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XIV Congreso sobre Patrimonio Geológico y Minero. Castrillón (Asturias), 2013.

LIBRO DE ACTAS DEL


CONGRESO. ISBN 978-99920-1-771-5. Pp. 713 – 734

GUILLERMO SCHULZ
Y LA REAL COMPAÑÍA ASTURIANA DE MINAS DE CARBÓN

WILLIAM SCHULZ
AND THE ROYAL ASTURIAN COAL MINING COMPANY
P. GONZÁLEZ-PUMARIEGA
Universidad de Oviedo, pelayogs@uniovi.es

RESUMEN:
En 1833, Guillermo Schulz, ingeniero de minas de origen alemán y miembro de la Dirección
General de Minas, fue nombrado inspector del distrito de Asturias y Galicia. Ese mismo año se
creó la Real Compañía Asturiana de Minas de Carbón con el fin de explotar los yacimientos de
San Juan de Nieva (Gozón), Arnao y Santa María del Mar (Castrillón). Ésta empresa, de capital
hispano-belga, fue la primera que se estableció en la región tras la promulgación de la Ley de
Minas de 1825.
Reconvertida en 1853 en una fundición de zinc, persiste en la actualidad como sociedad
anónima bajo el nombre de Asturiana de Zinc (grupo Glencore Xstrata). En su magnífico
archivo se conserva documentación generada desde su creación, lo que ha permitido conocer
con cierto detalle el papel desempeñado por Schulz en los albores del proceso de
industrialización de Asturias, poniendo de manifiesto que los desvelos del germano por ayudar
a las empresas de su distrito fueron más allá de las obligaciones inherentes a su cargo,
brindando a los técnicos que las dirigían tanto sus conocimientos como las posibilidades de
servicio que le permitían sus numerosos contactos.
PALABRAS CLAVE: Guillermo Schulz, Real Compañía Asturiana de Minas de Carbón,
Historia de la Minería.

ABSTRACT:
William Schulz, a German mining engineer and member of the Directorate General of Mines,
was appointed Inspector of the District of Asturias and Galicia in 1833. The Royal Asturian Coal
Mining Company was also created in that year in order to exploit the deposits of San Juan de
Nieva (Gozón), Arnao y Santa María del Mar (Castrillón). This Belgian-Spanish company was
the first to be established in the region after the enactment of the Mining Act of 1825.
It was reconverted into a zinc foundry in 1853 and currently persists as a corporation, under the
name of Asturiana de Zinc (Glencore Xstrata group). The excellent Archive of this Institution has
preserved a complete documentation that has allowed us to know in some detail the role played
by Schulz in the early industrialization of Asturias. His efforts in helping the companies in his
district went beyond his own obligations, providing to the technicians not only his knowledge
and experience, but also his social and political contacts.
KEY WORDS: William Schulz, Royal Asturian Coal Mining Company, History of Mining.

1. INTRODUCCIÓN
Las dificultades económicas por las que atravesaba la Hacienda Pública en los
últimos años del reinado de Fernando VII, junto con la pérdida de la mayor
parte de las colonias americanas, propiciaron que el gobierno de la nación
acometiera una profunda reforma administrativa del ramo minero-metalúrgico.
A raíz de ello, en 1825 se publicó una moderna Ley de Minas y al año siguiente

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se creó la Dirección General de Minas del Reino bajo la dirección de Fausto de


Elhuyar. La falta de personal cualificado con el que cubrir la plantilla del nuevo
centro determinó la contratación en 1830 del joven ingeniero alemán Guillermo
Schulz (1805-1877) como Comisario de Minas, con el encargo de verificar el
reconocimiento y descripción geognóstica de la provincia de Galicia en el
término de dos años.

Poco después, el final del régimen absolutista y la instauración de la regencia


de Mª Cristina de Borbón en 1833 trajeron consigo toda una revolución de las
estructuras administrativas y territoriales españolas. En este contexto,
coincidiendo con la muerte del monarca se llevó a cabo la organización del
Cuerpo Facultativo de Minas, resultando Schulz nombrado inspector de distrito
de segunda clase con destino en Asturias y Galicia, momento a partir del cual
el germano comenzó a tomar contacto directo con el territorio del Principado.

Paralelamente, la creciente demanda de combustible fósil provocada por el


nacimiento de la industria metalúrgica en el sudeste de la Península y por la
mecanización de la Marina de Guerra, volvió a estimular el interés por los ricos
yacimientos minerales asturianos, los cuales habían quedado prácticamente
abandonados tras el estrepitoso fracaso de la canalización del río Nalón y el
consiguiente cierre de las Reales Minas de Langreo, persistiendo tan solo
pequeñas pero numerosas explotaciones vecinales en las que los paisanos
arrancaban el carbón a cielo abierto y sin ningún tipo de técnica,
transportándolo después con gran dificultad por medio de carreteros, arrieros, o
incluso a pie, hasta los comerciantes radicados en Gijón o Avilés.

De esta forma, las noticias relativas a la abundancia y calidad de los recursos


mineros asturianos, junto con ciertas revisiones introducidas en la Ley de Minas
y, sobre todo, los privilegios especiales concedidos por el gobierno,
consiguieron atraer a Asturias a algunos capitalistas extranjeros y banqueros
madrileños, cuyas empresas introdujeron las técnicas modernas para el
laboreo del carbón, viéndose obligadas a recurrir a la contratación de técnicos
foráneos y a tener que sortear todo tipo de dificultades derivadas de la crítica
situación por la que atravesaba el país.

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Consciente de la falta de medios materiales, las trabas comerciales existentes


en la época y la carencia de infraestructuras de transporte a las que tendrían
que hacer frente los responsables de las explotaciones mineras, Schulz se
entregó en cuerpo y alma al desempeño de su destino profesional como único
remedio para contrarrestar semejantes adversidades y lograr tanto el fomento
del ramo como el desarrollo industrial de la región.

