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Quinta prueba:

La etimología oficial del francés es fantasiosa

La etimología oficial del francés está basada en lo arbitrario, las


fantasías y la falsa erudición. Repetida de generación en
generación, retomada por todos los diccionarios, termina por tener
fuerza de ley. Y continuamos repitiéndolo hasta la saciedad: que la
palabra TRABAJO viene del latín TRIPALIUM (instrumento de tortura),
que la palabra francesa SANGLIER (jabalí) viene del latín SINGULARIS
(solitario), que la palabra ESCLAVO viene del latín SLAVUS
(eslavo)… y miles de otras burradas que no han sido demostradas
jamás.

Los tres postulados axiomáticos de la etimología oficial


Nunca encontramos el menor rigor. Jamás, como en el caso de
la hipótesis del “bajo latín”, se ha descrito el método científico que
serviría luego de base a la etimología oficial. De hecho, ésta reposa
sobre tres postulados axiomáticos que llevan a los etimologistas a
equivocarse con una constancia que causa nuestra admiración.

Primer axioma: el francés viene del latín. Los etimologistas,


persuadidos de que el francés viene del latín, se las ingenian
entonces contra toda lógica, para buscar por todos los medios un
origen latino.

Segundo axioma: cuando los etimologistas, a pesar de su


imaginación desbordada, no logran encontrar un origen latino,
consideran que las palabras fueron necesariamente tomadas en
préstamos a partir de otra lengua, y tienen la tendencia a volverse
hacia las lenguas que conocen bien: el alemán, el neerlandés, el
italiano, el español. Recordemos aquí que, para lo que se
consideran préstamos del italiano y del español, se trata
simplemente de un aporte directo por intermedio del “italiano
antiguo”.
Pero, por el contrario, imaginar que el francés haya podido
absorber 1 500 palabras de origen neerlandés es una idiotez
innombrable. Basta con comparar, y lo haré más adelante, las
palabras que se suponen son de origen neerlandés con las palabras
de origen italiano para ver un parentesco infinitamente más
evidente con éstas últimas. No, el pueblo francés no es un pueblo
de ingenuos que se pasa el tiempo robando palabras de las lenguas
de los otros pueblos, ni tampoco una lengua se construye sobre el
préstamo de innumerables palabras extranjeras.

Tercer axioma: para los etimologistas, fuera del texto escrito,


¡no hay nada que buscar!
La etimología oficial se ocupa de seguir la evolución de las
palabras a través de textos de diferentes periodos, y pretende
describir la historia semántica y fonética de las palabras. La
ambición es loable, pero el error consiste en creer que los textos
son lo bastante confiables como para indicar verdaderamente el
estado de la lengua. “Fuera del texto escrito, no hay nada que
buscar”, tal pudiera ser la divisa de la etimología oficial. Ahora
bien, basarse total y únicamente sobre lo escrito tiene sus límites.
En efecto, los textos escritos son poco confiables:
 La literatura no tiene por vocación en sí dedicarse a tratar
de los temas de la vida cotidiana. No transmite de manera
exhaustiva el vocabulario relativo a la vida doméstica:
comida, cocina, vestimenta, anatomía, agricultura,
animales…
 La literatura es elaborada, al menos en los tiempos
antiguos, por eruditos, quienes están asociados al poder y
pertenecen ellos mismos a la nobleza (los Latinos, los
Egipcios, los Asirios), o bien son especialistas en sus
dominios, la filosofía, las ciencias, como, por ejemplo, los
Griegos. No refleja en nada el arte de vivir del pueblo, y
descuida, por ese hecho, una parte de su vocabulario.
 Los escritores mismos se autocensuran y escogen el
vocabulario que utilizan. El ejemplo de la literatura
francesa, que proscribe cientos de palabras de la jerga, —
incluidas palabras que no poseen carácter vulgar— es, en
este sentido, ejemplarizante.
 Finalmente, la ortografía está muy lejos de ser confiable:
no está basada en datos científicos sólidos (la fonética es
una ciencia reciente), ni es estable o uniforme, y puede ser
alterada conscientemente como lo mostraremos.

Ferdinand de Saussure decía en su Cours de linguistique


que «la evolución ininterrumpida de la lengua es velada con
frecuencia por la atención que se presta a la lengua literaria».
Decididamente, este Ferdinand de Saussure se distingue claramente
del montón.

