Está en la página 1de 8

TITULO : ANÁLISIS DEL ESPÍRITU DE LAS LEYES TOMO 2

MONTESQUIEU

AUTOR : MERCEDES RUIZ BARRERA

3 ABSTRAC
El libro “El espíritu de las Leyes” nos hace grandes
como sociedad política y ordenada y nos expresa claramente
cómo influye a los sistemas que manejan muchos países hasta
ahora y que funcionan de manera adecuada a las que tenían,
tales como la monarquía. Sus ideas no solo eran teóricas
también las propuso de forma sistemática, lo que le hace a
Montesquieu mucho más interesante y el filósofo más
reconocido.

PALABRAS CLAVES
Espíritu, Leyes, teoría política, teorías sociales, seguridades.

5 INTRODUCCIÓN

El estudio de la obra de Montesquieu es muy


importante pues trabaja en el análisis de la teoría política y
social del autor y en la interpretación de espíritu general.se
rescatara las causas que dan origen e incentivan el progreso en
las sociedades humanas. Montesquieu impacto también en la
filosofía, en las letras y en la historia, ubicándolo como uno de
los pioneros en sociología, antropología y la psicología social. El
espíritu de las Leyes aporto en el pensamiento político liberal de
todo los tiempos.
Montesquieu a través de su obra espíritu de las Leyes
tiene como objetivo hacer comprender a los humanos la
diversidad histórica, explicando la realidad por medio de
principios o categorías únicas.
La obra tiene 11 libros y abarca desde el libro XXI
al XXXI presenta un estudio acerca de cómo las causas sociales
impactan sobre las costumbres, los usos y las leyes(en la
Cámara de los Lores, que es legislativa) y hay representación
popular. A su vez, esos poderes intermedios se equilibran entre
sí. Es notable el modo en que la idea de combinación equilibrada
se relaciona con la imagen del universo Newton, donde los
elementos se atraen sin perder su originalidad.
Como se puede ver esta obra es de beneficio para
los lectores especialmente para aquellos a quienes le atrae la
sociología política ya que el autor de la obra menciona a los tres
órganos en su obra que es parte de la estructura de nuestra
sociedad, es bueno tomarse un tiempo para leer este libro
porque ayuda a comprender y a estudiar de una manera
diferente y racional a la sociedad que habitamos, lo que es muy
favorable ya que nos otorga una forma de análisis más
adecuada.

DESARROLLO

Los Estados se relación están fundadas


principalmente sobre el comercio. Si el espíritu de comercio
produce naturalmente un espíritu de interés opuesto a la
sublimidad de las virtudes morales, produce también un pueblo
naturalmente justo, y aleja la ociosidad y el bandidaje. Las
naciones libres, que viven bajo gobiernos moderados, deben
librarse de aquellos más que las naciones esclavas. Una nación
jamás debe excluir de su comercio a otra nación, sin razones
muy poderosas. Por lo demás, la libertad en este género no es
una facultad absoluta acordada a los negociantes de hacer lo
que ellos quieren, facultad que muchas veces les sería
perjudicial; consiste en dejar actuar a los comerciantes sólo en
favor del comercio. En la monarquía, la nobleza no debe
dedicarse a los negocios, y menos aún, el príncipe. En fin, hay
naciones a las cuales el comercio les es desfavorable: no son
aquellas que no tienen necesidad de nada, sino aquellas que
tienen necesidad de todo. Paradoja que el autor hace sensible
con el ejemplo de Polonia, a la que le falta de todo, excepto el
trigo, y que, mediante el comercio que hace de él, priva a los
ciudadanos de su alimento para satisfacer el lujo de los señores.
El señor de Montesquieu, al tratar de las leyes exigidas por el
comercio, hace la historia de sus diferentes revoluciones; y esta
parte de su libro no es ni la menos interesante ni la menos
curiosa. Compara el empobrecimiento de España por el
descubrimiento de América con la suerte de ese príncipe imbécil
de la fábula, a punto de morir de hambre por haber pedido a los
dioses que todo lo que él tocara se convirtiera en oro. Siendo el
uso de la moneda una porción considerable del objeto del
comercio y su instrumento principal, creyó́ en consecuencia que
debía tratar de las operaciones de la moneda, del cambio, del
pago de las deudas públicas, del préstamo a interés, las leyes y
los limites, y que en ninguna parte confunde con los excesos, tan
justamente condenados, de la usura.

