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Paul Ricoeur

Sobre la traducción
Ed. Paidós
ISBN 950-12-6544-7

Prólogo

En 1948, Paul Ricoeur presenta su segunda tesis de doctorado, resabio de la antigua
tesis en latín que escribían aún a principios del siglo xx los académicos franceses, y que
solía servir a un propósito limitado, informativo, técnico. Para esa segunda tesis ha elegido
culminar un trabajo comenzado en cautiverio, como prisionero en la guerra de 1939: su
versión francesa de Ideen I, de Husserl. Tal es el primer contacto prolongado y concreto de
Ricoeur con la práctica de la traducción.
Precisamente, Antoine Berman, el autor que Ricoeur elige como punto de partida en el
primero de los tres textos que forman este libro, “Desafío y felicidad de la traducción”,
sostenía que la reflexión sobre la traducción es inescindible de la experiencia de traducir.
Como otros teóricos “especulativos“, también traductores, Berman prescindía de una teoría
unitaria que diera cuenta de la traducción: prefería la deriva crítica, incluso el comentario
idiosincrásico aunque siempre basado en una sólida erudición, la inclusión de citas y
ejemplos no para erigir un edificio compacto, sino uno con anfractuosidades, en las que
nuevas ideas e intervenciones críticas de hecho han venido a insetarse.
Al igual que Berman, Rícaoeur evita las construcciones sistemáticas —él mismo se ha
pronunciado en contra de ellas reiteradamente—; a diferencia de Berman, elige en estos
textos la modalidad heurística y dialógica de exposición: parte de un saber común y general,
por momentos muy parecido a la doxa —la traducción como copia de un original, la
traducción como texto necesariamente inferior a aquel del que procede, para ir
caracterizando mediante la referencia a algunos rasgos salientes una noción del traducir
que se vincula con la felicidad que procura la posibilidad de comunicación con el otro.
Con un fraseo claro y elegante, que también ha de leerse como una toma de posición
frente a los oscuros, Ricoeur señala algunos casos en los que la traducción parece
capitular: el texto poético, los conceptos filosóficos en los que toda una concepción del
sujeto o del mundo puede estar condensada. Es que hay “resistencias” a la traducción,
resistencias que cabe subsumir en dos fuerzas igualmente potentes: por una parte, el
etnocentrismo de la lengua receptora o traductora, su tendencia a la hegemonía cultural, su
dificultad para decir al otro porque no puede dejar de decirse a sí misma; por otra, la
inescrutabilidad del texto en lengua extranjera.
Y sin embargo, la traducción existe, profusamente. En uno de sus cursos en el Collége
de France, Roland Barthes defendió su conocimiento del haiku japonés a través de
versiones francesas que no podía verificar. Esa defensa remite a un hecho incontrastable: el
autor delega en el traductor un poder por el cual éste está autorizado a interpretar y

reescribir el texto de partida. A esa “acción fiduciaria”, como la llamó Annie Brisset, es
posible agregarle, según Ricoeur, una instancia de control, pero no de sanción. Los futuros
lectores bilingües de ese texto serán quienes evalúen la magnitud de la capitulación o el
acierto: en una cadena de relecturas que funcionan como “retraducciones privadas”, no
otros serán los jueces del traductor precedente.
En el segundo texto, “El paradigma de la traducción” —que, como el primero, tiene un
origen oral—, Ricoeur recuerda el relato bíblico de Babel. Lo cita in extenso y lo lee no
como la puesta en alegoría de la soberbia humana y su ejemplar castigo divino, sino como
mito de origen del proyecto ético que entraña toda traducción. La Buena Nueva que anuncia
Ricoeur es que, gracias a la diversidad de las lenguas, nos es dado pasar por la
experiencia-prueba de lo extranjero. Así como el fratricidio de Caín convierte a la
hermandad en un proyecto ético y lo sustrae de la indiferencia moral de los hechos “natu-
rales”, Babel introduce la dimensión ética en la comunicación humana. La lengua
prebabélica era una facilidad que no daba cabida a la voluntad y el trabajo de comprender
al otro.
Una serie de ideas que son otras tantas iluminaciones jalonan el discurso de Ricoeur. La
“hospitalidad lingüística” de la traducción, en tanto capacidad para acoger lo foráneo; el
“deseo de traducir” y los “traductores deseantes”, aquellos compelidos por la pasión de
desafiar el fantasma de la imposibilidad; la “construcción de comparables”, no sólo
semánticos, sino también literales. La traducción literal, aquella que apunta a la producción
de los comparables literales, tiene su reducción al absurdo en un cuento de Jorge Luis
Borges; es la versión que Pierre Menard escribe del Quijote, en la que a cada palabra del
original en español le corresponde su idéntica. Y tiene un límite cuando se trata de pasar de
una lengua a otra: a diferencia de las traducciones libres, que siempre pueden serlo un
poco más, apartándose re-creativamente del original, como querían Ezra Pound y Haroldo
de Campos, las traducciones literales, las que se apegan furiosamente a la letra, tienen
como límite la inteligibilidad.
Ricoeur tiene razón al calificar de “desesperada” la empresa de Berman de propugnar la
traducción letra por letra y no —como aconsejaba Cicerón— sentido por sentido. Un
argumento cratilista, el de la unión de significación y sonido, viene a refrendar tal empresa.
Ese argumento, con el que Ricoeur cierra “Un ‘pasaje’: traducir lo intraducible”, último de los
textos incluidos en este libro, se opone a la idea de la inmotivación del signo lingüístico
proclamada por Saussure. Y deja al lector en un lugar incierto, donde es posible la paradoja
anunciada en el título: traducir lo intraducible. Pues si, como afirmaba Cratilo, hay una
relación motivada, causal, entre los sonidos y el sentido, entonces no habrá posibilidad de
traducción. Es que si en algo difieren inapelablemente las lenguas es en el recorte fonético
que hacen de los sonidos pronunciables por un humano.
Los biógrafos, historiadores y críticos han registrado con frecuencia los desplantes de
algunos intelectuales —como Lacan y Foucault— hacia Ricoeur. Y uno comprende el

Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Hablaré primero y más extensamente de las dificultades vinculadas con la traducción en tanto desafío díficil. el autor.] . En efecto.1 por su invitación a que contribuya a la entrega del Premio Franco-Alemán de Traducción de 1996. En el diálogo sobre la traducción que entabla entre otros con George Steiner.fastidio de los pensadores más radicales ante lo inmarcesible de su pensamiento y su modo de expresarlo. [Ed. en su doble sentido de “pena experimentada” y de “prueba”. a veces imposible. en efecto. puesta a prueba. París. Mise á l’épreuve. Ricoeur tiene como norte la voluntad de comprender lo distinto. ¿Qué mejor materia que la traducción para especular sobre ese proyecto y sus obstáculos? PATRICIA WILLSON 1. Para iluminar esa épreuve. Y entre ambos. Gal1imard. como se dice. aun de una pulsión: la pulsión de traducir. la necesidad de acercarse a la alteridad sin anularla. dos términos son puestos en relación por al acto de traducir: lo extranjero —término que abarca la obra. Me gustaría. L’épreuve de l’étrangrer. Berman. cuando en un ensayo se refiere al “trabajo del recuerdo” y en otro.Desafío y felicidad de la traducción “Défi et bonheur de la traducción”: discurso pronunciado en el Institut Historique Allemand el 15 de abril de 1997.: La prueba de lo ajeno. ubicar mis observaciones dedicadas a las grandes dificultades y a las pequeñas alegrías de la traducción bajo la égida del título La prueba de lo ajeno. con Walter Benjamin. Quisiera expresar mi gratitud hacia las autoridades de la Fundación DVA de Stuttgart. ¿Salvataje de qué? ¿Pérdida de qué? Es la pregunta que plantea el término étranger en el título de Berman. Han aceptado que diera como título a estas observaciones “Desafío y felicidad de la traducción”. al “trabajo del duelo”. de un deseo. que transmite. que hace pasar el mensaje de un 1 Deutsches Verlagsanstalt.2 que Antoine Berman — a quien echamos tanto de menos— dio a su notable ensayo sobre la cultura y la traducción en la Alemania romántica. cast. También en traducción existe cierto salvataje y cierta aceptación de la pérdida. Cultura traducción en La Alemania romántica. 2004. de un proyecto. 1995. Esas dificultades están precisamente resumidas en el término francés épreuve. con Antoine Berman. su lengua— y el lector destinatario de la obra traducida. rama de la Fundación Bosch y editorial. sugiero comparar la “tarea del traductor” de la que habla Walter Benjamin con el doble sentido que Freud le da a “trabajo”. el traductor. 2 A. pero sobre todo con el lector.

