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unque existen ejemplos de la utilización de molinos hidráulicos desde la Edad Antigua, será a partir de la alta Edad Media cuando

su presencia se convierta en habitual en los cauces europeos. La necesidad de transformar en harina el grano de las cosechas cerealistas, en una sociedad cuyo primer producto de consumo era el pan, y, probablemente, los beneficios económicos que los señores obtenían del uso por parte de sus vasallos, favorecieron su implantación1. En la península Ibérica su difusión está atestiguada ya en época visigoda, continuando su empleo en el subsiguiente periodo de
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dominio musulmán, así como en los reinos cristianos que con posterioridad se irán extendiendo a costa de los territorios donde preponderaba el Islam2. Para el caso concreto de Extremadura, la presencia de molinos y 3 aceñas está documentada en época medieval . Como sucede en toda Europa, en el solar extremeño los cereales fueron también los principales productos para la alimentación de la población4, y su obligada conversión en harina destinada a la panificación facilitará la existencia de este tipo de instalaciones en sus diferentes localidades.

Pounds, N. J. G., Historia económica de la Europa medieval, Barcelona, 1981, págs. 219-220 y 232. González Tascón, Ignacio, Los molinos y las Aceñas: Diversidad tipológica y criterios de emplazamiento, contenido en Arquitectura Rural en Andalucía (www.cepalcala.org/ciencias1/arquitectura_rural/FTP/los_molinos_y_las_acenas.htm). 3 Para el caso cristiano medieval, en García-Diego, José Antonio, Presas Antiguas de Extremadura, Madrid, 1994, se ofrecen varios ejemplos de molinos relacionados con presas de origen medieval. Para los territorios bajo la jurisdicción de la Orden de Alcántara: Matellanes Merchán, José Vicente, La Orden de Santiago y la organización de la Transierra castellano-leonesa (ss. XII-XIV), Cuadernos de Historia Medieval, Monografías, 1 (1999), págs. 253-260. 4 Martín Martín, José Luis y García Oliva, María Dolores, Historia de Extremadura. Tomo II. Los tiempos medievales, Badajoz, 1985, pág. 348-349.
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La presencia e importancia de molinos y aceñas tendrá su reflejo en los textos de los fueros extensos extremeños, lo que convierte a éstos en un material de primera importancia para acercarse a ese tipo de instalaciones. La construcción y ubicación de los ingenios hidráulicos, los problemas derivados de su funcionamiento o las multas que debían abonarse por su destrucción son algunos de los aspectos que se recogen en esta documentación. De todas formas, es preciso puntualizar que estas fuentes tienen evidentes limitaciones, pues para cuestiones tan interesentes como, por ejemplo, las relacionadas con la mecánica o el peso de los monopolios señoriales en la propiedad de los molinos, la información que ofrecen presenta limitaciones. Además, debe tenerse en cuenta que pudieron existir diferencias entre lo consignado por escrito, que es lo que aquí abordaremos, y su aplicación práctica. De cualquier manera, y a pesar de su condición de fuente parcial, consideramos que lo recogido en los fueros extensos extremeños sobre molinos y aceñas cuenta con la suficiente entidad como para dedicarle un artículo. Sin duda, se trata de un paso que deberá completarse con documentación más variada, pero que cumple el cometido de aproximarnos a una cuestión particular en un momento histórico del que la información que se ha conservado no es demasiado abundante. Cuatro han sido los fueros extensos de los que nos hemos servidos para sondear esta 5 6 7 8 información: los de Plasencia , Coria , Cáceres y Usagre . Uno de ellos, el de Plasencia, es de filiación castellana, mientras que los otros tres pertenecen al área leonesa. En cuanto al tipo de jurisdicción al que afectaban, los de Plasencia, Coria y Cáceres, se concedieron a ciudades o villas de realengo, mientras que el de Usagre aparece vinculado a un señorío perteneciente a la Orden de Alcántara. Salvo en el caso de Plasencia, datado a finales del siglo XII, los restantes fueros se otorgaron a lo largo del siglo XIII, aunque no existan fechas seguras para ninguno de ellos. Así, el de Coria debió concederse en torno a 1220,

el de Cáceres hacia 1230 y el de Usagre entre 1242 y 9 1275 . En lo referente a la situación geográfica de las localidades con las que están relacionadas, tres de ellas, Plasencia, Coria y Cáceres, se encuentran en la actual provincia de Cáceres -para más concreción, las dos primeras en la zona situada al norte del río Tajo-, mientras que la cuarta, Usagre, se emplaza al sur de la provincia de Badajoz. Con el objeto de facilitar el acercamiento a los diferentes aspectos que se mencionan en los referidos fueros sobre molinos y aceñas, hemos dividido y agrupado sus contenidos por materias.

Obra civil
Por lo que respecta a la construcción de molinos y aceñas, uno de los aspectos en los que los fueros inciden de manera especial, ya que los cuatro reglamentarían sobre esa cuestión, fue el de los problemas que planteaban a los ya existentes en un 10 cauce la construcción de otros nuevos . En el de Plasencia se recoge que quien fuera a edificar un molino, lo primero que debía tener en cuenta era que no causara molestias a ninguno anterior. En caso contrario, la construcción recién levantada tendría que ser 11 derribada . En el supuesto de que su propietario se negase a que el molino fuese destruido, una vez transcurridos tres días desde el juicio y hasta que se ejecutase la sentencia, debía entregar diez maravedíes diarios al dueño del que había sufrido los daños, además del doble del valor del perjuicio que le hubiese provocado. Para reforzar el cumplimiento de la pena, los alcaldes tenían la obligación de detener al infractor hasta que abonase la cantidad correspondiente12.

En cuanto a los casos de Coria, Cáceres y Usagre también aparece reflejada la orden de derribar el molino que ocasionara algún perjuicio a otros más 13 antiguos . En concreto, en los de Cáceres y Usagre se especifica que en el supuesto de que dos molinos fuesen construidos en terreno virgen, prevalecerían los derechos del primero que hubiese sido edificado y, en su 14 defecto, la primera molienda . Asimismo se obligaba al propietario del molino más reciente a resarcir al del más antiguo de todo el daño que se le hubiera provocado, además de imponérsele una multa de cuatro maravedíes, de los que dos se entregarían al afectado y otros dos a los alcaldes del concejo. El fuero placentino también se refiere a los molinos que se emplazaban en medio de los cauces de los ríos, cuya construcción parece implicar menos problemas que la de los que se situaban en las orillas de los cauces, ya que la única precaución que debía tener el dueño era contar con una entrada y una salida de tres

pasos de ancho. El mismo ancho se reglamentaba para los caminos de acceso a los molinos levantados en las orillas, que también tenían la obligación de dejar a su alrededor un espacio libre de nueve pasos15. Así mismo existía obligación de mantener limpios los límites de molinos y aceñas, imponiéndose una multa de dos 16 maravedíes semanales a quienes no lo cumplieran . También debe señalarse que el fuero de Plasencia prohibía expresamente los conocidos como “molinos fornezinos”, que no funcionaban y ocupaban un espacio junto al río. Para evitar que se diese esta situación, disponía que cualquier molino que se construyese tuviese en cuenta aquel otro cuyo funcionamiento fuese óptimo por ser utilizado para 17 moler . Es igualmente la normativa de Plasencia la que ofrece alguna información sobre los constructores de molinos y aceñas, que serían los mismos que

efectuarían otros tipos de obras, sin que aparentemente existiesen operarios especializados. Hay que señalar que las disposiciones que abordan esta cuestión no son específicas de los molinos, sino que son extensivas a otros 18 tipos de construcciones . El fuero placentino recogía que cualquier maestro de obras que iniciase la edificación de un molino estaba obligado a concluirlo tal como especificaba el contrato, debiendo pagar el doble de la cantidad recibida 19 en caso de incumplimiento . Asimismo se reglamentaba sobre el supuesto de que el maestro de obras falleciese sin completar su trabajo, caso en el que sus herederos cobrarían lo que se le adeudara por el tiempo trabajado o, suponemos que en el caso de que se le hubiese pagado por adelantado, tendrían que devolver lo que hubiese recibido de más. Una vez efectuadas estas salvedades, quien hubiese encargado la construcción podría solicitar el concurso de un nuevo maestro de obras. De no existir herederos, serían los fiadores los que deberían entregar la cantidad cobrada de más. Por último se aborda la cuestión de los plazos de entrega, imponiéndose al maestro de obras si lo superaba el pago del doble de lo que hubiese recibido. Si el que se retrasaba en el pago era quien había contratado la obra, entonces era él quien debía abonar al maestro el doble de lo establecido20.

Especial atención presta el fuero placentino a la propiedad y uso de las “moleras” de las que se extraían las piedras de los molinos. Se establecía que todas las “moleras” pertenecían al concejo, obligándose a los propietarios de los terrenos donde se enclavasen a vendérselas. En caso de oposición, se les imponía una 24 multa de diez maravedíes . Sólo si el concejo no la adquiriese podía entonces el dueño acotar el terreno, estando libre del pago de caloña25 alguna. Además, la reglamentación ponía límite al tiempo durante el que una persona podía utilizar una “molera”, que era de 26 treinta días .

Maquinaria
No son excesivas las menciones que se recogen en los fueros extremeños acerca de las maquinarias de molinos y aceñas, apareciendo solamente algunos de los elementos que las componían en el fuero de Plasencia. Así, para el caso de los molinos, se menciona la rueda, la muela, el parafuso21 y la anadija22. En lo que se refiere a las aceñas únicamente se habla de sus ruedas. Esta diferenciación entre ruedas de molinos y ruedas de aceñas lleva a pensar que estas construcciones se caracterizarían por la tecnología que empleaban para mover su maquinaria, rueda horizontal de paletas o rodezno, en el primer caso, y rueda vertical de cangilones, en el segundo23.

