Está en la página 1de 7

TIPOS DE GOBIERNO ECLESIÁSTICO

Introducción: Creemos que una iglesia neo-testamentaria, según los propósitos y


planes divinos, es un cuerpo organizado, local y visible. Que está compuesta por
los creyentes bautizados, reunidos en pacto de fe y compañerismo en el
Evangelio. Que es un cuerpo soberano, independiente y teocrático. Cuando
hablamos del gobierno de la iglesia, estamos haciendo referencia al cómo se debe
administrar, organizar y dirigir la institución que el mismo Cristo fundó.

I. SOLO EXISTEN CUATRO FORMAS DE GOBIERNO ECLESIÁSTICO

A. Papal – autoridad absoluta centrada en un hombre infalible, el Papa.

 El Papa tiene autoridad de expulsar miembros y mandarlos al purgatorio.


 El tiene control absoluto sobre las iglesias.
 El Señor condenó totalmente este forma del gobierno (Apoc.2:6)
 Nicao – conquistar
 Laos – laicos
 Muchos caen en este error como Diótrofes (3 Juan 9-10)

B. El Gobierno Episcopal

Esta forma de gobierno es representado por los católicos, los episcopales, los
metodistas y otros.

Esta forma de gobierno reconoce el derecho que tienen los obispos de presidir en
las circunscripciones del país, y una de sus doctrinas fundamentales es que un
obispo es oficialmente superior a los otros ministros.

Existe una rígida jerarquía.

Por supuesto, un obispo moderno tiene bajo su cargo al llamado “clero inferior”,
dado que el poder de ordenar y el derecho de gobernar pertenecen al oficio
episcopal.

La acepción moderna del término “obispo”, aplicado a un hombre que tiene bajo su
cargo una circunscripción del país, tiene objeciones muy serias. La idea original
de dicho término ha sido casi por completo torcida.

C. El Gobierno Presbiteriano
Esta forma de gobierno es de democracia representativa, al que se ajustan las
iglesias reformadas, en especial las presbiterianas.

Reconoce dos clases de ancianos: Predicadores y Gobernantes. El pastor y los


ancianos gobernantes de una congregación constituyen lo que se llama “Sesión
de la Iglesia” (Presbiterio).

Esta “Sesión”, o consistorio arregla los negocios de la Iglesia, recibe, despide y


excluye miembros.

De las decisiones de una Sesión, puede apelarse al Presbiterio; de la acción del


Presbiterio, puede apelarse al Sínodo y de éste a la Asamblea General, cuya
decisión es final e inapelable.

D. El Gobierno Congregacional

 Esta forma de gobierno es representado por las iglesias bautistas, que es el


que analizaremos en este estudio.
 La mayoría en cualquier votación de la iglesia decide lo que la iglesia va a
ser.
 La iglesia no es una democracia pura, es una democracia teocrática.
 Es el gobierno de Cristo por medio de Su Pueblo.
 Cristo es la Cabeza de la Iglesia (Col.1:18)
 Cada miembro es morada del Espíritu Santo (1Cor.6:19-20).
 Tenemos la Ley de Dios por medio del Nuevo Testamento.
 Israel fue una Teocracia
 Dios ungió a hombres por medio de los cuales El gobernaría.
 Estos hombres eran los profetas, reyes y sacerdotes (Moisés, Josué,
Samuel, David, etc.)
 La Ley de Dios era el Antiguo Testamento.
 Una Buena Ilustración sería Hechos 1:15-26
 Tenemos 120 miembros en la iglesia.
 Querían elegir a otro para ocupar el oficio de Judas.
 Determinaron las calificaciones.
 Dos hombres fueron nominados por la congregación.\
 Oraron y Echaron Suertes. No dependieron de sí mismos sino en Dios.
 Pedro no actuó como el Papa de la iglesia, ni fue la decisión de los once
apóstoles que quedaron.
 La iglesia entera como un solo cuerpo participó.

II. TODA AUTORIZACIÓN PARA UN GOBIERNO EN LA IGLESIA DEBE


HALLARSE EN EL NUEVO TESTAMENTO

A. El gobierno congregacional está en conflicto abierto con el episcopal y el


presbiteriano, y afirma las siguientes verdades:

El poder de gobernar reside en los miembros de la Iglesia.

