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COLECCiÓN FREUD O LACAN

Dirigida por Roberto Harari


J. D. Nasio

EL INCONSCIENTE
ES UN NUDO
ENTRE ANALISTA
y PACIENTE

Ediciones Nueva Visión


Buenos Aires
1

Reencontrar el exilio
Intuitivamente, nos inclinamos a pensar la transmisión
del psicoanálisis como una suerte de metaproblema pla-
neando por encima de la doctrina y la práctica de los
analistas de hoy. En cuanto pronunciamos simplemente la
palabra "transmisión", alumbra en nosotros una fábula de
comienzo luminoso y final inexorable. Pensamos en el
origen para reconocer en Freud al antepasado genial,
luego volvemos a nuestro presente lacaniano y, después,
esperamos -como el obsesivoaguarda la muerte del amo
con la esperanza de ver luego, y más claramente, el
significado de su deseo--, esperamos, espectadores inge-
nuos que somos, ver, nada más que ver, revelarse ante
nosotros el porvenir ignoto del psicoanálisis.
Pero cuando se recuerda que el análisis es una experien-
cia que va más allá de la presunta "presencia juntos" de
dos interlocutores en diálogo, cuando se recuerda que el
contenidode esta experiencia puede variar según los indi-
viduos, aunque no así su estructura, que es la misma para
todos; cuando se reconoce,en suma, que el análisis consti-
tuye un discurso forjado por un dicho y fundado en lo
imposible -quiero decir, una coyuntura particular entre
el cuerpogozante y un decir-, no cabe entonces distinguir
entre nuestros predecesores y quienes nos seguirán. No,
no se puede afirmar que la experiencia analítica sea un
discurso y, simultáneamente, extenderla en el tiempo,

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jalonarla con nombres propios y coroponer con ella una tanto a la palabra, que preguntarse por su naturaleza
leyenda. parecería una suerte de inocencia fingida, siendo que es la
Si se libera a la noción de transmisión de su forma menos simple de las preguntas, el flanco más débil de la
primitiva, casi natural, de ser historia, y se acepta que teoría analítica.
nada -ningún espejismo del pasado- debe ser superado Retomemos la definición que da Freud en su comentario
y que tampoco nada de lo actual debe reabsorberse, nos de la Gradiua: aquí lo inconsciente es descripto como un
vemos obligados a indagar entonces en lo único que se conjunto de "procesos psíquicos que persisten, activos,
sostiene, nuestro deseo, y a reducir la transmisión al pero sin llegar a la conciencia".' No obstante, si queremos
soporte de este deseo: la transferencia. demostrar que la transmisión es lo inconsciente y que en la
Precisamente, el desafio de este texto es demostrar que transmisión no circula nada del orden de lo sustancial tal
la transmisión del psicoanálisis -cual el deseo inconscien- definición, a primera vista, nos desconcierta, ya que estas
te- se juega en el acto de un dicho transferencial, que es dos palabras, "persisten, activos", parecen implicar la
en él donde la experiencia se renueva creándose un nuevo concepción de lo inconsciente como un sustrato dotado de
discurso, y que, por último. el paso de analizante a dos cualidades: ser sustancia última, determinando acti-
analista se produce, en verdad, en la majestad corriente de v:amente las distintas formaciones significantes, y persis-
cada análisis. tir más allá de cambios y repeticiones. Llevado a la condi-
Pero avancemos. No sólo hay que volver a situar la ción de entidad sustancial, lo inconsciente pasa a ser
transmisión en el centro de la experiencia sino que, para entonces cosa mensurable, acumulación o archivo de vie-
concebir la forma en que se difunde el psicoanálisis, para jas huellas, desván psíquico o simple encarnación del
comprender lo que se conservó durante cien años pese a los pasado.
incontables relevos de analistas; en resumen. para descu- Tanto lo inconsciente como la transmisión plantean
brir el proceso de una. indefinible memoria del psicoanáli- entonces el mismo problema: ¿cómoconcebir, sin caer en el
sis, es necesarío justamente aplicar lo que el psicoanálisis sustancialismo o en la historia, que algo permanezca
nos enseña sobre la memoria, es decir, lo que nos dice de lo idéntico a sí mismo entre todos los resurgimientos de lo
inconsciente. nuevo? Y, aun, ¿a qué referir la causa activa de los efectos?
Tenemos así que la problemática de la transmisión se En una palabra, pese a la repetición incesante de actos y
plantea, en su generalidad y su núcleo, como el equivalen- de formaciones significantes, ¿lo inconsciente tiene o no
te de otra, la de lo inconsciente. No porque lo inconsciente tiene una estructura invariable? Y, en lo que atañe a la
sea el objeto transmisible, sino más bien -aun a riesgo de transmisión del psicoanálisis, a despecho de teorías suce-
condensar un tanto abruptamente ambos términos- por- sivas y maestros diversos, ¿es o no idéntica la experiencia
que la transmisión es lo inconsciente. Esta será, pues, mi' de los analistas?
primera proposición, que luego modificaré. Hago revivir aquí una antiquísima aporía: la perpetua-
ción de lo mismo gracias y a pesar de lo nuevo, paradoja
* que el psicoanálisis no ha resuelto, limitándose a bautizar-

Pero, ¿por qué sostener que la transmisión del psicoanáli-


sis es loinconsciente? ¿Qué es lo inconsciente? Esta última 1 Délire et réoes dans la "Gradiua" de Jensen GalJimard 1949
pregunta ha dejado de sorprender. Nos hemos habituado pág. 180. ' "

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la con el nombre freudiano de rememoración y a tema- enmarcando la lucha entre aspir~tes al,~oder elegidos
tizarla con el concepto lacaniano de a posteriori [apres- según el grado de adhesión a un on~en mItICO. .,
coup J. El concepto de rememoración designa precisamente La fidelidad se sostiene en la ficción de una fundación
esta aporía de lo mismo y de lo nuevo, pero en forma de inaugural, de un modelo al que es preci~o conforma:se~ con
otro par de términos solidarios: el olvido y el retorno. sus buenas y malas copias; los aspirantes auténticos,
Mientras que el olvido se realiza en la actualidad fieles, y también los otros, los impuros. ~l. fiel, por amo¡'
significante de un retorno, es decir que existe solamente persigue en el mensaje exactitud y precisión. In~eresa o
en el retorno mismo y se concibe a posteriori, el retorno, en en la coherencia más que en la verdad, en la e;cactItud ~ás
cambio, es impensable si no se reconoce que ha tenido que en la certeza, en la síntesis más que en la mconclus~,ón,
lugar un olvido esencial y fundador. Cuanto más se retor- el fiel no se asombra y deja de asombrar: se duerme. La
~na, tanto más el olvido se consolida y se convierte en la fidelidad del testigo es el capuchón con que se adormece,
Iúnica razón de eventuales retornos próximos. Al carácter cegándola, a la crítica del testimoni?;"2 El.fiel a Freud se
,.I significante del retorno, es decir, diferente de los otros quiere imitador; identificado por pasIOn,a!Imenta~o por e~
actos, se opone solidariamente un olvido que es siempre el amor o por el odio, siente nostalgia de las epocas pioneras;
mismo. Esta solidaridad puede definirse en pocas pala- cuánto le habría gustado ser su ~onte~poraneo, conocer
bras: ~l retorno_es_~Lº!_~~oen_~.t2.: de cerca al maestro, casi compartir su VIda.. . .
Cuando decimos que lo mconsciente persiste, indestruc- Nose puede aceptar que la transmisión del pSIcoU?áhsIS
tible, esto significa que es inmanente al hecho localizado sea una imitación. El psicoanálisis no se tran~~llte por
de un dicho absolutamente nuevo que recomienza sin fidelidad al padre, ni por imitación ~ reproducción ~~ un
cesar en tanto perdura el olvido. Y, cuando hablamos de supuesto origen, y tampoco por una inocente regresión a
transmisión del psicoanálisis, debemos comprender que el las fuentes. 1 .
psicoanálisis se transmite y se resuelve en la actualidad de Ahora bien, si la transmisión no es ~sun~ode fie es, ¿por
un acto, el acto de la transferencia. Mientras de una qué tuvo Freud necesidad de repartir anillos y sella~ la
experiencia transferencial surja un decir, el psicoanálisis alianza? ¿Por qué tenemos nosotros necesidad de la ficción
se transmitirá. de una institución analítica? Es esta una I:llalapregu~t,a,
Volveremos sobre esto, pero ahora hagamos una pausa porque la ficción no responde a la necesidad: la ficción
y veamos la forma en que la intuición, o más bien nuestro responde a la violencia de una verdad." .
narcisismo, conducen hasta su atolladero extremo la idea No son los hijos quienes construyen el mito de una
de que el psicoanálisis es una sustancia esencial, transmi- fundación originaria; es el padre el que fabula, creand.o
tida de generación en generación. Lo cual no podría aca- enteramente la ficción decisiva: la de ~alcu~arsu desapan-
rrear peores resultados. Nos deslizamos hacia la otra ción. Más que todos, es el padre qUle~ piensa ~nlo que
vertiente del término "sucesión", que ya no es serie de vendrá tras su muerte y en el deven~r del ~lvId~. H~~?
creer y cree él mismo aquello de "despues de mi, el dílUVIO,
momentos sino transmisión de un patrimonio regulada
por textos y testamentos. El psicoanálisis deviene enton-
ces una verdad, un Bien pasando como una antorcha
2 J. Lacan, Ecrits, Seuil, 1966, pág., 20. [Hay versión castellana:
sagrada del anciano al iniciado. Se forja así una arrogante Escritos 1, Siglo XXI, México, 1975, pago 14.] .
moral de la legitimidad, con sus reglas, ritos y fieles, 3 P. Aubenque, Le probléme de l'étre chez Aristote, P.U.F., 1972.

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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA 23
DIDI II"\TE:f'A f'C~TCAI
~ ---_-_._-----_ ...-

pero, en realidad, una voz infinitament.e imperi~sa lo Freud comoretorno a su pensamiento, sino por el retorno
obliga a calcular su desaparición y a orgamzar el olvido de a nosotros, en nosotros, de su decir y su experiencia. Así
los suyos. comoloinconsciente se realiza en un hecho significante, la
transmisión del psicoanálisis se cumple en el acto de un
retorno. No de un retorno hacia atrás, hacia el descubri-
* miento de un origen, sino, insisto, en un retorno hacia
* * adelante, penetración más profunda en el país natal; en
una palabra, retorno oe lo reprimido.
Decir algo nuevo es reencontrarse con lo reprimido;
Retornar al origen decir lo nuevo es reencontrarse con lo natal, recon-
no es volver a las fuentes quistarlo aun sin haberlo perdido nunca. Comosi lo natal
sino dejar que las fuentes vuelvan a nosotros fuera una tierra que es preciso conquistar permanente-
mente por medio de invenciones. Lo singular del sujeto, lo
Dije que la transmisión es loinconsciente. Ahora podemos antiguo, adopta entonces la forma deslumbrante de un
enunciar mejor esta proposición: la transmisión es una poema inesperado. ¿Cómoentender el hecho de que, cuan-
forma de rememoración, de retorno. No un retorno a las dosurge lonuevo en el presente de hoy,las raíces de origen
fuentes en busca de una verdad primera enunciada por están más vivas y activas que nunca?
Freud sino un retorno a la manera poética de Holderlin. En una palabra, sólodiciendolonuevo se retorna verda-
Con s~ poema "Retorno",que Heidegger comentó admi~a- deramente. Pero, ¿a dónde? A ninguna parte. Cuando
blemente,' Holderlin celebra el reencuentro conel terruno. retorna mediante su poema, Holderlin no reencuentra
Retornar al país natal no es lo mismo que volver sob~elos solamente las montañas que circundan el lago Constanza,
propios pasos y tocar el suelo originario, no es lo mismo su familia, sus amigos y todo lo que le es conocido;
que regresar a las fuentes. Es otra cosa. reencuentra, sobre todo, el exilio.El exilio,presente ya en
Volver, además, no es reencontrar .. El retorno, el el duelo de la partida, presente luegoal acompañar la dura
reencuentro se realizan, para Holderhn, en el acto experiencia del viaje, y que ahora se erige en "alegría" del
significante de escribir un poema. Digo significan~epara retorno. Todo el poema se construye y resuelve alrededor
que se entienda que el poema no:valep~~su contemdo o su de esa palabra que para nosotros traduce el exilio:alegría,
composición,sino como acto de mvencion. Co~ el poema, no en el sentido de alborozo sino de goce. La alegría de
gracias al decir poético,Holderlin retorna efechvam.en.tea Spinoza, que no es sinónimo de júbilo. Lo que el sujeto
su tierra. Pero, ¿qué es esta tierra, ese lugar de n~cImIen-. Holderlin encuentra consu decir nuevo -el poema- es el
to? ¿Existe todavía? ¿Noserá nuestra fábula, la fabula de origen, que permaneció intacto a pesar de mudanzas y
los extraviados? mutaciones.
Retornar al origen no es volver a las fuentes, sino dejar A esto intacto, a este en sí que se preserva en toda
quo las fuentes vuelvan a nosotros. De modo que la trans- repetición, lo llamaré exilio. El poema, el dicho poético
misión del psicoanálisis no se produce en un retorno a considerado como acto de retorno, hace surgir lo que no
cesa ni cesó de ser olvidado:fue preciso escribir el poema
4 A,JP"II'h" d'llnldorlin, Gnllimard, 1973, págs. 9-38.
para dar paso a lo que no será escritojamás, y fue preciso
retornar mediante un poema para dar paso al inexplicable
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goce del exilio. El exilio de aquel que, vuelto a su país, no se trata de la verdad, de un patrimonio, de una heren-
permanece no obstante excluido de él. Retornar debe ser cia, y tampoco de un concepto.
U1~acto inacabado, un fracaso en la búsqueda del supuesto
Lo que se transmite no es un objeto sino la seguridad de
origen; en una palabra, una confrontación efectiva con la una nueva repetición, la seguridad de que tendrá lugar un
exclusión. Mediante el decir nuevo de un poema, el retorno nuevo retorno. Transmitir es hacer posible un nuevo acto.
de Holderlin a su origen es un encuentro con la exclusión Más que de transmitir lo que se inventa, se trata de
.
un encuentro SIempre renovado por obra de un dicho.
' transmitir el poder de inventar; por eso el acto de transmi-
Así, en la repetición se da esta conjunción dificil de tir estará siempre acompañado de un acto segundo. Este
aprehender, esta aporía constitutiva de lo inconsciente, acto de transmitir encuentra su cumplimiento inacabado
lógica de toda transmisión: la paradoja entre lo nuevo y lo en la resonancia de otro acto, de otro retomo. De un acto a
mismo, entre la alteridad significante y la mismidad real. otro, lo real se conserva.
Digámoslo de otra manera. Una repetición contiene dos
elementos: el orden, es decir, la serie interminable de
actos, y el objeto, lo que se repite. Ahora bien, en el caso de
* la transmisión lo que cuenta es precisamente el orden
* * repetitivo.f Poco importa el objeto que circula y se repite, lo
que hay que asegurar es que la repetición no cese. Y aun
Hemos comprendido que la transmisión se cumple en acto cuando no esté en nuestras manos el frenarla o relanzarla
en el acto de un dicho nuevo, sea un poema o un gest~ la tenemos que acompañar, asegurarnos de que no resisti-
creador. Sin embargo, aún debemos responder a otra mos al carácter ineluctable de la continuación. Si se man-
pregunta: ¿qué es lo que se transmite? ¿Cuál es el objeto de tiene. el orden de la alteridad propio de la repetición,
la transmisión? también se mantendrá la causa de los próximos retornos.
Si tomamos lo real en sí, suponiendo que lo llamemos "el Recapitulemos. Si al acto de retorno, al orden repetitivo
nada" [le rien]* (erróneamente, porque son dos cosas bien y a la causa real les añadimos como cuarto término el
distintas), ¿tenemos derecho a decir que lo perdurable hecho de que de esta coyuntura resulta un efecto de sujeto
aquello que es lo mismo antes o después, lo que se transmi- (sujeto dividido entre lo mismo y lo otro, entre lo mismo y
te, es el nada? .. ¿Que nada se transmite? ¡No! Lo real es lo la alteridad significante), tenemos los cuatro términos
mismo; pero no es que se transmita lo real, sino que lo real indicados por J. Lacan para componer el discurso: el
es más bien la condición de la transmisión y su producto. significante que retorna (S1)' la alteridad significante que
Existe por una parte lo que se conserva, se perpetúa, se . continúa (S2)' el sujeto dividido y lo real en su función de
preserva sano y salvo en toda experiencia analítica, lo real causa. Cuando estos cuatro términos quedan establecidos,
(explicaré después de qué real se trata), y por la otra lo que podemos decir que se ha instaurado un nuevo discurso y
se transmite, el objeto de la transmisión. Decía antes que que localmente se ha producido una transmisión.

