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Paidós Studio Jean-Pierre Vernant

Últimos titulas puol-cados:

102. J. E. Monterde - Veinte años de cine español (1973-1992!


1 03. G. Geertz - Observando el Islam
Los orígenes
105 E. Gellner - Posmodernismo, rezon v rel1g1ón
106.
107.
G. Balandier-Elpoder
Q. Casas - El western
en escenas·
del pensamiento griego
108. A Einstein - Sobre el humanismo
109. E. Kenig - Historia de los¡udfos españoles hasta 1492
11 O. A Ortiz y M. J Piqueras - La pintura en el cine
111 M. Douglas - La aceptabilidaddel nesgo según las ciencias sociales
112 H.-G. Gadamer - El inicie de la filosoffa occidental
113 E. W. Said - Representaciones del intelectual
' 14. E. A. Havelock - La musa aprende a escribir
115. C. F. He,edero 'i A. Santamarina - El eme negro
116. B Waldenfels - De Husserl a Derrida
117. H. Putnam - La herencia del pragmatismo
118. T. Maldonado - ¿Qué es un .ntetectusi?
120 G. Marramao - Cielo y tierra
121. G. Vattirnc - Creer que se cree
1 22. J Dern da - A.oorias
123. N. L.unmann - Observaciones de la mcaerruoeo
124. A. Oi.intana - E.1 cine Italiano, 1942-1961
125. P. L Berger y T. l.uckmanr - lvlooer~idad. pluralismo'/ crisis ce sentido
126. H. G. Gadamer - Mito y razon
127 H G. Gadamer - Arte y verdad de la palabra
128. F. J. Bruno - Dicciorec«: de términos psico'ocnccs fur,damentales
1 29. M. Maffeso 1 - E.10910 oe la rezo» sensibte
1 3C C .Jarnrr-e - tntroocccicr:a la fi/osof.··a de! rn.tc

131 R. Espcs.tc - E: origen de te ,o011t•ca


1 33. R. Aron - Jn trodtsccioc: a Ja tiiosotts ootiucs
13~ A Elena - Los cines periféncos
135. ~ Eagreten - La función de te critica
136. A Kerny ·La metetislce de la mente
137 A Viola (comp.) - Anrropologia de/ oeserrouo
1 38 C. Caven - La mente psicoanai'itica
139 P Barker (cornp.: - Viv·irc.cmo iguales
140 S. Snapir, - La revolucióncsentitice
'4' J. Searle - El misterio de la conciencia
142. R. Molina y D. Ranz - La idea del cosmos
143. U. Beck - La democracia y sus enemigos
144. R. Freixas y J. Bassa - E.I sexo en e/ cine y el cine de S<'XO
145. M. Horkheimer - Autondad y familiay otros escritos
146. A Be.trán - Gehteo, cienciay religión
147 H.-G. Gadamer - El inicio de la sabiduria
148. R. A Sp1tz - No y sf
149 R. Flecha, J. Gómez y L Pu igvert - Teorfasociológica contemporánea
150. G. Baumann ·El enigma multicuitural
151 E. Mori n - Los siete saberes neceserios para la educación del futuro
152. O. Marquard - Fifosoffade la compensación
154. Z Bauman - La culture como praxis
155. M. Canto-Sperber - La inquietud moral y te vida humana
156. J. Habermas -Acción comunicativa y razón sin transcendencia
1 5 7. H. Arendt - Conferenciassobre la filosofia ootitics de Kant
158. Ch. Taylor - Las variedadesde la religión hoy
159. J. Habermas - La ética del discurso y la cuestión de la verdad
1'

60 LOS ORiGENES DEL PENSAMIDITO GRIEGO

el advenimiento de un espacio social enteramente nuevo. Efec-


tivamente, las construcciones urbanas no están agrupadas
como antiguamente en derredor de un palacio real, cercado
de fortificaciones. La ciudad está ahora centrada en el ágo­
ra, espacio común, sede de la hestia koiné, espacio público
en el que se debaten los problemas de interés general. Es la
CAPÍTULO IV
ciudad misma la que se rodea de murallas, para proteger y
EL UNIVERSO ESPIRITUAL DE LA ((POLIS»
delimitar en su totalidad el grupo humano que la constituye.
Allí donde se alzaba la ciudadela real -residencia privada,
privilegiada+, edifica ella templos, que abre al culto públi-
co. Sobre las ruinas del palacio, en esa Acrópolis que consa-
grará en adelante a sus dioses, es la comunidad como tal la
que se proyecta a sí misma en el plano de lo sagrado, así como,
en el plano profano, se realiza a sí misma en la amplitud del
ágora. Este cuadro urbano define, de hecho, un espacio men- La aparición de la polis constituye, en la historia del pen-
tal; descubre un nuevo horizonte espiritual. Desde que la ciu- samiento griego, un acontecimiento decisivo. Sin duda, tan-
dad se centra en la plaza pública, es ya, en el pleno sentido to en el plano intelectual como en el terreno de las institucio-
del término, una polis. nes, sólo al final llegará a sus últimas consecuencias; la polis
conocerá múltiples etapas y formas variadas. Sin embargo,
desde su advenimiento, que se puede situar entre los siglos
VIII y VII, marca un comienzo, una verdadera creación; por
ella, la vida social y las relaciones entre los hombres adquie-
ren una forma nueva, cuya originalidad sentirán plenamente
los griegos. 1
El sistema de la polis implica, ame todo, una extraordina-
ria preeminencia de la palabra sobre todos los otros instru-
mentos del poder. Llega a ser la herramienta política por ex-
celencia, la llave de toda autoridad en el Estado, el medio de
mando y de dominación sobre los demás. Este poder de la

