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Facultad de Medicina

Licenciatura en Terapia Física


Terapia Física en Deporte.
Distención de isquiotibiales.
Profesor: Dr. Villalva Reyes Vicente
Alumno(a): Notario Tavarez Norma
Yetzel
Semestre: 8° Grupo 2
Toluca, México a 14 de marzo de 2018.
Introducción.

La lesión de los isquiotibiales constituye un porcentaje importante del total de las lesiones
músculo-esqueléticas agudas producidas durante actividades deportivas realizadas tanto
a nivel profesional como amateur.

Diferentes atletas, tales como corredores y los participantes en disciplinas deportivas de


equipo como el fútbol, el rugby, el baloncesto, el cricket o el fútbol americano, son
especialmente propensos a padecer esta lesión. La prevalencia de dicha lesión reportada
en diferentes estudios se encuentra entre el 8 y el 25% dependiendo del deporte en
cuestión. Además, esta lesión presenta un alto riesgo de recurrencia, la cual se suele
producir dentro de las dos primeras semanas después del regreso al entrenamiento
normalizado.

En cuanto a la localización más frecuente de la lesión, la literatura científica refleja al bíceps


femoral y, concretamente, a su porción larga, como el lugar donde habitualmente se
localiza el daño muscular.

Se asocia con situaciones deportivas de alta velocidad y cambios de dirección. Así mismo
depende de varios factores como la posición pélvica, el grado de flexión o extensión de la
articulación de la cadera o rodilla, la fuerza de contracción excéntrica o concéntrica
requerida en el trabajo y la velocidad necesaria.

El tratamiento va requerir un manejo de rehabilitación temprana y constante, donde


incluya un programa de prevención.
Desarrollo.

1. Anatomía de los músculos isquiotibiales.

Anatómicamente los músculos isquiotibiales1 (MI) que se encuentran en la cara posterior


del muslo son: el semitendinoso (SM), el semimembranoso (ST) y el bíceps femoral (BF).
Los tres músculos están conformados principalmente por fibras rápidas de tipo II. 1

Músculo semitendinoso

El músculo semitendinoso se inserta proximalmente en la tuberosidad isquiática y en el


ligamento sacrotuberoso y distalmente medial a la tuberosidad de la tibia, formando parte
de la pata de ganso. Es extensor, rotador medial y aductor de la cadera, y flexor y rotador
medial de la rodilla. Está inervado por la división tibial del nervio ciático.

Músculo semimembranoso

Se inserta en la tuberosidad isquiática y termina en el cóndilo medial de la tibia y en el


ligamento poplíteo oblicuo. Es extensor, aductor y rotador medial de la cadera, y flexor y
rotador medial de la rodilla. Está inervado por la división tibial del nervio ciático.

Músculo bíceps femoral

El músculo bíceps femoral presenta dos cabezas, una larga y una corta. La primera se
inserta en la tuberosidad isquiática y termina en la cabeza del peroné. Produce la extensión,
aducción y rotación lateral de la cadera, y la flexión y rotación lateral de la rodilla. La cabeza
corta se inserta en el labio lateral de la línea áspera y termina en la cabeza del peroné. Su
contracción produce la flexión y rotación lateral de la rodilla.2

2. Factores de riesgo.

Factores no modificables.

Edad y raza. Siendo los deportistas de raza negra más propensos a sufrir roturas de los
isquiotibiales. En el fútbol australiano, los jugadores profesionales aborígenes presentaban
11,2 veces más probabilidades de sufrir esta lesión.
El incremento de la edad parece ser el factor de riesgo intrínseco más destacado,
mostrando diversos estudios con deportistas una relación estadísticamente significativa.

Historia previa de lesiones similares: Estudios previos han reflejado que aquellos
deportistas con una historia previa de lesión isquiotibial presentan de dos a seis veces más
probabilidades de sufrir una recaída a lo largo de su vida deportiva. La mayoría de las
recaídas se suelen producir dentro de los dos primeros meses después del regreso a la
competición, aunque el riesgo continúa en el tiempo.

Factores modificables.

