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EL EJERCICIO

DE PENSAR
> o

Fernando Martínez Heredia


EL EJERCICIO
DE PENSAR
(Cuba, 1939). Doctor en Derecho.
F e rn a n d o M a r tín e z H e re d ia
Durante cuarenta años ha investigado problem as históricos y
contemporáneos de Cuba y de América Latina. Profesor (1963-1971)
y D irector (1966-1969) del D epartam ento de F ilosofía de la
Universidad de La Habana. Director de la revista Pensamiento Crí tico
(1967-1971). Investigador y Jefe de Áreas en los Centros de Estudios
sobre Europa (1976-1979) y sobre América (1985-1996), adscritos
al Comité C entral del Partido Com unista de Cuba. Investigador
Titular, Director General del Instituto Cubano de Investigación
Cultural Juan Marinello y Presidente de su Cátedra Antonio Gramsci.
Profesor Titular de la Universidad de La Habana. Académico Titular
de la A cadem ia de Ciencias de Cuba. A utor de doce libros y
coautor de otros quince. Premio Casa de las Américas de Ensayo
en 1989. Premio Nacional de Ciencias Sociales en 2006. Le ha sido
dedicada la Feria Internacional del Libro, Cuba, 2011.
EL EJERCICIO
DE PENSAR
Fernando Martínez Heredia

S E G U N D A ED IC IÓ N

Editorial
de C iencias S ociales
Edición: Denise Ocampo Álvarez
Corrección: Pilar Jiménez Castro y Esther Pérez Pérez
Diseño de cubierta: Ricardo Rafael Villares
Diseño interior y composición: Xiomara Gálvez Rosabal

© Fernando Martínez Heredia, 2010


© Sobre la presente edición:
Editorial de Ciencias Sociales, 2010
Ruth Casa Editorial, 2010
Todos los derechos reservados

Estimado lector, le estaremos muy agradecidos si nos hace llegar su


opinión, por escrito, acerca de este libro y de nuestras publicaciones.
Primera edición, 2008, coedición entre Ruth Casa Editorial, Institu­
to Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello y Editorial de
Ciencias Sociales.

ISBN 978-959-06-1259-6 Editorial de Ciencias Sociales


ISBN 978-9962-645-48-1 Ruth Casa Editorial

Ruth Casa Editorial


Calle 38 y ave. Cuba
Edif. Los Cristales, oficina no. 6
apdo. 2235, zona 9A, Panamá
ruthcasaeditorial@yahoo.com

INSTITUTO CUBANO DEL LIBRO


Editorial de Ciencias Sociales
Calle 14 no. 4104 e/ 41 y 43, Playa, La Habana, Cuba.
editorialmil@cubarte.cult.cu
P a ra E sth e r P é re z
ÍNDICE

Nota del autor / 1


Pensamiento social y política
de la Revolución / 13
El poder debe estar siempre al servicio
del proyecto / 49
Palabras al recibir el Premio
Nacional de Ciencias Sociales / 71
Ciencias Sociales y construcción
de alternativas / 80
Necesitamos un pensamiento crítico / 91
Problemas del ensayo cubano en los años
noventa / 100
¿Renovar la Historia política? / 107
Introducción a La revolución pospuesta,
de Ramón de Armas / 116
El ejercicio de pensar / 139
NOTA DEL AUTOR

La tarde del 3 de julio de 2007 leí “El pensamiento


social y la política de la revolución” en el Instituto, Su­
perior de Arte. Una conferencia en una institución uni­
versitaria, es decir, algo usual, casi manido. Pero no era
así, por tres razones.
En prim er lugar, fue la quinta conferencia de un
ciclo organizado a partir de dos hechos insólitos.
Al inicio del año, la televisión cubana presentó a
algunas personas que fueron funcionarios responsa­
bles en instituciones culturales en los primeros años
setenta, en program as laudatorios en los que no se
introdujo ningún matiz crítico. De inmediato se desa­
tó una protesta protagonizada por escritores y artistas
de renombre, que con razón consideraron ese hecho
perjudicial al desarrollo de la cultura y la convivencia
entre todos dentro de la Revolución, y ofensivo para
los que sufrieron a consecuencia de los graves erro­
res, retrocesos y abusos de poder acontecidos en esos
años. Resultaba inexplicable — y nunca se explicó—

1
por qué aquellas presencias en ese m om ento, el m e­
nos oportuno.
El otro hecho insólito, a la larga mucho más trascen­
dente, ha sido el vehículo utilizado por los protestantes:
el correo electrónico. Esa nueva form a de com unica­
ción que llegó a nosotros hace unos quince años había
m ostrado numerosas virtudes, pero no la de contribuir
a dem ocratizar espacios públicos m ediante la infor­
m ación y el intercam bio entre miles de personas acer­
ca de cuestiones cubanas muy sensibles y de interés
cívico y político. Este hecho, que dice m ucho de las
potencialidades revolucionarias del alto nivel cultural
alcanzado por los cubanos, es más relevante si se com­
para con el silencio que — como si nada sucediera—
hicieron durante todo este proceso los medios de co­
municación establecidos. El carácter impermeable de
esos medios ante las críticas fue sacudido por la apa­
rición de esta alternativa, que muy pronto m ostró un
saldo muy favorable a la R evolución. A finales de
este 2007 ya nadie concibe que se prescinda de ese
vehículo.
Un viento m uy saludable recorrió el país cuando
los recuerdos acerca de hechos dolorosos y mezquin­
dades fueron pronto rebasados por el análisis de he­
chos pasados y presentes, y aparecieron opiniones
acerca de las políticas culturales, la naturaleza y los
papeles de los medios de comunicación, la cultura en
la R evolución, los deberes de aquellos que ocupan
responsabilidades y los de los intelectuales, y hasta
problemas de mayor alcance en cuanto a la vida coti­
diana, la economía y la política nacionales. La direc­
ción del M inisterio de C ultura asum ió una postura
singular: convocar a reuniones para discutir lo que es­

2
taba sucediendo. Con la colaboración de cierto n ú ­
mero de personalidades, auspició una iniciativa de la
revista Criterios — un ciclo de conferencias que se­
rían m ensuales— , dirigida a crear un espacio de de­
b a te s e in fo rm a c io n e s que p u d ie se n c o m p a rtir al
m enos varios cientos de personas. La revista divulga­
ría las conferencias de cada sesión a otros miles, m e­
diante el correo electrónico. El 30 de enero comenzó
el ciclo en la Casa de las Américas, en m edio de gran
entusiasm o y expectación.1 Desde febrero, las activi­
dades se mudaron para el Instituto Superior de Arte.
La segunda causa de que resultara inusual aquella
conferencia del 3 de julio era su tema, expresado en
el título. Desde el inicio, los organizadores del ciclo
habían decidido incluir — a mi juicio, con muy buen
tino— una conferencia sobre el pensam iento social y
las ciencias sociales. Estas disciplinas, y las cualidades
humanas que deben acompañarlas, tienen siempre una
enorm e incidencia en los campos de la cultura, de la
organización social, de sus perm anencias y cambios;
cuando no cum plen esas funciones suyas, el hecho
resulta tam bién de una significación notable. En un
país como Cuba — envuelto desde hace m edio siglo
en un perenne batallar por la libertad y la justicia so­
cial, por su soberanía y por la liberación hum ana de

1 Los temas y conferencistas anteriores a mi presentación fueron: “El


quinquenio gris: revisitando el término”, por Ambrosio Fornet, 30 de
enero; “El trinquenio amargo y la ciudad distópica: autopsia de una
utopía”, por Mario Coyula, 19 de marzo; “El quinquenio gris: testimo­
nio de una lealtad”, por Eduardo Heras León, 15 de mayo; “Con tantos
palos que te dio la vida: poesía, censura y persistencia” , por Arturo
Arango, 15 de mayo. El 23 de febrero se realizó el taller “La política
cultural de la revolución”, con la Asociación Hermanos Saíz.

3
todas las dom inaciones— la necesidad y el valor del
p ensam iento y las ciencias sociales se m ultiplican.
Ellos form an parte, por tanto, de la historia y los ava-
tares de la cultura en la Revolución, y han vivido pro­
cesos muy complejos y difíciles; en los primeros años
setenta recibieron m uy duros golpes, coincidentes en
el tiempo con los hechos a los que se refiere el m ovi­
m iento iniciado en enero. El lugar de estas disciplinas
en la Revolución y la necesidad de que la sociedad y
la p o lítica luchen por su desarrollo solo pueden ser
desconocidos por quienes crean que estas realidades
pueden d iv id irse en parcelas y asignarse de m odo
exclusivo a “ sectores” .
Sin em bargo, existió una prevención en algunos
medios contra la presencia de esta conferencia en el
ciclo, po r entender que la “cu ltu ra” y las “ciencias
sociales” son dos campos ajenos, cuyos asuntos y go­
biernos deben m archar separados; por consecuencia,
“C u ltu ra ” no debía in m iscuirse en el territo rio de
“Ciencias Sociales” . Tampoco faltó un prejuicio que,
inexplicablemente, se niega a perecer: sostener que la
presentación y el debate de problemas reales y de cri­
terios diferentes entre revolucionarios no es conve­
n ien te y debe ser evitado, p o rq u e “p erju d ica a la
unidad” e incluso “puede ser aprovechado por nues­
tros enemigos” . En el mejor caso, esa actitud expresa
un error relacionado con una de las virtudes cardina­
les de nuestro proceso — la unidad— , y con hábitos
defensistas dentro de una revolución que no ha podi­
do bajar la guardia ni un solo día. Pero en m uchos
casos ella es un pretexto para el autoritarismo, el si-
lenciam iento de los criterios de revolucionarios y la
defensa de intereses espurios. Ya es indispensable que

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los aquejados p o r ese p rejuicio, entre los que ejer­
cen funciones, se libren de él, y nos libren a todos
de sus efectos.
Una tarea inm ediata para hacer realidad el reclam o
de una cultura del debate, y que esta no sea reducida
a una frase atrayente, pero vacia, es abolir dos posi­
ciones erróneas: negar el derecho a otros a expresar
sus criterios, creerse dueño de las ideas y las informa­
ciones; ignorar los argumentos y las ideas del otro, si
a pesar de todo este los expresa, y condenarlos al si­
lencio de su no divulgación.
L a tercera razó n de que la conferencia del 3 de
julio resultara insólita era el propio conferencista. Co­
m encé a trabajar en esas disciplinas cuando era muy
joven, y las he venido cultivando con dedicación has­
ta hoy, aunque casi siem pre las he com partido con
otras prácticas de la R evolución. H ice todo lo que
pude en ellas y por ellas durante la prim era etapa del
proceso, y las circunstancias me llevaron a asumir res­
ponsabilidades. Al terminar aquella etapa, al inicio de
los años setenta, mantuve mis ideas y mis conviccio­
nes, y me atuve a las consecuencias. D esde la se­
gunda m itad de los años ochenta he vuelto a tener
actividades intelectuales públicas. De inm ediato par­
ticipé activam ente en el Proceso de Rectificación de
Errores y Tendencias Negativas y en la recuperación
del pensamiento del Che. En estos últimos veinte años
he continuado las investigaciones y reflexiones so­
bre las realidades cubanas — labor que inicié en los
años sesenta— , he am pliado y sistem atizado la de­
dicación a la historia de Cuba, y me mantengo activo
en tem as sociales y políticos de América Latina, que
trabajo tam bién desde los años sesenta. Com parto

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esos trabajos con una incansable labor intelectual, en
espacios públicos y junto a grupos que estudian, de
exposición de m is ideas y otras que considero muy
necesarias, de promoción del debate y la divulgación,
de contribución a la formación de jóvenes. La mayor
parte de esas tareas las realizo en Cuba, pero también
en países de América Latina.
La guía de toda mi actividad intelectual es una
m ilitancia en defensa de la Revolución y el interna­
cionalismo, y por una profundización del socialismo
en Cuba. E ntiendo que para ello es im prescindible
poner a la causa por encima de lo personal, y pensar
siem pre con cabeza propia. Me ha dado resultado
durante prolongadas situaciones adversas y tam bién
ante acontecim ientos que parecían darm e la razón.
Por eso, para mí la conferencia del 3 de julio tenía
un solo objetivo: a través del análisis de un campo de
la vida intelectual y política, contribuir a un ejerci­
cio de los criterios y un reclamo de participación polí­
tica que están siendo muy positivos para la Revolución
en la actualidad.
Organicé mi exposición a partir de tres líneas gene­
rales. Limitarme al pensam iento social y no abordar
las disciplinas de ciencias sociales, ante el tiempo dis­
ponible, para no ser “panorám ico” o parcial. Ser en
todo momento analítico y brindar mis juicios en fuer­
te nexo con esos análisis; no ser un narrador de los
hechos y no utilizar anécdotas. Em plear expresiones
m editadas previam ente y excluir las adjetivaciones
innecesarias para un propósito al que le di una impor­
tancia cardinal: favorecer y fomentar un diálogo. Está
claro que mi posición es polémica. Dados el tema y la
situación actual, si no fuera así, no valdría nada. Pero

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precisam ente por eso, la radicalidad del contenido
debía acompañarse de un tono comedido y centrarse
en los argumentos.
La distinción que hago entre pensamiento social y
ciencias sociales pudiera no necesitar com entarios,
pero prefiero abundar a ser omiso. El pensam iento
social, como lo entiendo, está vinculado a las con­
cepciones más generales que se tengan de la materia
social, desde los modos de emprender su conocimiento
y las norm as, conceptos previos y fronteras que se
ponen a esos procesos intelectuales, y las pertenen­
cias ideológicas de los im plicados. Esas concepcio­
nes funcionan com o claves de las com prensiones
generales, grandes electores de los temas, presupues­
tos teóricos de los trabajos e influyentes sombras en
sus conclusiones. El pensamiento social tam bién está
vinculado a los cuerpos epistem ológicos más preci­
sos, atinentes a terrenos especificados del conocimien­
to social, y a los discursos con que se manifiestan. El
pensam iento social incluye trabajos acerca de deter­
minadas m aterias sociales o de los propios procesos
intelectuales, que tienen como objetivo analizar, darle
vehículo a las intuiciones, buscar interrogantes, cono­
cim ientos, com paraciones e incluso pronósticos, y
exponer en síntesis coherentes y eficaces el material
al que se ha arribado y las ideas del autor. Su ampli­
tud y alcance son determinados por sus temas y los
objetivos del investigador, que a partir de sus necesi­
dades utiliza y combina los campos y los instrumen­
tos de conocimiento social a su alcance.
Con toda intención no hablé de filosofía en mi con­
ferencia, sino de pensamiento social. Además de tra­
tarse de dos cosas distintas, quise situarme lejos de la

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confusión permanente entre ambas introducida por la
deform ación profunda y empobrecedora del m arxis­
mo, que ha primado entre nosotros durante décadas.
Un duro indicador de la inoperancia de muchos de
los rasgos positivos que tienen hoy el pensamiento y
las ciencias sociales en Cuba es la absurda permanen­
cia del mal llamado marxismo-leninismo en la docen­
cia que reciben gran parte de los adolescentes y una
parte de los jóvenes, con lo cual se malbarata parcial­
mente el grandioso esfuerzo educacional que hace el
país. Por las deficiencias de la socialización y la au­
sencia de debates en los m edios en que se form a la
opinión pública, la reasunción crítica del marxismo y
los beneficios de sus desarrollos son consumidos por
m inorías. Como en otros terrenos, se ha producido
una división entre élites y masas en el consumo de los
bienes culturales.
Dado el contenido de mi conferencia, utilizo la no­
ción de ciencias sociales sin hacer precisiones pre­
vias. No olvidemos, sin embargo, que acerca de estas
ciencias existen diferentes posiciones intelectuales,
ideológicas, profesionales, de intereses determinados,
y tam bién creencias.
Este libro nace de la idea de mi amigo y compañero
Carlos Tablada, que ha tenido la iniciativa de publicar
la conferencia del 3 de julio, y me ha pedido que la
acompañe con una selección de trabajos míos acerca
del tem a del pensam iento y las ciencias sociales en
Cuba. Accedí de inmediato, para darle divulgación a lo
expresado aquel día y para sustentar mejor mi posición
mediante otros textos que, aunque están dedicados a
temas diversos — incluidos cuestiones y criterios sobre
ciencias sociales— , tienen su hilo conductor en esa
posición teórica, de método, e ideológica. Casi todos
son muy recientes, excepto “Problemas del ensayo cu­
bano en los noventa”, de 1994, y “El ejercicio de pen­
sar”, de 1966, el primer artículo con ideas propias que
publiqué; no es casual que le dé nombre al libro. El
conjunto me releva de alargar esta nota exponiendo
cuestiones que están desarrolladas a lo largo de los tex­
tos. Prescindo también de comentarios que me hubiera
gustado hacer sobre algunos de esos trabajos. Termino
esta nota con algunos criterios sobre cuestiones de hoy
que considero principales.
Estamos en una coyuntura crucial para el pensamien­
to y las ciencias sociales en Cuba. Es probable que la
sociedad esté viviendo el final de la etapa que se inició
en los primeros años noventa, la tercera desde el esta­
blecimiento del poder revolucionario en 1959. El mo­
m ento está caracterizado por una com binación de
fortalezas extraordinarias y debilidades graves, un gran
número de tensiones y contradicciones, y algunas pa­
radojas. El país sigue erguido, en la defensa perenne
de su soberanía y su organización basada en un go­
bierno de justicia social, pero existe un malestar sor­
do, relacionado con las carencias m ateriales y de
servicios que se sufren; quizás no sean los sectores
que más duramente los padecen los más concientes de
esa situación. Y no se reduce el descontento a esas
carencias, sino a una gama muy amplia y variada de
deficiencias y situaciones que van resultando inacepta­
bles. El poder político ha reafirmado su legitim idad
y un consenso de mayorías, pero este está a la espe­
ra de m edidas de cambio, que son ansiadas pero no
constituyen m ateria de inform ación ni de cono ci­
m iento.

9
Otra vez será imprescindible pensar el presente y el
proyecto, investigar los hechos, los procesos, las ten­
dencias, determinar lo que es significativo y por qué,
entrar con la manga al codo en la materia social. Insisto
en que contamos con una masa muy notable de profe­
sionales capacitados y de trabajos muy serios, y con
centros de investigación y docencia. Pero el número de
personas y de instituciones 110 será decisivo para las
tareas que vienen, ni lo serán la organización, los hábi­
tos de dirección y el planeamiento existentes. Es suma­
mente doloroso constatar cómo tanta calidad profesional
y humana puede no traducirse en logros. Los trabajos
valiosos suelen chocar con estructuras impermeables,
y una colusión espuria reúne a los que establecen o
mantienen las prohibiciones a la investigación y la cen-
sura a lo que se publica, con los indiferentes a lo que
no sea su interés personal o de grupo. Como resultado
de las necesidades y la cultura acumulada se producen
curiosas mezclas de positivismo e ideología mercantil
con autoritarismos y dogmas.
La actividad cívica ligada al ejercicio de estas disci­
plinas no es muy alentada, por lo que temas candentes
o conclusiones y recomendaciones acertadas corren la
m isma mala suerte. Mientras, leo un documento nor­
mativo de las tareas a realizar, muy breve, que contie­
ne doce veces la palabra “perfeccionamiento'’. Este es
un momento de convocar a la investigación y al pensa­
miento sociales a ser sobre todo críticos, a vivir la aven­
tura de darse a las necesidades de la sociedad cubana
sin abandonar para nada su especificidad, sus instru­
mentos y sus normas.
Tengo una co nfianza m uy ho n d a en las reservas
m orales, intelectuales y políticas de los científicos

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sociales cubanos. Por eso evito la hipocresía y la com­
placencia, que esconden el desprecio antintelectual
de los que quisieran que estas tareas fueran solo un
adorno, o una molestia tolerable. Y ofrezco esta con­
tribución tan modesta a una discusión que ya no pue­
de esperar, porque trasciende a las profesiones y a los
individuos para convertirse en una de las necesidades
vitales de nuestra sociedad.

11
PENSAMIENTO SOCIAL Y POLÍTICA
DE LA REVOLUCIÓN 2

Este tem a se integra perfectam ente en los objetivos


del ciclo del cual form a parte, aunque por su conteni­
do resulta diferente a los anteriores. Hem os visto cómo
las m ás disím iles activ id ad es litera ria s y artísticas
m antienen siem pre relaciones con el orden vigente,
con los conflictos y con los proyectos de la sociedad
en que se practican. En el caso del pensam iento so­
cial y las ciencias y profesiones dedicadas a ese cam ­
po, las relaciones son m ucho m ás estrechas y tienen
im plicaciones m ucho m ayores. Esto ha podido apre­
ciarse en el curso del período revolucionario cubano,
tanto en los hechos m ism os com o en sus consecuen­
cias a m ediano y largo plazos.
En el perio d o tran scu rrid o entre 1959 y hoy d is­
tingo tres etapas, lo que he argum entado en m is es­
critos. D ado el espíritu de estos encuentros y el tiem po

•’ Conferencia en el ciclo Lapolítica cultural delperíodo revoluciona­


rio: memoria y reflexión, organizado por el Centro Teórico-Cultural
Criterios, en el Instituto Superior de Arte, La Habana, 3 de julio de
2007.

13
limitado que debo utilizar, he escogido referirme so -
bre todo a la primera etapa — que va de 1959 a inicios
de los años setenta— y a la gran ruptura que significó
para el pensamiento social el comienzo de la segunda
etapa. Aquellos hechos constituyen una acumulación
cultural que influye mucho en la situación actual, acer-
ca de la cual haré también algunos com entarios que
me parecen atinentes.
En los encuentros anteriores de eset ciclo hemos vi-
vido la combinación entre el interés p or la recupera­
ción de la m em oria y el p la n teo de problem as más
cercanos en el tiempo y de problemas de hoy. Lo pri­
mero viene a combatir una ausencia de consecuencias
graves, y su recuperación es una exigencia vital para
los cubanos en la actualidad. Lo segundo revela la ne­
cesidad y la urgencia de que nuestra sociedad enfrente
el conocimiento y el debate de sus problemas funda­
mentales, y de que lo haga con una participación muy
am plia y creciente. Me llena de esperanza que esto
último suceda aquí, v que se alcen voces de jóvenes
que están realmente involucrados, preguntando o re­
clamando. Pero estamos sometiendo nuestra ansiedad
y nuestra premura al estudio, la profundización y los
análisis de colectivos como este, apo derándonos de
la época precedente, precisamente para que nos ayude
a entender a fondo las cuestiones actuales y lanzarnos
a resolverlas, y para formular nuevos problemas, desa­
fíos y proyectos.
Una precisión más: mi exposición intentará ser ana­
lítica, no anecdótica, y las referencias indispensables
a sucesos, criterios y posiciones que viví o conocí tra­
tarán de servir siem pre al análisis y los juicios, los
cuales expongo, naturalmente, desde mi perspectiva

14
personal. Con ese fin he tom ado también elementos
de textos míos acerca del tenia que abordo, aunque
no pretendo — porque sería imposible— sintetizar aquí
lo que ha sido un trabajo de varias décadas. Me refe­
riré solamente al pensamiento social en general y no
a disciplinas sociales especificas, m encionaré al p a ­
sar temas que exigirían cada uno su desarrollo, y, ade­
más, estaré obligado a ser telegráfico y más de una
vez omiso, por lo que pido excusas desde ahora.
M e d ia n te una gran revolución, C ub a se liberó a
partir de enero de 1959 de las dom inaciones que la
aprisionaban, prom ovió cam bios muy profundos de
la vida de las personas, las relaciones sociales y las
instituciones, y creó o reorganizó de manera incesante
su propio m undo revolucionario. La sociedad ha­
cía entonces esfuerzos extraordinarios por pensarse a
si misma, com prender sus cambios y sus perm an en­
cias, sus conflictos y sus proyectos, sus modos de transformarse
, en m edio de accio n es co lectivas, luchas
violentas, enfrentamientos ideológicos, cambios en las
creencias, conflictos desgarradores y tensiones muy
abarcadoras. Los propios tiem pos se transform aron,
El presente se llenó de acontecimientos y las relacio­
nes interpersonales y la cotidianidad se llenaron de
revolución; el futuro se hizo mucho más dilatado en
el tiempo pensable y fue convertido en proyecto; y el
pasado fue reapropiado, descubierto o reform ulado,
y puesto en relación con el gran evento en curso. Un
hecho d ecisivo de la etapa de 1959 a los prim eros
añ o s setenta es que se multiplicó súbitamente el nú­
mero de los que pensaban sobre las cuestiones socia­
les y políticas, así como su interés y entusiasmo por
conocer más acerca de ellas; así fue desde el inicio, y

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ese proceso se profundizó y se organizó una y otra
vez durante toda la etapa. Eso modificó profundamente
el consumo del pensamiento social, su producción, el
papel que desempeñaba en la sociedad y sus relacio­
nes con el poder revolucionario.
Sin embargo, nada surge de la nada. En el caso del
pensamiento social, existían corrientes principales pre­
vias de consumo masivo, que incluían el sentido co­
mún, las adecuaciones al dominio burgués neocolonial
y las demás dominaciones sociales, las formas de re­
sistencia a ellas, la form ación de opinión pública y
otras. Debo lim itarm e al pensam iento social más o
menos elaborado, pero este no se entendería si no tu­
viéramos en cuenta que las enormes transformaciones
en tantos campos exigieron al pensamiento elaborado
tener relaciones muy fuertes con las realidades y ne­
cesidades sociales, así como funciones eficaces res­
pecto a ellas. Insisto en esto, además, porque opino
que a partir de los prim eros años setenta el pensa­
m iento social quedó en una posición m uy diferente
respecto al poder y la sociedad, y ha desem peñado
desde entonces funciones distintas.
En el pensamiento social elaborado que existía quie­
ro distinguir el liberalismo, el patriotismo, el antimpe-
rialismo, el democratismo, las ideas de justicia social
y el socialismo. El pensam iento liberal había tenido
una trayectoria muy larga en Cuba y hecho aportes
muy valiosos, pero terminó fracasando en toda la lí­
nea, porque nunca fue capaz de trascender el hori­
zonte burgués y el reflejo colonizado. Este juicio mío
es de tipo histórico, pero no desconoce que el consu­
mo de pensam iento liberal seguía siendo notable en
aquel m om ento.

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El patriotismo radical, que desarrolló y arraigó sus
ideas y sus ideales en el último tercio del siglo xix, se
convirtió en parte inseparable de la vida espiritual y
en cemento de la nación a través de la gesta nacional
de la Revolución del 95, y se sostuvo durante el me­
dio siglo republicano. El nacionalismo tuvo un peso
ideológico principal en todo ese período y la clase
dominante burguesa siempre lo utilizó para su hege­
monía, y hasta cierto punto lo vivió; pero el patriotis­
mo popular nunca se rindió a esos límites, y funcionó
paralelamente o en conflicto con ellos. El patriotismo
radical vio llegar el fin de sus frustraciones y realizar­
se sus anhelos con el triunfo de 1959, con la obten­
ción de la liberación nacional y la soberanía plena, y
el establecimiento de un Estado puesto al servicio del
bienestar de la sociedad. La Revolución socialista cu­
bana asum ió ese patriotism o y se apropió de todos
sus símbolos y referencias. Este es uno de los hechos
fundamentales para entender la legitimidad de la Re­
volución y la fuerza de su mundo espiritual. También
forma parte del aporte extraordinario del socialismo
cubano a las ideas y experiencias revolucionarias a
escala m undial, aunque como tantos otros aspectos,
no forma parte del conocimiento actual de la mayoría
de los cubanos.
El antimperialism o, que floreció durante la Revo­
lución del 30 y se ligó a las posiciones políticas más
avanzadas, tuvo una historia muy accidentada durante
la segunda república — la que existió después de 1935
hasta 1959— , pero era una corriente latente de muy
profundo arraigo. Se activó con la revolución de fines de
los cincuenta y ha ocupado desde entonces hasta hoy un
lugar privilegiado en la ideología revolucionaria, en el

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pensam iento social y en los juicios y las creencias
acerca de un número enorme de cuestiones. Se dirige
sobre todo contra la política sistem ática anticubana
de los dirigentes de los Estados Unidos, pero en aque­
lla prim era etapa de la que hablo se afirm ó m ucho
com o una posición sentida y fundam entada contra
todos los imperialismos, como parte de la compren­
sión del m undo desde Cuba y como fuerza ideológi­
ca del internacionalism o cubano.
Con el térm ino dem ocratism o quiero expresar la
situación creada en los veinte años anteriores a 1959,
cuando predom inó un pensam iento social que fue
m ucho más allá del liberalismo y en gran medida lo
cuestionó. Ese pensam iento entendía la dem ocracia
como un valor político y de convivencia social fun­
damental, y la acción política electoral como un ve­
hículo idóneo para mejorar o cambiar el gobierno del
Estado, la adm inistración y los asuntos públicos en
general, las relaciones entre los sectores económicos
y sociales, y el bienestar del pueblo. Durante la se­
gunda república, el democratism o estuvo en la base
ideal del orden constitucional de 1940, de la legali­
dad, el sistema de partidos políticos, las característi­
cas principales del sistem a de gobierno, la notable
libertad de expresión que se alcanzó y una sociedad
civil desarrollada y compleja. Les daba importancia a
los papeles del Estado como regulador social y de la
economía. Esas ideas dem ocráticas gozaban de bas­
tante consenso entre los que, por otra parte, sostenían
diversas posiciones. Fueron funcionales para la refor­
m ulación de la hegem onía burguesa neocolonial de
la segunda república, y para evitar una nueva revolu­
ción, no porque fueran ideas despreciables, sino por

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lo contrario: expresaban verdaderos avances republi­
canos, y parecían darle espacio y vías a las frustracio­
n es q ue d e ja r o n la i n d e p e n d e n c i a de 1902 y los
resultados de la Revolución del 30. El golpe del 10 de
marzo negó esos avances y, por eso, desde el inicio,
la dictadura careció de legitimidad y fue repudiada.
La justicia social era otra corriente de pensamiento
social prexistente. H e red era de las luchas contra la
esclavitud, el racismo, la explotación de los trabaja­
dores y las jornadas revolucionarias independentistas
y del 30, la justicia social era aceptada como un princi­
pio formal, aunque no se convertía en realidad. Las ideas
políticas y sociales avanzadas siempre la incluían, en­
ten diéndo la desde distintas p o siciones. D espu és de
que las ideas socialistas se arraigaron en Cuba duran­
te los primeros años treinta, la justicia social era asu­
m ida com o dem anda, tanto po r dem ocráticos com o
por m arxistas independientes o del partido com unis­
ta. El socialism o más cercano a 1959 tenía dos v er­
tientes: la de los adherentes al partido comunista y al
pensamiento m arxista de la época — el llamado esta-
linismo— , y la de pensadores y activistas ajenos a ese
partido.
La insurrección y el nuevo po der rebelde echaron
abajo el sistema represivo y político del Estado b u r­
gués neocolonial y rom pieron los límites de lo posi­
ble en Cuba; en se g u id a las form as de participación
popular m asiva, las m edidas que abolían el sistem a
capitalista y la dominación imperialista, y el armamen­
to general del pueblo en revolución dieron lugar, por
primera vez en Occidente, al triunfo práctico de una
revolución autóctona anticapitalista de liberación na­
cional. Entonces todas las corrientes de pensamiento

19
social fueron desafiadas y sometidas a examen por la
R evolución, porque conceptos, relaciones e institu­
ciones que se creían eternos o parecían naturales eran
abolidos o desaparecían, mientras se asomaban otros
nuevos. La emergencia victoriosa de la praxis, el nue­
vo poder y la participación m asiva y organizada le
brindaron al pensam iento una inapreciable oportuni­
dad para su desarrollo, pero a la vez le hicieron muy
fuertes exigencias de nuevas ideas, instrumentos para
conocer y actuar, y proyectos.
De inicio, la Revolución se comprendía a sí misma
como la realización de los ideales acumulados y de
su propio cuerpo ideológico, pero las nuevas realida­
des, necesidades y objetivos superaban esa compren­
sión. La asunción del socialismo — y de la ideología
marxista— fue, entonces, la opción acertada y nece­
saria; el socialismo debía estar en el centro de la libe­
ración nacional. No es posible exponer aquí la real
complejidad de lo que sucedió; hasta ahora han sido
productos artísticos los que más se han acercado a
lograrlo. En 1959 m uchos calificaban a la R evolu­
ción de humanista, en la víspera de Playa Girón se pro­
clamó socialista. Ese arto 1961 pasé una escuela para
formar profesores emergentes de secundaria, en ¡a que
un alto funcionario de Educación nos dijo en una con­
ferencia: “la pequeña propiedad es la gloria de Fran­
cia”, mientras una profesora nos enseñaba que había
un concepto, la materia, que era el más general e im­
portante de todos.
Para Cuba fue vital entablar lazos demasiado fuer­
tes con la URSS, y el socialismo y el marxismo sovié­
ticos p areciero n en un prim er m om ento com o los
únicos, o los mejores. A eso ayudaron las urgencias

20
ideológicas en medio de una lucha de clases y una de­
fensa nacional muy intensas, la presencia e importan­
cia de la URSS para la defensa y la economía, y también
que entre 1961-1962 se vivió el predominio del secta­
rismo en la organización política, y este tenía a la URSS
por modelo del socialismo. A pesar de los enormes la­
zos y la aparente pertenencia común al socialismo, las
relaciones entre Cuba y la URSS durante la primera
etapa de la Revolución en el poder tuvieron momentos
de agudos conflictos y m uchas veces fueron discre­
pantes o tensas. Esas relaciones tuvieron una gran im­
portancia para la historia del pensamiento social cubano
en los treinta años que duraron, pero ese tema está fue­
ra del contenido de mi exposición.
Ciñéndome a mi tema, sintetizo los rasgos princi­
pales de aquel cuerpo teórico de origen soviético:

a) Sus textos contenían una mezcla nada orgánica


del viejo estalinismo del DIAMAT de 1938, au­
toritario, clasificador y excluyente, con una prosa
m odernizante posterior al Congreso del PCUS
de 1956. Sus objetivos seguían siendo servir de
cemento ideológico general del sistema, de ve­
hículo de exigencia a los seguidores en cuanto a
acatar la línea y las orientaciones, y de influen­
cia en los medios afines. Pero ahora incluían “po­
nerse al día” y participar en los discursos y en la
lucha de ideas del inicio de los años sesenta, aun­
que sin recuperar el marxismo revolucionario ni
abordar los problem as fundamentales.
b) Trataba de fundam entar la política soviética y
del m ovim iento com unista bajo su influencia,
ciertas reformas en la URSS y Europa oriental y,

21
en lo internacional, la llamada “emulación pací­
fica” entre el capitalismo y el socialismo en la
que el segundo triunfaría. Cuestiones centrales
de la política nacional e internacional cubana no
cabían o eran inaceptables para esta doctrina.
c) Preconizaba para el Tercer M undo en general el
reformismo y la colaboración con sectores bur­
gueses dominantes, en vez de la lucha revolucio­
naria, lo que amparaba en conceptos como el de
“democracia nacional” y declaraciones solemnes
como la de que “el contenido general de nuestra
época es el paso del capitalismo al socialismo” .
d) Sus modelos teóricos “generales” solían ser es­
quem as sim plificado s o inconsistentes, en los
cuales hechos y procesos seleccionados se con­
vertían en “leyes”. Eran inútiles para la compren­
sión y para ayudar a la acción. En cuanto a las
situaciones, los problemas y la historia del Tercer
Mundo, eran eurocéntricos y podían llevar a creen­
cias absurdas y formas de colonización mental
“de izquierda"’.
e) En su actitud teórica, la metafísica y el dogm a­
tism o se com bin aban curiosam ente con el p o ­
sitivism o. Esta sum a teórica p re sen tad a com o
concepción del m undo y ciencia de las ciencias
podía tener aspectos atractivos para lectores n o ­
veles, quizá porque la razón parecía confirmar a
la fe. P ara los convencidos, incluidos algunos
muy cultos, era un dogm a intangible y, por tan­
to, no discutible.