l. Cf. V. EHRE!'>BERG, «When did the Polis rise?», en Journal of Helle­


nic studies, 57, 1937, pp. 147-159; «Origins of dernocracy», en Historia, 1,
1950, pp. 519-548'
l
EL UNIVERSO ESPIRITLAL DF LA «POLIS» 63
62 LOS ORiGE'iES DEL PENSAMIE~TO GRIEGO

palabra -del cual los griegos harán una divinidad: Peitho, vida social. Hasta se puede decir que la polis existe única-
la fuerza de persuasión- recuerda la eficacia de las expre- mente en la medida en que se ha separado un dominio públi-
siones y las fórmulas en ciertos rituales religiosos o el valor co, en los dos sentidos, diferentes pero solidarios, del térmi-
atribuido a los «dichos» del rey cuando soberanamente pro- no: un sector de interés común en contraposición a los asuntos
nuncia la themis; sin embargo, en realidad se trata de algo privados; prácticas abiertas, establecidas a plena luz del día,
enteramente distinto. La palabra no es ya el término ritual, en contraposición a los procedimientos secretos. Esta exigencia
la fórmula justa, sino el debate contradictorio, la discusión, de publicidad lleva a confiscar progresivamente en benefi-
la argumentación. Supone un público al cual se dirige como cio del grupo y a colocar ante la mirada de todos, el conjun-
a un juez que decide en última instancia, levantando la mano to de las conductas, de los procedimientos, de los conocimien-
entre las dos decisiones que se le presentan; es esta elección tos, que constituían originariamente el privilegio exclusivo del
puramente humana lo que mide la fuerza de persuasión res- basiléus, o de los gene detentadores de la arkhé. Este doble
pectiva de los dos discursos, asegurando a uno de los orado- movimiento de democratización y de divulgación tendrá de-
res la victoria sobre su adversario. cisivas consecuencias en el plano intelectual. La cultura grie-
Todas las cuestiones de interés general que el soberano te- ga se constituye abriendo a un círculo cada vez mayor -y
nia por función reglamentar y que definen el campo de la ark- finalmente al demos en su totalidad- el acceso a un mundo
hé, están ahora sometidas al arte oratorio y deberán zanjarse espiritual reservado en los comienzos a una aristocracia de
al término de un debate; es preciso, pues. que se las pueda carácter guerrero y sacerdotal (la epopeya homérica es un pri-
formular en discursos, plasmarlas como demostraciones an- mer ejemplo de este proceso: una poesía cortesana, que se
titéticas y argumentaciones opuestas. Entre la política y el la­ canta antes que nada en las salas de los palacios, después sale
gos hay, así, una realización estrecha, una trabazón recípro- de ellos, se amplía y se transforma en poesía de festival). Pero
ca. El arte político es, en lo esencial, un ejercicio del lenguaje; esta ampliación implica una transformación profunda. Al
y el lagos, en su origen, adquiere conciencia de sí mismo, de convertirse en elementos de una cultura común, los conoci-
sus reglas, de su eficacia, a través de su función política. His- mientos, los valores, las técnicas mentales, son llevadas a la
tóricamente, son la retórica y la sofística las que, mediante plaza pública y sometidos a crítica y controversia. No se los
el análisis que llevan a cabo de las formas del discurso como conserva ya, como garantías de poder, en el secreto de lastra-
instrumento de victoria en las luchas de la asamblea y del tri- diciones familiares; su publicación dará lugar a exégesis, a in-
bunal, abren el camino a las investigaciones de Aristóteles y terpretaciones diversas, a contraposiciones, a debates apasio-
definen, al lado de una técnica de la persuasión, las reglas nados. En adelante, la discusión, la argumentación, la
de la demostración; sientan una lógica de lo verdadero, pro- polémica, pasan a ser las reglas del juego intelectual, así como
pia del saber teórico, frente a la lógica de Jo verosímil o de del juego político. La supervisión constante de la comunidad
lo probable, que preside los azarosos debates de la práctica. se ejerce sobre las creaciones del espíritu lo mismo que sobre
Un segundo rasgo de la polis es el carácter de plena publi- las magistraturas del Estado. La ley de la polis, en contrapo-
cidad que se da a las manifesraciones más importantes de la sición al poder absoluto del monarca, exige que las unas y
-77

