Está en la página 1de 7

LA EPOCA COLONIAL DE GUATEMALA Un régimen colonial, en términos

generales, aplicables también a la situación que prevaleció en el Reino de Guatemala


entre 1524 a 1821, se puede concebir, en esencia, como la explotación económica de un
territorio y del trabajo de los habitantes de éste, que anteriormente gozaron de
autonomía. En el caso de la sociedad colonial de Guatemala es decir, durante el periodo
comprendido de 1524 a 1821, el aparato económico, estrictamente considerado,
descanso principalmente a las siguientes columnas institucionales: Esclavitud,
Encomienda, Repartimiento, servicios personales, propiedad y utilización de la tierra,
administración de la hacienda pública, tecnología, trabajo artesanal y comercio.
Básicamente, sin embargo, en Guatemala , el régimen colonial gravitó en el trabajo de
los nativos , ya que los móviles generales de la conquista , las coacciones en que esta se
realizó y la propia situación económico social de España y de la propia colonia . LA
ESCLAVITUD DE LOS INDIOS El dominio casi absoluto de una persona sobremanera
, equivalente a un derecho de propiedad que traduce en la anulación de la libertad , la
personalidad y otros derechos individuales de quien ocupa la posición de esclavo , fue
un fenómeno que, con ligeras variantes , se conoció en todos los continentes , inclusive
África , y casi de manera ininterrumpida desde la antigüedad . En el siglo XVI se
conocía en las sociedades del viejo mundo, así como en las sociedades mesoamericanas
con la Pre conquista. En estas últimas, el estrato de los esclavos se integraba,
principalmente con prisioneros de guerra o criminales condenados por la sociedad, pero
los hijos de unos y otros no necesariamente heredaban tal condición. En algunas zonas
también se obtenían esclavos mediante compra, el cobro de tributos por los señores o
bien por la comisión de varios y diversos delitos. Se les reconocía por su posición
inferior en los procesos productivos por supuesto y , en algunos casos, por la
correspondiente “MARCA” en la cara y en los brazos , tal como se hacía en Nicaragua ,
por ejemplo donde se usaba, para tales efectos , un polvo negro hecho de carbón de pino
que se frotaba en una cortada hecha la cara o en un brazo , para que la seña persistiera
después de sanada la herida . Esta práctica de la marcación fue continuada por los
españoles después de 1524. Estos en efecto redujeron a la esclavitud a muchos nativos
en los años cruciales de la conquista y utilizaban una “G” para marcar a los esclavos
obtenidos en guerra , y una especie de “R” compuesta , para los llamados “ESCLAVOS
DE RESCATE” . Estos últimos eran precisamente los que ya tenían tal condición en las
sociedades prehispánicas, y de cuya existencia anterior persisten pruebas documentales,
pictográficas y lingüísticas en la actualidad. Estas pruebas se refieren a casi todo el
territorio de la antigua Mesoamérica y, en muchos casos, ponen de manifiesto ciertas
prácticas de excesiva crueldad asociadas a la esclavitud de aquella época. Como en otras
partes del viejo mundo, en la Guatemala prehispánica la esclavitud implicaba un
derecho u derecho de propiedad sobre la persona del esclavo, lo que incluía los frutos
del trabajo, así como la privación de la vida de éste si se trataba de uno propio, o de una
obligación de resarcimiento en el caso de uno ajeno. Desde entonces, se tomaron
medidas efectivas para que tal practica no continuara, y se ordeno la liberación de
muchos indígenas que se conservaban bajo dicho régimen.
LA ESCLAVITUD DE LOS NEGROS: Los primero núcleos de esclavos negros,
paradójicamente se localizaron en el propio continente africano. Desde una época no
precisada, y como consecuencia de guerras intertribiales o de peculiares estructuras
socioeconómicas, unos negros eran sometidos a la esclavitud por otros de sus
