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La paternidad responsable.

Magisterio y decisión en conciencia

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La paternidad responsable.
Magisterio y decisión en conciencia

JOSÉ MARÍA DÍAZ MORENO*

I. HECHO DE VIDA

1. Situación conflictual en el ejercicio de la paternidad


responsable
a.- Diversas actitudes

Es un hecho evidente que el ejercicio de la paternidad responsable supone


hoy un problema, sobre todo en los matrimonios jóvenes. Nos referiremos sólo
a la problemática de la paternidad responsable para matrimonios creyentes y
practicantes, ya que para los bautizados que han perdido la fe o viven en la
indiferencia religiosa, el problema no tiene apenas relevancia.
Podríamos dividirlos en cuatro grupos:
1º) Los que ya no hacen problema de este asunto. Algunos viven alejados
de la práctica de la confesión, en parte por este problema. Otros no creen que
sea materia de confesión. El abandono o el no hacer materia de confesión los
métodos de limitación de la natalidad, se debe, generalmente, a que califican la
doctrina de la Iglesia sobre este punto de desfasada y poco realista. Como
consecuencia, se han hecho su conciencia y no se plantean la moralidad de los
medios para ejercitar la paternidad responsable. Creo, sin embargo, que, como
regla general, excluyen los medios claramente abortivos por convicción.

* * Profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad Pontificia Comillas.

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2º) Los que se plantean el problema de la licitud o ilicitud de los medios de


control desde la normativa católica. Sin embargo, cuando comprueban que no
les dan resultado, o no pueden recurrir a los medios llamados naturales, y
conscientes del peligro que entraña la abstención de los actos conyugales para
la estabilidad del matrimonio, se apartan de la práctica sacramental al no poder
seguir siendo fieles a la doctrina de la Iglesia.
3º) Los que, en una absoluta fidelidad a la normativa de la Iglesia, resuelven
el problema confiando en la Providencia; aceptan el hijo que pueda venir,
aunque no lo busquen ni lo deseen.
4º) Finalmente, existen también matrimonios creyentes que no sólo aceptan,
sino que buscan la familia numerosa, convencidos de su valor humano y cristiano.

b.- Diversidad de motivaciones

Desde un principio hay que tener muy en cuenta que, en esta materia, las
motivaciones y las actitudes son las que constituyen el acto moral o inmoral.
Con esto no afirmamos que los actos en sí no tengan valor. Lo tienen, sobre
todo en cuanto son fruto de una actitud interior. Pero, refiriéndonos ahora a las
motivaciones por las que un matrimonio cree que debe evitar o espaciar a los
hijos, éstas pueden tener muy diverso signo y, por consiguiente, muy diversa
valoración moral. La decisión puede estar motivada:
 por un auténtico sentido de la responsabilidad, pues se evita al hijo por una
causa grave: una enfermedad física o psíquica, una mala situación
económica, o serias dificultades de convivencia, etc.
 por motivos abierta o solapadamente egoístas, reforzados por el
antinatalismo ambiental.
Es obvio que el juicio moral no puede ser el mismo, según se den unos
motivos u otros.
Basten estas notas para situar, con realismo cristiano, este problema de la
paternidad responsable en muchas familias cristianas.

2. Elementos de desorientación

Otro elemento a tener en cuenta es la desorientación que existe en torno a


este problema, tanto en su planteamiento, como en su solución. Las causas de
esta desorientación son múltiples. Me fijaré sólo en cuatro:

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1) El amoralismo ambiental que, quizás como reacción a exageraciones


moralizantes de otros tiempos en el terreno sexual y conyugal, prescinde de la
vertiente moral que llevan consigo estas situaciones en las familias. No se
sienten interpelados por la propia conciencia para tomar una decisión
responsable sobre tener un hijo o no tenerlo. Simplemente no se hacen
problema ni sobre los motivos de esa determinación, ni sobre los medios de
control. Son víctimas del amoralismo ambiental que deja orillada la dimensión
moral y, específicamente, la moral cristiana. No creo que sea exacto afirmar
que una gran mayoría de matrimonios cristianos haya perdido el sentido del
pecado. Pero el acento está puesto en otras vertientes de la moral cristiana
como la honradez, la sinceridad, la solidaridad. La moral conyugal ha pasado a
un segundo plano, o se ha reducido a la intimidad subjetiva de la conciencia.
2) El antinatalismo, tantas veces denunciado por el Papa, que va desde ver
en los hijos un obstáculo para el nivel de vida, hasta la convicción de que en un
mundo de tantas inseguridades y amenazas, es una irresponsabilidad procrear
una nueva vida.
Entre las causas de este antinatalismo se pueden citar: en países
subdesarrollados, políticas antinatalistas en las que no predomina el respeto a
la persona y los deseos de un desarrollo armónico, sino una
instrumentalización de esas dificultades para defender los intereses
mercantilistas de determinados centros de poder. En los países desarrollados
un cambio de signo de la natalidad. Pasó el tiempo en que el hijo era un aporte
económico; en nuestros días, por exigencias educacionales y otras, ese aporte
económico se retrasa mucho o no llega. Añádase a ello la carencia de eficaces
políticas de ayudas a las familias, sobre todo a las numerosas. ¿Dónde están
los últimos responsables de que muchos matrimonios no puedan tener los hijos
que creen pueden y deben tener? Fruto del envejecimiento de la sociedad, hoy
nuestro mundo, sobre todo el occidental, comienza a preocuparse seriamente
por este problema.
3) Hay otro factor que influye ciertamente en la consideración moral de este
problema. Se trata del principio: todo lo que es posible es lícito. Este principio
ha penetrado también en los matrimonios, sobre todo, en relación con los
medios de control de la natalidad. Da la impresión de que lo único a tener en
cuenta es su eficacia y su inocuidad en relación con la salud. Salvo los medios

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abortivos, que todavía tienen un rechazo muy fuerte en la mayoría de las


conciencias cristianas, el principio que identifica lo posible con lo lícito, se
aplica prevalentemente a los medios de control de la natalidad. Como si el fin
justificara los medios.
4) Finalmente, una última causa de desorientación se debe a la existencia
de diferentes tendencias en la interpretación de la doctrina de la Iglesia por
parte de sacerdotes, confesores y profesores, aun dentro de un sincero respeto
y fidelidad a la misma. El sacerdote tiene todavía un marcado influjo en la
formación de la conciencia de los católicos creyentes y practicantes. Y ellos
advierten que las discrepancias son evidentes. Falta, además, en la Iglesia la
voz de los seglares casados. Ciertamente comienza a llegar su voz a los
órganos dotados de autoridad en la Iglesia, pero me temo que, en muchos
ambientes, sea una voz sesgada y previamente seleccionada.

