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Parábolas

1. El grano de mostaza. Nuevo testamento. Mateo 13, 31-32.


El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y
lo sembró en su campo. Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero
cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que
las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas.
2. La oveja perdida. Nuevo testamento. Lucas 15, 4-7
¿Qué hombre de vosotros, si tiene cien ovejas y se le pierde una de ellas, no deja
las noventa y nueve en el desierto y va tras la que se le perdió, hasta que la halla?
Y al encontrarla, la pone sobre sus hombros gozoso; y cuando llega a casa, reúne
a los amigos y a los vecinos, diciéndoles: Alegraos conmigo, porque he hallado mi
oveja que se había perdido.
Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que
por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.
3. La fiesta de Bodas. Nuevo Testamento. Mateo 22, 2-14
El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo; y
envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron
venir.
Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he
preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo
está dispuesto; venid a las bodas. Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su
labranza, y otro a sus negocios; y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los
mataron.
Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y
quemó su ciudad.
Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; más los que
fueron convidados no eran dignos.
Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis.
Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente
malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados.
Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido
de boda.
Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció.
Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las
tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.
Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.
4. El hijo pródigo. Lucas 15, 11-32
Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte
de los bienes que me corresponde”; y les repartió los bienes.
Y no muchos días después, juntándolo todo, el hijo menor se fue lejos a una
provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando
todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia y comenzó a
pasar necesidad. Entonces fue y se acercó a uno de los ciudadanos de aquella
tierra, el que le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar
su vientre con las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
Y volviendo en sí, dijo: “¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia
de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré:
Padre, he pecado contra el cielo y contra ti;
ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.”
Entonces, se levantó y fue a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y
fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello y le besó.
Y el hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de
ser llamado tu hijo.”
Pero el padre dijo a sus siervos: “Sacad la mejor ropa y vestidle; y poned un anillo
en su mano y sandalias en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos
y hagamos fiesta, porque este, mi hijo, muerto era y ha revivido; se había perdido y
ha sido hallado.” Y comenzaron a regocijarse.
Y su hijo mayor estaba en el campo, y cuando vino y llegó cerca de la casa, oyó la
música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
Y el criado le dijo: “Tu hermano ha venido, y tu padre ha hecho matar el becerro
gordo por haberle recibido sano y salvo.”
Entonces se enojó y no quería entrar. Salió, por tanto, su padre y le rogaba que
entrase.
Pero él, respondiendo, dijo al padre: “He aquí tantos años hace que te sirvo, no
habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para alegrarme
con mis amigos. Pero cuando vino este, tu hijo, que ha consumido tus bienes con
rameras, has hecho matar para él el becerro gordo.”
Él entonces le dijo: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.
Pero era menester hacer fiesta y regocijarnos, porque este, tu hermano, muerto era
y ha revivido; se había perdido y ha sido hallado.”
5. Parábola del sembrador. Nuevo Testamento. Marcos 4, 26-29
El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se
levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra
da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en
la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha
llegado la siega.
6. Parábola de los talentos -San Mateo, 25:14-30
Porque el reino de los cielos será semejante a un hombre que al emprender un viaje
largo, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, a otro
dos, y a otro, uno. A cada uno dio conforme a su capacidad y se fue lejos.
Inmediatamente, el que había recibido cinco talentos se fue, negoció con ellos y
ganó otros cinco talentos. De la misma manera, el que había recibido dos ganó
también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió
el dinero de su señor. Después de mucho tiempo, vino el señor de aquellos siervos
y arregló cuentas con ellos. Cuando se presentó el que había recibido cinco talentos,
trajo otros cinco talentos y dijo: “Señor, me entregaste cinco talentos; he aquí he
ganado otros cinco talentos.” Su señor le dijo: “Bien, siervo bueno y fiel. Sobre poco
has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu señor.” Y cuando se
presentó el que había recibido dos talentos, dijo: “Señor, me entregaste dos
talentos; he aquí he ganado otros dos talentos.” Su señor le dijo: “Bien, siervo bueno
y fiel. Sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu señor.”
Pero cuando se presentó el que había recibido un talento, dijo: “Señor, yo te
conozco que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges
donde no esparciste. Y como tuve miedo, fui y escondí tu talento en la tierra. Aquí
tienes lo que es tuyo.” Su señor respondió y le dijo: “¡Siervo malo y perezoso!
