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Algún día te escribiré un poema que se limite

a pasar los dedos por tu piel


y que convierta en palabras tu mirada
sin comparaciones, sin metáforas…

Algún día escribiré un poema que huela a ti,


un poema con el ritmo de tus pulsaciones,
con la intensidad estrujada de tu abrazo…

Algún día te escribiré un poema,


que te murmure, que te susurre,
que te grite lo que mi corazón siente…
Te "verso" mucho, demasiado. Cada día estoy más leído por ti, más parafraseado. Lo
admito. Te escribo comer a besos. Te cuento a más no poder…

Cada día no puedo parar de pensar en ti, de imaginar un nosotros. Me va el presente


en desear un futuro. En vestirte de blanco, en compartir vida, en crearla, cuidarla y
crecer agarraditos de las manos de nuestros pequeños...

A palabras no hay quién gane. Todas, pienso, que las tenemos guardadas para el día
de después y que tanto silencio es proporcional a tanto amor que nos pensamos dar…

Quiero pensar que estar así tan escritos y tan sinceros puede merecer la pena el día de
mañana para que, cuando por fin decidas aparecer veas lo mucho que he estado
escribiendo de ti…

Si el día que llegas no estoy, si cuando decidas volver yo ya he partido. Si cuando me


escribas yo ya he dejado de leer, recuérdame volver a estos párrafos y hazme ver que
tú también me has querido tanto como escrito…

Que tú también me has "versado" mucho. Tanto como leído…


Te prometo que hoy no iba a escribirte. No es que hoy no te lo merecieras. No es que
hoy fuera a ser diferente. Es que no había intención de molestarte, y a veces es tan
importante el saber cuando llegar, cómo el saber cuando marcharse…

Y claro, ahí siempre nos equivocamos. Porque el irse siempre nos parecerá como
desagradable, a mal momento y a destiempo. Si nos vamos, nos vamos. Pero claro
siempre nos quedará la duda de que pasó si nos hubiéramos quedado…

Pero hoy en día nos fascina lo difícil. Nos encanta que las cosas vayan realmente
bien, porque ahí, justo en esa tesitura, en ese extremo, en ese roce con el amor, es
donde queremos juzgar el "hoy por mí". Nos pasamos la vida examinando al otro que
da gusto…

Nos encanta eso de valorar lo incalculable. Nos encanta ponerle una notita, o un
toque de atención cuando las cosas funcionan como quisiéramos. Repito, nos encanta
cuando todo va realmente bien. Cuando las cosas tienen sentido. Y mucho amor…

Nos encanta dar besos en tiempos difíciles, reír cuando se ha llorado mucho. Nos
encanta ser el consuelo de alguien y el amor de por vida de uno que lo creyó perder.
Nos encanta aparecer cuando parecía que nada iba a suceder. Nos encanta eso de
acariciar por sorpresa y hacer el amor sin planearlo. Nos encanta discutir con final
feliz, las reconciliaciones con un "perdona" mutuo, y el abrazo de despedida de un
"no te vayas todavía"…

Nos encanta mandar a freír espárragos al último que llegó. Y todo con la mejor de
nuestras sonrisas. Disfrutamos de lo impredecible y nos encanta prometer cosas que
sabemos que no podemos cumplir…

Como yo, que me prometía no escribirte hoy…

O como tú, que pensabas que hoy no me leerías...


Dime que hubo algún día que me quisiste buscar. Que ahí, en tu habitación
leyéndome, se te pasó por la cabeza, por el corazón, por el órgano de la locura.
Aunque fuera fugaz, pero reconóceme que te lo planteaste al menos una vez en
pijama. Cómodamente, casi agotada del día. Que ese ratito fuiste un poquito mía, un
poquito menos presente. Dime que me quisiste. Que algún día salió de tus labios “Te
Quiero” y que yo no lo escuché. O que no quisiste que lo oyera pero que sentiste la
obligación de que al menos un momento deseaste más corazón que letras…

Dime en este segundo párrafo que sonreíste, que te preguntas cómo puedo saber yo
eso, ¿que cómo sé que has vuelto a sonreír?. Dime que hoy me quieres, aunque sea
sin amor, sólo por cumplir, pero al menos reconóceme que me quieres. Dame un
presente en forma de futuro y decóramelo a tu antojo. Prométeme que me quieres,
que nada es mentira, al menos, que nunca se mintió más de lo permitido. Dime que
aquellas que nos dejamos pasar fueron piadosas y que perdonadas están. Quiéreme.
Que “Te Quiero” sabe a muy poco. A muy pasado. No te veas tampoco en la
obligación. Pero si no tienes nada mejor que hacerme, quiéreme un rato.