Presas y canales
Las disposiciones que, por una parte, el fuero de Plasencia, y por otra, los de Coria, Cáceres y Usagre, recogen acerca de la construcción de presas y canales parecen referirse a aspectos diferentes de un mismo asunto. Así mientras las normas placentinas centran su interés en los problemas que pudieran ocasionar la construcción de nuevas presas, así como su utilización y ruptura, los otros tres fueros reparan de manera especial en las incidencias relacionadas con el vallado y uso de las pesqueras. Lo que no se apunta en ningún caso son las características materiales de las presas que embalsaban el agua destinada a los molinos, ni tampoco las de los canales o cazes que la conducían hasta las ruedas. Por lo que se refiere al fuero de Plasencia, legisla para las nuevas presas y cazes de la misma manera que lo hacía para los molinos de reciente construcción, es decir anteponiendo el funcionamiento de las más antiguas a las más recientes, y ordenando que se derribasen las que acababan de erigirse en el supuesto de que causaran algún problema en las que ya existiesen27. La presencia de varias aceñas en un mismo cauce podía provocar que el exceso de agua de los molinos situados más abajo, entorpeciendo la labor de los que tenían su asiento en la parte superior. Por ello se disponía que cuando en el mes de agosto las aguas fuesen menguadas se clavasen palos a cada lado de la corrientes hasta nueve pasos del molino, marcándose en la madera una señal indicando el máximo que podían alcanzar. Si una vez realizada esta operación, el molino de abajo provocaba algún perjuicio al de arriba, el propietario del primero debería abonarle diez maravedíes por cada día que continuara el problema. Como contingencia a que se presentase alguna dificultad a la hora de colocar el palo en el lugar idóneo, se permitía que “fagan señal en otro logar o a ellos pluguiere.”28

En el supuesto de que alguna presa de molino o de caz tuviese fugas y el agua desembalsada causase algún perjuicio en los terrenos cercanos, su dueño estaba obligado a abonar lo correspondiente al daño provocado. A continuación, el propietario de la presa debía tomar las precauciones necesarias para que no volviese a repetirse una situación similar. En caso de que el problema se reprodujese, el dueño del molino tendría que comprar el terreno inundado por un precio fijado por dos alcaldes. Esta última posibilidad debía contar con la 29 aquiescencia del propietario de la tierra . En cuanto a los fueros de Coria, Cáceres y Usagre, los tres indican que las pesqueras, es decir los pantanos que crean las presas, fuesen cercadas. En el caso de Coria se especificaba que la valla tuviese veinte estadales por arriba y uno por abajo, y en los de Cáceres y Usagre veinte por abajo y dos por arriba. En lo que se refiere a la práctica de la pesca en estos pantanos, de manera gratuita se permitía con anzuelo y butrón, estableciéndose que si se realizaba con otro arte, debía entregarse una cantidad al propietario del molino, que se fijaba en cuatro maravedíes en Coria y tres en Cáceres y Usagre30. Asimismo, los tres fueros mencionados anteponían los riegos agrícolas al funcionamiento de los molinos y las aceñas, especificando que éstos no restasen agua a huertos, 31 prados y linares .

Propiedad, explotación y funcionamiento
Entre los diferentes bienes que en el fuero de Cáceres se otorgaban a cada poblador de la ciudad se hallaban los molinos 32 . Probablemente lo que correspondía a cada uno de ellos eran veces de 33 molienda , como puede apreciarse en las propiedades que recibían las viudas, entre las que se encontraba una 34 vez de molino cada quince días . También el fuero de Plasencia muestra evidencias de esta división en unidades del tiempo de utilización de los molinos. Así, al hablar de las obligaciones de los molineros, se impide a cualquier hombre que fuese a moler cambiar a la fuerza su vez35, con lo que podría pensarse que la propiedad de los molinos se encontraba repartida entre varios usuarios. Por lo que respecta a la explotación de estos ingenios hidráulicos, los fueros se centran en los que se encontraban bajo un régimen de aparcería, y de manera especial en los casos en que molinos y aceñas contaba con varios apareceros, quizás porque fuesen los que más problemas generasen. A pesar de ello, debieron existir molinos cuyos propietarios los explotaban de manera directa. Sobre este particular, el fuero de Plasencia establecía que en los molinos sujetos a contratos de aparcería que incluyese a más de una persona todos estaban obligados a trabajar, y que aquel que no cumpliese con su parte debería entregar doce dineros o

el gasto doblado a los restantes aparceros. En el supuesto de que los aparceros no pudiesen cobrar lo que les correspondía, se retendría la parte del deudor hasta que este les abonase lo que les adeudaba. También se imponía una multa de dos maravedíes semanales a quienes no limpiasen la parte que les correspondía dentro de los límites de sus aceñas36. Por su parte, los fueros de Cáceres y Usagre menciona la posibilidad de reunirse en cabildo donde quisieran quienes tuviesen algún molino o aceña en aparcería37. En lo que se refiere al precio por utilizar los molinos y las aceñas, en los fueros de Coria, Cáceres y Usagre se ordenaba que fuese el mismo en todos ellos, imponiéndose una sanción de cuatro maravedíes al ingenio que no moliese así, la mitad para el denunciante y la otra mitad para los alcaldes. También se decretaba que las maquilas -partes de trigo que se apartaban como pago cuando se llevaba a molerno fuesen superiores a las establecidas. Si alguno de los maquilones -personal encargado de separar esas partes cuando el trigo llegaba al ingenio- no lo hacía así, sería multado con el pago de cuatro maravedíes. Para evitar el pago de la multa, al maquilón le bastaba con presentar un 38 testigo que apoyase su inocencia . También establecían estos fueros dos periodos a lo largo del año para el cobro de las maquilas. Uno más caro, por causa de la escasez de agua, que se extendía entre las festividades de San Juan y San Miguel, desde los inicios del verano hasta el comienzo del otoño. Y otro más barato, por disponerse de más agua, que iba desde San Miguel a San Juan. En el primero de los períodos, en los tres casos se cobraban dieciséis maravedíes, mientras que en el segundo, los pagos descendían a doce maravedíes39.Caso diferente es el de Plasencia, donde a lo largo de todo el año las maquilas se establecen en dieciséis maravedíes. Para quien

incumpliese este mandato se imponía como multa el pago 40 de un maravedí . Por otro lado, el fuero de Plasencia contiene varias normas acerca de problemas que podrían surgir en torno al trabajo realizado por los molineros. De esa forma, se índica a éstos que cuidasen los útiles existentes en los molinos, debiendo pagar el doble de su valor en el supuesto de que alguno sufriera algún daño41. También se les prohibía cambiar la vez en que debía moler el dueño del molino o la de algunos de sus usuarios, imponiéndose una 42 multa de cinco sueldos por ello . Relacionado con esto se encuentra el castigo que se aplicaba a quien intentara imponer su vez de molienda sobre otro, cifrado en diez sueldos. Para aplicar tal pena bastaba el testimonio del 43 molinero . Así mismo, con el propósito de evitar sustracciones en la molienda, se especificaba al molinero que cada saco debía contener la misma cantidad de harina que antes tenía de grano. En caso de incumplimiento, bastaba el juramento de la persona que estaba utilizando el molino para que el molinero se viese obligado a devolver el doble del daño causado. Similar cuantía alcanzaba la multa que se aplicaba en caso de que la harina obtenida fuese de mala calidad44. La normativa placentina apunta también la parte que correspondía al molinero por su trabajo, que era 45 un cuarto del beneficio que obtuviese el molino . Por último, indicar que, según los fueros de Cáceres y Usagre, los molineros a fuero estaban exentos 46 del pago del pecho y de su contribución a la fazendera . En caso de ser herederos, ni el molinero ni el aceñero podrían 47 ser a fuero , y por lo tanto excusarse de estas obligaciones en forma de tributos y trabajo personal. La misma

disposición se recoge en el fuero de Coria, pero relacionada con quien cobrase sus servicios a un precio superior al establecido48.

Multas por robar o destruir molinos y aceñas.
Otro de los aspectos que aparece en los cuatro fueros es el de la protección de molinos y aceñas contra robos o destrucciones. Por lo que se refiere a los de Coria, Cáceres y Usagre, mencionan de una manera general las multas que debían imponerse a los que causasen algún tipo de daño en molinos y aceñas, diferenciando la cuantía según el propietario fuese vecino de villa o de aldea, es decir tuviese su residencia establecida en el núcleo principal del término o en alguna de las poblaciones dependientes de éste49. En el primero de los supuestos, el de aquellos que poseían casa en la villa, en el caso de Coria debían abonárseles diez maravedíes, mientras que en Cáceres y en Usagre la cuantía se elevaba hasta los cincuenta maravedíes. En el segundo supuesto, el de quienes vivían en las aldeas, el pago se reducía a la mitad en ambas reglamentaciones. También se aprecian diferenciaciones en el número de testigos y posibilidades que tenía el acusado de librarse de la pena. Así, los residentes en la villa podían probar su inocencia desafiando a quien le había imputado 50 o presentando cuatro testigos para que jurasen con él . En cambio, los aldeanos no podían acudir a las armas para

rebatir la imputación, debiendo conformarse con los juramentos de los testigos, dos junto con el del imputado en Coria y cinco en Cáceres y Usagre. Por lo que se refiere a Plasencia, las normas contenidas en su fuero abordan los incendios de molinos y aceñas, así como el daño que pudiera causarse a los diferentes componentes de su maquinaría. De esa forma, si alguien incendiaba el molino de otra persona, estaba obligado a pagar treinta maravedíes así como el doble del daño ocasionado, siempre que se probase que era el causante. En el caso de que el molino fuese robado, al responsable se le aplicaba la misma pena que en el supuesto de casa violada51. Cuando quien provocaba el fuego era el propio molinero, únicamente tenía que pagar el daño causado. De existir alguna duda, el molinero tenía la posibilidad de hacer valer su testimonio presentando a doce 52 testigos que lo avalaran . Por lo que se refiere a los daños que podrían sufrir las partes de la maquinaria del molino, se indicaba que “Todo omne que rueda de molino o muela o parafuso o anadija” a sabiendas pague diez maravedíes, y sino que se salvase como si de un hurto se tratase. En caso de que robase alguna de esas piezas, debía abonar la misma multa que un ladrón, siempre que se probase, ya que si no se le aplicaría idéntico tratamiento que a quien cometía 53 un hurto . También se establecían multas por una cuantía de diez maravedíes a quien rompiese la rueda de una aceña, con idéntica salvedad, en el supuesto de no probarse, de aplicarle el castigo de a 54 quien hurtaba .

