Está en la página 1de 5

HISTORIETA EN LA ARGENTINA

La historieta en la Argentina es una de las tradiciones de historieta más importantes a nivel mundial y la más importante a nivel
latinoamericano, viviendo su «época dorada» entre las décadas de 1940 y 1960. Poco después, en 1970, el teórico Oscar Masotta
sintetizaba sus aportaciones en el desarrollo de modelos propios de historieta de acción (Oesterheld, Hugo Pratt), cómica (Dino
Battaglia, Divito, Quino) y folclórica (Walter Ciocca) y la presencia de cuatro grandes dibujantes (José Luis Salinas, Arturo del
Castillo, Hugo Pratt y Alberto Breccia).

>Historia
La historieta Argentina comienza su historia a finales del siglo XIX, en la revista Caras y Caretas, donde aparecen los primeros
relatos ilustrados y la inclusión de globos de diálogo en el dibujo. La historieta seguirá desarrollándose en el país hasta lograr el
nivel más alto entre las décadas de 1940 y 1960, la llamada "Época Dorada". Luego de esta etapa la historieta nacional irá
decayendo hasta llegar al punto de no existir ninguna publicación del género en la década de 1990 (exceptuando los autores que
se autopublicaban). A partir de los años 2000 se ha intentado revalorizar el género, por medio de recopilaciones de viejas histo-
rietas. Un hecho significativo ha sido la vuelta a los kioscos de la mítica revista Fierro, que cuenta con los autores más reconocidos
del país.

A finales del siglo XIX, un grupo de importantes ilustradores europeos (franceses y españoles principalmente) que se habían
formado en la caricatura y la sátira empezarían a desarrollar su trabajo en las siguientes publicaciones de Buenos Aires:

 El Mosquito, un periódico dominical de características "satírico-burlescas. Sus colaboradores más reconocidos fueron
Meyer y Enrique Stein.
 Don Quijote del español Eduardo Sojo, publicada entre el 16 de agosto de 1884 y el 1 de noviembre de 1905, que se
dedicaba a la publicación de humor político crítico y mordaz con el poder de la época, lo que acarreó presiones, secues-
tros de ejemplares y censura, e incluso Sojo fue encarcelado en algunas ocasiones.
 PBT publicada desde el 24 de septiembre de 1904 por Eustaquio Pellicer albergó en sus páginas los trabajos de dibu-
jantes como Manuel Mayol, José María Cao, Sanuy, Navarrete, Fortuny; y redactores como Bosco, Molina, Castro Ri-
vera, Eusebi, entre otros.

Un nuevo lenguaje
La revista Caras y Caretas fundada por Eustaquio Pellicer en 1898 y dirigida por Fray Mocho será la primera donde además de
la sátira política se empiecen a ver relatos costumbristas. En 1912 se publica en ella la primera historieta que se hace eco de las
novedades estadounidenses, pues incorpora personajes fijos, continuidad y globos de diálogo: Se trató de la tira Viruta y Chi-
charrón, cuyo autor es incierto. Hay quien sostiene que al principio era realizada por un autor estadounidense, del cual no se
conoce el nombre y luego sería continuada por Manuel Redondo, Juan Sanuy, o ambos; y otros que asignan su autoría a Manuel
Redondo, e incluso otra versión afirma que los autores eran Manuel Redondo con la colaboración de Sanuy, siendo los perso-
najes "la versión vernácula de SpareRibs and Gravy, dos personajes de Geo Mac Manus".Un año más tarde se publicó, también
en Caras y Caretas, la historieta de Redondo llamada Sarrasqueta, la cual se mantuvo hasta la muerte del autor. Esto (la publi-
cación de las tiras en Caras y Caretas) da a la historieta argentina una particularidad distintiva: en general, el cómic nace en las
páginas de un periódico, mientras que en este caso aparece en una revista específica y representante del humor, gráfico y
escrito.

