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Le Corbusier, bajo la luz de Sudamérica Fernando

Pérez Oyarzún
La crítica especializada, especialmente la europea, ha sostenido frecuentemente que Le Corbusier tuvo una
gran influencia sobre la arquitectura sudamericana.
Las múltiples relaciones entre Le Corbusier y Sudamérica fueron complejas y, en ocasiones, paradójicas. Su
relación con la producción arquitectónica sudamericana no es ni simple ni unidireccional. No sólo Le
Corbusier fue importante para Sudamérica; también Sudamérica llegó a tener gran significación para Le
Corbusier. Tal significación se da menos en los resultados profesionales que en las redes de contactos, las
relaciones culturales y el propio imaginario del arquitecto.

1- Los primeros contactos

La primera visita de Le Corbusier a Sudamérica se realiza en 1929. Se trata de un viaje prolongado que se
desarrolla entre octubre y diciembre de ese mismo año. El viajero que hace puerto en Río de Janeiro a bordo
del Massilia tiene 41 años. Vive en París desde 1916, donde había llegado en busca de mejores perspectivas
desde su Suiza natal.

Le Corbusier elige 1929, el año para cerrar el primer volumen de su obra completa (1910-1929). Durante los
diez años anteriores, ha producido su serie de casas blancas, asociadas a su actividad como pintor «purista»,
que Tim Benton ha rotulado como las Villas de Le Corbusier. Algunas de ellas, como la Villa Savoie y la Villa
Stein, llegarán a ser consideradas como clásicos de ese primer periodo. En el terreno del urbanismo, sus
ideas se expresan en diversos planes, ninguno de los cuales ha llegado a ponerse en práctica. Entre ellos, su
proyecto para la Ville Contemporaine para tres millones de habitantes y su propuesta de intervención en
París, conocida como Plan Voisin alcanzarán particular difusión.

Su labor como escritor también se ha consolidado. En 1919 comienza a aparecer L’Esprit Nouveau que
publica en asocio con el pintor Ozenfant, cofundador del purismo, y con el poeta Paul Dermée..
En 1925, coincidiendo con la gran exposición de París, había aparecido L’Art Decorative d’Aujourd’hui.

El viaje sudamericano, comenzado a gestar algunos años antes, era uno más de los muchos que había
realizado hasta entonces por Europa y Asia. El objetivo de este, gestado por intelectuales sudamericanos, era
difundir sus ideas y conseguir nuevos encargos. Estos no abundaban en ese momento debido a los vientos
de crisis económica que soplaban en el ámbito internacional.

El viaje a Sudamérica se realiza al mismo tiempo que el CIAM de Fráncfort, dominado por los alemanes. De
hecho, Le Corbusier privilegia su viaje a Sudamérica por sobre la asistencia al congreso. Este no es un dato
menor, ya que permite situar mejor el rol que Le Corbusier parece haber atribuido a Sudamérica dentro de
sus planes de expansión internacional.

2- La Experiencia Sudamericana Inicial

Confirmando la importancia que los viajes tenían para Le Corbusier, este fue cuidadosamente recogido en
sus cuadernos de viaje. Aunque su interés más íntimo fuese conseguir nuevos encargos, su experiencia vital
irá, ciertamente, mucho más lejos. De hecho, el único encargo concreto que conseguirá durante el viaje es el
de la casa Errázuriz, que progresó hasta un cierto punto sin llegar a concretarse.

Entre las experiencias asociadas con el viaje de 1929 hay que destacar de modo particular su enfrentamiento
a la geografía sudamericana. La exuberancia de las montañas de Río, la roja topografía que rodea a São
Paulo, los alrededores de Asunción y las planicies argentinas lo impresionarán fuertemente.
Una mención especial merece su viaje a Asunción (Paraguay), aparentemente el primer vuelo de su vida. La
visión desde el aire, siguiendo el curso del río Paraná, tiene para él la fuerza de una epifanía, como la había
tenido el arribo desde el Río de la Plata a Buenos Aires. Estos contrastan fuertemente con los planes y
proyectos urbanos realizados hasta entonces, incluido el Plan Voisin para París. Así, Buenos Aires,
Montevideo, São Paulo y Río son objeto de estas operaciones en las que piezas arquitectónicas de gran
escala, asociadas a operaciones de infraestructura, hacen presente algún rasgo de las ciudades que Le
Corbusier piensa, debe ser monumentalizado. Los rascatierras (por oposición a rascacielos), interactúan con
el paisaje natural o urbano y pueden verse como resultados de su experiencia geográfica.