La población y el número de habitantes tienen una


relación inmediata con el comercio; y teniendo los matrimonios
por objeto la población, el señor de Montesquieu profundiza en
esta importante materia. Lo que más favorece la propagación es
la continencia pública: la experiencia prueba que las uniones
ilícitas contribuyen poco a ella, y aun la perjudican. Se ha
establecido, para los matrimonios, con justicia, el consentimiento
de los padres; no obstante, deben introducirse en ese asunto
ciertas restricciones, pues la ley debe, en general, favorecer los
matrimonios. La ley que prohíbe el matrimonio de las madres con
los hijos (independientemente de los preceptos de la religión), es
una muy buena ley civil; pues, sin hablar de muchísimas otras
razones, al ser los contrayentes de edad muy diferente, estas
especies de matrimonios raramente pueden tener como objeto
la propagación. La ley que prohíbe el matrimonio del padre con
la hija está fundada sobre los mismos motivos; no obstante (en
sentido civil), no es tan indispensablemente necesaria como la
otra respecto de la población, puesto que la virtud de engendrar
acaba mucho más tarde en los hombres: así́ el uso contrario ha
tenido lugar entre ciertos pueblos que la luz del cristianismo no
ha iluminado. Como la naturaleza misma conduce al matrimonio,
es un mal gobierno el que necesite crear estímulos para ello. La
libertad, la seguridad, la moderación de los impuestos, la
proscripción del lujo, son los verdaderos principios y los
verdaderos sostenes de la población: no obstante, es posible,
con éxito, hacer leyes para estimular los matrimonios cuando, a
pesar de la corrupción, todavía queden resortes en el pueblo que
lo liguen a su patria. No hubo nada más hermoso que las leyes
de Augusto para favorecer la propagación de la especie. Por
desdicha, hizo esas leyes durante la decadencia o, más bien,
durante la caída de la república; y los ciudadanos,
descorazonados, no podían dejar de ver que sólo echaban
esclavos al mundo. Por eso la ejecución de esas leyes fue más
bien débil durante todo el tiempo de los emperadores paganos.
Constantino, finalmente, las abolió́ al hacerse cristiano, como si
el cristianismo hubiera tenido por finalidad despoblar la
sociedad, aconsejando a un pequeño número la perfección del
celibato.

El establecimiento de los hospitales, según el


espíritu con que fue hecho, puede perjudicar a la población, o
favorecerla. Puede, y debe asimismo, haber hospitales en un
Estado donde la mayoría de los ciudadanos no tiene más que su
trabajo como sostén, porque este trabajo puede muchas veces
ser desafortunado. Pero la ayuda que brindan esos hospitales
no debe ser más que transitoria, para no favorecer la mendicidad
y la haraganería. Es preciso comenzar por hacer rico al pueblo
y edificar enseguida hospitales para las necesidades imprevistas
y urgentes. ¡Desdichados los países en los que la multitud de
hospitales y de monasterios —que no son más que hospitales
perpetuos— hace que todo el mundo esté cómodo, excepto los
que trabajan!