La primera gran empresa en establecerse en Asturias tras la promulgación de


la Ley de Minas de 1825 fue la Real Compañía Asturiana de Minas de Carbón
(en adelante RCAMC). Sus promotores fueron el financiero belga Nicolas-
Maximilien Lesoinne, su hijo e ingeniero de minas Philippe-Adolphe Lesoinne, y
los capitalistas españoles exiliados Joaquín Mª Ferrer Cafranga y Felipe Riera
y Rosés. Superadas las dificultades de los primeros años, durante dos
décadas dirigió su actividad a la explotación del carbón, siendo reconvertida en
1853 en una fundición de zinc (Société pour la production du zinc en Espagne),
la cual mantiene aún su actividad a día de hoy como sociedad anónima bajo el
nombre de Asturiana de Zinc (A.Z.S.A., perteneciente al grupo Glencore
Xstrata).

2. EL ARCHIVO HISTÓRICO DE A.Z.S.A.


El mantenimiento de la actividad industrial durante un periodo ininterrumpido de
180 años ha permitido que el Archivo Histórico de A.Z.S.A. atesore un
importante fondo documental, sin duda el más notable en su género de
España. Desde hace algo más de una década la empresa acometió su
organización y cuidado, poniéndolo para ello en manos del archivero Alfonso
García Rodríguez, gracias al cual su consulta resulta hoy en día no solo
posible, sino también productiva.

En el caso que nos ocupa, la investigación se centró en las dos primeras


décadas de existencia de la RCAMC, permitiendo conocer con cierto detalle el
decisivo papel desempeñado por Schulz en los albores del proceso de
industrialización de Asturias.

La fuente de información más importante ha sido la colección de cartas dirigida


por Schulz a los miembros de la RCAMC, así como el copiador de cartas de la
empresa, en el que se recogía una copia de las enviadas por estos a aquel.

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Los interlocutores del germano fueron los ingenieros belgas Armando Nagel
(1808-1891), Adolfo Desoignie (1816-1898) y Jules Hauzeur (1822-1909) que
dirigieron sucesivamente las instalaciones, así como José de Pichén que
desempeñó el cargo de contador de las minas durante un breve periodo. En
conjunto se han podido documentar 213 misivas (Tabla 1), de las que se
conoce el contenido de 157 de ellas, habiéndose perdido 56.

Correspondencia con A. Nagel Correspond. con A. Desoignie


N/S S/N D/S S/D
1835 – 1 1839 8 [2] 4 [2]
1836 [1] 2 1840 15 [2] 24 [5]
1837 17 [7] 26 [3] 1841 10 [3] 14 [3]
1838 9 [1] 9 [2] 1842 4 [2] 3 [1]
Total 27 [9] 38 [5] 1843 4 5 [3]
1844 [1] 1
Correspondencia con J. Pichén 1845 [1] 7
P/S S/P 1846 2 [1] 2
1838 6 [5] 4 [1] 1847 – –
1839 5 [3] 4 [1] 1848 – 1
Total 11 [8] 8 [2] 1849 1 3
1853 [5] 9
Correspondencia con J. Hauzeur 1854 [1] 3
H/S S/H Total 52 [18] 75 [14]
1853 – 1
1854 – 1
Total – 2

Tabla 1. Correspondencia mantenida entre Schulz y los miembros de la RCAMC


Entre corchetes se indican las cartas desaparecidas
N/S, P/S, D/S, H/S = Cartas dirigidas por Nagel, Pichén, Desoignie o Hauzeur a Schulz
S/N, S/P, S/D, S/H = Cartas dirigidas por Schulz a Nagel, Pichén, Desoignie o Hauzeur

La intensa relación de Schulz con la RCAMC se ha sintetizado en cuatro


grandes apartados en los que se abordan las actuaciones facultativas del
inspector, la defensa del arancel a la importación del carbón, el establecimiento
de una fundición en Asturias y la mejora de las infraestructuras viarias.

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3. LAS ACTUACIONES FACULTATIVAS


Tras su nombramiento como inspector del distrito de Asturias y Galicia, a
finales de 1833 Schulz viajó a Oviedo para presentarse a las autoridades de la
provincia, aprovechando este desplazamiento para visitar la explotación de
carbón de piedra que la RCAMC acababa de establecer en Arnao (Castrillón)
bajo la dirección del ingeniero de minas belga Armando Nagelmackers –
también conocido como Nagel– y levantó un croquis del terreno que tenía
concedido (figura 1)1.

Figura 1. Copia del plano del terreno concedido por S.M. a la RCAMC,
levantado por Guillermo Schulz en diciembre de 1833
Instituto Geológico y Minero de España. Caja 362-7, 1847

El encuentro entre ambos marcó el inicio de una estrecha relación personal y


profesional, en la que el inspector de minas puso todo de su parte para ayudar
al ingeniero a solventar las grandes dificultades a las que tuvo que hacer frente
en aquellos primeros años.

Así, el epistolario conservado permite documentar como Schulz actuó de


intermediario para facilitar a Nagel la adquisición en Galicia y en el occidente
de Asturias de varios cargamentos de postes de pino, necesarios en las
labores de entibación de la mina, así como diversas piezas de hierro, fundidas
conforme a diseños específicos, en la fábrica de Sargadelos (Lugo). También

1
El Libro de Gastos de la RCAMC recoge el 27-XII-1833 un apunte de 80 reales para abonar la
posada del escribano y del inspector de minas.

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procuró encontrarle consumidores para sus carbones e informaba a estos de


los precios a los que los vendían según sus calidades.

La confianza entre ellos era tal, que no dudaban en encargarse recíprocamente


el cobro de letras y obligaciones, adelantándose el uno al otro el dinero
necesario para las transacciones y recordándose cada cierto tiempo el estado
de sus cuentas2. No es extraño, pues, que cuando a finales de 1838 el
ingeniero belga dejó la dirección de las minas de Arnao, recabase el apoyo de
su influyente amigo para que le recomendara ante Alejandro Aguado, que
aquel mismo año se había hecho con numerosas concesiones de carbón en el
concejo de Langreo, dando estas gestiones el resultado apetecido.

El puesto de Nagel en la RCAMC pasó a ser desempeñado por su joven colega


y compatriota Adolfo Desoignie, que nada más ocuparlo se vio en la necesidad
de solicitar a Schulz la continuación de sus favores para tratar de abastecerse
de pólvora, mostrándole éste su total disposición para cuanto pudiera redundar
en beneficio y fomento de la industria minera y en particular del establecimiento
bajo su dirección. La buena disposición por parte de ambos propició que sus
relaciones fueran también muy entrañables y su amistad de por vida3.