El latín a como dé lugar


Para encontrar un origen latino a las palabras francesas, contra
toda evidencia, los etimologistas galos no tienen temor en utilizar
triquiñuelas, procedimientos falaces, y aceptar toda componenda
que sea necesaria, con desprecio de toda lógica.

He identificado cuatro de estos procedimientos.

Procedimiento n° 1: Consiste en encontrar una palabra


latina de la misma sonoridad y afirmar que es el origen de la
palabra francesa. Tomo algunos ejemplos al azar. Usted puede
hacer el ejercicio usted mismo una vez que haya entendido las
claves para descifrar la superchería.

BAILLE: esta palabra de jerga, o más exactamente del


francés popular, significa «el agua» o «el mar» en la expresión
«aller à la baille». El diccionario Petit Robert propone la
etimología siguiente: “1325, italiano BAGLIA, latín BAJULA, (portador
de agua)”. Llamo su atención sobre la mención de la fecha (1325)
que hace sospechar sobre el rigor en esta artística imprecisión.
Para mí, la palabra BAILLE tiene el mismo origen que la palabra
BAIE, ambos del italiano BAIA, que encontramos en todas las
lenguas romances, de manera que “aller à la baille” quiere decir
simplemente “aller à la plage” (ir a la playa).

CHANTIER (cantera, obra en construcción): El Petit


Robert propone «fin del siglo XII, trozo de madera, puntal, latín
CANTARIUS, caballo malo”. Esta etimología está sacada del
diccionario etimológico de Bloch y Wartburg que agrega que la
palabra latina CANTARIUS fue probablemente tomada del griego
KANTHELIOS,“asno enalbardado” (sic).
Como se puede constatar, esta proposición no puede ser más
fantasiosa. Yo la refuto totalmente. ¿Dónde está la relación entre la
construcción y los caballos malos o los asnos enalbardados? ¡Esta
explicación está halada por las crines!
CHANTIER podría ser una palabra compuesta: CHAN-TIER. La
primera silaba no lleva la palabra CHAMP (campo, lugar, espacio), y
la segunda está construida sobre el radical TR que encontramos en -
TRUIR (construir, destruir), en TOUR (torre), o en TRUELLE (paleta de
albañil). Este radical nos envía explícitamente a todo lo
relacionado con edificios. Un CHANTIER podría ser simplemente un
lugar destinado a la construcción (y no un caballo malo o un asno
enalbardado).

CANCAN: este galimatías es una obra maestra. El Petit


Robert propone: “1602: quanquan de colegio. 1554: latín
QUAMQUAM ‘lo que sea’ con la antigua pronunciación”. Esta
etimología está sacada de Bloch y Wartburg, pero el Petit Robert la
abrevia ya que la segunda parte es aún más ridícula. La cito
íntegramente: “En el sentido de danza vulgar y ruidosa, 1836,
viene probablemente de un nombre infantil del pato, sentido
atestiguado ya en 1808: cancán tendría entonces propiamente el
significado de ‘danza que evoca el contoneo de los patos’”.
Hay que reconocerlo: alcanzamos aquí las cumbres de lo
absurdo, reforzadas con fechas de una extraordinaria precisión que
le dan un barniz científico.
Los etimologistas oficiales, que conocen tan bien el latín y que
hacen venir casi todo de él, habrían podido acercarse al verbo
latino CANERE (cantar). Además, el redoblamiento de un radical es
bastante frecuente en los términos que tienen relación con los
sonidos: MURMURER (murmurar), BROUHAHA (murmullo),
TAPOTER (golpetear), ZEZAYER (cecear), SUSURRER
(susurrar). La raíz CAN que se encuentra en latín y en italiano
antiguo es, de hecho, una raíz indoeuropea que significa cantar. El
CANCAN es una especie de canto basado en la repetición.
ÉQUARRIR (cuadrar, destazar): Se dice que proviene del latín
EXQUADRARE, convertir algo en cuadrado. Me parece que hay algo
aquí que no cuadra.
Descompongamos la palabra de la siguiente manera: E —
QUARRIR
El prefijo «E» tiene el sentido de exclusión, y QUARRIR viene del
itálico CAR (la carne humana).
«ÉQUARRIR», y no hay que reírse de ello, quiere decir
simplemente «quitar la carne». ¿No cuadra mejor así?

