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4.5.

La memoria de sí
Enrique Martínez. Teoría del conocimiento
Barcelona, Marzo 2017

Francisco Canals, Sobre la esencia del conocimiento, Barcelona, PPU, 1987, pp. 93-
100; 445-480.

1. Punto de partida

“Es tanta la fuerza del pensamiento, que ni siquiera la mente misma se pone de algún
modo en su presencia sino cuando se piensa; y así, nada está en presencia de la
mente, sino para ser pensado, y ni siquiera la mente misma, por la que es pensado
todo lo que es pensado, puede estar en su presencia sino pensándose a sí misma.
Pero cómo la mente, cuando no se piensa, no esté en su presencia, siendo así que
nunca puede ser ella sin sí misma, y como si fuese una cosa ella misma y otra su
mirada, no puedo encontrarlo. Esto ciertamente se dice de manera no absurda del ojo
corporal: pues el mismo ojo está fijo en el cuerpo en su lugar, pero su mirada se dirige a
las cosas que están fuera de él, y se extiende a las estrellas. No está el ojo en su
mirada, pues no se ve a sí mismo, como ya dijimos, sino enfrentándose a un espejo, lo
que no ocurre ciertamente cuando la mente por el pensamiento se constituye a sí
misma en su mirada. Por consiguiente, queda afirmar que su mirada es algo
perteneciente a su naturaleza, y que hacia ella misma, cuando se piensa, es llamada no
como por un espacio local, sino por una conversión incorpórea; y cuando no se piensa,
no existe ciertamente en su mirada, ni se forma su conocimiento de ella, pero sin
embargo, se sabe a sí misma como siendo ella misma, para sí, memoria de sí”
(San Agustín de Hipona, De Trinitate XIV, c.6, n.8).

2. Proposiciones principales

1. El hombre no tiene un conocimiento inmediato, intuitivo, de la esencia del


alma

2. Pero sí se da, inseparablemente de la intelección de esencias, la conciencia


existencial inmediata de la propia alma

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3. Previa a la conciencia existencial de la propia alma, se da una conciencia
habitual de la misma o “memoria de sí”, que dispone a toda ulterior operación
cognoscitiva y apetitiva

4. La conciencia, ya habitual, ya actual, que cada hombre tiene de sí mismo


como sujeto de actos intelectivos es la misma que tiene como sujeto de actos
sensitivos

5. Y es que la conciencia de sí se fundamenta en la actual posesión inmaterial


del ser, propio del subsistente intelectual o persona

«Tanto en Oriente como en Occidente es posible distinguir un camino que, a lo largo de


los siglos, ha llevado a la humanidad a encontrarse progresivamente con la verdad y a
confrontarse con ella. Es un camino que se ha desarrollado — no podía ser de otro
modo — dentro del horizonte de la autoconciencia personal: el hombre cuanto más
conoce la realidad y el mundo y más se conoce a sí mismo en su unicidad, le resulta
más urgente el interrogante sobre el sentido de las cosas y sobre su propia existencia.
Todo lo que se presenta como objeto de nuestro conocimiento se convierte por ello en
parte de nuestra vida. La exhortación Conócete a ti mismo estaba esculpida sobre el
dintel del templo de Delfos, para testimoniar una verdad fundamental que debe ser
asumida como la regla mínima por todo hombre deseoso de distinguirse, en medio de
toda la creación, calificándose como hombre precisamente en cuanto « conocedor de sí
mismo» ()Juan Pablo II, Fides et Ratio n.1).