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HISTORIA MILITAR Y POLITICA DE LA ANTIGUEDAD Y EL MEDIEVO BASIS ey Nero meds A Wasyguerrasdetuego Arqueclogiatde Numancia Elicercoyde. Escipion Buitlesayemiembros amputados Ejereitos yeounoplia celtibericos laure Maho |b clieliplel-)i-\el-lre(-m@ll-)V7i[e) v eet (ere peut Editorial N Capua y Corinto, en ncia, asi como en riqueza fue inferior a Cartago, suvalor y dignidad fu oda. y por lo que res spania. Pues, ella sol aba junto a un eécito de cuarenta mil, y no sololo contuvo, sino que lo golpes con no: ble dureza y le impuso infamantes tratados. Por ttimo, una vex que ya hubo constancia de que era invencible sat que habia destruido Cartago. (Floro,134.1-2; trad 80 e 1. Moreno) Ciertamente, la resistencia de los numantinos a las armas de Roma fue cextraordinaria y la -a un tiempo épica y espantosa~ epopeya de su caida la convirtié en un mito, pero lo cierto es que no fe una excepcién sino un caso especialmente enconado de entre muchos otros de la violentisima conquista de la peninsula ibérica. Sin embargo, la lentitud de la guerra contra Numancia fue tanto una de- mostracidn de la valentia de sus habitantes como, asimismo, de los inconvenientes del earicter de predador del Estado romano: la guerra en Celtiberia implicaba gran peligro y escasa posibilidad de lucro, por lo que apenas habia ineentivo para su conguista. Esta combinacién de molicie ron y audacia cetibérica condujo a una sucesién de desastres para los primeros que convirtié a Nu ‘mancia en un insulto para la opinién pablica romana, La situacion legé a tal extremo que el Senado hubo de recurrir a su mejor general: el reciente conquistador de Cartago, Escipién Emiliano, En Jas proximas paginas estudiaremos las razones que hicieron del pueblo celtibérico un adversario tan temible, la fiscinante historia de su asombrosa resistencia y,finalmente, la muerte sica~ pero inmortalizacién ~en el imaginario colectivo~ de la urbe numantina, wwwadespertaferro-edici 00008 1es.com Indice AL tnportada 8B los = ae celteras y —— Bi. PomaylsCeliberia la ética aganistica 2 hasta la Paz de Gren por Gabriel Sopera ak gor Enrique Barta Raza AGG Numencia y su entarna por Aired sien {EB tiéreitoeinstituciones celtbérens par bert Prez Raia 2D sSeqnd fuera Celtibérica por Fernando Quesada GZ. ts ure Hurontna Resistencia, soso y deride una dd por Eduardo Sencher Morena BZ. Le panapla celtics entre ls silos Vy Ha. 6. por Alberts Loria Resefas de libros Y ademas, introduciand en 4: Un castellano en cart de Tamerin por Borja Petegera een cee «en solemnes bodas,y pretendicndo dos a una, hermosa, padre dela doncella a condicién de que se desposaria con Pe cn res (Conner mn eee) Este episodio sesitiaen 137 . C,, momento en queeeleénsul C. Hostilio Mancino se puso al frente de las operaciones contra Nu- Sec ee acc Se es ee ee ee oe eect! vemos a un orgulloso guerrero numantino, la faria y tensién del one Cee een Ronen ey ‘easco de tipo hispano-caleidico, cuya escasez.en el registro arqueo- permite suponer que solo estaria al alcance de algunos com batientes. Llevava su espalda un escudo, una eaetra circular como Pee et er atrofiadas, con una vaina de hierro decorada con niglado en hilo de Pees pero que aparece también en otras onas de la Peninsula, como esl este un tipo de arma caracterstico de la Celtiberia, ‘aso de los vetones. Sostene un gladiushispaniensis con el que ha amputado la diestraa su anterior duefio, un infortunado romano. Lamano derecha era entretosceltberos, como entre muchas otras ee ees