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Orgásmico Amanecer en Texas 1

Anhelo 2
Baile Lento 3
Último Baile 4
Lluvia de Verano 5

A.J. Llewellyn & D.J. Manly


Sinopsis
Sean Mercado, un novato de los Marshall de Dallas, y Nicholas Fournier,
un policía canadiense, son empujados a las vidas de Jubilee y Kieran
después de una experiencia cercana a la muerte por parte de Jubilee quién
es disparado en un atraco a un banco en el cual queda gravemente herido.

El policía especial canadiense Nicholas Fournier nunca soñó con inscribir a


su tía enferma en un depósito bancario en la ciudad de Dallas, este hecho
cambiaría su vida. Allí conoce a Jubilee Mason, un Marshall, a través del
cual llega a conocer a Sean Mercado, un nuevo recluta para el equipo de la
ciudad de Dallas. Nicholas aún se tambalea de un desastre romántico donde
él olvido usar la precaución y la lanzó al aire. Viaja a Texas para conocer a
un chico con el que se escribía online.

Aunque planea volar de vuelta a casa, es tentado a emplear un poco más de


tiempo en el centro de Luisiana, para averiguar un poco más de los
Marshals de los Estados Unidos. Pronto descubre que hay mucho
sucediendo en la agitada y viva ciudad texana y no solo es una lluvia de
verano.
Dedicatoria
Dedicado con amor a los primeros oficiales de policía, bomberos y equipos
de emergencia médicos que se apresuraron a Sandy Hook Elementary
School en Newton, Connecticut en la estela del segundo peor tiroteo en una
escuela en la historia de Estados Unidos. Sabemos que todavía intentan
lidiar con lo que vieron allí, incluso mientras trabajaban para investigar el
crimen horrible que sucedió y ayudar a su comunidad a enfrentar sus
consecuencias. Los asistentes están todavía traumatizados, luchando con el
hecho de que no fueron capaces de salvar a alguien, como ellos han sido
entrenados para hacer.

-A.J. y D.J.
Capítulo 1
—De acuerdo, si quieres tener el coche fúnebre de vampiros hoy, todo lo
que tienes que hacer es decirme los nombres de las cuatro pequeñas niñas
afroamericanas que fueron escoltadas al colegio por los US Marshals1 en
1960, en el primer día de la integración.

Mi novio, Kieran Fox, se sentó en el filo de nuestra cama, una nueva tarjeta
de regalo de Toys R Us2 entre sus manos y nuestro pequeño hijo, Juan, lo
observaba fijamente con nostalgia.

—Papá. —Juan parecía exasperado—. Pregúntame algo más fácil.

—Esa es una pregunta fácil. Tú sabes la respuesta.

Kieran me dio un guiño astuto.

—¿No es fácil?

—No, no lo es. Y no sabe la respuesta. Pregúntale algo que pueda


responder.

En realidad sabía los nombres de las chicas no sólo por ser uno de los
momentos de mayor orgullo en la historia de los Estados Unidos, sino
también uno de los mejores logros de los escoltas de los US Marshals. Juan
era muy sensible y se estaba esforzando muchísimo para aprender inglés,
yo no quería que él se sintiera mal.

—Está bien, de acuerdo. —Kieran rodó sus ojos—. Muy bien, Juan, ¿quién
ha sido el mejor US Marshal alguna vez?

1 Los US Marshals, son un cuerpo de alguaciles que se encarga de la ejecución de las órdenes de las
cortes federales. Hablando genérica y ampliamente, garantizan el funcionamiento del sistema de
justicia. Se fundó en 1789 y la Sede Central, se encuentra en Arlington, Estado Federal de Virginia.
(Gracias Wikipedia).
2 Toys “R” us, es una cadena de tiendas de juguetes presente en los cinco continentes. Sólo en EEUU

tiene 860 tiendas, mientras en el resto del mundo, su número es de 716. (Gracias Toys “R” us).
—Wyatt Earp3 —dijo Juan con confianza, su mirada estaba impregnada
con el anhelo de esa tarjeta de regalo.

—¿Wyatt Earp?

Kieran miró escandalizado. Juan tomó la tarjeta y salió corriendo.

—¡Ey, chico, él fue sólo un alguacil durante seis meses! —Kieran gritó tras
él y luego me miró.

Me encogí de hombros. —No me mires a mí. Tú has sido quién ha estado


todo el fin de semana mostrándole esas películas. Él piensa que Wyatt es tu
héroe.

—¡Genial! —Kieran deslió sus calcetines enrollados, se los puso y deslizó


sus pies en las botas. Caliente, él era un hombre muy apuesto. Se veía muy
sexy dentro de sus jeans que acariciaban todos los lugares correctos de su
cuerpo.

—Lo único que envidio de Wyatt Earp es que él se tiró a un montón de


gente y todo lo que hicieron fue retirarle su placa.

—No me des ideas —bromeó.

—Uno puede soñar con amantes. ¿Vas a ir al banco?

Mi madre decía que las pequeñas jarras tenían grandes orejas. Juan regresó
a la puerta, con su nueva billetera en la mano. Sabía exactamente que había
en él. Su tarjeta de identificación escolar, un trozo de papel con todos los
números de teléfono de emergencia, el billete de cinco dólares que le había
dado por ayudarme con las tareas y ahora la tarjeta de regalo. Estaba muy
orgullo de tener cosas que colocar en esa cartera.

—¿Vamos al banco, papá? ¿Nosotros podemos ir a la tienda de juguetes


también?

No pude acompañar a Juan porque debía ordenar mis cosas. Decidimos


esperarnos hasta el primer día oficial de descanso escolar de Juan para ir a
por sus juguetes. En cambio, tuve que volver a ir al banco a firmar los
3Wyatt Earp, nació en Monmouth, Estado Federal de Illinois el 19 de marzo de 1848. Fue un afamado
Marshal que ocupó varios puestos policiales en el Oeste. Es una de las figuras legendarias del Oeste
Estadounidense cuya vida ha inspirado numerosos western. (Gracias Wikipedia).
formularios de depósito directo para la hipoteca de la casa de tres
dormitorios que habíamos comprado en el suburbio de Colleyville, Dallas.
Y Kieran estaba de camino a Washington escoltando a un convicto por
violación.

Durante los últimos siete meses habíamos estado alquilando un


departamento, mientras, habíamos estado buscando una casa, nos
decantábamos más por un condominio, pero este extenso rancho era tan
increíble y tenía establos y un caballo. El nombre del caballo era Hada. Él
era un chico… así que esto parecía un acto del destino.

Kieran se preparó para volar hasta Washington con Sean Mercado, un


Marshal novato de Dallas, a quién estaba ayudando a entrenar. Tanto
Kieran como yo, trabajábamos en la rama más antigua de las fuerzas del
orden de la nación. Kieran y Sean iban a extraditar a un violento violador
que había sido rastreado hasta la capital de nuestro Estado y luego volvería
a Dallas. Vi a mi amor preparando sus armas de fuego y comprobando que
lo llevaba todo.

Estaba de mal humor y no lo podía culpar. Había ocultado duramente a


Juan el hecho que íbamos a separarnos por unos días. El chico parecía
ajeno a la situación, gracias a Dios.

—No, nene —le dije al niño que para mí era nuestro hijo de cualquier
modo posible. Lo acerqué a nosotros todo lo que pude—. Voy a llevarte a
casa de la tía Pauline y te prometo que te recogeremos muy pronto y nos
iremos a la tienda de juguetes y también tomaremos helado.

—¡Oh chico!

El sábado, habíamos recibido una carta de los servicios de protección


infantil diciéndonos que era poco probable que fuésemos capaces de
adoptar legalmente a Juan de seis años de edad por ser gays. Nos
disponíamos a disfrutar el fin de semana con nuestro hijo. Ahora, la
realidad es que nos sentíamos como si nos hubieran mordido el culo.

Nosotros estábamos sorprendidos por la carta y la mala intención que había


tras ella. Nunca había importado que Kieran hubiera salvado al niño que
había sido vendido como esclavo sexual por sus padres a un traficante de
sexo. Él había sido enviado desde México.
Kieran siempre recordaría la manera en la que Juan le fue presentado
cuando él se había hecho pasar como propietario de un burdel.

—Tiene seis años, hombre, mexicano. Cincuenta de los grandes.

Habían visto a Juan como un objeto descartable de gratificación sexual.


Esto no parecía ser un problema para CPS4. Tampoco importaba el hecho
de haber sufrido numerosas visitas improvisadas de CPS y haber superado
todas y cada una de las pruebas. Gustamos al supervisor de nuestro caso.
Pero según CPS somos bastante buenos como para cuidar de Juan
indefinidamente, pero no lo suficientemente buenos para obtener su
custodia.

Kieran estaba furioso. Quería dejar Tejas de un buen modo, pero hacer eso,
significaba que probablemente perdiéramos a Juan.

Le sonreí a Juan. Escogí a mi hermana para que se ocupara de él un par de


horas. Quería hablar con el señor Lindstrom, el director del banco, para una
consulta. Tenía una cita a las 9.30 para firmar los papeles y luego podría
sacar el tema. Joder. Teníamos suficientes referencias buenas hasta el
hartazgo y no parecía ayudar. Hemos tenido que pagar bastante dinero para
tests psicológicos y mediación—con CPS. ¿Mediación? Yo siempre había
pensado que las parejas divorciadas necesitaban mediación, no las parejas
tratando de adoptar.

—Tenemos que llamar a Luke —dijo Kieran refiriéndose a nuestro


abogado—. Escúchame, volveré esta noche. La guerra no ha terminado,
cariño. Nos encargaremos de ello mañana. Solo diviértete con Juan después
de ir al banco. Me haría feliz saber que vas a añadir a la compra el Castillo
Vampiro. —Alzó sus manos—. Quiero chupar tu sangre. —Él comenzó a
hacer sonidos espeluznantes.

Juan gritó eufóricamente.

4CPS, son las siglas en inglés de; Child Protective Services. Es como nuestro Servicio de Protección
del Menor. Principalmente se ocupa de los niños que han sido objeto de maltrato, abusos o incluso
negligencia en su cuidado. En los casos que tiene capacidad, buscan realojar a los niños en un nuevo
hogar o incluso su cuidado momentáneo hasta encontrarle un hogar adecuado. (Thanks to
Department of Child Protective Services).
—Está bien —dije. Sabía que había suficiente dinero en la tarjeta para
comprar a Juan el coche fúnebre y un par de criaturas del pantano.

Habíamos invertido una fortuna en todos los componentes que pertenecen a


esta última moda para niños.

Para Juan, el chico quién nunca había tenido un solo juguete suyo, su vida
era ahora como Disneylandia.

Kieran me besó. Después todos abandonamos la casa, Juan se aferró a la


pierna de Kieran. —¡No te vayas papá! ¡No quiero que te vayas! —Sus
lágrimas eran calientes.

Sabía que es lo que sentía.

Kieran lo cogió en peso y lo sujetó con su brazo, mientras el otro brazo lo


usó para rodearme por la cintura. —¡Os quiero mucho a los dos!. —Besó
mi mejilla y me susurró—. Siento haber estado enfadado, nene. Te haré
mío.

—Por supuesto, que lo harás. —Le di un suave beso e intercambiamos


miradas que eran tan calientes como el infierno. Tomé a Juan en mis
brazos.

—Los Marshals no lloran, —Kieran le dijo a nuestro hijo, quién solo lloró
más fuerte.

—Ya sé… ¿quieres llevar mi sombrero? —pregunté a Juan. Últimamente


me había vuelto el maestro de la distracción. Volvimos a casa y Juan cogió
mi sombrero y se lo colocó como Kieran lo llevaba puesto. Hice lo que
tuve que hacer para que Juan volviera a estar feliz.

—¿Qué juguetes vas a elegir? —le pregunté a Juan.

—¡Mmm! —Él puso un dedo en sus labios y pensó sobre el asunto—,


quiero el hombre lobo y la momia.

De regreso en casa, su Castillo de Vampiros de Lego y todos los accesorios


habían asumido sus posiciones. Durante el fin de semana, él y Kieran
habían construido una fortaleza con las sábanas de la cama y los cojines del
sofá y yo había cedido en que siguiera en pie unos días más.
Nosotros cogimos los juguetes que había elegido y cerramos la puerta al
salir. Caminamos hacia mi SUV5 y lo acomodé en su asiento en la parte
trasera. Juan fingió que odiaba aquello, pero sabía que secretamente le
gustaba. Lo consolé y lo hice sentirse especial. Él nos dijo a Kieran y a mí,
que en México jamás tuvo un asiento de seguridad. Tenía algunas
cicatrices, heridas y moratones por todo el cuerpo, aunque estaban
curándose, esto le hacía tener pesadillas en la noche, aunque iba
superándolas lentamente.

No… Kieran estaba en lo cierto. La guerra por Juan acababa de comenzar.


Besé a mi pequeña carita de hombre y él alcanzó la bolsa de malla que
colgaba en la parte posterior del asiento delante de él. Sacó su lata de goma
de mascar diseñada para que pareciera una lata de tiritas. Pude oler cuando
él comenzó a masticar. Lima.

Puse mi sombrero de Marshal en su cabeza y nosotros comenzamos nuestro


viaje.

—Papá, ¿sabías que hay novecientas cuarenta y nueve piezas puntiagudas


en el Castillo de los Vampiros de Lego? —él preguntó, llevándose a la
boca otro trozo de su goma de mascar.

Reí con una carcajada. El chico salía con las más sorprendentes cosas,
fascinándonos siempre.

—No, yo no lo sabía.

Movió sus pies de arriba abajo, contento por haberme dicho algo nuevo. Lo
observé por el espejo retrovisor, la ansiedad en su rostro, pero parecía estar
bien. El hombre lobo le estaba dando un buen mordisco a la momia. Esperé
que aquello no fuera el signo de una mente enferma.

Relájate.

Fue un placer conducir por nuestro barrio, el cual era como una pequeña y
encantadora ciudad. Con acres de granjas y huertos a nuestro alrededor, se
sentía bien aquí. Aunque era primavera, ya hacía calor. Había algo especial
en el aire. Me gustaba vivir en un lugar con baja delincuencia y donde las

5Subaru, es un fabricante de automóviles japonés, que dispone de una cartera de accionistas formada
por empresas y particulares. (Gracias Wikipedia).
familias suponían el cuarenta y seis por ciento de la población. Juan estaba
yendo al mismo colegio que los gemelos de mi hermana, Andre y Phillip.
Era maravilloso como mis sobrinos habían tomado cariño a Juan. Eran muy
protectores con él. Ahora todo el mundo estaba de vacaciones de
primavera.

—Papá, ¿puedo seguir jugando con el sombrero cuando entremos a casa?


—me preguntó cuándo giramos en la esquina para llegar a la casita de
pueblo de tres dormitorios luminosos y soleados de mi hermana. Fue parte
del trato comenzar a trabajar con los Marshals cuando ella se mudó aquí.
Recordé nuestras vidas apenas siete meses atrás, era un recuerdo casi
lúgubre, viviendo en un camino rural solitario, me sentí aliviado porque
aquello ya era cosa del pasado.

—Claro que puedes, cariño.

Pauline y los chicos abrieron la puerta y nos saludaron.

Juan comenzó a jugar con sus primos.

—¡Hey, chico! —Gritó Pauline—, ¿me das un abrazo?

Mi hijo corrió hacia ella enseguida, sus ojos brillaban de alegría.

—¿Vamos a comer helado cuando regreses papá?

—¡Por supuesto!

—¡Sí! —los chicos gritaron y los vi salir corriendo hacia la sala de estar.

—Siento lo de la carta, cariño —dijo Pauline, mirando sobre su hombro


para asegurarse que los niños no estaban escuchando—. Solo te va a llevar
un par de horas, ¿no?

—Como mucho.

—¡Genial! Tengo que ir a trabajar a medio día. ¿Estás seguro que puedes
manejar a los tres niños hasta esta noche?

—Por supuesto —dije amando el sonido de las risas de los tres niños.

Ella me dio un abrazo. —Eres un salvavidas. No puedo creer que la niñera


esté sufriendo una faringitis. Al menos ella avisó esta vez.
Le di un alegre recibimiento a la noticia. Chrissy resultó ser una niñera
muy poco fiable para todos nosotros. Tendríamos que buscar de nuevo. No
era sencillo. Parecía imposible encontrar una buena niñera. Todas
empezaban bien y al paso de una o dos semanas actuaban como
desequilibradas, parecía que había una regla no escrita.

Salí del edificio. Arranqué el motor del coche y me dirigí al First Bank6 en
Colleyville, situado en un Boulevard. Aparqué el coche en los
aparcamientos y entré. Había una cola de unas doce personas. Miré hacia la
oficina del Señor Lindstrom. Todas las oficinas, tenían las paredes de
cristal y era fácil ver si estaban vacías.

Un hombre se me acercó. Su placa identificativa decía Richard. —¡Buenos


días Señor! ¿Puedo ayudarle?

—¡Oh… Sí. Gracias. Tengo una cita a las 9.30 con el Señor Lindstrom.
Tengo que firmar algunos documentos de los formularios para la cuenta de
la hipoteca. Cuando estuve el viernes pasado, los ordenadores estaban fuera
de servicio.

—Oh… si… eso fue un desastre. Espera, am, el señor Lindstrom se ha


retrasado pero déjeme ver si puedo encontrar sus documentos. No debería
llevarme mucho tiempo.

—Gracias.

Me guio hasta una de las oficinas de paredes acristaladas y me ofreció una


silla. Se sentó tras el escritorio y encendió el ordenador. Revisó el
ordenador, los papeles que había en el cesto, cogió unas llaves y un
pequeño teléfono móvil, se levantó y me dijo, —vuelvo ahora mismo.

Me giré sobre mi asiento y lo vi salir de la oficina hacia la sala principal.


Era un edificio bastante nuevo y mostraba la apariencia de ser un poco
tropical, con su pintura verde pálida, acabados en madera oscura y
pequeñas palmeras en macetas repartidas por el lugar.

6 First Bank es el nombre utilizado por diversas instituciones financieras en todo el mundo. El
término, ya sea en conjunto o como parte de una combinación de nombres, por ejemplo; First Bank of
America, First Bank of Canada, etc…
Observé la cola de gente y me sorprendí al ver a Chrissy, la niñera. Chrissy
estaba charlando animadamente con un hombre que estaba parado detrás de
ella. Estaba tratando de ser todo lo amable que podía y… Dios la ayudara,
parecía coquetear. Ella no estaba dándose cuenta de nada de eso. Entonces
ocurrió que ella miró en mi dirección y vi su boca abrirse por la sorpresa.
Ella llevó uno de sus delgados dedos a sus labios. Se apoyó sobre sus
talones y se colocó al lado izquierdo. El hombre con el que ella había
estado hablando avanzó al frente. Vi la protuberancia marcada bajo su
jersey.

Pistola.

He estado alrededor de muchos problemas en mi vida para saber cuándo


llegan las malas noticias, y ahora era uno de esos momentos. El tipo se
mantuvo mirando furtivamente alrededor, su mirada era nerviosa. Mierda.
Podía ser un policía pero no lo creía. Busqué con la mirada a Richard que
aún no había vuelto. Él estaba parado en su escritorio hablando por
teléfono. Estaba en lo cierto, nosotros teníamos problemas. Intenté decirme
a mí mismo que yo había sido Marshal durante mucho tiempo y me había
enfrentado a muchos problemas en ese tiempo… pero no. Lo pude sentir en
mis huesos.

Richard estaba aún hablando. Intenté hacerle alguna señal pero él incluso
no miró hacia mí.

Miré hacia las dos puertas principales de vidrio y vi al vigilante hablando


animadamente con una chica. Ambos tenían tazas de café.

El señor nervioso que estaba en la cola de espera en el banco parecía más


inquieto. Fuera en la calle vi un todoterreno negro mirando hacia arriba y
detenido al ralentí.

Mierda. Y doble mierda.

Tenía que moverme. Si me quedaba sentado aquí, no sería de ayuda. Iba a


salir a la sala principal cuando vi la puerta trasera del todoterreno abrirse y
un hombre con un pasamontañas negro salió, en sus manos llevaba un
AK477. Me tiré al suelo y traté de llamar al 911.

¡Aw, mierda! Mi teléfono móvil estaba bloqueado. A veces se bloqueaba y


si intentaba entrar muchas veces seguidas, la maldita cosa asumía que era
un ladrón de móviles y me pedía un código de seguridad.

¡Mierda! Rodé por el suelo sobre mi vientre. Busqué bajo el mostrador


cualquier botón de ayuda o pánico. Pero no había nada. Pensé que lo tenían
todos los bancos.

Oí los gritos y las voces diciéndoles a todos que se tiraran al suelo.

Piensa, Jube.

Llegué hasta el mostrador y me estiré bajo él, hasta alcanzar el teléfono. No


podía pasar por debajo de la tabla interior del escritorio para hacer la
llamada, pero lo conseguí. Llamé al 911.

—911, ¿cuál es su emergencia?

—Pongan sus billeteras, carteras y teléfonos móviles en un montón en el


centro de la sala —ordenó la voz de un hombre.

—Soy un Marshal de los Estados Unidos, Jubilee Mason y estoy en el


primer Banco del Boulevard de Coleyville.

—¿Por qué está parpadeando la luz de ese teléfono? ¿Quién está en el


maldito teléfono? —otra voz de hombre gritó.

—Posiblemente tres hombres más han invadido el banco y están


manteniendo aproximadamente a doce rehenes —dije—. Ellos están
armados y son peligrosos. Uno de ellos tiene un AK 47.

—Señor, ¿está seguro? Ninguno de los botones de pánicos ha sido


activado.

—Estoy muy seguro. Creo que posiblemente tiene a algún trabajador


infiltrado. ¿Por qué están haciéndome preguntas?, estos chicos van muy
enserio.
7
AK 47, es un fusil de asalto soviético de calibre 7,62. Fue masivamente usado durante la Segunda
Guerra Civil. (Gracias a Wikipedia).
Oí la puerta de la oficina abrirse.

—¿Señor… señor… está ahí?

Escuché los pasos y me sujeté a mí mismo, terminando la llamada. Yo


podría morir aquí. Los rostros de Kieran y de Juan se sucedieron en mis
ojos. Yo había hecho todo lo que podía.

Tenía una pistola en su funda en mi tobillo, pero no podía alcanzarla. Fue


Richard. Él miró hacia abajo.

—¿A quién llamas?

—A mi hermana. Ella está haciendo de mi niñera. —Le enseñé mi


teléfono—. Está bloqueado. No conseguí que funcionara.

Él me miró de una manera extraña.

—¿Se lo has contado a ella?

—No. Yo hablé con su buzón para mensajes de voz.

—¿Seguro que no has llamado al 911?

—Sí. Quiero decir que, no, no he llamado.

Me quitó de la mano el teléfono receptor y escuchó el tono de marcación.

—¿Cuál es el número de tu hermana?

Se lo dije. Yo no podía creer cuando él presionó los números. Recé para


que ella no cogiera el teléfono. Ella no lo hizo. La pude ver maldiciendo
por no poder coger el teléfono por estar tratando con tres caballeros.

—Huh. Él colgó el teléfono. —Buzón de voz.

Asentí. Aproveché la oportunidad. —Ella es mi niñera para mi… mi hijo


estaba molesto. Yo… escuché el ruido fuera. Quise escuchar la voz de mi
pequeño hijo. —La voz se me quebró y dejé escapar un par de lágrimas.

Sabía ciertamente que Richard no había buscado mis documentos. No tenía


ni idea que era un Marshall de los Estados Unidos. Creo que él pensó que
yo era un idiota que había llamado a su hijo en vez de al 911.
—Dame tu cartera y tu teléfono celular y sal y únete a la fiesta.

Juro que mi sangre se congeló. Si él miraba mi cartera, vería mi tarjeta de


identificación de Federal Marshall. Él me dispararía seguro. Le tendí mi
carterilla con el dinero y mi teléfono móvil.

—Levántate, vaquero —me dijo. Agitó una pistola pequeña delante de mi


cara. Él quizás lo habría sabido todo el tiempo, pero era algo que no creía
totalmente. Tomé nota sobre que era una Sig Sauer8. No era tan grande
como la que yo llevaba en mi tobillo, la cual, gracias a Dios él no había
descubierto.

Él me indicó hacia la sala principal. Vi a toda la gente tirada en el suelo


haciendo como una especie de círculo casual. Vi a una mujer y sus dos
hijos que estaban acurrucados a su lado.

¡Oh chico! Y pensé que podría haber traído a Juan aquí. La idea hizo que
un rápido escalofrío recorriera todo mi cuerpo. Intenté caminar lentamente
para observar toda la escena. Un par de personas asustadas, miraron hacia
arriba cuando pasé a su lado.

Los hombres armados llevaban todos ropa negra, debajo de sus abrigos,
escondían multitud de cosas, entre ellas chalecos antibalas, munición extra,
granadas de mano… No sabía que esperar, pero debía estar preparado para
cualquier cosa.

—Aligera el ritmo. Levanta las manos, ¡bastardo! —me dijo Richard


empujando mi espalda con la pistola. Tan pronto como pudiera, le
dispararía a este idiota. Él pensaba que era un jodido Rambo.

Richard lanzó mi billetera y mi teléfono celular en la pila junto a los demás.


No podía creer que esto estuviera sucediendo.

—¡Mira hacia abajo! ¡Hacia abajo! —otro hombre, que aparentemente era
el cabecilla gritó—. ¡Besad el suelo, hijos de puta!

8
La SIG-Sauer P226, es una pistola semiautomática fabricada por las empresas Schweizerische
Industrie Gesellschaft de Suiza y Sauer de Alemania. Tiene varias versiones en calibres 9mm
Parabellum, 40 S&W y 357 SIG. Su diseño está basado en la P220, pero la P226 ha llegado a ser
conocida como una de las pistolas de combate existentes más distinguidas debido a su fiabilidad y
durabilidad. (Gracias Wikipedia).
Richard me empujó otra vez y me tumbé en el suelo. Cuatro hombres.

Me preocupó que Richard no llevara pasamontañas. Esto no auguraba nada


bueno para sus intenciones sobre liberarnos a todos los rehenes.

Yo estaba preocupado porque vieran la funda en mi tobillo, pero los hijos


que lloraban al lado de una mujer distrajeron al cabecilla.

—¡Cállate! —gritó. Él estaba preparado para cualquier cosa y eso que esto
aún no había empezado.

En ese momento sentí un coche a toda velocidad, que al aparcar delante de


la puerta derrapó. Dos de los hombres corrieron hacia la puerta. A través de
las puertas de cristal, vi al Director del Banco llorando y en pijama,
esposado y con cinta adhesiva en la boca. Dos hombres con sus máscaras lo
empujaron a través de las puertas, tan pronto se abrieron.

Esto me preocupó porque estaba bastante seguro de que el vehículo tenía


un conductor preparado para cuando escaparan, y no era solo eso, el otro
SUV, que estaba aparcado más arriba, debería llevar otro conductor.

Miré hacia atrás al cabecilla y me di cuenta que tenía el mismo cuerpo que
el tipo que había visto guardando fila en la cola del banco mientras hablaba
con Chrissy. Él andó para asegurarse de que todo iba bien. Había
mantenido un ojo en Richard, pero incluso había estado nervioso. Él era un
hombre desesperado. Eso no significaba que él fuera brillante. Pero los
hombres desesperados eran hombres peligrosos.

Pero si yo sobrevivía a esto y ellos conseguían el dinero, podría


identificarlo.

El señor Lindstrom nos observó a todos nosotros, cuando ellos lo


empujaron por la puerta. Vi el horror en sus ojos. Ahora supe por qué
estaba retrasándose. Él, también había sido un rehén. Yo sabía que él tenía
una esposa y niños y esperé que ellos estuvieran bien.

Por un segundo nuestras miradas se quedaron conectadas.

—Ahora, podemos hacer esto de la forma fácil o de la difícil —dijo el


cabecilla—. Abre la cámara acorazada, conseguiremos el dinero y
seguiremos nuestro camino.
El señor Lindstrom dijo algo que no pareció ser un sí, pero era difícil
entenderlo puesto que él tenía la cinta adhesiva sobre su boca.

—¡Eso no ha sonado como un sí! —gritó el cabecilla. Él golpeó al Director


del Banco con su pistola en la cabeza. Vi con incredulidad como Lindstrom
caía al suelo. De la herida manaba sangre.

—¿Estás loco? —Gritó Richard—. ¡Es el único que conoce los códigos!

—Dijiste que tenías un plan de contingencia —le dijo el cabecilla.

—No… Te dije que necesitábamos uno.

Mierda. El cabecilla se arrodilló y trató de despertar a Lindstrom. Los


niños, ahora, estaban sollozando, su madre al no tener permitido moverse,
lo único que pudo hacer fue ponerles su brazo por encima para intentar
calmarlos y tranquilizarlos. Miré a mí alrededor. Richard había estrado en
pánico.

—Iré a por el kit de primeros auxilios —dijo él antes de salir corriendo de


la sala.

Lindstrom comenzó a volver en sí, yo no estaba seguro si aquello era una


buena o una mala idea.

Estuve buscando todas las salidas, tratando de encontrar un plan para


salvarnos, cuando capté la mirada de un hombre bien construido, alto y de
cabello moreno. Estaba vestido con pantalones vaqueros y camiseta azul
marino de manga corta.

Policía. Él era un policía. Yo podía sentirlo pero no sabía por qué. Fue solo
una impresión que me hizo reconocerlo. Estiró su mano hasta alcanzar su
teléfono móvil en la pila. Mierda. Sacudí mi cabeza y se detuvo. Me di
cuenta del tatuaje en la parte anterior de su antebrazo. Parecía una especia
de tatuaje militar.

Richard regresó. Él y uno de los otros atracadores consiguieron poner a


Lindstrom de rodillas.

—Estoy bien, estoy bien. —Lindstrom gimió cuando arrancaron la cinta


adhesiva de su boca.
No, no estaba bien. Uno de sus dientes había caído fuera junto a una
bocanada de sangre.

—¡Dios, ha perdido un diente! —Richard pareció débil para ser un


atracador de bancos.

Cogió una gasa del kit de primeros auxilios y la pasó por la cara de
Lindstrom. Lindstrom tosió sangre. Hombre, él se había golpeado duro
contra el suelo.

—Llevadlo a la bóveda —ordenó el cabecilla.

Aproveché la situación en la que los cuatro hombres enmascarados y


Richard estaban distraídos, para llegar a la funda y saqué mi arma. La
guardé debajo de mi camiseta.

El cabecilla pareció sentir que algo pasaba, pero al volverse nos encontró a
todos nosotros allí, aún tumbados sobre el suelo. Mi mirada y la del hombre
de cabello moreno se encontraron, él me guiñó un ojo. Señaló la puerta.

Y yo supe lo que era.

—Maldito infierno —gritó el cabecilla—. ¡La policía está aquí!

Mierda.

Richard sabría que había llamado al 911, pero ahora él parecía estar
ocupado gritándole a Lindstrom. Escuché algo acerca de “reemplazo”.
Tuve la sensación de saber qué es lo que había ocasionado los problemas
del viernes, la bóveda no abría.

—Los códigos no son correctos, fueron reemplazados. No puedo hacerlo.


—Lloriqueó Lindstrom.

Fuera, escuché el impresionante sonido del intercambio de disparos. Los


ladrones claramente tenían a algunos cómplices.

Silencio.

Cuando miré a atrás, vi a dos hombres enmascarados en la puerta, me


sobresalté. ¿Cuántos de ellos habrían allí?
El hombre del cabello oscuro había conseguido alcanzar su teléfono móvil
y lo abrió. No tenía idea de qué pensaba él que podría hacer con el
teléfono… ¿mandar un mensaje a los chicos malos?

Los dos hombres enmascarados que había enfrente reaccionaron. Escuché


las sirenas de los coches de policía. Muchos de ellos.

El tipo del que sospechaba que pudiera ser un policía me estaba mirando.
Él estaba intentando comunicarme algo, pero, ¿qué?

Él ahora tenía su teléfono y estaba preocupado por que los ladrones lo


atraparan. Vi como deslizó el teléfono bajo la palma de su mano y con la
otra mano hizo un gesto con sus dedos. Unas cuantas personas a nuestro
alrededor, ahora estaban mirando. ¡Santo Gato! ¡Él estaba intentando
decirme que también estaba armado!

De acuerdo. Yo tenía apoyo. Parecía que esperaba mis instrucciones. Sí,


bueno, aquello tenía sentido desde que tenía mi arma bajo la camiseta.

Dos de nuestros captores regresaron desde la parte de detrás del banco.

—Él tiene los códigos de acceso. Nosotros cogeremos el dinero y…

—Atención: Les habla el teniente Frank Jervis del Departamento de policía


de Colleyville. Tenemos el edificio rodeado. No hay posibilidad de escape.

Un teléfono sonó en el banco.

Nadie se movió.

—Contestad al teléfono e identificaros —ordenó el teniente desde fuera.

Los hombres armados llamaron al jefe.

—¿Qué hacemos jefe? —preguntó uno de ellos, mientras observaba a


través de las puertas de cristal.

—Empezad a empaquetar el dinero. Le enseñaremos a esos mierdas que


nosotros vamos en serio. Comenzaremos a disparar a los rehenes de uno en
uno. ¡Comenzando por esos niños ruidosos y molestos!

El teléfono se mantuvo sonando mientras él apuntaba con su rifle, pero yo


fui más rápido, nuestra ventaja era que él no esperaba que yo estuviera
armado. Agarré mi pistola y disparé a su cabeza. Voló hacia atrás
impactando contra el suelo. Su arma rodó. Todo el mundo comenzó a
gritar.

Y fue cuando se desató el infierno. Disparé a otro de los secuestradores


mientras que el tipo del cabello oscuro hacía lo propio desenfundando su
pistola desde el tobillo. Él disparó a Richard, que había agarrado a uno de
los niños. Richard estaba armado pero el arma voló de su mano con el
disparo.

Dos de los secuestradores comenzaron a disparar hacia atrás pero le di a


uno en el hombro y mi cómplice disparó contra la rodilla del otro. Él se
retorció en el suelo.

Alcé mis pulgares frente al tipo de cabello oscuro. Él asintió con la cabeza.

El ruido de pasos me distrajo. Disparé una vez más a uno de aquellos tipos
que me disparó. Ambos fallamos. Otro de aquellos tipos fue abordado por
un par de rehenes y otro salió corriendo y huyó.

Intercambié un par de disparos con el tipo que habíamos fallado antes y lo


alcancé en su hombro.

Varios policías entraron, con sus armas desenfundadas. Richard gemía en


el suelo cuando ellos lo arrastraron por su pie.

—Él me disparó. —Lloriqueó, señalando al extraño hombre de pelo oscuro.

—Tienes suerte de que no te haya matado —él le replicó.

Este chico no hablaba como un texano. Él tenía un tipo de acento diferente.


De hecho, él hablaba como… Kieran. ¿Sería Canadiense? Busqué al señor
Lindstrom y lo encontré en el suelo de la bóveda. Mi amigo del cabello
oscuro estaba justo detrás de mí. Vi las bolsas de dinero mal colocadas por
las prisas y repletas de fajos de billetes, listas para salir corriendo, me
detuve y me agaché junto a Lindstrom para tomar su pulso.

Muerto. ¡Malditos!

Cuando me giré, él chico me estaba observando. —Me llamo Nicholas


Fournier.
—Eres Canadiense.

—¿Lo dices por mi acento?

—Sí, y por tu nombre.

—¡Bueno, solo quería decir que eres impresionante y cuando haya una
guerra nuclear, iré contigo!

Sonreí y estreché su mano. —Y yo querré que estés conmigo, amigo. —Vi


sangre en mi mano y me pregunté de donde habría salido.

—Mi nombre es Jubilee Mason —me presenté—. ¿Eres policía o militar?

—Era militar, en operaciones especiales, unos cuantos años atrás y


entonces bien… Me uní a la OPP9… ah… —él dijo cuando yo lo miré
sorprendido—. Policía Provincial de Ontario. Detective, escuadrón de
antivicio.

Asentí. —¡Vaya!

Aunque había sucedido tanto a nuestro alrededor, yo me sentía fascinado


por conocer a otro canadiense en Dallas, por no mencionar que el tipo tenía
muy buena pinta. ¿Qué estaba ocurriendo con estos hombres canadienses?.
¿Serían todos tan guapos?. Este, parecía un Dios griego, la piel color
bronce, cabello negro azabache… mierda… y los ojos azules. Y mi
Kieran… bueno, él podría detener el tráfico.

—¿Qué te trae por aquí? —pregunté, recordándome a mí mismo, que yo


era un hombre casado, al menos bajo la ley canadiense, yo no era ciego.
Estaba bien mirarlo. Mierda, Kieran lo hizo demasiado aunque él lo negó.

Nicholas Fournier me dio una tímida sonrisa. —Estoy de vacaciones, vine


aquí para conocer a alguien con quien hablo por internet. Déjame decirte,
que nunca hagas algo así. Es un gran error. —Él negó con la cabeza—.
Ahora me patearía a mí mismo.

—A todo el mundo le sucede alguna vez.

9OPP, son las siglas en inglés de la Policía Provincial de Ontario. En España se asemeja a los Cuerpos
de Seguridad de las Comunidades Autónomas. La OPP, tiene jurisprudencia sólo en la provincia de
Ontario, ejercen sus funciones tanto en tierra como en agua. (Gracias a www.opp.ca).
—Sí, bueno —el murmuró y entonces suspiró.

—La suerte te ha jugado una mala pasada y te ha traído al banco.

—Vine a mirar mi cuenta. Nací en Texas.

—¡Oh!, así que tú tienes doble nacionalidad como… —Me detuve. No


había necesidad de explicarle la historia de mi vida, aunque por alguna
razón sentí cierta facilidad para hablar con este chico. Quizás porque de
alguna manera me recordó a Kieran.

Él levantó una ceja.

—Ah, es solo este chico lo sé… —sonreí—. Así qué ¿cuál es tu historia?

—De acuerdo, mis padres fueron corresponsales de guerra. Mi madre es de


Grecia y mi padre de Canadá. En el año ochenta y seis, cuando Reagan era
Presidente, hubo algunos ejercicios de navegación en el Golfo de Sidra, la
flota sufrió un ataque de misiles libios y los Estados Unidos respondieron
con más misiles. Mis padres se conocieron durante ese tiempo y se
enamoraron. Ya en EEUU, ellos estaban trabajando sobre alguna historia y
unos cuantos meses más tarde nací.