• Se utiliza aquí el artículo masculino para marcar la diferencia 5 J. Lacan dio a ese orden repetitivo un soporte preciso: el trazo
con le néant, que es, estrictamente, "la nada" (ej., Sartre, L'étre et le unario como significante de la diferencia, de la repetición como
néant, "El ser y la nada"). Le rien corresponde a "10 que es nada cero orden.
nadería, pequeñez". [N. de la T.] , ,

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Sacamos, pues) dos conclusiones. Por una parte, la interpretacíén." Ahí, en esa palabra interpretativa y en
transmisión se cumple no solamente con el acto de un dicho ese instante fundador, se aprehende puntualmente la
nuevo, sino con la instauración de un nuevo discurso. Por historia del psicoanálisis y se inaugura un nuevo discurso.
la otra, el objeto de la transmisión, lo que se transmite, no En cada acto analítico el psicoanálisis se ve cuestionado, y
es una cosa sino un poder. El poder de seguir diciendo. en cada acto analítico se perpetúa como el mismo. Al
interpretar, el psicoanalista reencuentra y hace reen-
contrar a su analizante lo que no ha cesado de estar ahí
desde siempre: lo reatde la exclusión, el lugar del exilio.
* Otra manera de decir que interpretar no es solamente el
* * acto en el que se confirma que la transmisión ha aconteci-
do, sino también el actojusto, lajusta suplencia que en un
En un análisis, ¿qué decir retorna bajo la forma de un análisis resguarda, abierta, la distancia del exilio.Aclare-
dichonuevo? ¿Qué dicho asegura la repetición? ¿Qué dicho mos que una justa suplencia es el dicho que suscita una
conserva la causa e instituye un nuevo discurso, el discur- continuación, el retorno invocador de otros retornos.
so de la relación entre analista y paciente? Ese dicho es la Pero surge ahora una última pregunta: ¿reencontrar el
interpretación, el dicho interpretativo. Y la causa que se exiliono es lo propio de todoser hablante? ¿Qué autoriza al
conserva, la de lo real en sí, es el goce contenido en la voz analista a presumir de una especificidad cualquiera de su
del psicoanalista al enunciar su interpretación." Cada vez función? ¿Cómo distinguirlo del artista, que ha sabido
que una interpretación acontece, un nuevo discurso se instalar los intermediarios, es decir, la obra que hace
instituye y el psicoanálisis se transmite. coincidir lo mismo con lo mismo? Pregunta dificil que nos
La comprensión de este relanzamiento depende de la formulamos sin descanso. Una frase de J. Lacan puede
acepción que demos a la palabra interpretación. Si la orientarnos: "El analista se distingue en que hace de una
traducimos de acuerdo con el significado usual de revelar función que es común a todos los hombres un uso que no
el sentido oculto de la palabra del analizante, la transmi- está al alcance de todo el mundo cuandoporta la palabra"."
sión nos parecerá erróneamente situada en la actualidad Sin embargo, esta proposición particularmente clara no
de la escena analítica, donde el psicoanalista iniciaría a su nos resuelve la dificultad de saber qué es lo que especifica
interlocutor en los secretos del oficio. No, el plano de la la labor del psicoanalista.
transmisión hay que situarlo en otro lugar y en otro
tiempo. Sólo en el momento de interpretar, en el acto
mismo de pronunciar un decir inesperado -como el poema. 7 Considerando el punto de vista que hemos adoptado, ¿todavía

de Holderlin=-, el analista asume efectivamente el rol de hace falta precisar que transmitimos sin saberlo? La cuestión a
psicoanalista. El analista, sólo cuando interpreta cambia elaborar en 10 que se llama Pase no es saber 10 que hemos transmi-
tido sino si hemos vuelto a encontrar el viejo exilio. A la pregunta
de estatuto, pasando del analizante que era al analista "¿quélega el analista?", responderemos que lega 10 que nunca tuvo y
que es ahora, comprometidoen un dicho. Este salto vuelve 10 que jamás fue. No es él quien abre la transmisión, como si se
a darse todas y cada una de las veces que se enuncia una tratara de algo controlable. El es el portador de la transmisión, ella
pasa a través de él, se dice en él, 10 dice.
8 J. Lacen, Ecrits, op. cit., pág. 350. [Hay versión castellana:

8 cr. "Aquiles o el nnnlistn", págs. 97-114. Escritos 2, México,Siglo XXI, 1975,pág. 335.]

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Sin salir de esta dificultad, terminaré diciendo que el
psicoanalista, a través de su deseo realizado en la inter-
pretación, mantiene viva la distancia del exilio. De esto
hace su oficio; más aún, intenta teorizar esta distancia. Y
esa es nuestra ética.

[Traducción de Irene Agoff.]

El Sujeto-supuesta-Saber
¿Qué interés ofrece el introducir este tema del Sujeto-
supuesto-Saber en un curso sobre "Síntoma y teoría de la
cura"?' Desmenuzar esta fórmula tan lacaniana y corregir
cierta confusiónen su uso va a contribuir, pienso, a situar
mejorteórica y clínicamente la transferencia, cuestión que
abordaremos la semana próxima.
El Sujeto-supuesto-Saber es una manera de nombrar el
prejuicio y condensar en tres palabras el desconocimiento
Robreel que descansa el amor de la transferencia. Esta
expresión designa todo aquello que, en la transferencia,
surge a partir de la demanda primordial del neurótico:yo
quiero saber. En principio, esta exigencia propia de la
neurosis comprende un interrogante: ¿quién soy? y la
respuesta implícita: alguien sabe. Mi propósito es demos-
trarles que la noción de Sujeto-supuesto-Saber desborda,
sin embargo, esta primera conclusiónde un saber presu-
puesto. Pero antes de indicar su incidencia teórica y su
interés clínicodescartemos dos errores frecuentes: tradu-
cir esa expresión según el sentido de "el sujeto del que se
HU poneque sabe", y confundir ese saber conel conocimien-
to. Veremos más adelante que simplificarla de este modo
limita su alcance y le hace perder su efectoparadójico.
Digoparadójico porque, si aislamos el término clave de
'Curso dictado en 1978.

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ción, la copu~ación y la suposición, sólo esta última corres-
ese trío -me refiero al de supuesto-, veremos que las tres pon~e al sujeto y lo representa. Es precisamente esta
acepciones del concepto de suposición: la lógica, la hipoté- propiedad d~ representación la que nos interesa, puesto
tica y la suposición imaginaria, son igualmente válidas y que lo~ nominalistas, consecuentes con su concepción de
están presentes en la fórmula. De ahí que la noción de los universales que confería a la palabra una existencia
Sujeto-supuesto-Saber incluya contradictoriamente pro- autónom~ respecto de lo real, consideraban el término
blemáticas distintas e incluso opuestas. Adelantemos des- substantivo que supone al sujeto idéntico al sujeto supues-
de ahora las dos más importantes que trataremos de to. De esta manera, los seres supuestos (suppots literal-
abordar esta noche: por una parte, el Sujeto-supuesto- mente sup-puesto, tiene el sentido de "bajo de") son repre-
Saber pone en juego la función de prejuicio y su íntima senta~os por una palabra que ya no designa la existencia
articulación con el yo soy; y, por otra, revela y cuestiona matena~ del. ser, sino que los hace existir. En suma, para
algo completamente opuesto, el concepto de saber incons- l?~ nomm~hstas. la representación (propia de la suposi-
ciente y, en particular, el de sujeto. Contra las apariencias, ción) es existencia y el substantivo es el sujeto mismo.
la conjunción en la misma fórmula de perspectivas tan Ustedes reconocerán aquí fácilmente el acuerdo íntimo
contrarias del inconsciente, una propiamente metafisica y e~:tre ese c?ncepto. escolás.tico de suposición y la identifica-
otra, digamos, formal o lógica, evita justamente el confun- cien del sUJet? del inconsciente con el significante. Ustedes
dirlas. conocen la formula: el sujeto es lo que un significante
r?p~esenta -supone, diríamos ahora- para otros
significantes,
* En consecuencia, si aplicamos esta equivalencia entre
supuestos y sujeto a nuestro Sujeto-supuesto-Saber obte-
* * nemos un pleon~smo: Sujeto-sujeto-Saber, del que ~e de-
duce que ~l SUJeto-supuesto-Saber es finalmente otra
Comenzaremos por la acepción lógica del término su- denOmmaCI?n de! sujeto del inconsciente en su status de
puesto y por recordar que la importancia de esta noción supuesto e identificado con un significante que lo repre-
data de la lógica medieval. A partir de la categoría senta.
aristotélica del hipokeimenon, designando que no hay
sujeto que no sea el supuesto de una representación, los Muy al contrari~ de esta vena lógica, el otro polo de la
escolásticos, en particular Ockham y Shyreswood, cons- r6rmu!~ que estudiamos con~ierne un saber y un sujeto
n~etafIsIco. En efecto, esta van ante de la suposición enten-
truyeron una teoría de la suposición cuyo valor fue en
d,Ida como f~lsa atribución remite, ante todo, a dos condi-
parte redescubierto hace pocos años. Sobre esta teoría
ciones: al~Ule:r;tq.ue se da por existente, que afirma yo soy,
escolástica de la suposición se basa la clasificación, hoy
.Y ,un test~g.o,di_vmo.que .ga!ant~za esa presunta aserción.
decisiva en lógica moderna, de implicación material e
~',a SUPOSICI?I?-imagmaria implica en sí esos dos persona-
im plicación formal (Russell). jes, el neurótico que se afirma y la instancia última de un
De los numerosos matices del concepto de suposición qtro que decide. Ahora bien, el Sujeto-supuesto-Saber
descriptos por los lógicos medievales sólo retendremos el LICll?ea demostrar que ningún ente, llámese Dios o Genio
sentido más estricto, es decir su rol de elemento substan- m,ahgno, puede garantizar afirmación alguna y menos
tivo en la proposición. Así, de las cuatro propiedades o aun aquella famosa de Descartes: yo soy.
partes del discurso escolástico: la significación, la apela-
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Ya habíamos hablado de la distorsión que sufr.eel cogí~o El analizante va a interrogar su propia verdad, es decir,
cartesiano. Por medio de una singular puntuac~ón el PSI- su síntoma, con la sola e inocente palabra ("lalengua",
coanálisis rompe la sintaxis gramatical del cogito y esta- como dice Lacan); y esto hasta encarnar él mismo esta
blece dos registros distintos. La escntura transformada en interrogación y convertirse en síntoma. ¿Por qué no decir-
yo pienso: entonces yo soy, ,lo ~ivide en un yo pienso que lo? El sujeto en análisis que habla porque quiere saber es
ocupa el rango de la enunciacién y el yo soy que es enun- el síntoma de toda transferencia psicoanalítica.
ciado. . En esta coyuntura se estructura la paradoja de todo
En lo que nos ocupa, esta división es I~porta~te porque análisis: interpretar la-transferencia desde la transferen-
., , muestra claramente que el pensar es mconscIente y el cia misma. Por una parte, la situación analítica por sí sola
enunciado pensado, es decir soportado por la palabra incita a la fe en el Otro, a construir el saber a medida que
aunque no necesariamen,te dich,o.. ' se lo interroga, y simultáneamente, al revés, el psicoana-
Pero para que el enunciado existencial sea efectivamen- lista interviene con el fin contrario de desmontar la garan-
te sostenido es menester la prasunción de un sa~~r tía de ese saber ficticio. La paradoja se redobla porque esa
iI -poseído o no por alguien- que asegure esa ~firmaclOn intervención -a pesar de sus efectos removedores-, de
del ser. Es esta última consideración la que nos mteres~: el ser palabra también simplemente pronunciada, es decir
yo soy como enunciado arrastra consigo un saber parásito. lengua, pasará a confirmar que en algún lugar el saber
En el horizonte del yo soy emerge entonces un saber que existe, cuando precisamente es este saber presupuesto lo
tiene la cara del Otro: alguien indefinido sabe, y ese que dicha intervención en tanto que interpretación busca
alguien, más que detentar el saber, es el ~aber. desarraigar.
Ahora bien, tanto el enunciado existencial comoel saber No nos equivoquemos. Es cierto que dicho saber puede
ficticio que lo soporta no siempre se preseIl:tan de un modo ser atribuido al psicoanalista, pero lo importante, lo
manifiesto. La ubicación que habíamos asignadoal yo soy clínicamente importante, es reconocer:
en el nivel del enunciado no significa necesaríamente,
repito, que sea expresado textua~mente. No se trata m de - que en el análisis se desliza con la palabra, como de
una declaración ni aun de un mterrogante formula~o, contrabando, un saber supuesto; basta con hablar
Entiéndase, y este es un punto dificil: tanto la afirmación lalengua para que surja ineluctablemente la suposición de
de ser y su figura interrogativa ¿qué soy?, como el saber un saber más allá;
supuesto dependen de la naturaleza de la lengua. En - que ese saber no tiene nada de.teórico ni de sabio;
"Cuelo, cuanto más hable o demande el neurótico, cuanto - que ese saber es atribuido a la persona del analista
nU\1I tenaces sean sus dudas, más fuerte será su preterí- bnjo otro criterio que el de tener o poseer el saber, sino de
.1f1n dC! lu!r. . . Ha el saber. Saber entonces supuesto antropomórfi-
le.tu cuntradicción está presente desde la primera pala- curnente en calidad de sujeto y como causa de mi decir.
brl nnuli zuntu, Sabernos que cuando la regla ñmdamental
dic.: "hrahl,,", un runlidad dice: "renuncie a se: ~deje vemr, Estos puntos pueden condensarse en la expresión Suje-
elije que IU. puluhrns lo borren". Pero también sa~em.os lo-supuesto-Saber, pero invirtiendo el orden: "Saber-e u-
qua pur muy InMiMttmlc que sea la regla, no es c~lIl:~~lId,aJa- puesto-Sujeto".
mAl. Al cuntrnriu, huhlur, y aun hablar en a~ocIaClonIibre, Decíamos que lalengua introduce, lleva en sí la suposi-
puede signiflcur el ml'ltlprofundo afianzamIento del yo. ción de un saber más allá; sin embargo, para que la