Así pues, el ofrecimiento desinteresado de Schulz también fue aprovechado


por Desoignie para tratar de solventar las frecuentes dificultades que la
coyuntura política y socio-económica de la época opuso a la buena marcha de
la empresa, por lo que las actuaciones facultativas del inspector de minas se
limitaron básicamente a realizar el seguimiento de la explotación, solicitando
para ello periódicamente noticias sobre su evolución y recabando los datos
necesarios sobre producciones y ventas para completar las estadísticas del
ramo4.

2
Como prueba de su caballerosa relación se puede indicar que en carta del 9-V-1837 Nagel le
pidió a Schulz que dispensara las molestias que le ocasionaban sus encargos y se justificaba
aduciendo que no tenía a otra persona de confianza ni inteligencia a quien confiárselos,
rogándole que le pidiera en retribución lo que fuera de su agrado, a lo que este le respondería
el 26-VII que no tuviera perjuicio en mandarle “lo que guste y le convenga valerse de mis
cortas facultades y relaciones en estos contornos para segundar y auxiliar sus esfuerzos en la
acertada dirección y administración de esa Empresa”.
3
A título anecdótico, se indica que Schulz nombró a Desoignie como uno de sus albaceas
testamentarios.
4
La labor de Schulz fue mucho más ardua en el caso de las pequeñas empresas mineras que
se establecieron en Asturias, ya que les tuvo que brindar todos sus conocimientos y
experiencia al carecer éstas de personal cualificado. No obstante, los retos técnicos a los que

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Con todo, las cartas conservadas en el archivo de la RCAMC también permiten


conocer el papel desempeñado por Schulz en aplicación de la jurisdicción
privativa que la Ley de Minas de 1825 establecía para aquellas cuestiones
propias del ramo, de manera que las contiendas mineras se tenían que tratar
en primera instancia ante los inspectores de distrito.

En esta actividad, el carácter conciliador de Schulz le impulsó a tratar de evitar


a toda costa que las partes litigantes malgastaran su capital en pleitos,
intermediando para que alcanzaran acuerdos razonablemente satisfactorios
para todos.

Uno de los casos en los que más difícil le resultó esta mediación fue,
precisamente, el que planteó Desoignie en la primavera de 1840 para
conseguir la cesión a la RCAMC de unos terrenos privados, situados dentro de
los límites de la concesión, que resultaban indispensables para la explotación
de las minas5. En su afán por lograr un convenio amistoso, Schulz preparó una
carta rogando a los dos propietarios implicados que accedieran a la venta o a
recibir una indemnización por los daños que se les ocasionaran. Asimismo,
para abreviar trámites y ganar tiempo, se dirigió al alcalde del concejo de
Castrillón solicitándole que, en caso de que no hubiera acuerdo, hiciese tasar
los terrenos y, una vez que Desoignie depositara la cantidad estipulada por los
peritos, le franqueara su uso.

También le indicó a éste la conveniencia de que fuera a hablar en persona con


el regidor municipal, señalándole los artículos de la Ley de Minas y de la
Instrucción para el gobierno de la Minería que debería invocar. Aún así,
conociendo el estilo directo de su amigo, no dejó de insistirle en la importancia
de mantener las formas. Por último, si todo ello no surtiera efecto, le
aconsejaba recabar el cumplimiento de las disposiciones normativas por parte
del jefe político de la provincia.

hubo de enfrentarse Desoignie para la explotación del yacimiento de Arnao también fueron
tratados con Schulz, y así en una carta dirigida el 29-V-1840 el ingeniero belga le decía al
inspector de minas que se alegraría mucho de recibir su visita para hacerle alguna consulta
sobre un sistema de laboreo que estaba estableciendo, y en otra del 21-X-1842 le informaba
de los nuevos filones descubiertos gracias a la pericia de Lesoinne.
5
Las menciones a este asunto son relativamente frecuentes en su correspondencia, tratándose
en las cartas que Schulz dirige a Desoignie los días 1,11, 18, 22 y 25-IV-1840; 8, 16, 23 y 27-
V-1840, y 30-V y 9-VI-1841. En las de Desoignie a Schulz figura en las del 25-III; 14, 21 y 28-
IV, y 12, 22 y 29-V-1840.

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Gracias a las instrucciones del germano, Desoignie consiguió que el alcalde


dictara una resolución con la que venció la resistencia de uno de los
propietarios y le liberó “de otras oposiciones y enredos”. Pero el otro no se
avino a razones y manifestó al inspector su intención de recurrir a la Dirección
General de Minas. Para evitar que la resolución del asunto se dilatara en el
tiempo, Schulz remitió al perjudicado varias referencias de la obra de Ezquerra
con el fin de que se convenciera de la legalidad de la pretensión de su colega y
de su rectitud e imparcialidad como juez. También pidió a éste que aunque el
terreno estuviese tasado y adjudicado, no empezara el desmonte hasta que en
su próxima visita a la zona hiciese un último intento para ponerles de acuerdo.

Sin embargo, la cuestión terminó demorándose más de lo deseado, por lo que


un año después Schulz transmitió a Desoignie las indicaciones oportunas para
celebrar el juicio de conciliación o avenencia que preveía la norma antes de
recurrir al Tribunal Superior de Minas y le recomendó a una persona en calidad
de hombre bueno. La falta de noticias posteriores sobre este asunto parece
indicar que finalmente se logró el arreglo sin necesidad de tener que recurrir a
otra instancia.

Otro asunto legal que requirió gran dedicación por parte de Schulz fue el que
se suscitó en abril de 1840 por la propiedad de la mina de cinabrio de La Peña
(Mieres). Pese a no guardar ésta ninguna relación con la RCAMC, algunos
detalles del caso pueden ser conocidos gracias a su archivo, ya que tras haber
conseguido Schulz que los contendientes acordaran proceder amistosamente a
la tasación del yacimiento por medio de peritos, logró que fueran designados
como tales Nagel y Desoignie por cada una de las partes6, lo que facilitó
enormemente la resolución del conflicto. Esta actuación corroborra el hábil
modo de proceder del germano e ilustra una de las ocasiones en las que hubo
de recurrir a sus amigos para solventar problemas propios de su actividad.

4. LA DEFENSA DEL ARANCEL A LA IMPORTACIÓN DE CARBÓN

6
En carta del 30-XI-1840 Schulz se dirigió a Desoignie solicitándole la aceptación de su
designación como perito de parte y proporcionándole varias indicaciones sobre el asunto.

