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Atención

Sevilla

Definición de atención

La atención como un mecanismo que pone en marcha una serie de procesos u operaciones
gracias a los cuales, somos más receptivos a los sucesos del ambiente y llevamos a cabo una
gran cantidad de tareas de forma más eficaz.

Los procesos implicados pueden ser de tres tipos:

1) Los procesos selectivos, que se activan cuando el ambiente nos exige dar respuesta a
un solo estímulo o tarea en presencia de otros estímulos o tareas variados y diversos.
Por ejemplo, centramos en lo que dice nuestro profesor en clase y no en la
conversación que paralelamente tiene lugar en el pasillo.

2) Los procesos de distribución, cuando el ambiente nos exige atender a varias cosas a la
vez y no, como en el caso anterior, centramos en un único aspecto del ambiente. Uno
de los casos más ejemplificadores de esta situación es la actividad de conducir:
mientras vamos conduciendo hablamos con nuestro acompañante, miramos por el
espejo retrovisor para comprobar si alguien quiere adelantarnos, tenemos que
controlar el movimiento de los pedales y la palanca de marchas, etc.

3) Los procesos de mantenimiento o sostenimiento de la atención, que se producen


cuando tenemos que concentramos en una tarea durante períodos de tiempo
relativamente amplios. Un ejemplo típico en el que el sujeto ha de estar atento
durante mucho tiempo es la actividad desarrollada por un controlador aéreo.

Desde este punto de vista, vamos a definir la atención como el mecanismo implicado
directamente en la activación y el funcionamiento de los procesos y/u operaciones de selección,
distribución y mantenimiento de la actividad psicológica.

Para que estos mecanismos atencionales se pongan en marcha, se desarrollen adecuadamente


y estén sometidos al control del sujeto, es necesario que utilicemos determinados pasos y/o
procedimientos que reciben el nombre de estrategias atencionales.
No todo el mundo tiene la misma capacidad para saber utilizar dichas estratégias de forma
adecuada. Hay personas que se concentran mejor que otras, hay quienes se distraen
fácilmente, a otras personas les cuesta realizar dos actividades al mismo tiempo, etc. Este
hecho nos lleva a enfatizar un segundo aspecto importante a la hora de definir la atención; a
saber, que esta es una habilidad o capacidad que cada persona poseemos, y que existen
diferencias individuales en nuestra capacidad para atender.
Ahora bien, una de las características más importantes de estas estratégias es que no son
innatas, sino aprendidas. Esto es importante de tener en cuenta, no solo porque se pueden
modificar y mejorar con la práctica, sino porque posiblemente podamos desarrollar estratégias
encaminadas a mejorar el funcionamiento de los distintos mecanismos de atención, los
factores que la mediatizan, así como la forma de controlaria.

Esta posibilidad de automodificación se conoce con el nombre de metaatención, y las


estratégias destinadas a conocer y desarrollar mejor estos componentes se denominan
estratégias metaatencionales.
La atención no funciona de una manera aislada, sino que se relaciona directamente con los
restantes procesos psicológicos. Los más estudiados han sido la percepción, la memoria, la
inteligencia, la motivación y la emoción. La relación que se ha establecido entre atención y
cada uno de ellos ha sido muy variada.
En el caso de la motivación y de la emoción, ambas determinan qué aspectos del ambiente se
atiende de forma prioritaria y por lo tanto han sido consideradas como factores determinantes
de la atención, tal y como veremos posteriormente.

Con respecto a los procesos cognitivos, el que más estrechamente se ha vinculado con la
atención ha sido la percepción. La atención se ha concebido en muchas ocasiones como una
propiedad o atributo de la percepción gracias al cual seleccionamos más eficazmente la
información que es relevante para el organismo. Esta propiedad selectiva de la percepción
produce dos efectos principales:
1) Que se perciban los objetos con mayor claridad. Esta fue la postura generalmente adoptada
por la psicología científica de finales del siglo XIX, y aún hoy día persiste en buena parte de
modelos teóricos, sobre todo en el ámbito de la atención visual.
2) Que la experiencia perceptiva no se presente de forma desorganizada sino que, al excluir y
seleccionar datos, estos se organicen en términos de fondo y figura.

Por lo que respecta a la inteligencia, ya en 1890 James afirmaba que las personas de mayor
capacidad intelectual también tenían una mayor capacidad para prestar atención.
Hoy, por el contrario, la postura más general es afirmar que la atención puede ser
conceptualizada como un componente estructural de la inteligencia. Por ejemplo, la capacidad
que un sujeto tiene de reorientar con cierta rapidez su atención y la capacidad de atender a
más de un estímulo a la vez se consideran componentes importantes de la inteligencia. Desde
este punto de vista (véase, por ejemplo, Stankov, 1983,1987):
1) Los procesos atencionales no solo seleccionan la información perceptual entrante, sino que
también intervienen en el procesamiento activo de esta.
2) Atención e inteligencia se definen en términos de habilidad para manejar una gran cantidad
de información. Carr (1984), por ejemplo, afirma que la atención es un proceso ejecutivo
implicado en la selección de metas, la planificación de las secuencias de las operaciones
necesarias para alcanzar dichas metas y en la ejecución de esas secuencias.

Consideramos que esta idea es importante de señalar porque el estrecho vínculo que desde el
inicio de la psicología científica ha existido entre atención y percepción ha hecho que la
primera haya sido estudiada sobre todo en las primeras fases del procesamiento, es decir, en
el momento de análisis de la información. Pero volvemos a insistir en la idea de que la
atención actua a lo largo de todas las etapas dei procesamiento.
Este es el punto de vista de las concepciones más actuales de la atención, según las cuales esta
actua como un mecanismo vertical que articula los distintos procesos psicológicos y que ejerce
una función de control sobre ellos (Tudela, 1992; Roselló y Mir, 1996; Ruiz-Vargas y Botella,
1987). Las funciones específicas más importantes de dicho mecanismo serían las siguientes:
1) Ser más receptivos a los sucesos dei ambiente.
2) Llevar a cabo un adecuado análisis de la realidad.
3) Facilitar la activación y el funcionamiento de otros procesos psicológicos.
4) Ejecutar eficazmente las tareas, sobre todo aquellas que exigen esfuerzo.

