Jesús, el Camino

A los seguidores de Jesús empezaron a llamarles “cristianos” cerca del año 80 d.C. Antes de esa fecha uno de los
nombres con los que se denominaba a los cristianos era “los del Camino”. El cristianismo era conocido como “El Camino”
(Hechos 9, 2; 19, 9; 19, 23)
Les decían “El Camino” porque lo que ellos anunciaban desde que Jesús resucitado los envió por todo el mundo a llevar
el Evangelio, no era en primer lugar una doctrina o enseñanza para aprender, sino sobre todo una forma de vida.
Creer en Jesús no significaba saber las cosas que él enseñó y ya está. Creer en Jesús significaba seguirlo por el Camino.
Creer en Jesús era hacer el Camino con Jesús. Y por eso, Jesús es el Camino.
Entonces no es cristiano el que se aprende de memoria la Biblia y el catecismo y sabe lo que enseña Jesús. Es cristiano el
que tiene una manera de vivir como Jesús, de vivir como hijo de Dios.
Ese camino, esa forma de vivir exige muchas veces ir “contracorriente” como nos enseña el Papa Francisco:
“Aunque las palabras de Jesús puedan parecernos poéticas, sin embargo, van muy a contracorriente con respecto a lo
que es costumbre, a lo que se hace en la sociedad; y, si bien este mensaje de Jesús nos atrae, en realidad el mundo nos
lleva hacia otro estilo de vida… Permitámosle que nos golpee con sus palabras, que nos desafíe, que nos interpele a un
cambio real de vida. De otro modo, la santidad será solo palabras.” (Gaudete et Exsultate 65, 66)
“Contracorriente” significa que el Camino de Jesús no es lo que normalmente hacen todos.
El que sigue a Jesús muchas veces recibe burlas, pasa por tonto, por virgo, lo agreden, lo dejan de lado, le hacen bullying.
Pero Jesús ya nos había avisado que el que lo siga iba a ser rechazado.
Seguir el Camino de Jesús es seguir las Bienaventuranzas del Sermón de la montaña:
“Felices serán cuando los injurien, y los persigan y digan con mentira toda clase de mal contra ustedes por mi causa.
Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los
profetas anteriores a ustedes.” (Mt 5, 11s)
Por eso el Papa Francisco quiso también que su última carta de Exhortación tenga como título “Alégrense y regocíjense”.
- Jesús es el Camino porque si no vamos por Jesús no llegamos a nuestro destino, que es el Padre.
-Jesús es el Camino porque nos lleva hacia el mejor lugar y no nos deja sin rumbo. Nunca nos deja en medio de la nada.
-Jesús es el Camino porque en cualquier parte del recorrido de nuestra vida Él está ahí y sobre Él se sostienen nuestros
pasos.
-Jesús es el Camino porque la luz que se encendió cuando pasó por este mundo amando hasta el final y entregando su
vida, es la Luz que nos ayuda a cruzar el bosque oscuro de nuestros sufrimientos, nuestros fracasos, nuestros miedos,
nuestras culpas.
Jesús es un Camino hecho vida o, mejor dicho, Él es Vida hecha Camino.
Si salimos del Camino entramos en lo inerte del desierto. Y ahí no hay vida verdadera. Pero Jesús como Camino es vida
llena de sentido, es rumbo seguro y cierto.
Nuestra vida es como la del mendigo ciego que estaba al costado del camino (Marcos 10, 46), y que cuando escucha
pasar a Jesús, sabe que él es el rumbo que necesita seguir para ver. Jesús le devuelve la vista y el mendigo lo sigue por el
camino.
-Jesús es el Camino más hermoso porque nos descubre lo más lindo de la vida.
-Jesús es el Camino más bueno porque nos invita a hacer todo el bien que esté en nuestras manos y que él con su gracia
nos ayuda a realizar. Jesús nos enseña a ser misericordiosos teniendo el corazón como Él.
-Jesús es el Camino más verdadero porque le da sentido a todas las cosas.
Jesús es el mejor Camino porque con Él nunca estamos solos. Cuando todo se vuelve más difícil él está con nosotros
(Huellas en la arena).