Entre aquella ideología teorizada y el fervor cubano


por el socialismo y el marxismo pronto se levantó una

22
contradicción que era difícil resolver. Los productos
intelectuales de esa ideología constituían un polo atrac­
tivo para muchos, porque existía una conciencia muy
amplia de la necesidad de explicaciones y propuestas
trascendentes. A veces me angustia pensar que esa con­
ciencia no sea amplia en la actualidad, porque ella es
cuestión de vida o muerte para la sociedad que quere­
mos defender y desarrollar. La cultura cubana había
llegado a una altura tal a inicios de los años sesenta,
que estaba obligada a elaborar una concepción del
mundo y de la vida para representarse sus realidades y
su proyecto, y trabajar en consecuencia. Esa necesidad
llevaba a estudiar con entusiasmo los m ateriales que
caían en nuestras manos, y los de aquella corriente de
origen soviético eran los más abundantes. Además, fue­
ron acogidos y divulgados por las escuelas políticas
del partido en formación.
El marxismo fue asumido masivamente y se conside­
ró que debía guiar al pensamiento, con la legitimidad
que daba la Revolución. Pero dos preguntas aparecie­
ron enseguida: el m arxismo, ¿vendría a participar, a
ayudar a la Revolución, o sería solo un certificado que
le expedían y una doctrina que ella aceptaba? ¿Y cuál
marxismo asumiría la Revolución cubana? Es impres­
cindible que todos conozcamos la historia viva de cómo
el pensamiento social cubano dio un enorme salto ha­
cia adelante al asumir el marxismo, que tuvo conse­
cuencias decisivas para su desarrollo; y tam bién la
historia viva de las dificultades y los conflictos, de los
estudios y las polémicas, de las corrientes diferentes
dentro del marxismo, a través de los cuales ese pensa­
miento social encontró su vitalidad y su forma y sus
funciones cubanas. Y que conozcam os tam bién las

23
insuficiencias que portaba, los errores que se cometie­
ron en relación con el marxismo y su utilización, y los
aspectos negativos que a mediano plazo lo han perju­
dicado tanto, hasta hoy.
Desde el inicio chocaron las manías de clasificar,
disciplinar, hacer obedecer, atribuir segundas intencio­
nes, frente a la saludable combinación de espíritu li­
bertario y poder que lograba tener la Revolución. La
tendencia a em pequeñecer la liberación social y hu­
m ana m ediante nuevas dom inaciones levantadas en
nombre del socialismo afectó a la Revolución, y llevó
a debates y confrontaciones en su seno. A mi juicio,
el saldo de esa actividad durante la primera etapa del
proceso fue muy positivo en cuanto a sus resultados,
y sobre todo en cuanto a que nos formó, nos hizo más
conscientes, más m ilitantes y m ás libres. No había
separación entonces entre una cultura referida a las
bellas artes y el pensamiento, de un lado, y la política
general del país, del otro, que por consiguiente debe­
ría “atender a la cultura”. Con razón recordamos siem­
pre las palabras de Fidel a los intelectuales, de junio
de 1961, pero tam bién es m uy necesario recordar y
estudiar sus discursos contra el sectarismo, del 13 y el
26 de marzo de 1962, porque están muy relacionados
con aquel. Con ellos se combatía por una cultura po­
lítica de la Revolución, frente a las limitaciones y obs­
táculos que nacían dentro de ella misma.
Numerosos intelectuales y artistas comprendían esa
verdadera relación, y participaban al mism o tiem po
con su actividad como tales y con sus ideas políticas
y teóricas. G raziella Pogolotti acaba de publicar un
libro muy valioso, Polémicas culturales de los sesen­
ta, que nos muestra la riqueza extraordinaria conteni-

24
da en aquel manejo de ideas, las combinaciones reales
de asuntos específicos literarios y artísticos con puntos
centrales políticos, ideológicos y teóricos, y las posi­
ciones diferentes que contendían. Apuntaré brevemen­
te algunos rasgos generales de lo que sucedió, que me
parecen fundamentales.
Ante todo, el fondo de la cuestión no era una pug­
na intelectual, ni se limitaba a un duelo de ideas. Era
una polém ica acerca del alcance de la R evolución,
su rumbo, sus objetivos, los medios y vías que utili­
zaría; en algunos momentos y situaciones llegó a ser
incluso una polém ica por el poder. Fidel reafirm ó,
amplió y profundizó su liderazgo dirigiendo y con­
duciendo la opción radical revolucionaria, dem os­
tró que era la única factible y la llevó al triunfo. En
segundo lugar, entre otros numerosos aciertos y vir­
tudes, se atuvo a la política de no utilizar la inmensa
tuerza material y moral con que contaba para im po­
ner su línea. Todavía en m arzo de 1964 dijo, en el
juicio contra el delator de los mártires de Humboldt 7,
que la Revolución no sería como Saturno, que se co­
mió a sus propios hijos. La unidad po lítica de los
revolucionarios y la unidad política del pueblo fue­
ron objetivos centrales de la Revolución, y está cla­
ro que en ello se jugaba incluso la supervivencia. En
tercer lugar, sin em bargo, no se elim inó el debate
interno por esa razón. Dirigentes políticos y cultura­
les, personalidades intelectuales, instituciones diver­
sas, contraponían sus criterios en público, con mayor
o m enor profundidad y buenas m aneras. En 1963-
1964, el Che y otros dirigentes del Partido y el Esta­
do debatieron en revistas habaneras sobre cuestiones
fundamentales del rumbo de la creación de la nueva

25
sociedad, sin que peligraran por eso la estabilidad y la
seguridad de la Revolución.
N o hay que olvidar que aquellos años se caracteri­
zaron por la m agnitud de los enfrentamientos violen­
tos y la agresividad im perialista, la lucha de clases
interna y los desgarramientos que aportaron ella y la
emigración, la escasez de capacidades o lo incipiente
de las instituciones cubanas. ¿Cómo fue posible que
en esa situación existiera un amplio cam po p a ra el
debate entre los revo lucion ario s? ¿Q ué condiciones
lo facilitaron y, quizás, lo exigieron? Lo cierto es que
el p o d er rev olu c io n ario y la sociedad recon o ciero n
espacios de p rod ucción y de debate al p ensam iento
social que permaneciera o surgiera dentro del campo
revolucionario, aunque fuera de corrientes diversas,
y aunque expresaran unos sus discordancias con otros.
Pienso que si analizamos aquella situación en su con­
junto, los factores positivos y negativos que contenía
y los rasgos y problemas de la política que predom i­
nó, nos brindará algunas experiencias y lecciones res­
pecto a la necesidad actual de volver a construir entre
todos una cultura de debate.
A un que no existió una declaración para el p en sa­
miento social que fuera equivalente a lo que significó
“Palabras a los in telectuales” para aquel m edio, de
h ec h o el p e n s a m ie n to social operó co n p arám etro s
análogos. Por cierto, en aquel tiempo nos referíamos
al famoso discurso de Fidel en la Biblioteca Nacional
com o un alegato contra los que pretendían am o rd a­
z a r el p e n sa m ie n to de re v o lu c io n ario s. H a b ría que
hacer varias precisiones. Prim ero, los jóv en es como
yo estábamos de acuerdo en que la Revolución se de­
fendiera de sus enemigos con los medios que estimara
necesarios. La condicionante de no actuar contra la Re­
volución nos parecía muy legítima. Segundo, nos p a­
recía lo más natural que intelectuales de ideas diferentes
a las nuestras trabajaran como tales, y admirábamos la
obra de Ortiz, Lezama, Ramiro Guerra, y de otros ya
fallecidos, como Varona, Mañach o Loveira. Tercero,
nos oponíamos al sectarismo, al dogmatismo, al auto­
ritarismo y al llamado realismo socialista. Cuarto, no
creíamos que el poder político nos estaba concediendo
nada, porque sentíamos que compartíamos los mismos
ideales, y a la vez nos parecía que quien tratara de ob­
tener algo para sí por su actividad intelectual a favor de
la Revolución era un oportunista.
D urante los años sesenta m a n tu v im o s esas c o n ­
vicciones. pero desarrollam os un pensam iento acer­
ca de los rasgos, las obligaciones y las funciones de
la actividad intelectual en la sociedad en transición
socialista, así como sobre sus relaciones con las es­
tructuras y las p o lítica s del pod er re v o lu c io n a rio ,
incluidas las tensiones y las contradicciones. A eso
nos llevaron las experiencias y dificultades del p ro­
pio proceso que estábamos viviendo, los debates con
otras posiciones cubanas y el estudio de nuestra his­
toria y la de otros procesos revolucionarios, inclui­
do el soviético, así corno la historia de la URSS. Las
relaciones entre el poder y el pensam iento social se
convirtieron en uno de los temas sensibles para las
prácticas de los intelectuales y de los políticos, y para
el proyecto socialista. En la segunda mitad de los se­
cuta el tema enunciado como “el compromiso del in-
telectual” tuvo un enorme arraigo y resonancia, en Cuba
y en innumerables medios del mundo. El gran C on­
greso Cultural de La Habana de enero de 1968 — que

27
ha sido concienzudamente olvidado— le dedicó a ese
tema buena parte de sus tareas.
Una cuestión crucial quedó planteada después de
las primeras experiencias del proceso, y ha manteni­
do siem pre su carácter de problem a central. Dentro
de la re vo lución , el p ensam iento social solo puede
existir, desarrollarse y servir de algo a la sociedad y
sus tareas principales si tiene autonomía, mantiene sus
no rm as e identidad específicas, goza de libertad de
investigación y sabe ir más allá de lo que piden la
reproducción de la vida social y las necesidades visi­
bles. Al mismo tiempo, y sin perder las características
anteriores, el pensam iento social debe existir dentro
del orden revolucionario y regirse en lo esencial por
el proyecto de liberación y por ese orden, respetar su
estrategia, atender sus prioridades y ponerse límites
cuando resulte im prescindible para la causa general.
Bien, pero en esa dialéctica de libertad y militancia,
¿cóm o se determ inan el alcance y la protección del
pensam iento, su sujeción a norm as y su disciplina?
¿Q uién determ ina todo esto, qué m ecanism os y ga­
rantías habrá para evitar errores o abusos?
En esta primera etapa de la Revolución no se ela­
boraron reglas expresas en este campo, pero en gene­
ral fu n c io n ó aquella d ialéctica, en mi op in ió n por
razones más amplias que su propio contenido: el es­
píritu libertario y el poder revolucionario convivían
bien, el poder y el proyecto estaban íntimamente liga­
dos, todos los implicados com batíam os juntos en las
situaciones límite y las grandes jornadas de la R evo­
lución, y, además, nos sentíamos históricos.
En los hechos, desde muy temprano había dos con­
cepciones y posiciones distinguibles dentro del campo

28
revolucionario referidas al alcance que podía permitir­
se el proceso, su rumbo, sus vías y medios, y los objetivos
del s o c ia lis m o . U na e s t a b a i n f l u i d a p o r la
ideología soviética y del movimiento comunista; creía
que C uba debía organizar su econom ía, su vida so­
cial, su sistema político y su estrategia de acuerdo con
la etapa de desarrollo que le asignara aquella ideolo­
gía, y reproducir aquí rasgos del tipo de dominación
en nombre del socialismo que existía en la URSS y en
los países de su campo. Buscaba sus fundamentos en
el llamado marxismo-leninismo, y sin duda no se sentía
extranjerizante, sino el vehículo del paso de Cuba a lo
que consideraba un régimen social superior, y su incor­
poración al socialismo, la corriente en ascenso en el
mundo. La otra provenía del proceso insurreccional,
de su ideología de liberación y su triunfo práctico, que
había creado el poder y el terreno real para que se de­
sarrollara la gran revolución popular. Entendía el so­
c ialism o com o el m e d io id ó n eo para c o n s e g u ir la
liberación nacional y la verdadera justicia social, im­
pulsó y condujo un conjunto profun dam ente radical
de acciones y una participación masiva que transfor­
mó a los cubanos y al país, y enfrentó victoriosamente
a los Estados Unidos. Esta segunda concepción y posi­
ción se consideraba heredera de todas las luchas revo­
lucionarias del pueblo cubano desde el siglo xix; sus
líderes conocían marxismo, lo utilizaban de manera in­
dependiente y actuaban a favor de que la población
cubana asumiera esa concepción.
El patriotismo radical ha sido un baluarte para la
segunda posición, desde el inicio, en circunstancias
tan diferentes com o la fundación de la U N E A C , la
Crisis de Octubre, o el centenario del 10 de Octubre,

29
en 1968. En las n u evas condiciones creadas por la
segunda etapa que comenzó a inicios de Jos años se­
tenta, el patriotismo radical — ahora sintetizado en la
consigna “cien años de lucha”— fue una línea de de­
fensa del carácter autóctono de la revolución frente a
la ideología que se hizo entonces sí preponderante.
Por cierto, a pesar de que la bancarrota de las ¡deas
previas a 1959 term inó por incluir a la dem ocracia
— identificada ahora con las acusaciones contra Cuba
y con los modos de dominación existentes en países
capitalistas— , el democratismo no desapareció. La re­
v olución p ro c la m ó sus nuev os sentidos y co m b in ó
instituciones de tradición, com o el poder local, con
nuevas formas directas como las enormes concentra­
ciones. Entre los revolucionarios permanecieron con
m u ch a fuerza las re p re s e n ta c io n e s p o sitiv a s de los
derechos individuales, y ño solo los sociales, la gran
valoración del individuo que tiene y sostiene sus cri­
terios, y el orgullo por la historia cubana en el terreno
democrático. Recuerdo la expresión de que los sovié­
ticos no podían entender ciertas cosas porque nunca
habían tenido democracia, mientras que los cubanos
nos dimos constituciones desde Guáimaro, al iniciar
la primera revolución contábamos con el maravilloso
legado democrático de Martí y tuvimos una dem ocra­
cia representativa desarrollada antes de la Revolución
de los cincuenta.
Las co n tra p o sic io n es y los debates entre las dos
concepciones y posiciones referidas son muy im por­
tantes para com p re n d er el pensam iento social de la
primera etapa del proceso revolucionario en el poder.
En lo político, el liderazgo de Fidel — secundado por
el Che y los máximos dirigentes del país— fue decisi­

30
vo para llevar al triunfo, de manera unitaria y pacífi­
ca, la segunda concepción, que rigió p rácticam ente
durante la segunda mitad de los años sesenta. Uno de
los rasgos del fin de la primera etapa y el inicio de la
segunda fue el quebranto de esta posición, y el retor­
no de la primera posición en terrenos sumamente im­
portantes. Sin embargo, simplificar las cosas de este
modo impediría advertir cuestiones decisivas. La Re­
volución m antuvo su liderazgo máximo y los rasgos
básicos de sus políticas y sus logros, y el país de ini­
cios de los setenta tenía enormes diferencias con el de
una década antes, en cuanto a desarrollos de su pobla­
ción, vivencias y experiencias revolucionarias, y ex ­
pectativas. La primera posición, por su parte, también
había ganado experiencias, comprensión de la especi­
ficidad y el carácter del proceso cubano, y m o d e ra ­
ción, y su composición interna era ya otra.
Apunto apenas esos comentarios sobre lo político,
y me extiendo más sobre el centro de mi tema, el pen­
samiento social.
Alrededor del marxismo se manifestaban las necesi­
dades y las concepciones, y, por tanto, él tenía que ser
un protagonista en el pensamiento de la época. La ge­
neración que llevó el peso entonces incluía a nacidos
desde 1926 ó 1928 — como Fidel y el Che— hasta los
nacidos a mediados de los años cuarenta. A los prota­
gonistas del proceso nos sum am os los que como yo
co m en zam os siendo re v o lu c io n a rio s y después nos
hicimos marxistas, y los que llegaron a ambas cosas al
mismo tiempo. Desde el 1° de febrero de 1963 hasta
fines de 1971 pertenecí a un grupo intelectual organiza­
do, el Departamento de Filosofía de la Universidad de
La Habana, que se vio envuelto en la pugn a por un
m arxismo de la Revolución y que contribuyera real­
mente a su desarrollo, y llegó a estar en el centro de
esa pugna.
Un ejemplo de la complejidad de la tarea y del carác­
ter que tenían entonces las relaciones entre los revolu­
cionarios es la visita del presidente Osvaldo Dorticós al
D epartam ento de Filosofía a inicios de 1964. Pocos
meses antes había salido de la Rectoría de la Univer­
sidad el c o m p añ e ro Juan M arinello, y tam bién fue
sustituido el primer director nuestro, el hispanosovié-
tico Luis Arana, a quien estim ábam os m u cho y no
tenía relación con Marinello. Se designó para sustituir
a Arana a un profesor y activista ligado a la primera
posición que referí antes, y aunque éramos muy jóve­
nes y no teníam os aún notoriedad, se suponía, con
razón, que no nos gustaría el sustituto. El Presidente
vino a traerlo, acompañado del nuevo rector, y con su
prestigio decidió nuestra aceptación. Pero lo más in­
teresante fue que nos hizo un discurso que jamás ol­
v id a m o s . en el cual a f ir m ó q u e los m a n u a l e s de
m arxism o soviético que entonces se utilizaban en la
docencia y en los estudios políticos no servían para
la Revolución cubana, y nos pidió q ue, como marxis-
tas, “ incendiáram os el océ an o ” , aunque aclaró en se­
guida que él no sabía cóm o podríam os hacerlo.
En el centro mismo del Occidente burgués, la Revo­
lución cubana realizó en los años sesenta inm ensos
esfuerzos en el campo del pensamiento e hizo contri­
buciones relevantes al desarrollo del marxismo. Fidel
y el Che pusieron definitivamente al marxismo en es­
pañol, inspiraron la formación de una nueva vertiente
m arxista la tin o a m e ric a n a y se d irig ie ro n al m u n d o
entero desde un com u n ism o de liberación nacional,

32
occidental, igualitarista, insurreccional y realm ente
intem acionalista. He descrito algunos aspectos de la
actuación de Fidel, el máximo representante del pen­
samiento más revolucionario. El Che desem peñó un
papel fundamental en la elaboración de un pensamien­
to social que sirviera, más que como fundamentación,
como instrumento para una política comunista eficaz
en la transición socialista cubana. H aber pensado y
haber intentado tal política es uno de los aportes nota­
bles de C uba a los m ovim ientos de liberación del
mundo. En esa dirección, el opúsculo del Che, E l so­
cialismo y el hombre en Cuba, es uno de los docu­
mentos políticos más trascendentes del siglo xx.
Ernesto Guevara pasó del estudio del pensamiento
a la guerra revolucionaria, que lo transformó y lo hizo
dirigente. Compartió las responsabilidades del poder
revolucionario e impulsó los cambios más profundos
de las personas y la sociedad, y otra vez se fue a la
guerra revolucionaria. En ese corto período, su pen­
samiento logró comprender los problemas fundam en­
tales, plantearlos y hasta cierto punto elaborar una
concepción teórica que fuera un instrum ento capaz
de restituir al pensamiento revolucionario su función,
indispensable para guiar los cam bios sociales y hu­
manos y proyectar e imaginar el futuro, al mismo tiem­
po que servir a las prácticas. Pero su filosofía de la
praxis fue más allá, e iba ampliando su campo y su
profundidad cuando lo interrumpieron la batalla final
y la muerte. Con una aguda conciencia del papel del
pensamiento en la creación de una sociedad que de­
bía ser diferente del capitalism o — y no solo opues­
ta— , entre 1963 y 1965 el Che libró en Cuba una batalla
intelectual que entendía indispensable para la política,

33
para la práctica en general y también para la teoría. La
segunda etapa no podía admitir su pensamiento. Hubo
que esperar al Proceso de Rectificación de Errores de
la segunda m itad de los años ochenta para que co­
m enzara el difícil regreso al pensam iento del Che,
reapropiación que no ha sido com pletada todavía.
Las ideas propias fueron tomando cada vez más fuer­
za en los primeros años sesenta, y pronto se abrió una
fase de búsqueda y creación en el terreno teórico, a la
vez que se hacían cada vez más investigaciones de pro­
blemas concretos. D iferentes grupos en instituciones
estudiaban, discutían, elaboraban y publicaban sus cri­
terios. En el Departamenfo de Filosofía emprendimos
una labor muy tenaz y sistemática con el fin de for­
marnos sin exclusiones ni prejuicios, participar en las
investigaciones de los problem as concretos y tratar
de asumir el marxismo y trabajar con él. Ya en 1965
habíamos sustituido los manuales soviéticos por una
bibliografía variada y representativa del pensamiento
y los problemas. En la “Presentación” de Lecturas de
Filosofía, nuestro primer libro con ese tipo de textos,
publicado en enero de 1966, escribí:
El conjunto de problemas que la realidad le presen­
ta a una ciencia constituye su fe de vida, el trata­
miento de ellos es condición de su desarrollo. Una
divulgación sin problemas es mera declamación (...)
Los manuales existentes para nuestra disciplina son
re s u lta d o de una a p re c ia c ió n d e fo rm a d a y
teologizante del marxismo.
Meses después, en el II Encuentro Nacional de Pro­
fesores de Filosofía, el Departam ento identificaba el
desafio: “Tenemos que lograr que el marxismo lenínis-

34
ino se ponga a la altura de la revolución cubana”. Ya
estábamos discutiendo un contenido y estructura nue­
vos que debían sustituir al M aterialismo Dialéctico e
Histórico, que desde septiembre pusimos en práctica
en la Universidad: la Historia del Pensamiento Marxis-
la. Ella respondía a otra concepción del marxismo. Las
universidades de Oriente y Central de Las Villas tam­
bién la im partieron, y m uchos m iles de alum nos la
estudiaron basta 1971.
No me extenderé aquí acerca de nuestra actividad
en el campo teórico, en las polémicas de la época, las
investigaciones de realidades cubanas, la creación de
Edición Revolucionaria y el Instituto del Libro, y la
participación en otras tareas nacionales e internaciona­
les, aunque en realidad ese conjunto es casi desconoci­
do. Lo interesante para el tema que abordamos hoy es
que partimos de que era imprescindible pensar con ca­
beza propia, reivindicamos la libertad de cátedra y de
investigación dentro de la m ilitancia revolucionaria
—es decir, pensar por ser un militante, y no a pesar de
serlo , e hicimos publicaciones que se atenían a esas
reglas. La experiencia funcionó durante varios años, y
mi opinión es que su saldo fue positivo.
¿Por qué pudieron existir experiencias como esta?
En la segunda m itad de los sesenta la revolución se
profundizó en todas las direcciones que pudo. Con
una coyuntura política e ideológica internacional real­
mente favorable, trató de violentar aún más lo que se
consideraba posible en m ateria de organización esta­
tal y de economía, el crecimiento de la conciencia, las
transform aciones de las personas y de las relaciones
sociales y el esfuerzo intemacionalista. A mi juicio, fue
una decisión acertada, aunque se com etieron errores

35
— algunos de ellos realmente graves—-, com o ha suce­
dido históricam ente en todos los casos en que se ha
forzado la reproducción esperada de la vida social.
El poder y la sociedad se pusieron en tensión y
m archaron juntos, y hubo una v erd ad era fiebre de
investigaciones sociales; ellas y el pensam iento social
estuvieron a la altura del esfuerzo con su incesante la­
bor y su entusiasm o, y gozaron de un reconocim iento
social y político enorm e, que evidenciaba una com ­
prensión del papel crucial del conocim iento y la in­
tencionalidad para lograr los objetivos tan ambiciosos
q u e se t e n í a n . Sería muy conveniente que se elabora­
ra al menos una relación de la masa de investigaciones
realizadas — ofreciendo unos pocos datos básicos de
cada una— , no solo por sacarlas del injusto olvido en
que yacen, sino sobre todo para que pueda rescatarse
una gigantesca cantidad de asuntos, datos, análisis, dic­
tám enes, sugerencias, q u e serían sum am ente ú t i l e s
para los trabajos de conocim iento social actuales.
El apoyo oficial en unos casos, y, en otros, un e s­
pacio que permitía niveles sustanciales de autonomía,
fueron factores principales para aquel florecim iento
del pensam iento y las ciencias sociales. Pero también
quiero destacar, por su gran importancia, que coexis­
tían perspectivas y posiciones diferentes, que podían
enfrentarse o no, pero tenían espacio para trabajar. La
ausencia de una “ línea” de cum plim iento obligatorio
para el trabajo intelectual fue una condición básica de
su desarrollo. La casualidad hizo que el partido cuba­
no decidiera el cese de la publicación de su revista
oficial, Cuba Socialista, muy poco antes de la apari­
ción de la revista P ensam iento C ritic o , y algunos
comentaristas extranjeros confundidos dijeron que esta

36
venía a desem peñar e l papel de la anterior. N osotros
rechazam os esa creencia: no qu eríam o s, de ningún
mudo, ser considerados una revista oficial. Lo intere­
sante es que en Cuba, que yo sepa, a nadie se le ocurrió
esa idea.
Q uisiera referirm e brevem ente a esa revista m en­
sual de pensam iento social, cuyo colectivo de trabajo
me tocó dirigir. Pensam ie nto Crítico nació en el últi­
mo trim estre de 1966, como parte de la expansión de
actividades em prendida por el D epartam ento de Filo­
sofía desde fines de 1965; publicó cincuenta y tres
núm eros entre febrero de 1967 y el verano de 1971.
Para ahorrar tiem po aquí, Ies sugiero leer el ensayo
de N éstor K ohan, "P ensam iento C ritico y el d e b a te
por las ciencias sociales en el seno de la revolución
cubana”, que está siendo divulgado por la revista Cri­
terios. El autor ofrece cuantiosos datos y análisis pro­
fundos y muy acertados, a mi juicio, sobre la revista y
el conjunto del tema que su título anuncia. Com pleto
este tem a leyendo fragm entos de una valoración re­
ciente que hice de aquella publicación, en la entrevista
que me hizo Julio César Guanche para La Jiribilla , con
motivo del Premio Nacional de Ciencias Sociales.
Formábamos parte de la gran herejía que fue la Re­
volución cubana de los años sesenta ( ...) Una de
las ventajas de la revista fue la de deberse a la Re­
volución, pero sin convertirse en una oficina deter­
m inada de una instancia específica. Eso le daba la
posibilidad de expresarse como revolucionaria, pero
sin otra su je c ió n que la del compromiso libre y abier­
tam ente asum ido con la revolución. O pino hasta
hoy que sin esa condición el pensam iento revolu­
cionario no logra aportar, y no puede satisfacer, por
tanto, la necesidad inexorable de pensam iento que
tiene la política revolucionaria.
En A m érica Latina los com pañeros que luchaban y
los partidarios de cam bios revolucionarios veían a
la revista com o expresión m ilitante de la R evolu­
ción cubana y del internacionalism o. Esa percep­
ción era com partida po r los que conocían nuestra
publicación en las dem ás regiones del m undo, con
las consecuencias de cada caso.
La revista era polém ica, y m ás de una vez suma­
m ente polém ica. De no ser así, no hubiera valido la
pena.
( ...) Después de tantos años he entendido mejor el
significado de Pensam iento Crítico. Fue un hecho
intelectual protagonizado por jóvenes de la nueva
revolución, que tenía com o contenido los p roble­
mas principales de su tiempo, desde una m ilitancia
revolucionaria del trabajo intelectual. Combatió con
ideas, con la elección de sus temas y con la presen­
tación de hechos, problem as e interrogantes que las
estructuras de dom inación suelen ocultar o defor­
mar, sin tem or a la crítica de las ideas y del propio
m ovim iento al que entregábam os nuestras vidas,
en busca de la creación de un futuro de liberacio­
nes y bienandanzas. Pensó por ser m ilitante, no a
pesar de serlo, y fue una de las escuelas de ese ejer­
cicio indeclinable. C ontribuyó a la form ación de
num erosos revolucionarios y su práctica significó
un pequeño paso hacia adelante en la difícil cons­
trucción de una nueva cultura.
( ...) El pensam iento revolucionario carecía de de­
sarrollo suficiente para enfrentar estas novedades,
porque el m arxism o había sufrido dem asiado ( ...)