Y si te ves que el aburrimiento va para largo, dime que me querrás. Que suene a un
“hoy no puede ser, pero quizás un poquito mañana”. Quiéreme a contra reembolso, no
me importa, que yo lo pago si hace falta. A estas alturas no nos vamos a poner tacaños
de sentimientos y muchísimo menos vamos a no permitirnos un lujo, de sonrisa, a
estas alturas de labios…

Si ves que cumpliste alguna de estas conjugaciones del verbo querer, déjame decirte
una cosa…

Que yo te quise, que te quiero, que te querré…

Pero sólo si tú quisiste, si tú quieres, si tú quisieras…


Quizás el amor se trate
de encontrar esa persona
que te haga volar sin
necesidad de tener alas,
que te haga soñar sin
tener que cerrar los ojos,
y que te haga reír
cuando las lágrimas
estén a punto de salir…
PARA LA MUJER QUE AMO…

La mujer que amo es un pedazo de cielo en mis manos, es un rayito caliente de sol
que abriga mi alma dormida. La mujer que amo es un minuto de paz en medio de la
más sangrienta guerra, es la lluvia mojando el suelo reseco de un campo cultivado...

La mujer que amo es capaz de secar hasta la última de mis lágrimas con su sonrisa, y
a la vez es capaz de provocarme el mayor de los llantos sólo con decirme que me ama
en el momento que más lo necesito...

La mujer que amo es el ser que comprende más allá de la mirada, más allá de lo físico
y lo elemental, ella sabe dibujar esperanzas, mañanas fascinantes, viajes estelares y
encuentros sublimes con sólo cerrar sus ojos y dejarse llevar... y llevarme con ella...

Ella provoca que mi alma se eleve por los cielos y encuentre la suya en una nube
esperando por mí, con su hermosa eterna juventud y sus manos abiertas para recibir
las mías...

Ella conoce mis temores, mis deseos, mis miedos, ella sabe cuando siento pena, dolor,
angustia y cuando estoy feliz...

La mujer que amo me sacó del letargo, me mostró que en la Tierra hay ángeles sin
alas que caminan a nuestro lado, que velan por nosotros de una manera especial, que
aunque no podamos distinguirlos o verlos, ellos están siempre cuidando de nosotros.
Ella es ese ser tan especial que puso Dios en mi camino...

La mujer que amo, es invisible a mis ojos todavía, pero es tan concreta en mi corazón
que sin verla la veo, que sin tocarla la toco, que sin besarla la beso, que sin poder
hacerle el amor la siento dentro de mí...

Yo sé que esta mujer a la que amo tanto es tan especial que un día tal vez la pierda,
que sin haberme pertenecido nunca, se aleje de mi lado, pero estoy tan feliz de amarla
que solo me importa darle gracias a Dios por haberme permitido encontrarla,
conocerla, disfrutarla y sobre todo respetarla...

Amor, si tan solo pudiera abrirme el pecho y darte todo mi corazón... si tan solo
pudieras ver que en él late furioso mi amor por ti... si tan sólo pudiera regalarte ese
soñado amanecer, y despertar contigo envueltos en ese manto de ternura que brota de
nuestras almas... sería la persona más feliz del universo...

Amor mío... seguiré soñando con ese día... seguiré pidiéndole a Dios por un momento
a tu lado, por una caricia de tus manos, por un beso de tus labios...

Y si Dios no puede concederme ese deseo, seguiré deseándote en el silencio de mi


alma, seguiré dibujando tu rostro en mi almohada... y encontraré la forma en que
algún día de esta corta vida se unan tus ganas y las mías en un abrazo tan dulce, tan
apretado que lo triste y lo temido habrán desaparecido para dar paso a la mayor
felicidad de mi vida... y así poder decirte que “Te Amo”… Dios te bendiga hoy,
mañana y siempre…
Voy a escribir en tu cuerpo
la poesía que me inspira tu mirada;
sentirás la tinta fría recorrerte
en cada trazo, en cada giro… lentamente,
mientras voy recitándote al oído
todo lo que en ti escribo…

Tu cuerpo es la perfecta hoja en blanco


que le dará vida a las palabras
y al terminar de vestir tu piel
con lo que me inspiras, mujer,
te besaré por completo
para sellar la poesía que me inspira tu mirada…