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Evangelio de san Marcos 1,29-39

CUANDO SALIÓ DE LA SINAGOGA SE FUE CON SANTIAGO Y JUAN A CASA DE


SIMÓN Y ANDRÉS. LA SUEGRA DE SIMÓN ESTABA EN CAMA CON FIEBRE; Y
LE HABLAN DE ELLA. SE ACERCÓ Y, TOMÁNDOLA DE LA MANO, LA
LEVANTÓ. LA FIEBRE LA DEJÓ Y ELLA SE PUSO A SERVIRLES (Después del
exorcismo en la sinagoga, Jesús se dirige con los cuatro discípulos, que fueron
considerados como sus acompañantes, a la casa de Simón y de Andrés. La casa (οἰκία y
οἶκος), una especial como aquí o una no determinada con más detalles, es en Marcos una y
otra vez lugar de estancia de Jesús y de los discípulos y el escenario de su actuación. La
tradición prefiere la casa como lugar donde se instruye a los discípulos (7,17: “Y cuando
dejó a la multitud y entró en la casa, sus discípulos le preguntaron acerca de la parábola”;
9,28: “Cuando entró Jesús en la casa, sus discípulos le preguntaban en privado: ¿Por qué
nosotros no pudimos echarlo fuera?”; 9,33: “Y llegaron a Cafarnaúm; y estando ya en la
casa, les preguntaba: ¿Qué discutíais por el camino?”; 10,10: “Y ya en la casa, los
discípulos volvieron a preguntarle sobre esto”). Esta concepción provendría probablemente
de que, en las comunidades, las casas servían como lugares de reunión para la catequesis y
para el culto. Cuando tiene lugar en la casa de Simón la primera curación de enfermos, los
discípulos son testigos de ella. La suegra de Simón, que vivía con él, está enferma de fiebre.
Esta descripción, indeterminada para nosotros, pero que para los antiguos lectores daba a
entender suficientemente la peligrosidad de la situación en la que se encontraba, es
subrayada mediante el extraño verbo κατάκεῖσθαι («estar postrado», Marcos 2,4: “Y como
no pudieron acercarse a Él a causa de la multitud, levantaron el techo encima de donde Él
estaba; y cuando habían Hechoso una abertura, bajaron la camilla en que yacía el
paralítico”; Juan 5,3: “En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos
que esperaban el movimiento del agua”; 5,6: “Cuando Jesús lo vio acostado allí y supo que
ya llevaba mucho tiempo en aquella condición, le dijo: ¿Quieres ser sano?”). Ella está
postrada en el lecho. En la antigüedad se definió la fiebre como calentura antinatural. Una
baraita llama a la calentura de la fiebre un fuego que bebe pero no come. Naturalmente
ellos - los discípulos, en la redacción anterior a Marcos los presentes - no hablan a Jesús de
ella porque quieran alegar el impedimento como disculpa por la falta de hospitalidad, sino
porque quieren llamar su atención acerca de un caso de enfermedad. La curación se lleva a
cabo mediante el conocido gesto del tomar de la mano y el levantar (9,27: “Pero Jesús,
tomándolo de la mano, lo levantó, y él se puso en pie”; 5,41-42: “Y tomando a la niña por
la mano, le dijo: Talita cum (que traducido significa: Niña, a ti te digo, ¡levántate!)”. Al
instante la niña se levantó y comenzó a caminar, pues tenía doce años. Y al momento se
quedaron completamente atónitos). Del taumaturgo fluye la fuerza curativa. Pero en este
caso Jesús no se sirve de palabra alguna ni pronuncia una oración, como solía hacer en
situaciones similares el apóstol Pablo que, en la isla de Malta, libró de la fiebre y
enfermedad a Publio imponiéndole las manos y haciendo oración (Hechos 28,8: “El padre
de Publio estaba en cama con fiebre y disentería. Pablo fue a verlo, oró, le impuso las
manos y lo curó”) o rabí Hnina ben Dosa, que suplica compasión para un enfermo de
