i LAS MIL YUNA

NOCHES
MEXICA~_J
(segunda parte)

Jooé~~ Mares
Ilustraciones: Alberto Carlos

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LAS MIL Y UNA NOCHES MEXICANAS

@ 1984, José Fuentes Mares

La editorial agradece a Alberto Carlos su colaboración
al realizar las ilustraciones de esta edición.
Diseño de portada e interiores Alberto Diez.

D.R. © 1985 por EDITORIAL GRIJALBO, S.A.
Calz. San, Bartolo Naucalpan No. 282
Argentina Poniente 11230
Miguel Hidalgo, México, D.F.
PRIMERA EDICION

~::SI!!libro no puede ser reproducido,
'ota! o parcialmente,
>inautorización escrita del editor.
SBN 968·419·543·5
MPRESO EN MEXICO

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TABLADE LOS CAPITULOS QUE SECONTIENEN EN LA SEGUNDA
PARTE DE LAS LLAMADASMIL Y UNA NOCHES MEXICANAS

INVOCACION pág. 17
r.. ELRIO
Donde se habla con sano juicio de pequeños y grandes
ríos de aguas contaminadas, en especial del llamado río
Tula, en cuyas aguas flotaron varios cuerpos, cuya
muerte e identificación se prestó a varias hipótesis des-
cabelladas pág. 21

11.- LA RENUNCIA
Donde se indiscretan pormenores relativos a los últimos
días hábiles del famoso dictador don Porfirio Díaz , cu- ,
yo empecinamiento en conservar la Presidencia de la
República confirma que como nadie renuncia por su
gusto, todos dejan el puesto cuando se los quitan .... pág. 31

111.-EL AUTOR
Donde se alerta a los incautos contra la funesta tenta-
ción de ser escritores, ilustrándose los riesgos con las tri-
bulaciones de don ReyesValderrábano, padre ejemplar
y excelente esposo, cuyas desgracias principiaron el día
en que se propuso escribir una novela pág. 43 .

IV.- LA DESCONFIANZA
Donde con múltiples argumentos se fustigan las devas-
tadoras consecuencias de la desconfianza y el pesimismo
.,...T'.'T'.-~~.~----···· "'l""T""""""'