¿Sabías que cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí? Por lo tanto,
debías haber entregado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, habría recibido lo
que es mío con los intereses. Por tanto, quitadle el talento y dadlo al que tiene diez
talentos. Porque a todo el que tiene le será dado, y tendrá en abundancia; pero al
que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Al siervo inútil echadlo en las tinieblas
de afuera.” Allí habrá llanto y crujir de dientes.
7. Parábola de las diez vírgenes -San Mateo, 25:1-13
Entonces, el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomaron sus
lámparas y salieron a recibir al novio. Cinco de ellas eran insensatas, y cinco
prudentes. Cuando las insensatas tomaron sus lámparas, no tomaron consigo
aceite; pero las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus
lámparas. Y como tardaba el novio, todas cabecearon y se quedaron dormidas. A
la media noche se oyó gritar: “¡He aquí el novio! ¡Salid a recibirle!” Entonces, todas
aquellas vírgenes se levantaron y alistaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron
a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan.”
Pero las prudentes respondieron diciendo: “No, no sea que nos falte a nosotras y a
vosotras; id, más bien, a los vendedores y comprad para vosotras mismas.” Mientras
ellas iban para comprar, llegó el novio; y las preparadas entraron con él a la boda,
y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes diciendo: “¡Señor,
señor, ábrenos!” Pero él respondiendo dijo: “De cierto os digo que no os conozco.”
Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora.
8. Parábola de Jesús: "Los dos hijos" -Mateo 21, 28-32
Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo:
´Hijo, vete hoy a trabajar en la viña.´Y él respondió: ´No quiero´, pero después se
arrepintió y fue. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: ´Voy,
Señor´, y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?» - «El primero» - le
dicen. Díceles Jesús: «En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan
antes que vosotros al Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por camino de
justicia, y no creísteis en Él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en
Él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en Él.
9. Parábola del buen samaritano -San Lucas, 10: 25-37
Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo
qué cosa heredaré la vida eterna? El le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo
lees? Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con
toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti
mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. Pero él, queriendo
justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Respondiendo Jesús,
dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los
cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció
que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo
un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un
samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a
misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y
poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir,
sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes
de más, yo te lo pagaré cuando regrese. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que
fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? El dijo: El que usó de
misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.
10. LA PARABOLA DE LA CASA SOBRE LA ROCA -Evangelio según Mateo,
capítulo 7
21 No bastará con decirme: ¡Señor!, ¡Señor!, para entrar en el Reino de los Cielos;
más bien entrará el que hace la voluntad de mi Padre del Cielo. 22 Aquel día muchos
me dirán: ¡Señor, Señor!, hemos hablado en tu nombre, y en tu nombre hemos
expulsado demonios y realizado muchos milagros. 23 Entonces yo les diré
claramente: Nunca les conocí. ¡Aléjense de mí ustedes que hacen el mal! 24 Si uno
escucha estas palabras mías y las pone en práctica, dirán de él: aquí tienen al
hombre sabio y prudente, que edificó su casa sobre roca. 25 Cayó la lluvia, se
desbordaron los ríos, soplaron los vientos y se arrojaron contra aquella casa, pero
la casa no se derrumbó, porque tenía los cimientos sobre roca. 26 Pero dirán del
que oye estas palabras mías, y no las pone en práctica: aquí tienen a un tonto que
construyó su casa sobre arena. 27 Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron
los vientos y se arrojaron contra esa casa: la casa se derrumbó y todo fue un gran
desastre.»
11. Parábola del Árbol
Cerca al camino había un arbol que creció torcido. Una noche, cerca de él pasó
corriendo un ladronzuelo. Desde atrás observó una silueta desconocida, y con temor
pensó que en el camino había policias, y por eso huyò con espanto.
Una tarde cerca del árbol pasó un joven enamorado. Desde lejos, vió una silueta
femenina y pensó que su amada lo esperaba con impaciencia. Se alegró y aligeró
el paso hacia su encuentro.
Un día cerca del árbol pasaba una madre con su pequeño hijo. El niño, asustado
por cuentos que había oido, pensó que al lado del camino se encontraba un espanto
que lo observaba, y comenzó a llorar con vehemencia.
Pero el árbol siempre fue sólo un árbol.