El proceso atencional.
Desde el momento en que los mecanismos atencionales se ponen en marcha, la actividad
atencional pasa por tres momentos: inicio, mantenimiento y cese.
 La fase de inicio, también conocida con el nombre de captación de la atención, tiene
lugar, o bien cuando se producen ciertos câmbios en la estimulación ambiental, o bien
cuando comenzamos la ejecución de una tarea. En el primero de los casos, las propias
características de los objetos (color, tamano, novedad) captan involuntariamente
nuestra atención, y la manifestación conductual más típica suele ser la orientación de
los receptores sensoriales a la fuente de estimulación; en el segundo, según el tipo de
habilidades y/o destrezas que demande dicha tarea, se activarán unas u otras
estratégias atencionales. El estúdio de la fase de captación de la atención ha sido una
de las áreas que mayor interés ha suscitado en la investigación psicológica, y de hecho
el concepto de orientación ha sido considerado como una de las propiedades más
importantes de la atención (véase, por ejemplo, Ruff, 1990; Sampascual, 1985). Hay
ocasiones en que ciertos objetos captan nuestra atención, pêro inmediatamente
dejamos de atenderlos. Sin embargo, para poder procesar la información que se nos
presenta, o para poder desarrollar eficazmente una tarea, la atención ha de
permanecer focalizada durante un cierto tiempo.
 Se considera que el mantenimiento de la atención comienza cuando han transcurrido
4-5 segundos desde que se inicia la fase de captación. La duración de este período de
tiempo es, por supuesto, variable. Ahora bien, cuando el período de tiempo es
considerablemente amplio, entonces hablamos de atención sostenida.
 Finalmente, por mucho tiempo que mantengamos nuestra atención en una
información o en una actividad, llega un momento en que se produce un cese de la
atención. Esta fase tiene lugar, como su propio nombre indica, cuando desaparece la
atención prestada a un objeto, o cuando dejamos de concentramos en la tarea que
estábamos desempefíando. A nivel perceptivo, una de las manifestaciones más claras
de cese de la atención tiene lugar cuando los objetos se presentan en el ambiente de
forma repetida. En estos casos, la sensibilidad neural dei organismo disminuye, y se
manifiesta una falta de interés para seguir prestando atención ai objeto. A nivel de
respuesta, si la tarea ha sido excesivamente larga y hemos mantenido la atención
mucho tiempo, uno de los efectos más típicos es la sensación de cansancio y fatiga. Si
adernas, la tarea era monótona, la sensación de fatiga va acompanada de la de
aburrimiento.

Una de las respuestas atencionales donde mejor se observa la secuenciación dei proceso
atencional es la conocida con el nombre de respuesta de orientación. Dicha respuesta, también
conocida con el nombre de conducta de orientación o reflejo de orientación (RO) se define
como la primera reacción dei organismo ante aquellos estímulos que son nuevos o
significativos para él. En estos casos, el organismo presenta un patrón característico de
câmbios esqueléticos, hormonales y fisiológicos, llamados en ocasiones componentes de la RO
(Martínez-Selva, 1984), tales como orientar el cuerpo hacia la fuente concreta de estimulación
-los perros y gatos, por ejemplo, levantan las orejas o dirigen la cabeza-, interrumpir otras
posibles acciones que se estén haciendo en ese mismo momento, aumentar el tamano de la
pupila, la tasa cardíaca se enlentece en un primer momento y justo a continuación se acelera,
etc. Dichas manifestaciones siempre son las mismas, es decir, independientes dei tipo de
fuente estimular que la suscita. Por ello, se dice que la RO es inespecífica respecto ai tipo de
estimulación que la provoca. Sin embargo, la magnitud con que se producen estas
manifestaciones, medida a través de la latência y la duración de los distintos componentes de
dicha respuesta, puede variar de
un caso a otro.

Por otra parte, a partir de los anos 70 han surgido diversos modelos que han intentado
delimitar el papel de la RO en el procesamiento de la información. Por ejemplo,
las teorias de recursos atencionales postulan que su función básica es evaluar hasta qué punto
es pertinente asignar recursos a los estímulos nuevos y/o significativos (Dawson, Filion y Schell,
1989; Õhman, 1979). Según esta hipótesis, el organismo cuenta con una serie de mecanismos
preatencionales que detectan y evalúan los estímulos de forma automática y sin requerir
atención consciente. Ahora bien, si este mecanismo preatencional identifica un estímulo como
nuevo o significativo, se produce una "llamada" a los recursos centrales de procesamiento y se
inicia la RO. Por su parte, Spinks, Blowers y Shek (1985) postulan incluso que la RO no solo
facilita el procesamiento de los estímulos que la suscitan, sino que es capaz de facilitar
también el procesamiento de acontecimientos futuros.

Una característica importante de la RO es que presenta un patrón conductual bastante


sistemático en el que se evidencia con bastante claridad lo que hemos denominado proceso
atencional.
 El inicio de la RO viene determinado fundamentalmente, como ya hemos indicado, por
el carácter de novedad y significación que tiene un estímulo. De hecho, cuanto más
novedoso y/o significativo es un estímulo, más intensa es la RO. También la intensidad
es un factor desencadenante de relevância en el desencadenamiento de la RO, y
también en este caso, cuanto más intenso es un estímulo, mayor magnitud presenta la
RO.
 Ahora bien, si un estímulo novedoso, significativo o intenso se presenta repetidas
veces, el efecto inmediato es que tiene lugar una disminución en la intensidad de la RO
hasta llegar a su desaparición. Se dice entonces que tiene lugar el fenómeno conocido
con el nombre de habituación. Una de las manifestaciones más importantes dei
fenómeno de habituación es que se produce una disminución de la sensibilidad neural,
lo cual significa que el organismo no deja en realidad de seguir procesando el estímulo;
pêro desde un punto de vista atencional tal vez la característica más importante de la
habituación sea que hay una pérdida de interés por el estímulo y, por lo tanto, tiende a
ignorarse.
Hemos visto qué factores influyen directamente en el desencadenamiento de la RO. Pêro
también existen distintas variables que hacen que esta respuesta se mantenga más o menos
tiempo cuando aparecen los estímulos novedosos y/o significativos y, en consecuencia, el
fenómeno de habituación aparezca antes o después. En concreto:
1) La intensidad del estímulo es un factor importante en el desencadenamiento tanto de
la RO como de la habituación, ya que los estímulos intensos producen respuestas de
orientación también intensas y, en consecuencia, menos habituación.
2) También la frecuencia de aparición del estímulo es un factor importante. Si un
estímulo es novedoso en la medida en que aparece de forma repentina, aquellos
estímulos que se repiten mucho pueden provocar RO intensas pêro también producen
habituación rapidamente.
3) Este mismo fenómeno ocurre si tenemos en cuenta la variable ritmo de aparición dei
estímulo: cuando los estímulos se presentan en intervalos temporales muy regulares
se produce antes el fenómeno de habituación.
Finalmente, hay ocasiones en que, una vez finalizada la RO, pueden producirse dos
fenómenos. El primero de ellos se conoce con el nombre de recuperación espontânea, y suele
producirse cuando de pronto se omite un estímulo que previamente ha estado siendo
presentado a intervalos regulares. El segundo de ellos se conoce con el nombre de
deshabituación, y tiene lugar cuando aparece la RO como consecuencia de la presentación de
otro estímulo, generalmente mucho más intenso que el primero.