El señor de Montesquieu no se ha referido hasta


ahora más que a las leyes humanas. Pasa luego a aquellas de
la religión que, en casi todos los Estados, constituyen un objetivo
esencial del gobierno. En todas partes hace el elogio del
cristianismo; muestra sus ventajas y su grandeza; busca hacerlo
amar; sostiene que no es imposible, como lo ha pretendido
Bayle, que una sociedad de perfectos cristianos forme un Estado
vigoroso y durable. Pero también ha estimado que le era
permitido examinar lo que las diferentes religiones
(humanamente hablando) pueden tener de conforme o de
contrario al genio y a la situación de los pueblos que las
profesan. Es desde este punto de vista que es preciso leer todo
lo que ha escrito sobre este asunto, y que ha sido objeto de
tantas discusiones injustas. Sobre todo es sorprendente que, en
un siglo que invoca a tantos a bárbaros, se considere un delito
lo que él dice de la tolerancia; como si se tratara de aprobar una
religión más que de tolerarla; como si, en fin, el Evangelio mismo
no hubiera desechado todo otro medio de expandirla que no
fuera la dulzura y la persuasión. Aquellos en quienes la
superstición no ha extinguido aun todo el sentimiento de
compasión y de justicia, no podrán leer, sin ser conmovidos, la
amonestación a los inquisidores, ese odioso tribunal que ultraja
la religión aparentando vengarla.

En fin, después de haber tratado en particular de


las diferentes especies de leyes que los hombres pueden tener,
no quedaba más que compararlas en conjunto, y examinarlas en
su relación con las cosas sobre las que ellas estatuyen.

Los hombres son gobernados por diferentes


especies de leyes: por el derecho natural, común a cada
individuo; por el derecho divino, que es el de la religión; por el
derecho eclesiástico, que es el de la policía de la religión; por el
derecho civil, que es el de los miembros de una misma sociedad;
por el derecho político, que es el del gobierno de esa sociedad;
por el derecho de gentes, que es el de las sociedades, en
relación unas con otras. Esos derechos tienen cada uno sus
objetivos diferentes, que es menester cuidarse de confundir. No
se debe reglar por uno lo que pertenece a otro, para no introducir
ningún desorden ni injusticia en los principios que gobiernan a
los hombres. Es necesario, en fin, que los principios que
prescriben el género de las leyes, y que determinan su objeto,
reinen también en la manera de componerlas. El espíritu de
moderación debe, tanto como sea posible, dictar todas las
disposiciones, aunque aparenten oponérsele. Tal era la famosa
Ley de Solón, por la cual todos los que no tomaban parte en las
sediciones eran declarados infames. Ella prevenía las
sediciones, o las consideraba útiles, forzando a todos los
miembros de la república a ocuparse de sus verdaderos
intereses. La del ostracismo mismo era una muy buena ley,
pues, por un lado, honraba al ciudadano que la causaba; y
prevenía, por el otro, los efectos de la ambición. Además, se
necesitaba gran cantidad de sufragios, y no se podía dictar el
exilio más que cada cinco años. Con frecuencia, las leyes que
parecen las mismas no tienen ni el mismo motivo ni el mismo
efecto ni la misma equidad; la forma de gobierno, la oportunidad
y el genio del pueblo cambian todo. En fin, el estilo de las leyes
debe ser simple y grave. Pueden dispensarse de alegar razones,
porque el motivo se supone que existe en el espíritu del
legislador; pero cuando ellas están motivadas, deben serlo sobre
principios evidentes: no deben parecerse a esa ley que,
prohibiendo a los ciegos pleitear, aduce como razón que no
pueden ver los ornamentos del tribunal.