Introducción. La arquitectura rural en Mengabril (Badajoz)
os primeros datos que conocemos referidos a edificios residenciales construidos en las fincas de Mengabril los encontramos precisamente en el origen del pueblo que según Juan Mateo Reyes Ortiz de Tovar en su obra Partidos triunfantes de la Beturia Túrdula dice que este sitio se fundó “por los años del Señor de 1250 en tiempo de San Fernando III sobre unas posadas que tenían sobre la calzada romana, con una venta que era de Minga Abril”2. En este sentido, entendemos que en el mismo lugar donde actualmente existe el núcleo urbano se levantaban ciertas viviendas utilizadas principalmente como posada.

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El mismo cronista también nos aporta el dato referido al momento en que la localidad se hizo villa, esto es, en 1737. Pero, a pesar de ello, todavía en el Mapa del Partido de Trujillo conservado en el Archivo 3 Histórico Provincial de Cáceres y fechado hacia 1791 continuamos viendo a Mengabril dentro del territorio del Condado de Medellín, al que perteneció durante siglos. El Catastro de Ensenada, por su parte, nos dice que no existía aquí ninguna casa de campo ni alquería a mediados del XVIII4. El único dato que parece destacar de esta obra para lo que nos ocupa es que el mayor hacendado de tierras aquí en 1753 era D. 5 Diego González Farín .

Pero pocos años después, en la visita realizada al lugar para la elaboración del Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura6, los vecinos contestan que ya existía la casa de campo a la que dedicaremos a continuación el presente artículo, esta es, la Casa de Las Gameras perteneciente al Marqués de Torres Cabrera. Las Gameras es el único cortijo que vuelve 7 a recoger Pascual Madoz en su Diccionario quien además escribe sobre las dehesas de la Cañadilla8 y la de las Cocinas en este término municipal. De la última dice que está “situada a media legua oeste de este pueblo y se halla destinada a labor”9. Igualmente también se cita el más destacado conjunto agropecuario y resi-dencial de Mengabril en el Nomenclátor de 186310 y en el de 11 1888 . En el primero de ellos quedan reflejadas además las siguientes construcciones: - Casa de Morcillo. Es una “Casa de huerta” con una vivienda de un solo piso habitada temporalmente. - Casa de Sánchez, a 200 metros del núcleo urbano y calificada como “Casa de recreo”, tenía dos plantas y en ella vivían sus dueños constantemente. - Casa Nueva, una “Casa de recreo” situada a 400 metros del pueblo. - Diferentes chozas de hortelanos de las que se dice que “están diseminadas por el término jurisdiccional; distando de la cabeza de distrito 266 metros la más próxima, y 5572 la más remota”.

Y en el de 1888 se suman las “Casas para obreros” denominadas Novilleros y Valdelagrulla, en cada una de las cuales, con dos edificios de un piso, vivían en 12 torno a 10 personas .

Por último, señalaremos dos importantes documentos que también nos hablan de los cortijos de este término. Se trata en este caso de un par de mapas referidos a la “Batalla de Medellín”. Uno de ellos está firmado por el Capitán José Calderón y el Teniente Emilio March en Badajoz a 15 de 13 14 octubre de 1862 y el otro pertenece al Cuerpo de Estado Mayor Depósito de Guerra, fechado éste en 1885 . En ambos se representa el “Cortijo de Juan Díaz” a poca distancia de Mengabril, al que se llega gracias a una vía recta en dirección Este del núcleo poblacional. Otros caminos tienen como destino “a labores”, “a Guareña y la Manchita” y, por supuesto, al “Cortijo de las Gameras”.

Fig. 2. Casa de Las Gameras. Fachada principal

Fig. 3. Casa de Las Gameras. Remate de la portada principal

La Casa de Las Gameras
e sitúa esta gran casona a unos 5 kilómetros al Sur de Mengabril, dominando un pequeño monte que se encuentra a unos 340 metros de altitud. Pero no sólo cumple este precepto tomado de los tratadistas clásicos sino que también se halla muy cerca de ciertos cauces fluviales como el Arroyo del Reguero o el de las Gameras, que se conecta a su vez con una charca que sirve para el abastecimiento del ganado de tal explotación.

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El conjunto se distribuye de una forma muy lógica y ordenada, semejante a otros muchos de la Baja Extremadura15. Así, encontramos una casa de grandes dimensiones en cuya parte trasera se abre un patio en torno al cual se localizan otras dependencias más propias de lo agropecuario. Por otra parte, delante de la vivienda principal se cuida un hermoso jardín cuya planta se acerca a la forma cuadrada.

Para entrar al patio hay abiertos dos vanos con grandes portadas para el paso de caballerías y carros. Destaca entre ambos el situado en la zona Norte, en cuyo dintel localizamos el nombre de la finca cubriéndose con un tejadillo de realización reciente. El patio posee forma de L debido a la disposición de las dos dependencias traseras a las que se accede desde él y que quedan unidas entre sí. La vivienda principal, de grandes dimensiones, planta rectangular y tejado a dos aguas con varias chimeneas sencillas, es la que domina sobremanera el cortijo. Hacia su izquierda está adosada una estructura de terraza con ventanales de considerables proporciones y un antepecho o pretil de factura bastante actual. En el frente que estamos describiendo, así como en el otro lateral de la casa, se sitúan sendas imágenes de iconografía mariana realizadas con azulejos coloreados a modo de protectoras de tal residencia y sus habitantes. La fachada principal es quizás donde se localizan los elementos más atractivos y de mayor calidad histórico-artística. Se orienta al Nordeste quedando dividida en dos plantas y tres cuerpos. En el central es donde está situada la portada realizada en cantería sobre granito compuesta por dos elegantes columnas de fuste liso y sencilla basa, al igual que los capiteles, sobre las que se apoya el entablamento. Éste se decora con una forma avenerada central con aletas laterales y potentes esferas que lo coronan a ambos lados. De la planta baja basta recordar la existencia de vanos alargados cubiertos con buena rejería, semejantes a los de los cuerpos extremos.

Fig. 4. Casa de Las Gameras. Escudo del Marqués de Torres Cabrera

En la planta alta se abren bastantes ventanales tanto en la parte central como en la meridional, no existiendo en la otra debido a que, como ya dijimos anteriormente, en dicha zona se dispone una terraza. Los recercos de tales vanos están pintados actualmente de un color rojizo al igual que el zócalo y las estrechas bandas que recorren toda la fachada. Los ventanales de la parte alta se decoran también con buenas piezas de forja con formas geométricas.

Sólo queda destacar el escudo con las armas del Marqués de Torres Cabrera realizado en una pieza de granito situado en la parte más alta de la fachada principal dentro de una estructura rectangular saliente decorada con alfiz. Ya hemos señalado esta propiedad en la parte inicial cuando el Interrogatorio de la Real Audiencia apuntaba en la respuesta nº 51 que en Mengabril no existía otra casa de campo en 1791 más que la que poseía el Marqués de Torres Cabrera, vecino de Medellín16. No da el nombre pero no tenemos ninguna duda de que se está refiriendo a la que ahora es objeto de nuestro estudio ya que Las Gameras, por su tipología y detalles decorativos, debió construirse a lo largo de la segunda mitad del siglo XVIII. Continúa diciendo dicho Interrogatorio que esta casa de campo tenía un terreno propio con una capacidad de cerca de cuatro millares dedicado a pasto y labor con sus ganados, distante como media legua de la localidad. Según el Nobiliario de Extremadura17 este título aristocrático fue concedido a D. Juan de Torres Cabrera y Calderón, Villalobos y del Barco Flores, natural de Brozas (Cáceres) y Caballero de la Orden de Alcántara con fecha del 1 de julio de 177918. Por ello, concluyendo en el origen de la Casa de Las Gameras, consideramos que debió ser levantada poco después.

Ya del siglo XIX conocemos varios documentos que la citan. Así, Pascual Madoz en su Diccionario cuando 19 se ocupa de la “Villa de Mengabril” o, como ya vimos, queda reflejada en los planos que en la segunda mitad se confeccionan referidos a la Batalla de Medellín. Tanto en el de 1862 realizado por el Capitán José Calderón y el 20 21 Teniente Emilio March como en el de 1885 del Cuerpo de Estado Mayor Depósito de Guerra aparece dibujado un importante camino que sale desde Mengabril “al Cortijo de las Gameras”. Por su parte, el Nomenclátor de 1863 la recoge como una “Casa de labradores” de dos pisos que estaba 22 23 habitada constantemente . Esto aumenta en el fechado en 1888 cuando Las Gameras aparece con el calificativo de “Casa de obreros”, que desarrollaba tres edificios donde vivían 7 personas, según el Censo de población de 31 de diciembre de 1887. Sus habitantes continúan siendo escasos en comparación con las dimensiones de los inmuebles en 194024, cuando esta “Casa labor” era ocupada por un grupo de 5. Terminaremos diciendo que en la actualidad este complejo se encuentra en perfecto estado y continúa utilizándose por los herederos de los primeros propietarios según los usos para los que fue concebido. Un ejemplo de buena conservación y apropiada adaptación al modo de trabajo y forma de vida de hoy.

a arquitectura popular es una expresión más de la cultura de un determinado pueblo, y es donde afloran ciertas características propias de cada región o de cada comarca. Pero esencialmente, la arquitectura popular, aquella que nace espontáneamente de las personas que viven en un determinado medio geográfico, no es sino una mera respuesta práctica a ese medio en el que nace y por el que tiene sentido, emitiendo respuestas esenciales, prácticas y sencillas a los problemas que ese medio plantea al hombre que lo habita, de ahí, que esta arquitectura sea, como el arado o el azadón, una herramienta más ideada y mejorada generación tras generación y basada en conceptos básicos encaminados a hacer más fácil el trabajo humano, así como a “humanizar” el medio; por eso el concepto de arquitectura popular está tan enraizado en el pueblo que es considerado como elemento cotidiano y por ello mismo se muestra y aparece en el lenguaje y acota para sí toda una amplia batería léxica a la que cada zona puede otorgar su sello.
“Burdiajera” o “burdiera”

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Y de este maridaje entre léxico y arquitectura es de lo que en este humilde artículo pretendo hablar, ciñéndome a la zona geográfica que conozco, aquella perteneciente al entorno de Santa Marta de Magasca, anteriormente citada como “Marta”, lugar o aldea repoblada a finales del S.XIV y comienzos del XV por gentes provenientes de Castilla, Aragón, Cantabria y Navarra, y que, debido a su orografía, peculiar dentro de la penillanura cacereño trujillana, así como a la carencia o deterioro de sus accesos, ha impedido un contacto fluido con el entorno hasta bien comenzado el siglo XX, motivo por el cual se han podido conservar términos y expresiones que en otros lugares pudieran haber evolucionado con diferente morfología o incluso desaparecer. Por lógica, algunos de estos términos no son sino derivaciones del académicamente correcto, casi siempre para hacerlo más “pronunciable”, esto es, más cómodo de expresar, más corto en su morfología o más expresivo en su pronunciación.