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Con el fin de impulsar el desarrollo de la industria minera española, en 1832 el


gobierno dictó una serie de medidas proteccionistas por las que exorenaba al
carbón nacional del pago de cualquier tipo de derecho, mientras que al
procedente del extranjero, que resultaba más competitivo por su bajo coste, lo
gravaba con un recargo tan alto que equivalía a la prohibición de su entrada.

No obstante, la creciente demanda de combustible fósil y el encarecimiento del


carbón asturiano, debido fundamentalmente a las grandes dificultades
existentes para su transporte hasta los puertos de embarque, provocaron un
conflicto de intereses entre los productores y los grandes consumidores, al
pretender estos últimos una reducción de los derechos de entrada del carbón
extranjero, e incluso su libre introducción. Ello dio pie a que se consolidaran
grupos de presión en ambos bandos que trataron de influir, por todos los
medios a su alcance, sobre la clase política dirigente, especialmente en
aquellos momentos en los que se debatió en sede parlamentaria sobre la
reforma arancelaria. Las cartas cruzadas entre Schulz y Desoignie entre 1839 y
1844 proporcionan una vívida imagen de esta guerra de desgaste, destacando
especialmente dos momentos.

El primero de ellos se desencadenó el 10 de abril de 1841 al publicar el diario


progresista madrileño El Corresponsal un artículo de Manuel Agustín Heredia,
principal industrial ferretero del país, en el que aducía que la mala calidad del
carbón que le había surtido la RCAMC para sus establecimientos de Adra y de
Málaga le había obligado a tener que recurrir al comercializado por el puerto de
Gijón, que costaba el doble. Pero no disponiendo de cantidad suficiente para
sus propósitos, señalaba que sólo le cabía la posibilidad de importarlo del
extranjero o reducir la producción de sus fábricas, por lo que solicitaba que se
facilitara a las industrias ya creadas y a las que se estaban creando en el país
el combustible que necesitaban a un precio equitativo.

El caso resultaba especialmente sangrante, puesto que a la vez los


empresarios siderúrgicos reclamaban la defensa de sus productos con otro
arancel a la importación de hierros extranjeros, lo que creaba graves
dificultades adicionales a las empresas mineras para dotarse de todo tipo de
material férrico –raíles, útiles de sondeo, máquinas de desagüe– indispensable
para la explotación de sus yacimientos. Y para colmo de males, Heredia

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también acusaba a Desoignie de haber actuado con mala fe en las indicaciones


que le había proporcionado en las relaciones comerciales mantenidas.

El carácter del ingeniero belga no le permitía arrostrar semejante afrenta, por lo


que pidió permiso a sus jefes para responder al empresario malacitano en el
mismo periódico. Sin embargo, al formar parte Ferrer del gobierno de turno y
ser Riera amigo personal de Heredia, no obtuvo autorización para defenderse
públicamente, por lo que Desoignie se planteó dimitir de su cargo y abandonar
Asturias, y así se lo comunicó a Schulz, recabando asimismo su apoyo 7.

Haciendo alarde de su carácter conciliador, así como de una gran experiencia


en este tipo de manejos, el germano desaconsejó a su colega que entrara en
lid con Heredia por una cuestión personal, ya que su escrito era una simple
estrategia para conseguir el carbón inglés con una rebaja de derechos, y le
aconsejó que tratara con los empresarios mineros asturianos sobre la manera
de rebatir los argumentos de su rival.

También le puso al tanto de las acciones que había emprendido para minimizar
el efecto de la campaña orquestada por el influyente malacitano, habiendo
enviado un comunicado al periódico El Corresponsal en el que defendía los
recursos industriales de Asturias y a los técnicos que trabajaban en la región,
haciendo ver a los miembros de la Junta de Aranceles que la descalificación de
las minas de la RCAMC era del todo infundada y escribiendo “a todas partes en
8
Asturias” . Asimismo, como muestra de reconocimiento hacia su valía
profesional, le recomendaba que, en todo caso, no abandonara la región ya
que en ella había un campo inmenso de trabajo en el que podría aplicar sus
conocimientos y laboriosidad.

Los consejos e influencias de Schulz consiguieron movilizar a las fuerzas vivas


de la región y a los empresarios mineros en defensa de la calidad y abundancia
del carbón asturiano, con lo que la polémica quedó temporalmente zanjada.
Pero ni la producción fue capaz de satisfacer la demanda de los consumidores,
ni los precios resultaron competitivos, por lo que continuaron produciéndose
fraudes en el desembarco de carbón inglés. Así pues, en 1843 Heredia y los

7
En carta fechada el 17-IV-1841 le dio cuenta del libelo de Heredia.
8
Sobre este asunto, Schulz envió a su amigo tres cartas los días 17, 21 y 28-IV-1841, de las
que sólo las de las fechas extremas se han conservado.

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demás industriales de la costa de Levante reanudaron sus medidas de presión,


lo que obligó a los representantes de las minas de carbón asturianas a acordar
nuevos medios de defensa común, recabando una vez más Desoignie el
amparo de Schulz en los siguientes términos: “...estamos todos en zozobra,
pues no desconoce V. es esta cuestión de vida o muerte para nosotros ...
Todos confiamos Sr. D. Guillermo en las luces de ese cuerpo facultativo a que
V. pertenece y sobre todo en V. que con el conocimiento especial que tiene de
nuestra Provincia, no podrá verla sacrificada a miras particulares”.9. El papel
desempeñado por el germano fue, sin duda, decisivo para que la Junta
Consultiva de Aranceles acordara que continuasen los derechos vigentes, pues
el 26 de abril del año siguiente Desoignie comunicó a Lesoinne que el triunfo
de la causa era debido, en parte, al ministro de Hacienda Alejandro Mon y a
Schulz.