El mundo que nos rodea es sólo un reflejo de nosotros mismos.
12. El grano de mostaza: Mateo 13,31-32
“Otra parábola les propuso. El Reino de los Cielos es semejante a un grano de
mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo. Es ciertamente más
pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se
hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas”.
Las parábolas no son para ser explicadas. ¡Son un flash! Entonces, ¿por qué está
explicada la parábola del sembrador? Porque la comunidad primitiva le puso
explicación. Jesús no las explicaba. Jesús está traduciendo lo que Él experimenta
de Dios. Pero, ¿cómo percibe Jesús la divinidad? Jesús percibe la divinidad en lo
silencioso, humilde, pequeño. Si le acepto que si lo acepto, le parece una maravilla,
si no lo acepto, no protesta, no me enjuicia, Dios es absolutamente silencioso, a la
espera de cuándo me abro a su acción y a su gracia.
Lo que Jesús experimenta es un Dios humilde, paciente, esperando sin desesperar
a ver cuándo me abro, aguantándome. Sin la experiencia de Jesús las parábolas no
tienen sentido. Ese es el lenguaje de Jesús: traducciones modestas de lo que
acontece en Él, descritas sencillamente para quien les escucha.
13. El tesoro escondido: Mt. 13,44.
”... El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al
encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende
todo lo que tiene y compra el campo aquel.”
Aquí Dios es el tesoro. Imaginemos que es Jesús que descubre a Dios en Él, se la
juega todo. Lo mismo nosotros, el día que descubramos a Dios, nos la jugamos todo
por tenerlo.
¿Cómo entiende Jesús la Divinidad? Haciendo la voluntad de Dios. Tener ese
tesoro implica la voluntad de Dios. Lo mismo en nosotros. El tesoro es la acción de
Dios acogida por mí. Cuando caigo en la cuenta de eso, no hay una cosa más
grande que eso. Dios por encima de cualquier cosa, inclusive por encima de su
propia religión. Jesús tuvo que sacrificar la praxis judía muchas veces
desacreditándose, por acoger la Divinidad.
14. Parábola de la Levadura
A la idea de crecimiento se añade ahora la de cambio por dentro. La levadura forma
parte del pan, pero está en más avanzado estado de desarrollo y pueda operar el
cambio de toda la masa que le rodea.
"El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que toma una mujer y mezcla
con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta"(Mt).
El que acepta el reino no debe separarse del resto de los hombres, por inmaduros
que estén. Pero debe tener fuerza interior, entonces, se obrará el prodigio de
cambiar la masa amorfa en buen pan de buen trigo.
15. Parábola de la Red
La parábola hace par con la de la cizaña, pero sin mencionar el enemigo. El juicio
trae consigo la separación de buenos y malos. La referencia al cielo y el infierno es
importante.
"El Reino de los Cielos es semejante a una red que, echada en el mar, recoge todo
clase de cosas. Y cuando está llena la arrastran a la orilla, y sentándose echan lo
bueno en cestos, mientras lo malo lo tiran fuera. Así será el fin del mundo: saldrán
los ángeles y separarán a los malos de entre los justos y los arrojarán al horno del
fuego. Allí será el llanto y rechinar de dientes"(Mt).
Con estas explicaciones, tan fáciles de recordar, siguiendo los métodos didácticos
de la época y válidos en todos los tiempos, Jesús muestra el valor incomparable del
reino, sus dificultades, el desarrollo y la situación final en que sean superados todos
los enemigos, sin olvidar la suerte individual de todos los hombres que serán
juzgados según su actitud ante el reino.
16. La Cuestión de la Herencia
Entre la gente que sigue y escucha al Señor, no todos tienen el mismo pensar.
Algunos quieren utilizar su prestigio para conseguir ventajas materiales. Jesús no
quiere ser rey al modo humano, ni tampoco juez de cuestiones temporales. Su
misión es más honda; respeta la autonomía de lo creado ante lo religioso. Ocurrió
que: "uno de entre la multitud le dijo: Maestro, di a mi hermano que reparta la
herencia conmigo. Pero Él le respondió: Hombre, ¿quién me ha constituido juez o
repartidor entre vosotros? Y añadió: Estad alerta y guardaos de toda avaricia,
porque si alguien tiene abundancia de bienes, su vida no depende de aquello que
posee""las tierras de cierto hombre rico dieron mucho fruto, y pensaba para sus
adentros: ¿qué haré, pues no tengo donde guardar mi cosecha? Y dijo: Esto haré:
voy a destruir mis graneros, y construiré otros mayores, y allí guardaré todo mi trigo
y mis bienes. Entonces diré a mi alma: alma, ya tienes muchos bienes almacenados
para muchos años. Descansa, come, bebe, pásalo bien. Pero Dios le dijo:
Insensato, esta misma noche te reclaman el alma; lo que has preparado, ¿para
quién será? Así ocurre al que atesora para sí y no es rico ante Dios"(Lc).
