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Ja

verdad, porque así todo quedará entre


nosotros, y no tendré el disgusto de que
se
divulgue fuera de casa lo
que en ella
pasa. Como pretendiente académico
estoy
enterado de lo
que son Academias. Las

Academias, amigos mios, son Acade¬

mias...
y ellas se componen
deacadémicos,
es
decir, de hombres
distinguidos por su
saber;
pero como son hombres son fali¬
bles como los demás hombres. El fallo
de una
Academia, podrá autorizar
algo
una
opinión, pero nunca
constituye sen¬
tencia definitiva
y sin apelación, en tér¬
minos
que quede como cosa
juzgada. Lo
mismo
digo respecto á los demás comen¬

tadores del
Quijote y biógrafos de Cer¬
vantes, en cuanto á la autoridad
que
puedan dar en contra de mi
cuestión,
es
decir, que son hombres.
—Pero hombes
doctos,
y son muchos,
por lo cual no
puede ser el que se hayan
equivocado.
—De la misma
opinión era yo cuando
empecé á leer el Quijote;
pero tan pron¬
to como
toqué en la primera página del