entre los individuos y las naciones, todo ello .hermosa-
mente ilustrado con episodios tomados al azar entre los virtudes militares del general Ignacio Zaragoza, quien
muchos que proporciona el llamado Segundo Imperio quiso quemar la ciudad de Puebla, cuna de varones
Mexicano
. ,. ll doctos, insignes polítícos y moles insuperables ..... ; .pág. 107
............................. . pag.
V.- LA CONFIANZA . X. - EL PALACIO
Donde con verdadero conocimiento de causa se enco- Donde con abundancia de recursos se cuenta la historia
mia la capacidad para la esperanza, aparte de subrayar del Palacio Nacional, Pórtico de la Gloria para unos y
la est~rilidad del pesimismo con aleccionadoresejemplos Muro de Lamentaciones para otros. Aunque nada agra-
entresacados de los muchos que afortunadamente pro- dable para vivir en él, como salta a la vista, muchos ge-
porciona la llamada Revolución Mexicana pág. ól nerales y licenciados han querido ser sus inquilinos sin
embargo pág.
VI.- EL ROMANTICO
Donde se alerta a los jóvenes para que no sigan el XI.- EL IMBECIL
ejemplo de Manuel Acuña, quien en vez de envenenar- Donde se revelan intimidades repugnantes de don Fer-
sepor causa de Rosario pudo secuestrarla al salir de mi- nando VII, rey de las Españas al comenzar el movimien-
sa, para dejar bien sentado que con los poetas no se to de Independencia de mi lejano país. En los magnífi-
juega. Se demuestra igualmente que la melancolía es cos retratos que Goya pintó de Su Majestad, salta a la
· padecimiento del higado, no del alma . . . . . . . . ..... pág. 7) cara del rriodelo la imbecilidad, igual que la inocencia
·-
en 1a d e un runo ,..
pag.
VIL- LOS CONSPIRADORES
Donde se diserta sobre conspiradores y conspiraciones, XII.- EL PROCESO
una de las cuales, la de 1808, estuvo a punto de darnos Donde sobriamente se historian el proceso y la ejecu-
libertad e independencia. Se habla también de donJo- ción de don Miguel Hidalgo y Costilla en el Real de San
sé de Iturrigaray, virrey a quien destituyeron por su Felipe de Chihuahua, amén de los pormenores del
conducta poco limpia, punto en el cual ha de tomarse juicio según constancias orginales en el Archivo de In-
en cuenta que aquellos eran otros tiempos : .. pág. 81 dias, de Sevilla, también reproducidas en otras publica-
ciones serias pág.
VIII.- EL DONJUANISMO
Donde se ensalzan con orgullo las funciones académicas XIII.- LA METAMORFOSIS
y sociales del Instituto Nacional del Donjuanismo, cu- Donde se discurre sobre la transformación de algunos
yas licenciaturas.y doctorados se respetan en el mundo insectos y de casi todos los seres humanos, unas veces
entero ..En el relato se consignan varias actuaciones pro- para bien y otras para mal. Finalmente se reproduce la
tagonizadas por estudiantes del INDJ en el centro noc- última conversación entre don Hernán Cortés y el señor
turno llamado la Lechuza Rresignada pág. 97 Cuauhtémoc, quienes murieron enemistados aunque ..
no les faltaran motivos para quererse como hermanos .pág. 163
IX. - LAS FLORES
Donde traer a cuento los órganos de reproducción de las XIV.- LA SUICIDA .
plantas fanerógamas presta la coyuntura para elogiar las Donde sesudamente se analizan las causas por la cuales
hombres y mujeres llegan a privarse de la vida, todo
ello ilustrado con el nada juicioso comportamiento de
doña Antonieta Rivas Mercado, novia desventurada del enemigos. Se ilustra tan aleva conducta con la muerte
candidato a la Presidencia e ilustre filósofo don José de don Emiliano Zapata, cuya tosudez, por otro lado,
Vasconcelos pág. confirma que no todos los tercos nacieron en el antiguo
173 Reino de Aragón pág. 231
XV.- LA INSURRECCION
Donde con singular conocimiento de causa se discurre XX.- EL EMPERADOR
sobre la insurrección de 1810, hablándose con largueza Donde el autor admite, con alto sentido de responsabi-
de los escrúpulos de conciencia del señor cura Miguel lidad, haber perdido el camino al ocuparse del empera-
Hidalgo. Para terminar, se distingue entre quienes dor Augusto en vez de hablar de los emperadores ver-
mueren por emprender revoluciones, y quienes viven náculos. Además promete no volver a ocuparse de los
para cobrar los dividendos pág. romanos, cuyas ideas políticas y sistema de gobierno no
185 tuvieron la menor semejanza con los de su lejano país .pág. 241 ·
XVI.- EL PASAPORTE
Donde mediante giros certerisimos se.destaca la impor-
tancia del documento personal llamado Pasaporte, con-
tándose de paso las aflicciones de don Angel Pelmazo,
quien tuvo la ligereza de irse de paseo a la URSS sólo
porque una semana en Acapulco le resultaba más cara .pág. 199
XVII. - LAS CABELLERAS
Donde se cuenta cómo los aguerridos chihuahuenses,
después de acabar con la próspera industria de matar
indios bravos para cobrar por sus cabelleras, se dedica-
ron a oficios menos redituables. También se deja bien
sentado que los indios nunca admitieron de buena gana
que les tomaran el pelo '· pág. 211
KVIII.- EL SUEÑO
Donde aparte de hablarse de los sueños con apoyo en
textos clásicos,se consigna el proyecto del honorable ja-
ponés Matsumoto Harakiri para tomar en arrendamien-
to mi lejano país, con sus muebles y enseres, como si
fuera granja de vacunos o edificio de viviendas pág. 221
XIX. - LA TRAICION
Donde con gala de argumentos se fustiga la felonía de
quienes engañan a los incautos, entregándolos a sus

