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SIETE VECES CAE EL JUSTO Y OTRAS SIETE SE LEVANTA

Proverbios 24:16
Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; Mas los impíos caerán en el mal.

INTRODUCCIÓN
La vida cristiana consiste en una serie de nuevos comienzos. Esta es una verdad absoluta en
el cristianismo. Como cristianos somos responsables de llevar una vida santa, llena de buenas
obras delante de Dios y del mundo (Efesios 2-10); sin embargo, aun somos seres con una
naturaleza pecaminosa con la cual luchamos todos los días y en ocasiones podemos ceder a
sus seducciones. Pero, ¿Qué debe hacer el justo cuando cae? El Proverbio dice: Porque siete
veces cae el justo, y vuelve a levantarse.
Lo primero que encontramos en este proverbio es una situación que nadie está libre de
pasarla, la caída de un justo, pero quien es este justo, o que es Justo, en el griego Ióustos
(latín: Justus, "justo", "recto"]; griego Titíou Ióustou, ambos nombres, tanto en griego como
en latín, aparecen en inscripciones de la época apostólica: griego díkaios, y la Biblia nos
enseña que es una persona de recto proceder, que anda delante de DIOS, en otras palabras
usted y yo si estamos en comunión íntima con Dios podemos ser llamados de justos, pero por
lo que vemos en este proverbio eso no quita que cometamos errores, o que pasemos
dificultades, o que pequemos, o adversidades o pruebas, esto nos puede llevar a quedar
postrados en una situación muy delicada y dolorosa para nuestras vidas, con graves
consecuencias, pero el pasaje sigue diciendo que aunque siete veces se caiga el justo, o sea
aunque cometa varias veces el mismo error u otros errores, y que los que lo rodean lo apunten,
lo acusen, lo dejen tirado y no le extiendan la mano para ayudarlo, se encuentre en total
desolación y soledad, con todo él se levantará, pero no por fuerzas propias, sino que es El
Señor que le va a dar esas fuerzas renovadas, Como dice en el libro de Isaías 40:31. Porque
Dios no te va a dejar nunca tirado en el camino, al contrario; te levantará, renovará tus fuerzas,
afirmará tus pasos, y te bendecirá por toda tu vida.

Ahora veamos el ejemplo de 3 hombres conocidos por su fe entre las páginas de la Biblia
pero que en determinado momento pecaron y fueron restaurados.

1. CUANDO UN INCRÉDULO NOS REPRENDE: EL EJEMPLO DE


ABRAHAM.
“Después llamó Abimelec a Abraham, y le dijo: ¿Qué nos has hecho? ¿En qué pequé yo
contra ti, que has atraído sobre mí y sobre mi reino tan grande pecado? Lo que no debiste
hacer has hecho conmigo”. Génesis 20:9

Cuando un hombre impío realiza una obra desleal el mundo no se admira, pero cuando un
hombre de reconocido testimonio cristiano comete una obra desleal el mundo se estremece.
Como cristianos somos responsables de nuestras acciones, debemos caminar de acuerdo a
nuestras convicciones, predicar con el ejemplo, vivir constantemente nuestros principios
bíblicos. De nosotros se espera mucho. En este texto encontramos a un hombre que ya tenía
varios años de andar con Dios, sin embargo, lo vemos cometiendo un acto vergonzoso:
mintiendo. Nuestro Dios ama la verdad en lo íntimo, pero aquí vemos a Abraham mintiendo
deliberadamente ya que el temía que por causa de la hermosura de su esposa Sara lo mataran,
así que decidió decir que ella era su hermana, esto provocó que Abimelec la tomara pensando
que no estaba comprometida exponiéndose a la ira de Dios. No obstante, en este caso
Abimelec, rey de Gerar, un pagano actuó de buena voluntad y por eso Dios impidió que
cometiera un pecado y le revelo su error en sueños. Paradójicamente encontramos la actitud
correcta en un rey pagano que no tenía un conocimiento completo de Dios, que en el patriarca.
Él le dice: ¿Qué nos has hecho? ¿En qué pequé yo contra ti, que has atraído sobre mí y sobre
mi reino tan grande pecado? Lo que no debiste hacer has hecho conmigo. Como hijos de
Dios se espera mucho de nosotros, nuestro comportamiento tiene que ser muy diferente al
del resto del mundo, nuestras decisiones tienen que ser diferentes a la de los impíos; pero,
como Abraham a veces podemos cometer errores que nos avergüencen como hijos de Dios
y los incrédulos como Abimelec pueden amonestarnos por nuestro mal testimonio.
Pero que podemos hacer: Como Abraham, debemos reconocer nuestro error y corregir
nuestra conducta pecaminosa y comenzar a testificar con más entusiasmo. Abraham
reconoció públicamente su error y oró a Dios para que perdonara a Abimelec y a su
pueblo. “Entonces Abraham oró a Dios; y Dios sanó a Abimelec y a su mujer, y a sus siervas,
y tuvieron hijos”, (Génesis 20:17).

