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El arte de la profesionalización del arte

Juan Carlos Meana Martínez.

Decano de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Vigo

27/05/2013

1.-El arte como punto de partida

Seguimos partiendo, en el enunciado mismo de la pregunta, de un tópico y prejuicio en el que


situamos las artes en un plano diferente con respecto a otras disciplinas de la formación de la
persona desde los inicios del proceso de aprendizaje. Si reconocemos que el juego, en la etapa
infantil, es una actividad donde se desarrolla procesos de descubrimiento, conocimiento e
integración de la persona en la sociedad y en el mundo, tendríamos que ver porqué no
consideramos los juegos relacionados con la experiencia estética como principio para que
pueden llegar a configurarse como una futura profesión. Es fácilmente reconocible que se dan
juegos relacionados con profesiones donde el proceso de desarrollo de la persona integra
conocimientos, roles y estructuras sociales; así identificamos, sin necesidad de justificación
añadida, el que se reconozcan juegos relacionados con profesiones como maestro, médicos,
policías, bomberos, enfermeras, etc. Pero en el caso de las artes todo parece tener que
desarrollar una justificación que avale y legitime la decisión de dedicarse vocacionalmente y
profesionalmente a una disciplina artística. Este tópico, no exento de prejuicio, viene de la
situación de las artes en el panorama de las enseñanzas y en consecuencia del lugar que ocupa
en el mundo profesional, donde no se hace fácilmente visible su aplicabilidad inmediata, lo que
no debería presuponer una falta de valor.

Si bien es cierto que en la formación artística hay mucho de vocación, entendiendo esta
vocación como el afecto que uno puede sentir hacia aquello que hace, produciéndole además
de un determinado placer, un conocimiento del mundo en su generalidad y una expansión de sí
mismo que posibilita una interrelación con su contexto, cabría preguntarse porqué queda
relegado el punto de partida al hobby.

Hemos de iniciar esta reflexión partiendo de entender el arte, en su generalidad, como un


modo de conocimiento que transversalmente interrelaciona y desarrolla muchas
competencias, capacidades y habilidades de la persona. En ese sentido, es un proceso muy
abierto capaz de integrar e interrelacionar factores y elementos cognitivos, sensoriales,
emocionales, intelectuales, expresivos y comunicativos.

En la sociedad actual, de gran complejidad, y en lo que denominamos la tercera cultura dada


por la transformación que las TIC (tecnologías de la información y la comunicación) están
operando en los componentes y procesos sociales, vemos que hay una interrelación entre arte
y tecnología que resulta fundamental comprender para adentrarnos en la realidad del
momento y alejarnos, así, de un mito romántico aún imperante en nuestra sociedad. El arte
tiene la particularidad de operar desde un saber que no es lineal, que no es directamente
aplicable, que tiene que ver con lo emocional, con lo impreciso y la incertidumbre.

2.- Del hobby a la profesión

En el proceso, partiendo de esa primera atracción afectiva por descubrir el mundo, en el caso
que me compete a través de las artes plásticas en sus muchas modalidades, se van
incorporando otros elementos que el desarrollo y la formación de la persona requieren. Hay
que posibilitar que las artes sean también un pilar esencial en la formación de la persona, tanto
como lo pueda ser el lenguaje, las matemáticas o el conocimiento del medio. Así, a los
primeros experimentos sensoriales, importantísimos en la niñez, hay que tener en cuenta que
se va a ir sumando y complejizando con elementos nuevos de carácter cognitivos, emocionales,
intelectuales, expresivos y comunicativos. Hay que entender que las artes tienen sus códigos
como cualquier lenguaje y la información acumulada se estratifica en la obra artística;
información que hay que saber ordenar para transmitir y hay que saber leer para recepcionarla
y que se incorpore a nuestro proceso formativo-cultural como personas.

En consecuencia, la vocación primera de corte más afectiva, hay que alimentarla desde:

el conocimiento de los lenguajes expresivos,

el dominio de las técnicas constructivas del arte,

la interrelación con el contexto y disciplinas de las que se nutre también el arte (historia,
antropología, psicología, sociología, etc,) de ahí su carácter transversal;

así como con el reto de intervenir en el mundo a través de la creación de proyectos, es decir, de
la capacidad de proyectar, que no es otra cosa que arrojarse hacia delante en un intento de dar
una visión y realizar una participación en el mundo desde la posición y el contexto en el que se
encuentra cada uno. Esta sería la dimensión constructiva del arte y que incide directamente en
la creación de patrimonio y la integración en los sistemas culturales.