El segundo momento de especial tensión se produjo en 1844, tras comenzar el


primer gobierno del general Narváez, en el que los asturianos Alejandro Mon y
Pedro José Pidal ocuparon, respectivamente, las carteras de Hacienda y
Gobernación. La mala coyuntura económica por la que atravesaba el país
hacía más urgente aún la revisión del sistema tributario, por lo que Schulz,
previendo quizás la reanudación de las hostilidades, publicó en el Boletín
Oficial de Minas un artículo titulado Breves informes sobre el estado actual de
algunas minas de carbón de Asturias, en el que vaticinaba una producción
anual de las mismas excesivamente optimista. Asimismo, al año siguiente
elevó al Gobierno un informe en el que se reafirmaba en sus previsiones. Esto
provocó el enfado de Heredia, que manifestó que aquello no eran más que
mentiras que se inventaban para ocultar la impotencia de las minas
asturianas10. Atrapado por su empeño en defender los intereses de la región en
la que tenía depositadas todas sus esperanzas, el germano se vio obligado a

9
Carta dirigida el 2-V-1843.
10
Así se lo indicaba el propio Schulz a Desoignie en una carta que le remitió el 3-VI-1845. En
ella le prevenía que el inspector de minas del distrito, Policarpo Cía, le habría dirigido un
oficio acerca del nuevo reto lanzado por Heredia a las minas de carbón de Asturias, y que
éste venía motivado por el informe que él había pasado al gobierno el 14 de mayo
asegurando que la mina de Arnao podría dar ese año doscientos mil quintales [9.202 t]. Dado
lo comprometido de su posición, le pedía que tuviera en cuenta dicha cantidad para que no
hubiese contradicción entre su informe y la realidad.

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reconocer a su amigo Desoignie que el empresario malagueño le había puesto


en evidencia y que sólo sería posible rebatirle mintiendo de nuevo11.

Por suerte para él, Mon no fue capaz siquiera de lograr el consenso dentro del
Partido Moderado, por lo que la reforma quedó aplazada de forma indefinida, y
tras el fallecimiento de Heredia en 1846 Schulz se vio liberado del estrecho
marcaje al que el poderoso industrial le tenía sometido.

Así las cosas, a comienzos de 1849 Mon era de nuevo el ministro de Hacienda
de un gobierno presidido por Narváez y disponía de fuerza suficiente para
concluir el largo proceso de reforma arancelaria. Schulz aprovechó su buena
relación con el político, que se mostraba propicio a apoyar sus deseos de
conservar un derecho fuerte sobre la importación de carbón y cok extranjero,
pero siempre que las empresas mineras asturianas salieran de su letargo e
hicieran los esfuerzos posibles para surtir con equidad el consumo de
combustible12.

De esta forma, la ley fue aprobada por una amplia mayoría de los congresistas
y se publicó con rapidez, y aunque las presiones de los grupos económicos y la
precariedad de los ingresos obtenidos por la Hacienda Pública propiciaron
nuevos cambios legislativos durante el resto de la Década Moderada, no
llegaron a afectar al arancel impuesto al carbón importado.

Cabe señalar, por último, que a finales de 1853 Schulz pasó a desempeñar el
cargo de inspector general primero y la vicepresidencia de la Junta Superior
Facultativa de Minería. Desde tan alto puesto administrativo trató de dar
respuesta a las apremiantes necesidades energéticas que afectaban tanto a la
industria española como a la incipiente red ferroviaria, para lo cual dio impulso
a las empresas carboneras logrando la exención del pago de los derechos por
carga y descarga que tenían que abonar en puerto las hullas nacionales (R.D.
01-II-1854). No satisfecho con esto, propuso el estudio intensivo de las
cuencas carboníferas peninsulares, consiguiendo que se dispusiera el
reconocimiento y elaboración de los planos de las cuencas de San Juan de las
Abadesas (Gerona), Espiel y Bélmez (Córdoba) y Sabero, Orbó y Santullán
(León y Palencia).
11
Carta remitida el 8-XII-1845.
12
Así se lo comunicó Schulz a Desoignie por carta del 4-X-1849.

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5. EL ESTABLECIMIENTO DE UNA FUNDICIÓN EN ASTURIAS


La primera tentativa para establecer una fábrica siderúrgica en Asturias tuvo
lugar en plena Década Ominosa, al proponer el catedrático Gregorio González
Azaola al entonces ministro de Marina, Luis Salazar, la creación de empresas
privadas que se dedicaran conjuntamente a la explotación de los yacimientos
carboníferos y la fundición del hierro al coque. A raíz de ello, a mediados de
1828 Azaola fue comisionado al extranjero con el fin de conseguir capitalistas y
técnicos. Los exiliados Joaquín Mª Ferrer y Martín de los Heros le pusieron en
contacto con el británico John Cockerill, un destacado miembro de la burguesía
industrial de Lieja e introductor en el continente de las técnicas inglesas. Al año
siguiente, estos cuatro personajes constituyeron una sociedad junto con los
industriales belgas Lesoinne y Guermondt y los españoles Felipe Riera y el
marqués de Pontejos.

El interés del Gobierno en sacar adelante la empresa era tal que, como
privilegio, le ofreció la concesión de la práctica totalidad de los yacimientos
carboníferos de la cuenca central asturiana así como vastas extensiones sobre
los de mineral de hierro vascos, vulnerando lo dispuesto en la recién aprobada
Ley de Minas. No obstante, la retirada del negocio de Cockerill y de otros
socios determinó que el ambicioso proyecto siderúrgico se viera reducido,
finalmente, a la creación de la RCAMC.

Una década después fue el propio Schulz quien planteó en su Ojeada sobre el
estado actual de la minería en el distrito de Asturias y Galicia (1838) la
conveniencia de crear una instalación para la fundición y copelación de plomo
argentífero en la ría del Eo.

Su propuesta se basaba en el aprovechamiento del mineral extraído,


fundamentalmente, de las minas de Riotorto (Lugo) y Meredo (Vegadeo,
Asturias), utilizando como combustible el carbón asturiano transportado por
mar. Para ello, había conseguido que se creara una empresa cuya dirección
técnica ejercía él mismo de forma clandestina13.

13
Nuevamente, es la correspondencia con Desoignie la que evidencia esta actividad, ya que en
una fecha tan avanzada como 1842 (carta del 4-VIII) en la que Schulz ya se encontraba
destinado en Madrid, le decía: “sigo dirigiendo aquellos trabajos desde aqui sin saberlo los

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Las esperanzadoras perspectivas que albergaba le llevaron a tratar de


convencer a Adolphe Lesoinne para que se implicara en el proyecto 14.
Asimismo y viendo que a comienzos de 1839 Desoignie se planteaba ya las
posibilidades que ofrecían los recursos naturales de la región para la
fabricación de hierro y acero, Schulz le hizo ver los inconvenientes que, desde
su punto de vista, existían en aquel momento en España para dicha actividad,
así como las ventajas competitivas de su propuesta15.