—Una historia romántica. —Sonreí.

Él me devolvió la sonrisa. —Y tú eres algún tipo de policía, ¿cierto?

—Soy un US Marshal.

—Siempre he estado interesado en esa rama de aplicación de la ley.

—Si bueno, nosotros podríamos usar a alguien parecido…

Sentí una presencia y vio a Chrissy. ¿Qué estaba ella haciendo aquí en la
bóveda?. Vi su mano venir y fue demasiado tarde, yo distinguí el arma en
su mano. Ella dio un disparó, entonces disparó de nuevo. Nosotros
intentamos esquivar los disparos sin caer al suelo.

Alguien la agarró y ella gritó.

—La pistola de Richard —murmuró Nicholas—. Hombre, ella ha estado


muy cerca de ti.
Me estaba sintiendo muy extraño ahora. Mi corazón estaba latiendo
rápidamente y mis piernas comenzaron a temblar.

—¿Estás bien? —él me preguntó poniendo una mano sobre mi hombro.

—No. No lo estoy.

Él me miró. Yo miré abajo y fue cuando vi la sangre brotar. Joder. Esto era
por lo que me sentía tan mal. Uno de los disparos me había alcanzado.

Me hundí en el suelo mientras la voz de Nicholas Fournier sonaba en mis


oídos.

—Sólo aguanta aquí, Marshal. Voy a conseguirte ayuda.

Floté fuera de mi cuerpo. Oh, el dolor… el dolor era tan fuerte que no
quería volver. Quería flotar, sentí un calor dorado que parecía sujetarme.
Miré mi cuerpo tirado sobre el suelo. Sorprendido por haber recibido un
disparo.

Todo lo que podía pensar era que Chrissy había estado aquí pero yo no
había pensado que ella estuviera implicada. Oh Dios, ella se había hecho
pasar por un rehén más. Creía que había abandonado el banco, pero quizás
ella se habría escondido en alguna parte o se habría ido del banco y luego
volvió.

Y entonces vi el rostro de Kieran. No… yo no podría estar sin Kieran. Yo


no podía dejarlo atrás.

Helado. ¿Estaría Juan preocupado porque no hubiera vuelto aún? ¿Cómo


haría para aguantar una nueva oleada de dolor?

Me sentí flotar un poco más y vi a mi hermana entrar corriendo en el banco


mientras gritando asustada. Ella llevaba a los tres chicos con ella y ellos
estaban llorando.

Nicholas llegó con los paramédicos. La mirada de mi hijo me trajo de


vuelta.

Mi hijo, quién me amaba. Deseé poder habérselo mostrado a los de CPS


quienes pensaban que yo no era suficientemente bueno para quererlo.
Luché por volver cuando Nicholas Fournier me habló. Vi a los policías
sujetando a los chicos, los tres peleaban para llegar a mí. No quería
abandonarlos. Y entonces oí la voz de mi padre.

—Ve a buscarlos vaquero.

Y entonces el mundo se volvió blanco.


Capítulo 2
—¿Por qué tenemos que volar a Washington en un vuelo comercial? —
Sean me preguntó justo cuando el avión comenzó a rodar por la pista del
aeropuerto Dallas/Fort Worth. Sospeché que él sabía que era un pregunta
estúpida y solo quería crear conversación. Yo estaba en modo pensativo y
no le había dicho más que unas cuantas palabras al pobre chico desde que
lo había recogido en su casa hacía dos horas. Sean ya conocía el
procedimiento. El Departamento de Marshals de los Estados Unidos no iba
a financiar un vuelo JPATS10 para llevarnos a Washington para recoger a
Yan Bradley. La única razón por la que no íbamos a escoltarlo de vuelta en
un vuelo comercial, era porque el tipo había sido etiquetado como un
peligroso delincuente.

Di a Sean una mirada.

Él se rio. —Conozco esa expresión.

El avión estaba comenzando el despegue. Incliné mi cabeza atrás y cerré


los ojos. Odiaba este tipo de asignaciones. Además, yo odiaba todo lo que
tenía que ver con estos trabajos demasiado rápidos. Todo el trabajo que yo
había hecho desde que recibí la formación acelerada de capacitación hacía
un año, para la US Marshals, era asignado a este tipo de trabajos de mierda,
escoltando asesinos, personas ilegales y protección de testigos antes de
presentar sus testimonios. La supervisión en la corte, era lo peor. Yo era un
policía encubierto, no una niñera. Y por alguna razón, ahora me cargaban
con este novato. No me malinterpreten. Él era inteligente, bastante bien
parecido, aunque siempre tenía a Jubilee bien presente, yo no lo estaba
mirando… y el tipo tenía las hechuras de un buen oficial de la ley.

10JPATS, son las siglas en inglés de Justice Prisoner and Alien Transportation Service, es algo así como
un transporte especial para prisioneros peligrosos, en un determinado periodo de tiempo. (Gracias a
Abreviationfinder y Monografías).
Sabía que este hombre grande y musculoso había completado el curso de
capacitación completo en Georgia. Aprobó con honores. Era entusiasta y
estaba siempre dispuesto, había momentos en los que me recordaba a un
joven e impaciente cachorro… y ahora, esto me estaba irritando como si el
infierno me tragara.

Mi cabeza y mi corazón estaban teniendo un enfrentamiento por ponerse de


acuerdo, y yo no estaba seguro sobre quién quedaría en pie. Si el fanático
líder de la secta no hubiera puesto en mis manos a Juan para que lo
comprara, Jubilee y yo estaríamos trabajando para la policía de Vancouver,
en estos momentos estaría yendo a nuestro hogar en Canadá. Nuestro
matrimonio estaría reconocido y yo estaría asignado en alguna operación
como policía encubierto, que eso era para lo que yo nací. Pero observa, el
amor me había llegado de una manera grande. Me gustó esa gran manera
de llegar en la forma de Jubilee Mason. No podría hacer nada sobre eso. Ni
podría ni querría darle la vuelta. Él estaba dispuesto a trabajar en Canadá,
sin preguntas, pero ahora teníamos a Juan. Pensé que por ahora él era
nuestro, pero la política de este país estaba pateando mi culo, de un modo
doloroso. Mi paciencia se estaba agotando. Jubilee se estaba preocupando.
Cuando recibí la carta, seriamente, pensé en coger a Jubilee y a Juan y
escapar.

Dos US Marshals, fugitivos de la ley. Mierda. Ellos estarían


transportándonos a los EEUU en un vuelo de Prisioneros de la Justicia en el
Sistema Alien de Transporte.

—¿Sabías? —me preguntó Sean, leyendo nuevamente el manual—, que


aproximadamente trescientos mil prisioneros son transportados por JPATS
cada año?

Lo miré. ¿Acaso el niño se había vuelto ahora un lector de mentes? —


¿Es eso cierto? —murmuré ajustando mis gafas de sol.

—Sí. Esto debe ser algo costoso.

Su rodilla se había rozado con la mía, y yo moví mi pierna.

Él murmuró que lo lamentaba. Sospeché que no era un accidente. Yo tenía


la sensación que Sean Mercado era gay y estaba aterrorizado de decírselo a
alguien. También sospechaba que él se encontraba atraído por mí. Tal vez
solo había sido un accidente, o simple admiración, o… algo. Yo esperé que
nada de eso fuera cierto.

Yo no le había dicho a Sean Mercada algo sobre mi vida privada. Después


de todo, nosotros sabíamos poco el uno del otro. Aunque me figuré que él
sabía sobre mí y Jubilee. Jubilee había decidido salir ante sus superiores
poco antes de venir a Vancouver y contármelo a mí. Escuché los
murmullos típicos, aunque nadie había sido capaz de tener el valor y hacer
algún comentario sarcástico sobre alguno de nosotros.

Yo sabía que hablaban de nosotros. Y no me importaba nada. Había estado


fuera durante años, y nadie iba a empujarme a entrar al armario otra vez.
Jubilee también estaba fuera, y él se ha esforzado porque no le importasen
los pensamientos o comentarios de los demás, para él fue más difícil.

No tuve mucho valor. Cuando le dije a Jubilee que deberíamos hacer


nuestra vida en Dallas y me esforcé en describirle como sería nuestra nueva
vida en la ciudad. Yo estaría trabajando en un excitante trabajo como
policía encubierto. Tendríamos a Juan como nuestro hijo, veríamos a
Pauline y a los chicos, y despertaríamos cada mañana uno al lado del otro.
La realidad fue, que mi trabajo me absorbía, parecía que nos iban a quitar a
Juan en cualquier momento, no podíamos ver o estar con Pauline siempre
que queríamos por nuestro horarios, y la única manera de estar con los
niños era cuando hacíamos de canguros unos de otros, y algunas veces
Jubilee y yo no podíamos despertarnos juntos debido a los cambios de
horarios. Desde la última vez que Jubilee y yo tuvimos sexo había pasado
una semana.

Me sentía frustrado y lo sentía por mí mismo.

Sean de repente me ofreció el manual e hizo hincapié. —Lee esto.

—Ya he leído este libro —le dije—, tiene una trama débil.

—Kieran, vamos. —Había vuelto a empujar el libro hacia mí—. Aquí dice
que no podemos dejar al chico que vaya al baño, solo pueden ir al baño
cuando estemos detenidos en alguna ciudad esperando para a ir a otra. Este
punto no es muy humano.
Me reí. Sean pareció bastante amable. Siempre tenía en cuentas esas cosas
de humanidad. Eso es lo que distingue como un novato. Después de unos
años, él le diría al tío que se meara en sus pantalones.

—Estás riéndote otra vez —dijo.

—Eres gracioso. Escucha, Sean —me quité las gafas—, cuando


aterricemos en Washington, nosotros bajaremos e inspeccionaremos el
avión. Él estará allí. El preso estará en el avión, esperando. No habrá
ninguna parada. Volveremos directamente desde Washington. Eso es todo.
Si no puede aguantarse durante dos horas, bueno… él tiene un problema de
próstata. La luz del cinturón de seguridad permanecerá encendida todo el
tiempo. De esa manera serán las cosas.

—¿Qué sucede si alguien tiene un problema?

—El informe no dice nada sobre esa información.

—No, dice que es un cerdo asqueroso.

—Correcto. —Cerré mis ojos otra vez.

—¿Tú piensas que es cierto que él violó a dieciséis hombres?

—Uno de ellos solamente tenía catorce años. —Resalté esa información.

—Él niega que abusara de ese muchacho. Ellos no tienen suficientes


pruebas para condenarlo por ese chico.

—Es el tribunal quién lo decidirá.

—Él fue una víctima de abuso.

—Um, no hizo lo correcto.

—No, pero eso lo explica más aún. Él creció en una institución donde lo
molestaban sexualmente. ¿Crees que él se podría estar vengando o algo
así?.

Lo miré. —No soy un psicólogo. No sé cual pudo ser la motivación, Sean.


No me importa. Nuestro trabajo es llevarlo a Dallas para que se enfrente a
la justicia.
—¿Por qué crees que llevó tanto tiempo encontrarlo?

—Todos sus abusos y crímenes, ocurrieron durante los últimos diez años y
encima fueron denunciados por hombres gays. Ese es el motivo que llevara
tanto tiempo.

—Suenas enfadado.

No era lo que pretendía. Solo era ese tipo de sensación que venía de vez en
cuando.

—¿Estás diciendo que nadie se preocupaba por el asunto porque las


víctimas eran gays?

Lo miré. —La última víctima solo tenía catorce años. Era el único que no
estaba conectado con la comunidad gay. Tuvo que bajarse los pantalones y
enseñarle su culo a la policía.

Sean tomó asiento nuevamente en su lugar. Después de unos pocos


minutos, él dijo. —Tienes razón. No creo que la ley se aplique para todos
de igual manera. Es una cultura machista, ¿no?

Giré mi cabeza para mirarlo. —Sí, lo es.

—Los únicos hombres gays que pueden hacer que la ley sea igual a todo el
mundo son aquellos que se ocultan bien, pueden pasar… ya sabes cómo…
—Él se detuvo.

—¿Cómo yo? —le sugerí.

Asintió en silencio.

—Así, que tú lo sabes.

—Todos lo sabemos. Ellos hablan en el vestuario. Hay conflictos. —Él


rio—. Saben que te enviaron una invitación personal para que te unieras a
los Marshals. También saben que eres un crack, el mejor e incluso puedes
hacer historia. Tienes medallas y esas cosas, y tu padres es Nigel Fox. Te
admiran pero ellos… bien… tú no eres… hetero. No lo asimilan.

—Nunca seré uno de ellos porque no quiero serlo —le dije.


—Algunos de ellos dicen que no es cierto. Ellos dicen que es solo un
rumor.

—Eso es interesante. Quizás ellos estén en lo cierto.

—Es igual que Jubilee, ellos piensan que él volverá en algún momento.

—¿Cómo que volverá? Él apenas es un adolescente. ¿Ellos piensan que es


una fase?. Quizás este canadiense marica malo lo ha corrompido. Bueno,
todos sabemos que los hombres gays la chupamos mejor.

Sean sonrió. —¿Me lo estás diciendo a mí?

—Ha, ha, —murmuré—. No importa. Abre tu libro.

—Es todo bonitamente estúpido —comentó Sean—. Es justo como Jubilee


Mason, es tan grande como la vida. Me volví Marshal debido a él.

—Bueno, él puede entrenarte.

—No es gracioso, Kieran.

Me reí.

—Ha sido líder del equipo de los Marshals en los casos que se convierten
en sueños húmedos. Es difícil relacionar que sea gay con su imagen.

—Es un espejismo.

—Se serio.

—El asunto es, que podemos pasar, así… —dije firmemente.

—Ellos pueden fingir. Quizás algún día iré vestido con un traje de
bailarina.

—Eso será algo que me gustaría ver.

—No aguantarías la respiración.

—Lo mejor hubiera sido quedarse en el armario… Supongo.

Entonces me senté y lo miré. —¿Eso es realmente lo que piensas?


—Yo… —Se encogió de hombros—. No quisiera pasar… usted… por
esto… salir de esto…

—¿Por qué la gente sepa que eres gay?

—Nunca he dicho que sea gay —espetó.

—Sean, Cristo, vamos. Me has analizado desde el primer día que nos
vimos. Mi gaydar se encendió como una alarma cuando nos conocimos por
primera vez.

—Usted tiene un… gran ego —él murmuró, entonces agregó—, señor.

Él me miró como si yo pudiera dispararle, lamentó hablarme sobre ese


tema. Comencé a reír.

—¿Qué? —preguntó, mirándome inquieto.

—Me matas, Mercado.

—Estoy… bien… usted no le dirá a nadie, correcto?. Yo sólo podría estar


experimentando eso y ya está.

Suspiré. —No. El asunto sólo te incumbe a ti. Pero piensa sobre esto. —Me
encontré con su mirada—. Los hombres en Arabia Saudita, nos cortan la
cabeza y lo celebran con las cabezas en sus manos enseñándolas por la
calle.

Él guardó silencio por un segundo. —Discúlpeme, señor —él dijo


rígidamente—, no soy el responsable de lo que le ocurre a cada hombre
gay en el planeta.

—¿No lo eres?

—Es canadiense —se quejó él.

—¿Qué importa eso?

—Quiero decir, que piensas de un modo divertido.

—¿Pienso divertido?

—Ya sabe. Vamos a encajarlo, señor. No hablaremos más sobre este


asunto.
—Bien, así que entonces, tú pararás de analizarme.

Él asintió con la cabeza.

—De acuerdo, lo intentaré.

—Y mueve tu rodilla. —La empujé lejos de la mía.

Unos cuantos segundos después, escuché como se reía. Cerré mis ojos y
sonreí.

Cuando nos bajamos del avión en Washington, una furgoneta sin marca ni
matrícula, estaba detenida próxima al Boeing 727. Tres guardias
fuertemente armados estaban de pie alrededor del avión. El motor estaba en
marcha. Tan pronto como nos vieron a Sean y a mí con nuestras chaquetas
Marshals, uno de ellos caminó hacia nosotros.

—¿Fox?. —Él era un hombre fornido con un porte agresivo, y una placa
alrededor de su cuello que se movía con el movimiento. Todo el equipo
estaba colocado en su posición. Él me tendió su mano.

Se la estreché.

—Soy Jack Newman. —Él miró a Sean.

—Mi compañero de trabajo, Sean Mercado —añadí.

Los dos hombres se estrecharon la mano.

—A bordo hay ahora dos hombres con él, están esperando. Él ha sido
instalado. —Jack Newman me pasó el portapapeles con unos documentos
que necesitaba para firmar. Puse mis iniciales en la parte inferior indicada
para verificar la entrega—. Él habla mucho —agregó Newman—, no se
calla. No parece tener ningún remordimiento. Es un hijo de puta enfermo.
Estamos deseando deshacernos de él.

Sean lo miró con recelo.

Devolví a Newman su portapapeles. —¿Equipo en su lugar?

—Piloto y copiloto preparados para salir. Debería ser un bonito trabajo. —


Newman me dio un pequeño saludo. Me dirigí a las escalerillas,
señalándoselas a Sean.
Fui recibido por el piloto y el copiloto en la puerta. Intercambiamos saludos
y nos presentamos, ellos procedieron a caminar hasta el final de pasillo,
donde la cabina se encontraba. Una mujer Marshal se encontraba de pie
haciendo guardia sobre el prisionero. Cuando ella nos vio, asintió
cortésmente.

—Es todo suyo, señor —dijo ella, caminando rápidamente hacia la salida
del avión.

Yan Bradley estaba sentado entre dos asientos libres, uno a cada lado suyo.
Había sido esposado y atado con una cadena que lo sujetaba en el vientre y
complementaba el sistema de sujeción de seguridad del pasajero.

Señalé al asiento interior y Sean se deslizó junto al preso tomando asiento.


Yo tomé asiento en el exterior. Hasta el momento, Bradley no había dicho
una palabra. Permaneció en silencio observándonos hasta que tomamos
asiento. Era un hombre en sus cuarenta, con el pelo castaño y ojos oscuros,
delgado pero musculoso, no era el tipo de hombre con el que se quiere
luchar. Cuando lo miré, el conoció mi mirada y sonrió.

El avión comenzó a moverse hacia adelante y Bradley dijo —debe ser mi


cumpleaños.

No me molesté en comentar.

Bradley movió sus hombros, haciendo contacto con mi brazo. —Espero


poder tocar mi polla. Me gustaría una verdadera fiesta. Todo lo que ellos
me estaban ofreciendo era coño. Supongo que ellos estaban esperando para
darme el verdadero trato. Um. Puedo oler la testosterona. Dos bellezas.
Podríamos tener una verdadera fiesta.

Giré mi cabeza y lo miré. —La única fiesta que vas a tener, Bradley, va a
estar en una celda de aislamiento.

Me sopló un beso. —Todavía podría pajearme pensando en ti.

Me reí. —Puedes masturbarte tu solo. Espero que te masturbes tan fuerte


que lo único que consigas sea sangrar. Me burlé.

Se giró hacia Sean. —¿Él siempre te folla, cariño?


—¡Cállate! —le dijo Sean.

Bradley se giró hacia mí. —Él quiere que seas malo. Tú jugando duro,
¿haciéndolo tu prisionero?

Yo estaba perdiendo la paciencia. Y no podía golpearlo. Él había sido


esposado y bien atado. No tendría excusa para hacerlo. Era solo bla, bla,
bla, pero yo no tenía ningún estado de ánimo. El avión se elevó en el aire.
Dos horas, eso es todo. Podría hacerlo.

—¡Ey, chico! —él le dijo a Sean—. Eres tan dulce. ¿Sueñas con tu gran,
apuesto compañero, mientras él bombea en tu dulce culito?

—¡Escucha, idiota! —Sean estaba con medio cuerpo fuera de su asiento.

Fui rápido y lo agarré por su brazo. —Siéntate —le dije. Él se estaba


dejando provocar. Si tenía una alguna pequeña duda sobre la lucha interna
de Sean por su sexualidad, ahora se había disipado. Bradley no era solo un
monstruo sádico, era también muy buen observador—. Sólo intenta
provocarte. Relájate e ignóralo.

—No soy yo, chico, quién le da a él su lugar. Eres definitivamente tú,


Kieran Fox.

Lo miré. Yo no le había dicho mi nombre. Mis ojos brillaron. —¿De qué


me conoces?

—Vi tu foto. —Pasó la lengua entre sus labios—. Eres una celebridad.
Ellos dijeron que tienes un gran futuro. —Su mirada me recorrió desde
arriba hasta abajo—. Eres un buen partido… me matas… ah bien, Kieran.
—Él rio con su propia broma—. Tienes todo lo que se necesita.

—Eres un enfermo de mierda —le dije—. Cállate. Jódete tú mismo.

Él se estuvo quieto. Por un momento, pensé que él pararía de hablar y se


dormiría. No hubo suerte. Veinte minutos después, él volvió a la carga.

—¿Qué te gusta, Kieran, el sexo duro?

—Es Marshal Fox. —Me encontré con su mirada.


—Marshal Fox, señor. Te gustaría hacértelo con él, ¿no? ¿Cuántas veces al
día te follas esta dulce carne a mi lado? ¿Grita cuando se la clavas?

Advertí a Sean con mi mirada, al ver el enojo en su rostro. Miré la hora.


Quedaba otra hora. Me sentí como si necesitara una ducha. Bradley estaba
sudando. Yo juré que el tipo tenía algo muy duro. Mierda. ¿Por qué me
pasaba esto a mí?

Sean se puso enrojecido mientras buscaba mi mirada. Lo miré. —Por qué


no vas y te echas un poco de agua en la cara, así de paso estiras las piernas.

—Las luces del asiento están encendidas —dijo él.

Suspiré. —Que se jodan. Es una orden. Hazlo.

—Ese es el modo. —Bradley rio—. Ya veo, eres un auténtico Dom.


Nosotros podríamos hacer un buen equipo.

Sean fue al baño y agarré a Bradley por el cuello del mono y le levanté la
cara. Él inclinó la cabeza hacia atrás y yo lo miré desde arriba. —Ahora,
escúchame. Te diré esto una sola vez. No quiero volver a sentir una sola
palabra de tu boca, ¿lo has entendido?. —Deslicé mi arma y le apunté en la
sien. Sus ojos se abrieron alarmantemente—. Te dispararé. Diré que te
indispusiste y tuve que llevarte al baño, le robaste el arma a mi compañero.
Yo tuve que dispararte. ¡Qué enorme pérdida para la sociedad!. ¿Te ha
quedado claro, bastardo?

Asintió con la cabeza, mientras retiré mi arma lentamente. La guardé en la


funda y tomé asiento. Cuando Sean volvió, Bradley estaba en silencio. De
hecho, no dijo una sola palabra el resto del viaje. Supongo que todo lo que
tenía que decir lo dijo para sus adentros.

Nunca había sido tan feliz en mi vida. Sean y yo cogimos a Bradley cada
uno por unos de sus brazos y lo escoltamos fuera del avión. Una Van de los
Marshals estaba esperando a pie de pista. Dos Marshals vinieron a
recibirlo. Respiré de alivio y Sean y yo caminamos hacia los aparcamientos
para recoger mi vehículo. Había notado que Sean no había dicho ni una
sola palabra desde que habíamos aterrizado.

—¿Te encuentras bien? —pregunté.


—¿Cómo puede ser tan espeluznante? —él murmuró.

—Noté que había algo trabajando en su cabeza. —Él es un enfermo. No


tienes que tomarte nada de lo que haya dicho en serio.

—¿Y sí él tiene razón? —él me preguntó, encontrando mi mirada.

No asimilé lo que él me dijo. Moví la cabeza como si no lo hubiera


escuchado y entonces mi teléfono móvil comenzó a sonar. Era Pauline.
¿Qué habría hecho el diablo para que ella me llamara?

Sean siguió su camino. Cogí mis llaves y contesté. —¿Hola?

—¡Kieran! Gracias a Dios. Te he llamado un montón de veces pero no


contestabas y… —Ella comenzó a llorar.

Apreté el teléfono. —Pauline. Cálmate. ¿Qué ocurre?, ¿sucede algo?, ¿está


todo bien?. Ponme a Jubilee al teléfono.

—Yo… yo… no puedo.

—¿Qué significa, que no puedes?

Sean volvió a donde yo estaba, mirándome de un modo curioso. Él escuchó


el pánico en mi voz.

—Yo… ¡oh Dios!, Kieran… es Jubilee.

—¿Qué? ¿Qué ha ocurrido? ¿Dónde está él? ¡Pauline, Jesús!

—Le han disparado.

—¡Disparado! —Corrí a mi coche, haciéndole gestos a Sean, quién me


siguió. Introduje la llave en la cerradura y conseguí meterme tras el
volante—. ¿Dónde está? ¿Qué ha sucedido?

No dijo nada. Pauline sollozaba. Di un fuerte golpe con mi puño en el panel


del ordenador de a bordo. —¿Dónde está él?

—Baylor… él está… ¡oh Dios, Kieran… date prisa.

—Los chicos, ¿dónde están? ¿Está Juan bien y…?.

—Si… estaba en el banco… ¡date prisa, Kieran… oh Dios!


No podía conducir. Ni si quiera era capaz de pulsar el botón para el
arranque. Sean tomó las llaves y cambiamos nuestros sitios. —¿Dónde
vamos?

—Al Hospital Universitario de Baylor. ¿Sabes cómo llegar allí?

—Sí —dijo él.

—Date prisa.

—¿Qué ha ocurrido? —preguntó Sean, mientras salíamos de la zona de


aparcamientos.

—No lo sé —respondí, moviendo mi cabeza—. Ella dijo que dispararon a


Jubilee. Jesús, él aún no estaba trabajando. Estaba en el… banco. —Cogí el
teléfono y llamé al Marshal Holiday, él era el encargado de personal.
Después de tres toques, descolgó el teléfono—. ¿Kieran?.

—¿Qué demonios le ha pasado a Jubilee?. Ahora voy camino del hospital,


Pauline me llamó, estaba llorando. Ella dijo algo sobre el banco ¿qué le
habían disparado?. ¿Cómo ha sido?, ¿qué mierda está pasando?.

—Kieran, tranquilízate.

—¿Qué me tranquilice? No puedo tranquilizarme. ¿Qué ha ocurrido?

—¿Dónde estás?

—Voy de camino al hospital con Sean. ¡Jefe!

—Él está en cirugía. Hubo un robo en el banco. Afortunadamente había un


policía que estaba de vacaciones allí, y entre los dos se las arreglaron para
doblegar a…

—¿En cirugía? ¿Dónde le dispararon?

—Kieran. Solo ven aquí.

Se me cayó el teléfono al suelo. Sean lo recogió. Apretó mi brazo. —Estoy


aquí. Todo va a ir bien.

Me sentía medio loco cuando llegamos al hospital. Corrí por las escaleras
mientras Sean iba a aparcar el coche. Pauline estaba moviéndose nerviosa
delante de la zona de cirugía. Cuando ella me vio, se abalanzó sobre mí y
se metió entre mis brazos. Yo no podía confortarla. Yo tenía que ver a
Jubilee.

—¿Dónde está él? —La sacudí—. ¿Cómo de malo ha sido?

Ella sacudió la cabeza. —Los médicos no lo saben. Van a sacar la bala.


Recibió un disparo en el estómago y… —Ella respiró—. No están seguros
si hay algún órgano importante dañado. Había mucha sangre.

—¿Cuánto tiempo lleva ahí dentro?

—Dos horas al menos. Ellos no nos dicen nada. Nicholas está cuidando a
los niños. Está entreteniendo a los niños en el parque.

—¿Quién demonios es Nicholas? No quería a ninguna persona extraña


junto a mi hijo.

—Él es policía. —Ella tragó—. Ayudó a Jubilee en el banco.

Suspiré pesadamente. Estaba intentando contener las lágrimas. No podría


con su pérdida. Pauline estaba hecha un lío. La abracé. Sean subió las
escaleras.

—Pauline —le dije—, este es Sean Mercado. Él trabaja conmigo.

Ella asintió con la cabeza hacia él.

—Entremos —les dije—, a ver si podemos encontrar a alguien.

Trate de obtener algunas noticias de la enfermera de turno. Todo lo que


decía, era que Jubilee aún estaba en cirugía. En mi interior, pensaba sobre
qué haría si yo lo perdiera. No, yo no podía estar considerando esto.
Necesita ver a Juan.

—Sean, estate con Pauline —le dije.

Ella se puso histérica y se agarró de mi mano. —No te vayas.

—Regresaré. Necesito ver a Juan y a los niños —dije.

Sean le dijo algunas palabras reconfortantes y aproveché para salir fuera.


Corrí hacia la puerta y miré hacia los aparcamientos. Vi un parque a lo
lejos, estaba en la parte izquierda. Crucé la calle y el parking y vi a las tres
pequeñas figuras sentadas en los columpios. Había un hombre sentado en
un banco a unos pies de distancia, tenía el cabello largo hasta los hombros
y se balanceaba por la brisa del aire.

Juan me vio primero y vino corriendo hacia mí. —¡Papá!

Los sobrinos de Jubilee, comenzaron a gritar y correr hacia mí. —¡Tío


Kieran!

Ellos me golpearon en los pies por la carrera, pero se sintió bien. Me


abrazaron y todos comenzaron a llorar. Los sostuve por un tiempo,
pensando en todo lo que Jubilee significaba para nuestras vidas e intenté
que mis ojos no escocieran. Cuando miré, vi a un hombre joven, quizás de
mi edad, mirando un poco hacia abajo. Me dedicó una sonrisa triste. —Soy
Nicholas Fournier. Siento mucho lo de Jubilee.

Yo aún seguía de pie. Los chicos estaban abrazados a mí. Aclaré mi


garganta. —Tú estabas con él.

—Sí.

—¿Eres policía?

—Soy de la policía de Ontario.

Me agaché para soltar a los chicos y los besé en la cabeza. —Podéis jugar,
está bien. Estoy aquí. —Ellos se quedaron junto a mí un rato más, me
preguntaron por Jubilee y luego se fueron corriendo a los columpios.

—¿Qué ocurrió? —le pregunté.

—Fue un trabajo interno. Salió mal, y la gente comenzó a disparar. Jubilee


y yo estábamos armados. Conseguimos reducir a un par de ellos, antes que
ellos hirieran a nadie. Jubilee ya había avisado a la policía. Nosotros no
sabíamos que le habían disparado hasta que vimos la sangre

—Él es duro —le dije, sonriendo a través del dolor—. Él no sentiría nada
hasta que todo el mundo estuviera a salvo.

Nicholas puso su mano en mi hombro. —Él va a conseguir salir de esta. —


Buscó mi mirada.
—Supongo que te has dado cuenta, que somos una familia.

El asintió con la cabeza.

—Consiguió engancharme en Vancouver. —Intenté que fuera como algo


divertido, pero solo conseguí un sollozo.

—¿Por qué vinisteis aquí? —Su cara era relajada.

Mire al pequeño niño sentado en el columpio. —Se supone que él es


nuestro. Esa es la razón por la que estamos aquí.

—¿Se supone?

Caminamos hacia el banco. Tomé un respiro. Queriendo que ayudara de


alguna manera, para poder hablar con él, quizás necesitaba tener alrededor
a un extraño. —Los servicios infantiles quizás no nos permitan adoptarlo.
Ya sabes, somos una pareja del mismo sexo.

—Eso apesta —dijo él.

Lo miré y sonreí, entonces sonreímos débilmente. —Así es. Nosotros


tenemos que volver.

—¿Puedo llevarme a estos niños y darles de comer en la cafetería? —Él


miró su reloj—. Es hora de cenar.

—No sé cómo te lo agradeceré —le dije.

—No —el negó—. Es un placer. Ellos son muy buenos chicos.

Caminamos juntos hacia el hospital. Nicholas llevó a Juan en sus brazos. Él


trató de que los chicos fueran juntos. En la entrada, Nicholas se dirigió
hacia el ascensor, y yo volví a la sala de espera.

Paulina se levantó al verme. —¿Los chicos están bien?.

—Nicholas se ha hecho cargo de ellos para que cenen. ¿Alguna noticia?

Ella negó con la cabeza.

—¿Quién es Nicholas? —preguntó Sean, estando de pie junto a Pauline. Vi


que ellos habían tomado unos cafés.
—El chico que estaba con Jubilee en el banco —le contesté—. Es un
policía Canadiense.

—¿En serio? —preguntó Sean—. Entonces ¿qué es lo que ocurrió allí?

Apreté mis brazos. —Te lo contaré después. —Tomé asiento y puse mi


cabeza entre mis manos.

Unos diez minutos después, el cirujano caminó por el pasillo. Se quitó su


máscara y entró en la sala de espera. Instantáneamente todos nos pusimos
en pie. El doctor miró a Pauline. —Hemos conseguido sacar la bala.
Creemos que no ha dañado ninguno de los órganos principales. Hemos
tenido que hacer algunos trabajos de reparación interna. Tu hermano ha
tenido suerte.

—Entonces, ¿va a estar bien? —Insistí.

—Todo ha sido muy rápido. Él no está como un sano tronco de madera,


aún. Perdió mucha sangre pero nosotros somos optimistas. Es joven y
fuerte.

—¿Podemos verlo? —pregunté.

Él médico miró a Pauline. —Solamente la familia y una sola persona por


tan solo un par de minutos.

—Yo soy su… —Me detuve.

Pauline me empujó hacia adelante. —Tiene que ser Kieran. Jubilee es su


pareja. Ellos se casaron en Canadá.

—Eso es en Canadá —dijo el doctor de un modo firme—. Esto es Texas.


Eres su hermana. Si quieres verlo, puedes entrar. —El doctor me dedicó
una mirada fría—. Solo familia.

Yo estaba furioso. —¡Tú puto… hijo de…!

Sean me agarró y me sujetó hasta que el doctor desapareció de nuestra


vista. Estaba preparado para haber golpeado al hijo de perra.

—No es su culpa, Kieran. ¡Él solo sigue las reglas!


—¡Qué se jodan sus reglas! Mi marido es quién está ahí dentro, y yo no
puedo verlo.

Pauline sacudió la cabeza. —Esto no está bien. Lo siento. —Las lágrimas


corrieron por su rostro. Ella me abrazó—. Lo siento, chico. Sé que no está
bien, pero las cosas son así.

Permití que me abrazara y entonces la retiré de mí. —Ve a verlo —le dije.
Salí de la sala de espera. Sean me siguió. Pulsé el botón del ascensor.

—¿Estás bien, Kieran? —él me preguntó.

—No —le dije—. No estoy ni jodidamente bien. Ya ves —le contesté—,


tú ves que parezca que estoy bien… Yo no soy considerado como su
familia. No me reconocen como su esposo… o padre de un chico que nadie
quiere… ¿dónde mierda está la maldita justicia…? ¿Amor no significa
nada para vosotros malditas personas?

Sonó el ascensor y la puerta se abrió. Sean caminó a mi lado. No dijo nada


durante un tiempo, mientras yo limpiaba mis ojos. Entonces cuando se
abrió el ascensor y salimos en la planta baja, me dirigí a la cafetería y él me
detuvo.

—Estás en lo cierto —dijo suavemente—. Soy un cobarde. Veo el odio por


todas partes y no quiero ser odiado.

Lo miré.

—Y acertaste. —Él tragó—. Te he mirado mucho. Y no es solo un


experimento. Traté de tener citas con chicas. Joder, yo no quiero ser gay,
Kieran.

—Ahora mismo —dije rotundamente—, yo tampoco quiero ser gay.

—Os envidio —me dijo—. Tú y Jubilee… Yo quisiera a un hombre que


me amara así, algo como lo que vosotros tenéis pero…

Alcé una mano. —No estás preparado para decírselo al mundo. Escucha
Sean —dije con un suspiro—, este no es el lugar para salir, ¿de acuerdo?

El asintió con la cabeza.


—Sí estás preparado, sal. Si no, trátalo de la manera que tú puedas. Es tú
decisión. Nadie debe hacerlo por ti.

—Tú eres tan valiente y yo soy un maldito cobarde.

—No. —Sacudí mi cabeza—. No eres un cobarde. Yo solo no quiero vivir


una mentira. —Puse mi brazo a su alrededor—. Vamos, ven y ve a los
chicos.

Lo liberé y caminamos dentro de la cafetería. Vi a los tres muchachos


comiendo patatas fritas y perritos calientes en una mesa a lo lejos. Nicholas
Fournier tenía una taza de café en sus manos. Él hablaba suavemente con
Juan que estaba riéndose. Era un hombre agradable, cálido y yo me sentía
muy agradecido por su ayuda.

Nosotros caminamos cerca de la mesa y Juan saltó de su asiento y llegó a


mí corriendo. —¡Papá! —Lo tomé en brazos.

—A todos vosotros —les dije—, me gustaría que conocierais a otro


Marshal. Su nombre es Sean Mercado. Sean, este es mi hijo, Phillip y
Andre, son aquellos de allí, son los hijos de Pauline, y Nicholas Fournier, el
policía que estaba en el banco con Jubilee.
Capítulo 3
Nicholas Fournier, era como una buena rebanada de pastel. Ya había
conocido a otros dos hombres así desde que comencé a trabajar como
Marshal de los EEUU. Jubilee Mason era un hombre joven pero reconozco
que tuvo su impacto en su pareja, Kieran Fox. Nicholas me estrechó la
mano. Él me miró confundido cuando dijo. —¡Hola! Sean, es un placer
conocerte.

Yo estuve de acuerdo. De todo corazón. —Es un placer para mí también.


—Era consciente que sostuve su mano más tiempo del normal en estos
casos, y entonces mi teléfono móvil sonó. Reconocí la primera serie de
números como de los Marshals de Texas. Unido al número aparecía Trace
Thatcher. ¿Por qué yo conocía ese nombre?

A regañadientes, solté la mano de Nicholas, acepté la llamada. —Sean


Mercado.

—Hola, Sean, soy Trace Thatcher. Soy la compañera de Jubilee.

—¡Oh cierto! Hola Trace. ¿Supongo que has oído las noticias?

—Mierda, sí. He intentado hablar con Kieran durante las últimas horas.
Escuché desde la oficina central que tú y Kieran acababais de volver a
Dallas justo en el momento. ¿Está cerca?

Kieran cazó mi mirada.

—Es Trace Thatcher —le dije.

Su ya profunda angustia se había acentuado aún más. —¿Te importa si uso


tu teléfono?