y culmina en el temor de que la traducción. “llevar al autor al lector”. mala por definición. más tarde aún en Von Humboldt y Schleiermacher. tal corno se observó con el latín. El coleccionista conoce el defecto mayor. y aun más allá del Renacimiento. reconocimiento. de alguna manera. afecta a los dos polos de la traducción. es servir a dos amos: al extranjero en su obra. Franz Rosenzweig dio a esa experiencia la forma de una paradoja. pues se parece al de todo coleccionista frente a la mejor copia de una obra de arte. Como en psicoanálisis. Por una parte. el rechazo de la mediación de lo extranjero. En esa incómoda situación de mediador reside la prueba en cuestión. Pero un fantasma de traducción perfecta reemplaza ese sueño banal del original duplicado. En este sentido. en efecto. y. que lo inhibe aun antes de acometer la obra. de Schiller a Novalis. como dije. numerosas pretensiones de hegemonía cultural. contra su intolerancia identitaria. Pero la resistencia al trabajo de traducción en tanto equivalente del trabajo del recuerdo. dice. de Herder a Goethe. la traducción de obras poéticas es la que ha ejercitado mas los espíritus. de la Antigüedad tardía al fin de la Edad Media. en nuestros días.idioma a otro. Traducir. banal. el texto exnanjero se elevara como una masa inerte de resistencia a la traducción. en la época del romanticismo alemán. Schleiermacher descomponía la paradoja en dos frases: “llevar al lector al autor”. que es el de no ser el original. han nutrido en secreto numerosos etnocentrismos lingüísticos y. acomete contra la sacralización de la lengua flamada materna. y hacen de la traducción un drama. en este quiasmo reside el equivalente de lo que hemos llamado antes el trabajo del recuerdo. Trabajo del recuerdo primero: este trabajo. en la angustia de comenzar. no es menor por parte de la lengua extranjera. he empleado el término “resistencia” para denominar el rechazo solapado de la experiencia de lo extranjero por parte de la lengua receptora. bajo la forma de la presunción de no traducibilidad. en Benjamin y Rosenzweig. La pretensión de autosuficiencia. La resistencia a la traducción reviste una forma menos fantasmática. que también puede compararse con el trabajo de parto. esa presunción inicial no es sino un fantasma alimentado por el reconocimiento banal de que el original no será duplicado por otro original. Esta paradoja revela. por parte también del francés en la edad clásica. Por un lado. En este intercambio. una vez que el trabajo de traducción ha comenzado. y del deseo de una buena traducción un desafío. Autor extranjero. Esta resistencia del lector no debe ser subestimada. por ser una traducción. sancionada doblemente por un voto de fidelidad y una sospecha de traición. El traductor encuentra esa resistencia en diversos estadios de su empresa. precisamente. Las zonas de intraducibilidad están diseminadas en el texto. . lector que habita la misma lengua que el traductor. una problemática sin par. al lector en su deseo de apropiación. Todo sucede como si en la emoción inicial. por parte del angloamericano en nuestros días. el trabajo del duelo. más gravemente. La encuentra desde antes de comenzar. sea.

por la cual nuestro lector competente rehace por su cuenta el trabajo de traducción. en efecto. rozo el problema más general de la retraducción incesante de las grandes obras. en una buena traducción. Ereignis. El problema consiste en decir lo mismo o en pretender decir lo mismo de dos maneras dife- rentes. en este sentido. del significado y el significante. Cierro el parentesis. No sólo los campos semánticos no se superponen. El dilema es el siguiente: los textos de partida y de llegada deberían. da la forma de una imposibilidad a la idea de correspondencia sin adecuación entre dos textos. la Biblia. Pero ese obstáculo legítimo tiene sus límites. Así. En los textos filosóficos. . Vorstellung. y. las secuencias cortas o largas. en la línea de la filosofía analítica de lengua inglesa. La poesía ofrecería. tampoco las sintaxis son equivalentes. sin hablar de los fenómenos de inter- textualidad disimulados en la acuñación misma de la palabra. Moliére. lectura crítica que equivale a una retraducción privada. provistos de una semántica rigurosa. Shakespeare. estar medidos por un tercer texto inexistente. Pero eso mismo. y qué decir de las connotaciones a medias mudas. donde contextos enteros se reflejan. de los grandes clásicos de la cultura universal. no está dado en ninguna parte a la manera de un tercer texto cuyo estatuto sería el del tercer hombre en el Parménides de Platón. asumiendo a su vez la experiencia de la traducción y chocándose con la misma paradoja de una equivalencia sin adecuación. a refutación de empleos anteriores por autores que pertenecen a la misma tradición de pensamiento o a tradiciones adversas. Pero la traducción de obras filosóficas revela dificultades de otro orden y. igualmente irreductibles. la gran dificultad de la unión inseparable del sentido y la sonoridad. son también ellas condensados de larga textualidad. Y la dificultad llega a su colmo con las palabras clave. que el traductor se impone a veces erroneamente traducir palabra por palabra: la misma palabra recibe un equivalente fijo en la lengua de llegada. en el que residiría el sentido mismo. Quizá sea preciso decir que es en la retraducción donde mejor se observa la pulsión de traducción alimentada por la insatisfacción frente a las traducciones existentes. Aufhebung. que pesan sobre las denotaciones mejor delimitadas del vocabulario de origen y que flotan de alguna manera entre los signos. A ese complejo de heterogeneidad. eso idéntico. las Grundwörter. las oraciones. en la medida en que esas famosas palabras clave. Dasein. el único recurso es la lectura crítica de algunos especialistas si no políglotas al menos bilingües. Cervantes. el lógico Quine. el idéntico semántico. su intraducibilidad esporádica. en cierto sentido. Los giros idiomáticos no transmiten los mismos legados culturales. tercero entre la idea del hombre y los ejemplos humanos que participan de la idea verdadera y real. en la medida en que surgen en el plano mismo del recorte de los campos semánticos que resultan ser no superponibles exactamente en lenguas diferentes. Abro aquí un paréntesis: al hablar de retraducción por el lector. la paradoja de la traducción es puesta al desnudo. el texto extranjero le debe su resistencia a la traducción. Dante. A falta de ese tercer texto. Intertextualidad que equivale a veces a transformación.

en ese trabajo del duelo? Lacoue-Labarthe yJean-Luc Nancy le han dado una versión válida para los románticos alemanes bajo el título de L’absolu littéraire. el coraje de asumir la problemática bien conocida de la fidelidad y de la traición: deseo/sospecha. el objetivo cosmopolita. convergencia del doble proceso de Bildung que funciona para una y otra en Von Humboldt. Pero ¿de qué traducción perfecta se trata en ese renunciamiento. en la huella de la Aufklärung. a percibirse a sí misma como extranjera. que ha recibido nombres diferentes: “regeneración” de la lengua de llegada en Goethe. Antoine Berman. Ese sueño de omnitraducción. Cito: “En el plano psíquico —dice Berman— el traductor es ambivalente. Ese duelo permite también asumir las dos tareas discordantes de “llevar al autor al lector”. El objetivo sería. llegado a este punto de dramatización. forzar la otra lengua hasta de-portarse en su lengua materna”. a quien he releído intensamente para esta ocasión. la imposibilidad enunciada antes de servir a dos amos: el autor y el lector. que sería también el de una racionalidad totalmente liberada de las restricciones culturales y de las limitaciones comunitarias aspiraría a saturar el espacio de comunicación interlingüística y colmar la ausencia de lengua universal. la ambición de desprovincializar la lengua materna. el ienguaje puro. en última instancia. resume en una fórmula feliz las dos modalidades de la resistencia: la del texto a traducir y la de la lengua receptora de la traducción. En resumen. Nuestra comparación con el trabajo del recuerdo. el sueño de constituir la biblioteca total. ese texto magnífico. Lo resumiré en pocas palabras: renunciar al ideal de la traducción perfecta. forzar su lengua y cargar el lastre de lo extranjero. “potencialización” de la lengua de partida por Novalis. Y bien. ese sueño no ha sido enteramente engañoso. recíprocamente. Sólo ese renunciamiento permite vivir. El otro objetivo de la traducción perfecta se ha encarnado en la espera mesiánica revivida en el plano del lenguaje por Walter Benjamin en “La tarea del traductor”. y que cristalizaría en una suerte de biblioteca universal en donde las intraducibilidades estarían borradas por completo. el trabajo del duelo encuentra su equivalente en la traductología. Ahora bien. Pero ese deseo de traducción perfecta ha revestido otras formas. la red infinitamente ramificada de las traducciones de todas las obras en todas las lenguas. evocado por Freud. invitada a pensarse como una lengua entre otras y. trabajo conquistado en el frente doble de una resistencia doble. como dice . y le aporta su amarga pero preciosa compensación. como una deficiencia aceptada. encuentra así su equivalente apropiado en el trabajo de traducción. en la medida en que ha alentado la ambición de sacar a la luz del día la cara oculta de la lengua de partida de la obra a traducir y. Hemos seguido al traductor desde la angustia que lo retiene antes de comenzar y a través de la lucha con el texto a lo largo de su traducción: lo abandonamos en el estado de insatisfacción en que lo deja la obra terminada. por acumulación. entonces. y de “llevar al lector al autor”. Citaré apenas dos: primero. el Libro. que sería. Quiere forzar ambos lados. Ese absoluto rige una empresa de aproximación.