2. CUANDO OTRO CREYENTE NOS REPRENDE: EL EJEMPLO DE DAVID.


“Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre. Así ha dicho Jehová, Dios de Israel:
Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl, y te di la casa de tu señor, y
las mujeres de tu señor en tu seno; además te di la casa de Israel y de Judá; y si esto fuera
poco, te habría añadido mucho más. ¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová,
haciendo lo malo delante de sus ojos? A Urías heteo heriste a espada, y tomaste por mujer
a su mujer, y a él lo mataste con la espada de los hijos de Amón. Por lo cual ahora no se
apartará jamás de tu casa la espada, por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de
Urías heteo para que fuese tu mujer. Así ha dicho Jehová: He aquí yo haré levantar el mal
sobre ti de tu misma casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y las daré a tu prójimo,
el cual yacerá con tus mujeres a la vista del sol. Porque tú lo hiciste en secreto; mas yo haré
esto delante de todo Israel y a pleno sol”. 2 Samuel 12:7-12

En esta parte de la Escritura se nos relata la historia de la caída de David, el rey de Israel, el
hombre conforme al corazón de Dios. Su pecado de adulterio con Betsabé y el homicidio
de Urías el heteo es bien conocido y cuando el profeta Natán lo confrontó vemos la actitud
que David tomo: “Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David:
También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás. Mas por cuanto con este asunto hiciste
blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá”. (2 Samuel
12:14).

Cuando lamentablemente David pecó en contra de Dios y fue confrontado por Natán, la
actitud que el rey tomo fue de humillación y arrepentimiento. Como rey pudo haber
hecho que echaran a la cárcel al profeta cuando lo confronto por su pecado, como lo hicieron
otros reyes que lo sucedieron; pero no fue así. Lamentablemente su arrepentimiento no evito
que las consecuencias de sus pecados lo alcanzaran. El niño murió y más tarde vino la
desgracia a su familia de parte de sus propios hijos. Cuánta razón tiene Dios al exhortarnos
a alejarnos del pecado ya que aun cuando nuestros pecados sean perdonados, la mayoría de
veces tendremos que pagar por nuestras malas elecciones; pero cuando eso pase, como David
aceptemos nuestro pecado y arrepintámonos de él.

3. CUANDO EL MISMO SEÑOR NOS REPRENDE: EL EJEMPLO DE PEDRO.


“Y prendiéndole, le llevaron, y le condujeron a casa del sumo sacerdote. Y Pedro le seguía
de lejos. Y habiendo ellos encendido fuego en medio del patio, se sentaron alrededor; y Pedro
se sentó también entre ellos. Pero una criada, al verle sentado al fuego, se fijó en él, y dijo:
También éste estaba con él. Pero él lo negó, diciendo: Mujer, no lo conozco. Un poco
después, viéndole otro, dijo: Tú también eres de ellos. Y Pedro dijo: Hombre, no lo soy.
Como una hora después, otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba con
él, porque es galileo. Y Pedro dijo: Hombre, no sé lo que dices. Y en seguida, mientras él
todavía hablaba, el gallo cantó. Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó
de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces.
Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente”. Lucas 22:54-62