tea ete et ‘Como encargida de sostener el arma, era simbolo dela capacidad mi eee ee een aS) indiea que, cuando"(los numantinos] recibieron laorden de deponer las armas como condicién para un tratado, los birbaros recibieron eee ee PO ee mae tea culo que existia entre un hombre y sus armas, como simbolos de su Virtud, expresada esta en términos fundamentalmente marciales. As, corer eee eee ee eet a ety ‘argen izquienta del Ebro, que se desarmasen, “estehecho les result tan intolerable que muchos se quitaron a vida ellos mismos, pues aquel pueblo indémito estaba convencido de quela vida sin armas no REMI haaiaro neni ett Eonar a ppatan las manos derechas de los cautivosy las consagran als dioses; yencl ambit ibrice encontramos representacionesiconogrificas de Set eee et eee de Litera, Huesca) yen la del Palao en Aleaiiz (Teruel), monumentos tano. Antelasdimensiones del conflict, elSenado envisen el 195a.C,juntoalos We ‘ordinarios pretores, al ejército consular de Marco Porcio Cat8n, quien logré yu- gular este flujo de efverzos. En su ofen- siva, Roma se asoma ya, por primera ee vez, alos bordes mismos del pais celi- cELTICOS bérico con acciones punitivas en ciuda- 3 Callentum. Cordubt % ° des como Segontia (sSigienza, Carbula Gnaeus bole stn vo Lee luntad de ocupacién territorial, Tales Munda, acontecimientos supondrin un aldabo- = iy 2 ee TA Nog nazo decisive en la toma de conciencia de los nuevos tiempos por parte de ambos bandos, Para el Senado, se hace evidente la necesidad de afianzar, como A Nabrisga Garisa B A primera medida, el dominio de Carpe- tania, Por lo que respecta a las ciudades celtibéricas, la amenaza de la progresion. romana es ya tangible. A modo de res- ipla ong "8 Pesala © seo, ons Grippo Orson Ventippa CINETES | if Roma y la Celtiberia 220-179 a. C. CaRistios ye ROS%, gees ae % lia 2, % pnd Go? Uarakos 2 again * PER ON, ? eS Racer Gy, 8S i igieittae lost, % ‘oy ILERGETES os ne fees Ser Be orm LAIETANOS ia! jrowes? COs axt0S Ste zac B contin Sele loons Sr 3 cl nn = a Cor Kaz Termes PReaetao | Belaiska Ie ‘Cortona? pelos" Y Sar tnd oe Ss, y Hispani ia PP sagacis oko Citerior wos sonape-cugmveop nat Sap a etd) eis & ro Lop, EN, "Mg, ad 6 a. C, Can taca Segontia s Trulcg ” Srdgoa j 87 2 C.Acidnaderota alos coberos cerca de Calagurris < are = 2a, C. aco ataca Urbicua ‘Tay si 8. ~ Qi81..C.Flaco derrota a los celiberos cerca de Aebure oatnll ood ? 4 181 a. C. Flaco toma Contrebia Carbica ic Contebia Cura ray 10. Flaco lucha contro lsones UOLCADES? Ongar 180 a. C. Batalla del saltus Maniianus Capen Eaglata Koj 1794 Posi vee pol val l Doral oCérima “ 18a. C Greet Mund, Cértins, Aloe Erotica YO 1792.c. Graco vencea los eliberos en el Mons Chaunus. Libisosa Saltig i Laminio ° = te Ejércitos calibricos en su peiferia “Mentesa Oretana Posible terra coaticién 220. ofetum oS cn cates date A yo Posible torr icin 4 L jvaccens, vetoes, celiberes) Pris oCastulo [7 sia roman, 150 gpule® gsi a | Sasi oe ‘© Mentesa Bastia ‘7: eae . Bi wae a= o RS ‘Z Paonia 02 a> Must © 4 A a ‘oie > uULOS & Bil « ] SF sow £— = Caen f be be Aber : = cisiieeo pania / copagGfflovs . Pes d> fon Pr Hispania ior Pie i uit Qy _ seginEstrabon | E-—~ | F 1 | simu > Vita aren del OPADUM & 05 MDS (ai et Sera, au ras eco ha de exten y fad oe Fes lig W y cms aC Efe el emai sir un ince ydsrucin puch en un morenn que coregndera scampi de Ther emp Gc, se recs inmate on ima ey ici won yf pin de fs mates as, coma cra campzen yl ks de po Dsl Il atanoo div dé endo se produce edad dl. 1 aC lable ciederd con el al ds eras