1.2.4. Características de la atención


Las características más importantes de la atención son cuatro: tiene una determinada
amplitud, puede ser más o menos intensa, puede oscilar, y ejerce funciones de control.
Veamos en qué consiste cada una de estas propiedades.

 Amplitud:
Mucha gente piensa que solo puede atender a una cosa cada vez; pêro esta es una creencia
errónea. Existe una evidencia clara de que podemos atender ai mismo tiempo a más de un
evento, un proceso de decisión o una respuesta. El concepto de amplitud o ámbito de la
atención hace, pues, referencia, a:
1) La cantidad de información que el organismo puede atender ai mismo tiempo.
2) El número de tareas que podemos realizar simultaneamente. Incluso en el caso de llevar a
cabo una sola tarea, hay veces que la cantidad de procesos implicados en ella es muy grande y
tenemos que utilizar vários ai mismo tiempo. (ej manejar)

 Intensidad:
Todos tenemos la experiência de que, aun bajo las mismas circunstancias, unas veces estamos
más atentos y otras veces menos. Dicho fenómeno se conoce con el nombre de intensidad de
la atención o tono atencional. La intensidad se define, pues, como la cantidad de atención que
prestamos a un objeto o tarea, y se caracteriza por estar relacionada directamente con el nivel
de vigília y alerta de un individuo: cuanto menos despiertos estemos menor es nuestro tono
atencional; y por el contrario, cuando estamos bajo condiciones de alerta es cuando se
intensifica dicho tono.
Un hecho importante es que la intensidad de la atención no siempre es la misma, sino que
puede variar de unas ocasiones a otras. Cuando se producen câmbios de intensidad de la
atención tiene lugar un fenómeno conocido con el nombre de fluctuaciones de la atención, y
en el caso concreto de que se produzca un descenso significativo de dichos niveles décimos
que se produce un lapsus de atención. En cualquier caso, el tiempo que puede durar cada
fluctuación puede ser variado; desde tan solo unos milisegundos, hasta horas o incluso dias.
Cuando los câmbios de intensidad de la atención son cortos y transitórios reciben el nombre
de câmbios fásicos, mientras que cuando son largos y relativamente permanentes se les
denomina câmbios tónicos.

 Oscilamiento:
Una tercera característica de la atención es que cambia u oscila continuamente, ya sea porque
tenemos que procesar dos o más fuentes de información, o porque tenemos que llevar a cabo
a dos tareas y se dirige alternativamente de una a otra. Dicho fenómeno se conoce con el
nombre de oscilamiento o desplazamiento (shifting) de la atención.
La capacidad para oscilar la atención rapidamente es un tipo de flexibilidad que se manifiesta
en situaciones diversas, pêro muy especialmente en las que tenemos que atender a muchas
cosas ai mismo tiempo o en aquéllas en que tenemos que reorientar nuestra atención porque
nos hemos distraído. En este sentido, una línea de investigación importante ha sido la de
analizar el tiempo empleado en desviar la atención.

 Control:
Si bien en ocasiones la actividad mental que desarrollamos no va orientada a ningún fin
específico -en cuyo caso decimos que la atención es libre-, en la mayoría de los casos el sujeto
ha de llevar a cabo tareas que le exigen determinadas respuestas y que tienen unos objetivos
concretos. Cuando la atención se pone en marcha y despliega sus mecanismos de
funcionamiento de una manera eficiente en función de las demandas del ambiente hablamos
de control atencional o atención controlada. A diferencia de la atención libre o no controlada,
el control atencional exige en la mayoría de los casos un cierto esfuerzo por parte del sujeto
para mantenerla. Es cada vez más numeroso el número de autores que enfatizan que el
control es una de las funciones más importantes de la atención (véase, por ejemplo, Baars,
1988; Logan, 1978,1980; Norman y Shallice, 1986; Reason, 1979,1984; Ruiz-Vargas, 1993;
Shallice, 1988; Tudela, 1992). Algunos incluso afirman que es la característica que mejor la
define, y conceptúan la atención como un mecanismo de control que posee una serie de
funciones concretas.

Manifestaciones de la atención

Como cualquier proceso y/o actividad psicológica, la atención posee una serie de
manifestaciones -por ejemplo, solemos mirar aquellos objetos a los que prestamos atención-.
Dichas manifestaciones nos permiten hacer inferencias sobre los mecanismos de
funcionamiento de la atención. De ahí la importancia de conocer cuáles son y cómo se
producen dichas manifestaciones. Las más importantes son:
1) En primer lugar, la propia actividad generada por el sistema nervioso. Dichas actividades
pueden ser internas o externas. Las primeras reciben el nombre de fisiológicas y las segundas
motoras.
2) Un segundo tipo de actividad es el rendimiento que el sujeto muestra en una serie de tareas
en las que se supone que típicamente están implicados de forma importante los mecanismos
atencionales. Las actividades implicadas en este tipo de tareas reciben el nombre de
actividades cognitivas.
3) Finalmente, la atención va acompañada en la mayoría de los casos de una experiencia
subjetiva de que "prestamos atención".