Esta es una de las historias más conocidas en la Escrituras: la negación de Pedro. Aquí vemos
a Pedro cometiendo un pecado grave: negar al Señor Jesucristo, aun cuando había prometido
que jamás lo haría.
“Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como
a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus
hermanos. Él le dijo: Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a
la muerte. Y él le dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres
veces que me conoces”. Lucas 23:31-34

Pedro creía que era capaz de vencer la prueba en el momento de que se presentara pero se
equivocó ya que no se preparó espiritualmente para este momento. La noche en la que Jesús
iba a ser entregado la paso durmiendo en lugar de prepararse espiritualmente: “Vino luego a
sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar
conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad
está dispuesto, pero la carne es débil”, (Mateo 26:40-41). Al final, mientras Pedro negaba a
su Maestro por tercera vez el gallo cantó y en seguida la mirada de Jesús lo traspaso y recordó
la advertencia de Jesús: Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la
palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Pero,
¿qué hizo cuando esto paso? Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.

Pedro tomo una actitud de arrepentimiento y lloro amargamente su pecado. Cuando como
cristianos le fallamos a Dios, la actitud correcta es la de Pedro: llorar nuestros pecados.
Posiblemente Pedro pensó que después de este error el Señor ya no lo usaría, pero lo restauró
al ministerio para el cual había sido llamado:
“Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más
que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos.
Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí,
Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo
de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le
respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.
De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas
cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras.
Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió:
Sígueme”. Juan 21:15-19
Cuando nos arrepentimos de nuestros pecados y nos apartamos de ellos Dios los perdona y
nos restaura completamente.

CONCLUSIÓN.

Como cristianos somos responsables de vivir a la altura de nuestro eterno llamamiento; pero
cuando caemos, debemos arrepentirnos y apartarnos de nuestros pecados corriendo a Aquel
que puede restaurarnos y limpiarnos de toda maldad.
“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado,
abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”. 1 Juan 2:1
Hallamos un común denominador en ellos, Su mirada siempre se volvió a Dios, ellos tenían
un caminar con Dios íntimo, tal como nosotros lo tenemos, o deberíamos tenerlo, y eso es
ser justos para Dios, el andar en sus caminos.
Nuestra vida es una serie de nuevos comienzos donde nos levantamos de nuestros errores y
luchamos cada día para apartarnos de ellos para proseguir nuestro caminar hacia la patria
celestial.
SIETE VECES CAE EL JUSTO… Y ¿POR QUÉ CAE?

INTRODUCCIÓN

La palabra de Dios nos dice que los justos caen siete veces, pero se levantan siete veces,
aunque en realidad el cristiano cae muchísimas veces en su vida.

Cuando los grandes imperios han caído, cuando las grandes empresas caen o cuando caen los
grandes dictadores de la historia, siempre se pueden analizar las causas de sus caídas, las
causas que hicieron que algo que se veía tan sólido al final terminara en ruinas como muchos
imperios, gobiernos y muchas empresas.

Veremos cuatro principales razones por las cuales nosotros los cristianos caemos y aunque
sabemos que el señor nos va a levantar, pero cada caída duele y seguramente deja heridas en
nuestra vida.

1. Cae cuando nuestro corazón se llena de orgullo y de vanidad (proverbios 18:12


/ mateo 23:12)
Antes del quebrantamiento se enaltece el corazón del hombre, y antes de la honra está la
humildad. Proverbios 18:12

Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. Mateo 23:12

Muchos cristianos caemos simplemente porque no podemos manejar bien el éxito o las
bendiciones que Dios nos da, no podemos manejar sabiamente la autoridad que nos permite
llegar a tener, y muchas veces se nos sube a la cabeza, como lo dice el versículo: se nos
enaltece el corazón.

Si nosotros nos elevamos tenemos que estar seguros que Dios nos hará descender
El terror que inspiras y la soberbia de tu corazón te han engañado, a ti que habitas en las
hendiduras de la peña y que te has apoderado de la altura de la montaña. Aunque eleves
tu nido como el águila, de allí te haré descender, dice el SEÑOR. Jeremías 49:16

Aunque remontes vuelo como águila y entre las estrellas pongas tu nido, de allí te haré
descender, dice el SEÑOR. Abdías 1:4

Como podemos notar en nuestra vida cuando nuestro corazón se está llenando de orgullo y
de vanidad?

