El negociado, la especulación y la compra de privilegios, todo vale a la
hora de atrapar el dinero que nos abre la puerta del consumo. Estos
procesos disolventes terminan corroyendo los lazos sociales, desva-
lorizando el trabajo e instalando la especulación y el despilfarro de la
plata fácil.
La cultura de mercado, señala la socióloga Ana Wortman, “supone
la emergencia de un nuevo ethos según el cual los proyectos perso-
nales deben centrarse en ganar dinero y en el ´deber del placer´. De
una sociedad que vinculaba los proyectos personales con el logro de
cambios sociales se ha pasado a una sociedad profundamente indi-
vidualista donde el sentido de la acción humana se ha trasladado al
logro de objetivos personales”.120

* Según el columnista Mario Diament la moda para pre-adolescentes vende anualmente 28 mil
millones de dólares.
“Se los llama tweens y conforman el segmento que va de los 8 a los 12 años.”
“En diciembre del 2003 en Las Vegas se realizó la Conferencia Anual sobre Marketing para
Tweens que atrajo algunas de las firmas más poderosas del planeta. Uno de los objetivos de la
conferencia fue enseñar a los participantes cómo meterse en la mente de un niño.”
“Desde el 2000 esta industria comenzó a inundar el mercado con productos similares a los
de las mujeres adultas. El estilo insinúa sexualidad, lo que hace que muchas tweens parezcan
prostitutas reducidas por los jíbaros” .[119]
4. El pragmatismo y las creencias regresivas

Imposibilitado de proyectar un futuro personal, distanciado de los


valores que impulsan la construcción de un futuro colectivo, el ciuda-
dano se va centrando en lo que puede hacer hoy, excluyendo de su in-
terés los aspectos no utilitarios de la existencia. Como dice Bauman:
“en una vida que consiste en el placer de consumir, basta con conocer
los botones y obtener el dinero necesario para pulsarlos.”6
Esta reducción de miras nos conduce a un pragmatismo que aco-
ta los alcances de nuestro mundo inteligente. ¿Cómo se constituyen
en un mundo hiperpragmático los principios sociales que enmarcan
nuestra conducta? ¿Cómo se manejan los condicionantes éticos que
permiten que las sociedades subsistan? Si sólo se atiende a lo que
tiene comprobación sensorial, los individuos quedan condenados a
una reducción del rasgo más evolucionado de su condición humana,
la capacidad de sobrepasar los límites perceptuales para compren-
der el universo de relaciones que nos vinculan con la realidad y nos
permiten apuntar hacia un futuro deseable.
Ante el vacío creado por la dificultad de comprender las comple-
·46· jidades del presente, dice Pinillos, reaparecen pretéritas salidas
imaginarias, supersticiones y conductas mágicas propias de un pa-
sado que se creía terminado, devociones y ceremonias que remiten
a fuerzas ocultas y evocan los ritos que describen los antropólogos
de las religiones primitivas, expresiones de miedos y perplejidades
que pueden llevar hasta extremos patológicos.(*) Las sociedades es-
tán invadidas por una nueva religiosidad, también objeto de consu-
mo, representada por el horóscopo, la parapsicología, los futurólo-
gos, las religiones alternativas, los videntes, los gurúes y las magias
negra y blanca “extrañas deidades que llenan los temibles vacíos
que se producen en el inconsciente a raíz de los mandatos natura-
lizados pero incompresibles de los dioses urbanos que gobiernan
nuestras vidas”.60
El pragmatismo de la era del consumo y la anomia emergente del
vacío de valores han desatado, igual que en “El aprendiz de brujo”,
nuevos demonios que no estamos pudiendo controlar.

* Bourdieu señala que “ya en el antiguo Egipto, en épocas de crisis se veía florecer entre los dirigen-
tes la corrupción correlativa con la decadencia del respeto hacia lo público y entre los dominados
la religiosidad mágica asociada a la desesperación respecto de las soluciones temporales” .[13]
5. La huella ecológica del consumo

La renovación de artículos en gran medida superfluos se ha per-


feccionado hasta al punto que, en los EEUU, el 90% de todo lo produ-
cido se desecha en un lapso promedio de seis meses. Lamentable-
mente, los economistas clásicos consideran el resultado de los ciclos
productivos desdeñando la cuestión de los desechos que liberan los
procesos de producción y consumo. Esta omisión explica muchas de
las dificultades existentes para afrontar este problema con medidas
concretas.
Los desechos urbanos, que contienen el flujo residual de la
sociedad de mercado, muestran la huella del híperconsumo. Los
objetos, en cuanto sobrepasan su corta vida útil, deben ser desti-
nados a la biodegradación, incinerados o eliminados de alguna ma-
nera, junto a sus seductores y sobredimensionados envases. Una
buena parte de la basura industrial es presuntamente tóxica por
contener residuos de plomo, mercurio, cadmio e incluso nucleares.
Con absoluta reserva los países centrales la están trasladando al
mundo periférico, antes a China y actualmente hacia África y Amé-
rica Latina.(*) ·47·
La eliminación de los residuos es uno de los principales retos que
debe afrontar la ciudad contemporánea y una de las principales ra-
zones para la crisis ambiental de los cinturones periurbanos. Las
soluciones se hacen cada vez más complejas y gravosas. La ciudad
de Buenos Aires genera cinco mil toneladas de basura por día (un pro-
medio de 2 kg. por habitante) y no tiene cómo eliminarlas ni dónde
disponerlas. Su acumulación sin pausa sobre el conurbano, produce
los mayores focos sépticos de la región.

La huella ecológica que una ciudad deja en el territorio está en


relación directa con el nivel de consumo de su población. Según Bau-
man “Londres necesita un territorio 120 veces más extenso que el
que ocupa la propia ciudad. Vancouver, clasificada primera entre las
ciudades del mundo por su calidad de vida, no podría mantenerse sin
una región de servicio 180 veces mayor que ella misma. Si todos los
habitantes de la Tierra vivieran en el mismo nivel de confort que el

* Para testear hacia dónde se dirigían los cargamentos de desechos generados en Inglaterra,
Greenpeace junto con un canal de televisión tiraron en un basurero un televisor viejo que con-
tenía adentro un aparato de GPS. Algunos días después la señal del dispositivo permitió locali-
zarlo en Lagos, la ex capital de Nigeria.
ciudadano norteamericano medio, necesitaríamos el triple de la su-
perficie planetaria para mantenerlos”.6 (*)
Cada fenómeno de contaminación puede ser remediado en sí mis-
mo, pero queda enmascarado el problema general, el de la organi-
zación de la sociedad en relación con la naturaleza. La sociedad de
consumo es, intrínsecamente, una sociedad de elites. En ese marco,
la pretensión de equiparar la calidad de vida de los habitantes del pla-
neta resulta un engaño. Aunque se hable de desarrollo sustentable,
resulta incongruente suponer que un desarrollo económico que deba
presionar sobre los recursos naturales, pueda ser sostenible en térmi-
nos ecológicos. En el año 2050 unos 10.000 millones de seres humanos
convivirán sobre la Tierra por lo que es probable que existan para en-
tonces 200 o 300 megaciudades enfrentando graves riesgos sanitarios
y ecológicos . Según la lógica del mercado, los fondos privados sólo es-
tarán disponibles donde reditúen beneficios. Las acciones preventivas
que no se traduzcan en negocios quedarán en manos de los Estados,
pero el mercado se niega a financiarlos con nuevos impuestos. Un te-
mible círculo vicioso bien expresado en una negra viñeta del humoris-
ta español Andrés Rabago: “la destrucción del planeta es vital para la
·48· supervivencia del sistema.” (**)

6. La cultura televisiva

Los medios de comunicación de masas constituyen hoy un ingre-


diente indispensable de la vida urbana. La ubicuidad de la televisión
y otras vías de información en nuestra vida diaria, es tan real como
el aire que respiramos. Después de un largo día de trabajo tenso y
presuroso, pasar a la categoría de espectador relaja y distrae. Es así
como la gente se deja caer frente al televisor, el gran formador de va-
lores sociales. No todo lo que ocurre es noticia, quienes lo deciden
son los medios. Según la forma de presentar los acontecimientos nos
persuaden y sugieren sobre como sentirnos ante cada cuestión. La

* Dice Alieto Guadagni: un alemán contamina cien veces más que un etíope, un norteamericano el
doble que un alemán y cinco veces más que un chino y un inglés el doble que un argentino 121.
Según Kevin Watkins, Director de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, si el mundo sub-
desarrollado hubieran generado emisiones de CO2 per cápita al mismo ritmo que los norteame-
ricanos, en este momento necesitaríamos la atmósfera de nueve planetas tierra.

** En la Cumbre ambiental realizada recientemente en Copenhague, la fábrica Renault invitó a


probar la versión de un auto ecológico alimentado por energía eléctrica. Detrás de los debates
en contra de la contaminación de la atmósfera se cultivan millonarios negocios basados en las
tecnologías verdes.
televisión más que ningún otro medio, es la que define los estereoti-
pos sociales de lo bueno y lo malo.
El negocio de la televisión es vender publicidad a través del en-
tretenimiento. Se trata de empresas que ofertan relatos, buscan lo
entretenido y convierten toda cuestión en espectáculo. Los informa-
tivos periodísticos se reducen a una sucesión de flashes que vuel-
can las noticias en pocos segundos, disociadas de sus causas y su
contexto. El temor a perder audiencia los lleva a insistir en imágenes
impresionistas como las de la inseguridad, y la violencia con sangre
y lágrimas.
Para los directorios, la publicidad es el contenido y la programa-
ción lo que retiene entre tanda y tanda. La noticia es una mercancía
que se atiene a las normas generales de la venta comercial.

En palabras del psiquiatra Luis Rojas Marcos, responsable de


salud mental de la ciudad de New York “el espectáculo televisivo se
ha convertido en una especie de alimento universal poco nutritivo
pero altamente adictivo, en una compulsión que hay que satisfacer
diariamente. Para muchos el tiempo al margen de la televisión llega a
convertirse en algo secundario y sin significado. La falta de estímulo ·49·
intelectual de los programas unido a su efecto tranquilizante produce
la imagen tan extendida del telespectador estupefacto, pasivo, pas-
mado o apoltronado que se ata al televisor, cayendo en un estado semi
inconsciente de relajación con un mínimo de actividad mental”. (*)
La epidemia televisiva ha desbordado como pandemia, extendida
a los espacios públicos y semipúblicos de la ciudad. En todo lugar de
permanencia, cafés, estaciones de transporte, salas de espera, bu-
ses interurbanos y hasta en los taxis, se han instalado televisores que
permanecen siempre encendidos interfiriendo definitivamente la po-
sibilidad de establecer el diálogo.

La televisión encontró un caldo de cultivo en la vivienda urbana.


En una pequeña familia nuclear, habitando una vivienda reducida en
una ciudad supuesta o presuntamente violenta, la pantalla funciona
como una ventana mágica para ver el mundo y olvidar el malestar de
la vida cotidiana.
Se calcula que los adultos pasan la mitad de su tiempo de ocio ante
la televisión. Los niños le dedican más horas que al colegio. Como dice

* Se ha demostrado que las personas adictas a la tv experimentan durante sus largas sesiones
un descenso del metabolismo del 12% debajo del nivel de descanso.
Pinillos, “la TV es un caballo de Troya al que los padres gustosos abren
las puertas de sus casas para distraer a los pequeños y disfrutar de
un momento sin interferencias”60.
Recordemos que el hogar es un ámbito principal en la formación
de la personalidad del niño. Todo cuanto después le ocurra al adulto
caerá sobre el entramado psicológico originado durante su infancia (*)
El pediatra Hugo Sverdloff señala que “la pantalla quita materialidad
a las primeras impresiones ontológicas del niño, a la impresión de
realidad que le suscita el contacto y la resistencia física de las cosas
y de las personas. La virtualidad se les mete bajo la piel y sustituye
la realidad sin nosotros enterarnos. A esta edad los aprendizajes se
logran explorando, equivocándose incansablemente e interactuando
con otros chicos. Las conexiones que no se establecen en esa etapa
no lo harán más adelante, y las condiciones naturales que no se usen
se atrofiarán para siempre”.

7. La socialidad virtual

La vida comunitaria ha encontrado un magro sustituto en los mo-


·50· nitores y pantallas de todo tipo. Gilles Lipovetzky las denomina “la
pantalla global”: “Desde hace más de veinte años vivimos una prolife-
ración de pantallas que invaden el espacio privado. No sólo la TV y la
PC, también los teléfonos portátiles, los GPS y los juegos de video. Es-
tamos en una suerte de galaxia pantallesca que ha cambiado la ma-
nera en que nuestro cerebro trabaja”.113 (**) Chris Anderson apunta que

* Dicen Esteban y Luis Magnani: “la TV apela a una serie de reflejos condicionados que hacen que
hasta un lactante intente girar la cabeza.
Cuando la TV está encendida las conversaciones se reducen, los niños vocalizan menos y los
adultos hablan con menor frecuencia, por lo que la estimulación se minimiza.
En un estudio realizado sobre niños de dos meses a cuatro años de edad, resultó que en cada
hora de televisión se producía una disminución de setecientas setenta palabras provenientes
del adulto. Estos resultados pueden explicar por qué la televisión deriva en demoras cognitivas.
El lenguaje es vital para el desarrollo del cerebro durante la primera infancia.[122]
En coincidencia, Agnes Vincent-Deray, consejera del órgano regulador de la TV en Francia,
señala que: “La TV en la primera infancia puede acarrear trastornos como “pasividad acentua-
da, retraso en el habla, problemas de concentración y dependencia de las pantallas”. En Francia,
los programas infantiles deben incluir en la pantalla el aviso “ver TV puede frenar el desarrollo
de niños menores de 3 años, aun cuando se trate de programas específicos para ellos.[123]

** Tres testimonios al respecto:


– “Con internet, mi pensamiento se ha vuelto más líquido. Mis opiniones cambian más, mis
intereses caen más y más rápido. Estoy menos interesado en la verdad, y más interesado en
las verdades. Siento que lo subjetivo tiene un papel importante. Voy por la vida reaccionando
ante la información. No espero, actúo las ideas en lugar de pensar sobre ellas. Actuar antes y
pensar después.
(Continúa página siguiente)
“antes de Gutenberg teníamos una tecnología para comunicar ideas
e información. Se llamaba ‘charlar’. La conversación, que evolucionó
durante millones de años, no consiste sólo en decodificar palabras.
Mientras el oyente escucha, observa el movimiento de los ojos y ma-
nos del que habla, el arqueo del cuerpo y la reacción de la audiencia.
Todo esto es fundamental en la manera en que el cerebro categoriza y
prioriza la información entrante”.126
Las nuevas tecnologías de comunicación están redefiniendo a los
sujetos, en particular a los jóvenes que nacieron en ellas y viven en el
ciber espacio como peces en el agua. Su expansión esta modificando
la política y la manera de convocar las movilizaciones. Conectan pero
también aíslan. José Natanson se pregunta si nos permitirán acercar-
nos a la utopía de la democracia directa: “encogen inmensos territo-
rios acercandonos al sueño de la decisión colectiva pero el bien común
nunca es la simple suma de las opiniones individuales. La democracia
exige procesos de deliberación que requieren el desplazamiento de
los individuos hacia el espacio público. La idea de la plaza pública a
un clic de distancia es una simplificación absoluta”. (*)

La fuerte tendencia a la individualización en el uso de la PC, una ·51·


por persona, está produciendo en la familia el mismo efecto que pro-
dujo la TV en la vida urbana. Si entonces fue el abandono del espacio
público, ahora será el retiro de las personas de su espacio familiar.
La conexión a través de las pantallas sustituye los vínculos de
proximidad, intensos y táctiles, por los meramente virtuales. El co-
rreo electrónico, los mensajes de texto y los blogs han creado un nue-
vo tipo de amigo únicamente virtual, la comunicación se ejerce con
mayor continuidad, pero se sustenta en el reenvío de episodios del
momento, bromas, mensajes audiovisuales y videos. Como la tecno-
logía permite montar en las casas verdaderos centros electrónicos de


(Viene página anterior)
­– “Si bien soy ágil al navegar la red, he experimentado un retroceso en mi capacidad de mante-
ner la atención. La red carcome la concentración. Mi mente espera hasta tomar la información
en la manera en que la red la distribuye”.
– “Antes solíamos cultivar el pensamiento. Ahora nos hemos convertido en cazadores-recolec-
tores de imágenes e información”. [126]

* Tras los atentados en España del año 2004 el gobierno de Aznar responsabilizó a la ETA, cons-
ciente del impacto electoral que tendría esta noticia en las elecciones a realizarse tres días
después. Sin embargo a las pocas horas comenzó a circular la versión de que los atacantes
habían sido terroristas islámicos (Aznar había enviado tropas a medio oriente). Miles de mani-
festantes reunidos mediante cadenas de mensajes de texto y mails marcharon en contra de las
versión oficial, que tuvo que ser desmentida y le costó las elecciones al partido popular.
entretenimiento, el juego con amigos se produce online.(*) Como dice el
sociólogo Marcelo Urresti: “entre los nativos digitales, son mayoría los
que, privados de internet, se tornarían casi inmateriales. Son chicos
que se vinculan mediante fotologs y redes sociales, para los cuales
visitarse se reduce a visitar el blog. Estamos viendo en quienes se
´cuelgan´ de la computadora una peligrosa tendencia a la desligazón
de la realidad (si quiero lo borro, no existe más).”125
La socialización digital basada en aficiones personales o en episo-
dios mediáticos produce grupos efímeros e inconsistentes.(**) Lo que
se vacía no son tanto los vínculos primarios como los secundarios,
esos que dan origen y sustento a las instituciones de la comunidad.
La atomización que supone el espacio virtual debilita la adhesión y la
cohesión interna de las comunidades.
Sin embargo internet ha mostrado una notable eficacia comuni-
cacional. Casi todas las organizaciones sociales han creado su sitio
web y convocan a través del mismo. En el Foro Social Mundial se ha
conversado sobre la importancia y las posibilidades de Internet para
difundir un mensaje alternativo, concluyendo que la dimensión terri-
torial, tan afincada en las organizaciones sociales se resignifica en
·52· escala planetaria al evitar que los grupos y comunidades se sientan
aislados, conectándose con otros grupos que hacen lo mismo en dis-
tintos lugares del mundo. También el papa Joseph Ratzinger ha ins-
tado a todos los sacerdotes para que se enlacen con Internet: “Que el
Señor haga de ustedes heraldos apasionados de la Buena Nueva, en
la nueva ágora creada por los medios actuales de comunicación”.127

* En Italia tuvo amplia difusión el caso de un adolescente, que debió ser internado al quedar
mudo por una sobredosis de videojuegos. No hablaba ni entendía lo que ocurría a su alrededor.
Se pensó en un derrame cerebral. Tras los estudios médicos se informó que sufría un síndrome
de “distanciamiento mental” producto de su arraigo al mundo de la Playstation.

** Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, habló del rápido crecimiento de su red social: “pa-
samos de veinticinco millones de usuarios en 2007 a doscientos cincuenta millones dos años
después. Tenemos quince mil millones de fotos en el sitio y agregamos mil millones mensuales.
La red social de cada usuario abarca el mundo”.
· III ·
LOS FACTORES URBANOS
DE ALIENACIÓN SOCIAL

La noción de bienestar requiere definir umbrales por debajo de los


cuales el bienestar no existe. Esta claro que los umbrales de bienestar
urbano tienen mucho que ver con la vigencia de los derechos humanos
y civiles, educación, salud, vivienda, trabajo, equidad y justicia, entre
otros, a los que debe incorporarse el derecho de habitar el espacio
público. Aunque implícito en el derecho a la ciudad, es un valor que
debe resaltarse porque está oscurecido por el hiper individualismo de
la sociedad de consumo. Es sabido que media un largo trecho entre el
reconocimiento de un derecho y su implementación concreta.

1. La ciudad alienante

La forma urbana se atiene inexorablemente al funcionamiento del ·53·


organismo económico, del cual forman parte sus habitantes. Como
dice W. Tochtermann “las ciudades reflejaron siempre la identidad de
los pueblos que las habitaron. Hoy la mundialización de las fuerzas
económicas ya no permite hablar más de esta homogeneidad. De aquí
en más solo se puede hablar de rupturas, de fracturas en los modos
de vida y en los modos de habitar. La decadencia de los centros, la
marginalización de las periferias, las desigualdades crecientes, la
contaminación y la violencia se han transformado en aspectos des-
articuladores, incontrolables e imposibles de administrar en muchos
de sus aspectos”.
Disparada hacia dimensiones y formas colosalistas, sede obligada
de las conflictivas relaciones entre los estratos del poder económico,
y los sectores postergados, la ciudad contemporánea emerge como
un mundo complejo y alienante que impone al hombre sus formas de
vida. Las grandes ciudades se presentan como moles indescifrables,
sumamente difíciles de aprehender. No es fácil enraizar en un territo-
rio anónimo que no se alcanza a interpretar, no tanto por lo heterogé-
neo de las técnicas que intervienen en sus procesos, como por el ca-
rácter distante y difuso de los poderes que orientan sus desarrollos.
El habitante no puede echar raíces en un hábitat que no comprende y
del cual no es partícipe conciente.
El paradigma de la ciudad contemporánea esta fracasando. pre-
senciamos una prevalencia silenciosa pero extendida de depresión,
soledad y angustia vital. La intensidad y persistencia de estas si-
tuaciones deviene en sufrimiento y conductas sobre adaptadas, que
se traducen en alteraciones de la salud y en graves patologías de la
conducta individual y social. El stress originado por la propia ciudad ha
profundizado el originado por la otra alienación, la que sobreviene cuando
el hombre pierde el manejo y el sentido de su vida porque debe someterse
a las condiciones que le son impuestas por quienes compran su tiempo e
imponen sus metas.(*)
Las ciudades alienan a sus habitantes por la manera como los
masifican y porque los obligan a vivir según ritmos y formas vincu-
lares ajenas a sí mismos. Los síntomas son evidentes, miles de po-
bres, enfermedad mental, grupos marginados y centenares de niños
abandonados.
Está comprobado que las enfermedades mentales crecen y se
agravan dentro de las ciudades. La aglomeración de individuos indi-
ferentes entre sí y sin intercambios afectivos eleva las tasas de psi-
copatías, neurosis y múltiples trastornos psicosomáticos. El ser hu-
·54· mano, con su capacidad de adaptación, se acomoda y naturaliza las
circunstancias más hostiles, las mayores privaciones, pero paga por
ello un alto precio en salud física y mental, en calidad y en cantidad
de vida.(**)
Cuando las exigencias vitales se frustran, al cabo de un tiempo se
atrofian. La necesidad del individuo de ser aceptado por su grupo y
de ser reconocido como protagonista se desvanece y acaba en indo-
lencia, aislamiento y desinterés. El resultado final es el colapso de los
valores sociales.

* El concepto de alienación, acuñado por Hegel, fue utilizado por Marx para definir el efecto de la
propiedad privada y la división del trabajo sobre la pérdida de las facultades del hombre sobre
sí mismo.
Los productos de su trabajo se separan de su voluntad y de su proyecto. Sus formas de vida y
su concepción del mundo resultan de la obligada adaptación a una realidad que le es impuesta.
El término alienación y su sinónimo, enajenación, han desbordado el marxismo y se han in-
corporado a las corrientes teóricas y al lenguaje habitual.
Extractado del Diccionario de Ciencias Sociales y Políticas (Torcuato Di Tella y otros).

** Durkheim señala que el suicidio está íntimamente ligado al nivel de integración con el grupo de
pertenencia, por cuanto el hombre es ante todo un ser social.
Todo debilitamiento del colectivo social, toda pérdida de densidad ética por parte de la so-
ciedad y de los grupos en que el individuo está inmerso, debilitan su identidad, su equilibrio y
socavan su propia esencialidad.
No es casual que el suicidio se dé más entre los habitantes de la gran ciudad. [2]
2. Burocracia, masificación y anonimato

La población urbana vive apresada por una gigantesca red organi-


zativa. Dado las dificultades para sincronizar el funcionamiento de la
gran ciudad, es inevitable que los vínculos interpersonales resulten
fuertemente perturbados por las rutinas burocráticas. La burocracia
es una poderosa organización que tiende a reglamentar cuanto toca a
través de normas genéricas que, inevitablemente, recortan y enrasan
las vidas de los habitantes. Para ella cada individuo es un ícono al que
se impone lo que existe y lo que no existe, muchas veces contrariando
el más elemental sentido común. El exceso de organización convierte
en inorgánicas las relaciones humanas, que quedan reducidas a di-
mensiones rutinarias, frecuentemente enojosas y muchas veces ridí-
culas. La masificación inherente a la vida urbana se origina en esta
condición.

Pinillos advierte que, “si bien la coexistencia de multitudes exige


una organización, ésta puede derivar en verdaderas obsesiones. Para
evitar los riesgos de desorganización, se obliga al hombre a mantener
permanentemente encendido su sistema de alarma. Es ahí cuando ·55·
comienza la problemática de la psicopatología urbana. El habitante
sobreadaptado pierde su identidad, el grado de masificación lo reba-
sa, se torna ansioso e insolidario y se suma al mar de rostros que se
mueven sin advertirse, físicamente próximos y objetivamente solos.
No creo que sea un azar que la figura jurídica más lograda del derecho
mercantil sea la Sociedad Anónima, es decir, una sociedad constitui-
da por miembros que se desconocen”.60
La gran ciudad supone un altísimo grado de concentración que,
deviene en masificación. Frente a una ciudad autoritaria, agobiante
y competitiva, el habitante reacciona con un individualismo extremo
para preservar su propia e íntima personalidad, pagando el alto cos-
to de resignar su instinto gregario.(*) Los sociólogos afirman que los
problemas más agudos de la vida moderna se derivan del intento de
la persona por preservar su individualidad y autonomía frente a las
abrumadoras fuerzas sociales, culturales y tecnológicas del medio
urbano. Este reto constante incrementa los niveles de estrés y ten-
sión. Ante el continuo bombardeo de sus receptores físicos y mentales

* Según el comunicólogo Diego Levis, “es habitual encontrar personas que utilizan el celular
como un medio de combatir la sensación de aislamiento. Da igual el momento en que suena, se
apresuran a atenderlo, la llamada no puede esperar. Les complace saber que no están solos en
la ciudad” .[128]
el individuo pierde capacidad de responder, adopta una actitud de retira-
da y desinterés, sufre de embotamiento afectivo y pierde la capacidad
de discernir lo esencial de lo superfluo, la realidad de la ficción. Bajo
tales condiciones las conductas se hacen antisociales y los fines se
confunden con los medios.
La alienación de la identidad personal es el mal de la ciudad con-
temporánea. Desde esta perspectiva se comprenden con claridad los
efectos terapéuticos de la pertenencia comunitaria y el sentido de un
espacio público pensado para la socialidad. Es allí donde florece el diá-
logo entre vecinos y donde se enhebran los hilos primarios del tejido so-
cial, materia prima para la conformación de las redes vinculares que nos
permitirán recuperar la pertenencia social diluida por la masificación.

3. El distanciamiento de los demás

La ausencia de empatía y la toma de distancia respecto de los de-


más son el resultado y la condición de vivir en la gran ciudad. Ambas
están impuestas por la masificación.
Los contactos en las ciudades suelen ser breves, superficiales e
·56· impersonales. La distancia que se mantiene en estos encuentros es
una estrategia del ciudadano para protegerse contra la demanda y
las expectativas de los demás y en ciertos casos contra el miedo a
los desconocidos. Dispuesto a no intervenir en los asuntos públicos,
indiferente ante el destino del otro, temeroso por su propia seguridad
y encubierto por el anonimato, el ciudadano se aparta, aprende a en-
cerrarse, a esquivar las miradas y a no involucrarse en la vida de los
demás, dramática paradoja de una ciudad que aísla a los hombres
porque los aproxima demasiado.
Konrad Lorenz, premio Nobel de Medicina, señala la correlación
existente entre el confinamiento de masas humanas y la dificultad de
percibir al próximo como prójimo: “nuestra empatía por el prójimo se
atenúa en proporción al exceso de proximidad. La consigna para so-
brevivir es ‘not to get emotionally involved’”.
La consideración hacia el otro no se forma entre personas forzadas
a mantener distancia en defensa de su espacio personal. Lo que en
una comunidad sería desconsiderado, como pasar de largo ignorando
a quien vemos, en estado de sobrecarga social es una condición para
mantenernos en equilibrio. Nuestra actitud social se hace apática y
elusiva derivando inevitablemente en indiferencia social.
El distanciamiento también se explica por la desconfianza que pro-
duce el anonimato. Los malos son pocos, pero puede ser cualquiera.
El autostop y el mendigo se nos aparecen como peligrosos, las cosas
pueden no ser lo que parecen, en cada situación tememos una trampa.
A veces intermedia la prisa, propia y ajena. Quizás uno detendría el
automóvil ante alguien caído en la vía pública pero, ante la ruidosa y
agresiva protesta de los que vienen detrás, recurrimos a las dos gran-
des excusas que nos ofrece la ciudad: “alguien se hará cargo” y “nadie
nos reconocerá”.
Por estas vías llegan a acontecer trágicos sucesos de incivilidad.
Pinillos cita dos casos ocurridos en EEUU, notorios en su momento:
En Oklahoma un estudiante desequilibrado se subió a lo alto de la to-
rre de su universidad. Cientos de estudiantes que se reunieron al pie
de la torre lo desafiaron: “¡gallina! ¡gallina!... ¡que salte!”. El muchacho
saltó y se aplastó contra el suelo. “¿Quiénes eran los presentes? Per-
sonas normales que, anomizadas en la multitud, actuaron como una
banda, carentes de toda empatía. El suicida fue despersonalizado y
visto por ellos como un personaje de ficción.”60 El segundo ocurrió en
New York, donde una vecina fue asesinada bajo la mirada de numero-
sos ciudadanos que la escuchaban gritar pidiendo socorro. Ninguno
se involucró. “También ellos eran gente normal, su prescindencia y su
falta de valor civil fueron un claro ejemplo de indiferencia social”.(*) ·57·
El distanciamiento de los demás cancela los comportamientos socia-
les y nos hace olvidar que somos parte de un colectivo que debemos cul-
tivar, porque sin él no sobreviviríamos como especie ni como civilización.