Así, en lo que se podría denominar como “arquitectura periférica” dentro de la arquitectura popular y doméstica, aquella que complementaba a la vivienda tradicional, esto es, gallineros, pajares, tinados, establos, etc.; encontramos algunos términos sin parangón en el léxico regular, es el caso de la palabra “pajareta”, referida a un pajar, generalmente de tamaño pequeño, y al que sólo se accedía mediante una trampilla situada en la bóveda del tinado, de tal manera, que con esta disposición, se facilitaba el acarreo de la paja para los animales con sólo verterla por la mencionada trampilla y por la que se accedía a la estancia mediante el uso de escaleras móviles de madera. Por otra parte, existía otra ventana en el pajar dispuesta para introducir la paja, y que se denominaba “burdiajera”, o “burdiera”, término este que se utilizaba igualmente para denominar a aquellas ventanas de cuadras, tinados o pajares que, además de cumplir una función de iluminación, tenían otra añadida y relacionada con el acarreo de material diverso a la estancia.

Tanto los tinados, como las cuadras y pajares, solían presentar cubierta de teja colocada sobre un entramado de tablas y vigas de madera cilíndrica que se venían a denominar “palos roaos”, mientras que a esta modalidad de techumbre se la conocía como “a teja vana”. Cuando el “palo roao” era de monte y de gran tamaño, solía recibir el nombre de “tarangallo”. A algunas de estas construcciones, que por su estructura y disposición son angostas y oscuras, se les denominaba de manera despectiva “chabucos” o “bujíos”, esto último, una clara deformación del original “bohío”, que se refiere a una cabaña o chozo fabricado de ramas y sin más respiradero que la puerta de acceso; e incluso, podemos definir otro término que aplicado a estas construcciones, hacía referencia a lo irregular de su piso o solar, por ser este en ocasiones de pizarra, este es el de “fuéllega” o “fuéllaga”, término que se aplicaba así mismo al terreno abrupto y escarpado.
También referido a los chozos de monte, se denominaban “latas” a aquellas vigas principales que sostenían la construcción y sobre las que se tejía posteriormente la cubierta, siendo los “cerquillos” las varas elásticas que se engarzaban horizontalmente al armazón y el “bardo” o “barda”, la cubierta circundante a la construcción realizada con leña más gruesa y colocada a modo de protección. Como elemento de anclaje también se solía utilizar la “rabiza”, o soga de poco diámetro y por ello más maleable a la hora de anclar a las latas la leña de monte. Como elemento externo en los chozos, pero en estrecha relación con ellos, se colocaba el “caramancho”, que no era sino una rama de encina seca, que clavada en el suelo se utilizaba a modo de percha para colgar utensilios propios de los pastores.

Techumbre a “teja vana” y detalle de “palo roao”

“Tarangallo”

“Chabuco”

Otra construcción de monte, era la “enramá”, armazón sustentado en cuatro maderos de aproximadamente dos metros de altura, y con cubierta horizontal de monte, que se construía para obtener sombra en las eras. Los chozos, construidos generalmente cerca de los puntos de agua potable, eran pues vecinos de otras construcciones habituales en la zona, los “fontarros”, construcción a base de pizarra, aproximadamente de un metro de altura, y que no era sino una cubierta a modo de protección sobre la fuente, de tal modo que impedía el acceso de animales y la entrada de suciedad. Ya dentro de la casa rural tradicional, enumeramos algunas denominaciones como las siguientes: “toza “ se denominaba al dintel de los vanos en cualquier casa o construcción, y generalmente se construía a base de pizarra cortada a la medida; “morilla” se llamaba a la piedra, habitualmente de granito, que colocada verticalmente sobre el “solar” o “solera”, donde se hacía el fuego, servía como apoyo vertical y de fondo del mismo; denominándose al trozo de pared ennegrecido por el humo “jumero”; y “cenicera”, a un habitáculo semicircular entre la “morilla” y el muro, que tenía como finalidad recoger la ceniza del fuego; “acirate”, que según la definición académica no es sino un caballón que sirve de linde, aquí se utiliza para denominar un rebaje de unos cinco o diez centímetros que suele haber en las fachadas de las casas; “a cuchillo” es una expresión usada para definir una pared construida en línea diagonal a la recta establecida, y que viene a terminar formando un pico o rincón con otra anterior; “cantaera”, era un rebaje cóncavo en el muro de la vivienda que se utilizaba para colocar los cántaros y tinajas de agua potable. En los cercados, la pared realizada en piedra seca era lo habitual, conservándose casi en su totalidad actualmente; muchos de estos cercados ni siquiera tenían un acceso con puerta de madera o metálica, sino que este se solucionaba mediante lo que se denominaba “portillo”, que se cerraba con la misma piedra, mientras que “los vuelos” o “el vuelo” de la pared, lo constituían aquellas piedras de mayor tamaño colocadas en la parte superior de la misma.
“Fontarro”

Chozo de monte

En lo que se refiere a las zahurdas destinadas a los cerdos, se cambia la h por la j, para pronunciar “zajurda”, diferenciando este término de otros dos referidos a construcciones destinadas a esta misma finalidad; así, mientras “zajurda” se refiere a una construcción destinada a un número intermedio de animales, “zajurdón”, es aquella obra levantada en medio del monte, y de una sola cochinera, mientras que la “corralá” se define claramente como aquella construcción, con corral central y “zajurdas” dispuestas en forma de “u”, que presenta un número mayor de unidades.
Pared de cercado

Estas construcciones, como puede apreciarse en la fotografía, ubicaban en su corral, de donde toma el nombre, una o dos comederos dependiendo del tamaño de la construcción, y que generalmente estaban fabricados de granito, si bien, en aquellas obras enclavadas en pleno monte, estos comederos se elaboraban rebajando la pizarra sobre la que solían construirse, de tal manera que se conseguía una cavidad adecuada para dar de comer a los cerdos, cavidad que recibía el nombre de “jonche” o “zonche”. Estas construcciones, que contaban también con un “vuelo” inicial, se culminaban con una capa tierra, constituyendo el “aterrao”, a la vez que cada zahurda tapaba su entrada con la “portera”, pieza de madera de encina que se encajaba en el vano ajustándola por medio de una “cuña” a la que se golpeaba con la “macha”. Este es un pequeño repertorio de términos, que en buena parte aún hoy se pueden oír, y que forman el cuerpo central de una manera, no sólo de entenderse, sino de identificarse, de tal forma que resultaría fácil ubicar si escuchamos a alguien hablar de “picurulla”, “estil”, “niala”. . .

Portillo

Interior “corralá”

Exterior “corralá” “Zajurdón”

a arquitectura vernácula se basa en la necesidad, la posibilidad, la habilidad de los constructores, así como en las limitaciones de tiempo y de espacio. La cultura del constructor no es el criterio definitivo. El hecho es que la arquitectura vernácula en Europa mantiene una gran uniformidad en pequeños ámbitos de la vida del hombre. Las necesidades son sencillas: La supervivencia del individuo, la familia, la nación, toda la población del mundo. La Humanidad. Las posibilidades las da la tierra: basta recoger el fruto. El problema es cómo preservarlo para el mañana, para el próximo invierno. La tecnología se reduce al secadero en un principio. Después vendrá, consecuentemente, el almacenaje. Combinar el secado y el almacenaje junto es más simplificado, ya que con menos trabajo se consiguen mejores resultados. Resulta esencial para ello el empleo del material idóneo.

L

La problemática se resuelve con una cubierta, el cuerpo, y la protección ante el ataque de los roedores: el resultado presenta objetos en el espacio rural, tan lejos y tan cerca (lejos en el sentido geográfico; cercanos en la forma, en la cultura constructiva y en la pericia del albañil). Tres soluciones: el espigueiro, el hórreo y el koruznjak, procedentes de Portugal, España y Eslovenia, respectivamente. Tres soluciones con una combinación de materiales, piedra y madera, diversas, pero relacionadas. Las conclusiones son las siguientes: tres soluciones con la misma idea, la misma forma y el mismo uso. Hechos con materiales locales, aparecen en espacios rurales de toda Europa, objetos de brillante arquitectura inventados en el mismo tiempo, aunque lejanos físicamente. Se requiere un elevado nivel de cultura para preservar el patrimonio.
*prof dr Borut Juvanec, architect Faculty of Architecture Zoisova 12 1000 LJUBJANA Slovenia e-mail: borut.juvanec@fa.uni-lj.si

Espigueiro de Portugal

Hórreo de Galicia

Garea de Navarra

Hórreo de León

Hórreo de Asturias

Espigueiro de Portugal

Garaixe de Euskadi

Hórreo de Asturias

SO FAR AND SO CLOSE: Hórreo, Espigueiro, Koruznjak
Borut Juvanec

Possibilities

D

rying is so far very important, and widely in use.

Needs

T

he basic need is need of surviving. Hungry man can not be active, can not be creative. He needs the food for himself as well as for his family, the tribe, nation. Nevertheless he is involved in agriculture or in growing livingstock, it is necessary to provide the food for people and for animals too. The food can be raw, but the time of using is short, strong tools for eating is requirable /the teeth/. It is not possible to feed very young and not very old specimens, neverless they are people nor animals.

Possibilities of technique of drying and storing can be severe, but for corn the drying on the air is widely in use. The use of fire is possible with fruits only, for the meat it is in use for preparing the food, less for storing. For the animal food, there is corn widely in use. It is perfect food for living stock, nevertheless animals are used for meat, man's food or for help to work.