ÉPICE (especia): la palabra se presume surgida del latín


SPECIES (especie).
No hay ninguna relación entre las dos palabras, piensen lo que
piensen los etimologistas oficiales.
La palabra EPICE se divide en É-PICE y PICE se construye sobre el
radical PS, deformación del radical PT, que en todas las lenguas
indoeuropeas ha servido para acuñar palabras relativas a la comida
y que en francés ha dado: PÂTE (pasta), PÂTÈ (paté), POTAGER
(huerto), POPOTE (papeo, comida), PINTE (pinta), PLATO (plato); en
italiano: PIZZA; en ruso PIT’ (beber), en inglés PIE (pastel), y hasta en
latín PISTOR (panadero).
En resumen, PICE es la comida, y É-PICE es lo que es exterior a la
comida, diferente a la comida misma; en este caso, entiendo ÉPICE
como el acompañamiento de la comida.

ESCLAVE (esclavo): El diccionario Larousse y el Petit Robert


aportan la misma etimología: «proviene del latín medieval SCLAVUS,
éste de SLAVUS (eslavo), por haber los germánicos reducido a la
esclavitud a numerosos eslavos»1.
Notemos, en primer lugar, que la palabra ESCLAVO se dice
SKLAVE en alemán, SCHIAVO en italiano, ESCLAVO en español. Todas
estas lenguas incluyeron, entonces, la letra adicional “K” en la
palabra SLAVE, lo que me lleva a pensar que la palabra ESCLAVO no
tiene nada que ver con los ESLAVOS y que es muy anterior.
En ESCLAVE, yo veo un palabra compuesta: ESC-LAVE, en la que
LAVE nos lleva de regreso al trabajo (latín LABOR, italiano LAVORO,
francés LABEUR, español LABOR), comprendida LABOR en el sentido
noble de la palabra. El esclavo es aquél que está excluido de la
LABOR por estar reducido a tareas ingratas.
La esclavitud es una vieja institución humana y los
indoeuropeos no esperaron la llegada de los eslavos para darle un
nombre.

SANGLIER (jabalí): provendría del latín SINGULARIS (solitario),


como si el jabalí viviese solo. Para el oficio de etimologista hay
que salir a veces de los libros o, en su defecto, preguntarles a los
cazadores. Ellos le dirán que los jabalíes rara vez se encuentran
solos e incluso viven de manera bastante gregaria.
La primera silaba SAN es indoeuropea, y bajo formas fonéticas
variadas pero próximas, SIN, CHAN, CAN… la encontramos en
numerosas palabras relativas a los animales: CAN.ICHE, CAN.ASSON
(jamelgo), CAN.ARD (pato), SIN.GE (mono), GEN.ISSE (becerra), CHIEN
(perro), CHAM.OIS (gamuza), CHAM.EAU (camello)…
La segunda silaba, GLIER, no es fácil de descifrar, lo reconozco.
¿Nos lleva acaso a GUEULE (jeta)? ¿Sería acaso el jabalí (sanglier)
simplemente un animal con una jeta enorme?

TRABAJO: Se dice que esta palabra proviene del latín TRIPALIUM


(que era un instrumento de tortura construido con tres palos, de allí
su nombre). ¿Quién hizo este hallazgo? La historia no lo dice. No
insisto más en el hecho de que nos encontramos aquí dentro de la
misma lógica que consiste en encontrar por casualidad una palabra