en exiliados que habrían renunciado a la búsqueda de asilo de una lengua receptora. es necesario hacer el duelo de esa ganancia sin pérdidas. Allí reside su felicidad. 2. Su régimen es. en nómades errantes. Confesando y asumiendo la irreductibilidad del par de lo propio y lo extranjero. del trabajo del recuerdo y el trabajo del duelo. a causa del desprecio provinciano de la lengua materna. A pesar de lo agonística que dramatiza la tarea del traductor. donde el placer de habitar la lengua del otro es compensado por el placer de recibir en la propia casa la palabra del extranjero. éste puede encontrar su felicidad en lo que me gustaría llamar la hospitalidad lingüística. pero quiero decir que. Frágil condición. sin esperanza de colmar la brecha entre equivalencia y adecuación total. La felicidad de traducir es una ganancia cuando. pues. Fue publicado en Esprit (no. en apátridas del lenguaje. el traductor encuentra su recompensa en el reconocimiento del estatuto insuperable de dialogicidad del acto de traducir como el horizonte razonable del deseo de traducir. que toda traducción lleva en sí como su eco mesiánico. más o menos emparentads con el psicoanálisis. octubre de 1998. Semejante universalidad borraría su propia historia y convertiría a todos en extranjeros para sí mismos.Benjamin. El paradigma de la traducción “Le paradigme de la traduction”: lección inaugural en la Faculté de Théologie Protestante de París. que sólo admite como verificación el trabajo de retraducción que evoqué antes. como una suerte de ejercicio de doblaje por bilingüismo mínimo del trabajo del traductor: retraducir después del traductor. junio de 1999). tiene en cuenta el hecho evidente de la pluralidad y la diversidad de las . La universalidad recobrada aspiraría a suprimir la memoria de lo extranjero. acepta la distancia entre la adecuación y la equivalencia. al igual que en el acto de narrar. Y es ese duelo de la traducción absoluta lo que va de la mano de la felicidad de traducir. En resumen. hasta la aceptación de la diferencia insuperable de lo propio y lo extranjero. la equivalencia sin adecuación. se puede traducir de otra manera. sujeta a la pérdida del absoluto lingüístico. Precisamente. 853. y quizás hasta el amor por la lengua propia. Hospitalidad lingüística. como sinónimo de interpretación de todo conjunto significante dentro de la misma comunidad lingüística. Los dos enfoques tienen su derecho: el primero. el de una correspondencia sin adecuación. He partido de estos dos modelos. Bajo todas estas figuras. Dos vías de acceso se ofrecen al problema planteado por el acto de traducir: o bien tomar el término “traducción” en su sentido estricto de transferencia de un mensaje verbal de una lengua a otra. el sueño de la traducción perfecta equivale al deseo de una ganancia para la traducción. de una ganancia sin pérdidas. elegido por Antoine Berman en La prueba de lo ajeno. pues. o bien tomarlo en sentido amplio.

sino también perjudicial.3 se dirige directamente al fenómeno general que el autor resume de la siguiente manera: “Comprender es traducir”. La dispersión-confusión es entonces percibida como una catástrofe lingüística irremediable.lenguas. en última instancia. sobre todo. y no funciona como guía para conducirse en ese laberinto. en dirección de una presunta lengua paradisíaca perdida. Partamos. sino que valen por cosas —el intercambio de los signos en la interlocución—. París. si el inter- cambio intracomunitario está asegurado por la potencia de integración de cada lengua tornada por separado. para retomar el título de Wilhelm von Hurnboldt. una capacidad universal desmentida por su realización fragmentada. y así llegar al segundo con la guía de las dificultades y paradojas suscitadas por la traducción de una lengua a otra. dispersa. En efecto. se convierte en impracticable por lo que Steiner llama “una prodigalidad nefasta”. se trata de una competencia universal desmentida por sus desempeños locales. este hecho es al mismo tiempo un enigma: ¿por qué no una sola lengua? y. demasiado breve y confuso en su instancia literaria. esa multiplicidad innumerable es no sólo inútil. hubo viajeros. Steiner. que presupone en todo locutor 3 G. el de la diversidad de las lenguas: el hecho también notable de que siempre se ha traducido. 1980. es también el contraste con otros rasgos que también afectan el lenguaje. espías. ¡muchos bilingües y políglotas! Se trata de una realidad tan notable como la deplorada incomunicación: el hecho mismo de la traducción. la sepultura. Aprés Babel. diseminada. el segundo. He elegido partir del primero. Ahora bien. de la pluralidad y la diversidad de las lenguas. pues. cinco o seis mil. Este hecho es el de la diversidad de las lenguas. De allí. el rol central de una lengua común en el plano de la identificación comunitaria. luego en el de la filosofía del lenguaje. [Ed. las especulaciones en el plano del mito primero. mercaderes. cast. ¿por qué tantas lenguas. Albin Michel. ése es un criterio de humanidad. según los etnólogos? Todo criterio darwiniano de utilidad y de adaptación en la lucha por la supervivencia es burlado. cuando ésta se interroga sobre el origen de la dispersion-confusión. junto con la herramienta. México. Fondo de Cultura Económica. Pero lo que entraña un enigma no es solamente el entorpecimiento de la comunicación. el intercambio con el afuera de la comunidad lingüística. Sugeriré mis adelante una lectura mucho más benévola de la condición de los humanos. al que nos referiremos más adelante. hace soñar hacia atrás. seguido por George Steiner en Después de Babel. que el mito de Babel.] . y señalemos un primer hecho: es porque los hombres hablan lenguas diferentes que la traducción existe. En primer lugar el hecho notable de la universalidad del lenguaje: “Todos los hombres hablan”. embajadores. llama “dispersion” en el plano geográfico y “confusión” en el plano de la comunicación. Por lenguaje entendemos el uso de signos que no son cosas. 1998. que pone en primer plano la rela- ción de lo propio con lo extranjero. el mito de Babel. Antes de los intérpretes profesionales. Pero antes quiero decir que hay un segundo hecho que no debe enmascarar el primero. Al respecto. la institución.: Después de Babel.

sintácticas. pero pueden aprender otras. Originaria o universal. E. fidelidad versus traición. y reernplazarla por otra alternativa. Sugiero que hay que salir de esta alternativa teórica. de ponerlo a distancia. Repito la alternativa teórica: o bien la diversidad de las lenguas es radical. al precio de lo que llamaremos la alternativa práctica fidelidad versus traición. Esta simple constatación ha suscitado una inmensa especulación que se ha dejado encerrar en una alternativa ruinosa de la que es necesario liberarse. extra e intralingüística: teóricamente incomprensible pero efectivamente practicable. titulada “Teóricamente difícil (hard) y prácticamente fácil (easy).la aptitud para aprender y practicar otras lenguas además de la propia. en sus tablas fonológicas. y entonces la traducción es directamente imposible. Participé recientemente en un coloquio internacional sobre la interpretación y escuché la exposición del filósofo analítico Donald Davidson. Sapir— que se aplicó a subrayar el carácter no superponible de los diferentes recortes de los que dependen los múltiples sistemas lingüísticos: recorte fonético y . esa lengua absoluta debe poder ser mostrada. Lee Whorf. Esta capacidad parece solidaria de otros rasgos mas disimulados. rasgos que finalmente nos acercaran a los procedimientos de traducción intralingüística. pues las lenguas son a priori intraducibles entre sí—. retóricas. para decirlo anticipadamente. La tesis de lo intraducible es la conclusión obligada de cierta etnolingüística —B. posible el hecho de la traducción. y seguir la pista de la lengua universal. y hay que establecer su posibilidad de derecho mediante una indagación sobre el origen o mediante una reconstrucción de las condiciones a priori del hecho constatado. práctica esta vez. siempre en busca de su teoría.” Ésta es también mi tesis cuando se trata de la traducción en sus dos vertientes. o bien la traducción se explica mediante un fondo común que vuelve. salida del ejercicio mismo de la traducción: la alternativa fidelidad versus traición. y tratar así nuestra propia lengua como una lengua entre otras. relativos a la práctica del lenguaje. éstos son. la capacidad reflexiva del lenguaje y esa posibilidad siempre disponible de hablar sobre el lenguaje. Antes de internarrne en la vía de esta dialéctica práctica. a riesgo de confesar que la práctica de la traducción sigue siendo una operación peligrosa. y seguir la pista de la lengua originaria. quisiera exponer sucintamente las razones del callejón sin salida especulativo donde lo intraducible y lo traducible se chocan. Esa alternativa paralizante es la siguiente: o bien la diversidad de las lenguas expresa una heterogeneidad radical —y entonces la traducción es teóricamente imposible. léxicas. Pero entonces uno debe poder o bien reencontrar ese fondo común. Los hombres hablan diferentes lenguas. o bien la traducción es un hecho. Veremos finalmente que las dificultades de la traducción intralingüística confirman esta confesión embarazosa. diferentes de su lengua materna. Reservo para más tarde este análisis de la reflexividad del lenguaje y me concentro en el simple hecho de la traducción. traducible versus intraducible. o bien reconstruirlo lógicamente.