4. La enajenación del tiempo libre

En el comienzo de la revolución científico técnica, después de la


Segunda Guerra Mundial, los avances de la robótica y la aparición de
las primeras computadoras hicieron suponer que la civilización se
encaminaba hacia una cultura del tiempo libre. La tecnología se en-
cargaría de gran parte del trabajo humano. Lamentablemente, el neo-
liberalismo se ha encargado de invertir los términos de la ecuación. El
tiempo liberado fue apropiado por las empresas y la tecnología quedo
convertida en un recurso para densificar las agendas y multiplicar los
ritmos de labor. El sueño de libertad que nos prometía un incremento
del tiempo libre fue usurpado por el mercado. Como señala el psicoa-
nalista Sergio Rodríguez, “el uso masivo de las nuevas tecnologías es

* Pinillos se refiere al caso de Kitty Genovese, que fuera brutalmente asesinada en plena calle.
Tras la investigación policial resultó que treinta y ocho personas habían presenciado el crimen
desde sus ventanas y escuchado los gritos de socorro de la joven durante largos minutos hasta
que el asesinato fue consumado.
el gran responsable del exceso de horas de trabajo. Nunca la gente
trabajó tanto como ahora. El uso simultáneo de computadoras, correo
electrónico, celulares, mensajes de texto y reproductores portátiles no
da un minuto de respiro. El cansancio psíquico llega a ser brutal”.129
La privación del tiempo libre ha sido profundizada por los horarios
irregulares y extendidos impuestos por la flexibilización, imponiendo
un nuevo rasgo a la vida familiar: adultos siempre trabajando y niños
más solos. La vida pausada queda para las ciudades menores, don-
de todas las actividades, inclusive el tránsito, incorporan un tiempo
social. Se ha medido que en los pueblos una compra insume un 60%
más de tiempo que en la ciudad.
En las ciudades mayores, donde el primer efecto de la expansión
urbana fue la extensión de los recorridos, la carencia del tiempo libre
ha cobrado una entidad mayúscula. El día se agota en un largo e incó-
modo ir y venir, sin el menor sentido de paseo que comprime el tiempo
de la vida familiar y social. Los vínculos comunitarios, cuando pueden
establecerse, resultan esporádicos y discontinuos. Al regresar a casa,
sin mayores ánimos de contactos interpersonales, alguna pantalla,
probablemente la del televisor, se apropiará de nosotros. Así se cierra
·58· el cerco de nuestro tiempo libre.

5. Violencia, vandalismo y miedo

Las grandes ciudades generan violencia social o de grupo que se


refleja en la ruptura explosiva del contrato social. Donde el ser hu-
mano agrede la integridad física y los intereses vitales de sus seme-
jantes, se pone en peligro la supervivencia de las comunidades, su
identidad cultural y su equilibrio psíquico.(*)
Se discute hasta qué punto el incremento de la violencia es una
percepción equívoca, amplificada por la sobredifusión que le dan
los medios, o si refleja las dimensiones reales de la inseguridad. Sea
como fuere, la alarma y el miedo ya están instalados en la población.
Es sabido que las raíces de la violencia no deben buscarse en las
conductas de los habitantes de la ciudad, sino en la organización so-
cioeconómica de la sociedad. El historiador Michael Shermer señala
que el gran detonador de la violencia entre grupos humanos ha sido

* Según Rojas Marcos, los actos suicidas y la agresión de unas personas contra otras o contra
sus propiedades ocurren en lo centros urbanos con una frecuencia entre 10 y 15 veces más alta
que en las zonas rurales. En los Estados Unidos la atmósfera de violencia urbana es tan intensa
que se ha estudiado que el 20% de los estudiantes secundarios llevan consigo un arma blanca
o un arma de fuego.
siempre la apropiación de los recursos. “Resulta por demás evidente
que la atenuación de la violencia depende de la distribución de la ri-
queza. Las injusticias que acompañan a las relaciones de propiedad
cargan los impulsos de los desposeídos hasta que los convierten en
manifestaciones irrefrenables.” 75 Es inevitable que la apropiación
concentrada de los recursos, las inequidades y pobrezas de todo tipo
que la acompañan y el espectáculo del consumo ostentoso de las mi-
norías privilegiadas, detonen reacciones violentas, a veces desespe-
radas, en la población sumergida.

La ciudad alberga factores propios que invitan a la destrucción. Las


desigualdades están más expuestas, a la reacción de los excluidos se
suman acciones violentas provenientes de los estratos incluidos. Se
trata de un tipo de delincuencia urbana vinculada con frustraciones
que no emergen de la pobreza, sino de exclusiones y empobrecimien-
tos simbólicos, conectados con los deseos consumistas incumplidos
de los sectores medios y altos. Un producto de la carencia de valores,
materializado en vandalismo indiscriminado y evasiones adictivas.
No debe confundirse la proliferación de las tribus urbanas, ge-
neralmente adolescentes y pacíficas, con los vándalos actuales, un ·59·
producto agresivo de la ciudad cuyo afán de destrucción incluye ca-
binas telefónicas, ascensores, vehículos de transporte, monumentos
artísticos y equipamientos del espacio público. No se salvan ni los
cementerios. Se trata de personas sometidas a frustraciones que,
actuando en banda, descargan anónimamente su agresividad para
desafiar, poseer o divertirse. Ejercen la fuerza, rechazan la tolerancia
como una debilidad e igual que todos los exterminadores, discriminan
o deshumanizan a sus víctimas. Los ampara el anonimato y la retirada
de una población que evita involucrarse.(*)
Según la comunicadora Alicia Entel la explosión de los miedos provo-
ca la ideología de la sospecha, especialmente en las capas medias. “La
inseguridad urbana se ha establecido en la forma de miedo al otro, al
que tengo cerca, a quien no conozco y aparenta ser un igual. Los diferen-
tes son sospechosos y es mejor que se vayan. Los actores sociales que

* Actuando en bandas se pierde el sentido de la individualidad. La responsabilidad, difuminada


en el grupo, desinhibe la agresión. La deshumanización de la víctima la convierte en un “dis-
tinto”, lo que facilita la agresión y permite atribuir la culpa a la maldad perversa del agredido.
Como dice José Luis Sangrador: la naturaleza de la agresión se explica con la tesis
del instinto agresivo, apoyada por Freud y la del desplazamiento de la agresión, que supone la
reactivación de frustraciones anteriores apuntadas hacia el “chivo expiatorio” 65. En los Estados
Unidos en la época de la esclavitud se registraba una clara relación entre el número de lincha-
miento de negros y la caída del precio del algodón.
aparecen como sospechosos son, en primer lugar, los jóvenes, después
los sectores pobres, la policía y los inmigrantes limítrofes. Aquí se infil-
tran la discriminación y la exclusión, disfrazadas de inseguridad.” 130

El miedo es hoy parte del horizonte vital del habitante urbano, que
reclama soluciones inmediatas (*). Ante la imposibilidad de proveerlas,
se escucha que la democracia no sirve, que sus procedimientos len-
tos y deliberativos son incapaces de implementar respuestas rápidas.
Como señala Alberto Binder las relaciones de la democracia, perverti-
das por el miedo, mutan a formas vinculares propias de la vida feudal:
“La relación del ciudadano temeroso con sus gobernantes es análoga
a la del siervo con los nobles que le prometían su protección. Entregan
libertad a cambio de seguridad.” 10
La libertad y la seguridad se necesitan mutuamente. La falta de
una revierte la existencia de la otra. Cuando falta la seguridad nos
encerramos para sentirnos a salvo. Cuando falta la libertad nos auto-
censuramos por temor a la represión.
Los miedos se agigantan en las ciudades mayores y se reducen en
las menores. Estudios efectuados para contrastar el grado de confianza
·60· ante los desconocidos muestran que, en las ciudades medias y grandes,
el 75% de los ciudadanos atendían a los visitantes por las mirillas, mien-
tras que en los pueblos y las ciudades pequeñas sólo lo hacía el 25%.
Cada día hay más ciudades donde la protección contra el crimen
se ha convertido en una obsesión. Es sabido que los medios de comu-
nicación los reproducen hasta el hartazgo, pero no son solo ellos. La
sensación de inseguridad también es alimentada desde dos vertien-
tes de nuevos negocios cuyos beneficios dependen de la persisten-
cia del miedo: la de los sistemas de seguridad, alarmas y monitores,
sensores, blindajes, seguros de todo tipo, vigilancia privada y otras
formas de aminorar el temor, muchas veces extravagantes(**) y la de los

* La investigadora Shila Vilker señala que entre 1996 y 1997 se empieza a instalar una percep-
ción del fenómeno delictivo interpretado como inseguridad. A partir de entonces aparece el
lenguaje de las “olas”, ola de asaltos, ola de ataques a ancianos. En 1999 aparece la idea de la
“guerra”: estamos en guerra contra la delincuencia. En 2004 con la muerte de Axel Blumberg, la
inseguridad hace metástasis, empezando a evidenciar la vida misma como insegura y precaria.
[131]

** Dos testimonios:

– El colombiano Miguel Caballero es propietario de la primera tienda de ropa blindada en el


mundo, con sucursales en Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Japón, Puerto rico, Francia, Ho-
landa, Grecia y México. Confecciona camisas, chalecos, trajes completos, pantalones, abrigos y
hasta cobijas “perfectamente blindadas”.[132]
(Continúa página siguiente)
grandes negocios inmobiliarios relacionados con el éxodo de pobla-
ción hacia la presunta seguridad de los barrios privados.
Los búnkers cerrados están pasando a ser uno de los aspectos
urbanos más visibles del miedo. Decenas de millones de habitantes
de las clases medias y altas se encierran en todo el mundo buscan-
do resguardo en agrupamientos protegidos por cercos eléctricos,
cámaras de seguridad y policía privada, a semejanza de los barrios
blancos que aún persisten en los enclaves coloniales del África. No
se trata de un fenómeno local, los pobres y los ricos se mezclan en
las calles de todas las ciudades. En palabras de Nan Ellin, “prote-
gerse del peligro fue un motivo principal para la construcción de
ciudades. Hoy, en el sentimiento de las clases medias, es la ciudad
la que contiene el peligro” 6. Un mundo al revés donde las supuestas
víctimas renuncian a la ciudad y se encierran detrás de los alambra-
dos, huyendo de un espacio público que imaginan ocupado por sus
predadores.

Hay quienes preanuncian el comienzo de un regreso a la ciudad,


entre ellos el geógrafo David Harvey que detecta signos de reversión,
“Mucha gente de clase media se está cansando de viajar y vivir en ·61·
guetos de oro. Habitar en una comunidad cerrada es muy aburrido.
Lo que hace de la vida urbana algo deseable es la multiplicidad de
oportunidades, la diversidad de las relaciones de proximidad y la
fusión de las culturas”. Con el mismo sentido Carl Honoré señala
que “los censos recientes muestran que el flujo de población ha-
cia los suburbios empezó a reducirse: “Los estadounidenses están
cansados de largos y estresantes viajes y están prefiriendo vivir en
los barrios y centros rehabilitados de las ciudades que priorizan al
peatón.” 37 (*)

(Viene página anterior)


– Rubén Estremero, Presidente de una empresa líder en blindaje de automóviles, señala la ne-
cesidad de protegerse en “ese momento crítico de la vida representado por el traslado en un
vehículo”, publicitando que sus equipamientos permiten resistir el ataque con armas conven-
cionales y de guerra. “Recientemente hemos mejorado la capacidad de embestida e incorpora-
do una banda de rodamiento que refuerza las ruedas ante orificios de gran magnitud.”

* Carl Honoré señala que el diseño de los barrios residenciales estadounidenses refleja la prefe-
rencia por el coche. Algunas calles ni siquiera tienen vereda y la mayor parte de las casas cuen-
ta con garage para varios vehículos. La gente conoce los coches de los vecinos mejor que a ellos
mismos. El malestar provocado por el aislamiento social se revela en una investigación según
la cual los estadounidenses que viven en los barrios residenciales desparramados, pesan un
promedio de 3 kilos más de los que viven en barrios compactos37.
6. El maltratado psiquismo del habitante urbano

La ciudad socava a sus habitantes: la burocracia los masifica, los


cambios incesantes los anomizan, el miedo al descenso social los
aliena y la idea de un mundo de violencia los llena de ansiedades y
fobias. Por si fuera poco el hombre de la ciudad ha perdido la facultad
de detenerse. Se desorienta ante la aparición de tiempo libre, quiere
acción y cambio. La tensión por el próximo logro se le aparece antes
de que haya disfrutado el anterior.
El apresuramiento crónico es una de las formas del stress urbano,
del que muy pocos habitantes se salvan. Honoré recuerda que en los
Viajes de Gulliver, Jonathan Swift refiere que, notando los liliputien-
ses la frecuencia con que Gulliver consultaba el reloj creyeron que se-
ría su Dios. El reloj ha destruido la libertad de nuestro tiempo psíquico
para someternos al tiempo cronométrico.
La velocidad es contagiosa y crea hábito. El habitante conclu-
ye por odiar cualquier silencio, detención o inactividad. Sólo sabe
mirar para afuera de sí mismo. La prisa se ha convertido en una se-
gunda naturaleza de la gente, conducimos más rápido, caminamos
·62· más rápido, salteamos párrafos de los libros. El resultado es una
corrosiva desconexión entre lo que querríamos de la vida y lo que
logramos de ella.
La patología del apresuramiento crónico, igual que la de surmena-
ge, es desconocida en las ciudades menores, otro ejemplo del sentido
terapéutico de la vida barrial.(*)

Los trastornos de que se ocupan los psicoterapeutas, una de las


profesiones más demandadas de la vida urbana, dimanan en buena
medida de la sobreadaptación, que excede las posibilidades auto re-
gulativas del individuo. Como señala el sociólogo Vicente Verdu: “los

* Según Pinillos, una forma de aproximarse a las características de la vida en las grandes ciuda-
des consiste en aplicar una óptica de contraste con la vida de las ciudades pequeñas[60]:

Modo urbano Modo de pueblo


Acelerado Reposado
Excitable Tranquilo
Alarmado Relajado
Artificioso Sencillo
Cambiante Estable
Burocrático Espontáneo
Insolidario Dispuesto
Presumido Socarrón
Individualista Comunitario
laboratorios se han convertido en los grandes pacificadores sociales:
Prozac para la depresión, melatonina para la juventud y el sueño; Se-
rotax contra la timidez; Aurix para la fobia social…” 133
Hace siglos se presume que los estados de ánimo pueden favore-
cer la aparición de enfermedades. Estas suposiciones han sido corro-
boradas. Los científicos afirman que los estados de ánimo influyen en
la secreción de hormonas neurotransmisoras y que las carencias, los
maltratos, las experiencias displacenteras alteran la química hormo-
nal, operando farmacológicamente sobre el individuo
En 1950, el médico Hans Seyle definió el stress como el conjunto
de relaciones físicas y psicológicas que experimentan las personas
como respuesta a situaciones difíciles que las superan. El síndrome
de Seyle, que incluye alarma, tensión y agotamiento, se nutre en bue-
na medida del carácter estresante de la ciudad.
El stress se origina en la sobrecarga psíquica y funcional que so-
porta el ser humano, alterando sus conductas en forma traumática y
disminuyendo todas sus capacidades vitales.(*) Los especialistas de la
infancia hoy nos hablan de padres que carecen de libido para criar. La
psicoanalista Gisela Untoiglich señala que: “quienes trabajamos con
niños pequeños observamos situaciones de sufrimiento psíquico in- ·63·
fantil a edades cada vez más tempranas. Este agravamiento obedece,
entre otros factores, a que los padres están cada vez más exigidos y
más deprimidos por no poder responder a todo.” 134
La generalizada perturbación del sueño es la consecuencia más
frecuente del stress. Día tras día se rompen los ritmos circadianos de
vigilia y sueño, profundamente impresos en la herencia de la especie..
Aunque el ciudadano descanse a fuerza de tranquilizantes, el reposo
que consigue es de baja calidad, con secuelas diurnas como la irri-
tabilidad, la pérdida de concentración, y ese difuso malestar interior
que llamamos ansiedad.(**)
Inevitablemente, los sectores excluidos pagan el precio más alto en
materia de alienación urbana, el del daño psíquico irreversible. Como

* Dice Mitscherlich: una creciente agresividad flota libremente. Los menores motivos pueden
detonarla. Las ciudades están tomadas por sus manifestaciones, desde le nervioso bocinazo
hasta verdaderos actos de violencia física. Síntomas de la creciente incapacidad para reducir
las tensiones a niveles que permitan una comunicación civilizada.[54]

** Desde que las investigaciones de mercado demostraron que una siesta corta puede reforzar la
productividad, aparecen nuevas ofertas.
Según Honoré, “una red española ofrece la oportunidad de dormir 20 minutos por 4 euros. Cada
detalle está diseñado para relajar. Los clientes, vestidos y arrodillados boca abajo en sillones de
diseño ergonómico reciben un masaje en la cabeza, el cuello y la espalda. Llegado el sueño, el ma-
sajista los envuelve con una manta de lana y se marcha”. [37]
dice el psicólogo comunitario Juan Otero: “visto desde la psiquiatría
el problema prioritario es el de la pobreza, que se presenta como un
aniquilamiento de la identidad, de la pertenencia y del futuro. Resulta
imposible comprender el sentido de las prácticas psiquiátricas con la
pobreza, una especie de ingeniería química que recurre a la medicali-
zación, independiente de las causales de las patologías.” 135 (*) Cuando
la alienación económica y la psíquica actúan en conjunto, se funden
en la más acabada destrucción que cabe infligir a un ser humano.(**)

·64·


* Medicalización: según Paulo Amarante, la medicalización se relaciona con la apropiación por
parte de la medicina de todo aquello que no es del orden médico. Se refiere a la posibilidad
de transformar en “médico” lo que es del orden de lo socioeconómico, como las personas que
siendo objeto de violencia social son sometidas a medicación. Se presenta como un problema
de salud lo que es un emergente propio de la exclusión.

** Pinillos señala que “las neurosis de ansiedad son tres veces más frecuentes en las clases altas
que en las clases bajas, porque en éstas la ansiedad muta hacia comportamientos agresivos y
graves trastornos mentales. Así lo comprueban estudios realizados en Francia: a la edad de 24
años el porcentaje de psicóticos era parecido en todas las clases sociales. A los cincuenta años
de edad, las clases populares contenían un 3% de psicóticos y las clases altas menos de 0,5%.
La relación 1 a 1 había pasado a 6 a 1”. [60]
2
El barrio,
territorio de
la integración
social
Capítulo IV
El espacio público según los estratos sociales

Capítulo V
La escala barrial
· IV ·
EL ESPACIO PÚBLICO
SEGÚN LOS ESTRATOS SOCIALES

1. Las dos visiones urbanas

La ciudad del autoritarismo de Estado, con sus grandes edificios cla-


sicistas y sus imponentes espacios urbanos, se va convirtiendo en
historia.
Hoy asistimos a la construcción de la ciudad neoliberal, la de los
negocios globalizados, erizada de los rascacielos-estrella de las cor-
poraciones y de las altas torres donde habitan sus clases dirigentes,
elevándose desde un espacio público dominado por el tráfico. La ro-
dea una caótica periferia regional, un cinturón anárquico hendido por
autopistas, mayoritariamente habitada por población trabajadora, ·67·
donde grandes bolsones de miseria alternan con los enclaves resi-
denciales privados y fortificados de las clases acomodadas.
La utopía de la ciudad neoliberal apunta a la fluidez del tránsito
en un espacio público ordenado y controlado por la autoridad policial.
Busca asegurar infraestructuras eficientes y servicios de calidad,
todo a cargo de empresas privadas y rentables, en el entendimiento
de que un buen servicio debe ser comprado por cada usuario.(*) Todas
sus actividades, el trabajo, la educación, la vida social, las compras,
la cultura y el deporte se desarrollan en lugares privados. Afuera que-
da el espacio público, la calle, sólo para salir y llegar, cuya obstrucción
constituye un delito que debe ser reprimido.(**)

* En San Francisco, EEUU, los camiones de basura pasan una vez por semana. Interrogado sobre
cómo soportan los vecinos un recipiente con comida degradada durante una semana, el coordi-
nador de la campaña “basura cero”, explica: “si el cliente prefiere una recolección más frecuente
puede obtenerla aumentando el costo de su servicio”.

** Dice Federico Caeiro (extracto): “Marchas piqueteras que cortan las calles, cartoneros que de-
jan un tendal de basura, plazas–potrero donde se juega al fútbol, limpia vidrios que se abalan-
zan sobre los vehículos, vendedores que compiten deslealmente con comerciantes que pagan
impuestos, bares que invaden las veredas con mesas ilegales, homeless por doquier. La ciudad
de Buenos Aires está más ultrajada que nunca.
Es al Estado a quien corresponde asegurar el cumplimiento de las normas a través del uso de
la fuerza si es necesario”. [136]
En paralelo, con antecedentes en las utopías urbanas de la segunda
posguerra, gana adhesiones el paradigma de una ciudad democrática
que, respondiendo a las demandas de una población ya distanciada de
su origen rural, reclama protagonismo. Este paradigma pone en valor
la ciudad existente y la descentraliza en comunas socialmente integra-
das, con gobiernos participativos. Protege la identidad de sus barrios,
los provee con equipamientos completos y prioriza la peatonalidad.
En las ciudades mayores estos conceptos incluyen las poblaciones
del cinturón periférico, constituyendo una red regional de poblaciones
conurbadas, sectores industriales, espacios naturales y servicios re-
creativos y deportivos. Un territorio interconectado por un sistema vial
y ferroviario que privilegia la calidad y la fluidez del transporte público.

El paradigma de la ciudad neoliberal y el de la ciudad democráti-


ca se contraponen conflictivamente en la ciudad real. No se trata de
dos opciones de diseño sino de dos maneras de concebir la sociedad
urbana, congruentes con dos modelos de sociedad nacional: uno
priorizando el potencial del mercado, el otro la inclusión social y la
calidad de vida de los habitantes. El proyecto neoliberal ve a la ciu-
·68· dad como un campo para el desarrollo de los negocios, el democrá-
tico como un hábitat colectivo administrado por un Estado fuerte,
capaz de gestionar las prioridades sociales y regular los desarrollos
privados.
Estas visiones polarizan el debate municipal, en un enfrentamien-
to casi permanente que, en esencia, no es otra cosa que la expresión
del conflicto entre poderosas minorías privilegiadas y las mayorías
urbanas que buscan mejorar su papel en la distribución de la riqueza.
Este debate se trasunta en todos los aspectos de la vida nacional:

regulación vs. libertad de mercado


Estado transformador vs. Estado administrativo
participación vs. delegación
gestión de conflictos vs. orden autoritario
prioridad peatonal vs. prioridad del automóvil
preservación urbana vs. libertad para demoler

Más allá de promesas y discursos, el predominio de una u otra


orientación se verifica en la manera como cada gobierno asigna los
recursos humanos y económicos de la sociedad. La sociedad urbana
es un universo en conflicto. Para ubicar la génesis de cada enfren-
tamiento es necesario visualizar los intereses y los grupos que se
enfrentan, quiénes se benefician y quiénes resultan perjudicados. Lo
mejor para unos nunca es lo mejor para todos.

2. Estratificación social y espacio público

La visión liberal no reconoce al pueblo como una estructura de es-


tratos con intereses contrapuestos. Lo presenta como “la sociedad
nacional”, un concepto unificador que oculta las diferencias de clase
tras una retórica patriótica: todos somos iguales, tenemos los mismos
derechos, los mismos deberes y la misma justicia. Nos une el amor a
la patria y a los símbolos de la nacionalidad.
Sin embargo las diferencias entre las formas de vida y las culturas
de cada clase son notables, incluso mayores que las que provienen
de nacionalidades diferentes. La vida cotidiana de un obrero argen-
tino se parece más a la de un obrero griego o eslovaco que a la de su
compatriota, el gerente ejecutivo de la empresa para la cual trabaja.
Recíprocamente, la vida de un CEO argentino es muy similar a la de
cualquier otro CEO del planeta.

Dice Aldo Rossi: “la formación del barrio es un hecho social fun- ·69·
dado en la segregación de clases, que se ha repetido históricamente
tanto en las ciudades de nuestro tiempo como en la antigua Roma.” 64
El habitante urbano, el urbanita, dista de constituir una categoría
homogénea. Aunque para la geografía y la demografía la palabra ur-
bano representa un universo coherente, diferente del que se designa
con la palabra rural, acercando la óptica se descubre en su interior
una estructura claramente segmentada.
Las estructuras físicas de la ciudad revelan las peculiaridades de
su estructura social ya que el nivel socio-económico es el principal
factor que interviene en la selección de residencia. La tendencia a
agruparse por parte de aquellas personas que comparten un estilo
de vida, resulta en la conformación de grupos sociales relativamente
homogéneos afincados en un área espacial determinada.
Las nociones de ciudad, vida urbana y espacio público son parte
de la mochila cultural de cada estrato. Recordar este hecho es una de
las bases para el éxito de las políticas urbanas.(*)

* Según la antropóloga Rosalía Winocurt, al pertenecer a distintas clases sociales, decodifica-


mos de manera diferente, tenemos distintos modos de representar el mundo.
Para las clases populares, el buen ciudadano es el vecino colaborador. Para las clases altas,
el buen ciudadano es el que no molesta.
Las comunidades urbanas se integran a través de las instituciones
y organizaciones barriales, sin las cuales la población se mantendría
disgregada. La formalización de estas comunidades está relacionada
con la cultura de clase de sus miembros, reproduciendo en el espacio
las diferencias y desigualdades presentes en la sociedad.
En una mirada rápida los estratos altos se agrupan en asociacio-
nes vinculadas con los negocios, el arte y sus deportes preferidos, la
navegación, el golf o el polo. Las clases medias se asocian en relación
a la cultura, la educación de los niños, el deporte. Las clases popula-
res a través de sindicatos y organizaciones barriales. Es posible, por
lo tanto, distinguir los patrones de conducta asociativa de cada clase
y mostrar cómo esos patrones se mantienen y proyectan sobre sus
espacios urbanos.
Los desocupados conservan largo tiempo la pertenencia a la clase
de la cual provienen, aunque subsistan gracias a los programas de ayu-
da o a frecuentes escapadas hacia la economía subterránea. No ocurre
lo mismo con las generaciones nacidas en la marginalidad que, disgre-
gadas y despojadas de toda pertenencia, solo pueden ser recuperadas
a través de un intenso proceso de recapacitación educativa y laboral.
·70·
Los sectores de mayores ingresos, las llamadas clase alta y me-
dia alta, aproximadamente los deciles 9 y 10 de los modelos de es-
tratificación económica, no habitan el espacio público ni utilizan sus
equipamientos comunitarios. Por el contrario, se apartan de la vida
colectiva, son celosos custodios de su privacidad y sienten un fuer-
te rechazo ante la apropiación del espacio público por grupos que se
manifiestan, a cuyos actores ven como prepotentes generadores de
desorden. Todas sus actividades cotidianas se desarrollan en equipa-
mientos privados, exclusivos del sector.
Las clases altas no estructuran sus vínculos sociales en términos
de proximidad residencial, sino según redes de conocimiento y amis-
tad dispersas en la región urbana y otros lugares del país. También
fuera de él, ya que el avión constituye para ellos un medio de trans-
porte habitual.

En el otro extremo, en la base de la pirámide socioeconómica, los


sectores de escasos recursos, homologables con los deciles 1, 2, 3
y 4, habitan intensamente el espacio público. La calle suele ser una
prolongación del ámbito familiar, un desborde de sus viviendas que
suelen resultar expulsivas por sus condiciones de hacinamiento, pre-
cariedad u obsolescencia.
En estos estratos la privacidad, característica de las clases medias
y altas, pierde valor frente a la necesidad de frecuentes prestaciones
de ayuda que intensifican los vínculos cotidianos entre las familias de
cada vecindario. El estrechamiento de estos vínculos constituye una
estrategia para la supervivencia.
Dado que no es habitual invitar socialmente a las casas, su pobla-
ción trascurre buena parte de su tiempo libre en el espacio público,
que funciona como un ámbito colectivo principal, donde se produce el
intercambio de información y el cotilleo cotidiano.(*)
Como señala Ariel Gravano, “frente a la provisionalidad del mer-
cado de trabajo, es en el barrio donde los vecinos pueden establecer
sociabilidades duraderas y personalizadas. En ese espacio quedar sin
trabajo no significa perder la pertenencia, contrariamente a lo que su-
cede en los barrios de clase alta y media alta.”
Una importante diferencia entre los sectores superiores y los bajos
radica en que los primeros desarrollan una vida asociativa surgiendo de
su similitud de intereses, lo que redunda en una verdadera solidaridad de
estrato. Para la población obrera, en cambio, las relaciones de conviven-
cia no suponen la conciencia de integrar un colectivo de clase potencial-
mente poderoso, conciencia que adquieren a través de su participación ·71·
en las organizaciones barriales, políticas o gremiales que los nuclean.

Los sectores sociales que se corresponden con los deciles interme-


dios, genéricamente denominados clase media, utilizan habitualmen-
te los equipamientos colectivos y socializan en el espacio público.
La clase media nacional, dice José Natanson, es definida como un
“universo complejo dentro del cual conviven diversos grupos. Durante
los años ´90 sufrió un proceso de heterogeneización que ha hecho que
hoy coexistan allí desde sectores medio altos hasta sectores bajos es-
tructurados, con ingresos sistemáticos pero magros, como los dueños
de pequeños negocios. Culturalmente (no en capacidad de consumo) se
le suman los nuevos pobres que cayeron a partir de la crisis del 2001”. (**)

* Dice el sociólogo Richard Sennett: “la pobreza y la abundancia desempeñan un papel pene-
trante en el deseo de comunidad. La abundancia acrecienta el aislamiento en los contactos
públicos así como la necesidad les abre un cauce”.