stam. Ty como fan reed as exces alps y com puede sbserase ea imager, enamine ca co res reins nurs concries, qu qt conesuden a sucsis apie del so, nel mar de bs pues Ge Sinamay covet pbaonal que mara aie cb ad en (bbe puesta, los celtiberos ponen en marcha dos iniciativas inteli- {gentes: primero, incentivar la cooperacién con otros pueblos peninsulares ~carpetanos, vacceos, vetones- para generar alianzas defensivas (iruto de previas experiencias en a resis- tencia antipiinica) y, segundo, establecer lineas de defensa avanzada, una “periferia estratégica” (como se la ha denomi- nado} que se apoya por el suren el valle del Tajo y por el este cen la cuenca baja del Ebro, Tales estrategias no lograrin impe- dir, sin embargo, a progresién romana en Carpetania, coro- nada con el sometimiento de Toletum (Toledo) por M. Fulvio Nobilior en 193 0 192. C. (pues las dos referencias de Livioa los combates en la zona -XXXVz7.8 y XXXV.22.7-8- podrian corresponder a un tinico suceso narrado a partir de distintas fuentes, como ya plantearon Gatzfried en 1907 y De Sanctis en 1923), con jidad en la linea hasta, al menos, el 185 a. C, Para empeorar més les cosas, de manera sinmulténea, las fuerzas romsanas avanzan lenta pero inexorablemente re- rmontando el valle del Ebro por su ribera izquierda, para alcan- var ya en la primera mitad de la década su cuenca alta (acciones de Lucio Manlio Acidino en las proximidades de Ca- lagurris en 187 a, C.). Elintento celtibérico de cerrar este co- rredor vial mediante fortificaciones en un cierto ager Auselames (que se encontraba no lejos del Ebro, comto pr Livio) se veria también frustrado al ser asaltados sus oppida por Aulo Terencio Varrén en 183 a. C, Desde la perspective romana, el terrtorio celtibérico comenzaba a perfilarse como tuna peligrosa y anacrénica cua fuera de control que amena- aba, tanto al norte como al su, Jos flancos de las nuevas dveas deexpansicn Junto a fos motivos de naturaleza geoestratégica, el avance romano hacia el interior peninsular debe explicarse,quiza prio- itariamente,considerando las dinamicas socioeconémicas de un Estado que, tras la agénica resolucin de la Segunda Gueera Piinica y ahora crecido con las victorias sobre la Macedonia de Filipo V (Cinoscéfalos, 197 a. C.) y el reino seleticida de Antioco III (Magnesia, diciembre de 190 0 enero de 189 a. C.), estaba emprendiendo en esos mismos anos una decidida politica cde expansion en Italia, con la fandacién, entre otras, de colonias ciudadanas como Puteoliy Pisaurum, y numerosas colonias ka- tinas, caso de Placentia, Cremona, Aquileia, Luca o Luna. Las fuertes presiones de los sectores ecuestres porla apertura de nue~ ‘as oportunidades de explotacién mineraimplantacién comer- cialalo largo del Mediterrineo, se anadian entoncesal interés de Jas dltes senatoriales, que rvalizan entre si poros réitos polit cos y econémicos de las operaciones militares. Para lograr estos objetivos nose escatimaron medios, entre ellos a deportacin de pueblos enteros como os ligures, que coincide en el tiempo (180 a. C}, precisamente, con Ia Primera Guerra Celtibérica. inestal ‘Mas al de estos factores, las circunstancias concretas del estallido de la gran conflagracion hispans (magna bellum en palabras de Livio) del 181 a. C. aparecen muy poco defi- nidas en los autores antiguos. Apiano de Alejandra (histo riador en lengua griega que escribe en el siglo Il d. C.a partir de diferentes fuentes, entre ella Polibio,y ofrece una vers ‘muy esquematica de los sucesos) apunta como detonante la revuelta de los