64 LOS ORiGE'\IES DEL PENSAM[ENTO GRIEGO EL UNJVERSO ESP[RfTCAL DE LA «POLJS., 65

las otras sean igualmente sometidas a «rendiciones de cuen- de la Ciudad, la diké actuaba todavía en dos planos, como
tas», éudynai. No se imponen ya por la fuerza de un presti- dividida entre el cielo y la tierra: para el pequeño cultivador
gio personal o religioso; tienen que demostrar su rectitud me- beocio, la diké es, aquí abajo, una decisión de hecho que de-
diante procedimientos de orden dialéctico. pende del arbitrio de los reyes, «devoradores de dones»; en
La palabra constituía, dentro del cuadro de la ciudad, el el cielo es una divinidad soberana pero remota e inaccesible.
instrumento de la vida política; la escritura suministrará, en Por el contrario, en virtud de la publicidad que le confiere
el plano propiamente intelectual, el medio de una cultura co- la escritura, la diké, sin dejar de aparecer como un valor ideal,
mún y permitirá una divulgación completa de los conocimien- podrá encarnarse en un plano propiamente humano, realizán-
tos anteriormente reservados o prohibidos. Tomada de los fe- dose en la ley, regla común a todos pero superior a todos,
nicios y modificada para una transcripción más precisa de norma racional, sometida a discusión y modificable por de-
los fonemas griegos, la escritura podrá cumplir con esta fun- creto pero que expresa un orden concebido como sagrado.
ción de publicidad porque ha llegado a ser, casi con el mis- Cuando los individuos, a su vez, deciden hacer público su
mo derecho que la lengua hablada, el bien común de todos saber mediante la escritura, sea en forma de libro, como los
los ciudadanos. Las inscripciones más antiguas en alfabeto que Anaximandro y Ferécides serían los primeros en haber
griego que conocemos muestran que, desde el siglo v111, no escrito o como el que Heráclito depositó en el templo de Ar-
se trata ya de un saber especializado, reservado a unos escri- temisa en Éfeso, sea en forma de parápegma, inscripción mo-
bas, sino una técnica de amplio uso, librememe difundida en numental en piedra, análoga a las que la ciudad hacía grabar
el público.' Jumo a Ja recitación memorizada de textos de en nombre de sus magistrados o de sus sacerdotes (los ciuda-
Homero o de Hesíodo -que continúa siendo tradicional-. danos particulares inscribían en ellas observaciones astronó-
la escritura constituirá el elemento fundamental de lapaideia micas o tablas cronológicas), su ambición no es la de dar a
griega. conocer a otros un descubrimiento o una opinión persona-
Se comprende así el alcance de una reivindicación que sur- les; quieren, al depositar su mensaje es to mesan, hacer de
gió desde el nacimiento de la ciudad: la redacción de las le- él el bien común de la ciudad, una norma susceptible, como
yes. Al escribirlas no se hace más que asegurarles permanen- la ley, de imponerse a todos.' Una vez divulgada, su sabidu-
cia y fijeza; se las sustrae a la autoridad privada de los basiiéis, ría adquiere una consistencia y una objetividad nuevas: se
cuya función era la de «decir» el derecho; se transforman en constituye a sí misma como verdad. No se trata ya de un se-
bien común, en regla general, susceptible de ser aplicada por creto religoso, reservado a unos cuantos elegidos, favoreci-
igual a todos. En el mundo de Hesíodo, anterior al régimen dos por una gracia divina. Cierto es que la verdad del sabio,
como el secreto religioso, es revelación de lo esencial, descu-
brimiento de una realidad superior que sobrepasa en mucho
2. JOHN FoRSDY~E, Greece be/ore Homer; Ancienl chronology and
al común de los hombres; pero al confiarla a la escritura, se
mythotogy, Londres, 1956, pp. 18 y ss.: cf. también las observaciones de CL
PRE,\t_;X, «Du linéaíre B créro-rnvcenien aux osrraca grecs d'Egypte». en
Chronique d'Egypte, 34. 1959, pp. 79-85. 3. Dt6GE:oiES L\ERCIO, l. 43. cana de Tales a Ferécidas.
66 LOS ORÍGENES DEL PENSA!>-IIENTO GRJEGO EL UNIVERSO ESPIRITUAL DE LA «POLIS» 67

