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1. La posmodernidad. Una aproximación conceptual.

Según Moret (2012),


“etimológicamente, la post-
modernidad se refiere a algo
posterior a la modernidad”; y
estamos de acuerdo, en tanto
la posmodernidad es una
época diferente a la
modernidad, y sucesiva a ella.

Este mismo autor, argumenta


que la historia de la
humanidad se la concibe como
una sucesión de época o
periodos, por ejemplo, la edad
antigua, la edad media, la
edad moderna y la edad posmoderna. Cada una de ellas, con particularidades distintas,
engendradas y terminadas con algún hecho, suceso o descubrimiento trascendente.

El elemento que está presente entre el fin de la modernidad y el inicio de la posmodernidad, es la


idea de “progreso”. En la modernidad, está aún esta idea. La humanidad va en una línea
ascendente, cada vez mejor, está progresando, pero ante los hechos como las guerras
mundiales, la idea de progreso, se diluye en la desesperanza y la incertidumbre, entonces, es la
incertidumbre y la ambivalencia, los elementos que ocupan un lugar central y caracteriza a la pos
modernidad.

1.1. ¿Cuándo inicia la posmodernidad?

No hay consenso en señalar la fecha o el hecho ícono para indicar el inicio de la


posmodernidad. No obstante, pueden señalarse tres momentos, tres épocas durante el Siglo
XX que evidencias momentos de reflexión en torno al futuro de la humanidad y la finalidad o
razón de ella. Veamos brevemente cada uno de esos momentos o etapas que pueden
considerarse el inicio de la posmodernidad.
1.1.1. 1945.-

Año en que finalizan aquellos periodos fatales para la humanidad, como son las guerras
mundiales. Es precisamente con estos hechos, que se quiebra y se esfuma la idea de
progresos de la humanidad. ¿Puede acaso, considerarse que la humanidad está
progresando con inconcebibles mortandades?

1.1.2. 1968.-

Es otra fecha simbólica de cambio de época en la historia de la humanidad. Aunque no


tan sangrienta en términos cuantitativos como lo fueron las dos pestes mortales de la
primera y segunda guerra mundial, pero al fin y al cabo, igualmente, sangrientas. Pero
no es exactamente, el año 1968, sino, ese quinquenio, 1965 y 1970. En 1968, sucede el
llamado movimiento social en Francia; en 1966, se da inicio a la “revolución cultural” en
la China comunista; en 1968 en Checoslovaquia sucede la “Primavera de Praga”, un
enfrentamiento militar entre la población y el ejército del Pacto de Varsovia; en Estados

Unidos, aparecen protestas contra la guerra de Vietnam por medio de grandes


concentraciones como el “festival de Woodstock”; entre otros hechos similares que
muestran al mundo el sinsentido de la idea de progreso de la humanidad.

1.1.3. 1989.-

Sucede otro hecho que estremece y sorprende a todo el mundo, hasta ese entonces,
bipolar. La caída del “Muro de Berlín”. Un muro que divide no solo a Alemania, sino al
mundo entero; generado y simbolizando toda una treintena de años de miedo, de terror
blanco, de sigilo, de incertidumbre, y de absurdidad frente a la idea de progreso que la
modernidad promocionaba a los cuatro vientos.

1.2. El siglo XX y el fin de un milenio

El Siglo XX, ha sido un siglo de grandes sucesos, imprevisibles en siglos anteriores. Un siglo de
cambios que han obligado a la humanidad a reflexionar sobre su porvenir y la finalidad de su
existencia. En sus inicios la Primera Guerra Mundial (1914-1919), fue el primer gran fenómeno
que descubrió lo más oscuro de nuestra naturaleza al involucrarnos en un hecho que constituía
por sobre todas las cosas, un acto de autodestrucción. 20 años más tarde, la Segunda Guerra
Mundial (1939-1945), otra conflagración mundial que desbordó todo lo imaginable en nuestra
capacidad para destrucción masiva y para dañar a nuestra planeta. La ciencia y la tecnología,
con este hecho, adquieren características inhumanas de tal manera que la idea de progresos y
desarrollo asociados a la ciencia y la tecnología se desvanece paralelo a la idea de un futuro
saludable para nuestra especie.

Terminadas ambas contiendas, emerge un espíritu humanitario con el ideal de proteger a la


humanidad de la humanidad, emergen organismos supranacionales como las Naciones Unidas
que tiene como objetivo principal luchar por la manutención de la paz mundial; no obstante,
surgen también organismos internacionales basados en el armamentismo ante el temor de una
tercera conflagración mundial: OTAN y el Pacto de Varsovia, por ejemplo.

El hecho es que el siglo XX, es el siglo que dio a luz a esta nueva filosofía denominada
posmodernidad. La pérdida de fe en un futuro próspero para la humanidad, se desvanece y
pierde sentido en tanto las amenazas a la propia humanidad, conjuntamente, con las amenazas
y daños a nuestro ecosistema, emergen como dos señales de nuestras ambiciones e
individualismos, ilimitados.

