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Teoría lacaniana del juego

Pablo Peusner
La Plata, 26/10/2002
Nuestro recorrido partió de afirmar la pertinencia y la existencia del concepto de inconsciente respecto
de los sujetos que llamamos “niños”.
Luego hicimos un segundo movimiento que consistió en no tomar este inconsciente como cualquier
inconsciente: intentamos definirlo mediante dos articularciones. Una fue considerarlo «estructurado
como un lenguaje» - y por estar estructurado como un lenguaje, renunciamos a situarlo adentro de
persona alguna. Por tener la estructura del lenguaje, circula entre las personas -igual que el lenguaje- y
entonces para que advenga como hecho clínico, hacen falta al menos dos personas -con una persona
sola no hay inconsciente. Nadie puede decir yo y mi inconciente, en todo caso habría que decir: yo, tu,
y un inconciente.
La segunda característica fue proponerlo como una superficie bidimensional, es decir, con una
estructura plana, ultraplana, sin profundidad. A esa superficie no sólo la planteamos como superficie
abierta sino también como limitando superficie, dándole la forma de la banda de Moëbius. Dijimos que
el inconsciente es bidimensional y se presenta en el espacio como si fuera una banda de Moëbius, es
decir, abierta –esto quiere decir que circula entre las personas–, y limitando una superficie –lo que nos
da condición particular.

A nivel técnico, o sea, para poder trabajar la técnica del psicoanálisis con niños, es necesario, extender
esta estructura del inconsciente, es decir, el inconsciente estructurado como un lenguaje, al juego, al
dibujo y a sus derivados; lo que equivale a decir que estas conductas también responden a la estructura
del lenguaje.
Con lo cual, por ejemplo, ustedes perderían toda posibilidad de hacer del juego una lectura per sé, por
ejemplo, no podrían, porque un niño hace que su Barbie pelee con Ken, decir: he ahí la agresividad de
los padres del niño. No, porque necesitan tener dos términos. Si hay que leerlo como significante, la
pelea de Barbie y Ken daría un significante, hace falta el otro para establecerlo como tal -porque un
significante es lo que los otros no son. Entonces, solamente con la pelea de Barbie y Ken no alcanza,
hace falta ver en relación a qué se pondría ese significante, en relación a cuál otro significante. Lo
mismo pasaría, con el dibujo.
La formación que nos dieron en la facultad, por ejemplo, en las técnicas proyectivas, en donde si el
niño, cuándo dibuja la casa, la chimenea es el símbolo fálico y si sale humo es porque algo se cocina
adentro, éso es anti–lacaniano porque es una lectura por el signo.
Nosotros, los lacanianos, no hacemos lectura de ese estilo; como no lo hacemos en un sueño en el que,
si alguien sueña con una rata, no le podemos decir nada de éso sin vincularlo con otra cosa, haría falta
la otra escena para que ese significante adquiera su valor. Ustedes saben que el valor del significante en
la obra de Saussure es opositivo y diferencial, es decir, que para poder situarlo hace falta otro, no es
nunca per sé.
Bueno, yo les decía entonces, que extendemos esta hipótesis del inconsciente estructurado como un
lenguaje, al juego, al dibujo y a sus derivados. Ahora, en el juego, específicamente... ¿qué carácter
tiene? Yo les voy a proponer dar una definición ostensiva para responder a esta pregunta. Una
definición ostensiva, según Bertrand Russel, es la definición de algo por medio de mostrarlo; por
ejemplo, si ustedes me preguntaran ¿qué es un encendedor? yo podría decirles: es un dispositivo
mecánico que sirve para encender una pequeña llama, etcétera, o podría decirles: “esto” [muestra un
encendedor]. Entonces, la primera definición de “juego” que les voy a dar es una definición ostensiva,
¿qué es “juego” en la obra de Jacques Lacan? “Juego” es ésto que les voy a leer.
Les voy a citar un parrafito muy breve de Lacan, de la página 257, del Seminario 4, la clase se llama:
“Para qué sirve el mito”:

“Cuando se trata de Hans (...), se tiene la neta impresión de una producción de juego.”[1]