la arranca del círculo cerrado de las sectas, exponiéndola a tos secretos, las fórmulas ocultas, se despojan de su misterio
plena luz ante las miradas de la ciudad entera; esto significa y de su poder religioso, para convertirse en las «verdades» que
reconocer que ella es, de derecho, accesible a todos, admitir debatirán los Sabios.
que se la someta, como en el debate político, al juicio de to- Sin embargo, no es sin dificultad ni sin resistencia que la
dos, con la esperanza de que en definitiva será aceptada y re- vida social se ha entregado así a una publicidad completa.
conocida por todos. El proceso de divulgación se realiza por etapas; en todos los
Esta transformación de un saber secreto de tipo esotérico terrenos encuentra obstáculos que limitan sus progresos. In-
en un cuerpo de verdades divulgadas públicamente, tiene su cluso en el plano político, ciertas prácticas de gobierno se-
paralelo en otro sector de la vida social. Los antiguos sacer- creto conservan en pleno período clásico una forma de po-
docios pertenecían en propiedad a ciertos gené y señalaban der que opera por vías misteriosas y medios sobrenaturales.
su familiarización especial con una potencia divina; cuando El régimen de Esparta ofrece los mejores ejemplos de tales
se constituye la polis, ésta los confisca en su provecho y hace procedimientos secretos. Pero la utilización, como técnicas
de ellas los cultos oficiales de la ciudad. La protección que de gobierno, de santuarios secretos, de oráculos privados, ex-
la divinidad reservaba antiguamente a sus favoritos va a ejer- clusivamente reservados a ciertos magistrados o de coleccio-
cerse, en adelante, en beneficio de la comunidad entera. Pero nes adivinatorias no divulgadas que se apropian ciertos diri-
quien dice culto de ciudad dice culto público. Todos los anti- gentes, está también testimoniada en otras partes. Además,
guos sacra, signos de investidura, símbolos religiosos, blaso- muchas ciudades cifran su salvación en la posesión de reli-
nes, xóana de madera, celosamente conservados como talis- quias secretas: osamentas de héroes, cuya tumba, ignorada
manes de poder en el secreto de los palacios o en el fondo del público, no debe ser conocida, bajo pena de arruinar al
de las casas sacerdotales, emigrarán hacia el templo, residen- Estado, más que por los únicos magistrados calificados para
cia abierta, residencia pública. En este espacio impersonal, recibir, al tomar posesión del cargo, tan peligrosa revelación.
vuelto hacia afuera, y que proyecta ahora hacia el exterior El valor político atribuido a dichos talismanes secretos no es
el decorado de sus frisos esculpidos, los antiguos idolos se una simple supervivencia del pasado. Responde a necesida-
transforman a su vez: pierden, junto con su carácter secreto, des sociales definidas. ¿La salvación de la ciudad no pone
su virtud de símbolos eficaces; se convienen en «imágenes», necesariamente en juego fuerzas que escapan al cálculo de
sin otra función ritual que la de ser vistos, sin otra realidad la razón humana, elementos que no es posible apreciar en un
religiosa que su apariencia. De la gran estatua cultural aloja- debate ni prever al término de una deliberación? Esa inter-
da en el templo para manifestar en él al dios, se podría decir vención de un poder sobrenatural cuyo papel es finalmente
que todo su «esse» consiste desde este momento en un «per- decisivo -la providencia de Heródoto, la tykhe de Tucí-
cipi». Los sacra, cargados antiguamente de una fuerza peli- dides-, debe tomarse muy en cuenta, reconociendo su parte
grosa y sustraídos a la mirada del público, se convierten bajo en la economía de los factores políticos. Ahora bien, el culto
la mirada de la ciudad en un espectáculo, en una «enseñanza público de las divinidades olímpicas no puede responder más
sobre los dioses», como bajo la mirada de la ciudad los rela- que en parte a esa función. Se refiere a un mundo divino de-
68 LOS ORÍGENES DEL PENSAMIENTO GRIEGO EL UNIVERSO ESPIRITUAL DE LA «POLIS•> 69

masiado general y también demasiado lejano; define un or- vilegios inaccesibles al común. Pero, contrariamente a las ini-
den de lo sagrado que se opone precisamente, como lo hieros ciaciones antiguas a que se sometía a los jóvenes guerreros,
a lo hosios, al dominio profano en que se sitúa la adminis- a los kouroi, y que les conferían una habilitación para el po-
tración de la ciudad. La laicización de todo un plano de la der, las nuevas agrupaciones secretas estarán en adelante con-
vida política tiene como contrapartida una religión oficial que finadas a un terreno puramente religioso. Dentro del cuadro
ha establecido sus distancias en relación con los asuntos hu- de la ciudad, la iniciación no puede aportar más que una
manos y que ya no está tan directamente comprometida en transformación «espiritual», sin incidencia en lo político. Les
las vicisitudes de la arkhé. Sin embargo, cualesquiera que sean elegidos, los epoptés, son puros, santos; emparentados con
la lucidez de los jefes políticos y la sabiduría de los ciudada- lo divino, están ciertamente consagrados a un destino excep-
nos, las decisiones de la asamblea se refieren a un futuro que cional, pero que ellos conocerán en el más allá. La promo-
continúa siendo fundamentalmente opaco y que la inteligen- ción de que han sido objeto pertenece a otro mundo.
cia no puede captar completamente. Por lo tanto, es esencial A todos cuantos deseen conocer la iniciación, el misterio
poder dominarlo en la medida de lo posible, con otros recur- les ofrece, sin restricción de nacimiento ni de categoría, la pro-
sos que pongan en juego no ya medios humanos, sino la efi- mesa de una inmortalidad bienaventurada que en su origen
cacia del rito. El «racionalismo» político que preside las ins- era privilegio exclusivamente real; divulga, en el círculo más
tituciones de la ciudad se opone, sin duda, a los antiguos amplio de los iniciados, los secretos religiosos que antigua-
procedimientos religiosos de gobierno, pero sin excluirlos, no mente pertenecían como propiedad a familias sacerdotales,
obstante, radicalmente. 4 como los Kérykes o los Eumálpides. Pero, a pesar de esta de-
Por lo demás, en el terreno de la religión se desarrollan. mocratización de un privilegio religioso, el misterio en nin-
al margen de la ciudad y paralelamente al culto público, aso- gún momento se coloca en una perspectiva de publicidad. Por
ciaciones basadas en el secreto. Las sectas, cofradías y miste- el contrario, lo que lo define como mi~erio es la pretensión
rios son grupos cerrados, jerarquizados, que implican esca- de alcanzar una verdad inasequible por las vías normales y
las y grados. Organizados sobre el modelo de las sociedades que no podría en modo alguno ser «expuesta», obtener una
de iniciación, su función es la de seleccionar, a través de una revelación tan excepcional que abre el acceso a una vida reli-
serie de pruebas, una minoría de elegidos que gozarán de pri- giosa desconocida en el culto del Estado y que reserva a los
iniciados una suerte sin paralelo posible con la condición or-
4. Piénsese en la importancia de la adivinación en la vida política de los dinaria del ciudadano. El secreto adquiere de este modo, en
griegos. Más generalmente, obsérvese que toda magistratura conserva un ca- contraste con la publicidad del culto oficial, una significa-
rácter sagrado. Pero lo mismo ocurre a este respecto en lo político y en lo
ción religiosa particular: define una religión de salvación per-
jurídico. Los procedimientos religiosos, que en su origen tenían valor por
si mismos, se convierten, dentro del cuadro del derecho, en introductores sonal que aspira a transformar al individuo con independen-
de instancias. Asimismo, ritos como el sacrificio y el juramento, a los cuales cia del orden social, a realizar en él una especie de nuevo
quedan sometidos los magistrados cuando toman posesión del cargo, cons-
nacimiento que lo arranque del nivel común y lo haga llegar
tituyen el esquema formal y no ya el resorte interno de la vida política. En
este sentido, hay verdadera secularización. a un plano de vida diferente.
70 LOS ORÍGE~ES DEL PEJ\SA\11ENTO GRIEGO FL UNIVERSO ESPIRITUAL DE LA «POLlS» 71