—No. Todo tuyo —le dije entregándoselo. Coincidí con Trace un par de
veces. Él era un gran, negro, comandante muy cercano. Una rareza entre
los Marshals de los EEUU. Había oído historias sobre sus demandas por
discriminación y había ganado montones de dinero, prácticamente había
sido obligado a renunciar. Jubilee había parado su carta de renuncia una
vez entregada en la oficina central de Tyler, Texas. Jubilee y Kieran habían
trabajado con él en numerosos casos. Yo sabía que él era un amigo
auténtico y leal.

Realmente no me sorprendió que él hubiera vuelto al servicio activo. Yo


había empleado los últimos cinco meses estudiando activamente sobre los
Marshals, especialmente durante mis intensas diecisiete semanas y media
de entrenamiento en el Centro de Formación y Aplicación de la Ley
Federal (FLETC), en Glynco, Georgia y el emblema de la Agencia de
Aplicación de la Ley más antigua en el país es un águila con una rama de
olivo en una garra y una flecha en la otra.

Perdón no es un pecado… el largo brazo de la ley requiere confianza y


cooperación, de la cual yo estaba aprendiendo mucho. Y rápido.

Kieran no habló mucho. —Él está recuperándose. —Pareció aliviado. Me


devolvió el teléfono. Kieran parecía un poco mejor ahora. Sí, yo podía
entenderlo. La familia de policías fueron reuniéndose. Si hubiera una
guerra nuclear querría a un chico como Trace en mi equipo.

Miré a Nicholas Fournier. Era condenadamente guapo, eso era muy cierto.
Atrapé su sonrisa y mi corazón comenzó a latir de un modo loco.
Tranquilo, Sean. Tú eres fuerte. Toda esta testosterona… te obliga a
trabajar rápido.

Vino a mi memoria, la conversación con Kieran, yo aún no podía creer que


le había dicho que no estaba experimentando con ser gay. No. Yo sabía que
lo era. No tenía experiencia. Me había unido a los Marshals de los EEUU,
sabiendo algunas cosas sobre el funcionamiento interno, como la
intolerancia hacia los oficiales homosexuales y así como a los negros. Nada
de eso había sido dicho en voz alta, pero estaba en el ambiente.

Todo lo que había dicho Kieran era cierto. Los rumores sobre que Kieran y
Jubilee no eran gays, circulaban por ahí. Para ser honesto, yo esperaba que
fueran gays. Gay, hetero, negro, blanco, rosa, morado, verde… lo que
fuera… ellos eran los hombres que yo sabía que eran. Kieran y yo
habíamos sido emparejados como compañeros y me había enseñado muy
bien… en poco tiempo nos habíamos acoplado bien.

Me senté, jugando con las llaves, intentando hacer reír un poco a Juan. Su
mirada volaba constantemente a la cara de su padre. Sus primos estaban
haciendo un trabajo fantástico para distraerlo de la dura realidad en la que
estaba envuelto su otro padre.

La hermana de Jubilee entró en la sala de espera. —Jube está despierto,


Kieran. Él quiere verte.

Miles de emociones cruzaron sus rostros.

—Yo quiero ir también —gritaron los chicos. Juan comenzó a llorar.

—Vamos, mi niño —dijo Kieran tomando a su hijo. Phillip y Andre


comenzaron a llorar. Ellos se empeñaron en ver a Jubilee. Pauline se
arrodilló junto a sus hijos por un momento.

—Vosotros podéis entrar en breve, mis niños. —Ella se levantó


rápidamente y siguió a Kieran. Nicholas y yo hicimos el mejor intento para
que los gemelos estuvieran entretenidos.

—Juan tiene el mejor Castillo de Vampiros —me dijo Phillip—. Nosotros


tendremos uno en nuestro cumpleaños.

—¡También es mi cumpleaños! —Me recordó Andre.

—He dicho nuestro cumpleaños, tonto.

—No soy tonto. Él tonto eres tú.

—No. Tú eres el tonto.

Nunca había visto a gemelos como estos.

—¿Qué es un Castillo de Vampiros? —preguntó Nicholas, interviniendo de


un modo inteligente.

Los mellizos dejaron de pelear y comenzaron a explicárnoslo. Realmente


ellos eran unos chicos muy dulces. De repente, el pequeño Juan apareció
corriendo hacia nosotros con una pequeña bata de hospital y una
mascarilla.
Pauline venía justo tras él. —De acuerdo, Phillip, ponte la mascarilla y la
bata y vayamos a ver a tío Jubilee primero. Después es tu turno, Andre.

—¡Yo quiero ir primero!

—¡No, yo primero!

—Hey, chico, ¿por qué no me enseñas donde encontrar el Catillo de los


Vampiros en mi teléfono móvil? —preguntó Nicholas, ofreciendo su
teléfono a Andre. Los chicos eran gemelos idénticos pero Pauline los
llevaba con el pelo cortado de diferente modo. Andre tenía el cabello más
corto. Nicholas ya los distinguía. Andre se giró y cogió el teléfono móvil,
estando felizmente distraído cuando su hermano se puso la máscara y la
bata de Juan.

—Papá está enfermo. —Juan agachó la cabeza.

—Lo sé, cielo. —Lo puse en mi regazo, mientras Pauline cuidadosamente


le quitó las botas de papel que cubría sus zapatillas negras Reebok. Yo supe
que eran esas zapatillas, porque fueron mi regalo para su cumpleaños.
Kieran y Jubilee me habían sorprendido desde el momento en que nos
conocimos intentando duramente hacerme sentir bienvenido. Ellos incluso
me invitaron a la fiesta de cumpleaños de Juan. Demostraron al trabajador
de los Servicios Sociales el cariño y la efusividad que Juan tenía con la
familia y los amigos de la pareja.

A Juan le habían gustado mucho las zapatillas. Me abrazó muy fuerte. —


Nunca, nunca, nunca, me las quitaré —me dijo.

Kieran me comentó al día siguiente que el chico no quería dormir sin sus
zapatillas.

Nicholas ayudó a Pauline a poner el cubre botas sobre los zapatos de


Phillip.

Andre se subió al regazo de Nicholas, pacientemente le explicó todas las


partes y piezas del Castillo de Lego. —Tienes que comenzar a jugar con
Rodney Rathbone y Jack McHammer… oh si… y el hombre murciélago.
No deberías esperar mucho tiempo para tener el castillo. ¿Ves esto? Está
fuera de stock. Mamá nos lo comprará la próxima semana. —Él apreció
muy feliz.
—¿Por qué no debo tardar mucho en llegar al castillo? —preguntó
Nicholas. Me guiñó un ojo cuando Andre lo miró horrorizado.

—¡Porque necesitas las piedras lunares!

—¡Sí! —Dijo Juan—. ¡Y ellos necesitan dormir!

Oh, hombre, yo no pensaba que aquellos chicos apreciaran nuestra risa


maniaca y ellos pronto estaban contorsionándose de la risa por nuestro
interés en volver a jugar con juguetes que el personal del hospital les
habían prestado. Ellos me hicieron sentir un poco joven para tener niños,
pero ellos jugaban de un modo distraído, Andre estaba siendo apacible y
dulce con Juan, como siempre solía ser.

—¿Así, que eres un nuevo US Marshal? —me preguntó Nicholas, con voz
baja.

—Sí. El mejor trabajo que nunca he tenido.

—¿Qué hizo que te unieras?

Pauline volvió con Phillip y nosotros pasamos por el cambio de ropa por
segunda vez. Nuevamente llevamos a Juan y a Phillip a jugar al pequeño
parque y los estuvimos observando.

—Los US Marshals siempre me han interesado —dijo Nicholas—. Me


gustó cuando Jubilee me contó que él era uno de ellos.

Eso me hizo sonreír. —Divertido que menciones eso. Tú me has


preguntado que por qué me uní, y yo te lo diré. ¿Has escuchado sobre las
tres de McDonogh?

Nicolás negó con la cabeza. —No podría decírtelo.

—Bien, tú eres canadiense, ¿no?

Él asintió.

—Nunca había oído sobre ellas y soy americano. Soy de Nueva Orleans y
hace un par de años atrás cuando era un policía novato, me enviaron a la
Universidad de Loyola para patrullar durante un trabajo sobre un gran
simposio que se iba a celebrar allí. Las tres mujeres quienes vinieron a
hablar allí, eran las tres pequeñas chicas que se convirtieron en las primeras
afroamericanas en ser integradas en un colegio de gente blanca.

—Wow… eso debió ser algo grande.

—Lo fue. —Tomé una respiración profunda—. Los US Marshals


estuvieron involucrados en la liberación de los esclavos desde sus amos,
pero el mayor orgullo y el momento más importante fue cuando ellos se
involucraron en el movimiento por los derechos civiles. Los Marshals
escoltaron diariamente a las niñas a la escuela. No tenía idea de que
pudieron sentir ellos… aquellas chicas que habían sido olvidadas.

—No sabía que los padres de los niños blancos sacaron a sus hijos de las
clases y cuando los pequeños niños volvieron al colegio fueron alentados
por los profesores para que dieran de lado a las tres niñas. Una de ellas,
Pam Foreman, tenía lágrimas en los ojos cuando describió como su maestro
le dio a cada niño de su clase galletas, a todos, excepto a ella.

—No puedo imaginarme que debió sentir —dijo Nicholas—. ¿Qué hicieron
los Marshals sobre ello?

—Lo mejor —contesté—. Y ese es el punto. Los Marshals que cuidaron a


aquellas niñas también se sienten olvidados. Tengo que decir que ellos se
emocionaron nada más comenzar el reencuentro. Todos lloraron. Todos
ellos fueron una parte importante del cambio en los Derechos Civiles en
este país, pero nadie nunca se lo ha reconocido. Me llevó dos años para
darme cuenta que yo quería ser parte de esta Agencia, la que cambió la
trayectoria de la libertad.

—Eso es hermoso. —Nicholas suspiró.

—Entrené en NOLA pero ellos me asignaron a Dallas. Me adjudicaron en


la primera plaza disponible. Al principio no estaba nada contento, porque
me gustaba Nueva Orleans, pero ahora me alegro de que me enviaran aquí.
Kieran ha sido excelente. Y Jubilee… bien él es mi héroe. Él es el héroe de
muchos de los US Marshals.

Nicholas sonrió ante mis palabras. —Deberías haberlo visto desenvolverse


con los ladrones en el banco.

—Puedo imaginármelo. —Me detuve—. Tú lo ayudaste. ¿Eres policía?.


Se encogió de hombros. —Sí.

—¿Y qué te trajo por aquí?

Dudó y yo pensé durante un momento que había sido demasiado personal.

—Conocí a un chico por internet —dijo, lentamente—. Fue un completo


desastre.

—Oh, lo siento —dije. Me había sorprendido que el viniera hasta Texas


para conocer a un extraño, pero yo había sentido cosas más extrañas
durante mis formación como Marshal.

—Hola, Sean. —Me giré y vi a Trace caminando fuera de la valla que


venía hacia nosotros para saludarnos. Él me dio uno de sus patentados
apretones de manos y un abrazo de oso. Le presenté a Nicholas Fournier.

—¡Oh, hombre, gracias por ayudar a mi compañero!. Kieran me dijo que


estabas en el banco con él. ¿Cómo va todo?, ellos están tardando mucho
allí.

Kieran salió hacia nosotros vestido con su máscara y la bata. Lucho contra
sus emociones cuando Trace lo abrazó.

—Hemos estado colando a los niños uno a uno —dijo Kieran— Está
todavía en la UCI11 pero dicen que su condición es estable. Esa maldita
bala desgarró su estómago.

—Papá —dijo Juan, frunciendo el ceño hasta llegar a su padre.

Trace rio entre dientes. —Asunto de chicos.

—Lo siento, compañeros. —Kieran se agachó y acarició la cabeza de su


hijo. Los tres chicos comenzaron a pelear por los columpios.

—Jube me dijo que quién le disparó fue la niñera de los niños —dijo
Kieran.

Los tres chicos de giraron y detuvieron inmediatamente su pelea.

—¿Chrissy disparó a tío Jubilee? —preguntó Phillip.


11
UCI, por sus siglas en español, sería la Unidad de Cuidados Intensivos, antiguamente se conocía como
la UVI, Unidad de Vigilancia Intensiva.
Andre asintió.

—Eso es lo que él me ha dicho. Después me preguntó por un beso. —Los


tres niños comenzaron a reírse y a hacer sonido de besos.

—Un día, os enamoraréis y querréis que alguna chica guapa os bese —


les dijo Kieran.

—Yo no —dijo Phillip, arrugando su cara. Andre y Juan también pusieron


caras. Los adultos entonces comenzamos a reírnos.

—Le han puesto morfina. Va a estar durmiendo durante un tiempo. Así,


que supuse que podríamos ir a algún lugar a comer —dijo Kieran—. ¿Qué
queréis tomar para la cena?

—Hamburguesas —los chicos corearon.

—Suena bien para mí —dijo Trace—. ¿Puedo ver primero a mi


compañero?

—Hasta el momento, Pauline ha hecho un gran trabajo saltándose todas las


reglas del hospital —dijo Kieran—. Vamos a ver si podemos colarnos
nuevamente. —Él nos miró a Nicholas y a mí—. Venís con nosotros, ¿no?

Nicholas y yo intercambiamos una mirada.

—Por supuesto —dije.

—Yo también me uno —dijo Nicholas.

Kieran pareció preocupado, lo cual era comprensible, cuando condujimos


en los dos vehículos hacia la hamburguesería “Twisted Root” en la Calle
Comercial, a menos de una milla desde el hospital. Pauline había decidido
quedarse con su hermano para que no se quedara solo, aunque él estaba
sedado. Kieran iba a coger su comida y a volver. Yo podía ver la tensión en
su cara cuando aparcó el SUV.

Los chicos iban con nosotros haciendo de las suyas en la parte trasera,
Nicholas iba en el coche con Trace, justo tras nosotros. Podía verlos
charlando animadamente y me pregunté sobre lo que ellos hablaban.
En el restaurante, los chicos comenzaron a mirar los menús de las pizarras
que estaban pegados a las paredes, ellos parecían mini expertos.

Nunca había estado antes en el lugar, pero podía ver por qué les encantó.
Olía genial y mientras esperábamos en la cola nuestros pedidos, vi a
algunas personas mayores esperando a que sus jugosas hamburguesas
fueran hacia ellos para saciarse. Estaba un poco aturdido de ver carne de
alce, búfalo y canguro como opciones para las hamburguesas, pero nadie en
nuestro grupo eligió alguna de esas opciones eclécticas.

Todos los niños pidieron carne. Juan me sorprendió al pedir la


hamburguesa Western bacon, con aros de cebolla y jalapeños.

—Adora la comida caliente y picante —dijo Kieran encogiéndose de


hombros—. En casa consumimos un montón de Tabasco.

Me reí cuando lo escuché pedir la hamburguesa Sissy y al mirar a la pizarra


de menús, efectivamente estaba catalogada con ese nombre. Era una
hamburguesa para veganos y la pidió para llevar, por lo que supuse que era
para Pauline.

Trace y yo pedimos el pavo picante con aguacates y chilis verdes. —Eso


suena estupendo —dijo Nicholas pidiendo una para él también—. Pedimos
varias raciones de patatas fritas y Kieran y los chicos insistieron en que
nosotros necesitaríamos unas grandes jarras de cerveza. ¿Quién era yo para
decir que no?

Me llevé una sorpresa mayúscula cuando en vez de darnos un número para


los asientos, nos adjudicaban el nombre de alguna celebridad. Los
muchachos rieron cuando ellos llegaron a Justin Bieber.

—Aquí tienes, tío Kieran —dijo Phillip.

—¿No te gusta Justin Bieber?. —Kieran sonrió mirando hacia él.

—Yo quería el nombre de Thor.

Nosotros cogimos las bandejas y fuimos hacia el tercer grupo de mesas,


comimos y bebimos rápido. Lo hicimos tan rápido que mi cabeza estaba
comenzando a dar vueltas. Trace se inclinó sobre la mesa y dijo. —Jubee y
yo mañana trabajábamos en un caso. Obviamente él no va a poder hacerlo
y Kieran quiere quedarse en el hospital con él. ¿Quieres ser mi compañero?

—¡Por supuesto! —le dije—. ¿De qué se trata?

Sonrió. —Me gusta que hayas dicho sí, antes de preguntar sobre que es el
trabajo. Te llamaré a las siete en punto de la mañana. —Él se detuvo—.
Oh, y vístete con un traje. Nosotros necesitamos mezclarnos.

¿Mezclarnos? ¿Con qué?

—Avisaré ahora mismo a central —me dijo—, entonces nos vemos pronto,
con vuestro permiso. —Él se fue antes que yo pudiera hacerle más
preguntas. Kieran nos acercó hasta cerca del banco donde había sucedido
todo, en la mañana, Nicholas había aparcado el coche de su tía allí.

Me sorprendió ver el lío que había aún en el lugar. Los oficiales de policía
aún estaban allí y el personal de seguridad había rodeado el lugar. Un par
de equipos de periodistas de las noticias estaban haciendo entrevistas. Los
chicos habían estado allí muy temprano, así que para ellos no era gran cosa,
pero Kieran, sólo parecía embrujado.

Salió del SUV un momento antes de que nos bajáramos. —¿Tendrías algún
problema con llevar a Nicholas a tu casa?

—Está bien —dije—. No me importa.

—Esta noche, Pauline se llevará a los chicos a casa con ella. Me quedaré en
el hospital. Me importa una mierda lo que ellos digan.

Asentí. Quise darle un abrazo pero él ya estaba de vuelta en el SUV. Él y


los niños nos saludaron y desaparecieron por la calle.

—Sabes… Me pregunté qué sentiría al venir aquí otra vez. Me parece todo
tan surrealista cuando sucedió todo en la mañana —dijo Nicholas.

Yo podía oler la pólvora en el aire… o eso me pareció a mí. Parecía


malditamente bastante real.

—Mi tía piensa que debería quedarme aquí —dijo de repente Nicholas—.
Yo estaba esta mañana en el banco pagando una factura de ella. Trace sólo
necesitó el tiempo que nos llevó ir desde el hospital hasta el restaurante
para convencerme sobre que debería prepararme para entrar a los Marshals.

—¿Lo harás?

Se encogió de hombros. —Creo que sí. Es mucho entrenamiento. Diecisiete


semanas y media, ¿cierto?

—Sí, pero pasan muy rápido.

—Eso lo dices ahora… —bromeó Nicholas.

—No, lo digo en serio. Fue increíble. Quiero decir… Tengo que aprender
muchas cosas. Nosotros hacemos de todo. Trabajé con un especialista en
patología forense. Nunca antes había escuchado algo así.

—¿Qué es eso?

—Es un profesional en descifrar pistas. Puede leer la planta de los pies de


las personas. Puede decirte un millón de cosas sobre ellos y sobre los tipos
de suelas de los zapatos. Aprendí sobre leyes y asuntos legales… sobre los
diferentes documentos necesarios en la corte y como se elaboran, artes
marciales como el ju-jitsu, ju-jitsu para policía, combate mano a mano,
búsqueda y defensa, como tratar con personas violentas y maltratadores,
supervivencia en la naturaleza, vigilancia, entrada en edificios y búsquedas
dentro de ellos… Kieran piensa que la mayoría de estos métodos son
aburridos. Comparándolo con la experiencia de un policía en cubierto
puedo ver por qué lo cree, pero para mí, fue muy emocionante y
enriquecedor.

Nicholas me miró. —Suena bastante interesante para mí. La supervivencia


en la naturaleza suena fascinante.

—Oh, lo es. Nosotros entrenamos en Georgia, como te he dicho. Tuvimos


una especie de comando en el que teníamos que estar en la naturaleza
salvaje, estuvimos en los bosques y tuvimos que sobrevivir de lo que
encontrábamos en la naturaleza durante tres días.

—¿Cómo fue eso?


—Oh Dios mío, fue increíble. Íbamos en caballos. A cada uno de nosotros
nos dejaron en lugares separados con una tienda de campaña, equipamiento
básico y los animales. Nos dieron marcadores y nos dejaron allí.

—Al principio estuve bien. Luego odié el primer día y la primera noche.
Nunca me había gustado el desierto. Me llevó casi veinticuatro horas darme
cuenta del por qué. Tenía miedo de mí mismo. Tenía miedo de lo que
aprendiera sobre mí mismo. Fue una lección que nunca olvidaré.

—¿Cómo sobreviviste?

Sonreí. —Hank nos enseñó sobre la vida en la tierra. Estaba cerca de un


lago, por lo que yo pescaba mi propio pescado. Hice fuego usando palillos.
Me enseñó a obtener fibras comestibles de los árboles e incluso de la
maleza. Para serte sincero… fue bastante increíble. Nos dio herramientas
antiguas y todo funcionaba a la perfección. Nos quitó los teléfonos móviles.
—Sacudí mi cabeza recordándolo.

—Y sobreviviste.

—Sobreviví.

—¿Te apetece un café? —me preguntó.

—Sí, me encantaría. —Y realmente yo quería pasar más tiempo con él.

Nos subimos dentro del gran coche de su tía, era cuadrado, de color crema,
un Lincoln Continental. Aún tenía los asientos de cuero originales, el
tapizado del techo, y vi, el volante inclinable, el aire acondicionado y
parecía el aparato de la radio original.

—¿Es un noventa y siete o un noventa y ocho? —le pregunté.

—Sabes sobre coches, —Pareció impresionado—. Es un noventa y siete un


Mark V Bill Blass.

—Es precioso.

—Gracias. Mi tía raramente lo conduce. Perteneció a mi tío, pero ella lo


mantiene como si él viviera. Sus pies no alcanzan los pedales… incluso con
el asiento completamente puesto adelante. —Sonrió—. Tú conoces esta
ciudad mejor que yo. ¿Dónde hay un buen lugar para tomar café, que tú
sepas?

—Podríamos ir a un Starbucks que hay por aquí cerca —sugerí—. También


hay una cafetería gay que abre veinticuatro horas llamada Café Brasil.

—Eso suena bien —dijo él—. Dime el camino.

No pensé que pudiera. Él tenía un coche muy viejo, un modelo sin ningún
tipo de navegador y las habilidades de supervivencia de las que me había
jactado pronto fueron puestas a prueba. Nos reímos mucho, pero nunca
tuve la sensación sobre que él se riera de mí. Encontramos aparcamiento
para aquella enorme bestia en el café Brasil, caminamos dentro. Nicholas
era condenadamente caliente. Aunque el lugar atraía a una multitud mixta,
era fácil diferenciar a los chicos gays. Todos ellos se estiraron para mirar
mejor a mi compañero.

La camarera parecía simpática y nos mostró la mesa más tranquila que


tenía, una cerca de la ventana.

—¿No te gusta esta mesa? —preguntó Nicholas, dándose cuenta


rápidamente.

—¿Podemos sentarnos allí? —le pregunté a ella. Yo señalé a otra mesa


junto a la ventana, pero esta miraba al otro lado del edificio, no a la
carretera principal. Así, podría vigilar la puerta de entrada.

—¿Te importa? —le pregunté a Nicholas, quién sacudió la cabeza. Cuando


la camarera nos dejó, Nicholas levantó una ceja.

—¿Vas a explicármelo?

—Lo siento. Es solo que… durante diecisiete semanas y media tuve que
cubrir mi espalda… me siento de frente, nunca de espalda a una ventana o a
una puerta, así soy capaz de ver y saber qué o quién puede venir… es
difícil olvidarlo.

—Lo entiendo. —Él se giró en el asiento—. Pero mi espalda da a la puerta.


Ahora me estás preocupando.

—No —le dije—. Yo cuido tu espalda.


Me miró fijamente un momento. —Eres un chico interesante, Sean. ¿Sales
con alguien?

—No —dije otra vez

La camarera volvió. —¿Puedo ofrecerles una taza de café?

—Seguro —le contestó Nicholas.

—Esta noche tenemos un postre especial, tarta de queso azul. ¿Os traigo
una porción?

—Suena repugnante —dijo Nicholas—. ¿Tú qué opinas Sean, quieres un


trozo?.

—Sí. Vamos a compartir esa porción.

Ella irradió alegría. Posiblemente recibiera algún tipo de comisión por cada
porción que sirviera.

Nicholas se inclinó hacia mí. —Deseo…

—¿Qué deseas?

—Definitivamente no voy a volver a Canadá.

—¿Vas a unirte?

—Decidí volver antes de conocerte. —Él parpadeó—. Quiero decir… antes


de hablar con Trace… y antes de saber algo de ti. Jubilee es un héroe. Y
Kieran… ¡Dios! Vosotros cuatro, habéis hecho a mi cabeza cambiar de
opinión. Y luego están aquellos chicos. Diablos… esos chicos son dulces.

—¿Lo son? Inexplicablemente sentí la desesperación de no poder emerger


a la superficie. No podía decir nada, la camarera trajo el café y un gran
trozo de tarta de queso.

—Mí —dijo Nicholas—. Es tan azul.

Reí porque aquello era cierto. Nosotros giramos el plato para ver alrededor
de aquel trozo de tarta. Las vetas de queso azul se habían fundido
perfectamente con el relleno cremoso, haciendo una imagen llamativa.

—Cuéntame algo sobre el chico que conociste por internet —sugerí.


—Oh… así que tú puedes escuchar algo malo y saborear… la um… —
Pinchó con el tenedor un trocito de aquella tarta y lo probó—. No está mal.
Pero no estoy seguro de si querría comerme todo el trozo de pastel, pero es
algo interesante.

Lo probé. La tarta de queso en sí misma estaba buena y la crema y el queso


azul trabajaban bien juntos. —Me gusta.

Nicholas rio. —Después de comer hierbas y cortezas de árbol, estoy seguro


que todo sabe bien para ti.

—No —le dije sonriéndole—. Perdí mi apetito por los duraznos. Comí
demasiados de ellos por esos malditos bosques.

Se rio. Pasamos las siguientes dos horas hablando, riendo y tomamos


demasiadas tazas de café. Cuando volvíamos a mi casa, le expliqué como
descubrí y estaba viviendo en un barrio bastante codiciado, uno de los
mejores barrios de Dallas, McCommas Boulevard, Morningside Drive,
Mercedes Avenue, Merimac Avenue y Monticello Avenue, formaban un
buen vecindario, de casas de estilo Tudor. Lo invité a mi casa en Merrimac.
Sólo por prolongar el contacto.

—Los Marshals me buscaron este apartamento —le dije—. ¿Quieres verlo?

—Sí —contestó.

Mi casa estaba en la segunda planta de un gran complejo. Tenía dos pisos


con una bañera de hidromasaje situada en la terraza con vistas a la piscina
de la planta baja. El apartamento era grande.

A Nicholas le gustó. De repente, sentí la atracción crecer rápidamente entre


nosotros convirtiéndose en algo más. Me empujó contra la pared y me
besó. Pude saborear el gusto del queso y el café en su lengua. Quise más…
oh, mucho más. Mi teléfono móvil comenzó a sonar, maldición. Era Trace.
Entre besos feroces intenté hablar con él. Quedamos para la mana
siguiente. Le di mi dirección. Cuando estaba acabando la llamada, él me
dijo —espero que vayas pronto a la cama.

Con mi polla dura frotándose contra Nicholas, no creí que aquello fuera
posible en cualquier momento cercano. Seguimos besándonos y yo estaba
esperando a que me preguntara donde demonios estaba mi dormitorio. En
ese momento, él dijo —debería irme. ¿Hay alguna probabilidad que nos
veamos mañana en la noche?.

Joder, mierda, por supuesto que sí. Me llevó un momento recomponerme lo


más dignamente que pude para responder. —Joder, mierda por supuesto
que sí.

Se rio.

Aquello fue demasiada dignidad.

—Llámame cuando acabes en tu trabajo. Voy a pensar en todo lo que


hemos hablado. Tal vez pueda retrasar mi viaje unos días más. No tengo
nada importante que hacer que me haga tener prisa para volver.

—De acuerdo —le dije.

—¿Es peligroso el trabajo que tienes mañana?

Al principio no respondí. Jubilee fue al banco y se suponía que su vida no


debería haber estado en peligro. —Quizás —dije—. Para ser honesto.

—Ten cuidado. —Me dio un beso de buenas noches—. ¿Tienes padres,


Marshal Mercado?

—Sí. Y un hermano y una hermana. Todos viven en Louisiana.

—Así que, aquí, ambos somos huérfanos.

—Sí, supongo que lo estamos. —Me dio un beso y luego otro más,
contemplé la piscina pero el edificio tenía un horario de piscina muy
estricto y ciertamente no quería quebrantarlo. Tomé una larga ducha fría,
me sequé y me deje caer en el sofá con el mando en la mano. Lo único que
merecía la pena, era un episodio de “The Firts 48”. Fue un episodio basado
en un homicidio en la vida real y las consecuencias del asesinato de una
mujer, incluyendo el juicio. Me hizo pensar sobre mi trabajo en la mañana
siguiente. Trace me dijo que llevara ropa formal, asumí que protegeríamos
a un juez o a un político que estaba de visita. Caí dormido, con el mando de
la televisión en la mano.

En mi mente aún podía sentir el sabor del queso azul y los besos de
Nicholas.
Trace me recogió un poco antes de las siete y hombre, él parecía un tiburón
en su traje nuevo con corbata. Yo había estado cerca, pero no tanto, sobre
saber quién era nuestro objetivo. Puso el expediente en mis manos.

—Vamos a proteger al fiscal del distrito, una señorita bastante guapa


llamada Marisa Applegate. Ella está trabajando sobre un caso terrible de
homicidio y uno de los dos sospechosos qué están encarcelados ordenó
desde dentro del sistema de prisiones que fueran a por ella.

—¿Estás bromeando?. ¿Estas cosas pasan realmente?

—Sí. Sus compañeros de celda, dos de ellos, se lo contaron a los guardias.

—Ellos lo han entregado al gobernador. Jubilee y yo trabajamos en su


protección durante la semana pasada pero el juicio sobre el caso no acabará
hasta el viernes que viene.

—¿Hay alguna noticia sobre Jubilee?

—Se está recuperando. Ellos lo mantienen en la UCI. Fue un mal disparo…


pero hablé con Kieran y el parece optimista. Dijo que Jube despertó hace
una hora preguntándole a Kieran que si había comprado el muñeco hombre
lobo que Juan quería.

Sonreí. —Eso suena como Jubilee.

Trace y yo recorrimos el resto del camino del exclusivo barrio de Highland


Park en silencio. Me pregunté como un Fiscal del Distrito podría cubrir los
gastos de una vivienda así y le pregunté a Trace.

—Es una casa de seguridad —me dijo, sin apenas ocultar su molestia—.
No dejamos desamparados a los sujetos a los que protegemos. Anoche, ella
tenía un grupo de vigilancia diferente. Está casada y tiene dos hijos. ¿Has
leído el informe?

—La mayor parte. —Bajé la cabeza para continuar leyendo los


documentos. Era un caso repugnante. Una adolescente había ordenado que
mataran a su propia familia, incluyendo a sus padres y a sus dos hermanas
menores. Ella y su novio, habían buscado un sicario para que los matara.
Ellos encontraron dos, los cuales prometieron que ellos guardarían
cualquier dinero o incluso joyas que encontraran durante aquellos terribles
asesinatos.

Ahora los cuatro están en prisión. La única superviviente fue la madre de la


chica y testificó contra su propia hija. El novio de la hija, fue quién ordenó
que mataran a la Fiscal del Distrito. Yo estaba consternado por las
circunstancias, especialmente por la brutalidad con la que asesinaron a la
familia de la chica, sólo porque no aprobaban su noviazgo.

Trace llamó a nuestra protegida para que supiera que nosotros estábamos
en su puerta. Ella esperó hasta que tocamos a la puerta para abrirla.

La escoltamos hasta el vehículo. No sabía que esperar cuando conocí a


Marisa Applegate pero ella no era una belleza sureña. Era guapa, pero
parecía una mujer de negocios. Ella estaba usando su teléfono móvil en la
parte trasera del vehículo. Me senté a su lado vigilando los vehículos que se
aproximaban demasiado a ambos lados.

Vi la cara de aprobación de Trace mientras observaba por el espejo


retrovisor y sentí una oleada de orgullo. Condujo hasta un aparcamiento
privado justo detrás del Palacio de Justicia. Fue la primera vez, que sentí la
tensión de Marisa Applegatte.

—Señor Thatcher, ¿le han llamado ya mis hijos?

—Sí, señora. Los oficiales que cuidan de ellos nos llamaron. Están
paseando por el Gran Bosque de la Trinidad, teniendo un buen tiempo en el
campamento de verano. Acabo de recibir un mensaje. Los chicos la
llamarán a su teléfono móvil en veinticinco minutos.

—Gracias. —Ella me miró—. Me he enterado de lo que sucedió con


Jubilee. Desde el hospital se informó que está estable, pero bajo
observación. Gracias por entrar en el problema.

—Es un honor para mí servirla y protegerla, señora.


Ella me sonrió. Puso su mano sobre la puerta, pero esperó a Trace revisara
el aparcamiento y llegara a su lado. Me apresuré a dar la vuelta y me uní a
ellos, ella intentó hacernos reír.

—Dime —ella le dijo a Trace—, ¿me hace ver el chaleco antibalas más
gorda?

Trace y yo la miramos, nos miramos el uno al otro, y reímos.

Nosotros la escoltamos hasta el interior del edificio, a través de los sistemas


de seguridad. Hubo un momento difícil, en que seguridad, nos dijo que
quería revisar las dos armas reglamentarias a la misma vez, dejando a
nuestra protegida momentáneamente desprotegida, pero nos impusimos.

En una de las habitaciones, la Fiscal del Distrito se cambió los zapatos y


esperamos a que ella y sus testigos prepararan su jornada de trabajo para las
intervenciones de hoy.

Su teléfono móvil comenzó a sonar y vi como su cara se iluminó. Trace y


yo estábamos justo delante y de espaldas a la puerta. Nosotros recibiríamos
una bala destinada a ella si nosotros lo teníamos que hacer. Ella me hizo
pensar en Kieran y Jubilee, en Pauline y los tres chicos. Pensé sobre la
familia de Marisa Appleagte y como sus propios hijos estarían preocupados
y sorprendidos por el encargo del asesinato de su madre por alguien que
está entre rejas. Un asesino que ya había apuñalado hasta la muerte a una
niña de siete años que estaba asustada y escondida en el armario de su
dormitorio.

Tomaría una bala destinada a Marisa Applegate. También, tomaría una bala
que fuera para aquellos chicos.

Mi teléfono móvil vibró. Lo tenía puesto en modo vibración. Leí el


mensaje.

Te vi en televisión. Estoy orgulloso de ti. NF.

Mi corazón se saltó un latido. Me sentí como un adolescente al leer


aquellas palabras. ¿Cómo había salido en televisión? ¿Dónde estaban los
reporteros?. Caí en la cuenta, que debió ser cuando llegamos al Palacio de
Justicia y subimos por la escalinata de la puerta principal ya que nos
habíamos visto obligados a pasar por seguridad. Probablemente este caso
era de alto perfil pero yo había estado formándome profesionalmente
durante más de cuatro meses.

Marisa Applegate comenzó la sesión de la mañana llamando al estrado al


vecino que había oído un leve rasguño en la puerta de su casa en medio de
la noche. Abrió esperando encontrar un gato o una zarigüella y lo que se
encontró fue el horror, su vecina, cubierta completamente de sangre. Ella
tenía un disparo en la cabeza y otro en el pecho pero de alguna manera
consiguió sobrevivir.

—Annabelle ha hecho esto —ella le dijo.

La defensa intentó protestar diciendo que era un susurró. Buen intento. El


juez permitió al testigo continuar con su relato.

Fueron apareciendo evidencias. Miré a través de la sala de audiencias para


encontrar a la chica, Annabelle, trataba de parecer recatada envuelta en
aquella camisa blanca, falda a cuadros y un lazo rosa en el pelo. Pero lo vi.
La mirada fría, una mirada muerta como la de los ojos de un despiadado
asesino.

Tuve que esperar hasta que la corte tomó un descanso a media mañana para
leer un mensaje nuevo de texto. Nicholas quería cenar. Me dijo, que había
reservado una mesa en un restaurante de lujo.

Cuando había intercambiado algunos mensajes de texto con él, me sentí


emocionado. Realmente emocionado. Al final, había alargado su viaje unos
días más. Quizás yo pudiera convencerlo para que estuviera más tiempo.

Estuve toda la tarde en un estado boyante. El caso del Estado iba bastante
bien. Los testigos, dos de los cuales eran los matones contratados se habían
vuelto contra la pareja de jóvenes asesinos, ellos hablaban con elocuencia.

Y justo cuando yo estaba nervioso, porque estaban acabando las cosas de


un modo correcto, mi teléfono móvil vibró.

Leí el mensaje.

Necesitamos hablar. Cuanto antes mejor. NF.

Mierda. Esta era la historia de mi vida. Yo podía sentirlo.


—Hey, lo siento, pero he pensado sobre esto y después de todo, no quiero
ir a cenar contigo esta noche.

Tuve que esperar a que lleváramos a Marisa a su casa antes de poder


llamarlo nuevamente.

—¿Qué ha pasado? —le pregunté apenas consiguiendo mantener el enojo


en mi voz. Fue estúpido sentirme como lo hice pero entonces él me
sorprendió.

—Necesito cancelar la cena, pero yo espero que la razón te satisfaga.

—¿Por qué quieres cancelarla? —le pregunté. No pude resistirme.

—Estoy de camino a lo del curso de Marshals. Mañana comienza uno


nuevo. Pero necesito llegar allí esta noche. Ellos me van a hacer un
reconocimiento físico.

Cuando no dije nada sentí el pánico en su voz. —¿Sean, estás ahí?

—Sí, estoy aquí.

—¿Estás bien con esto?

—Mejor que bien.

Hubo un breve silencio entre nosotros.

—He oído que puedo tener visitas. Esperaré a que vengas a verme.

—Eso sería genial —le dije.

—Nosotros podemos usar Skype y mensajes de texto y hablar… Cuando


hoy te vi en televisión solo pensé que quería ser como tú. —Se rio entre
dientes—. Siento lo de esta noche.

—Me debes una cena de lujo. —Le recordé.

—Ven a visitarme a Georgia. Te daré eso y más.