1 There are three troubles: from above the rain (water, wet, snow, ice, cold) an the Sun (hot, burning), and on the ground there are other consumers for the food, rodents mostly.

Cereals are appearing in grains mostly, animal food in corncobs. Corncobs are more or less of the same length, and two lengths can provide the width of construction. It is important for the fresh wind can come through. Height is the same as the height of man, for working in drying construction. Length depends on the capacity, but construction is divided by length of man and half, approximately. Possibilities for construction are with these data closed. In architecture it means narrow, long house.

Technology

T

he most simple technology of preserving the food is drying. Drying on the sun, aeration on the wind are widely in use. On the objects for drying, there are severe constructions, as well as materials.

Drying is important for protecting the food against getting rotten: it is possible to do this on the open sun or in the objects, but with a lot of air and aeration. In the use of meat here is very important fat, because it is welcome food to all the animals. Row food should be closed in construction, but with possibility of aeration. Drying of row meat can be just in open air, or in the fat, or in the cereals, mostly in the granaries. Those object can be common, for all the village or the community, and -more in use - individual, for each farmstead one.

Because of importance of aeration, granaries are mostly wooden constructions, because wood can provide aeration and isolation at the same time. The most important thing in storing is as less as possible deviations of temperature. Cereals can be dried and stored on flat surfaces, under the roof for instance. But there is very important problem of access of rodents. Now the new technology of crushing, milling the corn changed this technique for floor, but for other harvest is still in use.

Problematic and results

P

roblematic is drying on one side, but on another there is storing of those goods. The best result is the same object for drying and for storing, together. The object has to notice local materials, skillness of local craftsmen, climate, and of course the dimensions of the corn and amount of it, in use for needed time and for all the living stock.

2 Influences from outside require technical elements of construction: from above, from side, and from the ground: roof, wals and the floor: the house.

The objects should be closed and roofed, but with open slots for the wind. The material should be protected against the animals. It is possible to use wooden laths, with intermediate width of maximum one centimetre, protected from rats and mice, if they come over the plates. Important is also stone detail: with vertical slots, which have openings of angle about 45 degrees. It is use for catching the wind, and not entering the light. Dimensions of the objects are close to user, to the man, as well as for protecting of rodents. The same is with the distance from the ground.

3 Rodents: they can climb on vertical walls, but not on (above) the overhang. So, overhang represents techical prevention ( to access to upper construction) for unwished indiviuals.

The horizontal stone plate between the basement columns and the body is the most efficient solution, known as well in the Alps of France and Switzerland and in Dolomite in Italy. In the Alps there are stone plates merely unhewed, but in Portugal and in Spain the plates are cutted to exact round shapes, with the same thickness. Alpine huts are more imposant because of their largeness, but espigueiro and hórreo are more sophisticated, exact and the whole composition is extremely nice and beautiful.

4 Where comes the simple idea from: it is overhang at the roof. If water drops can not climb upward - it is the same problem as with rodents.

In composition there is especially interesting Portugal espiqueiro, because of mounting system of stone elements: it is close to wooden details, but without any pin or glue fixing - weight of stones is enough.

Three solutions: espigueiro, hórreo and koruznjak

T

hree solutions: hórreo in Spain, espigueiro in Portugal, and koruznjak in Slovenia are essentially the same object, but of several materials, several shapes, with the same use in so several countries. Geographically so far, but in the sense so close, even the same. It is ununderstoodable that wood and stone can be so close in the same construction.

5 Three principles of construction: wattle, laths and dry stone walling system. All three provide good aeration, and the goods (corncobs) are safety placed in construction.

6 Principle of the stone detail (espigueiro and hórreo): vertical slots are collecting the wind, goods are safe in the body, and there is just a shadow inside, not too much light.

7 Espigueiro is stone drying shed with prefect constructional principles, without any pins or cement, like cabinetjoinery. The most important thing is composition on the rock (Soajo), where it seems to be really agora of vernacular architecture.

8 Hórreo is marvelous object, putting in place at the homestead. It is made of wood, stone or in combination of wood and stone. The most charmingt thing is composition in Combarro, near Atlantic Ocean. There are hórreos placed in rows between fishermen's houses and the sea. On the continent, there are hórreos with brilliant correlation of two materials: wood and stone. Just wooden objects are very rare, in open air museums there are the oldest cabaceiros, objects in wattle system.

9 Koruznjak is wooden and only wooden object, found in Slovenia. The oldest objects are made in wattle, but recent ones use construction of laths. Thatched roofs of straw are not often found, but koruznjak in North East of Slovenia, in Panonian Plain, is in use today too.

Origins, comparison to Spain CABACEIRO
he same material: wood is used in both cases. Wattle is the system for construction, because of local material, simple treading and skillness of local craftsmen. Cabaceiro is smaller than Slovene object, but material can use oval Slovenia) or even circular (Spain) shapes of ground plans. The same thatched roof of straw or reed is found.

T
S

The same principles of order: proportions
quare and its diagonal use in principle baseline, equal to one, and square root of two for diagonal. (drawing and dimensions of cabaceiro: after Martinez-R, EL HÓRREO GALLEGO, F Pedro Barrie de la Maza, Pontevedra 1999)

10 Cabazo from Pontenova, Spain (Gallego): simple use of square and circle. Circle lies in the square, in ground plan as well as in the elevation.

Practically it is the biggest beam, cutted out from circular stem of the tree: of course the workers did not have this teorethical knowledge, but they had experience.

11 Use of square root of two: it represents diagonal of the square, if the baseline is equal to one. Theory of square: baseline is equal to one, height is equal to one: diagonal is equal to square root of two. The number line is as follows: 1/v2, 1, v2, 2, 2v2 etc.

Of course, modest builder of vernacular architecture did not know these theories, but simple net on ground plan of cabaceiro shows theoretical proof of this thesys.

12 Theory in practice: wooden stem is circular, but for construction is needed square or rectangle. The biggest partition of the circle (in rectangle direction) is definitely square. All the carpenters know this.

Where from? Square with baseline of one has diagonal equal to square root of two. But: square root of two is equal to diameter of circle, square is comming out. This knew carpenter, who cut square wooden beam out of a circle stem of a tree. Miracle? No, just use of brains. Comparison: the most modest, simplest and smallest objects are cabaceiro in Spain and Slovene koruznjak, in wattle system, with thatched roof of the straw. The ground plans can be circular or oval, because of materials and techniques used.

13 Wattle system in Spain and in Slovenia: in Spain on circular ground plan, in Slovenia on oval. Wooden construction in whole, found in Spain as well as in Slovenia: Slovene koruznjak is not made of so bold and masive beams, but laths are merelly the same. Stone constructions, some of them in composition with wood fillers from Spain and from Portugal. This is the most pure construction with stone elements it can be. In wood? In stone? The both.

The 'normal' object with wooden slabs and laths, with burned clay tiles on the roof is by construction very close to Portugal as well as Spain type. In Spain, hórreo can be all in wood, very similar to Slovene koruznjak, but its modifications with stone and even with bricks are important because it represents connection to all stone constructions. There exist hórreos in dry walling system too, but not very often. Combination of stone construction and wooden fillers is interesting, even with colouring. Those compositions are to be seen at the cost only. Espigueiro from Portugal are all in stone, with very sophisticated construction of composing without any vertical connecting elements.

And, the most important thing: koruznjak is just and only usable object, 'unimportant' for the peasants. He can not catch sight of it. At espigueiro and even at horreo at the coast it is not so: they are important for the user, with careful constructions, and the most beautiful is putting into the space: like the monument. On the rock of Soajo or at the fishermen's houses in Combarro they are like temples to the peasants life. It is culture. Culture is to find small, modest, but elements close to man, but so important to him.

14 Nowadays Espigueiro, horreo and koruznjak are raised: in Portugal and in Spain from rodents, lizards and snakes, in Slovenia from ground humidity.

In use are local materials only, worked with skillness of local craftsmen, with the same purpose - drying and storing, with the same excellent result: brilliant peasant architecture. The authors did not know each other, but the same details, the same shapes, the same use and success could not be hazardous. But in vernacular architecture are involved modest craftsmen only, with no teorethical knowledge, with no professional or geographical connections. Our fathers were not stupid: they collected needs, possibilities, all together with their own brains. And skillness. Can we do it today? We could. But we do not. (Who knows why?). In Portugal, in Spain and in Slovenia, three countries in the Europe, so far away, in this case there it can be question of re-invention only: in the same time, with the same result. It is amazing. But, it is the fact. And not architectural, but political conclusion: in European Union we are trying to put together all the goodwilling countries of Europe, countries with the same culture, for their prosper to live together. With different cultures, we often say. But it is not true. We should look. And then we can see more common thing as we could imagine.

15 Details in stone and in wood: experts opinion is that those are different things. But in practice there are much more common than we could say. Wooden detail in stone exists!

Conclusions

D

evelopment from the wattle, over details in carpentery work to stone details in flat joints is normal. This is understood practically, not in theory. But, details of hórreo and of espigueiro are much alike as details in wood. We can follow them from the origins, over heritage. Hence it is possible. It is possible with highest level of culture only. Hórreo and espigueiro are living proofs for this.

l barrio de Belén, en la ciudad de Iquitos, surgió en las márgenes del río Itaya, un pequeño afluente (arrollo más bien debía ser) en los años finales del siglo XIX, cuando se vivía la euforia del boom cauchero. El punto exacto debía coincidir con lo que es actualmente la primera cuadra de la vigente calle San Martín y que en aquellos años se conocía con el nombre de Omagua, como testimonio a los naturales que se designaban con este vocablo. En consecuencia, el barrio apareció y se extendió como los de otros núcleos poblados en la Amazonía; es decir: de abajo para arriba, o lo que es lo mismo desde las orillas del río hacia las alturas, que aquí son escasas por otra parte. Muy posiblemente el nombre se afianzó cuando las viviendas alcanzaron el cerro Belén, considerado como una cota notable, a falta de otras más elevadas, y que más tarde sería denominada como la Loma de Vizcarra y posteriormente Pijuayo Loma por la considerable abundancia de esta variedad de palmera. Uno de los primeros planos de la ciudad, fechado en 1886, y levantado por el capitán de navío Don Enrique Espinar muestra ya edificaciones en diversos sectores de la zona a reseñar aquí. El Itaya sirvió para que Belén se considerara como un lugar más seguro para la carga y descarga de mercancías. A finales del XIX y principios del XX, era el puerto de la ciudad; es más, en 1908 se documentan algunas casas en la primera cuadra de la calle Ramírez Hurtado, zona que comenzó a ser ocupada por emigrantes de procedencia china, española y portuguesa. En esa época no había aún casas palafíticas; éstas surgieron hacia 1920, por lo que no se pueden achacar a producto autóctono, entendiendo por tal que fueran de procedencia de alguna de las tribus de naturales que poblaban la zona. Este fenómeno debe entenderse como una dimensión más del negocio cauchero, cuantioso en aquellos momentos.