Pero en este terreno, las investigaciones de los primeros Sa- prácticas adivinatorias, los ejercicios espirituales de concen-
bios iban a continuar las preocupaciones de las sectas hasta tración, de éxtasis, de separación del alma y del cuerpo.
el punto de confundirse a veces con ellas. Las enseñanzas de La filosofía se encuentra, al nacer, en una posición ambi-
la Sabiduría, como las revelaciones de los misterios, preten- gua: por su marcha y por su inspiración está emparentada
den transformar el hombre desde dentro, elevarlo a una con- a la vez con las iniciaciones de los misterios y las controver-
dición superior, hacer de él un ser único, casi un dios, un sias del ágora; flota entre el espíritu de secreto, propio de las
theios anér. Si la ciudad se dirige al Sabio cuando se siente sectas y la publicidad del debate contradictorio que caracte-
presa del desorden y la impureza, si le pide la solución para riza a la actividad política. Según los medios, los momentos,
sus males, es precisamente porque él se le presenta como un las tendencias, se la ve, corno a la secta pitagórica en la Mag-
ser aparte, excepcional como un hombre divino a quien todo na Grecia en el siglo VI, organizarse en cofradía cerrada y re-
su género de vida aísla y sitúa al margen de la comunidad. husarse a entregar a la escritura una doctrina puramente eso-
Recíprocamente, cuando el Sabio se dirige a la ciudad, de pa- térica. Así podrá, como lo hará el movimiento de los sofistas,
labra o por escrito, es siempre para transmitirle una verdad integrarse plenamente en la vida pública, presentarse como
que viene de lo alto y que, aun divulgada, no deja de perte- una preparación para el ejercicio del poder en la ciudad y ofre-
necer a otro mundo, ajeno a la vida ordinaria. La primera cerse libremente a cada ciudadano por medio de lecciones pa-
sabiduría se constituye así en una suerte de contradicción, en gadas en dinero. Acaso la filosofía griega no pudo despren-
la cual se expresa su naturaleza paradójica: entrega al públi- derse nunca del todo de esta ambigüedad que marca su origen.
co un saber que ella proclama al mismo tiempo inaccesible El filósofo oscilará siempre entre dos actitudes, titubeará en-
a la mayoría. ¿No tiene por objeto revelar lo invisible, hacer tre dos tentaciones contrarias. Unas veces afirmará que es el
ver ese mundo de los áde/a que se oculta tras las apariencias? único calificado para dirigir el Estado y, tomando orgullosa-
La sabiduría revela una verdad tan prestigiosa que debe pa- mente el puesto del rey divino, pretenderá, en nombre de ese
garse al precio de duros esfuerzos y que continúa estando, «saber» que lo eleva por encima de los hombres, reformar
como la visión de los epoptés, oculta a las miradas del vulgo; toda la vida social y ordenar soberanamente la ciudad. Otras
aunque expresa el secreto y lo formula con palabras, el co- veces se retirará del mundo para replegarse en una sabiduría
mún de las gentes no puede captar su sentido. Lleva el miste- puramence privada; agrupando en derredor de sí a unos cuan-
rio a la plaza pública; lo hace objeto de un examen, de un tos discípulos, querrá instaurar con ellos, en la ciudad, otra
estudio, pero sin que deje de ser, sin embargo, un misterio. ciudad al margen de la primera y, renunciando a la vida pú-
Los ritos de iniciación tradicionales que protegían el acceso blica, buscará su salvación en el conocimiento y en la con-
a revelaciones prohibidas, la sophia y laphilosophía, los reem- templación.
plazan por otras pruebas: una regla de vida un camino de as-
cesis, una senda de investigación que, junto a las técnicas de A los dos aspectos que acabamos de señalar =-prestigio de
discusión y argumentación o de nuevos instrumentos menta- la palabra, desarrollo de las prácticas públicas-s-, se agrega
les como las matemáticas, siguen manteniendo las antiguas otro rasgo para caracterizar el universo espiritual de la polis.
72 LOS OR[GENES DEL PDISAMIENTO GRIEGO EL UNIVERSO ESPIRITUAL DE LA <•POUS» 73