** Según Natanson, las clases más bajas conocen las redes de contención social, tienen comedo-
res, subsidios o programas específicos, saben cómo sobrevivir.
La clase media empobrecida es más vulnerable. Hay un gran desconocimiento de los cir-
cuitos de ayuda, además de vergüenza por recurrir a ellos, ya que su cultura interpela a sus
miembros en torno del ascenso social. Los jóvenes en particular sufren esta situación, ya que
sus padres no dejan de depositar en ellos las más altas expectativas.[138]
Aunque la clase media aspira a una elevación de su status, ello no
impide que sus miembros se inserten en la sociedad barrial y respon-
dan positivamente a las convocatorias de las instituciones comunita-
rias, especialmente las relacionadas con la educación, la seguridad,
la cultura, el deporte y la preservación barrial. Su red de amistades
se disemina en toda la ciudad, pero muchos de sus vínculos más co-
tidianos se ubican en el barrio. Las relaciones de vecindad son más
selectivas que en los sectores obreros, pero las afinidades personales
importan tanto como las del status”40.(*)

No debe suponerse que por compartir el uso del espacio público


y los equipamientos barriales queda demostrada la compatibilidad
cultural de los sectores medios con los bajos. Cada grupo se atiene a
su sistema de normas. Los sociólogos coinciden en que en los vecin-
darios mixtos aparecen retraimientos y fricciones que pueden llegar
a niveles de violencia cuando la presión social se torna penosa. En
tales casos, se registra un alto porcentaje de cambios de domicilio.(**)
Lo irrefutable es que los estratos altos son los únicos en rechazar el
uso del espacio público. El resto de la población urbana, cada uno a su
·72· manera, lo habita todos los días.

* El reciente intento de construir un muro entre San Isidro y San Fernando representa el grado
extremo de la controversia entre clases sociales. Como señala Marta Bekerman, “se intentan
neutralizar las diferencias a través de la separación tajante de personas geográficamente muy
próximas, con toda la carga discriminatoria que supone que un vecino no pueda conectarse con
otro que vive en la cuadra siguiente”.[137]

** Suzanne Keller propone: “imaginemos un barrio obrero donde la gente tiene fuertes lazos de
vecindad y los vecinos responden sin dudar a la petición de herramientas, dinero, comida o con-
sejos y donde la gente se siente libre de pedirlos.
Imaginemos otro barrio, ahora de clase media, donde más allá de la cortesía se espera que
la gente se atenga a su intimidad y se mantenga fuera de los asuntos de los demás. Rara vez se
piden favores, no se arma demasiado ruido y se mantienen limpias las veredas.
Si un individuo del segundo barrio se traslada al primero, es seguro que considerará a sus
vecinos ruidosos, intrusivos y chismosos, mientras que ellos lo encontrarán distante, egoísta y
antipático. Nadie estaría feliz y la situación terminaría con una nueva mudanza”.[40]
·V·
LA ESCALA BARRIAL

1. Barrio y ciudad

¿Por qué referimos la integración social a la escala del barrio? Dice


Paulhans Peters “en la gran malla urbana, considerada como unidad in-
divisible, el hombre se pierde. La ordenación de las grandes urbes en for-
ma de barrios les incorpora una escala favorable para la vida social”59.
La escala de la gran ciudad es desfavorable para las relaciones en
el espacio público. Cuando la aglomeración es excesiva y cambiante
no se conoce a las personas de alrededor, el habitante se anonimiza.
La proximidad barrial, en cambio, provoca gran cantidad de interac-
ciones. Es en esta escala donde se organizan los grupos sociales. La ·73·
identidad colectiva y las relaciones de solidaridad que surgen de la
pertenencia, cancelan el anonimato y la distancia social que se esta-
blece en las ciudades mayores.
La población de una ciudad empieza a sufrir graves problemas de
anonimato y adaptación al superar los 300 o 400 mil habitantes. En
estas ciudades reconstituir la escala barrial es insustituible para con-
solidar la vida comunitaria.
Las grandes dimensiones demográficas y territoriales como el país, la
región y la metrópoli, corresponden a realidades que sólo pueden ser abar-
cadas desde una visión satelital. Proporcionan un enfoque macro, impres-
cindible para la planificación, pero carecen de contenido vivencial para sus
habitantes. René König señala que “si bien es cierto que por encima de las
comunidades locales existen otras sociedades, sigue siendo válido que la
vida social, fuera de la familia, sólo se convierte en experiencia palpable
dentro del contexto barrial”2. Es una de las razones por las que los planifi-
cadores tienden a reestructurar las regiones urbanas como un sistema de
núcleos menores, todos en escala de comunidades completas.(*)

* La Unidad Vecinal, dice Roberto Segre, se desarrolla luego de la primera Guerra Mundial. Se
trata de un agrupamiento que relaciona entre sí a un conjunto de familias a partir de sus ne-
cesidades de consumo cotidiano y la educación de los niños. Perry encierra esta Célula Básica
(Continúa página siguiente)
La arquitecta argentina Marcela Camblor, directora de diseño
urbano del Estado de Florida, USA, arriba a conclusiones pareci-
das a partir de su experiencia de gestión local: “Por primera vez en
la historia de la humanidad creamos un patrón de desarrollo urbano
que no permite caminar. Ese patrón, un producto del predominio del
automóvil en las últimas décadas, se caracterizó en nuestro Estado
por una construcción segregada y desparramada que buscó el aleja-
miento de las ciudades. Nos convencimos de que sólo viviendo en un
lugar aislado con amenities y seguridad privada era posible mejorar
la calidad de vida”.
“Se pavimentó sin dirección ni límite, en una constante búsqueda
de tierras baratas, ocupando áreas dedicadas a la agricultura. Cons-
truimos playas de estacionamiento para los autos de quienes se fue-
ron a la periferia, pero trabajaban en la ciudad y dejamos en manos
del sector privado la función pública de crear comunidades. El resul-
tado fue insostenible”.
“Pronto apareció el primer gran enemigo: el traslado diario se vol-
vió agobiante. El habitante de la periferia pasa un promedio de dos
horas diarias en un auto, sesenta días hábiles anuales, inmerso en un
·74· caos de tráfico. Para una sociedad que luchó por conseguir diez días
de vacaciones al año, malgastar sesenta días laborables en un tráfico
cargado de stress, resultó inaceptable”.
“Al principio construimos nuevas autopistas, pero nos superó el
crecimiento de la congestión. Nos convertimos en el Estado con ma-
yor índice de peatones atropellados del país. Fue como pretender ba-
jar de peso aflojándose el cinturón”.
“Hoy estamos mejorando nuestras ciudades para hacerlas nueva-
mente deseables. Trabajamos con la comunidad en la creación de los
planes que guían el crecimiento urbano y estamos educando a nues-
tros gobernantes al exigir que todo nuevo desarrollo se constituya
como una comunidad completa” 139.


(Viene página anterior)
en un círculo de 200m de radio en cuyo centro coloca el comercio diario, un círculo infantil, una
lavandería.
A partir de este núcleo mínimo de 1000 a 1500 habitantes, se forma la Unidad Vecinal, com-
puesta por cuatro núcleos básicos. La distancia máxima de su centro a las viviendas es de
400m. Allí radica la escuela secundaria, el centro comercial y otros servicios de uso periódico.
La circulación vehicular no penetra en la Unidad Vecinal.
Con variaciones, este esquema tuvo aplicación inmediata en la segunda pos guerra y se con-
virtió en un modelo de asentamiento, inclusive en el mundo socialista.
2. El concepto de barrio

El período posterior a la segunda guerra mundial fue de descré-


dito para el concepto de barrio. Si bien se intentó organizar la po-
blación en agrupamientos vecinales y barriales, las formalizaciones
producidas por el Movimiento Moderno estaban tan distanciadas de
la cultura mayoritaria que no se produjo la identificación necesaria
para el arraigo.

El barrio constituye una subestructura típica de la ciudad, una uni-


dad morfológica y social caracterizada por un cierto paisaje urbano y un
determinado contenido sociocultural. Aldo Rossi64 señala que, si bien la
ciudad está vista como una unidad, sólo puede ser captada y entendi-
da a través del conocimiento de sus fragmentos, una suma de distritos
y barrios diferenciados por sus características formales y sociológicas.
Se trata de áreas originales que pueden ser individualizadas como uni-
dades interiores a la ciudad, emergidas en diferentes momentos de su
crecimiento, que han ido adquiriendo carácter propio.(*)
Tan antiguo como la ciudad, el barrio se halla hondamente inscrip-
to en el espíritu del habitante, al punto que atravesar sus límites supo ·75·
ser marcado como un hecho ritual. Aún hoy, “irse al otro barrio” se
suele utilizar para significar el paso al otro mundo.
El concepto de barrio se asocia con los pueblos y las ciudades pe-
queñas.40 Hace dos o tres siglos, señala Suzanne Keller, las leyes loca-
les incluían obligaciones de vecindad. Muchas de las actividades que
requerían ayuda y afectaban al bienestar de la comunidad, quedaban
bajo la responsabilidad de la población. En los pueblos, cada vecino
estaba obligado a responder a una llamada de socorro en cualquier
momento, especialmente durante la cosecha, o a la construcción de
las casas.

La concepción sociológica del barrio enfatiza las actividades y


valores compartidos, las lealtades comunes y la existencia de redes
humanas que le dan un sentido de continuidad y persistencia en el
tiempo. Se trata de ese producto físico, político y cultural, ámbito de

* Las ciudades nacen con la escala de un barrio. Al expandirse aparecen sus barrios interiores.
En el siglo XVIII, Buenos Aires pasó a ser una verdadera ciudad para su época. Los 22.000
habitantes que la ciudad albergaba en 1770 habían pasado a ser 40.000 para 1800.
Según Schavelzon, en 1820 la ciudad y su entorno próximo tenían 260 tiendas y 500 pulpe-
rías. Recién entonces comenzaron a definirse los primeros barrios, tomando como punto de
partida las parroquias y los cuarteles militares que dividían la ciudad. [66]
identificación y de participación cívica, donde se produce el intercam-
bio entre sus habitantes.
El barrio es el ámbito del encuentro repetido, de las relaciones de
proximidad. Allí se originan los vínculos cotidianos que suelen evolu-
cionar hacia formas de asociación o grupos de acción local. Un espa-
cio social con problemáticas comunes tan trasendentes como las que
unen a las asociaciones gremiales y profesionales. Una pequeña pa-
tria donde los dilemas sociales son discutidos cara a cara entre gente
que se conoce.
Cuando hablamos del barrio nos referimos a un sector diferencia-
do del tejido urbano que tiene la dimensión espacial y demográfica de
una ciudad pequeña con fronteras establecidas por la geografía urba-
na, una población que comparte la pertenencia local y una estructura
focalizada en un centro de servicios. Es el mayor sector de ciudad que
puede ser reconocido como propio por sus habitantes, que contiene
una población suficiente para nutrir el uso de sus equipamientos co-
munitarios y alimentar el desarrollo de las organizaciones locales. Un
espacio de lugares, no de flujos, que trasciende el discurso arquitec-
tónico-urbanístico clásico, donde el énfasis está puesto en el análisis
·76· espacial y morfológico.

Vale recordar que los barrios no son autónomos. Cuando los pla-
nificadores urbanos operan sobre el barrio deben hacerlo en dos
sentidos, hacia adentro para orientar el desarrollo local y protegerlo
del tránsito pasante y hacia afuera para organizar las conectividades
funcionales e infraestructurales con el resto de la ciudad.

3. El concepto de vecindario

En todo agrupamiento social se registra una tendencia a la con-


formación de agrupamientos menores, inscriptos dentro de conjuntos
más amplios. Es lo que ocurre con los vecindarios, comunidades inte-
riores a los barrios que configuran ámbitos de proximidad, donde se
establecen esas relaciones cotidianas y afectivas que los sociólogos
denominan vínculos primarios. El vecindario hace referencia a una co-
lectividad primaria y cara a cara, a diferencia de la comunidad barrial,
que incluye un sistema de vínculos secundarios que sólo pueden esta-
blecerse al interior de una población numerosa. La prueba del vecin-
dario es que su población se conozca y sepa de la vida de los demás.
Uno de sus valores más destacados es el sentimiento solidario, la
convicción de una protección asegurada dentro de una red de relaciones
próximas que constituyen no solo un vínculo social, sino también un
paliativo instrumental para la vida cotidiana, especialmente en las
circunstancias difíciles por las que suelen atravesar los sectores de
bajos recursos.
Raymond Ledrut destaca que, como “zona de trato mutuo”, el ve-
cindario es necesariamente reducido. En sus calles se encuentran
a cada paso habitantes que ya se conocen, un mundo peatonal y
cotidiano donde el espacio colectivo configura una extensión con-
creta de la esfera familiar”42. Las crisis, las emergencias médicas o
colectivas y los grandes acontecimientos locales como las bodas y
los velorios constituyen las típicas ocasiones de congregación para
la vida vecinal.
Los niños y los ancianos, más que otro grupo de edad, se procuran
allí sus contactos habituales. Su menor capacidad de desplazamiento
los induce a establecer su vida cotidiana en las proximidades de la
vivienda.
Los vecindarios no suelen definirse según límites geográficos. Se
trata de entornos determinados por las escalas autonómicas infantiles
y de los adultos mayores y por la cercanía a los equipamientos de uso
diario, especialmente los de abastecimiento y educación. ·77·

En la dimensión del vecindario las organizaciones locales no sue-


len prosperar debido a la perturbación de las relaciones interperso-
nales originadas por el control social, que surge de las infaltables
conductas vigiladoras de algunos vecinos. La actitud de vigilancia
genera coacciones y necesidad de autocontrol. Como el control so-
cial funciona día y noche, siempre hay un porcentaje significativo de
vecinos que se sienten molestos por la sensación de ser vigilados, un
malestar que ocasiona resentimientos y un cierto grado de agresi-
vidad hacia aquellos que impiden vivir a la manera de cada uno. Las
personas son poco proclives a estrechar relaciones en comunidades
muy reducidas, a fin de poder elegir sus amistades sin provocar la
reacción de los vecinos omitidos.
Este tipo de conflicto no actúa sobre la escala de barrio, donde la
mayor población y extensión territorial diluye el control social. Allí los
vecinos pueden vivir y expresarse sin temor a represalias.

4. El sentimiento barrial

Cada barrio supone una cultura diferente. La expresión tanguera


“el alma del barrio” confirma la existencia de estas subculturas, no
por casualidad hay tantas referencias al barrio en el folklore ciudada-
no y en la mítica de los relatos urbanos.(*)
La comunidad barrial se constituye por la interacción de diversas
condiciones, entre ellas la proximidad, la homogeneidad sociocultu-
ral, la del nivel económico, la procedencia y las etnias. Se trata de una
trama que une aglutinando hacia adentro y diferenciando hacia fuera,
que se hace consistente cuando los vecinos, actúan en conjunto. Sus
rasgos principales son la pertenencia, la identidad, la participación y
la apropiación del espacio.

La comunidad barrial se cohesiona en la medida en que la gente


adquiere experiencias y acumula recuerdos comunes, acercandose
a lo que se denomina “conciencia de comunidad”, el fundamento del
sentimiento de pertenecer, de estar y querer quedarse.
Cuando se habla de pertenencia, los psicólogos resaltan la iden-
tidad y la unidad de carácter, los sociólogos o los antropólogos pre-
fieren hablar de familia, grupos de afinidad, clase social o tribu, pero
todos coinciden en que los seres humanos necesitamos la sensación
de pertenecer.(**)
·78· El apego al lugar es un sentimiento de orgullo de vivir allí que,
con frecuencia, pasa por alto incomodidades y fealdades. Tiene raí-
ces históricas en la saga de las familias que habitan el lugar, raíces
afectivas en las amistades y el parentesco, raíces estéticas en el
disfrute de ciertos aspectos del paisaje local y raíces culturales en
los valores y búsquedas de sus habitantes. También raíces étnicas
en la tradiciones y costumbres de los grupos provenientes de otras
regiones.(***)

* Decía Jorge Göttling: el blasón de pertenecer a un barrio implico siempre aceptar ciertas con-
traseñas internas que definen la frontera entre “vivir” en un barrio o “ser” del barrio. El centro de
la ciudad es para el habitante un lugar mágico y neutral del cual fatalmente se vuelve al barrio,
lugar de pertenencia.Ser de Palermo, Boedo o Devoto continúa siendo un significante, que ha-
bla de costumbres distintas, confiterías decoradas o cafés estoicos.
El habitante de Buenos Aires arroja hoy las bengalas para ser rescatado de una ciudad que
se torna cada vez más ajena a ese caliente mundo interior que sabe latir en cada barrio.[142]

** Dice Carlos Tévez: “Jugar en el barrio se extraña. Se armaban unos campeonatos bárbaros a
veces por el sándwich y la Coca. Era genial, siempre lo dije, jugar en mi barrio es más lindo que
hacerlo en la Bombonera”.[140]
En el mismo sentido Barack, Obama recuerda que: “de niño jugaba fútbol en un camino pol-
voriento de Shakarta. El juego era lo que unía a toda la comunidad”. [141]

*** Suzanne Keller señala que en ciertas zonas de San Juan de Puerto Rico, cuyas condiciones de
vida podrían parecer enormemente deficitarias: el 70% de los encuestados consideraba su área
(Continúa página siguiente)
El arraigo y la pertenencia imparten sentido a la vida de los in-
dividuos. Kevin Lynch señala que “la necesidad que tenemos de
nuestro entorno tiene raíces tan hondas que calan en el pasado con
fuerte emotividad. Los recuerdos de la patria chica han sido siem-
pre los primeros puntos de contacto entre los soldados de las trin-
cheras”.49

El territorio barrial es sentido como terruño, con un arraigo que


mucho tiene que ver con el sentimiento de patria. Es algo más allá de
la racionalidad. La gente arriesga su vida por la patria y su imaginario
social porque forman parte de su ser. La identidad afecta al núcleo
de uno mismo conectada con un poderoso efecto basado en raíces
inconscientes.(*)

Muy vinculado con la pertenencia, la identidad es un sentimiento


construido a lo largo de cada historia personal, firmemente asenta-
do en recuerdos y anécdotas que tienen a los vecinos como reiterado
marco humano y a los lugares del barrio como su escenario más habi-
tual. Según Edward Hall “cuando comprendemos que la memoria or-
ganiza los recuerdos sobre la base de la significación que tienen para ·79·
nosotros, no nos sorprende que el valor social del barrio resulte tan
crucial en la formación de la identidad.” 102
Ante la pregunta “¿quién es usted?”, muchos vecinos responde-
rán “me llamo X, soy de Almagro”. Dicen soy, se autodefinen por su


(Viene página anterior)
como buenos lugares para vivir. Al mismo tiempo sólo el 26% de los inmigrantes puertorriqueños
en la ciudad de New York están satisfechos de sus vecindarios,

Dice la colombiana Yvonne Riaño: si bien nuestro barrio esta aislado del transporte publico,
con calles de tierra sin alcantarillado y dificultades con el agua potable, los pobladores tienen
un fuerte vínculo con él, lo perciben como un lugar de amistad y apoyo mutuo que constituye
una parte muy importante de sus vidas. En sus propias palabras el barrio es percibido como
“bonito”, “seguro”, “amistoso”, “solidario”, y “participativo”. Algunos también lo apreciaron como
“limpio” y “grande”.

* Sonia Romero Gorski relata una experiencia personal a miles de kilómetros: en un vuelo interno
escuché una conversación donde alguien viajaba próximamente a Montevideo. Le dije “no me
diga que va a Montevideo” y me responde “sí, voy a Montevideo, pero voy a Cerro. Con la distancia
de por medio seguía operando la necesidad de explicitar una doble pertenencia identitaria a
partir de lo ciudadano y lo barrial.
Según Marc Augé “el retorno al lugar es el recurso y la aspiración de aquel que frecuenta los
no lugares. Volver a los sitios donde se comparte y se conmemora la memoria y a la comunica-
ción hablada. El personaje está en su lugar cuando se siente a gusto con la retórica de la gente
con la que lo comparte. El signo de que esta en su hábitat es que logra hacerse entender sin
ningún problema y logra seguir las razones de sus interlocutores sin mayores explicaciones.”
pertenencia a la patria local con el mismo sentido que, formulada la
pregunta en el extranjero, responderían soy argentino. (*)
La estrecha relación que se advierte en los barrios cohesionados
entre el domicilio de los padres y el de los hijos, subraya la importan-
cia de la identidad para la retención de población joven.

En cada barrio hay un club, una plaza y un café donde adolescen-


tes, jóvenes y adultos se reúne. Allí se discute, se juega y se afianzan
amistades. La pertenencia a estos ámbitos es un dato importante
tanto para la identidad individual, como para la identidad colectiva.
Resulta imposible disociarlas. La representación del individuo incluye
necesariamente una representación del colectivo en el que está in-
serto. Las identidades individuales convergen en una identidad com-
partida que constituye la primera condición para el desarrollo de un
grupo social organizado.
No hay una identidad urbana tan vivenciada como la barrial. Más
allá y más acá existen otras dimensiones, la individual, la familiar, la
urbana, la regional y la nacional. Incluso reaparece hoy un sentimien-
to de unidad latinoamericana que señala una escala subcontinental
·80· para la identidad. Pero mientras las identidades nacionales se cons-
truyen a partir de la escuela en busca de una imprescindible unidad
política y cultural, las identidades las barriales emanan directamente
de la historia y las vivencias de cada ciudadano.(**)

La participación expresa la inclusión concreta del habitante, de su


tiempo y su persona, en la vida comunitaria. Contiene la energía que
motoriza las actividades colectivas, que no sólo emana de la identi-
dad y la pertenencia, sino de compartir gestiones y luchas en defensa
de las aspiraciones comunes. Se opera en el diálogo creador de las
instituciones barriales y en el intercambio de ideas entre la población
y sus representantes.
El ejercicio de la participación supone la asociación, que conduce a
la creación de instituciones locales. Actuando en conjunto participación

* El sitio mismo del nacimiento es un dato constitutivo de la identidad. El nombre del punto natal
muchas veces se ha fusionado con el nombre de los habitantes. Ocurre en África que al niño na-
cido accidentalmente fuera de su pueblo se le asigna un nombre relacionado con un elemento
particular del sitio donde nació.

** Nels Anderson señala que en casi todas las ciudades y barrios se encuentran placas de bronce
que informan “en este lugar estuvo la casa en la que nacio…”.
La vieja casa ya fue demolida, otro edificio tomó su lugar, pero la conciencia comunitaria honra
y protege su historia. [5]
y asociación representan el modo y la condición para el desarrollo de
la comunidad.

La apropiación es el anidamiento de las personas y los grupos en


el espacio, para el desarrollo de una actividad. Se trata de un rasgo
intrínseco de la vida comunitaria, vecinos que sacan sus sillas a la
calle, jóvenes que se reúnen en las esquinas, manifestaciones que se
adueñan de la calle. La plaza, el mayor ámbito colectivo del barrio,
sólo adquiere su sentido cuando es apropiada por la población.
Cuando un grupo se instala, los sucesos que genera quedan fusio-
nados con el espacio que los contiene. El lugar perdura en la memoria
de quienes estuvieron allí y los acontecimientos producidos se incor-
poran a la historia del sitio. La apropiación del espacio público pone
en marcha la historia del barrio. Bien mirado, todo el drama histórico
de la humanidad ha sido representado en los escenarios del espacio
público.

5. La estructura del barrio

Desde un enfoque perceptual, aplicando las categorías propues- ·81·


tas por Kevin Lynch49 aparecen cuatro elementos configurantes apli-
cables al espacio barrial:

– Sendas (calles). Son las líneas circulatorias que conectan el


conjunto conteniendo el movimiento de los peatones y vehículos en el
espacio público.
– Bordes (límites). Se trata de rupturas de la continuidad entre
sectores urbanos. Estos elementos fronterizos, en general avenidas,
líneas férreas o vías fluviales, delimitan los barrios.
– Nodos (lugares de concentración). Son espacios estratégicos
que funcionan como centros polarizadores de la población. Pueden
ser confluencias viales, plazas, un sector principal del centro o polos
de transferencia del transporte.
– Mojones (puntos de referencia). Son elementos claves para la
definición de los recorridos barriales, tanto peatonales como vehicu-
lares. En general se trata de monumentos, edificios u objetos particu-
lares, una tienda principal o un árbol notable.(*)

*
El uruguayo Fernando Acevedo relata: en el transcurso de nuestro trabajo sobre Pocitos, Mon-
tevideo, nos vimos sorprendidos al descubrir que los elementos destacados en la percepción de
los pociteños no son los edificios sino aquellos puntos de la ciudad (nodos) que se constituyen
(Continúa página siguiente)
Esta clasificación, sin duda eficaz en el plano morfológico, resulta
insuficiente para comprender al barrio en su dimensión de territorio
habitado, ya que no incluye a la población ni a sus actividades.

Metafóricamente, el barrio es un organismo. Tiene vida (las acti-


vidades públicas), corazón (el área central), sistema circulatorio (las
vías de tránsito), sistema nervioso (las redes infraestructurales) y
hasta un alma, el espíritu local. Su fisiología incluye un sistema for-
mado por las áreas residenciales, el centro, las plazas y las institu-
ciones de la comunidad. Cuando alguno de estos órganos presenta
malformaciones se origina un malestar, un padecimiento para la po-
blación barrial.
El organismo no se constituye si carece de estructura interna. Si la
distribución de sus equipamientos sociales es azarosa no se genera-
rá comunidad sino aglomeración, una población hormigueando en el
espacio público. La comunidad no se configura con sus instituciones
flotando en un espacio excipiente.
El barrio se organiza desde su área central. Cuando se buscan las
señales que informan su funcionamiento se busca ante todo su cen-
·82· tro de servicios. Las ciudades más modestas, inclusive los pueblos,
incluyen un centro donde están agrupados los edificios y monumen-
tos que simbolizan a la comunidad, la iglesia y el municipio, a los que
se incorporan el comercio y otros servicios. Cuando este centro no
irradia, la vida comunitaria se reduce a la inmediatez de los vínculos
vecinales. Es por eso que los centros se asientan naturalmente en el
núcleo histórico de los barrios, un ámbito privilegiado que debe ser
cuidadosamente preservado.(*)

Durante décadas el privilegio que se otorgó al tráfico automotor


fue considerado signo de modernidad sin suscitar mayores discusio-
nes, mientras se extendía el territorio urbano y se acentuaba la pro-


(Viene página anterior)
como notorios por sus fuertes signos de actividad. No recuerdan ejemplos de arquitectura en sí
sino edificios que albergan actividades recordables, por lo que resulta determinante la relación
existente entre actividad y significado. Este significante adquiere relevancia cuando concentra,
actividades urbanas importantes.

* Según Daniel Schávelzon: en Buenos Aires, desde 1870, gracias al mejoramiento del transporte
público vivir en los suburbios no constituía un problema mayor. Flores y Belgrano, poblados
cercanos, a partir de 1880 quedaron encerrados en la Capital y transformados en barrios.
Para la década de 1880, ya la ciudad estaba consolidada como un sistema de barrios, cada
uno con sus propios hospitales, escuelas, estaciones de ferrocarril, mercados e iglesias.[66]
blemática del tránsito. Es así que se construyeron nuevas avenidas,
sin reparar en la manera como seccionaban el tejido, ocasionando
que numerosos fragmentos barriales quedaran separados de sus
centros. El tejido de Buenos Aires contiene sectores huérfanos de
toda centralidad, que funcionalmente no pertenecen a ningún barrio,
aunque figuren en sus mapas jurisdiccionales. Son áreas remanentes,
productos no deseados de la historia de la ciudad. Los planes urbanos
nunca abordaron la reparación de esas amputaciones, no intentaron
su reconexión ni promovieron centralidades nuevas. (*)
Raymond Ledrut, para orientar estas cirugías urbanas, propone
un importante trabajo sociológico a efectuar por los municipios de las
grandes ciudades: investigar la extensión y los límites reales de los
barrios vivenciales detectando las zonas que han quedado social y
funcionalmente marginadas.

En los centros principales de las ciudades mayores, invadidos por


el tráfico pasante y por peatones que no residen en el lugar, el esta-
blecimiento de redes comunitarias se torna muy improbable. Desde
el punto de vista de la integración social, estas zonas están inhibidas,
forman parte de la oferta para un mercado de oficinas, comercios y ·83·
otros servicios propios de los centros. Se agrega también una limita-
da oferta residencial para parejas sin hijos, personas solas, trabaja-
dores de la zona, artistas, estudiantes universitarios y residencias de
alquiler turístico. Es lo que ocurre en el macro centro de Buenos Aires

* Marshall Berman, en su magnífico ensayo Todo lo sólido se desvanece en el aire, recuerda a


Robert Moses, cuya carrera pública en Nueva York se extendió desde la década de 1910 hasta
finales de la del 60:
En el otoño de 1953, Moses proclamó que estaba a punto de abrir una inmensa autopista,
cuya escala, costos y dificultades no tenían precedentes. Avanzaría como un ariete a través
de una docena de barrios sólidos, asentados y densamente poblados, inclusive nuestro Bronx.
Unas 60000 personas de clase obrera o media baja serían expulsadas de sus hogares.
Antes de que nos diéramos cuenta ya estaban las palas mecánicas y las excavadoras y la
gente estaba siendo avisada que “mejor que se fuera de prisa”.
Una vez que las obras hubieron concluido, comenzó realmente la ruina del Bronx. Kilómetros
de calles a lo largo de la autopista quedaron sofocados por el humo y el ruido ensordecedor.
Edificios de apartamentos habitados de manera estable, se vaciaron. La construcción había
colocado a los comerciantes al borde de la bancarrota. Todo el barrio se hizo más vulnerable al
delito. Despoblado, emocionalmente destrozado, el Bronx quedó en condiciones de caer en la
temible espiral de las plagas urbanas.
Para Moses, en comparación con sus anteriores autopistas suburbanas, la única diferencia
consistía en que “hay más casas y más gente que se interpone. Cuando actúas en una metrópoli
tienes que abrirte camino con un hacha de carnicero”.
Moses estaba destruyendo nuestro mundo y, sin embargo, parecía estar actuando en nom-
bre de la modernidad. Sus grandes construcciones sirvieron como modelo para la reconstruc-
ción de todo el tejido de Norteamérica después de la segunda Guerra Mundial. Un nuevo orden
cuya alma fue el automóvil. [7]
así como en algunos de sus centros locales, que habiendo desbordado
la escala barrial hoy se desempeñan como subcentros principales de
la ciudad.