fiebre. Jesús cura mediante la fuerza que posee. Tal vez el entrar (προσελθὼν) de Jesús -
este verbo no aparece en ninguno de los restantes relatos de curación de Marcos- quiere dar
a entender que la mujer tenía su lecho en la habitación destinada a las mujeres. En su
presentación respectiva de la escena, Lucas la presentó con tono más exorcizante (4,39:
«conminó a la fiebre», como a un demonio), a pesar de que el atribuir la enfermedad al
demonio era una interpretación tan extendida que puede presuponerse también como
conocida por Marcos. El que la mujer pueda ponerse inmediatamente a servir a los
huéspedes demuestra a los ojos de todos que su salud ha sido restablecida. Marcos no
entendió este servicio como permanente, a partir de ese momento. Tal vez sí el documento
previo, especialmente si decía «y ella le servía». La cristología propia de la tradición es la
de Jesús obrador de milagros que dispone de poder para hacer desaparecer la enfermedad.
A la pregunta de por qué continuó siendo transmitido este relato que, en su brevedad,
apenas si encierra interés kerigmático especial, hay que responder diciendo que el valor de
la tradición debería verse en su conexión con la casa y con la familia de Simón. Por eso
puede opinarse que conservó el recuerdo histórico de una curación con la que fue agraciada
la suegra de Simón en Cafarnaúm. De ahí puede deducirse que Simón, que fue considerado
como natural de Betsaida (Juan 1,44: “Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y de
Pedro”) (¿mediante su casamiento?), pasó a vivir a Cafarnaúm, a la casa de sus suegros.
Otras conclusiones parecen no estar justificadas. Ni Simón era viudo - en contra habla 1
Corintios 9,4-5 (“¿Acaso no tenemos derecho a comer y a beber, a viajar en compañía de
una mujer creyente, como lo hacen los demás Apóstoles, los hermanos del Señor y el
mismo Cefas?”)- ni fue ésta la primera curación de Jesús en la que puso de manifiesto las
fuerzas curativas que Dios le había conferido. La colocación de la escena al comienzo se
debe a la redacción. En resumen, Marcos coloca el relato en este lugar porque le da la
posibilidad de trazar el desarrollo de la actuación de Jesús desde el llamamiento de los
primeros cuatro discípulos pasando por la sinagoga y por la casa hasta alcanzar una
notoriedad pública creciente. Pensó el evangelista que este lugar del comienzo era el marco
más adecuado para la curación de la familia de Simón en este ambiente casero y familiar.
La autoridad de Jesús se puso de manifiesto de múltiples maneras) AL ATARDECER, A
LA PUESTA DEL SOL, LE TRAJERON TODOS LOS ENFERMOS Y
ENDEMONIADOS; LA CIUDAD ENTERA ESTABA AGOLPADA A LA PUERTA.
JESÚS CURÓ A MUCHOS QUE SE ENCONTRABAN MAL DE DIVERSAS
ENFERMEDADES Y EXPULSÓ MUCHOS DEMONIOS. Y NO DEJABA HABLAR A
LOS DEMONIOS, PUES LE CONOCÍAN) El sábado, marcado por la visita a la sinagoga
y por la curación en la casa de Simón, está terminando. Con la puesta del sol termina el día
de reposo. Así las gentes pueden traer ahora a sus enfermos a Jesús, cuya fama como
realizador de milagros comienza a extenderse. Con anterioridad se ha descrito ya el
exorcismo y la curación en particulares que se repiten ahora en muchos. En secuencia
inversa se menciona a los enfermos antes que a los posesos. El término utilizado para
designar a estos últimos (δαιμονιζομένους) se ha considerado como típicamente helenístico
(Marcos 5,15-18: “Cuando llegaron adonde estaba Jesús, vieron sentado, vestido y en su
sano juicio, al que había estado poseído por aquella Legión, y se llenaron de temor.

