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LENGUAJE Y COMUNICACIÓN

PROF. ROBERTO C. CARREÑO PINO

Odiseo (Ulises)
Odiseo, rey de Ítaca, cuyo nombre griego es Odiseo, es hijo de Leartes y Anticlea.

La intervención de éste héroe en la Guerra de Troya fue decisiva ya que fue suya la idea del Caballo
de Troya. Sus aventuras durante el viaje de regreso y su arribo al país natal forman La Odisea, la
segunda de las dos obras inmortales de Homero.

Inmediatamente después de la partida de Troya, Odiseo llega al istmo de Tracia, la ciudad de los
Cicones, y aunque consigue saquearlos, pierde a setenta y dos de sus compañeros en un sorpresivo
ataque.

Desviados por el viento llegaron a la tierra de los lotófagos, quienes se alimentaban de la flor de loto,
la cual provocaba la pérdida de memoria. Éstos les ofrecieron loto, tras lo cual los navegantes
olvidaron su patria. Finalmente, Odiseo consiguió que los marineros volviesen a sus embarcaciones,
para seguir rumbo a Ítaca.

Llegan en primer término al país de los Cíclopes donde el monstruo Polifemo encierra a Odiseo con
doce de sus compañeros en una caverna. Cuando ya había devorado a seis griegos, Odiseo logra
emborrachar al monstruo y le quita su único ojo, con lo que logra escapar con el resto de sus
compañeros.

A partir de entonces Odiseo es perseguido por la ira de Poseidón, dios del mar y padre de Polifemo,
quien lo persigue con terribles tempestades durante su viaje, manteniéndolo siempre alejado de su
país.

En la isla de Eolo, el guardián de los vientos, halla una amable hospitalidad y al partir el dios le
entrega una bolsa de cuero en la que se hallaban encerrados todos los vientos, con excepción del
benéfico Oeste, para que los lleve en nueve días a la costa de Ítaca.

Mientras Odiseo descansa, sus compañeros abren la bolsa creyendo que contenía un tesoro y los
vientos escapan. Arrastrados por la corriente, llegan de nuevo a la isla de Eolo, quien los echa
indignado por considerarlos enemigos de los dioses.

Al llegar a Telepilo, la cuidad de Lamo, el rey de Anfitrite, sus lestrigones, caníbales de descomunal
estatura, destrozan once de sus naves, salvándose la duodécima gracias a la astucia de Odiseo.

En la isla de Ea, la maga Circe convierte en cerdos a parte de la tripulación de su nave, pero el
héroe, con la ayuda de Mercurio, la obliga a devolverles su forma humana.

Después de haber escapado de las sirenas, que con sus cantos atraían a los marinos y los hacían
naufragar, y después de haberse salvado de los monstruos marinos Escila y Caribdis, Odiseo llegó a
la isla de Trinacria , donde sus compañeros atacaron a los animales sagrados, dedicados al dios del
sol, Helios. El dios supremo, Zeus, los castigó destruyendo con sus rayos los navíos y pereciendo
así todos sus tripulantes, a excepción de Odiseo, quien se salva aferrándose al palo mayor y a la
quilla; y al cabo de nueve días arriba a la isla de Ogigia, morada de la ninfa Calipso, hija de Atlas.
Ésta lo retuvo siete años a su lado y le dio un hijo, pero la nostalgia que Odiseo sentía por su hogar y
por su esposa Penélope, lo inmunizan en las astucias de Calipso.
En una balsa construída por el mismo, escapa Odiseo y, tras dieciocho días de navegación, llega a
la visea de Corcira, la isla de los feacios, pero Poseidón, al reconocerlo, deshace su balsa en
pedazos. No obstante, con la ayuda de del velo de Ino gana la costa, donde se encuentra con
Nausica, la hija del rey, que lo conduce a la cuidad y lo presenta ante sus padres, Alcinoo y Arete.
Aquí es objeto del trata más amable y hospitalario y, cargado de presentes, los reacios, a bordo de
uno de sus maravillosos navíos, lo conducen a su país, al cual arriba en momentos en que se halla
entregado al sueño, después de veinte años de ausencia.

Odiseo llega a su casa precisamente a tiempo para evitar el desastre que amenazaba a su hogar.
Más de un centenar de jóvenes de la nobleza de Ítaca y de las islas vecinas se habían presentado
como pretendientes a la mano de la hermosa Penélope; habían perseguido a Telémaco, hijo de
Odiseo, que ahora ya era un hombre, y derrochaban los bienes del ausente soberano.

Penélope, para entretener a los pretendientes, había fijado un plazo para decidirse por alguno de
ellos. El mismo finalizaría cuando acabase de tejer una prenda de abrigo para su suegro, que
destejía durante las noches.

Al cabo de este tejer y destejer, una de sus sirvientas reveló el secreto a los pretendientes, Penélope
no tuvo más remedio que terminar la labor. Prometió entonces que elegiría a aquel que triunfara en
un concurso de tiro de arco, empleando para ello la ballesta de Odiseo, con la esperanza de que
ninguno de sus pretendientes fuera capaz de manejar el arma.

Disfrazado por la diosa Minerva de mendigo, el día anterior al concurso llega Odiseo a la isla. Acude
en seguida a la cabaña del pastor Eumeo, quien lo recibe hospitalariamente, aunque sin reconocerlo.
La misma diosa hace que Telémaco, el hijo de Odiseo, se reúna con su padre en el mismo sitio y
ambos planean la venganza contra los pretendientes.

En un disfraz de mendigo se presenta Odiseo en su casa, donde con gran dominio de si mismo
contiene su ira ante la arrogancia de los pretendientes, quienes lo trataban con el mayor desprecio.

Al siguiente día se realiza la prueba de tiro. Consiste la misma en disparar, a través de los mangos
de doce hachas, con el arco de Odiseo. Ninguno de los pretendientes es capaz de doblar el arco y
Odiseo ante el asombro de todos, realiza la proeza. Ayudado por Telémaco, Eufemo y otro pastor y
la alentadora presencia de Minerva, atraviesa con sus flechas a los asombrados pretendientes.

Logrado su triunfo y dueño ya de su casa, Odiseo se da a conocer a Penélope, y visita a su anciano


padre.