E

Vista del Barrio de Belén en la parte alta. Foto: Carlos Junquera Rubio

Este aspecto tiene sus raíces en agosto de 1908. Este año ocurrió una bajada notable de las aguas fluviales y la consecuencia más inmediata fue la aguda escasez de alimentos de primera necesidad por no tener lugar en el que atracar las naves; por esta causa, el transporte disminuyó y numerosos barcos dejaron de operar. La consecuencia más inmediata fue que los comerciantes acapararon todos los productos y los alimentos solo se podían adquirir pagando altos precios. Las mujeres, responsables sociales de la buena marcha de la casa y de la elaboración de la comida, gestaron una rebelión ante la falta de artículos de primera necesidad precisamente en Pijuayo Loma, bajo la tutela de una mujer de nombre Rosa y que ha pasado a la historia como Rosa “La Capitana”. Ante la imposibilidad de comprar, fueron marcando con una señal de color negro aquellos negocios que pensaban asaltar y saquear, cosa que ocurrió entre los días 11 y 12 de agosto de 1908.

Este acontecimiento, efímero en el tiempo, favoreció que fueran apareciendo las casas palafíticas y balsas de troncos en el río Amazonas para facilitar la descarga de productos. Y esta es la razón real del surgimiento de este barrio y de estas viviendas que más tarde llegaron a conocerse como la “Venecia del Amazonas”. Para 1920, el suburbio estaba consolidado disponiendo de casas en la parte segura de la ciudad de Iquitos y otras edificadas en las aguas del río, a mayor o menor distancia de la superficie acuática y en dependencia también de la distancia a la orilla. Estos detalles aún son visibles en la actualidad. Las primeras se construyeron en la línea de playa y a partir de aquí fueron adentrándose en el río. Esta es la razón de que algunas estén asentadas sobre altos y fuertes horcones de 7 metros de altura y más.

Barrio de Belén: cercanías del embarcadero. Foto: Carlos Junquera Rubio

La arquitectura tradicional palafítica de Iquitos, concebida como un conjunto de manifestaciones urbanísticas anárquicas propias de la realidad local de finales del siglo XIX y principios del XX, dispone hoy de un dinamismo que procede de la comunidad misma, que ha dado una dimensión nueva al concluir la etapa para la que se conformó el barrio, sujeto al ideario económico de los caucheros. El caucho desapareció, o casi, pero los residentes siguieron y más tarde llegaron otros nuevos que ya nada tenían que ver con la etapa anterior. El barrio de Belén desarrolló una dinámica social acorde con los tiempos concretos. En cada uno de sus edificios, escondrijos y espacios de socialización, residen las ficciones colectivas que han contribuido a conformar un entramado simbólico en un espacio acuático concreto, haciendo de ese medio un territorio urbanizado. El significado de las arquitecturas populares y tradicionales no viene dado por sus manifestaciones técnicas, ni por su monumentalidad, ni por sus caracteres explícitos, sino que se explicita en expresiones de lo que representa como memoria histórica y colectiva de la comunidad; es decir: las viviendas palafíticas del barrio de Belén representan un elemento notable de la identidad social de sus residentes, al margen de si son o no todos del mismo grupo étnico (que indudablemente nunca lo fueron). Lo que se debe considerar en primer lugar y como elemento cuantificable es el tipo total de relaciones que establecen los residentes con el hábitat concreto, sea el que consideramos aquí y ahora u otro. En las arquitecturas tradicionales, no se aspira a buscar ni a encontrar una tipología que nos dé cuenta de una supuesta o real verdad, como sería el caso de arquitecturas monumentales. Creo que su opulencia (tradúzcase mejor como miseria) se manifiesta en el mestizaje que acontece de edificarse en ellas estilos y lenguajes diferentes, concebidos como préstamos culturales e intercambio de modelos culturales en cada ocasión que ocurren. De aquí procede el camino inteligible que debe llevarnos a concretar los momentos en que se dieron las mezclas, expansión de la ocupación de los espacios y criterios tipológicos de cada momento.

Estos datos permiten no sólo edificar una vivienda sino establecer el modo de vivencia y posterior convivencia que surgen entre conductas y grupos sociales diferentes; en una diversidad entendida como beneficio mutuo de legados y tradiciones manifestados como respuesta a etapas históricas concretas y a circunstancias sociopolíticas específicas, así como a las posibilidades o articulaciones económicas. En otras palabras, cualquier arquitectura expresa y traduce los cambios que vienen marcados por los diversos desarrollos que inciden en una sociedad concreta. Iquitos y sus alrededores representan un amplio territorio en el que coinciden diversas arquitecturas y tradiciones propias de diversas etnias (omagua, iquitos, arabela, yagua y otras). A estas deben sumarse las influencias de las reducciones jesuíticas, que operaron en la zona hasta la expulsión de la Compañía de Jesús de todos los territorios españoles, de los peruanos de la etapa republicana, de los caucheros, de los mestizos y de extranjeros asentados en la región. No creo que sea una casualidad el que la ciudad ofrezca entre sus monumentos la archiconocida Casa de Fierro, obra del ingeniero francés Eiffel y que fue llevada en la época del caucho. A estos debemos añadir los edificios propios de la arquitectura moderna que también están presentes. No hay una sola idea sino la mezcla de muchas. La arquitectura palafítica del barrio de Belén responde a una tipología sencilla en su resolución formal, que consiente todas las relaciones de movilidad respecto del territorio acuático o terrestre. Precisa en su decoración, si es que se

puede uno expresar así, responde a las catalogaciones sociales y familiares ajenas a los criterios de las conjeturas del confort, riqueza y consumo. Quienes viven en el barrio de Belén son pobres desde el punto de vista económico. La foto ilustra también dos letrinas: una de madera y otra acotada con un plástico de color amarillo y espero que los lectores disculpen porque la foto aparecerá publicada en blanco y negro, pero pueden solicitarme el original por correo electrónico y se la proporciono con mucho gusto.

La casa palafítica de Iquitos responde a un modelo similar a las que se encuentran edificadas sobre tierra firme. Cambia el solar, que actualmente es mucho más barato en el agua, visto como se encuentra la economía peruana. Es de forma rectangular, de color oscuro y con mucha ventilación como es de rigor para un clima tropical, brinda abrigo y reposo en un medioambiente cálido y sofocante en ocasiones. Edificada con horcones de madera hundidos en troncos de la misma especie arbórea que están flotando, cubierta de palmera generalmente y unida a otra como ella o similares mediante atados con alambre o cuerda. Internamente carece de mobiliario importante, pues se levanta para cumplir con las necesidades mínimas. Las letrinas suelen estar en el exterior pero no muy lejos del vano considerado como puerta y toda la suciedad humana aflora en la superpie acuática. Los sábados suele hacerse una vida social más intensa y este aspecto acontece justo en el espacio acotado detrás de la entrada.

Barrio de Belén. Solar acuático destinado ya para una edificación. Foto: Carlos Junquera Rubio.

La arquitectura palafítica ofrece también un lenguaje que encierra respuestas ante el medio natural, reflejo, como ya está indicado, de una estructura social, y de una identidad en búsqueda constate por razón de haber perdido ya la memoria original. Las gentes se identifican hoy con el vocablo mestizo o ribereño para obviar los orígenes reales o esconderlos ante propios y extraños. Lo contrario a lo que ocurre en otras partes del mundo indoamericano que buscan la afirmación étnica, incluso en casos que se saben falsos desde un principio. Generalmente es una vivienda rectangular con cerramiento de madera en todos sus lados, con vanos pequeños laterales y simétricos y una puerta central. La estructura externa e interna es de madera, las divisiones internas se forman con listones de madera aserrada sin mayores complicaciones, la cubierta es de palmera en las tradicionales y hay algunas que lo tienen de calamina o chapa de zinc. Las habitaciones son espacios puramente funcionales. El dormitorio es una simple hamaca que pende de dos puntos de apoyo y la cocina es una planta de hierro colocada en el suelo que es donde se prenden las maderas para cocinas en ollas de aluminio o similares. Los orígenes de este modelo de arquitectura pueden proceder de las influencias anglo-antillanas y caribeñas, lugares en los que ha abundado este tipo de edificaciones. Esta

posibilidad procede de los tiempos del caucho porque los británicos desplazaron mucha mano de obra desde las islas del Caribe bajo su jurisdicción. Es claro también, que de ser cierta esta posibilidad, se han dado modificaciones en todas las épocas, tantas como casas levantadas. Elaboradas con madera, no requieren trabajos de especialistas en ebanistería sino de carpinteros corrientes y molientes, como suele decirse. Aquellas que limitan con la orilla y con las laderas de ascenso a la ciudad son las más típicas desde el punto de vista de los palafitos prehistóricos, por ofrecer mayor altura, mucho más empleo de madera de todo tipo y porque, por su disposición, no tienen posibilidad de escapar a las inundaciones y la única peripecia es levantarlas unos cuantos metros por encima. En estas casas residen hoy descendientes de gentes procedentes de muchos lugares. La única actividad no reseñada es la ganadería; mayoritariamente son agricultores (chacareros), que es la actividad que ha marcado la dinámica después del caucho junto con la tala de maderas preciosas. Los lugares urbanos definidos como de carácter colectivo, tales como un parque, un campo de fútbol o la misma calle no existen y si los quieren disfrutar deben salir fuera, o zonas ajenas a los residentes.

l analizar de forma minuciosa as poças de aire/las pozas de aire, descubrimos que estas obras hidráulicas se adelantaron en el tiempo a dos de las revoluciones recientes de la historia de la humanidad: a) La Revolución Industrial, al ser capaces de funcionar y de producir sin necesidad de utilizar la energía humana o animal para cumplir con la función de: - abrirse cuando están llenas. - cerrarse cando están vacías b) La revolución tecnológica, al poder programarse por si mismas con la máxima eficacia. De momento no conocemos datos históricos escritos, y los orales se nos pierden en el tiempo para poder averiguar su implantación en la comarca de A Limia; en cambio tenemos la certeza

A

de su inminente desaparición si no tomamos conciencia de la importancia de su valor, tanto a nivel constructivo como funcional. Para dar a conocer estas construcciones tan singulares vamos a responder a las siguientes preguntas: qué, para qué, cómo, dónde y por qué.