congéneres, tal como ocurrió en el propio contexto de las sociedades precolombinas de
América. En aquellas circunstancias primigenias , la esclavitud era fuente de mano de
obra y de prestigio social para los amos, pero en los procesos productivos generales no
alcanzo la importancia y la envergadura que la caracterizaron cuando comenzó el trafico
trasatlántico , derivado este de la expansión colonizadora de las potencias occidentales .
En cuanto a las políticas esclavistas institucionalizadas por España con relación con el
nuevo mundo, es significativo consignar que en 1518, Carlos I autorizo el envió masivo
de 4000 negros a las islas del Caribe. En los procedimientos de venta o de subasta los
negros eran sometidos a exámenes para detectar defectos físicos (verbigracia, mataduras
en la piel, falta de dientes, extremidades deformes) o supuestas taras “morales” (por
ejemplo, la rebeldía la inadaptación por nostalgia etc.) ya que ello determinaba su precio
y, sobre todo su aptitud para calificar como una “pieza”, es decir como un esclavo
normal y joven. Por lo general eran marcados, ya con el fierro del general, del asentista
o de sus nuevos amos. En Guatemala las” piezas” debían reunir ciertos requisitos, como
altura, fuerza salud, etc. Y se les clasificaba, según se tratara de niños, jóvenes o viejos,
en las categorías denominadas “mulequin” (hasta 6 años era media pieza), “muleque”
(de 6 a 12 años) y “mulecón” (de 12 a 18 años), respectivamente. Esto determinaba la
demanda y el consiguiente precio. Es interesante anotar que los primeros esclavos
negros llegaron a Guatemala en la propia expedición inicial de Pedro de Alvarado,
aunque son precarias las informaciones precisas al respecto. Arribaron, como tales,
desprendidos de los grupos de sus congéneres que ya existían en México y en la
Antillas, cuando no se había iniciado todavía otras formas de explotación de mano de
obra nativa, como las que se relacionan con la propia esclavitud, con la encomienda, el
repartimiento y los servicios personales. La iglesia no se opuso categóricamente a la
esclavitud y al tráfico de negros y, precisamente los dominicos, en cuyas filas figuraron
algunos de los más conspicuos defensores de los indios, poseían muchos esclavos
africanos en sus propias haciendas. Una de las más famosas de estas fue la de San
Jerónimo, en baja Verapaz, fundada desde los comienzos de la colonización. En dicha
hacienda, reputada como una de las grandes empresas agroindustriales de la época, se
fabricaba, además de azúcar, un aguardiente cuya fama trascendió las fronteras del
reino, así como otros productos diversos. Fue fundada en una fecha imprecisa entre
1540 y 1550, por los dominicos que llegaron en pos de las Casas y los acompañantes de
este. Si se analiza la magnitud de empresas agroindustriales , como la hacienda de san
Jerónimo u otros ingenios o trapiches menores que abundaban en el reino, pero en un
contexto mas amplio; y si se considera el peso que tuvieron productos como el añil, el
azúcar, e inclusive la minería, los servicios personales, etc.. El punto ultimo de la
esclavitud de los negros se marco en Guatemala en 1823 cuando la asamblea
constituyente decreto la abolición de aquel fenómeno social, que tubo considerables
repercusiones económicas en la anterior etapa de la colonia .
LA ENCOMIENDA La encomienda es una institución muy peculiar, que tuvo un peso
específico en el proceso de la conquista y colonización de Guatemala. Se suele
confundirla con el repartimiento de indios e inclusive con la esclavitud y, al parecer,
ello se debe a la forma difusa en la que el termino se uso desde la época inicial del
descubrimiento, a las distintas regulaciones a las que fue sometida durante muchos años
y, sobre todo ala enorme disparidad que existió entre la concepción teórica de la
institución y la utilización practica que hicieron de ella los conquistadores, colonos e