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Donde sin primores de estilo se cuenta cómo
los chihuahuenses acabaron con la próspera
industria de matar indios bravos para cobrar
por sus cabelleras y después tuvieron que
ocuparse de oficios menos rediruables aunque
más seguros, pues los indios nunca
admitieron que sin pelear les tomaran el pelo.
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XVII

Las cabelleras

Gran Señor:
No sabrás de Chihuahua por mis libros sino por ciertos perros de bolsillo,
afrenta de cuantos mamíferos carniceros de la familia de los cánidos
ladran por allí. Y el bien ganado renombre de mi tierra no merece susten-
tarse en tales falderillos, tan buscados por damas rnenopáusicas, sino en
sus riquezas naturales y las hazañas de sus hombres, entre ellas alguna tan
notable corno las cruentas guerras indias, en el curso de las cuales confun-
diéronse la vida y la muerte en aventuras singulares. De favorecerme esta
noche con tu paciencia, te contaré brevemente la historia de mis abuelos,
cazadores de cabelleras. Por ella verás cómo, para vivir ellos entonces,
ahora nosotros, tuvieron que desaparecer los antiguos dueños del llano.
La guerra con las llamadas ''naciones indias'' dio principio en cuanto se
debilitó el brazo armado de la raza conquistadora. Si la frontera es aún
tierra de precaria tenencia, mayormente en aquellos tiempos, desguareci-
da espiritual y materialmente por la expulsión de los jesuitas primero, y
luego por el retiro de los soldados presidiales. Después vinieron años de
asonadas y luchas civiles, hasta llegar la guerra con los Estados Unidos a
redondear el desastre. Durante buena parte del siglo XIX supervivieron
de milagro mis abuelos; de un milagro cuyos autores fueron el coronel
Joaquín Terrazas y sus batidores del campo y de los pueblos. Hombres sen-
cillos, en su mayoría sin letras, fueron sin embargo arquitectos del futuro.
El lapso de 1830 a 1946 corrió entre grandes zozobras. Losbárbaros lle-
vaban sus correrías más lejos, o más cerca cada vez. Azote de haciendas y
viajeros, en 1830 resolvió el Gobierno local recompensar con dinero a los
voluntarios, mas corno de costumbre no hubo con qué pagarles, y la
audacia de los salvajes creció en la medida de los recursos inexistentes.
Con los indios a 30 kilómetros de la ciudad capital, mis abuelos pensaban