Una segunda experiencia a la que habría que atender en esta primera estadía sudamericana es la de la
construcción popular o espontánea, realizada sin arquitectos, en las periferias de las ciudades que visita.
Especial interés manifiesta por las favelas de Brasil y en las construcciones de ciertas zonas periféricas de
Buenos Aires.

Dar una larga serie de conferencias, como hizo con las diez en Buenos Aires, constituye también una
experiencia nueva para Le Corbusier. Hasta entonces sus viajes iban a acompañados de una o dos
conferencias. Esta larga serie le permitió una síntesis de las ideas arquitectónicas desarrolladas hasta
entonces. En ellas repasa sus discusiones con la academia, su interés por la técnica como base de una
poética, sus ideas sobre la vivienda, la ciudad y el diseño, todas ellas ejemplificadas por sus proyectos.

Por último, habría que mencionar la experiencia de sus contactos sudamericanos, el inicio de una red que se
prolongará y se expandirá en las décadas siguientes. Entre ellos se cuentan arquitectos e ingenieros,
empresarios ilustrados, intelectuales y autoridades públicas de diversos niveles.

3- Precisando Posiciones

En Precisiones… Le Corbusier registra su experiencia de viaje a Sudamérica, presenta el desarrollo de sus


ideas hasta ese momento y traza planes de futuro. El cuerpo central del libro está constituido por las
intervenciones realizadas en Buenos Aires y en Río de Janeiro (Corolario brasileño). A estas agrega un
Prólogo americano, redactado en el barco.

Le Corbusier asume en él un tono menos teoremá- tico y más analítico, utilizando como pruebas sus
realizaciones: desde la arquitectura hasta los planes urbanos. Así, los sucesivos capítulos reconsideran su
posición respecto a algunos de los problemas urbanos y arquitectónicos. Contra el fondo de tales ideas, así
como de su obra, va impostando observaciones e ideas sobre la experiencia que vive en Sudamérica.

En Precisiones…, la posición de Le Corbusier parece situarse entre dos extremos:


1- Continúa atacando el espíritu académico, al que quiere diferenciar de la auténtica tradición.
2- Se defiende de una visión puramente técnica o económica de la arquitectura y la cultura modernas.

3.1. Los Trabajos Y Los Viajes

Después de su experiencia de 1929, Le Corbusier viajó numerosas veces a Sudamérica, casi siempre
motivado por encargos, combinando las estadías profesionales con conferencias y contactos.
*Casa Errázuriz: Encargada por el diplomático chileno residente en Buenos Aires, no pasó del anteproyecto
que el arquitecto envió al propietario a comienzos de 1930. En el terreno se construyó una casa menos
radical, proyectada por el arquitecto chileno Carlos de Landa. A pesar de ello la casa ha constituido un
referente indispensable para el comprender el desarrollo de la arquitectura corbusiana posterior a 1930. La
utilización de materiales tradicionales y rústicos, junto con el tratamiento volumétrico con base en aguas
invertidas (techo mariposa), la convirtieron en el inicio de una saga de proyectos similares de muchos
arquitectos, tanto de Sudamérica como del resto del mundo.

En 1936, siete años después de sus primeras experiencias sudamericanas, arriba nuevamente a Río de
Janeiro a bordo del dirigible. Llegaba contratado como asesor de grandes proyectos como la Ciudad
Universitaria y el Ministerio de Educación y Salud. En el ministerio, insiste en cambiar el terreno
desarrollando un bloque lineal junto a la costa. Muy poco antes de su partida, intenta, sin éxito, un boceto
para el terreno que el Gobierno brasileño nunca estuvo dispuesto a cambiar. A pesar de esto, la presencia de
Le Corbusier no fue indiferente. Ello no solo porque contribuyó a validar un equipo de muy jóvenes
arquitectos, sino también porque su posición crítica respecto al proyecto inicialmente desarrollado por los
brasileños y sus propios intentos por proponer una alternativa juegan un rol indudable en el proceso de
desarrollo del proyecto. Por otra parte, su proyecto para la ciudad universitaria figurará en un lugar
destacado dentro de las obras del periodo.

