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LENGUA Y LITERATURA

GUÍA DE ESTUDIO DE CASTELLANO


Fragmentos Género Dramático

Objetivo: Esta guía tiene como objetivo reforzar los contenidos sobre Géneros dramático, junto
a la observación de fragmentos de cada subgénero del género mayor (tragedia, comedia y
drama).
Contenido: Género dramático.

 TRAGEDIA

Fragmento de Antígona, Tragedia de Sófocles (442 a.C.)


Obra representativa de la tragedia griega. La Antígona de Sófocles nos da
a conocer a una mujer que se atreve a desobedecer el edicto de Creonte.
El mencionado edicto consistía en la prohibición de enterrar a Polinices,
uno de los hermanos de Antígona, ya que se le consideró como traidor a
la ciudad de Tebas. Antígona desobedece la ley y es condenada a muerte.
Antígona es la expresión de un contraste irreconciliable entre dos
especies de bien: por un lado, la ley y el orden, por otro la piedad celeste.
Ella transgrede las leyes de Tebas, las “obligaciones” de su sexo y tiene la
fuerza, el valor y el amor suficientes para enfrentarse al rey.

ANTÍGONA:
Ya me has cogido. ¿Quieres algo más que matarme?

CREONTE:
Nada más; teniendo tu vida, tengo todo lo que quiero.

ANTÍGONA:
Pues, entonces, ¿a qué aguardas? Tus palabras me disgustan y ojalá me disgusten siempre, ya que a ti
mis actos te son odiosos. ¿Qué hazaña hubiera podido realizar yo más gloriosa que de dar sepultura a
mi hermano? (Con un gesto designando el CORO). Todos los que me están escuchando me colmarían de
elogios si el miedo no encadenase sus lenguas. Pero los tiranos cuentan entre sus ventajas la de poder
hacer y decir lo quieren.
CREONTE:
Tú eres la única entre los cadmeos que ve las cosas así.

ANTÍGONA:
Ellos las ven como yo; pero ante ti, sellan sus labios.

CREONTE:
Y tú, ¿cómo no enrojeces de vergüenza de disentir de ellos?

ANTÍGONA:
No hay motivos para enrojecer por honrar a los que salieron del mismo seno.

CREONTE:
¿No era también hermano tuyo el que murió combatiendo contra el otro?

ANTÍGONA:
Era mi hermano de padre y de madre.

CREONTE:
Entonces, ¿por qué hacer honores al uno que resultan impíos para con el otro?

ANTÍGONA:
No diría que lo son el cadáver del muerto.

CREONTE:
Sí; desde el momento en que tú rindes a este muerto más honores que al otro.

ANTÍGONA:
No murió como su esclavo, sino como su hermano.

CREONTE:
Sin embargo, el uno asolaba esta tierra y el otro luchaba por

ANTÍGONA:
Hades, sin embargo, quiere igualdad de leyes para todos.

CREONTE:
Pero al hombre virtuoso no se le debe igual trato que al malvado.

ANTÍGONA:
¿Quién sabe si esas máximas son santas allá abajo?

CREONTE:
No; nunca un enemigo mío será mi amigo después de muerto.
ANTÍGONA:
No he nacido para compartir el odio, sino el amor.

CREONTE:
Ya que tienes que amar, baja, pues, bajo tierra a amar a los que ya están allí. En cuanto a mí, mientras
viva, jamás una mujer me mandará.

 COMEDIA

Fragmento de El avaro, Comedia de Molière (1668)


Obra teatral cómica, una de las últimas escritas por Jean-Baptiste
Poquelin, Molière. El tema central es la ridiculización de la avaricia.
Harpagón es un hombre viudo rico y avaro que hace vivir a su familia en
la más exagerada escasez. Su hija Elisa está enamorada de Valerio, el
intendente de su padre, un joven de origen italiano que se halla en París
para intentar reencontrarse con su padre. Cleanto, el hijo de Harpagón,
quisiera casarse con Mariana, una joven que vive en la pobreza con su
madre y a quien Harpagón también pretende como esposa. El tacaño
padre desea a sus hijos con ricos viudos, a Elisa con Anselmo y a Cleanto
con una tía, con el único objetivo de seguir aumentando su patrimonio.