36 37
suposición se instituya es necesario además de ~apal~bra, consiste entonces en remontarse desde el efecto hacia una
la sorpresa, que el sujeto se consterne por la violencia de causa previa y presupuesta. De ahí el corolario práctico de
una verdad que lo asombra. que la transferencia en su aspecto de ficción se teje bus-
Me explico. Cuando el paciente, sorpr~ndido por un? ~e cando causas. Acabo de citar a Hume, y si se quiere
sus decires, desprovisto de toda refer~nCla al Yo, multíplí- comprender qué es la ideología es sin duda el autor que no
ca razones y fábulas para atenuar el Impacto de la verdad se puede ignorar, pero es preciso, para nuestro propósito,
de su acto, toma consistencia entonces ineluctablemente leerlo a la luz de la noción spinozista de idea inadecuada,
la afirmación del yo soy bajo la forma de una pregunta: puesto que para Spinoza la interpretación del aconteci-
,1.0 ¿quién soy? y su sistema de respuesta: el Saber-supuesto- miento sufre de aquel viejo e irremediable error del sujeto:
'" Sujeto. Definíamos al neurótico como aquel que quiere tomar la causa por el efecto.
saber, agreguemos ahora: quiere saber, porque otr~ saber Digo "error irremediable", porque en la medida en que el
'"
, " lo trastorna y anonada. Ya volveremos sobr~ esta dIfe~en- hombre hable lalengua -y esto es inevitable-, tanto la
cia de dos saberes, uno buscado, el otro mtempestIvo, correlación temporal como la causal desencadenarán la
demasiado presente. Por el momento mantengamos que el ficción.Un ejemplo es la pregunta ¿porqué? Es el prototipo
i 11 Sujeto-supuesto-Saber se instala cuando el síntoma, como de la mala pregunta que obliga al interlocutor a erigir la
todo acontecimiento significante, afecta lo que nos lleva a figura del saber -ya lo dijimos-, pero de un saber que es
afirmar que el S.s.S es el correlato del acto, de la puesta en causa del acto, de un saber que goza de actuar. Como si el
acto del inconsciente. dolor, el más físico de los dolores contuviera la pregunta
Ahora bien, esta correlación depende en particular del ¿por qué sufro? y la respuesta inherente: algo, alguien es
tiempo, no tanto porque la suposición en sí tenga l';lgar a responsable. Cualquier cambio o acontecimiento real en el
,
'"
"
posteriori del acontecimiento, sino porque el analizante curso de un análisis tomará esta dimensión significante;
supondrá que ese Saber-supuesto está ya allí, antes que.~l un embarazo, por ejemplo, aparecerá ante los ojos del
, I síntoma se manifieste, como a la espera del acontecí- analizante como provocado, con toda certeza, por el análi-
miento. sis y por el "padre espiritual" del niño ... el psicoanalista.
Aquí debemos advertir un deslizamiento singular. La En suma, a partir de su síntoma el analizante busca y
correlación temporal de .un sab~r.antenor al a~to .s~ con- encuentra la causa, es decir, supone un Otro que sabe, o
vierte en otra correlación ñctícia: la del principio de mejor aún, un Otro que es saber, gozoso de provocar
causalidad que privilegia la causa como el antecedente o efectos. Expresado en términos del fantasma neurótico: el
como la razón del efecto derivado. Otro existe y goza de mi castración.
De todos los principios de la ideología reguladores de la Comoven, la suposición del saber hecho sujeto se trans-
creencia -aquellos que Hume atribuí.a a "la naturale~a forma en suposición de un saber que es goce. Para el
humana"- el de causalidad es el más Importante. Segun neurótico el saber es el gocedel Otro; así se explica que éste
éste, las relaciones causales son ílusorías, inventadas~ de sublime tan difícilmente. Sin alejarnos demasiado, note-
acuerdo con el criterio que confunde el tiempo y la fisI~a: mos que la sublimación desde este ángulo, significa la
detrás del efecto producido se oculta la causa que lo exp~Ica discriminación clara entre saber y goce. Después de lo que
y precede. Así, en el análisis, ante el síntoma, el sujeto hemos dicho, separar uno del otro cuestiona de hecho el
necesita referir su afección a una causa o agente supu~~~o, S.s.S. es decir, sublimar equivale a cuestionar los funda-
cuyo efecto sería el síntoma. El trabajo de la suposreion mentos del Sujeto-supuesto-Saber y destituirlo. En este

38 39
- ------~- -------

trabajar la repetición de la cadena significante, de suscitar


punto, y sólo aquí la sublimación co~ncidecon ~ainterpre- 01 saber inconsciente.
tación analítica, puesto que ambas tienen el mismo efecto: De acuerdo con la disposición de los símbolos lacanianos
demostrar, sin explicaciones, que el Otro no existe, o sea (In el esquema del discurso analítico,. ellug~ del anali~~a
que el saber no goza, o bien, si goza, gozaría como un corresponde al lugar del objeto a, o, SI se quiere, la función
insecto puede gozar: sin palabras ni ~erdades. . analítica reencuentra aquella del desecho, de un resto, de
Dejemos aquí el problema de la mterpretaCló~ y su un más o menos goce, causa y agente de la repetición
incidencia sobre el Sujeto-supuesto-Saber; éste sera nues- significante. - . ..
tro tema la próxima vez. Volvamos al Otro gozoso de ser En consecuencia, imputar al analista la responsabili-
,1'
"
'
' causa ya la cuestión de su correspondencia con el lugar del dad de mis actos o de mis síntomas es ponerlo en el lugar
, ,, "

,,' ,
psicoanalista. de la causa; lo que equivale a decir que el analista y el sitio
,
"

,,1' Nuestra forma de concebir, hasta aquí, el Sujeto-su- del analista se confunden. Cosa imposible, pues ningún
,,'1
puesto-Saber permite comprender fácilmente que, en el analista ocupará efectivamente ese lugar real que en
análisis, la suposición se impone independienteI?e~te de principio le es destinado, por la sencilla razón de que es un
los sujetos en presencia. Y que, por otra parte, atribuirle al ser hablante sometido, como su analizante, a los efectos
¡ l' ¡ analista el poder de ser causa es asunto de segundo orden, del lenguaje. Nadie que hable podrá ser re~. .
pues cualquier otro person~je puede con~ertirse, s~gún las La suposición del Sujeto-supuesto-Saber significa, pues,
circunstancias transferenciales, en el objeto de tal Imputa- homologar el sujeto analista con su sitio, relegarlo allí
ción. donde no puede ser ni estar.
,
i
,
II
Sin embargo, pensar que el analista es la causa de ~is Aclaremos otro malentendido, debido probablemente a
,' , síntomas o de su desaparición es en parte una presunción la manera de referirme al paciente cada vez que he habla-
1 " ,
justa. Para determinar en qué estriba este algo de justo do de suposición. Así, por ejemplo, para respetar cierta
,,"
1,'1
distingamos bien, primero, dos movimientos en el proceso progresión me vi obligado a decir "él su~one", c~a~~o en
de suposición: uno el de suponer la causa, otro el de realidad el analizante no piensa ni enuncia su prejuicio. Al
imputársela al psicoanalista. Y, paralelamente reco~de- principio decíamos que la pregunta ¿quién ~oy? no es
mos una comprobación de peso, que el lugar del analista jamás declarada explícitamente, sino más bien presu-
no se confunde con el propio analista. puesta en todas aquellas análogas, como ocurre con el ¿por
. El problema no es suponer que haya causas ni que el qué sufro? Aclaremos esto, no se trata de que el analizante
efecto dependa de una de ellas, sino hacer de la causa un ante el síntoma se precipite a buscar una especie de última
ente. El problema no es tampoco afirmar, como lo hace la esencia de su ser o a descubrir el porqué de su sufrimiento.
teoría analítica, que el lugar del psicoanalista es ~l.de la Esto ocurre y es frecuente, no lo niego, pero lo que hay
causa, sino hacer recaer sobre el analista esta función que que entender es que si la respuesta está contenida en la
es insostenible. pregunta misma, la pregunta, ella, está en el sínt?m~, o
No volveré, ahora, sobre la idea de que el sitio del ana- mejor dicho, el síntoma es la pregunta. Como ven, insisto
lista es decir la causa, corresponde al lugar del sexo, por segunda vez sobre este punto: para creer no hace falta
ped~zo real de cuerpo separado del sujeto. Me limitaré sólo pensar, basta rezar en "lalengua".
a lo esencial: que el sitio del analista y el objeto a -en este Cuando se reprocha a los lacanianos que todo lo ven
caso tomado como pedazo del cuerpo a la deriva- tienen significante, inclusive el dolor -era el ejemplo de hace un
ambos la función de causar el deseo, es decir, de hacer
41
40
rato-, es porque no se comprende que, en el ser hablante, Detengámonos un instante aquí y preguntémonos: ¿este
\ el dolor más intenso existe bajo la forma del interrogante modode caracterizar el Sujeto-supuesto-Saber no corres-
¿por qué sufro? ponde acaso a una definición del inconsciente? ¿Cuántas
\ Traduzcamos directamente: el cuerpo está marcado por veces en el lenguaje cotidiano y aun teórico aludimos al
los significantes. inconsciente comosi fuera precisamente este saber, este
Ahora bien, que reconozcamosgrabada, casi escrita en Diosastuto?
las entrañas del cuerpo la pregunta ¿por qué? no es sufi- Ustedes recuerdan que habíamos situado el inconscien- ,
ciente para explicar la proposición de que el dolor, o te como un saber ignorado que excede al sujeto con un .
, "
cualquier otro afecto, sea significante; para fundar mejor dicho imprevisto. También dijimos que el inconsciente es I
, "
la idea de la determinación significante del cuerpo sería supuesto -en el sentido de hipótesis- a partir precisa- I
necesario añadir que el dolor, por ejemplo, se hace mente de ese dicho significante, del acto.
'1'11
11'11
significante al articularse con las otras partes del cuerpo, Pero plantear el inconsciente en estos términos, ¿no es
1'11
lo que a su vez define al cuerpo como conjunto de acaso caer en la misma ficción que denuncia el Sujeto-
1/::: significantes. supuesto-Saber?
Ustedes comprenderán ahora que no es forzoso que el Evitemos las frases tajantes, ya que nos encontramos
illl,
'. " Sujeto-supuesto-Saber tome forma pensada en la cabeza con un tipo de pregunta que es mejor dejar sin respuesta.
del analizante, ni que tampoco sea imputable necesaria- En última instancia, es fácil admitir que el inconsciente no
mente al analista. El Sujeto-supuesto-Saber es la ficción es un sujeto, ni un ser ontológico, pero en cambio la
inherente a "lalengua", de la que el sujeto no escapará dificultad reside en una proposición positiva del incons-
mientras hable. ciente. Justamente, la fórmula que estudiamos pone en
juego esta dificultad y mantiene en suspenso la cuestión
del inconsciente, ya que al descartar la ficciónmuestra que
,'1,
'11,
* el Saber-supuesto-Sujeto no se confunde con otro saber,
* * llamado inconsciente, supuesto, diríamos... lugar.
La suposición freudiana y la del neurótico tienen un
Tratemos ahora de resumir los sentidos subyacentes a la origen común: el hecho de un dicho, el acontecimiento
fórmula Sujeto-supuesto-Saber, sin tener en cuenta la significante, y también una conclusión semejante: hay
acepción lógica, que hemos indicado al comienzo: algo que sabe más que nosotros. La diferencia entre el
inconsciente lacaniano y el inconsciente imaginado por el
a) hay alguien, el Otro que sabe; neurótico reside en que éste le confiere la figura de un
b) ese Otro es el saber; sujeto, mientras que la teoría analítica lo piensa" como
c) ese saber, como causa, precede temporalmente al
efecto; 2Acabode decir "piensa"; debería corregir y poner "escribe" el
d) el saber, es decir el Otro, goza de ser causa. inconsciente. Es cierto que al reconocerla fragilidad de sus propio
universo la teoría adopta una postura ética que la aleja del
neurótico. Pero esto no es suficiente. Hay otro antídoto contra la
ficción; me refiero a la escritura, a la escritura entendida como
* cálculo.En este sentido la escritura es a la ficciónlo que la interpre-
* * tación es al Sujeto-supuesto-Saber;ambas extenúan el prejuicio.

