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“The Nature of ethical disagreement” ([1941] 1963)

Charles L. Stevenson

1. El objetivo principal del artículo es responder a la pregunta “¿con qué método pueden
ser resueltas las disputas éticas?”
El artículo de se divide en tres partes bien claras. En la primera el autor establece dos
sentidos en los cuales se habla de “disagreement” (desacuerdo): desacuerdo en creencia
y desacuerdo en actitud. En la segunda sección Stevenson examina si el desacuerdo
ético es o bien en creencia o en actitud. Finaliza el artículo con una respuesta a la
pregunta “¿con que métodos puede ser resuelto el desacuerdo moral?”

2. Como dije, el objetivo del artículo es responder a la pregunta “¿por cuáles vías o
métodos pueden ser resueltas las disputas éticas?”. Antes de abordar la pregunta,
Stevenson repara en que la palabra ‘disputa’ puede tener dos sentidos diferentes, y por
ello la aclaración de estos se vuelve necesaria, puesto que no sé qué clase de disputa es
una disputa ética si antes no he examinado los sentidos en los cuales puede hablarse de
disputa.
Así, pues, existen dos sentidos de disputa: a) disputa en creencias y b) disputa en
actitudes. Existe una disputa en creencia cuando 1) la persona ‘X’ sostiene P y la
persona ‘Y’ sostiene ¬P o alguna otra proposición que sea incompatible con P y 2) ni
‘X’ ni ‘Y’ se contentan con dejar la creencia del otro tal como está.
Existe disputa en actitud cuando 1) la persona ‘X’ está a favor de P (tiene una
actitud favorable hacia P) y la persona ‘Y’ está en contra de P (tiene una actitud
desfavorable o menos favorable hacia P) y 2) ni ‘X’ ni ‘Y’ se contentan con dejar la
actitud del otro tal como está.
En suma, la distinción fundamental es la siguiente: una disputa en creencias
entraña la imposibilidad de que ambas creencias sean verdaderas. Por su parte, una
disputa en actitudes entraña la imposibilidad de que las actitudes sean ambas
satisfechas.

Esclarecidos los dos sentidos, Stevenson prosigue con el examen de la siguiente


cuestión: en las disputas éticas ¿hay disputa en creencia o en actitud o en las dos?
Stevenson cree que en las disputas éticas hay tanto una disputa de creencia y una
disputa de actitud. De hecho, es la existencia de la disputa en actitud lo que permite
reconocer a una disputa ética como ética y no como de otra clase1: “the conspicuous
role of disagreement in attitude is what we usually take as the distinguisihing feature of
ethical arguments” (p. 3-4). Parece, cree Stevenson, casi evidente que las disputas éticas
conllevan el sentido de ser disputas sobre creencias. Pero, de acuerdo con él, las
disputas éticas también son disputas acerca de actitudes. De hecho, además de ser el
rasgo distintivo de este tipo de disputas, la disputa en actitud juega un rol predominante.
Ahora bien, Stevenson no brinda un argumento a favor de su tesis (de que las
disputas éticas son tanto disputas acerca de creencias como también de actitudes):
simplemente lo postula. Esta “simple postulación” no me satisface, en lo personal. ¿Por
qué debería aceptar, sin otra razón, la idea de que las disputas éticas involucran una
disputa en actitudes? No es acaso, por el contrario, porque yo digo ‘yo creo que eso es
malo’ y otra persona no cree en la veracidad de tal enunciado (no es que no crea en que
yo no crea eso, sino que cree que eso no es malo: cree que quizá es bueno; es por ello
que cree, de alguna manera, que mi enunciado es falso) lo que da lugar a la disputa
ética?
Por esta duda, entre otras, creo que Stevenson necesita justificar y argumentar a
favor de su tesis. Por ello, forzando el texto, creo que Stevenson podría argumentar de
la manera siguiente a favor de la tesis de que las disputas éticas involucran una disputa
de actitudes:
1) Si las disputas éticas no involucran una disputa sobre actitudes, entonces
cualquier disputa ética no acabarían cuando ‘A’ y ‘B’ compartan la misma
actitud positiva (o negativa) hacia ‘X’ [siendo ‘X’ el objeto sometido a disputa].
Ejemplifico: si las personas ‘A’ y ‘B’ tienen ambas una actitud positiva hacia
‘X’ pero no obstante ambas disputan sobre la verdad o falsedad de ‘X’, entonces
el hecho de que ambas tengan una actitud positiva no termina la disputa. (tanto
‘A’ como ‘B’ están a favor de que llueva mañana, pero ‘A’ sostiene que mañana
no lloverá y ‘B’ que sí lloverá. El hecho de que ambas tengan la actitud positiva
no pone un freno a la disputa).
2) No obstante, no es cierto el consecuente de (2). En las disputas éticas de la vida
cotidiana, al terminar la disputa en actitud, termina la disputa ética, por más de