lusones, que ubica entonces junto al Ebro (ber. 42). Por su parte, Tito Livio nos proporciona el relato ‘ms completo en latin (afortunadamtente se conserva el Libro XL, donde se narran los acontecimientos, aunque se ha per dido el principio del Libro XXXIX correspondiente a los acuerdos gracanos), basado en eseritores a los que refiere a veces de forma inespecifica (quidant auctores), si bien men: ciona en ocasiones a los analistas Valerio Antias y Claudio (Cuadrigari, del siglo Ia, C. Pore Livio, el inicio dela guerra se relaciona con la organizacién de una gran alianzs celtibé- rica (que cifra en 35 000 hombres}, vista como una amenaza contra los intereses romanos. Ambas fuentes coinciden, pues, en sefalar a los hispanos como responsables del conflicto, pero esta imputacién debe matizarse considerando todos los elementos que hemos ido planteando parrafos atras. De hecho, Apiano refiere que el problema inicial se debig al ma- lestar de los celtiberos por la fata de tierras, y debemos pre- guntarnos -igual que sucederd en otras ocasiones en el Ambito celtibérico y lusitano, como viene planteando E, Sin- chez Moreno- si tal escasez no era producto dela presién co- onizadora de Roma que, lenta pero inexorablemente, iba privando a las comunidades indigenas de sus vegas mis fér- tiles y de sus mejores prados, obligando a la poblacién origi naria a reubicarse en nuevas ciudades de aluvién, como Complega, en las que convergian grupos heterogéneos de desarraigados que generaban, a su vez, nuevos puntos de ten: sién e inestabilidad regional. in LA PRIMERA GUERRA CELTIBERICA AA diferencia de los previos encuentros armados con los cel tiberos, las campatias de los pretores Quinto Fulvio Flaco (bi- sicamente en el 181 a, C., con algunas acciones menores el aio precedente y un peligroso combate el posterior) y Tiberio Sempronio Graco (sobre todo el 179 a. C., ya que llega tarde a su demarcacién: iniciativas de reorganizacién hasta los p ‘meros meses del 178 a. C.} supondrin ya una verdadera in ‘vasi6n del territorio celtibérico, El staque romano se produjo desde el sur. Partiendo de sus cuartelesinvernales, las legio nes V y VII, las érdenes de Pulvio Flaco, consolidaron po. siciones en torno a Aebura, ciudad con diversas propuestas de localizacion (Talavera, Consuegra, entre otras} en el érea toledana, adonde, una vex mis, acudieron los celtiberos como primera linea de defensa avanzada, Tras la derrota de estos y el saqueo e incendio de su eampamento, Flaco dej6 all una guarnicién y a sus heridos y cruzé Carpetania para golpear yadirectamente las puertas del terrtorio celtibérico mediante st aproximacién a Contrebia (probablemente Carbica, que suele ubicarse, a partir de evidencias numismaticas,en el op- idum de Fosos de Bayona, Villas Viejas, Cuence). Rendida Ja ciudad sin lucha, Flaco introdujo las tropas en el interior para atacar por sorpresa a los refuerzos cetibéricos que, ig- norantes de lo sucedio, acudieron tarde en misién de soco- ro, Desde esta base realizé acciones punitivas diversas, saqueando asentamientos rurales y tomando algunos pobla- dos fortificados hasta que, segin manifestaron sus propios enviados ante el Senado, obtuvo la deditio (rendicién incon- dicional) de la maxima pars Celitberorum. La percepcién de su sucesor en el mando de Hispania Ci- terior no era, desde huego, tan optimista. Graco, designado ya para el cargo, se opuso en Roma @ la retirada del ejreito de Flaco (requisito para a realizacién del desfile trun) ale- ¢gando que solo los cetiberos citeriores,es decir