2. Retos y contradicciones de la posmodernidad.

Continuamos leyendo a Moret (2012), ahora sobre las contradicciones que se derivan o forman
parte de la posmodernidad. El autor menciona 04 contradicciones. Contradicciones que nos
ofrecen un panorama favorable de la posmodernidad, por un lado, y por otro, un panorama
desalentador y desfavorable. Describiremos brevemente, cada una de esas contradicciones.

2.1. Primero.-
Teorías sobre el “fin de la historia”. Cita a Fukuyama, un autor americano-japonés quien
sostiene que la historia ha llegado a su fin, en tanto, ya no hay conflictos entre ideas o
programas políticos sobre la alternativa que debe regular la convivencia humana, sino, se ha
llegado a una especie de “consenso”. ¿Qué idea ha ganado? La democracia liberal, o mejor
dicho, el neoliberalismo. Cayó el muro de Berlín, y se acabó la polarización en el mundo.
Pero, dice Moret, citando a otro autor, Baudrillard (sociólogo francés), que lo que hay es una
“exageración de la comunicación”; demasiada información, no son sucesos, sino, solo
información sin coherencia ni vinculación entre ella. Entonces no hay historia, solo noticias;
por lo tanto, si no hay historia, no puede hablarse del “fin de la historia”.

2.2. Segundo.-

Tiene que ver con la personalización o individualización de la sociedad. En este caso, cita a
Gilles Lipovetsky. Pero no solo se percibe un proceso de individualización, sino que, a la par,
también se percibe un proceso de universalización o uniformización de los estilos de vida. Lo
que parce ser una individualización, es a la vez, una universalización. Obviamente, esto es
una contradicción más de la posmodernidad. Por ejemplo, el movimiento de los hippies;
inició como actitudes individualistas, pero luego al convertirse en un movimiento, formó parte
de una masificación de las ideas y de todo aquello que de laguna u otra manera, profesaba o
predicaba.
2.3. Tercero.-

Tiene que ver con el consumo. No obstante, en un inicio la idea fue producir para consumir,
y satisfacer necesidades. Luego, alentando el consumo, se alentó la producción, a tal punto,
que ahora se produce tanto que se ha llegad al hiperconsumo.

Pero no todos pueden consumir o formar parte de este hiperconsumo, y apareen los
“consumidores frustrados”. Al mismo tiempo, aparecen también grupos que se oponen al
consumismo y al hiperconsumo, lo que en un inicio pareció ser una alternativa que
proporcione satisfacción a todos, no ha sido así.

2.4. Cuarto.-

Esta contradicción alude a la sociedad de la información. En este caso, cita al considerado


padre del posmodernismo, el francés Francois Lyotard. Admite que la información es el
elemento con mayor excedente. Existe demasiada información, y a la vez, los canales para
la libre expresión están a disponibilidad de cualquier persona gracias al desarrollo de las
tecnologías de la información y la comunicación. Sin embargo, todos pueden hablar, pero se
pregunta el autor (Moret, 2012), ¿quién escucha?
3. Límites y alternativas de la posmodernidad.

Hablar de posmodernidad, puede resultar un tema muy interesante aunque no necesariamente


consensuemos en su significado o características, e incluso, en su real existencia como un
hecho que todos podemos percibir.

Por ello, se menciona y se debate sobre sus límites y otras opciones para denominar de otra
forma a esta etapa que parece ser una fuente de incertidumbre y confusiones.
Para Moret, por ejemplo, existirían tres opciones conceptuales de posmodernidad, totalmente
diferentes miradas.

En primer lugar, tenemos a los estudiosos de la Escuela de Frankfurt (entre ellos, a Jürgen
Habermas y Jean Baudrillard) quienes conciben que la posmodernidad es una faceta más de la
historia, como un fenómeno inacabado.

En segundo lugar, tenemos a otros estudiosos, entre ellos, al creador del término
“posmodernidad”, Jean-François Lyotard, quienes conciben que la posmodernidad es una etapa
acabada, precisa, limitada, inconfundible de la historia. Y en tercer lugar, a otro grupo de autores,
que sostienen la existencia de un enfrentamiento entre modernidad y posmodernidad, pero que
ésta probablemente represente la solución a los problemas evidenciados en la modernidad.
Incluso, se habla de una cuarta opción, e incluyen al filósofo Michel Foucault, con la salvedad
que no se consideran estudiosos de la posmodernidad, o no se consideran posmodernos, pero
constituyen el grupo de pensadores alternos a la posmodernidad.

Igualmente, entre estos últimos, está el pensador Zygmunt Bauman, quien habla de “modernidad
líquida”, aludiendo a los líquidos que son materia que no tiene forma líquida y se adaptan a la
forma del recipiente que los contiene. Así sería la posmodernidad o esta época que llamamos
posmoderna, sin forma definida, incierta, etc.