42
43
lugar. Esta correcta y simple separación se complica, sin se expresaría en la superficie manifiesta. Es verdad que si
embargo, si nos decimos que la teoría padece también de... leemos a Freud cuidadosamente veremos que para inter-
neurosis. pretar el sueño recurre a tres registros y no a dos; el
¿Por qué no acusar a la teoría del mismo delito de ficción tercero es la lengua analítica que, como una llave, per-
que ella denuncia en el neurótico? Hagamos la pregunta mite hacer la traducción del contenido manifiesto al laten-
en otros términos: ¿cuál es la función de lo imaginario en la te. Empero, situar los dos niveles como si fueran lenguas
construcción teórica? 0, mejor dicho, ¿en qué medida el mutuamente traducibles no basta para descartar la idea,
inconsciente freudiano, su descubrimiento, depende de la en última instancia ontológica, de un inconsciente expre-
'1:: I ficción, o del sentido? Vayamos más lejos todavía. Si el sivo.
'"
'" error es ineluctable, como decía Spinoza, ¿cuál es su inci- Este escollo es tanto más difícil de evitar cuanto que la
'111
"11
dencia en la concepción psicoanalítica del inconsciente? división en dos estratos superficial y profundo o en dos
,1"1
No, la teoría no está exenta del pecado de ficción, en todo estados virtual y efectivo hunde sus raíces en la antigua y
'"
caso no más libre que el neurótico. La diferencia respecto conocida pareja aristotélica de potencia y acto. La intui-
il::!1 de éste, la única diferencia -y de ella depende el orden ción parece haberse apropiado de estas dos categorías de
ético del psicoanálisis- es que la teoría analítica asume la metafísica, y figurarse el significante Uno, destacado en
1111,
las consecuencias de su propia afirmación. Así por ejemplo la superficie visible del relato del paciente, como la apari-
cuando la teoría sostiene que todo lo que pertenece a la ción luminosa de un saber velado, latente, no expresado
dimensión de lalengua del ser hablante es susceptible de todavía. Desde esta perspectiva, la verdad del aconteci-
fractura inconsciente, ella se incluye también. En otras miento sería la manifestación en acto de una latencia
11'11' palabras, la teoría que piensa el inconsciente cae bajo los reducida de otro modo al silencio. No, para nosotros el
efectos de su propio objeto. significante no es la apariencia de un saber escondido o
Pero dejemos de lado la referencia ética y veamos cómo supuesto. No es que rechacemos la apariencia, sólo nos
;::::1
considerar el inconsciente al margen de toda ficción. Para negamos a contraponerla a lo oculto. Así diremos que el
I
, 1'1
ello postulemos desde ahora que el inconsciente es un significante es la verdad cobijada en la apariencia (por eso
la verdad siempre es dicha a medias) y que el inconsciente
lugar. Esta hipótesis nos evitará el escollo de la ficción de le es, a esta verdad, inmanente. El significante, entonces,
un sujeto gozoso de ser saber y causa, ya que el pensarlo va y viene entre la apariencia -puesto que aparece en el
comolugar anula toda referencia subjetiva. Pero aun así el relato--, y el saber inconsciente -puesto que es saber en
inconsciente no llega a escapar del imaginario del cuerpo. acto-. Tanto las expresiones "inmanente" como"en acto",
¿Qué hacer para retirarle definitivamente todo el lastre aunque no exactas, sirven para marcar que si el incons-
subjetivo y teorizarlo sin recurrir a ningún subterfugio ciente existe, ex-siste reducido a ese punto significante de
ontológico? ¿Cómo esquivar la intuición de creerlo un' ser un dicho.
latente, sombra desconocida, imaginado a nuestras espal- Como ven, todo el problema de la definición del incons-
das o aun delante de nosotros, como si la representación ciente estriba en esa delicada relación de un significante
del cuerpo dominara esta concepción primera del incons- con el resto de significantes, SI con S2' Pero para dar
ciente? Es innegable que Freud, con su clasificación de los cuenta de esta articulación y, al mismo tiempo, oponer a la
contenidos del sueño en latentes y manifiestos, favoreció y idea natural de un inconsciente expresivo la noción de
favorece todavía esta confusión de comprender el incons- inconsciente productivo, echemos mano entonces el con-
ciente -incluso en cuanto lugar- como una latencia que cepto de lugar y límite.
44 45
cuestión del saber absoluto en Hegel), ese hecho fundador
¿Qué es un lugar? El lugar es aquello a lo cual el borde del psicoanálisis: el hablante sabe más de lo que dice y dice \
da consistencia, en otros términos, el límite hace al lugar. más de lo que sabe. Si aplicamos ambas categ~rías (en ~u
Así, comolugar, el inconsciente se engendra, viene, se abre origen hegelianas) no sólo diremos que est.a disco!dancla
con y por la inscripción de un límite representado por la fue la verdad inaugural del saber freudiano, SIllO que
aparición contingente de un dicho. Ahora bien, ese lugar, además la discordancia en sí se trama entre la uerdc:-d
esa localidad psíquica que es el inconsciente, no posee semivelada de un dicho y el saber -ignorado por el suje-
extensión física o corporal, sino formal. El inconsciente es to- puesto en juego como inconsciente.
""
el lugar real de una combinatoria formal cuya verdadera Pero antes de pasar a la tercera función del .Uno,.me
l' ",'
1' ""
extensión (étendue), cuyo único paño posible es el conjunto pregunto si he logrado desarraigar en ustedes lo rmagma-
de significantes articulados -estructurados como un len- rio de un inconsciente latente, como a la espera del aconte-
guaje-, alrededor y a partir de ese solo significante que cimiento es decir especialmente oculto y temporalmente
! hace acto de límite. Sin límite no hay lugar y sin acto no previo. Es probable que no, así como también es probable
T hay inconsciente. que el argumento del inconsciente como lugar resulte
Repito, porque hay que hacerse a esta idea: sin acto no problemático y no haya obtenido de ustedes una, a~epta-
II11 hay inconsciente. Y esto no significa una prioridad lógica ción inmediata. Si es así, confirmaríamos en la práctica de
del Uno -un significante- con respecto al resto -todos nuestra enseñanza que la teoría que formulamos ha toma-
los otros significantes-; sólo pretendo con esa fórmula dojustamente cierta distancia respecto del Sujeto-supues-
: 11I
subrayar la importancia del dato, de la circunstancia de to-Saber, y ha quedado constituida sin ningún garante
11'1'"
un dicho, y sugerir una vocación, por qué no, empirista del que la clausure definitivamente. " .
psicoanálisis. En el interior de esta abertura teonca quiero proponer-
Ahora bien, ese acontecimiento significante, ese Uno les otro modo de acceso al concepto de inconsciente. Una
inscripto en la teoría lacaniana con la letra y el índice SI, proposición de Spinoza relativa a la noción de poder nos
"',,,
11', 1 tiene varias facetas de las que retendremos sólo tres: en llevó a pensar que la definición del inconsciente tendría
primer lugar su función de límite respecto del resto de los otro alcance si introducimos este término de "poder", fun-
significantes articulados en cadena: S2;obien, comodecía- damental en la teoría spinozista de los modos de la s,ubs-
mos hace un momento, su rol de contorno del lugar que él tancia. El poder, según Spinoza, es poder de sufnr ~a
inaugura. Utilizando una terminología distinta, esto sig- afección. Si las pasiones o modos afectan al ser, la esencia
nifica: el Uno da consistencia al conjunto. del ser a su vez se define por la afección, como si esta
Con la segunda función, ese Uno toma el nombre de fuera dn atribut~, un poder, el "poder de ser afectado" ..Si
verdad, en oposición al saber estructurado por todos los damos razón del inconsciente sirviéndonos del sentido
otros significantes, por los significantes otros, o más exac- pasivo (y no activo) del térmiI?-0pode~, forjaríamos enton-
tamente, según la matriz del Otro. Otro entendido como ces la hipótesis siguiente: el inconsciente es el poder del
lUgar en igual medida que como saber, y no, como podría sujeto de ser afectado por la ver~ad. . .
imaginarse, como sujeto. La sentencia lacaniana "el Otro De este modo no sólo determinamos el inconsciente a
no existe" equivale justamente al enunciado: el Otro no es partir del Uno de la verdad, sino también el ser hablante
~ un sujeto, sino lugar y saber inconsciente.
como capaz de padecer la verdad, o también -por qué
La identificación de S. con la verdad y S2 con el saber no- el hablante como aquel que es capaz de inconsciente.
intenta explicar, entre otras referencias (por ejemplo la
47
46
Dicho esto, pasemos ahora a la tercera faceta del Uno, del saber, y, por otra, que ese mismo saber, sin embargo, le
esa que Lacan,jugando con las letras en francés, denomi- concierne, es decir, "ex-siste al sujeto".
na "Ya de l'Un", lo que en español sería "hay algo allí del Dicho de otro modo, la partícula "del" tiene el mismo
Uno". Esta es la cara brillante del Uno, la que provoca alcance que la partícula "para" en la definición del
destellos imaginarios y, en consecuencia, la más ligada a significante: un significante es aquello que representa al \
nuestro Sujeto-supuesto-Saber. Recordarán que la suposi- sujeto para otro significante. En ese "para" yace la excen-
ción neurótica tiene el mismo punto de partida que la tricidad del sujeto y la existencia del inconsciente respecto
suposición freudiana del inconsciente, esto es: el Uno, el de ese mismo sujeto. -
dicho, salvo que la primera lo aprehende como signo Ustedes habrán advertido que estamos volviendo al
-aquello que representa cualquier cosa para cualquie- terreno lógico de la suposición, pero no insistiré más,
ra-, mientras que la segunda lo teoriza comosignificante puesto que aquí se abre otra serie de correpondencias y
-aquello que representa el sujeto para otro significante. articulaciones que se deducen de esta noción antinómica
de sujeto del inconsciente", La próxima vez continuaremos
con la segunda parte del S.s.S., es decir, el amor de
* transferencia.
* *
*
* *
Para terminar abordemos con una pregunta la relación
del sujeto con el inconsciente: si el inconsciente es un lugar Resumamos en un esquema las principales proposiciones:
y no un sujeto, si "el inconsciente quiere decir que hay
saber sin sujeto" (Lacan), ¿cuál es, entonces, el status del UNO
\ sujeto del inconsciente? No nos confundamos: cuando digo
"sujeto" no me refiero al yo ve) del yo soy, al yo del
enunciado; se trata por el contrario del suj~!2.dcl.acto, ese Signo ~ ~ficante
sujeto que se engendra con el acto del decir. Si habláramos SUPOSICION NEUROTICA SUPOSICION LOGICA
de la relación del hablante con el inconsciente haríamos 1. Saber como sujeto 1. a. Inconsciente es un
uso entonces de nuestra fórmula del Sujeto-su puesto- saber sin sujeto
Saber, en la que el Saber es sujeto y causa. b. Inconsciente como
Afirmar que el inconsciente es un saber sin sujeto saber ex-siste al sujeto
significa que el conjunto imperfecto, incompleto (le
significantes (puesto que falta el Uno que es límite y da 2. Ese saber es causa 2. Inconsciente es lugar
, consistencia) concierne al sujeto sin llegar a representarlo, y latencia del saber
función que sí cumplo el S l' En otras palabras, el sujeto del 3. Saber como garante 3. Ser hablante capaz
inconsciente está descentrado respecto del inconsciente. de inconsciente
Por una parte, la partícula "del" denota la excentricidad
del sujeto respecto del saber inconsciente, es decir que el
saber no lo representa, o bien que el sujeto está ausente -cr, en particular, "Metáfora y fa10", p. 149.

48 49
--- -- -- -- - -- - -_ ... _~._------~

El olvido o lo inconsciente por venir


::::::';:!
;::::;11:

i i!III~:
1

:: ¡IIII ¿Qué es el decir una vez dicho, la palabra una vez cantada?
111""
¿Qué ocurre con el sueño una vez soñado?

*
::1111: El dicho, el canto o el sueño son verdades quebradas,
semidichos prontos para el olvido, para dejarse eclipsar a
,"1' su vez por otro decir por decir y para componer juntos una
~.;::::. verdad nueva. Así, la verdad encierra por partes iguales
un dicho y un olvido: en el olvido ella declina gracias a otra
1",1111
que resurge. La verdad, pues, es relevo de otra ya borrada
,10 "11
y anuncio de una próxima venidera.
A diferencia de una palabra que expira no bien nace, 1 el
dicho verdadero, en cambio, penetra el cuerpo, arranca
una pérdida y retorna por boca de otro, en otra escena.
Mientras que la palabra da placer al enunciarla, el dicho
es portador de deseo, hace decir, después, en otra parte, al
lado.
Sustituyéndose una por una, las verdades abren y cie-
rran escenas, unen y enlazan lugares aparentemente dis-
tintos, anudan a los sujetos, les fijan posiciones, los exclu-
yen y los llevan a hacer.

*
* *
1 "Yoprofiero la palabra para volver a sumirla en su inanidad", S.
Mallarmé.

53
-_ --- -- -- -- ---_,--- --------------..,

Así, una máxima de analista cobrófuerza hasta convertir- aquella que, aferrada al significante, hace un pensamien-
se casi en lo real de nuestra labor: no me canso de abrevar to que desvía.
en ella. Nos dice lo siguiente: Digoirrecuperable porque no existe ningún medio para
simular un acto o imitarlo. El acto no se imita ni se It
La verdad nos hace hacer ostenta, es o no es." Cuando es, queda como acto, ina- f¡
cabado, ya que el sujeto real que se engendra y la voz que
Frente a nosotros -sueño, enigma o queja-, cosechada se escapa no le dejan cumplir un trayecto circular com-
más que descubierta, la verdad nos hace decir, callar y pleto.
perder: decir la interpretación, encubrir el objeto bajo el Sin embargo, la hiancia, el verdadero agujero que 10
semblante del silencioy hacer que la voz no tenga retorno. constituye como acto, inacabado, es otro tipo de real,
El analista dice porque una verdad lo condujo a decir, y distinto de ese sujeto y de esa voz-objetoque se escabullen.
al decir compone una verdad nueva que será entonces el Propongo considerar este real comoun real estructurado.
resultado fortuito del ensamble reglado de la interpreta- No un real opacoy denso comoa veces se lo imagina, sino
ción difuminándose en el dicho del analizante. Un nuevo más bien un real recortado, laminado, hojaldrado. ¿Pero,
dicho se forma, un acto se consuma. qué clase de real es éste que impide el acabamiento
Resulta entonces esta ecuación única de dos seres bien completo del acto? ¿Por qué calificarlo de estructurado?
diferentes, eclipsados gracias a una verdad que no les Son las preguntas dominantes de este texto. Digámonos
pertenece. De este encuentro sellado por el dicho nuevo por el momento que ese real, en el límite del acto, es la sede
-cantado en los labios de uno o del otro, pocoimporta-, de la incontable multitud de los actos ya pasados y de los
surge un sujeto que no es ni uno ni otro sino más bien su actos por venir.
real común dado a luz.
Pero si participar del acto es decir, en la coyuntura *
temporal de la transferencia no puede haber sino un decir, * *
uno solo, ajustado al dicho analizan te. Ajustado en este
sentido: justo a tiempo. El acto es el tiempo, de otro modo; Detengámonos, pues, en este lugar de 10 real compuesto
flaquea, más que fallar. por los actos o los dichos que ya no son y que no son
Cuántas veces se tiene la sensación de que en el curso de todavía.
las sesiones más recientes o en el fragmento de una sola,
una acumulación insensible de decires, de acontecimien- 2 Se comprende que el acto no tenga un doble;quiero decir que no
tos, traza en el tiempo lógicouna curva de tensión y que, hay dos idénticos o, lo que es igual, que no se puede simular el acto.
llegado el momento de concluir, de recoger el instante, Sin embargo, a veces lo recubre un doblefalso, una suerte de ficción.
En el caso de un dicho,esta ficcióndepende de la tesitura de la voz
cuando no hay más que un solodichopor decir oun silencio que 10 porta. En realidad habría que distinguir dos tipos de voz:una
por guardar, se queda uno en una palabra sin alcance. El uoz-pulsián, dictada por el Otro, y una voz-semblante que la recubre.
acto entonces capitula o, mejor dicho, no hay acto. Ningún La primera es la materia de un dicho,mientras que la segunda es la
decir ha venido a confirmar que el decir analizante fuera ficciónque hace falta para que el dichosea un dicho.Piénsese en las
máscaras de las tragedias griegas, dejando pasar una vozconforme
un dicho, ni a marcar lo real o a practicar una separación. con el rictus coagulado de esos mascarones antiguos. En una pala-
Se pensó demasiado para prestarse a decir; la suerte fue bra, el acto de decir comprendeel recubrimiento de la vozque es por
echada y es ahora irrecuperable. Acaso el cuerpo impidió la vozque viene. Si la voz-semblantedesaparece, el dichose convier-
al analista hacer acto, quiero decir la imagen del cuerpo, te en una palabra arbitraria.