—Eso no será en Georgia, no podrías. Los visitantes no pueden estar en la


base o en tú dormitorio.
—Entonces… tendremos que esperar. Ya sabes lo que dicen sobre esperar
el tiempo correcto, para que la fruta madure… así, la fruta es la más dulce
de todas.
Capítulo 4
Todo estaba sucediendo tan rápido, que mi cabeza estaba dando vueltas.
Estaba de vacaciones en mi trabajo en la Policía de Toronto. Ahora, había
entregado mi dimisión y en estos momentos yo me encontraba en el Centro
de Formación y Aplicación de la Ley Federal en Glynco Georgia.

En el transcurso de una semana, fui a Texas para conocer a un chico que


resultó no ser quién él había dicho que era, me encontré envuelto en el robo
y secuestro de un banco, conocí a otro chico quién era demasiado
interesante pero estaba asustado de mí, y me uní al programa de
entrenamiento de los US Marshal. Mi vida pasaba por delante de mis ojos
antes que yo pudiera sentir el estrés.

Mi primera noche en la base no estuve seguro de querer que pasara a la


historia. En el momento que me informaron sobre mi admisión, me
entregaron un par de sudaderas y camisetas de manga corta, el chico que lo
hizo parecía que no sabía lo que era una sonrisa.

—Founder —me llamó—, ¿tienes zapatillas de deporte?

—Es Fournier, señor —le dije.

Él miró hacia arriba y me tendió un papel que sostenía en su mano. —


¿Qué tipo de nombre es ese? ¿Eres extranjero?

Odié la pronunciación pero era mejor eso a que me llamara Founder. —Es
francés, señor.

—No pareces francés.

No estaba seguro como responder a eso.

—Y aquí dice que naciste en los Estados Unidos de América.

—Sí, así es.


—Alguien llamó para hacerte unos favores. —Él se refirió a mí—. ¿Piensas
que eres especial, Founder? ¿Lo piensas? ¿Eres especial?

—Ah… no.

—¿Piensas que mereces un tratamiento especial?

—No.

—¿Tienes zapatillas de deporte o no?

—Si, en mi macuto.

—Póntelas, y vete al gimnasio. Te veré allí en diez minutos. —Se giró y


cogió algunos papeles—. Nosotros descubriremos que hay de especial
sobre ti.

No tenía idea de donde estaba el gimnasio pero pensé que mejor lo


encontraba por mis propios medios. Cuando localicé el gimnasio, me
cambié en el vestuario y esperé. El hombre que me había entregado la ropa
llegó. Entrecerró sus ojos mientras me miraba.

—Samson, ese es mi nombre pero tú puedes llamarme señor —me dijo,


mientras su voz hacía eco en el gimnasio.

—Sí, señor —respondí. Yo había estado en el servicio militar, así como en


la academia de policía. Conocía el protocolo.

Él se acercó. —Voy a hacer que corras hasta que te deshidrates, Fouray.


¿Me has escuchado?

—Sí, señor. —Quise reírme. Él nunca iba a decir mi nombre


correctamente, probablemente no quería.

Yo me encontraba en plena forma. Siempre había sido atlético, y corría


cinco millas diarias, me ejercitaba fuera tres veces a la semana y jugaba
softball en el equipo del departamento de policía. Durante el transcurso de
dos horas, este pequeño gusano intentó destrozarme. Pero no lo consiguió.

A regañadientes, marcó el paso en mi certificado y empujó el papel hacia


mí.
—Hasta después de haberte encontrado con el Marshal Rosewood a las
siete en punto mañana en la mañana, no hagas nada. No llegues tarde,
Canuck12. A Rosewood no le gustan los que llegan tarde. Ahora, coge tus
cosas y sígueme.

Me había dado un uniforme, un candado para mi taquilla, me mostró las


duchas y la cafetería. Me dirigí a una litera en los cuarteles, todo el tiempo
tratando de parecer recto mientras mi superior me daba la información. La
habitación con las camas estaba vacía. Me preguntaba donde habían ido
todos. Samson me entregó un libro de reglas.

—Memorízalo —dijo gruñendo y me dejó allí con mis cosas.

Agotado, subí a mi litera, me tumbé boca abajo y me quedé dormido. Abrí


mis ojos a las seis en punto al notar una ráfaga de actividad a mí alrededor.
Todos los reclutas tenían los rostros frescos. Me sentí viejo en comparación
con los veintiocho años. Ellos parecían chicos. Demonios, ellos eran
chicos.

Me duché, me cambié, me puse el uniforme y me dirigí hacia la cafetería.


Guardé cola para coger mi café y la tostada. Pasé de largo de los huevos y
el bacon. Yo era muy estricto con mi dieta y no iba a adoptar un nuevo
hábito y menos como el de comer tocino. Me senté solo, viendo pasar el
tiempo entonces vacié mi bandeja y me fui directo a la oficina de
administración. Una secretaria que estaba tras su escritorio me dio una gran
sonrisa. Ella era una preciosa morena alrededor de mi edad y tenía ese
acento sureño que a veces me costaba trabajo entenderlo.

—¿Puedo ayudarte, novato?

—Soy Nicholas Fournier —le dije—. Estoy aquí para ver al Marshal
Rosewood.

Me miró comprensivamente. —Voy a decirle al Marshal que estás aquí.


Puede tomar asiento. Te ha estado esperando, realmente nervioso, ahora
veré por qué.

Tomé asiento con una sensación de incomodidad por como ella me


anunció. No estaba seguro sobre lo que significaba aquel comentario, pero
12
Canuck: referencia a la palabra aborigen “Kannuk”, que significa canadiense.
no iba a tener que esperar mucho tiempo para saberlo. La puerta a mi
izquierda se abrió y un hombre grande apareció en ella, su cabello era una
maraña de hilos de plata. Salió fuera de la oficina hacia la sala de espera,
con su mano tendida.

—¡Nicholas!

Estreché su mano y la agité. —Marshal Rosewood.

—Por favor. —También agitó su mano en el saludo—, pasa a mi oficina.


—El hombre miró a la joven mujer—. Que no me interrumpan.

—Sí, señor. —Ella me guiñó un ojo cuando el Marshal entró en su oficina.


Tuve que mirar dos veces. La gente estaba siendo muy amable por estos
lares.

Rosewood esperó a que entrara para cerrar la puerta. Su oficina era simple
pero grande con muebles de madera de teca y típicas sillas de oficina de
cuero acolchado.

—Siéntate. —Rosewood se acomodó en su silla—. ¿Café?

—No gracias, acabo de tomar uno. ¡Oh! —Dije alcanzando mi bolsillo para
entregarle el documento de forma física—, me dijeron que debía entregarle
esto. —Puse el documento delante de sus manos sobre el escritorio.

Rosewood miró delante de sus manos. —No necesito esto. Yo lo escuché.


—Él me sonrió—. Pasaste la prueba con buena nota. Los Marshal que
queremos aquí deberían tener tu misma condición.

Me devolvió el documento aún doblado.

—Tengo que decir que cuando Trace me llamó y me dijo que tenía algo
para mí, pensé que sería algo para Navidad.

—¿Señor?

Él rió. —Modestia también. Me gusta. Generalmente esa cualidad se


aprende durante el proceso de aprendizaje. Hemos acelerado todo el
proceso para ti. He comprobado tu historial. —Rosewood sacó algunos
documentos que había dentro de una pequeña carpeta—. Cuando cumplió
dieciocho años se unió al ejército canadiense. Completó su educación
satisfactoriamente obteniendo un título en ingeniería química en dos años.
Tiene reconocidos tres años de servicio activo en Afganistán, en
operaciones especiales, obteniendo dos medallas por el desempeño de sus
trabajos. Se le ha dado de baja con honores. Ese verano se unió a la Policía
Provincial de Toronto. Número 10, pasaste el examen para detective y
comenzaste a trabajar para antivicio. ¿Es correcto?

Afirmé con la cabeza. —Sí, señor.

—Hablas tres idiomas, ¿cierto? ¿Inglés, francés y griego?

—Sí, señor.

—Veo que tiene conocimiento de dos idiomas oficiales de Afganistán,


Pashto y Dari.

—No los hablo muy bien —confesé—. Tengo conocimientos para


mantener una conversación en esos idiomas, así como en español.

Rosewood se echó para atrás en su asiento y se rió. —Nicholas —me


dijo—. Hablé con tu teniente de Toronto. Me dijo que le habías avisado
sobre tu dimisión. Se decepcionó cuando renunciaste. Me dijo que eras uno
de sus mejores detectives, entre los mejores que había tenido en el cuerpo
en mucho tiempo.

—Decir eso fue muy amable de su parte.

—Nicholas, él no estaba siendo agradable. Estaba siendo honesto. Estaban


tristes por tu marcha. Pero su pérdida es nuestra ganancia. —Se apoyó en el
escritorio—. He llegado a una conclusión leyendo tu historial; tienes una
inteligencia superior y una sed de aventuras que hace que te aburras pronto.
Por eso necesitas estar cambiando de un lado a otro. Y alguien como tú que
pasó por el ejército y el cuerpo de policía, y cuando ya ha hecho todo, se
pierde la diversión. ¿Correcto?

Consideré por un momento lo que había dicho. Fue cierto que cada vez
necesitaba más acción. —Estás en lo cierto —contestó.

Él sonrió. —Tus padres son corresponsales de guerra, ambos altamente


inteligentes, disfrutas estando en medio de las cosas.
Mis ojos se ensancharon un poco.

Se rio. —Hice mi tarea —Rooswood me dijo—. No soy partidario de


intensificar y acelerar la formación básica de alguien, creo que no hace
crecer profesionalmente, pero haremos una excepción contigo. Nicholas
Fournier, estamos muy contentos que quieras ser un US Marshall. Voy a
hacer todo lo posible para asegurarme que consigas el cambio de puesto.

Sonreí y asentí con la cabeza. —Me gusta cómo suena eso, señor.

Él se detuvo. —Vamos a conseguirlo.

—Voy a conceder la exención sobre algunas cosas que simplemente serán


una pérdida de tiempo y recursos. Tendrás que pasar una serie de pruebas,
siete en total, recibirás los cursos de formación, te entrenaremos sobre
cosas que van más allá de lo básico. Que conozcas varios idiomas y que
tengas experiencia en ingeniería puede ser de gran ayuda. Te eximiré de
técnicas de conducción, registro e incautación, entrenamiento con armas de
fuego, primeros auxilios, búsqueda y detención de presos, entrada a
edificios y búsqueda, y técnicas de supervivencia. Aunque te
examinaremos de esas áreas.

—Gracias, señor.

—Asistirás a estos cursos. —Me dio una lista—. Como hay diferencias
entre los dos países, necesitarás familiarizarte. —En la lista leí: formación
jurídica, tribunal de evidencias y procedimientos, técnicas de supervivencia
oficial, y cursos específicos de alta especialidad en dichas disciplinas—.
Suena bien.

—Ven conmigo.

Lo seguí al exterior de la oficina.

—¿Gloria, tienes un horario basado en la lista de cursos que te pedí para el


Señor Fournier?

—Sí, señor, —contestó ella, tendiéndome una hoja impresa.


—Habrá intervalos de tiempo que indicarán tiempo conmigo como así para
otro entrenamiento. Puede requerir que tengamos que salir de la base. Este
aspecto, tiene demasiado contenido confidencial —dijo.

—Por supuesto —dije.

Rosewood palmeó mi espalda. —Bienvenido, Nicholas—. Con esto, se


volvió y caminó hacia su oficina.

—Debe ser muy especial —dijo la secretaria haciendo que me girara hacia
ella.

—¿Disculpa?

—Has sido eximido de muchos cursos. Debes ser muy especial.

Le sonreí y caminé fuera, comprobé donde tenía que ir y cuando.

En el transcurso de las semanas siguientes, entré en una repetitiva rutina.


Muy parecida a como siempre había sido conmigo, yo era el hombre
extraño. Una vez que había sido liberado de recibir un montón de cursos, y
de darme cuenta, que todo era muy fácil, nacía en mí el temor a que no me
gustara. En el colegio había ocurrido lo mismo. Fue solo en el ejército
siendo el líder del equipo, que sentí cierta camaradería y esto era sobre todo
porque el grupo dependía de mí para sobrevivir. Cuando estaba en la
policía, no le gustaba a muchos oficiales sobre todo cuando conseguí
convertirme en detective, ya que era muy joven y una persona en constante
lucha y preparación, investigando casos y tomando el riesgo de unos y
otros.

Me había sentido solitario mientras crecía, excepto por mi tía, que a veces
viajaba con nosotros. Ella era fotógrafa independiente que trabajaba para
mis padres. Me sentía más cerca de ella que de mi propia madre. Mis
padres siempre estaban en otro lugar. Tenía un profesor particular y una
niñera llamada Clarissa, ella me cuidaba cuando viajábamos y se aseguraba
de que estudiara. Cuando llegué a mi adolescencia, había estado en todos
los lugares. Yo era hijo único y mis padres me trataban como un adulto
cuando yo solo tenía seis años. Nunca tuve muchos amigos.

En mi adolescencia, descubrí el sexo gay y fue salvaje. El viejo dicho de


tener un ligue en cada puerto, conmigo se hizo realidad. En todas las
ciudades me encontraba allí, donde los placeres de la carne estaban. Estaba
bien experimentado en las artes del placer, habiendo tenido profesores
desde Bangkok hasta Florencia. Pero ninguno de ellos capturó mi corazón.
Creo que me atrajo el ejército, porque siempre me había encontrado entre
ellos. Cuando estalló la guerra mis padres estaban allí. Admiraba a los
soldados que trabajaban para la ONU. Los he visto repartiendo tabletas de
chocolate a los niños y rescatando a civiles atrapados en la tragedia. Mis
padres se horrorizaron cuando me uní. Ellos querían que me fuera a los
Cuerpos de Paz. Yo quería acción.

Después de años de hacer mi camino por toda Europa y descubrir la vida de


la escena gay en Canadá, conocí a alguien por internet, por el cual me sentí
atraído. Debería haber sido más listo y no haberme dejado engañar. Tenía
amigos policías que trabajaban contra la violencia en internet. Sabía todas
las trampas y caí en cada una de ellas. Fue en un momento de mi vida en el
que el trabajo de policía comenzaba a aburrirme. Lo único que podía hacer
era ascender y realmente no quería ser un teniente. Demasiado tiempo en el
escritorio. Los bares gays me resultaban aburridos. Muchos drama-queens,
demasiadas complicaciones en los armarios. Así que cuando estaba fuera
de servicio, me sentaba en mi apartamento y charlaba con chicos en línea,
intercambiábamos fotos. Algunas veces, cuando los tíos estaban cerca, nos
encontrábamos por la noche. Generalmente era una decepción. Cuando
comencé a hablar con Texas25, en una sala de chat gay, me llamó la
atención. Se describió así mismo, con una altura de un metro con setenta
centímetros, musculoso, ocho pulgadas de pene circuncidado, pelo rubio
corto y ojos azules, y me pregunté que me parecería este chico. Le dije que
medía un metro noventa centímetros, musculoso, con el cabello negro y
ojos marrones oscuros. Me pidió una foto. Le envié una foto mía con
uniforme, ya que me había dicho que le ponían los hombres de uniforme.
Me dijo que era abogado y estaba de curso de formación con un bufete de
abogados de Dallas.

Le pedí una foto y el me cortó. Dijo que no tenía una. Le invité a Skype.
Afirmó que no tenía una cámara. Como tenía tiempo de vacaciones y mi
tía vivía ahora en Dallas, pensé que Texas25 y yo podríamos encontrarnos.
Me dijo que su nombre era Mike. Cuando sugerí que nos encontráramos,
sonaba extraño. Me pidió el número de teléfono de mi tía,
comprometiéndose a llamarme durante mi tiempo de visita. Cuando le
pregunté su número me dijo que estaba mudándose de piso y su teléfono
estaría fuera de servicio. Comencé a sospechar cuando me dijo que no tenía
un teléfono móvil. ¡Joder!, todo el mundo tenía uno, ¿no?

Habíamos pasado tanto tiempo chateando que había comenzado a pensar


que el tipo no era real. Había conectado y era raro conocer a alguien así.
Tomé un avión, fui a Dallas y alquilé un vehículo. Mi tía se puso muy feliz
de verme y pasamos mucho tiempo agradable. Después de varios días sin
escuchar nada del hombre misterioso, le pregunté a mi tía si alguien había
llamado preguntando por mí, pensando que se había podido hacer un lío
con los días. La respuesta fue no, le envíe un email, sin respuesta. Estaba
comenzando a pensar que realmente no quería verme y luego recibí un
mensaje. Simplemente decía; —Nick, estoy muy enamorado de ti. Eres el
hombre de mis sueños. No puedo esperar para reunirme contigo.
Llámame—. Había un número de teléfono. Entusiasmado, llamé al número
de teléfono y esperé.

Una voz respondió. —¿Nick? ¿Eres tú?

—¿Mike?, ¿dónde estás? ¿Quieres que quedemos para tomar un café,


oh…?.

—Tengo que decirte algo antes que nos conozcamos. ¿De acuerdo?

—Okay. —No me gustó como sonaba aquello.

—No soy exactamente como me describí. Yo pensé que tú no eras el tipo


de la foto que me enviaste. ¿Realmente eras tú?

Estaba estupefacto. —Era mía.

—¿Realmente eres este hermoso Dios griego, un policía?

—No sé si soy alguna especie de Dios, pero realmente soy un policía. Y


ese era yo. ¿Vamos a conocernos o no?, ¿qué está sucediendo?.

—Bien —dijo tímidamente. Me dio una dirección de una cafetería no muy


lejos de casa de mi tía. Incluso podría ir a pie—. Estaré allí en veinte
minutos. —Colgó.
Mi tía no quería que fuera. —¿Qué tal si fuera una especie de maníaco?

Reí y le di un abrazo. —Puedo manejarlo.

Ella sonrió. —Olvidé como eras, Nicky. Aún eres un niño para mí.

La besé rápidamente y salí de casa. Esperé más de una hora en la cafetería.


El único tipo en el lugar a parte de mí, era un chico calvo, un poco gordito,
cincuentón con un abrigo grueso. Bebí dos tazas de café y me figuré que él
no vendría. Me levanté para salir. El hombre pequeño en la esquina se
levantó también. Me miró. No, no, no, pensé. No permitas que este sea
Texas25.

—¿TOvice13?

Mi mandíbula se abrió.

Él parecía cercano. —Dios, eres espectacular. Me miró de arriba debajo de


una manera espeluznante.

Quería patearme a mí mismo. —¿Texas25? —No estaba seguro sobre qué


hacer. No quería ser estúpido, aunque realmente, estaba muy cabreado.

Él asintió. —¿Sorprendido?

—¡Asombrado!

—No soy lo que esperabas, supongo.

Solo lo miré. —Me mentiste. ¿Acaso eres abogado?

—No. —Él movió la cabeza—. Soy empleado en una firma de abogados—


dijo.

Observé el anillo de matrimonio en su dedo. —Y casado.

—Infelizmente —suspiró—. Realmente esperaba que fueras una decepción.

Le di una sonrisa obligada.

—Así —él se movió más cerca—, ¿quieres follarme?

13
TOvice, es el nick, que Nicholas usó en internet cuando conoció a Texas25.
—No, yo… —sacudí mi cabeza—. Mira, creo que este encuentro ya ha
acabado. —Salí de la cafetería con el corazón apretado. Fue la última vez
que iba a usar internet para estas cosas.

Me siguió. —Solo porque eres Míster precioso… un macho policía con un


cuerpo para morirse… ni si quiera considerarías follarte a alguien como yo.
Y sin embargo, conectamos.

Lo miré. —Sí, conectamos a través de una mentira. Nada de lo que dijiste


es verdad. Me siento como un idiota.

—Estoy enamorado de ti, Nicholas.

Oh Dios mío, pensé. —Nunca hablamos de amor. Solo vine a visitar a


mi… Jesús. —Comencé a caminar alejándome de él.

Vino tras de mí. —Por favor no, Nicholas. Me siento solo. Estoy atrapado
en este matrimonio y tú sólo eres hermoso. —Comenzó a llorar—. Mi vida
se me ha escapado de las manos. Estoy tan solo.

Se detuvo, como si hubiera entrado en un callejón y comenzó a sollozar


como si fuera un niño.

Suspiré y me volví. Si, muy profundamente, fui suave. Puse mis manos a su
alrededor, abrazándolo por un momento.

Se calmó y se disculpó. —Lo siento.

—Está bien. Vamos. ¿Quieres un trago, Mike? ¿Tu nombre es Mike, no?

—Sí, para ser más correctos, Mike Romero —dijo—. Mi esposa esta fuera
de la ciudad. ¿Nicholas?

Me detuve y lo miré. —¿Sí?

—¿Me llevarás a un bar gay? nunca he estado en uno. Demasiado asustado


para ir solo. ¿Me llevarás y bailarás conmigo, aunque solo sea una vez?

Rodé mis ojos, pero mierda, sentí pena por él. Pasé mi brazo alrededor de
él y le di un abrazo. —Solo un baile Mike, y entonces, será el fin del
romance entre Texas25 y TOvice, ¿de acuerdo?
Así que bailé con el pobre chico, y lo dejé de pie en la esquina de la parada
de autobús. Estaba sonriente, listo para volver a su mundana y aburrida
vida. Me pidió un beso de adiós y besé su frente. Eso fue demasiado para lo
que se merecía.

Necesito decir, que yo estaba decepcionado. Entonces fui al banco al


siguiente día y tuve una verdadera aventura. Lamentaba lo que había
sucedido a Jubilee, pero personalmente agradecí la distracción. Entonces
bueno… conocí a Sean. Joven y caliente y… Umm, disfruté esos besos.
Pero, dudé en llamarlo una vez que llegué a Georgia. No sé por qué. Yo
había cometido un estúpido error con Texas25, y tal vez debía solo reducir
la velocidad. Sean me escribió varias veces y yo le respondí del mismo
modo diciendo que estaba muy ocupado, que pronto me pondría en
contacto con él. Quería visitarlo pero Rosewood había ocupado mis fines
de semana con la formación adicional.

Mi vida se movía súper rápido. Estaba batallando con mis cursos y


desarrollando una especie de relación padre e hijo con Rosewood.
Verdaderamente me había tomado bajo su ala.

—Siempre soñé que tendría un hijo o hija que quisiera seguir mis pasos —
me dijo una noche mientras compartíamos una copa en la oficina—. Tengo
un hijo, que tiene miedo de su propia sombra. ¡Se convirtió en contable,
muy bueno por cierto!. Tiene tres hijos y una esposa. De vez en cuando
pienso que es mejor padre que yo. Tal vez no podamos ser ambas.

Estaba pensando en Kieran y Jubilee. Yo pensaba que si podríamos ser las


dos cosas. No lo contradije. Rosewood parecía que quería hablar de su
arrepentimiento. Dios, estaba preparado, pero yo solo tenía la mitad de su
edad.

—Buen chico, mi hijo. No hizo ley de ejecución material. —Él rio y me


miró—. Pero tú. Vi las cintas del robo del banco. Impresionante. Tú y
Jubilee Mason hicieron un gran equipo. Entrené a Jubilee y Kieran, ya lo
sabes. Kieran era de aprendizaje rápido, como tú. Me recuerdas a Kieran,
inquieto y deseoso de peligro.

—No sé si lo haré tan bien como Kieran.


—Lo harás. Tú lo harás tan bien como cualquiera de los mejores que han
pasado por aquí, Nicholas. Serás una parte valiosa del equipo que estoy
preparando.

—¿Un equipo para qué? —le pregunté.

Él sonrió, se inclinó hacia adelante y me dio unas palmaditas en mi mano.


—Verás. ¿Quieres peligro? Te ofreceré diez veces lo que deseas. Hay algo
por venir y será como una bomba lista para estallar. He tenido que parar el
tiempo en espera de que Jubilee estuviera listo. El último informe, dice que
él está mejorando.

—Lo sé —le dije. Sean me había enviado actualizaciones sobre su estado


durante todo el tiempo. Sean, realmente podría decir que admiraba al chico.
No fue justo como Rosewood. Era la manera en la que Sean miraba a
Kieran. Yo lo había notado cuando estaban en la misma habitación. Estaba
seguro que sentía algo especial por el hombre, y no lo podía culpar. Pero tal
vez, solo era un pretexto. Después de todo, Kieran estaba con Jubilee. De
eso no había ninguna duda. Esa noche cuando estaba con Sean,
besándonos, pude notarlo. A él le gusté. Lo sentía, pero estaba esa dulce
inocencia que lo envuelve. Era embriagador, todo parecía prohibido y
diferente. Normalmente, yo no me habría alejado.

Supongo que eso fue porque cuando mi teléfono sonó y vi que era Sean,
estuve a punto de casi no contestar. Casi. Lo cogí antes de que saltara el
mensaje de voz.

—Hola —dije.

—Nicholas. —Él sonaba aliviado—. Mierda. He dejado diez mensajes.

—Lo siento. He estado…

—¿Ocupado?, ya dijiste eso. ¿No quieres verme?

—¿Por qué piensas eso? —Apreté el teléfono.

—¿Qué quieres que piense? Has estado allí casi seis semanas y nada de
nada, excepto algunos mensajes de texto.

—¿Cómo está Jubilee? —Cambié de tema.


—Está fuera del hospital.

—¿Estará listo para volver al trabajo?

—En una semana o qui… ¿Nicholas?

—¿Um? —repliqué, sintiéndome como un niño que se hunde en el banco


de un parque. Podía oír la risa procedente de una ventana abierta. Algunos
de los chicos estaban jugando al póker. Yo no estaba invitado.

—Pensé que tal vez teníamos algo, o… podríamos tener. Ahora tengo la
impresión de que te arrepientes de lo que sucedió.

—No ocurrió nada —dije dándome cuenta de lo que acaba de decir.

La llamada se cortó.

Miré atónito. —¡Joder! —Grité en voz alta—. ¿Qué demonios en el


infierno había hecho que dijera eso?. Es cierto que solo fue un beso. No fue
como si hubiera estado toda la noche follándome al chico pero…
significaba algo para Sean. Demonios, significaba algo para mí también,
quizás demasiado. Pulsé sobre su número y esperé mientras sonaba. Saltó
su correo de voz.

—Sean voy a llamarte nuevamente. Por favor cógelo esta vez. Lo siento.
No quise decir lo que dije, no de esa manera.

Cuando volví a llamarlo un minuto después, él descolgó la llamada en el


segundo toque.

—Hey —dijo Sean—. ¿Qué estabas diciendo?

Reí. —¿Quieres que me arrodille?

—Sí, por favor.

Reí nuevamente. —De acuerdo, lo siento.

—¿Estás de rodillas?

Yo reí. —No. ¿Te gustaría que lo estuviera?

—Oh Dios, si, por favor.


—¿Estás teniendo pensamientos impuros, Sean?

—Ah… tenías que decirlo. Todo lo que sé es que no puedo parar de pensar
sobre ti. ¿Eso está mal?

—Depende.

—¿Sobre qué?

—Sobre si tú tienes algo que hacer, o no.

—Me gustaría. ¿No tienes tiempo libre?

—No mucho.

—Oh.

—Puedes venir el domingo, si tú quieres. —No sé por qué dije eso, pero yo
quería verlo.

—¿Podemos ir a algún sitio donde pudiéramos estar… solos?

—¿No estarás planeando corromperme, no? —me burlé.

—Ese era mi plan pero… No creo que pueda hacerlo.

—¿Por qué no?

—Pienso que soy el único que podría salir corrompido. ¿Has estado con
muchos hombres?

Me detuve. La respuesta era mayor de lo que él querría escuchar. —He


estado con algunos —dije.

—¿Nicholas?

—¿Es importante?

—No quiero ser comparado.

—¿Es que crees que puntúo a los hombres con los que duermo, o algo
parecido?

—No he estado con muchos chicos, Nicholas.

—Lo sé.
—¿Qué quieres decir con que lo sabes? —él sonó alarmado—. ¿Cómo
puedes afirmarlo?

Reí. —Eres muy dulce.

—¿Dulce?.

—Sí, dulce. Y sí, yo podría afirmarlo.

—Bien, podría decirte que te has acercado. Sobre el tema.

—¿Estás diciendo que soy un cerdo? —Reí entre dientes.

—Estoy diciendo… nosotros… así… cuántos?

—No los he contado Sean. No puse señales en la pared ni ese tipo de cosas.

—¿Has amado a alguno de ellos?

—No.

Hubo una pausa.

—¿Sean?. ¿Estás ahí?

—Sí. Es solo que contestas sin pensar.

—No tengo que pensarlo. Lo sé.

—¿Nunca has estado enamorado?

—No. ¿Lo has estado tú?

—Ahm… no estoy seguro.

—¿Qué hay sobre Kieran?

—¿Kieran?

—Vamos Sean.

—Kieran está fuera de los límites. Él es de Jubilee. Ellos están muy


enamorados, sería de locos. Debería tener mucha suerte. ¿Tú no quieres
eso?
—Supongo. No ocurre todo el tiempo. —Me di cuenta que él no negaba su
atracción.

—Tienes que encontrar al tipo adecuado. Es hermoso.

Reí.

—Piensas que soy patético, ¿verdad?

—Pienso que eres dulce.

—Hombre grande, fuerte macho.

—Deberías hablar.

—No, soy dulce, ¿recuerdas? Así que, ¿puedo ir o no?

—Ven si lo deseas. Ese es tu problema pero no uses porno. Ya está pasado


de moda. —Nicholas sonrió.

—Ha, ha, nos vemos el domingo.

—Seguro, si es lo que quieres.

—Sé cómo llegar.

—Apuesto a que sí.

—Adiós, Nicholas.

—Te veo el domingo —dije y colgó. Sostuve el teléfono durante un


momento. No estaba seguro que ocurriría el domingo pero sabía que yo
quería verlo.

Estaba ansioso y temeroso porque llegara el domingo.

Sean llegó temprano y me llamó antes del amanecer. —Hey.

—¿Sabes qué hora es?. —Salí de la litera y vi el fresco y gris amanecer, los
demás aún no se habían despertado.

—No podía dormir. Conduje toda la noche solo para verte.

Sonreí. —¿Dónde estás?

—Mirándote.
Escaneé la zona de los aparcamientos. Vi a Sean con su teléfono, caminaba
hacia mí. El llevaba el uniforme. Yo estaba allí de pie, con una camiseta
blanca de manga corta y en boxers. Acabé la llamada y él se acercó a mí, su
mirada me recorrió de arriba abajo.

—Dios, realmente estás colgado —dijo en un susurro silencioso mientras


se puso delante de mí.

Sacudí mi cabeza. —¿Acaso duermes con ese uniforme o qué?

—Pasé por el mismo infierno mientras estuve aquí, así que nunca me lo
quito… por supuesto —él dijo suavemente—, deberías persuadirme con la
técnica correcta.

—Pensé que no nos dejarían pasear alrededor —dije sensualmente.

Se acercó y agarró mi camiseta. —Solo se lo permiten a los pervertidos


sexuales que trabajan para el Servicio de Marshall, son considerados como
una excepción. Cámbiate de ropa, voy a conseguirte algo para desayunar.

Sonreí. —Dame diez minutos para tomar una ducha.

Vi sus dientes morder su labio inferior. —Eso es un pensamiento. Te


esperaré en el banco.

Lo vi caminar hacia él. Estaba muy guapo. Y yo no había estado con nadie
en seis semanas. Esto era una combinación muy explosiva. Me duché
rápidamente y me puse unos vaqueros y una camiseta de manga corta.
Cuando Sean me vio caminar en su dirección, se puso en pie y caminó
hacia su coche situado en los abarrotados aparcamientos.

Pocos minutos después, estábamos saludando a la guardia en la puerta de


salida y Sean llevó exceso de velocidad por todo el camino.

—¿Dónde vamos a parar a desayunar? —pregunté.

Sean tomó un desvío lateral y paró el motor. Me miró fijamente. —


¿Realmente estas hambriento?

Abrí mi boca para hablar pero no tuve la oportunidad de decir nada. Sean
agarró mi camiseta y presionó su boca caliente contra la mía. Mi boca sea
abrió y moví mi lengua alrededor de la suya en una especie de danza
sensual, lenta, mientras mi polla comenzó a hacer su propio baile. Sean
agarró mi cara a ambos lados y mantuvo nuestras bocas unidas, hambriento
devorando mis labios hasta que nos faltó la respiración. Después
bruscamente me liberó y se echó hacia atrás en su asiento con un gran
suspiro.

Esperé, parpadeando. No estaba seguro de qué es lo que quería hacer en ese


punto, entonces él me miró y dijo; —¡Vaya mierda!

—De acuerdo, en un momento me estás besando y en el próximo… ¿qué


es esto ahora?

—Deliberadamente me has dejado en espera, me torturas. ¿Es este tú


juego?

—No estoy jugando a nada. —Me senté nuevamente en mi asiento—. No


con los hombres que conozco —murmuré.

—¿Por qué siempre me enamoro de los chicos que no puedo tener?

—¿Te gusta Kieran?

—¿Vas a parar de decir eso?

Lo miré. —Lo primero de todo, es que no sé qué es lo que estás sintiendo y


lo segundo, ¿por qué no puedes tenerme?. Estoy aquí.

Sean arrancó el motor y puso bien su respaldo. —Genial. Entonces colócate


bien.

—¡Ah!, ¿te gusta que me coloque bien? Agarré el salpicadero. ¿Puedes


esperar?

—No. No puedo, no puedo esperar más. Pagaré.

—¿El desayuno?

—No, tonto —me dijo—, la habitación.

Sonreí. —¡Oh! ¿No voy a poder desayunar primero?

Él me miró. —¿Eres mejor con el estómago lleno?

Eché mi cabeza hacia atrás y reí fuerte.


—¿Qué he dicho? —me preguntó.

Continué riendo cuando Sean aparcó en algún motel con la luz de vacante
fundida.

—Bien —dije saliendo fuera—. No es el Ritz.

Él me miró. —Estoy de acuerdo. Vamos dentro. —Él se acercó y me cogió


del brazo. Antes de que yo supiera que hacer, tiró de mí por el campo
detrás del motel y bajamos un pequeño terraplén hasta llegar a un pequeño
embarcadero en el río.

—Tengo el sentimiento como que conoces este lugar —dije.

Sonrió. —Mira, no soy Pollyanna14. Se quitó su chaqueta de Marshall y


después su camiseta.

Lo miré con gran interés. —Nunca dije que te parecieras a Pollyanna. No te


pareces a Pollyanna.

Él puso sus manos en sus caderas. —Agradezco eso. —Se fue hacia la
hierba—. De acuerdo, quítate eso. —Señaló con sus manos.

—Solo esto, ¿vale? —Reí—. ¿Tendré después mi desayuno? —pregunté


estrechando mis ojos.

—Depende si me gusta lo que veo.

—De acuerdo. —Reí. Me quité la camiseta—. ¿Qué piensas? ¿Vale la pena


algunas tostadas y café, por lo menos?

—Eres tan hermoso —dijo suavemente—. Quítate el resto.

Miré alrededor.

—Nadie viene aquí.

Le guiñé un ojo. —Alguien vendrá hoy aquí.

Él se ruborizó y desabrochó mis vaqueros. Lo miré. —¿Por qué no te quitas


el tuyo también? Juego limpio.

14
Pollyanna. Creo que es un personaje, que ve todo de un modo muy inocente y en este caso, Sean,
quiere decirle a Nicholas que no es tan inocente como parece.
Él asintió con la cabeza.

Me quité el resto de la ropa cuando él lo hizo. Parecía un poco tímido,


sosteniendo los pantalones en su regazo. Me pareció entrañable. Caminé
hacia él y vi como tragó duro.

—Jesús —gimió Sean, su mirada puesta sobre mi polla—, esto vale un


desayuno completo.

—Bien, Marshal, si la quieres —me burlé—, ven y consíguela. —Y con un


grito de Tarzán, salté al río.
Capítulo 5
Fue complicado dejar a Nicholas.

Conduje mi coche de alquiler hacia el aeropuerto Brunswick Golden Isles,


a cuatro millas de distancia desde el motel en el que me había registrado.
Tomé un vuelo comercial a Dallas/Forth Worth15. Hombre, sino fue duro
dejarlo allí.

—Nosotros estamos comenzando —me dijo Nicholas cuando me besó


diciéndome adiós en mi habitación. Me pidió que no lo acercara de vuelta
al FLETC16.

—Tomaré una carrera, es solo una milla —me dijo. También estaba la
necesidad de cierta discreción. Cercó mi cara entre sus manos mientras su
boca devoraba mi boca. Todavía podía saborear su lengua. Ya no me
preocupaba vernos otra vez. No cuestionaba nuevamente mi sexualidad.
Me gustan los hombres Uno en particular.

El calor, la química entre nosotros era intensa. Tuve un corto trayecto en


coche pero tuve tiempo de repetir una canción de mi diva favorita, Celine
Dion, “I drove all night”.

La letra sobre la fiebre que le quema… Hombre, así era justo como me
sentía yo sobre él.

No podíamos dejar de tocarnos o besarnos desde el primer momento en que


nuestras manos tocaban nuestros cuerpos desnudos. Había sido un
encuentro ardiente, durante todo el tiempo, pero nuestras acciones oscilaron
entre rápidas y lentas caricias, me sentí como bienvenidos a emergencias.
El sexo había sido maravilloso, todo él. Él era todo lo que yo esperaba para

15
Dallas/Fort Worth, son dos ciudades del Estado norteamericano de Texas.
16
FLECT. Centro de capacitación para la aplicación de ley federal.
mi primer encuentro real con un hombre. Había sido paciente y muy
excitante en la misma medida.

Nicholas y yo nos duchamos juntos antes que tuviéramos que irnos. Nos
secamos con la misma toalla, fuimos muy tiernos entre nosotros durante
todo el fin de semana. Dejé de pensar sobre la manera suave en la que
había acariciado mi espalda. Sus manos se movieron hasta mi culo.

—Tengo un plan para llenarte —me dijo—. Necesito dejarte un


recordatorio de que es lo que puedo hacerte.

A través del espejo lo vi desaparecer, lo escuché entrar en el dormitorio.


Supe que se estaba poniendo una goma. Yo había pasado de ser Johnny no
me folles a Johnny fóllame ahora, en solo dos días. Se arrodilló detrás de
mí y sumergió su lengua en mi culo. Me encantó lo que hizo para mí. Me
hizo sentir bien y me preparó, pero sentir, abrir el lubricante con sus dientes
y extendérmelo, me excitó.

