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Qué es ser un fundamentalista?

Muchos cristianos se llaman fundamentalistas, pero es muy probable que la mayoría de esos cristianos no saben mucho
acerca del fundamentalismo. Esos cristianos no quieren ser llamados “liberales”, “modernistas”, o “neo-evangélicos”,
puesto que muchos de ellos vienen de iglesias fundamentales, se consideran unos fundamentalistas por tradición.
Ahora, hay otros que están tratando de apoderarse del término fundamentalista. Recientemente vi algunos artículos de
los neo-evangélicos que decían: “Necesitamos empezar a llamarnos fundamentalistas”. También hay otros que
pretenden llamarse fundamentalistas, pero se comportan como neo-evangélicos y realmente han sido neo-evangélicos
todo el tiempo.
¿Qué es ser un fundamentalista?
¿Por qué es usted un fundamentalista?
¿Por qué usted se debería afiliar con una iglesia fundamental y no con alguna iglesia neo-evangélica que sí predica la
doctrina que creemos, pero tiene compañerismo o hace alianza con aquellos que no creen nuestras doctrinas?
El término fundamentalista no describe necesariamente a un hombre que es bíblicamente ortodoxo. Muchos neo-
evangélicos son bíblicamente ortodoxos en cuanto a la teología se refiere, pero son neo-evangélicos porque se han
olvidado de la separación. La separación es una doctrina bíblica que se encuentra desde Génesis hasta Apocalipsis.
Esta doctrina es una doctrina tan importante como la Inspiración e Infalibilidad de las Escrituras, la Resurrección
Corporal, etc.
El término fundamentalista describe a todo aquel cuya ancla es el Santo Libro de Dios—Las Sagradas Escrituras.
Además, este término describe claramente al precursor de todo aquel que se llama fundamentalista, describe la gente
con quien se relaciona. También describe lo que esa persona es, describe lo que esa persona sostiene como tal y lo que
esa persona cree.
En Jeremías 15:16 encontramos lo que le podríamos llamar: “La comida o el alimento de un fundamentalista”: “Fueron
halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se
invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos”. Jeremías dijo, “Yo compartí de tu palabra que me sació de una
manera viva”. Nuestra comida nos da la fuerza para vivir, la misma pone los nutrientes en nuestra sangre que nos da la
energía y nos pone la fuerza en nuestros músculos y huesos; si no comemos, morimos. El profeta Jeremías “comió” de
la Palabra de Dios para que ésta llegara a ser parte de él.
La realidad es que muchos creyentes no viven deseando o arraigados de la Biblia. Muchos la cogen de vez en cuando, y
cuando es requerido solamente. Como consecuencia, estos creyentes no poseen ninguna fibra espiritual. Y no es de
admirarse que estos cristianos se pasan la vida amargados, miserables, débiles y carnales. No es de admirarse que
también les falte discernimiento para escoger entre lo bueno y lo malo. La razón es: Están viviendo de comida que ni
siquiera les suple las necesidades básicas. La mayoría de la comida de ellos está siendo formada por la música
mundana, por sus amigos mundanos, o por la suciedad de la televisión.
En el próximo versículo en Jeremías, encontramos algo acerca del fundamentalista y sus amigos, “No me senté en
compañía de burladores, ni me engreí a causa de tu profecía; me senté solo, porque me llenaste de indignación”. En
otras palabras, él dice: “Cuando yo me apropié de tu Palabra y empecé a predicársela a otros, la Palabra llegó a ser
como un mensaje de indignación. La gente empezó a odiarme porque yo amé tu Palabra”. Las Santas Escrituras
siempre le traerán enojo al hombre o mujer que quiere vivir en el pecado, al hombre o mujer que quiere vivir para sí
mismo, vivir de acuerdo a la corriente del mundo. La persona que vive así odiará la Biblia, odiará a aquellos que la
defienden, a aquellos que viven de ella, y a aquellos que se alimentan de ella.
Cuando un hombre está dispuesto a vivir bajo los requerimientos bíblicos de la separación, éste tal vez perderá algunos
amigos–no porque él no quiera la compañía de ellos; pero por la razón de que ellos no quieren estar con él por lo que él
sostiene. Muchas veces, los amigos de un cristiano separado no están dispuestos a permanecer en comunión con Dios
como él lo hace, y el individuo tal vez tendrá que permanecer solo.
Se debe mantener en mente que los que se separaron de Jeremías eran del mismo pueblo de Dios. Él no tenía muchos
amigos dentro del pueblo de Dios y porque Jeremías se mantuvo firme en la Palabra de Dios, mucha gente del pueblo
de Dios le odiaba.