En 1946, en la revista PBT, se publica Aventuras de un matrimonio aún sin bautizar, más tarde llamada Las Aventuras de Don
Tallarín y Doña Tortuga, obra de Oscar Soldati, con un planteo técnico y temático sin precedentes en el país. En 1918 Mundo
Argentino publicó Las aventuras de Tijerita, de Lanteri.

Fundada en 1919 por Constancio Vigil, Billiken fue la primera revista infantil en incluir historietas. En sus páginas se pudieron ver
obras de Gastón Leroux, Fola, Vidal Dávila e historietas estadounidenses, siendo incluso la primera en publicar Superman.

La popularización de la historieta
En esta década, precisamente en 1920, La Nación se convierte en el primer diario argentino en publicar historietas. La obra
elegida fue Bringing Up Father de George McManus, traducida como Pequeñas delicias de la vida conyugal y sus protagonistas
como Trifón y Sibebuta. En la revista El Hogar y salida de la pluma de Lanteri, aparece en 1922 la exitosa Aventuras de Don
Pancho Talero de la cual más tarde surgieron dos exitosos films basados en el personaje.
Es evidente el auge del medio teniendo en cuenta que casi toda revista de actualidad de la década contenía historietas. Se
pueden mencionar en primer lugar a las revistas El Suplemento: Panitruco (dibujos de un debutante Dante Quinterno y guion de
Leroy); La Novela Semanal: Página del Dólar (1923) (auspiciada por la marca de cigarrillos Dólar) y La Familia de Don Sofanor
(1925) de Arístides Rechain, Andanzas y desventuras de Don Manolo Quaranta (1926), primer personaje creado por Dante
Quinterno, La barra de Candelario de Gutiérrez y Pepinito y su novia de González Fossatt; Mundo Argentino: Anacleto (1924) de
Lanteri, Firulete y Retacón (1924) de González Fossat y el primer éxito de Quinterno, Don Fermín (más tarde Don Fierro); Feme-
nil: Pantaleón Carmona (1927) de Messa y Las hijas de Pastasciuta (1928) de Oscar Soldati.10 2 13

En 1922 nace Páginas de Columba, del dibujante argentino Ramón Columba, quién le dio lugar al desarrollo de artistas locales.
Es en esta revista donde se publica Jimmy y su pupilo (1924) de Gónzalez Fossat, considerada la primera historieta deportiva y
que además fue la precursora del clásico continuará, marcando así que la historia tenía continuidad en el número siguiente y no
se trataba de historias aisladas. De esta publicación en 1928 se desprende la primera revista que contenía únicamente historietas:
El Tony.
Al notar que la publicación de Bringing Up Father tuvo éxito, los responsables del diario La Nación deciden incluir una segunda
obra del género en 1926: Betty de Charles Voight. El 26 de septiembre de 1928 aparece el primer número de El Tony (sucesora
de Páginas de Columba). Se trata de un semanario de 16 páginas, impreso a una tinta de color. El proyecto era publicar adap-
taciones de famosas novelas de aventuras: tarea que recae, principalmente, sobre Raúl Roux. El 19 de octubre hace su aparición
uno de los personajes de mayor importancia en la historieta argentina: el indio Patoruzú. Lo hace como personaje secundario de
la tira Las Aventuras de Don Gil Contento (previamente llamada Un porteño optimista) publicada en Crítica que es levantada al
poco tiempo y su autor, Dante Quinterno muda al diario La Razón.

En 1929, también en Crítica se publica una historieta de carácter serio: El Tigre de los Llanos, obra de Raúl Ramauge en la cual
se narraba la vida de Facundo Quiroga recurriendo a grandes cuadros de textos, pero sin utilizar globos de diálogo.10 Completan
la serie de relatos argentinos realizados por este autor: La estancia del ombú, Marta Riquelme, Martín Fierro y Vida de Manuelita
Rosas.

