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Historia 5to H Nocturno Prof.

Marcela Pérez

“EUROPA EN EL SIGLO XVIII, LA ARISTOCRACIA Y EL DESAFÍO BURGUÉS”


GEORGES RUDÉ

CAPÍTULO I - PAÍSES Y POBLACIÓN

“Es evidente que el siglo XVIII fue una época de rápidos cambios sociales y
políticos; difícilmente podría ser de otra manera un siglo que culminó con la revolución
industrial en Inglaterra y la gran revolución política en Francia. (...)

Los historiadores han hablado del siglo XVIII como de una época de “revolución
demográfica” (en el siglo XVI la población disminuyó o se estancó). Durante el siglo
XVIII, cuando se hicieron tales cálculos, los había de dos clases, de las cuales la
primera era la más frecuente, pero tenía menos probabilidades de ser fidedigna que la
segunda: se basaban en los registros parroquiales de nacimientos, matrimonios y
fallecimientos (que, al menos, excluía a los grupos religiosos minoritarios) o sobre un
censo, un recuento de cabezas, que constituía un raro fenómeno antes de principios
del siglo XIX (...)
La “revolución demográfica” corresponde más a 1750 que a 1700.
En resumen, basándonos en la inadecuada información disponible, parece que la
población de Europa (con la exclusión de los territorios del Imperio Otomano) pasó de
100 a 120 millones en 1700 a 120-140 millones en 1750 y a 180-190 millones en 1800;
en otras palabras, que el índice de crecimiento se aceleró durante el curso del siglo y
se duplicó durante los últimos cincuenta años(...)
Rusia, cuya población creció desde 19 millones en 1762 a 29 millones en 1796 (...)
Inglaterra y Gales, que pasaron de seis millones en 1750 a nueve millones en 1800
(...) Francia, que pasó de quizá 22 millones a 27 millones (...).

¿Cuáles fueron las razones de la “explosión demográfica” en la segunda mitad


del siglo XVIII? En primer lugar, parece generalmente aceptado que en muchos
países europeos el índice de mortalidad comenzó a disminuir alrededor de 1740 ó
1750 (...)
Las expectativas de vida variaban considerablemente entre los distintos países y
clases. En la Ginebra patricia, por ejemplo, la expectativa de vida al nacer de los
miembros de las clases privilegiadas ascendió de 41,6 años en la primera mitad del
siglo a 47,3 en la segunda (...) entre 1750 y 1800 la expectativa de vida en Suecia era
de 33,7 años para los hombres y 36,6 años para las mujeres, mientras que en Francia
el promedio para ambos sexos conjuntamente no pasaba de los 29 años.
La caída del índica de mortalidad (...) se ha atribuido a numerosos factores, entre ellos
la disminución de desastres como las hambres, las epidemias y las matanzas masivas
en la guerra, el mejoramiento de los medios sanitarios y médicos y la elevación de las
condiciones generales de vida. (...)
El espectacular descenso del consumo de ginebra a comienzos de la década de 1750
puede haber contribuido sustancialmente a las esperanzas de supervivencia de
muchos hombres, mujeres y niños ingleses, en esencial en Londres... es evidente que
el consumo excesivo de ginebra se relaciona muy estrechamente con los años en los
que la mortalidad alcanzó en Gran Bretaña niveles más alarmantes. (No obstante, se
ha sugerido que quizá sea ésta una inversión del orden de los hechos, y que fue la
mortalidad elevada la que provocó el consumo de ginebra, y no al revés.) una
explicación de mayor validez general para una época en que el pan representaba el
alimento básico de la dieta del trabajador consiste en que las malas cosechas y las
crisis alimentarias, contribuyeron a la elevada mortalidad en estos países durante la

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primera mitad del siglo, mientras, por el contrario, la mejora en el suministro y en la


calidad de los alimentos contribuyó a su descenso en la segunda mitad.
Otra opinión sostiene que el descenso en el “índice de mortalidad de ciertos países se
debe, en gran parte, a una mayor resistencia alas enfermedades...” ... es cierto que
las epidemias persistieron y no desparecieron de la noche a la mañana: por ejemplo,
la viruela mató en 1719 a 14.000 personas sólo en Paris... España padeció epidemias
de malaria en 1784-87, y de nuevo en 1790-92; y en Suecia se dice que la tos ferina
causó la muerte de 40.000 niños entre 1749 y 1764. Pero al menos en Europa
occidental hubo una disminución general de la incidencia y virulencia de las epidemias
a lo largo del siglo, y la temida peste bubónica que habían sido un azote en el pasado,
no volvió a partir de 1720. Hay pocas dudas de que existía una creciente preocupación
con los problemas de la salud y la higiene... por ejemplo en Francia se prohibió el
entierro de los muertos dentro de los límites de las ciudades a partir de 1777; y Luis
XVI ordenó que le construyesen un excusado de estilo inglés (el primero de su clase
en Francia) para su uso con ocasión de la ceremonia de la coronación en Reims en
1774. ... En Gran Bretaña se tomaron medidas para combatir las enfermedades
mediante el uso de quinina contra las fiebres, de inoculaciones y vacunas contra la
viruela, la construcción de nuevos grandes hospitales y dispensarios para pobres y la
utilización de métodos más científicos para diagnosis. Se ha sostenido que los nuevos
hospitales, al amontonar tanta gente en condiciones insalubres, pudieron, en algunos
casos, provocar la muerte de más enfermos de los que curaron.
Mckeown y Brown han insistido que el impacto de la medicina y de las medidas de
sanidad públicas sobre el índice de mortalidad sólo pudieron tener una mínima
significación en aquella época... argumentan que la disminución de la mortalidad y el
descenso de las enfermedades, al menos en el caso de Inglaterra, se debe a las
mejoras generales en el medio ambiente y en la “calidad de vida”, resultado de la
mejora de los métodos agrícolas y del suministro de alimentos más nutritivos, entre
ellos la patata, tan despreciada durante largo tiempo.
Se puede decir que en la Europa de finales de siglo XVIII se dio una marcada tendencia
al ascenso en el índice de natalidad y al descenso en el índice de mortalidad. ¿Qué
factores determinaron las variaciones en el índice de natalidad? Se han propuesto
muchas explicaciones, entre ellas la edad y la tasa de matrimonios, las expectativas
de vida de las parejas, su estado de salud y de fertilidad, la incidencia del celibato, las
migraciones temporales, la abundancia o la escasez de tierras y la práctica voluntaria
del control de natalidad.
¿Cuáles fueron los efectos visibles del aumento general de la población
europea? La opinión contemporánea estaba dividida entre quienes consideraban
beneficioso y los que lo creían perjudicial para el interés general. Malthus, tenía una
visión claramente pesimista. En un Essay on Population (1798) afirmaba que, sin
guerras, plagas y hambres, y sin el ejercicio de otras “restricciones preventivas”, como
la emigración y la abstinencia voluntaria, el número creciente de nuevas bocas
agotaría rápidamente la capacidad de la nación para auto alimentarse, y desembocaría
pronto en el hambre y el desastre.
Otros sostenían que una población en crecimiento contribuiría a la felicidad humana y
que era la disminución y no la expansión la que debería preocupar.
Los fisiócratas franceses, Quesnay (...) creían que la tierra era la fuente de toda la
riqueza y que cuantos más brazos hubiera para labrarla y cultivarla sería mejor, veían
con buenos ojos el aumentos de la población, que consideraban un ingrediente
esencial de la prosperidad.