1
El diccionario de la Real Academia Española da una etimología más elaborada pero
que da como conclusión el mismo origen: “esclavo, va. -Del b. lat. sclavus, éste del griego
bizantino σκλάβος, der. regres. de σκλαβηνός, propiamente, 'eslavo', y este del eslavo
slovĕninŭ, nombre que se daba a sí mismo el pueblo eslavo, que fue víctima de la esclavitud
en el Oriente medieval” – Nota del traductor.
latina que tenga una consonancia lo bastante cercana. Resumiendo,
encontraron la palabra “TRIPALIUM” y concluyeron entonces que el
trabajo, para los pueblos antiguos, era una tortura.
En primer lugar, es evidente que toda palabra larga es una
palabra compuesta. La primera dificultad consiste en
descomponerla en el lugar adecuado. Se puede cortar la palabra
TRABAJO en TRA.BAJO o T.RABAJO. Vamos a ver que es la segunda
proposición la correcta. Estudiemos primero las silabas finales
RA.BAJO.
Cuando se analizan numerosas lenguas, nos damos cuenta de
que las vocales son muy sensibles a los cambios, pero que las
consonantes se transforman muy poco y siempre de la misma
manera. De tal manera que, para simplificar, yo diría que lo que
nos interesa en RABAJO son las consonantes, es decir las letras R y B.
Ahora bien, la R con frecuencia se transforma fonéticamente en L2,
de la misma manera que B y V son intercambiables. Por tanto, este
conjunto de letras RB, que yo llamo un radical, se puede encontrar
bajo las formas LV, LB o RB. En alemán y en ruso, que son lenguas
indoeuropeas, “trabajo” se dice ARBEIT en la primera, y RABOT en la
segunda. Primera constatación: las palabras que designan el trabajo
en alemán y en ruso utilizan el mismo radical de base RB.
En italiano decimos LAVORO y en latín LABOR; por tanto, en dos
lenguas itálicas la palabra “trabajo” se construye sobre el radical
LB/ LV el cual, como he dicho antes, es equivalente al radical RB. En
las palabras francesas LARBIN (criado, sirviente, persona dedicada a
los trabajos hogareños), CORVEE (faena), TURBIN (tajo)…
encontramos siempre el radical RB, que la traza indeleble de una
palabra antigua relativa al trabajo.
Regresemos a la palabra TRABAJO, que habíamos descompuesto
en T-RABAJO. La T inicial es un prefijo indoeuropeo que significa
exclusión. Por tanto, aquellos que trabajan están excluidos del
RABAJO, de la LABOR en el sentido noble del término. El TRABAJO
vendría a ser entonces la actividad de los siervos, en oposición a
las otras actividades consideradas como más nobles.
Hablaré de ello en un libro futuro sobre la vida de nuestros
lejanos ancestros, descifrada gracias a una etimología
completamente renovada.

TRIVIAL: la palabra TRIVIAL no tiene nada que ver con el


latín TRIVIUM (tres vías), como lo propone la etimología oficial con
la misma lógica de búsqueda arbitraria de una palabra latina que
tenga la misma consonancia. TRIVIAL se descompone en T.RIVIAL y
significa, siguiendo la demostración precedente, que no tiene las
características de la LABOR noble.

La pequeña exposición que acabo de hacer tenía por objetivo


hacerles percibir un mundo nuevo y mostrarles que existe una
verdadera alternativa a la etimología oficial. Ciertamente, es más
fácil salir a pescar la primera palabra latina que posea la misma
sonoridad, pero un proceso racional es infinitamente mucho más
productivo.

2
El razonamiento original del autor, que se basa sobre la palabra francesa TRAVAIL,
agrega que la letra V, de la porción RAVAIL, con frecuencia se transforma fonéticamente en
B.
Procedimiento n° 2 : Consiste, para la etimología oficial, en
tomar la traducción latina de la palabra francesa o una
palabra latina con un sentido muy cercano y decretar que
hubo, bien sea una transformación fonética, bien sea un fuerte
alteración de la palabra latina. He aquí algunos ejemplos entre
miles de otros.

ALLER (ir): Se considera que proviene del latín AMBULARE.


Dejemos a la imaginación del lector que encuentre cuáles
transformaciones, cuáles alteraciones y cuáles deformaciones
habrían sido necesarias para pasar de una palabra a la otra. Si tal
transformación hubiese tenido lugar, deberíamos encontrar formas
intermedias; ahora bien, no encontramos ni una sola.
CONVOITER (codiciar): Se afirma que viene de una palabra del
latín popular, CUPIDIETARE, ésta a su vez proveniente de CUPIDITAS
(codicia). Esta etimología es el resultado de un parentesco aparente
entre CONVOITISE y CUPIDITE3, sin que se demuestre la
correspondencia fonética.
CONVOITER es una palabra compuesta de CON-VOITER en la que
VOITER se construye sobre el radical VD/VT (ver): en latín VIDERE
(ver), en ruso VIDET (ver), en sueco VETA (saber), en sánscrito VEDA
(conocimiento). El prefijo CON tiene el sentido de “refuerzo”.
CONVOITER es “mirar con insistencia”.
COUSIN (primo): Se afirma que proviene del latín CONSOBRINUS.
El parentesco evidente de la palabra COUSIN con el italiano CUGINO4
me hace pensar que esta palabra es una deformación del italiano,
que no proviene del latín, sino que es más bien una palabra
compuesta: CO-GENE (de la misma GENTE, de la misma familia).
DURER (durar): El Petit Robert propone la siguiente etimología:
«final XI°, latín DURARE: endurecer, aguantar, resistir, durar». Esta
etimología es característica de una parte importante del
procedimiento oficial que desdeña la semántica, es decir, el sentido
de las palabras. Da a entender que aquello que es “duro” puede
“durar”. Pero en realidad la DUREZA no tiene nada que ver con la
DURACIÓN.
Al contrario, los etimologistas habrían podido darse cuenta de
la cercanía entre la palabra alemana DAUERN (durar) o el latín
(DIURNUS, que dura un día). La palabra DURAR contiene el radical
indoeuropeo UR/OR/ER que ha dado, en la mayoría de las lenguas
indoeuropeas, la medida del tiempo: en francés: HEURE (hora),
ALORS (entonces), HIER (ayer), ERE (era); en griego moderno: MERA
(día), KAIROS (tiempo), etc.
EAU (agua): Proviene, se afirma, del latín AQUA. La palabra
francesa y la palabra latina no tienen un solo sonido en común.
Quieren hacernos creer que hubo una transformación total de la
palabra AQUA únicamente en la lengua francesa, mientras que en
italiano y en español se dice todavía ACQUA y AGUA, y que en
occitano y en catalán la evolución fonética condujo a la palabra
AIGO, que sigue siendo bastante cercana al italiano.
La palabra francesa EAU es una abreviación de la palabra
indoeuropea OD/OT de la cual encontramos rastros en el inglés