—Fóllame —susurré, todavía me sorprende como el deseo quemaba mi


cuerpo como si fueran llamas.

Él se enderezó, y se extendió una buena cantidad por encima del condón y


entonces me colocó bien. En la misma posición en la que estaba, de pie,
pero con los glúteos ligeramente abiertos, presionó, por unos segundos me
sentí como en el infierno. Inclinó mis caderas y pareció saber que ángulo
sería mejor para mí, así que, comenzó a entrar dentro de mí.

Estaba observándome en el espejo de la habitación del motel. Nunca antes


me había visto follando a mí mismo. El contorno de su cuerpo, sus
musculosos brazos alrededor de mi cadera, era una gran excitación.
Alcanzó mi polla, y comenzó a menearla. Vi como acabamos juntos.

Sentí las contracciones de su polla en mi interior.

—No la saques.

Pero él lo hizo. Luego se agachó y chupó mi cadera, dejando un gran


chupetón.

—Es un tatuaje de Marshal —dijo besándome.


Limpiamos juntos mi corrida. Cuando me di cuenta que quería que
Nicholas Fournier me follara de nuevo a cámara lenta, me puse
nuevamente duro.

Me desperté de mi sueño caliente, tomé la salida para devolver el coche de


alquiler y lamenté que tenía que apagar la música. Quité mi iPod del
dispositivo del vehículo y lo guardé.

—Hey, me encanta esa canción —dijo la chica que se encargaba del


papeleo de los coches de alquiler.

Sonreí mientras salí del coche. Dejé la llave en la puesta en marcha porque
me lo indicó la chica, mientras cogí mi bolsa de viaje desde el asiento del
copiloto. Ella comprobó todo lo que necesitaba, la gasolina, los kilómetros,
a pesar que venía con kilometraje ilimitado. Caminó alrededor del vehículo
comprobando posibles daños.

Esperé en la acera y finalmente volvió a mí con la tarjeta y diciéndome que


estaba todo bien. Yo había empaquetado todo. Llevaba puesto mis
vaqueros y una camiseta de manga corta, mi uniforme de entrenamiento en
la bolsa. Solo me lo puse por Nicholas. Los Marshal viajamos con ropa
civil, pero siempre decido quién me hace sentir Marshal.

Recorrí la corta distancia hasta la estación de autobuses, por el camino


revisé mis mensajes de voz. Kieran me había llamado tres veces, Trace lo
había hecho dos veces. Llamé a Kieran primero sin verificar su correo de
voz. El cogió la llamada en la segunda señal.

—Hey —dijo—. ¿Has tenido diversión?

—La mejor. Acabo de entregar el vehículo, ¿cómo está Jubilee?

—Te lo diré de la siguiente manera. Acaba de salir con nuestro hijo al


parque. Ellos están todo el día jugando a montar en pony.

—Eso es fantástico Kieran.

—En serio, estoy muy orgulloso de él. —Hizo una pausa—. Quiere
regresar al trabajo, así que le he dicho que sí. Sé que quiere volver a la
normalidad. Él va a quedarse en casa muy tranquilo durante toda la
semana. La semana que viene comienza la rehabilitación, pero él no está
preparado aún para trabajar. Hemos encontrado una nueva canguro. Mi
padre tiene una novia caliente en Canadá y es dueña de un servicio de
niñeras. Ella nos encontró una mujer maravillosa aquí en Dallas a través de
su sistema en red.

—Eso es genial —dije—. No más robos. —No podía creer que aquellas
palabras hubieran salido de mi boca pero Kieran rió.

—Lo sé, ¿de acuerdo? No podíamos creer el curriculum que Consuela


envió, Consuela es la nueva canguro. De todos modos… ella trabajó como
niñera de los hijos del Gobernador de Texas. Ella tiene dos títulos
universitarios, habla cinco idiomas o ¿seis? Y tiene mucha experiencia.

—Todo eso suena increíble.

—Me siento muy cómodo dejando a mi hombre y a mi hijo en sus manos.


Ella es una mujer competente.

—Eso es genial. —Sonreí cuando bajé del autobús y me dirigí caminando


al mostrador de Delta Airlines. Era todo auto servicio y no había tenido
problemas con el revisado de mi bolsa, y ahora el ordenador no me dejaba
imprimir la tarjeta de embarque.

—Espera —dije en medio de la charla de Kieran—. Estoy recibiendo un


mensaje de error y necesito ver a alguien que me atienda.

—¡Oh!, eso no es un gran problema —me dijo—. Ellos saben que eres un
US Marshal y dudo que ellos no quieran cambiarte el vuelo.

—Wow… Ok.

—No es grave, pero seguro que es para que no puedas beber y te sentarán
en uno de los asientos junto a las puertas de desembarque.

Diez segundos después, un asistente hombre, se me acercó. Con Kieran al


otro lado de la línea, el operador hizo exactamente lo que Kieran dijo que
haría.

—Hemos tenido una mañana dura —dijo—. La oficina local de los US


Marshal nos ha informado de que hoy se encontraría aquí, y nos
preguntamos si podría monitorear el vuelo para nosotros.
—Por supuesto que sí —dije—. Será un honor.

Y lo fue.

—Buena respuesta —dijo Kieran en mi oído.

El hombre pareció muy aliviado. —Aquí está su tarjeta de embarque,


señor. Disfrute su vuelo.

Cuando anduve hacia la línea de seguridad, Kieran me aseguró que me


tratarían igual que a cualquier otro pasajero. —La tripulación sabe quién
eres y si hay algún problema acudirán a ti.

El lugar parecía esperanzador.

Como yo estaba parado en la línea, Kieran dijo; —Ahora escucha, ya que


vuelvo al trabajo, Trace y yo necesitamos compartirte. Mañana serás mío.
He estado pensando que quizás podrías venir luego a una barbacoa. Juan te
echa de menos y Jube quiere saber todo sobre Nicholas. Así que pensé que
podrías venir, tener una cena con nosotros, y te explicaré nuestro trabajo de
mañana.

—Suena como un ben plan. En realidad, no puedo esperar. Estoy a punto


de estrellarme contra un fuerte Nicholas.

—Estoy en contacto con esa emoción —dijo Kieran—. ¿A qué hora sale tu
vuelo?.

—A la una y treinta.

—¿Has aparcado en el aeropuerto?

—Sí.

—Literalmente conduce hasta aquí y no se te ocurra preguntar si puedes


traer cualquier cosa. Aquí lo tenemos todo.

Yo estaba feliz, realmente lo estaba. Terminamos la llamada cuando llegué


al punto. Me quité los zapatos y el cinturón, deposité mi cartera, el teléfono
móvil y la bolsa en la cabina para pasar a las cajas de plástico alineadas en
la cinta transportadora. Tuve que alertar al guarda de seguridad que era un
US Marshal. Le mostré mi membresía al guarda. Me llevó a parte. Le
entregué mi bolsa con mi arma, una pequeña Glock, mi licencia para
llevarla, y luego pasé por la máquina de rayos. Ellos eran muy agradables,
muy cooperativos. Pasé al otro lado de la línea y recogí mis cosas,
metiendo mis pies en mis zapatos y caminé hasta la puerta de embarque.

En el baño de hombres, puse mi pistola en la funda del tobillo, cerré la


cremallera de mi bolsa y caminé hacia fuera para tomar un asiento. Aún
quedaban treinta minutos hasta embarcar, así que revisé los mensajes. Mi
padre me llamó justo cuando estaba escribiendo un mensaje de texto a
Trace.

—¿Sean? —peguntó mi padre.

—Hey, Papá. ¿Cómo estás?

—Muy bien, muy bien. ¿Vendrás para Acción de Gracias?

La pregunta me sorprendió. Me estaba ocupando de pasar el día y no sabía


si podía pensar en seis, siete meses desde ahora.

—Esa es la idea. ¿Por qué? ¿Está todo bien?

—Tu madre vio las noticias sobre tu compañero.

Fruncí el ceño frente al teléfono. —Pero… papá, te conté lo que había


sucedido con Jubilee.

—Yo no me acordé hasta que estuve en casa y ella se enteró que él tenía
una pareja y un niño pequeño. Hijo… ¿crees que podrías llegar antes de
Acción de Gracias?

—Seguro Papá. Aún no sé cómo será mi horario de trabajo, pero prometo


que organizaré algo en las próximas semanas.

—De acuerdo… pero asegúrate que lo haces. La mujer está asustada. Está
diciendo que teníamos que haberte alentado a tu primera sugerencia, es
decir, la carrera de actor.

—Tenía nueve años cuando dije eso.

—A ella le está rondando la idea.


Reí. Amaba a mis padres… de hecho, los adoraba. Pero mi madre estaba
abocada al dramatismo.

—Genial. ¿Cómo ha ido la cita de este fin de semana?

¿Cómo diablos sabía el sobre eso?. Mi atención vaciló un poco. Una madre
y su hijo intercambiaron asientos frente a mí. El niño sostenía un libro
grueso que estaba seguro que era uno de los libros de Harry Potter. Era cien
por cien seguro que no era Cincuenta sombras de Grey.

—Fue genial. —Me sentí un poco culpable por haber ido a visitar a
Nicholas en vez de a mis padres, en mi primer fin de semana libre.

—Papá… —De repente, me di cuenta que la mujer frente a mí me estaba


mirando. Ella me estaba escuchando. No sostuve su mirada. Intenté
averiguar qué es lo que estaba sucediendo.

Olí un tufillo a alcohol y me sorprendí de que proviniera de una mujer


joven, posiblemente en sus 20 años. Ella se había colocado entre la madre y
el niño, a costa de la consternación de la madre. La joven parecía bastante
agradable. Ella estaba sosteniendo una almohada en sus brazos, su bolso de
mano colocado entre sus pies. Ella estaba actuando de una manera
excesivamente ruidosa, del modo, en que una persona ebria intenta actuar
como si estuviera sobria.

—¿Todo bien? —preguntó mi padre.

—Sí. Escucha, he estado pensando sobre ello y pienso que tú y mamá


deberías venir a visitarme. Ahora tengo dos compañeros y quiero que los
conozcáis. Si tenéis tiempo podríais venir para una semana. Aunque esté
trabajando, el apartamento es muy bonito. Tengo piscina, gimnasio y una
bañera de hidromasaje en la terraza.

—Digo, que suena realmente bien… ¿Hay alguna oportunidad de que


podamos conocer a tu nuevo hombre?

—Está en Georgia, entrenando. —Desee saber cómo ellos sabían sobre


Nicholas. Dang, mi hermano. Le mencioné a Nicholas. Justin estaba
pasando por una seria ruptura y había tomado cierta comodidad en el hecho
sobre que yo había conocido a alguien que me gustaba. Mis padres sabían
que era gay, pero hasta ahora mis inclinaciones eran académicas.
Justin, había sido mi gran apoyo y se sentó junto a mí cuando decidí salir
delante de mamá y papá, había roto recientemente con su novia, Camilla.
Le insistí que la siguiera hasta el Congo, donde ella hacía su trabajo
antropológico, pero para ser sincero, Camilla, amó más a su trabajo que a
Justin.

Él la amó a ella más que… a nada.

—Trae a Justin —le dije. El pobre chico acababa de perder su trabajo en un


restaurante en Nueva Orleans. Ahora estaba buscando trabajo. Un muy
talentoso sous-chef, había ganado diez de los grandes en el show de
televisión Chopped, y esperaba que su notoriedad le ayudara a conseguir un
trabajo nuevo. Mi hermana, Justine, gemela de Justin, estaba felizmente
casada con dos hijos. Ella había sido la única que siempre había hecho todo
correctamente, pero nunca tuve la sensación que Justin o yo, hubiéramos
decepcionado a mis padres.

—Bien, intentaremos hablar de ello nuevamente, pero… ¿realmente


quieres que lo hablemos durante la visita? ¿Crees que tu madre y yo
podremos esperar durante una semana?

—Seguro, yo puedo. Dale valium. —Él rio entre dientes. Tengo que apagar
el teléfono. La mujer que estaba sentada enfrente estaba siendo molestada
por el niño junto a ella.

Nos dijimos adiós y finalicé la llamada. Pretendí leer los mensajes en mi


móvil, pero realmente estaba escuchando la conversación delante de mí.

—Me siento tan… privada de no haber podido ir a Hogwarts —le decía al


niño.

Le sonreí al verlo. Como decía, ella estaba siendo amigable, pero ella
estaba en el momento de comenzar a beber y eran solo las diez de la
mañana. Sonrió con la indulgencia de un niño que se siente avergonzado
por un adulto idiota.

Ella se dirigió a la madre del niño. —¿No podrías solo enviarlo a la escuela
de brujos?.

La madre me miró con un brillo de preocupación, pero respondió. —No


realmente. ¡No podría permitirme el lujo de todas las túnicas y varitas!
Fue una respuesta graciosa y yo ya no pude fingir que no estaba
escuchando la conversación. Los asientos cerca de la entrada comenzaron a
llenarse rápidamente. Reí como todo el mundo lo hizo, ya que parecía
aliviar la tensión en la atmosfera.

De repente uno de los asistentes de tierra anunció que el vuelo se retrasaría


al menos durante veinte minutos y pareció que no le sentó nada bien a Miss
Hogwarts que voló de su asiento directamente al mostrador de información.

—¿Tengo tiempo suficiente para conseguir una bebida en el bar? —ella


preguntó.

Nosotros pudimos oírla y hubo un montón de risas sobre su estado bien


engrasado cuando comenzó a correr hacia las tiendas del aeropuerto.

—Ella fue como una hoja que arrastra el viento. —Él chico la observó. Él
estaba en un viaje. Parecía aburrido pero enterró su nariz en el libro.

Mi teléfono sonó. Era Trace.

—¿Dónde estás? —me preguntó aguantando un risa en su voz.

—En el aeropuerto, intentando regresar. —No le había contado a Trace


nada sobre Nicholas. Solo le había mencionado que estaba fuera de la
ciudad para el fin de semana. Él suspiró.

—Uno de los testigos murió ayer —dijo—. Es la razón por la que te voy a
prestar a Kieran. Las declaraciones se aplazan hasta el miércoles.

—¿Quién? —pregunté.

—Ferdici.

—¿Alguien lo mató?

—No. Causas naturales. Piensan que sufrió un ataque al corazón en su


celda. Es una mierda. Era una de las bazas del Estado.

Consciente de la madre frente a mí dándome toda la atención, pregunté. —


¿Cómo está nuestra chica?

—Ella está bien. Ella fue quién me llamó para contármelo.


Me gustaba Marisa Applegate, la fiscal del distrito de Dallas que estaba
siendo la acusación en su propio juicio por intentar ser asesinada. Primero
ella se encontró siendo el objetivo de alguien que estando en la cárcel,
estaba buscando un sicario fuera, que le diera un par de tiros y la dejara
fuera de juego, y ahora esto. Uno de los dos hombres que habían estado en
la idea original y quién le contó todo, acababa de aparecer muerto y ese era
el testigo estrella de la acusación del Estado. Con él moría una evidencia.

Trace me dijo que me llamaría después y yo acabé la llamada. Nicholas


estaba en la otra línea. Intenté no mostrar mi excitación pero fue duro. Yo
estaba loco por el chico.

—¿Estás aún en el avión?

—No. Nosotros estamos con retraso.

—¿Es eso cierto? —me preguntó. Me estaba acostumbrando a sus palabras


en francés que empujaba en nuestras conversaciones—. Espero que sea por
uno o dos días. Vuelve. Haré que te merezca la pena.

Reí. Él era adorable y me tenía enganchado. —Sé que lo harás.

El personal de tierra anunció que el procedimiento de pre-embarque al


vuelo comenzaba.

—Esto no llevará mucho tiempo y yo estaba pensando en que bien se


sentiría tener una buena polla de Cajún17 aquí y ahora —dijo Nicholas—.
Charlatán.

Me reí. —Alguna vez. Solo diré la palabra.

—La próxima semana.

—Eso son tres palabras.

—¿Es solo, sí o no?

—Sí.

17
Los acadianos o cajunes, son un grupo étnico localizado en el estado de Luisiana (Estados Unidos).
Descienden de exiliados de Acadia durante la segunda mitad del siglo XVIII, tras la incorporación de
los territorios franceses de Canadá a la Corona británica. También comprende otra gente con la que se
unieron después, como españoles, alemanes, y criollos franceses
—Una palabra —respondió—. Muy bien. Que sea un buen viaje.

Terminamos la llamada. Eché un vistazo para mi borracha favorita, pero no


estaba en ninguna parte donde la pudiera ver. Quizás ella se había quedado
durmiendo en el bar. Después de todo, ella se había llevado una almohada.

Subí a bordo del avión y me senté en mi asiento. Ahora que había fijado
fecha con Nicholas para otro fin de semana, me sentí mejor. Realmente,
estaba emocionado. Hojeando la revista de, “En vuelo”, reflexioné sobre
las opciones de alimentos y la información sobre la película que pondrían.
Quería pollo canadiense pero no estaba en el menú.

Maldita sea.

Justo cuando me estaba sintiendo cómodo, escuché una conmoción. Mi


borracha favorita estaba creando un alboroto en las filas de asientos
delanteras. La asistenta de vuelo, intentó calmarla.

—Quiero un vodka con tónica —gritó la mujer. Un segundo asistente y un


tercero se unieron a la primera azafata, todos ellos tratando de calmarla. La
madre y el hijo que estaban sentados junto a ella, ahora, estaban sentados
detrás de ella. El chico se giró, me miró y movió la cabeza.

Mi formación me había enseñado que a menos que hubiera una amenaza


real física a los pasajeros o a la tripulación, yo debía esperar a que los
asistentes de vuelo o el capitán pidieran ayuda. Pero esto era demasiado. La
mujer estaba claramente fuera de control y en primer lugar, no deberían
haberla dejado subir a bordo.

Desabroché mi cinturón, me levanté del asiento y avancé hacia el pequeño


grupo cuando una de los asistentes se alejó de ellos y venía hacia mí.

—Venía a buscar su ayuda —dijo ella.

—No hay problema, ahora estoy aquí. —Miré a los ojos al asistente
masculino—. ¿Puede ayudarme?

—Por supuesto.

—¿Cuál es su nombre? —le pregunté a él.

—Brenda.
Me arrodillé junto a ella. —Brenda, soy un US Marshal, mi nombre es
Sean Mercado y lo siento, pero tengo que acompañarla fuera del avión.

—¿Por qué? —Ella preguntó, sus ojos rebosantes de lágrimas—. ¡Mi padre
acaba de morir! Ayer estuve en su funeral.

—Siento oírla decir eso. —Suavemente tiré de ella para levantarla de su


silla. Inicialmente ella estaba combativa pero me di cuenta que había
dejado caer su almohada. El fan de Harry Potter me la dio a mí. Le agradecí
y juntos, el asistente de vuelo y yo, llevamos fuera del avión a Brenda. Ella
estaba extraordinariamente dócil cuando dejamos atrás la puerta de
embarque del avión.

—¿Hay alguien a quien pueda llamar para que venga por usted? —le
pregunté.

—No. Sí. Mi hermana. —Ella me dio el número. Estaba equivocado. Lo


intentó de nuevo y esta vez sí acertó.

Hablé con su hermana que me dijo que no había pensado que Brenda
estuviera bien para volar cuando ella abandonó el apartamento por la
mañana.

—Iré ahora mismo a por ella y la traeré a casa.

Un miembro de la tripulación de tierra llamó a seguridad y dos agentes


femeninas llegaron y se hicieron cargo de ella. Brenda se puso histérica.
Fueron muy amables con ella.

—Montones de café —les dije.

Brenda lloró cuando la llevaron lejos. Volví a embarcar al avión y cuando


pasé al lado de Harry Potter y su madre, ella me sonrió.

—Sabía que eras un US Marshal. ¡Lo supe!

Le devolví la sonrisa y tomé asiento en mi lugar. Desee que todos mis


casos fueran tan fáciles como este.
Me dirigí hacia la casa de Kieran y de Jubilee alrededor de las dos y media.
Kieran me dijo que no llevara nada, pero no pude resistirme a llevarle un
regalo a Juan. El niño ocupaba un lugar enorme en mi corazón. Por suerte,
encontré una tienda cerca de su casa y me hice con un pack de pistolas de
agua enormes, con las partes de las armas de colores y tonos brillantes.
Eran muy chulas. Demasiado, las quería para jugar yo mismo con ellas.
También cogí un pack de seis cervezas.

Juan y una mujer morena guapa abrieron la puerta. El niño saltó de un pie a
otro y levantó los brazos para que yo lo tomara. Y así lo hice. Me alegré de
ver que aún llevaba las zapatillas que le había regalado.

—Debes ser Sean Marcado —me dijo la mujer.

—Por favor, llámame Sean.

—Soy Consuela. Veo que conoces a Juan.

—Él es mi amigo —dijo Juan, casi estrangulándome con un fuerte abrazo.

Estaba teniendo problemas de equilibrio entre el niño y el regalo que le


había traído. —¿Quieres ver el regalo que te he traído? —le pregunté.

—¡Un regalo!. ¡Oh, amigo!, ¡me gustan los regalos!

Él me permitió que lo pusiera en sus pies y le entregué la bolsa más grande


que llevaba entre mis manos. Rasgó el papel y lo sacó rápidamente.
Comenzó a gritar y chillar, montó un gran alboroto con sus nuevos juguetes
y corrió en busca de sus padres.

—¡Papaaaaaas!

—Tienes un gran fan —dijo Consuela. Sus ojos brillaban y me encontré


siendo absorbido por el encanto de su calidez. Realmente, no sabía que
había estado esperando, pero con un nombre como Consuela, yo esperaba
que ella fuera mayor, pero no lo era. De hecho, con su encantador, brillante
y largo cabello negro por debajo de los hombros, con su cara hermosa y su
cuerpo bien formado, pensé que sería perfecta para mi hermano.

Caminamos juntos hacia la cocina, donde Jubilee estaba dándole los


últimos retoques a su adobo de carne.
—¡Has llegado a tiempo!. —Me guiñó un ojo—. Juan ya está llenando las
pistolas de agua. Espero que hayas traído unos pantalones para bañarte.

—Están en el coche. —Fui fuera a por la bolsa de viaje. La noche anterior


había dejado arriba del todo mis pantalones cortos de baño, ahora, olían a
jabón de hotel y, al olor maravilloso de Nicholas. Él había dejado una nota
entre mis pertenencias. Cuando me cambié en la habitación, me senté en la
cama a leerla.

Sean.

Estaba despierto mirándote dormir durante la noche y esta mañana. Seguí


debatiéndome en despertarte. El angelito sobre mi hombro izquierdo me
dijo, que debía dejarte descansar, el diablo en mi hombro derecho…
arghhhh… quería despertarte. Te echaba de menos y eso que estabas junto
a mí. Solo se va a poner peor, cuando no estés aquí. Cuando yo no pueda
oír tu respiración.

Gracias por estar aquí, por pasar el día conmigo. Y por levantarte conmigo.
Espero que podamos tener algo… que lleguemos a tener algo juntos.

Sobre todo verte soñar otra vez.

N. xoxo

Me senté por un momento con la nota. Me encantó. La volví a meter en mi


bolsa de viaje. Yo no había tenido ni idea sobre que él me estuvo mirando.
Con cierto nerviosismo, cogí la nota y la volví a leer. Yo le gustaba. Bien.

Él me gustaba, también. Puse la nota de vuelta y caminé al pasillo. Podía


oír a Juan llorando.

—No, no —le dijo—. ¡Quítate los zapatos!, ¡quítatelos!

—Pero, mi amor, tus zapatos se estropearán si nadas con ellos. —Consuela


estaba arrodillada junto a él en su habitación. Lloraba cálidamente.

—Mis zapatos —dijo él.

Oh, el chico rompió mi corazón. Sabía que antes, él no había tenido nada
suyo, hasta que llegó aquí y los zapatos fueron un regalo impresionante
para él.
—Cariño, nadie te los va a quitar. Te digo, que podemos ponerlos fuera,
encima de una silla para que puedas verlos. Te encanta nadar. Tú quieres
nadar, ¿no?

—Mis… zapatos —él dijo otra vez, con su vocecita lastimera. Miré a mi
izquierda. Kieran y Jube estaban allí, clavados en la pared, escuchando. Me
horroricé cuando vi a Kieran con una pistola en la mano.

Apunté con mi dedo hacia él y señalé para que se fueran a la cocina. Los
dos hombres intercambiaron miradas y se retiraron.

—¿Qué demonios estás haciendo? —le pregunté.

—Ella hizo a mi hijo llorar.

—¡No puedes disparar a la niñera! —Le silbé.

Levantó una ceja. —Yo puedo si quiero.

—Dame eso. No está cargada. —Jube tomó de la mano a Kieran. Guardó el


arma en la parte de arriba del alto armario.

—Ella está genial con él —susurré.

—Le sé. Solo odio escucharlo llorar —dijo esto cuando Consuela apareció
con Juan, que llevaba unas bermudas verdes brillantes y en sus brazos
llevaba un par de pistolas de agua y sus zapatos.

Él tenía los surcos de las lágrimas en sus ojos y cara, pero me miró. —
Marshal Sean, ¿jugarás conmigo?

—Por supuesto, jugaré contigo.

Sonrió hacia mí.

Consuela nos guio fuera. Ella era muy paciente con Juan quién tuvo que
elegir la silla perfecta para sus zaparos. Cuando encontró la posición
correcta para poder tener un ojo puesto en los zapatos, corrimos hacia la
piscina. No estaba seguro de sus habilidades disparando, pero seguro que
las tenía. Tuvo un buen objetivo, el pequeño mequetrefe. Me tragué un par
de disparos de agua que el lanzó contra mí una y otra vez. Él reía y reía.
Kieran caminó alrededor de la piscina, viéndonos y uniéndose con una
pistola de agua parecida a un arma del espacio. Entonces ambos me
escogieron como blanco. Ellos hicieron doble equipo. Yo iba a encargarme
de Kieran por esto.

Consuela estaba con su traje de baño y una toalla pero ella nos dejó
rápidamente, amonestando a Jube por llevar fuera una pesada bandeja de
carne.

—Se supone que no puedes levantar nada de peso. —Ella se giró hacia
Kieran—. Honestamente, ¿no puedes hacer nada con él?.

—Solo puedo pensar en una cosa.

Jubilee rió.

—Pues ve —dijo ella, alejándolo de sí misma—. Pero sé rápido sobre eso.

—¿En serio?. —Kieran pareció muy alegre de repente.

—Juan está en buenas manos —dije—. Id. Disfrutad de… vuestro medio
día.

—¡Oh, chico! —dijo Jube.

De repente me di cuenta que Juan había entendido esa pequeña frase. El


chico estaba esperándome en su sitio con la pistola de agua apuntando a mi
cara. Él estaba muy orgulloso de sí mismo. Tengo que admitir, que cuando
él saltó al agua y comenzó a recargar su arma, tenía todos los ingredientes
para ser en el futuro un francotirador.

Kieran y Jube tenían el inconfundible brillo de lujuria en sus rostros cuando


regresaron con nosotros. Consuela y Kieran se hicieron cargo del control de
la cocina. Jubilee vestía una camiseta de manga corta sobre sus pantalones
cortos. Era complicado para él tomar a Juan, su estómago y sus costillas
aún dolían.

—Esa maldita bala desgarró mis entrañas —me dijo. Raramente se quejó.
Simplemente estaba diciendo algo que debía ser cierto. Tuvo que sentarse
para que su hijo subiera a su regazo.
Charlamos sobre el progreso de Jube hasta que Kieran recibió una llamada.
Yo también la recibí. Revisamos nuestros mensajes en los teléfonos
móviles. Operación: Ganador. Luz verde.

—Demonios. —Kieran me miró—. Tenemos reserva.

Juan fue muy reticente a dejarnos marchar, pero necesitábamos que se


pusiera sus zapatos para acompañarnos fuera. Me vestí con el traje que
había usado, intenté peinar mi cabello de la mejor forma posible y revisé
mis armas. Tenía todo lo que necesitaba.

Jube y Juan llevaban nuestros sombreros y nos acompañaron hasta la


puerta. Kieran y Juan tuvieron un emotivo abrazo, pero yo estaba
encantado sobre que Juan no llorase. Él me abrazó y me dijo adiós,
solemnemente me entregó mi sombrero que dejé sobre la mesa de entrada
cuando había llegado y me abrazó otra vez.

Nos despedimos de nuestro tío cuando condujimos fuera en el SUV de


Kieran. Encendió la radio y conectó la emisora de los Marshals. Nosotros
la habíamos cambiado tres veces por semana y lo comprobamos con el
anuncio, “Fox y Mercado sentiros ganadores hoy”.

Adiviné que iríamos a un casino. Operación Ganador, tened suerte.

Un documento comenzó a imprimirse en la parte trasera del vehículo donde


iba la impresora. Estudié la foto de un hombre latino de aspecto joven y
duro. Tenía un cuerpo fuerte, de cabello corto. Especialmente no era guapo
o feo pero fue identificado como un miembro de la mafia conocida como
“Senderistas". Había hecho algunas tareas sobre pandilleros cuando estba
en mi periodo de formación.

Los senderistas eran un grupo feroz, que patrullaban con crueldad


aterradora su propio vecindario, incluso sus propias familias.

—Tenemos noticias de que este mafioso estaba en la ciudad. Le gusta


jugar. Hemos tenido infiltrados en los dos casinos. Uno es un casino
improvisado que se mueve por toda la ciudad. Tenemos dos agentes
oficiales encubiertos es ese pero Louis Marks nunca apareció en ellos.
—Le gusta jugar al Póker Pai Gow… tiene mucha suerte con los juegos de
tablero, también. Nosotros pensábamos que él se dirigiría al Casino de Easy
Street.

—Eso está cerca de la frontera de Oklahoma, ¿no? —Sabía que era uno de
los muchos casinos que pertenecían a los nativos americanos esparcidos a
través de los Estados Unidos.

—Correcto. Sobre unos ochenta minutos conduciendo.

Una voz vino de la radio. —Tenemos una visualización de él. Ha estado


apostando toda la mañana. Ha ganado una buena cantidad, pero él está
ahora en la planta principal.

Kieran meneo la cabeza. —No sé porque ellos no tuvieron noticias antes.


Es fácil distinguirlo.

—¿De veras? —Escudriñé la foto. Él no se veía muy diferente a mí.

—Sí. Ahora, tú tienes el problema. Ellos han estado haciendo que circule
esa vieja foto por todos los agentes. Eso es lo que él parece ahora. —Señaló
el compartimento de la guantera. Lo abrí y extraje un paquete de
documentos. Wow. Gran diferencia. El chico había perdido quizás unas
treinta libras y se había hecho un tatuaje tribal en el lado inferior derecho
de su cara.

Santa mierda. Ahora miré más de cerca, me di cuenta que el tatuaje era un
arma de fuego. Un gran revólver negro. Tatuado en su rostro.

—Sí, friki, ¿eh?

—¿Por qué se busca? —Busqué a lo largo de la documentación.

Una voz llegó de la radio. —Fox, Mercado, el ganador está aquí jugando.
Feliz como una alondra. Mierda. Él está ganando también.

—Mejor que perder. Él lo intentará y presionará a su suerte. —Kieran me


miró—. Abróchate el cinturón, vamos a llevar exceso de velocidad.

Hice lo que me dijo. Aumentó al velocidad hasta 90 en la I-35 hacia el este


para tomar la I-90. Un coche que patrullaba la carretera aceleró detrás de
nosotros y luego aflojaron la velocidad, cuando se dieron cuenta que
éramos US Marshals. Mientras tanto leí la documentación.

Louis Marks ha sido buscado desde el dos de abril de 2010, por un robo de
500.000 dólares en primer grado y asalto en primer grado. Golpeó a dos
mujeres por una partida de póker en un barco casino de rio en Louisiana.
Mientras leía, recibimos otro listado. Un oficial de seguridad del casino,
había reconocido a Marks. Él había avisado a la policía de la tribu, que
solicitó nuestra ayuda en el arresto. Nuestros agentes infiltrados tenían solo
que avisarnos para participar cuando la policía supiera sobre la patata
caliente en sus propias manos.

—¿Ves que es lo que tengo que aguantar? —dijo Kieran enfadado.

Una nueva voz vino desde la radio. Trace Tharcher.

—¿Cúal es tu ETA, Fox?

—Veinte minutos.

Él no estaba equivocado. Habíamos hecho el viaje en solo cuarenta y siete


minutos. Mi cuerpo estaba en shock y mi estómago en Dallas, pero
nosotros entramos en el casino y arrestamos a Marks justo cuando estaba
discutiendo con una camarera por la mala calidad del cóctel que le habían
servido.

—Huh —ella dijo cuándo Kieran llevó a Marks al suelo, las manos en su
espalda asegurándola con las esposas—. ¿Acaso pensaba que le iba a servir
la ginebra azul zafiro cuando sabía que estabais a punto de llegar?. —Ella
sonrió cuando nos lo llevamos.

Me subí con el sospechoso en la parte posterior del vehículo mientras


Kieran subió al asiento del conductor. Trace se acercó a nuestro coche.

—Entraron en su cuarto y encontraron drogas, dinero, armas y todos los


juguetes que un niño necesita.

La cabeza de Marks se apoyó en el asiento.

—Excelente —dijo Kieran.


Llevamos a nuestro prisionero a la comisaría local. Lo vigilamos hasta que
el oficial lo encerró en una celda. Ahí estaría hasta que a la mañana
siguiente fuese extraditado a Louisiana, justo después de que prestara
declaración ante el tribunal local por delitos de drogas y armas.

Mientras caminábamos fuera de la comisaría, Kieran había llamado a


Jubilee. —¡Ey, chico! ¿Has apartado algo de la barbacoa para nosotros? —
Sonrió—. Genial. Dile a Juan que vamos de camino.
Capítulo 6
La expresión de la cara de Gloria cuando entramos en la oficina, me
recordó el tipo de mirada que alguien te da justo antes de decirte que hace
seis meses me abandonaste.

—Hey, plomo dulce —me dijo—. ¿Cuándo me lo vas a proponer? ¿Tengo


que seguir esperando?

Ella siempre usaba la misma línea, y siempre le respondía lo mismo. —Lo


siento melocotón, ya sabes que no soy del tipo de casarse.

Siempre nos reíamos juntos, aunque hoy parecía más gracioso aún. Acabé
acostumbrándome a su coqueteo, pero parecía que lo hacía con muchos de
los reclutas.

—¿Qué pasa? —le pregunté.

Ella bajó su voz. —Marshal Samson, eso es lo que pasa. ¿Has dormido con
su madre o algo? El hombre está fuera de sí mismo.

Me estremecí ante la idea de dormir con la madre de Samson. —Ya sabes,


nunca te engañaría.

Gloria estaba en lo cierto sobre Samson. Ese chico había estado contra mí
desde el momento en el que llegué, y él no podría ni si quiera intentar
pronunciar mi nombre.

La puerta de la oficina de Daniel Roosewoods se abrió, y Daniel estaba allí.


Pareció perturbado cuando se acercó a mí. —Ven aquí, Nick.

Vi al Marshal Samson de pie en el centro de la oficina. Llevaba una carpeta


en su mano. Asentí hacia él. Me fulminó con la mirada.

Daniel Rosewood cerró la puerta. —Toma asiento Nick.

Me senté.
—Tú también Herbert —casi gritó Rosewood.

¿Herbert? Me senté en la silla y esperé. Lo primero que me vino a la mente


fue que alguien nos había visto a Sean y a mí en el agua durante el fin de
semana. Maldición. ¿Podrían echarme por eso?

—Entonces. —Herbert Samson me tendió la carpeta—. ¡Explica esto!

Estreché mis ojos y miré curiosamente a Daniel Rosewood. Daniel suspiró


pesadamente y agitó su mano hacia mí como si ya estuviera harto del
asunto. Abrí la carpeta y observé los documentos en su interior. —Estos
son los resultados de todos mis exámenes.

—¡Correcto! —Samson me apoyó—. Así que, ¿cómo lo has hecho?

—¿Cómo he hecho el qué?

—¿Trampas? ¿Cómo copiaste en los exámenes?

—Ahora, Herbert —El Marshal Rosewood lo interrumpió, sonando


molesto—. No podemos dar esto por hecho. Sólo dije que lo trajeras para
hablar. Eso es todo. Nicholas, nadie te está acusando de algo.

—No he copiado —repliqué, colocando el archivo sobre el escritorio.

—El cien por cien de todo lo escrito en los exámenes fue hecho muy
rápido. ¿Cómo es eso posible? —Samson demandó llevando sus manos a
las caderas.

No era la primera vez que había sido acusado de hacer trampas. En la


escuela, a veces ponía a propósito la respuesta equivocada para que el
profesor no me suspendiera por pensar que copiaba en los exámenes.

—¿Bien? —insistió Samson.

—Samson, cálmate —dijo el Marshal Rosewood—. Nicholas, pido


disculpas por esto. El Marshal Samson ha planteado esta cuestión y por lo
tanto me veo obligado a darle mi atención. Pero si dices que no copiaste, te
creo.

—No hice trampa. —Me encogí de hombros.

—¡Nunca estudias! —me acusó Samson.


—Leo los libros.

—Dame un respiro. —Samson se giró a Rosewood—. Demando a que


vuelva a hacer los exámenes esta tarde.

—¿Todos los exámenes? —protesté.

—Todos los exámenes, en un día, en una habitación aislada donde yo


pueda verte.

—Eso no parece justo, —Rosewood replicó.

—Lo haré —ofrecí—. Con una condición.

Samson me miró.

—Si obtengo las mismas puntuaciones, me darás una disculpa completa y


para las restantes seis semanas que me quedan de este programa, no tendrás
nada que ver con mi supervisión o mis evaluaciones.

—¿Qué dices Herbert? —Daniel Rosewood lo miró.

Él me miró a mí. —No me importan tus condiciones. Sé que copiaste. Hoy,


tú harás nuevamente los exámenes después del almuerzo en un lugar donde
yo pueda verte cada minuto. ¿Queda claro?

—Muy claro.

—Todo el mundo verá lo que eres realmente, un fraude, y entonces te


echarán de aquí.

—Herb —Rosewood dijo cuando vio que me señalaba con un dedo y se


apartaba de mi camino para salir de la habitación—, espero que te hayas
dado cuenta que Fournier tiene un Coeficiente Intelectual de más de 180, el
cual lo sitúa en el nivel de genio.

—Eso no significa que Fouray no haya copiado en los exámenes —escupió


y salió fuera.