Los que componen la ciudad, por diferentes que sean en ra- mia pudo adquirir a fines del siglo vr una fuerza tan gran·
zón de su origen, de su categoría, de su función, aparecen de, si pudo justificar la reivindicación popular de un libre ac-
en cierto modo «similares» los unos a los otros. Esta simili- ceso del demos a todas las magistraturas, fue sín duda por-
tud funda la unidad de la polis, ya que para los griegos sólo que hundía sus raíces en una tradición igualitaria antiquísima,
los semejantes pueden encontrarse mutuamente unidos por porque respondía, incluso, a ciertas actitudes psicológicas de
la Philia, asociados en una misma comunidad. El vínculo del la aristocracia de los hippéis. En efecto, fue aquella nobleza
hombre con el hombre adoptará así, dentro del esquema de militar la que estableció por primera vez, entre la calificación
la ciudad, la forma de una relación recíproca, reversible, que guerrera y el derecho a participar en los asuntos públicos. una
reemplazará a las relaciones jerárquicas de sumisión Y domi- equivalencia que no se discutirá ya. En la polis el estado de
nación. Todos cuantos participen en el Estado serán defini- soldado coincide con el de ciudadano: quien tiene su puesto
dos como Homoioi, semejantes, y, más adelante en forma más en la formación militar de la ciudad, lo tiene asimismo en
abstracta, como Jsoi, iguales. A pesar de todo cuanto los con- su organización política. Ahora bien, desde mediados del si-
trapone en lo concreto de la vida social, se concibe a los ciu- glo VII las modificaciones del armamento y una revolución
dadanos, en el plano político, como unidades intercambia- de la técnica del combate transforman el personaje del gue-
bles dentro de un sistema cuyo equilibrio es la ley y cuya rrero, cambian su puesto en el orden social y su esquema psi-
norma es la igualdad. Esta imagen del mundo humano en- cológico. 6
contrará en el siglo VI su expresión rigurosa en un concepto, La aparición del hoplita, pesadamente armado, que com-
el de isonomia: igual participación de todos los ciudadanos batiendo en fila, en formación cerrada, siguiendo el princi-
en el ejercicio del poder. Pero antes de adquirir ese valor ple- pio de la falange, asesta un golpe decisivo a las prerrogativas
namente democrático y de inspirar en el plano institucional militares de los hippéis. Todos cuantos pueden costearse su
reformas como las de Cltstenes, el ideal de isonomia pudo equipo de hoplitas -es decir, los pequeños propietarios li-
traducir o prolongar aspiraciones comunitarias que remon- bres que forman el demos, como son de Atenas los 'Zeugites­,
tan mucho más alto, hasta los orígenes mismos de la polis. están situados en el mismo plano que los poseedores de ca-
Varios testimonios muestran que los términos de isonomia ballos. Sin embargo, la democratización de la función mili-
y de isocratia han servido para definir, dentro de los círculos tar +-antiguo privilegio aristocrático- implica una renova-
aristocráticos, en contraposición al poder absoluto de uno solo ción completa de la ética del guerrero. El héroe homérico, el
(la monarkhia o la tyrannisi, un régimen oligárquico en que buen conductor de carros, podía sobrevivir aun en la perso-
la arkhé se reservaba para un pequeño número con exclusión na del hippéus; ya no tiene mucho de común con el hoplita,
de la masa, pero era igualmente compartida por todos los
miembros de ese selecta minoría.' Si la exigencia de isono­ 6. Cf. A ANDREWS, The greek tyrants, Londres, 1956, c. 3: ((The rnilitary
factor»; F. E. ADCOCK, The Greek and macedonian art of war, Berkeley y
5. Cf. V. EHRE'IBERG (Origins of democracy. l. c.), quien recuerda que Los Angeles, 1957: sobre la fecha de aparición del hoplita, cí. P. CouRBIN,
el poema de Arrnodio v Aristogitón glorifica a estos eupátridas por haber «Une tornbe géométrique dArgos», en Bulletin de correspondance helleni­
hecho a los atenienses isonomous; cf. también TuciDIDES, fil, 62. que, 81, l957, pp. 322-384.
74 LOS ORÍGENES DEL PENSA'.\1lENTO GRIEGO EL UNIVERSO ESPIRITUAL DE LA «POLIS» 75

