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LA RESURRECCIÓN DE JESÚS

Evangelio según San Mateo (Mateo 28, 1-7)


Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana,
María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. De
pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Angel del Señor
bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre
ella. Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras
eran blancas como la nieve. Al verlo, los guardias temblaron de
espanto y quedaron como muertos. El Angel dijo a las mujeres:
«No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado.
No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan
a ver el lugar donde estaba, y vayan en seguida a decir a sus
discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que
ustedes a Galilea: allí lo verán». Esto es lo que tenía que
decirles».
EL LIBRO DEL PUEBLO DE DIOS La Biblia (Traducción argentina) 1990

Evangelio según San Marcos (Marcos 16, 1-8)


Pasado el sábado, María Magdalena, María, la madre de Santiago,
y Salomé compraron perfumes para ungir el cuerpo de Jesús. A
la madrugada del primer día de la semana, cuando salía el sol,
fueron al sepulcro. Y decían entre ellas: «¿Quién nos correrá la
piedra de la entrada del sepulcro?» Pero al mirar, vieron que la
piedra había sido corrida; era una piedra muy grande. Al entrar
al sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con
una túnica blanca. Ellas quedaron sorprendidas. pero él les dijo:
«No teman. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el Crucificado.
Ha resucitado, no está aquí. Miren el lugar donde lo habían
puesto. Vayan ahora a decir a sus discípulos y a Pedro que él irá
antes que ustedes a Galilea; allí lo verán, como él se lo había
dicho». Ellas salieron corriendo del sepulcro, porque estaban
temblando y fuera de sí. Y no dijeron nada a nadie, porque
tenían miedo.
EL LIBRO DEL PUEBLO DE DIOS La Biblia (Traducción argentina) 1990

Evangelio según San Lucas (Lucas 24, 1-12)


El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron
al sepulcro con los perfumes que habían preparado. Ellas
encontraron removida la piedra del sepulcro y entraron, pero
no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban
desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos
hombres con vestiduras deslumbrantes. Como las mujeres,
llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo,
ellos les preguntaron: «¿Por qué buscan entre los muertos al
que está vivo? No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que
él les decía cuando aún estaba en Galilea: «Es necesario que
el Hijo del Hombre sea entregado en manos de los pecadores,
que sea crucificado y que resucite al tercer día». Y las mujeres
recordaron sus palabras. Cuando regresaron del sepulcro,
refirieron esto a los Once y a todos los demás. Eran María Magdalena, Juana y María, la
madre de Santiago, y las demás mujeres que las acompañaban. Ellas contaron todo a los
Apóstoles, pero a ellos les pareció que deliraban y no les creyeron. Pedro, sin embargo, se
levantó y corrió hacia el sepulcro, y al asomarse, no vio más que las sábanas. Entonces
regresó lleno de admiración por que había sucedido.
EL LIBRO DEL PUEBLO DE DIOS La Biblia (Traducción argentina) 1990

Evangelio según San Juan (Juan 20, 1-18)


El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena
fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro
y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y
no sabemos dónde lo han puesto». Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro.
Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó
antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó
Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también
el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en
un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él
también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía
resucitar de entre los muertos. Los discípulos regresaron entonces a su casa. María se había
quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a
dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde
había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?». María
respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». Al decir esto
se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. Jesús le preguntó: «Mujer,
¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le
respondió: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo». Jesús
le dijo: «¡María!». Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: «¡Raboní!», es decir «¡Maestro!».
Jesús le dijo: «No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis
hermanos: «Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes». María
Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho
esas palabras.
EL LIBRO DEL PUEBLO DE DIOS La Biblia (Traducción argentina) 1990