A) cuando nuestros ojos se vuelven altivos (Isaías 5:15)

C) cuando nuestra boca solo habla grandezas (1 Samuel 2:3)

D) cuando nos alabamos a nosotros mismos (Proverbios 27:12)

No esperemos que Dios nos baje de la nube, bajémonos nosotros solos (1 pedro 5:6)
2. Cae cuando nos volvemos soberbios y altaneros contra Dios

El hombre que al ser reprendido endurece la cerviz, de repente será quebrantado, y


para él no habrá remedio. Proverbios 29:1

Es un gran peligro cuando nuestro corazón se vuelve soberbio contra Dios, cuando no
queremos obedecer su palabra, cuando nos creemos sabios en nuestra propia opinión.

Dios abate a los soberbios Porque el día de Jehová de los ejércitos vendrá sobre todo
soberbio y altivo, sobre todo enaltecido, y será abatido. Isaías 2:12
Tenemos que comprender lo que significa abatir (derribar, bajar, hacer que baje algo,
humillar)

Tenemos que comprender que no podemos oponernos a Dios, queriendo hacer nuestra
voluntad y no la de él.

3. Cae cuando nos volvemos confiados

Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. 1 Corintios 10:12)

Nunca podemos decir que estamos exentos de caer en un pecado o en una tentación,
recordemos que el espíritu está dispuesto a hacer la voluntad de Dios, pero nuestra carne es
débil
Velen y oren, para que no entren en tentación. El espíritu, a la verdad, está dispuesto; pero
la carne es débil. Mateo 26:41

Nunca podemos darnos el lujo de jugar con el pecado, (¿Tomará el hombre fuego en su seno
sin que se quemen sus vestidos? ¿Andará el hombre sobre las brasas sin que se le quemen
los pies? Proverbios 6:27-28) nadie puede jugar con el pecado y salir ileso, el pecado produce
muerte (Porque la paga del pecado es muerte; pero el don de Dios es vida eterna en Cristo
Jesús, Señor nuestro. Romanos 6:23)

El sabio se aparta del mal, pero el cristiano insensato actúa de forma insolente y confiada
(Proverbios 14:16)

El pecado muchas veces puede parecer inofensivo, puede parecer atractivo, pero al final
siempre traerá dolor a nuestra vida (Proverbios 7:17-22 y proverbios 23:31-32)

4. Cae cuando nos juntamos con las personas equivocadas (Proverbios 24:21-22)

Una persona veleidosa es una persona inconstante, pero el problema es que no solo es
quebrantado el veleidoso, sino que también el que se junta con él.

Los cristianos caemos en fracaso cuando hacemos alianzas con impíos (2 Crónicas 20:35-
37)
Al Final, pienso que lo que debemos hacer es ser fieles a Dios, en todo tiempo y todo lugar,
en todo momento y en toda circunstancia ¿Quién es fiel? El que invierte su tiempo haciendo
lo que Dios lo ha llamado a hacer. Como Jesús lo describe: el que toma su cruz y le sigue. El
que rechaza sus deseos carnales e invierte su vida en las cosas que Dios desea que haga.

Quizás Dios haya estado exhortándote a que pases más tiempo en Su Palabra y en oración, o
que ministres más a las personas que te rodean. Él puede estar llamándote a orar por los
enfermos o a enseñar la Palabra. Pero tú estás ocupado, así que te alejas silenciosamente con
muy buenas intenciones le dices a Dios que después lo hará. Ahora bien, después es ahora.

Determina hoy a ser un siervo fiel y prudente. Examina las cosas que te están absorbiendo el
tiempo del Señor. Pon los intereses del Señor antes que los tuyos.

¿Quieres ser un líder en la casa de Dios? ¿Quieres que Él muestre Su poder a favor tuyo?
Entonces has suyos los pensamientos, los propósitos y los planes de Jesús. ¡Es hora de ser
fiel!