este soldado-ciudadano. Lo que contaba para el primero era entre los espartanos, a Aristódamo: el hombre que formaba
la proeza individual, la hazaña realizada en combate singu- parte de los trescientos lacedemonios que habían defendido
lar. En la batalla, mosaico de duelos individuales en que se las Termópilas; sólo él había regresado sano y salvo; ansioso
enfrentaban los prómakhoi, el valor militar se afirmaba en de lavar el oprobio que los espartanos atribuían a aquella su-
forma de una aristeia, de una superioridad enteramente per- pervivencia, buscó y encontró la muerte en Platea, realizan-
sonal. La audacia que permitía al guerrero realizar aquellas do admirables hazañas. Pero no fue él a quien los espartanos
acciones brillantes, la encontraba en una suerte de exaltación, otorgaron, con el premio al valor, los honores fúnebres tri-
de furor bélico, la lyssa, a que lo arrojaba, poniéndolo fue- butados a los mejores; le negaron la aristeia porque, comba-
ra de sí, el menos, el ardor inspirado por un dios. Pero el ho- tiendo furiosamente, como un enajenado por la lyssa, había
plita no conoce ya el combate singular; tiene que rechazar, abandonado su puesto.'
si se le ofrece, la tentación de una proeza puramente indivi- Este relato ilustra en forma sorprendente una actitud psi-
dual. Es el hombre de la batalla codo a codo, de la lucha hom- cológica que no se manifiesta sólo en el dominio de la gue-
bro a hombro. Se lo ha adiestrado para guardar la fila, para rra, sino que, en todos los planos de la vida social, acusa un
marchar en orden, para lanzarse a un mismo paso con los viraje decisivo en la historia de la polis. Llega un momento
demás contra el enemigo, para cuidar, en lo más enconado en que la ciudad rechaza las conductas tradicionales de la aris-
del combate, de no abandonar su puesto. La virtud guerrera tocracia tendentes a exaltar el prestigio, a reforzar el poder
no es ya fruto de la orden del thymás; es resultado de la soph­ de los individuos y de los gene, a elevarlos por encima del
rosyne: un dominio completo de sí, una constante vigilancia común. Al igual que el furor guerrero y la búsqueda en el
para someterse a una disciplina común, la sangre fría nece- combate de una gloria puramente privada, se condenan tam-
saria para refrenar los impulsos instintivos que amenazan con bién como desorbitancias, como hybris, de la riqueza, el lujo
perturbar el orden general de la formación. La falange hace en el vestir, la suntuosidad en los funerales, las manifestacio-
del hoplita, como la ciudad del ciudadano, una unidad inter- nes excesivas de dolor en caso de duelo y el comportamiento
cambiable, un elemento similar a todos los otros y cuya aris­ muy llamativo de las mujeres, o el demasiado seguro de sí,
teia, cuyo valor individual, no debe manifestarse ya nunca demasiado audaz, de la juventud noble.
sino dentro del orden impuesto por la maniobra de conjun- Todas estas prácticas son en adelante rechazadas porque
ro, la cohesión de grupo, el efecto de masa, nuevos instru- acusan las desigualdades sociales y el sentimiento de distan-
mentos de la victoria. Hasta en la guerra, la Eris, el deseo cia entre los individuos, provocan la envidia, crean disonan-
de triunfar sobre el adversario, de afirmar la superioridad so- cias en el grupo, ponen en peligro su equilibrio, su unidad,
bre los demás, tiene que someterse a la Philia, al espíritu de y dividen la ciudad contra sí misma. Lo que ahora se enco-
comunidad; el poder de los individuos tiene que doblegarse mia es un ideal austero de reserva y contención, un estilo de
ante la ley del grupo. Heródoto, al mencionar, después de cada vida severo, casi ascético, que esfuma entre los ciudadanos
relato de batalla, los nombres de las ciudades y los indivi-
duos que se mostraron más valientes en Platea, da la palma, 7. HERÓDOTO, IX, 71.
76 LOS ORÍGENES DEL PENSAMIENTO GRIEGO
EL UNIVERSO ESPIRITUAL DE LA «POLIS» 77
las diferencias de costumbres y condición a fin de aproximar-
reforma que suprimía la antigua oposición entre el laós y el
los los unos a los otros y unirlos como a miembros de una
démos para constituir un cuerpo de soldados-ciudadanos, de-
sola familia. finidos como homoioi, todos los cuales disponían en princi-
En Esparta fue el factor militar el que parece haber repre- pio de un lote de tierra, de un kleros, exactamente igual al
sentado, en el advenimiento de Ja nueva mentalidad, el papel
de los demás. A esta primera forma de isomoirta (tal vez hubo
decisivo. La Esparta del siglo vu no es todavía aquel Estado
entonces un nuevo reparto de tierras) hay que agregar el as-
cuya originalidad provocará entre los demás griegos un asom- pecto comunitario de una vida social que imponía a todos
bro con mezcla de admiración. Está por ahora incorporada un mismo régimen de austeridad, que codificaba, por aver-
al movimiento general de la civilización que lleva a las aris- sión al lujo, hasta la manera de cómo debían construirse las
tocracias de las distintas ciudades al lujo, haciéndoles desear
casas particulares y que instituía la práctica de las syssittai
una vida más refinada y buscar las empresas lucrativas. La
o comidas en común, a las que cada cual aportaba todos los
ruptura se produce sobre sí misma, se cuaja en instituciones
meses su escote reglamentario de cebada, vino, queso e hi-
que la consagran, enteramente a la guerra. No sólo repudia gos. Hay que hacer notar, finalmente, que el régimen de Es-
la ostentación de la riqueza, sino que se cierra a todo lo que parta, con su doble monarquía, la apella, los éphoroi y la ge­
es intercambio con el extranjero, comercio, artesanía; prohí-
rousia, logra un «equilibrio» entre elementos sociales que
be el uso de los metales preciosos; después, hasta el de las
represeman funciones, virtudes o valores opuestos. En ese
monedas de oro y plata; queda al margen de las grandes co-
equilibrio recíproco se funda la unidad del Estado, ya que
rrientes intelectuales; desdeña las letras y las artes, en las que cada elemento está contenido por los otros dentro de límites
antes se había distinguido. La filosofía, el pensamiento grie- que no debe trasponer. Plutarco asigna así a la gerousia una
go parece, pues, no deberle nada. función de contrapeso, que conserva, entre la apella popular
Pero sólo se puede decir eso: «parece». Las transformacio-
y la autoridad real, un constante equilibrio, colocándose, se-
nes sociales y políticas que determinan en Esparta las nuevas gún los casos, de parte de los reyes para oponerse a la demo-
técnicas de guerra y que culminan en una ciudad de hoplitas,
cracia o de parte del pueblo para dificultar el poder de uno
traducen, en el plano de las instituciones, aquella misma exi- solo.' Asimismo, la institución de los éphoroi representa en
gencia de un mundo humano equilibrado, ordenado por la
el cuerpo social un elemento guerrero, «junior» y popular,
ley, que los Sabios, hacia la misma época, formularán en el
en contraposición a la gerousia aristocrática, caracterizada,
plano propiamente conceptual cuando las ciudades, a falta cual conviene a los «seniores», por una ponderación y una
de una solución de tipo espartano, pasen por sediciones y con-
sabiduría que deben compensar la audacia y la pujanza gue-
flictos internos. Se ha insistido, con razón, en el arcaísmo de rreras de los kouroi.
las instituciones a las cuales Esparta permaneció obstinada-
En el Estado espartano la sociedad ya no forma, como en
mente aferrada: clases de edades, iniciaciones guerreras,
los reinos micénicos, una pirámide cuya cúspide ocupa el rey.
kryptia. Pero hay que destacar también otros rasgos por los
cuales se adelantó a su época: el espíritu igualitario de una
8. PLLT,RCO, Vida de Licurgo, V, U, y ARISTÓTELF~. Politica, 1265 b 3~.
78 LOS ORiGE"<ES DEL PENS.>\l\·1!ENTOGRIEGO [L UNIVERSO ESPlRrTUAL DE LA -r-oi.rs, 79