Ya en los años 30, el diario La Opinión publica Ramona, una tira firmada por Lino Palacio (quien en 1934 publica Don Fulgencio
en La Prensa) y Caras y Caretas presenta Las desventuras de Maneco de Linage, personaje de cierta popularidad en la época.

El año 1937 vio el nacimiento de una nueva serie humorística en la revista ¡Aquí está!: Conventillo, obra de Héctor Torino. Esta
tira cambió de nombre varias veces durante los cuarenta años de su existencia y contó con la aparición de un personaje recono-
cido popularmente: Don Nicola. Ese mismo año, salió a la luz una nueva revista: Pif Paf, que rompió con el modelo de historietas
con extensas descripciones literarias de la acción (presente en El Tony) con un nuevo formato y distribución en página de las
series.

La época dorada (1943-1960)

Para el teórico Oscar Masotta:


A mediados de los años cuarenta la publicación de tres revistas inicia una nueva era, una edad de oro que no se prolongará
en cambio mucho más allá de la entrada de los años sesenta: Rico Tipo (1944), Patoruzito (1945) e Intervalo (Editorial Columba,
1945). Suben de inmediato las cifras de venta. Se crea entonces un sindicato argentino, Surameris, que asociado con la Edi-
torial Abril será el encargado a comienzos de los años cincuenta de traer al país al grupo italiano de Pratt y Ongaro.

Uno de los puntos de inflexión en la forma de hacer historietas que caracterizó a este periodo fue consecuencia de la urgencia
por apurar la producción editorial, estandarizando las series. Este hecho fue el surgimiento de un nuevo rol: guionista, tarea que
recayó en las manos de escritores, periodistas y redactores publicitarios, quienes carecían de una técnica de los cómics: Vicente
Barbieri, Isaac Aisenberg, Conrado Nalé Roxlo y Manuel Peyrou. Todavía no existía una conciencia de cómo podía estructurarse
una relación entre guionista y dibujante. En parte esto se podía ver en el tamaño desmesurado de los bloques de texto que a
veces llegaban a desplazar al dibujo a un segundo plano. Leonardo Wadel es, por el contrario, uno de los primeros guionistas
que se despegan de esta concepción de la historieta como lenguaje subsidiario de otros géneros. Comenzó a publicar en 1936
la serie Kharú, el hombre misterioso con dibujos de Carlos Clemen en la revista Mustafá.

En el mes de noviembre de 1944 comenzó a publicarse una de las revistas que más repercusiones tuvieron en el medio gráfico:
Rico Tipo. Su creador, Guillermo Divito, había sido hasta ese momento parte de la editorial de Dante Quinterno y decide convocar
para este emprendimiento a Oski, Ianiro y Liotta. Los personajes de la revista, todos creación de Divito, eran fieles reflejos de la
sociedad de la época: El doctor merengue, las chicas, Fúlmine, Bómbolo y Falluteli, entre otros.

En esta época, se empiezan también a publicar historias de aventuras con un grafismo más realista. Es el caso de las series Kid,
de Río Grande (1942) de Alberto Breccia, y Miguel Strogoff y La Costa de Marfil (adaptaciones de la obra de Julio Verne y de
Emilio Salgari, respectivamente), de José Luis Salinas.

En octubre, Dante Quinterno saca a la luz un nuevo semanario de historietas: Patoruzito (incluía en sus páginas centrales la
versión infantil de Patoruzú, creada por Tulio Lovatto y Mirco Repetto), todas hechas por historietistas del país y con dos temáticas
principales: acción y aventuras.

En la década de 1960, el cómic argentino está signado por dos factores contrarios: por un lado esta época marca el inicio de una
disminución en la producción de material y un debilitamiento en la industria. La aventura editorial (Editorial Frontera) de Oester-
held termina en 1963 con el número 77 de Hora Cero "Extra" y los derechos de sus personajes pasan a Editorial Ramírez.
También sufren un impacto grandes editoriales como las que publicaban Misterix y Rico Tipo. El fin de la década trae consigo el
cierre de algunas editoriales y un cambio de concepción respecto a la importación de material extranjero, el cual ya no es tan
requerido por el público lector de historietas. A partir de ese momento la producción pasa a ser local y afín a los gustos de una
nueva generación de lectores.