6. Los límites barriales

¿Cuáles son los límites entre los cuales el territorio es percibido


como propio por sus habitantes?
Establecer la población que debe contener un barrio es una cues-
tión relativa, dependiente de las líneas geográficas que cruzan la ciu-
dad y de la extensión y homogeneidad de las áreas delimitadas.
Si nos adentramos en una metafísica del habitar, surge claramente
la importancia del límite. En todas partes se necesitan, en sentido lite-
ral y figurado, limitaciones y muros para que el hombre no se diluya en
lo insubstancial.
Una sociedad se caracteriza como interiormente unida cuando el
espacio de su existencia está delimitado por límites perfectamente
claros. De ello se desprende el mutuo sostén que existe entre la unidad
del grupo social y la unidad del espacio ocupado por éste.
·84·
Casi siempre los límites barriales son líneas definidas por la geo-
grafía urbana, a veces muy significativas y otras sólo insinuadas. Una
línea férrea constituye un límite más recordable que una avenida y
menos que un río. En las ciudades de llanura los límites más frecuen-
tes son las vías principales del tránsito urbano que, con mayor ancho
y fuertes flujos vehiculares, actúan como caudalosos ríos de tráfico,
peligrosos de atravesar.
Cuando las áreas demarcadas son mayores de lo que admite la
sensación de barrio, el límite geográfico es sustituido por la escala
peatonal. Si habitualmente se puede ir caminando al centro, estamos
en el barrio. Cuando se hace necesario recurrir al transporte automo-
tor se destruye la sensación de continuidad espacial. Al descender
reaparecemos en otro lugar, hemos viajado.(*)
La dimensión subjetiva del barrio se relaciona con la atracción que
ejerce su centro. Un área central vigorosa determina una dimensión
superior, dependiendo de la distancia a caminar y de la calidad am-
biental del recorrido.

* Los recorridos peatonales han constituido históricamente un criterio de poblamiento. La dis-


tancia entre los poblados de la Europa central era la que un caminante podía recorrer en un día.
Las aldeas surgían espontáneamente separadas por esta distancia.
Los vecinos habitan de manera diferente según su distancia al
centro. Para los que residen en el área central, incluido un entorno es-
timable en dos cuadras, el centro se identifica con el vecindario. Entre
este radio y otro de cinco o seis cuadras, se configuran vecindarios
de proximidad, todos en vínculo permanente con el área central. Más
allá, hasta un radio de unas diez cuadras, la sensación de pertenencia
se debilita y el vínculo se torna periódico, la bicicleta es ahora el me-
dio más adecuado para desplazarse en el barrio.

Los barrios reales suelen ser menores que las jurisdicciones ad-
ministrativas en que se divide la ciudad, todavía llamadas “barrios”,
utilizadas para delimitar los radios de acción de las comisarías, los
distritos electorales y las infraestructuras de la urbe.
Puede estimarse que un barrio no se anima con menos de 5.000
personas ni abarca más de 40.000. La más pequeña de las quince Co-
munas en que se descentraliza la Ciudad de Buenos Aires excede los
150.000 habitantes. El tamaño de estas Comunas no refleja el espíritu
de la Ley de la Ciudad Nº 1777, que especifica que la descentraliza-
ción se realizará con el objetivo de mantener las identidades e idiosin-
crasias barriales. Una vez consolidado el actual proceso descentrali- ·85·
zador será importante institucionalizar subdivisiones internas a cada
Comuna, coherentes con la dimensión vivencial de los barrios.
3
La
producción
del espacio
barrial
Capítulo VI
Rehabilitación de la vida de vereda

Capítulo VII
Preservación ambiental de la calle

Capítulo VIII
Intensificación de la plaza barrial

Capítulo IX
Intensificación del centro barrial

Anexo
Programación de los lugares barriales
· VI ·
REHABILITACIÓN DE
LA VIDA DE VEREDA

1. Autos vs. peatones

El ciudadano que transita por la calle, dice Rafael Iglesia, no solamente


“va” sino que observa, se para, compra, tiende a eludir los trayectos
monótonos. “Las ciudades de ‘peatones veloces’ y estresados son una
negación de la urbanidad. Todo aporte al desensimismarlo, una carte-
lera, un pregón de canillita, una exposición, un lugar para conversar,
son aportes a lo urbano, al contacto interpersonal que esta en la base
misma de la justificación de la ciudad. Un asiento que se retira, una re-
cova que se demuele, una vereda que se angosta, sabotean la vida pú-
blica. Cada elemento que propone amenidad promueve la urbanidad.” ·87·
Los peatones no son todos iguales: hay paseantes, gente de paso
y vecinos (*). Todos ellos transitan con mirada diferente esos canales
urbanos llamados calles, conformados por la calzada vehicular, sus
bordes peatonales y una doble fila de edificios frentistas, incluyendo
la secuencia de puertas de ingreso al espacio privado. Allí se desa-
rrolla, junto al tránsito, la copiosa dinámica de la vida pública de la
gente, incluyendo los habituales, imprevisibles y a veces memorables
sucesos del espacio callejero.
Los ámbitos del espacio público son ricos en desarrollos imprevis-
tos. Novelar los acontecimientos de un día de calle podría exceder el
tiempo de vida del literato más longevo.

Se juega en la calle una competencia entre peatones y vehículos, que


finaliza cada día con una lista de víctimas, pero debemos aceptar que,

* En los últimos años se ha incorporado un nuevo tipo de peatón, el tecnológico, que circula con-
centrado en su teléfono celular o taponado por los audífonos de su reproductor. Este peatón
esta sustraído de la vida de la calle al punto de convertirse en el sujeto urbano más propenso a
los accidentes callejeros.
Según especialistas del SAME, en Buenos Aires se atienden por día unos 20 atropellados,
muchos por distraerse con los celulares, sin contar las personas caídas, las golpeadas contra
los soportes de la vereda y las mordidas por perros que se cruzan en su camino
superando los 800 millones de unidades en el planeta, con proyección
a 1200 millones para la segunda década del siglo XXI, los automóviles
ya son parte de nuestra vida. No podemos ni queremos deshacernos
de ellos, pero para mantenerlos con nosotros debemos reconocer que
la vida urbana no puede sacrificarse a la velocidad del tránsito. Los
automóviles se deben comportar socialmente. Esta premisa es am-
pliamente compartida por la población, inclusive los propios automo-
vilistas que, cuando descienden de sus vehículos, evocando a Mr. Hyde
y al Dr. Jekyll, se convierten en personas normales.(*)
Se podría pensar, como lo fue en la época pionera del urbanismo
moderno (Le Corbusier, Hannes Meyer, Gropius), en separar comple-
tamente a los peatones de los vehículos. Desde este punto de vista
se simplificaba la cuestión, pero la separación ha chocado con im-
portantes consideraciones en contrario, entre las cuales, la de mayor
peso es que este principio no tiene la más mínima probabilidad de
realización dentro de las ciudades existentes. Nunca fue evidente que
su ejecución fuera deseada por la población pero, hoy en día, debido
al deterioro urbano-ambiental producido por el desborde del tráfico y
ante el alarmante crecimiento del estrés urbano, en diversas ciuda-
·88· des del mundo se llevan a cabo experiencias suburbanas donde los
automóviles no penetran en las áreas residenciales.(**)

Ir a pie presenta numerosas ventajas más allá de las muy recono-


cidas en el ámbito de la salud. Es un tipo de tránsito eminentemente
social, sin restricciones ni costos. Dado que es posible redireccionarlo
a voluntad y detenerse ante alguien conocido o un episodio de interés,
estimula los vínculos interpersonales e incorpora al recorrido un ca-
rácter lúdico.
La circulación peatonal debe verse como una de las modalidades
sistémicas del transporte urbano de corta distancia, sin duda la más
adecuada para recorridos del orden de los 15 minutos, unos 800 metros.

* El atributo de la velocidad, símbolo de potencia y poder personal, forma parte de la promoción


comercial de los automóviles. Las empresas exhiben modelos turbo que pueden acelerar de 0
a 100 km en pocos segundos, todo un absurdo dado que no existe ninguna oportunidad real de
utilizar esta potencia.

** Dice Carl Honoré: “El movimiento llamado Nuevo Urbanismo se está incorporando a las corrien-
tes principales de la planificación urbana. Hay más de 400 proyectos en marcha en Canadá y
Estados Unidos que incluyen barrios nuevos y la restauración de centros barriales”.
También en Europa se desarrolla una red de “ciudades lentas”, predominantemente peato-
nales. “En el año 2003, 28 ciudades italianas estaban designadas oficialmente como ciudades
lentas, otras 26 estaban gestionando su certificación y llegaban peticiones de información del
resto de Europa, Australia y Japón.”. [37]
La condición es adjudicarle absoluta prioridad sobre el tránsito vehi-
cular, incorporando lugares de juego y socialidad.
En los Países Bajos, el principio de peatonalidad se ha impuesto
jurídicamente. El Código Holandés especifica:

– Los peatones pueden utilizar en toda su anchura las calles de las


zonas residenciales. Se permite jugar en las calles.
– Los conductores no podrán circular en las zonas residenciales
con mayor rapidez que los peatones y deberán contemplar la posible
presencia de obstáculos no señalizados e irregularidades en la cal-
zada.
– En las zonas residenciales los conductores no deberán entorpe-
cer la marcha de los peatones. Los peatones no deberán obstaculizar
innecesariamente el tráfico.

Parecidas consideraciones le caben al tránsito ciclista, que cre-


ce sin pausas en escala global. En muchas ciudades del mundo, las
bicicletas se han convertido en el medio de transporte más popular.
En las áreas de tránsito restringido y a velocidad de paseo, permiten
viajar de puerta a puerta y detenerse ante un encuentro imprevisto, ·89·
incluso sin necesidad de bicisendas.(*) Su difusión generalizada per-
mitirá un nuevo orden en el espacio barrial, a condición de disminuir
la velocidad del tránsito motorizado.
En la actualidad, en numerosas ciudades del mundo se implementa
a costos mínimos o en forma gratuita la oferta de bicicletas municipa-
les, que se toman y se dejan donde el usuario lo decida (bike sharing).
En París, el plan Velib, formando parte de un programa progresivo de
recuperación peatonal, ya está funcionando en varios distritos.
También el uso del tranvía comienza a ser reconocido como el más
ecológico de los medios de transporte motorizado. Se trata de un
vehículo óptimo para el tránsito barrial y con los barrios adyacentes.
Ambientalmente limpio, pausado y siempre previsible sobre sus rie-
les, es plenamente compatible con la seguridad, incluso en las calles
peatonales. Su desplazamiento relajado lo convierte en un medio de

* Dice Nels Anderson: en los inicios de la ciudad industrial, salir al campo era un acontecimien-
to excepcional para el urbano pobre ya que sólo los ricos tenían vehículos a caballo propios.
Esta situación cambió desde la invención de la bicicleta moderna hacia 1870, que se volvió
muy popular.
En la historia de la ciudad, la bicicleta fue el primer medio de transporte que permitió movi-
lizar a gran número de personas de bajos ingresos y les posibilitó vivir más lejos de su trabajo,
capacitándolos para salir al campo en los días de fiesta.[5]
transporte conectado con la vida de la calle, con reminiscencias bu-
cólicas frente a los ritmos alocados del tránsito habitual.
Entendido como último tramo de un sistema de transporte público,
es el vehículo perfecto para la circulación pausada que debe predo-
minar en los tejidos residenciales, articulado con el tránsito rápido de
las autopistas, el ferrocarril y el subterráneo.(*)

2. Nuevos lugares para las veredas

Dice Louis Kahn: “la calle es el primer estar de la ciudad, cuyas


fachadas son su rostro y que tiene por techo el cielo”.
Las veredas y sus esquinas constituyen espacios de identidad y
apropiación social que deben tener cualidades de habitalidad. Las
ciudades que mejor se recuerdan, las más convocantes, son aquellas
ricas en este tipo de lugares, soporte de espacios intensamente vivi-
dos que incitan a la interacción.
La vereda es un espacio fundacional de la socialidad urbana, lugar
de cruces y encuentros casuales, de compras y paseo, hábitat coti-
diano de niños y adultos mayores. Mientras en el espacio público se
·90· registra carencia de espacios sociales y recreativos, las veredas re-
sidenciales se vacían por los peligros que surgen del tráfico y la inse-
guridad. En la escala barrial este conflicto puede resolverse atenuan-
do la velocidad de los flujos vehiculares, mejorando la iluminación y
equipando las veredas para habilitarlas al uso público. La presencia
continua de vecinos habitando la calle coadyuva para crear sensación
de seguridad.

La calle es el primer ámbito social al que se asoma el niño al salir


de su casa. Constituye el espacio natural para la socialización de la
infancia, el que contiene la primera etapa de la conexión con el mun-
do. Un niño que juega en la calle madura con naturalidad.(**)
El psicólogo vienés Alexander Mitscherlich señala que “es en la
niñez cuando se fijan las vías por las que habrá de transcurrir nues-
tro comportamiento adulto. Las experiencias tempranas son las que

* En Curitiba, Brasil, el intendente Lerner implementó una variante: los autobuses–vía articula-
dos, que circulan por sendas propias y disponen de estaciones tubulares.
La inversión fue cien veces menor que el subterráneo.

** Dice Ulrich Heuber: “en todas las ciudades del mundo se repite la típica expresión paternal: ´no
puedes salir solo a la calle´. Las consecuencias sociales son imprevisibles. Un ciudadano al que
desde pequeño se le ha grabado que la calle es un territorio enemigo, no tiene mayores posibi-
lidades de desarrollar un sentido cívico y solidario”. [59]
predeterminan el futuro de las personas. Todo relato posterior vuelve
a la niñez. A quienes no hayan ejercitado su iniciativa en la infancia les
resultará difícil hacerlo en el futuro, si es que consiguen siquiera te-
ner iniciativa”54. Practicar la calle es repetir la experiencia de caminar
como primera práctica del espacio público, la del espejo social como
primera identificación de sí mismo.
La vereda es también el hábitat natural de los adultos mayores.
Durante la fase tardía de la vida existen múltiples amenazas contra la
autodeterminación, el envejecimiento del cuerpo y los sentidos dismi-
nuye la libertad de acción. La transformación de la familia extendida
en familia nuclear hace imprescindible que los mayores compensen la
carencia de ambiente familiar con salidas al espacio barrial.

Las veredas urbanas representan la mayor parte del espacio pú-


blico peatonal, con una superficie mayor que la de los espacios ver-
des. Esta apreciación, que pudiera sugerir buenas posibilidades para
la instalación de las actividades colectivas, se desvaloriza por su con-
figuración en forma de cinta angosta, sin remansos que posibiliten la
instalación de grupos sociales.
La incorporación a la vereda de nuevos espacios aptos para las ac- ·91·
tividades públicas aparece como un recurso prolífico para recuperar
el carácter asociativo de la calle. La inclusión de este objetivo en las
políticas municipales ejercería un efecto vitalizador para los vínculos
barriales.
La peatonalización completa de ambas calzadas o la recuperación
peatonal de uno de sus carriles pudiera parecer una solución, pero
en razón de las dificultades de gestión y los trastornos circulatorios
que ocasionan, resultan impensables como estrategia general para la
ciudad. De hecho, en la escala del barrio sólo es aplicable en las calles
principales del área central.(*)
Esta limitación no existen para un propuesta dirigida a la incorpora-
ción de nuevos lugares a las veredas en un proceso de acumulación que
apunta a crear un sistema de micro-espacios de uso social en todos los
barrios de la ciudad. Estos espacios pueden obtenerse a través de:

* Dice el Lincenciado Sebastián Rueda Palenzuela: en la ciudad de Barcelona la reorganización


del tejido en súper manzanas representa una propuesta para reinventar el espacio público. Se
trata de espacios en cuyo interior la velocidad vehicular se restringe a 10 Km./h. El espacio
interno de las súper manzanas se concibe como una “plataforma única”, enrasando la calzada
con las veredas. La velocidad de cualquier móvil se acomoda a la velocidad del peatón. Esto
supone garantizar la accesibilidad de las personas con dificultades de desplazamiento.
La primera característica de la súper manzana es impedir la circulación de paso por su inte-
rior, la segunda es establecer una red vial diferenciada para cada modo de transporte.
– Reglamentar un retroceso de las plantas bajas en los edificios
comunitarios a construir o reciclar, incluso los privados.
– Negociar con los propietarios de edificios a construir la cesión de
sectores de sus plantas bajas a cambio de exenciones en el pago de
servicios, mejoras impositivas o permisos para sobrepasar la superfi-
cie construible proporcionalmente a la superficie cedida.
-Avanzar el cordón de ciertas veredas esquineras hasta el ancho
de estacionamiento permitido, 2 mts. para autos en hilera o 4,50 mts.
en peine oblicuo.

3. Las tres franjas de la vereda

Analizando los movimientos que se registran en las veredas se


descubre que funcionan en tres franjas paralelas:(*)
La primera franja, que incluye el cordón, no es circulable. Su ancho
varía entre 1,30 y 2m. Contiene por un lado las instalaciones de borde
que funcionan en relación a la calzada, paradas y cola de transporte
público, parquímetros, columnas de iluminación, semáforos, señali-
zaciones viales, estacionamiento de motos y bicicletas y el espacio de
·92· apertura de las puertas de los automóviles. Por el otro, un conjunto
de elementos vinculados con la vida de la vereda, los árboles con sus
canteros, carteleras comerciales, papeleros, teléfonos públicos y
puestos de venta de diarios y flores. Esta franja tiene aptitud para el
uso social en pequeña escala. Entre árbol y árbol suelen establecer-
se pequeños grupos de conversación, hay vecinos que instalan sus
propios bancos, locales gastronómicos que sacan sus mesas afuera,
artesanos que exponen sus trabajos sobre la vereda.
La primera franja sólo es ampliable a expensas de la calzada.

La segunda franja, la central, constituye un corredor circulatorio


que no admite obstáculos ni resaltos en el piso. Experimenta los per-
manentes conflictos que surgen del doble sentido de la circulación y
de las distintas velocidades con que se desplazan los peatones, así
como la lentitud de quienes transitan en grupo, los minusválidos y las

* Este análisis no se aplica a otro tipo de tejidos urbanos: Edward Hall señala que personas que
han crecido en ciudades de tipo medieval o de tipo romano, se encuentran en problemas cuan-
do visitan ciudades diferentes.
Los sistemas europeos cargan el acento sobre las calles, a las que asignan un nombre. En
Japón se da nombre a las intersecciones de las calles. Las casas en lugar de estar relacionadas
con el espacio lo están con el tiempo. Su numeración se hace en función de la antigüedad, de
modo que la primera casa constituye un recordatorio histórico para la población.
1.

·93·

2.

3.

LA VEREDA HABITABLE I

Fig. 1 Habitualmente las calles alternan el sentido del tránsito. Respetando el estacionamiento so-
bre la derecha, una de cada cuatro manzanas, la que se circunvala en el sentido del reloj, permite
avanzar 2m la línea del cordón de sus cuatro esquinas sin perturbar el tránsito. Esta posibilidad
permite incorporar a cada ochava 50m2 de vereda. // Fig. 2 Ampliación de esquina para uso social. //
Fig. 3 Inserción de un pequeño módulo social.
1. 2.

·94·

3.

4.

LA VEREDA HABITABLE II

Fig. 1 Ampliación de esquina en calle residencial. Uso social y recreativo infantil. // Fig. 2 Ampliación
de esquina en el centro barrial. Uso social y puestos feriales. // Fig. 3 Ampliación de la vereda de un
edificio comunitario. // Fig. 4 Conversión de una parada de colectivos en área social.
personas portadoras de cargas. Se suman las imprevisibles detencio-
nes y contramarchas de los paseantes distraídos. En estas situacio-
nes el uso de la franja rebasa hacia las adyacentes, un desborde que
no acarrea problemas en las áreas residenciales pero dificulta grave-
mente la instalación de actividades callejeras en el centro barrial.
En las calles residenciales el ancho para la segunda franja puede
estimarse en 1,50 m., dimensión que debe al menos duplicarse en las
del centro barrial, un problema que sólo puede ser resuelto reducien-
do el ancho de la calzada.

La tercera franja, adyacente a la línea de edificación, contiene los


accesos a las viviendas y los edificios. Denominados “escala de um-
bral”, estos puntos constituyen la tipología más pequeña y frecuente
entre los espacios urbanos de asociación. Albergan instancias so-
ciales tan significativas como la despedida y la llegada de todos los
recorridos urbanos.
La tercera franja contiene el público de las vidrieras comerciales,
exhibición exterior de mercaderías, mesas y sillas de locales gastro-
nómicos, colas de origen diverso, niños jugando y grupos sociales en
torno de los umbrales. Su adyacencia con el espacio privado la define ·95·
como la franja dimensionalmente más promisoria para el enriqueci-
miento del espacio público, la que permite incorporar los lugares más
significativos, cedidos o negociados con las fincas frentistas.
Sumando los anchos de la primera y segunda franja resulta una
dimensión parecida al ancho total de las veredas habituales. Este
hecho deriva en serias dificultades para las actividades de la tercera
franja, y perjudica decisivamente el funcionamiento de los centros
barriales.

En las calles residenciales el juego de los niños abarca las tres


franjas. Aunque siempre se puede jugar en la plaza, no es posible im-
poner a los niños que se diviertan en momentos y sitios predetermina-
dos. El deseo de jugar es espontáneo a cualquier edad, experimentar
jugando es el modo natural del desarrollo infantil.
Mitscherlich apunta que: “los niños no deben quedar relegados a
lugares específicos destinados a sus juegos. Requieren de amplias
aceras arboladas en las que puedan corretear, instaladas con asien-
tos para que los ancianos y las madres puedan dialogar cómodamen-
te mientras los vigilan”54.
El juego no debe considerarse una función urbana zonificable, es
el emergente de un estado de ánimo que debe poder expresarse en
cualquier circunstancia y lugar, incluso durante la edad adulta. Reducir
el juego a zonas preasignadas es inhibir la expresión alegre de la vida.

4. Los puntos sociales de la vereda

Todos los lugares que se anexan a la vereda son valiosos. Un pe-


queño retiro de la edificación constituye un sitio donde las personas
pueden detenerse para conversar, al margen de la circulación. Un um-
bral y su hueco eran el mirador desde el cual Mafalda y sus amigos
analizaban el mundo de los años 70. Pero existen lugar, particular-
mente las esquinas, las paradas de transporte público y los ingresos
a los edificios de uso comunitario, que por lo usuales y repetidos de-
ben ser considerados lugares tipológicos del espacio social.

Como dice el urbanista catalán Manuel Solá Morales, “la ciudad


es una red de esquinas para la interacción de personas y actividades.
Contra los proyectos que olvidan que el suelo urbano es el mejor pa-
trimonio para la sociabilidad, señalamos la presencia integradora de
las esquinas” 144.
·96· La esquina es un punto con identidad y nombre propio, determi-
nante para la noción del espacio vivido.(*) Se puede constatar cómo en
las esquinas la mera presencia de un punto de apoyo, como el viejo
buzón, genera agrupamiento social. Lugar típico de referencia y en-
cuentro, allí “para la barra”. Se trata del ámbito de asociación más
incorporado a la cultura del barrio, el lugar natural de las citas y de los
cafés más identificados con la historia local.(**)
Un conjunto de cualidades espaciales, posicionales e identitarias,
unidas a su reproducción en todo el tejido urbano, las ubica entre las ca-
tegorías más estratégicas para el enriquecimiento del espacio barrial.
Desde el punto de vista funcional, la esquina contiene los servicios
propios del cruce de calles: semáforos, señalizaciones, columnas de
alumbrado, rampas peatonales para bajar a la calzada, etc.
El chanfle de la ochava, originado en la necesidad de abrir el ángulo
visual en el cruce vehicular, ha generado una ampliación providencial

* “Vine al sur en un tren de carga con tres changos más: el Polaco, el Coya y Germita. Tres reos de
esos que nos regala la frecuentación de una esquina, un sentimiento solidario de barriada, la
luna, el pucho, los sueños sin salida de la adolescencia”. Jaime Dávalos.

** Testimonio de un poblador de Pocitos, Montevideo. Ariel Gravano: “Veintiuno y Ellauri es la es-


quina de Pocitos donde siempre hay gente conversando. Alli están el Chez Piñeiro y El Añón. Yo
creo que estuve más tiempo en El Añón que en mi casa. Siempre nos íbamos todos para ahí a
boludear y de noche lo mismo. Ahí tenes para mi El Añón es como un club.”
de la vereda, factible de ampliar mediante el aporte de los lotes es-
quineros, desde el pequeño triángulo rectángulo que tiene a la ochava
como hipotenusa hasta la cesión casi completa de su planta baja.

Casi siempre próximas a una esquina las paradas del transpor-


te colectivo son lugares de convergencia conocidos e incorporados a
la vida cotidiana. Funcionan como las puertas del barrio, puntos de
arribo y salida de los vecinos hacia el resto de la ciudad, una circuns-
tancia significativa que les confiere convocatoria y las incorpora a la
lista de nodos barriales.
Extendidas hasta incluir el espacio de la ochava, equipadas con
pequeños servicios vecinales (kioscos, bares al paso), y asientos dis-
puestos socialmente, las paradas pueden dejar de ser anónimos pun-
tos de espera para convertirse en lugares de encuentro, un nuevo tipo
entre los espacios barriales de asociación.

Los ingresos a los edificios, puntos de origen y destino de los flujos


urbanos, representan la articulación del espacio privado con el espa-
cio público.
Un espacio amplio y equipado previo al ingreso constituye un ·97·
aporte pleno de sentido para los edificios de uso colectivo (escuelas,
clubes, centros vecinales, servicios públicos). Es allí donde los veci-
nos/usuarios se encuentran a diario e intercambian ideas sobre el
funcionamiento de la Institución. Con frecuencia de estos encuentros
surgen propuestas aportadoras. El ensanche del ingreso promueve el
diálogo y remarca la significación comunitaria del lugar.
Los municipios deben establecer normas para reglamentar un retiro
significativo de la planta baja de los edificios de servicios, públicos y pri-
vados, a reciclar o construir, dimensionado en base al tipo de actividad y
la concurrencia que registren. En el límite óptimo, la mayor parte del ni-
vel vereda de estos edificios pudiera aportarse al espacio peatonal, ubi-
cando sus ámbitos específicos por encima o por debajo de dicho nivel.(*)

* Las puertas de ingreso de los edificios funcionan como válvulas selectoras, en defensa de la
vida privada.
Este sentido no tiene cabida cuando se trata de edificios de la comunidad, donde el ingreso
representa un momento de integración entre sus usuarios. En estos casos, cuando termina lo
público y empieza lo privado, se articula una significativa continuidad.
Un ejemplo muy claro lo constituyen los ingresos de las grandes estaciones del ferrocarril,
donde el espacio exterior fluye libremente hacia el interior. El usuario no experimenta duda al-
guna respecto de su derecho a ingresar y utilizar el lugar. Con frecuencia, en estos lugares se
desarrollan actividades públicas.
(Continúa página siguiente)
Existen otras posibilidades no sistemáticas para la ampliación del
espacio peatonal que cuando se presentan en el área central, repre-
sentan un aporte significativo para todo el barrio.
En general se trata de:

– Terrenos anchos y profundos, con los que el municipio puede


negociar la cesión de su sector del centro de manzana y un pasaje
lateral para acceder desde la calle. Pueden ser utilizados como patios
urbanos para infantil y deportivo.
– Terrenos con salida a dos calles en los que puede promoverse la
apertura de pasajes públicos, cubiertos o descubiertos, para la orga-
nización servicios feriales o comerciales.
– Terrenos baldíos, con los que puede gestionarse su anexión,
transitoria o permanente, para la instalación de patios urbanos para
usos diversos.
– Superficies remanentes o prescindibles de la red vial, como
rotondas o calles sin salida. Estos lugares suelen transformarse en
focos de actividad, capaces de iniciar una fuerte transformación de
su entorno, como ocurre actualmente en los aledaños de la plazoleta
·98· Cortázar en el barrio de Palermo, Buenos Aires.
– Áreas ferroviarias conectadas con el área central, característi-
cas de los poblados originados alrededor de las estaciones, hoy con-
vertidos en barrios de la ciudad extendida. Pueden reciclarse como
sectores particulares del centro, inclusive sus andenes, programados
para la instalación de comercios y servicios congruentes con el servi-
cio ferroviario.

5. La atenuación del tránsito barrial

El tránsito pasante representa el más problemático de los con-


flictos locales. Se produce cuando el creciente congestionamiento
presiona a los conductores a la búsqueda de rutas alternativas. En
esa circunstancia el tráfico de las avenidas principales desborda sus
cauces y se disemina en los tejidos residenciales.
En las grandes ciudades de trazado radial, como Buenos Aires, los
conflictos se agravan a medida que disminuye la distancia al centro

(Viene página anterior)


Este rasgo ha dado origen a una estética del espacio interior aplicada a los edificios de la
comunidad, entendidos como expansiones de la calle.
Importantes arquitectos del último cuarto del siglo XX, Aldo van Eyck, Hermann Hertzberger,
Lucien Kroll y otros, han desarrollado y aplicado este enfoque para la arquitectura pública.
urbano. Ante la dimensión que pueden asumir estos congestiona-
mientos se intentan soluciones que suelen terminar en meros reto-
ques al sentido del tránsito. Es sabido que las soluciones de fondo se
encuentran en la escala urbano-regional y que requieren continuidad
y voluntad política. Es forzoso descentralizar el centro administrativo
de la ciudad, restringir el uso del automóvil privado, mejorar los siste-
mas del transporte público y conformar una red regional de ferroca-
rriles, sin cruces a nivel.