38
y otras ideas que tam bién eran revolucionarias re ­
sultaban insuficientes ante los retos de u nir nacio­
nalism os y luchas socialistas, civilización m oderna
con negación liberadora de la m odernidad, diversi­
dades culturales con unidad de proyectos. Sin em ­
bargo, entre to d o s los in volucrados conseguim os
hacer retroceder la colonización m ental. Y P ensa­
m iento Critico fue uno más entre los escenarios de
aquel com bate de ideas.
A lrededor de 1970 las lim itaciones del proceso re ­
volucionario se hicieron visibles. El plan de desarro­
llo económ ico so c ia lista acelerad o del p a ís se vio
constreñido a apelar a la m ayor capacidad de produc­
ción instalada que poseía y poner todo el esfuerzo en
la producción m asiva de azúcar para obtener recu r­
sos y nivelar el com ercio exterior, pero la gran zafra
no alcanzó los diez m illones de toneladas proyecta­
dos y el esfuerzo dislocó y agotó la economía nacio­
nal. Por otra parte, no hubo victorias revolucionarias
en A m érica Latina — y sí la dram ática pérdida de la
vida del Che en 1967— , ni espacio para alianzas con
países que fueran realm ente soberanos y autónom os
frente a los Estados Unidos. A tenazado por una co­
yuntura m uy desfavorable, y después de m aniobrar
dentro de la posición que había sostenido, el proceso
cubano inició cam bios profundos en num erosos as­
pectos, y su proyecto fue recortado.
En ese marco, el pensamiento social sufrió una su­
jeción a cam bios que provocaron la detención de su
desarrollo, y un gran empobrecim iento y dogmatiza-
ción. M is recuerdos del último año en que trabajé en
ese c a m p o , m ás p re c is a m e n te e n tre se p tie m b re

39
de 1970 y noviem bre de 1971, son los de una trage­
dia en la que las necesidades del Estado parecían más
decisivas que los criterios ideológicos o teóricos. Des­
pués de reuniones y discusiones entre rev o lu cio n a­
rios, que duraron meses, la dirección del país decidió
el cierre de la revista Pensam iento Crítico en agosto
de 1971, y el cese del D epartam ento de Filosofía en
noviem bre. Siem pre recordaré, entre otras dem ostra­
ciones de num erosos com pañeros, la actitud fraternal
de Jesús Montané, entonces secretario organizador del
PCC, y la form a en que el presidente Dorticós cum ­
plió su papel en aquel proceso. A tuve mi conducta
durante aquel último año a lo que consideré mi deber,
asumí las consecuencias de mis actos y nunca me he
arrepentido de lo que hice.
Después he intentado valorar algunas veces cómo
pudo perderse tanto en ese campo. Para explicar los
cam bios iniciales, un factor, sin duda, fue el insufi­
ciente desarrollo en el tiem po de aquella actividad,
tan fru ctífera com o novedosa en nuestro país, que
estaba lejos de sedimentarse y tornarse algo natural, y
carecía de norm as que la protegieran. O tro tactor, a
mi juicio, principal, fue la percepción de la necesidad
de conservar a todo trance la unidad política en una
situación difícil, ante la posibilidad de divergencias,
entre revolucionarios, por ideas radicales que form a­
ban parte del acervo de la propia revolución. Recuer­
do a un dirigente de sólida form ación intelectual e
ideas muy avanzadas que dijo de nuestro caso: “Ha­
bía que cortar por lo sano, y eso siem pre significa
cortar una parte sana” . Otro factor de las decisiones
puede haber sido que no se creyó estar cediendo en
un terreno vital, mientras se conservaba el control de

40
otros que obviam ente sí lo eran. En esto pueden ha­
berse reunido el erro r de cálculo ante la coyuntura
con la incom prensión de que el pen sam ien to social
ha sido sujetado y han dism inuido sus funciones críti­
cas durante el desarrollo del capitalism o en el siglo xx;
ha vuelto, incluso, frágil y poco eficaz. Los poderes
socialistas están obligados a no asum ir ese rasgo cul­
tural del capitalism o que — como tantos otros— trata
de introducirse en el curso de las m odernizaciones de
sus países; por el contrario, deben combatirlo abierta­
m ente.
Por último, no fue posible evitar — por la combina­
ción de las m edidas tom adas con el quebranto de las
funciones y rasgos que había tenido el pensam iento
social— la emergencia de una forma autoritaria de es­
pecial virulencia, el dogm atism o. Aunque asociado al
sectarismo en los prim eros tiempos del proceso revo­
lucionario, el dogm atism o dem ostró ser capaz de so­
brevivir a la bancarrota de aquella política, volverse
importante como m edio de control social en la segun­
da etapa del proceso y coexistir hasta el día de hoy con
otros modos de comportamiento social. Sería muy po­
sitivo que su análisis formara parte de las investigacio­
nes sociales actuales, que encontráramos las causas de
su pervivencia y su pertinacia, a qué fenómenos y as­
pectos de la vida social responde, para combatirlo m e­
jor. Sintetizo aquí diez rasgos suyos, por si puede ayudar
para nuestras tareas actuales:

1) La pretensión de poseer todas las preguntas per­


mitidas y todas las respuestas infalibles, que tie­
ne un fundam ento extraintelectual y es funesta
para la política revolucionaria.

41
2) Servir de fundam ento a la legitim ación de lo exis­
tente y la obediencia a su orden, con lo que se
fom enta el inm ovilism o y actitudes individuales
p erjudiciales.
3) Privar de capacidad para enfrentar los p ro b le ­
mas, y m ás aún para buscar sus fundam entos y
sus raíces y plantearlos bien.
4) Ser inútil, entonces, dentro del m undo del pen­
samiento, pero crear confusión o resignación con
su soberbia y su capacidad de neutralizar o ata­
car lo que es útil.
5) Ser ajeno y opuesto a la actitud y el contenido
del pensam iento revolucionario, y, sin em bar­
go, erigirse en su supuesto defensor y represen­
tante.
6) Atribuir corrección o m aldad a todo pensam ien­
to. F ijar posiciones incuestionables respecto a
lo que existe, lo que se debe comunicar, investi­
gar, debatir o estudiar, y orientar las opiniones
generales que deben sostenerse en la política, la
econom ía, la educación, la divulgación, la his­
toria y la apreciación de las artes.
7) Sustituir los exámenes, los debates y los juicios
sobre las m aterias que considera sensibles po r
la atribución a rbitraria y tija de denominaciones
y valoraciones sobre ellas, o de lugares com u­
nes que las dejan fuera del campo del conoci­
m iento.
8) Satanizar y tratar de prohibir el conocimiento o
la simple información de todo lo que considere
perjudicial o maligno, que suele ser todo lo que
no califique de bueno. Esto se complementa con
la acusación a compañeros de estar influidos o

42
“ desviados” por aquellas posiciones considera­
das perversas y erróneas, im putación que puede
ser abierta o tortuosa, com o cuando se les “re­
conoce” que quizás no se desvían intencional­
m ente, p ero se desvían.
9) Conspirar, por consiguiente, contra la ampliación
y profundización del socialism o, y favorecer la
permanencia de las relaciones sociales y la moral
de la sociedad que queremos abolir y superar.
10) D esarm am os frente a las reform ulaciones de la
hegem onía cultural del capitalism o, a la cual ig­
nora o desprecia, y fom entar situaciones y con­
ductas esquizofrénicas, en las que se abom ina
el capitalism o y se consum en sus productos es­
pirituales.

Lo cierto es que el em pobrecim iento y la dogm a-


tizació n del p en sam ien to social se ag rav aro n y se
co n solidaron en el curso de aquella década de los
setenta, y los cambios positivos en el campo cultural
y la fundación del M inisterio de C ultura no cam bia­
ron su situación. El prim er golpe real que recibieron
fue el inicio del Proceso de Rectificación de Errores y
Tendencias Negativas en 1986. A pesar de la rica his­
toria de avances de los últim os veinte años, que en
algunos aspectos es notable, y de que una parte de
aquellos rasgos negativos desapareció, otra parte per­
m anece y se ha vuelto crónica, m ucho después de
desaparecida la situación que la creó. Ha faltado un
proceso amplio de análisis crítico de lo que sucedió,
que tuviera como único objetivo la form ación a tra­
vés de la inform ación y del debate, para que todos se
beneficiaran de nuestra experiencia cubana y se volvie­

43
ran más capaces de enfrentar los nuevos retos que es­
tos veinte años nos han deparado. Creo que este es un
factor importante entre los que llevan a algunos hoy a
la idea errónea de convertir los hechos y situaciones
de inicios de los años setenta en un ejemplo agudo de
una característica inherente al socialism o, lo que lle­
varía, consecuentem ente, a descalificarlo como siste­
ma y como aspiración de la sociedad.
En mi opinión, ha sido muy positiva la reciente
condena pública de los dolorosos episodios de cace­
rías de brujas o las prácticas infames en el trato entre
com pañeros, y tendrem os que insistir en ella y sacar
provecho de la lección de que lo sano es ventilarlos
de ese m odo y no dejar que el m al se pudra en lo
oscuro y nos pudra lo hermoso. El joven Carlos Marx
escribió, con razón, que la vergüenza es un sentimiento
revolucionario. También será fructífero, y sin duda
trascen d en te, que nos apoderem os de toda nuestra
historia, que investiguem os sus logros, sus errores y
sus insuficiencias, sus aciertos y sus caídas, sus gran­
dezas y sus m ezquindades, y convirtam os el conjun­
to en una fuerza más para enfrentar los problem as
actuales de !a revolución y la transición socialista, y
para reform ular y hacer más am bicioso nuestro pro­
yecto de liberación.
El pensam iento social cubano es uno de los temas
que me ha llenado de labores y afanes a lo largo de
toda mi vida de adulto. Termino con unos pocos co­
mentarios muy generales acerca de sus problemas
actuales, con el fin de que contribuyan en algo a lo
que es para todos nosotros prioritario: el presente y el
futuro de Cuba.
Sin dudas, nuestro país venció a la tremenda crisis
de la primera mitad de los años noventa. Pero, ¿cómo

44
salió?, ¿qué secuelas le quedaron?. ¿en qué m edida y
en qué form as ellas pueden afectar su rumbo actua l?,
¿qué nuevas dificultades se levantan?, ¿cóm o identi­
ficar los problemas de fondo, y cómo enfrentarlos efi­
cazm ente? La m ovilización de recursos hum anos y
materiales para acciones sistem áticas dirigidas contra
las desigualdades que se crearon y a favor de aumen­
tar las oportunidades de los grupos sociales más afec­
tados es fundamental para la reconstrucción y defensa
del socialismo como línea rectora del esfuerzo social.
También lo son las medidas que permitan que el polo
socialista sea el m ás fuerte. Pero es im prescindible
congeniar esa m ovilización y esas m edidas con las
necesidades y las expectativas de una población que
ha m ultiplicado sus capacidades. Y eso deberá pasar
por com plejos procesos que de manera organizada y
hasta algún punto planeada desarrollen la conciencia,
la creación nacional de riquezas y el buen gobierno.
Por sí lo anterior fuera poco, todo debe conseguirse
en medio de una pugna de vida o muerte con el ca­
pitalism o, que va desde la sistem ática agresión d el
imperialismo hasta la siem pre renovada persistencia
de rasgos del capitalism o entre nosotros, y dentro de
cada uno. El capitalism o conduce una form idable
guerra cultural m undial, en la que pretende triunfar
desde la vida cotidiana y los procesos civilizato r i os,
y a través de un gran m ovim iento de privatización
ideal y m aterial. Con armas anticuadas no se puede
combatir en esta guerra, y mucho menos con las que
nunca sirvieron.
Si algo es seguro para el pensamiento y las ciencias
sociales cubanas es que la sociedad los necesita para
que la ayuden a enfrentar sus problemas centrales y

45
mantener y formular mejor su proyecto. Pero ni las con­
diciones en que estas disciplinas trabajan hoy, ni ellas
mismas, tienen suficiente desarrollo frente a los retos
del presente y del futuro que alcanzam os a entrever.
V arios rasgos negativos del m undo espiritual actual
pesan sobre ellas. El apoliticismo y la conservatización
de ideas y sentimientos no es nada desdeñable. Afecta
la perspectiva, el contenido y la autovaloración del tra­
bajo de pensamiento y científico social, pero también
al tratamiento y la orientación que se le da por parte de
órganos de la sociedad. Las influencias externas tam ­
bién suelen proponer paradigm as y asuntos ajenos a
nuestras necesidades.
Q uiero rep e tir que contam os con una m asa m uy
num erosa de profesionales capacitados y concientes,
y de trabajos investigativos que tienen real calidad,
que contamos con instituciones de investigación y de
docencia. Pero tenem os un déficit notable en cuanto
a form ación teórica, urge superar el m edio teórico
existente y, sin embargo, carecem os de inform ación
al día al alcance de los interesados — también en cuan­
to a las ciencias sociales— , y en muchos planteles se
sigue enseñando a los adolescentes y jóvenes versio­
nes inaceptables del marxismo. Si no se priorizan los
problem as principales del país com o tem as principa­
les de las in v estig acio n es sociales, se d añ arán las
relaciones de nuestro campo con necesidades del país,
tanto en identificar, plantear bien y ayudar a solucio­
nar problemas como en temas culturales e ideológicos
muy importantes. Son muy perjudiciales los límites que
se ponen a los investigadores y al conocimiento de los
resultados de investigación. Llega a ser habitual para
muchos limitarse —o limitar a otros— en unos campos

46
en los cuales para ser militante hay que ser inquisitivo,
crítico, audaz, honesto y no temer equivocarse.
Insisto en que el trabajo intelectual en disciplinas
sociales en una sociedad de transición socialista está
obligado a ser m uy superior a las condiciones de exis-
tencia vigentes, no sirve de mucho si solo se “ corres­
ponde" con ellas. Y el consum o de los productos que
una sociedad cultísima elabora acerca de sí misma no
puede ser dosificado u ocultado, como si las mayorías
no fueran capaces de hacer buen uso de ellos, como si
n o tuvieran la e x tra o rd in aria cultura política de los
cubanos, que es la m a y o r riqueza h u m a n a con que
contamos. En una sociedad com o la nuestra, que ha
hecho una apu esta tan colosal hacia el futuro y ha
logrado sobrevivir, resistir y avanzar tanto, no pode­
mos repetir la división entre las élites y la m ayoría de
la p ob lació n en la p ro d u c ció n y el co n s u m o de los
productos intelectuales y culturales valiosos. Esa es
una característica del capitalismo, aun en sus formas
dem ocráticas; n o so tro s estam os ob lig ado s a trabajar
p o r eliminarla.
Opino que hoy estamos en una coyuntura muy po-
sitiva para que se produzcan recuperaciones y avances
en el pensamiento y las ciencias sociales cubanas, que
h o y están reu niéndo se la conciencia, la necesidad y
la voluntad. C om o en todos los m om entos cruciales
d e las sociedades, los intelectuales — com o dijo una
vez Raúl Roa— , por estar dotados para ver m ás lejos
\ más hondo que los demás, están obligados a hacer
política. Y en este caso hacer política es hacer pensa­
m ien to y c ie n c ia s so c ia le s con c a lid a d , libertad y
militancia socialista. Soy optim ista respecto a n ues­
tras posibilidades actuales y al futuro inmediato, pero

47
no m e refiero a un logro conseguido, sino a una lucha
y un p rop ósito que p u ede unirnos m ejo r a los c u b a ­
nos en nuestra diversidad, darnos m ás fuerzas que las
p a lp a b le s y c o n stitu ir la m e jo r defensa del s o cialis­
mo, que es profundizarlo.
¿Cómo podrán el pensamiento y las ciencias sociales
cubanas trabajar eficazmente y a favor de la alternativa
socialista? La pregun ta n o s asom a a un tem a crucial,
que requerirá grandes esfuerzos y debates. Se-guramente
tendrán que avanzar m ucho para lograrlo. Pero es indis­
pensable tam bién que sean reconocidas y apoyadas en
su autonomía militante, que se tenga por buena su espe­
cificidad y su ejercicio irrestricto del criterio, que no sean
un adorno ni u na actividad permitida. Y aunque siem ­
pre dependerá de sus labores y sus aciertos el contenido
de su éxito, este será posible sobre todo en la medida en
que triunfe la alternativa de liberación, la de la solidari­
dad hum ana, socialista e intemacionalista, no la del in­
dividualismo, el egoísmo, el afán de lucro, la soberbia y
el poder de unos pocos. Es decir, que triunfe el socialis­
mo sobre el capitalismo, y también que triunfe el socia­
lismo dentro de la transición socialista.

M u c h a s gracias.

48
EL PODER DEBE ESTAR SIEMPRE
AL SERVICIO DEL PROYECTO 3

Sin salir aún de su p r im era ju ven tu d , F ernando M ar­


tínez H eredia estuvo en el centro de dos de los em p e­
ños m ás im p o rta n te s en el á m b ito d e l p e n s a m ie n to
socia l de la década del sesenta en Cuba: fue director,
entre 1966 y 1969, del D ep a rta m en to de F ilosofía de
la U n iversid a d d e La H abana y fundó y dirigió, a lo
largo de sus 53 núm eros, la revista Pensam iento Crítico
, d esd e su creación en 1967 h a sta 1971,
E sa ju v e n tu d ha sido de una te rq u e d a d ejem plar:
las id ea s q ue esta b an en la base de a q u ello s e m p e ­
ños han sido la inspiración de M artínez Heredia has­
ta hoy, m om ento en que se le ha conferido el Prem io
N a cio n a l d e C ien cia s Sociales, p o r sus a p o rtes a la
historia, la p o lito lo g ía y el p en sa m ie n to revoluciona­
r i o en C u b a .

E ntrev¡sta de Julio César G uac h e a Fernando Martínez Heredia, a


propósito de haberle sido entregado el Premio Nacional de Ciencias
Sociales. Apareció publicada en L a J ir ib illa de P a p e l n. 66, La Ha­
bana, febrero de 2007, pp. 16-18.

40
La existencia de tales empeños demuestra cómo es
posible conseguir aún que la tenacidad y la lucidez
devengan sinónimos. Leída treinta años después, la
obra contenida en aquellos proyectos continúa ex­
presando lo que entonces: un cuerpo de pensamiento
revolucionario que, colocado en la sede de la belige­
rancia critica con las ideas y las prácticas propias de
la reflexión marxista. dista de la anacronía y se pro­
yecta como un legado hacia el presente.
D e hecho, la perspectiva descolonizadora y lati­
noamericana, que se hizo entonces abiertamente hostil
hacia el “doctrinalismo marxista ” proveniente de la
URSS, enfoque que recorre p o r com pleto esa obra,
conserva mucho de su pertinencia en varios p lanos
del presente y del futuro cubano y latinoamericano.
La entrevista que sigue es un agitado recorrido p o r
la biografía personal e intelectual, si acaso no es lo
mismo, del autor de El corrimiento hacia el rojo.
Fernando, como siempre, se alejó de los ditirambos,
y se ocupó en plantear problemas. Asegura que es la
única fo rm a en que puede recibirse un prem io que
celebra el pensam iento revolucionario.
¿Cóm o definiría usted el estado del pensam iento
social en Cuba a l momento de la creación del Depar­
tamento de Filosofía y, luego, de la revista Pensamien­
to Crítico?
En esos años se estaba produciendo una nueva pro-
fundización de la revolución en Cuba. Desde 1953,
como escribió el Che en 1967, ella había nacido como
“un asalto contra las oligarquías y contra los dogmas
revolucionarios”. El pensam iento cubano en los pri­
m eros cincuenta no ponía en riesgo al sistema de domi-

50
nación. En la izquierda predom inaba una m ezcla de
dogmatismo y reformismo que se creía, sin embargo,
vocera de un futuro hipotético. En términos generales
el pensam iento cubano era hegem onizado por el or­
den posrevolucionario que siguió a las jo rnadas de
los años treinta, con sus avances, sus m iserias y su
sujeción esencial al capitalismo neocolonial.
A quel pensam iento, sin em bargo, tuvo una gran
importancia, por sus contenidos y por sus formas de
expresarse. Relacionaba nociones avanzadas de demo­
cracia con la ju sticia social, su nacionalism o estaba
marcado por una fuerte frustración respecto a los pro­
yectos revolucionarios de 1895 y 1930, utilizaba espa­
cios nada desdeñables de libertad de expresión y de ^
cátedra, m anejaba las corrientes internacionales con­
temporáneas y, en su conjunto, proveía de gran rique­
za al mundo espiritual de buena parte de los cubanos.
La Revolución lo conm ovió todo. El pensam iento
social tam bién experim entó los efectos de aquel hu­
racán y trató de estar a su altura, o al menos de servir
al proceso. En esa com pleja situación, muchas perso­
nas pertenecientes a sus diversas corrientes se hicie­
ron m ilitantes de la revolución, pero ninguna de esas
corrientes podía proveer el nuevo pensam iento que
necesitaba la nueva época. El m arxism o se convirtió
en la ideología teorizada principal de la Revolución
desde 1961, pero no había unidad de criterios respec­
to a qué era el marxismo, cómo se relacionaba con las
realidades y los proyectos, qué funciones tendría. Lo
más grave era que el m arxism o predom inante en el
mundo en los años cuarenta-cincuenta era una reduc­
ción a un cuerpo de dogm as en nom bre del m arxis­
mo, una ideología de obedecer, legitim ar y clasificar,

51
hija de la d e s tru c ció n de la revolu ció n b o lch ev iq u e
en la URSS. Era incapaz de servir a las necesidades
de C u b a en re v o lu c ió n , p e ro po seía u na in flu en c ia
notable, que se multiplicó con las relaciones estable­
cidas con la URSS, vitales para nuestro país. Las po­
lémicas y las pugnas dentro del cam po revolucionario
entre 1959 y 1965 dan cuenta de la inmensa vitalidad
y las n ecesidades del proceso, y tam bién de la exis­
tencia de más de una posición respecto a característi­
cas fundam entales de la sociedad a crear.
Los jóvenes marxistas de aquellos años leíamos sin
parar, pero no solo a Marx, Engels, Lenin y otros líde­
res y autores m arxistas. Leíamos tam bién a Enrique
José Varona, F ernando Ortiz, Jorge M añach. Carlos
Loveira, al pensam iento y la cultura cubanos, porque
si bien nos identificábamos como marxistas, teníamos
una fuerte conciencia de ser marxistas cubanos. Y lo
central: nos era im p rescin d ib le e n c o n tra r tanto una
formulación teórica que respaldara nuestra ideología,
com o una ideología estructurada capaz de participar
en la creación de una nueva cultura, no solo opuesta
sino también diferente a la del capitalismo.
En 1966, afirmé que el '‘m arxism o -len inism o ’' d e ­
bía colocarse a la altura de la Revolución cubana. Con
ello no recurría a una b o u ta d e , solam ente expresaba
una angustia. Debíamos lograr que el pensamiento va­
lioso acumulado nos sirviera para una revolución que
era intemacionalista, comunista, igualitarista, antimpe-
rialista, y p or to d o ello, ex trem ad am en te ambiciosa.
D ebíam os desarrollar el pensam iento revolucionario,
sin olvidar que la actividad intelectual tiene sus reglas
y sus problem as y acum ulaciones propios, que no es

52
una “ form a” de un “ co n ten id o ” que sería la “ esen­
cia” de lo social. En pocos pero m uy intensos años
habíam os arrib ad o a una convicción: la revolución
enseña que es preciso actuar sin esperar a tener con­
diciones “ o b jetiv a s” , pero esa a c tu a c ió n no pu ed e
enam orarse de sí m ism a hasta el punto de convertir­
se en antintelectual. Y durante la transición socialis­
ta, los com unistas están obligados a pensar, y pensar
muy bien y con una profunda libertad de pensam ien­
to, precisam ente para ser útiles en tareas regidas por
la in te n c io n a lid a d y p o r la n e c esid ad de ser m uy
creativos, y de que cada vez m ás gente consciente
sea la protagonista.
Esas ideas predom inaron pronto en el Departamento
de Filosofía de la Universidad de La Habana, que ocu­
pó la casa de calle K, número 507, en El Vedado, y le
dieron esp ecificid ad a n uestra actuación y nuestro
camino. El italiano Saverio Tuttino escribió acerca del
D epartam ento, en el sem anario cultural com unista
Rinascita: “muy cerca de los viejos muros de la U ni­
versidad, pero convenientem ente fuera de e llo s ...” .
Para profundizar el pensamiento revolucionario era
necesario abandonar el marxismo soviético, que no solo
no se correspondía con las necesidades cubanas, sino
que resultaba muy perjudicial. Al mismo tiempo, afir­
mábamos que la tarea del intelectual no era repetir, es­
candalizar ni adornar, sino cum plir con los deberes
específicos de la actividad intelectual, siempre atrave­
sada por la política. Nuestros empeños de aquella épo­
ca deben c o m p re n d erse com o p a rte de esa
profundización revolucionaria, y no como el resultado
de una genialidad personal o de grupo.

53
Entonces, ¿cóm o p en sa ro n a C uba desde esa posi­
ción in telectu a l y desde tales espacios políticos?
Com o investigadores, profesores y editores, estába­
m os abocados al estudio de toda la com plejidad que
pudiésemos alcanzar, tanto en relación con Cuba como
respecto a los problemas internacionales. Por cierto, esa
era una actitud corriente en la época. Por ello, investi­
gábamos los problem as concretos mas disímiles de la
realidad cubana, pero a la vez discutíamos y pensába­
mos qué era la revolución misma, cuáles sus valores y
su proyecto, sus fuerzas y sus insuficiencias, las rela­
ciones entre la historia y el destino de Cuba. También
v iv ía m o s in te n sa m e n te los sucesos y las luchas de
América Latina, e intentábamos reflexionar sobre todo
acerca de la revolución en nuestro continente y en el
m undo. Nos era imprescindible com prender al capita­
lismo de los años sesenta, sus rasgos nuevos y su con­
tinuidad, y las formas de protesta que surgían en países
desarrollados. Nos era preciso conocer la verdad acer­
ca de los procesos soviéticos, desde la Revolución bol­
chevique hasta nuestros días — incluidos los países de
su campo europeo que en variada medida se relaciona­
ban con C uba— , de la Revolución china y de China
Popular, de Viet Nam y de Corea. C onocer el pensa­
m iento m arxista y el revolucionario en general, y el
pensam iento opuesto.
C o m o ves, en esos años no era p osible p en sa r a
C uba sin pensar al m undo, sin pensar sus conflictos
fu n d a m e n tales.
Así fue en el Departam ento de Filosofía, que tenía
una gam a enorm e de actividades, no solo de d o ce n ­
cia, y esto se expresó también en sus publicaciones.

54
Pensamiento Crítico m ultiplicó b ruscam ente nuestras
capacidades de com unicación y por eso tuvo un a im ­
portancia estratégica p ara nosotros. Todos los tem as
que traté de re la cio nar en el p árrafo anterior fueron
atendidos en la revista. Si bien el peso del análisis de
los p r o b l e m a s r e v o lu c i o n a r i o s in te r n a c io n a le s fue
enorme, C u b a estuvo siem pre en Pensam iento Críti­
co , en su propio proceso y en sus im plicaciones con
el m u nd o de entonces.
Creo que la apertura a los problemas y las ideas del
mundo desde u na pequeña isla en m edio de u na gran
revolución constituyó un logro real para el pensam ien­
to m arxista cubano. El m arxism o regido por la ideo­
logía soviética o por su influencia estaba, en realidad,
lejos de un enfoque m u ndial intem acionalista, preso
en las redes de la razón de Estado y en las contingen­
cias de la geopolítica.
¿Q ué p o sició n representaban el D epartam ento y
la revista al interior de la ideología revolucionaria?
F o rm á b a m o s p a rte de la gra n h e re jía que fue la
Revolución cubana de los años sesenta, desde las ta ­
reas del D e p a rta m e n to de F ilo so fía y en iniciativas
como El Caimán Barbudo (prim era época). N a tu ra l­
mente, tam bién desde Pensamiento Crítico.
En los sesenta, las relaciones de las revistas de p en­
samiento con las estructuras políticas eran m u y dife­
rentes a los controles que se establecieron al inicio de
los años setenta, y a la evolución y las permanencias
registradas hasta hoy. Pensamiento Crítico no preten­
día ser vocero oficial del Estado o de la Revolución,
sino una revista, y una revista revolucionaria; por tanto,
no existía el problem a de si era o no oficial. Tuvimos

55
que aclarar a más de un visitante que ella no había sus­
tituido a la revista Cuba Socialista (1962-1966), pero
nunca hubo que aclararlo a los cubanos. La cuestión es
de importancia crucial para entender el orden de rela­
ciones que se establecen entre el poder político y los
intelectuales que son militantes de ese propio poder
político. Una de las ventajas de la revista fue la de de­
berse a la Revolución, pero sin convertirse en una ofi­
cina determinada de una instancia específica. Eso le
daba la posibilidad de expresarse como revoluciona­
ria, pero sin otra sujeción que la del compromiso libre
y abiertamente asumido con la revolución. Opino has­
ta hoy que sin esa condición el pensamiento revolucio­
nario no logra aportar, y no puede satisfacer, por tanto,
la necesidad inexorable de pensamiento que tiene la
política revolucionaria.
En América Latina los compañeros que luchaban y
los partidarios de cambios revolucionarios veían a la
rev ista com o expresión m ilitante de la R ev o lu ció n
cubana y del internacionalism o. Esa percepción era
compartida por los que conocían nuestra publicación
en las demás regiones del mundo, con las consecuen­
cias de cada caso.
La revista era polémica, y más de una vez sum a­
mente polémica. De no ser así, no hubiera valido la
pena.
¿C uál considera que sea el legado de la revista?
Después de tantos años he entendido mejor el signi­
ficado de P ensam iento Crítico. Fue un hecho intelec­
tual protagonizado por jóvenes de la nueva revolución,
que tenía como contenido los problem as principales
de su tiempo, desde una militancia revolucionaria del

56
trabajo intelectual. Combatió con ideas, con la elec­
ción de sus temas y con la presentación de hechos,
problemas e interrogantes que las estructuras de do­
m inación suelen ocultar o deformar, sin tem or a la
crítica de las ideas y del propio m ovim iento al que
entregábamos nuestras vidas, en busca de la creación
de un futuro de liberaciones y bienandanzas. Pensó
por ser militante, no a pesar de serlo, y fue una de las
escuelas de ese ejercicio indeclinable. C ontribuyó a
la formación de numerosos revolucionarios y su prác­
tica significó un pequeño paso hacia adelante en la
difícil construcción de una nueva cultura.
Creo que Pensam iento Crítico hizo reales contribu­
ciones al pensam iento y las ciencias sociales c u b a­
nos, en varias direcciones y sentidos, pero me parece
mejor que sean otros los que entren a valorarlas.
La revista fue hija de su tiempo, como todo hecho
o proceso social. “ Los sesenta” fueron — aunque no
solam ente eso— la seg und a ola de revoluciones en
el m u n d o del siglo xx. A d iferen cia de la p rim era
ola, que sucedió sobre todo en Europa a partir de la
Revolución bolchevique, el protagonista de la segun­
da fue el llam ado Tercer M un do ; sus re v olu cio nes
de liberación nacional, sus socialismos y sus exigen­
cias de d e sa rro llo co m b a tie ro n o c h o c a ro n con el
sistem a del Prim er M u nd o — el im p erialism o — , o
trataron de apartarse de él. También tocaron muy duro
a las puertas del “ Segundo M u n d o ” , de las socieda­
des que se co nsideraban socialistas. En los propios
países desarro llad o s hubo n u m ero sos m o v im ien to s
de p ro testa y p ro p u e s ta s a lte rn ativ a s de vida, que
tuvieron trascendencia.