la práctica de la traducción no recibe ningún auxilio de esta nostalgia convertida en espera escatológica. Pero. somos lanzados a la otra orilla. ya no en la dirección de un origen en el tiempo. que los griegos construyeron ontologías porque tienen un verbo “ser” que funciona a la vez como cúpula y como aserción de exis- tencia. consonantes. por los hermetismos de todo tipo. existen estructuras ocultas que. en su libro Las lenguas del paraíso. Desafortunadamente. la “lengua pura” —son expresiones de Benjamin—. cuyo inquietante subtitulo es “arios y semitas: un par providencial“. por la Cábala. quizá habría que hacer el duelo del deseo de perfección para asumir sin embriaguez y con toda sobriedad la “tarea del traductor”. Entonces es necesario concluir que la incomprensión es de derecho. puesto que la traducción existe. asegurando secretamente la convergencia de los idiomas cuando éstos son llevados a la cima de la creatividad poética. reunimos el material leñoso y la idea de un pequeño bosque. donde la posición en el tiempo está marcada solamente por adverbios que equivalen a “ayer”. trascendentales. etcétera). en estructuras universales o. tenemos lenguas en las que no se marca la posición en el tiempo. declarada históricamente fecunda. y tenemos lenguas sin tiempos verbales. pero. Entonces. es preciso decir que la nostalgia de la lengua originaria ha producido también la potente meditación de un Walter Benjamin en “La tarea del traductor”. estas dos significaciones se encuentran separadas o agrupadas en dos sistemas semánticos diferentes. o bien consisten en códigos a priori.articulatorio como base de los sistemas fonológicos (vocales. entonces el conjunto de las relaciones humanas de los hablantes de una lengua dada resulta ser no superponible al de aquellas por las cuales el hablante de otra lengua se comprende a sí mismo comprendiendo su relación con el mundo. y que se opone al hebreo. sino en la de códigos a prioi. recorte sintáctico como base de las diversas gramáticas. La primera versión —la de la lengua originaria— fue profesada por diversas gnosis. que la traducción es teóricamente imposible y que los individuos bilingües no pueden sino ser esquizofrénicos. diciendo. para ser equitativo. Umberto Eco ha dedicado útiles capítulos . Y si es posible es porque. etcétera. denuncia en lo que él llama una “fábula erudita” el pérfido antisemitismo lingüístico. etcétera). que podríamos reconstruir. recorte conceptual que rige los sistemas léxicos (diccionarios. sino el carácter perfectivo o no perfcctivo de la acción. enciclopedias. bajo la diversidad de las lenguas. es fácil ver que los sistemas de tiempos verbales (presente. es necesario que sea posible. o bien llevan la huella de una lengua originaria perdida que es preciso reencontrar. en otra lengua. considerado estéril. Más tenaz es la otra versión de la búsqueda de unidad. donde la “lengua perfecta”. como suele decirse. Los ejemplos abundan: si decimos bois en francés. por ejemplo. “mañana”. Olander. figura como horizonte mesiánico del acto de traducir. pasado y futuro) difieren de una lengua a otra. como la defensa de una pretendida lengua aria. En el plano gramatical. hasta producir algunos frutos venenosos. Si agregamos la idea de que cada recorte lingüístico impone una visión de mundo —idea en mi opinión insostenible—.

Tal es el balance sumario de la batalla que opone el relativismo de campo. de eliminar las imperfecciones de las lenguas naturales. que también apunta a componer un léxico universal de las ideas simples. Leibniz le dará cuerpo a esta exigencia con su idea de carácter universal. más ampliamente. la situación es la de dispersión y confusión. ¿Por qué? Porque el anatema no es la imperfección de las lenguas naturales. que no quisiera cerrar con la idea de catástrofe lingüística infligida a los humanos por un dios . de la presunta lengua perfecta: la distancia entre la lengua universal y la lengua empírica. que debería concluir en la imposibilidad de la traducción. Este acuerdo presupone una homología completa entre el signo y la cosa. o bien una pretensión inverificable en ausencia de un inventario exhaustivo de todas las lenguas habladas. entre lo apriorístico y lo histórico. Y. incluida la propia. sin embargo. hay bilingües. la traducción se inscribe en la larga letanía de los “a pesar de todo”. que hacen que haya que aprender el funcionamiento de una lengua. lo que constituye o bien una tautología. entre el lenguaje y el mundo. hay que confesarlo: de una lengua a otra. Ha habido. parece infranqueable. decía. resultados parciales en las gramáticas llamadas generativas de la escuela de Chomsky. que son fuente de lo que él llama los “ídolos” de la lengua. Segundo escollo. vuelvo a la interpretación del mito de Babel. y. A pesar de los fratricidas. por ende. si se decreta que un recorte privilegiado es figura del mundo. todas con las curiosidades de las que hablaremos más adelante. señalemos dos escollos: por un lado. Aquí es donde las reflexiones por las cuales terminaremos en el trabajo de traducción dentro de una misma lengua natural serán útiles para sacar a la luz las infinitas complejidades de las lenguas. no hay acuerdo sobre lo que caracterizaría una lengua perfecta en el nivel del léxico de las ideas primitivas que entran en composición. hay que plantear la cuestión de confianza —y éste será el punto de inflexión de ¡ nuestra meditación—: hay que preguntarse por qué esta tentativa fracasa y debe fracasar. pero un fracaso total en el plano léxico y fonológico. militamos por fraternidad universal. y el formalismo de gabinete. como lo subraya el filósofo Bacon. políglotas. sin arbitrariedad. Para entrar en la vía de esta inversión. en la alternativa práctica —fidelidad contra traición—. sino su funcionamiento mismo. Y bien!. Para simplificar al extremo una discusión muy técnica. ENTONCES. que fracasa en fundar el hecho de la traducción sobre una estructura universal demostrable. completado por una antología de todas las reglas de composición entre esos verdaderos átomos de pensamiento. ¿CÓMO HACEN? Me referí a un cambio de orientación: abandonando la alternativa especulativa —tradu- cibilidad contra intraducibilidad— entremos. A pesar de la heterogeneidad de los idiomas. Se trata. por cierto. intérpretes y traductores. Sí. más temible aún: nadie puede decir cómo podrían derivarse las lenguas naturales.a estas tentativas en su libro La búsqueda de la lengua perfecta en la cultura europea.

pour leur peuple. recordaré. Así somos. en La condición humana. Hasta aquí los linajes de los hijos de Noé. Entonces se dijeron el uno al otro: “Ea. continuar con la pérdida de la inocencia y la expulsión del Edén.* Estos versículos tienen el tono de enumeración en el que se expresa la simple curiosidad de una mirada benévola. anunciadas por el mito de Babel vienen a coronar esta historia de la separación llevándola al corazón del ejercicio del lenguaje. que el relato del Génesis 11.celoso de sus logros. amiga de Benjamin. La traducción es entonces una tarea. Desc1ée de Brouwer. Al desplazarse la humanidad desde oriente. y pasar luego —y esto nos interesa enormemente para una relectura del mito de Babel— por el fratricidio. 1975.. según su origen y sus naciones. por otra parte. Si se adopta esta línea de lectura. con Umberto Eco. también puede leerse como el acta sin condena de una separación originaria. todos los mitos de comienzo. la dispersión y confusión de las lenguas.] . Ese mito. como afirma Hannah Arendt. Leo esos versículos en la áspera traducción de Chouraki: Voici les fils de Shem pour leur clan. Para darle más fuerza a esta lectura. definido por “la tarea del traductor”. Y a partir de ellos se dispersaron los pueblos por la tierra después del diluvio. Se puede empezar. y allí se establecieron. según sus linajes y lenguas. al comienzo del Génesis. pour leur langue. dans leur peuple: de ceux-là se scindent les peuples sur terre après le Déluge. de la T. 1-9. así existimos. Éstos fueron los hijos de Sem. dispersos y confusos. Sigue luego el relato titulado “La torre de Babel”: Todo el mundo era de un mismo lenguaje e idénticas palabras. para retornar el título ya evocado del famoso ensayo de Walter Benjamin. pour leur geste. y llamados ¿a qué? Y bien. [N. vamos a fabricar ladrillos y a * Éste y todos los fragmentos bíblicos citados siguen la version española de La Biblia de Jerusalén. ¡a la traducción! Hay un después de Babel. con la separación de los elementos cósmicos que le permite a un orden emerger del caos. donde la pluralidad de las lenguas parece considerada un dato simplemente fáctico. que hace de la fraternidad misma un proyecto ético y ya no un simple hecho de la naturaleza. hallaron una vega en el país de Senaar. no en el sentido de una obligación restrictiva. está precedido por los dos versículos del Génesis 10. que marca también el acceso a la edad adulta y responsable. que comparto con el exégeta Paul Beauchamp. que tienen en cuenta situaciones irreversibles. como. Bilbao.. edición revisada y aumentada. el asesinato de Abel. Voilà les clans des fils de Noah. sino en el de lo que hay que hacer para que la acción humana pueda simplemente continuar. 31-32. por sus territorios y naciones respectivas. dans leur terre.