54 55
Volvamosa la pregunta del comienzo,¿qué ocurre conel
acto una vez realizado?, pero formulada de otro modo: s
u
¿dóndeva a dar ese dicho?¿Qué es el intervalo que separa e
una verdad que declina de otra que emerge? ¿Qué es ese e
espacio vacante llamado olvido,entre un dicho que es y el s
o Decires a la espera de ser dichos
siguiente que será? ¿Qué es el espacio del olvido sino el Uno r

: : ~'111 ~: :
conjunto de los decires a la espera de ser dichos?
Cambiemos de vocabulario. Considérese una matriz
mínima de dos términos: un dichoy una serie de decires. El
- -
1: :::~::: t
dichoestá solo,no hay nada más que él, pero no es el único, DICHO + decir,2 decir,3 decir;n serie infinita de decires a la espera
::::~i:l;
:::~::;
I::::I!:::

"·111'
¡
puesto que los decires por venir lo sustituirán al infinito.
Considérese también que esos dos términos ocupan cada
uno un puesto, es decir que están colocadosordinalmente:
y
DICHO + decir; decir n; serie infinita de decires a la espera
11;1,: así tenemos el rango del Uno, de un dicho, y el del sucesor,

y
1
"III!.
o más bien de todos los decires infinitos a la espera de
111,,,,
ocupar la casilla del Uno y de suceder al dicho.
1" "~II' Cuando el primero de los decires a la espera, el sucesor
.',,",""
más inmediato al dicho, salta de la serie y ocupa la casilla DICHO + decir: serie infinita de decires a la espera

y
::11::::
1' .... 1,
del Uno, se adiciona, se superpone y se condensa en el
dicho que en ella se encontraba. Emerge allí entonces, en
la ocasión y en el mismo lugar del Uno, otro dicho.
DICHO + ...
",-,,111'
1::' ~:;::
*
:::::!IIII
De hecho, en la práctica sólotenemos ante nosotros el Uno,
un solo sueño o un solo síntoma. Todo parte de él, del El dicho que ocupa el puesto del Uno se anula en
Uno. Este Uno nos anuncia tantos decires, tantos sueños provecho de otro por venir y, gracias a esta abolición, la
futuros, o nos recuerda tantos otros pasados, que parece dimensión repetitiva se perpetúa indefinidamente. El al-
querer jugar a ser el universal, representante del Todo, cance del dicho, el valor del sueño inmediatamente olvida-
cuando en realidad no hay nada más que él. Y, sin embar- do reside no en el sueño siguiente sino en la reactivación
go,es cierto que si está allí en su actualidad aparentemen- misma. Lo que importa no son los términos que se suceden
te inimitable, habrá un segundo decir, luego un tercero y sino la ineluctable sucesión. Lo que importa no es el
así hasta el infinito." próximo sueño, sino que haya un próximo sueño: que haya
repetición, que la llegada de otro sueño sea inevitable.
3 De tener la serie algún orden de existencia, será el de ex-sistir al
Uno. Los decires ex-sisten al dicho; en otras palabras, el conjunto
necesita del Uno para quedar en movimientoconstante. *
* *
56 57
E.n resumen, con la llegada del decir, propuesto como
Porque allí reinan, confundidos, la serie incesante de
dicho, se abre un lugar agujereado, lo real. En efecto el decires y lo real del goce.Pero ¿cómoaceptar que la serie,
\ dicho h.ace siti.o: sitio al agujero del olvido. ¿Qué hay en ~se una sucesión enumerable de términos, pueda gozar, sea
l~gar smo decires en potencia7¿Qué es ese lugar del olvido real, y que lo real a su vez sea seriable, es decir, sea saber?
smo el lugar de lo inevitable de decir, de los inevitables ¿Cómoconciliar en un mismo lugar saber y goce?
retornos, lugar del saber? Así comolostérminos de la serie se repiten, se desplazan
. Ahora bien, vamos a ver que este mismo lugar es y saltan uno por uno al rango del dicho(casilla del Uno),la
Igualmente imposible de decir; por eso lo llamaremos serie misma, en cambio,retrocede y es siempre un lugar, el
lugar de goce. mismo. Aquí la serie se confunde con lo real. Respecto de
sus términos que cambian y se ordenan comoun texto a
* leer, como un saber legible, la serie en sí permanece
incambiada, eternamente en otra parte, eternamente
Si el dicho está ahí, tengamos la seguridad de que habrá otra, en una heterogeneidad de puro goce.Saber y gocese
otro.s;hay algo del Otro asegurado. Quiero decir que hay conjugan.
agujero. Pero a este agujero que habíamos llamado "real" y allí, en ese lugar engendrado cada vez que un decir es
y después "lugar del olvido",¿por qué calificarlo ahora de dicho, se funden y confunden aquello que es del Otro como
"1ugar de goce''? saber (conjunto ordenado) y aquello que es del Otro co-
Si intentamos penetrar ahora en ese lugar desplegado mo alteridad absoluta (Cosa); allí se encuentran los
por el acto de un dicho, inmediatamente otro dicho nos decires a la espera, los significantes para los que el sujeto
sorprende y el lugar retrocede. El sujeto está constante- será representado, y ese suelo de goce que este mismo
~en~e enfrentado c~n ~l dicho,y ello hasta el último goce. sujeto no pisará jamás.
l.Queotra palabra distmta de goce,en el sentido de sufri-
miell~~,p.ueden?mbrar esa existencia prolongada en una
s_uceslOn mtermmable de decires? ¿Qué otra palabra dis- *
tmta de goce puede nombrar nuestra imposibilidad de * *
franquear el umbral del dicho, ir más allá del dicho y
penetrar en lo real? El goce consiste en esto: que no
podemosa?s.tenernos de decir, incansablemente, y que en De este modo,a la pregunta: ¿quéocurre conla verdad una
esta repetición que estructura la existencia, el sujeto vez enunciada o conel acto una vez realizado?, ¿qué ocurre
estalla en otros tantos decires por decir y deja de ser. Allí con el sueño una vez soñado?, respondemos: se abre un
, donde hay goce,no hay sllkto. Pero entonces, ¿dónde está? lugar llamado inconsciente, y ello aun cuando el
) ¿Dóndeestamos? Estamos puntualmente en el acto de un analizante, y a veces el analista, lo llamen, cariñosamen-
dicho, y aquí también hay goce,pero de otra especie. te, infancia, memoria oesperanza; olo consideren comoun
A_sípues, en el mismo movimiento, la palabra goce ser, "alguien" que actúa en nosotros gozando de ser la
designa tanto el dolor puntual de decir comola extensión causa de nuestros síntomas, o aun lo suponen -siempre
abierta ante el sujeto en la que permanecen los decires no con amor- comoel saber de los antepasados.
dichos ~odaví~.Es .esta última extensión, este agujero de y llego ahora a la proposiciónprincipal: lo inconsciente
goceabierto, sin sujeto, llamado olvido,lo que nos importa.
59
-
! es un ser-lugar, no para conocer, sino para abrir y dejar sentido pasivo de vernos afectados, de tener la potencia de
:'que venga. padecer, de sufrir el decir."
¡ Postulamos en primer término que lo inconsciente es el La paradoja se impone: lo inconsciente es imposible de
lug~ de un saber, lugar de la repetición necesaria de los decir, siendo que sólo se produce con un decir una vez
dec~res a la, esperar en sUl;na,lugar de lo inevitable por dicho, haciéndose lugar de lo imposible.
decir; y aquí mconscrents significa una cosa: que un decir Antes de que el analista se autorice sólo por sí mismo, es
retornará, más tarde, en otra parte, de labios de algún preciso que se autorice por lo inconsciente, no en el sentido
otro, alIado. de hacer prevalecer "su" deseo o de presumir de alguna
.,." ,
Imagínese que como teóricos aplicados quisiéramos en-
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instancia soberana, sino en el sentido de producir lo in-
l'~_~!'¡ contrar lo inconsciente bajo la cubierta de un dicho o consciente como lugar en lo cotidiano de su experiencia.
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detrás de u~ significante cualquiera. No bien hayamos Autorizarse por él significa compartir lo inconsciente y
I:=:~: supuesto l~ mconsciente bajo este dicho, encontraremos, esto de dos maneras: decir la interpretación para producir-
no una entidad, un ser o un objeto, sino nuestras propias lo y callar para recordarlo.
ganas de saber, nuestro propio dicho: por nosotros, sin Más allá de la interpretación y con la interpretación, la
nosotros, con nuestro decir, lo inconsciente se ha corrido función analítica relanza la sucesión de decires a la espe-
un palmo. Queríamos asirlo, y la paradoja escapa y 110S ra de ser dichos, garantiza la constancia, la insisten-
posee." cia de decir, siempre decir. Pero,justamente, para que con
Desengañémonos, lo inconsciente no es 10 inefable o en este decir advenga lo real y la serie recomience.
este caso, es tan inefable como el transfinito de Cantor. Sin embargo, esto no especifica nuestra función de
Tampoco es un concepto, sino un problema nombrado. y psicoanalistas. Pues ¿por qué llamar analítica a esta fun-
este problema es el propio psicoanálisis; en él se cimenta la ción de sostener el relanzamiento si el ser hablante se
práctica y por él se autoriza el analista. define precisamente por estar sometido al automatismo
del relanzamiento? ¿Por qué reactivar lo inconsciente
* cuando el ser hablante es por sí mismo capaz de incons-
ciente?"
Pero postulamos también que lo inconsciente es el lugar Sólo a través del rehusamiento alcanzará el analista la
del goce, que retrocede cada vez que se efectúa el retorno singularidad de su posición. El silencio, definido aquí como
volviéndo~e ine~istente u~a vez dicho el decir. Lugar: negativa a responder a la demanda del analizante, especi-
ento?~es, imposible de decir, fuera del alcance del sujeto. fica la manera particular que adopta el analista para
~qUl, mc"onsCIen~esignifica una cosa: que gozamos de ser producir lo inconsciente. ¿Qué otro semblante mejor que el
capaces de decir, SIempre decir. Somos "capaces" en el silencio puede recordar que lo inconsciente también es

5 "Lo inconsciente es que el ser, al hablar, goce, y no quiera saber


¿Cóm.opensar lo inconsciente sin reconocer que este pensarnien-
4 nada más de ello", J. Lacan, Encore, Seuil, 1975, pág. 95.
t? cae bajo los efectos de su objeto, que este pensar sobre lo incons- 6 Subsistiría empero un interrogante que no deberíamos esquivar:
clen~ es un efecto de lo inc~".sciente? La estructura, la lengua y la ¿hay inconsciente fuera de la transferencia? ¿El ser hablante es
ensenan~a ~e.la teoría analítica necesitan que este reconocimient.o capaz de inconsciente fuera del análisis? Dejemos abierta la cues-
sea el prmcipio que los rige. tión.

~. 61
goce que escapa? Si, con el dicho, el psicoanalista participa que lo había encerrado la histérica. Conserv.ando toda la
en la apertura de lo inconsciente por venir, con el silencio distancia que existe entre el número y el deCl,r,Cant?r en
recuerda que este inconsciente es un agujero. cuanto a lo transfinito y Freud en cuanto a lo inconsciente
no se pronunciaron mediante co?ceptos s,ino que
tematizaron el atolladero al que se velan conducidos, un,o
* por los números enteros y el otro por la verdad del sufri-
* * miento psíquico. .
En suma, ellos nombraron la paradoja en vez de resol-
verla." Escribieron con palabras y números el hecho d~ que
Reunamos ahora el conjunto de nuestras afirmaciones: un acto abre el lugar imposible de los decires por vemr. Al
• Con cada decir que se dice, lo inconsciente se inaugura hacerlo así, dejaron abiertos el relanzamiento y la espera
como lugar. de una reanudación. ¿Y no es Lacan, hoy, el retorno del
• Real por cuanto es imposible de decir, y serial por ser acto freudiano ajustado al conjunto cantoriano?
sede de inevitables retornos, lo inconsciente es tanto goce Una ética emana de esta correspondencia entre nuestra
como saber. manera de hablar de lo inconsciente y lo que él es, su
• Para constituirse, lo inconsciente necesita de un lazo dinámica y su trazado. Puesto que lo.inconsciente ~~gnifica
social entre el sujeto y el Otro, lazo forjado al paso de las relanzamiento, la teoría que practicamos también debe
sesiones por el analizante y el analista. suscitar lo inconsciente y esperarlo.
• A partir de este momento se puede suponer que lo
inconsciente y el discurso como lazo social se repliegan el
uno sobre el otro. Así, diríamos que lo inconsciente, por ser *
agujero y serie, separa y une. No hay inconsciente para Sepultado bajo el desgaste de la palabra, lo inconsciente
cada uno ni para todos; lo inconsciente corresponde más nos es hoy demasiado conocidocomo para despertar asom-
bien al entre-dos, al par ordenado de un dicho y su serie." bro, Lo inconsciente ha dejado de ser lo extraño que

*
8 Un texto notable de H. Poincaré (citado por J.-C. Pont en La
Pero no basta compartir lo inconsciente en la experiencia, topologie algébrique, des origines el Poincaré, P.U.F., pág. 64) nos
es preciso además plantearlo y preservar su paradoja en la revela el alcance del acto de nombrar: "Casi siempre. basta una
teoría. Al principio Freud lo plantea con el inaudito gesto palabra bien elegida para hacer desaparecer las exce~ctones a que
daban lugar las reglas enunciadas,en el antiguo ~enguaJ?; pa~a es? se
teórico de llamar inconsciente a una aporía, aquella en la imaginaron las cantidades negativas, las cantidades tmagtnarll~s,
los puntos al infinito y vaya a saber qué otras cosas. Y las excepcro-
nes, no lo olvidemos, son perjudiciales porque ocultan las leyes.
7 Esta manera de considerar lo inconsciente como una instancia
"Pues bien este es uno de los rasgos por los que se reconocen los
psíquica común al nnulizante y al psicoanalista es una hipótesis que hechos de grun rendimiento. El hecho bruto carece en ocasiones de
sostuve por primera vez en 1976. Desde entonces no cesé de gran interés, y muchas veces s,e 10 señaló si~ haber prestado gran
reformulnr la misma tesis, pero tomada a partir de diferentes servicio a la ciencia; sólo adquiere valor el dia en que ~n pe,nsador
ángulos. Ella se opone a la idea habitual que concibe 10 inconsciente más listo descubre la aproximación que pone en eoidencia y la

.,,
como una instancia individual propia de cada uno. (Nota de 1993.)
simboliza por medio de una palabra. "

62 UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA 63
RIRI I()TJ=r.A r.¡::NTI:1AI
~~--- -- - ------------------'~ ....-

inquieta. Para llegar al asombro que hace pensar, a la


sorpresa que anima el acto, tal vez sería preciso -sin
vergüenza- fingir -aunque sólofuera por un instante-
no haber oído jamás pronunciar esta palabra ... incons-
ciente.
¿Pero cómo hablar de lo inconsciente sin que nuestra
palabra resulte demasiado vaga ni demasiado afirmativa?
¿Cómohablar esperando que haya relanzamiento en el
Otro, en el lector silencioso?
Por ello, extremando las cosas, no pidan a ningún
analista que les hable de su experiencia sino que, al hablar
-con una lengua titubeante, quebrada de acentos-,
haga experiencia, haga transferencia. Nos haría saber de
este modoque una verdad lo ha alcanzado y que ahora, sin Ética de un atolladero: el analista
proponérselo, la confia a nuestro olvido. A nosotros nos entre saber y sufrimiento*
toca soñar. En una palabra, el analista transmite. Trans-
mitir es disponer, proponer el decir a la represión del
lector; decir y dejar que el olvidovuelva en forma de un
dichonuevo.
A partir de este momento el principio ético de "no ceder
en el deseo"se continúa en este otro que les propongo:

No protegerse del olvido

*
Ala pregunta que nos sigue desde el comienzo,¿qué ocurre
conel decir una vez dicho?,lo inconsciente no puede ser la
respuesta ya que él mismo es pregunta. Si este lugar * Este texto fue presentado en el congreso de Roma (1974). La
imposible de decir conduce a decir, de igual modo.esa numerosa asistencia me había inspirado entonces estas frases
introductorias: "Que hoy seamos tantos aquí, en Roma, no es signo
pregunta a la que es imposible responder nos impulsa a de algún triunfo de la razón analítica sino más bien s~~nod~ que el
construir este texto. Que quede, pues, comosu frase final: Mentidoen su obra monstruosa de volverlo todo familiar, tiende a
¿Qué es el decir una vez dicho, la palabra una vez nrrastr~rnos hacia la apariencia de una praxis en detrimento de otra
cantada? ¿Qué ocurre con el sueño una vez soñado? más auténtica más exigente, precisamente, de una razón. Digamos
solamente que'si el pionero, el que abre el camino, goza del número,
luego,más tarde, en la cima del infinito, es el número el que goza de
nosotros. Estas afirmaciones, ustedes lo reconocerán, son de orden
[Traducción de la versión original: Victor Goldstein. Traduc-
ético."
ción de la nueva versión: Irene Agoff.]

64
II
: I

La fenétre et le mur ont gardé


leur place
les arbres et la montagne ont
gardé leur place
le ciel et la terre ont gardé leur
place
mais moi je ne peux regagner
ma place.*

Henri Michaux

* "La ventana y la pared conservaronsu lugar /los árboles y la


montaña conservaron su lugar / el cieloy la tierra conservaron su
lugar / pero yo no puedorecobrar mi lugar."
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'1' III
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" I
TIEMPO DEL DECIR

¿Cómo puede interesarse el


analista por la verdad si no es
interesado ya por ella?