La historieta sobreviviente
En el 2000 el diario Clarín incluyó El Eternauta en su colección La Biblioteca Argentina / Serie Clásicos. Un año después cierra
Columba. Intentando adaptarse a las nuevas tendencias lanzó una serie de comic-books con algunos de sus personajes más
conocidos, sin embargo, la poca venta obliga a levantar las publicaciones y en mayo salen los últimos números. Cierra así la
editorial que por más tiempo publicó historietas en el país.
En 1951, precisamente en la revista Cinemisterio, publica su primer trabajo el que se convertiría en uno de los guionistas más
importantes del país: Héctor Germán Oesterheld. Al mismo momento se suma otra editorial a la publicación de historietas con
una revista mensual: Pimpinela (la mayoría de las revistas eran semanales). En ella destaca Duval y Gordon de Wadel y Vieytes.
Al año siguiente se publica el que sería el primer éxito de Oesterheld: Bull Rocket, con dibujos de Paul Campani en la revista
Misterix. Ya en 1953 comienza a publicarse en la misma revista otra de las obras más conocidas del guionista: Sargento Kirk,
junto al dibujante italiano Hugo Pratt. En 1954 irrumpe en la escena una nueva revista de Códex: Gatitos, dedicada al público
infantil y con la colaboración de Oesterheld. Ese mismo año, dentro de Pimpinela surge un suplemento, Sabú, dibujada por Carlos
Roume y con guiones del prolífico guionista Leonardo Wadel.
Oesterheld posa para el primer número de Hora Cero Semanal.

En 1955, Oesterheld crea Editorial Frontera junto a su hermano Jorge. Publican versiones noveladas de Bull Rocket y Sargento
Kirk. Dos años después salen las primeras revistas de la editorial: Frontera y Hora Cero que se publican mensualmente y tenían
la característica de contener historias autoconclusivas. La mayoría de los guiones corren por cuenta de Oesterheld y cuenta con
numerosos dibujantes. El 4 de septiembre aparece Hora Cero, Suplemento Semanal dedicada a las historias continuadas (Desde
2005 se festeja el Día de la Historieta los 4 de septiembre en honor a la publicación).18 Es en esta revista que comienza a
publicarse El Eternauta, clásico de la historieta argentina, con guion de Oesterheld y dibujos de Francisco Solano López.

Ese mismo año Columba saca una nueva revista: D'Artagnan y Landrú lanza su propia revista que llevara el nombre de uno de
sus personajes: Tía Vicenta, dedicada al humor.

19 Se producen entonces innovaciones que constituyen novedades en la articulación (o la oposición) entre dibujo y texto, o entre
relato y secuencia gráfica.20
El lento declive (1961-1983)

El ingreso al país, en forma masiva, de revistas mexicanas (principalmente de Editorial Novaro) a un precio mucho menor y
mejor calidad.
La invención de la televisión (este factor se da a nivel mundial), que se convirtió en la moda del momento y era gratis.
La partida a Europa de los mejores dibujantes (donde tienen mayores oportunidades y mejor remuneración) repercute en un
descenso en cuanto a calidad artística.7

Columba es la única editorial que subsiste a esta crisis manteniendo sus publicaciones tradicionales, pero sacrificando para ello
la calidad de edición y espaciando la periodicidad de sus publicaciones: las semanales pasaron a ser quincenales o mensuales.
También reemplazó las historietas continuadas por historias autoconclusivas.7