17. La matanza de galileos
Las anteriores enseñanzas de Jesús a los discípulos se dan en la zona de Cesarea
marítima donde Pilato tenía su residencia. Allí le llegan noticias de que Pilato había
ordenado la reciente matanza de unos galileos. "Estaban presentes en aquel
momento unos que le contaban lo de los galileos, cuya sangre mezcló Pilato con la
de sus sacrificios. Y en respuesta les dijo: ¿Pensáis que estos galileos fueron más
pecadores que todos los galileos, porque han padecido tales cosas? ¡No!, os lo
aseguro; pero si no hacéis penitencia, todos pereceréis igualmente. O aquellos
dieciocho sobre los que cayó la torre de Siloé y los mató, ¿pensáis que fueron más
culpables que todos los hombres que vivían en Jerusalén? ¡No!, os lo aseguro; pero
si no hacéis penitencia, todos pereceréis igualmente".(Lc)
Jesús no ha querido hacer una valoración – humanamente razonable- de aquel
asesinato. Va más allá. Es el misterio del dolor y del pecado. Algunos sufren y
padecen desgracias, pasan por pruebas duras, otros su vida es corta por los
accidentes o por la crueldad de otros hombres. Pero la desgracia verdaderamente
importante es la del pecado y sólo se puede quitar por el perdón de Dios.
18. La falta de frutos
Al hablar de penitencia y conversión su pensamiento se va hacia Israel y los frutos
que podía dar y no da; por eso les decía esta parábola: "hombre tenía una higuera
plantada en su viña, y vino a buscar en ella fruto y no encontró. Entonces dijo al
viñador: Mira que hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera sin
encontrarlo; córtala, ¿para qué va a ocupar terreno en balde? Pero él le respondió:
Señor, déjala también este año hasta que cave a su alrededor y eche estiércol, por
si produce fruto; si no, ya la cortarás" (Lc). Dios tiene paciencia con los suyos,
dándoles siempre otra oportunidad para que se conviertan, pero deben dar fruto,
que es la fe en Jesús que lleva al amor a Dios.
19. Dios quiere que todos se salven
El cielo es lo preparado desde la creación. El infierno es el estado fruto del pecado
de los ángeles caídos y de los hombres pecadores. Dios quiere salvar a todos, pero
los hombres son realmente libres y puedan reaccionar bien o mal.
Cielo, o vida eterna, e infierno, o suplicio eterno, premio o castigo por el amor con
que se trata al prójimo en sus necesidades. La misericordia llega más allá que la
justicia. Es significativa la identificación que hace Jesús del necesitado y sufriente
con Él mismo. La solidaridad debe ser la norma del discípulo que quiere alcanzar el
reino eterno. Aunque el hombre no sea consciente de ello, Dios contempla las
acciones y las omisiones de cada uno, y todos serán juzgados por la calidad de su
amor.
20. La verdadera humildad
Los acontecimientos explican muy bien una parábola de Jesús sobre la verdadera
oración, la actitud farisaica y la verdadera humildad. "Dijo también esta parábola a
algunos que confiaban en sí mismos teniéndose por justos y despreciaban a los
demás: Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo, y el otro
publicano. El fariseo, quedándose de pie, oraba para sus adentros: Oh Dios, te doy
gracias porque no soy como los demás hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni
como ese publicano. Ayuno dos veces por semana, pago el diezmo de todo lo que
poseo. Pero el publicano, quedándose lejos, ni siquiera se atrevía a levantar sus
ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: Oh Dios ten compasión de mí
que soy un pecador. Os digo que éste bajó justificado a su casa, y aquél no. Porque
todo el que se ensalza será humillado, y todo el que se humilla será ensalzado"
(Lc).