inclusive funcionarios españoles.. En el caso de la encomienda, así como en el de otras
instituciones y fenómenos coloniales de distinto genero, todo tipo de generalizaciones
debe estar sujeto a criterios relativos de tiempo, espacio y circunstancias.
LA ENCOMIENDA EN GUATEMALA Con todas las experiencias adquiridas en las
Antillas y después en México, Pedro de Alvarado emprendió la conquista y
colonización de Guatemala, como también lo hicieron Pedrarias Dávila, Gil González
Dávila y otros que iniciaron sus respectivas campañas desde Panamá, por supuesto
recurrieron a la esclavitud de los indios, a la encomienda, al reparto y a los servicios
personales. Para que los indios Quichés se sometieran en forma pacífica, Alvarado
amenazó con reducir a la esclavitud a quienes no obraren del modo requerido. Después
de las acciones bélicas en Quetzaltenango y Gumarkaaj, y de la ocupación de Iximché y
la rebelión de los Cakchiqueles, Alvarado redujo a una virtual esclavitud a muchos
indios; considerados “de guerra” o bien de “rescate”. Repartió indios al servicio suyo y
la hueste española, también estableció formalmente la encomienda. El pago de tributo
era el rasgo que definía a la última institución pero en ciertas ocasiones, Alvarado
aceptó que los Señores Zutujiles pagaran aquellos tributos con indios que fueron
recibidos como esclavos. Alvarado impuso al pueblo de Patinamit un irregular tributo
que cada día cuatrocientos muchachos y muchachas le diesen un canutillo de oro lavado
del tamaño del dedo meñique. La diferencia entre la esclavitud y la encomienda es que
el segundo se condicionaba la calidad de esclavo al incumplimiento del pago del tributo,
rasgo, este último se consideraba consustancial a la encomienda. El primer gran reparto
de pueblos en encomienda fue hecho, en 1528, por Jorge de Alvarado, Gobernador y
hermano de del jefe de la expedición de conquista en Guatemala. Se repartieron mas de
cincuenta pueblos en la encomienda ello hizo que en 1529 se suscitara una serie de
protestas departe de los afectados. Provocó el juicio de la Residencia que ordenó la
Audiencia de México contra el Gobernador, tenientes de gobernador y otros
funcionarios de Guatemala. Francisco de Orduña, que actuó como juez no alteró el
reparto hecho por Jorge de Alvarado se limito a asignar a nuevos titulares de las
encomiendas que estaban vacantes. En 1530 Alvarado anuló el reparto hecho por su
hermano Jorge, e hizo uno nuevo; éste también suscitó aprobaciones e inconformidades.
Alvarado se adjudicó la encomienda de Atitlán, del cual la mitad le pertenecía a Sancho
de Barahona y Pedro de Cueto. Posteriormente tuvo que devolver la encomienda. En
consideración a las injusticias con los primeros repartimientos en 1530, el
Ayuntamiento de Guatemala Pidió al Rey que éstas se concedieran a perpetuidad para
evitar despojos o transferencias arbitrarias. La Corona decidió controlar estos vicios,
permitió que las transferencias pudieran heredarse “por una vida”, es decir, por una sola
vez, en favor de una viuda o del hijo mayor de un encomendero fallecido. En 1536 se
ordenó una revisión y una tasación de las encomiendas en Guatemala, en el cual
intervinieron Alonso de Maldonado, y el Obispo Francisco Marroquín; de estas
actuaciones se derivaron algunas mejoras para los indios encomendados, sobre todo en
cuanto a la rebaja de los tributos. Pedro de Alvarado resultó afectado en el Juicio de
Residencia que realizó Maldonado, ya que se había adjudicado siete de los mejores
pueblos del territorio guatemalteco (Atitlán, Guazacapán, Escuintla, Petapa,
Quetzaltenango, Rabanal, y Totonicapán). Alvarado obtenía ingresos de cerca de diez
mil pesos al año, a lo que se agregaba una cantidad similar recaudada en las
encomiendas en Honduras. Las acusaciones no pudieron ser desvanecidas por Alvarado,
sobre todo las que se referían a obtener los mayores beneficios del trabajo de los indios.

