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Los troles invaden los comentarios en la prensa digital

RAFAEL SERRANO | 19 ABRIL 2016

Internet ha hecho posible, realmente, que la audiencia se haga oír y debata los temas que plantean los medios. Pero la
experiencia está resultando en buena medida decepcionante. Muchas veces, en los comentarios de los lectores en la
prensa digital predominan los de baja estofa: ofensivos, groseros, sectarios.

Hace mucho, mucho tiempo, los periódicos eran solo de papel. Cuando un lector quería expresar una opinión sobre
algún artículo, tenía que hacer un borrador, pasarlo a limpio con la máquina de escribir, corregir los errores
mecanográficos, meter el papel en un sobre, consignar la dirección, comprar un sello y acercarse a un buzón. Y tal vez,
al cabo de varios días, veía su carta publicada.

Mas he aquí que llegó Internet y todo cambió. Enviar una opinión se volvió fácil y rápido: tecleas lo que quieras, pulsas
intro y de inmediato aparece tu comentario. Además, puedes ver los de otros, y apoyarlos o contradecirlos, así como
otros pueden responder al tuyo. La información y la opinión dejó de estar dictada desde arriba. El público comenzó a
ser parte activa de la prensa, aportando datos o señalando errores; ofreciendo críticas y diversos puntos de vista;
entrando en diálogo con los periodistas y con otros lectores. Florecieron así conversaciones vivas, debates abiertos,
con enriquecedores intercambios de ideas.

Entre los autores de artículos del “Guardian”, las mujeres son más atacadas que los
hombres, sobre todo en las secciones donde están en minoría; y los hombres son más
atacados en las secciones de clara mayoría femenina

Pero en este bonito cuento de hadas irrumpieron unos ogros, llamados troles. En vez de contribuir a un civilizado
coloquio, espetan denuestos, groserías, amenazas. Aunque son muchos menos que los duendes, a menudo
monopolizan los comentarios por su tendencia a enzarzarse en réplicas y contrarréplicas cada vez más violentas, y
porque ahuyentan a otros. Muchos duendes emigran del país de los comentarios porque les repugna lo bajo que ha
caído.

Troles

Los “troles” son un problema para la prensa digital. Entre profesionales y parte del público se ha extendido la receta “No
leas los comentarios”, originalmente nacida en las redes sociales por un motivo similar. Algunos medios ya no los
admiten.

Es un problema conocido, pero no se hablaba mucho de él. Hasta que la semana pasada, The Guardian ha querido
provocar un debate público al sacar a la luz su experiencia con los comentarios zafios o agresivos, a fin de invitar a
otros medios a seguir su ejemplo, hacer conscientes a los lectores de la situación y suscitar propuestas para poner
remedio. Tras romper el fuego con un editorial, va entregando datos, análisis, reportajes –y comentarios– en una
sección especial, titulada The web we want1 (“La web que queremos”).

El diario londinense perfila el problema gracias al estudio que ha realizado sobre los comentarios recibidos en los
últimos 16 años, hasta marzo pasado. Son unos 70 millones en total, y de ellos solo una pequeña parte, el 2%, fueron
borrados por los supervisores del periódico. Algunos simplemente eran spam o no tenían que ver con el tema del
artículo, pero la mayoría eran ofensivos. Amenazas de muerte o de agresión física apenas hubo. El caso más frecuente
es el de ataques o muestras de desprecio hacia los autores de los artículos o de otros comentarios. Un ejemplo es el
dirigido a una musulmana británica que decía haber sufrido a causa de prejuicios contra los de su fe: “Cásate con un
combatiente del ISIS y verás lo que es bueno”, escribió un trol.

La otra categoría principal es la de comentarios contra colectivos: xenófobos, racistas, sexistas… A propósito de una
noticia sobre los naufragios de inmigrantes en el Mediterráneo llegaron lindezas como esta: “¡QUE SE AHOGUEN
TODOS!” (así: con mayúsculas).

Sexismo de doble vía

The Guardian detalla qué tipos de artículos suelen despertar tales salidas de tono. Por temas, el que atrae más a los
troles es, tradicionalmente, el conflicto palestino-israelí. Pero en los últimos tiempos lo han igualado otros: inmigración,
feminismo, violación. Con todo candor, The Guardian señala que los asuntos que menos se prestan a comentarios
ofensivos son el críquet, la hípica, el jazz y los crucigramas. Por secciones, las más atacadas son Internacional,
Opinión, Medio ambiente y Moda.

“Los comentarios son secuestrados por un pequeño grupo de comentadores con


seudónimo que sustituyen el diálogo inteligente y razonado con violentos insultos
personales y tópicos sectarios” (director de “The Week”)

Pero además del tema, influye el sexo de quien firma el artículo. En conjunto, las mujeres recibieron más insultos que
los hombres. Y cuanto más predominan los hombres en una sección –casos extremos: Deportes y Tecnología—, más
atacadas son las periodistas que escriben en ella. Ahora bien, el sexismo es de doble vía: la sección de Moda, donde
los hombres son minoría, es una de las pocas donde ellos son más ofendidos que ellas. Del sexo de los troles no se
puede concluir nada cierto, pues los comentadores no tienen que declararlo y suelen usar seudónimos.