Tan pronto como se accede al análisis y a lo largo de toda


lu cura, la palabra del analizante es capaz de crear e
instaurar lo real. Lejos de limitarse a dar sentido, el
lenguaje que habita el espacio analítico trabaja, funda
lugares y difunde efectos. En la masa significante, un decir
.Y uno solo, cual un acontecimiento, marca el encuentro de
dos efectos decisivos para la experiencia analítica: el sufrí-
m iento y el sujeto de lo inconsciente. Juntos constituyen lo
real de todo análisis y confirman esta experiencia como
lazo social. Es decir que hará falta cierto goce llamado
sufrimiento y un sujeto distinto del que habla para recono-
rer que, allí donde se señala un decir, algo común se teje
I'ntre el analista y el analizante. _,. '- -' I

69
Decir para crear real Presentamos un acto sin que
y, al mismo tiempo, exiliarse de él en ese mismo instante podamos reconocernos
como sujetos del acto
Ahora bien, ¿qué significa para el psicoanálisis consi~e-
rar el lenguaje como poder de creación de lo re~l, es decir, Dos conceptos van a explicar esta antinomia propia del
de puesta en acto de lo que ya no es len~uaJe? ¿A qu.é acto del decir: sujeto y sufrimiento. Pero, para acceder a
experiencia remiten los términos de sujeto, de sufrí- ellos, volvamos al decir. Decíamos que el decir está solo,
que es un acto aislado en el enunciado del analizante. Acto
miento?
Lo real analítico, indispensable al lazo del análisis para que, sin embargo, no podría ser acto si no se mantuviera
que sea verdaderamente un lazo, es ~l lugar del que ligado al conjunto reprimido de otros significantes. 1
analista y analizante permanecen excluidos. Pues, para- Pues el analizante, con su dicho, introduce sin saberlo
un saber distinto y actualiza el resto de los significantes
dójicamente, esa cosa común entre los participantes de la
inconscientes. Aquí, en esta referencia de un decir a un
cura resulta ser para ellos el lugar de una mutua exclu-
saber otro, podemos descubrir que el sujeto que habla no
sión. Así, en contra de cualquier intuición, analizante y
es el mismo que el que es hablado; que el sujeto se
psicoanalista están fuera del análisis, excluidos de la obra engendra, desgarrado entre un decir que lo significa y un
que ellos mismos ejecutan, uno hablando, el otro con un saber inconsciente en el que se pierde. Así pues, el sujeto
silencio sembrado de decires. se realiza inacabado en el momento en que la repetición de
Pero no por estar excluidos intentarán volver al lugar de los significantes reprimidos cierra el círculo con la apari-
su exilio. Todo lo contrario: su condición de seres que ción de un nuevo decir. Tras lo cual, de cada ciclo repetitivo
hablan, que cambian con cada nuevo decir, l?s obliga a nace un sujeto que se desvanece en lo real mientras queda
evitar el retorno a lo real, que permanece inmutable. fijado por el decir. Sufriendo la marca del retorno de lo
Están excluidos y les importa estarlo. reprimido, y constituido al mismo tiempo en real, el sujeto
En efecto, hay algo de real marcado por el acto, y luego, se presenta entonces dividido: está representado por el
frente a la tendencia de ir hacia él, tenemos el empeño del decir y, en otro aspecto, va más allá de su representación.
decir que nos mantiene a.fuera. 1:a palabra ~xpe~encia En suma, el sujeto a la vez está y no está en nosotros.
adquiere entonces un sentido preCISO:la experiencra es la ¿Cómo explicar de otro modo que en cuanto seres
resistencia que el ser hablante, analista o no, opone a lo hablantes seamos el sujeto singular que adviene con el
real para no confundirse con él; resistencia que el. ser neto, y que, sin embargo, estemos fuera de este acto?
opone a lo real gracias a un decir que él mismo no domina. ¡,Cómo explicar que presentemos el acto sin poder en ese
Hacer un análisis significa animar este pasaje que va de la mismo instante reconocernos como sujetos del acto? La
palabra, cambiante y repetitiva, a lo real siempre id~~tico, paradoja es que somos el sujeto del acto, y que esto
En síntesis, decir para crear lo real y a la vez para exiliarse sígnificaque no somos, que el "somos", cuando acontece un
de él. neto, es pura ilusión.
Ahora bien, el poder de un decir no se agota en la
*
1 Cf. nuestro capítulo precedente, "El olvido o lo inconsciente por

vunir", págs. 51-97.

70 71
realización de un nuevo sujeto, y el decir no expira en su representar el sexo, en el sentido de que no puede haber
relación con el saber inconsciente; también alcanza al conexión entre un significante así llamado sexual, que no
cuerpo. ¿De qué manera? Trabajándolo, sujetándolo, existe, y los otros significantes.s Lo que era posible para el
atándolo, de la misma manera en que una función amarra sujeto supuesto en el acto, es decir, ser significado por el
una variable que de lo contrario sería disparatada o significante, es imposible para el sexo: el sexo no es
inexistente. "Inexistente", esta es la palabra adecuada significable. Los significantes, empero, articulados como 1/1
para nombrar uno de los dos estados del cuerpo cuando un saber, delimitan e indican el lugar del sexo, pero
todavía no ha sido azotado por el decir. Este estado, siempre sin poder nombrarlo. .J
supuesto en realidad, es goce que llamamos sufrimiento. Ahora bien, si en lugar de considerar el sexo como
: 1I
resistent~sa~erlinvertimo~ el movin.1Íe~to y configura-
, 11I
* mos el saoer como encadenamiento de significantes que en
vano pretenden asi_!:.~l§_~xo.2 nos será fácil admitir que la
El sexo, como falta, a~seI}ci~ de un sii[llificante sexual gue si.!Q1ificaríael.~.~!Q.,
causa el saber inconsciente TaTh1.t~ne:etPQ,ª~_!.ae una causal ~lflesgaste iel

111
¿Pero por qué servirnos de este término, sufrimiento, con
riesgo de caer en lo patético o de hacer mala fenome-
nología? Ocurre que, a pesar de su resonancia, la palabra
sufrimiento no concierne ni al dolor del síntoma ni a
\~~;~~!~~f~~~!
de desear, sufre y por consiguiente se presenta asimilable
al estado disperso del cuerpo?
ningún tipo de desgarramiento moral; se aplica a una Resumiendo, al .!,._echazarel sexo Q:u.eél no ;puede signifi-
dimensión del goce distinta de aquella que, puntual, es
car, el saber ~~~lve a encon!!,~19 S9.mo su Ero;piiicaü'SaY,
provocada por el síntoma. La palabra sufrimiento señala
opuestamente, la:raYfá(feT'séxoatrae hacia §Ü~.5.t.e.sab.e.r..Y
ante todo un hecho: que el ser hablante sufre, sí, de ser despierta el goce-aeTlmpu!so'ae'cóIiñarro:r
,)sexuado. Sin embargo, esta frase, aunque justa, exige •.__ "'.'.__'_'._._ •• ".'_~"_"•••
- ....-.' ,,-
....
-~ ··_·
... 6 ~_ -' -..__ .....,.-.." ....~~ ••
__--""-~\-_.- •

! hacer algunas distinciones, pues el verbo "sufrir", si se lo .lt, r \.f\c á".. \ ~- \1


conjuga como intransitivo, insinúa que el ser sufre pasiva- ¡_'
~. \ *~~ 11
't:'
~<t t;,(
.. ' 'OH
,
\;,

(1) mente la dura prueba del sexo cuando en realidad no son


: los sujetos los que sufren sino el saber. * *
, Entendámonos, basta un acto para que el cuerpo sea y
se muestre simultáneamente sexo y sufrimiento. Más acá 2 En la sentencia lacaniana "no hay relación sexual", el sexo se
del decir, el sexo es el cuerpo reducido, condensado en un encuentra definido como la ausencia de un significante capaz ~e
exceso cualquiera destinado a la pérdida; y, más allá del significarlo, es decir, capaz ñe decir qué el sexo y por conSlb'111ene es
decir, donde ningún significante ejerce influjo alguno, el cap'líz-aeestablecer una relación con otro significante. Sin embargo,
esta fórmula dice algo más que pensar ~l sexo como la falta de un
sufrimiento es el cuerpo alocadamente dispersado en mil significante sexual. Con su simple y desconcertante "no hay", la
partes. Uno por rechazado y el otro por inasible, sexo y máxima recuerda -por la negativa- una regla irrecusable: ante el
sufrimiento constituyen el cuerpo real para nosotros como agujero del sexo, de la no-relación, cada uno de nosotros, de una
hablantes. y es necesario decirlo y repetirlo: el cuerpo, manera o de otra, se las arregla, se las arregla cOIlel goce.
como además el sujeto de lo inconsciente, no es nuestro. 3 Retengamos este parágrafo; preside las proposici-ones de la
Ahora bien, el saber inconsciente no puede decir ni segunda parte referentes a la función analítica.

72 73
¿Qué deducir de esto?' ¿:-;~ desaparece inmediatamente. Pero no nos engañemos, la
• Que lo real, más que manifestarse, se P~ día tras verdad no tiene la frecuencia de lo cotidiano y, lejos de
día, acto tras acto. - sujetarse al marco de una sesión, a su duración oal período
• Que nuestro cuerpo no subsiste ni se sosti~n1d,e que de una cura, se realiza comoun acto según la modalidad de
por el acontecimiento. Entonces, intangible, es real. locontingente y conindependencia del tiempo cronológico:
• Que para nosotros, sujetos hablantes, !_()_r.!l~§..1>uro en la experiencia analítica, el decir es una verdad rara.
sufrimiento producido por la falta del S~lW; y la experien- ¿Pero, cómo aceptar que el decir del analizante sea un
cl:nnrarrtica, un encarnizarnos en el decir paramitigar la acto y que la palabra conmueva, si nos obstinamos en
falta. conservar la antigua distinción aristotélica entre potencia
• Que el saber inconsciente y a través de él los fenóme- y acto, ilustrada por el trabajo de las manos del alfarero
nos de conciencia, están dirigidos por un real que hace que hac~!_l~}l.IEi!'~e la materia una latEl~c.!Uª_JU'_gsenY:?
fracasar todo dominio.En eso reside su vigor:el poder de lo ¿Cómo aceptar qüif1IT-a-cttrffó--se~f un hacer sino que
real es poner una valla al poder. pertenezca al registro del decir, si conservamos a la vez en
• Que finalmente, repitámoslo una vez más, el ser la teoría la muy discutible nociónde "pasaje al acto",según
hablante sufre de ser sexuado./ la cual el analizante pasaría de la palabra a la acción,de la
circunspeccióncortés durante la sesión a la violenciafuera
de ella? No, no existen la palabra y des~~_~s. elª-<;_t9,ni el
* pensamiento y después eTcilé~racto es un aconteci-
* * miento porque está arraigado en el cuerpo hasta hacerlo
existir, y es significante porque supone un sujeto.
La lengua nos interesa De acuerdo. Podemos concebir --como acabamos de
hacerlo- que el acto pertenezca al orden significante. Y,
por su fracaso para decir el sexo sin embargo, lo importante para el psicoanálisis no son los
significantes. Es verdad que constituyen la trama de la
~~frimiento sexual, n el límite del saber, comoel experiencia analítica, pero no su materia. El lenguaje
suféto ividi o, son e ectos dependientes del decir y de- comoorganizaci urdeiiaaa nos"ift~sa solamente en la
muestran que éste es un acto. Pues el decir verdadero sella medida de su racaso ~a decir d.S-~~_Oj.pues es allí donde
y activa lo real del encuentro. Al indicar el lugar del brota el suje o.ToaDsíntóma en análisis deberá ser toma-
sufrimiento no dicho y al producir un sujeto que se le do, pues, co~o un $;ir que ocup~.!lL~itiode la verdad
escapa, el decir se quiebra en acto inacabado. que tiene_el.p_eSD_delumcoñechoverdader· , 1-
Así, este semidecir es enigma, verdad velada y revelada co:q~éer cuer o es imposlo e ue e su'e ieae. De
en el enunciado del analizante, que entreabre lo real y «ste modo, SI os' cantes pueden interesar al
analista, es precisamente porque tienen la capacidad de
4 A primera vista podrá parecer que, poniendobajo la cubierta de excluirnos, aanaIista-y-paciénte; es decir, de convertirnos
lo real tanto la falta de objetocomoel corte del sujeto, todo desapa- p n sujetos, extraños al cuerpo. --- ..... -
rece comoen un pase mágico.Tranquilicémonos:
a) lo real es lo único que sobrevive a todo. Incorregible, nos
somete; subsistente, nos supera;
*
b) ante las mutaciones que le infligimospara modificarlo,lo real ¡,Cómopuede interesarse el analista por la verdad si no es
sigue siendo tenazmente la materia prima, irreductible. interesado ya por ella?

74 75
11
TIEMPO DEL SABER

Que 10 inconsciente cifre


no quiere decir que el analista
descifre: el analista inventa.

El acto del analista: inaugurar la cura

Habiendo partido del decir en la palabra del analizante,


hemos atravesado los lugares de lo imposible y termina-
mos calificando de acto este decir. Sin embargo, hasta este
momento nada vino a caracterizar el lazo analítico, y
menos aún lo que aquí nos ocupa: la función del psicoana-
lista.
Más allá de los artificios de ficción de la escena analítica,
¿qué es lo que hará de este decir, de este acto del saber
inconsciente del analizante, un acto analítico? Y, respecto
de lo real, ¿qué lugar se reservará al sufrimiento sexual?
Está, en primer lugar, lo indispensable. Como sabemos,
para que haya análisis es necesario otro acto, el del
analista. Al enunciar la regla fundamental éste acepta
comenzar la cura y propone al paciente someterse a las

77
torsiones de sus asociaciones y dejarse constituir así como yen el acto se establecen doslugares: el sujeto que adviene
sujeto. y la posición analítica co~o lugar del sexo. ""."
De este modo, al compromiso del analizante de cumplir Referir formalmente significa que la verdad - ígítur
con la tarea de hablar, le corresponde el compromiso del del saber inconsciente- indica el lugar del rechazo, la
analista de inaugurar la cura. Pero si el primero se aban- parte de sufrimiento. Lo cual no significa que el decir
dona a cierta dimisión, el segundo, al garantizar y llevar a verdadero sea capaz de nombrar al sexo(ode representar-
término el proceso analítico, se expone al riesgo de no ser lo),sino que se limita a localizarloy a circ~nscribirlo como
más que una cosa, un instrumento. agujero inaccesible. Por otra parte, y reclpr~camente, es
En tanto que la inauguración de la cura por el contrato este agujero del sexo el que, excentrado, amma el saber
nos sitúa en el registro de las correspondencias y del inconsciente en un movimiento por el que la verdad se
acuerdo, lo que importa son las implicaciones estructura- renueva.
les de este gesto primero. Mudas, dichas implicaciones El ciclode la repetición está, pues, abierto, y también la
constituirán la matriz formal de la experiencia analítica, posibilidad de emergencia del sujeto de ~oinconsciente,
es decir que harán de soporte a la producción de síntomas, dispersado en tantos fragmentos comodecires verdaderos
de actos significantes. El discurso analítico no será enton- se produzcan. . . . .,
ces la relación entre el psicoanalista y el paciente, sino la Que haya sufrimiento es, por consiguiente, la con?iclOn
estructura de lugares que se organiza a partir del acto del acto analítico e, inversamente, el acto es índice de
inaugural de iniciar la cura. sufrimiento.
.Se nos plantea entonces la cuestión de saber de qué La función del psicoanalista será, justamente, ésta: ser
modo se inserta en esta estructura el psicoanalista, y ese real denso, ese sufrimiento inasimilable a través del
particularmente cómo pone en juego su condición de sujeto cual los síntomas, en tanto verdades, se repiten en acto.
cuando tiene que cumplir su papel de analista en el
momento en que el acto analítico (el decir del analizante)
instituye el lugar del psicoanalista. *
* *
* Pero el sufrimiento no pertenece a nadie; es atopía. Es
goceflotante, errante en elinterior de cuatro paredes; .goce
La verdad del analizante de las paredes y no de los sujetos: no son. los sujetos
hace existir la posición del psicoanalista quienes gozan." El goce atraviesa al anahzante, y el
como lugar vacante del sexo analista, por su parte, permanece en el umbral para no
zozobrar.
El decir verdadero, localizado en la demanda del
analizante, constituye un acto no solamente por determi-
5 El sujeto se encuentra en el medio,entre el cuerpoque ~oza y el
nar, como veíamos, dos resultados, el del sufrimiento
J.!oceque se instala. Curiosamente, el hecho de.9~e el sujeto sea
sexual y el del sujeto de loinconsciente. El decir verdadero rochazado hacia los bordes del goce es la condiciónpara que un
es también un acto porque refiereformalmente el lugar del cuerpo, al gozar, se humanice. El cuerpo goza sin el sujeto; sólo
analista a la sede del sufrimiento sexual. Es decir que con ontoncespuede pertenecer al sujeto.