1. QUÉ SON AS POÇAS DE AIRE.

S

on estanques de agua, de diferente forma y tamaño, adaptadas al terreno en el que se ubican.

2. PARA QUÉ SIRVEN.

S

u función básica era la de acumular agua y distribuirla de forma eficiente en el regadío de prados y de cultivos.

El agua que se acumulaba en las mismas procedía de un manantial de propiedad privada, de caudal generalmente escaso y que por sí sólo manando libremente era insuficiente para regar. Al proceder a su estancamiento, se conseguía: - regular el caudal, - acumular más cantidad, - regar más extensión de prado o de cultivo, - regar con más intensidad, - regar a intervalos de tiempo más cortos, - regar de forma más eficaz.

3. CÓMO FUNCIONAN.

L

a ciencia de estas obras está en su construcción y puesta en funcionamiento, dado que el propio estanque desencadena un proceso de secuencias eficientes ordenadas eficazmente, que dan lugar a: a) que cuando está lleno de agua el estanque, se abre para regar. b) que cuando se vacía completamente, se cierra para llenarse de nuevo.

Es de destacar, que en todo este proceso, no se pierde ni una décima de segundo en cuánto al tiempo, ni una gota de agua de su caudal; y por supuesto sin necesidad de estar pendiente el recurso humano para abrir el estanque cuando esté lleno, o de esperar a que se vacíe y cerrarlo para que se llene de nuevo, como acontece en los sistemas de regadío tradicional. Su programación de llenado y de vaciado es tan eficaz que difícilmente puede ser superada por los mecanismos de control que utiliza la ciencia actual. El secreto de su eficacia está en la construcción; ésta es simple pero sabia al mismo tiempo. En su funcionamiento intervienen varios principios de la física interrelacionados entre sí: - los vasos comunicantes, - la presión atmosférica, - el principio de gravedad.

La construcción del estanque en cuanto a forma y capacidad depende del terreno que ocupe y del caudal del manantial; si la fuente mana de una mina, se aprovecha el hueco de la misma como estanque, en cambio si la fuente aflora externamente, lo más normal es que se construya una estructura de forma cuadrada, rectangular o circular, teniendo en cuenta las características del espacio y el volumen que se quiera almacenar.

En la parte frontal del estanque es donde está concentrada la tecnología, ésta se compone de:
1º. Un bloque de granito de estructura cuadrada al que se le hacen dos orificios redondos en dirección convergente hacia la parte superior del mismo, adoptando la forma de V invertida, comunicándose entre sí por el vértice; uno de los agujeros da a la parte interna del estanque a escasos centímetros de la base, y el otro va a la parte externa, casi a ras del suelo, éste segundo orificio desemboca en una pequeña pila de granito llena de agua.

La parte alta del bloque de granito por donde se juntan los dos orificios se tapa con una tabla o con una piedra plana y se cubre con barro. Esta medida se adopta para: a) impedir que entre el aire externo a los orificios, b) evitar que salga el aire interno de los mismos por la parte superior, c) comunicar los orificios entre sí, d) convertir los dos orificios en un circuito que comunique el interior del estanque con el exterior del mismo. Esta función evita el descebado del estanque.

Del diámetro de los orificios va a depender: a) El caudal que va a verter al exterior en cada vaciado del estanque, a más diámetro, mayor es la cantidad de agua que expulsa al exterior. b) El tiempo de vaciado del estanque, cuánto más grosor tenga el agujero, mayor es el caudal que aporta al regadío en cada vaciado, y por tanto, menor es el tiempo que tarda en vaciarse. c) El tiempo que se ahorra en cada vaciado se acumula al estancamiento del agua, esta medida lleva asociada la posibilidad de regar con más frecuencia.

Parte de la ciencia, también está en equilibrar el diámetro de los orificios con el caudal del estanque y la función de regadío; dado que si el agujero es demasiado ancho, suele ser ineficaz ante un caudal escaso, además si la salida del caudal es muy abundante puede perjudicar a determinados cultivos.

2º. El segundo elemento fundamental de la tecnología es una pila de granito de forma cuadrada o redonda, colocada en la parte exterior en la que desemboca el orificio externo; esta pila abraza al bloque de granito en su base por la parte externa. Su misión es la de estar siempre llena de agua para cumplir con una doble función: a) De filtro, al impedir que entre el aire del exterior del estanque al interior del mismo a través del orificio. b) De permeabilidad, al permitir la salida del aire del orificio cuando la fuerza del agua lo expulsa de dentro hacia afuera, por el doble efecto: -vaso comunicante, cuando el agua va subiendo por el orificio interno a medida que se va llenando el estanque, el aire que está en el mismo va saliendo de forma lenta por el único camino que tiene hacia el exterior. -presión, por el principio da gravedad, cuando el estanque está lleno, el agua rebasa el vértice superior por donde se comunican los dos orificios al converger y cae con fuerza por el orificio externo, expulsado con rapidez todo el aire que quedaba en este hueco, desencadenándose en ese momento el mecanismo de vaciado al producirse la comunicación interna-externa del estanque. Comprobamos que el estanque una vez construido, no contiene una salida del agua mediante un orificio en la base frontal del estilo de las diferentes construcciones de regadío tradicional, en su lugar se construye un circuito que comunica el interior con el exterior del estanque en forma de V invertida.

Una vez ideado el mecanismo su funcionamiento es muy sencillo, a medida que se va llenando el estanque de agua: a) Por la parte interna, el efecto de los vasos comunicantes permiten que el agua vaya ocupando el orificio interno; en el momento, en que el espacio es ocupado por el agua, el aire cede su lugar y va saliendo por el orificio externo que desemboca en la pila llena de agua. b) Cuando el estancamiento del agua, rebasa la altura del vértice de los orificios, es el momento preciso de llenado del estanque. El agua que lentamente fue subiendo por el orificio interno rebasa el punto de convergencia de los mismos en la parte alta; en ese instante se inicia el descenso por el orificio externo con fuerza expulsando todo el aire que este contiene, dando lugar el vaciado del aire de los agujeros. c) En ese momento los orificios están sin aire, su espacio ha sido ocupado por el agua. Esta nueva situación da lugar a que entre en funcionamiento el mecanismo de la presión atmosférica; ante la diferencia de nivel interno-externo en un mismo cuerpo, la presión atmosférica hace de nivelador y para conseguirlo expulsa toda el agua del estanque al exterior. Una vez que el estanque se queda sin agua en su interior, se inicia de nuevo el proceso de llenado y de vaciado de forma continuada a lo largo del tiempo.

4. DONDE ESTÁN SITUADAS.
Se diferencia situación de propiedad y ubicación geográfica: a) En cuanto a la posesión, estos estanques están situados en propiedades privadas, que disponen de un manantial propio, además no tienen la obligación de ceder el agua para uso público y disponen de superficie propia de prado o de cultivo para regar. El aprovechamiento de este recurso es individual y privado en contraposición al de los estanques vecinales que son de uso y de disfrute público. b) Referente a su situación geográfica, comprobamos que no estaban extendidas de forma uniforme por todo el territorio estudiado, a tal efecto hicimos un muestreo sobre doce pueblos de a Baixa Limia con el siguiente resultado:

Las pozas de aire deben de seguir vivas, todos tenemos la obligación de recuperarlas; varios son los motivos: a) Descubrir y valorar el saber práctico de nuestros antepasados. b) Poner en valor los recursos. c) Impedir que el patrimonio rural languidezca. Es lamentable comprobar como este bien se conservó durante siglos y ahora descubrir como se está perdiendo de forma irreversible en los últimos años. d) Para demostrar empíricamente los principios de la física y al mismo tiempo poder impartir de forma práctica, fácil y didáctica clases de física a los escolares de básica. Esta sabiduría popular se está perdiendo de forma acelerada. En el pueblo de Vilela de la parroquia de Baños de Bande, donde fueron abundantes hasta mediados del siglo XX, en la actualidad no se utiliza ninguna; esta situación se ve agravada al no quedar personas en el pueblo que conozcan su mecanismo para ponerlas en funcionamiento. La mayoría de los estanques desaparecieron, solamente quedan restos de cuatro de ellos, la ausencia de utilidad, la maleza, el desinterés y la desidia marcaron su destino. La consecuencia directa de esta pérdida de patrimonio es que priva a las sucesivas generaciones del conocimiento de unas obras maestras con un grado de eficacia y de eficiencia muy difícil de superar.