1.3.1. Actividad fisiológica


La cantidad de respuestas del sistema nervioso que se han relacionado directamente con el
estudio de los procesos atencionales ha sido muy amplia. La mayoría de ellas han sido
estudiadas en situaciones en las que aparecen estímulos interesantes o novedosos a los cuales
el sujeto ha de prestar atención, o en situaciones en las que el sujeto desarrolla tareas que
exigen un gran nivel de concentración y esfuerzo mental. En estas situaciones, los mecanismos
atencionales se ponen en marcha, y paralelamente el sistema nervioso emite una serie de
cambios fisiológicos. Estos cambios fisiológicos que se producen a la vez que los procesos
atencionales reciben el nombre de correlatos psicofisiológicos de la atención :

• Actividad electroencefalográfica
A nivel del sistema nervioso central, las neuronas de la corteza cerebral emiten de forma
continua y espontánea una actividad eléctrica de un determinado potencial. Dicha actividad se
conoce con el nombre de actividad electroencefalográfica (EEG). Este potencial eléctrico sufre
variaciones irregulares que dependen del estado de sueño- vigilia en el que se encuentra el
individuo, y se analiza en aparatos de registro que escriben el potencial eléctrico como una
onda sinusoide cuya frecuencia y voltaje puede variar. Cuando un individuo se encuentra
despierto y relajado, presenta un tipo de ondas que oscilan de 8 a 10 cps (ciclos por segundo) o
herzios, y cuya amplitud oscila entre los 40 y 50 V. Dicha actividad se conoce con el nombre de
actividad alfa. Pero cuando se halla especialmente atento se produce una respuesta
electroencefalográfica conocida con el nombre de patrón de activación o desincronización EEG.
Dicha respuesta consiste en la desaparición del ritmo alfa presente hasta ese momento, que es
sustituido por un ritmo beta más rápido, de 18 a 30 cps y cuya amplitud sobrepasa los 20 uV.
En definitiva, la EEG nos informa fundamentalmente del tono atencional geneai de un
organismo.

• Tasa cardíaca
También conocida con el nombre de ritmo cardíaco o frecuencia cardíaca (FC) se define como
el número de latidos del corazón durante un período de tiempo determinado. La tasa cardíaca
oscila en condiciones normales y de reposo entre los 60 y 100 latidos, si bien dicho ritmo
puede presentar fluctuaciones en cada latido. Al igual que la actividad electromiográfica, la
tasa cardíaca es también un índice del nivel de activación de un organismo y de la atención que
se presta a un estímulo. Asimismo, aquellas tareas que exigen atención y esfuerzo pueden
llegar a provocar fluctuaciones importantes del ritmo cardíaco.

• Tamaño pupilar
Una característica de la pupila del ojo es que, como resultado de la contracción y relajación de
la musculatura del iris, aumenta o disminuye bajo ciertas circunstancias.
Una de estas circunstancias es el caso de la atención. En efecto, una de las respuestas
atencionales más típicas es la dilatación pupilar. Dicha respuesta tiene lugar cuando aparecen
estímulos novedosos o interesantes para el individuo que provocan una orientación hacia
dicho estímulo, así como cuando se desarrollan tareas que exigen atención y esfuerzo mental.

1.3.2. Actividad motora


Además de la actividad fisiológica, que se caracteriza por no poder ser observada
y/o medida de forma directa, el sistema nervioso también genera un tipo de conductas que se
conocen con el nombre de conductas motoras y que se caracterizan por poder ser evaluadas
y/o medidas de forma directa. Es el caso de los cambios de los giros de cabeza, detener ciertas
actividades motoras que se estaban realizando hasta que un estímulo capta nuestra atención,
señalizar hacia el objeto o fuente estimular, desarrollar ciertos ajustes posturales, o llevar a
cabo ciertos movimientos oculares que se desarrollan cuando se presta atención a un objeto o
suceso.
De todas las posibles actividades motoras, la más estudiada ha sido la de los movimientos
oculares. Tradicionalmente se distingue entre los denominados movimientos sacádicos, que se
definen como movimientos bruscos del globo ocular cuya duración total es aproximadamente
de 250 milisegundos -50 milisegundos de fijación ocular, y 200 milisegundos de preparación-, y
cuya función principal es la de centrar la fóvea sobre un estímulo, y los movimientos lentos,
que se producen cuando seguimos a un objeto en movimiento o mantenemos la línea de visión
sobre un objeto estático.
Ambos tipos de movimientos son considerados índices importantes de la atención. Los
movimientos lentos, por ejemplo, se registran especialmente cuando se pide al sujeto atender
selectivamente a ciertos objetos móviles. Pero tal vez sean los movimientos sacádicos los que
mayor cantidad de trabajos han suscitado en el campo de la atención. Se considera que este
tipo de movimientos desempeña un papel importante en los procesos selectivos de
exploración y búsqueda, y se han asociado especialmente -si bien no se han identificado- a las
oscilaciones de la atención, esto es, a los cambios de dirección de la atención. Ahora bien, la
atención puede oscilar sin que se produzcan movimientos oculares.

1.3.3. Actividad cognitiva


Una actividad cognitiva es aquella que el sujeto desarrolla ante determinadas situaciones
problema en las que hay implicados ciertos procesos y o mecanismos psicológicos.
Dichas situaciones suelen ser conocidas con el nombre de tareas, y la forma de medir la
actividad cognitiva es a través del rendimiento o producto obtenido en la realización de dicha
tarea.
En el caso de los procesos atencionales, son muy numerosas las tareas que se pueden llevar a
cabo para estudiarlos. En el ámbito de la investigación básica, las actividades cognitivas
consisten en tareas de laboratorio que el sujeto lleva a cabo bajo ciertas consignas o
instrucciones que se le dan. Algunas de las tareas más utilizadas son las siguientes:
1) Tiempo de reacción. Consiste en responder lo más rápidamente posible ante la
presencia de un estímulo.
2) Detección. Consiste en percibir la presencia/ausencia de un estímulo previamente
indicado.
3) Discriminación. Discriminar significa percibir la diferencia entre un par de estímulos.
4) Identificación. Se presentan dos o más estímulos y el sujeto ha de decidir si ambos
estímulos son iguales en función de un criterio preestablecido (por ejemplo, si son
dibujos, en su significado; si son palabras, en su rima). A veces esta tarea también es
conocida con el nombre de tarea de juicios igual-diferente.
5) Recuerdo. Consiste en evocar o recuperar cierta información previamente aprendida,
sin ningún tipo de ayuda o indicios.
6) Reconocimiento. Se presenta una determinada información al sujeto, y éste ha de
decidir si dicha información es la misma que ha aprendido y memorizado previamente.
7) Búsqueda. El sujeto ha de reconocer, entre un conjunto amplio de información, si se
incluye aquella que ha aprendido y memorizado previamente. Cuando el sujeto lo que
ha de hacer es reconocer si, entre el conjunto de información presentada, alguno de
los ítems pertenece a una categoría semántica previamente establecida la tarea de
búsqueda se conoce con el nombre de búsqueda categorial.