Daniel me miró. —De todas formas, ¿qué has hecho para que te ponga en
su lista de malos?

—Tengo tendencia a que me ocurra eso.


Daniel Rosewood se levantó y cerró la puerta. —Nicholas, la gente como
tú siempre se siente un poco solos. Ser brillante tiene un precio. He leído el
informe sobre los test psicológicos que te hicieron hace unas semanas atrás.
Tienes un perfil fascinante.

—Así, que soy certificable, ¿correcto? —Reí pero yo estaba incómodo


hablando sobre este tipo de cosas.

—Lamentablemente estás sano. Tienes el perfil ideal para ser un US


Marshal. Tiene lógica, eres racional y no eres propenso a ser excesivamente
emocional. Eres compasivo, pero nunca permitirías que la compasión se
interpusiera en tu deber. Si no fueras un representante de la ley, serías un
gran asesino.

—Encantador.

—Sin embargo, no estoy seguro que puedas llegar a ser un gran marido.

Parpadeé.

—Lo siento sobre esto último. Los hombres como tú raramente lo son.
Nunca tienes suficiente, o al menos nunca admitirías la necesidad de más.

Me quedé en silencio.

—Nicholas, sé que no puede haber sido fácil crecer de la manera en la que


lo hiciste. Creciste mucho antes de tiempo, ¿no es cierto? Tu patio de juego
era una zona de guerra. Donde las bombas y las pistolas estaban por todos
sitios. Eso te hizo ser quién eres hoy día. No haces amigos fácilmente, no
sólo porque los intimidas, y sí, ellos te envidian, pero porque tú eres
solitario por naturaleza. No significa que estés solo. Significa que tienes
miedo a acercarte a alguien.

Tragué duro. Daniel Rosewood acababa de leer mi alma. Absolutamente


nadie me había leído anteriormente de esa manera. Puedo decir que por
primera vez en mucho tiempo, sentí miedo. Él estaba esperando a qué
dijera algo. ¿Qué podría decirle a eso? Todo en lo que podía pensar
irónicamente era en Sean, y cómo de raro e impulsivo fue el sentirme
conectado a otra persona por primera vez en mi vida pero me asustaba
como el infierno quedarme sin él.
Daniel Rosewood puso una mano en mi hombro. No lo sentí por un
momento entonces miré y allí estaba.

—Está bien Nicholas. Eso es por lo que te elegí para esto. Estás hecho para
esto. Tu inteligencia, la facilidad con el lenguaje, y el entrenamiento militar
son la combinación perfecta. Estoy preparando una reunión para ti este fin
de semana. Vas a ser informado de la asignación y conocerás a alguien que
vendrá de Washington, un adjunto a la CIA18.

La CIA. Santa mierda. Bien, se acababa de ir mi cita con Sean.

—Retomando los exámenes —dijo Rosewood—. Tienes tres días para


entrar en el asunto. ¿Crees que puedes hacerlo?

Asentí.

—Bien porque cuando vueles a Dallas, serás un US Marshal.

—¿Dallas?

Él asintió con la cabeza.

—Samson va a amar que me hagas un Marshal tan rápido.

Daniel Rosewood sonrió. —No puedo esperar a ver la mirada en su rostro.


Y recuerda, Nicholas, no puedes decirle a nadie dónde vas a ir este fin de
semana, a nadie.

Por la tarde volví a retomar los tres exámenes en un pequeño cubículo con
Samson mirándome como si él fuera un tiburón. Me sorprendió que no me
hiciera quedarme desnudo cuando tomé asiento. Ni si quiera me dejaría ir a
hacer pis.

Cuando le entregué las pruebas, que las terminé en un récord de dos horas y
media, él murmuró algo bajo su aliento. Solo sonreí entonces me reportó
nuevamente con Rosewood. Dos de mis profesores de otras clases estaban
en la oficina. Me mostraron lo que necesitaba cubrir en los próximos dos
días para cumplir los requisitos para ser un Marshal.

18
CIA. Agencia Central de Inteligencia. Es el servicio norteamericano de seguridad Nacional creado en
1947 por el presidente Harry S. Truman. Básicamente es el servicio de espías del coloso Yankie.
Leí sobre el material del curso aquella noche y tuve que hacer dos
exámenes al día siguiente y otros dos en la mañana del viernes. El viernes
por la tarde, Rosewood colocó una insignia en mi camiseta. Sean me había
escrito al menos cuatro mensajes de texto. Tenía mucho que contarle, pero
había cosas que no tenía permitido decirle. Esa noche, después de la cena
tomé mi teléfono y salí fuera hacia el patio, llamé a Sean.

—¿Nicholas? —Contestó enseguida—. ¿Estás bien?

—Sí, ¿por qué? —Se sentía extraño el sentimiento de alguien que se


preocupara mucho por mí.

—No me contestaste a los mensajes.

—No pude. He estado muy ocupado. Sean, tengo malas noticias.

—Oh, no.

—Me ha surgido algo este fin de semana.

—¿Otro chico?, ¿es eso?

—No, nada de eso. Todo lo que te puedo decir es que ya me han hecho
Marshal y tengo que hacer algo.

—Es imposible. No has acabado la formación.

—Esto es por mí. Tuve que hacer un montón de cosas en estos últimos días
y recuerda, que ya tenía un montón de entrenamiento por la policía y por el
ejército.

—¿Y qué es lo que ellos quieren de ti?.

—Realmente no lo sé. El Marshal Rosewood me necesita para algo. No


puedo decir más.

—¿Es peligroso?

—Pienso que sí.

Silencio.

—¿Sean?
—¿Qué?

—Fue muy bonito, tú y yo. Normalmente no quiero ver al chico


nuevamente tan pronto… a veces ni si quiera quiero verlo nuevamente.

—Genial. ¿De cuántos chicos estamos hablando?

—No es importante. Escucha. Fue diferente la primera vez. Ahora sentí…


me sentí conectado a alguien. No es fácil para mí.

—Quiero saber de ti. ¿Me estás dejando?

Reí. —No estoy seguro que quieras conocerme realmente.

—Quiero conocerte. Hay mucho dentro de ti, así que debajo de toda esa
capa de “macho” hay un hombre hermoso.

—¿Hermoso y macho? Dilo otra vez.

—Detente. —Sean rió—, ¿quieres que te diga que también eres una gran
follador?

—Sí. Eso sería genial.

Sean rió nuevamente.

—Entonces, si yo no puedo verte este fin de semana, ¿cuándo podríamos


vernos?

—Pronto —le dije—, te lo prometo.

—Una cosa, ¿cuáles son las reglas para esto que estamos teniendo?

—¿Necesitamos ya reglas? Ok, me estaba sintiendo raro.

—Las necesito.

—¿Por qué?

—Me siento inseguro.

Reí por eso.

—Nicholas… ¿Puedo decirte que no quiero follarme a ningún otro


hombre?
No estaba seguro como me sentiría sobre esto. —Es un poco pronto para
esto, ¿no es así?

—No, demonios, no es pronto. ¿Quieres que durmamos juntos?

—No dije que quiero que durmamos juntos. Dije… no suelo


acostumbrarme a restricciones o a ser exclusivo. Es nuevo para mí.

—Entonces, creo que tenemos un problema.

—Sean, escucha. Yo…

—Tengo que marcharme.

La línea quedó muerta. Quise lanzar el teléfono a través del patio. ¿Por qué
no era yo bueno en esto? ¿Por qué demonios siempre decía lo incorrecto?

—¡Nicholas! Estás ahí.

Me giré para ver a Daniel Rosewood caminar hacia mí a través del patio.
Parecía un poco fatigado.

—Sí. ¿En qué puedo ayudarle?

—Tienes una reunión a primera hora de la mañana en la sede de los


Marshal en Dallas. Nuestro contacto de Washington va a estar allí también.
Te vas esta noche, Marshal Fournier, recoge tus cosas. Nos encontraremos
en mi oficina en una hora y te daré lo que necesitas.

—¿Eso es todo?

—Eso es todo. Ahora trabajaras en Dallas. Te buscaremos un lugar para


que te quedes unos días en un hotel, después de eso, tienes que buscarte tu
propio alojamiento.

—De acuerdo, gracias.

Hizo una pausa. —Parece que estés hecho polvo. ¿Ha atropellado alguien a
tu abuela?

—No. —Sonreí débilmente—. Estoy bien, solo estoy un poco cansado por
todos esos tests, eso es todo.
—Por cierto, has pasado todos los exámenes con el cien por cien, excepto
por una pregunta que has retocado para Samson. Tienes un noventa y
nueve.

—Pregunta seis en el primer examen. No marqué ninguna de las opciones.


La respuesta correcta era la A.

—Sí. —Rosewood afirmó con su cabeza y sonrió.

Lo vi deshacer el camino que le había traído hacia mí.

Sede de los Marshal, Dallas

No dormí mucho la noche anterior. Tuve una pesadilla. Estaba en


Afganistán, pero esta vez no era un soldado. Mi padre también estaba allí.
Podía verlo lejos mientras escribía en su ordenador portátil. En la distancia,
oía los disparos de las armas. Sonaba tan hueco, que parecían piedras
golpeando latas. Kaader agitó sus manos desde el balcón. Él quería salir
pero no estaba permitido. Era demasiado peligroso.

—No puedo —le dije en inglés.

Pareció entenderme. Entonces nosotros estábamos fuera, juntos. Estaba


oscuro y me besó. Me asusté y me avergoncé por si alguien nos veía, así
que me separé rápidamente. Era una escena que se repetía una y otra vez.

—Mi mejor amigo. —Kaader dijo repentinamente—. No me olvides. ¿Lo


harás?

Fue muy real, me sentí como si él estuviera aquí junto a mí. —No, no
podría olvidarte jamás. —Su padre lo hizo luchar. Era mayor que yo, él
tenía dieciocho, me consideraba un hombre, y la primera vez que disparó a
alguien, vino a mí, ensangrentado, temblando, y lo sostuve mientras
lloraba.

Yo tenía dieciséis años y él había sido mi primer amor, mi primer amante.


Me hizo el amor en una de las habitaciones que mis padres habían
alquilado encima de las tintorerías cuando ellos estaban documentando la
guerra. Estuve seguro que estaríamos juntos para siempre. Kaader. Vi sus
ojos oscuros brillando sobre mí, sentía su aliento caliente mientras se
mezclaba con el mío y luego, él estaba muerto, parte de su cuerpo quemado
por el fuego de ametralladora.

Me senté en la cama, respirando pesadamente, las lágrimas recorrían mi


cara. Todo en silencio, nada más que el aire acondicionado funcionando.
Estaba solo. Sean. No podía perder otro amante.

Salí de la cama. El sol brillaba en lo alto del cielo y miré fuera, como se
levantaba majestuosa la ciudad de Dallas. No había desierto aquí, no había
talibanes acechando en las esquinas, solo ranchos de ganado y pozos de
petróleo.

Entré dentro de la oficina de los US Marshal antes de tiempo. El lugar


estaba lleno, la gente de la ley iba de un lugar a otro, empleados tras las
mamparas de cristal atendiendo los teléfonos o escribiendo en sus teclados
de ordenador.

Pensé en Sean, y cómo me había colgado cuando me mostré reacio a la


fidelidad. ¿Habíamos acabado? No había tenido mucho para darnos una
oportunidad, ¿o acaso si?

Y entonces mi peor pesadilla apareció. Ahí estaba él, Sean Mercado


mirando distraídamente, luciendo hermosos y atractivo y… duro… su arma
estaba en su hombro. Me miró fijamente como si yo fuera un fantasma que
sólo había aparecido ante su deseo.

La insignia de nuevo Marshal brilla pegada en la solapa de mi chaqueta de


cuero y la mirada de Sean aterrizó en ella.

—Hola —dije.

—¿Nicholas? —Él se acercó—. ¿Qué demonios haces?

—Me dijeron que tenía que venir a una reunión.

—¿No pudiste decirme que venías aquí?. ¿Cuándo has llegado?

Miré a ver si alguien nos estaba observando. —Anoche.

Me miró ofendido.
—No lo supe hasta el último minuto —añadí—. Cuando llegué, ya era
demasiado tarde para llamar y…

Él rio. —De acuerdo, ok.

—Me colgaste el teléfono.

—No quiero hablar. —Me sacó del pasillo principal y me metió en el baño.
Por suerte estaba vacío.

—Eso estaba bien. Probablemente lo merezca. —Estaba contra la pared. Él


estaba cerca, malditamente demasiado cerca. Sí, yo quería besarlo.

—No tengo derecho a decirte nada. Yo… —Se quedó en silencio—. No


tenemos una relación. —Él me miró—. ¿O sí?

Me reí un poco. No pude evitarlo. Los ojos de Sean me revelaron todo y


ahora parecía que me estaban suplicando.

—¿Te estás riendo de mí? —Me apretó en los brazos.

—¡Ouch! —Froté mis bíceps con una sonrisa.

—Así que puedes dormir con cualquier maldito hombre que tu veas, si tú
quieres. —Él se alejó de mí.

No podría decir si él estaba hablando en serio o bromeando. —¿Con los


hombres que yo desee? ¿Estás haciendo pucheros?

—No. No estoy haciendo pucheros. Soy un US Marshal por el amor de


Dios. Nosotros no hacemos pucheros.

Realmente me hizo gracia. —Oh bien, me estás pareciendo muy sensual.

Se calmó y me miró. —Te golpearé de nuevo.

—No sabía que tuvieras momentos violentos. Hay medicamentos para eso.

—No me importa. —Sonrió—. Así que dime. ¿Qué estás haciendo aquí?.

—Hablando contigo. —Mis ojos se abrieron dramáticamente.

—¡Nicholas!, hablo en serio.

—En serio, Sean. No lo sé aún.


—Debe ser muy importante porque Jubilee y Kieran están aquí. Y Kieran
dijo que me quería con él en esto.

—¿Oh? —Intenté parecer sorprendido—. Y tú quieres estar con Kieran,


por supuesto.

—Estás celoso.

—Él es bien parecido.

—Oh sí. —Sean sonrió—, pero yo prefiero vivir. Jubilee me dispararía, sin
ni siquiera preguntar, si sólo llegara a sospechar que husmeaba alrededor
de su hombre.

—Recuerda eso.

—Lo haré. De todas formas, he puesto mi ojo en otro chico.

—¿Es cierto? —Sonreí.

Asintió con la cabeza, su mirada aburrida puesta en la mía.

Aclaré mi garganta. —Me alegra escuchar que Jubilee está en pie y


alrededor. —Comencé a calcular como salir del baño.

Sean fue por delante de mí. Él agarró mi brazo. —No te vayas.

—Tengo que irme.

—Bésame primero.

—Sean. —Gemí cuando él se posicionó más cerca sobre mí, pero yeah. Fue
Sean quién comenzó el beso. Me atrapó contra la puerta y su boca asfixiaba
a la mía. Fue como una dura lucha en el infierno.

Cuando alguien comenzó a empujar desde el otro lado de la puerta, traté de


mantenerlo fuera de nuestro camino.

—¿Qué demonios? —Era Kieran. El empujó. Entonces cuando él nos vio,


una gran sonrisa apareció en su rostro—. Oh. Hey estás aquí, Nicholas,
Sean.
Wow, este tipo era un magnífico hombre. Demonios, él era un animal
hermoso. Sentí una puñalada de celos cuando pensé en Sean trabajando con
él… a solas.

—Hola Kieran.

—He escuchado felicitaciones por tu nombramiento. Ellos han sido más


rápidos contigo de lo que lo hicieron conmigo.

—Yep. Y gracias.

—Estamos aquí. —Sean comenzó a mirar estresado hacia fuera—. Ah…


Nicholas estaba enseñándome… nosotros…

Le di una mirada a Sean. Él era muy trasparente.

Kieran no lo iba a ayudar a cualquier precio. Solo dobló sus brazos a la


altura de su pecho y levantó una ceja.

—Sean me estaba diciendo que Jubilee va mejorando estupendamente —le


dije.

Kieran se rió entre dientes y pasó para lavarse las manos. —Sí, lo está
haciendo muy bien. Nosotros teníamos un débil argumento para venir hoy
pero ha estado dando la lata insistiendo. —Sacudió sus manos y las secó en
la toalla—. Algo importante está por llegar.

—¿Sabías que Nicholas iba a estar aquí?. —Sean sonó acusatorio.

Kieran masajeaba su frente. —Nos lo dijeron esta mañana. De todas


formas, ¿qué está pasando con vosotros dos?

—Nada —contesté.

Eso hizo que ganara una mirada sucia de Sean. Añadí. —Mucho. —No
necesite ayuda. La mirada sucia se convirtió en tormenta.

—Mejor deja de fumar mientras esté delante, amigo. —Kieran remarcó


esta última palabra antes de salir del baño.

—¿Qué has querido decir con nada mucho? —preguntó Sean.


—Piensa mejor en cómo salir de aquí —murmuré—. La reunión va a
comenzar pronto.

—Hmmm.

Caminé fuera en el pasillo. Sean me seguía.

—Estaba deseando ver a Jubilee nuevamente, el placer estaba subiendo y


bajando cuando lo vi recuperándose de sus heridas de bala. Caminó hacia
mí, sonreí.

Me dio un fuerte abrazo. —Nicholas. Estoy realmente feliz de verte.

—Yo también estoy muy feliz de verte. ¿Necesitas arreglarte?.

—Me siento bien, aunque Kieran me regañara por querer venir.

Le envidié de muchas maneras, y no tenía nada que ver con su reputación


como un US Marshal de primera categoría.

Kieran caminó junto a un hombre alto y calvo. —Nicholas Fournier —me


llamó Kieran—, este es el Marshal Kawasaki, la cabeza mandamás de aquí.

—Encantado que estés con nosotros, Nicholas. Llámame Matt. He leído tu


informe. Impresionante.

—Gracias, señor —dije, sacudiendo su mano.

—Ah, Matt. —Me corrigió.

—Estamos esperando al agente Royale —dijo Matt Kawasaki—. Llega un


poco tarde. Su avión se ha retrasado. ¿Quieres un café? —me preguntó—.
Estuvimos en la sala sobre media hora. Nicholas, tienes que hacer algunos
trámites en la oficina de administración. Por favor hazlos antes de irte… si
quieres cobrar.

Reí. —No lo olvidaré.

Kawasaki puso una mano en el hombro de Jubilee y lo guio por el pasillo.

—Así, Kieran, de todos modos, ¿qué está sucediendo? —preguntó Sean.

Kieran movió su cabeza. —No tengo ni idea. Solo sé que Jube, Nicholas y
yo, hemos sido seleccionados por alguien que está muy por encima.
Sean frunció el ceño.

Kieran pasó su brazo alrededor de sus hombros. —Y yo he hablado para


que tú seas el compañero de Jubilee.

—¡Oh!. —Sonrió—. ¿De Jubilee?. ¿Me estás diciendo que voy a trabajar
con Jubilee Mason? Wow.

Kieran me miró. —No consigo que me respete.

Me reí cuando Seam nos miró un poco horrorizado. —No entiendo… Yo…
bien… es solo que Jubilee es…

—¿Has notado como siempre hace eso? —me burlé.

Kieran asintió con la cabeza.

—Vosotros, callaros. —Sean nos advirtió.

El agente del Gobierno Walter Royale me recordaba a un hombre


comiendo pepinillos agrios y realmente parecía disfrutarlos. El parecía un
hombre distinguido en sus cincuenta años, con ojos color gris acero y
cabello emparejado. Tenía el hábito de morder su labio inferior, y él no
parecía desperdiciar palabras. De hecho, me pareció como si cada palabra
hubiera sido calculada al máximo. Tuve miedo de que se excediera y no
llegara al final del asunto.

Revisó toda la sala de errores antes de sentarse en la mesa de conferencias,


y luego nos miró a todos y cada uno de nosotros antes de comenzar a
hablar. El Marshal jefe estaba sentado más cerca de él, y Matt se mantuvo
observándolo con expectación cada vez que el hombre se inclinaba hacia
adelante. Finalmente habló.

—Las cataratas del Niágara. ¿Significan algo para usted? —Él miró a
Kieran, quién pareció sorprendido al ser preguntado.

—Ah, bueno… si… ¿estamos hablando de Nueva York, u Ontario?.

—Ambos —contestó Royale—. Hágame un resumen.


—La gente va allí para casarse, ver las cataratas. Ontario es un gran centro
turístico, muy bullicioso, y el lado del Estado de Nueva York está cayendo
en el abandono.

—Bastante exacto —dijo Royale. Él me miró—. Señor IQ19, ¿sabe algo


sobre cocina?.

—¿Cocina?. —Eso era algo que no me esperaba en absoluto.

—Si, como cocina griega. Eres griego, ¿no?

—Medio.

—Hablas griego, cortesía de —él hizo una pausa, observando su ordenador


portátil—, tutorías en lengua Griega. El idioma es importante para los
griegos, ya sabe con los turcos y esas cosas. ¿No tienes tres versiones
diferentes de la misma carta?

—Sí, señor.

—Complicado, y no es un idioma bonito.

—Supongo que depende de quién lo pregunte.

Él rio. —Buena respuesta.

—Jubilee. —Se giró hacia él—. ¿Has oído hablar sobre la Edad de los
Rebeldes?

—¿Sobre la cuadrilla del motorista forajido?. Vendedores de armas,


prostitución, juegos de azar, tienen metida una mano en todo.

—Eso podría ser así, y Nicholas, está muy familiarizado con los Talibanes.

Se me escapó la pregunta. —¿Talibanes?

El agente Royale se detuvo. —Dada la situación económica de nuestra


pequeña ciudad en el lado de New York, y proximidad con el lado
canadiense, la Edad de los Rebeldes tienen muy bien montada la tienda.
Ellos están comprando propiedades y metiendo material en el mercado,
siguiendo las órdenes del grupo de sus padres establecidos en la ciudad de

19
Coeficiente Intelectual, en sus siglas en inglés.
Nueva York, los engendros del demonio. ¿Sean, puedes encender las luces
por favor?

Sean encendió las luces y el agente Royale señaló algunas fotos en la


pantalla delante de todos nosotros. —El gobierno de Canadá ha estado
trabajando con nosotros diligentemente sobre cuestiones de seguridad del
Estado. Tenemos razón para creer que hay algunos terroristas que viven en
la provincia de Ontario, asociados con algunos elementos criminales de
Quebec y el norte de Ontario.

Fotografías de una deprimida Niagara Falls20, Nueva York, aparecieron en


la pantalla. —Agentes del orden público en Niagara Falls fueron
preparados para investigar el gran anillo de la droga. Tenemos razones para
creer que treinta millones de dólares iban a cruzar en barco. Un chivatazo
sobre el informe y llevó a pique toda la operación. Hemos perdido la pista
de las armas. Real y simplemente.

—Esto es embarazoso para la Oficina Federal del Alcohol, el Tabaco, las


Armas de fuego y Explosivos. Lo que ellos llamaron Operación Rápido y
Furioso ahora está bajo la lupa, revisando todo concienzudamente. La
ATF21 está bajo dos investigaciones sobre por qué al menos se permitieron
perder la pista de al menos dos mil armas de fuego adquiridas ilegalmente

—Doscientas de estas armas han sido descubiertas en el crimen organizado


en México y dos armas semiautomáticas se recuperaron después de que
fueran utilizadas para matar a un agente de la patrulla de la frontera al sur
de Tucson22.

—Hemos sido informados que se están utilizando para una operación


encubierta de mucha más envergadura. Una cantidad de armas diez veces
más grande. Hemos estado vigilando a las pandillas y hemos descubierto
que la actividad en el casino de la ciudad ha aumentado, y está influenciado
por los miembros de esas pandillas, quienes están comprando propiedades
y haciendo contrabando con las armas a través de la frontera con Canadá,
vendiéndolas a elementos criminales y luego las venden a terroristas.
20
Niagara Falls, es una ciudad situada en la orilla este del río Niágara en el condado homónimo, situado
en el estado de Nueva York, Estados Unidos de América. Existe otra ciudad de similar nombre al otro
lado del río, en la provincia canadiense de Ontario.
21
Son las siglas de Alcohol, Tabaco y Fuego de la Oficina del Gobierno.
22
Ciudad de Arizona, situada en el condado de Pima.
—El restaurante griego al que estamos enviando a nuestro agentes está
viviendo una actividad inusualmente alta, muchas noches hasta la
madrugada, hombres de negocios… y apuesto a que ellos no están allí por
los Gyros23.

—Hemos interceptado envíos de armas en la ciudad de Nueva York antes


de ser enviado a la región de Niagara. No tenemos manera alguna de
identificar a los simpatizantes de los Talibanes sin alertar a los
proveedores. —Una imagen de un hombre y su esposa a las afueras de un
restaurante griego llamado Pegasus Star, apareció en la pantalla—. Hace
seis semanas, este hombre, Giorgios Papadopoulos, estaba al borde de la
quiebra, ahora es dueño de parte del casino y la construcción de la
ampliación del restaurante. Sospechamos que junto a los moteros,
participan funcionarios de la ciudad y el local de este hombre es el lugar de
reunión y quizás se puedan almacenar las armas allí.

Un agente nos repartió unos libretos. —Esta es toda la información de la


que disponemos.

Revisé la documentación. Ya podía ver que es lo que iba a suceder.

—Mason, usted y su pareja, Mercado, tendrán que hacer algunas


investigaciones extra sobre lo que ya sabemos. Tenemos que encontrar las
rutas que estas armas están siguiendo y detenerlos antes que lleguen a su
lugar de destino en Niagara Falls, Nueva York. Hemos reforzado la patrulla
fronteriza, pero no estamos seguros de cómo están reaccionando en
Canadá. Formareis un equipo cautelar e intentareis localizar a cualquier
persona que pudiera estar involucrada.

—Nicholas, Kieran, voy a necesitar que mantengáis un perfil bajo. Estoy


montando un equipo aquí, ya que ninguno de vosotros ha tenido relación
alguna con el equipo de Nueva York… los Marshal están muy ocupados
con una red de pornografía infantil. Algunos de vosotros estuvieron en un
caso parecido aquí, así que sé que os podéis hacer cargo.

Observé la cara de Jubilee. No parecía feliz.

23
es carne asada en un horno vertical que se sirve en un pan de pita o sándwich. Como
acompañamiento, se agregan algunas verduras y salsas. Los más comunes son tomate, cebolla y la salsa
tzatziki.
Kieran por el contrario parecía como si fuera su cumpleaños, y no puedo
decir que no estuviera publicitado. No miré a Sean.

—Nicholas —me dijo Royale—. Hablas griego, ¿podrías hacerte pasar por
uno?

—Sí, señor. Creo.

—¿También hablas francés?

—Sí, señor.

—¿Podrías hacerte pasar por uno de esos también?. ¿Acaso no es eso


perfecto?

—Mi padre es francés.

—Perfecto. Papadopoulos está a punto de perder un cocinero. Pon a punto


tus Kebabs.

No tenía ni idea de lo primero que se necesitaba para preparar un Kebabs.

—Y Kieran. —Se giró hacia él—. He escuchado sobre tus talentos ocultos.
Vas a unirte a los Rebeldes. Lo prepararemos todo para que consiga entrar
sin demasiado alboroto. ¿Sabes montar en bici?.

—Yep —dijo Kieran—. Estoy seguro que puedo hacerlo.

Jubilee estaba de pie junto a mí. Miró hacia arriba cuando oyó a Kieran y
murmuró. —Oh infiernos, no.

Le dediqué una mira comprensiva. Jubilee solo estaba cabreado.

Sonó el teléfono de Royale. Se disculpó y salió de la habitación.

Jubilee fue el primero en hablar. Lanzó el folleto. —¿Por qué demonios no


encuentran a alguien que ya sea un conductor para hacer lo que necesitan?.

—Está bien, Jube —dijo Kieran.

—Bien para ti. Adoras estas cosas. Esto me saca de mis casillas.

Me moví hacia Sean y él caminó hacia mí. —Creo que deberíamos


dejarlos.
—Demasiado tarde —dijo Sean.

La puerta se abrió, se cerró, y Royale apareció allí.

—Así que, id a por la información, Mason, crea tu grupo de trabajo.


Kieran, tenemos un especialista para que trabaje contigo por varios días,
aprenderás protocolo de bicicleta, lenguaje, etc… —Entregó una tarjeta a
Kieran—. Jubilee, quiero ver a tu grupo de trabajo la próxima semana, y
Nicholas, mañana vas de camino para Niagara.

Wow, esto estaba ocurriendo muy rápido.

—Tienes una entrevista de trabajo. Tendrás nuevo documento de identidad,


y un currículum. Te sugiero que vayas a la biblioteca de la oficina y
encuentra algunos libros de cocina.

—Sí —dije—. Haré eso.

Cuando Royale salió fuera. Sean susurró en mi oído. —Te enseñaré.

—¿Me enseñarás, a qué? —me burlé.

Él agarró mi brazo. —Cocina griega. Aunque con una condición, ¿me


enseñarás algo de griego cuando vuelvas?

—Puedo hacer eso. —Me reí entre dientes—. Pero primero necesito ir a la
oficina y hacer un papel de trabajo, y tú estás trabajando, ¿no?

Afirmó con su cabeza. —Hasta las tres. ¿Me buscas después?

Sonreí. —Está bien, te esperaré en el vestíbulo.

—Genial.

Observé a Sean salir fuera, no estaba seguro si él sabía cocinar, o no. De


todas formas tuve una sensación sobre que mi mente no estaría en la
cocina, de ningún modo.

En el camino para ir a la oficina de administración, vi a Kieran y Jubilee


hablando en el pasillo. Jubilee parecía un poco más relajado. Sujetó el
brazo de Kieran y lo guió hacia el ascensor. Esperé a que Kieran se pusiera
al día.
—¿Todo bien?

Kieran suspiró. —Jubilee es preocupante por su sobreprotección.

Me reí. —¿Pero?

—Pero vivo por estas cosas. No puedo esperar. Lo de conducir le ha


aflojado las tuercas. ¿Qué hay sobre Sean?

—Quiere enseñarme a cocinar.

Kieran rió entre dientes. —Apuesto a que sí.

—Creo que se ruborizó. Él dice que sabe cómo se hace.

—Quizás en la cama —dijo Kieran relajadamente—. ¿Dónde vas a


cocinar?

Sacudí mi cabeza. —Voy a rellenar unos formularios.

—Bien, te diriges en la dirección equivocada. Es por el pasillo.

—Gracias.

—Nicholas. Cubro tu espalda, recuerda que ayudaste a Jubilee en el banco.


Siempre estaré en deuda.

Afirmé. —Y yo tu espalda, hermano. —Nos dimos un apretón de manos y


Kieran me dejó enterrarme entre papeles burocráticos.

Justo a las tres en punto, Sean me esperaba en el pasillo. —¿Cómo has


acabado tan pronto?

—Firmé todo el papeleo. —Suspiré—. Todo el mundo ha sigo genial.

—¿Estás listo?

—Siempre. —Le guiñé un ojo. Nosotros tomamos el ascensor.

—Compórtate. Me refiero a ir de compras.

—¿Compras?

—Comida. Si voy a enseñarte como cocinar, necesito comida, ¿o no?

—Hablabas en serio. —Lo miré.


—Por supuesto que hablaba en serio. Yo sé cocinar.

—Pensé que tu… —volví en mí mismo cuando el ascensor pitó.

—¿Pensaste en que solo íba a ir a casa contigo y te dejaría hacer tu propio


camino conmigo?

—Sí, claro —le dije.

El rió. —Bien, eso también… pero antes tengo que enseñarte a cocinar.
Capítulo 7
—Sean —me dijo Nicholas—, no tenía ni idea de que realmente fueras a
enseñarme a cocinar.

—Bien, amante —le dije— tienes que fingirlo hasta que lo hagas.

—Debo decir que todo huele estupendamente. —Él dio una aspiración
profesional—. Aceite de oliva, limón, ajo… ¿puedo decir que es todo muy
griego para mí?

Reí. —Sí, puedes decirlo. ¿Ves esos cubos de cordero? Deslízalos a través
del pincho. Siempre puedes untar un poco de aceite de oliva a lo largo del
palo para que sea más sencillo. De esta manera.

Extendí el aceite de oliva arriba y abajo a lo largo de todo el pincho y


entonces deslicé la pieza de cordero por él.

—Sean, esa cosas es positivamente erótica en tus manos. —Él puso su


mano en mi culo y dio un apretón. Tuve que concentrarme.

—Deslízalo hacia abajo, no demasiado, porque hay que centrarlo para


poder coger el extremo para hacerlos cuando se estén cocinando. Ahora,
añadimos una rebanada de cebolla, una pieza de pimiento verde, colocamos
otra pieza de cordero.

—¿Y si no me gusta el cordero?

—Créeme, a la mayoría de tus comensales les encantará. O eso o pollo.


Podrían solicitar otros tipos de carne, pero, detente, estás siendo un listillo.

Me sonrió y sentí mi polla endurecerse en mis pantalones cuando su otra


mano se trasladó hasta allí y me la agarró. Él tenía ese efecto sobre mí.
Fácilmente era el hombre más sexy que jamás había conocido
personalmente… incluido Kieran. Yo estaba experimentando algún
conflicto. Quería cocinar con él, pero él estaba experimentando con mi
polla y mi culo, su lengua dibujaba la línea de mi mandíbula. Su boca
encontró a la mía y me besó.

—¿Cuántas piezas? —él preguntó repentinamente, volviendo a la


normalidad. Yo tenía un juego de ordenador llamado “Burger Bustle”
donde un cliente enojado acusa al Burger de “Todos están jugando con mis
emociones”.

Bien… Nicholas Fournier estaba haciendo un trabajo condenadamente


bueno con las mías.

—Sobre seis —contesté—, a menos que su nuevo jefe quiera menos.


Adelante. Inténtalo.

Deslizó las piezas con facilidad y encendí el fuego colocando la sartén.

—Ellos cocinan muy rápido, un par de minutos en cada foco de calor. No


tienes que cocinarlo demasiado —le advertí. Me miró, una mano
acariciando mi culo aún. Dio un trago a su cerveza. Hombre, lo quería.
Cuando los pinchos estaban listos, apagué los puntos de calor.

—Ahora, tienes que servirlo de este modo, o les dejas para que cojan de la
horquilla, o lo metes en un trozo de pan de pita. Vimos la diferencia entre
gyros y kebabs.

—Lo recuerdo bien. De hecho, como si hubieran pasado solo un par de


minutos.

—Aquí vuelves, siendo un listillo nuevamente. —Sonreí—. Trata con esto.


—Le llevé un trozo de cordero a su boca. Masticó diligentemente.

—Es excelente. Me gusta sobre la brocheta la mezcla de los sabores del


limón, del aceite y el orégano. Muy tiernas y sabrosas. Parecido a como tú
eres. —Apretó mi culo—. Estoy pensando en otro tipo diferente de carne
ahora, enseña.

—Oh, ¿en serio? ¿Estás pensando en otro tipo de carne?

—¿Puedes adivinar qué tipo?

—¿Cerdo?
No exactamente.

—¿Salmón?

—Mmmm… no.

—¿Anguila?

—Cada vez estás más cerca. —Él también llegó más cerca, empujándome
hacia él. Su beso se volvió exigente, no lo quería de otra forma. Tuve que
mover mi mano, que casi la meto en el aceite caliente, pero él me agarró
justo a tiempo.

—Necesitamos ir a la cama —me dijo—, la cocina es un lugar peligroso


para ti. —Comprobó que todo estaba apagado, se dio la vuelta y me cogió
de la mano.

—¿Hacia dónde, Mashal Mercado?

Subimos hacia arriba, justo la habitación enfrente del salón de estar. Me


gustaba el suave espacio con la chimenea y el sofá grande, fantaseé sobre
nosotros haciéndolo sobre él. Lo habría dicho, pero aparentemente parecía
que él tenía sus propias ideas.

Me llevó a mi cuarto y le dio un rápido vistazo. —Precioso. Vamos a


probar en la cama. —Se quitó sus zapatos, me tumbó sobre la colcha, como
si yo fuera un saco de arroz y se deshizo de mis zapatos. Él me desnudó
rápidamente y entonces se quitó su ropa, lanzando al aire sus calcetines.

—Sabía que necesitabas ir a la cama —me dijo, una vez colocado a


horcajadas sobre mi cuerpo—. Mira tú polla… toda dura y toda… —Me
sonrió cuando tomó nuestras pollas en la mano y comenzó a acariciarlas de
arriba abajo frotándolas entre ellas. Sentía de un modo increíble su manera
de tocarme. Me miró directamente a los ojos y comenzó a sentarse en mis
muslos. Era un viaje de ida y vuelta… nos movimos más alejados del borde
de la cama y me mantuvo en sus manos. Mi polla se sentía como si fuera a
romperse. De repente, se agachó y se dobló. Su lengua lamió mis fluidos.
Al principio fue tierno, después comenzó a chupar sin descanso todo mi
eje.
El sonido de otro hombre chupando mi polla, era la primera vez que lo
había sentido en toda mi vida. No podía creer lo caliente que era. Fue todo
lo que pude escuchar… eso y nuestra agitada respiración. No era la primera
vez que él me chupaba pero yo estaba inmerso en mis sentimientos…fue la
novedad de las sensaciones por primera vez.

Nicholas se movió más abajo encima de mí, agachó la cabeza más y


comenzó a lamer mi saco de bolas. Metiéndoselas íntegramente en su boca.
La última vez que estuvimos juntos no me lo había hecho. Se la introdujo
en la boca y tiró de la piel. Santo diablo… iba a correrme. Él sabía eso
también. Sus piernas subieron sobre mis caderas y me ofreció su polla. Yo
estaba sorprendido sobre cuanta podría meter en mi boca en esta posición
pero la chupé como un auténtico profesional. Tomé toda su gruesa polla
hasta la base.

Él se movía hacia adelante y atrás, facilitándome el trabajo, tomando todo


el tiempo mi polla ayudado por su mano. Cada vez que su polla salía de mi
boca, mi polla tocaba la parte baja de su culo. Dejó de moverse adelante y
atrás. ¿Iba él a dejarme que lo follara?

Nicholas me sonrió, se quitó de encima de mí y se movió sobre mis


piernas. Elevó mis rodillas hacia adelante y comenzó a lamer mi culo. Me
lamía de abajo hasta arriba, lamiendo a la misma vez mis bolas. Esta vez no
me permitiría follarlo.