A continuación comparto con ustedes parte de una carta que recibí recientemente. Esta carta presenta una gran verdad
en cuanto a la separación se refiere:
Muchos años atrás estudié en la Universidad Bob Jones. Después de asistir un año a la Universidad, me transferí a una
universidad del gobierno, y después fui a estudios post-graduados a un seminario teológico afiliado a mi denominación.
De la Universidad Bob Jones salí con las mejores intenciones del mundo. Yo había hecho mis planes de quedarme
dentro de mi denominación liberal de manera que pudiera ser un verdadero testimonio bíblico para el Señor. Yo había
llegado a creer que los fundamentalistas eran estrechos de miras y extremistas, muy especialmente con respecto a la
separación. Pero déjeme decirle, que en vez de ser un impacto en mi iglesia, le di lugar a mi iglesia liberal para que
hiciera su impacto en mí. A través de los años, llegué a acostumbrarme a la mundanalidad y a la incredulidad teológica.
Más y más perdía mi firmeza en las cosas de Dios hasta el punto que dejé de defender mis propias creencias. Pero
recientemente algo sucedió que hizo un gran impacto en mi vida. Fui a visitar a un amigo del seminario y junto con él y
otra pareja estábamos en un bar tomándonos algunas bebidas y teniendo una buena conversación; muy pronto, la
conversación se tornó a las cosas espirituales. Era evidente que la pareja no tenía mucho conocimiento del evangelio ni
mucho menos una relación con el Señor. De camino a casa le comuniqué a mi amigo Juan la preocupación que tenía en
mi corazón del cambio tan drástico que había ocurrido en mi vida desde el primer año de seminario. Juan estaba gozoso
de que yo había salido de un aparente extremismo exclusivismo. Esa noche me fui a casa realmente preocupado de lo
que Juan me había dicho. Me puse a pensar acerca de todo esto y empecé a orar y a buscar del Señor, y el Señor me
mostró que en realidad me había apartado demasiado de Dios. Me puse a pensar sobre mi vida pasada y me di cuenta
que muchas veces había fallado en mi testimonio, había fallado en defender mis propias creencias. ¡Qué fácil había sido
desviarme y comprometer mis creencias! La influencia corredora de la incredulidad puede ser tan gradual y sutil, pero
los resultados siendo devastadores. No es de admirarse del porqué los fundamentalistas enseñan y predican
fuertemente la doctrina de la separación. Yo puedo notar la mala influencia de asociaciones antibíblicas en mi propia
vida. Ahora, yo he decidido hacer todo lo que sea necesario para arreglar mi vida, incluyendo el unirme a una iglesia
cristiana bíblica separada.
Supongamos que tomara un atizador y lo pusiera en el fuego hasta que se pusiera al rojo vivo. No solamente el atizador
estaría en el fuego, sino que también habría fuego en el atizador. Ahora, suponiendo que también tuviera un tanque de
cincuenta galones de agua con hielo y me dijera: “quiero aumentar la temperatura de ese tanque”. Así es que tomo el
atizador y lo sumerjo en el agua. ¿Cuán grande sería el efecto que tuviera el atizador en el tanque de agua con hielo?
muy poco, ¿no es así? Es más, el agua fría enfriaría el atizador inmediatamente. Esto mismo sucede cuando una
persona que ama a Dios asiste a una iglesia que compromete la Palabra de Dios o se queda en alguna denominación
apóstata y dice que “quedándose ahí será una influencia buena y que les podrá enseñar lo que la Biblia dice; que tendrá
un grupo de Escuela Dominical o que será uno de los diáconos de la iglesia y que su influencia será de ayuda para
remediar la situación”. Pues, déjeme decirle que eso nunca pasará. Por otra parte, esa persona se conformará y tolerará
todo lo que esa denominación acepta. Así como el agua con hielo le quita el fuego al atizador, así esa iglesia o
denominación le quitará el fuego evangelístico al que se asocia con ésta para tratarla de corregir.
No mucho tiempo atrás, todo el mundo celebró el quinto centenario del nacimiento de Martín Lutero. Él fue un hombre
muy bien intencionado y de su influencia fue que nació la Reforma Protestante. Ahora, la idea de Martín Lutero fue
quedarse en la iglesia y hacer los cambios necesarios en la iglesia para arreglar los errores que existían. Ese deseo de
corregir el problema le llevó a formular las 95 Tesis que puso en la puerta de la iglesia de Wittenberg en 1517. La revista
“Geografía Nacional” publicó un artículo sobre la vida de Lutero escribiendo:
“La intención de Lutero no fue dividir la iglesia, mucho menos fue destruir la supuesta unión de la civilización medieval;
hasta el final él se consideraba un fiel restaurador de la pureza sacerdotal de la iglesia universal, y aun más católico que
el mismo papa—un renovador y no un innovador”.
