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Retrato del Padre Caffarel hecho por él mismo

30 de octubre de 2014 a las 9:17


BORDEAUX
Juillet 2013
College International
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Retrato del padre Caffarel hecho por él mismo

Lo sabemos, la vocación, la llamada de Dios forjan la personalidad de alguien. Isaías ve la gloria de


Dios, visión triunfante: "Santo, Santo, Santo...", él será el heraldo de la majestad de Dios, de la potencia
de su amor. Conocemos el relato que hace el padre Caffarel del momento que orientó su vida: "A los
veinte años, en un instante, Jesucristo se convirtió en Alguien para mí. ¡Oh! Nada espectacular. En ese
lejano día de marzo de 1923, supe que me amaba y que le amaba y que, entre él y yo, lo que había era
para toda la vida. Todo se había consumado" (J. Allemand. Henri Caffarel, Un hombre cautivo de Dios,
PPC,pg., 16). y agregó
además: "Desde entonces, solo tengo un deseo: profundizar más en esa intimidad con Cristo y también
atraer a los demás a esta intimidad ..." (op. cit. pg 17).
Hoy querría tratar de daros un retrato del padre Caffarel con la ayuda de sus propios escritos. Su retrato
físico es conocido. Su mirada penetrante: no la mirada que taladra y es indiscreta sino una mirada que
parecía preguntar a su interlocutor: ¿cómo va tu vida con el Señor? Y el otro se abría ante esta pregunta,
tan fundamental para la vida de aquí, y tan preciosa para la vida, más tarde, en el cielo.

He aquí pues algunos rasgos de su personalidad. Yo distinguiría tres a partir de lo que él mismo dice de
su vocación. En primer lugar, "En un instante, Jesucristo se convirtió enAlguien para mí.": Dios en el
centro. Luego dice que "supe que me amaba y que le amaba":la admiración. Por fin la afirmación que
compromete toda su vida y todo su ser: "entre él y yo, lo que había era para toda la vida. Todo se había
consumado": Lo absoluto. Tres partes pues: Dios en el centro, la admiración, lo absoluto.
,

1. 1. Dios en el centro

Vosotros lo habéis observado. El lenguaje que el padre Caffarel emplea para describir su decisivo
encuentro con el Señor es el del amor, pues Dios se le ha revelado como amor. He aquí lo que escribe,
en términos semejantes a los del relato de su propia vocación: "Cristoconoce a cada hombre, llama a
cada uno por su nombre. El cristiano es aquel que,escuchando esta llamada, se presenta a Él.
Conversación a solas decisiva". El padre Caffarel continúa citando a Claudel en "Le Soulier de
satín": "Solo hay una cosa necesaria, es alguien que os pide todo, y que es capaz de dar todo". Y el
padre Caffarel concluye: "Ese Alguien el cristiano lo ha encontrado. Se ha hecho un
pacto. Imprescriptible. El cristiano se sabe, y quiere estar, ligado. Ha apostado, ha jugado su vida.
Conoce a su socio. Sabe que éste le hadado su fe y que se ha entregado a sí mismo. En adelante le es
bueno servir a la causa de Otro, y ya no a sus propios intereses" (Henri Caffarel, La mariage, aventure
de sainteté, Parole et Silence, París, 2013, p. 57)

El padre Caffarel ha encontrado a alguien, al Señor. La realidad de este encuentro, con su fuerza, con la
potencia de amor que desprende esta realidad es inolvidable, es una realidad que permanece en su
corazón y que no pasa nunca. Este encuentro es fuente continua de su
vida. Se podría decir que el padre Caffarel está siempre ante Dios. Esta realidad es el fundamento de su
vida. Cuando habla, cuando escribe, está ante Dios, se diría que reza. Así, esta "presencia de Dios", para
tomar el título de su libro sobre la oración, engendra en él una manera de hablar que será siempre
concreta, simple, directa. El padre Caffarel ora, reflexiona, escribe, hace que Jean Allemand corrija sus
textos durante mucho tiempo, ora...
Busca siempre adaptar su enseñanza a la realidad de Dios, a la persona del Señor - "Alguien para
mí", dice - y busca adaptar su enseñanza a aquellos y aquellas a quienes habla y que
denomina "buscadores de Dios". Dios en el centro de todo.

2. La admiración
Ningún amor de Dios, ningún amor, igualmente, en el matrimonio, sin admiración. La constatación es
general. Aun oigo a ese novio decirme: « Ella tiene todas las cualidades para ser la madre de mis hijos...
¡ pero yo no la admiro! ». Renunció a casarse con ella y encontró, al fin, alguien a quien no cesa de
admirar, de quien habla con admiración. Una observación que se hace a menudo sobre el padre Caffarel
es su potente mirada que iba como a escrutar el fondo del corazón, como ya he dicho. La escucha de los
otros es una forma de contemplación ante el amor de Dios que se despliega en los seres: Dios vive en sus
corazones. He ahí lo que admira el padre Caffarel. Ciertamente; lo sabemos, nuestros corazones no son
siempre puertos de paz! Pero Dios habita en ellos y el padre Caffarel desea, como él mismo dice,
permitir a los demás tener "la experiencia del encuentro con Dios" (Jean Allemand, op.cit. p.18). He ahí
su ministerio ..
De esta admiración, de este asombro, la fuente principal es Dios. El padre Caffarel lo dice
admirablemente hablando de los santos. Podemos leer una confidencia suya: « Los santosllegan lejos en
el amor porque, en primer lugar, llegan lejos en el conocimiento. Tienen por Cristo ese interés
apasionado como lo tienen los enamorados uno hacia el otro. Tienen curiosidad por saber de Él: a
través de sus palabras - iba a decir de sus inflexiones de voz -, sus gestos tal como nos lo narra el
Evangelio, se convierten en su alma. Le buscan también en la oración, mucho tiempo, pacientemente. Y
en toda su vida. Sin duda, son santos por haber estado constantemente a la escucha» (op. cit. p. 60).
Ahora el padre Caffarel está plenamente satisfecho. En el cielo, ante Dios, debe tener una admiración
infinita ante los esplendores del amor de Dios.