Características físicas de los objetos


El efecto que las dimensiones físicas de los objetos tienen sobre la fase de captación y
mantenimiento de la atención ha sido uno de los aspectos más estudiados en los trabajos
iniciales de la literatura atencional .
Estas primeras investigaciones utilizaban técnicas muy sencillas en las que los observadores
tenían que mirar una escena -por ejemplo, la página de un periódico- y, o bien describir qué
aspectos sobresalían con más claridad, o bien recordar o reconocer ciertos elementos. Así
pues, las tareas que llevaban a cabo eran fundamentalmente de memoria inmediata; si bien
ya en estos momentos también se estudiaban el movimiento de los ojos y las fijaciones
oculares. A partir de estos estudios e investigaciones posteriores (Berlyne, 1966; Brown y
Gregory, 1968; Butler, 1953), podemos concluir que las dimensiones físicas de los objetos que
mejor captan y mantienen nuestra atención son:
1) El tamaño. Normalmente, los objetos de mayor tamaño llaman más la atención.
1) En concreto, el doblar el tamaño aumenta el valor de la atención en,
aproximadamente, un 42-60% y no en un 100%.
2) La posición. La parte superior atrae más; la mitad izquierda más que la mitad derecha.
Por lo tanto, la mitad superior izquierda de nuestro campo visual es la zona que antes
capta nuestra atención.
3) El color. Los estímulos en color suelen llamar más la atención del sujeto que los que
poseen tonos en blanco y negro.
4) La intensidad del estímulo. Cuando los estímulos son muy intensos tienen mayores
probabilidades de llamar la atención.
5) El movimiento. Los estímulos en movimiento captan antes y mejor la atención que los
estímulos inmóviles.
6) La complejidad del estímulo. La complejidad se define como el grado de información
que un estímulo transmite a un organismo. En términos generales, los estímulos
complejos captan antes la atención que los no complejos.
7) La relevancia del estímulo. También conocido con el nombre de significación del
estímulo, se considera que un estímulo es significativo cuando provoca cambios
estimulares importantes para el organismo. Un estímulo puede adquirir un poder
significativo a través de varios medios: instrucciones de realizar una respuesta motora
ante ese estímulo (Luria, 1974; Maltzman, 1977), proceso de pensamiento (Pendery y
Maltzman, 1977), la propia historia del sujeto (Stern, 1972), etc.
8) La novedad del estímulo. La novedad de un estímulo viene definida por el cambio de
uno o varios de los atributos que componen un estímulo. El carácter novedoso de un
estímulo puede conseguirse de diversas maneras: alterando o modificando las
dimensiones físicas de un estímulo tales como su intensidad, duración (Kopeke y
Pribram, 1966), localización (Gabriel y Ball, 1970), etc. omitiendo la presencia de
estímulos esperados (Alien, Hill y Wickens, 1963), alterando el orden de una secuencia
de estímulos (Berlyne, 1961) y, muy fundamentalmente, haciendo que aparezca de
forma repentina. La novedad es considerada uno de los factores determinates más
importantes, y ha generado una gran cantidad de investigación y trabajos sobre el
tema, entre los que destacan los de Berlyne y sus colaboradores (véase, por ejemplo,
Berlyne, 1960,1961; Berlyne, Craw, Salapatek y Lewis, 1963; Berlyne y McDonnel,
1965). A veces no es fácil diferenciarla de otros factores tales como la sorpresa, la
incongruencia, el conflicto, la incertidumbre e incluso la complejidad del estímulo. Y es
que en realidad todos estos factores consiguen su efecto determinante sobre la
atención a partir de la comparación que el sujeto realiza entre el estímulo recibido y
los patrones que dicho sujeto tiene almacenados en su sistema de memoria.

Algunos de los factores analizados anteriormente no pueden ser definidos exclusivamente por
las propiedades de los estímulos. Algunas características de los objetos exceden el ámbito de
las dimensiones físicas estimulares, y también son importantes aspectos más relacionados con
juicios subjetivos que el individuo hace del objeto. Este fenómeno se observa en factores
determinantes tales como la novedad, la complejidad o la relevancia. En concreto:
1) Los estímulos complejos captan más la atención. Ahora bien, los objetos que son
excesivamente complejos no captan tanto la atención como aquellos que sufren
ciertas modificaciones con respecto a otros objetos que sí nos son familiares. De
hecho, la función que normalmente relaciona la complejidad con la atención tiene
forma de U invertida; en otras palabras, parece que las personas se sienten atraídas
por patrones de complejidad media (Berlyne, 1966; Brown y Gregory, 1968).
2) Los estímulos más novedosos o inusuales atraen más la atención que los familiares.
Pero esta relación no siempre es tan sencilla, puesto que la concepción de hasta qué
punto un objeto es novedoso para un individuo depende, evidentemente, de la
experiencia previa de dicho sujeto.

En todos estos casos, hay que considerar la novedad y la complejidad en términos de


interacción entre el estímulo y el perceptor. Una de las respuestas atencionales donde más
sistemáticamente se ha analizado el papel determinante que tienen estos factores
determinantes ha sido la RO (para una revisión sobre el tema, véase Botella, 1982).
Los estímulos de colores vivos, por ejemplo, provocan RO más intensas que los objetos en
color gris. Pero como ya vimos al principio de este capítulo, los factores determinantes más
importantes de la RO son la intensidad -cuanto más intenso es el estímulo, más intensa es
también la RO-, la novedad y la relevancia (Berlyne, 1960; Lynn, 1966; Sokolov, 1963b). De
todos ellos, la novedad es el factor determinante más importante (véase, por ejemplo,
Berlyne, 1961; Gabriel y Ball, 1979; Kimmel, 1960; Koepke y Pribram, 1966; Zimmy y Kienstra,
1967), y su poder elicitador se halla por encima de otros factores estimulares tales como la
intensidad del estímulo (Kimmel, 1960) o su nocividad (Zimmy y Kienstra, 1967).