EL CONCEPTO DEL REPARTIMIENTO Fue una típica forma de trabajo forzoso,


impuesta por los españoles a expensas de la libertad y la capacidad productiva de una
apreciable cantidad de indígenas. En sentido estricto, el repartimiento tampoco
implicaba la definición de los indígenas como bienes muebles, como “piezas”, como
objetos susceptibles de ser sometido a un régimen de propiedad privada. El
repartimiento no era equiparable a la esclavitud, aun cuando el tratamiento que pudieran
haber recibido los indios repartidos hubiera sido tan despiadado como el que sufrían los
esclavos. El repartimiento, aunque coexistió con la encomienda, carecía de la típica
relación de esta con la política tributaria de la Corona. Sin ser, pues, un derecho real; se
puede considerar como una institución de carácter laboral obligatoria. Su verdadera
naturaleza se define como una prestación forzosa de servicios, en la que, como elemento
consustancial, aparece el salario, como insoslayable obligación contrapuesta a la
prestación de servicios.

CLASES DE REPARTIMIENTOS Entre las distintas maneras de clasificar los


repartimientos figuran las siguientes: a) Los de servicio ordinario en la ciudad; los de
edificación de viviendas; los de labranzas, trapiches y estancias; los de obras públicas;
y, eventualmente, los de minas. Las categorías que incluye esta clasificación se explica
por sus propios nombres pero es preciso indicar que, en ciertas coyunturas, se
prohibieron expresamente los repartimientos de indios en obrajes de añil, ingenios y
trapiches, así como en estancias muy alejadas o situadas en climas muy diferentes a
aquellos propios de los lugares de residencia de los indios repartidos. b) Repartimientos
para trabajos agrícolas; y los llamados de “servicio ordinario” o de “servicio
extraordinario”, ambos en las ciudades. La diferencia entre estas dos últimas categorías
consistía en que el “servicio ordinario para la ciudad “se aplicaba a las necesidades de
esta como tal (construcción de obras públicas, mantenimiento de calles, construcción de
drenajes, etcétera), en tanto que los “servicios extraordinarios” los disfrutaban ciertos
funcionarios y particulares, ya en la construcción y mantenimiento de sus viviendas, ya
en faenas domesticas, o bien, en labores agrícolas. Estos últimos por lo general, se
otorgaron por algún tiempo, a personas pobres o desvalidas (huérfanos, viudas, etcétera)
y, con el nombre de “tequetines”, se conocieron en muchas ciudades, desde que el
repartimiento se autorizo legamente en Guatemala, a mediados del siglo XVI c)
Repartimientos Para trabajos agrícolas, de minería o industrias artesanales; para
servicios de todo tipo de construcciones; para traslado de mercaderías u otros enseres, lo
que se hacia principalmente por medio de los llamados tamemes, y, finalmente, para
servicios domésticos en los hogares de españoles. En esta última categoría, a pesar de
ciertas prescripciones iníciales en contrario, abundaban las mujeres, empleadas como
cocineras, molenderas, chichiguas (nodrizas), etcétera.

EL REPARTIMIENTOS DE TIERRA La distribución de tierra entre los


expedicionarios y colonos españoles es un fenómeno en el que también se utilizo el
término repartimiento, pero esta vez en la relación más directa con el sistema de
tenencia y con derecho de propiedad privada de dichos bienes. En general, la propiedad
de la tierra se clasifico, durante el periodo colonial, de la siguiente manera: a) absoluta
propiedad de la corona sobre todos los territorios descubiertos; b) posesión y usufructo,
comunal o individual, de las tierras que ocupaban los indígenas antes del arribo de los
europeos; c) propiedades realengas, o sea, las que estaban bajo el dominio directo de la
Corona; d) Los ejidos, o “tierras de propios2, que estaban adscritos a los pueblos y eran
de uso común; y e) Las tierras de propiedad privada de los colonos. En relación con
estas últimas se aplico el término repartimiento a las adjudicaciones o “reparto” de los
bienes inmuebles, que favorecieron principalmente a los colonizadores.