3. Nuevas connotaciones para un problema de siempre

El egoísmo humano es un problema de siempre que ha tenido una clara


incidencia en la procreación dentro y fuera del matrimonio. Sin embargo, esta
constante histórica tiene, en nuestro tiempo, unas dimensiones y matices
nuevos, que vamos a limitarnos a señalar.
1º) La situación económica. Existe un matiz nuevo que hace que cambie
también la valoración tradicional de la familia numerosa. Me refiero al espacio
de atención personalizada que hoy requieren los hijos en su educación. Es un
aspecto que ha sufrido un cambio muy importante. La variante es, ciertamente,
de signo positivo, pero lleva consigo una nueva carga y nuevas obligaciones
que los esposos han tener en cuenta, a la hora de tomar la decisión de tener un
hijo más. Si a esto unimos el hecho irreversible de que ambos esposos
trabajarán fuera de casa, y de que esta situación reducirá ese espacio de
atención y de diálogo con los hijos, hay que deducir que estamos ante una
connotación nueva del problema, que no se puede desconocer en el momento
de emitir un juicio moral sobre los motivos que puedan llevar a un matrimonio a
limitar la natalidad. Recordamos que es la causa, más que el mismo método, lo
que califica de moral o inmoral una determinada conducta en este campo.

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2º) El aspecto ginecológico y farmacológico. No pocos aspectos


ginecológicos y determinados fármacos para la planificación de la natalidad,
son adquisiciones contemporáneas1. Los mismos medios denominados
naturales son, también, de reciente conocimiento y desarrollo, desde el método
Ogino (1924), hasta el método Billings (1971)2. Antes del hallazgo de estos
métodos, prácticamente no había otra solución para evitar la procreación que la
interrupción del acto, el preservativo o el aborto. Hoy existe un abanico de
posibilidades que indudablemente tienen que influir en la misma decisión
responsable que se tome sobre el hijo a engendrar.
3º) Un tercer factor es el religioso en el que intervienen aspectos como: el
concepto mismo de pecado y su perdón, la frecuencia de sacramentos, el
respeto a la propia decisión de conciencia...
Basten estas reflexiones sobre el hecho de vida que entraña la paternidad
responsable. Teníamos que referirnos a él, ya que, al situarnos en el campo de la
Teología moral, y según la afirmación de Sertillanges, “la moral tiene que decir al
hombre y a la mujer lo que deben ser, pero partiendo de lo que son en realidad”.

II. EL AMOR CONYUGAL

Si nos referimos ahora al amor conyugal, como principio para construir una
Teología moral católica válida, es debido al giro personalista que dio el Concilio
Vaticano II en su enseñanza sobre el matrimonio y la familia, en la Constitución
Gaudium et spes3.
El Magisterio pontificio, posterior al Concilio, ha completado y matizado esta
doctrina y hay que tenerlo en cuenta. Pero las intervenciones pontificias no han
negado el valor de la enseñanza conciliar para la construcción de la moral

1 “Baerd, en 1888, llamó la atención sobre la ausencia de ovulación durante el embarazo


producido por la secreción de hormonas. Por otra parte, si se inyectaban hormonas en
mujeres se suprimiría la ovulación, y esto se consiguió en 1940 por Sturgis. A partir de
1960 se invade el mercado de píldoras anticonceptivas [...]. En los últimos diez años, se
ha obtenido una notable experiencia por parte de los investigadores brasileños (Coutinho,
Seth y colaboradores, 1988) con los implantes subdérmicos de progestágenos”. E. ROJAS
(dir.), Enciclopedia de la sexualidad y de la pareja, Espasa-Calpe, Madrid 1991, 331-333.
2 Ibídem, 326-329.
3 VATICANO II, Gaudium et spes, (= GS), Segunda Parte, cap. I, nn. 47-52.

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conyugal. En consecuencia, la doctrina conciliar debe entrar como parte


substancial en la formación de la conciencia católica.
Sobre esta enseñanza –muy bien estudiada y actualizada tanto en el Sínodo
sobre la Familia (1980) como en la Exhortación Apostólica de Juan Pablo II
Familiaris Consortio (1981)–, me voy a limitar a recoger los principios básicos
que, en cualquier supuesto, hay que tener en cuenta en el momento de orientar
a quienes piden nuestro parecer sobre la paternidad responsable.

1. El amor conyugal: su finalidad no sólo procreativa,


sino también procreativa

Esta formulación de la relación entre el amor conyugal y la procreación,


puede parecer abstrusa y tautológica, pero entiendo que no es así.
Al afirmar que el amor conyugal tiene una finalidad no sólo procreativa,
quiero significar, ante todo, ese giro substancial que el Concilio da en la
doctrina católica sobre la fecundidad en el matrimonio. Hasta el Vaticano II,
prácticamente, lo que explica y justifica la diversidad de sexos, su atracción
mutua y la unión conyugal, es el servicio a la especie. Basta leer la Encíclica
Casti Connubii de Pío XI (1930) y compararla con la relevancia que, sin negar
la finalidad procreativa del matrimonio, dará la Gaudium et spes –treinta cinco
años más tarde–, tanto al amor conyugal como al denominado “bien de los
cónyuges”.
Desde otra perspectiva complementaria, podríamos comparar el canon 1013
del Código de Derecho Canónico de 1917 –derogado en 1983 por Juan Pablo
II–, sobre el fin primario y los fines secundarios del matrimonio y el canon
1081,2, sobre el objeto del consentimiento matrimonial, con los cánones 1055,1
y 1057,2 del Código vigente, para ver la diferencia substancial entre ellos.
No se niega la finalidad procreativa del amor conyugal ni en la Gaudium et
spes, ni el Código de Juan Pablo II, pero se establece que no es la única
finalidad. Más aún: ni siquiera se dice que sea ésa la finalidad primaria, sobre
todo, en el sentido en que lo entendía la doctrina moral y canónica preconciliar.

