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Tomás Sierra

La introducción del texto “Aporofobia”, de Adela Cortina, estudia el caso del turismo en España,
haciendo referencia a la importancia que tiene esto para el país español, las formas de
recibimiento por parte de la comunidad local hacia los extranjeros, su cordialidad, y la importancia
de los medios de comunicación para abrirle las puertas con “entusiasmo”, como describe la
autora, a las distintas personas que llegan al país. Es importante, aquí, destacar el concepto y el
adjetivo de extranjero, ya que abarca a comunidades de distintas etnias y razas, que son
aceptados de muy buena manera por parte del estado y la sociedad española. Pues bien, ¿es
entonces España un país con gente muy “abierta” y con las puertas disponibles para todas las
etnias y razas? La escritora responde a esta pregunta otorgándole una importancia particular al
turismo. Y es que este es la principal fuente de ingresos de España. Por lo cual, los extranjeros
tienen una función “económica” implícita en su rol de turista, que genera una gran prosperidad en
el país europeo. Pues sí, la sociedad española es xenofílica hacia este tipo de extranjero, es decir,
los recibe con amor y amistad. Ahora bien, los refugiados políticos, aquellas personas que
escapan de conflictos bélicos, inmigrantes pobres, o forasteros, a quienes “su éxodo viene de muy
lejos en el espacio y en el tiempo y no les trae a nuestro país el atractivo del sol, las playas, la
belleza natural y artística, y mucho menos nuestra proverbial hospitalidad…”, la autora los define
como “Otro tipos de extranjeros”, que no pueden cumplir su rol “correcto” de turista, aquel que
genere prosperidad económica. Y, frente a esta categoría distinta de extranjero, la sociedad
española no los recibe con entusiasmo, sino que más bien lo hace con rechazo, o mejor dicho, no
acepta su llegada al país. El problema de estas personas no es cuestión de raza o etnia, por lo cual
no se puede hablar de xenofobia, sino que a los españoles les molesta que sean pobres, que vayan
a complicar la vida, y que arriben sin recursos, pero si con problemas. Son vistos como una
amenaza para el bienestar de la comunidad española por su simple condición económica de ser
pobre. Adela Cortina destaca esta actitud de racismo y recelo con el nombre de aporofobia, el
“…rechazo, aversión, temor y desprecio hacia el pobre, hacia el desamparado que, al menos en
apariencia, no puede devolver nada bueno a cambio”. Pues entonces podemos ver que el estado
español es la máxima representación del mundo del dar y el recibir: la sociedad acepta y recibe a
todo tipo de comunidad, sin importar de donde provenga o sus etnias, mientras este genere
empleo y dinero en distintos rubros, pero no lo hace con aquel que sea pobre y llegue a España
con intenciones de tratar de sobrevivir, en muchos casos (como el de los inmigrantes pobres).
Dichas personas son excluidas política, económica, y socialmente de ese mundo. Esta fobia hacia el
pobre, es un concepto que la escritora, si bien lo ejemplifica con el caso español, es universal. Es
decir, es una cuestión o un problema que se da a nivel global y en todas las comunidades humanas
que hay que solucionar. Es un “atentado diario, casi invisible, contra la dignidad, el bienestar y el
bienestar de las personas concretas hacia las que se dirige”, a la que la autora cree que “acabar
con estas fobias es una exigencia del respeto, no a “la dignidad humana”, que es una abstracción
sin rostro visible, sino a las personas concretas, que son las que tienen dignidad, y no un simple
precio.”
Tomás Sierra

En la introducción del texto “Aporofobia”, la filósofa española Adela Cortina, analiza los casos de
desprecio hacia los extranjeros pobres a nivel global, estudiando en particular el caso de España.
Al respecto, la escritora sostiene que existe cierta fobia en contra de los inmigrantes que llegan al
país sin poder contribuirle beneficio alguno. Para validar dicha postura, Cortina presenta distintos
argumentos. En primer lugar, explica que los turistas son recibidos de buena manera en el país
español, ya sea por el gobierno como por los propios habitantes y ciudadanos. No solamente eso,
sino que también, la escritora habla de xenofilia “hacia ese tipo de extranjeros”, es decir, un deseo
de amor y amistad hacia ellos. Este tipo de extranjeros, como dice Adela Cortina, se caracteriza
por el beneficio “económico” que estos contribuyen en España, debido a que son la principal
fuente de ingresos del país: crean empleo, suben cifras de ocupación hotelera, etc. Pero, señala,
que aquellos extranjeros que no pueden contribuir económicamente en el turismo español, como
pueden ser refugiados políticos y de inmigrantes pobres, no despiertan este sentimiento de
xenofilia en la comunidad española, sino más bien genera un rechazo. En segundo lugar, Adela
Cortina subraya que estos “otros tipos de extranjeros”, no generan rechazo por su raza o etnia,
religión, color, sexo, o por venir de afuera. Sino más bien por su situación económica y por una
cuestión de status social. La filósofa señala “el rechazo inmisericorde a la oleada de extranjeros
pobres” por parte del pueblo español, considerándola así una acción de discriminación por la
situación socio-económica en la que arriban estos turistas. En tercer y último lugar, la escritora
señala y explica que vivimos en un mundo en el que está construido sobre un determinado
contrato político, económico o social. Un “mundo del dar y el recibir, en el que solo pueden entrar
los que parecen tener algo interesante que devolver como retorno”.