Recae en los miembros en contraposición a los obispos y los ancianos.

Es decir, los obispos y los ancianos, en sentido estricto, nada pueden hacer, en
relación a la iglesia, sin el consentimiento de los miembros.

Era de la incumbencia de las iglesias apostólicas admitir miembros a su comunión.

En Rom.14:1 está escrito: “Recibid al débil en la fe”. El sentido de este versículo


es: “Recibid en vuestra comunión y tratad como cristiano al que es débil en la fe”.

Hay un mandamiento: Recibid.

Este mandato está dirigido a la iglesia, no a sólo un grupo como obispos o


ancianos gobernantes, puesto que esta carta fue escrita a “todos los que [estaban]
en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos” (Rom.1:7).

Las Iglesias del Nuevo Testamento tenían el derecho de excluir a los miembros
indignos y lo ejercieron.

Pablo, refiriéndose al “incestuoso” de Corinto, dice a la Iglesia: “En el nombre de


nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro
Señor Jesucristo, el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a
fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús” (1 Cor.5:4 – 5).

Notemos que aunque Pablo “juzgó” que el culpable debía excluirse de la Iglesia, él
no lo excluyó. No pretendió tener la atribución de hacerlo. El mismo señaló:
“Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros” (1 Cor.5:13).

Es importante notar a quienes estaba destinada esta carta: “A la iglesia de Dios


que está en Corinto” (1 Cor.1:2).

Este mismo derecho aparece en Mat.18:17; 2 Tes.3:6, y en otros pasajes.


Asimismo, tenían la facultad de restaurar a su comunión a los miembros excluidos
que dieran evidencias satisfactorias de arrepentimiento.

“Le basta a tal persona esta reprensión hecha por muchos… Por lo cual os ruego
que confirméis el amor para con él” (2 Cor.2:6 – 8).

Este pasaje nos menciona el mismo caso del incestuoso de la primera carta.

Pablo no podía restaurarlo, así como primero tampoco pudo excluirlo, pero dice:
“os ruego”.

Si las Iglesias del Nuevo Testamento podían recibir, excluir y restaurar miembros,
de seguro, también podían manejar cualquier otro asunto que se les presentara.

El derecho de la mayoría de los miembros de una iglesia es necesario para


gobernar de acuerdo con la ley de Cristo.

Expresándose la voluntad de la mayoría, la minoría debe someterse.

“Le basta a tal persona esta reprensión hecha por muchos” (2 Cor.2:6).

“Por muchos” sería “por los más”, es decir, por la mayoría. Por tanto, la mayoría es
la que debe gobernar.

La autoridad de una Iglesia no puede transferirse y su acción es definitiva.

La autoridad de una iglesia no puede delegarse. Puede haber mensajeros o


investigadores de una iglesia, pero no delegados.

La Iglesia de Corinto no podía transferir su poder a la Iglesia de Filipos, ni la


Iglesia de Antioquía traspasar su autoridad a la de Éfeso.

Tampoco vemos que las iglesias apostólicas delegaran su autoridad a una


asociación, sínodo o convención.

La autoridad de una iglesia es inalienable.

Si la autoridad de una iglesia no puede transferirse, la acción de la Iglesia es final.

Es evidente por Mat.18:15 – 17 que no hay un tribunal más alto que la iglesia.

Después de todo el procedimiento que el mismo Cristo establece para el perdón


de las ofensas, la última instancia que establece es la propia Iglesia.

Ahora, si el ofensor no quiere oír a la iglesia, Jesús dice que se le debe tener “por
gentil y publicano”.
Pero, ¿no podrá apelarse a una asociación, o presbiterio, o conferencia, o
convención? No, no hay apelación. ¿Podrá cualquiera de estas entidades volver
al ofensor a la comunión de la iglesia, cuando ésta por su voto lo ha calificado
como gentil y publicano? Este es un absurdo demasiado grande. ¿Qué clase de
comunión sería?

C. Veamos, en la Biblia, cómo se gobernaban las Iglesias

La Iglesia en Jerusalén (Hch.6:1 – 7).

“Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos” (Hch. 6:2).

Notemos las palabras “convocaron” y “multitud”. Usualmente, se comete el error


de “invitar” a las reuniones para tratar los asuntos de la Iglesia.