Pero existe una carta que Lutero le escribió a su amigo Philip Melanchthen hacia el final de su vida donde él comentó el
grave error que cometió al tratar de reformar la apostasía quedándose en ésta. Lutero escribió:
En pocas palabras, no estoy muy contento con este problema de la unión y la doctrina, puesto que es virtualmente
imposible a menos que el papa abdique a su poder. ¿Por qué estamos esperando que ellos se converjan a la verdad?
¿Qué oro tiene el que entremos en harmonía con nuestros propios enemigos? Puesto que es seguro que seremos
condenados por ellos, que ellos no se arrepienten sino que al contrario, están tratando de mantenerse donde están.
¿Por qué no analizamos realmente el problema y vemos realmente que todas las concesiones que ellos hacen son
mentira?
Al final de su vida, Lutero reconoció que no es posible quedarse dentro de la apostasía y al mismo tiempo tratar de
reformarla desde adentro; esto nunca pasará. La manera de Dios es presentada en II Corintios 6:17:
“Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré.”
Ahora, regresemos a Jeremías 15 y miremos en el versículo 18, cuál podría ser el punto débil de un fundamentalista:
“¿Por qué fue perpetuo mi dolor y mi herida desahuciada no admitió curación? ¿Serás para mí como cosa ilusoria, como
aguas que no son estables?
El problema de un fundamentalista podría ser que empiece a sentir lástima por sí mismo a causa de la separación.
Vemos que Jeremías empezó a sentir lástima de sí mismo. Cuando un fundamentalista empieza a sentirse lástima es
muy probable que comprometerá su posición. Él empieza a ver que no hay mucha gente que esté con él y comienza a
pensar si realmente su posición es correcta o aún, si es necesaria. Él empieza a cuestionarse que tal vez él es un poco
extremista en su separación.
En el versículo 19, el Señor se dirige al fundamentalista con respecto a su fidelidad: “Si te convirtieres,”—refiriéndose al
sentimiento de lástima que se tiene—”Yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil,
serás como mi boca, conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos”.
Dios le estaba diciendo a Jeremías: “Jeremías, sigue firme en la posición que tienes. Si ellos quieren venir al lugar
correcto en el que te encuentras, déjales venir. Ora para que ellos vengan, predícales para que ellos vengan; pero
nunca, por causa de la lástima que te tienes, dejes tu posición y vayas a parar en la misma posición donde ellos están”.
El Señor también añadió: “Yo quiero tu obediencia, tu fidelidad. Jeremías, si tú estás dispuesto a separar lo puro de lo
impuro, tú serás como mi boca”. El mensaje de la separación es el mensaje para este mundo. Este es el mensaje que
hará una distinción de lo que es espiritualmente correcto y lo que es espiritualmente incorrecto, entre aquello que
doctrinalmente está bien y lo que doctrinalmente está adulterado.
Cualquier creyente que desee ser “la boca” de Dios en esta tierra tiene que ser un separatista; o de otra manera, ese
individuo no estará hablando por Dios. Todo aquel que no se separa del error no es fiel al mandato de Dios de “separar
lo precioso de lo vil”.
En el versículo 20 aprendemos del fundamentalista y su fortaleza o entereza: “Y te pondré en este pueblo por muro
fortificado de bronce, y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo para guardarte y para
defenderte, dice Jehová”. En ningún momento Dios dio a entender que sus siervos no tendrían enemigos o batallas;
pero sí, El prometió que el enemigo no prevalecerá contra sus escogidos.
El fundamentalista separado está en la lucha de la victoria. La promesa de Dios es para aquellos que se paran como un
“muro fortificado de bronce”. Su fortaleza nace de la confianza en el Señor Jesús, quien pelea la batalla por ellos en
contra de sus enemigos. Gracias sean dadas a Dios por las iglesias y escuelas cristianas que son un “muro fortificado de
bronce” y que están firmes conforme a las Escrituras. Estas no están con la multitud, porque la multitud va en contra de
Dios. Muchas veces han tenido que pelear una batalla a solas, pero estas iglesias e instituciones prefieren permanecer
firmes en la batalla que asociarse con la multitud para ir en contra de Dios. La victoria es del Señor.
El Escudo de la Fe
Nov. / Dic. 1993