57
El pensam iento revolucionario carecía de desarro­
llo suficiente para enfrentar estas novedades, porque
el marxismo había sufrido demasiado en la etapa trans­
currida entre una y otra ola, y otras ideas que también
eran revolucionarias resultaban insuficientes ante los
retos de unir nacionalismos y luchas socialistas, civi­
lización moderna con negación liberadora de la m o­
dernidad, d iv e rsid a d e s cu ltu rales con unidad de
proyectos. Sin embargo, entre todos los involucrados
conseguim os hacer retroceder la colonización men­
tal. Y Pensamiento Critico fue uno más entre los es­
cenarios de aquel combate de ideas.
El pensam iento de los sesenta logró hacer aportes
extraordinarios. Urgido por las prácticas y por la po­
tencia desatada de los ideales, abrió nuevos cam pos,
propuso cam biar el m undo y la vida, recuperó las m e­
jo re s ideas rev o lu cio n arias anteriores y se dedicó a
los tem as fundam entales de su tiem po. D esgraciada­
mente, las tres décadas de ofensiva del sistema — con­
se rv a d o ra en los p a íses d e sarro llad o s, y rep resiv a
prim ero y "d em o crática” después en A m érica L ati­
na— han logrado hacer retroceder las ideas y silenciar
u ocultar los hechos y el pensam iento de la segunda
ola re v o lu c io n a ria . Hay que rec u p e rar o tra vez la
m em oria de experiencias y de ideas, hay que ejercer
la crítica revolucionaria y, sobre todo, hay que crear.
Tendrá que ser de otro modo, no solo ante otros pro­
blemas, pero habrá tam bién una continuidad.
Cuando le fu e conferido el Premio Nacional de Cien­
cias Sociales se subrayó su labor de investigación en
e l cam po del p e n sa m ien to m arxista. Sin em bargo,
usted no es un intelectual de los que han coordinado

58
una cá ted ra de in ve stig a c ió n d u ra n te toda su e x is ­
tencia. ¿Q ué es p a r a u sted ser m arxista hoy?
Para m í, ser m arxista ha sido una aventura intelec­
tual que com encé en ios albores de mi vida adulta. En
el orden personal, prim ero fui revolucionario y luego
me hice m arxista. Ese orden no m e parece indispen­
sable, pero a mí me ayudó mucho. D espués he estado
en muy diferentes relaciones form ales con e l m arxis­
mo, pero siem pre lo he utilizado y m antengo relacio­
nes m uy estrechas con él.
Ser m arxista hoy exige algunas cualidades p e rso ­
nales. El final indecente de los regim enes europeos
que se llam aban socialistas perjudicó en extrem o el
prestigio del socialismo, y por tanto al m arxismo como
ideología y com o co n cep ció n teórica. Pero este ya
había sufrido falseam ientos y deform aciones terribles,
y estaba siendo som etido al abandono. La victoria
ideológica del capitalism o incluyó la negación de todo
paradigm a, y vulgarizaciones que pretendían expul­
sar al m arxism o del campo intelectual. Los “cam bios”
de que tanto se alardeaba hace quince años exigían
no m encionar al m arx ism o — ni al socialism o o el
im perialism o— , ni al desarrollo de los países o a la
justicia social. En consecuencia, recuperar es un acto
central para el m arxista de hoy. Lo decisivo en este
m om ento son los ideales opuestos al capitalism o, a
todas las dominaciones y a la depredación del medio,
y a partir de ellos reapoderarse de la obra colosal de
M arx y de la h istoria del m arxism o, de los aportes
maravillosos que ella contiene y de sus errores e insu­
ficiencias. Y con esa form idable acum ulación cultu­
ral trabajar intelectualm ente y hacer política, que es

59
para lo que sirven las buenas teorías sociales, y tratar
de que el m arxism o participe en la formación ética y
en la inspiración de las conductas.
Hoy existen variables favorables para este difícil
trabajo. Ante todo, la naturaleza actual del capitalis­
mo, parasitaria y excluyente, que está liquidando sus
propias instituciones de la com petencia, el neocolo-
nialism o, su dem ocracia; ha dejado en la m iseria a
gran parte de la población del mundo y arremete con­
tra el m edio diariam ente. La debilidad actual de su
pensam iento social, que abandonó la idea de progre­
so y la gran promesa que contenía, rechaza los “gran­
des re la to s” y apela al m ás g ro sero determ inism o
económico. Por otra parte, existe un potencial inmen­
so de rebeldía; cientos de m illones de personas p o ­
seen una conciencia social opuesta a aspectos de las
dom inaciones, creada a lo largo del siglo xx, y una
pane de ellos identifica al sistema vigente como culpa­
ble de los males del mundo. Las olas revolucionarias
anteriores no contaron con esa acumulación cultural.
En A m érica Latina, el continente que alberga más
contradicciones, se está levantando una conjunción
de fuerzas a favor del bienestar de sus pueblos y del
rescate de los recursos y la soberanía de los países,
que es contraria al im perialism o norteam ericano. La
idea del socialismo ha regresado, y se plantea y deba­
te cómo debe ser en este siglo xxi.
El m arxism o necesita una recuperación profunda­
mente crítica, que cierre el paso a la vuelta del dog­
matismo y a la del reformismo, y más que dar buenas
respuestas ante los nuevos problemas, necesidades y
actores, debe hacer buenos análisis y form ular pre­
guntas nuevas. Como siempre, debe montar en la ca-

60
ballería, como reclamaba Martí a los intelectuales, sin
perder nunca su esencia intelectual. Cuenta con una
enorme acum ulación que le p erm itiría avanzar con
m ucha fuerza, pero hoy es todavía bastante débil.
Fernando, u sted es uno de los especialistas más
importantes a nivel internacional en la obra de Ernesto
Che Guevara, A cuarenta años de la muerte del
ntelectual guerrillero, ¿qué hay y qué debería haber
en nuestros días de su imagen y de su pensamiento?
Ciertamente, hay mucho más que hace veinte años.
EI Che estuvo siempre en los ideales comunistas y el
trabajo abnegado de m uchos cubanos, en el gueva-
rismo de tantos com batientes revolucionarios latinoa­
mericanos, en el internacionalismo de los cubanos que
lucharon, trabajaron o dieron la vida en num erosos
países. Pero en los años setenta y gran parte de los
ochenta el Che sufrió relegación y olvido. Fidel recla­
mó su vuelta en el vigésim o aniversario, como parte
del Proceso de Rectificación de Errores, y el deslin­
de trem endo que fue necesario frente al final de los
regím enes llam ados so c ia lista s n ecesitó m ucho al
Che. Para el trigésim o aniversario su imagen estaba
en todas partes, y se multiplicó la aceptación del valor
de su ejem plo y el significado de su posición. Ese
fue otro gran aporte del Che: dar valores y esperan­
za en una etapa en que había tanto derrotism o y des­
ilu sió n . Pero su p e n s a m ie n to , que h a b ía sid o
abandonado, está distante todavía de ser de m anejo
general. Hoy es imprescindible que tengamos al Che
co m p leto , y so b re todo su p en sam ien to , que sea
moneda común, que form e parte de la cultura, por­
que hace mucha falta.

61
L a obra del C he es u n a herencia yacente. El Che
significa la rebeldía frente al m undo del capitalismo.
N o es la suya u na rebeldía apenas herm osa, incluso
brillante, pero sin m ayor objeto. Es una rebeldía cons­
ciente, organizada, dirigida a destruir la sociedad de
dom inación y encam inada a construir la liberación, a
que la gente se vuelva capaz de cambiarse a sí m isma
y al m u n d o , y llegue a dirigir el p ro c eso , y que el
proyecto sea tan am bicioso que resulte viable.
La rebeldía consciente del Che es com unista. Por
tanto, resulta opuesta a las experiencias que en n o m ­
bre del socialism o liquidaron las revoluciones y fu e­
ron formas de dominación de grupos. N adie asocia al
C he al pasado del socialismo, sino a su futuro.
El pensam ien to del Che constituye un enorm e d e ­
sarrollo de la reflexión revolucionaria en el siglo xx,
tanto en sus análisis sobre las n ecesidades y p ro b le­
m as de la lucha m undial contra el capitalismo, como
en el estudio de los problemas relativos a la transición
y la creación del socialismo. A hora que A m érica Lati­
na comienza a levantarse, necesita la obra del Che. Y
la R evo lu ció n cubana, que continúa siendo el ú nico
proyecto socialista vigente en Occidente durante m e ­
dio siglo, y quiere recorrer los caminos hacia el futu­
ro, necesita la obra del Che.
Usted se ha referido en varias ocasiones a la rela­
ción que debe existir entre el poder y el proyecto, para
la consecución de un rum bo revolucionario que se
reedite a sí mismo. Usted, que ha estudiado en p ro ­
fu n d id a d los procesos revolucionarios, ¿cómo entien­
de esa relación y cuál es la jerarquía que existe entre
uno y otro en una política revolucionaria?

62
El poder debe estar siempre al servicio del proyec­
to. Lejos de ser una frase, lo anterior encierra todo el
programa de un p o d e r re v olu cionario en u n a transi­
ción de tipo socialista. L a cuestión trae consigo, a la
vez, un formidable problem a práctico: solo un inm en­
so poder es capaz de sobrevivir y de avanzar frente al
capitalismo en las condiciones actuales.
A ho ra bien, ¿cóm o m antener un inm enso po der al
servicio del proyecto que lo ha fundado? Sin duda, se
trata de un problema de m u y difícil solución, pero con­
tamos con una certeza: si el proyecto de liberación no
llega a constituir un fuerte poder político anticapitalis­
ta no tiene la m en o r p o sibilidad de sobrevivir, au n­
que registre algunos triunfos. El po der revolucionario
debe ejercerse sobre un conjunto am plísim o de cam ­
pos de la v id a social y de su re p ro d u c c ió n ideal y
material. Entonces, ¿cuál debe ser la constitución ín­
tima del poder, p ara que p u e d a c u m p lir sus o b je ti­
vos? ¿En qué residiría su legitimidad, y cómo ella se
mantendría o no? ¿Qué reglas pueden elaborarse para
ayudarlo a estar al servicio del proyecto sin dejar de
cumplir sus demás funciones, y cómo controlarlo para
asegurar que lo haga?
M arx escribió en 1846: “Las ideas dom inantes en
una so c ie d a d son las ideas de la clase d o m in a n te ” .
¿Cómo se aplica eso a una sociedad en transición so­
cialista? El dominio sobre la reproducción de las ideas,
¿no p u e d e c o n v e rtirse en un in stru m e n to eficaz de
desposeim iento y desarm e de las m ayorías? P or otra
parte, la correspondencia de las ideas rectoras con el
nivel que alcanza la reproducción de la vida social es
totalmente insuficiente en la transición socialista, po r­
que ella es un proceso intencional que está obligado a

63
irse por encim a de sus condiciones m ateriales de exis­
tencia. ¿Cóm o lograr y garantizar que el proyecto sea
realm ente liberador, y que vaya m odificándose para
ser capaz com o instrum ento que guía la liberación?
No son dem asiadas preguntas, faltan m ás.
Las ideas deben realizar varias tareas a la vez. D e­
ben ser capaces de rep ro d u c ir el orden v ig en te, de
cuestionarlo y de ayudar a revolucionarlo, porque este
no puede existir sin revolucionarse a sí m ism o una y
otra vez. D eben ser capaces de ayudar a crear firm eza
de convicciones, capacidad de sacrificio, disciplina,
entre otras virtudes y, al m ism o tiempo, deben ser ca­
paces de crear rebeldía, criterio propio, pensam iento
realm ente independiente en la ciudadanía.
Solo del d e sarro llo hum ano m u ltifa c é tic o puede
surgir la posibilidad de que una sociedad lleve ade­
lante un proyecto revolucionario en sus fines y en sus
m edios.
¿ Y qué entiende usted p o r “e l pro yecto "?
El p ro y ec to orig in al de la R ev o lu ció n cubana se
p ro p u so o b jetiv o s e x tra o rd in a ria m e n te am biciosos.
D e sp u é s h u b o q u ien e s c o n sid e ra ro n e rró n e a ta n ta
am bición; yo opino, al contrario, que eso fue lo que
le dio m ás fuerza y lo que lo hizo factible. La capaci­
dad de rom per los límites de lo posible y convertir esa
audacia en confianza y en costum bre fue una de las
características básicas de la revolución. A m i ju icio ,
ella está en la base de la resistencia victoriosa de la
década de los noventa.
A fines de los años sesenta y principios de los se­
ten ta aquel proyecto confrontó lím ites férreos, al no
poder el país salir rápidam ente del subdesarrollo y no

64
avanzar la liberación en A m érica Latina. C uba tuvo
que adecuarse a una nu ev a situación. A unque en la
práctica el proyecto no desapareció, se proclam ó que
habíam os sido idealistas, que quisim os ser dem asia­
do originales, en vez de aprender m odestam ente de
las experiencias de los países herm anos que h ab ían
construido el socialism o con anterioridad. L a econo­
mía y la ideología se sujetaron a la URSS y se abrie­
ron camino procesos de burocratización. Se consideró
antisovietism o y diversionismo ideológico todo lo que
se diferenciara de esa sujeción. El pensam iento social
re c ib ió u n g o lp e a b ru m a d o r. L as c o rrie n te s n o
marxistas fueron m alditas y se trató de erradicarlas, se
consideró incorrecto tratar de utilizarlas e incluso co­
nocerlas. U na parte de las ideas m arxistas tam bién fue
proscrita. Se implem ento la censura y nació su herm a­
na peor, la autocensura.
C om enzó así lo que he llam ado la segunda etapa
de la R evolución en el po d er, caracterizada p o r ex­
traordinarias com binaciones de avances m uy notables
que cam biaron decisivam ente al país, y desviaciones
y retro ceso s tam b ién n o tab les, que h icie ro n m ucho
daño y han dejado hondas huellas. E s preciso decir
que el proyecto se recortó m ás en su form ulación que
en su im plem entación real, y con v iv iero n su conti­
nuidad y la am putación de parte de sus contenidos.
Por ejem plo, el X III Congreso de la CTC lanzó la con­
signa “ a cada cual según su trabajo”, lo cual parecía
muy m arxista, pero poco tenía que ver con la realidad
cubana, donde no se retrib u ía a cada cual según su
trabajo. El salario real era m uy superior al nom inal, se
dio el salto a la escolarización com pleta de la ense­
ñanza secundaria, con su m aravilloso sistem a de b e­

65
cas y escuelas en el cam po, y al sistem a de áreas de
salud y no solo de asistencia hospitalaria, sobre la base
de absoluta gratuidad y cobertura universal. La segu­
ridad social se consolidó y creció firm em ente. La re­
volución socialista no les dio a los cubanos según su
trabajo, sino por ser cubanos. Otro buen ejem plo es la
contradicción insondable entre la orientación general
de la econom ía y la ideología por un lado, y el inter­
nacionalism o cubano por el otro, con su epopeya de
la Guerra de A ngola y su enorm e esfuerzo con la R e­
volución sandinista.
A partir de 1986 el Proceso de Rectificación de Erro­
res y Tendencias Negativas revaloró el proyecto, m ien­
tra s em ergían dos rea lid a d e s nu ev as: el fin de las
relaciones con la URSS, que acarreó una crisis econó­
m ica profundísim a, y una nueva generación de cuba­
nos, que no te n ía las vivencias de la prim era etapa
revolucionaria pero poseía una preparación personal
altísima, sobre todo educacional, y en alguna m edida
tam bién política.
En los prim eros años noventa, defender “las con­
quistas de la R evolución” y exaltar sobre todo la di­
m en sió n n a c io n a l im p lic ó p o n e r se rio s lím ite s al
proyecto. En ese m om ento tres cuestiones eran cla­
ves: la sobrevivencia del país, la viabilidad de la eco­
nomía y de la reproducción de la vida social, y cuál
sería la naturaleza de la sociedad em ergente al final
del proceso. Las dos prim eras cuestiones, a pesar de
problem as vigentes, puede decirse que se han resuel­
to. En la tercera continúan la coexistencia o las pug­
nas entre actividades, relaciones y modos de vida que
tienden hacia el capitalismo, por una parte, y por otra
el tipo de sociedad basado en la solidaridad, la justi-

66
c ia social y la inclusión social, la redistribución socia­
lista de la riq u ez a por el p o d er re v olu cionario , el in-
ternacionalism o, es decir, basado en el proyecto de la
R e v o l u c i ó n . Lo q u e c o n o c e m o s c o m o “ b a t a l l a d e
ideas” es el gigantesco esfuerzo por re form ular y lle­
var adelante e l proyecto socialista, que si bien p ro c e­
de de la primera etapa de la Revolución, ya no es aquel;
lam poco puede basa rse en la gen te de en to n ce s, que
ya so m o s m u y m in o rita rio s, ni en la m a y o ría de las
variables de los años sesenta, p o rq u e a h o ra son otras
las vigentes.
P ara salir adela n te y p ro v e e r salidas so cialistas al
presente, será vital que cada vez m ás cubanos c o n o z­
can a fond o nuestras realidades y opciones, y partici­
pen en el planteo de los pro b lem a s p rin cip a le s y en
las decisiones para enfrentarlos. Será vital tam bién una
unión intergeneracional, que la sociedad logre que los
jóvenes asuman a fondo el proyecto socialista, que su
participación sea en riquecida po r la p rofundidad con
que lo v iv a n , y no con que lo sigan , y p o r lo q ue
puedan aportarle y recibir de él.
Usualmente, ante el tem a llevado y traído de la fu n ­
ción del intelectual se asiste a tesis que afirm an que la
libertad es autarquía, que la disciplina es obsecuencia
y que la co nsecuencia no resulta m ás que uno de los
m últiples sin ó n im o s de la intransigencia. ¿C óm o en ­
tiende u sted aquello que en los sesenta llam aban "el
co m p ro m iso d el in te le c tu a l" ?
S ie m p re re su en a en mi país esa p re g u n ta . Le he
d edicado un buen n ú m ero de páginas que no puedo
sintetizar aquí, y unas cuantas polémicas; pero lo esen­
cial p ara mí ha sido vivir ese com prom iso . Prefiero
s er h o n e s to , an te s que in te n ta r ser o rig in a l. T itó n

67
Gutiérrez Alea escribió: “Las relaciones entre política
y cultura son superficialm ente amables, pero profun­
dam ente contradictorias” .
Toda sociedad está organizada sobre un orden de
dom inación. En cuanto a sus funciones sociales, la
labor in telectu al suele estar in scrita en el servicio
a la hegem onía de los que dom inan, aunque tam bién
puede ser de resistencia a ella. En un régimen socia­
lista la dom inación tiene que ser cualitativamente di­
ferente a la ejercida po r el capitalism o, porque ella
debe ser un camino de liberación. Por ello, la función
social de los intelectuales debe sufrir profundísim as
transform aciones. En este campo, aun cuando se han
alcanzado logros p ráctico s, apenas existen debates
serios sobre los problem as, y sin ellos no es posible
avanzar m ucho.
Los debates de los años sesenta fueron eliminados
y sometidos al olvido. Los de la rectificación fueron
pospuestos en el curso de la gran crisis. Los debates
de hoy podrían llegar a ser muy superiores a los ante­
riores. Pero entre el ser y el deber ser hay ciertamente
una distancia muy amplia. A mí no me gusta el recla­
mo abstracto de libertades, y tam poco me gusta que
los políticos reclam en obediencia. Aunque ambos re­
clamos tengan razón aparente, con ninguno de los dos
se llega a ninguna parte. Solo revolucionando la com­
prensión de ambos cam pos podrem os avanzar.
Este enero de 2007 me recuerda a Jano, el rey que
tenía dos cabezas, para m irar hacia el pasado y hacia
el futuro. Pero prefiero a Elegwa, el que m uestra los
cam inos. Está m ás cerca del largo cam ino de rebel­
días de mi pueblo, que es la razón por la que pode­
m os hoy sostener esta entrevista.

68
D espués de estas cuatro décadas de intenso traba ­
jo intelectual y político, de haber sido profesor y cua­
dro p o lítico , tra b a ja d o r de ¡a in d u stria a zucarera,
diplom ático y subversivo, investigador y varias cosas
más, ¿qué significa p ara usted que le hayan entrega­
do el Prem io N a cional de C iencias S o c ia le s?
Prim ero m e produjo una alegría personal. No hay
que sub estim ar la capacidad de cu a lq u ie r in dividuo
de alegrarse con algo bueno que le pase. Pero en se­
guida m e s o b re p u s e , p o rq u e d e s d e m u y j o v e n me
acostum bré a m ed ir por mí m ism o mi actuación, se­
gún el papel social que pueda jugar.
Un premio siem pre tiene m ucho de apreciación de
los que juzgan — que agradezco— y de circunstancia.
Este me parece muy positivo, porque reconoce no solo
lo que pueda haber realizado una persona, sino a u na
posición determ inada. Lo considero co m partid o con
todos los que han tratado en el último medio siglo de
investigar y trabajar intelectualmente para servir en el
campo del pensamiento y el conocimiento social a los
cubanos y al resto de los seres humanos, desde el ejer­
cicio indeclinable de la militancia revolucionaria y el
pensar con propia cabeza, de servir al cam bio de las
personas y las relaciones sociales en un sentido libera­
dor y no m era m en te civilizad or o m odernizado r, de
servir en algo a la creación de una nueva cultura, sin
rendirse ni cansarse. Com o tantos otros aspectos de la
sociedad cubana, fue y es la Revolución la que creó el
campo que ha permitido la multiplicación y el desarro­
llo del pensamiento y las ciencias sociales cubanos. Pero
ellos han sufrido también vicisitudes muy graves, por
más de una razón. A nivel general, en su desarrollo
especializado y profesional han debido enfrentar la po -
derosa y sutil influencia del capitalismo mundial y la
agresividad contra C uba del imperialismo norteam eri­
cano, sortear el trágico error de cerrarse en una concha
absurda e imposible, superar el em pobrecim iento que
conllevó la sujeción a la ideología del " campo socialis­
ta’', las graves insuficiencias propias y los errores de la
política revolucionaria que las han p e rjudicado.
Las tareas del pensam iento y las ciencias sociales
c u b a n o s son m u y difíciles y se h an c u m p lid o muy
parcialm ente. Se han obtenido avances profesionales
notables, sobre la base de una población m u y califi­
cada y una cantidad enorm e de graduados universita­
rios. Es m uy necesario con tin uar y pro fun dizar m ás
los análisis que se han hecho sobre la situación y los
problem as de este campo.
He sido, muy modestamente, un abanderado de todo
esto, p or lo que creo que el prem io debe leerse tam ­
bién c o m o un re c o n o c im ie n to a la u rg e n c ia de d e ­
sarrollos de las ciencias sociales en Cuba.

70
PALABRAS AL RECIBIR EL PREMIO
NACIONAL DE CIENCIAS SOCIALES 4

Ante todo, un recuerdo em o cion ad o y cariñoso para


quien no está hoy aquí, el Prem io N acional del año
pasado, Francisco Pérez Guzmán. Panchito fue un hijo
de las clases hum ildes de Cuba, un jo v en re vo lucio­
nario que con una tenacidad m aravillosa se hizo his­
toriador, y llegó a ser un científico social sum am enle
destacado, sin perder un ápice de su calidad humana.
D e p ro n to nos dejó, ab rie n d o en no so tro s un surco
profundo de dolor.
M e tom ó por so rpresa este prem io , el Día de los
Inocentes — yo que no lo soy— , y solo lo creí por
venir de Edel la noticia, y de Julio Fernández Bulté."
Mucho le agradezco al jurad o sus criterios y la deci-

1 Palabras pronunciadas en el acto de otorgamiento, el 10 de febrero


de 2007, durante la Feria Internacional del Libro, en la antigua forta­
leza de La Cabaña.
El profesor de Derecho Julio Fernández Bulté fue el presidente del
jurado. Edel Morales, director del Centro Cultural Dulce Maria
Loynaz, ha sido organizador de estos premios.

71
sión a la q ue llegó, de o to rgarm e el Prem io Nacional
de Ciencias Sociales. Enseguida, u na avalancha de fe­
licitaciones m e conm ovió, pero me trasladó de la p ri­
m e r a y m u y p e r s o n a l s e n s a c i ó n de a l e g r í a p o r la
distinción, a un terreno que m e es m ucho m ás familiar:
casi todos veían, com o yo, que se prem iaba la labor y
la consecuencia de un individuo, pero sobre todo una
posición d eterm ina d a ante el pensam iento y las cie n '
cias sociales, y ante la relación entre ellos y la socie­
d ad, y les p a re c ía m u y bien que eso s u ce d ie ra. Y a
puestos en esa dimensión, varios me dijeron: “nos es­
tán premiando a nosotros” . Y tenían razón. Además de
que eso m e tranquiliza, porque no he esperado nunca
estos h om enaje s y no sé bien có m o co n ducirm e, me
place m ucho ser aquí el representante de esa posición
y de tantos buenos hombres y mujeres, Sé que estarán
de acuerdo si los sim b olizo en uno, en H ugo A zcuy
Enríquez.
¿Q ué decir el día 10 de febrero?, me pregunté v a ­
rias veces, hasta que la in m inencia me hizo d e c id ir­
me. Lo m ejor es seguir el orden mismo de las cosas,
Por consiguiente, abordar los hechos personales, a los
que refiere el ju ra d o , con toda procedencia, su v ere­
dicto: y enseguida, mi posición ante el pensamiento y
el conocim iento social, que de entrada entiendo como
una actividad autónom a y específica, un ejercicio del
pensar del individuo, que debe ser m ás libre que otras
tareas suyas, y estar p u e s ta sie m p re al serv ic io del
cambio revolucionario de las personas y la sociedad.
Al m irar d e sd e aquí un ca m in o que y a es largo,
a u n q u e no a b u rrid o , m e do y c u e n ta de qu e am é la
H istoria d esde que era un m u ch ac h o , estud ié D e re ­
cho porque era lo que debía llegar a hacer — pero me

72
encantó y lo estudié b ien — , saqué a K eynes de la
biblioteca circulante a los veinte años, me hice íntimo
de E l capital no m ucho después y me fui por las in-
trincadas veredas de la Econom ía, urgido por nuestro
subdesarrollo y por la lucha contra el sistem a im pe­
rialista. Hice investigación sociológica de cam po acer­
ca de acuciantes problem as cubanos, y estudié clásicos
de la Sociología en esos m isinos años sesenta. T am ­
bién traté de conocer y valerm e de la Psicología so­
cial. D espués supe que era ciencia política lo que había
venido haciendo desde el inicio con tanto ardor, entre
las ideas de Fidel, el Che, M artí, Lenin, Mao, los ar­
gum entos de Rousseau y de M ontesquieu, y las ase­
chanzas del sectarismo. Pero la Filosofía me emboscó,
en el mejor estilo de entonces, me cam bió el FAL por
un m anual de K onstantinov, y eso dio lugar a una
década de com bates intelectuales.
No fue por versatilidad que me metí de cabeza en
tan amplio espectro de las ciencias sociales, como ha
constatado mi jurado. Fue por necesidad, y por la gran
am bición del proyecto en que he m ilitado desde en­
tonces hasta hoy. “ Sería un error creer que porque
nos hicim os m arxistas sucedió todo, cuando la v er­
dad es que nos hicimos m arxistas por todo lo que su­
ce d ió ”, escribí hace años, y eso es m uy cierto. La
R evolución cubana de los años sesenta estaba cam ­
biando a fondo las vidas, las relaciones sociales y las
instituciones, y no quería detenerse ante nada. Pese a)
tremendo trabajo que nos costaba conquistar los avan­
ces de la modernidad, pretendía al mismo tiempo criti­
car su esencia egoísta y su sentido burgués, y superarla
en un nuevo proceso creador, de liberaciones. No po­
díam os conform arnos con m odernizar las profesio-

73
n es de ciencias sociales, había que revolucionar esas
ciencias a la vez que se aprendían sus técnicas y sus
fu n d am en to s, u tiliz a rla s p a ra in v estig a r y p lan te ar
m ejor nuestros problem as — durante aquella década
se desató en C uba una verdadera fiebre de investiga­
ciones sociales— , y contribuir así a que los juicios y
las decisiones de las instituciones y los dirigentes fue­
ran m ás fundados y mejores. En suma, queríam os tra­
bajar y fundar una ciencia social que fuese capaz de
com prender nuestra angustia y nuestra m aravilla, de
plantear los cóm o, de poner ladrillos en el proyecto,
de ayudar a la gran revolución de liberación, y no a
una m odernización progresista de la dom inación.
Esa fue la base de nuestra aventura en el m arxis­
m o. Fue difícil, porque no era un asunto académ ico.
El m arxism o era la form a más intelectual del proyec­
to cubano de ser com unistas, satisfacía la necesidad
de creencia de un pueblo que estab a abandonando
las creencias que habían regido, era la ideología p olí­
tica que pretendía enlazar el núcleo revolucionario de
liberación nacional, m artiano, de la cultura política
cubana, con el so cialism o, la apuesta m undial del
siglo xx, que había sido bautizado con sangre en Girón.
Y era tam bién un territorio en disputa, no solo inte­
lectual sino en cuestiones de poder. Todo se com pli­
caba en extrem o, po rq u e la corrien te p rin cip al del
marxismo en aquel momento lo reducía a una ideolo­
gía de obedecer, legitim ar y clasificar.
El grupo de jóvenes al que yo pertenecía — el D e­
partamento de Filosofía de la Universidad, que estaba
en la calle K, número 507, en el Vedado— , tomó muy
en serio la tarea intelectual que emprendió. El presi­
dente Osvaldo Dorticós nos había reclam ado en 1964

74
que incen d iáram o s el océano, aunque, decía, no se
su p ie ra cóm o h a c e rlo . E n se g u id a a p re n d im o s que
para esos m enesteres hay que andar con fuego. R e ­
cordaré solam ente a la revista P ensam iento C rítico,
porque en estos mism os días se cumplen cuarenta años
de la aparición de su prim er núm ero.
N osotros la hacíam os, no nos preguntábam os qué
era. R ecuerdo con cariño a todos los que trabajaron
en la revista, a los que colaboraron con ella, a tanta
gente tan valiosa de la Am érica Latina para las cuales
Pensamiento Crítico fue un arma en aquel tiem po de
arm as, a com pañeros de los Estados U nidos y otros
lugares del m undo. P ero com o a q u e lla p u b lic a ció n
trascen d ió , y no h a sido olvidada, m e perm ito leer
algo de lo que le dije a Julio César G uanche cuando
me preguntó, a nom bre de mi entrañable La Jiribilla,
acerca de Pensam iento C rítico:
Una de las ventajas de la revista fue la de deberse a
la R evolución, pero sin convertirse en una oficina
determinada de una instancia específica. Eso le daba
la posibilidad de expresarse com o revolucionaria,
pero sin otra sujeción que la del compromiso libre y
abiertamente asumido con la revolución. Opino hasta
hoy que sin esa condición el pensam iento revolu­
cionario no logra aportar, y no puede satisfacer por
tanto la necesidad inexorable de pensam iento que
tiene la política revolucionaria. La revista era polé­
m ica, y m ás de una vez sum am ente polém ica. De
no ser así, no hubiera valido la pena.
( ...) Fue un hecho intelectual protagonizado por
jó v en es de la nueva R evolución, que tenía como
contenido los problem as principales de su tiempo,

75
d e s d e u n a m ilitan c ia re v o lu c io n a ria del tra b a jo in­
te le c tu a l. C o m b a t ió c o n id eas, con la e le c c ió n de
sus tem as y con la p re sentación de hechos, p ro b le ­
m as e interro g a n tes que las estructuras d e d o m in a ­
ción suelen ocultar o deform ar, sin tem o r a la crítica
de las ¡deas y del propio m o v im ien to al que en tre­
gáb a m o s nuestras vidas, en busca d e la creación de
un f u t u r o de l i b e r a c i o n e s y b ie n a n d a n z a s . P e n s ó
po r ser militante, no a p esar de serlo, y fue una de
las e s c u e la s de ese e je r c ic io in d e c lin a b le . C o n tr i­
b u y ó a la form ació n de n u m ero so s rev olu c io n ario s
y su práctica significó un p eq u e ñ o p aso hacia ad e­
lante en la difícil construcción de una nueva cultura.
C reo que hizo reales contribuciones al pensam iento
y las ciencias sociales cubanos, en varias d ireccio­
nes y sentidos, pero m e parece m ejor que sean otros
los q u e entren a v alo ra rlas. En aq u e llo s tiem p o s,
e n tre to d o s los in v o l u c r a d o s c o n s e g u i m o s h a c e r
r e t r o c e d e r la c o l o n i z a c i ó n m e n ta l. P e n s a m ie n to
C ritica fue uno m ás entre los e s c en ario s de aquel
co m b a te de ideas.
P articipar en esa aventura del p e n sa m ie n to fue un
gran prem io. Es cierto que no ganam os, que term in a­
m o s m a l, pero no fu im o s d erro tad o s. P o r dos ra z o ­
nes. Si un o no se rin d e nunca, si n o se am arg a ni se
torna una pieza de m useo, conserva intacta su h u m a­
nidad y p u ede servir más. Eso he tratado de hacer en
to d o s e s to s años, t a n to en C u b a co m o en m i patria
grande, la A m érica Latina, en tareas intelectuales y en
otras prácticas. Sin em b arg o, la segu nda razón es la
decisiva. La R evolución cubana no se secó, com o otros
p ro cesos que encontraron sus límites y se enredaron

76
trágicam ente en ellos. Sobre estas décadas de su p ro ­
ceso co n tem p o rán eo he escrito cientos de p ág in as y
he hablado m uchas horas, no intentaré repetirm e aquí.
Viva en sus contradicciones, la R evolución relanzó el
gran desafio en 1985-1992, y dem ostró su ju stic ia y
su fuerza en el peor escenario de crisis económ ica e
internacional posible. Otro es su m undo y es ella mis-
ma, a la vez, en estos últim os años en que reafirm a su
carácter anticap italista desp u és de im portantes cam ­
bios y en m edio de una trem enda guerra cultural.
El pensam iento y las ciencias sociales cubanas no
tienen suficiente desarrollo frente a los desafíos del
presente y el futuro que podem os entrever. C laro que
contam os con una m asa m uy notable de p ro fe sio n a ­
les capacitados y de trabajos m uy serios realizados y
en curso, tenem os instituciones de investigación y de
docencia. Pero el golpe terrible que recib iero n hace
treinta y cinco años todavía pesa sobre el pensam ien­
to y las ciencias sociales nuestras, porque aunque una
parte de sus efectos negativos desapareció, otra parte
perm anece y se ha vuelto crónica. Tenemos un déficit
notable en cuanto a form ación teórica. Los tem as prin­
cipales que la realidad propone no siem pre son los
que se investigan, los lím ites que se ponen a las inda­
gaciones, y al co n o cim ien to de sus resultados, son
perjudiciales. Llega a ser habitual para m uchos lim i­
tarse — o limitar a otros— en unos campos en los cua­
les para ser m ilitante hay que ser inquisitivo, crítico,
audaz, honesto y no tem er equivocarse.
N o me canso de repetir que el trabajo intelectual en
disciplinas sociales en una sociedad de transición so­
cialista está obligado a ser muy superior a las condicio­
nes de existencia vigentes. No sirve de m ucho si solo

77
se “corresponde" con ellas. Y el consumo de los pro­
ductos de una sociedad cultísima acerca de sí misma es
dosificado u ocultado, como si las mayorías no fueran
capaces de hacer buen uso do ellos, como si no tuvie­
ran la extraordinaria cultura política de los cubanos,
que es la mayor riqueza humana con que contamos.
Pido prestadas al Che dos frases suyas, en aquel
debate form idable de 1963-1964, cuando dirigentes
e intelectuales discutieron cuestiones fundam entales
para la vida y el futuro del país en las revistas habane­
ras: “¿Por qué pensar que lo que es en el período de
transición, necesariam ente debe ser?” Y la otra: “no
hay que desconfiar dem asiado de nuestras fuerzas y
capacidades".
En una sociedad como la nuestra, que ha hecho una
apuesta tan colosal hacia el futuro y ha logrado sobre­
vivir, resistir y avanzar tanto, no podem os repetir la
división entre élites y mayorías en la producción y el
consum o de los productos intelectuales y culturales
valiosos, que caracteriza a los sistemas de dominación.
Soy optimista, pero no me refiero a un logro consegui­
do, sino a una lucha y un propósito que puede unimos
mejor a los cubanos en nuestra diversidad, darnos más
fuerzas que las palpables y constituir la mejor defensa
del socialism o, que es profundizarlo. Todo lo impor­
tante es muy difícil, y solo se obtiene com batiendo.
Solo tendrem os lo que sepamos conquistar, solo con­
servaremos lo que sepamos defender.
Perdónenme entonces que termine volviendo a mí,
es que la ocasión lo pide. Siento que lo que he expresa­
do sobre hechos pasados no son recuerdos personales,
es una recuperación de la memoria histórica. Pero lo
fundamental para mí sigue siendo lo que me falta por

78
hacer. Es lo m ás ap asionante, lo que m ás me gusta.
Debo h a c e r m ás ciencia social con los valo re s que
ella debe tener, ayudar a la recuperación y el avance
del pensamiento social en Cuba y seguir acom pañan­
do a nuestros hermanos que luchan, en Am érica Lati­
na y el m u n d o . N o v eo e s te P r e m i o c o m o un
reconocim iento a lo que ya hice en la vida, sino a lo
que puedo estar haciendo hoy, y sobre todo a lo que
haré en un futuro más bien próximo. Y entonces, por
fortuna, deja de llamarse premio y se convierte en una
reclamación, en una exigencia de conducta y de p ro­
d u cto s, en un d e s a lío . Lo ac e p to , co m o el p re m io
v e rd a d e ro .