HARPAGÓN:
Bien veo que habéis oído algunas palabras. Ocurre que hablaba conmigo mismo acerca de la dificultad
que hay hoy para conseguir dinero y me decía que es muy afortunado el que pueda tener diez mil
escudos en su casa.

CLEANTO:
Nosotros vacilábamos en abordarle, temiendo interrumpido.

HARPAGÓN:
Me complace mucho deciros eso a fin de que no vayáis a tomar las cosas al revés e imaginaros que digo
que soy yo quien tiene diez mil escudos aquí.

CLEANTO:
Nosotros no nos entremetemos en sus negocios.
HARPAGÓN:
Ya quisiera yo tener diez mil escudos. ¡Diez mil escudos!

CLEANTO:
Yo pienso que…

HARPAGÓN:
Me convendrían mucho…

ELISA:
Usted es…

HARPAGÓN:
Y no me quejaría, como tengo que hacerlo ahora, de que los tiempos que corren son duros.

CLEANTO:
¡Dios del cielo, padre! Usted no tiene de qué quejarse. Ya todo el mundo sabe que es muy rico.

HARPAGÓN:
Cómo, ¿rico yo? Los que así dicen han mentido. ¡No hay nada más falso! ¡Los que hacen correr esos
rumores son unos infames!

ELISA:
Pero no se encolerice usted.

HARPAGÓN:
¡Es extraño que mis propios hijos me traicionen y se conviertan en mis enemigos!

CLEANTO:
¿Es ser enemigo suyo decir que usted tiene bienes de fortuna?

HARPAGÓN:
Sí. Semejantes chismes y los gastos que me ocasionáis vosotros serán causa de que unos de estos días
vengan a mi casa a degollarme en la creencia de que estoy totalmente repleto de doblones.

CLEANTO:
¿Y puede saberse cuál es ese gasto excesivo que yo le ocasiono?

HARPAGÓN:
¿Cuál? ¿Hay algo, digo, más escandaloso que esos suntuosos trajes con que te paseas por la ciudad?
Ayer reñía a tu hermana, pero tú eres peor todavía. Esto clama venganza al cielo. Desnudándote de pies
a cabeza habría con que surtir un almacén. Veinte veces te he dicho, hijo, que todos tus modales me
desagradan; pero furiosamente te las das de marqués y para vivir de esa manera es absolutamente
necesario que me estés robando mi dinero.
CLEANTO:
¿Robar a usted? ¿Y cómo?

HARPAGÓN:
¿Qué diablos sé yo? ¿Entonces de dónde puedes sacar con qué sostener la posición en que vives?

CLEANTO:
Del juego, y como tengo buena suerte me echo encima todo cuanto gano.

HARPAGÓN:
Muy mal hecho. Si eres afortunado en el juego deberías aprovecharlo colocando a un interés honesto el
dinero que ganas a fin de gozarlo algún día. Me agradaría mucho saber, sin hablar de otras cosas más,
para qué sirven todas esas cintas con que te veo emperejilado de pies a cabeza, y si una media docena
de agujetas no bastan para atarse los calzones.

CLEANTO:
Usted tiene toda la razón.

HARPAGÓN:
Bueno. Dejemos eso y hablemos de otra cosa.
(Notando que Cleanto y Elisa se hacen señas)
¡Ah!
(Bajo, aparte)
Creo que se hacen señas uno y otro para robarme mi dinero. (Alto). ¿Qué significan esos gestos?

ELISA:
Procurábamos mi hermano y yo, ponernos de acuerdo a ver quién hablaría primero; pues ambos
tenemos algo que decirle.

HARPAGÓN:
Y yo también tengo algo que decir a los dos.

CLEANTO:
Padre: deseábamos hablarle de matrimonio.