—Oh, chico —dijo cuándo levantó su cabeza de mi culo para tragarse


profundamente mi polla en su garganta. Me corrí, brotando con fuerza,
disparos de fuego blanco que no podía detener. Se quedó sobre mí mientras
mi cuerpo se destrozaba debajo de él. Sus brazos y hombros me cubrieron
aún sobre la cama, ahogándome en mi propia respiración. Alcancé los
condones que llevaba en mi bolsillo. Él iba a follarme. Ahora.

Y lo hizo. Se dio una pasada con su mano y empujó su eje duro hasta
presionar en mí. Ayudó un poco el lubricante que había comprado. Lo
quería dentro de mí y yo me sentía demasiado emocionado para que
pudiera parar. Se presionó aplicando más fuerza, más profundo y me besó.
Probé mi sabor en su lengua. Cuando entró completamente dentro de mí,
mi polla revivió nuevamente.
Él pudo sentirlo y jugó conmigo frotando mi polla entre su vientre y el mío.
Agarré su culo y le supliqué porque me follara.

Oh, Dios, fue intenso. No pude correrme otra vez pero podía sentir su
urgencia en mi interior y me sentí absolutamente complacido. Mantuvo su
boca pegada a la mía, ávido de más… tanto como yo podría darle.

—Buena cosa, no sé cómo habría sido para ti en la Universidad —él


murmuró entre besos—. Ha sido como si regresara al pasado.

Me desperté alrededor de las cuatro de la mañana y encontré a Nicholas


haciendo flexiones de brazos. Me pregunté cuánto tiempo había estado
haciéndolas. Le escuché contar por cuatrocientas. Hombre ocupado.

Entonces, ya no pude dormir más e hice café, mientras leía la información


sobre la parte que me tocaba del caso.

Oí su teléfono móvil sonar y el entró en la cocina, caliente, sudoroso y todo


tipo de atributos deliciosos, me besó tranquilamente, cogió una taza de café
y fue al baño. Me quedé quieto durante un momento apoyado contra el
fregador. Di un sorbo a mi café y me di cuenta que no era un mal
presentimiento. Nunca antes había despertado con un hombre en casa. Y así
es como sería, lo entendí. Ambos tenemos nuestros trabajos. Ambos
tenemos nuestros momentos para estar preocupados… centrándonos en el
trabajo.

Si él me lo permitiera, quería ser el mejor compañero que él tendría en su


vida. Quería que fuéramos amigos, amantes, confidentes. Quería ser su
chico cuando el trabajo estuviera hecho. Una vez Kieran me contó que él y
Jubilee no se fueron a vivir juntos inmediatamente, les había llevado su
tiempo. Podía ver que es lo que ocurriría aquí. Tendría que pasar tiempo y
no esperar las velas, flores y llamadas telefónicas constantes… por ahora.

Pero quería ver dónde íbamos. Ambos nos dirigíamos a Niagara Falls.
Teníamos que pretender que no nos conocíamos el uno al otro… actuar
como si no fuéramos amantes.

Mi mirada regresó al material que tenía delante de mí. La mayor parte de


aquella información era deprimente. No había pensado mucho a lo largo de
mi vida en Niagara Falls. Mis pocos puntos de referencia eran Lucy yendo
a través de las cataratas en un barril para ganar dinero en, “I Love
Lucy”24… no… era otro nombre de mujer. Eso era cierto. Lucy está en un
programan de la radio tratando de ganar dinero. El ganador anterior fue a
las cataratas y cayó rompiéndose todos los huesos de su cuerpo.

También recordé a Marilyn Monroe haciendo de esposa homicida en la


película, Niagara. Mi otra única referencia era la gente que iba allí para
disfrutar de su luna de miel.

Oí la puerta del baño abrirse y Nicholas caminó desnudo hacia mí, una
toalla en sus manos con la que frotó su cabeza. —Me siento magnífico.
Gracias por una fantástica noche de… lección con carne.

—El placer fue mío. Recuerda que tienes que tratar tu carne tiernamente.

Sonrió. —Lo haré. Y después buscaré la anguila para mí.

Solté varias carcajadas. Me sentí como un adolescente eufórico. En un mal


esfuerzo por no aparentarlo, dije. —Es un interesante caso.

—¿No lo es?

—¿Sabías que un niño de siete años cayó a las cataratas en 1960 después
de un accidente de barco y sobrevivió? —le pregunté.

—Veo que hemos leído el mismo paquete de información. Estaba intrigado


por el hecho de la anciana de 63 años de edad, Anne Edson Taylor, la
primera persona que sobrevivió a un viaje por las cataratas. Ella no iba en
un barril, directamente se tiró ella misma en 1901.

—¿Actuó así?, aún no he llegado a esa parte.

—Sí, ella necesitaba el dinero que la notoria fama conseguiría traerle. —Se
detuvo—. Me preguntaba si es de aquí donde sacaron la idea para la escena
de un capítulo antiguo de “I Love Lucy”.

—Fue tan divertido —reí—. Estaba justo pensando en eso.

—“Amamos a Lucy”.

24I Love Lucy, traducido al español, “Yo Amo a Lucy”; fue una serie televisiva estadounidense que se
emitió durante la década de los 50, desde 1951 a 1957. Se transmitió por la CBS y fue la serie más vista
en los Estados Unidos durante cuatro temporadas.
Ambos nos sonreímos.

—Hey, ya sabes, nos veremos el uno al otro en Niagara Fallas y…

—No necesitas decirlo. Estaremos trabajando y tenemos que pretender que


no nos conocemos el uno al otro. Lo pillo.

—No iba a decir eso pero es cierto. —Se inclinó hacia mí y me besó—.
Voy a tomar mi café y salir de aquí. En una hora tengo que recoger un
coche. —Se detuvo—. He pasado un magnífico tiempo junto a ti.
Realmente me gustas Sean. Mantente a salvo en este trabajo.

—Tú también.

Afirmó. —Continuaremos. ¿Estás de acuerdo?

—Absolutamente. —Le di otro beso, mientras nos presionamos uno contra


el otro. Me senté junto a la mesa para seguir leyendo mi trabajo. Quería ser
un activo en su vida, no una responsabilidad.

Demasiado… raro…

Estaba de repente recordando los consejos que mi madre le había dado a mi


hermana cuando era una adolescente. A mí y a Justin jamás nos había dado
consejos. Para nosotros, básicamente era, seguid hacia adelante y
reproduciros. Para Justine era que no se mostrara muy predispuesta. Que no
los llamara mucho. Que les permitiera perseguirla.

Hojeé a través de mis notas, y llegué a la conclusión que debía estar


orgulloso de mí mismo por no haber dicho nada estúpido esta mañana
delante de Nicholas. No había preguntado por llamadas… o futuras citas.
Quería ver cómo podría hacer frente a citas con otros US Marshal.

Me forcé a mí mismo a enfocarme en el material que tenía entre mis


manos. Ahí estaba la señora del barril que Nicholas había dicho. Leí sobre
su acción…fue debido al miedo de ser confinada en un hospicio. Fruncí el
ceño cuando llegué a la siguiente historia.

Él volvió con la taza de café vacía y la dejó en el fregadero. Se acercó a mí


y me besó en la cabeza.

—No te levantes. Saldré yo mismo de los barriles.


—¿Barriles? —Reí.

Se giró hacia mí. —Supongo que lo tengo metido en el cerebro.

—No te metas en ninguno y te arrojes a ti mismo por las cataratas, ¿de


acuerdo?

Él sonrió. —Bien… eso depende mucho de cuánto dinero me ofrezcan.

—¿Sabías que antes de ellos intentar lo de la mujer anciana ellos probaron


con un gato dentro del barril y lo arrojaron por las cataratas?

Me miró. —¿Sobrevivió?

—Contrariamente a los rumores de aquella época, sí.

—¿Qué estás tratando de decirme? —él me preguntó.

—Las personas son bolsas de mierda. No confíes ni creas a nadie en


Niagara Falls.

La sonrisa que me dedicó me desarmó. —Excepto en ti, Kieran, y


Jubilee… a los demás no les daré la oportunidad. De todas formas, confío
en muy pocas personas. —Me guiñó un ojo y se fue.

Me senté solo con mis pensamientos durante un buen rato. Era depresivo
pensar en que uno de los lugares más hermosos del país se hubiera
convertido en una zona económicamente deprimida y ahora llegaba a
resurgir a costa del crimen, timadores y tráfico de armas.

Comprobé el tiempo y vi que tenía cuarenta y tres minutos antes de que mi


coche llegara. Acabé de leer mi trabajo. Lavé los platos, hice la cama, me
duché, me vestí, siguiendo mis instrucciones para hacer la maleta con ropa
muy casual, además de un buen traje, dos camisas y dos corbatas extras.

Revisé mi arma, a la que di una limpieza rápida y la deslicé en la funda de


mi tobillo antes de llegar al coche. No tenía ni idea de lo que me depararía
el futuro más inmediato. ¿Quién lo sabría de todos nosotros?. A mi abuelo
siempre le gustaba decir, “Sí quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”.
El dicho no era muy alentador, también decía que, “puedes ser lo que
quieras ser”. Para ser honestos, era un poco amargado pero lo amaba.
Se había ido hacía doce años y yo aún lo seguía amando. Era un hombre
apuesto que siempre vestía traje y corbata. Pensaba que todos los días eran
domingo y el usaba su mejor ropa. Había sido muy doloroso… supongo
que porque dejó un gran agujero emocional del tamaño del Gran Cañón del
Colorado, mi abuelo murió de cáncer, y él siempre insistió en hacer las
cosas agradables.

Recuerdo ir con él a la feria del condado en Nueva Orleans25, yo era un


niño. Quizás estaba cerca de los siete años. Nos encontramos con uno de
sus amigos que le preguntó si queríamos ver el rodeo. Yo estaba
desesperado por ver a los vaqueros y los toros…

—No —contestó mi abuelo. Cuando nos alejamos le pregunté que por qué
y me dijo, que—, la mayoría de los animales aquella misma noche
acabarían en el matadero.

—La vida es sobre la muerte. —dijo—. Nunca sabemos cuándo acaba


nuestro tiempo, pero esas pobres criaturas. Ellas lo saben. La mayoría
apenas camina cuando las sacan de aquí. Ellos matan a los animales sin
ningún tipo de piedad. No quiero ver eso y tampoco quiero que lo veas tú.

—Pero tú montaste por el circuito —le recordé.

—Por eso lo sé —me dijo—, por eso siempre quiero olvidarlo.

No lo entendí en el momento. Ahora si lo entendía. Su corazón estaba muy


dolido por todo lo que había pasado. Él solo quería detener la pena que
sentía…

Me quedé mirando mi paquete de trabajo. Cuando Annie Edson Taylor


tomó su decisión de tirarse por las cataratas, el área estaba experimentando
una severa depresión económica debido a la desaceleración de la industria
maderera. Ella tomó el asunto en sus propias manos. Tomó sus propias
decisiones.

25
Nueva Orleans, es una ciudad multicultural del sur de los Estados Unidos, Estado de Louisiana, (con
especial influencia africana, latinoamericana, española, francesa,...), muy conocida por sus festivales,
su música y su cocina. Eventos como el Mardi Gras, Jazz Fest y el Sugar Bowl, mantienen a la ciudad
como un destino turístico importante.
De muchas maneras, Niagara Falls iba directa a otra depresión. Pensé en
Giorgios Papadopoulos, el propietario del Restaurante Griego, la Estrella
Pegaso. ¿Qué tipo de desesperación lo habría llevado a tomar la decisión de
traficar con armas?.

Mi teléfono móvil comenzó a sonar. Mi coche estaba aquí.

Jubilee y yo nos encontramos con nuestro jefe de grupo en el parking del


aeropuerto donde teníamos que coger nuestros pasaportes y los billetes de
avión. Mi nombre era Joe Cordon y él era James Butler.

—¿Qué vamos a hacer exactamente? —Jube estaba reacio a discutir el


asunto conmigo. Charlamos sobre películas, libros, familia, sobre todo
excepto trabajo en aquellas tres horas de vuelo desde Dallas/Fort Worth 26 a
Atlanta27, Georgia. Tuvimos una parada de noventa minutos antes de
nuestro vuelo de dos horas con conexión a Búfalo28, Nueva York, en el
lado estadounidense de las Cataratas del Niágara29.

Pedimos algunas quesadillas del carro de comida para tomar y nos fuimos
al lugar más tranquilo para comerlas, nos quedamos de pie, pero contra la
pared más alejada de la puerta de embarque que se encontraba llena.

26
Dallas/Fort Worth, es un área metropolitana en el norte del Estado de Texas. Con 6.600.000 hbs, es la
cuarta área metropolitana de los USA, detrás de Nueva York, Los Ángeles y Chicago. La más grande si
contamos que no tiene acceso al mar.
27
Atlanta, es la capital del Estado Norteamericano de Georgia. Considerada como una ciudad de
negocios y centro de transporte El Aeropuerto Internacional Hartsfield-Jackson, situado a once
kilómetros al sur del centro de Atlanta, es el aeropuerto más transitado del mundo y el único que
cubre los servicios de la ciudad.
28
Buffalo, es la segunda ciudad más grande del estado de Nueva York en Estados Unidos, tras la
ciudad de Nueva York. La ciudad se ubica al oeste del estado de Nueva York, en el área conocida
como Western New York y es la capital del condado de Erie, limitando con el condado de Niágara.
29
Cataratas del Niágara, son un grupo de cascadas situadas en el río Niágara, en la zona noreste de
América del Norte, en la frontera entre los Estados Unidos y Canadá. Situadas a unos 236 metros
sobre el nivel del mar, su caída es de aproximadamente 64 metros. Comprenden tres cataratas: la
«catarata canadiense» (Ontario), la «catarata estadounidense» (Nueva York) y la «catarata Velo de
Novia», más pequeña.
Aunque parecía que estaba comiendo cartón, me tragué la comida como
buenamente pude, para ello me ayudé una botella de Pibb Xtra30.

—¿Has estado allí? —Habíamos estado hablando de películas pero sabía


que él estaba refiriendo sobre nuestro destino.

—No, nunca, ¿y tú?

Él vaciló. —Sí. Mi hermana se casó allí.

—¿Lo hizo? Wow…

—Va a ser difícil para mí volver allí. Oakie, su marido… nosotros éramos
muy amigos. Habíamos tenido grandes sueños. Entonces, los Talibanes lo
mataron… y ahora me estoy dirigiendo allí para golpearlos por mí mismo.
¡A Niagara Falls! No parece real.

Me pareció que de repente él se había venido abajo. Hasta ahora, él había


estado genial.

—¿Por qué no llamas a Juan? —le sugerí—. Apuesto a que él te hará sentir
mejor.

Cabeceó afirmativamente. —Me está matando haberle dejado. Estaba


mañana el niño no paraba de llorar. Entonces él me ofreció sus zapatos. Ya
sabes… los que le regalaste. Él dice que tienen súper poderes y me
mantendrán a salvo.

Oh, Dios… esas cosas de chicos…

—Estarás pronto con él. —Sabía que Juan estaría con Pauline, la hermana
de Jubilee—. Y Jube, cuando nosotros regresemos, le compraré un segundo
par de zapatillas para ver si va desprendiéndose de las que le regalé
primero.

Él rio. —Es el chico más dulce, ¿verdad?

Afirmé. Nuestra conversación giró hacia “I Love Lucy” y el barril.

—¿Puedes creer que ellos enviaran cataratas abajo a un gato? —me


preguntó.

30
Pibb Xtra, es una marca de bebida energética.
Nosotros habíamos intercambiado impresiones mientras estábamos en
Buffalo.

—¿Ahora qué? —pregunté.

Asintió. Un chófer estaba de pie con un cartel levantado en el que se podía


leer “BUTLER”. —Ese es el nuestro. —Me silbó—. Apóyame en todo lo
que diga.

Estaba tan asustado que no respondí. Sólo caminé detrás de él.

—¡Ey, tú, payaso! ¡Coge mi bolsa!

¿Qué me había dicho? Cogí el asa de su maleta con ruedas cuando la


mirada del chófer se encontró con las nuestras.

—¡Señor Butler, señor! Su coche está fuera justo al salir.

—Muchas gracias. Date prisa, Joe, llegaremos tarde para nuestro juego.

Él estaba actuando raro y…

Actuando.

De acuerdo, él estaba haciendo un papel. ¿Por qué no me lo había dicho?

—No te di la oportunidad de reaccionar —me dijo cuándo el chófer corrió


hacia el coche y abrió el maletero, introduciendo nuestras maletas en el
interior. Cuando el chófer cruzó una mirada con un guarda del
aparcamiento, Jube me volvió a hablar—. Soy un buen jugador de
baloncesto. Tú eres mi guardaespaldas. No supe que decir porque quería
que comenzaras a verme como parte de su repertorio. Nosotros queremos
que ellos piensen que somos un par de imbéciles.

—¿Y lo parecemos?

—Sí —me dijo cuándo el chófer mantuvo abiertas las puertas traseras. No
estuve seguro si se suponía que debía sentarme atrás junto a Jubilee o
delante, pero cuando el chófer seguía manteniendo la puerta abierta, asumí
que debía sentarme atrás junto a Jubee.

A juzgar por la expresión en la cara del chófer, mi estúpido y tonto papel


de guardaespaldas estaba funcionando…
Él nos ofreció champán. Decliné, ya que es lo que pensé que haría un
guardaespaldas en horario de trabajo, pero Jube bebió. Por la forma en que
su boca se contrajo con el trago me inundó una sensación de acierto por
haber rechazado la copa. Uh-oh… ¿podría un guardaespaldas mudo tomar
una decisión inteligente?

Conforme íbamos circulando por las calles, me sorprendió lo depresivo del


ambiente. Sí, había oído hablar de la ciudad pero era algo enfermizo verlo.
Mi abuelo lo habría odiado. La mayoría de los restaurantes y bares habían
visto tiempos mucho mejores. Algunas tiendas estaban cerradas. Cuando
llegamos a la entrada principal del Hotel y Casino Seneca Niagara me
pareció casi ofensivo en comparación con la realidad que se vivía en la
pintoresca localidad en el lado de Nueva York.

—Las mejores vistas están en el lado canadiense —Jube me dijo mientras


nuestro conductor había sacado nuestras maletas y nos acompañaba al
mostrador de recepción.

Jube hizo una buena imitación de un pateador de Texas pero el carrito de


ruedas con las maletas comenzó a dirigirse hacia el conserje, el chófer y el
botones, y me di cuenta, que mi compañero estaba jugando a ser un rico
idiota. Los rostros de todos nos miraron encendidos. Me esforcé
inmensamente en ser un guardaespaldas que ignora a todo el mundo,
excepto a su protegido. El lugar olía absolutamente a cigarrillos. No podía
creerlo. Incluso en Las Vegas ya no permitían fumar en los casinos.

Tomamos el ascensor hasta el vigésimo quinto piso donde el botones fue


remplazado rápidamente por un camarero de planta, a quién, el traje le
quedaba demasiado grande a juego con su sonrisa enorme de cocodrilo.

—Señor… su partida comienza en treinta y cinco minutos. —Me lanzó una


mirada—. En la Sala Cisne.

—Muy bien. Allí estaremos.

Él hombre seguía muy cerca de nosotros, claramente esperando algo de


dinero. Él lo consiguió. Esperé hasta que Jube había cerrado y bloqueado la
puerta de la suite antes incluso en pensar en hacer preguntas. Llevó un dedo
a sus labios, después abrió su bolsa. Encima de su ropa había un muñeco.
Lo miré. Era el juguete favorito de Juan, su hombre lobo.
Jube lo miró como si lo fuese a perder. Miró el muñeco un momento y
luego lo cogió en sus brazos, sujetándolo contra su pecho.

Las lágrimas aparecieron en sus ojos, como si fueran una piscina, él respiró
profundamente, meneó la cabeza y tocó la cara feroz del muñeco
suavemente con su dedo antes de devolver el juguete a la bolsa. Abrió otro
de los compartimentos y obtuvo un detector de micrófonos, pero había tres
más. Miró complacido hacia mí y me sonrió.

Me entregó una carpeta con papeles que sacó de la maleta y me quedé


mirándolos. Parecía un diálogo lingüístico cursi de una película de la mafia.
Yo desconocí las palabras que comenzó a usar para hablarme.

—¿No irás a ir vestido así, chico Joey?

Leí mi línea y miré hacia arriba intentando no reírme. —Sí, ¿por qué no,
jefe?

—Esto es Niagara Falls. Tienes que vestirte.

—¿Qué demonios es esto? —pregunté.

Repentinamente sacó el hombre lobo de su bolsa y lo sostuvo directamente


delante de mí, hizo el grito amenazante del muñeco. Me hizo gracia ser
asustado juguetonamente. Lo más difícil de hacer en mi vida, fue no reírme
a carcajadas cuando devolvió el muñeco a su lugar, deshaciéndose de sus
zapatos y comenzando a vestirse.

—¿Qué ropa te vas a poner? —pregunté.

—Para el juego, Joey, el juego.

Supuse que nada de tenis.

—Joey, voy a ganar esta vez. Tengo que llevar algo a casa. —Sopló un
beso hacia la esquina superior del armario donde encontró un micrófono—.
¡Odio salir de casa sin nada!

—Hay un montón de ello —dije—. Montones de petróleo en los campos…

No podía creer que estaba diciendo esas tonterías.


—Sí, lo sé. —Se sentó en la cama y comenzó a ponerse sus zapatos. Podría
decir por su mueca en la cara, que los puntos en su estómago aún le
producían dolor.

Acabó de ponerse los zapatos. El sonido de su teléfono móvil me


sorprendió. Lo oí. Hizo una pequeña mueca.

—Necesito afeitarme —dijo fuertemente.

Bonita excusa.

Mantuvo el insípido diálogo cuando abrió la puerta de la habitación del


hotel y llegó un chico con vaqueros. El chico le entregó un maletín
pequeño a Jube. Este lo tomó. El chico asintió, señalando con su cabeza
hacia mí, entonces Jube, quién ya estaba vestido, me hizo una señal para
que me diera prisa en vestirme. Cogí mi bolsa de ropa y me vestí
apresuradamente. Demonios. Había olvidado ponerme los zapatos.

Había olvidado ponerme los zapatos.

Yo estaba mortificado.

Los dos hombres giraron su cabeza hacia mí. El chico rodó sus ojos, miró a
mis pies. —¿Talla?

Contesté en voz baja. —Diez—, y él abandonó la habitación. Jube y yo


comenzamos una conversación ridícula sobre sus pensamientos en la
inversión en puentes, restaurantes. Él estaba contemplando el fracking31
como una empresa viable.

—Tendré que hacer algo con toda mi calderilla suelta —dijo soltando una
fuerte risotada que me hizo reír.

—Sí jefe. Fracking. Eso es el trato. —Rodé mis ojos. Realmente tenía los
peores diálogos en esta secuencia de interacción.

El chico quién se había llevado el maletín regresó con un par de zapatos de


vestir del número diez. Dios sabría a quién pertenecerían porque aún
estaban calientes, pero aun así, me los puse. Él señaló hacia mi guión
31
Fracking. La fracturación hidráulica, es una técnica para posibilitar o aumentar la extracción de gas
y petróleo del subsuelo. se utiliza en proyectos de exploración y producción de hidrocarburos, y
también en el almacenamiento de CO2, almacenamiento de gas y geotermia de media y alta entalpía.
haciéndome un gesto. Entonces fue cuando leí mi siguiente línea aunque
realmente parecía que la había hecho internamente un Neandertal.

—Dime jefe —dije—, ¿qué es el fracking?.

Jube me sonrió. —Una manera de gastar mi dinero Joey. ¿Dónde están mis
cigarrillos?

Me miró a mí. ¿Cómo demonios iba a saber dónde estaba?, no había nada
de eso en mis notas. De repente señaló su bolsa de Marshal indicando al
otro chico. Él quería que le diera mi guion al otro chico. Odiaba
compartirlo con él, pero Jube se lo entregó, entonces me entregó en la
mano otro libreto de notas. Ambos libros de notas se los llevó el chico
cuando salió de la habitación.

—¡Encontraste mis cigarrillos! —Jube lo celebró—. Te ha llevado cierto


tiempo Joey. —Me guiñó un ojo—. ¿Tenemos todo? Excelente. Ahora, a
jugar.

Me entregó el maletín y lo cogí, había dejado fuera del pequeño maletín


unos cuantos billetes de dólares que colocó encima de su caja de puros.
Nunca había visto a Jube en toda su vida fumar esas malditas cosas.

Caminé por el pasillo con él. Nos cruzamos con algunas empleadas de la
limpieza del hotel, ellas limpiaban frenéticamente lo que parecía una
enorme sala arrasada. Sobre el ruido de los aspiradores, le pregunté a Jube.
—¿Cuántas veces has estado aquí?

—¿Con estos chicos?, la primera vez. La semana pasada estuve en Atlantic


City.

Llegamos a los ascensores y apretó un botón.

—¡Estoy muy contento que esta vez hayas podido venir conmigo Joey!. —
Palmeó en mi hombro un par de veces mientras las puertas comenzaron a
abrirse y entramos. El ascensor hizo un “ping”. Apretó el botón para bajar.
¿Cómo sabía él donde debíamos ir?

Él había recibido instrucciones. Pensé que debió ser demasiado más.


Esperó en nuestra habitación porque sabía que alguien nos buscaría allí,
¿quién?, él había guardado nuestras armas y los guiones.
Caminamos hacia fuera en el piso treinta, donde la sala estaba apestando a
cigarrillos igual que el vestíbulo. Hombre, yo no pensaba que pudiera
respirar. Observé a mí alrededor. El dinero rezumaba de los poros de todo
el mundo. Escuchaba una mezcla de diferentes acentos y Jube se dirigió
enfadado hacia el gorila que quería impedirme el paso.

—Hijo —Él puso su mejor acento Texano—, si quieres saber si el chico es


un empacador caliente, ¡por supuesto que lo es! ¿Acaso pensabas que él iba
a dejarme caminar solo por cualquier sitio con un millón de dólares en
efectivo y no me iba a proteger? ¡Piénsalo otra vez!

Parecía que las cosas se iban a poner feas pero todas las plumas bufadas de
los pavos pronto se alisaron. Fui cacheado, mi arma requisada y guardada
durante toda la duración de la partida. Estaba preocupado por Jube cuando
estaba siendo cacheado pero reconocí al hombre que lo estaba haciendo.

Trace Thatcher.

Trabajé duro para no mostrar ni un atisbo de reconocimiento. No tuve ni


idea de cómo Jube pudo disimular sobre Trace… ocultó el rastro de ser
amigos muy cercanos.

Jube fue cacheado y yo sabía que llevaba arma. Una pistolera en el tobillo
igual que yo.

—Está limpio —anunció trace.

Oh… todo fue un montaje. Jube estaba haciendo su papel en el grupo de


jugadores. Apostaba el dinero, perdiendo, ganando un poco… pero
evidentemente en su interior estaba disfrutando de tirar el dinero.

Jube se fue a comenzar una partida de póker y Trace hizo su mejor papel
suplantando al anterior de gorila, ahora era un camarero gorila. Jube bebió
vodka con tónica en un vaso de cristal redondo. Él jugó bien, ganando un
par de manos y luego perdió deliberadamente. Quiero decir, que yo estaba
tras él, igual que los otros chicos con sus caros trajes. Podía ver sus cartas.
Escalera real.

Entonces él se permitió ganar.


—Buen asunto conseguí más dinero —él cuchicheaba y pedía un poco de
cambio.

Uno de aquellos hombres quién parecía tener una mala noche, miraba con
envidia el maletín de Jube. —¿Podrías prestarme algo de dinero hasta la
semana que viene? —preguntó el chico.

—Por supuesto, por supuesto que puedo. —Jube guió sus dedos a mí y
miré hacia la mesa que había colocada tras de mí—. ¿Qué hay la semana
que viene?

—Gran juego. En el lado canadiense. Algunos amigos poderosos estarán en


la ciudad para jugar —dijo un hombre vestido completamente de negro—.
Nosotros tenemos algunos negocios para discutir contigo —dijo—, una
oportunidad para invertir. —Él tenía un fuerte acento latinoamericano pero
hablaba un excelente inglés.

—Ahm, soy todo oídos —dijo Jube.

—Ve allí la semana que viene a la misma hora. En el Casino Haven…

—Casino Haven —repitió Jube.

—Ven primero al restaurante griego.

—Bien, allí estaremos. —Jube me miró—. ¿No es así Joey?

Asentí con la cabeza y sonreí como si yo fuera tonto del culo.

Él prestó algo de dinero al idiota que se lo había pedido.

El joven lo perdió en una mano arriesgada. Un full house32. Tenía una


sensación extraña, como si las cartas estuvieran marcadas, pero no podía
afirmarlo.

Jube había liquidado las tres cuartas partes de su dinero cuando él dio por
perdida la partida a mitad de la jugada. Todos ellos se dieron la mano,
comprometiéndose a reunirse la próxima semana. Alguien devolvió mi
arma y cogí el maletín. De alguna manera, aunque Jube hubiera terminado
perdiendo todo aquel dinero, parecía extasiado.

32 Es una jugada que reúne tres cartas de un valor y dos de otro. Por ejemplo: 77733
—Hemos hecho nuestro trabajo —dijo en el ascensor—. ¿Quieres que
cenemos lejos de aquí y luego nos vamos al aeropuerto?

—Por supuesto —dije.

—Pero la próxima vez recuerda tus zapatos. —Sonrió. En nuestra suite, el


dinero que él había dejado casualmente encima de la cajita de puros estaba
cambiado de sitio. Nosotros recogimos todo rápidamente y el chico que se
llevó el otro maletín volvió con él.

Él hizo una seña levantando cuatro dedos. —Cuatro hombres —murmuró.


Nos devolvió nuestras bolsas y me quitó los zapatos. Se los tuve que
devolver.

Jube y yo hicimos un gran trato para comprobar fuera e intentar revisar la


zona del lado canadiense. Un coche nos recogió frente al hotel y Jube se
sentó junto a mí sonriendo de oreja a oreja.

—¿Cómo fue? —preguntó el conductor.

—Ellos se lo han tragado, han picado el anzuelo y tienen los billetes


marcados. Fue hermoso. —Se giró hacia mí—. ¿Qué piensas de ellos?

—Influenciados, tramposos.

—Así lo podríamos resumir —él dijo alegremente—. ¿Te apetecen


hamburguesas?

—No sin Juan —dije.

Se rio. —No… tienes razón. Vamos a comer carne en su lugar. ¿Sabes de


donde son aquellos chicos?

—No tengo ni idea.

Nuestro conductor nos miraba a través del espejo retrovisor.

—Son algunos de los narcotraficantes y traficantes de armas más feroces y


peligrosos del país. Sí. Estamos bailando con el diablo.

—Y vamos a ver qué podemos hacer para revolcarnos por el suelo con
ellos —dije, sintiéndome nervioso por la próxima partida de póker. Dios…
cuando Jube llamó a su hijo, todo lo que podría pensar era en Nicholas… y
en qué infiernos estaba pasando él ahora…
Capítulo 8
Siempre había disfrutado preparando una buena comida para los amigos.
Me parecía relajante. Una copa de vino y conversación y si era con Sean,
bueno… tenía una idea bastante buena de como terminaría la noche. Pero
había descubierto que cocinar durante horas en una cocina mal ventilada
realmente no era lo mismo.

No estaba quejándome. Había tenido que hacer cosas peores en mi vida,


especialmente en el ejército. Sabía que esto era una asignación encubierta
bastante crítica, y estaba más que decidido a impresionar al equipo en mi
primera misión. Pero después de esto, sabía que nunca me volvería a
acercar a un cordero mientras viviera.

Hace algún tiempo que la Estrella de Pegaso había sido uno de los
restaurantes más populares de Niagara. Me sorprendió ver como el aspecto
iba empeorando velozmente en comparación con las fotografías que había
visto. Era urgente una capa nueva de pintura, y los caminos exteriores que
pasaban justo al lado de la estatua de un caballo enorme, erguido y blanco
que comenzaba a desmoronarse.

Mi primer encuentro con Giorgios Papadopoulos, un hombre esbelto con la


cabeza calva y cuyo inglés consistía mayormente en el uso insistente de
“¡mueve tu culo!”, cuánto menos, fue interesante.

Parecía avergonzado sobre el aspecto del lugar y me aseguró que ya había


sufrido algunas reparaciones y estaba a punto de conseguir un cambio de
imagen bastante importante.

—No te preocupes. —Agitó sus manos alrededor—. Puede que tengas la


impresión sobre que el restaurante va cuesta abajo. Hemos estado muy
ocupados, no hemos tenido tiempo para renovarlo, pero pronto estará muy
hermoso. Ya lo verás. No tendrás que trabajar en un lugar feo. Cuando la
economía empeoró hace unos años y los clientes dejaron de venir, Giorgios
Papadopoulos comenzó a estar desesperado. Sabía que, tenía todos estos
planes después de que raramente el restaurante estuviera completo. Había
leído en los documentos que había estado gravemente endeudado hasta
hacía poco. Había hecho algunas malas inversiones, y por cierto tiempo
vivió muy por encima de sus posibilidades. Necesitaba mucho dinero, para
poder mantener el estilo de vida al que él estaba acostumbrado. Una casa
grande, coches de lujo para él, su esposa y sus dos hijas, un barco y
vacaciones en el sur varias veces al año, no era barato. Por como hablaba,
parecía que su suerte estaba cambiando. Sabía que no tenía nada que ver
con una repentina afluencia de hambrientos clientes.

Le aseguré que pensaba que el restaurante era muy agradable.

Solo se encogió de hombros como si le preocupara poco lo que yo pensara.


Decir que el Señor Papadopoulos no era el mejor hombre que había
conocido era un eufemismo. Él disfrutaba mucho oyendo hablar de sí
mismo. Su esposa, Elena, era justo lo opuesto.

Raramente decía algo y su cara parecía una ciruela pasa. No podrías verla
sonreír. Realmente no podía culparla, no después de estar casada con ese
hombre.

Sus hijas gemelas, Diana y Helen, eran habladoras como el infierno,


pavoneándose con sus tops de corte bajo y ceñido con faldas cortas.
Hablaban de una cosa, los hombres y con un objetivo en mente, el
matrimonio. Tuve la sensación de ser anotado en la lista de matrimonios
tan pronto como entré por la puerta. No estaba seguro de como uno podría
entrar en la lista pero iba a intentarlo con mi mejor esfuerzo. Helen era la
más audaz y entraba a la cocina a diario para hablar mierda de su hermana.
Un día, ella me abrazó por detrás y realmente me apretó el trasero.

Moví mi dedo hacia ella, pero no podía detenerla. Su padre era muy
protector. A la más mínima cosa, corrían a papá. Las chicas conseguían
todo lo que ellas querían. Probablemente eso era parte de la razón de que él
se hubiera hundido en la miseria.

—¿Estás preparando más de esa deliciosa salsa Tzaziki? —me preguntó


Helen un día.
Me moví rápidamente alejándome de sus manos errantes cuando se trasladó
más cerca de mí.

—Sí. —Era la única cosa que sabía hacer. Había aprendido la receta de mi
abuela. La clave era pepino fresco y una buena dosis de ajo.

—Está delicioso —dijo—. Puedes untarlo por todo mi cuerpo y después, si


quieres, puedes lamerlo. —Me guiñó un ojo.

Genial, pensé. Miré hacia afuera en el comedor, con la esperanza de que


fuese un cliente. Sonreí cuando vi al señor mayor que venía todos los días.
—El Señor Adams está de vuelta.

—Él puede esperar. Sólo quiere patatas griegas y refresco, y mirar mis
tetas. ¿Piensas que son demasiado grandes para mí, Nicko? Di que las
tengo grandes. ¿Tal vez estarían mejor con un sujetador que las resalten?

—El señor Adams piensa así. —Recordé.

—Eres tan bromista —bromeó mientras se paseaba por el comedor.

¿Bromista?. ¿Cuándo llegué a eso? Puse la salsa recién hecha en la nevera


y preparé un montón de patatas fritas en un plato.

Helen llegó a la ventana. —Lo de siempre. —Hizo una mueca.

Estaba enfrente de ella. Deslicé el plato con patatas griegas calientes por
debajo de la ventana. Cogió el plato y se dirigió hacia la mesa, donde pasó
un tiempo hablando con el hombre. Él estaba solo.

Cuando la puerta de la cocina se abrió, me giré para ver al jefe. Parecía que
estaba sin aliento, y su cara un poco roja. —Voy a necesitar que trabajes
esta noche hasta tarde.

—De acuerdo.

—Puedes esperar bastantes clientes.

Lo miré.

—Fiesta especial. El lugar está cerrado. Mis chicas no estarán esta noche
aquí.
—¿Quiere que prepare algo especial? —le pregunté en griego. Pensé que
iban a venir los rebeldes. Helen ya me había mencionado que estos chicos
asumieron el control del lugar todos los segundos viernes del mes.

—Un montón de salsa, pollo y souvlaki. Ahora, escucha —dijo poniéndose


a mi lado—, no quiero nada raro. Tenemos una reunión importante. Son un
buen grupo, un poco alborotadores. Quieren discreción, ¿lo entiendes? ¡No
quiero que vayas diciendo por ahí lo que oigas!

—Solo soy el cocinero —le dije.

—Buen chico. Y si te dicen que te vayas, subes las escaleras y te metes en


tu habitación, en silencio. ¿De acuerdo?

—Seguro.

—Habrás una bonificación de dinero extra para ti si juegas bien tus cartas.

Salió de la cocina y cogió el teléfono en el comedor. Estaba hablando con


los contratistas. El techo había sido rehecho, pero el jefe no estaba
satisfecho con el trabajo. Regateó en el precio.

Preparé los diferentes adobos para las carnes mientras afiné el oído para
escuchar. Saqué una aceitera con aceite de oliva, ajo, orégano, tomillo y
jugo de limón para mezclar con el vinagre de vino tinto. No podría ayudar
pero pensé en Sean, la noche que me enseñó cómo hacer los kebabs, o los
souvlaki griegos en pinchos y como lo ensarté a él después. Sonreí mientras
trabajaba, mi polla se puso un poco dura pensando en él. Entonces escuché
las motos.

Caminé a la ventana de salida de la comida y miré hacia fuera. Podía ver


las motos. Bonitas y caras motos.

El jefe colgó el teléfono. —¡Maldita sea! —dijo—. Ellos llegan pronto.


¡Cocinero, cocinero! ¡Mueve tu culo Nicky!