La correspondencia mantenida con éste último a lo largo de 1840 y 1841


proporciona datos interesantes sobre la evolución de las minas de Riotorto y
Meredo. También permite constatar como Schulz trató de consolidar
económicamente la empresa con la incorporación de nuevos socios, logrando
que tanto Desoignie como Nagel participasen como accionistas, y evidencia su
insistencia para conseguir que Lesoinne se uniera al negocio16. El momento
parecía propicio, ya que tras haber prohibido la Dirección General de Minas la
exportación en bruto al extranjero de los ricos minerales argentíferos recién
descubiertos entonces en las sierras de Murcia y Almería, Schulz consideraba
que deberían ser llevados a Asturias para beneficiarlos con economía,
manifestándole a Desoignie que para esta región se abría “una era de industria
mineril y fabril que me parece no ha de quedar desaprovechada por los que
conocemos los recursos de este país”.

Sin embargo, las grandes expectativas que Schulz había depositado en las
minas de la comarca del Eo se vieron truncadas por la falta de rentabilidad del

desidiosos socios de Lugo”. La legislación vigente impedía a los funcionarios del ramo tomar
parte en empresas mineras, no obstante, Schulz no dirigía estas labores y las de otras
pequeñas compañías de la región por afán de lucro, sino como único medio de sacar
adelante dichas explotaciones, ya que los propietarios de las mismas no se podían permitir la
contratación de un ingeniero extranjero.
14
En una carta dirigida el 2-III-1839 a Pichén, Schulz le indicaba que una vez que se hubiera
resuelto la delicada coyuntura política por la que atravesaba Bégica le recordaría el asunto al
ingeniero belga. Philippe-Adolphe Lesoinne (1803-1856) era profesor de Metalurgia en la
Escuela de Artes, Manufacturas y de Minas de la Universidad de Lieja y, por lo tanto, una
autoridad en la materia.
15
Carta del 20-III. Schulz señalaba como principal ventaja de su proyecto la inexistencia de
producción de plata y de litargirio en toda España, así como la posibilidad de encontrar socios
capitalistas en el país, siendo necesario únicamente conseguir un ingeniero bien versado en
el beneficio del plomo argentífero por medio del carbón de piedra.
16
Schulz trata con Desoignie sobre este asunto en las cartas dirigidas el 29-I; 12-II; 11, 18, 22 y
25-IV y 26-VII-1840, así como en las del 13-III y 7-IV-1841.

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yacimiento, lo que a la postre determinó que la fundición de plomo argentífero


que había concebido pasara al olvido17.

Este fracaso vino a coincidir con el restablecimiento de la fábrica de armas de


Trubia en 1843 bajo la dirección de Francisco Antonio de Elorza, y la creación
al año siguiente de la Asturian Mining Company –también conocida como
Compañía Anglo-Asturiana– que instaló la primera gran fábrica de hierro a la
inglesa en Asturias, en las proximidades de la villa de Mieres18.

Así las cosas, es preciso esperar hasta el 3 de junio 1845 para que se
produzca una interesante novedad en este asunto, al dirigirse Schulz a
Desoignie solicitándole el precio que podría tener el quintal de calamina en las
grandes fábricas de zinc belgas, favor que le pedían unos amigos suyos de
Bilbao que habían descubierto un yacimiento de buena calidad19. Este dato,
que se podría considerar anecdótico, resulta sin embargo de gran
trascendencia, puesto que marcará el inicio de la reconversión de la RCAMC
hacia una fundición de zinc, como lo demuestra la sucesión de acontecimientos
que a partir de entonces tuvieron lugar.

Bélgica era aquel momento la mayor productora mundial de zinc –lo que
explica la petición del germano– y beneficiaba sus propios minerales de
calamina, pero desde 1850 se vería obligada a importar una gran parte de la
mena. Lesoinne podía prever esta circunstancia, por lo que consideró la noticia
proporcionada por Schulz como la oportunidad ideal para exportar la tecnología
de fabricación del zinc a Asturias y dar con ello un uso ventajoso al carbón de
la mina de Arnao, poco bituminoso y que coquizaba mal, pero que en cambio
era muy gaseoso y de llama larga, lo que lo convertía en muy conveniente para
la metalurgia de dicho metal.
17
La última carta en la que se incluye una referencia a la mina de Riotorto data del 21-XI-1843
Schulz comunicaba a Desoignie que, “contra todo cálculo formado”, la veta se presentaba
mezquina y pobre, por lo que no podría encontrarle comprador para la acción de la que se
quería desprender.
18
La factoría comenzó a funcionar en 1848 con el encendido de uno de los dos hornos altos
proyectados y durante varios meses produjo hierro colado y dulce de calidad, aunque con
grandes dificultades, tanto logísticas como económicas. Sin embargo, mezquinos intereses
apoyados por el Estado, junto a una deficiente gestión de la empresa, determinaron la
prematura disolución de la compañía al año siguiente.
19
Por encargo del director general de minas, Schulz había inspeccionado las minas de las
provincias vascongadas en el verano de 1844, momento en el que debió tener conocimiento
de dicho descubrimiento, puesto que en la carta mencionada afirma que había visto el
mineral.

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No es extraño, pues, que en 1849 Adolphe Lesoinne figurara, junto con sus
sobrinos Jules y Nicolas Hauzeur, como propietario de la mina de blenda de
Oyarzun y que los herederos de Nicolas-Maximilien Lesoinne y los hermanos
Zabala fueran los dueños de las minas de calamina de Motrico y de galena de
Irún, todas ellas en la provincia de Guipúzcoa.

El 20 de junio de ese mismo año Desoignie dirigió una carta a Paulino Oyanate,
residente en Irún, indicándole que le remitía unas memorias de Schulz para
Jules Hauzeur y que esperaba que se las hiciera llegar a éste la mayor
brevedad. Hauzeur (1822-1909) acababa de terminar sus estudios como
ingeniero de minas en la Escuela de Lieja y asumiría desde entonces el papel
de impulsor del nuevo proyecto empresarial.