4. Las políticas posmodernistas.

La posmodernidad se caracteriza por la emergencia del sujeto; es el sujeto el que toma


las decisiones y es el quien determina la existencia de las cosas o fenómenos en tanto le
significan algo para su propia existencia. Se pretendió en la modernidad que las
regulaciones de lo colectivo perdían consistencia, porque era el individuo el que
prevalecía en todas las dimensiones de la vida social. Estas regulaciones de la vida
colectiva, se asumen como políticas; pero en la posmodernidad también se habla de las
políticas. En esta oportunidad tomamos la mirada de Zygmunt Bauman (1996), quien
menciona 4 políticas de la posmodernidad, todas ellas, girando en torno a la máxima
posmoderna: los derechos humanos.
1.1. La política tribal.

Si bien es cierto el mundo es un mundo globalizado, no se ha perdido la existencia de


las localidades o localismos, o subsistencia de la tribu, como comunidades ferradas a
sus tradiciones y costumbres al margen de los avances de la globalización. Entonces,
las comunidades también pelean por la atención pública por prevalecer en competencia
con otras identidades de alcance global.

1.2. La política de deseos.

Cada individuo construye su propia identidad, tiene sus propios deseos, toma sus
propias decisiones que buscan fortalecer su propia identidad; todo ello en busca de una
vida decente aunque sea solo ilusiones. Los deseos son individuales, pero tienen
sentido en contextos determinados. Por ejemplo, los deseos de una mujer cristiana no
son los mismos que los deseos de una mujer musulmana; y ambos casos, tendrán
sentidos los deseos, en sus contextos respectivos.
1.3. La política del temor.

Los individuos en la vida posmoderna también viven con temores, por ejemplo, la
contaminación ambiental, el desgobierno; mientras que la época moderna el temor eran
los totalitarismos o la conversión del estado en un ente monopolizador de la vida pública
y privada. Tiene relación con la política de deseos en la que el sujeto se constituye en
una autoconstrucción de su propia vida, tomando decisiones que siempre acarrean
temores o sospecha de daños a la convivencia colectiva.

Son temores que paralizan al individuo y a las instituciones. En esos términos, la


incertidumbre es un factor que acompaña y forma parte de todas las dimensiones de la
sociedad posmoderna. El porvenir es incierto e imprevisible, se vive el momento, el

ahora; pero el mañana está en un espacio donde cabe todo, excepto la certeza.

1.4. La política de certidumbre.

El sujeto posmodernista cree en sus propias ilusiones, deseos y aspiraciones o


concepciones que autoconstruye en su cotidiana sobrevivencia. Es un sujeto
desconfiado, que tiene fe solo en sus propias creencias, en sus propias fuerzas. Es un
individuo que vive aislado de los demás, se relaciona con ellos pero guarda reservas
sobre las creencias y decisiones de los otros. Es un individuo que cree en sus propias
ideas sin importar las ideas de los demás.

Pero este sujeto posmodernista, acompaña a sus propias creencias y aspiraciones de


certidumbre, a todo lo demás, le provee de una incertidumbre que lo asfixia y lo aísla
muchos más, haciendo de esta sociedad un grupo de personas juntas, pero a la vez.,
separadas.
2. Ética posmodernista.

En la posmodernidad,
el debate está centrado
entre lo público y lo
privado. Mientras el
sujeto es un ser
autónomo y
responsable de sus
propias decisiones, era
necesario normar la
vida colectiva, para que
las decisiones
autónomas de los
sujetos no
contravengan o se enfrenten con las decisiones autónomas de los otros sujetos. En
otros términos, lo que no era normado o reglamentado era considerado propia del
ámbito privado.

Por otro lado, en la modernidad, lo moral era reemplazado por normas jurídicas, lo
jurídico era moral, y lo no jurídico inmoral. Pero en la posmodernidad se vive un
permanente conflicto: por un lado el pluralismo del poder, es decir la convivencia
heterogénea entre los aspirantes al poder político, y por otro lado, la autonomía del
sujeto que siempre viven autoconstruyéndose. Es decir, la toma de decisiones a nivel
institucional y la toma de decisiones a nivel individual.

Ello genera un conflicto entre agencias o instituciones, entre individuos y agencias o


instituciones, y entre instituciones e individuos. No obstante, en la posmodernidad el
centro es el sujeto, y este sujeto es un sujeto moral, consciente de sus decisiones que
toma y de su autonomía, consciente de los riesgos de su autonomía que podría
enfrentarse a decisiones u autonomía de otros sujetos y de otras instituciones.

En suma, en la posmodernidad, como bien anota Bauman (1996), “todo sujeto es un


sujeto moralmente competente”. A nadie se le exime de la responsabilidad de sus
decisiones.