78 79
No es al analista a quien se dirige el saber inconsciente ~n resumen, la especificidadde la experiencia analítica
del que habla; su mensaje no tiene destinatario. Lo que el res~de en la circunstancia siguiente: que la aserción del
saber quiere alcanzar es el lugar analítico, y lo que invoca decir verdad.erodel analizante remite al analista al punto
es lo real. en que el sujeto no encuentra representación sexual sino
s~fr.imiento, y donde toda relación posible entre
significantes sexuales se revela inexistente.
* ¿Cómopuede el analista ocupar entonces su sillón sin
Hacer
del quedar reducido al mutismo de la estructura del discurso
analista analíti~o?¿Cómoestar presente en este sitio que noes sino
Posición au~encIa?y! final~ente, ¿cómoaceptar el papel de deposi-
del tario de un incoerciblesufrimiento?

I
l~saber
n~ons-
cíente
Est~s contradic~íones se ejercen; surgen a partir del
v~,redICto~ y~ descnpto, d~ la verdad: que analista y posi-
cion no coinciden,Dependientes de una lógicainflexible,la
~e la.verdad, estas contradiccionesdibujan una oscilación
1 __ --- infinita que el analista sigue en algunos casos, pero a la
analista que ?~ resiste siempre. En última instancia, la praxis
analítica puede definirse comoel ejerciciode estas contra-
dicciones. ~
Practicar el análisis es, en efecto,oscilar entre ponerse)?
Aquí interviene la verdad. Al señalar el sitio del sufri- a la escucha sin dejar de ser sujeto, y encontrarse anulado,
miento sexual, la verdad distingue radicalmente la posi- convertido en cosa.
ción analítica, por un lado y, por el otro, la persona del Así, a la pregunta: ¿cuál es la prueba de que un acto es
psicoanalista. Es decir que la obra de la verdad es suscitar un acto analítico?, responderemos:para saber si un acto es
una contradicción entre el analista y el lugar que ella le analítico o no, observaremos cómo §JL§El!!}!l_!a el analista
confiere; y a la vez lo enfrenta con su propia castración.
Dichoen otros términos, la verdad en el analizante revela _--~-_..--_.
con lo real del lugar que dicho acto le asigna:-------------'
-_ .._~--
.. "_. ~
que el analista no alcanza la función que le corresponde.
Verdad, no pide ni exige que se acceda a ella. Por el *
contrario, se trata de recibirla, de asumir sus efectos y, * *
singularmente, de verse desalojado como analista .de su
ser dividido, y empujado a ocupar lo imposible. Lapresen- Ahora bien, si el sujeto es lo que afirmamos, es decir, si
cia en acto de la verdad es al fin de cuentas separación: ella l'~t¡Í partido, desplazado, disponiendo de medios impro-
corta y separa al analista de su posición. plO~ frente a lo real, cabe esperar que nosotros, los psicoa-
Frente al acto, el psicoanalista despojado de sus recur- nnlistas, nos situaremos en una posición igualmente
sos habituales y de sus suplencias es literalmente arras- uxcentrada frente al sufrimiento.
trado a convertirlo en el instrumento, en el motor sexual
de la cura. En el momento del acto del analizante, él es El psicoanalista, pues, instalado en una relación sub-
vertida con un sufrimiento extraño que ha ocupado su
cosa y nada más.
80 XI
~--,,-----._---- ---- ------._-- - _._-------------_- _--

/
lugar, descubre que, alnq~u~.~!_r~02este sll:fri!!lientono El hacer no es eJ...ac.4!
le.es desconocido. Es e mismo queio abrumaba ya como y el ac~!!.!!!!!:!:!!)
anaTiZaIiteY que, ahora que resurge en el decir de su
paciente, se pone de nuevo frente a él, en bloque, inquie- Forzado,rechazado, ni adentro ni afuera el analista no es
tante. más que un,~?nado aloreal. A través'de su~s, de ,1'\
He aquí una primera dificultad. El lugar del psicoanalis- sus I?_~n~.~IeI?:.tos-;aes~9J.eI'ÍlO inclusive, va tejiéndose la ,')._
ta, sede de un sufrimiento antiguo y actual, se confunde fr~nJa meataiite la cuál se Une a los contornos del sufri- ,.¿'
con el trabajo de la escucha. miento que surge con la repetición del saber analizante.) ,
El analista es, ciertamente, un sujeto deseante. Pero tal El ~~~er~d~tpsicoa.na!ist!les precisamente estafhiñja ¡ ,j
aseveración no nos sirve para nada si no se aclara lo de d*ªQUHlªgJY_<le resistencia para Ilo_identificarsecon lo ,\' .\' f
siguiente: ~eal, real hac!a el cual, sin embargo, el acto analítico \.,,,,.1'
• Que autorizarse a ser analista fue un compromiso intenta e~pu~lo (véase nuestra figura de pagina 80). L
significante y, por lo tanto, también social (comunidad Desde l~ inflexión de su voz cuando interviene, pasando
analítica). Que este compromiso es una expresión de su por los ntos de cortesía, hasta la inquietud de no compren-
confrontación con lo real del sexo y una confirmación de d~r, todo su hacer tendrá valor de recurso frente a las
que es el Otro del analista el que desea y no él. dificultades que le impone lo real." - __ o •• -

• Que él ha sabido medirse con lo real a través de un Sin embargo, estos r~g_ursosno le bastarán para tolerar
oficiodonde el sufrimiento sexual descentra, hace vacilar un sll:frimient<Lill.é!ºmi~i~ra reguIarTaClisÚincía
la menor estabilidad del sujeto. Lo cual vuelve a meterlo que lo..~ª-!:-q_<l~_~1.Si recordani'os"éritorices queIa posición
en el atolladero. del analista esJustamente ese sufrimiento, comprendere-
Diríamos, leyendo tales proposiciones, que el analista mos que, al no poder deli:riiitarIo~--er'áiialistano sabrá
sufre. Sufre, sí, por los recursos a los que apela para no ser l.UIllJ?OCO definir o decir cuál es su _lugar ni cuál es su
sufrimiento y para no ser amo. Pensemos más bien en el luncI.!ID- - ..---.... . -_._.-. ..
cuerpo del analista cuando escucha una palabra histérica. D~ ~lí surge una impotencia que equivale a un nuevo
---'l>" El atolladero se va definiendo: ni sufrimiento ni dominio. sufrimiento: un gº.cee_n.~l_gQce.
Lo real con que el psicoanalista tendrá que enfrentarse Pero el "hacer" es más que impotencia. Es también el
será entonces un real que lo afecta en su ejercicio,cierta- terreno de 1 . tificaciones y, con ellas, el surgimiento
-mente, pero que además lo involucra comosujeto. 1'11 acto d un estilo.
! ¿Cómohacer hablar al saber inconsciente sin ser puro P~es en esa ~0I?-ade inters~.~~i2na la que confluyen \ "(.>' ~
: goce?¿Cómoocupar el lugar de analista sin dejar de ser I~nahs y sl,lfnm~!llQ;.yª a .surgir;_l_!!!ª_llllidad signi- ~'\ . l' )'_
\ hablante? ¿Ycómopuede el analista. si no es goce. convivir
\ con él?
un.
f~ca?te, SI 5ñfíCanJ:~.~!-.l!..~I~.q~e.~!.~alis_t~h~
Será e}est~lQ .~.~uE.
J.., \.,"~-
sll.Je~que pretende ser analisfáó, para! .1'
Iwrmas preCISOS, ~Iestilo de esta pretensión. l'
--_ '---,.,.__ - .._~._._-'-'-""- -,~~-
.-.~.

* ro Hay un hacer al qu.e.e~ psicoanalista se entrega habitualmente,)


* * ..1de hablar de sus análisis fuera de su sillón. Hay principalmente
tl'l1~ ~u.ga.
res en los q.ueel.analista habla de su práctica: en su propio ~
nuúlisia, durante las sesiones de supervisión y cuando enseña.

H2 83
\' \..,
c- ') \"
r ,' _¿J

Lo mismo que una mujer, el analista, para evitar ser anali~ta, re~elado como una inv~nción, impr.iminLe.n__ ~J
real, se aferrará a este significante-estilo q.uele permitirá trabajo teónco,lª marca 'de--l-a experiencia: estilo de un
encontrar una base d_tidentificación. Comparación tanto analista. - - - - --- _,,. ' -.-.-- --_,_,_-
~ \ ")'
más legítima cuanto que dos razones suplementarias ha- u_·~·;~
.t brán de confirmar al psicoanalista en una posición femeni-
,-'~':-'na. En primer término, el lugar con el que la mujer *
<>«: tropieza es también el lugar "contra" el cual el analista * *
-~~"~, eligió comprometer su práctica. Ponerse a la escucha fue
,,; 1 su primer paliativo, su primer contacto con este real del
" sufrimiento. Después, segunda razón, al _lograr identifi- El saber sensato del psicoanalista
''J.,j \. carse con un estilo, el analista -como una m]Jjer- se
~uce" a no ser más que@analista. ALest1lo,medida del Que el.lugar del analista se~e~c:ia no significa que él, /
tllnQ) le corresponde así 111medida de la existencia dé! el analista, esté ausente de la experiencia. El problema es
analista. Por consiguiente, no hay analista universal; no precisamente este "él", con su carga dé narcisismo.
hay "Analista". Así como afirmamos con Lacan que no Lo que hemos denominado "elliacer delanallsta" es
existe La miifor sino que hay mujeres, de la misma manera decir, esa franja intermedia que resulta de Jos eSfue;zos
~ creemos que tan sólo hay ana1iStiii y cada un s un esb o. d~l psico~~lista por asumir la posición analítica, pues
Esto no significa que 'el hacer del psicoanalista es bien, este hacer" es eclipsado por las refracciones del
marcado por un rasgo que lo caracterizaría. El estilo es orden imagi~ario. D,e,s,c,o,n"o, mi,e,n"t",o"" Fon-
" a"pa"sion,a,da q,l~,ee
Cl, •
más que originalidad, algo distinto de una "manera". duce al analista a cree.!'$.~ªl_t.~~anodel acto analítw
Comoveremos más adelante, hablar de estilo en psicoaná- La creencia: he aquí una de las facétas-'(feTsaoer sensa-
to. Pues por el solo hecho de estar allí en cuerpo -y--m--rñiCer
~,~(I,
r lisis (y con respecto al psicoanalista) no puede remitir más
que al saber del analista, y muy part~
inve"UA~:u-.....
ana.lista está obligado a__c!_eer eI!JQ.q_uil_hª-ce.A creer e~ el
oficio con el que está investiilo.1\creeren elpoderde_POcler
_- nvent ésta será la única puesta en ~~~~v ...\.'u preca'\7e~~ede lo real. 7 A creer tamoién,"como-un amo, que
r a ; cQnsonancia efimera donde ~~~tbY._~~~""~~-':'~:l_.~~~ a traves dél saber de la teoría -otra forma de saber
tica coiñCiOenexactamente en acto. ~~ ...w,¡t.w.i1:,,~~~~¡'¡ sensato- podrá lograr que la cura avance. Y a creer
Pero si esta entrada dél'saoer en real es finalmente -lo que engloba todos estos fajos de desconoci-
analista, el saber sobre lo real, el saber sensato, será estilo mi.ento- que el saber es el saber de un sujeto, de él como
~9_tipo-deª~,ista. No ya estilo de un analista sino sujeto, Todas estas variantes del desconocimiento pueden
un 'epilo-fÚ analistc!~:,
Distinto del saber inconsciente, el saber del analista
.7 A la !Iamada del analizante para que descifre su palabra, el
implica estos dos saberes, uno inventado, el otro del orden psicoanalista responde con el silencio. Es entonces cuando cree hacer
del sentido; el saber inventado y-ér saber sensato. Su figu~a de real. Por la negativa finge refrendar el "no soy" al que el
relación mutua es de condicionamiento; la invención surge a!lahz.ante, m~diante su "00 pienso", 10 expulsa. La
negatividad del
del sentido y el sentido se abastece con la invención. De silencio analftico comorespuesta a la demanda del analizan te sería
este mOdose forja un estilo. Ahora bien, éste estilo de pues~ e~ semblante que articula el_de_cir__c:l~l
(sufrimiento) que 1~_~Il\~sa.
anlllizante y lo reai
El silencie es el disfraz de lo real.