M uchas gracias a todos.

79
C IE N C IA S S O C IA LE S
Y C O N S T R U C C IÓ N DE ALTERNATIVAS 6

En este T aller debatirem os m ás de sesenta ponencias,


que en su diversidad nos brindarán una gran riqueza
de datos, aproxim aciones, problem as y logros. En esta
prim era sesión que dedicam os al tem a central del Ta­
ller, a m í me toca solam ente presentar, com entar o ape­
n a s a lu d ir — m u y b re v e m e n te y e n u n p la n o m uy
general— a tres tem as en cuanto a las ciencias socia­
les: la necesidad que tenem os de ellas, sus potenciali­
d a d e s y los o b s tá c u lo s q u e c o n fro n ta m o s en e ste
campo. Concuerdo totalm ente con el título propuesto a
estas palabras, porque relaciona a las ciencias sociales
con las transform aciones sociales en curso y con lo que
llama construcción de alternativas, es decir, con el cam­
bio social y con las propuestas de sociedad que p u e­
dan hacerse. Reconocem os así que los contenidos, las
funciones, las opciones, las prisiones, los desarrollos y

6 Palabras en la Sesión Inaugural del Taller Internacional CIPS 2006


y Encuentro Pre-A LA S del C aribe, C apitolio N acional, 23 de octu­
bre de 2006.

80
los retos de las ciencias sociales están m uy condicio­
nados por el orden y el tipo de dom inación vigentes,
y p o r la p u g n a c u ltu ra l e n tre esa d o m in a c ió n y las
m anifestaciones de p ro testa y de rebeldía. A ñado una
prim era p recisió n personal: p o r “ co n stru cció n de al­
te rn a tiv a s” entiendo la creació n y la p ro fu n d iz ac ió n
del socialism o.
En general, la form ación en ciencias sociales posee
un fuerte com ponente de preparación para servir a la
dom inación, tanto en su desem p eñ o com o form a de
p ro fesio n alizació n esp ecializad a que tiene funciones
que cum plir, com o por la corriente ideológica que re ­
sulta dom inante en su cam po de acción y en la vida de
sus profesionales. En realidad, el pensam iento social
ha expresado, desde la A ntigüedad, m uy disím iles po­
siciones en el interior de los sistem as de dom inación,
o, por el contrario, la resistencia y la rebeldía, corriendo
las c o n sec u e n c ia s de re p re sió n o sile n c ia m ie n to en
los dos últim os casos. P o r otra parte, su propia natu­
raleza siem pre lim itó el núm ero de los consum idores
del pensam iento, y aún m ás el de sus productores. En
O ccid en te, el d e sarro llo “m o d e rn o ” — es decir, del
capitalism o— fue integrando a las disciplinas socia­
les en un m odo general de ser, m ientras se iban con­
so lid an d o , al m ism o tiem p o que las sep arab a entre
sí. Pero a ese resultado se llegó a través de un com ­
p lejo y rico p ro ceso . D esde el R e n a c im ie n to h a sta
h ace sig lo y m ed io , los a u to re s e u ro p e o s clá sico s
ex p o n ía n con p a sió n sus ideas y sus ten d en cias al
m ism o tiem po y en los m ism os textos en que expo­
n ían sus teo rías acerca de las so cied ad es, y hacían
propuestas de desarrollo o alternativas al orden exis­

81
tente. La crítica social profunda era una tarea intelec*
tual respetada.
E n un solo proceso, el capitalism o europeo triun*
fante del siglo xix organizó y desarrolló su form ación
económ ica, sus sistem as políticos y su m undo ideoló­
gico, y se expandió po r el planeta m ediante el m erca­
do m undial y el colonialism o. En ese m arco se produjo
la constitución o consolidación de ciencias sociales a
p artir de cam pos acotados de conocim ientos e inves­
tig a c io n e s so b re h e c h o s y p ro c e s o s d e te rm in a d o s.
A p a re c ie ro n los p ro fe sio n a le s que podían v iv ir de
dedicarse a ellas a tiem po com pleto, las pu b licacio ­
nes especializadas, las disciplinas en la docencia, los
centros de investigación. Es indudable que se produ­
jero n avances extrao rd in ario s con ese proceso, aun­
que sus lín e a s e p is te m o ló g ic a s fu n d a m e n ta le s se
contrajeron al positivismo, el evolucionismo y la creen­
cia en el papel supremo de la ciencia. Con el triunfo de
la idea de progreso, el cientificismo y la supuesta tarea
del europeo de “civ ilizar” al m undo entero, se com ­
pletó el cam po ideológico cap italista y co lo n ialista
desde el cual arrancó el desarrollo de las ciencias so­
ciales. L a supuesta “objetividad” de esas ciencias fue
el logro superior del control ideológico por parte de
quienes ten ían las variables fundam entales en su po­
der. A punto dos de sus corolarios principales: divor­
cio e n tre la é tic a y los c o n o c im ie n to s s o c ia le s; y
creencia en que el científico social puede “ flotar”, li­
bre de la adscripción a alguna clase social y las con­
secuencias de sus conflictos.
La corriente principal de las ciencias sociales — de
sus ideas, asuntos, p roducción, divulgación y e n se ­
ñanza— ha servido al capitalism o para vigilar y me-

82
porar su f u n c i o n a m i e n t o y su o r d e n , a u m e n t a r las
g a n a n c ia s y m e j o r a r la d i s c i p l in a y el c o n s e n s o d e
lo s d o m i n a d o s , r e h a c e r la c o m p r e n s i ó n d el p a s a d o
y el p re s e n te a su f a v o r y d a r le m á s f u e r z a y o rg a -
nic id a d a su i d e o l o g í a , h a c e r c o r r e c c i o n e s n e c e s a -
rias, r e fo rm u la r la h e g e m o n ía , y o tra s tare as. E n los
p a íses c o l o n i z a d o s y n e o c o l o n i z a d o s ha s id o u s u a l
la p a r a d o j a d e q u e un i n d i v id u o a d q u i e r e u n a f o r ­
m a c i ó n s o c i a l c o m o s u p e r a c i ó n d e la c o n d i c i ó n
“s u b d e s a r r o l l a d a ” y co lo n ia l en q u e ha c r e c id o , p e ro
en ese m is m o ac to se va to r n a n d o e x tra ñ o a su p r o ­
pia c u l t u r a y al p u e b l o e n q u e n a c i ó , en c u a n t o
pe rm a n e c e en él un estad o de colo niza ció n m ental, y
adquiere una necesidad de ser aceptado por los ex tra­
ños que son dueños del saber y del juicio. En nuestros
países, la doble necesidad de apoderarse de los instru­
mentos del p ensam iento y las ciencias sociales, y de a
la vez pensar, investigar y actuar en contra de los p o ­
deres que han p ortado y co ntrolan esos in stru m en tos,
ha dado lugar a frutos maravillosos, m anq ued ades dra­
máticas y caídas y som etim ientos terribles.
D u ra n te el siglo xx, el sistem a de d o m in a c ió n fue
e n fren tad o por n u m ero sa s re v o lu c io n es de liberación
n ac io n a l y a n tic a p ita lista s . S us c o m b a te s , ideas, v i ­
ven c ia s y e x p e rie n c ia s , y los de las s o c ie d a d e s q u e
em p re n d iero n tran sicio n e s socialistas, in volu cra ro n a
cien to s de m illo n e s d e p e rs o n a s y m o d ific a r o n m u ­
chas realidades del siglo, entre ellas las del p e n sa m ie n ­
to y las ciencias sociales, que en cierta m ed id a saltaron
hacia adelante al calor de esa acum ulación cultural de
rebeld ías y de p rácticas nu ev a s, de a m b icio so s c a m ­
bios sociales y humanos. El peso y la influencia de esos
ev e n to s y p roc esos en el p e n s a m ie n to y las cien cias

83
sociales de los países ca p italista s fueron enorm es.
Desde perspectivas intelectuales y posiciones políti­
cas e ideológicas muy diferentes hubo buenos resul­
tados y adelantos ciertos en esos cam pos, producidos
por opositores al sistema, pero tam bién por una parte
de los que lo defendían.
La gran tragedia de la revolución del siglo xx ha sido,
en Europa, la liquidación desde dentro de la Revolu­
ción bolchevique y la incapacidad consecuente de los
regím enes de dom inación levantados en nom bre del
socialismo de impulsar la creación de una nueva cultu­
ra diferente, opuesta y superior a la del capitalismo, y
de ser realmente intemacionalistas. En el resto del m un­
do, las insuficiencias m últiples de sociedades “ subde-
sarrolladas” por el sistema mundial de dominación para
resolver las necesidades de sus pueblos, d esarrollar
poderes de transición socialista basados en la prim acía
de cam bios culturales liberadores y la p a rticip a ció n
p o p u la r c re c ie n te en las d e c is io n e s , g a ra n tiz a r un
desarrollo que debía tener una naturaleza diferente al
del capitalism o y a la vez defenderse con eficacia del
p o d e r m ilitar, económ ico, financiero, po lítico , ideo­
lógico y cultural de los im perialistas. Por razones y
c o n d ic io n a m ie n to s m uy d ife re n te s — a u n q u e fu e r­
tes creencias han pretendido que los casos de transi­
ción socialista se entiendan com o partes de un todo
único-—, en las experiencias socialistas las prácticas
de pensam iento y ciencias sociales no han sido libe­
ra d a s en g ra d o s u fic ie n te d e los rasg o s e se n c ia le s
que ad q u iriero n durante su co n stitu ció n b ajo el ca­
p ita lism o .
E n la actualidad, el capitalism o se ha centralizado
y ad q u irid o un carácter p a ra sita rio a un grado m uy

84
alto, empobreciendo más y excluyendo a una gran parte
de la población m undial, y haciendo retroceder al pro­
pio neocolonialism o que se desplegó tanto en el m e­
dio siglo anterior. En la política y las ideologías la
conservatización es la tendencia dom inante, y el im ­
perialismo libra una guerra cultural m undial para con­
trarrestar los peligros de su naturaleza actual, obtener
am plios consensos y prevenir protestas y rebeldías.
Esa situación po sib ilita y a la vez exige un control
profundo del pensam iento y las ciencias sociales, y a
ello se aplican enorm es recursos y esfuerzos. Pero la
acum ulación cultural de rebeldía a la que m e referí,
sum ada a im portantes conquistas obtenidas tam b ién
durante el siglo xx respecto a las diversidades y los
d e re c h o s de los in d iv id u o s, las n a c io n e s y gru p o s
hum anos, constituyen un potencial que puede ser de­
cisivo para la fase de resistencia y contribuir a la for­
m ación de una estrategia anticapitalista.
Sería un grave error d ed u cir la com prensión y el
destino del pensam iento y las ciencias sociales de sus
co n d icionam ientos p o r parte de la dom inación y de
las oposiciones a ella. El trabajo intelectual siem pre
ha gozado de una autonom ía relativa respecto al m e­
dio en que se produce, y existe siem pre un entram ado
com plejo de relaciones entre esa actividad y sus con­
dicionam ientos. N o puede ser de otro m odo, incluso
para ser eficaz en los casos en que sirve abiertam ente
a la dom inación. Las ciencias sociales en la actuali­
dad cuentan con un riquísim o acervo de ideas, m éto­
dos, conocim ientos, hábitos de trabajo y nexos entre
los que las hacen, que no están b ajo el control del
sistem a; una parte de ese caudal está francam ente en­
tre los opuestos a la dom inación capitalista. R econo­

85
cer ese hecho no es solo satisfactorio: p uede ser un
buen pu nto d e p artida para nuestro traba jo , q u e aun
así debe enfrentarse a dificultades extraordinarias.
Aludiré solam ente a un tema, en aras de la breve­
dad y de que contem os con algún tiem po para el de­
bate: las ciencias sociales desde el m edio cubano. C uba
es un laboratorio social latinoam ericano privilegiado
desde hace casi m edio siglo, por su revolución socia­
lista de liberación nacional, las gigantescas y pro run­
das tran sfo rm acio n es de las personas, las re la cio n es
sociales y las instituciones que se han producido aquí,
los esc o llo s tre m e n d o s y el en e m ig o m ortal q u e ha
confrontado, el pro lon gad o período de transición so­
cialista que h em o s estado viviendo, la existencia de
un proyecto trascendente de la sociedad que es co m ­
partido po r la m ayoría de la población e influye en su
vida y su visión del m undo, las form idables c o n tra­
dicciones que afectan a todo lo anterior, y las insufi­
ciencias, los errores y los desvíos del rum bo sufridos
p or el proceso de liberación. Buena parte de los p o ­
nentes presentarán re sultado s de investigación sobre
tem as cubanos, yo solo quiero llamar la atención so ­
b re u n a de las c u e s t i o n e s q u e m e h a n p a r e c i d o
cruciales, desde que era m u y joven.
C ub a es un p eq u e ñ o país que ha vivido nueve dé­
cimas partes del tiempo de su historia bajo el colonia­
lismo y el neoco lonialism o, integrado al capitalism o
m undial en posiciones subalternas, y “subdesarrolla-
d o ’\ pero ha sido y es profundam ente occidental, des­
de el peso decisivo del dinero en sus relaciones sociales
principales hasta las expectativas, opiniones y gustos
en una multitud de campos. Conoció dos dinam ism os
econ óm icos excepcionales. El prim ero generó un o r­

86
den social horroroso que tiene secuelas todavía, la es­
clavitud, y un país pujante por sus riquezas; el segun­
do le dio un enorm e im pulso a la Cuba del siglo xx,
república liberal con una gran m asa de inm igrantes
y trem endos contrastes de riqueza. Para ser nación,
su pueblo se sacrificó en m asa contra el colonialismo
y libró una guerra m oderna colosal. A prendió a ser
republicano y tener regím enes democráticos represen­
tativos, pero estos no resolvían ninguno de sus gra­
ves p ro b le m a s. Su m e tró p o li n e o c o lo n ia l ha sido
el m ás poderoso y atrayente im perialism o del siglo
pasad o .
La revolución en el poder desde 1959 fue un huracán
de transformaciones y protagonismo popular. Apoderarse
del propio país, derrotar y despreciar las desigualdades
y la propiedad privada, conquistar la soberanía plena,
vencer a sus enem igos, fueron eventos m aravillosos,
pero eran al m ism o tiem po la prem isa para cam bios
m ás am biciosos. T odos querían com er diariam ente,
vestir y calzar, trabajar, tener hospitales y escuelas, gozar
de derechos efectivos, y cada vez que obtenían algo se
hacía más complejo y ambicioso el objetivo de sus com­
bates, porque conocían nuevos m undos que querían
poseer. La revolución cum plió tareas civilizatorias y
m odernizadoras ciclópeas, que no eran p lan te ab le s
hasta que se llevaron a cabo, pero su m eta era tras­
cenderlas, ir m ucho más allá en las liberaciones de la
persona, la realización humana, la grandeza de la re­
volución y la patria, y la fraternidad con los pueblos
que luchaban.
Los noveles científicos sociales de los años sesenta
estábam os seguros de la necesidad, la im portancia y
la función de nuestros trabajos, de nuestros ideales y

87
de n o so tro s m ism os. R ecuerdo que in v estigábam os
cómo afectaba a trabajadores y sus familias el cam bio
de horarios laborales, la rehabilitación de prostitutas,
las religiones de origen africano, por qué querían emi­
grar del país trabajadores m anuales, actitudes de los
cam pesinos afectados ante transform aciones rurales,
ciertas com unidades, las causas del ausentism o labo­
ral, etcétera. En m edio de tantas tareas y tantas urgen­
cias — m ás de una vez la m ateria en investigación
cam biaba por acciones que tomaban los responsables,
a partir de los datos de la investigación que iban co­
nociendo— , estudiábam os, discutíam os, pensábam os,
y tratábam os de com prender las diferencias fundam en­
tales que existen entre la m odernización o c iv iliz a ­
ción y la liberación, lo que pretenden, el alcance y las
m otivaciones de cada una, las actitudes que prom ue­
ven y las tendencias que m arcan. Esa fue una de las
vías principales para planteam os hasta dónde era ne­
cesario llegar para que la revolución fuera realm ente
socialista, y sobre todo para que pudiera revolucionarse
una y otra vez a sí misma, para seguir siendo revolu­
ción. M odernizar, sí, pero solo siendo a la vez duros
críticos de la m odernización a secas, que siem pre ter­
m ina siendo la m odernización de la dom inación. In­
conformidad, por tanto, con lo que parece conseguido,
digno de quedar establecido, porque puede traer la
semilla de la detención del proceso de transform acio­
nes, de su futura derrota.
El socialism o sustituye la lucha viva de las clases
de la época previa a su triunfo por el poder del Estado
revolucionario en nom bre del pueblo, y ese Estado
debe ser muy poderoso. Pero no debe ser más que un
instrum ento privilegiado del proyecto, y hay que ir

88
in v en tan d o los m odos de que siem p re lo sea, y de
que no degenere. “ Som os una dem ocracia de trabaja­
dores” , es decir, la dictadura popular, de m asas, no la
dictadura de un grupo. ¿Cóm o darse instituciones que
sean efectivas y educadoras, y que nu n ca sean p u n ­
tos de llegada? Y así con otras cuestiones.
No hay tiem po aquí, p ero al m enos repito m i opi­
nión de que uno de los errores principales de los años
setenta-ochenta fue p referir lo civilizatorio, sum arse
a un proyecto de cambios que no dinam itaban las for­
talezas interiores y sociales que rep ro d u cen la vida
vigente, algo que en el m undo actual llev a hacia el
cap italism o. En estos ú ltim o s vein te años han sido
decisiv o s el P ro ceso de R e c tific a c ió n de E rro res y
T endencias N egativas, y la p elea trem enda del p u e­
blo y el poder revolucionarios frente a la brutal crisis
económ ica nacional y el desprestigio m undial del so­
cialismo, unidos en las defensas de la m anera de vivir
de nuestro socialism o y de la soberanía nacional. Es
obvio que esa m anera de vivir no se ha salvado sin
grandes alteraciones y desgarraduras, y la Cuba actual
vive las tensiones y contradicciones consecuentes, y
una sorda pugna cultural entre el socialismo y el capi­
talism o. U na vez m ás las ciencias y el pensam iento
social co m prom etidos con los cam bios lib erad o res
h um anos y so ciales tie n e n que ser su p erio res a lo
esperable según la m era reproducción de la vida so­
cial, o no servirían de nada. Y a ellos les toca un papel
m uy im portante en la estrategia y los hechos de la
transición socialista.
Otra vez, siempre, se nos presentan los dilemas entre
cam bios civilizatorios y cambios liberadores, aunque
ahora los térm inos y las condiciones no son los m is­

89
m os que hace tres décadas. Sin duda nuestro país sa­
lió adelante de la enorme crisis que sufrió en los años
noventa, pero ¿cóm o salió?, ¿qué secuelas le q u e d a ­
ron?, ¿en qué forma y m edida puede afectarse su ru m ­
bo y su triunfo final por los costos de la década y por
las nuevas relaciones, instituciones, ideas y sentimien­
tos? ¿C óm o identificar los problem as de fondo, cómo
com batirlos? ¿Las ciencias y el p ensam iento sociales
pueden hacer algo por el socialism o en C uba?
S a b em o s cu á n to los afectó la d o g m atizac ió n y el
em pobrecim iento impuestos desde inicios de los años
setenta, qué huellas tan negativas dejó en el pensamien­
to y las ciencias sociales, y la grave insuficiencia de
estos últimos veinte años en cuanto a remontar aquella
situación y elim inar los m ales crónicos que ha d eja­
do. Pero contam os con m ayor cantidad que n unca de
especialistas capacitados, de m onografías m uy v alio ­
sas, de centros de investigaciones y docentes, de v o ­
luntad de enfrentar las tareas inmensas que están ante
nosotros. No me toca hacer aquí balances o pronósti­
cos, pero sí expreso mi esperanza de que la unión de
una juv entud que posee conocim ientos, ideales y d e­
seos de servir — y que tendrá que ser el factor deter­
m in an te— y el co n c u rso de los que seg uim os en la
brega y no estam os cansados, conducirá a una nueva
fase de desarrollo del pensam ien to y las ciencias so ­
ciales entre nosotros, que llegará a ser impetuoso, ori­
ginal y eficaz si la política y la sociedad cubanas se
em peñan en profundizar el socialism o.

90
NECESITAMOS UN PENSAMIENTO
C R ÍTIC O 7

U na p etició n fraternal de R afael H ernández, el di­


rector de la revista Temas, me coloca de pronto ante
un asunto dem asiado grande. A parecen ante mí frag­
m entos sueltos de hechos ciertos, distorsiones m uy
burdas, m ás de una pu n ta de iceberg, y sobre todo
una de las tantas historias que existen dentro de la
H istoria; una parte de la histo ria contem poránea de
los cubanos, y a la vez m i propia historia, pequeña y
personal.
A la hora de tratar cuestiones tan im portantes, no
quiero, no estoy dispuesto a ir a remolque de los rela­
tos que hilvana actualm ente Jesús Díaz, que han de
tener su sentido para él. Yo pertenezco a otra galaxia:
la de Cuba, en su m aravillosa y angustiosa edad, de
libertades desatadas y férreos límites, hecha de saltos
y caídas, de asombro y mezquindad. Y no me hago el
distraído: si la historia real de los hechos y los afanes

7 L a H abana, 16 de julio de 2000. Publicado en Temas no. 20-21, La


H abana, enero-junio de 2000, pp. 171-173.

91
de la gente en una revolución tiene im portancia, es
porque registra los mayores alcances y los más profun­
dos problemas de los individuos y las sociedades. Por
eso toda historia real de revolución es subversiva, y
apunta a retar al presente y devolver la fe en el futuro.
En los años noventa com encé a m encionar — en
una entrevista y dos artículos— la revista Pensamien­
to Crítico y a los que la hicimos, y di algunas valo­
raciones acerca de ella y de sus contextos. Rem ito a
los interesados a esos textos, en las revistas Am érica
Libre, D ebates A m ericanos y Temas, y en el prólogo
al libro Estudios de Filosofía. A lgunas personas, so­
bre todo jóvenes, han hecho sus tesis de grado o in­
vestigaciones valiosas acerca de la revista, o la han
incluido en estudios m ás abarcadores. En todo caso,
falta m ucho por establecer en cuanto a los hechos, y
tam bién en cuanto a análisis y juicios. Pensam iento
Crítico fue uno de los tantos instrumentos de la Revo­
lución cubana de los años sesenta, aunque, como cada
obra hum ana, tuvo su especificidad. Fue un hecho
intelectual, y entre sus aciertos estuvo no olvidarlo
nunca. Claro que se propuso más de lo que podía al­
canzar: si no hubiera sido así, ni siquiera valdría la
pena m encionarla.
Para que su espíritu pueda ser útil tantos años des­
pués, aprovecho esta coyuntura para presentar varios
problemas — unos son de hoy, otros más permanentes-—
que tienen estrecha relación con lo que se debate.
Lo prim ero que m e asalta — y m e angustia— es
p ensar en el p ro fu n d o d esconocim iento que existe
acerca de tantos hechos de la R evolución. N o digo
del proceso como tal, la posibilidad de comprender y
expresar sus rasgos principales, sus obstáculos y erro­

92
res, sus portentosas conquistas, las promesas de cambio
social y florecimiento humano que abrió. M e refiero a
algo que es mucho menos; saber qué sucedió. ¿Cómo
es posible que no forme parte del conocimiento común?
Hay zonas descom unales de silencio y olvido, y hay
otras, al parecer cubiertas, en que la reiteración de pa­
labras claves y de frases de efemérides sustituye a los
elem entos de hechos que aporten al conocim iento y
promuevan el interés de saber y la motivación de que­
rer a las actitudes y vidas que fueron ejemplares, y de
emular con ellas.
La gesta que se com parte es uno de los elem entos
básicos de la unión de voluntades y de esfuerzos. Cuba
es un país ex-colonial occidental sumamente singular,
que adelantó como ninguno en las prefiguraciones y el
camino de la liberación de todas las dominaciones. Esa
gesta podría contribuir al avance social en las condi­
ciones actuales, avance que en mi opinión, si quiere
tener oportunidades de éxito y eficacia, solo podrá ser
anticapitalista y prom over un proyecto más am bicio­
so que los anteriores proyectos revolucionarios. Pero
para que ella sirva a las necesidades de hoy, la gente
tiene que apoderarse de la historia, de toda la historia,
encontrar su m édula de form as de dom inación y de
luchas contra la dom inación, sus realidades de cam ­
bios y perm anencias, de sentim ientos, m otivaciones
e ideologías, y sacar fuerzas y provecho de su com ­
prensión. ¿Cóm o recorrer ese cam ino sin conocer lo
que sucedió?
He reclam ado y sigo pidiendo que el debate real y
sin cortapisas entre los revolucionarios se considere un
principio fundamental de nuestra cultura, y también un
principio del trabajo ideológico. El debate efectivo, y

93
no declaraciones acerca de él. N o se trata de un “asunto
de in telectu ales” : se tra ta de una n ecesid ad vital del
proceso de creación social, sin el cual no habrá jam ás
socialism o. El debate tiene características y funciones
m uy d ife ren te s en el c ap italism o y en la tra n sic ió n
socialista. E scribí sobre esto en Che, e l socialism o y
el com unism o (1989), sobre todo en el epígrafe “El
debate en el rég im en so c ia lista ” , que p u b lic ó com o
p rim ic ia L a G a ceta de C uba aq u el m ism o año. Es
extrem adam ente difícil estar de acuerdo con esa n e ­
cesidad de debate si nos dejam os llevar por las prácti­
cas y costum bres que confunden la seguridad con los
c o n tro les p re v io s y duros de lo que p u d iera p e n sa r
nuestra propia gente, y la fiabilidad con la aquiescen­
cia a todo. P rim a en nu m ero so s cam pos de n u estro
discurso público la unilateralidad y la cerrazón. A pesar
de una prolongada acum ulación cultural de experien­
cias y pensam ientos, que ha llegado a expresarse en
docum entos p o líticos de la calidad extraordinaria del
“L la m a m ie n to al IV C o n g reso del P C C ”, de m arzo
de 1990, se asum e d em asiad o la u n id ad com o u n a ­
n im idad, y la facilidad aparente que p o rta la au sen ­
cia de discusión.
Existe un Fenómeno aparentem ente opuesto a la gra­
ve deficiencia anterior que, sin em bargo, m e preocupa
m ucho, porque entiendo que en realidad es su com ple­
m ento actual. E s la “apertura” perm isiva de cierto “li­
beralism o” oral, a prim era vista inocuo, en cuanto no
se ocupa de problem as fundam entales. Todo eso es m uy
engañoso. Por un lado — a la vez de parecerle m uy mal
a algún cavernícola— , es confusionista, p orque unos
suponen que ya con esa activ id ad hem os accedido a
las “libertades” — así, entre com illas— que n ecesita­

94
mos, m ien tras otros creen que están su ce d ie n d o cosas
m uy valiosas, con las que ya se cubren las necesidades
de re n o v a c ió n y av a n ce del p e n s a m ie n to s o b re n u e s ­
tros p ro b le m a s esenciales. P or otro lado, esa “a p e rtu ­
ra” pudiera form ar parte del creciente apoliticism o que
afecta a s e c to re s de la p o b la c ió n , una te n d e n c ia q ue
no es neutral, porque en la práctica fortalece el aleja­
m ie n to del t ip o de s o c i e d a d en q u e h e m o s v iv id o .
D e s d e h a c e s iete añ o s v e n g o p la n te a n d o q u e e x iste
u n a o n d a c o n s e r v a d o r a qu e g a n a e s p a c io s y c a m p o s
en n u e s tro país.
T e n g o a la v is ta las b re v e s p alabras, tan ag u d a s y
v a lie n te s , q u e im p r o v is ó A u re lio A lo n s o d u r a n te la
M esa del C ong reso de LA S A 2000 en que Jesús Díaz
leyó su ponencia. De la prim era a la última, ellas nos
re c u e rd a n , a todos, los p o d e r e s q u e tiene la p alabra.
A urelio reivindica allí lo que debería ser un axioma: no
se es m ilitante a p esa r de tener criterios propios; para
ser m ilitante se exige tener criterios propios. T ener cri­
terios no puede ser visto co m o un defecto, c o m p e n s a ­
do por las virtudes que tenga el sujeto pensante: tiene
q u e ser c o n s id e r a d o c o m o u n a de sus m a y o re s v irtu ­
des. El sujeto en cuestió n es m ilitante, n atu ra lm e n te .
Pero no lo es chata ni simplemente; esto es, la militancia
es u n p eld a ñ o m á s alto en la esp e cie h u m a n a solo si
h ace al sujeto m ás com plejo, m ás capaz, m ás solidario,
m ás h u m a n o , m e jo r persona.
E n s e g u id a es ta m o s dentro de u n a cuestió n q u e p a ­
rece m ás específica: las relaciones entre la cultura y la
p olítica . Un jo v e n a u to r nos a c a b a de traer u n f r a g ­
m en to de T om ás G u tiérrez A lea que se refiere a aquel
q u in q u e n io en que vivió P en sa m ie n to C rítico. De las
r e f l e x i o n e s ta n p e n e tr a n t e s de T itó n to m o so lo una
frase: “Las relaciones entre política y cultura son su­
perficialmente amables, pero profundamente contradic­
torias”. No voy a alargar este comentario metiéndome
en el pozo de ese problema, al que por demás le he
dedicado tantos pensamientos y escritos, como era de
esperar. Pero sería ceguera no ver que las relaciones
entre política y cultura están en el centro de la cues­
tión que estamos abordando aquí.
Escojo entonces un solo asunto, a sabiendas de que
transgredo cuestiones fundam entales de método que
atañen a la comprensión del problema. Y es este: la
política no existe en general, ni la cultura tampoco. Si
un pueblo hace una revolución anticapitalista y entra
en la época consecuente de transición socialista, la po­
lítica y la cultura — como la economía y todo lo de­
m ás— adquieren nuevas especificidades y nuevos
órdenes de relaciones radicalmente diferentes a los que
hasta entonces habían tenido, que deben ser vividos,
pensados y organizados; al mismo tiempo, debe ade­
lantarse sin descanso en el conocimiento profundo de
esas realidades nuevas. Las razones de tantos requisi­
tos son obvias. El capitalismo sigue existiendo, y no de
modo inerte, sino atacando siempre, de manera aguda
o crónica, pero también y sobre todo ingresando, re­
tornando, reviviendo, empapando, contagiando a las
instituciones y las actitudes individuales y de grupos
de la sociedad que quiere ser nueva y socialista.
El mal mayor está en la reproducción, en el seno de
la sociedad en transición socialista, de las relaciones,
instituciones, ideas y sentimientos que rigen la domi­
nación capitalista. Y esa reproducción no depende
tanto de conspiraciones y acciones de origen externo
— por más reales y peligrosas que ellas sean— , como

96
de la inm ensa, form idable acum ulación cultural de
signo favorable a las dominaciones de unas personas
sobre otras, antigua y renovada, que existe entre no­
sotros. Una verdadera batalla cultural se libra entre
ambos complejos de maneras de vivir. La idea de que
la política es más abarcadora que la cultura, y esta es
solo una de las “ram as” “atendidas” por aquella, es
totalmente errónea. En la transición socialista, la cul­
tura tiene que ser la forma más abarcadora y profun­
da de la acción política, el cam po de su plan más
trascendente y de sus enfrentamientos más decisivos.
La política cultural socialista es totalmente insuficien­
te si se limita a la atención a las instituciones y activi­
dades que llamamos culturales. La transición socialista
es la época de creación y generalización de una nue­
va cultura, diferente y opuesta — y no solo diferente,
ni solamente opuesta— a la del capitalismo. Esa es la
tarea más difícil que pueda concebirse. Los fracasos
de las experiencias sucedidas en Europa en nombre
del socialismo ■están íntimamente asociados a su inca­
pacidad de constituir una nueva cultura.
Es cierto que el problem a exige una comprénsión
nueva y diferente de la cultura, no solo por parte de
los dirigentes y ejecutores del poder político, sino tam­
bién por parte de los que realizan actividades intelec­
tuales. El antiguo reclamo de que no se confundan las
bellas artes con la cultura ya es poco efectivo, porque
el consumo calificado de aquellas ha sido bástante
democratizado, y también está bastante difundida una
comprensión más amplia de la cultura desde el cono­
cim iento social de las com unidades hum anas. Es la
falta de cultura política suficiente la que impide que
se les saque más provecho a esos avances. Porque la

97
liberación humana necesita una m ilitancia de la cul­
tura, que le brinde espacios y sea capaz de reunir a la
diversidad de las subjetividades, habilidades y pro­
pensiones humanas, al planeamiento de las tareas re­
volucionarias, al afán de belleza, a la expansión de la
influencia y del control de la gente común sobre to­
dos los ámbitos de la vida pública, a la creatividad y
la originalidad para enfrentar las escaseces y dificul­
tades, que son tan graves que serían insalvables si no
se ponen en m archa nuevos m edios de desplegar la
superioridad de las personas.
En la batalla entre dos maneras de vivir que mencio­
né arriba, la del capitalismo ha estado recibiendo re­
fuerzos en la época reciente. Tiene además la sabiduría
— a escala social no es necesario saber para ser sabio—
de no pretender el poder político: su campo de lucha
principal está en la vida cotidiana, las relaciones socia­
les, las ideas y los sentimientos que se consumen. Ese
teatro cultural es el básico. Por eso puede ser un acierto
estratégico considerar que el centro del combate anti­
capitalista en Cuba actual es la cultura.
La producción y el consumo intelectuales integran
solo uno de los terrenos de la contienda cultural, pero
se trata de un terreno crucial, por dos razones. Una,
porque entre todos hemos hecho un país en que ese
campo constituye una parte muy importante del ali­
m ento espiritual y de la form ación ideológica. Dos,
porque la capacidad potencial de satisfacción, prefigu­
ración y adelanto que poseen los productos intelectua­
les nos es indispensable para lograr irnos por encima
de la mera reproducción de la vida vigente, y esta es
una exigencia vital, sin satisfacerla no triunfaríamos.
Por eso es tan necesario damos plena cuenta de la hora

98
tremenda que vivimos, de los deberes de cada cual y
del bienestar que pudiéram os sacar del ejercicio de
pensar y de la creatividad.
Es la conciencia que tengo de las cuestiones que plan­
teo lo que me ha llevado a escoger el contenido de este
comentario, que pudiera ser, de inicio, más árido que
el establecimiento de hechos y verdades, la colocación
de cada uno en su lugar, las precisiones y aclaraciones,
la polémica en fin que el caso exige. Aurelio y Guiller­
m o8 lo harán sin duda cum plidam ente, y al hacerlo
estarán dando un ejemplo de lo que yo pido con mi
comentario. A mi vez, con mis palabras no estoy lejos
de los días en que poníamos en la balanza la prosa y
el verso, la filosofía, la narración y el ensayo, la histo­
ria, las ideas y la vida, para inclinar al presente en
favor del futuro. Me gusta recordar así a Pensamiento
Crítico y al Departamento de Filosofía de la calle K,
número 507, entre otras cosas porque no me da nos­
talgia. R ecordarlos como un m om ento de la educa­
ción grandiosa que nos dieron a todos nosotros el
pueblo desatado y las necesidades de la libertad y la
justicia.