2. Análisis de los nn. 49-50 de la Gaudium et spes

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Un análisis de la doctrina conciliar, en pleno vigor en la Iglesia, pone de


manifiesto las cinco afirmaciones básicas siguientes:
1ª) “Este amor por ser eminentemente humano, ya que se dirige de persona a
persona con el afecto de la voluntad, abarca el bien de toda la persona y,
por ello, puede enriquecer con una dignidad peculiar las expresiones del
cuerpo y del espíritu y ennoblecerlas como signos especiales de la amistad
conyugal” (GS, n. 49).
2ª) Este amor “que asocia al mismo tiempo lo humano y lo divino, lleva a los
esposos a un don libre y mutuo de sí mismos, demostrado con ternura de
afecto y de obras, e impregna toda la vida” (GS, n. 49).
3ª) “Este amor se expresa y se perfecciona de manera singular en el acto
propio del matrimonio. Por ello, los actos con los que los esposos se unen
íntima y castamente entre sí son honestos y dignos, y, realizados de modo
verdaderamente humano, significan y fomentan la recíproca donación, con
la que se enriquecen mutuamente con alegría y gratitud” (GS, n. 49).
4ª) “El matrimonio y el amor conyugal están ordenados por su propia
naturaleza a la procreación y educación de los hijos [...]. De ahí que el
cultivo verdadero del amor conyugal y todo el sistema de vida familiar que
de él procede, sin posponer los otros fines del matrimonio, tienden a que
los esposos estén dispuestos con fortaleza de ánimo a cooperar con el
amor del Creador y Salvador, que por medio de ellos aumenta y enriquece
su propia familia cada día más” (GS, n. 50).
5ª) “Pero el matrimonio no ha sido instituido sólo para la procreación, sino que
su mismo carácter de alianza indisoluble entre personas y el bien de la
prole exigen que también el amor mutuo de los esposos se manifieste,
progrese y madure según un recto orden. Por ello, aunque la prole, tan
deseada muchas veces, falte, el matrimonio, como amistad y comunión de
toda la vida, sigue existiendo y conserva su valor e indisolubilidad” (GS, n.
50).
El vigente Código de Derecho Canónico, en el canon 1055,1 ha resumido
toda esta riqueza doctrinal, al afirmar que “la alianza matrimonial, por la que el
varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, [está]

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ordenado por su índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y


educación de la prole”.
De esta forma la doctrina católica afirma que:
 La apertura a la fecundidad es una exigencia del auténtico amor conyugal y
del matrimonio.
 La fecundidad es un don de Dios, al ser participación de su obra creadora.
 Los actos conyugales, aunque en determinadas circunstancias no sean
procreativos, si se realizan de modo auténticamente humano, son honestos
y dignos.
Es oportuno notar que en esta renovada concepción del amor conyugal y
del matrimonio, la fecundidad es siempre fruto de un amor generoso y
responsable, tanto por su misma naturaleza, como por la exigencia primaria del
hijo, que tiene un derecho inalienable a ser engendrado en una comunidad de
vida y amor. Desde esta visión del amor conyugal una primerísima conclusión
moral, es que no sólo se viola el orden establecido por Dios cuando se evita la
procreación por motivos egoístas, sino también, y con tanta o mayor gravedad,
cuando se engendra un hijo sin amor.

III. LA PATERNIDAD RESPONSABLE

1. Matrimonio pleno y matrimonio fecundo

Como consecuencia de la doctrina del Vaticano II sobre el matrimonio, se


abrió paso una distinción de gran importancia para el significado de los hijos en
el matrimonio. Es la distinción entre matrimonio fecundo, el matrimonio con
hijos, y el matrimonio pleno, aquel en que hay una auténtica comunidad de vida
y amor, aunque falten los hijos. Lo deseable es que el matrimonio sea pleno y
fecundo. Pero hay que afirmar que el matrimonio aunque no siempre podrá ser
fecundo, siempre deberá ser pleno.
Hasta el Concilio había una clara tendencia a identificar al matrimonio
cristiano con el matrimonio fecundo, sobre todo con la familia numerosa. Hoy,
al precisarse con mayor exactitud humana y cristiana, la naturaleza y finalidad
del amor conyugal y el significado de la sexualidad humana y de la

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conyugalidad, esa identificación entre matrimonio cristiano y matrimonio


fecundo, no se niega, pero debe matizarse.
Teniendo en cuenta la doctrina del Vaticano II y la doctrina pontificia
postconciliar, especialmente la Humanae vitae y Familiaris Consortio (nn. 28-
35), puede establecerse el principio siguiente: La fecundidad en el matrimonio
no puede dejarse ni al impulso ciego del instinto, ni al egoísmo irresponsable,
sino que debe ser siempre: responsable, humana y generosa.
Este principio fue recogido, por primera vez, en el Magisterio de la Iglesia
Católica en el Vaticano II (GS, n. 50), dando carta de identidad al principio de la
paternidad responsable, que Pablo VI asumirá y desarrollará en la Humanae
vitae, n.10.
Este principio integra, entre otros, estos tres postulados:
1º) Los esposos deberán determinar, de común acuerdo, el número de hijos y
el cuándo. Es algo que les incumbe a ellos, aunque puedan pedir
asesoramiento moral, médico, psicológico, etc.
2º) Esta determinación deberá tomarse teniendo en cuenta, tanto las
condiciones personales de los esposos, como las de los hijos, nacidos o
por nacer, así como el entorno social.
3º) Deberá ser siempre una determinación responsablemente generosa:
“confiados en la Providencia de Dios, fomentando el espíritu de sacrificio,
cumpliendo con magnanimidad la misión que Dios les ha confiado” (GS, n.
50).
El punto clave del ejercicio de la paternidad responsable en el orden moral,
es el motivo por el que se limitan o espacian los hijos:
 sin un motivo válido, es decir, responsablemente generoso, ningún
medio puede calificarse de moral, sobre todo si es la propia comodidad o
el egoísmo lo que subyace a la decisión que se toma;
 el motivo válido solo, no lo justifica todo moralmente, pero sin él no se
justifica nada.