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------LAS MILYUNANOCHES
MEXJCANAS- ~------~~~--~-LAS CABELLERAS-------------·------
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convertir sus casas en fortalezas. Sin elementos ni apo¡oa1l~li1mo . logros pagaron diez millones de dólares, buenos porque entonces no les
central, se las habían con enemigos mejor dotados, comorehrnw1i1· debíamos cerca de cien mil millones, pero malos porque el Tratado de 1853
mona de 1833. dejó inerme nuestra frontera norte. .
Los míos no se amilanaron sin embargo. Si antes de que los norteameri-
Su carácter feroz y asesino; su conaturalización a toda intemi11i1;1~~l1 canos ocuparan su ciudad capital pagaron 50 pesos por cabellera, ahora, a
cubrir sus necesidades con raíces y carnes caballares; su vidaen~1001mi1 mayores riesgos, más dinero: 200 pesos de aquellos. Cada indio bravo lle-
ejercitada en la caza; su táctica desconocida en el arte comúndel1¡ui1tt,¡1l¡l1· vaba una fortuna en su cabeza, y sorprender un aduar era dar con una mi-
no conocimiento que del terreno han tomado en los días depaz,i~l!ílt1~11
el haber en un principio sorprendido y robado en las hacienh¡lj~W
na. El futuro de la apachería estaba escrito. Años más tarde (1860), en
mejores remontas, todas las circunstancias, comparadas con las~~1h1ffi~ aumento los peligros, o en baja el poder adquisitivo del dinero, la paga
gentes y de nuestras armas, dan a esos enemigos, sobre nosotro1,n11lb1111j~, ascendió a 300 pesos por cabellera. No de balde la gloria, el amor y el di-
nero son los tres motores de Occidente.
El Congreso local resolvió en junio establecer dos fondma111;1uo, Por entonces, amadísimo Sefior, comenzó a sonar en la historia de mi
de 9,000 pesos, para financiar las operaciones militares, ¡otro,"lolru~ tierra el nombre de Joaquín Terrazas, gran caudillo cuyas hazafias resul-
sidiario'' hasta por 80,000 pesos, a cargo de vecinos pudient~.M:lillll tan inseparables del exterminio de la apachería. En 1860ocupó el general
gratificación de 25 pesos más por cada indio muerto. Anre~o~a1l Luis Terrazas (sin parentesco con don Joaquín) la gubernatura del Esta-
hombre blanco se agitaba el cebo irresistible: 25 pesos porinaillroomono do, hombre de ideas 'definidas, para quien ' 'ese·enemigo de toda civiliza-
era un capital, sobre todo porque los bárbaros no estabani1mdii~¡ ción, feroz y sanguinario más bien por carácter que por ignorancia, sólo
manos, pero sí el camino de la supervivencia. cede a la fuerza material", como escribió al gobernador de· Nuevo La5n.
Acabar con ellos era cuestión de vida o muerte. Los chihuahuenses de
En 1846, año de la guerra con los Estados Unidos,ieaiiujijíl!IÜe aquel tiempo llegaban finalmente a comprender que si el indio bárbaro
Premios para recompensar a los cazadores. Ahora no serfanll1mofü~· no era miembro de la familia humana, tampoco ameritaba ser objeto de,
sos por cabellera. Cada apache llevaba en la cabeza lo nemirioiiramin· conceptos humanitarios.
tener a la familia durante un par de meses. Y a falta deejfai1wornlliii~ Un par de años después llegaron los soldados de Napoleón a empeorar '
una corta fuerza de jinetes, rifleros certeros y valeroroi,mmMil~ la situación. El presidente Juárez exigió al Gobierno de Chihuahua su ,
aduares indios en pos de glorias y dinero. , , contingente para la defensa de Puebla, y éste no lo proporcionó. Incapaz '
Al terminar la guerra con los Estados Unidos, mediant11lmiuloID de comprender que para los fronterizos eran los franceses enemigo remo-
del Tratado de Paz, el gobierno de Washington contrajonol~~oina1 to, y los indios enemigos actuales, el presidente Juárez depuso al Gober-
contener las incursiones de indios bárbaros, y en su caio1~~loo¡11· nador en 1864, y declaró al Estado en "estado de sitio". No es la ocasión,
carmentarlos. Mas poco después se arrepintieron. Losterrito1io1~ro11· señor, de contarte. cómo acabaron aquellas misas. Juárez se reconcilió con
mente adquiridos principiaron a poblarse y los ap¡¡he1111omraion Luis Terrazas durante su estancia en Chihuahua y Paso del Norte; losim-
más fácil depredar al sur de la frontera. El artícul0Xla1lllltlaoa1 perialistas ocuparon parte del Estado, y batidos allí como en Zacatecas y
Guadalupe-Hidalgo les atribuía responsabilidades nopreviruilullllll~ Querétaro, don Benito se instaló en la ciudad de México en 1867. Vueltos ,
la paz de 1848, y un lustro después nos mandaron aJam11~1niua los franceses a su tierra, muerto Maximiliano y sus generales, el hombre
negociar nuevo convenio, el de 1853. Originalmente preten@n~ijOO~ de Guelatao restauraba las instituciones republicanas.
con buena parte de nuestros Estados del norte v unavdttin1im~f En la frontera mientras tanto, lejos de amainar crecía el problema del
Tehuantepec, pero ante la resistencia del entonces pmiaenrefun~!nna indio bárbaro. Sobre todo al principiar a sonar el nombre de Victorio,
redujeron sus demandas a dejar sin efecto lo dispuestoior1li1ijlo~ hombre blanco según la conseja popular, robado cuando niño por los ··
del Tratado de 1848, despojándonos además del territorioa1uM1rul1 apaches y educado al modo de su raza. Pero indio o blanco, con las cuali-
con el pretexto de tirar los rieles de su ferrocarril al Mrn,1mii11~1 dades de un gran jefe, Vicrorio llenaba de miedo el llano y la serranía.