Fuerza y desequilibrio muscular: La falta de fuerza de los músculos isquiotibiales ha sido


uno de los factores de riesgo que con más frecuencia se ha asociado con la lesión de dicha
musculatura. Así por ejemplo, se ha sugerido que una falta de fuerza de los isquiotibiales
no permite al deportista contrarrestar al cuádriceps durante la extensión de la rodilla en la
fase final del “balanceo” de la carrera. Y un desequilibrio de fuerza entre agonistas y
antagonistas puede predisponer a dicha lesión.

Flexibilidad: En el caso de cuádriceps, tiene más importancia que la de los isquiotibiales en


cuanto a factor de riesgo.

Fatiga muscular: Estos incluyen la reducción del contenido de glucógeno en las fibras
musculares, incrementos en la activación neural en los músculos fatigados durante las
acciones de sprint y alteraciones en los neurotransmisores del sistema nervioso central y
neuromoduladores que alteran el estado psíquico o perceptual.

Alteraciones lumbo-pélvicas: Excesiva lordosis lumbar, cambios degenerativos a nivel de


L5/S1 como consecuencia de un atrapamiento nervioso, síndrome cruzado, el cual se
manifiesta por rigidez en lo flexores de cadera y erectores espinales y una inhibición de
glúteos y abdominales , que puede dar lugar a una inclinación anterior de pelvis.3
3. Mecanismo de lesión.

Este grupo muscular tiene la capacidad de producir grandes fuerzas16, lo que tiene una
importante repercusión en aquellas situaciones deportivas que impliquen aceleraciones,
acciones a alta velocidad y cambios de dirección. Así, la evidencia científica reciente ha
sugerido que esta musculatura es vulnerable a las lesiones en los instantes finales de la fase
de “balanceo” durante la carrera, donde hay un rápido cambio de una función de tipo
concéntrico a excéntrico, cuando la pierna está desacelerando para impactar contra el
suelo. Durante la segunda fase del “balanceo” los isquiotibiales se activan, estirándose y
actuando excéntricamente para desacelerar la cadera, al mismo tiempo que se extiende la
rodilla para preparar el contacto del talón con el suelo. Este mecanismo lesional es el que
justifica en gran medida la prevalencia de esta lesión en deportes que suponen actividades
como sprint, aceleraciones, desaceleraciones, rápidos cambios de dirección y saltos.3

4. Tipos de lesiones.

a) Lesiones musculares indirectas

a.1. Lesiones por elongación son el resultado de una fuerza intrínseca generada por una
contracción repentina del músculo. La lesión más elemental es el edema, que puede
traducir un foco de distensión sin rotura fibrilar (“contractura”) o bien estar presente en
cualquiera de las lesiones por elongación.

Se clasifican según su apariencia imagenológica en:

Distensión muscular (grado I) que ocurre cuando un músculo es elongado hasta su límite
máximo. El paciente refiere dolor severo sin determinar un punto preciso de mayor
sensibilidad y clínicamente es indistinguible de un calambre muscular.

Desgarro parcial (grado II) es una lesión más extensa en que el músculo es elongado más
allá del límite máximo de su elasticidad y compromete más del 5% del espesor. En el
momento de la lesión el paciente refiere un chasquido acompañado de la aparición súbita
de dolor focal. Cuando el músculo está ubicado superficialmente puede desarrollarse
además equimosis.
Desgarro completo (grado III) Compromete el vientre completo del músculo, con una
separación completa de los cabos por retracción de éstos e interposición de hematoma. La
presencia de equímosis es más común que en la rotura parcial y puede existir un defecto
palpable en el examen físico.4

5. Rehabilitación.

Fase aguda de la rehabilitación de una lesión isquiotibial, el objetivo debería estar puesto
en la protección de la zona lesionada, minimizar el rango de movimiento y disminuir la
pérdida de fuerza. Distintas modalidades como el hielo, ultrasonido pulsátil, laser son
comúnmente utilizadas en este periodo. El atleta podría comenzar con entrenamiento
isométrico en múltiples ángulos sin dolor.

Aplicar hielo de 2-3 veces al día, ejercicios isométricos en diferentes grados de flexión,
estabilidad a una pierna, uso de balancín, movilización de tejido blando, ultrasonido
pulsátil al 50%, 1 MHz a 1.2 W/cm2.