84 85
r>;
!~ ).~
.. reunirse bajo la sola denominación de "Suje~o-supuesto- saber sensato es más que la localización de los efectos de
\,)1 'Saber". Aquí, sujeto-supuesto-saber del propio psicoana- sujeto; concierne y depende de lo real de la posición analí-
, lista. tica.
,:;'{ Insistamos: la figura del "sujeto-supuesto-saber" no es
, únicamente la que se esboza en la transferencia del - Con respecto precisamente a ese lugar: sabrá recono-
(~Jl analizante; es también aquella en la que el analista. s.e cer que no le pertenece. Sabrá que es sufrimiento y sabrá
&) apoya para mantenerse simplemente allí, a la escucha. reconocer en él, tanto en el tiempo del acto como al término
\ Pero dar sentido a lo real es demandar un real sensato .. de la cura, el residuo sexual que determina su destino de
... Por lo tanto: el analista demanda. Demandar, para él, es analista.
esperar la sorpresa de lo real, esperar que "algo" resulte en
el curso de la sesión; sabe, sin embargo, que en ese Este saber sobre el carácter sexual de su lugar es la
momento del decir verdadero del acto analítico, él será única 'i'~~.!ID~que.tiene sobre su paciente. Privilegio que
('.) derribado. El psicoanalista ignora el momento de ~apan- He torna impotencia. Impotencia para modificar mediante
cíón delacto; pero, sin desconocer el destino que la verdad el saber sensato la estructura muda del discurso analítico.
Impotencia para manejar lo real mediante un saber "so- V
de este acto le reserva, acecha su .llegada. Conocer este
¡
destino constituye la otra cara contradictoria del saber
.:::;_ sensato. Sobre un fondo de creencia (sujeto-supuesto-sa-
I ber), el analista~~ue el lugar que el acto le asigna será
---.-
hre" lo real. ..'-' - _........ ~ ---

- La última proposición, presupuesta en las tres ante-


( un lugar insostenible .: riores, apunta al saber sensato en sí para decir que es
necesariamente claudicante. Si el psicoanalista es conse-
* cuente con la inconsecuencia relativa el sexo, debe con si- \ /
dorar todo saber "sobre", comenzando por la propia teoría_j
Ahora bien, ¿qué es exactamente lo sensato sabido por el analítica, como un saber defectuoso. I
analista?
Lo que el analista sabe se reduce a cuatro proposiciones: Estas proposiciones, derivadas de un único saber sobre
lo real del sexo, obedecen en cuanto enunciados a la
_ Con respecto a su hacer: sabrá reconocer en él la determinación de aquello de lo que hablan: lo real. Hablan
precariedad de su resistencia para reaccionar contra lo de a.qu~o que las causa. Hablan de lo real que las hace
real del sufrimiento. hablª-!L'Y
El punto en el que se funda la claudicación del saber'
_ Con respecto a la palabra del analizante: sabrá
situar en ella los tropiezos significantes, los momentos del
Iwns.a.
lex~: t.oeJ1__}.a_real.
es tambi ..·.énAl
e.l pun.to... don.d.saber
ca.}.!sar~_l_ ..am
e. se. ....
que nuestro \\ ~
aigaE!e!~!!.de
acto analítico en los que adviene el sujeto de lo inconscien- teori~arfo, lo r~~!_l}utila ~ª~f~.~@!ein~i:ite~}·' . -"
te. En este sentido observemos que, si el hacer del psicoa-
nalista le sirve para contener el sufrimiento, la teoría con "Por eso no hay metalenguaje (Wittgenstein, Lacan), pues 10 real>
que intenta asir lo real será en realidad efecto de este 111 tener la compacidad del vacíoy ser a la vez causa y objeto, impide
mismo real que ella pretende circunscribir.' ¿Qué real es que el discurso gire en círculo vicioso,le impide causarse a sí mismo,
éste? Lo real de su propio lugar de analista. En este caso el ¡:owr d~.l.aparadoj~

87
Diremos del saber sensato, para resumir: El saber inventado del psicoanalista

• que es una red de signos enlazados por el sentido. I Que lo inconsciente cifre no quiere decir que el analista
• que aun si asume ras-rorIÍÚis"qué-1iémos'ñieüCionado
(creencia y conceptos), lo cierto es que:
descifre: el analista
----_._._.inventa.
, .. _---
Al ocupar el sillón, el psicoanalista inaugura la sesión
a) el saber sensato no habla sino de lo real del sexo' dispuesto a acompañar al paciente en el correr de sus
b) el saber sensato que
pretende delimitar lo reál; en asociaciones, a adivinar el sentido de un sueño o incluso a
definitiva está determinado por él. responder a tal o cual demanda del analizante. Y, sin
embargo, en el momento del acto analítico, la verdad lo
Decir que el psicoanalista es doblemente impotente, sorprende, acribillando el sentido que hasta entonces do-\
primero por estar e;1C.iliadc:>__i.n.
$itu y luego por no poder minaba. El saber sensato y la teoría se disgregan y el)
rectificar su dislocación, ¿no significa remitirse a la "mo- analista, perturbado, olvida, se olvida. Como SI al escu-
destia de la razón" analítica, a un prudente escepticismo?" char, esto es, al recibir el impacto del decir verdadero, no
supiese ya nada. --
* El sentido, trastocado por la verdad, reaparecerá sin
El interrogante entonces sería: ¿p~r \!_' ber? La res- embargo bajo la forma de un_~~~~rteórico que preparaba
puesta es clara: el analista advierte ue TJ:..C!P-Uf!_q!!lJ-o
saber al analista para \Ina nueva improYi~_~ªón.Se condensa aé
que está condenado al saber para mi igar el malestar e este modo tina amalgama contradictona~~-
equilibrio inestable cuando debe ocupar su lugar; que, presat de sapiente anticipación y olvido preparanda.el
contrariamente a la idea de un instrumento manipulable, momento.aaprevisible de .~najI!.y~gciÓnJ
el saber es manipulación en la que el analista se disuelve; Trastocado el saber sensato, el impacto de la verdad y el ,"-
que si "lo real no es para ser sabido" sino para ser soporta- olvido que embargan al analistason las condiciones para ( ,)o-~
do, precisamente sólo mediante el saber el psicoanalista que emerja en éste otro saber, un saber inventado. En este )
logrará ajust~.se.a. _él;.re.~!!mit.}nd~, en su práctica, el punto, el psicoanalista, airast~do re . cide,
fugaz, con su posición analítica: oca 1sufrimiento.
psicoanalista ~~~ a P..ll!!!!r dJ}¿t "!:!:~
Sin embargo, sioien es ciertOque el sentido incita a A~%I_"~nClaaelsa15~rsénSato, sería imposi e trabajar
estesaberínvéntado,e~lfuiie»_~~~~a.y_~~~~~~b~a.Se
saber, existe otro saber todavía más constrictivo: el saber
inventado. '_ afirma comoverdad del analista y se actualiza en un decir
verdadero. De manera que si el saber in{!~_!t.t_cylQ
y el saber
* sensato entran bajo la denominación general de saber del
* * analista, solamente el primero se encuentra en postura de \
9 Permanecer en la experiencia del acto (fenómeno) criticar al
verdad. ¿Qué significa esto? Significa que el saber inven ta - \
nihilismo desalentador y dogmático y respetar el obstáculo como do se manifiesta en un acto que certifica la emergencia de )
estado productivo, tajes eran los principios de la escuela de Jos un sujeto y anuncia el arribo de otro acto. ./ \
antiguos escépticos. En este sentido preciso -distintodel de imagi-
nar al escéptico confinado en la duda y en la indiferencia- el
~ª inven~n es, por l~a~~, la prueba eminente de que \,'
un análisis está en curso. . n __ - • /

psicoanalista sería un escéptico y el psicoanálisis un ejercicio 'del ------.,_-~._-~-",.-._~--


-'-"_--.,. ,///

31ollª~ .
*
88 89
Una figura del saber inventado: La invención-interpretación es un acto porque transfor-
la interpretación del psicoanalista ma, sacude-lo real. .0.

Pero-perñlañeU:amos del lado del.síllán, ~a..q.l.le,más


No es en teoría donde la dicotomía de los dos saberes que intervenirv máa.que hablar, er8nalistaes.cribe)_
sensato e inventado se realiza. De hecho, sólo en la propia Aquí, sabery verdadjpierden su efímera identidad y se
realidad de las sesiones la verdad del analizante produce separan. -.----- ..
la escisión. Al separar al analista de su lugar, esta verdad
quiebra el saber sensato y suscita la invención de un nuevo
saber.
\ Dicho en otros términos, en el instante en que se la
enuncia, la verdad del analizante provoca en el analista la . ,,
invención de un saber inesperado.chasta que saberdel
analista y verdaddel analizante se' identifican. - -
-i\Sí, estamos en condiciones de afirmar que en ese)
momento -y sólo en ese.momento-.. 19,_.I!.~rgªªofk-!pacien(e
~i !~b:~!~~::~~~I~~~Oy
~o
~eraa~a~_confunden en
es porque analista y rea que an aquí en concordan-
cia, mientras que por lo general están profundamente
disociados.
La identificación saber-verdad se basa también en el
hecho de que ambos brotan súbitamente de las tentativas
de yugular lo real. Un real, recordémoslo, cada vez común
y ajeno al analista y al analizante. Saber y verdad conver-
gen en la novedad de este ~ insólito co~al
analizante y al analista, uno de ~y el otro de inventl:i.1.
De esta convergencia resulta la mterpretac_i:Q,n.Precise-
mos que la interpretación no es un descurado, que el
analista no descifra. ¿Cuál será entonces su objetivo?
¿Comprender? No. ¿Inventar el saber coIp._Q verdad? Sí. Al
no resistir ya a lo real, el psicoanalista~iarite la
interpretación-invención, reencuentra el saber analizante
y por este efecto se crea lo real del sujeto de lo inconsciente.

10 Este borde de contacto entre verdad y saber correspondería en


topología al gollete de la botella ~e .~lein; expresado en otros t~mi-
nos, ~aber se encuentra en pOS1ClOn de verdad) ~ I '1 \
90 ~_ .._--- _.-.-.... - _._~_._-___./ S;j
\; ) 91
111
TIEMPO DE ESCRIBIR

E.lJ!cto en. e..


l se.r.ha.....
b.la.nte se
( captáwscribiéndolo_. ."....
es dear,-graélas~a-~~
el acto está en la escritura del
acto.

La letra, goce del analista

Es en la m...aterialidad _~~l_~i~.!!icJmtedonde el saber y la


verdadse separan. Al decir de la verdad en el paciente se
agrega, como contrapunto, la escrituradel.saberínventa-
do ~~!.Juuilista. '._. _.. --
La voz para decir, la letra para escribir son tan reales
como el sufrimiento. Son materia. Cristalizado en la voz
cuando la verdad es dicha a medias, lo real abre un círculo
que se cierra cuando reaparece precipitado en la letra. Si
la verdad es dicha, el saber, en cambio, traza y delimita
con el escrito el contorno de un abismo que fascina al
analista, el del sufrimiento. En la materialidad del trazo
escrito se concentra un goce singular, específico del psi-
coanalista.

93
·..
\l
\~/
"Lo real, dice Lacan, tiende a volver al mismo lugar."
el ser hahlarrte sécápf escn le
-: ,_...- ~r~~

solamente en la escritur ' odrá ser leído el acto. 1acto en


, r, gracias a I
Retorno que se verifica en este círculo que la voz abre y la
letra cierra. La letra vuelve al mismo lugar que la voz. Así otro..!-ct~cto ~~,!~,
~,!~}ª-:~ª_c¿~turadel acto. t:
j'Y~ ("<'
pues, el analista acompaña esta tendencia de lo real con su La Tetra VIene a imprmnr la con mgencia e la inven-' .: ..'
.., ción que, por esta razón, cae en lo necesario de la escri tura.
cuerpo, y especialmente con la mano que escribe. !

r,,,'
"
Escribir es inscribir ese saber inventado y también La invención se neutraliza entonces en la trama del escri- '1
frecuentar lo real mediante acercamientos reiterados, aun too D~~,~~~o_~o.gl:l~d~á"más q?e.!~.!~#il···' !}.ct~(A

cuando ello implique un gasto. La letra será entonces la Pero aun .liara ~alta la. cáducidad de la letra para
transposición de los costos que el psicoanalista, en pugna relanzar la invención. Mejor aún: el saber se inventa
con lo real, ha debido pagar con su cuerpo. Si se escribe lo también escribiendo.
que se inventa, inventar, a su vez, cuesta el goce de Así pues, el escrito es un acto en la medida en que hace
escribir. Ayuda a entenderlo el hecho de que ese goce de saber, pero, además, es cierre en
vol~~~.~Q!!.\ -'--' _... ...- ..,.
Ta-meoIdaen
que'
desgaste no es el goce irreductible que acosaba al analista.
Este goce se mantiene contenido, puntual en la grafia, El psicoanalista reaIiza, entonces tres actos fundamen-
como si la materia literal le impidiera desbordarse y lo tales que ..acoñi~ la lógica de la cura: el primero era el
redujera al trazo de escritura. ~cUr-de~JLJ,augür_ar ha cur . ra hay otros dos, el de
Escribir el saber será entonces dejar fluir en la letra el inventar )un saber y e e escribi la invención.
goce inherente al trabajo analítico. Cuando escriba para
tener asido un sufrimiento intangible, el analista produci-
rá ese otro goce que para nosotros derivaba de la impo- *
tencia. * *
El psicoanalista escribe para liberarse, por "higiene". Su
goce es goce de la letra. Escribe siempre, y siempre a pesar
de sí. En una sola palabra, el escrito es el exutorio del El estilo, ser del analista
analista.
Paradoja: al esquivar lo real de su lugar, el analista se De l~ letra hemos dicho su materia de goce, pero tiene ~ '.
lanza, mediante la invención, a lo real de la escritura, también otro aspecto, el del estilo. .. {'~
cuerpo mediante. 11 El saber inventado;'evanescente, recuperado después ~.<
¿Pero, qué es lo que escribe? ¿Un texto? ¿Este texto? No. en la red de la escritura, deja en ésta sin embargo la huella ..
Escribe las repercusiones en lo real del acto analítico, Q sea de su constitución, el matiz de una diferencia. Esta \\'
la invención que viene a decirse en él, pues aun cuando r~~emoración deunainvención pasada y esta actualiza-
transcriba textualmente la palabra del analizante lo hará ClO?º_~_\l?__s~f~.I_l?.!~_~t.Joº~
. re ...
p...rese.nteconstituyen una
en un impulso de saber improvisado. unidad slgnlficante, ~ ..' "-'o, • ,-'" •

Ahora bien, si el decir analizante es el acto analítico, si E~ es!ilq~es ~~ eili!2 A~.i~YencióP) y la invención se
su efecto sobre el psicoanalista es someterlo a la invención, escnbE(con estIl,Q.;Con el estIro de un analista particular y
de un tipo particular de analista. -
(1t)R"néChnr nos lo recita: "Un polvillo que cae sobre la mano
Qu~ haya ~na escritura singular sólo se justifica por
ocupndu en trazar el poema, los fulmina, poema y mano". otra smgulandad: aquella por la que cada uno de nosotros

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convierte la defección ~,~~~sunto personal. El
:arSUfes~b:e~::I~~~v=:~~~~:~!~e:~::::~1~
naturaleza del goce. obre el desgarramiento que consti-
tuyó el fin de su propio análisis él pus~ri~,y.1m9.aje:
su decisión de hacerse analista. PraCticar eTpsicoanálisis
es entonces el síntoma que lo sostiene en el marco de un
lazo social, otorgándole una participación definida en un
discurso preciso. En suma, se trata de la norma a la cual él
se somete y, simplemente, de su manera de existir.
~ __ h~~alJJ-º~:r._()._
es~ilo 9.~~~l_~~il{)_~e.suj~~~da-
.!!!~stilo portaaor c!eSl!J.~~1 analista en cuanto tal
..::.- no existe más que practicando, es decir, ofreciéndose a los
j efectos de la verdad dicha en el acto analítico y viéndose Aquiles o el analista*
J. vacilar en ese vaivén ininterrumpido que la práctica cons-
~ tituye. La práctica es estar y no estar en su puesto. E!l esta
~ \\ oscilaci~ proaucir~nv~~ci6~ y u~ es~alcanzará
_~e,
'iórnilnfe ser. E)_jjjiji11.Sta ~_i!fs_t!:~~_ ..~~vencló!i:Y
~stIlo de analIs!!!_. .....-.-
Ahora bien, si la primera inscripción -estilo de sujeto-
es sello puntual, el que surge de la pra:xiS'~sfiI()de
analista- es el sello de una formación y de una ética
determinada que dice lo siguiente: la manera de tener
relación con la verdad es. no abordar~, esperarla a
sabiendas del atolladero en ~os sume.

[Traducción de la versión original: Víctor Fischman e Italo


Manzi. Traducción de la nueva versión: Irene Agoff.]

*En la primera versión de esta obra el presente capítulo llevaba el


título de "La voz y la interpretación". [N. del E.J

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