2. Posible conflicto entre amor y fecundidad:


doctrina de la Gaudium et spes, n. 51

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a.- Planteamiento

La GS recoge este posible conflicto en los siguientes términos: “El Concilio


sabe que los esposos, al ordenar armoniosamente su vida conyugal, muchas
veces se ven impedidos por algunas condiciones actuales de vida y pueden
encontrarse en circunstancias en las que, al menos durante un tiempo, no es
posible aumentar el número de hijos, y el cultivo del amor fiel y la plena
comunidad de vida se mantienen con dificultad. Cuando se interrumpe la vida
conyugal, puede sufrir menoscabo el bien de la fidelidad, no raramente, como
también corre su riesgo el bien de la prole: pues entonces la educación de los
hijos y también la fortaleza para aceptar nuevos hijos se hallan en peligro”
(GS, n. 51).

b.- Necesidad de una solución y caminos para la misma

Ante ese conflicto, hay que buscar una solución, dentro de las exigencias
morales cristianas.
El Concilio excluye taxativamente los medios inmorales: “Hay quienes se
atreven a aportar soluciones inmorales e incluso no les repugna el asesinato;
pero la Iglesia recuerda que no puede existir contradicción verdadera entre las
leyes divinas de transmisión de la vida y de fomento del auténtico amor
conyugal” (GS, n. 51).
Excluidos esos medios, hay que dar una solución razonable al conflicto y,
con frecuencia, ésta no podrá ser otra que realizar la unión amorosa, pero
evitando que de ella pueda seguirse la generación de un hijo.
Sobre cómo evitar la posible fecundidad del acto conyugal, el Concilio se
mantuvo en el plano de los principios, al afirmar que los esposos cristianos:
“[...] deben ser conscientes que ellos no pueden proceder según su arbitrio,
sino que deben regirse siempre por la conciencia que ha de ajustarse a la
misma ley divina, dóciles al Magisterio de la Iglesia que interpreta
auténticamente esta ley a la luz del Evangelio [...]. Por tanto, el carácter moral
de la conducta, cuando se trata de conciliar el amor conyugal con la
transmisión responsable de la vida, no depende sólo de la sincera intención y la
apreciación de los motivos, sino que debe determinarse a partir de criterios

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objetivos, tomados de la naturaleza de la persona y de sus actos [...]. En la


regulación de la procreación no les está permitido a los hijos de la Iglesia,
apoyados en estos principios, seguir caminos que son reprobados por el
Magisterio, al explicar la ley divina” (GS, nn. 50 y 51).
El Concilio, pues, afirma que en el momento de llevar a la práctica el control
de la natalidad, para que la decisión en conciencia sea moralmente recta, es
necesario que se tenga en cuenta la enseñanza de la Iglesia, aún la no
infalible, sobre la moralidad de los métodos anticonceptivos.

3. La encíclica de Pablo VI “Humanae vitae” (= HV) 4

Para poder comprender el significado de esta encíclica, punto de necesaria


referencia para la doctrina católica sobre la paternidad responsable, conviene
encuadrarla en el contexto en que se publicó y en su recepción por parte de la
comunidad católica5.

a.- El debate doctrinal y la práctica pastoral

Admitida la paternidad responsable como doctrina católica, la discusión


doctrinal –y la praxis pastoral– se centró en los métodos para llevarla a cabo. El
Concilio no solucionó este problema concreto, y moralistas y confesores le
daban soluciones diversas y hasta contrapuestas. Sobre este punto el Concilio
remitió a la solución que el Papa diese en su día, asesorado por una Comisión
creada a tal efecto6. Conocemos las vicisitudes de esa Comisión.
Ciertamente que la HV tiene entre sus finalidades dar esas soluciones al
problema de los medios para ejercitar la paternidad responsable. Pero la HV,
aun teniendo en cuenta la nota de la GS al respecto, no puede reducirse a la
toma de postura del Papa sobre este punto. Una lectura íntegra, hecha sin

4 Publicada el 25/07/1968.
5 Cf. J. M. DÍAZ MORENO, Los XXV años de la HV: Revista XX Siglos 4 (1993) 21-33.
6 “Algunas cuestiones que necesitan nuevas y más cuidadosas investigaciones han sido
confiadas por orden del Sumo Pontífice a la Comisión para el estudio de la población, la
familia y la natalidad, para que, después que esta Comisión haya realizado su trabajo, el
Sumo Pontífice juzgue. Siendo éste el estado de la doctrina del Magisterio, el sagrado
Sínodo no pretende proponer inmediatamente soluciones concretas” (GS, 51, nota 14).

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ideas preconcebidas, sitúa la cuestión de los métodos en un nivel de alcance


más amplio. Hay, además, un claro acento profético en su denuncia del
egoísmo personal y social que subyace en muchos conflictos de la vida íntima
de los esposos (nn.17-18)7. Y todo el texto tiene un marcado acento pastoral de
comprensión y de ayuda a las personas de buena voluntad (nn.19-31). Omitir o
desvalorizar estos aspectos supone una lectura sesgada y, en definitiva, una
traición a la enseñanza del Papa.

b.- La Humanae vitae y la valoración moral de los métodos de control


de la natalidad

Refiriéndonos ahora, exclusivamente, al juicio moral sobre la licitud de los


métodos anticonceptivos, tal y como se exponen en los nn.10-16, la HV
establece lo siguiente:

1) Métodos lícitos:

 La continencia periódica; admite diversos métodos: el calendario, la


temperatura basal o el método Billings.
 El uso de medios terapéuticos en orden a curar o aliviar enfermedades,
aunque de ello se siga la imposibilidad de procrear, con tal que esta
imposibilidad, ciertamente prevista, no sea directamente pretendida, sino
sólo tolerada. Entiendo que el concepto mismo de enfermedad admite
una interpretación amplia, sin caer en ningún tipo de fariseísmo.

2) Métodos ilícitos:

 El aborto directo, calificado por el Concilio de crimen nefando (GS, n.


51).
 La esterilización directa, temporal o perpetua, tanto en el hombre como
en la mujer, si se usa sólo como medio anticonceptivo y no está
justificada como medio terapéutico.

7 Cf. J. GAFO, La anticoncepción: ¿valor profético de la Humanae vitae?: Sal Terrae 69


(1981) 29-44; D. TETTAMANZI, Un’Enciclica profetica. L’Humanae vitae ventanni dopo,
Ancora, Milano 1988; J. M. DÍAZ MORENO, a. c.