Aunque se desconoce el contenido de los papeles que le envió Schulz, que


desde 1845 ostentaba el influyente cargo de inspector general primero en el
escalafón del Cuerpo de ingenieros de minas, no cabe dudar del apoyo
incondicional que brindaría el germano al proyecto de la fundición, como lo
demuestra el hecho de que al año siguiente (30-IX-1850) Desoignie se dirigiera
a Francisco Elorza manifestándole: “Supongo habrán hablado Vs. largo sobre
nuestro proyectado establecimiento y que las diligencias de nuestro amigo el
Sr. Schulz tendrán buen resultado”.

Resuelto el problema de la financiación, a mediados de 1853 se constituyó en


Bruselas la Société pour la production du zinc en Espagne, presidida por el
banquero Jonathan Raphael Bischoffsheim y con Jules Hauzeur como director
general, obteniéndose dos años después el primer lingote de zinc en los hornos
de Arnao.

6. EL PROBLEMA DE LAS INFRAESTRUCTURAS DE COMUNICACIÓN


Desde su nombramiento como inspector del distrito de Asturias y Galicia en
1833, el asunto del acarreo del carbón desde las bocaminas a los puertos de
embarque pasó a convertirse en uno de los principales motivos de
preocupación de Schulz, dado que la precariedad de la red viaria del

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Principado era el mayor obstáculo para la baratura del combustible fósil en los
puntos de consumo.

En este contexto, la proximidad de los yacimientos de la RCAMC al puerto de


Avilés representaba una ventaja competitiva que había sido determinante en la
constitución de la empresa. No obstante, la escabrosidad de la costa determinó
que en los primeros años la conducción más económica del carbón fuese por
mar, para lo cual empleaban un servicio de lanchas propias. Pero esta
circunstancia obligaba a interrumpir el servicio de transporte en invierno y
siempre que lo impedían los frecuentes temporales y marejadas que sacudían
el Cantábrico, con las gravosas repercusiones que para la empresa ello
suponía, ya que tenía que disponer la conducción del mineral por tierra a
hombros para cumplir con los pedidos, encareciéndose enormemente los
portes. Esta situación determinó la mezquina producción registrada durante la
primera década de su existencia.

Así las cosas, al iniciarse la mayoría de edad de Isabel II y con los Moderados
ya instalados en el poder, el 16 de agosto de 1844 se promulgó una real orden
dirigida a fomentar la minería del carbón en Asturias.

Atendiendo a ello, Schulz redactó un amplio y detallado informe titulado


Reseña de los principales criaderos de carbón de Asturias, su situación
respecto del mar, estado de las empresas que los explotan e indicación de los
caminos y la mejora de puertos que hacen falta para su laboreo en grande, que
apareció publicado en el Boletín Oficial de Minas del mes de noviembre.

En él planteaba un ambicioso proyecto viario que articulase territorialmente la


región y permitiera equiparar a Asturias con los principales núcleos fabriles
europeos. El texto se complementó con un mapita denominado Croquis
provisional de una parte del terreno carbonífero de Asturias con la indicación de
los caminos y puertos necesarios para su explotación en grande20 (figura 2).

20
El mapa representa en una hoja de 74 x 45 cm una porción de la provincia de Asturias a una
escala próxima a 1/131.100. Impreso en 1845, la tirada debió ser muy corta, pues tenía como
único objeto ilustrar al gobierno, a los industriales del ramo y a los capitalistas dispuestos a
invertir en futuras empresas mineras y ferroviarias. El único original que se conserva en
España se encuentra en el archivo de A.Z.S.A. y fue dado a conocer por Guillermo Laine, jefe
del departamento comercial y marketing de la empresa Sadim, adjudicataria del Proyecto de
recuperación del paisaje industrial del concejo de Castrillón, promovido por dicho
ayuntamiento y financiado con fondos FEDER. El estado de conservación de este ejemplar es

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Para la conducción por tierra de los carbones de la mina de Arnao, Schulz


indicaba que sería necesario construir un pequeño ferrocarril de una legua (5,6
km) de largo, si bien advertía que debido a la desigualdad del terreno y a la
presencia del arenal móvil del Espartal resultaría algo costoso, ya que no había
otras mercancías que transportar en aquel trecho de costa.

Figura 2. Croquis provisional de una parte del terreno carbonífero de Asturias


con la indicación de los caminos y puertos necesarios para su explotación en grande,
publicado por Guillermo Schulz en 1845
Archivo Histórico de A.Z.S.A.

Estas dificultades obligaron a Desoignie a centrarse inicialmente en la mejora


de las comunicaciones interiores21. Así, a comienzos de 1843 informó a
Lesoinne su intención de establecer un camino de hierro, con tracción de
sangre, que desde el pozo del Arco discurriría por el vallecito de la Longuera
hasta el embarcadero de Arnao, donde habilitaría un plano inclinado22. Dos
años después el ingeniero comunicó a Riera estar trabajando en un nuevo

bastante bueno, siendo reseñable que la omisión de la autoría del mapa se corrigió
añadiendo a mano la coletilla “por Don Guillermo Schultz”. La Sociedad Geológica de Londres
conserva otro ejemplar donado en su momento por la Asturian Mining Company.
21
El 6 de enero de 1846 Desoignie comentaba a Schulz que Lesoinne le había hecho llegar
desde Bélgica unos meses antes una remesa de hermosas ruedas de hierro colado para el
servicio del proyectado y abandonado camino de hierro de Arnao a la embocadura de la ría
de Avilés.
22
Los detalles de este proyecto figuran en sendas cartas remitidas el 24 de enero y el 14 de
febrero de 1843. El 22 de septiembre de 1844 describiría a Schulz el funcionamiento de todo
el dispositivo.

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camino-carril hasta un muelle emplazado en La Curita, que presentaba mejores


condiciones marineras.