Por otro lado, y ya desde los últimos años de la década anterior la historieta argentina había comenzado un proceso de reformu-
lación, de innovaciones formales, que fue proveyéndola de rasgos que le otorgaban una individualidad propia, diferente a otras
tradiciones. De la mano de dibujantes como Alberto Breccia, Francisco Solano López, Hugo Pratt, Daniel Haupt y Gustavo Trigo
se introduce un expresionismo que se manifiesta, entre otros rasgos, en el cultivo sincopado de los contrastes de tono; en la
línea escueta; en la definción de tipos faciales y corporales extremos; en la instalación permamente de detalles que remiten a lo
terrible o lo grotesco. Pero estos rasgos no componen un estilo, una novedad (el expresionismo estaba presente en la historieta
mundial desde hacía tiempo: Krazy Kat, The Spirit, Dick Tracy). La innovación argentina consistió en la articulación de ese estilo
de dibujo con narraciones novelísticas, aventuras que suponían motivaciones psicológicas complejas. El principal guionista de
este momento y quién sentó las bases de la nueva forma de narrar fue Héctor Germán Oesterheld.21 Entre 1962 y 1964, Oes-
terheld, junto a Alberto Breccia forman una dupla de innovadores para crear uno de los personajes más reconocidos del cómic
argentino: Mort Cinder (publicado en Misterix), un sujeto que muere y resucita constantemente.

Es también en esta década que surgirá otro de los íconos historietísticos argentinos: Mafalda, de Quino.22 Esta tira, que fuera
pensada para la publicidad de una línea de electrodomésticos, hace su debut en las páginas de Primera Plana el 29 de septiembre
de 1964. En 1965, por diferencias con los editores, Quino traslada su tira al diario El Mundo, de gran circulación a nivel nacional.
Un año después Mafalda se multiplica en diarios de todo el país y también de Uruguay y hacia fin de año se publica el primer
libro recopilatorio, agotado en dos días.22 En 1968, tras el cierre de El Mundo, reaparece en Siete Días y es también publicada
en Italia. Para 1971 la tira ya es traducida en nuemerosos idiomas: portugués, inglés, alemán, danés, sueco y flamenco. Dos
años después, el 25 de julio se publica la última tira, por decisión irrevocable de su propio autor. Luego de ésto sólo aparecerán
dibujos ocasionales (por ejemplo, los que Quino hizo para la campaña de Declaración de los Derechos del Niño que organizó
UNICEF en 1977)22

En 1966 hizo su debut un historietista, aunque paraguayo, de gran trayectoria en la Argentina: Robin Wood. Lo hace en la revista
D'Artagnan junto al dibujante Lucho Olivera con una historieta llamada Aquí la retirada. Un año después, la misma dupla publica
el primer episodio de su exitosa obra, Nippur de Lagash.

En ese mismo año el gobierno clausura la revista Tía Vicenta, luego de que aparecieran chistes con la apariencia física del por
entonces presidente Juan Carlos Onganía.23
En octubre de 1968, en consonancia con la nueva conciencia del medio a nivel mundial, el Instituto Di Tella de Buenos Aires
organizó la Primera Bienal Mundial de la Historieta, con representación de los países con mayor tradición historietística a nivel
mundial: Argentina, Estados Unidos, Brasil, Japón, Italia, Francia, Inglaterra y España.24 La muestra puso en la escena interna-
cional a los artistas argentinos e hizo que fueran conocidos en círculos ajenos a la historieta. Además, apareció la revista LD
(Literatura Dibujada), fundada por Oscar Masotta. Aunque de corta duración (3 números entre noviembre de 1968 y enero de
1969) representó la primera revista en publicar ensayos, comentarios y crítica sobre historieta.

También ese año Oesterheld y Alberto Breccia vuelven a colaborar, esta vez sumando al hijo del segundo: Enrique. Juntos crean
Che, la vida del Che Guevara, para la editorial Jorge Álvarez. Sin embargo, el gobierno censura la obra y suspende la circulación,
secuestrando los originales.