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La paternidad responsable. Magisterio y decisión en conciencia

 “Toda acción que en previsión del acto conyugal o en su realización o


en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin
o como medio, hacer imposible la procreación” (HV, n. 15).

c.- Dos anotaciones

Esta es la doctrina de la HV sobre la moralidad de los métodos de la


paternidad responsable. Queremos añadir dos anotaciones:
1ª. La HV no solucionó totalmente determinados puntos sobre la paternidad
responsable que crean dificultad en la doctrina y en la práctica pastoral. Así lo
demuestran no pocos comentarios teológicos y pastorales de autores de cuya
solvencia doctrinal y fidelidad a la Iglesia no puede dudarse 8; pero, sobre todo,
el hecho significativo de las intervenciones de las Conferencias episcopales 9.
La fidelidad y la obediencia al magisterio de la Iglesia, no puede privarnos de
un fundamental sentido crítico, respetuoso, pero sincero, a tenor del can. 218
del vigente Código de Derecho Canónico. Así, pues, tenemos que reconocer
que en la HV hay puntos de gran oscuridad que no quedan explicados; por
ejemplo, el concepto de naturaleza subyacente en determinadas afirmaciones
doctrinales, que sigue ofreciendo una extensa problemática en el campo de la
moral católica.
Ahora bien, de ese concepto se derivan muchas consecuencias prácticas,
como: qué hay que entender por “antinatural” o por “conforme a la naturaleza”,
o la división entre “natural y artificial” en relación con los métodos. No está claro
por qué una intervención razonable y justificada en los mismos procesos
naturales –si se respeta la vida concebida–, ha de ser siempre

8 Cf. B. HÄRING - K. RAHNER , Reflexiones en torno a la “Humanae vitae”, Paulinas, Madrid


1968; J. T. NOONAN, Contraception et mariage. Évolution ou contradiction dans la pensée
chrétienne, Cerf, Paris 1969; G. MARTELET, Amor conyugal y renovación conciliar,
Desclée, Bilbao 1968; G. MORA, Paternidad responsable, en: La Pareja joven, Cursillo de
formación de Agentes, Conferencia Episcopal Española, CEAS, Departamento de
Matrimonio y familia, Madrid 1990, 105-159. Me siento muy identificado con el
pensamiento del prof. Mora, modelo de claridad, objetividad y equilibrio. Una bibliografía
sobre la HV en: C. BESITTI, Contributo bibliografico sulla HV: Lateranum 44 (1978) 276-
364 y en J. ELIZARI, A los diez años de la Humanae vitae: Moralia 1 (1979) 235-253.
9 Cf. E. HAMEL, Conferentiae Episcopales et Encyclica “Humanae vitae”: Periodica 58
(1969) 243-249; M. CUYÁS, En torno a la “Humanae vitae”. 2. Declaraciones Episcopales:
Selecciones de libros 6 (1969) 249-318; M. ZALBA, Las Conferencias episcopales ante la
“Humanae vitae”, Cio, Madrid 1971.

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JOSÉ MARÍA DÍAZ MORENO

“intrínsecamente deshonesta”, cuando propiamente no se hace otra cosa que


imitar a la misma naturaleza. Nos referimos a la inhibición de la ovulación que
produce la misma naturaleza desde la concepción hasta el final de la
lactancia10.
2ª. La segunda anotación se refiere a la decidida confirmación doctrinal que
la HV ha recibido del magisterio pontificio posterior. Sean los que sean los
puntos oscuros que podamos encontrar en sus razonamientos, las dificultades
pastorales que entraña, y hasta las mismas vicisitudes de la Comisión pontificia
que precedió a la Encíclica, no puede dudarse que la enseñanza de la HV ha
sido claramente confirmada, una y otra vez, por el magisterio de la Iglesia. Esto
no puede olvidarse ni minusvalorarse, si queremos ser sinceros y honestos y
movernos, en nuestros planteamientos pastorales, en el ámbito de la doctrina
de la Iglesia.
En la Proposición 24 del Sínodo de los obispos sobre la Familia (1980), se
reconocen las dificultades de muchos hogares cristianos para acomodarse a la
doctrina de la Iglesia “a pesar de su sincera voluntad”. Y recomienda a los
sacerdotes que tengan en cuenta la ley de la gradualidad11.
Esta Proposición nos parece de suma importancia. No es doctrina oficial de
la Iglesia, pero tampoco es opinión privada de un grupo de moralistas. Se trata
de una Proposición aprobada por la casi totalidad de los obispos reunidos con
el Papa en un acto de ejercicio colegial, representativo y consultivo 12.
El hecho de que el Papa no la haya asumido literalmente –y por ello mismo
no sea doctrina oficial del magisterio–, no le quita nada de su valor intrínseco y
de su autoridad, ya que supera la opinión particular de uno o de varios
teólogos. Resulta penoso que no se cite este texto con mayor frecuencia y que

10 Coincidimos plenamente con el Prof. Mora, cuando en varios pasajes de su lúcida


exposición afirma que “hay que dejar claro que lo que es oscuro, es oscuro” (cf. a. c., 141
y 155). Se trata de un criterio importante de obvia aplicación en tantas vertientes de
nuestra fe: es absurdo explicar lo claro por lo oscuro; al contrario, se deberá explicar lo
oscuro por lo claro.
11 Ver el texto en: SÍNODO DE LOS OBISPOS, Las 43 proposiciones del Sínodo de los
obispos sobre la familia: Ecclesia n. 2039 (1981)17. Esta proposición obtuvo 200 votos
afirmativos, 3 votos negativos y 3 abstenciones. (Ibídem, 23).
12 Cf. Can. 342.