3
Ambas palabras tienen el significado de «codicia» en español.
4
Tiene el mismo significado de «primo» en español.
WATER, en el ruso VODA, y en el francés GOUTTE (gota), OUTRE (ultra,
además), MOITE (húmedo)…
MANGER (comer): se dice que viene del latín MANDUCARE
(mascar). Sí, pero hay poca semejanza entre la palabra francesa y
la palabra latina. En realidad esta palabra deriva con mayor
seguridad de un radical indoeuropeo, MS:

Ruso MIASO (carne)


Hindi MANS (carne)
Inglés MOUTH (boca), MEAT (carne)
Latín MENSA (mesa sobre la que se come)
Griego MEZE (entremés)
Alemán MAGEN (estómago)

En francés, este radical MS ha dado las palabras: METS (plato),


MACHER (mascar), MASTIQUER (masticar), MESS (comedor), MUSEAU
(hocico)… Por cierto: MANGER se dice MANGIARE en italiano.

Procedimiento n° 3: Cuando, por desgracia, la etimología


oficial no encuentra una palabra latina, tiene la genial idea de
inventarla, y sacan del sombrero una palabra bautizada como
proveniente del “bajo latín” o “latín vulgar”. ¡Cómo utilizan el
sombrero los etimologistas!
BOUGER (mover-se): la etimología oficial hace provenir esta
palabra del latín °BULICARE, palabra reconstruida a partir de la
palabra latina BULLIRE (hervir). El movimiento que se sugiere en
BOUGER provendría entonces de la ebullición.
De hecho, la palabra BOUGER se basa en el radical BG que, bajo
su forma más común, VG, es un radical indoeuropeo que
encontramos en francés en VOGUER (bogar), DI-VAGUER (divagar),
VAGABON (vagabundo); en latín, en las palabras VAGUS (errante),
VAGOR (errar); en alemán: WEG (camino), WAGEN (carro)… El verbo
BAGUENAUDER (callejear, deambular) se construye sobre el mismo
radical.
CHANGER (cambiar): Se afirma que proviene de una «palabra del
bajo latín, CAMBIARE, que a su vez proviene del galo» (sic)5.
Es curioso que esta palabra latina CAMBIARE no se encuentre en
ningún texto clásico. ¿De dónde viene esta idea de los
etimologistas de imaginar un origen galo? ¿En qué se basan para
hacer una afirmación semejante? ¿Tienen a su disposición textos
galos? ¿Han logrado acaso reconstruir la lengua de los galos?
Yo veo, en cambio, en CHANGER el prefijo CH y un verbo °ANGER
(cf. francés AGIR, actuar; latín AGERE, con el mismo significado), de
la misma manera que RANGER (colocar en su sitio) se descompone
en R-ANGER (actuar de nuevo), o MEN-AGER (componer, arreglar). El
prefijo CH/S nos envía de nuevo a la idea de la exclusión. De esta
manera, CH.ANGER es “actuar fuera de, actuar de manera diferente”.
RINCER (enjuagar): La etimología oficial hace venir este verbo
de un supuesto verbo latino, °RECENTIARE (derivado de RECENS en el
sentido de «fresco», dicen ellos). La palabra RECENTIARE no existe
en latín.
Yo veo más bien una palabra construida sobre el radical RN: en
alemán tenemos RINNEN (correr un rio, fluir); en inglés, RAIN

5
El diccionario de la Real Academia recoge también este origen de la palabra española
CAMBIAR, como proveniente del “galo-latino cambiāre”.
(lluvia); en griego, REON (líquido). La toponimia nos da las
palabras RIN, RHONE, GARONNE. Todo eso fluye naturalmente, ¿no es
cierto?