En el escrito de Freud sobre Hans, que yo recuerde, no hay una ninguna escena en donde el niño juegue
a nada -salvo esas escenas que el padre refiere que ocurrían en Gmunden. En el trato de Juanito con su
papá, Juanito no juega, más bien, están conversando y el desarrollo es el desarrollo de la fobia. Sin
embargo, Lacan dice que, cuando se trata de Hans, se tiene la neta impresión de una producción de
juego; es rara la idea, porque Lacan lee juego ahí, juego en las múltiples modificaciones que van
produciéndose a lo largo de toda la observación.
Bueno, ahora, en ese juego, Lacan detecta ciertas cosas, por ejemplo, una cierta configuración, que está
dada por una necesidad estructural que lo preside. Hay una configuración pero que está ordenada a
partir de una necesidad estructural que está primero, es decir, primero hay una necesidad estructural de
que algo se organice y luego algo se organiza según esa necesidad. Con lo cual, esto sugiere la idea de
una estructura.
La segunda idea que Lacan propone luego de la lectura de la observación de Hans respecto del juego es
que ese juego progresa y que progresa por transformaciones. “Que progresa” quiere decir que tiene una
dirección, que se mueve hacia algún lugar y que se transforma, o sea, que no siempre aparece como lo
mismo o, en todo caso, si aparece, aparece como lo mismo pero que no es lo mismo. Ustedes ya saben
cómo es la observación, es siempre un caballo, pero es un caballo que se cae, es un caballo mudancero,
de diligencia... Es un caballo que va cambiando de valor todo el tiempo.
Curiosamente, en ese párrafo de la pagina 257, usa por primera vez en el seminario la expresión:
“Los pequeños mitos de Hans.”

Es decir que Lacan se refiere a cada una de las construcciones que Juanito va haciendo a nivel del
caballo como si fueran pequeños mitos. En esa parte solamente lo dice, no lo desarrolla, después vamos
a ver que, efectivamente, él trata con valor de mito a cada una de esas organizaciones.
En general, lo que yo deduzco de este desarrollo es que la propuesta de Lacan es que la estructura del
significante, preside al juego y lo ordena: el juego está ordenado por una estructura y esa estructura, sin
duda, es la estructura del significante –no existe otra.
Al seguir leyendo el seminario, en la pagina 282, me encontré con la confirmación de esa impresión
que tenía porque Lacan dice lo siguiente:

"Yo vuelvo siempre a decir que el uso del significante no es concebible, sino, si ustedes parten de que
el juego fundamental del significante es la permutación” [2]

Fíjense, tenemos tres elementos en esa idea: el juego fundamental del significante es la permutación.
Adviertan que, en nuestra lengua, la idea de “juego de palabras” es de uso frecuente, de hecho, hay
todo un humor sostenido en el juego de palabras. Pero no sé si ustedes habían reparado en el uso que
Lacan hace del término «permutación» -porque lo que Lacan dice es que el juego fundamental del
significante es la permutación.
Yo trabajé en el librito que publiqué en el ’99, “El sufrimiento de los niños”, en la pagina 63, la idea de
permutación matemática, que es la idea sobre la cual Lacan se apoya. La definición más sencilla que
encontré de permutación en libros de matemáticas dice: “la permutación supone el cambio en el orden
de alguna cosa”, es decir, cambiar cualquier cosa de orden es hacer una permutación. En matemática,
prescindiendo del resultado que produzca el cambio de orden, es decir, que para un matemático, en
relación a la permutación, sería lo mismo: 6 + 4 que 4 + 6; pero no confundan con la propiedad
conmutativa que tienen algunas operaciones, no es lo mismo. La propiedad conmutativa sí considera el
sentido, es decir, considera el resultado. Pero la permutación no, es solamente cambiarle el orden a las
cosas. Supongan que ustedes fueran en este momento, acá, veinte personas, yo podría proponerles
todas las posibilidades de que veinte personas se sentaran en veinte lugares y cada movimiento que
hiciéramos, cada cambio de lugares, sería una permutación. ¿Cuántas posibilidades de permutar
tendríamos? Éso se puede resolver mediante un cálculo matemático; tratándose de veinte personas y
veinte lugares la cuenta seria fácil: uno por dos, por tres, por cuatro... hasta 20. El número que nos
daría es un número enorme pero no infinito, sería lo que se llama el «factorial» de esa operación
matemática. Ese factorial a nosotros nos daría el resultado total de todas las permutaciones posibles de
un número limitado de elementos.
Es por ello que en libro escribí que...

“Para nosotros, analistas, la consecuencia de que la permutación se produzca a nivel de la estructura es


que cambie la escena”.[3]