a Platón. Después de todo. pasando por los románticos Novalis. Petrarca y Dante. Walter Benjamin. Imposición. dos años después del diluvio. ningún lamento. no hay que olvidarlo). Vémos que no hay ninguna recriminación. cautiva del latín de San Jerónimo—. Ea. En cuanto a la utilidad. es necesario disponer de mensajeros que hablen la lengua de los otros. cocerlos al fuego”. Por eso se la llamó Babel: porque allí embrolló Yahvéh el lenguaje de todo el mundo. y éste es el comienzo de su obra. el deseo de traducir. y dejaron de edificar la ciudad. los hermanos Schlegel. Schleiermacher (traductor de Platón. Y desde aquel punto los desperdigó Yahvéh por toda la haz de la tierra. Así el ladrillo les servía de piedra y el betún de argamasa. y una vez allí confundamos su lenguaje. Lutero. de modo que no entienda cada cual el de su prójimo”. Después dijeron: “Ea. quisiera evocar. Y en la retaguardia de todos ellos. y desde allí los desperdigó Yahvéh por toda la haz de la tierra. bajemos. Cuando queremos evitar el aprendizaje de las lenguas extranjeras. por si nos desperdigamos por toda la haz de la tierra”. ¿Qué es lo que esos apasionados por la traducción esperaron de su deseo? Lo que uno . traductor de la Biblia —Lutero y su voluntad de “germanizar” la Biblia. Ese deseo va más allá de Ia imposición y la utilidad. Goethe y Schiller. y Von Hurnboldt. ésta es evidente. y finalmente. y dijo Yahvéh: “He aquí que todos son un solo pueblo con un mismo lenguaje. el gran clásico. pues. Es así. Bajó Yahvéh a ver la ciudad y la torre que habían edificado los humanos. Shakespeare. Tolstoi y Dostoievski. con Antoine Berman en La prueba de lo ajeno. y engendró hijos e hijas. Ése es el deseo que ha animado a los pensadores alemanes desde Goethe. espiar incluso. A partir de esta realidad de la vida. podemos contentarnos con encontrar traducciones. más oculto: el deseo de traducir. una imposición: si se quiere viajar. ninguna acusación: “los desperdigó Yahvéh por toda la haz de la tierra. y hagámonos famosos. como le gustaba decir a Benjamin. Éstos son los descendientes de Sem. Vivió Sem. quinientos años. más profundo. después de engendrar a Arpaksad. negociar. Cervantes. es así como hemos tenido acceso a los trágicos. Ahora nada de cuanto se propongan les será imposible. Hay. Sem tenía cien años cuando engendró a Arpaksad. ¡traduzcamos! Para hablar de la tarea de traducir. ¡Dejaron de edificar! Una manera de decir: es así. ya mencionado. por cierto. utilidad. hasta Hölderlin. vamos a edificarnos una ciudad y una torre con la cúspide en los cielos. el heredero de Hölderlin. ¡de acuerdo! Pero hay algo más tenaz. el traductor trágico de Sófocles. y dejaron de edificar la ciudad”.

una y otra vez propuestas al oficio de traducir. de Platón a Nietzsche y Heidegger. es el caso de Homero. a la vez configuración y educacion. conquistado a partir de las resistencias íntimas motivadas por el miedo. Eso es lo que ocurre en el terreno de los traductores profesionales. en cuanto a los filósofos. Por mi parte. desgarrado por su ambición de fundar la poesía alemana y la poesía griega en una hiperpoesía donde la diferencia de los idiomas estuviera abolida. ¿Y quién sabe si no es . ¿estamos mejor armados para resolver el dilema fidelidad/traición? En absoluto. la felicidad de la traducción. trabajada. no fundada en una identidad de sentido demostrable. y en primer lugar. al lector en su deseo de apropiación. En lo que concierne a los grandes textos de nuestra cultura. Lo mismo dicho por uno y otro. no solamente ha nutrido el deseo de traducir y. Antes que él. le dio a esa experiencia la forma de una paradoja: traducir. cubiertos de retraducciones. Esta equivalencia sólo puede ser buscada. Las palabras que siguen son de Hölderlin: “Lo que es propio debe aprenderse tan bien como lo extranjero”. a lo extranjero. que nuestro colega Hans-Christoph Askani ha llamado “testigo del problema de la traducción” (así me permito traducir el título de su gran libro publicado en Tubinga). Así. de todos los escritores citados antes. y que hace del encuentro con lo extranjero en su lengua una experiencia. en efecto. Para que tal criterio esté disponible. Franz Rosenzweig. incluso el odio. aplicado a renunciar al ideal mismo de traducción perfecta. Bildung. Pero entonces. al extranjero en su extranjeridad. Schleiermacher descomponía la paradoja en dos frases: “llevar al lector al autor”. dice. es insuperable. sino también de trabajo del duelo.de ellos llamó la ampliación del horizonte de su propia lengua —e incluso lo que todos llamaron formación. ¡cómo no nombrarlo!—. el descubrimiento de su propia lengua y de sus recursos dejados en barbecho—. es decir. también fue la desdicha de un Hölderlin. El riesgo con el que se paga el deseo de traducir. no sólo de trabajo de traducción en el sentido en que Freud habla de trabajo de rememoración. presuntamente mejor o diferente. ¿por qué ese deseo de traducir debe pagarse al precio de un dilema. tampoco hay tercer texto entre el texto de partida y el texto de llegada. me arriesgo a aplicarle a esta situación el vocabulario freudiano y a hablar. a veces. dependemos en lo esencial de retraducciones. el dilema fideIidad/traición? Porque no existe criterio absoluto de buena traducción. Trabajo de traducción. Este ideal. Una equivalencia sin identidad. De allí la paradoja antes que el dilema: una buena traducción no puede apuntar sino a una equivalencia presunta. percibido como amenaza dirigida contra nuestra propia identidad lingüística. Así como para el Platón del Parménides no hay tercer hombre entre la idea de hombre y determinado hombre singular —Sócrates. sería necesario poder comparar el texto de partida y el texto de llegada con un tercer texto que sería portador del sentido idéntico que supuestamente circula del primero al segundo. Y la única manera de criticar una traducción — algo que siempre se puede hacer— es proponer otra. “llevar al autor al lector”. y. Pero también trabajo del duelo. Es el caso de la Biblia. si puede decirse. presupuesta. de Shakespeare. es servir a dos amos.