En el caso de las artes plásticas y visuales en general, se ha de entender que este proceso va
parejo al desarrollo de la madurez de la persona y para ello es imprescindible frecuentar los
contextos artísticos para educar y construir una mirada con sensibilidad inteligente, sean
museos, exposiciones en galerías y todo tipo de eventos que tengan que ver con la sensibilidad
plástica. No podemos olvidar que en el caso de las artes plásticas y visuales lo que se produce
es una educación de la mirada en particular y de la sensibilidad en general.

Pasar de lo vocacional (hobby) a lo profesional, es decir, a aquello que uno es capaz de


profesar, en el más amplio sentido de la palabra, supone la incorporación de una estructura de
conocimiento, elaboración y comportamiento que tiene como consecuencia el desarrollo de
una forma de mirar y ver el mundo, lo que conlleva también una forma de estar y construir
imágenes y objetos con una información. La educación artística forma personas capaces de
crear y generar contenidos mediante imágenes y objetos o eventos dentro del campo de las
artes plásticas y visuales, pero no podemos olvidar que también se educa una sensibilidad
como espectadores de la oferta cultural visual de nuestra cultura más contemporánea. En este
sentido la pasión por una afición se va transformando, a medida que profundizamos en ella, en
una profesión; de manera que a medida que conocemos una cosa la amamos y nos
apasionamos más por ella.

En este sentido si reconocemos que el arte atiende a tres niveles desde el sujeto a su contexto,
tenemos las claves para apuntar en la dirección adecuada de cara a la organización y
estructuración de un proceso formativo que nos lleve del hobby a la profesión. Así los niveles
serían:

Subjetividad como afirmación de una singularidad capaz de intervenir y aportar nuevos


significados al plano social.

Patrimonial como afirmación de una identidad social que conlleva una gran carga de
información y valores sociales.

Cultural como transmisión de la manera simbólica de ver el mundo en las coordenadas de


espacio-tiempo, que determinan y legan la manera de sentir y de pensar.

Situándonos desde el punto de vista del sujeto vemos que la práctica artística articula una gran
carga de información donde se conjugan y convergen tres planos del sujeto creador que ha de
ir desarrollando en su proceso de madurez y profesionalización; es decir, en el paso del hobby a
la profesión se ha de enriquecer, y sin duda hacer más complejo, procesos que tienen que ver
con:

La percepción y la sensibilidad, en el sentido de perfilar, seleccionar y organizar de manera


autónoma y autodirigida la experiencia artística permitiendo agudizar e intensificar la
percepción, lo emocional y la sensibilidad, así como la parte expresiva y comunicativa que tiene
el arte e inherente a un sujeto sano psiquicamente. Educar la sensibilidad y el plano emocional
sabiendo ver y sentir.

Conocimiento y dominio técnico, encaminado a la organización material y estructural de la


información, donde se hace posible aquello que se desea y donde el taller es el centro de la
experimentación. El dominio y la práctica técnica son indispensables para una eficacia en la
expresión, la comunicación y la transmisión del conocimiento. Educar la habilidad técnica y
constructiva sabiendo hacer.

Formación conceptual y sociocultural, encaminada a conocer el contexto, los valores culturales,


las disciplinas afines con la que el arte ha de enfrentarse y dialogar continuamente,
configurando una determinada manera de pensar y sentir epocal. Es un saber pensar y hacer
pensar.

Vemos que hay que atender simultáneamente a estas tres dimensiones del sujeto, lo que hace
del arte una disciplina de integración donde confluyen aspectos que hacen de la actividad
artística un proceso de interdisciplinariedad, lo que sin duda alguna tiene que ver con su
particular dificultad para ser acotado, definido, perfilado y para visualizar su aplicabilidad
inmediata..

La dificultad para su definición y acotación, así como su no aplicabilidad inmediata, no pueden


convertir el arte en una disciplina secundaria relegada al mero entretenimiento o a la
expresividad del sujeto. La formación ha de ser integral para que el proceso formativo
profesional llegue a culminar los objetivos de hacer con el arte sujetos creativos, críticos,
integrados, responsables y participativos.