Todos cuantos, habiendo recibido el adiestramiento militar dietarios las fórmulas sentenciosas y definitivas. La palabra
con la serie de las pruebas y las iniciaciones que implica, po- continúa siendo para ellos aquellas rhetrai, aquellas leyes casi
seen un kleros y participan en las syssitiai, se encuentran ele- oraculares, a las que se someten sin discusión y que se niegan
vados al mismo plano. Es ése el plano que define a la ciu- a entregar, escribiéndolas, a una publicación plena. Por mu-
dad. 9 El orden social no aparece ya, pues, bajo la cho que haya podido avanzar, Esparta dejará para otros el
dependencia del soberano; no está vinculado al poder crea- honor de expresar plenamente la nueva concepción del or-
dor de un personaje excepcional, a su actividad de ordena- den cuando, bajo el reinado de la ley, la ciudad llega a ser
dor. Es, por el contrario, el orden que reglamenta el poder un cosmos equilibrado y armónico. No serán los lacedemo-
de todos los individuos, el que impone un límite a su volun- nios quienes consigan extraer y desarrollar en todas sus con-
tad de expansión. El orden es anterior con relación al poder. secuencias las nociones morales y políticas que ellos habrán,
La arkhé pertenecé, en realidad, exclusivamente a la ley. Todo entre los primeros, encarnado en sus instituciones.
individuo o toda facción que pretenda asegurarse el mono-
polio de la arkhé, amenaza, atentando contra el equilibrio
de los demás poderes, la homónoia del cuerpo social y pone
en peligro, con ello, la existencia misma de la ciudad.
Pero si la nueva Esparta reconoce así la supremacía de la
ley y del orden, es por haberse orientado hacia la guerra; la
reforma del Estado obedece, ames de nada, a preocupacio-
nes militares. Es para la práctica de los combates, más que
para las controversias del ágora, para lo que se ejercitan los
kómoioi. Tampoco la palabra podrá llegar a ser en Esparta
la herramienta política que será en otras partes ni adoptará
forma de discusión, de argumentación, de refutación. En lu-
gar de la Peitho; fuerza de persuasión, los lacedemonios ce-
lebrarán, como instrumento de la ley, el poder del Phobos,
ese temor que doblega a todos los ciudadanos a la obedien-
cia. Se jactarán de no gustar en los discursos más que de la
brevedad y de preferir a las sutilezas de los debates contra-

9. Desde luego, la ciudad comprende, al lado de los ciudadanos y en con-


traste con ellos, a todos aquellos que, en grados diferentes, están privados
de los valores correspondientes a la plena ciudadanía: en Esparta, los hypo­
meiones, los periecos, los ilotas y los esclavos. La igualdad se destaca sobre
un fondo de desigualdad.