Me gustaría mostrar. Retomo aquí la declaración que rige el libro de George Steiner. llevar al autor al lector. Se trata de algo más que una simple interiorización de la relación con lo extranjero. suscita la interpretación. con su léxico. es practicar lo que doy en llamar la hospitalidad lingüística. que es en este trabajo de la lengua sobre sí misma donde se revelan las razones profundas por las cuales la distancia entre una presunta lengua perfecta. al menos muy sucintamente. Después de Babel. en efecto. Llevar al lector al autor. mantiene la nostalgia de la lengua originaria o la voluntad de control sobre el lenguaje por intermedio de la lengua universal? Abandonar el sueño de la traducción perfecta es la confesión de la diferencia insuperable entre lo propio yio extranjero. Después de Babel. de la incomprensión. de cuya teoría se encarga la hermenéutica. corno hacen todos los diccionarios. su gramática. que la traducción no plantea únicamente un trabajo intelectual. la traducción dentro de la misma comunidad lingüística. teórico o práctico. y las lenguas llamadas naturales. a saber. ubica este fenómeno en el centro de la reflexividad del lenguaje sobre sí mismo. Pero no quisiera terminar sin haber dicho las razones por las cuales no hay que descuidar la otra mitad del problema de la traducción. Partiré de ese hecho contundente. en su ciencia semiótica. en última instancia. según Schleiermacher. al mismo tiempo. Las razones de la distancia entre lengua perfecta y lengua viva son exactamente las mismas que las causas de la incomprensión. Lo que precisamente revela esa distancia es el trabajo de traducción interna. Vuelvo aquí a mi título: el paradigma de la traducción. sino el funcionamiento mismo de esas lenguas en sus sorprendentes curiosidades. Es la experiencia de lo extranjero. ¿no debe asumirse con los riesgos de la traducción- traición. universal. es insuperable. a riesgo de servir y traicionar a dos amos. en el sentido de no artificiales. característico de nuestras lenguas: siempre es posible decir lo mismo de otra manera. su retórica. “comprender es traducir”. Es lo que hacemos cuando definimos una palabra por otra del mismo léxico. pero también con el mismo renunciamiento a la traducción perfecta? Me quedo con estas arriesgadas analogías y con estos signos de interrogación. no son las imperfecciones de las lenguas naturales lo que se desearía abolir. dar cuenta del fenómeno del malentendido. su estilística.este ideal de la traducción perfecta el que. Peirce. Ella es el modelo para otras formas de hospitalidad con las que está emparentada: las confesiones. Como he sugerido. que hay que aprender a fin de pene- trarlas? Y la hospitalidad eucarística. Se trata de una exploración original que pone al desnudo los procedimientos cotidianos de una lengua viva: éstos hacen que ninguna lengua universal pueda lograr la reconstrucción de la diversidad indefinida.. Pero es también lo que hacernos cuando reformulamos un argumento que no ha sido . sino un problema ético.. que. en virtud del adagio de Platón de que el pensamiento es un diálogo del alma consigo misma — interiorización que haría de la traducción interna un simple apéndice de la traducción externa—. las religiones. Me parece. Se trata de aproximar los arcanos de la lengua viva y. ¿no son como lenguas extranjeras entre si.

a partir de allí. es decir. Ahora bien. no salimos del malentendido. de extranjeros. Al mismo tiempo. para las cuales no hay léxico (nadie puede decir cuántas oraciones han sido y serán dichas en frances o en cualquier otra lengua). Existe el margen disimulado por la censura. es decir. No se trata. como suele decirse. y finalmente. Gauss y los teóricos de la recepción de textos) es la fuente de la distancia con respecto a una presunta lengua perfecta. Dos palabras sobre la palabra: nuestras palabras tienen cada una más de un sentido. por Benveniste y por Jakobson. Con el recurso al contexto. explicamos. no todas son públicas. que consiste esencialmente en cribar la porción del sentido de la palabra que conviene al resto de la oración y contribuye con éste a la unicidad del sentido expresado y ofrecido al intercambio. hablando del conocimiento del otro. el extranjero. Hay algo extranjero en todo otro. de la significación misma. Pues no sólo hay contextos evidentes. otros próximos. El sentido es delimitado siempre por el uso. incluso de un círculo secreto. el margen de lo no dicho. hay también contextos ocultos y lo que llamamos las conno- taciones. de un grupo. decide el sentido que ha tomado la palabra en determinada circunstancia del discurso. por Harald Weinrich. Con otros definimos. las disputas sobre las palabras pueden ser interminables: ¿qué quiso decir?. a veces son propias de un medio. lo prohibido. que abrirnos sus pliegues. Husserl. dentro de nuestra comunidad lingüística. el inhallable sentido idéntico. surcado por la figura de lo oculto. buscamos decir lo mismo de otra manera. es decir. Esta nueva unidad. como se ve en los diccionarios. pero si de otros. Encontramos así. se tiende un puente entre la traducción interna. las oraciones. Demos un paso más hacia esos famosos arcanos que Steiner no cesa de visitar y revisitar.con el referente —aquello de lo . y la fuente de malentendidos en el uso cotidiano y en este sentido. hemos pasado de la palabra a la oración. mediante nuestras explicaciones. Se llama a esto polisemia. y la traducción externa: dentro de la misma comunidad.comprendido. que no siempre son intelectuales. de una clase. la comprensión exige al menos dos interlocutores. etcétera. los textos. e incluso a menudo lo agravamos. Decimos que lo explicamos. si se quiere. los signos que se encuentran en el léxico. El manejo de estos tres tipos de unidades (uno señalado por Saussure. a veces son afectivas. el otro. decir lo mismo de otro modo —dicho de otro modo— es lo que hace el traductor de lengua extranjera. las secuencias de oraciones. llama al otro cotidiano der Fremde. ¿Con qué trabajamos cuando hablamos y le dirigimos la palabra a otror? Con tres clases de unidades: las palabras. pues la palabra corresponde a la unidad del signo que no es todavía discurso. el tercero. aporta nuevas fuentes de ambigüedad que afectan principalmente la relación de lo significad -lo que se dice. que es en realidad la primera unidad del discurso. como la llamo. reformulamos. ocasión de interpretaciones múltiples y encontradas. Y es en el juego de la pregunta y la respuesta donde las cosas se precisan o se confunden. que supuestamente vuelve equivalentes las dos versiones de la misma frase: por ello. por cierto. Siempre es el contexto el que. el mismo enigma de lo mismo.

De allí lo que llamaré el extremismo de Steiner. al secreto. variando la disposición de la intriga. como en moral. donde no se cuenta. Pero no es esta figura la que más perturba el orden de nuestras palabras: es la propensión del lenguaje al enigma. a la instrumentalización del lenguaje. la mentira —aunque hablar es poder mentir. sus tropos. a la incomunicación. lo que ha hecho decir a Steiner que “comprender es traducir”. Y es verdad que la alta poesía de un Paul Celan . son texturas que tejen el discurso en secuencias más o menos largas. que. Es por ello que nunca terminamos de explicarnos. Platón evocaba en este sentido —¡y con cuánta perplejidad!— la figura del sofista. lo utópico. lo optativo. en la medida en que hemos aprendido que siempre se puede contar de otra manera. a saber. en síntesis. Lo reencontramos en el trayecto del voto de fidelidad más extremo. en política. por ejemplo. Pero también están los otros tipos de textos. y la pregunta sempiterna: ¿hay que traducir el sentido o traducir las palabras? Todos estos obstáculos de la traducción de una lengua a otra encuentran su origen en la reflexión de la lengua sobre sí misma. falsificar—. Entran entonces en juego los textos. más que a otro. por aversión al charlatanismo. Pero vuelvo a aquello a lo que se aferra Steiner y que amenaza con hacer vacilar todo en una dirección inversa a la de la experiencia de lo extranjero.que se habla. lo hipotético. al artificio. Fidelidad a sí mismo. De ello deriva lo que se ha dicho en traductología sobre las complicadas relaciones entre pensamiento y lengua. es decir. al hermetismo. como suele decirse! Ahora bien. el mundo—. lo condicional. la metáfora entre otros. de explicarnos con las palabras y las oraciones. Steiner se complace en explorar los usos de la palabra cuando no se apunta a la verdad. entre las cuales se encuentra la seducción y la intimidación a expensas de la honesta preocupación por convencer. El relato es una de las más notables de esas secuencias. Es una locura —conviene decirlo— lo que se puede hacer con el lenguaje: no solamente decir lo mismo de otro modo. al uso convencional. en última instancia. en derecho. donde. a falta de una descripción completa. no solamente lo falso manifiesto. y todos los juegos de lenguaje al servicio de innumerables estrategias. lo lleva a oponer interpretación a comunicación: la ecuación “comprender es traducir” se cierra entonces con la relación de uno consigo mismo en el secreto. a lo real. sino también decir otra cosa que lo que es. el espíritu y la lengua. donde encontramos lo intraducible. ¡Vasto programa. y es particularmente interesante para nuestro propósito. se argumenta. de explicarnos con el prójimo que no ve las cosas desde el mismo ángulo que nosotros. Pero ¿fidelidad a quién y a qué? Fidelidad a la capacidad del lenguaje para preservar el secreto en contra de su propensión a traicionarlo. de la fábula. sino también todo lo que podemos clasificar como no real: lo posible. que habíamos creído apartar en beneficio del par fidelidad/traición. esos encadenamientos de oraciones que. como la palabra lo indica. Interviene aquí la retórica con sus figuras de estilo. disimular. tenemos únicamente visiones parciales del mundo.