El trabajo agrícola y el de minas La agricultura fue el campo principal de trabajo de los


indígenas; primero, la concerniente a los productos de subsistencia, necesarios tanto
para la propia población nativa como para los españoles; y posteriormente, la que
comprendía los artículos de exportación. El maíz, el frijol, el chile, las calabazas,
etcétera, conservaron su importancia en la dieta básica y, por consiguiente, en el trabajo
de los nativos. Los colonizadores, a su vez, de manera paulatina, introdujeron otros
cultivos y actividades agropecuarias, en los cuales también fue decisiva la mano de obra
de los indígenas. El trigo, la caña de azúcar, los plátanos, varias otras frutas y verduras,
la ganadería, la minería, así como diversas actividades artesanales nuevas, demandaron
el trabajo de los indígenas, el cual se encauso por los diferentes procedimientos forzosos
y voluntarios, de los que se deponía en la sociedad colonial de la época. Muchos
cultivos de autoconsumo, así como los que se dedicaron después a la exportación, eran
atendidos, por los labradores aborígenes, al mismo tiempo.

Bienes de intercambio

Algunos de los productos exportados por Guatemala, que obligadamente pasaban por
Sevilla primero y después por Cádiz, incluían añil, zarzaparrilla, palo de Brasil,
cochinilla, azúcar, cueros de reses, bálsamo y, por supuesto, metales preciosos, como
oro y la plata. De vuelta, los barcos traían vino, pasas, aceitunas, aceite, higos, paños,
lino, hierro, mercurio, etc. El comercio alcanzó sus niveles más altos a principios del
siglo XVII, y comenzó a declinar a mediados de la década 1620, en un descenso que se
agudizó en el decenio siguiente. Las causas de esto último estaban vinculadas a una
crisis de todo el sistema, del comercio intercontinental y colateralmente, a la acción de
los piratas en el Caribe.

La Real Hacienda El régimen hacendario, o sea, las finanzas públicas de la Colonia,


reflejaron necesariamente las características sociales y políticas de la organización y
funcionamiento del vasto imperio español. En la administración de los recursos
económicos en general, jugaron un papel decisivo la Corona, en primer lugar, como
propietaria soberana de las tierras y riquezas del Nuevo Mundo; la Casa de
Contratación, encargada de la administración y el tráfico de dichas riquezas; y,
finalmente, la oficialidad o burocracia real, que fungía en las posesiones coloniales y, en
especial, en los centros de poder económico.