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La paternidad responsable. Magisterio y decisión en conciencia

se le ignore prácticamente, como si el no ser asumido íntegramente por el


Papa, equivaliese a su rechazo oficial.
Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica Familiaris Consortio recoge cinco
citas de la HV para ratificar su contenido, y se esfuerza en establecer una clara
diferencia entre los medios artificiales y el recurso a los períodos de
infecundidad femenina, haciéndose eco de la dificultad a la que hemos
aludido13. Por su parte el Catecismo de la Iglesia Católica (nn.2366-2372)
recoge y sintetiza la doctrina de la HV y de Familiaris Consortio.
Sería, pues, una falta de honradez y de sinceridad desconocer la fuerza y el
valor doctrinal que para una conciencia católica tiene esta repetida
confirmación de la HV. Tanto el Sínodo como el Papa, no ignoran las
dificultades doctrinales y pastorales de esta doctrina y, sin embargo, la
confirman de una manera absoluta. Es un dato que hay que tener en cuenta en
el momento de tomar la decisión en conciencia.
En consecuencia, de la consideración objetiva de la doctrina tanto conciliar,
como pontificia (Pablo VI y Juan Pablo II), se deducen las dos conclusiones
generales siguientes:
1ª) El control de la natalidad puede ser lícito y hasta obligatorio para una
conciencia cristiana.
2ª) Para la realización de ese control sólo existen dos métodos que, en sí
mismos considerados, son siempre lícitos:
 la continencia total, y
 la continencia periódica, en cualquiera de sus técnicas (calendario,
temperatura basal, método Billings, etc)14.

Pero queda sin solucionar un problema ulterior: Si sigue siendo un deber el


limitar o espaciar los hijos, y la continencia (temporal o perpetua) no puede
aplicarse porque sería objetivamente dañosa o porque resulta prácticamente
imposible: ¿no queda ninguna otra solución moral para la conciencia cristiana?

13 Cf. Familiaris Consortio, 28-35.


14 Doctrina que recuerda la CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, La Familia, santuario de
la vida y esperanza de la sociedad, n. 70. (Instrucción Pastoral del 27 de abril de 2001).
Pero nos parece mucho más acertado su Documento sobre la Familia aprobado por la
XXXI Asamblea Plenaria, el 6 de julio de 1979: cf. CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA,
Matrimonio y Familia, Documento Pastoral, EDICE, Madrid 1979, nn. 94-97.

37
JOSÉ MARÍA DÍAZ MORENO

Éste es el problema que hay que plantearse con la mayor exactitud y


realismo y al que hay que dar solución. Y hay que darle solución porque “el
pecado necesario” no existe en la doctrina del Evangelio.
Ante estas situaciones, un sector de la doctrina cree que sólo son lícitos
moralmente los métodos naturales, y que si el uso de estos medios es
moralmente imposible, no queda otra solución que la abstención de los actos
conyugales15.

4. El principio del conflicto de deberes.


Doctrina de las Conferencias episcopales y su vigencia

a.- El principio y su formulación

No son pocos los profesores de Teología moral, pastoralistas, confesores y


sacerdotes que creemos que es posible y lícita la aplicación del llamado
principio de la “jerarquía de valores” o “conflicto de deberes” o del “mal menor”,
cuando se da una situación en la que están presentes estos tres factores:
 Existencia de un motivo grave para evitar la procreación.
 Imposibilidad moral de acudir a los métodos naturales.
 Daño previsible en la abstención de los actos conyugales 16.

15 Cf. A. FERNÁNDEZ, Teología moral, II, Aldecoa, Burgos 1993, 542-551; C. CAFFARRA,
Ética General de la Sexualidad, Eds. Internacionales Universitarias, Barcelona 1995, 78-
88; G. CHALMETA OLASO, Ética especial, EUNSA, Pamplona 1996, 128-130; J. A. SAYÉS,
¿Sigue vigente la “Humanae vitae”?: Alfa y Omega, 8.XI.2001, 27. Resulta ciertamente
extraño que este sector de la doctrina y la Instrucción Pastoral de la Conferencia
Episcopal Española del 2001, citada en la nota anterior, no contemplen la posibilidad de
que no sea siempre factible acudir a los métodos naturales. Cf. G. MORA, a. c., 149-155.
16 Pueden consultarse, entre otros: V. AYALA, Católicos y natalidad, ¿Final de una
pesadilla?, Perpetuo Socorro, Madrid 1984; M. VIDAL, Moral del matrimonio, Perpetuo
Socorro, Madrid 1980, 110-113; J. R. FLECHA, Sacramento del matrimonio y sentido
humano y cristiano de la sexualidad, CEAS, Cursillo de Formación de Agentes, II, 20-25,
VII, 1988, 164 y ss; G. MORA, a. c., 138 y ss.; G. MURARO, Procreazione resposanbile, in:
Nuovo Dizionario di Teologia Morale, Paoline, Milano 1990, 1019-1022; J. ELIZARI,
Procreación responsable, en: M. VIDAL (dir.), Conceptos fundamentales de Ética teológica,
Trotta, Madrid 1992, 607-620; J. S. BOTERO, Ética coniugale, San Paolo, Milano 1994; J.
M. DÍAZ MORENO, Perspectivas pastorales ante situaciones difíciles e irregulares, en:
CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, CEAS, Subcomisión Matrimonio y Familia, “Pastoral
Familiar en España”, Cursillo de Formación de Agentes, El Escorial 25-29 de Julio 1992,
264-276; J. VICO PEINADO, Liberación sexual y ética cristiana, San Pablo, Madrid 1999,
299-345; E. LÓPEZ AZPITARTE, Simbolismo de la sexualidad humana. Criterios para una

38
La paternidad responsable. Magisterio y decisión en conciencia

El principio puede formularse así: “Cuando se trata de resolver un conflicto


de valores y deberes, quienquiera que busque la mejor solución posible,
tratando de salvaguardar la necesaria armonía y estabilidad de su matrimonio,
no debe tener el menor complejo de culpabilidad” 17. Este principio lo aplicó,
entre otras, la Conferencia Episcopal Francesa en su explicación de la HV.
Otra formulación, substancialmente coincidente, puede ser la siguiente: en
el acto conyugal confluyen tres valores que son: 1º Expresión del amor, 2º
Ejercicio de la paternidad responsable, y 3º Respeto a la integridad fisiológica
del acto, en el cual lo unitivo y lo procreativo no debe separarse. Hay obligación
de intentar sinceramente salvar los tres valores, pero si entran en conflicto:
 debe salvarse siempre el primer valor, que nunca puede sufrir excepción;
 también el segundo, si aparece como un deber de conciencia evitar un
nuevo hijo;
 el tercer valor –es decir, la integridad física del acto, o su aspecto
fecundativo–, es el único que puede sacrificarse en ese conflicto.
Siempre se supone que acudiendo al uso de los medios naturales, se ha
intentado salvar los tres valores. Aquí nos referimos al caso en que el uso de
los medios naturales es moralmente imposible, o por el riesgo de sus posibles
fallos, comprobados anteriormente. En estas circunstancias la aplicación de
este principio no significa ni la justificación de un desorden moral, ni la
subestimación del valor procreativo. Simplemente significa que el valor
procreativo cesa cuando se dan motivos graves, en orden siempre a salvar
valores superiores, como el cultivo y expresión del amor y el no exponerse a
engendrar un hijo no querido responsablemente 18. De aquí que, cuando se toma
esa decisión, haya una obligación grave de hacer periódicamente una revisión
sobre la persistencia de la causa que origina el conflicto de valores.