la hospitalidad lingüística. pues las significaciones verbales dentro de un léxico consisten en una red de diferencias y sinónimos. ¿No nos hemos puesto en movimiento por el hecho de la pluralidad humana. ¿Qué concluir de esta serie de cambios de orientación? Quedo perplejo. en el corazón de su propia lengua tanto como en la distancia entre dos lenguas. que sugiere la idea de una heterogeneidad radical que debería a priori volver imposible la traducción. Ese trabajo. lo innobrable. entonces. la diversidad. 3. Eso no es todo: las lenguas son diferentes no sólo por su manera de recortar lo real. ¿no es acaso lo que nos da la clave de las dificultades de la traducción ad extra? Y si no hubiéramos bordeado las inquietantes comarcas de lo indecible. del intraducible secreto? Y nuestros mejores intercambios. Esta contribución se refiere a la paradoja que está a la vez en el origen de la traducción y en un efecto de la traducción.Un “pasaje“: traducir lo intraducible “Un ‘passage’: traduire l’intraduisible”: inédito. ¿conservarían esa cualidad de discreción —secreto/discreción— que mantiene la distancia en la proximidad? Sí. un intraducible de partida. no palabra por palabra. observa que la primera unidad de lenguaje significante es la . sino de sistema léxico a sistema léxico.bordea lo intraducible. que es la pluralidad de las lenguas. por ejemplo. el recorte léxico que opone las lenguas. Pero también veo el otro costado. lo confieso. el del trabajo de la lengua sobre sí misma. sin la experiencia de lo extranjero. como Von Humboldt. a los sistemas verbales y a la posición de un acontecimiento en el tiempo o aun los modos de encadenamiento y de consecución. 1. Tiendo. sino también de recomponerlo en el nivel del discurso. sin esa experiencia. ¿seríamos sensibles a la extranjeridad de nuestra propia lengua? Finalmente. por cierto. contestándole a Saussure. hay muchas otras vías de entrada al problema de la traducción. Benveniste. en el amor y en la amistad. el recorte sintáctico afecta. y por el enigma doble de la incomunicabilidad entre idiomas y de la traducción a pesar de todo? Y además. la diferencia de las lenguas. el carácter en sentido intraducible de un mensaje verbal de una lengua a otra. ¿tendríamos el sentido del secreto. y que convendría llamar enseguida. solos con nuestros libros? Honremos. en este sentido. a privilegiar la entrada por la puerta de lo extranjero. a saber. ¿no correríamos el riesgo de estar encerrados en la acritud de un monólogo. Esa diversidad afecta todos los niveles operatorios del lenguaje: el recorte fonético y articulatorio que está en la base de los sistemas fonéticos. bordeando primero lo indecible. Hay un primer intraducible.

el que produce la traducción. aquello sobre lo que se habla. además de la nuestra? La traducción ha sido siempre una respuesta parcial a esta “experiencia de lo extranjero”. latín. que es uno de los componentes esenciales de la cohesión social y de la identidad de grupo. hay que decir cómo opera la traducción. Los hombres de una cultura siempre han sabido que había ex- tranjeros que tenían otras costumbres y otras lenguas. al conjunto cultural. supersticioso y racionalista. la última decisión. no palabras. Ahora bien. embajadores. a la oración y a la palabra. las oraciones del mundo entero flotan entre los hombres como mariposas inaprensibles. viajeros. La traducción supone. una curiosidad: ¿cómo se puede ser persa. Eso no es todo. lo que nuestros textos quieren traducir. El último acto. Pensemos en Occidente y en sus aportes sucesivos. cristiano. un mensaje que quiere significar algo y un referente. Los traductores lo saben bien: son textos. en L’epreuve de l’étranger. sino a lainversa: impregnándose por vastas lecturas del espíritu de una cultura. en la Ilustración. grecolatino. Siempre se ha traducido: siempre ha habido mercaderes. Acabo de hablar de lo intraducible inicial. léxico. se pregunta el racionalista del siglo XVIII? Son conocidas las paradojas de Montesquieu: imaginar la lectura que el persa hace de las costumbres del hombre occidental. Y el extranjero siempre ha sido inquietante: entonces. Para alcanzar lo intraducible terminal. y no oraciones. si puede decirse. al punto de hacer de lo que se llama nacional o comunitaria una red de visiones de mundo en competencia oculta o abierta. espías.oración y no la palabra. en su relación con aquello sobre lo cual se lo dice. sintáctico. llama el deseo de traducir. ni siquiera lo más temible: las oraciones son pequeños discursos tomados de discursos más largos que son los textos. la oración organiza de manera sintética un locutor. en el Romanticismo. y en sus distintos períodos de comprensión de sí mismo. un interlocutor. . En esta curiosidad por lo extranjero se inserta lo que Antoine Berman. no solamente el recorte de lo real. aquello de lo que se habla (alguien dice algo a alguien sobre algo según reglas de significación). 2. sino la relación del sentido con el referente: lo que se dice. la elección del glosario es la última experiencia donde cristaliza de alguna manera in fine lo que debería ser una imposibilidad de traducir. el traductor vuelve a descender al texto. al texto. a saber. Pues la traducción existe. de la Edad Media al Renacimiento y la Reforma. Estas consideraciones me llevan a decir que la tarea del traductor no va de la palabra a la oración. para satisfacer la necesidad de extender los intercambios humanos más allá de la comunidad lingüística. cuyo carácter opositivo señalamos. concierne al establecimiento de un glosario en el nivel de las palabras. que. ante todo. griego. por otra parte. pueden enfrentarse dentro del mismo sistema elemental de recorte fonológico. hebreo. Y los textos a su vez forman parte de conjuntos culturales a través de los cuales se expresan visiones de mundo diferentes. ¿hay otras maneras de vivir. Es en este nivel donde lo intraducible se revela por segunda vez inquietante.

El debate de cada lengua con el misterio. lo oculto. Ese criterio absoluto sería el mismo sentido. por constitución y no por un azar que sería una falta. revelado e incluso engendrado por la traducción. el rechazo desesperado de la condición humana real. se revela insuperable. lo indecible. lo intraducible inicial más inexpugnable. “después de Babel”. subrayando lo que llamo lo intraducible terminal. lo otro de lo comunicable. el secreto. la utopía. por excelencia. mediante un hacer en busca de su teoría. además del hecho de que nadie ha logrado escribirla. Pues. El dilema fidelidad/traición se plantea como dilema práctico porque no existe criterio absoluto de lo que seria una buena traducción. No retomo los argumentos con los cuales se consuma el fracaso de ambas tentativas: lo arbitrario de la reconstrucción de la lengua original que aparece finalmente como inhallable. la paradoja. por encima y entre el texto de origen y el texto de llegada. Estamos. incluso lo secreto. ¿cómo hacen? En mi ensayo anterior había intentado una salida práctica. pluralidad cuya manifestación más perturbadora es la diversidad de las lenguas: ¿por qué tantas? Respuesta: es así. decir algo distinto de lo real. Se puede entonces vincular esta presunción de equivalencia sin identidad con el trabajo de traducción. disimulada bajo el dilema práctico entre fidelidad y traición: una buena traducción no puede sino apuntar a una equivalencia presunta. ¿Cómo hace el traductor? Empleo a propósito el verbo “hacer”. Agréguese a esta distancia la manera diferente como las diversas lenguas tratan la relación entre sentido y referente. que es la de la pluralidad en todos los niveles de existencia. Este tercer texto sería portador del sentido idéntico que supuestamente circula del primero al segundo. De allí. Sobre esta confesión quisiera volver. a falta de una satisfacción de la condición previa de una enumeración exhaustiva de las ideas simples y de un procedimiento universal único de derivación. según el título de Steiner. lo posible. una equivalencia sin identidad. Quizá sea un puro fantasma: el fantasma del origen vuelto historia. En mi ensayo anterior recuerdo las tentativas de dar una solución a este dilema entre imposibilidad de principio y práctica de la traducción: o bien el recurso a una lengua original. En cuanto a la lengua perfecta como lengua artificial. reemplazando la alternativa paralizante —traducible versus intraducible— por la alternativa fidelidad versus traición. sus curiosidades. escrito en alguna parte. el traductor franquea el obstáculo —e incluso la objeción teórica— de la intraducíbilidad de principio de una lengua a otra. no fundada en una identidad de sentido demostrable. a riesgo de confesar que la práctica de la traducción es una operación riesgosa. lo indecible es. siempre en busca de su teoria. o bien la construcción de una lengua artificial cuya aventura ha emprendido Umberto Eco en La búsqueda de la lengua perfecta en la cultura europea. lo incomunicable. lo irreal. Entonces. la distancia entre la presunta lengua artificial y las lenguas naturales con su idiosincrasia. que se manifiesta más claramente en el hecho de . en una palabra. la relación entre decir lo real.