8 Aurelio Alonso, que fue miembro del Consejo de Dirección de Pen­


samiento C ritic o , y Guillermo Rodríguez Rivera, que fue el Je fe de
Redacción de E l C aim án B arbudo, publicaron "La segunda vida
de Jesús Díaz” y "De memoria (y paradojas)”, respectivamente, en
ese mismo número de Temas.

99
PROBLEMAS DEL ENSAYO CUBANO
EN LOS AÑOS NOVENTA 9

Ante todo reitero nuestro agradecimiento a los edito­


res argentinos que han dado un ejemplo de solidari­
dad sagaz e ilimitada: ellos han sido decisivos para
este logro. Saludo también los esfuerzos y desvelos
de los trabajadores y los responsables del Instituto
Cubano del Libro que no cejaron hasta que se alcan­
zó el éxito en esta empresa.
La colección Pinos Nuevos es un gran acontecimiento
cultural: cien cubanos inéditos se presentan
de un golpe, diciendo de la fuerza de la cultura del
país, y de que ella está en buenas manos en lo que
toca a productos acabados de la sensibilidad y el pensa­

9 Intervención en la presentación de los treinta y cinco libros de ensa­


yo de la colección Pinos Nuevos, en la VI Feria Internacional del
Libro, La Habana, 12 de febrero de 1994. Fue publicada en Fernan­
do Martínez Heredia: Repensar el socialismo. Dilemas dé Cuba en
los 90, Les Éditions du CIDIHCA, Montreal, 2001, pp. 155-160.
También existe una edición en francés, de la misma editorial y año
(Repenser le socialisme. Dilemmes de Cuba dans les années 90,
traducción de Jacques-Francois Bonaldi, pp. 161-166).

100
miento. Los ilustradores de cubierta son también una
selección de artistas plásticos — casi siempre jóvenes
como los autores— que en conjunto dan una formi­
dable muestra del lugar tan destacado que han alcan­
zado esas artes en Cuba.
Treinta y cinco ensayos inéditos de una vez, los
que estamos presentando aquí hoy, dan cuenta de un
logro más notable aún: existe, y está activo, el pensa­
miento en nuestra patria. Y estos son los que alcanza­
ron a estar. La premura de la convocatoria no dio
tiempo a muchos a presentarse; los autores de varios
ensayos muy apreciados por nosotros resultaron no
ser inéditos, y este era un requisito indispensable.
Otros, en fin, entre el centenar lomado en considera­
ción, son valiosos y promisorios pero no suficientes
respecto al promedio exigido, al juicio de la Comi­
sión de Selección. Sabidos son también los límites de
todo juicio y de toda selección.
Tenemos así reunida a una familia de ensayistas que,
como toda estirpe, es naturalm ente diversa, rica en
individualidades y tamaños, aunque a la vez se reco­
noce en cada uno de sus miembros. Con todos tengo
yo una relación: tuve la suerte de estar entre sus lecto­
res primeros. Me toca aquí hablar desde el terreno que
m e es más cercano, el del pensamiento social y las
ciencias sociales, motivado por el hecho de que más
de veinte de los libros que presentamos hoy pertene­
cen a esos territorios. Hago la salvedad — no por ob­
via in n ece saria— de que en los ensayos de tem as
literarios y artísticos se encuentran, encontré, num e­
rosas implicaciones, alusiones o abierto tratamiento
de asuntos de pensamiento y ciencias sociales.

101
N o es posible hablar de cada uno, por su gran rique­
za y diversidad de temas. M e parece en tonces feliz la
opción indicada por los organizadores, de hacer algu­
nos comentarios alrededor de los “problemas del ensa­
yo cubano en los años noventa” ; es decir, de algunos
entre la enorme cantidad de temas, interrogantes y ex­
pectativas que a todos nos motivan, nos preocupan y a
veces nos angustian.
En estos ensayos hay un m otiv o fucile para reco­
nocern os a nosotros m ism os, para sentir ese o rg u llo
de ser cubanos que hoy está sufriendo en C uba dis­
m inuciones y amenazas. Es pues una fiesta de la na­
ción encontrarse aquí, también de esta m anera, ante
el testim o nio de la elevación que alcanza el p e n s a ­
miento de sus hijos. Hoy la cuestión de la nación vuel­
ve a ser crucial entre nosotros. Pero ella nunca ha sido
la cuestión de la nación en general, y ahora lo es m e ­
nos que nunca. De nuestras acciones y nuestros pensa­
m ientos dependerá cómo nos replanteemos la nación,
y las op cio n es que a su m am o s serán decisivas para
llegar a unos u otros resultados de alcance histórico,
que pueden ser muy divergentes entre sí.
Al ensayo le toca entonces continuar estos c a m i­
nos que ustedes están abriendo, pero encontrando y
planteándose bien los problemas actuales del ensayo
cubano, para tener más oportunidades de acertar y de
desarrollarse. El principal, a mi juicio, es el problema
de los asuntos, de los temas mismos que se investigan
y exponen. Cada ambiente social predispone o aleja,
aconseja, hace aparecer, o, por el contrario, llega has­
ta a prohibir los asuntos que ha de tratar el p en sa­
m iento social. Los campos profesionales sufren esas
influencias y las traducen desde sus especificidades y

102
con diferentes grados de autonomía. En las dos déca­
das anteriores hemos padecido una situación de em ­
pobrecimiento y de dogmatizac ión muy fuertes de los
fundam entos del pensam iento social, que afectó muy
duram ente a las disciplinas sociales y le hizo mucho
daño al ensayo. La paradoja es que, en ese m ism o
tiem po, se m ultiplicaron en un grado extraordinario
las capacidades escolares y técnicas de las generacio­
nes jóvenes, y el país mismo avanzó muchísimo en la
com plejización de sus tejidos sociales y en sus ex­
pectativas culturales.
Ahora el paradigma que nos fue impuesto está ven­
cido, desprestigiado a fondo desde el mismo centro
externo que lo originó, aunque son totalm ente insufi­
cientes la crítica interna que hacemos a aquella ideo­
logía de dominación y el provecho que hemos sacado
de su bancarrota en Europa. Por otra parle, estam os
en medio de una crisis económica que ha barrido gran
parte del estado de bienestar compartido entre Lodos
que teníam os, y están en curso transform aciones de
estructuras y relaciones de gran m agnitud y conse­
cuencias inciertas. El ensayo encuentra ante sí una
mayor libertad — o más perm isividad— en cuanto a
la ampliación de sus temas, pero en un ambiente en
que parece imposible, e indeseable, todo paradigma.
El problema de la teoría — o de los debates acerca de
diferentes teorías y sus implicaciones, que seria lo más
sano— parece obviarse renunciando a toda teoria. La
cuestión verdaderamente grave, y que no puedo evi­
tar recordar, es que ese problem a nunca ha podido
resolverse así. Por una parte, las adscripciones teóri­
cas no tienen que ser expresas para surtir efectos; por
otra, y es lo más importante, la falta de orientación

103
(en el buen sentido de esa palabra que ha sido tan des­
gastada en el uso y el lenguaje com unes) del trabajo
científico e m p o b re ce sus posibilidades de encontrar
y debatir los problemas principales, toma estériles sus
lenguajes y sus instrumentos, y embota el alcance de
su actividad.
Otro problem a es el del com prom iso. D espués de
tanto tiempo de sufrir tantas intervenciones en tantos
c a m p o s de la vida en no m b re del c o m p ro m is o , de
manera tan pesada y torpe y con tantos formalismos e
im p o sic io n e s, hoy a m u ch o s les parece lo m ás c o ­
rrecto desligar de todo compromiso al trabajo de cien-
c ias sociales y sus productos. Todo lo que sugiere
co m p ro m iso p uede ser percib id o com o la am enaza
de caer bajo un peso muerto de prejuicios que tiene
una amarga historia. Sin embargo, creo que lo acerta*
do seria debatir en qué puede consistir la pertenencia
ideológica en estos cam pos en la actualidad, cóm o
ella puede ser legítima y, sobre todo, beneficiosa, en
sus relaciones con la investigación, el conocimiento y
sus frutos. Porque opino que la pertenencia ideológi­
ca es inevitable, y que lo indispensable es asum irla
como algo en que uno tiene parte del dom inio y de
las decisiones, en vez de ser un simple siervo de ella.
Una vez más Cuba es retada a relacionarse íntima­
mente con el mundo, y el ensayo —-que es expresión
del trabajo intelectual sobre lo social— es otro teatro
de ese desafío. ¿C óm o tom ar de lo que existe en el
m undo, asumir algo que tiene sus propias lógicas de
desarrollo y sus funciones? ¿Cómo equipararse con el
mundo sin servilismo, sin nuevas colonizaciones? Esta
siempre ha sido una tarea muy difícil para los pueblos
que han sufrido los impactos de las universalizaciones

104
sucesivas del capitalismo; pero hoy es más difícil que
nunca antes, porque la cultura de los centros del capi­
talismo parece contener todas las propuestas posibles
para la vida social organizada, desde la vida cotidiana
hasta los caminos del conocimiento social.
En la etapa que apenas comienza, al trabajo intelec­
tual en que se originan los ensayos le tocará participar,
en un lugar y de m aneras sum am ente relevantes. La
lucha que se abre ante nosotros es, sobre todo, una lu­
cha cultural, en la que habrá que ser creativos — y no
solo resistentes— para sobrevivir y salir adelante sin
perder la nación ni la manera de vivir que hemos esco­
gido. El ensayo tendrá que ser vehículo del conoci­
miento social real, de la imaginación y las ideas que
sean capaces de ir precisamente desde lo obvio, lo apa­
rente y lo posible hacia adentro, y que también sean
capaces de ir más allá. Imaginación e ideas que sean
aptos para problematizar lo que hoy parece de sentido
com ún o inevitable, que no tem an dudar e incluso
mostrar otros caminos. El ensayo tendrá que estar dis­
puesto a ofrecer su conciencia al país, esto es, deberá
reunir ciencia e ideales. Deberá convertirse en una for­
ma escrita de la libertad. Y a la vez, ser eficaz.
A principios de este siglo parecía que no había más
camino para Cuba que su sujeción a los Estados Uni­
dos, y que incluso la isla podría alcanzar una prospe­
ridad económ ica desde el lugar que supuestam ente
nos tocaría en el nuevo imperio, aunque se abando­
nara a cambio el proyecto de nación constituida como
república nueva, en busca del cual — a costa de es­
fuerzos increíbles y de un mar de sangre— el pueblo
de Cuba se tornó específico, y se volvió irreductible a
ser contenido dentro de otra nación. Hacía diez años

105
que hab ía m u erto M artí, cu a n d o u n gran e n s a y ista
cubano, Enrique José Varona, leyó su conferencia “El
im perialism o a la luz de la s o cio lo gía'’. “ M ateria de
gran actualidad” le llamó Varona a su asunto, y expli­
có la necesidad del análisis que em prendía y que, a la
luz de la ciencia “debe y tiene que hacerlo el profe­
sor” . Toda su rica exposición acerca del imperialismo
estaba motivada, explicó, por el hecho de que no hay
“ ningún pueblo más interesado que el nuestro en este
estu d io ” . En ese m ism o ensayo, Varona opina sobre
tres cuestiones que considera fundamentales para Cuba
en la coyuntura que el país está viviendo. Yo solo quie­
ro, sin embargo, terminar estas palabras con una afir­
mación que él hizo allí, y que hago mía: “Yo creo que
los pueblos que tienen conciencia de su valor moral
están o b ligad os a hacer frente a todos los peligros,
que provengan lo mismo de la acción desencadenada
de los elem en tos que de la m isteriosa tra m a de las
leyes sociales” .

106
¿RENOVAR LA HISTORIA
POLÍTICA ?10

Como estamos celebrando el cuarto centenario de la


obra im par de M iguel de Cervantes, quiero dedicar
mi intervención a un lector de El Quijote, de hace dos
siglos. M e hubiera gustado que se honrara en nues­
tros medios de comunicación, y en esta Feria del Libro,
el nom bre de aquel lector, José Antonio Aponte. Con
ayuda de la policía, esa fiel ayudante de los historia­
dores que investigan la vida de los hum ildes, sabe­
mos que al prender a este verdadero protocubano le
ocuparon un ejemplar de Don Quijote de la Mancha,
junto a otros libros. Aponte, negro libre y veterano de
las M ilicias, carpintero y tallador en m adera de los
proceres haitianos, dignatario del cabildo C hangó
Teddum, era un intelectual de su clase social, y fiie el
dirigente de la prim era conspiración que se propuso

10 Exposición en la Mesa “¿Renovar la Historia política?”, en la XIV


Feria Internacional del Libro de La Habana, febrero de 2005. Fue
publicada en La Gacela de Cuba no. 2, La Habana, marzo-abril de
2006. El autor la revisó para la presente edición.

107
lograr la abolición de la esclavitud y la independen­
cia de Cuba.
En qu in ce m in u to s so lo pu ed e uno aso m arse al
tem a, y com partir algunas ideas y aproxim aciones.
En Cuba, la Historia política es la que tiene un desa­
rrollo más antiguo entre las m odalidades de esa cien­
cia, y una m asa enorme de productos obtenidos a partir
de los más disím iles métodos, fuentes, variedades y
tendencias de la Historia. Lo más útil aquí, opino» será
escoger apenas dos o tres asuntos generales que esti­
mo atinentes a lo que el título de la Mesa pregunta.
Ante todo, decir que la Historia como disciplina de
ciencia social registra un auge muy notable en la Cuba
actual. Un buen ejem plo fue el día de ayer en esta
Feria, con sus presentaciones de nuevos libros y con
la Mesa que nos precedió y el debate que suscitó. Ya
estamos de lleno dentro de una nueva etapa de la His­
toria en Cuba, sin olvidar su continuidad, que nos
aporta un enorme acumulado de trabajos de esta anti­
gua dedicación, con sus logros, problemas y defi­
ciencias.
Esta etapa se caracteriza sobre todo por el desplie­
gue de nuevos tem as de investigación, la diversidad
de perspectivas y modos de trabajarlos y la profundi­
dad en la labor investigativa. Su actividad nos está
trayendo asuntos, grupos sociales, fuentes, modos de
historiar y productos que son muy necesarios. A mi
juicio, el problema de qué temas se eligen y se abor­
dan — y por ende, cuáles no— ha sido principal para
las disciplinas sociales cubanas durante muchos años.
M enciono otros rasgos que caracterizan a la etapa
actual: a) un trabajo fructífero con los medios científi­
cos recientes de Historia, y de otras ciencias sociales

108
con las que en alguna m edida se están estableciendo
relaciones; b) un mayor y mejor manejo de las fuentes
conocidas, y utilización de nuevas fuentes; c) avances
en cuanto a la aceptación, no siempre fácil, de que exis­
ten criterios disímiles sobre la materia histórica y modos
diversos de historiar; d) comprensiones m ás profundas
del significado, las funciones y el alcance de las mate­
rias del trabajo de los historiadores; e) algunos adelantos
en cuanto a m étodos y preocupación por las concep­
ciones que sirven de epistemología a la Historia; f) un
franco crecimiento editorial, con la publicación de nu­
m ero sas o b ras v a lio s a s, que son en su m ay o ría
monografías; g) la apreciable influencia proveniente de
trabajos sobre historia de Cuba de científicos sociales
extranjeros, que llegan a los cubanos por diferentes vías;
y h) relaciones muy amplias y diversificadas con me­
dios internacionales.
Ese dinamismo de la ciencia histórica es potencial­
m ente muy importante para la sociedad, porque pue­
de contribuir al desarrollo real de la conciencia social,
a que nos apoderem os de una riqueza inm ensa que
posee nuestro país y a plantear mejor el enfrentamiento
a nuestros reales y duros problemas. Cuando, avanza­
mos por los' caminos de la H istoria surge una visión
de Cuba que es más real, más profunda, más comple­
ja y más útil que la que se consume usualmente.
Aquí aparece, sin embargo, un problema que a mi
juicio es grave. A pesar de los éxitos notables en la
actividad científica y las publicaciones históricas, y
de que ellos tienen como marco las profundas revolu­
ciones experimentadas por la escolarización y las ca­
pacidades intelectuales de las personas en Cuba entre
1959 y hoy, la chata Historia política de tipo tradicio-

109
nal sobrevive entre nosotros y tiene una enorme pre­
sencia e influencia en el país. Ella predom ina en la
divulgación que se hace de nuestra historia en los me­
dios de com unicación y en la form ación ideológica
ligada a la Historia, por lo que influye también nota­
blemente en la enseñanza y en las ideas que se com­
parten. Es habitual que se tengan y divulguen creencias
infundadas o tergiversadoras acerca de eventos y pro­
cesos de la historia de Cuba, que subsistan lugares
comunes, omisiones y prejuicios, en vez de m anejar­
se los conocim ientos, resultados y preguntas que ya
han sido elaborados por los historiadores, supuesta­
m ente al alcance de todos sus paisanos, que por su
parte poseen tantas calidades como consumidores po­
tenciales. Peor aún es la simple ignorancia de la histo­
ria nacional, una realidad que crece — no tengo datos
fehacientes, pero muchos comparten mi impresión— a
pesar de su presencia en los programas escolares.
Se produce así una escisión m uy grave entre el
manejo y el consumo de la Historia por parte de m i­
norías especializadas o aficionadas, y el de la gran
m asa de la población. Esa situación configura una
división entre élites y masas en el consumo de la His­
toria. Es m uy negativo que no exista una decidida
socialización de la Historia que se produce sobre el
devenir nacional y sus problemas, lo cual nos haría
más profundos y concientes en el manejo revolucio­
nario y socialista de tantas cuestiones intelectuales,
políticas, ideológicas y de las prácticas cotidianas. Me
tem o que una escisión análoga se esté im plantando
también en otros campos de los consumos culturales.
Por fortuna se trata de un territorio en disputa, como
tantos otros de la cultura cubana actual. Frente al p e s o '

110
enorme a favor de la división entre élites y masas, un
buen número de actividades y empeños intentan esta­
blecer relaciones cada vez. m ayores y más estables
entre la Historia calificada que se va produciendo y
más amplias capas de la población. Es imprescindible
tomar conciencia, y actuar en sentido contrario a las
tendencias negativas, luchar contra toda división del
mundo espiritual de los cubanos.
Antes de pasar a hacer unos comentarios sobre dos
posiciones que han influido m ucho hasta hoy sobre
la Historia en general, y por tanto sobre la Historia
política, quisiera afirmar que el florecimiento y los
desarrollos en curso de la Historia social pueden cons­
tituir una formidable ayuda para renovar la Historia
política. A la vez, quiero afirmar que toda Historia so­
cial bien concebida y realizada es también Historia
p o lític a .11
Dos tendencias muy importantes y bastante opues­
tas entre sí dentro de la ciencia histórica me parecen
básicas al asom arnos a la Historia política en Cuba
actual. Una es la del deterninism o economicista, que
cree poseer la clave de los eventos y los procesos his­
tóricos; la otra, el relativismo extremo, que entiende
determ inantes las convenciones que sigue o elabora
el historiador, un referente particular o los límites del
lenguaje, la Historia de los discursos. La sombra del

11 Rebecca J. Scott comenta, glosando a Thomas Holt: " ...no se podía


simplemente ser un campeón de la Historia social en detrimento de la
política. Uno no podría entender los cambios en la naturaleza de
la ciudadanía sin lanzarse a lo político”. Epílogo a la 2'1edición de La
em ancipación de los esclavos en Cuba. La tran sició n a l trab a jo
lib re , The University o f Pittsburgh Press, Pittsburgli, 2000.
colonialismo mental se cierne siempre sobre asuntos
como este; ruego tenerlo m uy cuenta, aunque no le
dedique tiempo aquí.12
El determ inism o econom icista, que no debem os
confundir con la Historia económica, tenía honda rai­
gam bre en el m arxism o de orientación soviética, y
reinó en Cuba en los años setenta-ochenta, precisa­
mente cuando se multiplicó y sistematizó la escolari-
zación m edia y superior de la población joven. Esa
corriente poseía una curiosa com binación de positi­
vismo, pensam iento especulativo y teleología, fijaba
abstracciones — "reg u larid ad es”— que debían ser
“aplicadas” y consideraba a sus casos como “ejem ­
plos” de aquellas. Se presentaba como la tendencia
“oficial”, al amparo de la imposición de un dogmatis­
mo que clasificaba, juzgaba y censuraba la produc­
ción histórica, y exhibía una confianza plena e ingenua
en la ciencia, la razón y un destino luminoso. Entró
en crisis hace casi veinte años, pero sin desaparecer,
por las especiales condiciones en que transcurre el
proceso cubano y por la cultura acumulada en la que
está inscrita esa corriente. En ausencia de conocimien­
tos, provee una suerte de sentido común que todavía
es usado para sentirse seguro e “interpretar” hechos
históricos. Por otra parte, en los últimos quince años
esa tendencia ha recibido refuerzos desde el podero­
so campo capitalista, por el determinismo económico
rampante que ha invadido el conocimiento social, las

12 He expuesto mis criterios, entre otros, en textos como “Historia y


marxismo”, dos conferencias que ofrecí en la Universidad de La
Habana, publicado en La Historia y el oficio de historiador, Edicio­
nes Imagen Contemporánea, La Habana, 1996, pp. 3 36-346.

112
instituciones investigativas y docentes, la gestión de
sus recursos, las prácticas intelectuales en general y
el lenguaje cotidiano.
Por otra parte, la tendencia relativista ha tenido un
enorme desarrollo en las tres últim as décadas; entre
nosotros ha estimulado estudios y posee hoy cierta in­
fluencia. Lo debe sin duda a su atractivo, porque le
brinda más lugar al pensamiento, la imaginación y las
perspectivas culturales, auspicia el trabajo con nuevos
sujetos y temas, y parece más moderna. Esto ya sería
bastante. Pero también han favorecido al relativismo la
crisis que sufre el marxismo — todo el marxismo, y no
solo la vertiente dogmática— , las debilidades que pa­
decemos todavía en la formación teórica y en el hábito
de utilizar la teoría, y la distancia que muchos prefieren
tomar de lo político. Además de la peligrosa escisión a
escala de la sociedad entre élites y masas, a la que me
referí antes, ¿se formará una disyuntiva en el seno de
los historiadores, entre los que busquen la compren­
sión de lo que ocurrió en la investigación de los proce­
sos humanos de transform aciones y permanencias, y
los que no lo crean posible o digno de atención, y se
encaminen por otros rumbos?
Opino que debemos evitar que ese dilema se con­
vierta en una antinomia. Los métodos cuantitativos y
cualitativos, la macro y la microhistoria, las perspec­
tivas de conflictos de clase, de existencia de culturas,
de dom inación y hegemonías, el trabajo con la rica
diversidad de grupos e identidades, pueden ser utili­
zados de acuerdo a los objetivos de cada caso en in­
vestigación, relacionarse entre sí e incluso fertilizarse
unos a otros. No concibo que esos logros sean posi­
bles, sin embargo, si el historiador no posee referen­

113
tes teóricos que lo pongan en posesión de una concep­
ción comprendida y utilizable. Creo que un marxismo
capaz de recuperar sus esencias, criticar sus insufi­
ciencias y avanzar como teoría, puede ser el auxiliar
principal, aunque no el único, para esas tareas.
La H istoria política que ya se está desarrollando
asume la historia de la gente sin historia, como pedía
el maestro Juan Pérez de la Riva. Esa actitud la lleva a
enfrentar los vacíos y los silencios que aún alberga la
H isto ria que se consum e usualm ente — que tienen
orígenes y motivaciones diversas— , y también los erro­
res y prejuicios. Esta nueva Historia está reivindicando
como materia suya a hechos y grupos humanos olvi­
dados o maltratados, y con virtiendo en personajes his­
tóricos a desconocidos, unos que fueron héroes y otros
que fueron gente común. La nación, que es tan cen­
tral en el mundo espiritual y político cubano, se creó
con los trabajos y los sacrificios de esos personajes, y
su decurso histórico está lleno de los trabajos, sacrifi­
cios y heroísmos de la gente sin historia. Pero no solo
son m ateria histórica las rebeldías y la abnegación
— de masas de cubanos y de cada uno— , en pos de
los grandes objetivos nacionales. También son m ate­
ria histórica los sistemas de dominación que aplasta­
ron o subordinaron a millones de personas, las formas
en que ellas aprendieron a someterse e interiorizaron
su condición, las form ulaciones de la hegem onía de
las clases dominantes y las resistencias.
N ecesitam os conocer m ejor — en ciertos casos,
comenzar a conocer— procesos y personalidades que
no están en los fastos revolucionarios. Por ejemplo, la
línea de importantes personajes del sistema de domina­
ción, como el Conde de Villanueva o Mario García

114
M enocal. Por otra parte, es in so ste nible c o n v e rtir a
los p ro c e re s criollos de la colo n ia e s c la v iz a d o ra de
la prim era m ita d del siglo xix en su pu esto s abuelos
de la nación, interpretación histórica h echa con re ta­
zos de cultura burguesa e ilusiones de izquierda, sin
so m eterla al esc alp elo de in v estigacion es histó ricas
d espreju iciad as.
Es indispensable continu ar re cuperando la m e m o ­
ria histórica del pueblo cubano. Pero tam bién es con­
veniente, a los efectos de la creació n de una n uev a
sociedad y una nueva cultura, recordar lo que decía
Carlos Marx al inicio de un texlo fundador de la cien­
cia política, El 18 brum ario d e Luis Bonaparte, al de­
finir a la revolución de liberación: “hay que dejar que
los muertos entierren a sus m uertos” .
Tenemos que lograr que la Historia política cubana
sea profunda, sea un campo de debate, de rescates y
de aprendizajes. Que forme parte de la ciencia histó­
rica, que lodos tengam os derecho a m anejar sus v er­
dades, sus preguntas y sus caminos, porque eso es lo
más congruente con los fines de nuestra sociedad. Que
contribuya a eliminar la oposición espuria entre com ­
prom iso social y político y calidad profesional. Que
se guíe por la justicia social, como valor guía superior
para todo aquel que hace Historia; pero sin sustituir
jam ás, ni con la m ejor intención, al honesto trabajo
de hacer Historia.
INTRODUCCIÓN A LA REVOLUCIÓN
POSPUESTA, DE RAMÓN DE ARMAS 13

Entre los trabajos de Historia de la primera etapa de la


revolución cubana en el poder sobresalen tres textos:
la edición primitiva de El ingenio (1964), de Manuel
Moreno Fraginals, ideología m am bisa (1967), de Jor­
ge Ibarra, y La revolución pospuesta (inicios de 1971),
de Ramón de Armas. Cada uno de estos autores in ­
v estigaba problem as y proponía tesis en ese ámbito
tan transitado por los historiadores que es el siglo xix
cubano, y cada uno tenía su específica historia y per­
tenencia intelectuales; sin embargo, los tres traían un
nuevo momento de la historiografía cubana, y podían
apreciarse las fuertes relaciones de sus obras con la
época que estaban viviendo los autores.
Es cierto que en aquella intensa docena larga de
años iniciada en 1959 sucedieron otros eventos de

1' Este texlo fue publicado en Ramón de Armas: La revolución pos­


puesta. Destino de la revolución martiana de 1985, Cenlro de Estu­
dios Martianos, La Habana, 2002, pp. 7-38. El autor lo revisó para
la presente edición,

116
importancia capital en el terreno de la Historia. Baste
recordar dos de esos hechos. El asalto a la historia
nacional — sobre todo la de las luchas pop ulares—
realizado por una increíble multitud de nuevos lecto­
res, u n a parte de ellos recién alfabetizados, fue una
verdadera concientización en el terreno de la palabra
escrita y con valoraciones organizadas según una ideo­
logía de liberación. Esto produjo una transformación
sensible de lo que hasta entonces había significado la
gesta nacional — que era para el pueblo la médula de
lo cubano— , el centro políticamente ambiguo de una
identidad profundam ente nacionalista trasmitida por
una vigorosa tradición oral. La gente se apoderó de la
historia escrita, p rim ero com o co n su m id o res, pero
pronto apareció cierta socialización de la escritura de
la Historia, a través de las búsquedas y narraciones de
un amplio movimiento organizado de aficionados, con
apoyo sindica!. El otro hecho fue la proclamación de
la dirección política del país en 1968 acerca de “los
cien años de lucha”, concreción en forma de consig­
na de una posición respecto al socialismo en Cuba.
Ella vinculaba al poder y al proyecto anticapitalistas
con la gran tradición de luchas de liberación de la na­
ción, reivindicando el carácter popular predominante
en esta y por consiguiente el nexo íntimo entre justicia
social y libertad. Fue uno de los momentos definitorios
en la larga polémica entablada en el seno de la Revo­
lución, esta vez a favor del predominio del radicalis­
mo en los objetivos y de lo nacional en la ideología
del comunismo cubano. El país se batía duramente en
diferentes terrenos: la lucha tenaz por un desarrollo
económico socialista autónomo, la radicalización del
carácter socialista de su régimen y sus ideas, el en­

117
frentam iento p erm anen te a la hostilidad norteam eri­
cana, un internacionalismo militante a escala mundial
y en busca de un frente latinoamericano, l as profun­
das diferencias con la Unión Soviética y los Estados y
m ovimientos que ella lideraba.
Era el apogeo de la herejía cubana. La posición ideo­
lógica de "los cien años de lucha” fortaleció aún más
la legitimidad del régimen, y a la Revolución cubana
frente a sus enemigos; pronto ayudaría también a en­
frentar los intentos de colonización “de izquierda’'* de
la etapa siguiente, la que com enzó a inicios de los
años setenta. Pero esa posición ideológica también lle­
vó a que se le reclamara a la Historia una función de
íundam entación política de la Revolución.
En cuanto a la Historia, se había partido de lo exis­
tente para negarlo en buena medida y producir una gran
discontinuidad, com o sucede con todos los aspectos
relevantes en una sociedad durante un proceso de cam­
bios profundos y abarcadores; pero también, como en
todos, las permanencias y la continuidad desempeña­
ron sus papeles. Los procesos de modernización y di­
v e rs ific a c ió n e x p e rim e n ta d o s p o r la h is to rio g ra fía
cubana durante las décadas previas favorecieron los
trab a jo s que em p re n d ió desp u é s de 1959. Si Raúl
Cepero Bonilla — el joven rebelde que lanzó su Azúcar
y abolición en 1948— se sumió en tareas revolucio­
narias de go b iern o y m urió muy tem prano (1962),
Juan Pérez de la Riva, Manuel Moreno Fraginals, Ju­
lio Le R iverend, José L uciano Franco, entre otros,
continuaron sus investigaciones con m ayor brío y en
mejores condiciones, sumaron sus labores a la R evo­
lución e hicieron aportes muy serios. La nueva época
les permitió escribir sus obras en una forma distinta a
como lo hubieran hecho antes — como afirmó uno de
ellos— , pero tam bién le planteó enseguida num ero­
sos retos a la ciencia histórica.
En los años sesenta se pusieron en debate — o se
pretendió decretar, en nombre de nuevos dogmas— los
fundamentos teóricos de la Historia, su contenido mis­
mo, su relación con construcciones generales acerca
del transcurso de la historia hum ana, el lugar y las
funciones de disciplinas como la Historia económica,
y otros temas. El marxismo asumido por todos abría
muy ricas posibilidades al desarrollo científico y era
un principio unificante, pero varias décadas de des­
venturas lo habían secado y deformado demasiado, y
el proceso que lo dañó tanto creó también el hábito de
imponerlo y a la vez manipularlo, por lo que resultaba
riesgoso su predom inio. En el terreno de la historia
nacional surgieron muy fuertes necesidades de revisar
narraciones y modos de historiar, de buscar otros asuntos
históricos y develar otros hechos y protagonistas. Cier­
tos personajes desaparecieron o fueron condenados, y
otros desconocidos hicieron su entrada en la historia.
Mientras el pueblo cubano tomaba el poder sobre las
cosas y las calles, los actores colectivos de los eventos
pasados, el pueblo que fue, la gente sin historia, tocaba
a las puertas de la Historia.
La m era crónica de lo que sucedió en H istoria y
con la H istoria durante aquel proceso — no ya mis
valoraciones y criterios— sería un despropósito aquí;
lo que he dicho se limita a situar en modesta medida
algunos contextos de La revolución pospuesta, una
cuestión de m étodo que me parece sin embargo in­
dispensable. Añado solamente que las interrogantes y
definiciones sobre “la formación de la nación” se ha­

119
bían tornado centrales para los que trabajaban Histo­
ria de Cuba. Los tres libros mencionados al inicio no
eran ajenos a ese tema. Moreno abría su luminosa in­
troducción a EI ingenio con su convicción de que sin
el estudio exhaustivo de la econom ía azucarera era
imposible interpretar nuestra historia, exponía su pro­
pósito de rasgar “el turbio velo que cubre la historia
de Cuba" y hacía expresas sus m otivaciones.14 Jorge
Ibarra investigaba directam ente la form ación de la
nación, y lanzó su Ideología mambisa al centro del
debate. Ibarra integró clases sociales, razas, racismo,
castas, y los m ovim ientos e ideologías reform ista,
anexionista e independentista en su análisis de las si­
tuaciones y momentos sucesivos de la formación de
la nación, sin atenerse a los prejuicios y simplismos
tradicionales, consagrando así una nueva perspectiva
histórica.
M ediante un gran número de actividades y publi­
caciones, y por la gran fuerza ideológica de su con­
vocatoria, el centenario de la Revolución de 1868 dio
más impulso al conocimiento y los debates sobre la
cuestión nacional y la historia de Cuba en general.
Nacido en 1939, Ramón de Armas Delamarter-Scott
hizo sus estudios superiores y su dedicación a la His­
toria dentro del período del poder revolucionario. Per­
teneció desde 1968 al Departamento de Filosofía de
la Universidad de La Habana — creado en el marco

M “Hemos ido hacia una obra de investigación, analítica y densa, por­


que creemos que la Revolución necesita estudios básicos, con firme­
za en sus fuentes de documentación” (El ingenio. E l complejo
económico social cubano del azúcar, Comisión Nacional Cubana
de la UNESCO, La Habana, 1964, p. XI).