El señor de Montesquieu, por ejemplo, para


mostrar la aplicación de sus principios, ha elegido dos pueblos
diferentes: uno, el más célebre de la tierra; y el otro, ese cuya
historia nos interesa más: los romanos y los francos. No trata
más que una parte de la jurisprudencia del primero: la que
contempla las sucesiones. Respecto de los francos, se explaya
sobre el origen y las evoluciones de sus leyes civiles, y sobre los
diferentes usos, abolidos o subsistentes, que han sido su
consecuencia. Se extiende principalmente sobre las leyes
feudales, esa especie de gobierno desconocido de toda la
antigüedad y que lo será acaso para siempre en los siglos
futuros, y que ha tenido tanto de bueno y tanto de malo. Discute
sobre todo esas leyes en los contactos que tienen con el
establecimiento y la evolución de la monarquía francesa.
Prueba, contra el señor Abate du Bos, que los francos
penetraron realmente como conquistador en la Galia; y que no
es verdad, como aquel autor lo pretende, que hayan sido
llamados por los pueblos para suceder en los derechos a los
emperadores romanos que los oprimían. Detalle profundo,
exacto y curioso, pero en el cual nos es imposible seguirlo.
Tal es el análisis general, pero muy informe y muy
imperfecto, de la obra del señor de Montesquieu. Lo hemos
separado del resto de su Elogio, para no interrumpir demasiado
la continuidad de nuestro escrito.

7. CONCLUSIONES.

Las leyes tuvieron su origen en Roma con su fundación en el 753


A.C. y han sido compuestas por todas las cosas que rigen a
nuestra sociedad que son las costumbres, la religión y la misma
sociedad. Las leyes han ido evolucionando con los hombres ya
que al igual que la sociedad las leyes también son cambiante
solo que se desarrollan después de la sociedad y lo que
debemos procurar es que la distancia entre estas no sea tan
grande.
Las leyes también se han visto influenciadas con la naturaleza y
el clima porque de estos dependen en una buena parte los
grandes cambios que la sociedad va obteniendo y esto influye a
las leyes ya que las normas jurídicas surgen de los
acontecimientos sociales para poder lograr regir una buena
convivencia social. Según la teoría del clima procede de la
medicina; tendencia materialista que liga los estados del alma
como reflejo de los humores del cuerpo y su situación como
resultado de la diversidad de climas y territorios. El clima se
relaciona con diversas enfermedades, con el carácter activo o
perezoso, valiente o cobarde. Influye sobre el suelo,
condicionando el tipo de cultivo, extensión del terreno, trabajo
organizado; influye sobre la cantidad de población que podría
alimentar el terreno. Se pueden contrarrestar los efectos de
clima y suelo mediante el trabajo y la invención. La abundancia
o escasez de suelo y su explotación determinan el tipo de
sociedad.
La religión también ha sido un factor importante en el cambio
social y jurídico ya que varias de las normas que rigen a nuestra
sociedad se han basado en la religión predominante ya que es
el elemento moral más importante en la acusación social. Es un
fenómeno social que el autor, estudia su lado convencional y
humano pero ordenador de la sociedad a través de las
creencias. Considera que es absurdo imponer la religión a
cada cultura, la religión sirve de freno en los despotismos y sus
leyes corrigen a veces los inconvenientes de la constitución
política, por lo que cuenta más su utilidad que la verdad o no de
sus dogmas. Toda persecución religiosa y todo proselitismo es
por principio intolerante. Y el número de habitantes también ha
afectado porque este es el que da la pauta de que tan efectivas
son las normas que se están planteando o que tan erróneas
están ya que al darse una sobre población se necesitaría de
normas que ayuden a disminuir la tasa de natalidad sin que esta
implique matar a los niños(aborto). En los pueblos civilizados se
altera favorable o desfavorablemente la relación del número de
habitantes con el clima y el suelo mediante las leyes y la
organización social.
8.
AGRADECIMIENTO.
Un agradecimiento muy especial al Dr. Rolando
Reátegui Lozano por permitirnos realizar este artículo y ser el
tutor para su elaboración, a todos los compañeros del doctorado
en Gestión Pública promoción 2017 I, por su apoyo y ejemplo
para continuar mis estudios.

BIBLIOGRÁFICA

Leyes”: http://bibliotecadigital.tamaulipas.gob.mx/archivos/des
cargas/31000000630.PDF

El espíritu de las leyes tomo 2

Aquí comparto el ensayo de Hardin (2009) sobre el


determinismo
climáticohttp://dc.etsu.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=3191&co
ntext=etd