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NOCHES
MEXICANAS------

Atacaba y se escurría; su fama crecía en la medida de sus tropelías. Ani-
mosos, los vecinos del Carrizal, un pueblo del llano, llegaron a la sierra de
Candelaria en busca del apache, mas Victoria acabó con ellos. Sólo unos
pocos volvieron al pueblo con sus cuitas. Otros más tomaron el camino de
la sierra para vengar a sus muertos.' Inútil, oh Señor a quien esto cuento.
Todavía se habla de la "tinaja de Victorio ", donde ninguno vivió para
'contado. ,
Ante la gran amenaza fue Joaquín Terrazas en busca del indio, y de
nuevo se multiplicaron los rifleros en parto milagroso. Mas Victoria no
presentaba batalla. Ausente y presente a la vez, cobarde y valeroso,
depredaba y se escondía. Sin éxito recorrió Terrazas la frontera, tratando
de cortar su retirada a Texas y Nuevo México, donde no podía seguirlo.
Don Joaquín encontró sólo huellas de caballada; vacíos los aduares
apaches. Victoria era sombra o pesadilla. En febrero de 1880 volvieron los
cazadores a Chihuahua con las manos vacías.
1 ~

1,, / Vanamente pidió el Gobernador apoyo federal para seguir la campaña,
mas así y todo llamó de nuevo a Joaquín Terrazas. Varios jefes políticos
ofrecían contingentes de vecinos armados para reanudar la batida, y el
Gobierno, por su parte, aportó cuatro reales para los infantes y seis para
los de a caballo, aparte, por supuesto, del premio por las cabelleras, mejo-
rado esta vez: ahora se pagaría también por "las piezas vivas de mujeres y
muchachos'', y 2 mil pesos por Victorio vivo o muerto. Guerra total, sin
reparar en edades o sexos. Para exterminar al indio bravo no se paraban
los chihuahuenses en pelos o tarnaños. ·
A pocos días de marchas se unió a Terrazas el jefe político de Galeana,
Juan Mata Ortiz , con más de 100 hombres, y todo septiembre corrió en
búsquedas infructuosas. Como si el llano se hubiera tragado a Victorio.
Pero no. Al mediar octubre se acercaban los cazadores a los cerros dé Tres
Castillos, y con su anteojo avistó don Joaquín nubes de polvo. Muchos ca-
ballos corrían por el llano. ¿Victoria? Sí, Victorio, ahora dispuesto a pro-
bar combate. El indio cabalgaba al frente', comp de costumbre, sin sos-
pechar que dos balas tarahumaras, aliadas de los blancos, estaban a punto
de epilogar su historia. En efecto, dos rarámuris se adelantaron a la co-
lumna, hicieron fuego, y cayó Victorio. Sin jefe, los indios se replegaron a
\,
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los cerros, donde por la noche lloraron con alaridos la muerte de Victoria.
Terrazas tendía mientras el cerco, y al amanecer comenzó el asalto. Indios
Y rancheros lucharon como vires, como virtuosos, hasta quedar sólo dos
apaches refugiados en una cueva. Si no llevaban espadas al cinto, para
Quiero que de Chihuahua se sepa por las h~allas de sus
hombres, no por los pe"os de bolsillo, refrentade cuantos
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mom(jeros carnicerosladranpor a//I,
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entregarlas como generales vencidos, pudieron dejarles siquiera las ca· fueron historia, reciente además porque en la vida pretérita apenas cuen-