120
de la Reforma Universitaria en julio de 1962, para
impartir filosofía marxista en todas las carreras— , for­
mado por un grupo de jóvenes que desarrolló la acti­
vidad mucho más allá de lo que prescribía su contenido
inicial, asumió una específica posición como marxis­
tas y tuvo una notable participación en el debate de
aquella época, combinó la docencia con la supera­
ción, la investigación y las publicaciones en pensa­
miento teórico, disciplinas sociales y lógica, de manera
ardua y sistemática, y realizó numerosas tareas bas­
tante diversas hasta su disolución a fines de 1971.
Pausado al hablar y de porte sereno, Ramón se ca­
racterizó por su extrema responsabilidad y sus contri­
buciones en aquel colectivo exigente, y a la vez por su
afán de estudio y profundización en los problemas in­
telectuales. Desde el inicio hicimos en el Departamen­
to estudios de historia del pensamiento cubano, que se
ampliaron a la historia nacional, hasta llegar a tener
formalmente un grupo de estudios cubanos; Ramón fue
uno de sus miembros. Una frase expresaba el propósi­
to general que animaba aquellos estudios individuales,
seminarios de debate, investigaciones, publicaciones,
cursos de superación: “comprender la historia de Cuba
de acuerdo a las luchas de clases”. También se em­
prendieron estudios latinoamericanos, en los cuales
Ramón participó.15
La revolución pospuesta nació en ese medio inte­
lectual e ideológico. Sentíamos que nuestro trabajo se
inspiraba en la corriente más radical dentro de la Re­
volución y era preciso que la defendiera siempre y

1s Ver su “La burguesía latinoamericana: aspectos de su evolución”, en


Pensamiento Crítico no. 36, La Habana, enero de 1970, pp. 57-7.9.

121
buscara desde ella sus temas; y que al mismo tiempo
era un trabajo intelectual, obligado a atenerse a las
reglas de ese oficio y a defenderse por sí, a ser rigu­
rosamente honesto, original y crítico. Supimos pron­
to, por ejemplo, que la nación y las clases sociales
podían ser invocadas alternativam ente — o reunidas
abstractamente— sin que ganaran nada con eso el co­
nocim iento ni la ideología socialista, pero también
aprendimos que saberlo no era una solución, sino solo
una lucidez exigente que servía para iniciar un cami­
no. Las vivencias y los estudios — incluidos los tex­
tos e iniciativas de diversos historiadores— nos dieron
la convicción de que en Cuba, como en tantos países,
la historia había sido dispuesta y rehecha desde las
clases h egem ónicas — con los ag rav antes del co lo ­
nialismo y sus secuelas m entales— , y era por tanto
necesario leer otra vez, o por primera vez, y buscar
desde la gente sin historia, para que la Historia tuvie­
ra una nueva etapa de desarrollo.
Ramón fue uno de los que se embarcó en esa aven­
tura intelectual que llevaba tanto a la evaluación de
las tesis e ideas de más generalidad y alcance en His­
toria, ciencias afines y m arxism o,16 com o al análisis
de fuentes primarias, bibliografía y actitudes de indi­
viduos y grupos sociales, referidas a eventos históri­
cos; también llevamos esa intensa actividad a nuestros
esfuerzos docentes y editoriales. En la asignatura bási­

16 Inmediatamente después de La revolución pospuesta, la revista Pen­


samiento Critico no. 51 (abril de 1971, pp. 5-12; 13-75) publicó
“Configuraciones histórico-estructurales de los pueblos am erica­
nos”, del antropólogo brasileño Darcy Ribe iro, con una presenta­
ción profunda y muy argumentada de Ramón de Armas.

122
ca que impartíamos en todas las carreras de la U n i­
versidad de 1966 a 1971 , H istoria del Pensam iento
Marxista, introdujimos temas de la historia cubana y
latin o am eric an a.17
En enero de 1971 el Departamento de Filosofía dio a
la imprenta una gruesa antología con comentarios, Pen­
samiento revolucionario cubano, con propósitos divul-
gativos y de ayuda a la docencia.
La revolución pospuesta fue un resultado dentro de
un ambicioso proyecto. Ramón se propuso estudiar los
com po rtam ientos históricos de la b urg uesía cubana
hasta su abatimiento por la Revolución. El proyecto
distinguía entre dos tipos de “ burguesía productora” :
"para la exportación” y “para mercado interno” . Partía
de las hipótesis de que en la historia cubana la primera
había sido la determinante, tanto en la economía como
en las relaciones de esta con la sociedad, y en las rela­
ciones del país con la economía mundial. La compren­
sión del desarrollo de la burguesía cubana como clase,
y la historia de las relaciones que va sosteniendo con el
imperialismo norteamericano — dada la importancia de
este en la historia cubana— obliga a remontarse al si­
glo xix. Es más: “Para poder comprender la estructura
socio-económica y las relaciones sociales existentes en
la neocolonia cubana, es imprescindible com prender
la estructura socio-económica y las relaciones corres­
pondientes en la colonia cubana” . 18

17 E n enero de 1971 el Departamento de Filosofía dio a la imprenta una


gruesa antología con comentarios. Pensamiento revolucionario cu­
bano, con propósitos divulgativos y de ayuda a la docencia ( Edito­
rial de Ciencias Sociales, ICL., La Habana, 1971, t.1 ,476 pp.)
1* Ramón de Armas: Proyecto de libro sobre la historia de la burgue­
sía cubana, meca, s/f, p. 3. Los subrayados son de Ramón de Armas

123
Ram ón sostiene la incapacidad estructural de la
burguesía para ser clase nacional. Pero ese no es el
centro de su trabajo. En vez de derivar la historia de
la historia económica, utiliza esta como un elemento
muy importante para un trabajo que es, sin embargo,
diferente: hacer Historia. Las luchas de clases son cen­
trales para la comprensión de los hechos históricos, y
sus actores son el centro de esos hechos: por tanto,
los grupos sociales y las personalidades representati­
vas son los protagonistas de su investigación. La di­
mensión latinoamericana juega un gran papel en sus
puntos de partida, como es natural en un investigador
cubano en los años sesenta, pero también porque Ra­
món se mueve en la nueva dinámica desarrollo-sub-
desarrollo que está haciendo avanzar la econom ía
política y lleva su influencia más allá de la propia cien­
cia económica.
José Martí también está ante él, con su gigantesco
legado ahora puesto a la nueva luz de una revolución
triunfante que estaba más urgida de las potencialida­
des de Martí que de sacralizarlo. Ramón es un estudio­
so martiano que no hace hagiografía; busca, en cambio,
su originalidad de pensador americano en relación con
los grandes temas de la región, y el contenido de su
papel histórico respecto a la formación de la nación
cubana mediante una revolución de liberación nacio­
nal y el establecimiento de una república democrática
de nuevo tipo. La Revolución de 1895 es el gran even­
to histórico a través del cual analiza, en la confluen­

(A rchivo de F. Martínez). Se refiere a ese proyecto en “La burguesía


latinoamericana...”, p. 57. Aquel trabajo constituía el capítulo I.

124
cia de sus dinámicas, la condensación de tres proce­
sos: la exacerbación de los ideales y el movim iento
nacionalistas que desemboca en una revolución y una
guerra de independencia; las actitudes políticas de las
clases sociales en el transcurso de una situación ex­
trema; y la aceleración súbita del proceso de form a­
ción de una neo co lo n ia en el seno de la colonia
cubana, a causa del cese de la soberanía española y la
ocupación militar del país por los Estados Unidos. Y
desde esa totalidad histórica examina el contenido, y
la procedencia o no, del proyecto martiano.
Por últim o, la coyuntura. La revista Pensamiento
Crítico, que era un órgano de expresión íntimamente
ligado al colectivo al que pertenecía Ramón, tenía a la
Historia como una de sus líneas permanentes de traba­
jo. Los textos de historiadores y los documentos histó­
ricos que publicaba eran piezas intencionadas de una
posición. En medio de la tensa situación política de
1970, que involucraba el rumbo inmediato de la na­
ción y de la revolución socialista, la revista se propuso
dedicar más de doscientas páginas de su número doble
anual a José Martí, encamación de la radicalidad más
trascendente en la combinación cubana de luchas na­
cionales y de clases. Se solicitó a Pedro Pablo Rodríguez
—joven miembro del Departamento de Filosofía y de
su Grupo de Estudios Cubanos— y a Ramón de Arm a s
sendos ensayos de profundización sobre el Apóstol; la
monografía se completaría con una selección de textos
políticos del propio Martí.
Ramón se aplicó a su tarea con una enorme labo­
riosidad y un plan riguroso. Pedro Pablo entregó en
tiempo su “La idea de liberación nacional en José
Martí”, un ensayo realmente original y de gran cali­

125
dad, el prim er fruto de lo que años después se con­
vertiría en su dedicación a tiem po completo, que lo
ha convertido en uno de los m ás destacados investi­
gadores martianos. Pero R am ón de Armas no lograba
dar fin a su tarea dentro de los plazos a que está obli­
gada una publicación periódica. Después de una odi­
sea final que incluyó presiones fraternales del que esto
escribe, me entregó su texto; finalmente la revista apa­
reció, con su “La revolución pospuesta: destino de la
revolución m artiana de 1895” .19 Fue uno de los últi­
mos núm eros de aquella publicación.
El lector de L a revolución pospuesta advierte ense­
guida que está ante un trabajo de síntesis histórica, en
que el autor presenta sus reflexiones y sus tesis acerca
del período histórico y de los eventos significativos que
ha seleccionado con arreglo a sus objetivos, con argu­
m entos atinentes y en una concatenación irreprocha­
ble. Y a la vez advierte que el autor ha realizado un
gigantesco trabajo de investigación factual, a través de
un cúmulo de fuentes diversas, y que existen verda­
deras relaciones entre ese trabajo y aquellas reflexio­
n es y tesis. A d e m á s, su c a lid a d form al fa c ilita la
co m p re n sió n y es un arm a com unicativa. Estam os,
pues, ante uno de esos productos especiales del géne­
ro: una obra lograda de Historia.
Los resultados del análisis de las estructuras vigen­
tes en la América independiente del siglo xix entran a
formar parte de su interpretación del período y el even­
to histórico cubanos, en dos sentidos: el de las posibles

19 Pensamiento Critico no. 49-50, La Habana, febrero-marzo de 1971,


pp. 7-118.

126
“soluciones’' a los problemas básicos de Cuba y las
actitudes de clase ligadas a ellas; y el de las ideologías
y el caso específico del pensamiento martiano.-" Ramón
caracteriza el sistema económico social dominante en la
región desde una óptica general que relaciona íntima­
mente al desarrollo y al subdesarrollo como aspectos de
un sistema mundial capitalista, y a la historia colonial
como una historia de capitalismo colonial,’1 El texto
contiene proposiciones tan sugerentes como la de que
los fuertes cambios modernizantes que en sentido gene­
ral se produjeron en la fase final del siglo en las repúbli­
cas latinoamericanas — cambios que Martí resalta en sus
textos— no alteraron, sin embargo, la esencia de sus
relaciones de subordinación con el capitalismo mundial,
ni la dominación social en cada país de la región de la
burguesía productora para la exportación.
La mayor parte del primer capítulo está dedicada a
exponer las ideas de Martí sobre América Latina y so­
bre los Estados Unidos, su específica posición ameri­
cana liberada del colonialismo mental y su proyecto
revolucionario antimperialista para conquistar una “se­
gunda independencia” con base popular, que combine
libertad con justicia social. Se evidencia aquí la pro­
fundidad y el radicalismo del pensador y dirigente re­
volucionario, la articulación rigurosa de sus actos,22 y

211 Capítulo “La colonia que ha sobrevivido en la república'’, ob. cit.,


pp. 14-3 i . En adelante, todas las citas de la obra corresponden a la
primera edición citada.
? 1 Lsta corriente estaba entonces en auge como posición científica, y se
ponía en relación expresa con posiciones políticas e ideológicas
revolucionarias.
22 “La crítica y la acción revolucionarias de Martí son respuesta a las
preguntas que la realidad continental plantea: qué tipo de sociedad

127
el alcance de los conceptos que utiliza.23 M ediante
esos nexos entre Cuba y América, el pensamiento y la
acción de Martí se toman más inteligibles.
No se escribió este libro, sin embargo, para cantar
a un ser superior que firma y anuncia con su verbo y
su sacrificio el futuro luminoso de la patria. Desde el
propio título está situado en otro terreno, en uno de
m últiples interrogantes. Bucea en un proceso singu­
lar — siempre lo es cada evento histórico— , tras sus
específicas estructuras, clases y luchas de clases, cons­
trucción nacional. Enseguida enuncia una de sus tesis
centrales: en el caso cubano, para 1895 ya se ha for­
mado una neocolonia dentro de la colonia.
En el segundo capítulo, “La neocolonia cubana”,
Ramón ejecuta una operación historiográfica diferen­
te. La historia económica de las clases dominantes de
Cuba desde el siglo xvi es puesta en sus relaciones
concretas con sus vínculos internacionales. Las com­
binaciones de relaciones coloniales y de nexos con
los que están desarrollando el capitalismo en Europa
y en N orteam érica van inclinándose a favor de los
segundos. Desde la séptima década del siglo xvm “tie­
ne lugar una definitiva inclusión de Cuba en la eco­
nom ía internacional” , que orienta sus capacidades
productivas hacia m ercancías destinadas exclusiva­
mente a la exportación y genera su vinculación esta­

padece América; qué tipo de transformación hay que abordar en la


tarea. Y dónde y cómo captar los brazos y voluntades para hacerla.”
(R. de Armas, ob. cit., p. 17)
23 “...en Martí, la superación de la organización política colonial -o
sea, la instauración de la república— va necesariamente vinculada a
la modificación de la estructura económica en que se asienta. Ambas
se interrelacionan directamente...” (R. de Armas, ob. cit., p. 19)

128
ble con el mercado mundial. Ramón persigue en este
cuadro las precoces e intensas relaciones económicas
con las Trece Colonias/Estados Unidos y su desarro­
llo a lo largo del siglo xix, mostrando sus tempranos
vínculos financieros, comerciales y empresariales de
variados tipos, y cómo las coyunturas y modalidades
diferentes de esas relaciones no alteran una tendencia
al auge que las tom a dominantes para Cuba y consa­
gra su estructura monoproductora, de gran explotación
de la fuerza de trabajo y dependencia de las importa­
ciones. Los nexos entre Cuba y los Estados Unidos
— incluidas las inversiones directas y los enlaces entre
capitalistas— se vuelven febriles durante los años
ochenta.
Ram ón m aneja la historiografía m oderna cubana
previa a 1959 para enfrentar los nuevos retos que él
ha asumido,24 y se apoya también en las obras históri­
cas de los años sesenta, señaladam ente en E l inge­
nio.25 Trabaja archivos de registros de propiedad y
revisa textos de contem poráneos de aquellos proce­
sos, com o H u m boldt, A ntonio J. V aldés, A bbot,
M adden, B achiller y M orales, La Sagra, M erchán.
D etrás de sus raciocinios están los autores clásicos
del m arxism o, que Ramón m anejaba con tanto pro ­
vecho. Pero lo decisivo en esta búsqueda han sido las
preguntas de las cuales partió.
Ramón concluye, en una síntesis de nueve puntos,
que en las dos últimas décadas del siglo ya predomi-
24 Las obras de Ramiro Guerra, Gustavo Gutiérrez, Emilio Roig de
Leuchsenring y otros. Se sirve también de las obras valiosas de Leland
Jenks y Scott Nearing.
25 Pero también en las investigaciones de historia económica de Julio
Le Riverend, las obras de Juan Pérez de la Riva, Jorge Ibarra y otros.

129
na la relación neocolonial en la estructura económica
y social de Cuba. Y enfatiza el peso de esa realidad
para el análisis político del evento principal en la for­
m ación de la nación cubana: “La Revolución que se
in icia en 1895 ten d rá entonces que enfrentarse no
solam ente a la colonia cubana de España. Tendrá ya
que enfrentarse — y por primera vez en la historia— a
la neocolonia cubana de los Estados U nidos”.26 Ese
énfasis es fundamental, porque afirma la existencia de
la condición neocolonial antes de 1895, y no después
de 1898, y por tanto su carácter de parte actuante en la
gran confrontación entre la colonia y su metrópoli. La
creación misma de la nación soberana confrontará dos
enemigos, por tanto, porque los beneficiarios en Cuba
de la relación neocolonial no son los prom otores ni
creen necesitar una revolución de independencia como
la que se desencadenó en 1895.
Entonces se hace claro el alcance de su tesis sobre
la neocolonia en la colonia. La historia económica y
social puede ayudar a la comprensión del gran evento
histórico del 95 si este es investigado teniendo en
cuenta los intereses, ideas, m otivaciones y actuacio­
nes de las clases sociales im plicadas, y sus relacio­
nes y e n fre n ta m ie n to s. E sa p e rs p e c tiv a tam b ié n
ayuda a identificar las opciones de solución a los
problem as que los actores advirtieron y, quizás, las
opciones que realm ente tenían. N ada pierde el h e­
cho h istó ric o u n ific an te de la lu ch a n a c io n a lista
— ni su trascendencia actual— porque se conozcan
sus condicionantes clasistas; solo perderían con ello
las clases dominantes que lo tergiversaron para ocul­

26 Ramón de Armas: ob. cit., p. 49.

130
tar sus om isiones o actos antinacionales, y para m a ­
nipular el nacionalismo a su favor. P or otra parte, solo
la historia política encontrará los h echos que fueron
d ec isiv o s, p orqu e los ev e n to s h is tó rico s no p u ed e n
ser “ ex plicados” por determ in aciones económ icas, y
m enos que ninguno las revoluciones, esas apasionan­
tes subversiones de lo posible.
A esa historia política dedica R am ón el resto del
texto, esto es, más del sesenta por ciento de la obra. A
través del examen de la historia interna de la Revolu­
ción del 95 expone otra tesis central: mientras los cu­
banos iban ganando la guerra, estaban perdiend o la
revolución. Para llegar a enunciarla, el autor ha debi­
do tener otros puntos de partida que los habituales: en
vez de la antinomia más visible, la de insurrección y
metrópoli, las diferencias y oposiciones en el interior
del cam po insurrecto. Se trata de rastrear otras fuen­
tes y rescatarlas del olvido, de leer de otro m odo las
conocidas, y de utilizar los conceptos de clase y na­
ción en la investigación acerca del nacim iento de la
nación. Y se trata de m an eja r una m asa de hechos
relevantes sin caer en lo anecdótico, de narrar y orde­
nar, de recrear las situ acio n es y a m b ien tes su c e si­
vos, siempre en busca de lo que es significativo para
las hip ótesis que se m an ejan — o de lo que es útil
para revisarlas -, y llegar m ediante el análisis a la
fo rm u lac ió n de las co n c lu s io n e s y las n u evas p re ­
guntas que sea posible. Ramón logró todo eso, y La
revolución pospuesta se convirtió en un hito en la his­
toriografía cubana.
No lo seguiré en esta parte, porque haría aún más
larga mi presentación, y porque se trata del nudo de
la obra, que hay que tom ar y ju z g a r en su riqueza

ni
expositiva. Solo comentaré algunas cuestiones. La his­
toria política de los meses que siguieron a la muerte
de Martí muestra el rápido desplazamiento de los con­
flictos iniciales hacia otros más expresivos de las ten­
siones internas a la coalición social que inició la
insurrección, y la paradoja de un gobierno que pre­
tende dirigir la revolución y controlar a los líderes y
la vertiente popular mientras la ofensiva militar lleva
a esos líderes al apogeo de su fama nacional, recluta
al país para la causa y convierte al ejército en la insti­
tución fundamental del campo cubano. Ramón sinte­
tiza muy bien seis aspectos principales de ese período,
expone con gran calidad el pensamiento de M aceo y
de Gómez, y brinda las claves para una interpreta­
ción de la prim era fase de aquel proceso. Insiste en
que no se ha hecho “el estudio de las verdaderas
representatividades de los hom bres del 95, ni de su
extracción social”, ni de las ideologías presentes en
esta amalgama de clases, con sus conflictos “bajo el
ropaje — interesado o no— de reservas y pugnas de
tipo racial” .27
Ramón presenta un rico análisis de los conflictos
entre el gobierno y los líderes populares, pero recla­
m a ir m ás allá de los juicios sobre individuos, “de
ubicar, de detectar posiciones de clase del conjunto, y
actitudes condicionadas por ellas”.28 M ientras, plan­
tea el retroceso de la Revolución, que ya no solo está
frustrada en su proyecto más radical, martiano, “sino
incluso como revolución de una potencial burguesía
nacional que, políticamente nacionalista, buscara sus

28 Ibídem, p. 60.
27 Ibídem, p. 54.

132
propias formas de desarrollo capitalista” , ya que esa
posibilidad de los que form aban el gobierno y ejer­
cían buena parte de los m andos m ilitares se había
cerrado como opción de liderazgo, por su hostilidad
cerrada a los elem entos populares.29 R am ón distin­
gue entre ellos los que aspiran a la beligerancia solo
para obtener la república y podrían apoyar repartos
agrarios, y los que aspiran a m antener incólum e el
sistema de explotación y cuyo objetivo prioritario es
abortar la revolución. La doble frustración está plan­
teada, pero aún no se ha consumado; podría uno de­
cir, incluso, que no está fatalmente decretada.
Un desencuentro es inevitable: entre la revolución
m artiana y la burguesía cubana productora para la
exportación hay un antagonismo excluyente, porque
esta sabe que no puede ser independentista o repu­
blicana. La invasión destruye sus riquezas y desqui­
cia el orden social; el triunfo mambí y una república
plantearían pérdidas y exigencias inaceptables para
el sistema. En la prim era fase de la guerra apoya a
España, cuando la ve perdida solicita el arbitrio nor­
team ericano. N o es esencialm ente anexionista — es­
cribe Ramón— si ve que tiene otra alternativa: el modo
de producción neocolonial es su m anera de ser “na­
cional” . Entonces pasa a exponer detalladamente las
conductas de los implicados en el trance político de
1896-1898 dentro del campo cubano y en sus relacio­
nes con sectores burgueses y políticos. A pesar de sus
duros asertos generales, Ramón no simplifica los he­
chos ni sesga sus fuentes o sus juicios; así puede resal­
tar la amplia base popular de que gozó el autonomismo

29 Ibídem, p. 66.

133
antes de la contienda, o elogiar la conducta patriótica
del Consejo de Gobierno en 1898, frente a autonomis­
tas y norteam ericanos. N um ero sas voces de los que
tuvieron las más disímiles posiciones son convocadas
por su texto.
Y una vez más en la historiografía cubana es abor­
dada la intervención no rteam erican a de 1898. Pero
ahora el autor abre con una afirmación desafiante: “La
guerra en que entran en 1898 los Estados Unidos no es
— ni siquiera principalm ente— una guerra contra Es­
paña”.30 El nuevo protagonista es mostrado en su esen­
cia y su infame tarea — en el estilo de Ramón, que no
abusa del adjetivo y nunca apela a exabruptos, fiando
a la cosa misma sus resonancias— , y se revisan las
diversas actuaciones políticas de los demás actores y
sus condicionamientos. La burguesía cubana está uni­
da en cuanto a ansiedad por el restablecim iento del
orden, logrado mediante el desmontaje de los instru­
mentos de la revolución, aunque sea a costa de la ocu­
pación extranjera. Después de haberse opuesto a lo
largo del siglo, su sector actual neocolonial acepta ahora
y asume la independencia y la república, como vía que
asegure su posición y reduzca a ¡as mayorías a retornar
a las relaciones básicas de explotación y dominación.
“ La supervivencia de la neocolonia estaba asegurada.
Las potencialidades revolucionarias de Cuba estaban,
p or el m om ento, frustradas. La revolución de 1895
tenía que quedar p ospuesta.”31
Cuando se preparó una segunda edición de L a re­
volución p o sp u esta por la Editorial de Ciencias So-

311 l bídem, p. 94. EI subrayado es del autor.


31 Ibídem, p. 104.

134
ciales, que apareció en 1975, Ramón aprovechó para
incluir en ella un nuevo y breve capítulo, “La repúbli­
ca cubana de Martí” . En él recapitula varios aspectos
tratados en otros lugares del libro, como base y con­
texto de las ideas martianas sobre la república cubana
revolucionaria que seguiría al triunfo de la insurrec­
ción, ideas que Ramón expone con una amplia selec­
ción de textos del propio Martí. Aquí, como a lo largo
de todo su ensayo, se evidencia el manejo erudito que
tiene el autor de la obra del M aestro, pero aún más
valiosas me resultan sus reflexiones sobre el pensa­
miento martiano, como las que hace en el primer ca­
pítulo, o la brillante página de las consideraciones
finales. Hasta el fin de su vida Ramón de Armas estu­
diará a José M artí, dejándonos muy notables hallaz­
gos y sugerencias.
Agregó tam bién a esa segunda edición un nuevo
anexo, un ardiente libelo contra Martí, fragmento del
libro famoso de José Ignacio Rodríguez sobre el anexio­
nismo. Por lo demás, el texto es idéntico al de la prime­
ra edición. De modo que este año 2001 se han cumplido
treinta de la aparición de La revolución pospuesta. Fi­
ja r 1975 como fecha de la prim era aparición de esa
obra, como aparece en todas las referencias y biblio­
grafías, es un error que debiera superarse, y que induce
a quienes estudien la historia de la Historia dentro del
período revolucionario a situar a este libro en un mo­
mento equivocado.
Por sus tesis, por la maciza argumentación que las
sustenta y la claridad expositiva, La revolución p o s­
puesta resulta un libro profundam ente antiburgués.
No hay en él retórica, es la historiografía la que apor­
ta un veredicto terrible: durante todo el proceso de

135
creación de la nación, la clase dominante en la eco­
nomía desempeñó un papel antinacional. Y el análisis
se ha centrado en una etapa que no pudo ser más per­
tinente, cuyo contenido sintetizo en cinco puntos:
a) aquella en que el país cambia hacia el capitalismo
pleno, b) su pueblo no resiste más el sistema colonial,
c) la Guerra del 68 ha transido de revolución a la
em ancipación de los esclavos, d) se ha venido for­
m ando una relación externa principal muy peligrosa
para cualquier intento nacional de desarrollo econó­
mico y de logro de soberanía, y e) Cuba registra un
auge de su conciencia social que alcanza su ápice nada
m enos que en el proyecto de José M artí. Es difícil
reunir una acumulación mayor de variables que lla­
men a actuar. Y en ese momento crucial la burguesía
de Cuba no da un paso más allá de sus intereses in­
mediatos y es antirrevolucionaria. Solo deja de opo­
nerse a la independencia, a regañadientes, cuando no
le queda otro remedio, y entonces dirige su actuación
política a cerrar el paso a cualquier predom inio de
sectores revolucionarios, aunque sea a costa de so­
m eterse a una subordinación internacional que com­
pletará el sistema neocolonial.
En una nación que debe su existencia independiente
a una gesta de liberación anticolonial de carácter muy
popular, a un pueblo que peleó en masa y arrostró un
holocausto, ese fallo histórico es mucho más grave. Y
es también una acusación tácita a todas las manipula­
ciones burguesas posteriores del interés nacional y del
nacionalismo. Por otra parte, en el terreno científico
la obra brinda ricos elementos para m otivar y guiar
investigaciones sobre las conductas ulteriores de la
clase dominante cubana. Y en cuanto “maestra de la

136
vida”, esta historia enseña mucho; por ejemplo, que
no es necesario ser anexionista para ser antinacional,
pero que el interés de clase dominante en una socie­
dad débil frente al capitalismo central lleva siempre
de una subordinación a otra, y a un manejo o abando­
no despiadados de sus propios connacionales.
Al final del libro, después de exponer dos razones
diferentes para la frustración de un bloque nacionalista
que podría haberse formado entre los burgueses no
exportadores y los combatientes y la base social popu­
lar de la revolución, Ramón hace un planteo cuyo
alcance metodológico quiero rescatar: “Si —en la mis­
ma coyuntura neocolonial— eran o no viables esa con­
jugación y ese equilibrio de intereses, solo la concreción
histórica de la revolución que fue frustrada lo hubiera
podido dem ostrar” . Él situaba así la primacía de Ja
acción sobre la determinación por la estructura, cuan­
do están en m archa acciones colectivas que luchan
por cambios sociales. En aquellos años sesenta, ese
tema era uno de los centros del debate en el seno de la
izquierda en el mundo, y a su modo particular, entre
los propios cubanos.
Dos décadas después, se hundieron abruptamente
los que habían sostenido el determinismo “economi-
cista” en la izquierda, pero este reapareció de inme­
diato en el centro de la ideología del capitalismo, y
hoy goza de inmensa influencia y ocupa un amplio
arco que va desde las teorías sociales y los cánones
académicos hasta el sentido común. Por eso recurro a
aquel pensamiento que en una pequeña isla alimentó
su audacia y su originalidad con hechos que al acon­
tecer habían resultado asom brosos, y fue capaz de
abrir nuevos caminos intelectuales, ahora que es tan

137
necesario sostener que “solo la concreción histórica”
— esto es, la acción— demostrará si es posible que se
sostenga en Cuba el modo de vida que hem os co n­
quistado, y si en el mundo habrá alternativas favora­
bles a los seres humanos.
Al volverlo a leer acuciosamente, me place mucho
apreciar qué panorama histórico y cuántas buenas pre­
guntas ha propuesto este libro. Es cierto que ha costado
mucho tiempo que sus tesis y preguntas se desplieguen
y comiencen a tornarse conocidas, que apenas son uti­
lizadas como instrumento todavía, o sometidas a críti­
ca. Pero estoy seguro de que se le acerca ese destino,
como obra de valor permanente que es. Y por tener ese
valor, sé que arrojará también alguna luz sobre la exis­
tencia de caminos que ella no recorre, sobre la necesi­
dad — y hasta la urgencia a veces-— de seguir el camino
emprendiendo otros caminos.