En 1939, a Le Corbusier se le ofrece un viaje a Chile, que nunca llego a concretarse. Esto se originó a partir
del fuerte terremoto que afecta a la ciudad de Chillán, para la que ofrece un plan urbano gratuito a cambio
de ser contratado para realizar el de la capital, Santiago. El episodio chileno hace evidentes las tensiones
entre arquitectos y urbanistas de vanguardia, que veían sus ideas representadas en las de le Corbusier y los
seguidores de Karl Brunner, que ejerció en Chile, Colombia y Panamá. Estos últimos consideraban
excesivamente utópicas las ideas de Le Corbusier y se veían capaces de afrontar por sí mismos la tarea de
reconstruir Chillán o planear Santiago.

La fase final del plan para Buenos Aires, iniciada en la rue de Sèvres en 1937 no significará ni viajes ni
encargos para le Corbusier. Sin embargo, él constituye un indudable nexo con Sudamérica y es el resultado
de dos décadas de interés por la ciudad.

Más o menos contemporáneamente con la finalización del plan de Buenos Aires, Le Corbusier recibe el
encargo de una vivienda de parte de un médico de La Plata, el doctor Curutchet. La casa se localiza en uno
de los bordes del sector central de La Plata y frente a un área arbolada. El resultado ocupa el terreno de
manera densa combinando una consulta médica y una vivienda en una suerte de trama virtual
tridimensional que combina algunos de sus temas más caros, como la rampa y el techo-jardín, con la
estructura de la casa con patio (chorizo), tradicional en muchas ciudades argentinas. Proyectada en
hormigón visto, ella ocupa un lugar significativo en la arquitectura doméstica de Le Corbusier en la segunda
posguerra.

Los cinco viajes que realiza a Colombia entre 1948 y 1951 son más breves y estrictamente profesionales, lo
que no impide que escenas y paisajes de ellos queden registrados en sus cuadernos de viaje. El plan para
Bogotá, a pesar de no haberse concretado, llegó a ser bastante desarrollado. A pesar de las radicales
intervenciones que Le Corbusier proponía en el centro de Bogotá, el plan bogotano puede verse más bien
como una reestructuración y acentuación de la trama urbana existente.

Reducida su obra construida a la casa Curutchet, y consideradas un sentido estricto, las relaciones
profesionales con Sudamérica no resultarán particularmente exitosas para Le Corbusier. A pesar de ello, las
expectativas de realizar algo significativo en Sudamérica se mantendrán hasta el fin de su vida y muchos de
los contactos generados en sus viajes formarán parte de su red de relaciones personales.

3.2 Sudamericanos en la rue de Sèvres

La visibilidad internacional de Le Corbusier atrajo a muchos arquitectos, especialmente a los más jóvenes, al
taller de la rue de Sèvres. La presencia de dichos colaboradores constituye un dato fundamental para
comprender el curso que siguió la obra de Le Corbusier, así como también su difusión internacional. Dentro
de este grupo por el que pasarían personajes de la talla de Doshi, Candillis y tantos otros, que
posteriormente brillarán con luz propia, la presencia de arquitectos latinoamericanos resultará decisiva. Una
mirada general a tal presencia nos permite agruparlos en torno a dos momentos: la década de 1930 y los
años que van desde el fin de la guerra hasta su muerte. Un repaso a los nombres de dichos colaboradores
nos revela que ellos, al retornar a sus países, ocuparon posiciones clave en la profesión, la universidad o la
administración pública.

En 1937 arriban al taller los recién titulados arquitectos argentinos Jorge Ferrari Hardoy y Juan Kurchan. Le
Corbusier se manifiesta interesado en recuperar, a través de ellos, sus contactos con Buenos Aires y llevar
adelante un plan para la ciudad. Este arranca de sus intuiciones dibujadas en el viaje del 29 y que incluyen la
Ciudad de Negocios, una serie de torres construidas sobre el Río de la Plata.

Con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial, los latinoamericanos aumentan considerablemente su


presencia en el taller.

Rogelio Salmona comienza a trabajar en el taller de la rue de Sèvres en 1948, como un joven estudiante de
Arquitectura que había abandonado Colombia. Durante dicho periodo, colaborará en el plan para Bogotá y
en el proyecto del gran inmueble comprendido dentro del plan. Germán Samper permanece en el taller
entre 1950 y 1954, también durante el periodo de realización del plan. Su rol en el desarrollo de la
arquitectura colombiana de la segunda mitad del siglo XX es ampliamente conocido.