Procedimiento n° 4: Finalmente, cuando todos los


procedimientos anteriores han sido utilizados hasta más no
poder, la etimología oficial se rebaja al hacer un número digno
de la charlatanería de bulevar. Nos quieren hacer creer que
algunas palabras francesas vienen de la contracción de expresiones
latinas.
AVIS (opinión, parecer): El Petit Robert y el Larousse,
retomando a Bloch y Wartburg, proponen “Ce m’est avis” (“se me
ha advertido”), del latín “MIHI EST VISUM”. He ahí una evidente
elucubración. Es poco probable que las palabras se formen de ese
modo. Para mí, AVIS se acerca a AVEU (confesión) y a AVOUER
(confesar) en las que el prefijo A / AV indica la procedencia, el
origen. Dar una opinión (AVIS) es simple y llanamente
“expresarse”.
6
FORÊT (bosque, selva, foresta) : Se afirma que viene del latín
FORESTIS (hipotética palabra proveniente del bajo latín) a partir de
una expresión reconstruida, °SILVA FORESTIS, «bosque fuera de
(foris) de la cerca».
Según el procedimiento habitual, los etimologistas oficiales,
buscando a la buena de Dios, encontraron que la palabra FORÊT
sonaba como la palabra latina FORIS que significa “fuera de”.
Inventaron entonces una expresión latina, “SILVA FORESTIS”, en la
que SILVA es la palabra latina para designar el bosque y FORESTIS es
una palabra inventada para servir a la causa (primera triquiñuela) y
a la que se le atribuye el significado de “exterior”. Por tanto,
nuestra FORÊT vendría a ser una SILVA (¡!) exterior. ¡Ya lo ven! Y la
palabra SILVA habría desaparecido (segunda triquiñuela) para no
dejar que la palabra FORESTIS que dio entonces la palabra FORÊT.
He ahí, estimado lector, el tipo de «demostración» que nos
quisieran hacer tragar, basada en expresiones que uno no encuentra
nunca, en palabras que no existen y en oportunas desapariciones.
Para mí, la palabra FORÊT viene con mayor seguridad de la
palabra indoeuropea FOR (fuego) (cf. francés: FOUR (horno), FORGE
(forja, fragua), EN.FER (infierno); griego: PHAROS; alemán: FEUER;
inglés: FIRE… La “foresta” es, en primero que nada, el lugar en el
que se encuentra la madera para hacer el fuego.
MÊME (mismo): Los etimologistas se encuentran en una
situación muy incómoda frente a esta simple palabrita. Entonces
sacan a relucir su arte y utilizan toda su panoplia de supercherías
posibles. MÊME vendría del latín popular METIPSIMUS, superlativo de
la palabra latina popular METIPSE que vendría a su vez del latín
clásico “EGOMET IPSE”, “yo mismo en persona”7.
El latín popular, usted ya lo sabe, es ese latín que todo el mundo
busca y que nadie ha encontrado nunca. La palabra METIPSE es una
invención basada en la idea de que, en la expresión latina EGOMET
IPSE, el uso habría abandonado la primera parte, EGO, de la palabra
EGOMET. Pero como este término está todavía muy alejado de la

6
En español hemos conservado también la palabra forestal definida como adjetivo
relativo a los bosques (nota del traductor).
7
El diccionario de la Real Academia Española reporta la misma etimología (nota del
traductor).
palabra MÊME, le inventaron un superlativo a fin de introducir una
M adicional. Los etimologistas oficiales dejan al lector el cuidado
de deducir que la palabra METIPSIMUS se transformó en MÊME.
La imaginación de los etimologistas es pletórica, pero se le ven
las costuras.
Espero que estos ejemplos les hayan convencido de que la
etimología oficial es totalmente fantasiosa, y espero también
haberles abierto otras perspectivas más fructíferas y más
racionales.
Lo que ciertos etimologistas muestran como una prueba que
el francés sí viene del latín reposa de hecho sobre este
postulado. No, la etimología, bien concebida, muestra, al
contrario, que el francés no viene del latín. Era nuestra quinta
prueba.

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