b.- La explicación de las Conferencias episcopales y su validez

ética sexual, Sal Terrae, Santander 2001, 198-202.


17 B. HÄRING, Shalom: El sacramento de la Paz y de la reconciliación, Herder, Barcelona
1981, 258-260.
18 Cf. E. LÓPEZ AZPITARTE, o. c., 201-202.

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JOSÉ MARÍA DÍAZ MORENO

Como hemos indicado, algunas Conferencias episcopales –la exposición de


la CE Francesa figura entre las más claras– aplicaron al problema del control
de la natalidad ese principio19, de vieja y larga historia en la moral católica y
jamás negado por el Magisterio.
Sin embargo, en relación con estas enseñanzas de las Conferencias
episcopales, algunos creen que han quedado desautorizadas por recientes
intervenciones de Juan Pablo II 20. Creo sinceramente que en ningún texto del
Magisterio de Juan Pablo II, sobre esta cuestión, se ha desautorizado la
enseñanza de las Conferencias episcopales, ni se ha negado expresamente la
posibilidad de aplicar el principio del conflicto de valores a este problema. Junto
a otros profesores de Teología moral y pastoralistas, creo que se puede seguir
aplicando el principio del conflicto de valores, siempre que se den las
condiciones explicadas. Esta opinión se apoya en dos supuestos:
1º) Sin disminuir un ápice el innegable valor doctrinal y normativo del
Magisterio del Papa, no puede excluirse la posibilidad de una interpretación
amplia de determinados textos que expresan la doctrina oficial de la Iglesia,
pero que admiten la posibilidad de una aplicación concreta teniendo en cuenta
los principios morales tradicionales; entre otros el que sostiene que entre dos
males hay que elegir siempre el menor y que esa elección no supone un
pecado. Tengo en cuenta –porque creo saber algo de derecho–, que la
presunción de la verdad está a favor del Magisterio de la Iglesia, aun del no

19 Véase el texto de la Conferencia Episcopal Francesa en: J. ELIZARI - L. AZPITARTE -


RINCÓN, Praxis cristiana, 2, Paulinas, Madrid 1981, 453. Otros textos de Conferencias
episcopales en: V. AYALA, o. c., 83-92; J. VICO PEINADO, o. c., 336-342.
20 Los dos textos de Juan Pablo II, más tajantes y duros que conozco sobre este
problema, son los siguientes: 1º) “Cuando, por tanto, mediante la contracepción, los
esposos quitan al ejercicio de su sexualidad conyugal su potencial capacidad
procreadora, se atribuyen un poder de decidir, en última instancia, la venida a la
existencia de una persona humana. Se atribuyen el título de ser los no-cooperadores del
poder creador de Dios, sino los depositarios últimos de la fuente de la vida. Desde esta
perspectiva, la contracepción debe juzgarse objetivamente, tan profundamente ilícita que
jamás puede, por razón alguna ser justificada. Pensar o decir lo contrario, equivale a
defender que en la vida humana se pueden producir situaciones en las cuales es lícito no
reconocer a Dios, como Dios”. [Alocución a los sacerdotes participantes en un Seminario
sobre la procreación responsable: Ecclesia n. 2144 (1983) 1256-1257]. 2º) “Pablo VI,
calificando el acto contraceptivo como intrínsecamente ilícito, ha pretendido enseñar que
la norma moral es tal que no admite excepciones: ninguna circunstancia personal o social
ha podido jamás, puede y podrá hacer en sí mismo ordenado un semejante acto”
[Discurso al II Congreso Internacional de Teología moral: Ecclesia, nn. 2.405-06 (1989)
27].

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La paternidad responsable. Magisterio y decisión en conciencia

infalible. Pero esa presunción no es sinónimo de una aceptación como si se


tratase de un dogma de fe. Por consiguiente, aun entendiendo en sus términos
más absolutos las afirmaciones de la HV y su confirmación por Juan Pablo II,
cabe, dentro de la mejor ortodoxia católica, tomar una decisión en conciencia
no conforme con esa doctrina y normativa en su sentido literal, con tal que esa
decisión no encierre desprecio o infravaloración de la autoridad del Papa, ni
menor amor a la Iglesia y a su jerarquía. Esto será así, mientras el mismo Papa
no declare que sus afirmaciones pertenecen al objeto de nuestra fe y que
pertenecen al magisterio infalible. Cosa que el Papa, en este caso, no ha hecho
ni explícita ni implícitamente. Aunque parece que ha habido propuestas a que
lo haga21.
Estas afirmaciones, que no hacen sino expresar criterios generales y
tradicionales en la interpretación y aplicación de la doctrina y normativa de la
Iglesia, no han sido condenadas, ni sitúan a quienes las sostenemos fuera de
la comunión eclesial.
2º) Del hecho cierto de que el Papa no asuma la posibilidad de aplicación
del principio del conflicto de valores, como lo hicieron algunas Conferencias
episcopales, no se sigue que haya desautorizado su aplicación, ya que
tampoco ha negado, explícitamente al menos, su licitud. Si hubiese creído que
no es aplicable a los casos conflictuales, en los términos expuestos, ni le han
faltado ocasiones, ni le falta valentía. Por tanto, creemos que puede seguirse
aplicando en esos casos, cuando se dan los factores explicados 22.