En 1958, Le Corbusier, siguiendo algunos desacuerdos con sus colaboradores en el taller, lo reorganiza
completamente. Iniciará así, con nuevo personal, la última etapa de su producción. Jullian de la Fuente
llegará a ocupar un rol significativo en el taller y se hará cargo de algunos de los proyectos pendientes
después de la muerte del arquitecto. Entre ellos, la embajada de Francia en Brasilia, que será finalmente
proyectada por él, y el del Hospital de Venecia, que no llegará a construirse.

A los nombres de quienes trabajaron en el taller hay que agregar los de quienes, sin trabajar en él,
mantuvieron contacto y cercanía con Le Corbusier y visitaron ocasionalmente el taller. Entre ellos, habría
que mencionar los brasileños Lucio Costa y Oscar Niemeyer, que mantuvieron un contacto permanente con
Le Corbusier. Niemeyer sostiene haber ejercido una influencia sobre las últimas obras del maestro.

Otro contacto significativo es el del argentino Amancio Williams, que mantuvo contactos relativamente
permanentes con el maestro, lo conoció personalmente a fines de la década del cuarenta, cuando presenta
algunos de sus proyectos en la rue de Sèvres. La admiración de Le Corbusier por su trabajo se expresa, entre
otros aspectos, en el encargo que este le hace para desarrollar el proyecto y dirigir el proceso de
construcción de la casa Curutchet en La Plata, tarea de la que se hará responsable en una primera etapa. Por
su parte, Williams desarrollará ideas arquitectónicas coincidentes con las de Le Corbusier, como el proyecto
de aeropuerto sobre el Río de la Plata.

En síntesis, el taller de la rue de Sèvres constituirá una referencia permanente en Sudamérica. La presencia
de Le Corbusier y sus ideas como un polo significativo en el desarrollo de la arquitectura sudamericana van
ciertamente más allá de las obras que logró concretar. Por otra parte, la significativa presencia de
arquitectos sudamericanos en su taller da cuenta no solo de la simpatía con que fueron recibidas sus ideas
sino también de la colaboración que recibió para llevarlas adelante.

4 Bajo semejante luz

En presiciones, manifestaba de este modo el cúmulo de expectativas que Sudamérica representaba para él.
En sus artículos para L’Esprit Nouveau y posteriormente en Vers une Architecture, Le Corbusier había
definido la arquitectura como el manejo de los volúmenes bajo la luz. La «luz» sudamericana a la que se
refería en Precisiones, sin embargo, no es la luz genérica de esos primeros escritos –tal vez
inconscientemente la luz mediterrá- nea–, sino la luz de un ámbito geográfico y cultural concreto, en el que
le parece que sus ideas y sus propuestas pueden fructificar.

Es difícil precisar con nitidez cuáles son esas características que Le Corbusier ve como particularmente
esperanzadoras en América. Una mezcla de apertura a lo nuevo y conexión con la tradición cultural europea;
la presencia simultánea de lo remoto y lo cultivado; una capacidad de emprendimiento que él asocia al
espíritu pionero. En definitiva, un ambiente privilegiado para recibir su mensaje. En él, la técnica como base
del lirismo, según la definición de su conferencia en Buenos Aires, no se oponía a una inscripción de la
arquitectura en la esfera del arte, defendida por alguien que confesaba dedicar medio día de su jornada a la
pintura. Que tal posibilidad se dé en lo que él ve como el ambiente cultural de Sudamérica constituye un
dato que no es menor para comprender sus ideas.

En el sentido de encargos para nuevos proyectos, las expectativas de Le Corbusier en Sudamérica no se


cumplieron. Más aún, ellas estuvieron plagadas de equívocos a nivel personal e institucional, a los que sus
permanentes expectativas contribuyeron en una medida no menor. Sin embargo, Sudamérica continuó
teniendo una presencia significativa en su vida profesional y acaso también en la personal.

Las relaciones entre Le Corbusier y Sudamérica son complejas, asumen modalidades variadas y se extienden
por casi cuatro décadas. Tal vez en una forma diversa a la que el imaginó la arquitectura, a que él aludía, con
su colaboración, nació bajo la luz sudamericana. La presencia relativamente menor de obras construidas de
su autoría se debe tal vez precisamente a ello.