Aquello que. En realidad. el parentesco disimula la naturaleza verdadera de la equivalencia. al extranjero en su extranjeridad. Ese trabajo es tranquilizador para el lector. Lo que atenuaban era el problema de servir a dos amos. bajo la fórmula aparentemente modesta de equivalencia sin identidad. pero que echa luz lateralmente sobre el fenómeno que intento describir: la producción de equivalencia por la traducción. Es relativamente aceptable dentro de una vasta área cultural en la que las identidades comunitarias. nos enfrenta a “la extranjeridad de los primeros gestos y de los primeros comienzos” (pág.). cast. de los subgrupos de afinidad como las lenguas romances. entre el heo. señala Détienne. incluidas las lingüísticas. Pero ¿qué ocurre con el traductor y su dilema fidelidad/ traición? Los grandes deseantes de traducción que fueron los románticos alemanes. las lenguas germánicas y las lenguas eslavas. Península. Tal presunción debe ser cuestionada. a pesar de todo. como sucede con la Biblia. 45 y sigs. Esta equivalencia no puede sino ser buscada. Shakespeare. Habla entonces de un “comparatismo constructivo”. con la idea confusa de una “restitución”. en particular aquellos que franquearon la barrera de la disparidad de los sistemas de recorte y recomposición frástica y textual mencionados. “llevar al autor al lector”. trabajada. al lector en su deseo de apropiación. cuya aventura nos cuenta Antoine Berman en L’épreuve de I’étranger. se presupuso. porque le permite acceder a obras de culturas extranjeras cuya lengua no habla. 2001] . Apliquemos a la traducción esta fórmula: “construir comparables”. Lo incomparable. Dostoievski. 48).: Comparar lo incomparable. o entre las lenguas de la India y el chino. es la existencia previa de ese sentido que la traducción debe “rendir” como suele decirse.4 La obra está dirigida contra el eslogan: “Sólo puede compararse lo comparable” (pág. Détienne habla del “impacto de lo incomparable”. son el producto de intercambios de larga duración. anglosajona. La presunción de equivalencia parece entonces aceptable. el griego y el latín. du Seuil. [Ed. Se trata del libro de Marcel Détienne (un helenista) titulado Comparer l’incomparable. Quisiera ahora volver a este reconocimiento. Barcelona. como en el caso del área indoeuropea y. y de las relaciones duales. sobre todo.la retraducción de los grandes textos de la humanidad. Éd. Homero. Podríamos contribuir a esa atenuación proponiendo abandonar el sueño de la traducción perfecta y reconociendo la diferencia insuperable entre lo propio y lo extranjero. Donde Antoine Berman hablaba de “la experiencia de lo extranjero”. Me refiero a una obra que no está directamente vinculada con la traducción. como entre una lengua latina y una lengua germánica. presumida. que es más producida por la traducción que presupuesta por ella. Comparer l’incomparable. 2000. multiplicaron las versiones de ese dilema práctico. que atenuaban en fórmulas tales como “llevar al lector al autor”. Pero no se deja de retraducir dentro de la misma área cultural. por ejemplo. París. Encontré un ejemplo de 4 Marcel Détienne. digamos.

. riesgo de la traducción: traición creadora del original. Du temps. pasando por las obras. apropíación igualmente creadora por la lengua receptora. son arrancadas de contextos de uso y elevadas a la dignidad de equivalentes.”. es que el chino es el otro absoluto del griego. construcción de lo comparable.. habla. como dije antes. “germanizándola”. reconstruido por Kant en la “Estética trascendental”. ¿Y qué encontramos en nuestras lenguas “griegas”? Palabras habituales que no han tenido destino filosófico y que. Pero no es lo que ocurrió en diversas épocas de nuestra propia cultura.. polis por urbs y polites por civis. Su tesis. en un francés bello. y descendiendo hasta las palabras. un “pliegue” más allá del cual no se puede ir... sino que creó la lengua alemana. cuya realidad antecedente presupusimos. en su último libro. titulado Du temps. Y los construye. ya sea en alemán o en una lengua latina. Al hacerlo. construcción de un comparable latino. oculta en alguna parte. del griego de la Setenta y del hebreo de la Biblia. La construcción de lo comparable se expresa fi- nalmente en la construcción de un glosario. Y la recidiva de San Jerónimo con la Vulgata. Todo el libro está escrito en el modo “no hay. no hay. de nosotros que pensamos y hablamos el griego. que no discuto. es que el chino y el griego se distinguen por un “pliegue” inicial en lo pensable y experimentable. por efecto de la traducción. La tesis. llevada al extremo. cuando los Setenta tradujeron al griego la Biblia hebrea. Pero antes de Jerónimo. de lo que hay en lugar del tiempo: las estaciones. 5 FrançoisJullien. Grandeza de la traducción. los clásicos chinos. y que pueden criticar a voluntad los especialistas del hebreo. François Jullien. frente al latín de San Jerónimo. por el exterior. construye comparables. La extranjeridad absoluta está entonces de nuestro lado. las ocasiones. del pensamiento y el habla griegos. Para seguir en el campo bíblico. y universalizado por Hegel por medio de las ideas de lo negativo y de la Aufhebung.. como llega a decir. Grasset et Fasquelle.5 Jullien sostiene que el chino no tiene tiempos verbales porque no tiene el concepto de tiempo elaborado por Aristóteles en Física IV. y que el traductor podría descubrir. como comparable del latín. que el conocimiento del interior del chino equivale a una desconstrucción por afuera. Así. esos famosos equivalentes sin identidad. puede decirse que Lutero no solamente construyó un comparable al traducir en alemán la Biblia. traduciendo: de arriba abajo. que llamamos “la Setenta”. los latinos habían creado comparables. las fuentes y los flujos. 2001. Planteo entonces la pregunta: ¿cómo hablamos (en francés) de lo que hay en chino? Jullien no pronuncia una sola palabra china en su libro (¡a excepción de yin-yang!). desde la intuición global acerca de la diferencia de “pliegue”. pero que tomo como hipótesis de trabajo. pero hay. las raíces y las hojas. de la relación entre la China arcaica y la Grecia arcaica y clásica.aplicación en la interpretación que propone un brillante sinólogo francés.. París.. decidiendo por nosotros que areté se traducía por viruts.

1999. quizá. Ahora bien. de Paul Celan y. ¿no es traducir palabra por palabra? ¡Qué vergüenza! ¡Qué desgracia! Excelentes traductores. puesto que hemos resuelto el enigma de la equivalencia construyéndolo. Abandonaron el refugio confortable de la equivalencia de sentido. sin reconocer que traducir únicamente el sentido es renegar de una adquisición de la semiótica contemporánea. que trata la expresión (Ausdruck) como una vesti- menta exterior al cuerpo. la única palabra que no hemos comentado. Éd. el cual es en verdad el alma incorpórea del sentido. de un Meschonnic. el sabor. traducir literalmente. 3. sino letra a letra. Los traductores se han desembarazado de ella gozosamente. de un comparable literal? La continuidad de la lucha contra lo intraducible. que habla hebreo en francés. La consecuencia es que solamente un poeta puede traducir a un poeta. sin duda con la modalidad del “sálvese quien pueda”. La traduction et la lettre ou l’auberge du lointain. para no ser acusados de “traduc- ción literal”. y se arriesgeron en regiones peligrosas donde importarían la sonoridad. . “Sentido“. en el campo bíblico de Meschonnic. el silencio entre las palabras. ¿acaso no se lee en la proximidad de dos títulos sucesivos: L’epreuve de I’étranger y La traduction et la lettre ou I’auberge du lointain?6 6 A. Pero le respondería a Berman. Entonces la traducción “literal”. de la Bedeutung. que Berman persigue con sus deseos. el sentido es arrancado de su unidad con la carne de las palabras. le respondería que ha llevado a un nivel superior la construcción de lo comparable. que nos ha abandonado y al que echamos de menos—. siguiendo el modelo de Hölderlin. al nivel de la letra. La inmensa mayoría de los traductores resiste. del significado y el significante. París. La construcción de lo comparable se ha convertido incluso en la justificación de una doble traición. sobre la base del inquietante logro de un Hölderlin que habla griego en alemán y. contra la letra. han hecho campaña en contra del sentido solo. Queda ahora un último intraducible que descubrimos mediante la construcción de lo comparable. Esta construcción se hace en el nivel del “sentido”. el espacio.. porque la hemos presupuesto. siempre renovada.. en la medida en que los dos amos inconmensurables se convirtieron en comparables por la traducción-construcción. no es una traducción palabra por palabra. Berman. en su crítica casi desesperada de la equivalencia de sentido a sentido. la unidad del sentido y del sonido. el sentido sin la letra. esa carne que se llama la “letra”. contra el prejuicio que se encuentra todavia en el primer Husserl: que el sentido está completo en el acto de “conferir sentido” (Sinngehung). el ritmo. ¿Se ha alejado tanto como él cree. de la construcción de un comparable. la métrica y la rima. ¿Llegamos hasta el extremo de lo intraducible? No. du Seuil. si viviera —el querido Berman.