los mas pré~ xximos alos campamentos romanos, habian sido sometidos, en tanto que los més slejados (uiteriores) permanecian en armas. EI Senado opté por la decisién saloménica de licenciar parcialmente alos veteranos de Flaco y enviar, acambio, sup- ‘plementa. Con estas fuerzas reorganizadas en dos legiones se dirigié Graco ala zona de combate, drea ala que llegarfa tarde ‘a causa dela peste en Talia y de problemas para la realizacién de levas. En los meses de espera del 180 aC, todavia en fun- Giblogafa completa en www despertlersm-edcines com a 16 | a Ejército — e instituciones celtibéricos por Alberto Pérez Rubio Universidad Auténoma de Madrid AUNQUE TODAVIA PERSISTE EN EL IMAGINARIO COLECTIVO LOS MITOS SON DIFICILES DE MATAR~ LA IDEA DE UNOS CELTIBEROS PRIMITIVOS, QUE COMBATIRIAN EN LA SEMPITERNA E HISPANICA GUERRILLA, LA INVESTIGACION RECIENTE DIBUJA UN CUADRO MUCHO MAS MATIZADO Y COMPLEJO DE LAS COMUNIDADES QUE LAS FUENTES DENOMINARON CELTIBEROS Y DE SU ORGANIZACION SOCIAL, POLITICA Y MILITAR. a desde el siglo VI.a. C. la arqueologia detecta en las Y tierrasaltas dela meseta oriental y del Sistema Ibérico, alrededor de los cursos altos del ‘Tajo, Jalin y Duero ~ Ja Celtiberia nuclear-, una serie de grupos humanos con deter- minados patrones comunes, como son los pequeitos asentamientos de tipo castrefio,a menudo dotados de murallas, ‘cementerios de cremacidn -algunos de ellos en uso hasta in- Un ARSTOQMTR CELTIBERCO,saedo come tl por vars de fos clemenins de su ati, sopla uma TROMPA DE GUERMA de cerca Se han encontrado umeroses Gemplares de ets itu ints en tenia etic, 2 meas datas de ub en forma de aber ee cag gab, ma sri ‘ao pr brain de ‘des en cap de laa tars ess ais emo pura tena lenenig on esi a farm degra pag esas eal ued edn porn FWA DE JNETEY CABRIO cin cu bik su SAU un apa ipera wa aa pretnald bs abs srs (nk. V3338 ic neo cts De a alia de ta rend da tsi lq ete is enc doses oman 2 scours nds ete, feet, ert de ils de a sn da pre eqar aus tapas Es qi ein tania uma dine nba jl bib, Ps, ero ont snap olga con Quint co, fia nga de gy pata pce seid saber un pan hal queso on un pen demas a 221.3 magn es ue penn drs ees, tia ead cn moins Sires 3s epee is marr le can un aco cee, yo BROOKE Si 2 acs conta en csr gee ii eo impr urine A SLO, uid indore cwen dua Su PAD «dod cei rea de dpi de bs ead as La Tine | y qe dar en fds gai oman os bers mo empkearn vamas mets xis oro e lat dea Casio gue ets ean de ce 0 mater y para pein epaer porn as que ein 2 un al x su ran dea one un eve ret en an SHUN ECUTUK inspiron el que rps ex apg Geis, y imagen preamp dl te que apace os ree de kgwas zeus de ba seen ob Seto, cn wn esquema que conocemos para otros ligares del Medite- rrineo antiguo cuando despunta el estado y se exacerba la dia- Igctica entre o pablicoylo privado. Ls tensiones entre los grupos dlirigentesy otras capas dela poblacién entre seniors ieventus, yeenel seno de ls propias Altes, que debieron intensficarse ante la incesante presin bélica,a veces afloran en los textos, como cuandoen93.. C, en Belgeda el pueblo quemé el consejo (App. {ber 100) 0 cuando las mujeres de Meobriga empujeron a sus hombres ala guerra mientras los maiores aconsejaban mantener la paz (Salust. His, IL82). Bl ejemplo més palmario lo tenemos en Latia, donde los dirigentesentregaron a Escipin 2400 iuvenes que querian auxiliar a Numancia (App. Iber 94). LOS EJERCITOS CELTIBERICOS Lainvestgacin recente ha permit superar ls viejosesquemas noventayochistas que vefan en cltiberosy Iusitanos alos antepa~ sados directos