En el interior barrial, cualquier conflicto entre vehículos y pea-


tones debe dirimirse desde el postulado de la prioridad peatonal.
La seguridad de la vida pública no puede quedar comprometida en
ningún momento. Los conductores deben tener constantemente la
sensación de transitar una zona que les es ajena y donde sólo son
tolerados.
Para lograrlo los barrios deben dejar de ser permeables al tránsi-
to pasante desalentándolo con medidas que lo recanalicen hacia las
avenidas y, como máximo, hacia la primera calle paralela.
Debe limitarse decisivamente la velocidad en el interior barrial, no
solo con carteles viales sino implementando desvíos que perjudiquen ·99·
los itinerarios pasantes, imponiendo rodeos y prolongando los reco-
rridos. Las formas de lograrlo apuntan a invertir el sentido circulatorio
en determinados tramos de calles y disponer el estacionamiento en
peine oblicuo, alternando el cordón de apoyo, para obligar el zigza-
gueo y sostener la atención del conductor.
Es necesario demarcar con claridad los puntos de ingreso a las
áreas barriales. Más allá de los carteles viales los conductores de-
ben percibir sensorialmente el momento de entrar, a partir del cual
pierden toda prioridad. En sentido inverso, la demarcación recuerda a
peatones y ciclistas que están abandonando la zona segura. Hay que
recurrir a mojones u otros elementos físicos y al cambio de imagen
de la calzada, diferenciando el piso del sector de ingreso y dibujando
franjas transversales en todas las calles internas.
Los expertos consideran que es difícil predecir con certeza el com-
portamiento del tráfico pasante, por lo que aconsejan que las refor-
mas incluyan una etapa de prueba hasta que transcurra el período de
habituación.
La clausura definitiva de ciertas intersecciones de bajo tránsito
es un recurso, que aporta un valor adicional: la posibilidad de insta-
lar pequeñas plazas vecinales en el cruce clausurado (v. Plazas de
cruce, Cap. VIII).
El tránsito interno del barrio debe atenuarse. A 40km por hora el
conductor se desconecta de la vida de la calle, no percibe el lengua-
je de los gestos y las miradas, no puede usar la palabra ni anticipar
las circunstancias repentinas. No tiene tiempo para interpretar la
aparición de una pelota picando sobre la calzada. Dice Pinillos, “la
conducta de quien maneja es un juego de reflejos adquiridos. La luz
verde desencadena unas reacciones psicomotoras, las rojas otras.
Este sistema de señales mecaniza la conducta del conductor, igual
que un tren de montaje lo hace con los obreros. A cierta velocidad el
bombardeo estimular desborda su capacidad perceptiva y convierte
su campo visual en un caleidoscopio incesantemente activo, que le
exige una atención constante”60.
Desde la puesta en marcha, el conductor debe sentirse un guardián
de la seguridad pública, convenientemente prevenido contra el “virus
de la pedalera”, ese mal que se adueña de quien pisa un acelerador.
Sólo bajo esta condición el automóvil puede compartir la calle con la
vida peatonal. No se deben sobrepasar los 20 km por hora, la veloci-
dad con la que buscamos un lugar para estacionar junto al cordón.
Una rebaja de 40 a 20 km por hora adiciona 20 segundos por cuadra,
·100· pero evita frenar y permite conducir casi sin embragar, con lo que se
eliminan buena parte de los ruidos y gases de combustión. El automo-
vilista también llegará a destino si se comporta lenta y socialmente.

Las campañas educativas y la vigilancia de la propia población


juegan un rol fundamental para implantar el hábito de conducir lenta-
mente y ceder prioridades.
La señalización vial como único recurso ha tenido poco éxito, las
multas son escasamente efectivas y los controles excesivamente
costosos. El conductor es inercial y tiende inconscientemente a igno-
rar las limitaciones, respondiendo de manera refleja a la impresión
que le produce la calzada. La percepción visual es lo que desempeña
el papel principal para la elección de velocidad. Para controlar este
efecto, es importante interrumpir los tramos largos y abstenerse de
marcar carriles viales porque se asocian con vía rápida. Las visuales
largas deben ser cortadas por un ritmo de líneas transversales.
· VII ·
PRESERVACIÓN AMBIENTAL
DE LA CALLE

1. Protección de la identidad

En una era de cambios en la que se diluyen los lazos culturales con el


pasado, existe el gran peligro de la pérdida de raíces.
Hoy, la demolición indiscriminada y la producción de edificios que
ignoran y pervierten el entorno atenta contra las identidades y la
existencia misma de las comunidades barriales. Como dice Amos Ra-
poport “especuladores y diseñadores manipulan las imágenes para
ajustarse a las aspiraciones de grupos particulares”. El pragmatismo
mercantilista señala como redituables estas inversiones.(*)
El espacio vivo se asienta sobre la memoria del espacio vivido. No ·101·
se puede destruir desaprensivamente el marco físico en el cual otros
habitan, el que contiene las raíces de su arraigo. Los significados
histórico-ambientales son vitales para sostener la identidad comu-
nitaria. Los emprendimientos inmobiliarios no tienen el derecho de
violarla.

El tratamiento del espacio es uno de los medios para expresar la


identidad. Los antropólogos reservan el término “lugar antropológico”
a esta construcción concreta y simbólica del espacio al cual se refie-
ren todos aquellos que habitan un lugar.
Aldo Rossi denomina “locus” a aquella relación singular que existe
entre las construcciones y la vida de un lugar. Tanto la ciudad como
el barrio contienen el locus impreso en la memoria colectiva. Esta
memoria debe considerarse como punto de partida para orientar el
desarrollo a futuro de un espacio urbano entendido como hábitat.

* “Siempre dije que Pocitos es un conventillo de lujo. Este mismo edificio de afuera es lujoso, pero
mira para afuera por las ventanas de atrás y es una mierda, todo despintado, revoques que se
caen, ropa colgada. De afuera todo está bien, porteros con uniformes, portones automáticos,
pero entrás y apenas un chorrito de agua, el ascensor no funciona y la ropa secándose en el
baño. Testimonio poblador de Pocitos, Montevideo. Ariel Gravano.
La identificación de cada sector urbano con su arquitectura es
inmediata. Como dice Rob Krier, “el espacio callejero funciona social-
mente cuando se lo reconoce como lugar principal de la vida peatonal.
Sus significados pueden ser altamente perturbados cuando se des-
precian las calidades estéticas de la construcción existente, cuando
no se armonizan las fachadas opuestas y no se adecuan y equilibran
las escalas nuevas con las anteriores” 41.
Este enfoque está mayoritariamente aceptado por los arquitectos.
La cuestión radica en defenderlo, o resignarlo adecuando el diseño
a los requerimientos inmobiliarios que los presionan hacia la espec-
tacularidad y el sometimiento del entorno. La solución debe provenir
de las normativas municipales. Los códigos urbanos deben incluir un
protocolo de diseño y preservación, que establezca los criterios pro-
fesionales para asegurar la ligazón de lo nuevo con lo viejo. Estas re-
formas deben ser suficientemente informadas a través de la difusión
y el debate barrial y ser acompañadas por una campaña educativa
para hacer comprender su sentido.(*)
Los datos que definen el carácter local deben ser descubiertos,
protegidos y puestos en valor. Se trata de bienes tan frágiles como
·102· vitales para la vida comunitaria. Calle por calle, barrio por barrio, de-
ben identificarse las preexistencias arquitectónicas, escultóricas y
espaciales. El análisis no se reduce solo a los edificios y monumentos,
incluye las alturas y las formas predominantes, tomando en cuenta
estilos, colores, proporciones, materiales, veredas, forestación y lu-
minarias. También los objetos urbanos y los espacios identitarios,
más allá de los eventuales reparos estéticos que puedan merecer.

Cuando se trata de construir sectores urbanos “a nuevo”, sin ma-


yores referencias ambientales, debe tenerse en cuenta que la gente

* Se reproducen algunos objetivos y metas ambientales extraídos del Plan de Desarrollo para
Bogotá 2008/2012:

Educación ambiental:
– Capacitar 6000 personas en temas ambientales, formar mil líderes ambientales.
– Aprovechar la ciudad como escenario de aprendizaje a través de expediciones pedagógicas
escuela-ciudad.
– Educar para preservar, conservar y saber usar. Vincular 200mil personas a procesos de forma-
ción ambiental en los espacios administrados por el sector de ambiente.

Mejoramiento ambiental:
– Impementar un plan distrital de arborización urbana
– Evaluar técnicamente 135.000 árboles en este período.
– Plantar 100.000 nuevos arboles mantener 300.000 árboles.
– Sembrar 35.000 m2 de jardines y mantener 105.000.
es portadora de cultura, particularmente de una memoria del espacio
vivido cargada con imágenes y evocaciones de su vida. El recuerdo
de los ámbitos que fueron cotidianos subyace en la mente de todos
y conforma el marco espacial de nuestra identidad. Fue la omisión de
estos significados, lo que determinó la ajenidad de las configuracio-
nes urbanas del Movimiento Moderno y su falta de eficacia para pro-
mover la integración social y el arraigo de sus poblaciones.
Son indiscutibles las influencias que han tenido sobre el urbanis-
mo de los últimos años las reivindicaciones y propuestas ciudadanas.
La revalorización de los lugares identitarios y la incorporación de ob-
jetivos ambiéntales deben mucho a estos movimientos.

2. El ambiente barrial y la arquitectura destacada

Dice el arquitecto Peter Eiseman: “los clientes me buscan para que


les proyecte edificios que no se parezcan a ningún otro antes cons-
truido”145.
El mercado es enemigo de los ambientes barriales. El deseo exa-
cerbado de individualidad, un producto cultural del liberalismo, ha
dado como resultado la denominada “arquitectura del espectáculo”, ·103·
donde cada edificio compite contra todos los que lo rodean por prota-
gonizar el lugar.
La tendencia es global y generalizada. Gilles Lipovetsky señala que
“la búsqueda del estrellato no proviene de la arquitectura. Las ‘stars’
están hoy por todas partes, directores de orquesta, cocineros, depor-
tistas, hombres políticos, arquitectos e intelectuales. Esa espectacu-
larización se dirige al consumo de masas. En cualquier campo se bus-
can las ´stars´ y se siguen sus vidas como si fueran espectáculos”47.
Ésta arquitectura concibe el espacio público como un plano de apo-
yo para la exhibición de sus edificios, una feria de vanidades.(*) “Pién-
sese, –dice César Pelli– en los arquitectos más conocidos, como Frank
Gehry, Renzo Piano, Norman Foster y Rem Koolhaas. Cada uno está
siguiendo su propio juego de formas. Se construyen muchos buenos
edificios, que capturan el interés de la gente, que son hermosos, pero
hay muy poca preocupación por hacer ciudad. Casi todas estas obras
son una cosa singular, individual, cuanto más diferente mejor”146.

* En los debates del Forum 2004 de Barcelona, la realidad de un puñado de arquitectos rutilantes
que siembran el mundo de objetos descontextualizados y escenográficos, despertó un rechazo
unánime.
Se expresaron fuertes críticas a la banalización de la ciudad, que tiende a transformarse en
una colección de objetos arquitectónicos de autor, sin conexión vital con sus espacios públicos.
Desde el punto de vista empresario, el recurso a estudios interna-
cionales justifica el mayor costo de sus edificios porque prestigia la
corporación y abrevia los procesos de gestión. La fama de sus autores
se impone como un argumento contra posibles reparos de los vecinos
o los planificadores urbanos.(*)
La mayor parte de estos edificios se destina a oficinas y viviendas,
dos funciones típicas y repetidas en el tejido urbano que, constitu-
yendo la mayor parte del parque construido, no tienen por qué asumir
protagonismos simbólicos, que sí corresponden a otros edificios más
significativos por su contenido histórico, social o institucional.
Los edificios de altura que se elevan directamente desde la vere-
da corrompen la escala barrial. En muchas ciudades del mundo las
torres están mereciendo el rechazo de la población. A su pie, de no
mediar un basamento que recupere la escala de la calle, el espacio
público queda vaciado e inclemente.
Dado que estos edificios están concebidos para obtener el mayor
rendimiento de su valioso terreno, vale remarcar que el rechazo no sur-
ge de la llegada de nueva población sino de la destrucción del ambiente
local. Es un hecho comprobado que cuando las torres están retiradas
·104· de la vereda, nacen de basamentos que respetan la escala local y apor-
tan nuevos lugares al uso público, ganan la aceptación de la gente.

3. Preservación del perfil de la calle barrial

La calle tiene una altura, un límite virtual definido por las copas de
los árboles y por el perfil superior de las fachadas, dos rasgos funda-
cionales de la escala local. Asegurar la continuidad y regular una al-
tura máxima para la edificación es el punto de partida para cualquier
sistema normativo con miras a la preservación ambiental del barrio.
La altura de las construcciones nuevas debe ser homogénea con la de
los edificios existentes, en el orden de los 10 a 13 metros, una dimen-
sión límite para los edificios de vivienda colectiva sin ascensor.
Los criterios que determinan la homogeneidad deben reglamentar-
se para cada sector que constituya una unidad perceptual: las áreas
residenciales, los entornos de las plazas, los espacios históricos y el
centro barrial.

* Dice Rafael Viñoly: “Toda la historia de la arquitectura está hecha de intervenciones que han
costado más de lo que costaría un edificio común.
Los edificios que han constituido lo que el público y la crítica consideran arquitectura han
costado en promedio más del 50% y en algunos casos hasta el doble de lo que se debería con-
siderar su precio base”. [147]
VISIÓN PEATONAL

Donde se requiera elevar la densidad habitacional podrá superarse la altura de la calle con las si-
guientes condiciones: 1º retroceder no menos de 6m toda construcción sobreelevada para sustraer-
la de la visión peatonal y no afectar el asoleamiento de la calle. // 2º No sobrepasar un plano límite ·105·
determinado por la visión de un peatón que, respaldado en la fachada de enfrente, mira el borde
superior del basamento.

Para calles tradicionales de 17,32 m de ancho y una altura de fachada estimada en 10m, el plano
límite se eleva 1m cada 2m horizontales.

Para un edificio de 25m de fondo los niveles superiores representan un 60% de superficie cubierta
adicional.

TRAZADO DEL PLANO LÍMITE


Donde se requiera elevar la densidad habitacional, los nuevos edi-
ficios deben receder los niveles que superen la altura de la calle en la
medida necesaria para desprenderlos del basamento y no afectar el
asolamiento de la calle.
Al respecto se sugieren los siguientes criterios normativos:

– Materializar un basamento sobre la linea de frente en todo el an-


cho del terreno, para asegurar la continuidad de las fachadas.
– Receder el arranque de los volúmenes sobreelevados a no me-
nos de 6m. de la línea de frente.
– Limitar el perfil de sus niveles sobreelevados mediante un plano
de referencia que, partiendo del filo superior del basamento, se eleva
en forma oblicua hasta la altura máxima permitida. Para un ancho de
calle habitual (17,32 m entre líneas municipales) el plano límite se ele-
va medio metro por cada metro horizontal, pendiente que se propone
como el máximo permisible. Un peatón respaldado sobre la fachada de
enfrente no debe divisar los volúmenes que sobrepasan el basamento.
– Las construcciones complementarias pueden sobrepasar el pla-
no límite, a condición de separarse de las medianeras no menos de 3
·106· m y no ocupar más de un tercio del ancho del terreno.

4. Aprobación municipal de las fachadas

¿Los frentes de los edificios son propiedad privada o deben res-


ponder al interés público?
Las fachadas, entendidas como límite exterior de los edificios, son
los planos contenedores del espacio público, al cual definen de la mis-
ma manera como lo hacen hacia adentro con los espacios interiores.
El diseño exterior de los edificios debe compatibilizar la iluminación,
las visuales y el control climático del espacio interior con una inser-
ción armónica en el entorno.
Es necesario revisar la actitud descomprometida que lleva a los
municipios a aprobar sin reparos todas las fachadas que se les pre-
sentan, incluso las más descontextualizadas, estableciendo los crite-
rios de referencia para cada sector del barrio.(*)

* El 20 de mayo de 1904, el diario La Nación informaba:


“La intendencia ha promulgado la ordenanza sancionada por la comisión municipal referen-
te al pintado y blanqueo de los frentes de los edificios en el radio comprendido por las calles
Paseo Colón, Paseo de Julio, Ribera del Río de la Plata, Caseros, Ribera, Canning y Rioja, dentro
de la cual es prohibida la existencia de ningún edificio pintado, ya sea al óleo o a la cal, con los
(Continúa página siguiente)
No se trata de imponer criterios miméticos ni de coartar creativi-
dades, sino de reconocer la existencia de un patrimonio cultural del
que dependen la identidad y el arraigo comunitarios. Es ampliamen-
te deseable enriquecer el entorno mediante formas e imágenes crea-
tivas con la condición de que resulten compatibles con la identidad
del lugar.
Los proyectistas deben poder optar entre acatar las normativas o
someter su propuesta contextual a la aprobación de un jurado veci-
nal-municipal que, en su presencia y con su intervención, decidirá su
aceptación o rechazo.
La documentación técnica requerida para obtener permisos de
obra debe incluir al menos dos imágenes del proyecto montadas so-
bre fotografías del entorno, tomadas a nivel peatonal desde direccio-
nes opuestas.
Los edificios públicos y los de uso comunitario deben ser excluidos
de estas normas. Se trata de edificios significativos que deben ser re-
marcados como hitos que estructuran los itinerarios urbanos.

5. Otros rasgos a preservar


·107·
El arbolado y los solados de veredas son definitorios para la iden-
tidad de la calle.
El arbolado, más allá de su valor ecológico y de la protección cli-
mática que depara, caracteriza visualmente el espacio público por el
color y la estacionalidad del follaje, el tamizado de la luz, la forma,
altura y densidad de las copas, el color de las flores y las característi-
cas de los troncos.
Es frecuente que, por equívocas razones de conveniencia perso-
nal, los frentistas eliminen los árboles de sus veredas. Se trata de un
grave atentado contra el patrimonio colectivo, la destrucción de un
rasgo trascendente de la identidad barrial, trabajosamente configu-
rado a través de décadas de crecimiento, atendido por varias genera-
ciones de jardineros municipales. Un acto vandálico e irresponsable
que debe ser enmendado a expensas del trasgresor, reemplazando
de inmediato el árbol eliminado por otro con el mayor desarrollo posi-
ble, más allá de las multas y acciones penales que correspondan. Las


(Viene página anterior)
colores rojo, azul, amarillo y verde, debiendo ser colores bajos o apagados, no estando com-
prendidos las ventanas y contramarcos de las vidrieras de las casas de comercio.
Cada infracción a esta ordenanza, será penada con una multa de $50.”
construcciones nuevas no deben habilitarse si sus veredas no pre-
sentan el número y el tipo de árboles estipulados por las normativas.
El control y la protección del arbolado deben descentralizarse al
nivel barrial para asegurar la detección rápida y la reparación inme-
diata de cualquier acción depredatoria.
Las veredas forman parte del primer plano de la visión peatonal. De
ahí su importancia en el paisaje urbano. Históricamente, las normas
han tendido a la unificación de todas las veredas urbanas, sin adver-
tir que igualar las áreas residenciales con las centrales y las plazas,
constituye un prejuicio simplificador. La exaltación de las diferencias
entre cada sector del barrio enriquece y estructura su comprensión.
Los controles municipales no parecen haber tomado nota de esta
significación, visto que, pese a la existencia de normas al respecto
se tolera que los propietarios frentistas definan sus veredas a gusto
y capricho.

·108·
· VII ·
INTENSIFICACIÓN DE
LA PLAZA BARRIAL

1. El concepto de plaza

La vida de los individuos se condensa como vida comunitaria en las


instituciones barriales y en el espacio público.
La plaza es el espacio primigenio, el más antiguo y cotidiano de los
ámbitos de uso colectivo, escenario principal de la historia de las socie-
dades. Originariamente, resulta de la agrupación de viviendas alrededor
de un espacio común con tendencia a la forma circular, una configura-
ción grupal tan antigua como la especie humana.(*) Como todo escenario,
la característica más intrínseca de la plaza es su aptitud para contener ·109·
las actividades y acontecimientos más diversos y cambiantes.
La cultura liberal, que percibe la vida comunitaria como parte de
un pasado sepultado por la era tecnológica, no concibe la plaza como
un ámbito de actividades y convergencia colectiva sino como un espa-
cio de arte connotado por el carácter bucólico de los parques.(**)
El parque y la plaza barrial son esencialmente diferentes. Todos
hemos vivido el mágico encanto de un parque solitario, en contraste

* Una plaza circular hundida de 12 metros de diámetro fue descubierta en el complejo arqueoló-
gico Sechin Bajo, al noreste de Lima. Con 5500 años, sería la edificación mas antigua de Perú,
más antigua que las de la Mesopotamia, Egipto y China. Según el Arqueólogo Peter Fuchs, di-
rector de la investigación, fue construida con piedras y adobes rectangulares y habría servido
de punto de reunión para sociabilizar. [149]
La centralidad circular es mucho más que una configuración creada por el homo sapiens. La
repiten muchas especies biológicas y predomina en las macro y micro estructuras físicas de la
materia.
Fue tan habitual para el agrupamiento de las comunidades prehistóricas alrededor de la ho-
guera, como lo es hoy en los recintos parlamentarios.

** Dice la arquitecta Sonia Berjman: la plaza es un jardín, un jardín es una obra de arte. La per-
cepción y el goce del arte del jardín está en nuestras plazas al alcance de la mano, en la coti-
dianeidad de nuestras vidas. Las cruzamos al dirigirnos a la parada de transporte o para ir a la
escuela.
¿Por qué a La Gioconda la cuidamos con un vidrio de seguridad y una guardia y no cuidamos
a nuestros jardines, nuestros oasis de relax en el desierto construido?
con la sensación de soledad con que nos recibe una plaza vacía. El
parque es reposo y la plaza es actividad. El parque remite al paisaje
natural y la plaza a un paisaje arquitecturizado. Mientras los parques
satisfacen el vivo deseo de naturaleza que experimenta la población
urbana, las plazas de barrio representan el espíritu de un patio colec-
tivo. En palabras de Roberto Doberti, “el uso evocativo de la natura-
leza, el ideal romántico del goce bucólico en las plazas, es inevitable-
mente conflictivo. El diseño natural en una plaza urbana no pasa de
remedo alegórico.”

Lo que mejor define el rol de la plaza barrial es la multiplicidad de


acontecimientos que se superponen y suceden en ella, un espacio
de libertad para las actividades del tiempo libre. La intensificación
de estas actividades demanda un importante incremento de los pi-
sos secos, en desmedro de los suelos sembrados.(*) Esto no significa
erradicar la vegetación, sino restringirla en el nivel del terreno para
desplegarla con plenitud a la altura de las copas de los árboles. Su
rol como pulmón verde debe mantenerse, porque forma parte de la
imagen de plaza más enraizada en la población y también porque, en
·110· esta era de amenazantes desequilibrios ambientales, la visión eco-
lógica representa un principio ético que debe constituirse en política
de Estado, en línea con el clamor mundial por la salvación del bioma
planetario.

En la plaza medieval, más que en el ágora griega, es donde se


puede encontrar el paradigma histórico de la plaza entendida como
centro de la vida colectiva. Ocupando un vacío en el tejido urbano y
flanqueada por edificios significativos para la comunidad, albergaba
una intensa vida colectiva. En el mercado ferial, su actividad caracte-
rística, se intercambiaban los servicios y entretenimientos populares.
Una fuente, muchas veces transformada en obra de arte, dignificaba
el lugar y proveía agua para la población y el mercado. Durante las
fiestas y los días de feria desbordaba animación (de ahí la palabra fe-
riado). Diversos grupos humanos rodeaban a los artesanos, escribas,

* Dice Toni Puig: “en Barcelona, las plazas públicas de piso duro creadas por Oriol Bohigas resul-
taron polémicas.
Se requerían plazas que faciliten la conectividad. La apuesta fue por el pavimento continuo,
ideal para el encuentro, la relación y la fiesta sin ornamentaciones superfluas y con mobiliario
urbano actualizado.
Naturalmente suscitó las críticas de los nostálgicos de los parterres floridos con céspedes
imposibles de mantener, pero la ciudad empezó a respirar y aprendió a no retroceder ante las
críticas historicistas decorativistas” 61
narradores, juglares y titiriteros. Era centro de información y punto de
encuentro, ámbito de los bandos y las proclamas. Toda la vida públi-
ca, incluso la ejecución del reo, se concentraba en la plaza.
Todo cambió con el advenimiento de la sociedad palaciega. La
plaza barroca, pensada para la cultura cortesana y concebida como
un espacio de arte esculpido por las tijeras de los jardineros, resumió
en solo dos funciones su nuevo sentido: contemplación y paseo. Este
sentido fue mantenido luego por la burguesía liberal, enajenada por la
exaltación de un status que se expresaba imitando las maneras de la
corte. Solo los monumentos monárquicos fueron sustituidos por los
republicanos, más representativos de la ideología de la época.(*)

Sin pretender una definición absoluta de plaza barrial, es fácil coin-


cidir en dos patrones principales: uno funcional, consistente en la con-
figuración de los lugares necesarios para las actividades del tiempo li-
bre de todos los habitantes del barrio; Otro paisajístico, respetuoso del
generalizado deseo de forestación propio de una población condenada
a transitar sus días entre las duras masas prismáticas de los edificios.
La democrática plaza barrial se sintetiza en la imagen convocante
de una manzana urbana profusamente arbolada, sabiamente organi- ·111·
zada y fuertemente equipada para el uso cotidiano de todos los gru-
pos etarios del barrio.

2. El funcionamiento de la plaza barrial

Tres grupos de edad utilizan habitualmente la plaza barrial: los ni-


ños, que requieren áreas de juego separadas en relación a sus desa-
rrollos madurativos; los adultos de mayor edad, que permanecen en
el barrio la mayor parte del día, y los adolescentes y jóvenes, un grupo
que también requiere amplios espacios deportivos que trascienden la
escala de la plaza.
Las actividades de la plaza barrial son grupales e individuales, diur-
nas y nocturnas, espontáneas y organizadas. Sus programas habituales

* En los inicios del siglo XVII, los espacios públicos de Buenos Aires, aunque casi virtuales, ya
existían.
La plaza mayor funcionaba como mercado abierto y punto central del intercambio econó-
mico y social de la comunidad. La Catedral no era más que un rancho grande que debía ser
reconstruido una y otra vez.
En el siglo XIX los parques y plazas jugaron un importante papel.
Era necesario crear en distintas partes de la ciudad espacios para la nueva burguesía. Estas
plazas se construyeron hacia fines del siglo y hoy constituyen la mayor parte de los espacios
abiertos de la ciudad. [66]
1.

·112·

2.

EL CONCEPTO DE PLAZA BARRIAL

Fig. 1 Pensada para la cultura cortesana y concebida como un jardín de arte, la plaza barroca redujo
sus funciones a contemplación y paseo. // Fig. 2 La democrática plaza barrial organiza todo el espa-
cio disponible para las actividades del tiempo libre. El piso verde disminuye sustituido en parte por
solados transitables, pero el arbolado se mantiene en su totalidad.
En el caso de la PPC (Plaza Centro Comunitario) un reducido edificio esquinero refuerza la plaza con
otras funciones comunitarias. (Ver pág. 119)
incluyen sectores de juego, solario y lugares sociales de encuentro y
reposo. También un área seca para convocatorias políticas, artísticas
y festivas, dotada de un escenario apto para representaciones, reci-
tales y cine.
La plaza es también un ágora, el ámbito natural de las convocato-
rias colectivas. Es allí donde el diputado se encuentra con sus repre-
sentados para informar sobre su trabajo y discutir los episodios de su
representación.
Como ámbito de salida de las instituciones locales al espacio co-
munitario debe ofrecer lugares grupales para la educación no formal
y para exhibiciones de las escuelas y talleres del barrio.(*)
Este micromundo requiere el apoyo de un sector de servicios, inclu-
yendo baños públicos, un bar o kiosco con área de mesas exteriores,
un depósito de útiles y los elementos requeridos para las actividades
de la plaza. También una oficina para el personal.
Si vemos las plazas como un espacio de servicios para el tiempo
libre, resulta evidente que requieren personal a cargo. Aceptar esta
realidad implica reconocer la necesidad de un presupuesto, no sólo
para las tareas de mantenimiento, sino también para asegurar la or-
ganización y la atención de sus actividades. Esta responsabilidad no ·113·
puede ser retaceada en atención a su costo, que por lo demás, se re-
duce cuando la atención de la plaza se implementa con el vecindario.(**)
El barrio puede ser el mejor proveedor de personal, particularmente
los vecinos de la tercera edad, motivados por su propio arraigo y su
conocimiento de la red social.

Asignar a cada plaza un carácter temático propio dotándola de una


función no convencional, atractiva y bien desarrollada, aporta un plus
a su valor de uso. Nos referimos a una actividad identificatoria, que la

* Como señala la educadora María Teresa Sirvent, todas las áreas de la vida cotidiana se tornan
en espacio educativo.
El espacio público, en particular las plazas, cumple un rol importante en las actividades
de la educación no formal, una concepción totalizadora que abarca tanto la escuela como los
tiempos y espacios existentes más allá de la misma. Se basa en la educación como derecho y
necesidad durante toda la vida.
Sus actividades están vinculadas con el funcionamiento de múltiples talleres participativos
(artes, oficios, organización comunitaria) en lugares adecuados del espacio público, fuera de
los horarios escolares y laborales.

** Juan Carlos Piccardo, reciente Ministro de Espacio Público de GCBA, expresa la visión liberal
centrada en la seguridad y la buena imagen: “no se puede invertir dinero en reparar plazas y
luego no mantenerlas. La idea de recuperar los guardianes es para tener un control permanente
del lugar. Elegimos hombres y mujeres de más de 30 años porque los guardianes deben dar
imagen de respeto, con potestad de labrar infracciones”. [150]
haga recordable y la convierta en un lugar de destino para los paseos
interbarriales.
Las posibilidades son numerosas y están abiertas: un carrusel
bien equipado, un palomar, un sector con juegos de agua, un circuito
aeróbico con espacios de salud(*), un área con fogata para reuniones
o peñas nocturnas, una imaginativa pista de skate, un sector elevado
para instalar rampas de juegos.
La especialización fortalece la convocatoria de la plaza, refuerza
su valor identitario y motiva el orgullo local. Extendiendo el criterio a
todas las plazas urbanas se multiplicarían las opciones de paseo que
la ciudad ofrece a sus habitantes.