Los supervisores han de ser ágiles, pues muchas veces ocurre que un comentario ofensivo provoca otros, y en poco
tiempo se forma una espiral, en que los ogros compiten por ver quién es el más cruel. Como al Guardian llegan de
50.000 a 70.000 comentarios al día, la tarea no es nada fácil. Para tener a raya a los troles, The Guardian ha cerrado
los comentarios libres en algunas secciones más vulnerables, donde los somete a aprobación previa.

Adiós a los comentarios

Hasta ahora, los medios que han hecho algo, han tenido distintas reacciones. Unos han reforzado la vigilancia, con
equipos de personas dedicados día y noche a revisar los comentarios: es el caso del New York Times o del mismo
Guardian. Otra posibilidad es montar un sistema semejante a un foro supervisado, y restringir los comentarios a
usuarios registrados, que han de dar –aunque no se hagan públicos– sus verdaderos nombres: esto alivia la carga de
los monitores, pero no permite prescindir de ellos. Ambas soluciones solo resultan asequibles a cabeceras con
abundantes recursos.

Otras, incluidas algunas grandes, como Reuters o la sección de Deportes de USA Today, han eliminado los
comentarios2. Unas reconocen llanamente que no tienen medios bastantes para filtrarlos como se debe o consideran
un desperdicio gastar en eso. Varias señalan que los comentarios e intercambios de opiniones emigran a las redes
sociales, donde cuadran mucho mejor que en un periódico.

También suelen dar otras razones, en lugar o además de esas. USA Today alega que su sección de Deportes se lee
mayoritariamente en dispositivos móviles, soporte poco idóneo para escribir comentarios. El director de The Week
explica que los comentadores eran relativamente pocos –muchos menos del 1% de la audiencia–, y una minoría muy
activa de ellos se había hecho con el poder: “En demasiados casos, los comentarios de los medios son secuestrados
por un pequeño grupo de comentadores con seudónimo que sustituyen el diálogo inteligente y razonado con violentos
insultos personales y tópicos sectarios”.

Algunos medios han cerrado los comentarios, otros han reforzado la supervisión, y hay uno
que cobra a los lectores que quieren comentar
(Algunos de esos motivos llevaron también a Aceprensa a suprimir los comentarios en su sitio web y reservarlos para
sus blogs –El Sónar3 y Familia Actual4–, su página5 y su grupo6 en Facebook, y su cuenta de Twitter7.)

Menos comentarios, pero mejores

Se han ideado otras fórmulas. Tablet, una revista norteamericana de cultura judía, optó por cobrar a los que quieran
dejar comentarios8. En los primeros tres meses se apuntaron un centenar de abonados.

Una nueva empresa, Civil Comments9, facilita la revisión recurriendo al público mismo. Si un medio confía sus
comentarios a la plataforma de Civil, el lector que quiera poner uno, primero tiene que valorar dos enviados antes,
elegidos al azar, y hacer lo mismo con el suyo propio. Lo segundo sirve para que el lector “se enfríe” antes de mandar
un comentario incendiario. Lo primero alerta a los moderadores sobre las aportaciones probablemente inadmisibles, sin
necesidad de que las examinen todas. El resultado, al parecer, es: menos comentarios, pero de mejor calidad.

Tal vez esto sea la tendencia del futuro. El Nieman Lab, un instituto de periodismo de la Universidad de Harvard,
vaticina, entre otras predicciones para este año, un cambio de mentalidad con respecto a los comentarios. Los
responsables de los medios pasarán a considerarlos colaboraciones, dice Andrew Losowsky10, director del Coral
Project, dedicado a estudiar el asunto. Según él, se acaba la época del “Diga usted lo que quiera, sea quien sea”. Los
medios se concentrarán en motivar a la minoría del público que puede hacer aportaciones valiosas. Se preguntarán:
“¿Cómo pueden contribuir nuestros lectores más fieles al debate, a informar, al trabajo de nuestros periodistas?”. Los
medios querrán distinguirse de las redes sociales, y en vez de delegar a estas la participación de la audiencia, reiniciar
conversaciones de otro tipo.

1
https://www.theguardian.com/technology/series/the-web-we-want
2
http://www.niemanlab.org/2015/09/what-happened-after-7-news-sites-got-rid-of-reader-comments/
3
https://blogs.aceprensa.com/elsonar/
4
https://blogs.aceprensa.com/familiaactual/
5
https://www.facebook.com/aceprensa
6
https://www.facebook.com/groups/35777195346/
7
https://twitter.com/Aceprensa
8
http://www.tabletmag.com/scroll/188755/join-the-conversation-on-tablet
9
http://www.civilcomments.com/
10
http://www.niemanlab.org/2015/12/time-to-rebrand-comments/

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