138
EL EJERCICIO DE PENSAR 32

Saber dudar... nada más contrario al ejercicio


normal de nuestras actividades mentales; gustamos
de lo categórico, y nada nos enamora como un dogma.

E n r iq u e J o s é V a r o n a

Los planteamientos del contúndanle Fidel Castro— en cuanto


a la necesidad de pensar con cabeza propia, desarro­
llar la conciencia socialista, asumir las implicaciones
de la solidaridad internacional— expresan la crecien­
te profundización de n uestra R evolución y sitúan a
los trabajadores intelectuales cubanos ante tareas im­
portantísimas. La actividad intelectual tiene sus fun­
ciones propias — y sus insuficiencias propias— , lo que
es necesario tener en cuenta para aumentar su efecti­
vidad. Este artículo intenta contribuir a esa tarea des­
de un campo específico: la filosofía marxista.

Teoría, ideología, espíritu de partido

Entre la producción teórica m ism a y sus funciones


emerge la necesidad de que exista un orden de rela-

J: Fechado en diciembre de 1966, este articulo apareció por primera


vez en E I C aim án Barbudo no. I 1, La Habana, enero de 1967. Fue
reproducido más tarde en Lecturas de F ilo s o fía . Departamento de
Filosofía de la Universidad de La Habana, 1968, t. II, pp. 77 7 - 786 .
ciones, que en la práctica marxista se denomina gené­
ricamente “espíritu de partido”. Examinar las raíces de
la cuestión puede ser el primer paso para comprender
mejor su significación concreta actual.
El marxismo originario fue resultante de una con­
junción de factores: el despliegue económico del ca­
pitalism o europeo occidental; su triunfo po lítico ,
principalmente en Inglaterra y Francia, que implicó la
implantación de la democracia burguesa y la difusión
del individualismo; el desarrollo de ciencias sociales
como la economía y la historia; la bancarrota de la
metafísica ordenadora de los sistemas filosóficos, a la
vez que el desarrollo y profundización de la investi­
gación del proceso de conocimiento con una alta con­
sideración del papel del sujeto, por los filósofos
clásicos alemanes; sin olvidar, naturalmente, la genia­
lidad personal de Marx y Engels. Pero, sobre todo, la
concepción del marxismo originario se integró a p a r­
tir de la posibilidad más profundamente revoluciona­
ria de la época: la de la clase proletaria. Esto les
perm itió a sus creadores basar el desenvolvim iento
de su actividad teórico-práctica en el ideal de la liqui­
dación de toda explotación de clase y el desarrollo de
la persona a través de la toma revolucionaria del po­
der político y de la transformación ulterior de todos
los aspectos de la vida social.
La situación concreta en que vivieron Marx y Engels
adecuó su actividad organizativa y, hasta cierto pun­
to, el objeto de su investigación; por tanto, influyó
también en los resultados. Esto nos indica también la
importancia que tienen, en el examen de actitudes in­
dividuales, las relaciones entre los ideales y la teoría.

140
Con ayuda de una rigurosa actitud científica, Marx con­
siguió superar las utopías comunistas y las formas refor­
mistas de organización obrera que ya entonces existían.
Lenin escribió sobre las limitaciones de los productos
espontáneos del movimiento obrero y la “importación”
que el marxismo significó para aquél.33 Esto no debe
oscurecer, sin embargo, una realidad: la identificación
con los intereses de clase proletarios, actitud práctica
revolucionaria que deviene intuición apasionada e hi­
pótesis del trabajo teórico, es el elemento subjetivo que
impulsa a Marx al encuentro de sus propias tesis, y que
condiciona después el desarrollo mismo de su teoría.
Por ejemplo, la afirmación de que el proletariado es la
clase más revolucionaria, que puede liberar a toda la
sociedad,34 es anterior a la profundización de los estu­
dios de Marx sobre economía política.
El descubrimiento científico de la naturaleza y las
funciones de las ideologías en la formación social ca­
pitalista no elimina la existencia (por tanto, la naturale­
za y las funciones) de la ideología proletaria, aunque
es cierto que la afecta grandemente. El rechazo de toda
posición iluminista, cientificista, es, a mi juicio, impres­
cindible para intentar una comprensión m arxista del
marxismo, y para que el marxismo sea un instrumento
teórico útil en cualquier situación concreta.

33 Sobre este y otros aspectos tratados aquí, ver el interesante artículo


de Louis Althusser: “Teoría, práctica teórica y formación teórica.
Ideología y lucha ideológica”, Casa de las Américas n. 34, La Haba­
na, enero-febrero de 1966, pp. 5-31.
34 En la Introducción a la crítica de la filosofía del derecho público de
H egel (1843).

141
No es la ocasión para tratar extensamente el tema. Sin
embargo, considero necesario señalar dos aspectos:

1) Con el marxismo aparece la posibilidad de com ­


prender científicamente las ideologías, como el
aspecto de la realidad a través del cual los h om ­
bres se representan y entienden la sociedad en
que viven, y a partir de sus ideologías la sostie­
nen o transform an.35 Esto implica — por lo m e ­
nos para el ideólogo en posesión de la teoría— la
reducción de su “ falsa conciencia”, la posibili­
dad de llegar a comprender las manifestaciones y
la naturaleza de una forma ideológica dada, con
la cual — o contra la cual— trabaja; y aun más, la
de programar su acción en el campo ideológico,
para hacer confluir hacia su fin político d eter­
m in a d a s m an ife sta c io n e s ex istentes, c o m b atir
unas, convivir con otras y, en fin, fundamentar
su actitud en cada caso. Aparece, por tanto, una
comprensión tal del fundamento y del condicio­
n am iento social de la ideología, que p o d em o s
calificarla como científica; y con ella, la posibi­
lidad de trabajar científicamente en el campo de
la p o lític a y de las tra n s fo rm a c io n e s sociales
necesarias para llegar al comunismo.

Lo anterior contiene limitaciones implícitas: en toda


ciencia, el investigador opera a partir de con cep cio ­
nes preexistentes que él acepta (o en cuya problem á­
tica se m u ev e, a u n q u e las n ieg u e), y de los p asos
anteriores del conocim iento del fenóm eno que estu-

3? Carlos Marx: Prólogo de Contribución a la crítica de la economía


política, Editora Política, La Habana, 1966. pp. 12-13.

142
dia; en la ciencia social, esa incidencia es muchísimo
más marcada, ya que incluye más fuertemente la no­
ción de interés de clase, aun que el inv estig ado r no
tenga conciencia clara de ello. Se com prende que en
el uso de la ideología como objeto de ciencia habría
que encontrar la forma de describir y co n ce p tualizar
sin excluirse del ju eg o —l o que no es posible— ni
incluirse hasta el punto de ser m eram ente un factor
ideológico más.

2) El que se expresa corrientemente al decir que la


“teoría” de Marx tiene la función “práctica” de
ser la ideología del proletariado. En un sentido
estricto, el conocimiento científico puede pasar o
no a tener una función ideológica, y esta, a su
vez, puede ser esta de órdenes diferentes, y aun
constituir un elemento negativo o positivo para
los que lo h an puesto en circulación. Ejemplos:
El capital es una tesis científica sobre el nivel eco­
nóm ico de la form ación social capitalista, que
cum ple una función ideológica revolucionaria,
como una especie de herm ano m ay or del mili­
tante, el cual generalmente no puede explicarlo,
pero puede invocarlo. La teoría de la plusvalía
significa que uno es personalmente robado, ex­
plotado, que pertenece a una clase que es solida­
ria en su enemistad contra los burgueses. La teoría
de la agudización de las crisis capitalistas y del
eventual derrumbe de ese régimen ha tenido in­
terp retacio nes re vo luc ionarias y no re v o lu c io ­
narias, y a la negación de su validez se le han
dado tam bién interpretaciones ideológicam ente
opuestas.

143
La teoría brinda certeza a las aseveraciones de la
ideología, da fe de que el interés se corresponde con
la “verdad”, con la ciencia o con el “determ inism o”;
y todo esto refuerza el valor de los programas, unifica
la orientación de las acciones tácticas, ofrece guías de
principios a las organizaciones y aumenta la convic­
ción, o la simple fe, en el militante. En determinadas
condiciones, puede ayudar a desalojar la ideología
religiosa y otras concepciones del mundo, e incluso
llega a participar en la formación de nuevas formas y
normas de conducta. Por otro lado, el objetivo ideo­
lógico organiza y dicta precedencias en los objetos
de la investigación científica, hace más claras las ex­
posiciones, establece proporciones entre el rigor de la
teoría y su capacidad de hacerse comprensible a las
masas, etcétera.
Por su papel en la lucha revolucionaria, y princi­
palmente en la época de la dictadura del proletariado,
el partido comunista se constituye como la organiza­
ción política marxista que dirige y guía a la sociedad
hacia el comunismo. El partido debe ser, por tanto,
vehículo de la acción revolucionaria para convertir la
teoría en realidad y, en un sentido político e ideológi­
co, vínculo entre la concepción marxista y la vida del
pueblo. D ada la necesidad de transform ar todos los
aspectos de la sociedad para alcanzar ese fin, la acti­
vidad del partido se extiende también al trabajo inte­
lectual, en la significación más restringida del término.
Es en esta situación específica que el espíritu de partido
— noción que expresa, en todo caso, la vinculación
de la elaboración teórica con las posiciones clasistas—
puede ser considerado como una válvula de relación
entre la producción teórica (o, más exactamente, inte­

144
lectual) y la necesidad política (o más bien, a veces,
sus enunciados).
La misma generalidad de los enunciados anteriores
exige, naturalmente, su conversión en instrumentos de
trabajo teórico en cada investigación concreta. La prue­
ba de la situación concreta para todo principio es una
garantía metodológica básica para el marxismo; sin ella
se retorna sin remedio al pensamiento especulativo, del
cual no salvan — como del infierno— ni las mejores
intenciones.

Marxismo y revolución en América Latina

El mundo que desarrolló el capitalismo produjo tam ­


bién las corrientes fundamentales del pensamiento con­
tem poráneo. R ecordar que es necesario ser cauto en
materia de correlaciones económico-filosóficas no res­
ta validez a ese aserto: las corrientes liberales, la demo­
cracia cristiana, el socialismo reformista, el comunismo,
n acieron en E uropa. El T ercer M undo ha tom ado
— o le han servido— estos productos para enriquecer
teóricamente sus ejercicios políticos. Sin embargo, esta
transferencia cultural presenta sus requisitos.
Una teoría social se arraiga y da frutos solo si el
país receptor presenta, aunque sea en un estado mu­
cho m ás prim itivo, elem entos de las realidades que
condicionaron el origen o desarrollo de aquella. Por
otra parte, la recepción cultural es, a la vez, un acto
de transformación del cual sale la teoría adecuada no
solo a la especificidad estructural del medio en que se
ha insertado, sino también a su complejo ideológico,
a la sucesión cultural p ropia del país receptor y a

145
elem entos com o la idiosincrasia nacional. D e acuer­
do con esos requisitos entendem os, p o r ejem plo, él
arraigo del m arxism o en C uba en la tercera década
del siglo, com o rad ic aliza c ió n del m ovim iento an-
tim perialista que encuentra la dirección de la libera­
ción definitiva sin perder su pupila nacional. Y vemos
a Julio A ntonio M ella como expresión sobresaliente
de este e n cu en tro .36
Hem os descrito — de la forma más simple— los ele­
mentos más salientes de la transferencia cultural. Pero
en la realidad del subdesarrollo no se deform a sola­
m ente la estructura económica: las form as políticas e
ideológicas son tam bién “subdesarrolladas”, y tie n ­
den a integrarse en lina totalidad colonizada.
La dem ocracia política y su ideología, en Am érica
Latina, son un ejem plo de lo anterior: en tanto care­
cen de una base social real, constituyen un aparato
desnaturalizado e inoperante; en tanto cumplen la fun­
ción social de adecuar y adorm ecer a los explotados
políticam ente activos — aquí la vanguardia es la de­
m ocracia cristiana— son un factor hegem ónico efi­
caz para sostener un régim en de explotación que es
m ucho m ás anticuado que el correspondiente al or­
den dem ocrático burgués. En este, com o en m uchos
casos, la resultante de la transferencia ideológica es
deform e, el fruto es estéril, o hasta monstruoso. Y es
que la colonización cultural penetra fuertem ente en
todos los órdenes de la vida, hasta influir en el pensa­
miento (y en la acción) de los propios luchadores con­
tra el colonialismo, sea directa o indirectamente, por

36 Femando Martínez: “¿Porqué Julio Antonio?”, en E l CaimánBar-


budo n. 1, La Habana, febrero de 1966.

146
sí m ism a, o bien co m o una n eg a ció n de ella, q u e se
produce en su m ism o terreno; com o un m olde mental
de ca stración, de in c a p a c id a d p a ra re p re s e n ta rs e un
destino alcanzable con fuerzas propias.
En Am érica Latina, el m arxism o no se ha salvado
to talm e n te de p ro d u c ir re sultan tes d efo rm es, e stéri­
les, o aun m onstruosas.
El traslado al escenario am ericano de la p o sición
re v o lu c io n aria m arx ista co rre s p o n d ie n te a un p r o le ­
tariado desarrollado al que se le señala su papel histó­
rico ha significado m uchas veces la formación de una
secta que pugna dramáticam ente por representar a una
“clase p rincipal, polo de la c o n tra d icció n a n ta g ó n i­
ca” entre burgueses y obreros; secta inoperante para
ag lu tin ar c o n sig o una fuerza p o p u la r q ue realice la
tarea histórica inevitable para estas sociedades: la li­
beración nacional ant imperialista. C o m prender la ne­
cesidad d e realizar esa tarea no impediría, por cierto,
p o s e e r una c o m p re n sió n del papel de las lu ch as de
clases y del p roleta riad o co m o a g e n te histórico del
co m unism o , pues solo teniendo acceso revoluciona­
rio al poder político —y, por tanto, al p oder econó­
m ico y m ilitar - es p o sible generar relaciones que
proletaricen a la mayoría de la nación, proletarización
que es la premisa para intentar alcanzar el comunismo.
Ya en este cam ino equivocado, nos encontraremos
resultados paradójicos respecto al aparente sueño de
futuro de aquella utopía. La lucha por reform as eco­
n ó m icas, nec esaria s por la situ ació n p re caria de la
m ayoría de los proletarios, engendra actitudes políti­
cas re fo rm ista s, forma de a d e cu ac ió n p rá ctica a la
hegemonía de los explotadores. La concepción estraté­

147
gica de la “lucha de m asas” como factor revoluciona­
rio determ inante, que parte de la creencia en que es
factible la incorporación m asiva de la población a la
actividad política sindical y partidista a un grado tal de
profundidad y perm anencia que lleguen a hacer posi­
ble u n cam bio social, es solo concebible — al m enos
teóricamente— en aquellos países capitalistas desarro­
llados en los que una historia de lucha de clases con­
tra la burguesía pueda m aterializar la polarización de
intereses burguesía-proletariado, unida esa posib ili­
dad a la existencia de instituciones y de hábitos polí­
ticos arraigados que la favorezcan.
Sin embargo, hay un “m arxism o” que ofrece la es­
trategia de “lucha de m asas” como la alternativa para
“ganar la dem ocracia”, frente a la alternativa revolu­
cionaria de la lucha arm ada. D em ocracia que no es
“ganable” ni siquiera por los tibios portadores de re­
form as que, asistidos tam bién por los votos m arxis-
tas, acceden al poder en circunstancias determ inadas
en que a los que dom inan les resulta conveniente o
necesario que eso suceda, para a la larga restablecer
en su pureza el régim en neocolonial, ellos mism os o
sus peludos sucesores, representantes de la única ins­
titución latinoam ericana estable: el ejército.37 La de­
m ocracia se convierte así en una utopía “m arxista”
reaccionaria.
N o hago m ás que describir sucintam ente algunos
elementos — atinentes, eso sí, a lo fundamental de la
actividad m arxista, que es hacer la revolución— que

37 Julio del Valle: “Contra la tendencia conservadora en el partido”, en


Pensamiento Critico n. 1; La Habana, pp. 130-156; Osvaldo Barreto:
“Revolución o resignación de América Latina” (inédito).

148
caracterizan a un estado determ inado de deform ación
y abandono del m arxism o, cuya crítica principal se
hace m ediante la propia lucha arm ada rev o lu cio n a­
ria. Por otra parte, no pretendo ignorar ingenuam ente
la importancia de otros factores, entre los cuales ocu­
pa lugar destacado la existencia de desaciertos e im ­
posiciones en la h istoria del m ovim iento com unista
internacional. N aturalm ente, no intento pasar balance
en esta nota a la actividad m arxista en Am érica Lati­
na. N i siquiera m e asom o a otras m an ifestacio n es,
como las trotskistas, o al producto “indígena” del vie­
jo aprismo. Cuando eso se haga, habrá que consignar
la heroica lucha antim perialista de m uchos m ilitantes
y dirigentes comunistas, el papel de la teoría marxista
en la profundización del antimperialismo, los aciertos
y errores de la III Internacional, la estructura organi­
zativa de los partidos comunistas.
¿Y las relaciones entre teoría e ideología? En la eta­
pa escolástica del pensamiento marxista, la teoría, con­
siderada “ la única científica”, ju g ó el triste papel de
cobertura de las declaraciones y posiciones políticas,
con escasas ex cep cio n es. Al flo recer v io len to del
año 30 — Mariátegui, Mella, Rubén—, sucedió un de­
caim iento general. Se ha explicado, a partir del XX
Congreso del PCUS, lo que fue esa etapa de dogm a­
tismo. Pero, cabría preguntarse, ¿por qué en estos diez
años transcurridos desde aquel congreso no se han
hecho profundos análisis, cuyos resultados renova­
dores ayudaran a las organizaciones m arxistas a su
labor de transform ación del m undo? ¿Dónde está la
fructífera comunidad de la teoría y la ideología?
D urante dem asiado tiem po, el espíritu de partido
ha consistido en alegar cualquier cosa, y cosas opuestas

149
s u c e siv a m e n te, con la m ism a p edantesca afirm ación
de que aquello es lo único científico. Se ha condenado
política y moralm ente toda opinión no marxista, se ha
llegado a im poner criterios científicos y artísticos sin
o t r a b a s e q u e u n a d e c is i ó n p o l í ti c a ; la “ c i e n c i a ”
m a rx is ta ha p a r tid o de c o n c lu s io n e s para a r rib a r a
co n c lu sio n e s, siem pre enfática e inapelable. Lo que
se pien sa p e rte n ece a la “ lín ea” o a las “ d e s v ia c io ­
n e s ” , y hasta el sim ple error se ha ex p lica d o p or la
e s tru c tu ra de clases de la so cied ad. En po ca s p a la ­
bras, la m ilitan c ia ha im p licad o la ex isten c ia de un
p r e c o n c e p t o i d e o l ó g i c o o p u e s t o en g e n e ra l al d e ­
sarrollo creado r del m arxism o.
El a c o n te c im ie n to c o n te m p o rá n e o más i m p o rta n ­
te en A m éric a Latina, la R evolución cubana, ha te­
n i d o t r a s c e n d e n c i a i n t e r n a c i o n a l en m ú l t i p l e s
asp e cto s, in clu siv e el teó ric o m arxista. Ella realizó
la liberación nacional, la revolución agraria, la alfa­
b e tiz a c ió n , n a c io n a liz ó a los y a n q u is y sus so c io s
indígenas, después de destruir el ejército tradicional
y crear u n nu ev o ejército popular. Y p ro c la m ó que
era m arxista y socialista. En estos últimos años se ha
recru decid o la acción po p u lar antim perialista, al ex ­
trem o de em p re n d e rs e la lucha arm ada, que en v a ­
rios países se m antien e y progresa; el im perialism o
tam bién ha increm entado su acción represiva, por sí
m ism o y a través de sus lacayos, así com o m ediante
otras form as de acción política e ideológica (refor-
m ism o , cuerpos de paz, p e n e tra c ió n entre los in te ­
lectuales, etcétera).
Esta lucha va llevando, en m ayor o menor grado, a
las organizaciones marxistas del continente a la prue­

150
ba decisiva: la capacidad o no para hacer la revolu­
ción. Ya algún partido ha salido triunfante, pero m ás
de u n a d ire c tiv a c o m u n ista ha d e m o strad o que no
podía. O tros hacen grandes esfuerzos por encontrar
el cam ino; alguno, por no encontrarlo.
Hay que convenir en que ese efecto revolucionario
es posible porque el conjunto de la situación latinoa­
m ericana está m arcado por una explotación creciente,
com binada con la im potencia del propio régim en im ­
perialista para resolver las crisis m ediante reform as.38
Las vanguardias revolucionarias actúan para hacer real
esa posibilidad. Creo que para derivar enseñanza del
desvalimiento teórico y organizativo en que la coyun­
tura revolucionaria encuentra a m uchos partidos co­
m unistas es necesario tam bién convenir en que estos
no se planteaban la actualidad de la revolución.
E n el plano estrictam ente teórico se introdujo el
antidogm atism o, el antiestalisnism o, el hum anism o,
la enajenación; pero no se produjo una investigación
de los factores estructurales, del papel del partido en
la revolución antim perialista latinoam ericana, de la
correlación de los factores subjetivos y objetivos, de
las relaciones entre clase y nación, etcétera, porque
no estaban a la orden del día de la necesidad política.
Y es que la posición ideológica revolucionaria es un
elemento interno a la elaboración creadora en la teo-

38 Un serio intento por demostrar lo contrario hace Henri Edme en su


“amistoso” artículo “¿Revolución en América Latina?”, en Les Temps
Modernes n. 240, París, mayo de 1966. El citado artículo de Osvaldo
Barreto también responde a Edme y, en mucho, a una corriente
ideológica seudorrevolucionaria que está siendo difundida por Amé­
rica Latina.

151
ría marxista de la sociedad. El libro ¿Qué hacer?, de
Lenin, no es la fría elaboración “imparcial” de un teó­
rico, sino la obra apasionada de un revolucionario; su
preconcepción — que la teoría se aproxíme a la reali­
dad, y la realidad a la teoría— se trasmuta en logro
teórico de valor actual por la conjunción de la activi­
dad científica con el interés ideológico revoluciona­
rio. Mariátegui, que no temió ser llamado europeizante
por llevar a Perú el marxismo revolucionario, nos ad­
vierte al comienzo de su obra principal:
Otra vez repito que no soy un crítico imparcial y
objetivo. Mis juicios se nutren de mis ideales, de
mis sentimientos, de mis pasiones. Tengo una de­
clarada y enérgica ambición: la de concurrir a la
creación del socialismo peruano. Estoy lo más le­
jo s posible de la técnica profesoral y del espíritu
universitario.39

Problemas y perspectivas

La Revolución ha abierto un enorme cauce al de­


sarrollo del marxismo en nuestro país, ante todo in­
corporando a la convicción marxista a cientos de miles
de personas que la desconocían y que eran afectadas,
en mayor o menor grado, por la tremenda campaña
anticomunista desplegada sin descanso por los explo­
tadores. Pero aquella incorporación masiva y perma­
nente ha sido posible solo porque:

39 Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, Editorial


Casa de las Américas, La Habana, 1963, p. XIV.

152
1) Una vanguardia revolucionaria llevó audazmente
al pueblo, cada vez en mayor número y organi­
zación, a obtener la libertad nacional, liquidar la
m aquinaria m ilitar de los explotadores, expro­
piar a los terratenientes y burgueses extranjeros
y nativos, y aprender a dirigir y sostener los pro­
cesos productivos, participar en el funcionamiento
de la compleja y deficiente máquina del Estado,
sobrecargada de inicio al tomar gran número de
atribuciones nuevas; a desempeñar, en fin, nue­
vas tareas sociales, como la alfabetización, que
jam ás habían sido siquiera soñadas.
2) Todo lo anterior ha producido la m odificación
radical de las estructuras del país — esto es, una
revolución social— , que convierte a los trabaja­
dores, a los que se unen los pequeños agriculto­
res, en la clase determinante en la vida económica
y la política nacional. La propiedad social sobre
los medios de producción, una nueva disciplina
del trabajo en que la utilización de estímulos se
propone contribuir a la formación de un indivi­
duo que viva cada vez m ás su bienestar en el
bienestar social, una dem ocracia de trabajado­
res que realmente trata de ir incorporando a las
mayorías al ejercicio del poder (elección de ejem­
plares, poder local, tribunales populares, etcéte­
ra), la extensión del trabajo a toda la población
capaz, y de la protección social a niños, ancia­
nos y desvalidos. Estos son algunos rasgos de la
formación de una nueva sociedad, que encuen­
tra en el marxismo la ideología más apropiada
para vivir sus transformaciones y fijar sus idea­
les, para comprender su destino y su lugar en el

153
ámbito mundial de luchas de liberación, de cla­
ses y de sistemas sociales.

Con la declaración del socialismo, nuestro pueblo


se abalanzó al estudio del m arxism o, con un fervor
solo com parable al de su actividad práctica revolu­
cionaria. Todo lo que se declarase m arxista era con­
sum ido inm ediatam ente. D espués hem os vivido un
proceso m ás lento de decantación. N uestra posición
marxista se ha afilado en la lucha contra el sectarismo,
la necesidad de combatir al marxista-burócrata, al mar-
xista-oportunista, etcétera, las debilidades del marxismo
de algunos comunistas latinoam ericanos — a las que
nos hemos referido— , la necesidad de encontrar so­
luciones a nuestros problemas reales, y la de sostener
una posición revolucionaria comunista ligada a la lu­
cha tricontinental antim perialista, en m edio de una
com pleja situación internacional agravada por la di­
visión del m ovim iento comunista.
La versión deformada y teologizante del marxismo
que contenía gran parte de la literatura a nuestro al­
cance resultó ineficaz para contribuir a form ar revo­
lucionarios capaces de analizar y resolver nuestras
situaciones concretas. Al contrario, am enazó agudi­
zar la pereza y la “manquedad” mental típicas del in­
dividuo colonizado, en una etapa en que el atraso
económico y las dificultades de todo orden exigen el
desarrollo rápido del espíritu creador. En realidad esto
ha sido, parcialm ente, una form a de pervivencia del
“marxismo” subdesarrollado, que une la pretensión de
ortodoxia a un abstractismo totalmente ajeno a Marx y
Lenin. El sectarismo, la incapacidad de salir de la pri­
sión de un determ inado esquem a económ ico, políti­

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co, o rg a n iz ativ o , o de c o m p re n d e r la n ec e s id a d de
ser radicales en la formación de la conciencia socia­
lista, han sido com batidos por nuestro m áxim o diri­
gente, y se trata de extender cada vez m ás esta actitud,
a través de la actividad del partido, el Estado y las
dem ás organizaciones revolucionarias.
La realidad de nuestra “ herejía"’ revolucionaria fren­
te al seudom arxism o no puede traducirse en un des­
precio a la teoría. Pero si esta prevención no quiere
verse reducida a una sim ple frase de intelectual es
necesario recordar algunos factores:

a) la historia de la Revolución ofrece num erosos


ejemplos de soluciones prácticas opuestas a pre­
supuestos teóricos o, en otros casos, al margen
de ellos; esa realidad, absolulizada, no inclinaría
a valorar las posibilidades de utilidad del trabajo
teórico;
b ) lo anterior está ligado al cuadro de detención del
desarrollo de la teoría marxista y de deformación
de sus funciones ideológicas, antes mencionado;
c) el intelectual, separado del trabajo m anual por
una tradición de milenios, y, por otra parte, m e­
n o spreciado h ab itu alm en te p or la m ay o r parte
de la propia clase dirigente, que no aprecia cla­
ramente el papel que desem peña en la integra­
c ió n de su h e g e m o n í a s o b re la so c ie d a d , es
depositario de un individualismo y una marcada
ten d e n c ia a la in c o m p re n sió n de la n ec esid ad
social, que el m arxism o teorizante no elimina:
su fo rm a c ió n h a de su frir p ro fu n d o s cam b io s
para integrarse plenam ente a la sociedad socia­
lista;

155
d) la reducción de la mayoría de los trabajadores al
lindero de la animalidad, producida por la ex ­
plotación, no genera, naturalmente, aprecio por
los teóricos e intelectuales en general. En las ideo­
logías proletarias esto ha conducido a extremos
absurdos — como el de la supuesta prioridad de
la mano sobre el cerebro— , que conducen a con­
siderar pecaminosa toda actividad intelectual;
e) la necesidad de trabajar cada vez mejor en el terre­
no ideológico, teniendo en cuenta que la simple
abundancia material no traerá el com unism o, y
que la voluntad organizada se puede constituir
en fuerza invencible. Los ideales de Marx, un
siglo después, siguen apuntando a la posibili­
dad más revolucionaria de nuestro tiempo: el co­
m unism o;
f) es un deber intem acionalista realizar estudios
acerca de la estructura social, la vida política, la
historia, etcétera, de los países dom inados aún
por el imperialismo, así como ofrecerles las ex­
periencias de nuestra lucha por la liberación y el
socialismo; todo ello desde un ángulo marxista
revolucionario; y
g) la teoría marxista no solo “se convierte en fuerza
material al encamar en las masas”, como escribió
el joven Marx. También sigue teniendo un gran
valor metodológico para la actividad científica e
ideológica, algunos de sus principios pueden ser
puestos en la base de la comprensión de las cien­
cias sociales, y expresa, en categorías como “modo
de producción” o “dictadura del proletariado”, lo­
gros teóricos de valor permanente.

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Si tenem os en cuenta, entre otros, esos factores
— para combatir lo negativo y auspiciar lo necesario— ,
puede resultar m ás rápido y profundo el desarrollo
del m arxism o entre nosotros. Creo que estam os en
condiciones óptimas para lograrlo, a pesar de las de­
ficiencias de nuestra form ación. La necesidad, que
puede más que las universidades, lo exige.
Quizás sea conveniente señalar algunas caracterís­
ticas de los trabajos que se em prendan. A nte todo,
tener com o objeto problem as concretos de Cuba, o
de nuestros deberes intemacionalistas. Esto no s ig n i­
fica, naturalm ente, que toda la actividad intelectual
esté dirigida a ellos. La creencia en la inmediatez en­
tre los objetos y el conocimiento más general, por una
parte, y la reducción de los objetos de investigación a
lo inmediatamente necesario, por otra, son dos erro­
res que hay que prevenir. Existe el trabajo estricta­
mente formativo, que también es necesario.
Todo lo anterior denota la especificidad del trabajo
científico: “ ligar la teoría a la práctica” solo es real­
mente posible si la teoría tiene objetivos “prácticos”,
y si a la vez la teoría es reconocida como una práctica
determ inada. Esto se expresa en la exigencia de un
control partidista del trabajo y sus resultados, que ga­
rantice el oportuno uso ideológico de estos últimos, y
que, en gran m edida, establezca las necesidades de
investigación y la prelación de los temas. Por otra parte,
se expresa en la necesidad de libertad de investiga­
ción científica, que incluye la existencia de una at­
m ó sfera fa v o ra b le a la ac titu d in d a g a d o ra que no
parte de conclusiones, sino que intenta llegar a ellas,
y que no teme equivocarse y volver a buscar, ni redu­
cir, am pliar o derribar lo que parecía verdad in con ­
m ovible.
La formación como militante revolucionario — traba­
jador productivo y combatiente dispuesto— es indispen­
sable para teñir las hipótesis de trabajo marxistas. Ella se
completa con el ejercicio indeclinable de pensar con
cabeza propia. De este conjunto emergerá un nuevo es­
píritu de partido, cuya extensión será un paso más hacia
el comunismo.

158
Im p re n ta
F e d e ric o