Styles

Shiffrín nos ofrece una definición más precisa: "El término atención se ha utilziado para
referirse a todos aquellos aspectos de la cognición humana que el individuo puede controlar (.
.) y a todos los aspectos de la cognición relacionados con las limitaciones de recursos o de
capacidad, incluidos los métodos para abordar dichas limitaciones". Obsérvese que aquí se ha
utilizado la palabra "todos" en dos ocasiones, lo cual indica que, incluso en esta definición,
entran en juego muchos aspectos de la atención.
No obstante, existe cierto acuerdo en que la atención se caracteriza por una capacidad
limitada de procesar información, y que este procesamiento se puede controlar
intencionadamente. Desimane y Duncan ( 1995, pág.193) plasman las propiedades de la
atención visual diciendo lo siguiente: "El primer fenómeno básico es la capacidad limitada para
procesar información. En un momento dado sólo se puede procesar y utilizar una pequeña
parte de la información que llega a la retina". Sin duda, tenemos la sensación subjetiva de que,
aunque seamos capaces de elegir a qué prestar atención visualmente, existen importantes
limitaciones en la cantidad de información a la que podemos atender en un momento
determinado. Sólo podemos mirar en una dirección a la vez y sólo percibimos parte de la
escena visual. Y esto es una característica esencial de la actuación humana con la que todos
estamos familiarizados subjetivamente y sobre la que existe un amplio bagaje de pruebas
empíricas.
Resulta evidente que la "atención" es un término que se emplea para referirse a distintos
fenómenos y procesos, y esto no sólo sucede entre los psicólogos, sino también en el uso
cotidiano que le damos a este vocablo. Esto parece haber sido así a lo largo de la historia de la
psicología. El mismo término se aplica a distintos aspectos y experiencias en el lenguaje
cotidiano, y cada psicólogo lo defme de una manera. Uno de los motivos por los que tuvo
tanto auge el movimiento conductista en psicología fueron las dificultades que encontraron los
psicólogos a principios del siglo XX para definir con precission términos como atención y
conciencia.
Treisman( 1 964d), una de las investigadoras que más ha contribuido al desarrollo de las
teorías de la atención, comenzó su artículo "Selective atención in man" (La atención selectiva
en el hombre) del modo siguiente:
Hace cincuenta años los psicólogos pensaban que La atención era ''la focalización de la
consciencia " o "una mayor claridad de una idea en particular". Sin embargo, estas y otras
definiciones, relacionadas con las facultades mentales o con la experiencia subjetiva,
demostraron ser estériles para la investigación empírica y acabaron con una serie de
controversias poco concluyentes, aunque recientemente ha resurgido el interés: por este
problema.
Esta autora insistió en la necesidad práctica de comprender la atención y en el desarrollo del
enfoque del procesamiento de la información, al proporcionar éste una metáfora para
elaborar modelos de procesos internos y permitir avanzar en el conocimiento de las bases
neurofisiológicas como factores importantes en este renovado interés por el estudio
atencional. Por lo tanto, el conductismo cayó en desgracia, y el enfoque cognitivo, que
consideraba al ser humano como un procesador de información, tomó el mando como
metáfora predominante de la mente.

(corte texto)

La memoria está íntimamente ligada a la atención. Parece que recordamos aquello a lo que
hemos atendido. "Siento no haber prestado atención al color de su vestido, pero es que estaba
escuchando lo que decía". Aunque hayamos visto el vestido y, de hecho, demos por supuesto
que ella llevaba un vestido, no recordamos nada en absoluto de él. Así, si queremos
asegurarnos de que alguien recuerde lo que le estamos diciendo, le pedimos que preste
atención. Otros aspectos importantes son cómo afecta a la memoria el procesamiento
atencional y cómo afecta a la atención una tarea memorística concurrente, aunque existen
pruebas de que buena parte del procesamiento se lleva a cabo sin necesidad de atención y sin
que esa persona tenga recuerdo alguno del evento. No obstante, aunque tal vez no sea capaz
de recordar de forma explícita en un nivel consciente la presencia de cierta información
concreta, pruebas posteriores pueden demostrar que los estímulos ''no atendidos" han
causado efecto, sesgando o preparando respuestas posteriores.
Hay que tener en cuenta, también, que para que un estimulo sea aparentemente "inatendido",
parece que tiene que ser "inconsciente". Esto nos lleva a otro asunto espinoso: ¿qué relación
existe entre la atención y la experiencia consciente? Al igual que sucede con la atención, el
término "consciencia" posee diversos significados. Por lo general decimos que somos
conscientes de aquello a lo que prestamos atención. A lo que prestamos atención se encuentra
en la Memoria a Corto Plazo (MCP) o de trabajo ( working memory). Lo que tenemos en la
memoria a corto plazo es lo que estamos pensando conscientemente en ese momento. La
memoria y la atención están íntimamente relacionadas entre si a la hora de planificar y de
supervisar las actividades cotidianas. La atención en el control de la acción es otra forma de
atención que dirigimos en función de las metas o de lo que pretendemos hacer. La cuestión del
control intencionado y voluntario en el que la conducta se planifica según las metas
propuestas y las instrucciones constituye un campo creciente de investigación sobre el tema.

Atención y percepción

En una serie de experimentos en los que se utilizaron distintas versiones de la tarea de Eriksen
y Eriksen ( 1 974), Lavie ( 1 995) manipuló sistemáticamente la carga perceptiva para calibrar
su efecto sobre la interferencia que causaban los distractores irrelevantes. Para ello, en primer
lugar, Lavie fue variando el tamaño del conjunto de posibles targets entre uno y seis, y
encontró que el efecto de interferencia de un distractor con una respuesta incompatible al
target sólo era significativo en condiciones de baja carga.
En otro experimento se manipularon las demandas de procesamiento solicitando dos
modalidades de procesamiento diferentes ante una forma coloreada que se presentaba junto
al target. Dependiendo de la combinación de color y de forma, el participante tenía que
responder o no al target, en lo que se denominó situación de "acción 1 inhibición" (Go 1 No-
go). En las tareas de carga reducida, los sujetos tenían que responder al target si la forma era
azul ("Go"), pero no si era roja ("No-go"). Sin embargo, en la condición de carga elevada, "Go"
fue indicado con un círculo rojo o un cuadrado azul, y "No-go" con un cuadrado rojo o un
círculo azul. Considerando que se necesitaba la atención para integrar correctamente los
colores y las formas en la presentación, así corno la existencia de una carga de memoria, Lavie
( 1995) predijo que la condición de carga elevada reduciría la interferencia ejercida por un
distractor incongruente que también estuviera presente en la pantalla.
Los resultados confirmaron que la interferencia de los distractores incompatibles sólo se
producía en la condición de baja carga.
Para Lavie ( 1 995), "esa carga perceptiva desempeiia un papel causal a la hora de determinar
la eficiencia de la atención selectiva" (pág. 463). El experimento de Eriksen y Eriksen (1974) era
de carga reducida, y por tanto sobraba capacidad atencional para procesar los distractores, lo
que conducía a la aparición de la selección tardía. Por el contrario, en el experimento de
Sperling ( 1960) la carga era elevada, lo que requería destinar toda la capacidad atencional a
procesar el tatget, y de ahí la necesidad de una selección temprana. Este argumento podría
haber resuelto la discrepancia y el debate sobre si la atención selectiva era temprana o tardía.