de los guernilleros de la Guerra dela Independencia; actualmente sabemos que podian poner en pie eéritos muy nu- ‘merosos, spaces de coordinar contingentes de varias comunida- des, de combinar diferentes tipos de tropa y de plantar batalla campala laslegiones. Como ha sfialado Quesada la panopliacel- tiberica delossighos I yI1a.C, como bérica, es funcionalmente idéntica ela de otros guerreros dl ambito mediterinen, como los ‘turcophoroihelenisticos los legionarios mesorepublicanos,apta tanto para el combate en formacion cerada como para a escara- muza. Elequipo basico delos nfantescetfbera combinaba ast un arma arrojadiza pesada -pltun solierrewn~con una espada capaz tanto de tajar como de punzar, fiando paral proteccién en un es- coco cireukarde entre $0 y 70 cm dedirnetro~cnett—que, a partic de finales del siglo TT. C, también altemard con eseudos ovales scutemo thureos- Las fuentesindican quelos contingents cetibéricescontaban tanto con infunteria igera como con infanteria de linea y caballe- sa, esta lima en unos porcentajes considerable, icticamente, {os ejécitos celtibéricos no rehnian la batalla campal, sino que ibana ofrecer, como cuando en 181 .C, en Aebura, Carpetania, 2 ojército de una coalicién celtbérica, ue segtin Livi (XL30- 432) eontaba con 35 000 hombres, se desplegé en linea ~acie de- recta~ durante varios dias consecutivos, ala espera de que el propretor Fulvio Haco recogiese el guante, La narracin de este encuentro nos indica que lo cetberosfortfcaban sus campa- _mentos de marcha -Livio habla de un castrum dotad de vallun— ‘ycomo,ante una prevocacién romana, saleron del misma orde- ‘naclamente, primero la caballeria, que servira como pantalla al espliegue dela infanteria, que avan teas recibir una seal. Los Bbiogralie completa en www despetaferro-diimes cam se alo que una historiografa tradicional hareiterado de ‘manera incesante, el ritmo y el progreso de la conquista, romana de Iberia -ahora Hispania no estuvo determi- nado por la ferocidad dela resistencia de los pueblos hispanos 0, Sobre todo, por las cizcunstancias dela politica interior ro- mana y por otros “compromisos" exteriores, especialmente las guerras contra Cartago y Macedonia, Probablementeesasicomo podamos entenderla reanudacién,en 154a, C, delasguerrasen Ja provincia Citerior de Hispania, dado que Roma habia asegu- tad yadefintivamente los Balcanes ys islas del Mediterrineo, dems dela cosa ligu: Solo Cartago, que renacié de sus centzas, se perilaba como una amenaza, Pero, para aplastala definitiva- ‘mente, Roma esperariaasolucionarlos asuntos de Celtiberia. No es casual que la Sey érica (154-152 a, Cen adelante TIGC) se enmarque entre la Tercera Macedénica (171- 168 a. C.) ya Tercera Pinica (149-146a.C). Alo largo de todo el sigh Ila C. Roma solo mantuvo (salvo episodios pantuales} doslegiones en Hispania al mando de sen- dos pretores, uno en la Citerior (para controlar Cetiberia y la ‘Meseta Occidental) y otro en la Ulterior (Lusitania) cuandoen total solia mantener siete en activo, con picos de hasta dace {rece en momentos comola Guerta de Siria contra Antioco (ba- talla de Magnesia, 190 a. C), la IM Macedénica (Pidna, 168 a, C}o lal Pinica (Cartago, 146. C.), Bn momentos ee crisis en Hispania, como la [IGC que tratamos, solo seafadi una le- ‘gin a la Citerios, que pas6 a tener un ejército consolar (para tn total de tes en Hispania) contra un total de cinco o seis en activo en todo el Estado. Es cierto que, de acuerdo con los cil- culos ya antiguos de A. Alzelius, las Hispanias habrian alber- ‘gad