Me volví hacia atrás preguntándome si esa noche vería a Kieran. Cuando la


puerta se abrió, miré, sorprendido de ver a Helen entrando en la cocina.

—¿Ellos están aquí? —preguntó, mirándome ruborizado.


—Sí. Acaban de llegar. Y se supone que tú tienes que estar en cualquier
otro lugar.

—¿Dónde está Papá? —Se puso de puntillas tras de mí y miró hacia a


fuera, a la sala de estar.

—Fuera.

Agarró mi brazo. —Tienes que ayudarme Nicholas.

No me gustó como sonó aquello. —¿Ayudarte a exactamente qué?

—Tengo que verlo. Tengo que ver a Gaston.

—¿Quién es Gaston?

—Es el líder de los “Rebels Edge”.

—Mierda Helen. Se supone que no tienes que estar aquí. Perderé mi trabajo
y… ese Gaston, está él… estáis teniendo alguna relación?

—No. No aún pero está en mis planes. Mi padre no me dejaría acercarme


lo suficiente. Lo hemos hablado. Él es un soñador.

—Helen —dije—, es el último chico con el que quieres salir. Los


motoristas no son soñadores.

—Tengo un plan, lo dejaré que me folle esta noche. Tú vas a ayudarme.

—No voy a ayudarte a hacer nada. —Le espeté—. Ahora, sal de aquí…
y…

La puerta de enfrente se abrió. Una explosión de voces hablando a la


misma vez como si se tratara de un bullicioso grupo de pandilleros. Había
risas. Intenté entender al jefe que mostraba un precario inglés, se inclinó
hacia atrás como si mostrara hospitalidad. —¡El lugar es vuestro… todo
vuestro… cualquier cosa… cualquier cosa que queráis!

Helen dio unos retoques a su pelo. —Voy a salir por aquí. Puedo servir la
cerveza. Gaston tiene que sentarse y tomarán nota. —Giró sobre sí misma
mostrando su falda corta y sus tacones altos.
La sujeté del brazo, intentando entrar en razón. —Helen, los moteros tienen
un código, y no es lo que piensas. Te pasaran de los brazos de uno al otro.
Ellos no tienen novias a menos que decidan tratarte como una anciana. A
estos chicos, les da igual compartir todo. No lo hagas…

—Mira, allí está… —Hizo una pausa, mirando por la ventana—. ¿Quién es
ese?

No supe a quién se refería hasta que ella lo señaló. Kieran. Santa mierda.
Era el motorista más caliente que había visto en toda mi vida.

—Olvido a Gaston. Ese es para mí. —Ella lamió sus labios.

Esto iba de mal en peor. Kieran estaba vestido con pantalones vaqueros
rasgados. En sus amplios hombros llevaba un chaleco vaquero, supuse que
los tatuajes que marcaban todo su pecho desnudo eran falsificaciones. No
estaba vistiendo los mismos colores que los demás. En su chaqueta iba
escrito, “Engendros del demonio”. Umm, era la pandilla dominante. Así se
infiltró él.

Su barba era un poco desaliñada, y sobre su cabeza había un pañuelo. Sexy


como el infierno, un auténtico hombre motorista. Joder si yo fuera
motorista… Escondí una sonrisa. Si tuviera la oportunidad no podría
decirle a Jubilee de tener esta fantasía. Esperaba que tuvieran un poco de
tiempo después para que ellos jugaran, una vez que Kieran no estuviera
actuando. No habría duda de que eso me calentaría.

Estaba tan aturdido al ver a Kieran que aflojé mi agarre de Helen. Cruzó la
cocina y salió en línea recta hacia donde estaba Kieran. Esto era todo lo que
él necesitaba.

En el minuto en que Helen entró en el salón de comidas, comenzaron los


silbidos y vítores. Su padre estaba en el centro del salón, como si estuviera
a punto de desmayarse. Podría liarse una bronca entre todos nosotros si él
se volvía demasiado protector.

Me limpié las manos en la toalla y salí al comedor. —Jefe —lo llamé—,


¿podemos hablar un minuto?

La mirada del padre fue sobre su hija cuando ella pretendió acercarse a
Kieran. Él estaba actuando su papel en este encuentro. Con su mano
alcanzó a Helen cuando se aproximó y tiró de ella hacia su regazo con la
aprobación de los otros chicos. Cacé su mirada y desde lejos me miró fijo
durante un segundo.

Lo siguiente que supe, es que el jefe estaba de un color azul mientras


maldecía en griego.

Lo cogí de su brazo y prácticamente tiré de él hacia la cocina. No estaba


nada feliz. —Calma —le dije—. Todo estará bien. Ahora que ella está
fuera, no puede solo sacarla de ahí a rastras. Esos tipos montarán un motín.
Deje que me encargue de esto. Cuidaré de ella.

Me amenazó. —Si le ocurre algo a mi pequeña hija, te…

Sentí la necesidad de decirle que no era yo el que estaba hasta el culo de


mierda de motoristas, él había puesto a su propia hija en peligro, pero eso
debería esperar un poco más de tiempo. —Les serviré unas cervezas, ¿de
acuerdo? Parecen sedientos.

Unos minutos más tarde, puse tres jarras de cerveza sobre la mesa. Había
diez motoristas en total, incluyendo a Kieran. Ellos no se molestaron en
usar vasos. Solo cogieron las jarras y bebieron, pasándoselas unos a otros y
gritando por más. Les llevé más.

Había estado trabajando por casi una semana y había tenido pocas
oportunidades para explorar el lugar. El sótano parecía estar bloqueado
sólidamente, y cada vez que tenía que bajar a él, me interrumpían o iba
corto de tiempo. Sabía que guardaban la droga y las armas allí abajo.

Gaston, el líder de los rebeldes, estaba sentado en una mesa separada del
resto, discutía acaloradamente con Giorgios Papadopoulos. Kieran había
liberado a Helen de su regazo y se dirigió a unirse hacia Gaston y Giorgios.
Llené varias jarras más y volví a mi trabajo.

Entonces Kieran me llamó. —Eh, tú —me dijo—. ¿Camarero?

Caminé de vuelta. —¿Puedo ayudarte?

—Tú puedes traducir. Creemos que nuestro amigo no entiende.


Gaston, el líder, miró por encima de la mesa y me sonrió. —Tendremos
que matarte después.

Kieran rio.

Fingí alarmarme.

Kieran golpeó duramente mí espalda. —No sudes, cabrito. Solo escucha y


traduce. Entonces lo olvidas. O después te mataré yo mismo. —Buscó mi
mirada, allí había un toque de peligro.

Si yo no lo conociera, esa mirada me habría asustado como el infierno.


Asentí. —Comenzamos.

Gaston miró a Giorgios. —Tenemos otro inversionista en nuestra empresa.


Es un tipo rico de Texas, con mucho dinero. Tiene ganas de ensuciarse las
manos, está un poco cabreado con el gobierno de los Estados Unidos por
todos los impuestos que debe pagar.

—No creo que los ricos paguen impuestos en este país —murmuré.

—¿Estás intentando hacerte el gracioso? —me preguntó Gaston.

—No, lo siento, solo pensaba en voz alta.

—Bien, pues no pienses, solo traduce la mierda que yo diga, capullo. A


este chico le gusta jugar a las cartas.

Traduje rápidamente.

Giorgios afirmó y me miró. —¿Quiere jugar a las cartas después de llegar


aquí?

Hice a Gaston la pregunta.

—Exacto. Quiere jugar en el casino… grandes apuestas. Compartirá las


ganancias. También está interesado en invertir en nuestro producto.

—¿Cuál es el porcentaje? —Giorgios preguntó después de que le dijera que


había dicho Gaston.

—El cinco por ciento —respondió Gaston.


Kieran había estado escuchando en silencio hasta este punto en el que
estábamos hablando. —Te estás olvidando. Haremos un trato con los
Engendros. Este tío recortará nuestros beneficios. ¿Por qué deberíamos
dejarlo entrar en el negocio?

—Dijo que tiene línea directa con el servicio de los US Marshals, un


hombre dentro de ellos, que hará la vista gorda e incluso si hace falta
llevará a los sabuesos por el camino equivocado. Hombre, ya sabes que
hemos sentido sus respiraciones tras nuestras nucas. Necesitamos tener
contactos dentro —dijo Gaston.

—¿Puede este tipo rico asegurarnos esos contactos? —Preguntó Kieran—.


Los engendros no votarán por este chico sin pruebas. Tiene que darnos
garantías.

Joder fue tajante.

—Esta noche tendrás la oportunidad para preguntarle. Él está en camino de


ganar montones de dinero en el casino 196 —dijo Gaston.

Traduje algunas cosas a Giorgios, quién me preguntó si ellos podrían tener


cualquier cosa que ellos quisieran, así como todo lo que hubiera que pagar.

Gaston dijo. —Bien. —Me miró y sonrió.

Esa mirada lo decía todo. Mi radar gay se activó en un gran momento. Le


hablé en francés y le pregunté si él era de Quebec. —¿Eres de Quebec?

—Sí —me respondió en francés, sorprendido porque yo lo hablara también.

Le dije que era francés por la familia de mi padre. Me peguntó de donde


era mi padre originario.

—Saguenay Lac Saint Jean33, —le respondí. Fue una mentira. De hecho,
los padres de mi padre eran de la Ciudad de Quebec pero yo recordé que en
los documentos sobre Gaston Lemire, decían que creció en Lac Saint Jean.
En ese asunto fui rápido para engañarlo.

33Saguenay Lac Saint Jean; es una región administrativa de la provincia canadiense de Quebec, situada
en la margen norte del río San Lorenzo. La región está dividida en 4 Condados (MRC) y 60
municipios.
Quedó sorprendido, lo cautivé. Me invitó a sentarme y beber con él. Pobre
Giorgios fue mandado a hacer toda la comida, con Helen corriendo como
una loca sirviendo las mesas. Una hora después alguien llamó a la puerta,
miré desde la esquina donde estaba sentado con un Gaston medio borracho,
vi a otro motorista entrar, grande y fornido. Fue recibido por una ronda de
aplausos, con seis strippers tras él, escasamente vestidas preparadas para
hacer su actuación.

Inmediatamente las chicas fueron ayudadas para subirse encima de las


mesas con sus tacones de seis pulgadas34, y alguien gritó para que
comenzara la música.

Le dije a Gaston que iría a poner algo en la máquina de canciones. Fue una
buena excusa para alejarme. El chico había estado acariciando mi polla a
través de mis pantalones vaqueros y por debajo de la mesa durante la
última media hora. Eso había sido demasiado.

Encontré algunas canciones de Heavy Metal y las elegí. Giorgios me daba


miradas desagradables desde la cocina, el sudor corría desde su cabeza a
través de su cara, y me encogí de hombros.

—Ven aquí y échame una mano, mueve tu culo —tartamudeó.

Helen me tendió un plato de pan de pita relleno de pollo. —Son unos


cerdos. —Gimoteó. Miró hacia Kieran—. No he tenido ni un minuto junto
a él. El chico es un suculento oso de miel. ¿Podrías llevarlo al baño?.

—¿Me estás pidiendo que guie a ese tío al interior del baño? De ninguna
manera —le dije.

—Es lo menos que puedes hacer. Obviamente Gaston está caliente por ti.
No tenía ni idea.

Al parecer no la tenía nadie. No pensaba que ser gay era alguna moda entre
los motoristas, a menos que fuera una violación por venganza. —Yo no soy
el señor amor. Tú lo quieres, pues ve tú por él.

—Bien. No me ayudes. Yo misma conseguiré a Rick.

34
Pulgadas, es una medida de longitud anglosajona, 6 pulgadas equivalen a 15.24 centímetros.
Entonces deducimos que 1 pulgada son 2.54 centímetros.
Rick. Está bien.

“Rick” estaba parado en la esquina bebiendo tranquilamente una cerveza


hasta que se le acercó una rubia desnuda con una bandeja llena de
empanadillas sobre sus tetas. Podría decir que era emocionante como el
infierno se arremolinaba a su alrededor. Quería reír.

Helen caminó hacia él acercándose. “Rick” puso un brazo alrededor de ella


y la llevó junto a él. Fue raro ver a Kieran de ese modo con una mujer.
Dios, él era bueno. Parecía completamente natural. Comenzó a besarla,
acariciando con su mano sus curvas hasta pasarla por debajo de su
minifalda.

Hubo algunos golpes en la puerta. Gaston estaba quieto y caminó entre dos
miembros que había a su lado. Al abrir la puerta, mi corazón se saltó un
latido. Jubilee y Sean. Jubilee parecía un auténtico tipo texano y Sean, bien,
Sean, estaba muy dulce con su sombrero blanco de vaquero. Mi corazón se
derritió al verlo. No estaba seguro de que personaje era pero luego, cuando
Jubilee entró y le tendió su sombrero, supuse que Sean era su criado o algo
por el estilo.

Ellos fueron cacheados, sus armas fueron requisadas hasta que se fueran.
Gaston tomó su tiempo hablando con Jubilee mientras Giorgios miraba por
encima de mi hombro tratando de averiguar lo que estaba sucediendo.

Me acerqué hacia las mesas y puse los panes de pita sobre la mesa, solo vi
un montón de manos hacerse con ellos y los engullían rápidamente. Miré a
Kieran, que estaba inmóvil, acariciando el cabello de Helen de un modo
casual, mientras ella sabe Dios que le estaría frotando. No había expresión
en su rostro pero su mirada estaba clavada en Jubilee.

—¡Bajad a esas putas de las mesas! —Gritó Gaston—. Apaga la música


Nicholas. —Me miró.

Dos minutos después, todo estaba tranquilo.

Kieran observaba fijamente a donde se encontraban Jubilee y Sean. Le dio


a Helen un pequeño toque. —Así, que este es nuestro chico rico de Texas,
¿no?
Cuando él habló reconocí matices en su acento neoyorquino. Demonios, yo
no podía ayudar, pero admiraba su logro. Él lo tenía todo bajo control.

Jubilee dejó que lentamente su mirada recorriera a Kieran. —Entonces,


¿quién eres tú, chico?

Kieran hizo un movimiento distintivo en su dirección. Mierda. Gaston


estaba en medio. —Este es el representante de los “Engendros del
Demonio”, señor Butler.

—Pareces un “Engendro del Demonio” —le dijo Jubilee.

Kieran levantó una ceja. —Por lo menos no parezco su hijo.

—Él está bromeando Rick —dijo Gaston.

—¿Quién es el chico que te acompaña? —le preguntó Kieran.

—Él es Joe, y él no se mueve de mi lado.

Kieran rio. —Correcto.

—No me gusta mucho —Jubilee le dijo a Gaston sobre “Rick”—. Así que
trataré contigo.

—Eso no es una buena decisión —interrumpió Kieran—. La decisión final


corresponde a los “Engendros del Demonio”, no a los Rebels. Convénceme
para jugar, y tendrás un trato.

—Nosotros deberíamos bailar —Jubilee le dijo, su cara seria.

Escondí una sonrisa.

—No… bailo —le dijo Kieran—, especialmente no con vaqueros. —Él se


giró a Gaston—. Quiero hablar con el texano a solas.

—No voy a ninguna parte sin mi guardaespaldas, jódete —Jubilee le


espetó.

—Bien, tres son multitud. —Kieran lo miró—. ¿Por qué no dejas a tu chico
que se entretenga con las damas un poco mientras nosotros hablamos?
¿Confías en Gaston?.
—Seguro que confío, y me conseguirá una relación, ¿no Gaston?. —Jubilee
lo miró.

Gaston afirmó con la cabeza. —Puedo hacerlo.

El jefe estaba limpiándose las manos en un trapo. Comenzó a quejarse en


griego sobre lo que debería ser privado o cualquier cosa que fuera a suceder
en su propiedad.

—¿Qué demonios está diciendo, semental? —me injirió Gaston.

¿Semental? Ese sería yo, supuse.

Sean levantó una ceja y me miró pero de un modo tranquilo.

—Eh, él quiere que le traduzca la conversación —respondí.

—No voy a ir fuera sin mi guardaespaldas. —Jubilee insistió.

—Bien… —Kieran suspiró—. Vamos, entonces, Trae al camarero griego y


a tu asustadizo guardaespaldas, nos encontraremos en la habitación trasera.

Gaston hizo una pausa y miró a Giorgios. —Tú también. Vayamos.

Todos nos dirigimos hacia la parte de atrás de la tienda. Kieran cerró la


puerta y después empujó a Jubilee en una silla. Joe dio un paso adelante.
Jubilee lo detuvo. —Está bien. A este chico le gusta ser rudo.

—Escucha cowboy. —Kieran colocó un pie en la silla entre las piernas de


Jubilee. ¿Cómo sé que no eres el topo?

—No puedes saberlo. —Jubilee buscó su mirada—. Pero tu pareces un tipo


que te puedes hacer cargo del asunto en cualquier momento.

—¿Quieres invertir?

—Quiero una manera para hacer que mi dinero desaparezca de mi bolsillo


y vuelva a entrar en él. Estoy seguro que un hombre como tú, puedes
entender que estoy diciendo —le dijo Jubilee.

Giorgios me pidió de un modo molesto que le tradujera. Me estaba


gustando el espectáculo, viendo a dos profesionales haciendo su trabajo.
—Demuéstrame que tienes un contacto que verdaderamente valga la pena.
—Kieran insistió.

—Primero necesito ver en qué voy a invertir, chico guapo —dijo Jubilee—.
Y realmente eres un tipo muy guapo.

Kieran frunció el ceño.

—Jodido asunto. —Gaston interrumpió—. Ganarás un cinco por ciento. Es


un gran trato.

—El cinco por ciento de nada, es nada. —Jubilee se encogió de hombros y


empujó a un lado la pierna de Kieran—. Muéstrame la mercancía y te
demostraré que tengo un contacto que te salvará las pelotas en el momento
que lo necesites.

Kieran abrió la puerta. —Texano, puedo hacer que esa preciosa chica
griega allí fuera, haga eso para mí. Gaston, trata con esta mierda. Tú
quieres que te mostremos lo que tenemos, adelante, pero ese es tu asunto.

Joder, él era un genio.

Gaston señaló a Jubilee. —Te lo mostraré pero si tú me traicionases… si


tuviéramos alguna interferencia en el próximo cargamento, te llevaré al
club de los Engendros y te abandonaré allí para que Rick juegue contigo.
¿Lo has entendido?

—Eso sería muy interesante pero no estoy preparado para encontrarme con
mi creador.

—Te lo mostraré pero tu guardaespaldas se quedará aquí.

Jubilee asintió a Sean. —Toma una cerveza. Disfruta observando a las


chicas.

Di la vuelta y me acerqué al jefe para hacerle un resumen de todo lo que


había escuchado. Pareció que se quedó satisfecho y me dijo que moviera mi
culo a la cocina. —No puedo cocinar más. Quiero disfrutar de las chicas
también. Tengo necesidades. —Sonrió y caminó hacia afuera.

Sean se volvió para mirarme. ¿Semental?


Sonreí.

—Ese motero te llamó semental. ¿Él tiene una razón para hacer eso?

Me encogí de hombros. —Realmente no lo sé, Joe. —Con eso caminé


hacia afuera al pasillo. Kieran me encontró allí y me empujó por el pasillo
hasta meterme en el baño. Ajam, como el sueño de Helen.

—Jube está viendo la mercancía. —Sacó una pistola de su cintura y me la


entregó—. Tenemos una Van fuera. Jube les dará la señal y entonces
estaremos preparados para unirnos a la fiesta.

Asentí con la cabeza y volví en silencio hacia la cocina. Vi a Helen y fui


hacia ella. Ella se acercó a mí. —¿Qué?

—Quiero que te quedes aquí en la cocina conmigo.

—¿Por qué? —Ella sonrió.

—No te quiero fuera, ¿lo has entendido?

—¿Estás celoso Nick? —Ella jugueteó un poco.

—¿Celoso? Oh… si, eso es. Celoso —dije, afirmando con la cabeza
cuando vi a Sean caminando. Asintió hacia mí. Puse una mano en su
cabeza y presioné en su cuello. —¡Abajo!

Sus manos se movieron por mi pierna, su cara aún en mi ingle. —Oh,


Nicholas —arrulló.

Intenté detenerla deshaciéndome de sus manos. —Compórtate —murmuré,


mientras saqué la pistola.

Me miró y su boca se abrió cuando vio la pistola.

—¡Policía! —una voz gritó—. Abrid.

Y las balas comenzaron a volar.


Capítulo 9
Cuando todo había pasado, la mitad de los ocupantes de la habitación
habían muerto, de camino al hospital o rumbo a comisaría.

A Gaston se lo llevaron con las manos esposadas, amenazando con matar a


Nicholas.

—Iré a por ti —gritaba.

Giorgios se sentó en mitad de su restaurante que ahora estaba destrozado,


lloraba como un niño. —¡Mi Pegasus!. ¡Ahora cuando comenzaba a
arreglarlo!. Otra vez deberé empezar desde el principio.

El pobre tonto, no se dio cuenta que todo estaba inservible. Jubilee, Kieran,
Nicholas y yo, pusimos en pie las pocas sillas que habían salido intactas.
Nicholas le cubrió con un jersey. El tipo estaba temblando.

El agente del Gobierno Walter Royale entró y tomó un asiento. Explicó


detenidamente a Giorgios que él tenía dos opciones. Una de ellas era ir a
comisaría como todos los que sobrevivieron o podría ser un testigo para la
persecución de una banda de delincuencia muy grande y mortal, con lazos
con talibanes. Nicholas tradujo rápidamente para asegurarse de que lo
entendió claramente.

—¿Talibanes? ¿Es cierto? Nunca estuve seguro de creer en eso. —Negó. El


resto de lo que había dicho el Agente Royale pareció que comenzó a
entenderlo.

—¿Protección de testigos? —preguntó—. ¿Qué hay sobre mi familia?

—Ellos pueden ir contigo —dijo Jubilee.

—¿Y qué hacemos? ¿Nos sentamos en la habitación de un motel todo el


día? He visto un montón de películas. A mis hijas no les gustaría eso.
—No —dijo Kieran—. No es como en las películas. Tendrán nuevas
identidades. Un nuevo comienzo. Vas a tener a un administrador de tu caso
que estará en contacto contigo. Puedes abrir un nuevo restaurante.

—¿En serio? —miró muy emocionado.

Kieran afirmó con la cabeza. —Si… un nuevo restaurante, un nuevo


comienzo.

—No más armas… —salió como un suspiro—. No tienes idea de lo que


esto ha sido.

Todos nos sentamos en silencio.

—Lo haré —dijo Giorgios—. Sé quiénes son todos los implicados. Tomé
fotos en algunas ocasiones. ¿Podrían ayudar?

—Absolutamente, —asintió el Agente Royale.

—Espero que vayamos a algún bonito lugar. ¡Siempre quise ir a Hawaii! —


Giorgios miró alrededor de nosotros esperanzado pero ninguno de nosotros
podría decirle donde los reubicarían. Miró a Nicholas.

—¿Podrías venir a cocinar para mí? ¡Haces unos souvlakis maravillosos,


Nick!.

—Lo siento —dijo Nicholas.

Giorgio pareció muy decepcionado.

Cuando el Agente Royale se lo llevó, le di un suave codazo. —¿Así que, mi


lección ha dado sus frutos?

—Eres un buen profesor. —Él sonrió toscamente—. ¿Tienes algún otro


truco bajo la manga?

Kieran nos sonrió mientras comprobaba su reloj. —La única parte que odio
de ser un Marshal es que solucionamos el caso, recogemos las armas, pero
después nunca nos tienen en cuenta. ¿Me pregunto cuántas armas habran
conseguido ya?

Dentro del horario, nos enteramos que nuestro pequeño equipo de personal
nos había dicho que la Oficina Federal del Alcohol, tabaco, armas de fuego
y explosivos no tenían el recuento. Tomamos este equipo rápidamente
porque pensaban que éramos un montón de idiotas. Y encima habíamos
conseguido a un testigo para entrar en Testigos protegidos.

Intenté imaginar a las hijas de Giorgios manejar sus nuevas


circunstancias… la forma en la que habían apuntalado su futuro, tetas y
culos…

—Las armas de fuego que faltan están escondidas en un agujero en el suelo


del almacén —nos dijo el Agente Royale. Parecía satisfecho cuando nos
reunimos con él y Trace Thatcher para desayunar bacon y huevos con
muffins ingleses en una elegante y espaciosa cafetería llamada Tim
Hortons en el corazón del distrito de negocios de Niagara, Ontario.

—Agente Royale, debería haber visto a Jubilee y Sean tratando con esos
traficantes —dijo Trace cuándo había cortado una montaña de pan
caliente—. ¡Parecía que se movían perfectamente en ese ambiente!. Los
símbolos de dólares aparecieron en sus ojos.

Jubilee sonrió. —La parte más difícil para mí fue intentar perder todo el
tiempo. A veces, duele.

—Pobre chico —bromeó Kieran.

—Creo que podemos quedarnos en el Estado de New York y poner muestra


atención en la ciudad que acoge a una de las grandes maravillas del mundo
—dijo el Agente Royale—. Sigo pensando en esa mujer que se lanzó en un
barril por las Cataratas por su desesperación financiera. Niagara siempre ha
sido un lugar difícil, duro, pero me gustaría traer de vuelta la magia.
¿Alguno de vosotros ha visitado las cataratas?

—He estado un poco ocupado —bromeé.

—Deberías ir a verlas. —Royale cogió el ticket. Nos estrechó la mano a


cada uno de nosotros—. Es un placer haber trabajado con cada uno de
vosotros —dijo.

Se marchó, un coche negro muy brillante lo estaba esperando fuera.

—Me pregunto ¿dónde irá ahora? —dijo Kieran.


—Mmm… ¿quizás vaya a azotar culos de algunos chicos de la Oficina de
Alcohol, tabaco, armas de fuego y explosivos? —La sugerencia de Trace
nos hizo reír a todos.

—Realmente deberíamos ir a ver las Cataratas, —dijo Jubilee—. Me


gustaría ir. Creo que a mi hermana le gustaría eso. —Su mirada se volvió
un poco emocional y vi la mano de Kieran ir directamente a su pierna bajo
la mesa—. La última vez que estuve aquí, fue para la boda de Pauline. Ella
y Oakie fueron muy felices. Siento como si nosotros cogimos a los tipos
malos como un homenaje a él.

Alcé mi taza de café. —Por Oakie —dije suavemente.

Todos brindamos chocando nuestras tazas de café. —¡Por Oakie!

—Me gustaría ir a las cataratas entes de volver a casa —Jubilee añadió—,


pero primero… —Llevó sus dedos hacia las solapas del chaleco de
motorista del traje de Kieran—. Me gustaría disfrutar de una vuelta en
moto con un motorista.

Kieran rio. —Volveremos aquí en una hora.

Nicholas me miró. —Yo no soy motorista, pero no me importaría un poco


de acción.

—¡Mis orejas! —Trace rio—. ¿Qué se supone que voy a hacer mientras
vosotros estáis montando en moto?

—Espéranos aquí. —Jube le entregó una bolsa de la tienda de juguetes


Smarty Pants.

—¿Qué es esto? —Las cejas de Trace se elevaron.

—Algunos juguetes de lego para Juan, pero estoy seguro que a él no le


importará si tu juegas un poco con su monstruo luchador con aspecto de
momia.

—¡Oh chico!. —Trace miró en el interior de la bolsa—. ¡Vaya diversión!

Nicholas me llevó a la habitación en la que permanecíamos en el motel. Era


una habitación bonita pero tuve que sonreír por el olor de la ropa de cocinar
que estaba amontonada y sin lavar en el suelo.
—Huelo a souvlaki y limón.

Él gimió. —Por favor. Sigo pensando en que nunca más quiero estar cerca
de cordero. —Su mirada fue tan intencionada que me olvidé de todo lo
demás.

—Sean, hemos recorrido un largo camino desde el encuentro en nuestra


primera habitación de motel.

Sí. Sí, lo habíamos recorrido.

Pero no me iba a quedar petrificado más. Sabía que quería sus manos, las
cuales estaban a mí alrededor, acariciando mis hombros y bajando a mi
espalda. La expresión de su rostro me calentó.

—Me asusté cuando comenzó el tiroteo —dijo—. No sabía que podría


hacer si tú hubieras sido herido.

Me acercó hacia él. Nos empezamos a besar, los hacíamos con hambre que
crecía en nuestro interior. Nunca me había desvestido tan rápido en mi
vida. El tatuaje en su brazo atrajo mi atención. Lo besé y las marcas que
había comenzado a soñar por la noche. Saltamos a la cama. La ropa de la
cama y los almohadones comenzaron a saltar por todos sitios cuando
rodamos uno encima del otro capturando nuestras pollas en la boca.

Gané. Pero entonces, había estado planeando esta operación de asalto


durante semanas.

Él se cernió sobre mí mientras mamaba su polla con mi boca. Comenzó a


reírse de mí, sacándola de mi boca y llevándola lejos y luego volviendo a
dejarme que la chupara una vez más. Seguí tratando de retenerlo pero
estaba en un estado de ánimo juguetón, así que levanté la cabeza y
comencé a chupar sus bolas cuando las dejó caer sobre mi cara. A él le
gustaba eso, lo podía asegurar. Eran tan grandes que solo podía chupar una
a una, pero se mantuvo quieto para que pudiera meterlas en mi boca.

Liberó mis manos por debajo de su cuerpo, agarré sus caderas y las alzó
todo lo que pudo para que mi lengua llegara a su culo.

—¡Siiiii!
Seguí lamiendo y lamiendo, cada vez más cerca hasta que consiguió
ponerse en una posición de rodillas para darme buen acceso a él. Gimió
mientras lamía arriba y abajo y después presionaba con mi lengua en su
entrada. Sabía fenomenal. Lo empujé hacia atrás contra la cama, abriendo
sus muslos firmemente. Nunca antes había sido tan dominante con él, pero
le gustaba, a juzgar por su sonrisa malvada. Puse mi cara nuevamente en su
entrada, lamiendo y chupando, pasando de su culo a sus bolas y a su polla y
viceversa. Se estremeció en mi boca, empujando sin parar, arqueó su
cuerpo y sentí su aliento salir, acabando rápidamente. Y luego rodó
alejándose de mí y me empujó sobre mi espalda.

Comenzó a lamer mi cara, a besarme suavemente y lamerme haciendo su


camino arriba y abajo. Me inundó la sensación de mareo cuando su boca
llegó con mucho deseo a mi culo y mi polla. Empezó a alternar la lamida
con los movimientos de su dedo y luego, misericordiosamente, su polla
comenzó acariciando, llevándose toda mi atención. Adoré la forma en la
que su pene recorría y masajeaba el canal de entrada a mi culo e
instintivamente abrí ampliamente mis piernas.

Una mirada a mi cara y entonces se dejó caer y comenzó a chupar


furiosamente mi culo. Casi llegué al orgasmo, pero se detuvo justo a
tiempo. Para el momento en el que él entró en mí yo golpeaba la cama con
mis puños, mi culo se tragó toda su herramienta. Si, si, él estaba en mi
interior.

Finalmente.

Me folló con empujes implacables, buscando mi placer, su cuerpo pegado


al mío, mi polla muy caliente ahora, estaba atrapada entre nuestros
vientres. Oh… estaba a punto de correrme.

Nicholas salió completamente de mí y volvió a entrar de golpe


nuevamente. Mi polla estalló cuando él entró tan duro y profundo, apoyó su
peso en las rodillas, buscando nuestro equilibro en sus codos mientras
entraba en mi con desesperación. Mi cuerpo estaba envuelto, mis sentidos a
flor de piel…

Apreté mucho.
Me sentí llegar cuando él se corrió en mi interior, su cuerpo seguía
entrando en mí. Sus labios, su polla, su lengua… Quería todo. Todo lo que
él quisiera darme. Sentí su poderoso orgasmo cuando los músculos de mi
culo se abrazaron desesperadamente a su polla.

—Oh… —Nunca terminó lo que iba a decir. Pero su boca me dijo todo
cuando buscó a la mía en un beso que podría haber deseado que durara
todo el día.

Apresuradamente nos duchamos y nos cambiamos y comenzaron a sonar


nuestros teléfonos móviles. Ambos con el mismo mensaje. Nosotros
teníamos que hacer el informe en nuestra sede de Dallas a las siete de la
mañana del día siguiente.

—Vamos a trabajar juntos nuevamente. —Él pareció feliz ante esa


perspectiva.

—¡Parece que sí, huh!

Su mirada se estrechó. —¿Por qué tengo la sensación que ya conoces algo


sobre ese nuevo caso?

—No, pero estaba con Jubilee cuando el recibió una llamada. Nosotros
vamos a trabajar con los Rangers de Texas35 en un gran caso.

—¿Texas Rangers, eh? —Rió.

En el pasillo nos encontramos con Jube y Kieran. Ellos habían recibido


también sus llamadas.

—¿Preparado para algunos saltos de agua? —preguntó Jube, cambiando de


tema. El mismo conductor que nos había traído a Jube y a mí desde el
aeropuerto nos llevaría a recoger a Trace. El vehículo se detuvo en la
parada del motel. Jube y yo habíamos dejado nuestras bolsas en el casino
de New York, pero ahora habíamos metido en el maletero las cosas de
Trace, Nicholas y Kieran. Trace parecía triste cuando tuvo que despedirse
de la bolsa de Lego.

35
Rangers de Texas es un cuerpo especial de agentes del Departamento de Seguridad Pública de Texas,
creado en 1835. Se reunieron en asamblea en la víspera de la Revolución de Texas realizada por el
pionero y colonizador Stephen F. Austin para proteger a los habitantes de los ataques comanches y
apaches.
—Me ha gustado mucho ese tren fantasma que le llevas a Juan. Lo probé
debajo de la mesa. ¡Realmente brilla en la oscuridad!

—¿No sé si soy yo, o es que Lego se ha vuelto un infierno mucho más


interesante que cuando nosotros éramos niños? —preguntó a Jube.

—No, estás en lo correcto. Fuimos privados. —Trace rio.

—Necesitamos estar en el aeropuerto en dos horas. —Nuestro conductor


nos advirtió cuando nos dejó a las puertas de la entrada del parque de las
Cataratas del Niagara.

—No será un problema —dijo Kieran cuándo todos nos bajamos del
vehículo.

No pareció feliz pero todos corrimos como niños, mirando por encima de la
barandilla cuando Jubilee compró las entradas para el alquiler de media
hora del bote “La dama de la niebla” que estaba a punto de salir hacia el
fondo de las cataratas. Nos ofrecieron chubasqueros negros que nos los
pusimos cuando un hombre con micrófono lo indicó. —
¡Bienvenidos señoras y señores al paseo por una de las atracciones más
antiguas de Norteamérica!

Me pareció que fue oportuno estar tomando un viaje en el barco que


llevaba el nombre de nuestra chica favorita.

El barco zarpó y comenzó a navegar por el agua. La neblina del agua


comenzó a evaporarse hacia el caliente y brillante sol que se encontraba
sobre nosotros. Nunca había visto nada tan impresionante como las
cataratas. Quise disfrutar de todos y cada uno de los momentos
maravillosos. Y oré por todo, queriendo que todo fuera perfecto en la
ciudad anfitriona de nuestra estancia. Quería que todo fuera precioso y
fuera todo bien.

Nicholas se movió hacia mí. Podía sentir su aliento en mi oído y como las
cosquillas se esparcían por toda mi piel.

—Estoy tan contento de compartir todo esto con vosotros —dijo él sobre
las vistas y sonidos de la naturaleza en su más hermosa expresión.

—Yo también.
—Me hiciste una pregunta cuando estábamos en casa.

—¿Si?. ¿Cuál? —Mantuve mis ojos en las cataratas. Nunca había querido a
nadie ni a nada tanto como quería tener una oportunidad con Nicholas
Fournier.

—Ya sabes sobre lo que es… nada de citas con nadie.

—Oh, esa pregunta. —Lo miré cuando el vapor de agua nos salpicaba
nuevamente. Nos hizo reír y reír. Era como una lluvia de verano.

—Creo que quiero esto —dijo él—. Pienso que quiero esto… mucho. ¿Lo
quieres tú?

Él me estaba mirando, su mirada era tan caliente que podía sentirla en mi


polla de un modo duro. Maldita sea, él tenía ese efecto sobre mí.

—Bien —dije—. Estoy preparado para caer enamorado de ti, tenemos una
línea de conexión, y… barril.

La caída de las cataratas era espectacular y sonaba como el rugido de un


león, salpicándonos el agua a la cara, una emoción salvaje recorría nuestros
cuerpos.

—Lluvia de verano —dijo Nicholas, haciéndose eco de mis pensamientos.


Puso su brazo a mí alrededor, alzando su cara hacia las cataratas para
recibir más.

Fin
Sobre los Autores
A.J. Llewellyn es un autor de novelas de romance gay, habiendo
publicado más de cien. A.J. vive en California, pero sueña con vivir en
Hawaii. Frecuentemente viaja a todas las islas, sacos de café en la nevera y
una saludable colección de grabaciones Hawaianas intentarán mantener a
este escritor reabastecido de combustible.

La pasión de A.J. por las islas lo llevó a escribir una obra sobre el último
monarca gobernante en Hawaii, la Reina Liliúokalani. A.J. escribió una
novela no erótica sobre el derrocamiento de su reino, escrito en forma de
diario, desde la perspectiva de su doncella.

A.J. nunca carece de inspiración para los romances eróticos


hombre/hombre y tiene que hacer un sobreesfuerzo para despegar sus
dedos del teclado del ordenador y perseguir otras pasiones: coleccionar
libros sobre Hawaii, hacer surf y pasar tiempo con la familia, los amigos y
sus animales de compañía.

A.J. Llewellyn cree que el amor es una canción que suena mejor cantada en
voz alta.

Página web:

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MySpace:

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Email: aj@ajllewellyn.com
D.J. Manly es un autor de bestseller de ficción hombre/hombre y ha
publicado más de cien libros en una variedad de géneros. Una buena trama,
personajes interesantes y caliente erotismo son el telón de fondo de todas
sus historias. D.J. está siempre tratando de escribir historias innovadoras y
ama escuchar a sus fans. Puedes contactar con D.J. en
dj@djmanlyfiction.com

Webpage:

http://www.djmanlyfiction.com/

Email:

dj@djmanlyfiction.com
Créditos

David, Amazona, Clau y Pervy


Nuestro agradecimiento al Staff de

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