1. 3. El absoluto
Hay un libro del padre Caffarel bastante ignorado: "Amour qui es tu?" (Colección Anneaud'or, Ed. Feu
Noveau, París, 1971). El padre Caffarel comenta en él páginas magníficas sobre el amor, escritas por
escritores contemporáneos. Se encuentran entre éstos Claudel,Mauriac, Malraux, Han Suyin ...EI padre
Caffarel destaca el pensamiento del autor y responde al mismo iluminándolo. De forma breve, dice lo
esencial de lo que hace vivir a un cristiano que ama: la belleza, la felicidad, también el sufrimiento. He
aquí el comentario sobre una página de Aragón. Cómo no ver en él una confidencia del padre Caffarel.
Lo diré después de la lectura de esta página tan realista y tan adaptada a todas nuestras vidas. "Aragón lo
ha visto bien, el gusto del absoluto es "más común que la gripe". Podría, debería decir más: el gusto del
absoluto no está ausente en ningún ser humano". Y el padre Caffarel dice después con indulgencia: "Por
definición ninguno entre los bienes de la tierra puede satisfacer este gusto por lo absoluto, aunque
fuesen los más raros, los más puros. Ni la ciencia, ni el arte, incluso ni el amor. Por no estar
convencidos de ello, los hombres ávidos de ese absoluto que les fascina, se lanzan sobre todos los
bienes, y estos bienes, fatalmente, les decepcionan. (...)Como Berenice (la chica del relato de Aragón)
que se imagina que va a encontrar el infinito en lo finito, en un chico vulgar. Así son estos hombres y
todas estas mujeres que queman y destruyen al ser que aman con el fuego de su insaciable exigencia de
absoluto. Llevan el infierno con ellos, en ellos. ¿Qué aconsejarles? ¿Apagar el fuego? ¡Pero sería
apagarles su alma¡ Mejor que crean en la existencia de este absoluto y en la posibilidad de alcanzarlo.
Pero que renuncien a esperarlo de un ser humano" (p. 128-129). Para el padre Caffarel es entonces
cuando se produce la apertura a Dios. Renunciar al otro te abre sólo a Dios, sólo Dios servido, amado.
Así, en el sacramento del matrimonio, el otro se convierte - y es la palabra usada por el padre Caffarel -
en "sacramento" para aquel a quien ama, le abre a Dios, al absoluto tan buscado. ¿Qué mayor servicio
podemos hacernos? Satisfechos plenamente por Dios, nosotros nos amamos.
No me he alejado del retrato espiritual del padre Caffarel. Lo absoluto del matrimonio, él lo conoce por
lo absoluto de su son a Dios por su amor hacia nosotros. Ahí está la esencia de su fecundidad. Estamos
hechos para lo absoluto del amor. En una entrevista al padre Caffarel en Radio Canadá, se le ve
exclamar: "pero el amor es mi esencia" He ahí el porqué de su sacerdocio.

Conclusión: la compasión

Permitidme finalizar mostrando la compasión del padre Caffarel. En efecto sería necesario mostrar toda
la ternura de que era capaz. Bajo formas a veces austeras, el padre Caffarel ha sido querido, muy querido
con gran admiración. Se dice a menudo que el padre Caffarel no ha sido una persona fácil: exigente con
sus colaboradores, les pedía a veces cambiar, en el último momento, toda la organización de un
encuentro...Algunos han llorado por culpa suya. ¡Henri Caffarel no será beatificado por no haber tenido
ningún defecto! Lo podrá ser porque ha estado, con sus sombras y sus luces, lleno de Dios y porque no
tenía otro deseo, otra voluntad, que dar Dios a los otros. He aquí pues, para terminar, una página
admirable de realismo espiritual. Se trata del matrimonio, pero podemos leer en ella una confidencia
espiritual. El padre Caffarel ha ido hacia la santidad tal cual era. Para él, como para nosotros, incluso
nuestros defectos pueden ser aperturas hacia la misericordia de Dios."De hecho, muchos hogares se
sitúan entre dos extremos, el de la bancarrota y el del éxito Total. En ellos el amor es a la vez riqueza y
pobreza, éxito y fracaso. Un amor así es una ayuda preciosa para ir hacia Dios. Hecha de lágrimas y de
alegrías, de esfuerzos, de sacrificios y de oraciones, de decepciones y de esperanzas, de dones y de
perdones, esta unión en que se ha recibido mucho uno del otro y se ha sufrido tanto uno por el otro, uno
para el otro, la gracia lo habita, la gracia está allí, en la tarea de llevar a cada uno a encontrar al
Cristo vivo." (op. cit, p.81)
¡Siempre Cristo en el centro de todo! El amor de Dios, fuente del amor de las parejas casadas, el amor de
Dios, fuente del amor del padre Caffarel, sacerdote del Dios vivo.

Paul-Dominique Marcovits, o.p.


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