Ya en 1845 se empezó a ocupar de la construcción de un camino carreteril a


los muelles de Avilés, solicitando la intermediación de Schulz para conseguir
peritos agrimensores imparciales que tasaran de forma equitativa los terrenos
que necesitaba expropiar23. Pero el tiempo discurría sin que la obra avanzara,
por lo que para solventar las trabas que retrasaban su ejecución Desoignie
discurrió que la mitad del trazado fuera aprovechado como parte del nuevo
camino público que desde Avilés se debería dirigir hacia la parte occidental de
la provincia. En este sentido, en el mes de mayo de 1849 presentó al
consistorio avilesino un informe titulado Ideas sobre el camino carretero de
Avilés al castillo sobre el Nalón, considerado como camino general de la
costa24, en el que ofrecía el estudio y la realización de los planos de la línea, el
abono de las alcantarillas y de la mitad de un puente, así como la dirección
facultativa de las obras. También acudió a todos sus contactos para recabar
apoyos influyentes, pidiéndole a Schulz que hiciera las gestiones oportunas
ante el ministro de Hacienda Alejandro Mon, lo que el germano consiguió con
gran diligencia25.

Pero el decidido apoyo del germano resultó a la postre infructuoso, ya que la


empresa desistió finalmente de su intención de llevar a cabo el camino
propuesto. Esta decisión vino determinada por el nuevo proyecto que Lesoinne
acababa de concebir de reconvertir la instalación minera en una fundición de
zinc, la cual requeriría traer y llevar cargas mayores entre Arnao y la ría de
Avilés. Debido a ello, resultaba esencial diseñar un trazado que no tuviera
repechos, el cual podría ser asumido íntegramente por la empresa si las minas
de Irún progresasen adecuadamente, como así sucedió.

De esta forma, la compañía se vio obligada a abordar importantes reformas,


adquiriendo los terrenos para la nueva planta en el municipio de Castrillón y

23
Carta del 6 de enero de 1846.
24
En el archivo de A.Z.S.A. se conservan dos copias del mismo y otra más en el archivo
municipal de Avilés (Caja nº 25, doc. nº 3).
25
Schulz comunicó a Desoignie el apoyo de Mon en sendas cartas del 15 de septiembre y 4 de
octubre de 1849.

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acelerando los trabajos para establecer, por fin, una vía férrea hasta el puerto
de embarque, procurando asimismo la mejora de éste.

La construcción del ferrocarril requirió fijar las dunas del arenal de San Juan y
abrir un túnel de 615 m para atravesar la loma rocosa de San Martín, que se
ejecutó en el transcurso de tan sólo veinte meses. Esta obra subterránea,
trazada y dirigida por Desoignie, le reportó un gran prestigio al ser llevada a
cabo con medios muy sencillos, sin ventilación y con una gran economía 26.
Admirado por su trabajo, el 28 de mayo de 1854 Schulz le pidió que le
proporcionara todos los datos sobre las dimensiones, coste, tiempo y medios
empleados en la apertura del túnel, ya que con dicha información consideraba
que podrían formar un artículo interesante para la Revista Minera que
proporcionaría “muchísima luz sobre la gran cuestión de Guadarrama”, cuya
perforación se debatía por aquel entonces, y que era una idea en la que Schulz
había pensado hacía ya veinticuatro años.

Por otra parte, la presentación del proyecto para la mejora de las condiciones
del puerto de Avilés se produjo en 1853, coincidiendo con la llegada de
Hauzuer a la dirección de la empresa y su consiguiente transformación de
industria carbonera a metalúrgica. Desde un primer momento la compañía trató
de implicar al Ayuntamiento en sus planes para lograr así el necesario apoyo
institucional ante las autoridades competentes. El enorme prestigio del que
gozaba Schulz en la localidad facilitó, sin duda, este paso27.

Pero también en este caso la abundante correspondencia dirigida por el


germano a Desoignie y a Hauzeur permite comprobar su participación directa
en el asunto, siendo decisiva su mediación ante la Junta de Caminos que debía
aprobar el proyecto28. Para ello, Schulz recurrió a algunos amigos “de influencia
verdaderamente patriótica para nuestro objeto” y propuso e introdujo algunas
modificaciones técnicas, recomendando en varias ocasiones a su colega
Desoignie cambios formales en alguna expresión y una redacción más

26
A su conclusión se insertó una reseña en la Revista de Obras Públicas (nº 22, 1855, pp. 263-
264).
27
Así se desprende de las declaraciones de los ocho vecinos llamados por el consistorio en
calidad de “testigos de provincia y excepción” para prestar apoyo a su moción.
28
Este tema se trata en diez cartas dirigidas por Schulz: ocho a Desoignie fechadas el 28-VI; 1,
5, 16 y 23-VII; 9-VIII; 27-XII-1853 y 28-V-1854, y dos más a Hauzeur del 02-XII-1853 y 21-VII-
1854.

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circunspecta en ciertos casos para evitar roces con los ingenieros de caminos y
los consiguientes perjuicios29.

Disponiendo ya de unas nuevas infraestructuras viarias adaptadas a las


necesidades de la naciente actividad, la Real Compañía Asturiana de Minas
pudo afrontar con seguridad los retos que el futuro le deparaba30.

7. CONCLUSIONES
El magnífico fondo documental que conserva el Archivo Histórico de A.Z.S.A.
permite llegar a conocer múltiples detalles sobre el proceso de industrialización
de Asturias.

En este caso, la relación epistolar mantenida entre Guillermo Schulz y los


directores de la empresa durante las dos primeras décadas de su andadura
pone de manifiesto como el abnegado funcionario se implicó de lleno en su
afán por fomentar el ramo de minas en el distrito de su cargo y demuestra
cómo, pese a sus múltiples ocupaciones administrativas, redobló sus esfuerzos
para brindar todo su apoyo técnico a cuantos empresarios y técnicos decidieron
invertir sus capitales y conocimientos en la región, aprovechando asimismo sus
bien cultivadas relaciones y el acceso directo a los altos cargos del gobierno
que le proporcionaba su posición, para hacer valer en favor de los intereses de
Asturias el merecido prestigio y autoridad que tenía ganados.

29
Aunque puramente anecdótico, resulta muy interesante e ilustrativo el apunte que le hizo el
5-VII-1853 señalándole: “aquí el lenguaje franco no halla cabida, porque la costumbre de
todos los siglos es recibir todo en la forma de proposiciones muy corteses y llenas de
deferencia hacia estas autoridades y corporaciones centrales del Reino”.
30
En el mes de enero de 1854 el gobierno español solicitó a la nueva sociedad que adoptase la
antigua denominación, pasando a ser su razón social la de Real Compañía Asturiana de
Minas, con el subtítulo de Sociedad para la producción de zinc en España.

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