belleras. tan los 100 años transcurridos. Te ruego recordar las hazañas de mis
Desalentados por la pérdida del jefe, los capitancillos Ju y Gerónimo abuelos, y no me mires en esa forma, pues ¿te sorprende que los actuales
pidieron la paz, y don Joaquín se reunió con ellos en marzo de 1882, cerca chihuahuenses nos dediquemos a tareas de menor alzada? Indudable. Pero
de Casas Grandes. Pernoctaba la indiada en el bosque, confiada en la tre- también admite que si entre nosotros no queda ningún Joaquín Terrazas,
gua, mientras Terrazas dividía sus hombres en dos columnas para cer- entre los indios no habría tampoco quien se dejara tomar el pelo. Me
carlos, una a su mando y la otra al de Juan Mata Ortiz. Al amanecer se pues, esperando me dispenses la gracia de volver. Que pases buenas
dispuso el ataque, mas una de las columnas hizo fuego prematuramente, noches.
y buena parte de los apaches consiguieron escapar, Ju entre otros, de
quien Terrazas alcanzó a oír la sentencia en su español, chapucero: ''Tú,
Joaquín, traicionero maldito, y para ti, Capitán Gordo (Mata Ortiz), para

ti no balazos, no cuchillo, no lanza, no flechas: para ti ¡lumbre!". Y el
capitancillo cumplió la sentencia. Cuidadosamente tramó la celada, y en
ella cayóJuan Mata Ortiz. El apache pudo acabar con él sin bajas de su
parte, mas las pagó para cogerlo vivo. Lo demás estaba escrito. Cerca del
Charco de los Arrieros, en una loma ardió el cuerpo de Juan Mata Ortiz,
y hoy un pueblo lleva su nombre. Purifica el fuego, Señor. Lavamanchas y
pecados; la ceniza es limpia, el humo tiene algo de espiritual. Si la ho·
guera fue su tumba, ningún epitafio supera la consigna de Mata Ortiz a
sus acompañantes, al empezar la campaña: ''Si alguno de ustedes se puso
por equivocación las enaguas de su mujer, que vaya al pueblo a cambiár
selas".
Poco tiempo después se cerró para siempre el capítulo de las guerras in·
dias, y Chihuahua principió aser lo que hoy es gracias aJoaquín Terrazas
y sus rifleros, dicho sea en reconocimiento de la deuda. Sin necesidad de
violentar la historia, don Joaquín cuenta hoy con sencillo monumento en
recuerdo de la victoria de Tres Castillos. Y aquí termina mi historia de es·
ta noche. Mas no me iré sin dejarte unas pocas líneas de su puño y letra,
en la última página de sus Memorias:
Muchos de los individuos que contribuyeron a la pacificación del Estado quedaron
asesinados por los mismos bárbaros, y otros viven olvidados. Pero a los deudos de
los que ya no existen, así como a los que sobreviven, les queda por recompensala
satisfacción de haber contribuido, en su pequeñez, para lograr el bien general de
la gran familia a la que pertenecemos, sin tener la vana pretensión de que SUs
nombres sean transmitidos a la posteridad, pues esa ambición sólo cabria en
quienes consideran que han hecho mucho más de lo que les faltó por hacer.

No te desvelo más, ni supongas haber oído un argumento de los "we-
tern" norteamericanos que detestas. Las guerras indias de mi tierra

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