Los apóstoles convocaron. También hallamos que era un grupo de gente descrito
como “multitud”, lo que revela que era una iglesia congregacional en sus asuntos.

“Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y


del Espíritu Santo” (Hch.6:5).

Se mencionan dos palabras clásicas de la democracia: “Propuesta” y “eligieron”.

Propuesta o presentación de resoluciones, y elección de votar o decidir.

La Iglesia en Antioquía (Hch.15:1 – 2).

“Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os


circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos. Como Pablo y
Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que
subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y
los ancianos, para tratar esta cuestión.

Este pasaje nos pone las palabras “discusión” y “contienda”. No fue un simple
intercambio de ideas, sino un debate abierto y claro.

Al final, se manifiesta la decisión de la asamblea: “Se dispuso que Pablo y


Bernabé…”.

En otras palabras, la decisión final fue respetada.

El Concilio de Jerusalén (Hch.15:4 – 29).

“Y llegados a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia y los apóstoles y los


ancianos, y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos” (Hch. 15:4).
Al llegar Pablo y Bernabé, fueron recibidos por los apóstoles, los ancianos y la
Iglesia. Ante este grupo, iban a informar lo que Dios había hecho con ellos. Oído
este informe, se levantó la parte tradicional del judaísmo, dando a conocer su
oposición.

“Y se reunieron los apóstoles y los ancianos para conocer de este asunto” (Hch.
15:6).

“Después de mucha discusión” (Hch. 15:7). No se nos informa quiénes eran los
líderes de las diferentes ideas ni cuáles fueron las ponencias o los alegatos. Lo
que queda claro, es que hubo mucha discusión.

“Pedro se levantó y les dijo” (Hch. 15:7). Pedro endosa o secunda la propuesta de
la expansión por Pablo y Bernabé, relatando la manera en cómo Dios lo llevó a
predicar el Evangelio a los gentiles, argumentando que no deberán poner carga
sobre ellos como recién convertidos.

“Entonces toda la multitud calló, y oyeron a Bernabé y a Pablo” (Hch.15:12). Esto


indica una ratificación de lo antes informado.

“Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió” (Hch. 15:13). Jacobo, guiado por el
Espíritu Santo, hace un resumen del relato de Pedro citando las profecías del
Antiguo Testamento (Hch.15:13 – 18).

Con esto, hace una proposición de resolución que contiene los siguientes puntos:

Que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios (Hch.15:19).

Que se escriba en una carta con tal resolución, diciendo que se aparten de
contaminación de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre.

La culminación de este proceso fue: “Entonces pareció bien a los apóstoles y a los
ancianos, con toda la iglesia, elegir de entre ellos…” (Hch.15:22).

Además, se nos dice: “Entonces les pareció bien… escribir por conducto de ellos”
(Hch. 15:22 – 24). Lo que significa que llevaban ciertos registros y tenían algunas
normas escritas de funcionamiento.

III. LOS CREYENTES DE LAS PRIMERAS IGLESIAS ESTABAN SEGUROS DE


QUE, AUNQUE SUS DEBATES ERAN FUERTES, EL ESPÍRITU SANTO LOS
DIRIGÍA Y, ENTRE AMBOS, HACÍAN LOS ACUERDOS E INFORMABAN

A. “Ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros” (Hch. 15:28).


Por eso, para ser más precisos, hablamos de TEOCRACIA: Dios conduce Su
Iglesia a través de lo que induce en el corazón de los miembros de ésta por medio
del Espíritu Santo.

Sus decisiones eran entre todos: Primero, el Espíritu Santo; segundo, la


participación apostólica; y, tercero, la Iglesia en general.

Las Iglesias del primer siglo debatieron con énfasis sobre su credo y disciplina.
Las decisiones no eran de un papa ni de un reducido número selecto. Eran por
asamblea plenaria.

Con el correr de los siglos, algunos grupos se “empapizaron”. Fue entonces


cuando los errores gruesos comenzaron a infiltrarse poniendo en manos de una
sola persona las decisiones llamadas “infalibles”, olvidando que “en la multitud de
consejeros hay seguridad” (Pr.11:14).

Además, todas las cosas eran hechas “decentemente y con orden” (1 Cor.14:40).