En resumen, creo que se puede afirmar:


1. Juan Pablo II, en la doctrina sobre el ejercicio de la paternidad responsable,
substancialmente no ha hecho otra cosa que ratificar la doctrina de la HV.
2. Dentro de un sincero acogimiento de la doctrina de la HV, las Conferencias
episcopales admitieron la posibilidad de aplicación del principio del conflicto
de valores, en casos altamente conflictuales.

21 Véase en V. AYALA, o. c., 97-98 el texto de la intervención del Obispo Jacques Jullien en
el Sínodo de la familia (1980).
22 Con López Azpitarte, pienso que aunque la contracepción sea siempre un mal, no
siempre es un pecado. Cf. E. LÓPEZ AZPITARTE, La moralidad de los anticonceptivos:
discusiones actuales: Proyección 31 (1984) 205-206.

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JOSÉ MARÍA DÍAZ MORENO

3. Esta enseñanza de las Conferencias episcopales, no ha sido negada


expresamente por el Papa Juan Pablo II. Por el contrario, el Arzobispo de
Bologna, Mons. Manfredini, Presidente de la Comisión de la Familia de la
Conferencia Episcopal Italiana, respondiendo a preguntas de un periodista
sobre si determinadas intervenciones del Papa habían desautorizado las
directrices y enseñanzas de las Conferencias episcopales, afirmó: “No;
aquellas interpretaciones no han sido desaprobadas. Aquellas directrices
siguen siendo válidas”23.
4. La vigencia de las enseñanzas de las Conferencias episcopales, negada
por un sector de la doctrina moral católica, es afirmada por otro sector con
fuertes razones. Por consiguiente, puede seguirse en conciencia. Además,
entiendo que esos textos del Papa, en los que se apoyan, van dirigidos al
antinatalismo egoísta e irresponsable que domina grandes sectores de
nuestra sociedad24. Estoy convencido que se deforma su mensaje si se
cree dirigido, directa y expresamente, a los esposos de buena voluntad y
de probada generosidad en su fidelidad y en su fecundidad. Entristece
profundamente que matrimonios que se esfuerzan en vivir con generosidad
su fe y en trasmitirla a sus hijos, se aparten de los sacramentos del Perdón
y de la Eucaristía, como efecto de determinadas intervenciones del
Magisterio de la Iglesia. Ese apartamiento, a veces transido de amargura y
hasta de resentimiento, acabará por desvalorizar su vida de fe y dificultará
al máximo la transmisión de la fe en la familia.

IV. CONCLUSIÓN

1 La conclusión pastoral no creo que pueda ser otra que la necesidad de un


discernimiento de cada caso, antes de emitir un juicio moral sobre la
decisión tomada por los esposos en relación con la paternidad responsable
y los medios para llevarla a cabo. La conjugación exacta del respeto a la

23 Cf. G. PERICO, Nulla e’ cambiato sul problema morale degli anticoncezionali:


Aggiornamenti Sociali 34 (1983) 727-732; E. LÓPEZ AZPITARTE, a. c., 207 y J. VICO PEINADO,
o. c., 340.
24 Sobre el antinatalismo ambiental y egoísta estoy totalmente de acuerdo con E. LÓPEZ
AZPITARTE, Simbolismo de la sexualidad humana. Criterios para una ética sexual, Sal
Terrae, Santander 2001, 202.

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La paternidad responsable. Magisterio y decisión en conciencia

naturaleza, unitiva y procreativa, del acto conyugal y la generosa


responsabilidad en el ejercicio de la paternidad y maternidad, si nunca fue
fácil, hoy menos aún, sumidos como estamos en una sociedad tan
radicalmente manipulada por un pensamiento muy lejano del Evangelio.
Los principios tradicionales sobre el ejercicio de la virtud de la prudencia, el
mal menor y el conflicto de deberes tienen que tener, por fuerza, su
aplicación sobre este problema. Olvidarlos o negarse a aplicarlos no puede
invocarse siempre como una mayor adhesión al Magisterio de la Iglesia; ni
aplicarlos equivale a una trampa hipócrita para escapar de la dificultad que
entrañan las exigencias del Evangelio.
2 En consecuencia, por un lado, hay que insistir en la urgencia de que los
matrimonios cristianos den un auténtico testimonio de fe, de generosidad y
de fidelidad, aunque para ello tengan que remar, tantas veces, contra
corriente. Hoy, quizás con mayor urgencia que cuando se publicó la HV, es
necesario que la familia cristiana acepte, con responsable libertad, ser
diferente, lúcidamente diferente, en sus comportamientos en un mundo tan
agresivamente secularizado. Ésta es la grandeza y el riesgo de vivir la
libertad cristiana. Pero, por otro lado, deberá darse en ella una apelación
confiada a la misericordia de Dios y a su amor a los hombres de buena
voluntad. En esta línea, la Conferencia Episcopal Francesa afirmaba, a
propósito precisamente de las dificultades que entraña la doctrina y la
práctica de la paternidad responsable: “Los esposos conserven un corazón
disponible a la llamada de Dios, atentos a toda posibilidad nueva que
obligue a someter a revisión la opción y el comportamiento de hoy. Sin
perder jamás de vista la misión que Dios les ha confiado y que ellos
aceptan humildemente, los esposos entenderán debidamente la palabra
que san Agustín, en otras circunstancias, dirigió a los fieles de su tiempo:
paz a los esposos de buena voluntad”25.
3 Finalmente, es necesario que los grupos seglares y matrimoniales,
comprometidos con la evangelización, cobren conciencia de su activa
participación en la Iglesia y, de manera especial, en la ayuda imprescindible
que deben prestar al Magisterio de la Iglesia en la formulación y vivencia de

25 CONFÉRENCE ÉPISCOPALE FRANÇAISE , Note pastorale de l’épiscopat français sur


Humanae vitae: Documentation Catholique 65 (1968) col. 2055-2062.

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JOSÉ MARÍA DÍAZ MORENO

la doctrina y práctica de la paternidad responsable. Son ellos los que


constituyen las familias, y los que tienen la vivencia matrimonial y el
carisma otorgado por Dios. Por ello, es necesario que, todos, y no sólo
algunos, encuentren no sólo la posibilidad, sino la facilidad para hacer oír
su voz. No es una concesión gratuita de la Jerarquía, es un derecho que
les asiste26.

26 Cf. Can. 212 §§ 2 y 3 y Can. 225 § 1.

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