3. El equipamiento mobiliario

La noción de mobiliario se refiere al conjunto de elementos que


permiten que las personas y los grupos aniden en un lugar. La como-
didad condiciona la permanencia en la plaza, al punto que los propios
vecinos suelen traer sus muebles plegadizos cuando proyectan que-
darse un tiempo prolongado.
·114· Amoblar el espacio público tiene la misma significación que ha-
cerlo con los ámbitos interiores. Las insuficiencias del mobiliario y
las fallas en su disposición se traducen en distintas incomodida-
des, que conspiran contra el éxito de la actividad y desalientan su
reiteración.
Es evidente que la conformación de grupos sociales no se pro-
mueve alineando bancos en hilera, los seres humanos dialogamos de
frente. Los asientos deben reproducir las mismas disposiciones que
se utilizan en los espacios de estar, algunos pensados para el reposo
y otros en torno a mesas de diferentes alturas y tamaños, aptas para
juegos, meriendas, trabajo y estudio. También espacios para grupos
de 20 o 30 personas.
La calidad ergonómica de los asientos es decisiva. Un banco con
respaldo es mucho más retentivo que un cordón de mampostería. Su
mensaje es “ponte cómodo y quédate”.

La proximidad promueve la comunicación, los grupos se sien-


ten contenidos cuando el área que ocupan está delimitada y sus
dimensiones no resultan excesivas. Es conocido que una reunión

* Los espacios para la salud están equipados con diferentes aparatos para mantener la forma y
prevenir dolencias. Una tendencia de origen chino actualmente muy extendida en Occidente.
1.

2.

·115·

3.

4.

EL MOBILIARIO PARA LA SOCIALIDAD

Fig. 1 Agrupamientos con mesas moduladas. Las insuficiencias del mobiliario y las fallas en su dis-
posición conspiran contra las actividades desalentando su reiteración. La calidad ergonómica de los
asientos es decisiva. // Fig. 2 Organizaciones sociales con bancos de plaza. Las relaciones sociales
no se promueven alineando bancos en hilera. Los agrupamientos deben reproducir las mismas dis-
posiciones que se utilizan en los espacios de estar, organizando conjuntos para dos, cuatro, ocho y
más personas. // Fig. 3 Organizaciones sociales anexas a bancos continuos. // Fig. 4 Organización en
gradas para reuniones de 30 personas, con panel frontal. Diámetro interior 2m.
languidece en un ámbito sobredimensionado y se estimula en uno
más ceñido. La eficacia de cada lugar depende de su adecuamien-
to dimensional. Un gran espacio vacío es difícilmente apropiable.
Como señala Claude Morel “demasiado espacio vacío representa
una inhibición al uso. Hay que pensar en la gradación y en la limita-
ción de los lugares. Los pequeños espacios han dado ciertamente
los mejores efectos en el sentido de medir la representación de sus
actividades”.

Los programas de necesidades deben incluir indicaciones cualita-


tivas y cuantitativas acerca de los amoblamientos e infraestructuras
necesarias para cada actividad: tipos de asiento, planos de apoyo,
juegos para niños, jóvenes y adultos, bebederos, papeleros, cartele-
ras de comunicación, teléfonos públicos y artefactos de iluminación.
También los requerimientos en materia de redes sanitarias y conexio-
nes comunicacionales.
Para facilitar el montaje de instalaciones transitorias se deben
prever anclajes para estructuras que pueden durar un día (ferias fran-
cas o recitales), pocos días (exposiciones y muestras) o varios meses
·116· (instalaciones relacionadas con la estacionalidad).
Los lugares sociales de la plaza requieren protección del sol en
verano y del viento y el frío en invierno. Si bien en el centro y norte de
nuestro país, estas necesidades no exceden la generación de sombra,
en las ciudades patagónicas y cordilleranas es necesario recurrir al
uso del vidrio o del film para instalar recintos asoleados, calefaccio-
nados y protegidos del viento.

4. Zonificación de las actividades

Facilitar la apropiación de los lugares de la plaza supone fragmen-


tarla sin perder por ello la sensación de unidad. La lógica funcional
indica que las áreas reposadas y las que requieren más privacidad
ocuparán los espacios centrales, mientras que las de mayor movili-
dad y bullicio se relacionan con los espacios de borde.
En general se trata de los siguientes sectores:

– Tres áreas de juego, distintas e independientes entre sí, una para


la primera infancia, otra para niños en edad escolar y una tercera para
adultos mayores. Las dos primeras incluyen juegos de maduración o
destreza adaptados a cada edad, pista de patinaje y circuito de trici-
clos. La tercera, juegos de mesa y canchas de bochas o tejo.
– Una o más áreas de estar, algunas con mesas de diferente ta-
maño para colaciones, trabajo y juego. Incluyen lugares soleados y de
sombra y un sector protegido de la lluvia.
– Un área de usos múltiples para actividades con público numero-
so, fiestas, espectáculos o asambleas. Incluye escenario y asientos.
– Un área solario diseñada para evitar su ocupación por juegos de
pelota.
– Un puesto de aprovisionamiento de bebidas y colaciones, aten-
diendo un área exterior con mesas y sombrillas.
– Diversos y pequeños lugares de reposo al sol y a la sombra, dis-
tribuidos a lo largo de los caminos internos y la vereda perimetral de
la plaza.
– Una red interna de paseo, conectando las áreas principales con
otras sin asignación funcional, pensadas para las formas colectivas
y espontáneas de juego infantil.(*) El trazado de la red debe tener en
cuenta las diagonales de la plaza, recordando que los peatones de
paso tienden a acortar camino, trasponiendo los obstáculos que se
les opongan.
– Las veredas perimetrales responden a un doble programa. El que
proviene de las actividades de la calzada, como las áreas de detención ·117·
de buses con servicios municipales circulantes (bibliotecas, campa-
ñas educativas) las paradas de colectivos y taxis y el que sirve a la
vida del paseo peatonal popularmente bautizado “vuelta del perro”.
– Las esquinas de la plaza son sus puntos de acceso desde el en-
torno barrial que funcionan como sitios de cita y encuentro. Incluyen
asientos, bebedero, símbolos identificatorios, carteleras de informa-
ción, kioscos, cabinas telefónicas y mástil.

La sustitución de pavimento de las calzadas perimetrales por


otro de connotación peatonal enrasado con las veredas constituye
un aporte para todo el barrio, más allá de las restricciones que se
establezcan para el tránsito vehicular. En los días y horarios para
peatones, cuando las calzadas quedan disponibles para las mesas y
sombrillas de los cafés, las grandes ferias, competencias deportivas
o desfiles, la plaza barrial se asemeja a la tipología de “plaza reclusa”,

* Relata el pedagogo Francesco Tonucci que “en Barcelona me dijo una niña: ´en la plaza todo
está en el mismo nivel, no hay dónde esconderse.´ Esto es casi una denuncia. ¿Qué piensan los
arquitectos cuando piensan en los niños? ¿No recuerdan que era importante esconderse, jugar,
buscar lugares que permitan imaginarlos de otra manera? Hoy que sabemos todo sobre los
niños, los estamos ignorando. Los espacios infantiles se siguen pensando desde la lógica y los
valores de los adultos”. [151]
un modelo que ha proporcionado los mejores espacios públicos de la
historia de las ciudades.

5. El entorno de la plaza

El espacio de la plaza no está definido por sus veredas, sino por


los edificios que la enfrentan. Resulta difícil imaginar una plaza sin
fachadas perimetrales, se nos aparece como un dibujo en el piso, una
ficción que cuando se materializa tiene destino de potrero.
Además de contenerla, el perímetro le suma animación. La promo-
ción en sus plantas bajas de usos que derramen hacia fuera (bares,
salas de espectáculos y comercios sin cerramientos) representa un
aporte para la vida de la plaza, particularmente si se trata de edifi-
cios de uso colectivo. El beneficio es recíproco, la plaza los jerarquiza
como instituciones barriales y ellos le aportan animación, una siner-
gia que genera un plus de valor que se pierde lastimosamente cuando
se enrejan las plazas.
Para asegurar la coherencia del marco deben establecerse nor-
mativas particulares para cada caso, estableciendo la altura de las
·118· fachadas, solados de vereda, luminarias, arbolado, gamas de color,
materiales predominantes, letreros, toldos y marquesinas.

6. La plaza como centro comunitario (PCC)

En las ciudades satélites europeas, concebidas “a nuevo” para la


reconstrucción que sobrevino luego de la Segunda Guerra Mundial, se
incluyeron centros comunitarios completos. Sus programas, incluían,
además de un sector comercial, un importante núcleo de servicios
deportivos, sociales, recreativos y culturales, y una estructura admi-
nistrativo-profesional encargada de la organización y promoción de
sus actividades. Estos centros fueron considerados imprescindibles
para la integración social de los nuevos conglomerados.
Muchas de sus actividades se reproducen espontáneamente en
nuestras plazas barriales, que pueden ser vistas como embriones de
Centros Comunitarios a cielo abierto, pero, si bien el clima benigno
facilita su uso semipleno durante gran parte del año, no cabe duda
que la inclusión de un sector cubierto ampliará cualitativamente su
funcionalidad y su convocatoria.

Nos referimos a un edificio de 200 a 400m2 que funciona simul-


táneamente como Centro Comunitario y núcleo denso de la plaza. Su
·119·

1.

2.

3.

LA PLAZA CENTRO COMUNITARIO (PCC)

Fig. 1 PLANTA GENERAL: 1 Entrada principal, 2 Cancha de bochas, 3 Cancha de pelota, 4 Patio de
fiestas, 5 Escenario, 6 Gradas, 7 Juegos en desnivel, 8 Solario, 9 Juegos de niños pequeños, 10 Juegos
de niños mayores, 11 Área pergolada, 12 Calesita, 13 Área de servicios circulantes, 14 Área ferial

Fig. 2 CENTRO COMUNITARIO. PLANTA BAJA: 1 Vigilancia, 2 Baños, 3 Centro Adultos Mayores, 4 Ofi-
cina, 5 Depósito, 6 Bar // Fig. 3 CENTRO COMUNITARIO. PLANTA ALTA: 1 Acceso, 2 Centro de Adoles-
centes y Jóvenes, 3 Salón Multiuso.
implantación con acceso directo desde la vereda y desde el interior de
la plaza, le permitirá ejercer ambos roles con claridad.

La llamamos Plaza Centro Comunitario (PCC). Se trata de una in-


terpretación intensiva de la plaza barrial basada en la profundización
de su contenido programático. Incorpora nuevas funciones que pue-
den construirse en etapas:

– Un Centro para adultos mayores, con área de juegos al exterior


(bochas, tejo, juegos de mesa).
– Un Centro para adolescentes y jóvenes, con playón de juegos de-
portivos (basket-voleyball-minifútbol).
– Un Salón de Usos Múltiples(*), disponible para reuniones, fiestas
y otras actividades de apoyo y servicio a la comunidad. (**)
– Un escenario techado de doble frente con espacio de servicio bajo
el tablado, abierto a las gradas y a un patio social, para proyecciones,
funciones teatrales, espectáculos musicales y fiestas comunitarias.
– Un agrupamiento de servicios complementarios, incluyendo bu-
ffet, oficina del personal, baños públicos, depósito de útiles y puesto
·120· de seguridad.

La inclusión de un Centro para Mayores es relativamente habitual


en nuestras plazas barriales. Esto no ocurre con los centros para
Adolescentes y Jóvenes, un sector etario convertido en chivo expia-
torio de la inseguridad urbana. Gran parte de la sociedad los ve como
peligrosos, cuando en realidad son ellos, recientes niños en tránsito
hacia la adultez, quienes verdaderamente están en peligro.(***)
Su inserción social debe ser vista como una condición de base
para el desarrollo de la comunidad.(****) No solo forma parte de ella

* Patricia Palenque señala que, según la experiencia acumulada por los planes federales, la prin-
cipal prioridad solicitada por los barrios es un salón de usos múltiples, destinado a constituirse
en la sede de la organización vecinal.[152]

** Recientemente, el Parlamento francés propuso la creación de centros públicos en donde los


vecinos puedan desarrollar actividades laborales. Entre los argumentos figura evitar horas de
viaje y compatibilizar el trabajo con la vida doméstica.

*** La Asociación Estadounidense de Psiquiatría ha patologizado la rebeldía juvenil, bautizando su


conducta como Desorden de Oposición Desafiante (ODD), una enfermedad que no incluye a los
delincuentes juveniles, sólo a los jóvenes rebeldes, que muestran un comportamiento hostil,
desafiante y discutidor de las normas de los adultos.

**** Según la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires (art. 40) “la ciudad garantiza a la juventud la
igualdad real de oportunidades y el goce de sus derechos a través de acciones… que aseguren
(Continúa página siguiente)
sino que pueden constituirse en una notable fuente de energía y
creatividad.(*)
El psicólogo Rodolfo Urribarri señala que “durante la adolescencia
se adquieren en poco tiempo capacidades que requieren ser proce-
sadas. Mientras tanto son característicos sus altibajos anímicos y la
tendencia a la desmesura. Avanzan con ímpetu pero tienen dificul-
tades para advertir los riesgos, les falta lograr el control racional de
sus impulsos y la conciencia de las implicancias de sus actos. Este
proceso difícilmente se completa antes de los 20 años.”
La inclusión de los adolescentes comienza por aceptar sus procesos
madurativos y por insertar su práctica social en un espacio colectivo
que respete su independencia y se abra a sus iniciativas. La manera de
lograrlo no es marginándolos en casas temporales perdidas en el ba-
rrio, necesitan un lugar propio e insertado en el espacio comunitario.
Se hace evidente la necesidad de estrategias para estimular en los
jóvenes la autoestima, la esperanza de realización y el incentivo hacia
participar de causas y proyectos sociales. La presencia activa de la Uni-
versidad sería de gran importancia en el desarrollo de estos programas.

Extender las actividades de la PCC a los horarios nocturnos es una ·121·


condición para la convocatoria juvenil.
Los adolescentes hacen todo más tarde. Se supone que existe una
razón cultural, pero también un desfasaje de su reloj interno. El biólo-
go Diego Golombek señala que “existe un reloj endógeno que marca la
duración del ciclo biológico diario. En la mayoría de las especies dura
aproximadamente 24 horas, también el de los adolescentes, pero este
tiene “las agujas adelantadas”.
Este rasgo juvenil resulta favorable cuando se recuerda que, en
una plaza iluminada y organizada, la vida nocturna elimina el proble-
ma de la “tierra de nadie” en que hoy se convierte después de la pues-
ta del sol. El delito callejero solo se produce en lugares y horarios que
facilitan la impunidad.

(Viene página anterior)


mediante procedimientos directos y eficaces su participación en las decisiones que afectan al
conjunto social.“

* Según los colombianos Carlos Freixa y Héctor Ospina “los jóvenes, presentan una dimensión
contestataria y a veces agresiva, pero tienen una capacidad de creación cultural importantísi-
ma. Todos los investigadores del tema sabemos que cuando se invierte en el potencial cultural
de la juventud se reduce la violencia. Una vez que encuentran posibilidades de expresión, se
insertan en canales sociales y trabajan por su barrio y por condiciones diferentes de vida”. [153] Es
cuestión de oportunidades. Cuando se generan un espacio y una relación inteligente se crean
las condiciones para su inclusión.
7. La plaza de cruce

Como se apuntó en el capítulo VI, la plaza de cruce forma parte de


los recursos para desalentar el tránsito pasante en el interior de los
barrios. Más allá de esta finalidad, la transformación de un cruce de
calles barriales en una pequeña plaza de alto rendimiento supone una
tipología que puede resolver la carencia de plazas de proximidad en
los tejidos residenciales.
En el cruce de dos calles de ancho tradicional (20 varas = 17,32
mts), puede inscribirse un círculo de 25 mts de diámetro, unos 450
m2. Incorporando los extremos de las cuatro cuadras cortadas, la su-
perficie útil supera los 1000 m2. En el sector central puede organizar-
se un área sembrada y un arenero para juegos infantiles. Los cuatro
extremos quedan disponibles para las actividades acordadas con el
vecindario (un sector social, un kiosco con mesas y sombrillas, un es-
pacio de patinaje, un sector de gimnasia, etc).
La construcción es rápida y económica. No se requiere demoler
las calzadas, sólo algunas perforaciones para el agregado de árboles
nuevos. Un murete con la altura de un asiento configura una batea
·122· que se llena con la tierra del área verde y la arena del sector infantil.
Debe preverse el enrasamiento de la calzada con las veredas, la con-
tinuidad de los desagües de los cordones y la elevación de las tapas
de acceso a las redes subterráneas. Si se considera necesario, puede
preverse el paso de camiones recolectores de basura y vehículos de
emergencia.
La carencia de fachadas laterales asegura el asoleamiento cons-
tante y la buena visibilidad desde las calles convergentes, un ras-
go que las protege de acciones delictivas y, contando con la buena
iluminación propia de las esquinas, las habilita para las actividades
nocturnas.
La clausura del cruce no originará problemas de tránsito en la zona
dado que los vecinos y proveedores se adaptan rápidamente a los
nuevos recorridos. El estacionamiento sobre ambos costados de las
calzadas cortadas, indispensable para evitar su uso como canchas de
pelota, duplicará la capacidad habitual.

Cuando se busca mantener el tránsito en una de las calles del cru-


ce aparece una variante menor, conformada por el extremo de la calle
cortada ampliada por el ensanche de la vereda transversal, configu-
rando un espacio urbano de unos 400 m2 de superficie con aptitud
para contener juegos infantiles y equipamientos sociales.
1.

·123·

2. 3.

LA PLAZA DE CRUCE I

Fig. 1 PLAZA DE CRUCE. Visión peatonal // Fig. 2 PLAZA DE CRUCE. En el cruce de dos calles de
ancho tradicional (17,32 m) puede inscribirse un círculo de 25m de diámetro sin invadir las ochavas.
Al adicionar los cuatro extremos de las calles cortadas la superficie útil supera los 1000m2. // Fig. 3
VARIANTE PATO VECINAL. Cuando una de las calles del cruce debe permanecer abierta aparece una
variante menor configurada por el extremo de la calle cortada y el ensanche de la vereda transver-
sal. La superficie útil se estima en 400m2.
·124·
1.

2.

LA PLAZA DE CRUCE II

Fig. 1 Planta general // Fig. 2 Variante patio vecinal


8. Las plazas cercadas

La instalación del miedo al espacio público es un atentado contra


la vida comunitaria. El cerco de las plazas materializa esta agresión
al separarlas de la vida del entorno y cancelar el acceso a partir del
anochecer. La transformación de una plaza en un recinto cerrado, es
una negación de su propio sentido. Se opta por matar al enfermo para
eliminar la enfermedad.(*)
El enrejado reinterpreta la plaza como un recinto privado, trocan-
do su connotación abierta y apropiable por los significados inhibito-
rios que emanan de los cercos, las puertas y las cerraduras. Queda
anulado el espontáneo deseo de un peatón de transitar por su interior.
Ahora debe haber una decisión previa para ir a la plaza.
No pueden aducirse razones valederas para impedir el acceso de
adultos y jóvenes, justamente en los horarios de su tiempo libre des-
pués de una jornada de estudio o trabajo. Tampoco razones de segu-
ridad, que, en un área tan acotada, pueden ser fácilmente resueltas
con presencia disuasiva y una buena iluminación.
La inhibición de las actividades nocturnas resulta un amargo despo-
jo para la población, un atentado contra el disfrute de las placenteras ·125·
noches de verano, primavera y otoño. Vale recordar a los administra-
dores municipales que el arraigo popular de las plazas y su alto nivel
de exposición pública las convierte en un marco de mérito excepcional
para mostrar una actitud sensible hacia el disfrute de la población.

Los enrejados instalados sobre la línea municipal, originan el va-


ciamiento de las veredas que circundan la plaza. Carentes de facha-
das se convierten en espacios inhóspitos y desangelados, temibles
en los horarios nocturnos. Mientras se mantengan, las rejas debieran
desplazarse varios metros hacia el interior de la plaza o siguiendo
el perímetro de los senderos internos próximos al borde. Esta refor-
mulación podrá convertir las veredas en ramblas de paseo que, bien
amoblados e iluminados, permitirán recuperar la sensación de estar
en la plaza, durante los horarios de cierre.

* Dice Zigmunt Bauman: la arquitectura del miedo se extiende a los espacios públicos y los trans-
forma infatigablemente en áreas cerradas, vigiladas y controladas.
La inventiva en este terreno no conoce límites. Nan Ellin menciona mecanismos como los
bancos “a prueba de vagabundos” de las plazas de Los Ángeles con un sistema de aspersores
de riego, o un ensordecedor jaleo de música mecánica que se usa para ahuyentar a los vagos y
a los holgazanes. [6]
· IX ·
INTENSIFICACIÓN DEL
CENTRO BARRIAL

1. El concepto de centro barrial

Consolidar la vida barrial se inicia por reforzar las actividades y los


valores ambientales de la centralidad.
La existencia de un centro claro permite comprender la configura-
ción física y social de su barrio, condición insustituible para los senti-
mientos de pertenencia e identidad que sustentan la vida comunitaria.
El centro de una ciudad pequeña es un lugar activo, consolidado a
través del tiempo, donde se agrupa cierta cantidad de cafés, hoteles,
comercios y edificios públicos, casi siempre cercanos o enfrentados
·126· con la plaza. Durante muchas horas del día el centro se anima. El rit-
mo lúdico y un poco perezoso y la atmósfera amigable forma parte de
las mejores vivencias de sus habitantes. Uno de los reproches que se
hacen a las ciudades nuevas surgidas de proyectos de urbanización
modernistas, es el de no ofrecer estos lugares producidos por la his-
toria local.
Igual que en las ciudades menores, el centro del barrio es el lu-
gar donde la población acude a encontrarse, a pasear, comprar y di-
vertirse. Sus funciones tradicionales se completan actualmente con
servicios comunicacionales, artesanías de diseño, estética corporal
y las ofertas modales de la cultura juvenil. Allí todo se superpone, la
residencia con el comercio, la recreación con la cultura, los Bancos
con las iglesias y los debates callejeros con los malabaristas.

Las áreas centrales de las ciudades fueron acumulando proble-


mas de seguridad y congestionamiento, que hubieran tenido solución
de haber mediado una actitud planificadora por parte de los munici-
pios. Las crisis irresueltas del espacio público terminan siempre en
ofertas privadas. Es sabido que, cuando el Estado no interviene, los
problemas se agravan, desembocando en soluciones comerciales
dirigidas a los sectores medios y altos. Para los sectores populares
estos procesos conducen a su exclusión de la vida urbana.
Es así que el Shopping Center se ha desarrollado como lo nuevo en
materia de espacios comerciales, un no lugar pensado sólo para consu-
midores, carente de identidad y despojado de toda significación comu-
nitaria, que debilita gravemente la energía de los centros barriales.(*)

Los vecinos de las ciudades mayores prefieren el centro barrial,


por razones vinculadas con la cercanía, la organización de la vida fa-
miliar y el tiempo disponible. Su ambiente es menos ceremonial, más
amigable, íntimo y descansado. Se siente más seguro y contenedor.(**)
Cuanto más activo resulte, menor será el peligro de que los barrios
se vacíen la mayor parte del día. Para conseguirlo, debemos reco-
nocer que la cultura del consumo está profundamente insertada en
nuestro mundo globalizado, incluso en quienes la denostamos. Es un
hecho que sin la atracción que ejerce el paseo de compras la opción
de concurrir al centro se hace menos entretenida y más eventual. Ello
no significa que la centralidad se pueda reducir al mero marco comer-
cial. Los servicios culturales, los recreativos y los espacios sociales
deben integrarse con los comerciales de manera que una vez en el
centro, los paseantes entren en contacto con el conjunto. (***) Cuanto
más rica y diversa resulte la oferta de servicios, mayor será su poder ·127·
convocante.
El centro se vive como una secuencia recreativo-cultural-comer-
cial, un espectáculo recorrible y participativo cuya amenidad se nutre
de la densidad de sus servicios y la atracción de sus espectáculos ca-
llejeros. El arte de la calle asume un valor excepcional, para el éxito de
la centralidad. Recíprocamente el espacio público es un semillero de
futuros protagonistas de la cultura nacional.

* Heiner Monheim señala: “los grandes Shopping Centers exteriores a la ciudad, en general sobre
las autopistas, han constituido la zona de laboratorio previa a los Shoppings urbanos. Separa-
dos no ya del espacio público, sino de la ciudad misma, ningún condicionante urbano se opone
a la actividad comercial. Aquí no hay servicios culturales o sociales, ni opinión pública ni vida
cotidiana. Toda la máquina está concebida para el consumo”. [59]

** En nuestras ciudades, los denominados centros comerciales a cielo abierto son aquellas áreas
que agrupan gran cantidad de negocios, con posibilidad de formar un paseo de compras y com-
petir con los shoppings. En Buenos Aires, vecinos de diversos barrios (Saavedra, Villa Crespo,
Boedo, entre otros), pusieron en marcha con colaboración municipal un plan para recuperar
las veredas, luminarias, bancos y el espacio público de sus centros comerciales, inclusive las
plazas. Las iniciativas surgieron a través de los Centros de Gestión y Participación (CGP), em-
briones de las futuras comunas.

*** Según Miguel Ángel Roca en el centro peatonal de Córdoba solo un 30% de quienes transitan lo
hacen solamente para comprar, un 30% se dedica a “callejear” y un 40% por negocios y trámites
que nada tienen que ver con la función comercial.
Los horarios comerciales deben ampliarse todo lo posible para
sostener la afluencia durante las horas nocturnas, un objetivo que de
cumplirse, convocará también a la población de los barrios adyacen-
tes. Se trata del corazón del barrio, que debe latir extendido a tiempos
de gran amplitud. Su verdadera fuerza se mide por la continuidad de
su animación.

2. Estrategias para la intensificación del centro barrial

Una serie de objetivos a incluir en los programas de la centralidad


se sinergizan para acrecentar su atracción:

– Atenuar el tránsito vehicular, reduciendo la velocidad máxima


a 20 km/h e instalando semáforos en todos los cruces. La exclusión
total del automóvil sólo se justifica en los tramos y horarios en que los
flujos peatonales son intensos y continuos. En los períodos de menor
concurrencia la prohibición resulta contraproducente.
– Angostar las calzadas principales para ensanchar una o ambas
·128· aceras. La estrechez de la calzada beneficia la calidad del espacio
peatonal al generar una sensación de cercanía entre ambas veredas.
– Promover el volcamiento de los comercios y servicios hacia las
veredas, permitiendo la exhibición ordenada de mercaderías al exte-
rior y estimulando la instalación de bares con mesas en la calle.
– Promover la incorporación de nuevos lugares provenientes del
ensanche de las veredas esquineras, del retroceso de las plantas ba-
jas de los edificios frentistas, de la incorporación de terrenos baldíos
y de la apertura de pasajes peatonales.
– Sustituir el pavimento de las calles más transitadas por solados
de connotación peatonal, preferentemente enrasados con las vere-
das. El carácter peatonal lentifica todos los flujos, acentúa el sentido
de paseo y permite la instalación de espectáculos, ferias y exposicio-
nes en los horarios de restricción vehicular. Esta operación transfor-
mará la calle principal en el eje de la vida pública.
– Establecer una modalidad flexible para la protección climática
de las veredas. Los paseantes deben poder transitar y detenerse res-
guardados del sol y de la lluvia.
– Maximizar el aporte de recursos municipales para mejorar la ca-
lidad de la vida callejera contratando artistas ambulantes, estable-
ciendo programas oficiales de espectáculos al exterior y colaborando
con las iniciativas promovidas por las organizaciones locales.
– Incrementar la población del área central. La densidad habi-
tacional de la mayoría de los barrios resulta exigua para alimentar
adecuadamente sus centralidades. Esta población, dice Monheim,
“resulta ser la base para una animación permanente. Cuanto más
personas viven próximas al centro tanto más estable es la animación
y tanto mayor su radio de influencia.” 59 Densidades próximas a los 300
habitantes por cuadra, incluyendo a las personas que allí trabajan,
generan un buen nivel de actividad basal, compatible con los 10 a 13
metros estimados como altura probable para las fachadas barriales.

La densificación general del barrio presenta diversas ventajas. El


incremento de la población fortalece y no diluye la vida colectiva, dado
que la población nueva se incorpora progresivamente. Es verdad que
se introducen elementos conflictivos en las relaciones de vecindad
rutinizadas. Al principio se producen resistencias al acercamiento de
otros, percibidos negativamente, frente a un nosotros como núcleo
auténtico, pero esos otros revitalizan una identidad barrial que, de lo
contrario, se diluiría por las muertes y las mudanzas de los vecinos
originarios.
Desde el punto de vista de la seguridad, la densidad evita la dis- ·129·
persión del área a controlar. La presencia permanente de vecinos y
peatones en la calle actúa como un reaseguro para las personas que
salen o llegan a sus hogares.
Desde la economía urbana la densificación representa una ra-
cionalización de los costos de todas las infraestructuras del espacio
público, disminuyendo la extensión de las redes viales, eléctricas,
sanitarias y comunicacionales. Opera sustituyendo vehículos por
escaleras y ascensores. El ascensor no tiene tiempo de espera, es
más económico que cualquier medio de transporte público y carece
de efectos contaminantes, ya que se mueve con electricidad y utiliza
contrapesos que neutralizan la gravedad.
Desde el punto de vista ecológico, la densificación reduce la ocu-
pación de tierras naturales, una ventaja trascendental en esta época
de grandes riesgos ambientales. Recientemente la alcaldía de Lon-
dres ha tomado la decisión de no permitir la construcción de barrios
nuevos fuera de la ciudad. En el futuro, las inversiones edilicias serán
dirigidas a ganar densidad en las zonas ya instaladas del tejido.(*)

* Según el ecólogo Salvador Rueda, “las propuestas de desarrollo deben plantearse con criterio
de sostenibilidad. Para eso se necesita un modelo urbano donde el crecimiento debería delimi-
tarse, densificando, haciendo que la ciudad sea más compacta”. [156]
3. Criterios proyectuales

Al identificar la belleza con la funcionalidad y la síntesis, los re-


pertorios emanados del Movimiento Moderno han determinado una
espacialidad simplificada, negadora de las diversidades. Más allá de
sus sólidos fundamentos conceptuales, su lenguaje, devenido en es-
tilo, derivó en un laconismo minimalista que llevó a unificar lo diverso
y negar lo característico. Los indiscutibles logros que el Movimiento
Moderno obtuvo en el diseño de edificios, mobiliarios y objetos de uso,
no se repitieron en la escala urbanística. Aplicados al espacio público,
sus repertorios resultaron esquemáticos, inexpresivos y desestimu-
lantes en extremo.
A partir de los años 70, en un proceso acelerado por la velocidad de
los cambios tecnológicos, se elevaron los umbrales de monotonía de
la población joven, determinando la apetencia por percepciones más
dinámicas y complejas. Los mensajes se hicieron más breves, los len-
guajes más variados y los estímulos más abigarrados. Las morosida-
des que antes nos emocionaron ahora nos resultan lentas en exceso.
Estos cambios se reflejan en todos los campos de la percepción, en
·130· el arte, en nuestra mirada cotidiana y, como no podría ser de otra ma-
nera, en las imágenes del espacio público. Hoy preferimos la armonía
abierta de los diverso al equilibrio inequívoco de lo estructurado. La
elevación de los umbrales de monotonía nos empuja a preferir lugares
cuya vitalidad esté relacionada con su complejidad, una tendencia
que, en el campo concreto del diseño, desemboca en la exaltación de
las diferencias y la acumulación de simultaneidades.