HARPAGÓN:
También de matrimonio quiero hablar yo con vosotros.

ELISA:
¡Padre!

HARPAGÓN:
¿A qué se debe esa exclamación?
CLEANTO:
El matrimonio puede causarnos miedo a los dos, según la manera como usted lo entienda, y mucho
tememos que nuestros sentimientos no estén de acuerdo con la elección suya.

HARPAGÓN:
Un poco de paciencia, no os alarméis. Yo sé lo que os conviene a los dos y no tendréis, ni el uno ni el
otro, ningún motivo de queja de lo que pretendo hacer. Para empezar por el principio (a Cleanto) ¿has
visto, dime, a una joven de nombre Mariana que reside no lejos de aquí?

CLEANTO:
Sí, padre.

HARPAGÓN: (A Elisa)
¿Y tú?

ELISA:
He oído hablar de ella.

HARPAGÓN:
¿Cómo te parece, hijo, esa joven?

CLEANTO:
Persona bastante encantadora.

HARPAGÓN:
¿Su fisonomía?

CLEANTO:
Por completo honesta y muy espiritual.

HARPAGÓN:
¿Su aspecto y sus modales?

CLEANTO:
Admirables, sin duda.

HARPAGÓN:
¿No crees tú que una joven como Mariana merecería que se pensase en ella?

CLEANTO:
Sí, padre.

HARPAGÓN:
¿Que sería un partido deseable?
CLEANTO:
Muy deseable.

HARPAGÓN:
¿Qué tiene todas las trazas para hacer un buen matrimonio?

CLEANTO:
Sin duda.

HARPAGÓN:
Hay un ligero inconveniente: creo que no posee toda la riqueza que se pudiera desear.

CLEANTO:
Pero la riqueza no es digna de tenerse en consideración cuando se trata de desposar a una persona
honesta.

 DRAMA

Fragmento de La Celestina, Drama (tragicomedia) de Fernando de


Rojas (siglo XV)
La Celestina es una obra que desde su aparición ha planteado varios
y difíciles problemas en torno a la composición del libro, sobre el
autor y la extensión de la misma, ninguno de los cuales puede tenerse
todavía por resuelto. Calisto, un joven noble apuesto y de preclaro
ingenio, penetra persiguiendo a un halcón en la huerta donde se halla
a Melibea, de quien queda profundamente enamorado. Ante el
rechazo de ésta y aconsejado por su criado Sempronio, decide
encomendar su cuidado a Celestina, para lograr por medio de ella el
amor de Melibea. La alcahueta consigue mediante artimañas que
Melibea se enamore de Calisto. Los criados de éste intentan explotar
un beneficio propio la pasión de su amo: que había prometido una
cadena de oro a Celestina si lograba entre todos enamorar a Melibea.
Cuando esto sucede, los criados reclaman su parte y ante la negativa
de Celestina, la matan.

CALISTO:
En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios.

MELIBEA:
¿En qué, Calisto?
CALISTO:
En dar poder a natura que de tan perfecta hermosura te dotase, y hacer a mi inmérito tanta merced
que verte alcanzase, y, en tan conveniente lugar, que mi secreto dolor manifestarte pudiese. Por
cierto, los gloriosos santos que se deleitan en la visión divina, no gozan más que yo ahora
contemplándote.

MELIBEA:
¿Por gran premio tienes éste, Calisto?

CALISTO:
Téngolo por tanto, en verdad, que, si Dios me diese en el cielo la silla sobre sus santos, no lo tendría
por tanta felicidad.

MELIBEA:
Pues aún más igual galardón te daré yo, si perseveras.

CALISTO:
¡Oh bienaventuradas orejas mías, que indignamente tan gran palabra habéis oído!

MELIBEA:
Mas desventuradas de que me acabes de oír. Porque la paga será tan fiera cual merece tu loco
atrevimiento. Y el intento de tus palabras ha sido como de ingenio de tal hombre como tú. ¡Vete, vete
de ahí, torpe!