LOS CRIOLLOS Y EL CRIOLLISMO Generalmente se define a los criollos como los


hijos de españoles nacidos en América. De modo más escrito, el termino se aplico a los
descendientes de los españoles y de otros criollos. Sin embargo, más que el vínculo
familiar o el lugar de nacimiento o residencia, la importancia de los criollos estriba en el
espacio social que ocuparon, así como en el papel que jugaron en el proceso evolutivo
de la sociedad colonial. Lo anterior quiere decir que, antes que un segmento
exclusivamente radical o biológico; o bien uno definido en términos geográficos, los
criollos construyeron un sector estructural de gran participación en la dinámica del
régimen colonial. De esta manera, los criollos individualmente o como grupo,
conformaron el fenómeno social denominado criollismo. En el reino de Guatemala,
igual que en el resto de Hispanoamérica, el criollismo se origino en los propios años que
siguieron a la conquista en el siglo XVI. Más como una concepción de la vida y la
sociedad, como mentalidad y actitudes definidas, como un grupo social delimitado,
alcanzo una particular importancia entre el siglo XVII y la emancipación. El criollismo,
según lo pinta y lo representa personalmente el cronista Francisco Antonio de Fuentes y
Guzmán, en su obra la Recordación Florida, se caracteriza por una actitud de
justificación y exaltación de la empresa conquistadora y de la condición colonial; por la
defensa especifica del mismo sector de los mismos criollos, en especial frente a los
peninsulares; y también por la sublimación del mundo guatemalteco. Entre las
principales reivindicaciones iníciales de los criollos (siglo XVI) figuraba la
administración directa del corregimiento del Valle, cercano a la capital y de gran
población indígena, cuya jurisdicción les disputa los primero gobernadores, control del
ayuntamiento y de las alcaldías mayores; y otras preeminencias menores, como el
derecho de los capitulares del ayuntamiento y de las alcaldías mayores; y otras
preeminencias menores, como el derecho de los capitulares del ayuntamiento a usar
cojines y a besar la paz en los oficios religiosos (reconocido solo a los magistrados de la
audiencia ), y otras distinciones semejantes, entonces muy apreciadas. Los criollos se
quejaban, igualmente de la indefensión del país frente a los piratas y corsarios. En el
orden religioso a los piratas y corsarios. En el orden religioso pedían la categoría
metropolitana para el arzobispo de Guatemala. En el orden fiscal, sus exigencias se
enderezaban a la exoneración de impuestos, así como a la impugnación de los estancos
aprobados por la Corona. En el fondo, y en rigor histórico, los intereses estructurales del
criollismo se reducían, esencialmente, a una mayor libertad para explotar los recursos
del país, en especial, el trabajo de los indios, el comercio la encomienda y otros muchos
privilegios coloniales. El ayuntamiento, en un momento convertido en bastión y
fortaleza de los criollos defendió los intereses de estos ante la corona los peninsulares,
los indios, o contra quien se inter pusiera en el camino de la empresa colonial. En estos
afanes, los criollos crearon conflictos y libraron batallas ideológicas políticas
económicas, y otras de diverso género. En el campo intelectual por ejemplo, sus
contribuciones fueron extraordinarias, aunque sus objetivos no siempre quedaron
explícitos. Además de La Recordación Florida de Fuentes y Guzmán, debe abonárseles
la Crónica de la Provincia del Santísimo Nombre de Jesús de Guatemala, de Francisco
Vázquez, la valiosísima y extensa obra historiográfica y lingüística de Francisco
Ximenez, aun cuando este era español; la creación literaria de Rafael Landivar; la
apertura intelectual ante los aires renovados de la Ilustración ; la fundación de la
sociedad Económica de Amigos del País que también tenían elementos españoles; la
fundación de la Universidad de San Carlos , en 1861; el impulso al periodismo anterior
a la Independencia , etcétera . La culminación del papel de los criollos, como grupo
social fue la Independencia del Reino de Guatemala, proclamada el 15 de septiembre de
1821.

La Evangelización El fenómeno específico de la evangelización observó etapas bien


definidas. Primero, una desorganización inicial, que se prolongó hasta 1519; después, el
período de las grandes misiones que se extendió de 1519 a 1560, en el cual se
consolidaron las estructuras eclesiásticas y fue más intensa la conversión de los indios;
y, finalmente, la etapa de la "criollización" de la Iglesia, comprendida de 1620 a 1700, y
en la que se debilitó la tarea evangelizado. El esquema anterior, que se refiere a toda
Hispanoamérica, se aplica de modo riguroso al Reino de Guatemala, quizás con la única
salvedad de que los mencionados límites cronológicos no resultan del todo homogéneos
para todas las provincias de lo que actualmente es la América Central. Por otra parte, el
mencionado esquema se afirmó durante todo el siglo XVIJ, hasta cuando se produjo la
irrupción de los criollos en las jerarquías eclesiales, y el posterior decaimiento del
trabajo misionero.