La puesta en valor del centro barrial se inicia por su caracterización


espacial, diferenciándolo del tejido residencial. Este objetivo supone
definir repertorios de diseño propios de cada centralidad, teniendo en
cuenta que complejidad y amenidad están emparentadas.
La complejidad suele ser condición de lo ameno. Un paseo ameno
se caracteriza por la cantidad y la velocidad de los estímulos que se
acumulan durante el recorrido, una secuencia de formas, colores, so-
nidos, luces, movimientos y episodios personales. Como señala Eike
Schmidt “la diversidad y vitalidad del espacio son estimulantes, ani-
man a actuar y sacan a las personas de la pasividad.” 59
La mejor organización de un centro barrial será la más expresiva,
la que consiga sacar partido de cada particularidad, fragmentando el
espacio y configurando lugares diversos para incluirlos en una unidad
más compleja, alejada de toda obviedad.
·131·

1.

2.

LA PLAZA DE CRUCE EN EL CENTRO BARRIAL

Entre los criterios para intensificar el centro barrial se incluye el de fragmentar el área en ámbitos me-
nores equipados para actividades diferentes. El esquema de la plaza de cruce es un recurso útil para
este objetivo. Supone el enrase de cada esquina de la calle principal y la configuración en cada una de
ellas de cuatro sectores de actividad. Perceptualmente, opera incluso con el tránsito habilitado.
La producción de amenidad exige de los proyectistas una cap-
tación aguda y pormenorizada de las circunstancias de la calle, así
como el manejo de repertorios de diseño más flexibles y complejos. El
objetivo radica en lograr un espectáculo espacio-temporal dinámico
e interactivo, lo que no debe confundirse con la espectacularidad de
cada uno de sus elementos.
La topografía de nuestras ciudades de llanura, extendidas en
cuadrículas uniformes y tipificadas por la infinita reiteración de lar-
gas visuales rectilíneas, no colabora con la configuración de lugares
menores. Salvo excepciones, carecemos de las particularidades de
los tejidos urbanos construidos a través de siglos de historia y de las
variaciones que facilita una topografía irregular. Ante esta congénita
monotonía pampeana, se impone un enfoque proyectual dirigido a
fortalecer los lugares con significado local y a zonificar con recursos
construidos y elementos mobiliarios.
Sintetizamos algunos criterios para la caracterización espacial y
morfológica de los centros barriales:

– Considerar el área central como un sistema de ámbitos menores


·132· equipados para actividades diferentes. La ampliación de las esquinas
y la introducción de plazas de cruce son recursos útiles para perfec-
cionar este objetivo.
– Remarcar los puntos de ingreso al área central. La generación
de un “sentimiento de entrada” refuerza y jerarquiza la centralidad.
El cambio de solados y las fuentes de agua son recursos valiosos.
El agua es particularmente amena, las fuentes atenúan el ruido del
tránsito y detienen al paseante por mayor tiempo que cualquier otra
expresión de arte urbano.(*)
– Organizar el arbolado con criterio zonificador. La introducción
de árboles sueltos o agrupados constituye un recurso de bajo costo y
alto valor ambiental. Las variantes de forma, tamaño y color que ofre-
cen las distintas especies pueden facilitar la identificación de calles
y lugares parecidos.
– Destacar los edificios y espacios significativos por su valor cos-
tumbrista, histórico o artístico, promoviendo su restauración e ilumi-
nando sus mejores rasgos en los horarios nocturnos.

* Con fuertes raíces en la producción de arte urbano, el agua ejerce una atracción intensa, quizás
atávica sobre las poblaciones.
Tener agua es sobrevivir, se asocia con la vida y el placer.
El agua irisa, brilla, refleja y refracta. Se transfigura con la iluminación, se relaciona con el
tacto, la vista y el oído, es movimiento perpetuo y cambio continuo.
– Enriquecer la imaginería del centro mediante la inclusión de nue-
vos objetos urbanos, simbólicos y artísticos. La reubicación de obje-
tos detectados en el relevamiento barrial puede ser un valioso recur-
so. También la pintura mural y los tratamientos vegetales. Las hiedras
y las especies trepadoras son fáciles de ubicar y mantener, agregan
encanto a muros inexpresivos y ablandan la rigidez pétrea de la calle.
Su aplicación requiere mesura para no caer en excesos bucólicos que
degradan el carácter urbano.
– Establecer las normativas morfológicas que guiarán el desarro-
llo de cada centro barrial, incluyendo alturas de fachadas, carteles
publicitarios, gamas pictóricas, mobiliario urbano, luminarias, fores-
tación y techado de veredas.

·133·
ANEXO DE LA 3ª PARTE:
PROGRAMACIÓN DE LOS
LUGARES BARRIALES

I ENFOQUE GENERAL:
Metodología

1. Encuadre

El espacio barrial, como ámbito de salida de la vida privada hacia la


vida pública, supone un valor social que debe ser reforzado. En el es-
pacio equipado se genera comunidad, no solo juegan los niños y so-
cializan los ancianos, también se lee, se trabaja, se juega, se estudia,
y se tejen las primeras instancias de participación comunitaria.
Al analizar los programas de necesidades del espacio barrial apa-
recen dos interrogantes: ¿cuántos y quienes son sus usuarios poten-
ciales? Y ¿con qué habitualidad lo ocupan? Las respuestas definirán
·134· los lugares y mobiliarios a proveer en cada situación y orientarán otras
ofertas que pueden convocar a los sectores que, en las condiciones
actuales, no encuentran su ubicación en el espacio público.

Los datos demográficos, funcionales y espaciales que se exponen


a continuación, buscan cuantificar los grupos etarios de población
que utilizan o podrían utilizar estos espacios. No se pretende preci-
sión estadística sino una cuantificación aproximada. Para su aplica-
ción a casos concretos, estas cifras deben ser ajustadas en base al
relevamiento de la población involucrada.
La necesidad de desagregar por grupos etarios surge de que en
cada edad se ocupan espacios y equipamientos diferentes. En gene-
ral, en la primera infancia (0 – 2 años y 3 – 5 años) los niños habitan
en escala de vecindario, las veredas de sus casas más un radio re-
ducido, siempre acompañados o vigilados. Los niños de 6 – 12 años a
medida que crecen extienden su ocupación hacia el espacio barrial.
Los adolescentes y jóvenes asi como los adultos activos, (13 – 20
años y 21 – 74 años), se expanden sobre las tres escalas urbanas,
vecindario, barrio y ciudad. Los adultos retirados (75 – 84 años)
tienden a volver a los espacios vecinales y barriales. La población
de mayor edad (85 o más años), reduce su autonomía a la escala del
vecindario.
2. Criterio metodológico

Hemos utilizado los porcentajes etarios correspondientes a Bue-


nos Aires, una ciudad mayor porque, comparados con los de una ciu-
dad media como La Plata y una ciudad menor como Chascomús, no
arrojan diferencias significativas para nuestro análisis.
La relación habitante / hectárea, concepto utilizado habitualmen-
te para medir la densidad habitacional, tiene un significado vivencial
relativo. Para nuestro objetivo resulta más consistente la unidad
cuadra, el ámbito concreto en el que se encuentran los habitantes
al salir de sus casas, un espacio real contenido por las dos fachadas
frentistas.

Tabla comparativa de población desagregada por grupos de edad.


Buenos Aires, La Plata, Chascomús. Censo Nacional 2001. (números redondos)

Ciudad Buenos Aires La Plata Chascomús


Población total 2.800.000 570.000 34.000
Bebés 0 - 2 años 96.000 27.000 1.600
Acompañados 3,43% 4,74% 4,70% ·135·

Niños 2 - 5 años 95.000 27.000 1.600


Educación inicial 3,39% 4,74% 4,70%
Niños 6-12 años 224.000 63.000 3.800
(educación primaria) 8% 11,05% 11%
Adolescentes 13-20 290.000 72.000 4.300
(educación secundaria) 10,36% 12,63% 12,65%
Jóvenes y adultos activos 1.800.000 351.000 21.500
21-74 años. (1) 64,29% 61,58% 63,33%
Adultos retirados 170.000 23.000 1.400
65- 84 años 6,07% 4,04% 4,12%
Ancianos 85 y más años 58.000 7.000 400
(dependientes) 2,1% 1,23% 1,18%

3. Hipótesis de cálculo

Se han adoptado cuatro hipótesis de cálculo que corresponden a


una estimación promedio de las ciudades de llanura:

1º Tejido cuadricular homogéneo.
2º Manzanas de 100m de lado.
3º 9 lotes por cada lado de la manzana.
Equivale a 18 lotes por cuadra, sumando ambas veredas.
4º 4 habitantes por vivienda.

En todos los casos la población por cuadra se cuantifica para 3


hipótesis de densidad habitacional:

Hipótesis A (baja densidad) 1 vivienda (4 habitantes) por lote


Hipótesis B (densidad media-baja) 2 viviendas (8 habitantes) por lote
Hipótesis C (densidad media) 3 viviendas (12 habitantes) por lote

4. Unidad de referencia:
Población residencial por cuadra

Grupo Etario Población por cuadra


Hip A Hip B Hip C
% 1 viv./ lote 2 viv./ lote 3 viv./ lote
0 – 2 años 4% 3 6 9
·136·
3 – 5 años 4% 3 6 9
6 – 12 años 9% 7 14 21
13 – 20 años 11% 8 16 24
21 – 74 años 65% 46 92 138
75 – 84 años 5% 4 8 12
85 – más años 2% 1 2 3
Total habitante por cuadra 72 144 216

Debe tenerse en cuenta que, en los días hábiles, aproximadamente


un 20% de la población activa se encuentra desocupada, sub-ocupa-
da o de franco, incluyendo las amas de casa que no trabajan fuera del
ámbito doméstico. Estas personas refuerzan la población potencial
del espacio público.

5. Actividades por grupo de edad

En líneas generales, los lugares y equipamientos del espacio ba-


rrial dependen de la edad de sus usuarios. Sus actividades se inscri-
ben en los siguientes categorías:
0 – 2 años Primeras experiencias de contacto con el mundo exterior.
3 – 5 años Socialización y juego
6 – 12 años Socialización y juego
13 – 20 años Socialidad grupal y juego
21 – 74 años Actividades en su tiempo libre: diálogo social, juego, encuen-
tros, convocatorias grupales y paseo.
75 – 84 años Diálogo social, juego, encuentros, convocatoria, lectura y paseo.
85 – más años Contacto social y paseo

II PROGRAMACIÓN DE LOS ESPACIOS BARRIALES:


Usuarios, lugares y equipamientos

Para cada uno de los espacios analizados existen grupos etarios de


concurrencia habitual y otros de concurrencia eventual. El acerca- ·137·
miento de estos últimos depende de las actividades ofrecidas, del
nivel de su equipamiento y de la calidad ambiental de cada lugar.

1. La cuadra residencial

Grupos usuarios habituales Hip A Hip B Hip C


0 – 2 años (con acompañante) 3 6 9
3 – 5 años (con acompañante) 3 6 9
6 – 12 años 7 14 21
75 – 84 años 4 8 12
85 – más años 1 2 3
Total usuarios habituales 18 36 54
Grupos usuarios eventuales
13 – 20 años 8 16 24
21 – 74 46 92 184
Total usuarios eventuales 54 108 216
Lugares y equipamientos

0 – 2 años Indeterminados
3 – 5 años Juegos grupales en la vereda (rayuela, saltos a la soga, etc.)
6 – 12 años
21 – 74 años Entre los árboles de la vereda, asientos socialmente agrupa-
74 – 85 años dos. Mesas con bancos para usos diversos.
85 – más años

2. La esquina residencial

Radio de servicio: 1 cuadra.


Población abarcada: 4 cuadras

Grupos usuarios habituales Hip A Hip B Hip C


0 – 2 años 12 24 36
·138·
3 – 5 años 12 24 36
6 – 12 años 24 48 72
13 – 20 años 32 64 98
75 – 84 años 16 32 48
85 – más años 4 8 12
Total usuarios habituales 104 208 312
Grupos usuarios eventuales
21 – 74 años Total 184 368 552

Lugares y equipamientos

Existen cuatro dimensiones posibles para las esquinas: la tradi-


cional, la ampliada por desplazamiento del cordón sobre la calzada,
la ampliada por cesión parcial de la planta baja del edificio esquinero
y la ampliada en ambos sentidos. Las actividades y mobiliarios a pro-
gramar, diferentes según el espacio disponible, se pueden seleccionar
entre las siguientes posibilidades:
0 – 2 años Juegos de giro, balanceo, coordinación, ocultamiento.
Arenero, escenario de títeres.
Asientos socialmente agrupados para acompañantes.
3 – 5 años Juegos de giro, balanceo, trepar, reptar, deslizamiento, escon-
dite. Mesitas y aparatos de juego.
Arenero. Espacio de juegos (pelota, patinaje, carrera, ferias de
intercambio).
Kiosco.
6 – 12 años Juegos (giro, balanceo, escalaje, fuerza, deslizamiento, agi-
lidad).
Mesas para juego con bancos para usos diversos.
Arenero. Espacio de uso flexible (pelota, patinaje, juegos de co-
rrer, ferias de intercambio infantil).
13 – 20 años Asientos socialmente agrupados. Mesas con bancos para usos
21 – 74 años diversos.
75 – 84 años
85 – más años

·139·

3. El patio vecinal / La plaza de cruce (v. Cap. IX)

Radio de servicio: 3 cuadras.


Población abarcada: 36 cuadras.

Grupos usuarios habituales Hip A Hip B Hip C


0 – 2 años 108 216 324
3 – 5 años 108 216 324
6 – 12 años 252 504 756
13 – 20 años 288 576 864
75 – 84 años 144 288 432
85 – más años 36 72 108
Total usuarios habituales 916 1.832 2.748
Grupos usuarios eventuales
21 – 74 años Total 1.656 3.312 4.968
Lugares y equipamientos

0 – 2 años Juegos de giro, balanceo, coordinación, ocultamiento.


Arenero, escenario de títeres.
Asientos socialmente agrupados para acompañantes.
3 – 5 años Juegos de giro, balanceo, trepar, reptar, deslizamiento, escon-
dite. Mesitas y aparatos de juego.
Arenero. Espacio de juegos (pelota, patinaje, carrera, ferias de
intercambio).
Kiosco.
6 – 12 años Juegos (giro, balanceo, escalaje, fuerza, deslizamiento, agi-
lidad).
Mesas para juego con bancos para usos diversos.
Arenero. Espacio de uso flexible (pelota, patinaje, juegos de co-
rrer, ferias de intercambio infantil).
13 – 20 años Asientos socialmente agrupados.
21 – 74 años Mesas con bancos para usos diversos.
75 – 84 años
·140· 85 – más años

4. La plaza barrial

Radio de servicio: 5 cuadras.


Población abarcada: 140 cuadras.

Grupos usuarios habituales Hip A Hip B Hip C


0 – 2 años 420 840 1.260
3 – 5 años 420 840 1.260
6 – 12 años 980 1.960 2.940
13 – 20 años 1.120 2.240 3.360
75 – 84 años 560 1.120 1680
85 – más años 140 280 420
Total usuarios habituales 3.640 7.280 10.920
Grupos usuarios eventuales
21 – 74 años Total 6.440 12.880 19.320
Lugares y equipamientos (v. Cap. IX)

0 – 2 años Juegos de giro, balanceo, coordinación, ocultamiento.


Arenero, escenario de títeres.
Asientos socialmente agrupados para acompañantes.
3 – 5 años Juegos de giro, balanceo, trepar, reptar, deslizamiento, escon-
dite. Mesitas y aparatos de juego.
Arenero. Espacio de juegos (pelota, patinaje, carrera, ferias de
intercambio).
Kiosco.
6 – 12 años Juegos (giro, balanceo, escalaje, fuerza, deslizamiento, agi-
lidad).
Mesas para juego con bancos para usos diversos.
Arenero. Espacio de uso flexible (pelota, patinaje, juegos de co-
rrer, ferias de intercambio infantil).
13 – 20 años Asientos socialmente agrupados. Mesas con bancos para usos
21 – 74 años diversos.
75 – 84 años
85 – más años ·141·

4
1.
Desarrollo humano, desarrollo
urbano y voluntad política

2.
La descentralización urbana

3.
La participación en las
comunidades barriales

4.
El diseño participativo

5.
Promoción de las actividades
barriales

6.
La seguridad en el espacio
público barrial
·X·
LAS POLÍTICAS
BARRIALES

1. Desarrollo humano, desarrollo urbano y voluntad política

La producción de un espacio público habitable no es solo una estra-


tegia de integración social sino un importante mecanismo de redistri-
bución de la riqueza. El desarrollo humano de las sociedades urbanas
incluye la consolidación de las comunidades barriales. Las democra-
cias participativas florecen en la escala del espacio barrial, una di-
mensión promotora de las redes sociales.
Avanzar hacia este objetivo requiere descentralizar las ciudades
medianas y mayores en comunas barriales, y proveerlas con los re-
cursos económicos que aseguren su funcionamiento. En la actualidad ·143·
existe un considerable consenso en este sentido, pero la verdadera
cuestión radica en si, más allá de los discursos, existe voluntad políti-
ca para avanzar. Si los gobernantes no tienen convicción y coraje para
luchar por sus propuestas, no servirá de nada hacer planes urbanos.
Terminarán en documentos de archivo.

Los planes de desarrollo urbano suelen incluir objetivos generales


favorables a los barrios, pero en sus precisiones subyace el supuesto
de una población desintegrada, sin pertenencias locales, que simple-
mente elige entre vivir en casas en áreas de baja densidad o en depar-
tamentos en las áreas centrales o sobre las avenidas.
El mercado inmobiliario, es indiferente por completo a la existen-
cia de comunidades locales. Construye dónde y lo que le conviene. Su
noción de ciudad es el simple resultado de complementar sus em-
prendimientos con los de un Estado que asegure las infraestructuras
de las cuales dependen.
La economía de mercado tiene potencialidad para construir la ciu-
dad, pero si se trata de crear bienestar urbano, es necesario regular sus
procesos y orientarlos a través de la acción de un sector público que
se adelante, para abrir nuevos frentes de desarrollo que, ofreciendo
rentabilidad, prioricen el desarrollo equilibrado de todas las áreas de
la ciudad. Las normativas que acompañan dicha planificación deben
modificar las ecuaciones rentísticas de los inversores para arribar a
resultados congruentes con los objetivos sociales, respondiendo a un
proyecto político dirigido a mejorar y nivelar el desarrollo humano de
la población. Una de las fuentes de legitimidad de la administración
pública se basa en producir espacios ciudadanos. No son admisibles
los planes urbanos que no incluyan e instrumenten estos objetivos.
Es sabido que las políticas regulatorias afectan intereses y privile-
gios establecidos generando reacciones en contrario. Los factores de
poder económico, y en menor grado la resistencia burocrática, con-
figuran los núcleos opositores. Para superarlos se necesita el apoyo
organizado de la población. El Estado debe dar respuestas rápidas
creando oportunidades capaces de concertar las voluntades de un
conjunto de actores públicos y privados. Como dice Jordi Borja, “es
necesario difundir, explicar y reelaborar objetivos y normas con la po-
blación y con los demás sectores involucrados para, cuando una ma-
yoría los asume, aplicarlos con firmeza. La responsabilidad de hacer
ciudadanía, también pertenece a los profesionales de la arquitectura
y el urbanismo que, en nombre de su experiencia, su ética, su profe-
·144· sionalidad y su sensibilidad respecto a las herencias culturales y am-
bientales, deben reclamar su espacio frente a los poderes políticos,
defender sus propuestas, asumir riesgos ante las autoridades y la
opinión pública e incluso renunciar públicamente antes de abandonar
sus convicciones.”(*)

2. La descentralización urbana

José Nun, ex Secretario de Cultura de la Nación, señalaba que “la


vitalidad de la vida pública debe buscarse desde el nivel municipal
y comunal: para revitalizar la cultura es necesario organizar la des-
centralización y despertar el entusiasmo colectivo.” 158 El sociólogo
Robert Castel, por su parte, advierte que “el nuevo capitalismo que

* A manera de ejemplo se reproducen algunos objetivos relacionados con el espacio público del
Plan de Desarrollo para Bogotá 2008/2012:

– Se desarrollará la estructura socio-económica y espacial en torno a las centralidades respe-


tando la estructura ecológica principal.
– Se generará y recuperará el espacio público para su uso y disfrute como escenario de encuen-
tro en que los habitantes puedan desarrollar sus intereses culturales, económicos y sociales.
– Se garantizará la provisión de espacio público equipado con los servicios que constituyen su
soporte funcional y administrativo.
– Se aprovecharan las políticas urbanas de construcción y mantenimiento de espacios públicos
para crear empleos vinculados a los llamados servicios de proximidad.
estamos viviendo desestimula las acciones colectivas, por lo que se
hacen urgentes reformas como la descentralización. Sólo reinserto
en la comunidad urbana, el ciudadano podrá emerger de la inacción y
proyectarse sobre la transformación de su hábitat.”
La participación de los vecinos en los gobiernos locales es hoy
algo indiscutible y cada vez más practicado. Está comprobado que
al sentirse protagonista, la población barrial organiza canales de
participación horizontales entre los vecinos y las organizaciones
locales, y verticales con los otros estamentos del Estado y la socie-
dad civil. Es un hecho que las ciudades menores, con una población
y un territorio parecido a los de los barrios, son las que muestran los
mejores ejemplos de integración comunitaria.

El barrio es el módulo óptimo para la descentralización, el que ase-


gura una proximidad eficaz entre los ciudadanos y los funcionarios y
políticos.
Como dice Marta Arriola, “si algo aprendimos en nuestra expe-
riencia de gestión es que la política pública se encarna barrio por
barrio, con trabajo conjunto y presencia permanente del Estado.
Básicamente el método consiste en diagnósticos participativos, ·145·
elaboración de planes locales y evaluación permanente de procesos
y resultados”.
El concepto de descentralización supone que el Gobierno de la
Ciudad encabeza una red de comunas, alcaldías o consejos barriales
que, en diálogo permanente con los vecinos, deciden las cuestiones
locales, participan de las decisiones municipales y se comunican con
los estamentos políticos superiores.(*)
Se trata de un cambio profundo en las formas de la vida urbana
que requiere el tiempo y la continuidad que aseguran las políticas de
Estado. Las dinámicas sociales no cambian en cuatro años como sue-
len prometer los políticos en campaña. La descentralización de Bar-
celona, dice Toni Puig “fue posible porque empalmaron tres turnos de
alcaldes políticamente afines y aún no ha terminado. El nuevo mapa
de Barcelona presenta hoy 73 barrios agrupados en 10 distritos muni-
cipales. En un futuro próximo, los 10 distritos deberán re-descentra-
lizarse respetando los barrios. Mientras tanto, la administración de
la ciudad dejó de ser una oficina de inspecciones y otorgamiento de

* Según El Plan de Bogotá, se trata de concebir “una ciudad con alcaldías locales autónomas, ad-
ministrativamente, y articuladas con el nivel central, con una administración cercana que permita
que los ciudadanos y sus organizaciones se vinculen con la gestión de los asuntos públicos.”
permisos y pasó a ser el taller público para el urbanismo, la cultura y
los servicios sociales.” (*)

La descentralización de la Ciudad de Buenos Aires está retrasada


diez años. El cambio fue resuelto por la Constitución de la Ciudad en
1996, fijando el 1/10/2001 como fecha límite para implementar las Co-
munas. Cumplido el plazo, pasaron cinco jefes de gobierno que sólo
adelantaron pequeños pasos. Fue necesario que, en el año 2009, el
Superior Tribunal de Justicia de la Ciudad impusiera un nuevo plazo.
Es indispensable completar este proceso, que representa un gran
salto hacia adelante.(**)
El Jefe de Gobierno, Mauricio Macri, afirmaba que “hacer Comunas
con autoridades rentadas suena a un despilfarro de dinero a costa de
la calidad de vida de los vecinos”. Subyace en este discurso que el ob-
jetivo de la descentralización se reduce a la eficacia administrativa.
Vale recordar que en otro momento, su ex socio político Rodolfo Ló-
pez Murphy, un experimentado dirigente de la derecha democrática
declaraba que “un mecanismo muy eficaz es descentralizar la ges-
tión pública y reconstruir, en cercanía con el ciudadano la relación de
·146· confianza y credibilidad. La dirigencia política del país no percibe con
claridad la importancia de este tema, ya que se generaría un enor-
me atractivo para la participación en la vida pública. La convocatoria
social y el control de la representación aumentaría sustancialmente,

* Montevideo es una ciudad exitosamente descentralizada. La estructura organizativa de los ba-


rrios montevideanos incluye:

– El Consejo Vecinal, un órgano de participación en el Gobierno local y nacional. Representando
a los vecinos y organizaciones sociales controla y fiscaliza la gestión municipal. Tiene atribu-
ciones para convocar a las autoridades departamentales y nacionales, a los efectos de discutir
problemas o asesorarlas sobre los problemas locales.
– La Junta Local que ejerce el gobierno barrial con representación de los partidos políticos.
Estudia y toma las decisiones, asesorada por el Consejo Vecinal y las Comisiones Temáticas.
Las ejecuta o las deriva a los departamentos del Gobierno Municipal.
– El Centro Comunal, es la oficina comunal-administrativa ejecutora de los servicios en la zona.
– En el año 2009 el Parlamento uruguayo aprobó una reforma política que estableció la crea-
ción de alcaldías en todas las ciudades de más de 5000 habitantes. Montevideo fue dividida en
ocho comunas, cada una de las cuales contará con un alcalde.

** Recientemente Raúl Zaffaroni presidente de la Comisión de Redacción de la Constitución de


la Ciudad de Buenos Aires señalaba que “es una pena que aun la Constitución no tenga plena
vigencia. Una idea dominante fue dar vida política a los barrios. El objetivo era la reconstrucción
de la sociedad en los barrios para configurar en el medio urbano condiciones lo más cercana
posibles a las del pequeño contorno.
A eso responde la previsión de las Comunas. La idea era que el pueblo de la Ciudad discutie-
se y disputase poder en los barrios, para reforzar la sociedad ciudadana: sociedad no es estar
juntos sino interactuar.”
así como la facilidad para comprender y resolver los problemas por
parte de los ciudadanos. Así se reconstruiría la delicada trama que
es la representación política”.159 Un comentario que demuestra que
desde cualquier perspectiva democrática no centrada en el autorita-
rismo, el centralismo municipal es visto como una rémora. La calidad
participativa podrá resultar afectada por el sesgo ideológico de cada
gobierno pero en cualquier caso, representará un avance institucional
hacia esa democracia abierta que Abraham Lincoln definía como un
gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo.

3. La práctica participativa en las comunidades barriales

“La democracia –dice Bauman– se encuentra en peligro. Abundan


señales globales de apatía por los procesos políticos, un grave riesgo
si recordamos que las libertades arraigan en un sustrato social que si
no recibe cuidados acabará desintegrándose.”6
Abrir el ciclo de la democracia participativa resulta hoy tan deci-
sivo como lo fuera la conquista del sufragio universal en el siglo XIX y
la creación de los Estados de Bienestar en la segunda mitad del siglo
XX. Se trata de una manera de convivir atenta a la voz y los derechos ·147·
de los demás.
Como señala la politóloga Chantal Mouffe “el objetivo de la demo-
cracia no es que todo el mundo se ponga de acuerdo. La política tiene
que ver siempre con el conflicto. La democracia consiste en dar la po-
sibilidad a los distintos puntos de vista para que se expresen, aunque
disientan. El disenso se puede dar mediante el antagonismo, una for-
ma de guerra salvaje, o a través del ‘agonismo’, donde cada adversa-
rio reconoce la legitimidad del oponente y lucha por la hegemonía a
través de las instituciones.”
Lo que está en juego es un modelo de vida que concibe el bien pro-
pio en paralelo con el bien colectivo. Aprender a escuchar y ponerse en
el lugar del otro son actitudes indispensables para la vida colectiva, y
condición elemental para sostener el accionar de las comunidades.
Las experiencias participativas tienen un fuerte valor educacional,
enseñando a escuchar y objetivar las diferencias. El propio debate ur-
banístico es un mecanismo de aprendizaje para la ciudadanía.
La participación se practica en forma constante y se aplica en
todos los campos de la vida. Es una práctica que eleva la responsa-
bilidad individual, acrecienta la creatividad en pos de la eficacia del
conjunto, permite que las personas tomen conciencia del contexto
en que se inscriben sus problemas y comprueben que, en conjunto,
pueden gestionar sus necesidades con un grado de eficacia que nun-
ca obtendrían individualmente.
No existe mejor regla para medir el grado de democracia alcanzado
que analizar el poder real de la palabra de cada ciudadano. No en vano
Raúl Alfonsín se lamentaba: “En lo que yo fallé como presidente fue
en lograr la participación. Para mí la participación es el fundamento
elemental de la democracia.”