Luria

Desarrollo de la atención

Ciertos indicios de desarrollo de la atención involuntaria estable se revelan con nitidez ya en


las primeras semanas de vida del niño. Cabe observarlos en los síntomas tempranos de
aparición del reflejo de orientación: fijación de la mirada en el objeto y detención de los
movimientos de succión al examinar de primeras un objeto o manipularlo. Cabe afirmar con
toda razón que también los primeros reflejos condicionados empiezan a elaborarse en el niño
sobre la base del reflejo orientador; dicho en otros términos, sólo cuando presta atención al
estímulo, lo destaca y se concentra en él.
En un principio, la atención involuntaria del niño en los primeros meses de la vida tiene el
carácter de simple reflejo orientador ante estímulos nuevos o intensos, de seguimiento con la
mirada y de «reflejo de concentración» en los mismos. Sólo más tarde la atención involuntaria
del niño adquiere formas más complejas, y en base a la misma comienza a desarrollarse la
actividad orientadora-investigativa aplicada a la manipulación de los objetos; ahora bien, en
los primeros tiempos esa actividad es muy inestable, y basta que aparezca otro objeto para
que cese la manipulación del primero. Ello indica que ya en el primer año de vida de la criatura
el reflejo orientador investigativo conlleva un carácter de agotamiento rápido, se inhibe
fácilmente cuando sobre él actúan influjos extraños y ya revela al propio tiempo los rasgos de
«habituación» que conocemos, extinguiéndose en los casos de reiteración prolongados. Mas el
problema esencial por excelencia radica en desarrollar las formas superiores de la atenuación,
regulables a voluntad. Estas se revelan ante todo mediante la aparición de modos estables de
subordinación del comportamiento, gracias al influjo regulador de las indicaciones verbales del
adulto y, luego, mucho más tarde, mediante la formación en el niño de tipos estables de
atención voluntaria autorregulada.
Sería erróneo pensar que dicha atención rectora y el influjo regulador del lenguaje nacen en el
niño de repente. Los hechos muestran que la indicación verbal «dame la muñeca» no suscita
en el niño más que una reacción orientadora general, influyendo en él cuando aquélla va
acompañada de un acto real del adulto. Es característico que al principio la palabra del adulto,
nombrando al objeto, atrae la atención del niño si la nominación de dicho objeto coincide con
la percepción directa de la criatura. En los casos en que el objeto nombrado no figura en el
campo inmediato de visión de la criatura, la palabra sólo suscita en ésta una reacción general
orientadora que se extingue con rapidez.
Sólo a fines del primer año de vida y comienzos del segundo, la nominación del objeto o la
orden verbal empiezan a adquirir su influencia rectora y reguladora; el niño orienta su mirada
al objeto nombrado, destacando entre los demás, o bien lo busca, cuando dicho objeto no se
halla ante él. Sin embargo, en esta etapa, la influencia de la palabra del adulto, guiadora de la
atención del niño, es todavía muy inestable, y la reacción de orientación suscitada por ella
cede raudamente su puesto a la reacción orientadora directa provocada por un objeto más
vistoso, nuevo o de mayor interés para el niño. Esto se puede observar con nitidez cuando a
una criatura de esa edad le hacemos una indicación y le damos un objeto situado a cierta
distancia. El niño dirige entonces su mirada a dicho objeto, mas no tarda en deslizarla a otros
situados más cerca y empieza a extender la mano, no hacia el estímulo nombrado, sino hacia el
que está más cerca o es más vistoso.
Únicamente a mediados del segundo año de vida el cumplimiento de la indicación verbal del
adulto, guiadora de la atención selectiva del niño, se hace más firme; pero también aquí
cualquier interferencia relativamente pequeña malogra con facilidad aquella influencia. Así,
basta un corto lapso de tiempo (a veces de 15-30 segundos) en el que se aplace el
cumplimiento de la indicación verbal para que ésta pierda su influjo rector, y el niño —que la
hubiera cumplido sin trabajo al instante— empiece a inclinarse por los objetos extraños que
atraen directamente su atención. Esa misma falta de cumplimiento de la instrucción verbal
puede alcanzarse también por otro camino. Si varias veces seguidas pedimos a un niño, ante el
que se hallan dos objetos (una taza y una copita, por ejemplo), «¡dame la taza!» y luego de
afianzar la indicación la substituimos por otra y con el mismo tono decimos al niño «¡dame la
copa!», la criatura, cuya actividad se caracteriza aún por una significativa inercia, cede a ese
estereotipo inerte y sigue dirigiéndose hacia la taza, repitiendo sus anteriores movimientos.
Sólo alrededor del año y medio de vida la indicación verbal del adulto adquiere la capacidad
suficiente para organizar la atención del niño, aunque también en esta etapa pierda con
facilidad su entidad reguladora. Por ejemplo, el niño de esta edad cumple sin dificultad la
indicación «bajo la taza hay una monedita, dámela», cuando la moneda se ha escondido bajo
la taza a ojos del mismo; ahora bien, cuando esto no tiene lugar y la moneda se ha ocultado
bajo alguno de los objetos sin que lo advierta el niño, entonces, el reflejo orientador inmediato
malogra fácilmente la influencia guiadora de lavindicación, y el niño se dirige hacia los objetos
que tiene delante, actuando con independencia de la instrucción verbal.
Así pues, el efecto de la indicación verbal que guía la atención de la criatura viene asegurado
en las etapas tempranas sólo cuando se trata de casos en que aquélla coincide con la
percepción directa del niño.
Un niño de año y medio o dos años puede comenzar a ejecutar fácilmente la indicación verbal
«aprieta la pelotita» cuando tiene en la mano el baloncillo de goma, pero los movimientos que
entraña apretarlo, suscitados por la orden verbal, no cesan, y la criatura sigue haciéndolo
reiteradas veces, inclu so después de que se le diga adicionalmente: «¡no aprietes más! ».
La indicación verbal pone en función el movimiento, mas no puede frenarlo, y las reacciones
motrices suscitadas por ella siguen ejecutándose por inercia, independientemente del influjo
de aquélla.