1
Por ello la aclaración anterior de que toda disputa ética involucra, por lo menos, el sentido de disputa en
actitud: si no se encuentra tal tipo de disputa no se está frente a una disputa ética.
que queden sin resolver creencias. Ejemplo: ‘A’ y ‘B’ disputan respecto si es
justo acabar con las vidas de algunas personas en algunos casos específicos. ‘A’
sostiene que sí lo es mientras que ‘B’ sostiene que no. Tras un breve intercambio
argumentativo, honesto y cordial, en suma, racional, ‘A’ logra que ‘B’ esté a
favor de que es justo acabar con la vida de ciertas personas en algunos casos,
pero no obstante, ‘B’ sigue discrepando con ‘A’ respecto de la creencia relativa
al sufrimiento de las personas que morirían. De cualquier manera, esta falta de
acuerdo en lo relativo a esta creencia concerniente al debate no cambia el hecho
de que la disputa ha terminado puesto que ‘B’ comparte la misma actitud que
‘A’ en lo referente a ‘X’. “To agreed in attitude is sufficient to terminate the
argument” (p. 5)
3) Luego, las disputas éticas involucran una disputa sobre actitudes.

1) ¬ P  ¬ Q
2) Q
3) P

Otro argumento que Stevenson podría brindar a favor de esta tesis es el siguiente:
Muchas veces sucede que por más que dos personas crean en la veracidad de los
mismos hechos, siguen disputando respecto de si es bueno o malo ‘X’. Luego, en las
disputas éticas interviene la disputa en actitud, puesto que si no lo hiciese, el debate
debería haber finalizado con la aceptación de la veracidad de todos los hechos. Por
ejemplo: La persona ‘A’ está a favor del aborto y la persona ‘B’ no lo está. Imaginemos
el siguiente diálogo:
A: - ¿Pero usted por qué está en contra del aborto?
B: - Porque al abortar se está terminando con una “vida” (y terminar con una vida es
malo).
A: - Yo creo lo mismo, nadie debería terminar con la vida de otras personas. Pero la
cuestión está en saber, entonces, cuándo adquiere “vida” el embrión. Puesto que si
descubrirnos que antes de los 3 meses el embrión no tiene “vida”, de aquí se seguiría
que no estaríamos cometiendo un acto inmoral (un mal acto) si se acepta el aborto antes
de los tres meses. Lo curioso es que la ciencia nos dice que efectivamente el embrión
antes de los tres meses no tiene “vida” puesto que no está formado el SNC. Luego,
usted debería creer, después de todo, al abortar antes de los tres meses no se está
terminando con una vida.
B (caso 1): - En efecto, me he informado respecto de este hecho. Acuerdo con usted en
que antes de los tres meses no se encuentra el SNC formado, pero no obstante hay
“vida”. Luego, sigue siendo profundamente inmoral.
B (caso 2): - Comparto su creencia de que antes de los tres meses no hay vida, no
obstante sigue siendo inmoral. Matar está mal, y usted al defender el aborto está
defendiendo la maldad.
A:- …

[Lo interesante de estos últimos dos casos es que demuestran una disonancia cognitiva
respecto al significiado que B tiene de la palabra “vida”. Si B admite que no hay vida
antes de los tres meses y sigue manteniendo su postura, entonces lo hace por motivos
no-racionales, lo hace por testarudez, no por la creencia en el diálogo racional. Esto
demuestra que si B llega a compartir la misma creencia que A respescto de cuándo hay
vida y cuándo no, entonces el debate debería terminar.]

En la ultima sección Stevenson finalmente responde a la pregunta principal del


ensayo: ¿Por cuáles métodos de argumentación o investigación pueden las disputas
respecto de cuestiones de valor terminar?
Como he dicho, en las disputas éticas intervienen dos tipos de disputas: respecto a la
creencia y a la actitud. En relación a la primera, el método para resolver las disputas de
creencia es el método científico: la ciencia empírica puede determinar si ‘X’ es
verdadero o falso. Luego, el método científico es el único método racional para resolver
la parte de la disputa de creencia en las cuestiones de valor.
¿Qué sucede respecto a la parte de disputa en actitud? Respecto de este tipo de
disputas, Stevenson sostiene que los métodos de la ciencia también sirven en este caso,
pero de una manera indirecta. Éstos podrán finalizar la disputa en creencia, y a partir del
acuerdo en creencia, es esperable que haya un cambio en actitud, puesto que “altered
beliefs may cause altered attitudes” (p. 6). De esta manera, la ciencia empírica es
conclusiva al terminar disputas sobre valores solo hasta el grado en que tenga éxito al
obtener un acuerdo en creencias y ello, por su parte, pueda llevar a un cambio en
actitudes. “In other words: the extent to which scientific methods can bring agreement
on values depends on the extent to which a comonly accepted body of scientific beliefs
would cause us to have a commonly set ot attitudes” (p. 7). De la misma manera que el
niño que se informa respecto al hecho que la brasa lo quemará quiere dejar de tocarla,
así también, el hecho aceptado de que no existe “vida” antes de los tres meses tiene que
llevar a B a dejar de estar en contra del aborto.