Como disentir con la participación es hoy políticamente incorrecto,


los poderes fácticos han optado por manipular su significado redu-
ciéndola a elegir representantes en la forma de listas completas ne-
gociadas en privado. Sobre esta base se sustenta la “real politik” que,
por su naturaleza, necesita ocultar sus operaciones del conocimiento
público. Es un hecho que, con demasiada frecuencia, las leyes se tra-
mitan en secreto y se resuelven como intercambios de concesiones
entre grupos de poder.(*)
La democracia permanecerá anémica mientras no se institucio-
nalice la elección de representantes auténticos y emergidos de sus
comunidades.(**) El poder político se legitima haciéndolo transparen-
·148· te y permeable a la sociedad civil. Todas las democracias avanza-
das cuentan con instrumentos de control que obligan a los actores
políticos a mantenerse comunicados con la ciudadanía y a cuidar la
transparencia de sus actos.(***) Es por eso que se requiere suministrar

* Etimológicamente, apunta Juan Cincunegui, el término “candidato” proviene del latín “candida-
tus”, de “candidus” (blanco, sin malicia ni doblez).
En los tiempos de Roma, los aspirantes a una magistratura el día de la elección, se exhi-
bían ante el pueblo desprovistos de toga, recubiertos tan sólo de una simple vestidura blanca,
traslúcida. La diafanidad de sus vidas y las cicatrices, con las que demostraban su coraje en la
lucha, eran los atributos que los candidatos ostentaban para ser elegidos y los que el pueblo
exigía para pronunciarse.

** Dice Toni Puig: “Porto Alegre tenía un alarmante nivel de pobreza. El intendente de Porto Alegre,
Tarso Genro, dos veces prefecto de la ciudad, puso en manos de los ciudadanos las prioridades
en materia de inversión municipal.
En Puerto Alegre nunca se recitó el verso participativo: ‘yo participo, tu participas, el par-
ticipa, nosotros participamos, vosotros participáis y ellos deciden’. No en vano el movimiento
antiglobalización convirtió a Puerto Alegre en un ícono para abordar las cuestiones claves del
mundo, ejemplificado por la misma ciudad”. [61]

*** José Natanson señala: “hoy se observa una búsqueda de eficacia en relación con el esfuerzo
que se realiza. Los jóvenes están priorizando el saldo resolutivo por sobre el organizativo (la
construcción del partido, por ejemplo) a través de armados horizontales que revelan su falta de
confianza en los mecanismos clásicos de representación (partidos, sindicatos o federaciones
estudiantiles). El diálogo cara a cara es considerado fundamental para cualquier proyecto par-
ticipativo.
Es por eso que el paradigma de la militancia tiende a ser reemplazado por el de la participación.
información auténtica e institucionalizar los diversos mecanismos y
modalidades de la convocatoria barrial (consejos, plebiscitos, convo-
catorias y asambleas.
Se escucha que los procesos participativos son demasiado lentos y
no pueden responder al ritmo con que se presentan los problemas. El
presidente Néstor Kirchner ha subrayado que ”gobernar es un arte de
constante táctica en el que la intervención veloz tiene un valor esen-
cial”. Desde siempre la democracia representativa ha estado tirone-
ada por dos principios difíciles de conciliar: la veloz reactividad que
exigen los hechos políticos y económicos y el tiempo que insumen los
procesos participativos. Pero conviene aclarar que la gobernabilidad
no es excluyente de la participación. Salvo en la escala de la democra-
cia directa, que solo puede ser resolutiva en la escala del barrio o la
fábrica, el rol de la participación no es asumir la acción de los poderes
electos, sino nutrirlos con los valores y prioridades de la gente.

Debe reconocerse que, en general, las poblaciones no están hoy sufi-


cientemente preparadas para desarrollar con plenitud las posibilidades
que les depara la vida participativa.(*) Es un hecho que tienen más éxito
las convocatorias defensivas, como las que tratan de frenar abusos o ·149·
usurpaciones, que las convocadas para gestionar acciones superadoras
en el hábitat barrial. La indignación ha sido siempre la razón más efec-
tiva para movilizar las comunidades, una insuficiencia ciudadana que
debe ser abordada a través del ejemplo, la información y la educación.
Es necesario explicar y aplicar las modalidades del trabajo parti-
cipativo. Esta necesidad no se refiere solo a la población, sino tam-
bién a los equipos municipales e institucionales asignados al trabajo
comunitario, que también necesitan profundizar el conocimiento de
los objetivos y los métodos propios de su rol. Operar con los vecinos
no es comparable con la verticalidad de las reuniones burocráticas.
Cualquiera que haya participado de estos grupos lo ha vivido. El con-
servadurismo administrativo, impregnado de normas y jerarquías, se
resiste a democratizar sus formas de trabajo y a adaptar sus tiempos
a las posibilidades de la población. Como señala el politólogo Mariano
Turzi, “toda estrategia requiere desarrollar los conceptos que aclaren
el camino, crear las capacidades que permitan andarlo y adaptar el

* Alexander Mitscherlich observa que en la cultura liberal, la gente acepta, con mayor o menor
resignación, lo que las autoridades de la ciudad quieren hacer con ella. [54]
En el plano barrial, Raymond Ledrut señala que, “si bien la población valora la cercanía de los
equipamientos barriales, trabajar para gestionarlos es mucho menos aceptado. Al parecer la
gente no se pregunta quién se encargará de ellos, se cuenta con los poderes públicos”. [42]
rumbo sin perder de vista el objetivo”. No basta con la buena dispo-
sición. La gestión participativa requiere experiencia, profesionalismo,
valores democráticos y motivación anímica.
No se trata de un trabajo sencillo. Las comunidades son homo-
géneas en términos socio-económicos pero no lo son en el plano de
las motivaciones personales. En todo grupo social hay subgrupos
basados en afinidades afectivas, ideológicas, deportivas o carac-
terológicas que suelen controvertir. Los vínculos se tensan cuando
intervienen vecinos comprometidos con otros grupos, en general
políticos o religiosos. Los conflictos que surgen de la doble perte-
nencia deben manejarse con suma madurez privilegiando el valor de
la unidad de acción y evitando que el disenso corrompa el espíritu
solidario.(*)

4. El diseño participativo

Se trata de un modo de trabajo innovador, en la medida en que


transgrede los modos de hacer y ciertos valores dominantes en las
disciplinas proyectuales.
·150·

* La participación en el Plan de Bogotá 2008/2012.

Objetivos:
– Involucrar a la población en el proceso de tomas de decisión del gobierno.
– Garantizar que los recursos de los Fondos de Desarrollo Local se ejecuten conforme a la par-
ticipación ciudadana.
– Promover la organización social y potenciar las capacidades étnicas y políticas de las perso-
nas para mejorar su poder de interlocución con las autoridades.
– Fortalecer los organismos, las instancias y los mecanismos de participación ciudadana exis-
tentes, así como los creados en el marco del sistema distrital de participación.
– Informar, divulgar y hacer pedagogía social para que las personas y organizaciones ejerzan
efectivamente el control, así como para generar entre los servidores públicos la capacidad de
gestión inherente a los procesos de participación.

Cultura ciudadana:
– Se promoverá la democracia deliberativa y reconocerá el valor de la participación ciudadana
en los asuntos públicos, la diversidad de intereses y su aporte a la construcción de la ciudad.

Sistema distrital:
– Acompañar los procesos electorales de las organizaciones sociales.
– Consolidar los espacios cívicos locales y un espacio cívico distrital.
– Poner en operación las comisiones y fortalecerlas a través de procesos de educación, partici-
pación en los procesos de planificación del territorio, y organización de eventos para la promo-
ción de la cultura.
– Organizar escuelas distritales de participación para elevar las destrezas y conocimientos de
la población.
– Vincular a los participantes formales y no formales del sistema de arte, cultura y patrimonio.
Igualmente a las organizaciones del campo deportivo y recreativo.
– Apoyar la creación de espacios de participación distrital de los jóvenes.
Para los proyectistas ya no se trata solo de la calidad del objeto di-
señado sino de producirlo en conjunto. La innovación no esta centra-
da en la configuración sino en el cambio de los procedimientos para
la gestión, la concepción, la construcción y la posterior apropiación y
transformación del espacio.
El diálogo con los vecinos es insustituible para definir sus expec-
tativas ambientales, funcionales y para establecer prioridades y eta-
pas. Ni la mejor mirada profesional puede anticipar la percepción de
quienes se sienten parte del hábitat local. El sentido de un lugar se
origina en el uso que se hace de él. No puede explicarse si no es en
referencia al sentir de los grupos que lo habitan.
Los arquitectos nos hemos educado para trabajar sobre los aspec-
tos formales y tecnológicos del entorno, una de las razones por las que
nuestras imágenes urbanas son sensiblemente diferentes a las que
tienen los habitantes. El diseñador proyecta a partir de su sensibili-
dad, su cultura de clase y su formación profesional, mientras que el
habitante lo hace desde las expectativas y significados que emanan
de su historia individual y social. Él es quien debe integrar su vida fu-
tura a los nuevos lugares. Como dice Aymonino, “la forma diseñada
no responde a cuestiones exclusivamente funcionales o estéticas. La ·151·
realidad del medio establece otras condiciones a las que los arquitec-
tos y urbanistas se deben someter. Ignorarlas da lugar a fenómenos de
pauperización, degradación ambiental, segregación y marginación.” Es
lo ocurrido en el conjunto habitacional Fuerte Apache (Ciudadela, Pro-
vincia de Buenos Aires). Como señala el antropólogo Fernando Aceve-
do “las bases reales para definir las propuestas se podrán establecer
una vez que el diseñador consiga relativizar el apego a sus propias
imágenes y sitúe en un lugar protagónico las expectativas explícitas y
subyacentes de la cultura que portan los habitantes”.33 (*)
El arte del entorno sólo sirve cuando incluye sustento social. Lo-
grar ese anclaje es una tarea que debe guiar el trabajo de los pro-
yectistas.

* Dice Ariel Gravano: “Siempre será frívolo y vacuo analizar la ciudad o un barrio prescindiendo
del significado que asume para sus habitantes, los valores diferenciales que le atribuye el gru-
po social que lo habita.”
Es necesario revisar la práctica arquitectónica en particular sobre tres planos:
– Un enfoque puramente técnico-formal es inoperante. La integración de parámetros comple-
jos exige un enfoque interdisciplinario.
– El arquitecto deberá desarrollar nuevas competencias hacia una arquitectura de procesos,
adaptable a la integración social y demográfica a través del tiempo. Y
– El éxito del proyecto depende más que de las cualidades técnicas del diseñador, de las condi-
ciones en las que se desarrolla la relación entre los equipos profesionales y los destinatarios de
tu trabajo.
La primera condición consiste en proveer información clara y ob-
jetiva hacerca de los condicionantes urbanísticos, tecnológicos y so-
cioeconómicos que encuadran el problema a abordar. Con ella podrá
abrirse el diálogo e iniciar el proceso, un trabajo accesible y gratifi-
cante cuando se aceptan los mayores tiempos que insume la elabo-
ración colectiva.
“Es delicado, dice Mariana Salgado, diseñar en conjunto con la
gente. Para eso nos valemos de muchas herramientas, como las “son-
das culturales” que son paquetes de actividades para que la gente au-
todocumente su vida cotidiana. Tratamos de entender su manera de
vivir y sus valores, para afinar las propuestas, inclusive los detalles
finales.”
Se citan algunas herramientas exitosamente probadas para incluir
a los vecinos en los procesos proyectuales:

– El Taller Internacional de Urbanística Latinoamericana (TIUL) uti-


liza grandes planos del sector en debate sobre los cuales los vecinos
pueden caminar y reunirse. En la Feria FEMATEC 2001 presentaron un
gigantesco mapa del barrio de Palermo (Plano Gulliver), con el sentido
·152· de inducir la reflexión urbanística y recoger las opiniones del público.
Los visitantes pasearon sobre el mapa y anotaron demandas y suge-
rencias referidas a las calles de su entorno.
– Desde su experiencia europea, Eike Schmidt aconseja constituir
en cada comuna una Asesoría permanente de Planificación integrada
por profesionales y vecinos para promover los debates, organizar las
convocatorias y conducir los procesos colectivos de proyecto.
– El movimiento del Nuevo Urbanismo utiliza una herramienta que
denominan “Charrette”. Consiste en unidades de diseño convocadas
por los Centros Vecinales que trabajan en períodos semanales inten-
sivos discutiendo el modo como el barrio debe ser intervenido. Arqui-
tectos y vecinos trabajan integrados en equipos, donde los primeros
vuelcan a la computadora las propuestas en discusión para posibilitar
a los vecinos el recorrido virtual de sus lugares.

Más allá del éxito obtenido por la acción participativa, y aun si no


resultara del todo eficaz debido a la inexperiencia de los actores, debe
tenerse en cuenta la formidable experiencia y las habilidades adqui-
ridas por todos los participantes, una serie de competencias funda-
mentales, no solo para la gestión barrial sino para todos los aspectos
de la práctica democrática. En el caso de los arquitectos la experien-
cia perfeccionará sus operaciones futuras.
Es necesario organizar la transmisión de esos conocimientos du-
rante la formación de grado y la de postgrado. La práctica del diseño
participativo debe ser ejercitada en las Facultades de Arquitectura y
Urbanismo para familiarizarla entre estudiantes y egresados y porque
produce una importante reformulación del marco conceptual que de-
fine la disciplina.

5. Promoción de las actividades barriales

Los espacios comunitarios quedarán débiles y propensos al aban-


dono si las actividades colectivas no son promovidas por los munici-
pios y las organizaciones del barrio. Es un hecho que la presencia de
artesanos y artistas callejeros sólo es promovida en las áreas de inte-
rés turístico. Si bien se aducen perturbaciones a la circulación y mo-
lestias sonoras, las soluciones no deben buscarse expulsando la vida
humana de la calle, por lo demás mucho menos ruidosa y polucionan-
tes que la aceleración de los vehículos cuando se enciende la luz verde
del semáforo. Es necesario revisar la inclinación municipal a prohibir o
gravar las actividades de la calle, más dirigida a evitar situaciones de
conflicto social que a promover el uso colectivo del espacio público. ·153·

Sintetizamos algunos enfoques principales para una política pro-


motora de la vida barrial. Los municipios deben invertir en ellos los
recursos económicos y humanos necesarios:

– Transformación del barrio en área de prioridad peatonal, inclu-


yendo el cierre transitorio de ciertas calles para la organización de
actividades deportivas, culturales, recreativas y festivas.
– Organización municipal de programas deportivos y culturales en
todos los barrios con el apoyo de las organizaciones locales.
– Provisión, montaje y posterior retiro de las infraestructuras y
mobiliarios necesarios para atender las actividades, periódicas y oca-
sionales, en el espacio barrial.
– Organización de un parque circulante de vehículos municipales
dedicados a brindar servicios sanitarios, educativos, culturales y ar-
tísticos, organizando sus áreas de detención en los centros y plazas
barriales.
– Asignación del personal necesario para ordenar, atender y proteger
las actividades en el espacio público. Los vecinos mayores y los jóvenes-
de cada barrio pueden atender con ventajas comparativas estos servi-
cios, que se presentan como una interesante fuente de trabajo local.
6. La seguridad en el espacio público barrial

No conocemos mejor definición de seguridad que la formulada por


Nelson Mandela: “En la nueva Sudáfrica la seguridad no es vista como
un problema del Ejército y la Policía. La seguridad es una condición que
todo lo abarca, en la cual los ciudadanos viven en paz y libertad, par-
ticipan plenamente en el proceso de gobierno, disfrutan la protección
de los derechos fundamentales, tienen acceso a los recursos para las
necesidades básicas de la vida y habitan en un ambiente saludable.
Estos elementos se tratan eliminando la pobreza extrema, las crisis
ambientales y mitigando los efectos sociales de la globalización.”
Un enunciado que reúne todos los elementos para el diseño de una
política realista, atenta a las raíces de la inseguridad urbana.

Es sabido que la pobreza y la exclusión son el caldo de cultivo para


la proliferación de la violencia urbana. Todos sabemos que el hambre
potencia el crimen, pero muchos olvidan que el hambre es un crimen
en sí mismo. No es posible pretender que los excluidos se comporten
como incluidos. Es de elemental sentido común comprender que el fu-
·154· turo en el que piensan quienes no comen se reduce a la inmediatez.(*)
El presidente de la Suprema Corte de Justicia, Ricardo Lorenzetti,
ha señalado que “inseguridad jurídica es la que tiene el excluido. ¿De
qué seguridad le van a hablar a alguien que no tiene salud ni educa-
ción y que está fuera del sistema? Eso también es un problema de
seguridad jurídica. Hace poco, en un congreso de criminología donde
los índices de criminalidad se analizaron en relación a la pobreza, la
relación resultó directa. Entonces ¿qué ganamos con aplicar la ley si
tenemos una grave exclusión social? La paz siempre va a ser inestable
mientras haya exclusión.”
Un profundo descreimiento de los valores sociales impera en los
jóvenes de los sectores marginados. Muchas veces se trata de fami-
lias en estado de implosión que han bajado los brazos y ni siquiera
piden ayuda. La sensación de no tener futuro los conduce a manifes-
taciones extremas, como irrumpir agresivamente en la vida pública.(**)

* En versos de José Martí:


“Es hora de pensar, más pensar espanta,
cuando se tiene el hambre en la garganta”

** Dice Hobsbawm: “En los países subdesarrollados, los desclasados forman parte de una enorme y
oscura economía informal, en la cual hombres, mujeres y niños intentan sobrevivir gracias a una
combinación de trabajos ocasionales, recolección de desechos y venta de hurtos menores”.[35]
La energía juvenil en particular no se compatibiliza con la inacción.
Los adolescentes y jóvenes marginados tienen “las pilas cargadas”
y buscan sobrevivir. Las jóvenes que ejercen la prostitución, en su
mayoría inmigrantes, están movidas por la necesidad imperiosa de
obtener dinero diario para sus familias. Como apunta Elisa Carrió, “si
yo viviese en una villa, separada, sola y con siete hijos, seguramente
tendría que ir a visitar a alguno a la cárcel”.
Está comprobado que las causas del delito no radican tanto en la
desestructuración familiar como en la familia azotada por vínculos
violentos. Los niños que son victimas de abusos crueles, abandonos,
castigos físicos y humillación, muestran consistentemente mayor
propensión hacia la violencia y el sadismo. En sus raíces se encuentra
siempre la pobreza y la exclusión. Los hogares donde se maltrata a los
niños con mayor frecuencia son aquellos donde cunden las privacio-
nes, el resentimiento y la desesperanza.
Los criminólogos han destacado los aspectos claves de la desin-
tegración social: la desigualdad económica, el desempleo crónico, las
drogas, el desequilibrio entre aspiraciones y oportunidades, la discri-
minación, la desintegración familiar y la violencia hogareña.
Agreguemos un sistema penal que se concentra en el castigo y el ·155·
confinamiento, ignorando las medidas más básicas para la rehabilita-
ción de los internos.
Se trata de un debate crucial. Si un chico ha cometido un delito, lo
ha hecho condicionado por la exclusión de una sociedad que lo aban-
donó. Lo que necesita es que lo pongan en un centro en el que pueda
ser desprogramado de la violencia y socialmente rehabilitado.(*)
La agresión se ha incrementado como consecuencia de la violen-
cia estructural que consume a la ciudad neoliberal, pero afirmar que
es producto del espíritu violento de la gente o que proviene de los

* El enfoque cubano es paradigmático: se está cambiando el modo de trabajar en justicia penal


juvenil: se demolieron los muros de los institutos de detención convirtiéndolos en centros abier-
tos. Los jóvenes que delinquieron reciben muchísima educación, entre diez y doce horas por día,
incluyendo instrucción general, talleres de arte, cultura, deporte y el aprendizaje que ellos eligen.
Se ha sustituido el uniforme penal por el de los estudiantes secundarios. El sistema no incluye
pena sino la evaluación de un equipo que trabaja en cada centro, que decide cuándo ha sido
completada la rehabilitación y están listos para la reinserción social.
Educados y capacitados, estos jóvenes empiezan a tener algo que no quieren perder, una nue-
va autoestima y un principio de futuro.
En Bolivia se avanza por otro camino, la reforma del Poder Judicial para incluir el concepto de
justicia comunitaria, normas ancestrales practicadas por las comunidades donde se ha mante-
nido la justicia sin leyes escritas.
Si alguien comete un delito, la comunidad delibera y lo sanciona de manera transparente. Una
justicia que en lugar de cárceles aplica otras formas de castigo: trabajo, expulsión y a veces chi-
cote (latigazos en quechua), que se imparten delante de la comunidad.
barrios populares es un prejuicio irracional y socialmente peligroso.
Las víctimas siempre precisan un culpable personalizado, la ley
del Talión es tan vieja como la humanidad. Ocurre que vengarse apa-
cigua el dolor, razón por la cual quien se interponga será violenta-
mente maltratado.
El reclamo de justicia vengadora es un espectáculo alentado por
los medios de comunicación que no conduce a soluciones reales. De
no buscar verdaderas soluciones a un problema social originado en la
escandalosa brecha que promueve, los desbordes de violencia activa
y reactiva continuarán violando la paz urbana.(*)

El espacio público es un medio de accesión a la ciudadanía para


los que sufren marginación.
Ante los conflictos que suelen aparecer en el espacio público, hay
un paradigma que impone el orden desde afuera y otro que propone
la gestión en el interior del conflicto. El paradigma del orden es au-
toritario, basado en la idea de que una sociedad no debe permitir la
expresión pública de los conflictos, “salvo que tengan permiso y se
manifiesten con respeto”. El orden podrá ser definido por leyes o por
·156· normas religiosas, pero debe existir. Cada uno debe ser acomodado
en el lugar que le ha tocado.(**)
El paradigma de la gestión de la conflictividad es de carácter par-
ticipativo. Sostiene que hay que intervenir para resolver la contradic-
ción, tratando de evitar tanto la violencia reactiva como la represiva.
El acuerdo es posible, pero construirlo implica escucha y paciencia.
El primer paso es asumir que la conflictividad es intrínseca a la con-
vivencia, hace que la sociedad tenga vida, la impulsa hacia adelante.

* Sin embargo, las medidas que previenen un delito en particular encaminan las cosas hacia otro
delito. Los delitos se ajustan a la estrategia del agua, que busca las brechas y se expande por
los espacios vacíos.
Según Hobsbawm, todos los observadores realistas y la mayoría de los gobiernos sabían que
la delincuencia no disminuía con el reforzamiento de las penas, pero también eran concientes
de la enorme fuerza emotiva, racional o no, que tenía la demanda de los ciudadanos para casti-
gar a los antisociales.
La inseguridad no se puede revertir en el corto plazo. Es necesario asumir con paciencia y
realismo las dificultades para afrontar soluciones duraderas.[35]

** Dice Bernardo Kliksberg: el problema es latinoamericano. Urge mejorar la calidad de este de-
bate crucial. Los grupos más reaccionarios de la región están proponiendo un alivio fácil para
la ansiedad, la mano dura, manos libres a la policía, multiplicar los recursos en seguridad, y
ampliar las cárceles.
Las dirigencias prefieren dedicarse a apagar incendios porque las verdaderas políticas de
seguridad se desarrollan en plazos no redituables en términos electorales. Las ilusiones de res-
puesta inmediata que genera la mano dura les sirve de respaldo social.
Los conflictos están implícitos en todo movimiento o dinámica. Como
dice David Harvey: “el espacio ideal es un espacio de conflicto continuo
con continuas maneras de resolverlo. Sin un espacio social adecuado
la ciudad queda anémica, no convive ni se interrelaciona”.163 (*)
El primer valor corresponde siempre a la prevención. Anticiparse
no solo evita el daño sino también la reacción de las víctimas. Para
ello hay que tener presente las diferencias que existen en el interior
de la conflictividad: no es lo mismo vender en la calle que alterar el
orden. Ni deben confundirse la protesta social con el vandalismo, la
delincuencia infanto juvenil con la delincuencia reincidente y la delin-
cuencia ocasional con el crimen organizado.
Los delitos menores, que en el espacio público son amplia mayoría,
se previenen con la presencia de una policía de proximidad amigable,
cercana a la gente. La vigilancia disuasiva, la iluminación y el moni-
toreo son recursos probados y ampliamente eficaces, especialmente
cuando cuentan con la colaboración de las comunidades locales. Lo
confirma Juan Carlos Paggi, jefe de la Policía Bonaerense, “las cues-
tiones son sencillas y simples cuando uno se sienta a dialogar con los
vecinos. Eso achica el camino. Hay que estar en contacto”.164
·157·
La inseguridad se agrava notoriamente en las ciudades no des-
centralizadas. En todos los casos se verifica que las ciudades con
barrios organizados tienen menos delincuencia. Como afirma Nels
Anderson, “aunque suele ocurrir que los barrios pobres pueden ser
el hábitat de personajes marginales o el escondite de delincuentes
fugitivos, esto sólo es cierto cuando se trata de barrios socialmente
desorganizados”.5
Bogotá, recientemente asolada por la inseguridad y la delincuen-
cia, es un buen ejemplo, favorecido por la continuidad ideológica de
cuatro alcaldías consecutivas. En la primera, se inició el proceso a
través de una campaña educativa llevada a cabo con clowns, mimos
y actores, que enseñaban cómo usar cívicamente la ciudad y cómo
compartirla. La segunda se centró en recuperar el espacio público,
se urbanizaron los arroyos que bajaban de los montes como paseos

* También existe inseguridad en el espacio público virtual. Se trata de otro tipo de delincuencia,
que no proviene de los sectores excluidos.
Recientemente, en EEUU ha sido instalada por internet una perversa encuesta pidiendo opi-
nión sobre si habría que asesinar o no al presidente Obama. Son los riesgos de las redes socia-
les, como Facebook, con las facilidades que brindan para el anonimato.
UNICEF informa que en el mundo hay más de 150 millones de niñas y 73 millones de niños
explotados sexualmente a partir de la delincuencia cibernética.
verdes, y se construyó la primera línea de autobuses articulados. Du-
rante la tercera se potenció la autogestión de los ciudadanos, fueron
ellos quienes decidieron las prioridades para sus barrios. En la cuarta,
se consolidaron las actividades callejeras, se habilitaron mercados
públicos para vendedores ambulantes y se organizó el cierre de calles
y avenidas los domingos para ser ocupados por la gente.
Después de largos años de inseguridad extrema y perdurando en
Colombia las raíces estructurales de la violencia, Bogotá está hoy en-
tre las ciudades de referencia para la gestión de un espacio público
más habitable y seguro.

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133. Diario Página 12 / El País, de Madrid, 14 / 10 / 2007.
134. Diario Clarín, 17 / 11 / 2008.
135. Revista de Psicología Comunitaria, enero 2008.
136. Diario La Nación, 01 / 02 / 2006.
137. Diario Clarín, 01 / 04 / 2009.
138. Diario Página 12, 21 / 12 / 2008.
139. Diario Clarín, 09 / 10 / 2007.
140. Diario La Nación, 13 / 06 / 2003.
141. Diario La Nación, 15 / 04 / 2009.
142. Diario Clarín, 24 / 08 / 2000.
143. Diario La Nación, 08 / 10 / 2008.
144. Diario Clarín, 12 / 10 / 2004.
145. Diario Clarín, 08 / 08 / 2006.
146. Diario Clarín, 23 / 08 / 2005.
147. Diario Clarín, 05 / 01 / 2010.
148. Diario Clarín / El País, de Madrid, 05 / 05 / 03.
149. Diario Clarín, 25 / 02 /2008.
150. Diario Clarín, 10 / 06 / 2008.
151. Diario La Nación, 08 / 10 / 2008.
152. Diario Clarín, 24 / 07 / 2007.
153. Diario Página 12, 21 / 12 / 2008. ·165·
154. Diario Página 12, 31 / 12 / 2008.
155. Cuadernos de Estudio de Arte Dramático, nº 17, 1953.
156. Revista Todo Obras, 06 / 02 / 2008.
157. Diario La Nación, 12 / 09 / 2007.
158. Diario Página 12, 26 / 08 / 2006.
159. Diario La Nación, 19 / 02 / 1999.
160. Diario Página 12, 18 / 10 / 2009.
161. Diario Clarín, 22 / 03 / 2001.
162. Diario Clarín, 10 / 06 / 2008
163. Diario Clarín, 02 / 07 / 2007.
164. Diario Página 12, 22 / 02 / 2009.
Este libro se terminó de imprimir en
los talleres de Imprenta Dorrego S.L.R.
Av. Dorrego 1102
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
en junio de 2011.

Para su composición se
utilizaron las familias tipográficas
Akkura y Museo.
· EL ESPACIO BARRIAL ·

El espacio colectivo sufre una transforma-


JULIO LADIZESKY
ción profunda y desfavorable impuesta por la
avasallante irrupción del automóvil y las
malformaciones emergentes de la cultura
del mercado, que derivan al habitante
EL
urbano hacia formas de vida carentes de
solidaridad y bajo nivel de ciudadanía. ESPACIO
Frente a esta situación de crisis, la
BARRIAL

JULIO LADIZESKY
propuesta de un espacio barrial habitable
brinda soporte a una política municipal
Criterios de diseño
dirigida al desarrollo humano y a la integra-
ción comunitaria de la población.
para un espacio
Este libro, centrado en la escala del barrio, público habitado
reconsidera los criterios conceptuales y los
métodos instrumentales que se utilizan

EL ESPACIO BARRIAL
habitualmente para la configuración del
espacio público barrial.

El autor, Julio Ladizesky, ha desarrollado una larga


actividad como profesor titular en las Facultades
de Arquitectura de las Universidades de Buenos
Aires y La Plata. Dos veces expulsado de su cargo
por las últimas dictaduras militares (1966 y 1976),
retomó la docencia en el año 1984.
Ha sido premiado en concursos de arquitectura
y electo como miembro de los Colegios de jurados
y asesores de la Sociedad Central de Arquitectos
de Buenos Aires. La mayor parte de su producción
teórica está referida a los temas del hábitat social y
la vivienda popular.

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