Los límites de la influencia rectora de la instrucción verbal aparecen con singular nitidez
cuando ésta se complica. Así, al considerar el comportamiento de un niño de corta edad, al
que se da la indicación verbal: «Cuando se encienda la lucecita, aprieta la pelotita», lo que
requiere establecer una conexión entre los dos elementos de la condición formulada, se puede
ver con facilidad que aquélla no determina de súbito en él influencia organizadora.
El niño que percibe cada parte de la mencionada indicación acusa una inmediata reacción
motriz y, luego de oír el fragmento «cuando se encienda la lucecita», empieza a buscarla, y una
vez que oye «aprieta la pelotita», al instante comienza a apretar el baloncillo.
Por consiguiente, si a la edad de dos años o dos años y medio una instrucción verbal sencilla
puede guiar la atención del niño y conducir a una ejecución bastante precisa del acto motriz,
una indicación verbal compleja que requiera la síntesis previa de los elementos insertos en la
misma no puede suscitar aún la necesaria influencia organizadora.
Sólo en un proceso evolutivo durante el segundo y tercer año de vida la indicación verbal del
adulto, completada en adelante con la participación del propio lenguaje del niño, se convierte
en factor que guía de modo estable la atención del mismo. Mas ese influjo estable de, la
instrucción verbal, que guía la atención del niño, va formándose con la participación directa de
su propia actividad dinámica; de ahí que para organizar su atención estable, el niño no sólo
haya de escuchar la indicación verbal del adulto, sino destacar también él mismo en la práctica
los rasgos necesarios, luego de afianzarlos en sus actos reales.
Numerosos psicólogos soviéticos han demostrado ese hecho. Por ejemplo, en los
experimentos de A. G. Rúzskaya, se formulaba a párvulos de corta edad la indicación verbal de
que habían de reaccionar con un movimiento al aparecer un triángulo y abstenerse de
efectuarlo cuando apareciese un cuadrado. Al principio el niño, tras asimilar la tarea, cometía
muchos errores, reaccionando ante el factor «angulosidad» existente en ambas figuras; sólo
cuando dichos, párvulos conocieron de hecho las' mencionadas figuras, las manejaron y «se
valieron» de ellas, las reacciones a las mismas adquirieron entidad selectiva y, en armonía con
la instrucción, sólo empezaron a responder con el movimiento cuando aparecía el cuadrado,
absteniéndose de hacerlo al aparecer el triángulo. En la etapa siguiente; con niños de cuatro a
cinco años, el desglose práctico de los rasgos inherentes a las figuras podía reemplazarse por
una circunstanciada explicación verbal «bueno, aquí tenemos una ventanilla, cuando aparezca
hay que apretar; y aquí, un capirucho, ante el que no se debe apretar »), tras la cual la
instrucción verbal comenzaba a guiar la atención de modo estable, adquiriendo una sólida
influencia reguladora.
V. Ya. Vasilevskaia obtuvo resultados análogos. En sus experiencias se facilitaba a. los niños
una serie de láminas con episodios diferentes en los que participaba un perro. Y se les sugería
seleccionar las láminas en las que «el perro cuida a sus cachorros» o «ayuda al hombre». Dicha
instrucción no ejercía la menor influencia orientadora en el comportamiento de los niños de
dos años de edad. El cuadro despertaba en ellos un torrente de asociaciones, y los niños
empezaban a contar sencillamente todo lo que antes habían visto.
En los niños de dos y medio a tres años cabía asegurar la atención selectiva en cuanto al
ejercicio dado sólo en el caso de que se les permitiera ejecutar en la práctica la situación
representada, repitiendo la tarea. Para los niños de tres y medio a cuatro años, una atención
estable dirigida al cumplimiento de la tarea sólo se hacía posible repitiendo en voz alta el
ejercicio y haciendo un análisis circunstanciado de la situación; y únicamente el niño de cuatro
y medio a cinco años era capaz de guiar de modo estable su actividad atendiéndose a: la
instrucción, conservando la orientación selectiva de la atención en cuanto a los rasgos que
figuraban en aquélla.
Ya en sus primeros experimentos, L. S. Vygotski y, luego, A. N. Leóntiev, estudiaron el
desarrollo de la atención voluntaria en la edad infantil, demostrando que también en los
sucesivos estadios del desarrollo cabe observar el camino arriba descrito en el proceso
formativo de la atención voluntaria, recurriendo al apoyo de medios auxiliares externos
circunstanciales, con la reducción subsiguiente de los mismos y el paso gradual a formas
superiores de organización interna de la atención. Según las pruebas de Vygotski, escondía una
nuez en algunos botes, y el niño tenía que sacarla; como orientación para llegar a los mismos,
se sujetaban unos papelillos grises a los botes en que la nuez se hallaba oculta. Comúnmente,
el niño de tres-cuatro años no les prestaba atención y no destacaba de modo selectivo los
botes implicados, mas cuando la nuez se colocaba en éstos a la vista del mismo, y le señalaban
con el dedo el papelillo gris, éste adquiría el valor de signo indicador del objetivo oculto y
guiaba la atención del pequeño. Con los chicos de mayor edad se substituía el ademán
indicativo por la palabra; el niño comenzaba a utilizar de modo independiente el signo
distintivo, y basándose en el podía organizar su atención.

Lo dicho permite llegar a la conclusión de que la atención voluntaria, que en la psicología


clásica se tenía por expresión primaria e irreducible del «libre albedrío» y cualidad
fundamental del «espíritu humano», es en realidad el producto de un complejísimo desarrollo.
En los orígenes de este desarrollo se hallan las formas de comunicación del niño con el adulto,
y, como factor esencial que asegura el proceso constituyente de la atención voluntaria,
aparece el lenguaje, al que en seguida re fuerza la actividad práctica concreta del niño; luego,
se va reduciendo gradualmente hasta adquirir el carácter de acto intrínseco que media tiza la
conducta del mismo, asegurando la regulación y el control de su comportamiento. La
formación de la atención voluntaria abre el camino a la interpretación de los mecanismos
internos de esta complejísima forma organizadora de la actividad consciente del hombre que
desempeña una función decisiva en toda su vida psíquica.