ecientemente he vuelto a Etiopía para hacer una extensa visita en diversas regiones. A lo largo del país hemos localizado diversos tipos de construcciones, que de forma sucinta vamos a clasificar en varios grupos, sin que ello indique una clasificación diacrónica, ya que mientras en unos lugares siguen construyendo las de un tipo, en otros lo hacen de otro, e incluso en un mismo entorno se aprecian varios tipos distintos a la vez. Por ejemplo, puede darse el caso de que para vivir las personas se construyan casas del tipo que luego clasificaremos como del 8, y en cambio, para las gallinas u otros animales, sean del tipo 1. Tipo 1. Es el más primitivo, realizado por palos atados, antes con lianas, bejucos o similares a modo de zarzones, y hoy con cuerdas, cubierta con mazos de paja. Las primitivas eran de forma semi-esférica, las actuales de planta rectangular y cubierta cónica. Las puertas son de varas o palos, o de tablas de madera. Tipo 2. Tiene la estructura de palos perimetrales que se forra de barro por fuera y/o por fuera y por dentro, a modo de verganazo. De este tipo también encontramos construcciones con puerta de chapa. Tipo 3. Planta circular, con pared exterior de y tejado cónico de paja. Tipo 4. Igual que la anterior, pero de dos pisos. Tipo 5. Edificio rectangular construido a base de palos colocados verticalmente, generalmente forrados de barro por dentro y fuera. Puertas de madera y techo a dos aguas de chapa. También los hay con puertas y ventanas con chapa. Tipo 6. Actualmente se hacen casas con una base o primeras hiladas de piedra, sobre las cuales se colocan verticalmente palos, forrados por dentro y fuera de barro. Puertas y ventanas de madera o de chapa. Techo a dos aguas de chapa. Tipo 7. Casa de planta rectangular, totalmente de piedra, techo a dos aguas de chapa y puertas de madera. Otras viviendas de este tipo están construidas con paredes de ladrillo y tejado de chapa. Tipo 8. Similar a la anterior, pero con tejado plano y terraza. Las viviendas primitivas, tipo 1 a 3, suelen tener una zona cerrada con piedras junto a la puerta, espacio destinado para cocinar, lavar y poco más. No se cocina dentro, salvo en la época de lluvias. Estas suelen estar agrupadas, formando un pequeño grupo, cerrando todo el perímetro con piedras, si las hay en la zona, y si no con ramas espinosas de acacias y palos. Suele tener una altura de unos 60 cm. y su finalidad es que los animales de la casa no salgan (gallinas, generalmente), o los de fuera no entren dentro (recordar que, por ejemplo, abundan las cabras y estas pueden hacer mucho daño en la ropa que esta colgada para que se seque). También en este espacio cerrado se guardan los almiares. Alrededor de la casa suelen plantar árboles, generalmente acacias, ya que son muy resistentes y luego, como hemos visto, utilizarán sus ramas para el cerramiento. Las hojas tiernas las comen las cabras.

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Los almiares los hacen de forma semi-esférica, pequeños, apenas de uno a metro y medio de altura. En este país aparte de los terrenos de cultivo, principalmente para el “teff”, el resto son tierras baldías, pero atravesada por mil caminos, lo que indica la gran movilidad de los etíopes. Para la construcción en cada zona usan los materiales que disponen. Si no hay piedra usarán el barro, si apenas hay agua, usaran solamente palos. Este sencillo principio también se ha aplicado y aplica aún en Etiopía. Como conclusión podríamos establecer que se parte de una construcción definida por la redondez, las paredes de palos y los techos de paja, hasta llegar a las modernas que las definiríamos como de rectangulares, de ladrillo y techos y puertas de chapa. No quiere decir que no existan en las ciudades edificios tan modernos como en Occidente Bien es cierto que con la modernización de la vivienda se busca generalmente una mejor calidad de vida, pero tampoco hay que desdeñar el factor de ostentación social que ello supone para la familia.

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uan Antonio Blanca Pecero, amigo y colaborador de esta asociación, en la SEGUNDA MONOGRAFÍA DE ESTUDIOS DE ARTE: Arquitectura popular extremeña (Diputación de Badajoz, 2004) ya escribió un anticipo del libro que ahora ha publicado. Este nuevo libro recoge un riguroso y detallado trabajo sobre los chozos de este municipio extremeño, tanto de los hechos enteramente de materias vegetales como de los construidos con piedra. Sobre los primeros explica detalladamente las diversas materias que se utilizaban en su confección, la técnica del tejido y cosido de la estructura que formaba el habitáculo, los diferentes usos que tuvieron, etc. Además aporta interesante información sobre la forma de vida y trabajo de los pastores. Y sobre los chozos de piedras ofrece un estudio pormenorizado de los existentes en el término de Fuente del Maestre: usos que tuvieron, técnica constructiva y otros elementos de la edificación, etc. Ofrece la relación completa de los 71 chozos que aún quedan en este municipio, la localización catastral de cada uno y el estado de conservación en que se encuentra. Esta obra contribuye a la divulgación de los valores culturales de estas singulares construcciones y es una aportación importante para que no se borre de la memoria colectiva del pueblo extremeño la imagen entrañable del chozo que hasta hace unas décadas era parte del paisaje de nuestros campos. Con motivo de la presentación del libro, el 7 de abril, durante la Semana Santa, hubo una exposición en el Aula de Cultura de Fuente del Maestre sobre los chozos y el pastoreo: chozos de enea en miniatura, fotografías de chozos de piedra, útiles de pastores, etc.

AUTORA: CONCHA CASADO
EDITA: TF MEDIA. Urueña (Valladolid) www.tfmedia.com

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uestra amiga y colaboradora de esta revista, Concha Casado, ha escrito este interesante cuaderno de divulgación de la arquitectura tradicional de la comarca leonesa de la Cabrera, cuya belleza se deriva de sus tipologías y de los materiales (pizarra, cuarcita, madera, paja y barro). La Cabrera se encuentra en el rincón suroccidental de la provincia de León y está dividida en dos zonas: Alta y Baja. La Cabrera Baja está en la cuenca galaica del Miño, regada por el río Cabrera, afluente del Sil; la Cabrera Alta surcada por el río Eria de la cuenca del Duero. En la Baja hay tres municipios: Enciendo, Castrillo y Benuza, con un total de 24 pueblos; y en la Alta hay un solo municipio, Truchas, con 13 pueblos. El cuaderno se centra en los materiales constructivos y en los tipos de la vivienda tradicional cabreiresa. Los muros de las viviendas y de otras edificaciones auxiliares pajares, cuadras, molinos, fraguas, hornos, etc. están construidos con lajas de pizarra, cuarcitas y cantos rodados, trabados con barro arcilloso; las techumbres de las casas son de pizarra y en muchas de las construcciones auxiliares pajares y cuadras de paja de centeno; los corredores son de madera de roble o castaño; las chimeneas están revestidas por grandes lajas de pizarra, etc. Establece tres tipos de vivienda tradicional: Tipo 1. Vivienda de una planta. La única habitación destinada a la familia está separada por un tabique con una puerta de de acceso a la cuadra.

Tipo 2. Vivienda de dos plantas con escalera exterior. Es el tipo de vivienda más extendido y la planta baja se destina para cuadra. A la parte superior de la casa se accede por una escalera exterior, pegada a la fachada y construida de piedras se remata con un corredor desde el que se entra, por la única puerta, a la plata ocupada por la familia.
Chimenea en Villar del Monte (Cabrera Alta)

Tipo 3. Vivienda de dos plantas con escalera exterior, pero dentro del ámbito del corral. Esta vivienda utilizada por las familias de mayor disponibilidad económica es un desarrollo del tipo 2. Se caracteriza por tener un corral contiguo. Se penetra a la parte baja por una gran puerta, donde hay una especie de zaguán para guardar el carro y al fondo la escalera para subir a la planta superior habitada por la familia. En la planta baja se halla la cuadra y una habitación que hace las veces de granero y despensa. Concluye la autora de esta publicación haciendo un llamamiento a los cabreirenses y a las autoridades locales para conservar este patrimonio cultural ante el peligro, “pues mientras en otros países desarrollados la conformidad de la nueva arquitectura rural con los modelos tradicionales se considera positiva, aquí todavía ocurre lo contrario”.

Techumbre de pizarra en Robledo de Losada (Cabrera Baja)

l Departamento de Publicaciones de la Diputación de Badajoz ha publicado en dos tomos, con el título anterior, los trabajos elaborados en el proyecto ARQUIVERNA realizado por la Asociación por la Arquitectura Rural Tradicional de Extremadura (ARTE) durante los años 2004 y 2005. Esta obra es el resultado de un proyecto de dimensión transregional realizado desde Extremadura que, partiendo de que la arquitectura vernácula es la expresión cultural fundamental de la identidad de una comunidad, de que al mismo tiempo comparte elementos comunes entre las diferentes sociedades aunque se encuentren territorialmente muy alejadas y de los nuevos criterios de valoración de este patrimonio establecidos en diversos organismos internaciones, impulsó y coordinó la elaboración de un conjunto de estudios con el objetivo de poner de manifiesto la particularidad y universalidad del patrimonio tradicional o vernáculo construido de los distintos pueblos y culturas. Los dos tomos de la publicación recogen 22 estudios sobre distintas comunidades y tipologías de la arquitectura tradicional. Trabajos sobre la arquitectura

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tradicional de Cantabria, Andalucía, Navarra, Castilla La-Mancha, Aragón, Islas Baleares, Canarias, América del Sur, Francia y Extremadura; sobre diversas tipologías como hórreos, hornos, viviendas, construcciones agropecuarias, fuentes, puentes, etc., y otros ensayos acerca del concepto de arquitectura tradicional, la arquitectura como modelo sociocultural y reconocimiento de la arquitectura tradicional en las formulaciones internacionales sobre patrimonio. Los trabajos se han abordado desde una perspectiva multidisciplinar ya que sus autores son diez antropólogos, siete historiadores, tres arquitectos, tres geógrafos y dos s o c i ó l o g o s . To d o s p r o f e s o r e s universitarios o profesionales de reconocido prestigio, que para su presentación es innecesario recurrir al currículum que acredita la trayectoria profesional de cada uno de ellos: Juan Agudo Torrico, Carlos Junquera Rubio, Christian Lasusure, Javier García Bresó, José Luis García Grinda, Jerónimo Lozano Apolo, Jaume Andreu Galmés, José A. Pérez Rubio, Antonio-José Campesino Fernández, Antonio Navareño Mateos, Eloy Gómez Pellón, Antonio L. Díaz Aguilar, Alfonso L. Montejo Ráez, Ana Isabel Carcar Irujo, Juan Carlos Ochoa Abaaurre, José Luis Acín Fanlo, Mari Carmen Naranjo Santana, Santiago Amaya Corchuelo, Manuel Rivero Pérez, Nieves Santiago Gala, Ana Hernández Carretero, Fernando Pulido, José Maldonado Escribano, Juan Saumell y Francisco Manuel Mata Torrado. Como plantea José Luis Martín Galindo, coordinador del proyecto ARQUIVERNA: “Esperamos que la puesta en común de los trabajos recopilados en este libro contribuya a evidenciar una serie de principios y fórmulas comunes a las arquitecturas tradicionales de los pueblos y países del mundo”.

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