El objetivo de la segunda fase es restablecer progresivamente los niveles de fuerza a través


de todo el rango de movimiento y mejorar el control neuromuscular de la cadera y pelvis
en preparación para los movimientos específicos del deporte. El atleta podría comenzar en
esta fase, con el entrenamiento de la fuerza, tanto en acciones concéntricas como
excéntricas. Al completarse esta fase el atleta debería tener fuerza completa en un test
muscular manual (5/5) o bien estar dentro del 80% de los valores de la pierna no lesionada
entre 0 y 90 grados del rango de movimiento medidos con un dinamómetro isocinetico,
con el objetivo de progresar a la siguiente fase.

Uso de bicicleta fija, tapiz rodante de moderado a alto, entrenamiento isocinetico


excéntrico, curls de isquiotibiales en supino con pelota, caminata lateral y posterior con
bandas de resistencia.

En la tercera y última fase de la rehabilitación el foco está puesto en los movimientos


funcionales y el entrenamiento excéntrico en posiciones muscular alargadas. Ejercicios
pliométricos y entrenamiento específico del deporte podrían ser iniciados en esta etapa así
como ejercicios de estabilidad avanzados.

Hielo de 10 a 15 minutos post ejercicio, tapiz rodante, estiramiento dinámico de


isquiotibiales, entrenamiento excéntrico isocinetico isquiotibial al final del ROM,
pliométricos, aceleraciones y desaceleraciones, habilidades especificas al deporte que
incorporen control postural en diferentes velocidades. 5

Conclusión.

La lesión de músculos isquiotibiales tiende a ser una de las lesiones más comunes y
problemáticas que se encuentran en el ámbito deportivo, donde tiene una alta tasa de
recurrencias. A los estudios ya realizados todos proponen una prevención, y hace falta una
investigación detallada sobre un programa que ayude a evitar la incidencia de este tipo de
lesiones. Teniendo presenta la investigación, yo propongo que lo correcto sería que los
fisioterapeutas, con su formación sean aptos de una evaluación postural estática y
dinámica, para poder tener datos objetivos sobre el grado de lordosis lumbar, cifosis, una
evaluación de fuerza para saber el déficit de fuerza en músculos agonistas/antagonistas.
Con estos datos podemos llevar un plan de tratamiento empezando por una higiene de
columna, estiramientos durante, después del entrenamiento, ejercicios de resistencia para
miembros inferiores, ejercicios isométricos, el uso de agentes físicos después de un
entrenamiento o competición.

Hace falta bibliografía e investigaciones que presenten un grupo control para poder poner
a prueba un programa o tratamiento de distención de isquiotibiales.

Por último todo programa debería ser específico para cada jugador, deporte de acuerdo a
su edad, sexo y el número de factores de riesgo que presente.
Referencias bibliográficas.

1. Domínguez L, Domínguez L. Ruptura total de isquiotibiales mediales. Acta Médica


Grupo Ángeles. 2011; 9 (4): 204-210.
2. Pró A. Anatomía clínica. 1ª ed. Buenos Aíres: Editorial Médica Panamericana; 2012.
3. De Hoyo M, Naranjo J, Carrasco L, Sañudo B, Jiménez J, Domínguez S. Revisión
sobre la lesión de la musculatura isquiotibial en el deporte: factores de riesgo y
estrategias para su prevención. Rev Andal Med Deporte. 2013;6(1):30-37.
4. Muñoz S. Lesiones musculares deportivas: Diagnóstico por imágenes. Revista
Chilena de Radiología. 2002; 8 (3): 128-132.
5. McHu M, Schmitt B, Tyler T. Rehabilitación de la Lesión Isquiotibial y prevención de
la recurrencia utilizando entrenamiento excéntrico en estado alargado: Un nuevo
concepto. 2013; PubliCE 0 https://g-se.com/rehabilitacion-de-la-lesion-isquiotibial-
y-prevencion-de-la-recurrencia-utilizando-entrenamiento-excentrico-en-estado-
alargado-un-nuevo-concepto-1474-sa-957cfb2721b410.