16 Los testigos del hecho les contaron lo que había sucedido con el endemoniado y con los
cerdos.

17 Entonces empezaron a pedir a Jesús que se alejara de su territorio.

18 En el momento de embarcarse, el hombre que había estado endemoniado le pidió que lo


dejara quedarse con él”). Toda la ciudad se congrega ante la puerta de Simón. Cafarnaúm
es para Marcos un lugar significativo. Merece la pena tener en cuenta la distinción de que
todos los enfermos se congregan y muchos de ellos son curados. Algunos no son sanados.
Pero no es eso lo que importa. Se trata de transmitir un cuadro creíble. Un cuadro similar,
con mucha gente acercándose, se habría repetido en el trabajo misionero cristiano. Pero no
es suficiente venir a Jesús para ser curado por él. El mandato de guardar silencio desplaza
la revelación que se produce en los milagros a la luz crepuscular del misterio. Claramente el
evangelista ha armonizado 34b (“Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían”)
con la escena en la sinagoga (23-25: “Había precisamente en su sinagoga un hombre
poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: « ¿Qué tenemos nosotros contigo,
Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios.» Jesús,
entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él»”), con lo que ha interpretado a ésta. El
verbo εἰδέναι (ver, saber, considerar, percibir, conocer) aparece sólo en este mandato de
guardar silencio, como en la confesión del espíritu inmundo de la sinagoga. La orden de
enmudecer se convierte para Marcos en orden de guardar silencio. Dada la estrecha
referencia a 23-25 (“Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu
inmundo, que se puso a gritar: « ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has
venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios.» Jesús, entonces, le conminó
diciendo: «Cállate y sal de él»”) puede faltar en el mandato de guardar silencio una
explicación del conocimiento de los demonios. Se trata de la comprensión de la persona de
Jesús. Esta está velada a los hombres. En resumen, Marcos creó el sumario en este lugar,
ante todo para mostrar a través del ejemplo de una ciudad cómo la actuación de Jesús
incluye a los hombres y cómo la soberanía de Dios se pone de manifiesto como poder
auxiliador y sanador en los enfermos y posesos. La «redención» se concretiza también en el
ámbito físico y afecta incluso a las raíces de la amenaza, personificada para la concepción
del mundo de entonces en los demonios. Además, el evangelista apunta a comunicar la
revelación de Dios dada en Jesús. Para entenderla, no basta con exponer ante él la
necesidad propia. Esto da a entender el primer mandato de guardar silencio. Tendremos que
prestar atención al desarrollo de este punto de vista) DE MADRUGADA, CUANDO
TODAVÍA ESTABA MUY OSCURO, SE LEVANTÓ, SALIÓ Y FUE A UN LUGAR
SOLITARIO Y ALLÍ SE PUSO A HACER ORACIÓN. SIMÓN Y SUS COMPAÑEROS
FUERON EN SU BUSCA; AL ENCONTRARLE, LE DICEN: «TODOS TE BUSCAN.»
ÉL LES DICE: «VAYAMOS A OTRA PARTE, A LOS PUEBLOS VECINOS, PARA
QUE TAMBIÉN ALLÍ PREDIQUE; PUES PARA ESO HE SALIDO.» Y RECORRIÓ
TODA GALILEA, PREDICANDO EN SUS SINAGOGAS Y EXPULSANDO LOS
DEMONIOS (Una vez más encontramos una doble indicación de tiempo en la que la
segunda puntualiza a la primera. Cuando aún es de noche, Jesús sale -según el contexto, de
la casa de Simón, donde había pernoctado - para orar en un lugar solitario. No debe
psicologizarse este ponerse en camino. Ni se trata de una huida ante un reconocimiento
entusiasmado ni de un rechazo de nuevas curaciones. También la alusión a la oración de la
mañana como costumbre judía es desorientadora. Todos los demás duermen aún. Más bien
el evangelista quiere destacar lo especial de la actuación de Jesús. Oración y misión de
predicar constituyen una unidad indisoluble. Hay que concebir la oración como un hablar
en voz alta. Jesús ora en lugar solitario, en el monte (6,46: “Una vez que los despidió, se
retiró a la montaña para orar”), también ante los discípulos (14,32-36: “Llegaron a una
propiedad llamada Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos: «Quédense aquí, mientras yo
voy a orar». Después llevó con él a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir temor y a
angustiarse. Entonces les dijo: «Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí
velando». Y adelantándose un poco, se postró en tierra y rogaba que, de ser posible, no
tuviera que pasar por esa hora. Y decía: «Abba –Padre– todo te es posible: aleja de mí este
cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya»”). Simón y los restantes discípulos,
que se dan cuenta de que se ha marchado, salen tras él. Que su comportamiento no puede
aceptarse y no es claro lo indica el verbo καταδιώκειν («perseguir»), pero también sus
propias palabras. La «búsqueda» está mezclada de deseos egoístas (como 3,32: “La
multitud estaba sentada alrededor de Jesús, y le dijeron: «Tu madre y tus hermanos te
buscan ahí fuera»” y Juan 6,24-26: “Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus
discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm en busca de Jesús. Al
encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo llegaste?». Jesús les
respondió: «Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han
comido pan hasta saciarse”). Incluye la invitación a permanecer todavía en la ciudad. Jesús,
por el contrario, invita a sus discípulos a acompañarle a otros lugares en su actividad de
predicación. La proclamación es su tarea única. El infrecuente κωμοπόλεις (lugar, ciudad) -
sólo aquí en todo el nuevo testamento designa, junto a la ciudad, generalmente amurallada,
y al poblado, algo intermedio: una población similar a una ciudad o una villa que, en cuanto
a constitución, tiene sólo la condición de una aldea. La fundamentación de que Jesús ha
salido a esta misión amplia describe su tarea en conjunto y es más que una explicación de
su partida de Cafarnaúm. La formulación tiene resonancias joánicas, pero no se ha
desarrollado aún hasta alcanzar la importancia de la idea de la preexistencia. Es importante
que Jesús predique «en sus sinagogas». Esto empalma ciertamente con 1,21 (“Llegan a
Cafarnaúm. Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar”) y generaliza el
caso especial en conformidad con la clase del relato de sumario, pero refleja la situación de
proclamación de la comunidad misionera y no responde a la actuación del Jesús terreno.
Este habló a los hombres allí donde los encontró. La sinagoga es el punto de contacto
preferido para los mensajeros de la fe en la diáspora. Incluso podrá suponerse que el
cambio de la ciudad como centro a su entorno corresponde al trabajo misionero cristiano.
Galilea es la provincia de la predicación de Jesús. Los exorcismos confirman su
predicación. En el trozo de paso que constituye 35-39 (“De madrugada, cuando todavía
estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración.
Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan.» Él
les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues
para eso he salido.» Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los
demonios”) pueden reconocerse los siguientes puntos de interés de Marcos: Jesús abarca
con su actividad la totalidad de Galilea. La falta de comprensión de los discípulos aparece
por primera vez. Predicación y actuación poderosa constituyen una unidad.