En 1969, en la revista Gente Oesterheld y Alberto Breccia realizan una segunda versión de El Eternauta. Sin embargo, los
editores del semanario no están muy conformes con la historieta y deciden dejar de publicarla, obligando así a que Oesterheld
resumiera el argumento para darle un fin.
Años 1970
De izquierda a derecha: Arriba, Quino, Garaycochea y Bróccoli. Abajo, Mordillo, Oski y Amengual.
Carlos Loiseau (más conocido como CALOI), creador de Clemente.

En el año 1972 aparece en la ciudad de Córdoba una publicación dedicada al humor: Hortensia. Con un inicio localista, la revista
tendría repercusión a nivel nacional. El mismo año, el 1 de noviembre, se comienza a publicar Satiricón, también dedicada al
humor.

En 1973, el Diario Clarín decide hacer una renovación en su contratapa contratando jóvenes autores como Caloi, Crist, Sendra.
El mismo año, un 25 de junio llega a su fin una de las tiras argentinas más reconocidas en el mundo, Mafalda.

Un año más tarde hace su aparición una nueva revista dedicada íntegramente al género, Skorpio, propiedad de Ediciones Ré-
cord, cuya dirección estaba a cargo de Alfredo Scutti. La revista tuvo como colaboradores a gran parte de los artistas más
reconocidos del país. En esta misma revista, pero en 1975 (precisamente en el número 15), comienza a publicarse la sección "El
club de la historieta", cuyos responsables fueron los guionistas Carlos Trillo y Guillermo Saccomanno. Esta sección daba a
conocer ensayos y comentarios, dando lugar a la producción crítica. Los mismos autores llevarán adelante también la sección
denominada "Historia de la historieta argentina", que se publicó en forma de capítulos en la revista Tit-Bits y luego fueron reunidos
en un libro.23

En el mes de octubre el gobierno de María Estela Martínez de Perón clausura la revista Satiricón. Los editores recurren a la
justicia y mientras tanto sacan una nueva revista, de tono más moderado que su predecesora: Chaupinela.

En julio de 1975 se publica la primera tira de El loco Chávez, guionada por Carlos Trillo y dibujos de Horacio Altuna en el diario
Clarín. Rápidamente se transforma en popular.

Entre octubre y diciembre de 1976, ya bajo la órbita del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, se publican once
fascículos, los cuales contienen las 350 entregas de El Eternauta, en su versión original de 1957, lo que a su vez funciona como
prólogo a la serialización de su segunda parte, cuyos guiones corren por cuenta de Oesterheld y es dibujada por Francisco
Solano López. Oesterheld en aquel momento ya participaba en la organización guerrillera Montoneros, lo que se ve reflejado en
el carácter panfletario de la historieta a diferencia de la obra original. Todavía más, el guion lo terminó de escribir en la clandes-
tinidad.

El 27 de abril de 1977 es secuestrado Héctor Germán Oesterheld por fuerzas de la dictadura. Se presume que un año después
fue asesinado. El 30 de abril de ese mismo año salió el último número de la revista Patoruzú.

En junio del año 1978 sale a la venta una nueva revista Humor que pretendía ser una voz de opinión diferente dentro de un
panorama de censura por parte del gobierno del país. Al frente del emprendimiento se encontraba Andrés Cascioli con Ediciones
de la Urraca.

Un año después se comienza a publicar Las puertitas del Sr. López en El Péndulo, serie que más tarde recayó en Humor. Editorial
Columba lanza una nueva publicación Nippur Magnum, nuevo hogar del popular Nippur de Lagash y otros personajes como
Dennis Martin, la revista mantuvo el formato de las otras revistas de la editorial.

En 1980, Clarín se convierte en el primer diario en publicar sólo producción nacional al reemplazar la tira estadounidense Mutt y
Jeff con Teodoro y Cía.
La historieta sobreviviente (1984-)
José Muñoz y Carlos Sampayo.

