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El amor de Jesús con la madre

De acuerdo con los mandatos bíblico de honrar a los padres Jesús previo el cuidado de su
madre con anticipación

Madre tu no quedas sola

Ya habían hablado antes se adelantó como cuando oro por sus discípulos ahora lo hizo con su
madre, ya la aseguro con una buena póliza de seguro para mi madre eso le había ya depositado
JESUS, la dejo con un seguro de vida, si no tenía una casa ya la dejaba con alguien que la cuide,
este muchacho es como que si fuera ella.

RESPONSABILIDAD DE UN HIJO CON UNA MADRE RESPECTO A SUS PADRES

Su amor maravilloso

Resultaba doloroso para Jesús ver a su madre en medio de quienes lo acompañaban juntos a la
cruz. Sufría por el sufrimiento de ella. Junto a ella estaba el apóstol Juan

Jesús, entonces, al notar su presencia, dijo a su madre, “Mujer, ¡he ahí tu hijo!” Fue muy bueno
de su parte decir, “Mujer”, y no “Madre”. La palabra “Madre” hubiera clavado la espada más
hondamente en el alma de María, la punzante y dolorosa espada de la que había hablado
Simeón (Lc. 2:35). Aquí en la cruz, al igual que en la boda de Caná (véase sobre 2:4), fue muy
bueno de parte de Jesús subrayar por medio de la palabra mujer que María no debía seguir
pensando en él simplemente como su hijo; porque, cuanto más lo ve como tal, tanto más
sufrirá con el sufrimiento de él. María debe comenzar a ver a Jesús como a su Señor. Sí, incluso
entonces sufrirá, pero será un sufrimiento diferente. Entonces sabrá que, aunque
indescriptiblemente terrible, la agonía de él es, sin embargo, gloriosa debido a su propósito.
Entonces comenzará a concentrarse en su significado redentor. En consecuencia, no madre sino
mujer. El sufrimiento meramente emotivo de María—como cualquier mujer sufriría por el hijo
que es crucificado—debe sustituirse con algo más elevado y noble, o sea, con la adoración. Al
decir, “Mujer ¡he ahí tu hijo!” Jesús confía a María al cuidado de Juan, quien como se ha
mostrado (véase sobre 19:25), puede haber sido su sobrino, el hijo de su hermana Salomé.
Parece que Juan tenía vivienda en Jerusalén (como Pedro; véase sobre 20:2), aunque su
verdadera casa estaba en Galilea. Se podría preguntar, “Pero, ¿por qué no se confió a María al
cuidado de alguno de sus otros hijos?” La respuesta es: probablemente porque ellos todavía no
lo habían recibido con fe viva (véase sobre 7:5). Y además, ¿quién podría [p 709] esperarse que
cuidara mejor de María que el discípulo al que Jesús amaba? A ese discípulo dijo: “¡He ahí tu
madre!” Juan entendió de inmediato, y a partir de ese momento la acogió en su casa. Es cierto
que ahí está implícita una lección acerca de la responsabilidad de los hijos (piénsese en Jesús)
respecto a sus padres (piénsese en María). Pero sin duda no es la lección principal. El
sufrimiento de Jesús al ver sufrir a María, y sobre todo su amor maravilloso—la preocupación
del Salvador por uno de los suyos, más que la preocupación de un hijo por su madre—estas
son las cosas que deberían enfatizarse

LA EXPRESIÓN DEL AMOR DESINTERESADO