El mes de septiembre de 1984 ve el nacimiento de una nueva revista íntegramente dedicada a la historieta que revolucionará el
mercado: Fierro, publicada por Ediciones de la Urraca.

En 1986 aparecería en San Miguel de Tucumán la revista TRIX hemocomics, un reflejo de la pasión tucumana por la historieta.
En octubre de 1989 se comienza a publicar Comic Magazine, la primera revista profesional especializada en historietas. Tuvo
una aparición irregular y no llegó nunca a instalarse, pero ocupó un lugar vacante que luego llenarían otras publicaciones, la
cobertura de la historieta como género y temas relacionados con ella, como el cine y la televisión.

Con el dólar barato la historieta extranjera se hace accesible. Los superhéroes norteamericanos y más tarde el manga, inundan
el mercado. Las ediciones importadas son más lujosas que las nacionales, y en relación más baratas. Al cómic argentino cada
vez se le hace más difícil sobrevivir en el mercado.

En diciembre de 1992 ocurren dos hechos, ambos en Ediciones de la Urraca, que marcan el decaimiento del interés por la
historieta autóctona. Luego de 100 números la revista Fierro deja de publicarse. Al mismo tiempo se lanza Cazador, en su propia
revista en formato de comic-book. Las revistas de antologías dan lugar a los comic-book, formato predominante proveniente de
la industria norteamericana, en el que se editará casi todo lo que se haga en Argentina.

En mayo de 1994 aparece el primer número de Comiqueando, revista especializada en el medio.

En enero de 1996 sale el último número de Skorpio. Sobreviven por algún tiempo más las revistas de Columba, que cada vez
reciclan más el material ya publicado. Entre el 7 y 10 de noviembre se llevó a cabo Fantabaires, la 1º Convención de Historietas,
Humor Gráfico, Ciencia Ficción y Terror.

En el 2000 el diario Clarín incluyó El Eternauta en su colección La Biblioteca Argentina / Serie Clásicos. Figuraba con el número
24 junto a obras como Martín Fierro y autores como Borges, Sábato o Cortázar. De esta manera la obra de Oesterheld y Solano
López en particular y la historieta en general reciben un importante reconocimiento al ser ubicadas junto a lo más importante de
la literatura argentina. El mismo año Editorial Ivrea publica la revista Ultra en el que se serializaban 3 series de historietas; sin
embargo, la revista deja de ser publicada a los 4 números, dejando inconclusas todas las historias.

Un año después cierra Columba. A mediados del año anterior había cancelado todos los títulos que publicaba desde hacía
décadas. Intentando adaptarse a las nuevas tendencias lanzó una serie de comic-books con algunos de sus personajes más
conocidos, sin embargo, la poca venta obliga a levantar las publicaciones y en mayo salen los últimos números. Cierra así la
editorial que por más tiempo publicó historietas en el país.

En el año 2006, el Museo de Bellas Artes de Chile, le rinde homenaje a la Historieta Argentina, que influyó y fue pionera en toda
América Latina, realizando tres muestras de ella en Santiago de Chile. El Museo del Dibujo y la Ilustración de Buenos Aires,
envía un importante material para las exhibiciones, que tuvieron gran repercusión en el público y en la prensa y medios culturales
en general.

En el año 2007, José Muñoz, dibujante que se inicia realizando los fondos de El Eternauta, ganó el Gran Premio de la ciudad de
Angouléme, Francia. Este galardón le dio derecho a presidir el Festival 2008 y en el organizó una muestra de homenaje a la
Historieta Argentina. Dicha muestra fue curada por el editor Giustiniano Zuccato y estuvo expuesta en el Musee de la Band
Desinee entre los meses de enero y agosto de 2008. Esta muestra contó con el aporte del Museo del Dibujo y la Ilustración de
Buenos Aires, el cual envió 80 originales de los artistas más importantes de la Argentina.