dos eérctos consulares, cuatro legiones en total, entre 188 y 168 a. C, pero recientemente F. Cadiou ha mostrado de ma- neta bastante convincente que en el siglo Ia, C. el nimero de «estas se redujo a solo ds, salvo en momentos puntuales como In gran rebelidn del 195, C. (3 en la Citerior y1 en la Ulterior ); en la lIGC (2 Citerior més 1 Ulterior = 3), en la guerra la Guerra Ci La Segunda Guerra Celtibérica por Fernando Quesada Sanz ~ Universidad Auténoma de Madrid EL PRETEXTO ADUCIDO POR ROMA PARA INICIAR LA GUERRA EN CELTIBERIA EN EL 154 A. C. ES PRUEBA DE QUE EL CUARTO DE SIGLO DE PAZ, DESDE LOS ‘TRATADOS ACORDADOS POR EL PROPRETOR TIBERIO SEMPRONIO GRACO EN. 179 A. Cy SOLO FUE UN RESPIRO, PROLONGADO, ESO Si, EN EL PROCESO NATURAL DE EXPANSIONISMO ROMANO, DISCONTINUO E IRREGULAR, PERO IMPARABLE. EN ESAS DECADAS ROMA TUVO LAS MANOS LIBRES PARA LIBRAR OTRAS GUERRAS CONTRA PUEBLOS BARBAROS, COMO ILIRIOS E ISTRIOS EN EL MISMO 179 A. C., 0 SARDOS, CORSOS, LIGU! DALMATAS, PERO SOBRE TODO PARA LIQUIDAR DE UNA VEZ POR TODAS EL REINO DE MACEDONIA, DECADENTE SUCESOR DEL IMPERIO DE ALEJANDRO, EN LA TERCERA GUERRA MACEDONICA DE 171-168 A. C. de Numancia (2+1/2) La prioridad otorgada a Hispania no es comparable pues con la de otras grandes guerras que Roma ‘mantuvo en la misma centuria, ‘Como fuentes para esta guerra, y por orden cronolégico de autor, contamos con algin fragmento miso menos corrompido 1 casi itil del libro XXXV de Polibio, el escritor mas antiguo y ‘mejor informado de todos, ya que vivid a mediados dels, Ha.C. Pero esta parte de sus Historiasesti casi perdida y solo conserva- _mos parrafos dispersos en un manuscritobizantino, la Suda (ci- tado también como obra de un lexicdgrafo lamado Suidas). El siguiente autor es Diodoro de Sicitia (quien escribi, flora, en tomo al 40-30 a. C.), de quien tenemos también pocos parralos desordenados (XXXI. 39-41), quizé tomados de Poibio ajuzgar ppor algunas coincidencias como el uso de la frase “guerra de fuego” para describirla. Tito Livo vivi6 bajo Augusto, hacia el cambio deera,y yaa mis de un siglo delosacontecimientos, pero esta parte de su obra esti tambin perdida (en la prctica desde cl libro XLVI de su Ab Urbe Condita) lo que nos impide contar con su detallada narracidn de acontecimientos. Solo conserva- ‘mos de él algunos escuetisimos restimenes en el Epitome de Fioro (oruit c. 110-120 4.) y en las lamadas Periocas (Perioche. Por tanto, nuestra mejor y tinica fuente de cierta extension es el retrato de Apiano (fort ca. 150 4.C.), quien en su Iberia (Iter 44.47) pudo seguir la obra perdida de Polibio y a Posidonio, ambas fuentes fiables. ¥ esto es casi todo. EL ORIGEN DE LA GUERRA Las fuentes son bastante sobrias a la hora de presentar las ‘causas de la guerra Segeda es una ciudad perteneciente a una tribu celtibera Mamada belos, grande y poderosa, y estaba inscrita en los tratados de Sempronio Graco [mencionads al princi pio]. Esta ciudad forzé a oteas ms pequetias a estable- cerse junto a ella; se rode de unos muros de “Soa par de paca de Grace de 79128 a Calms Gules ibis emer 2 aafar mone pobalsneto pane gag de rs 2 fora con pr ser de iran ens eras comers qu aoa ine ly coo demesta pens de eens el NSPE RRO Samia gy de ras en Sage per empl han apace nos vis ects Las primes anos cia con ee A de tone de SEGEDASENATA arr 215 Cun el model da avacns de bce Hse (arg) y uma mero omar La idea pola y aero el ei nad de ged que puta ce aio en qu jedan su bre en sii ince ye as sinbobs ue adaman ano bu essing, ui acide aun ive oda, ws ra ea eer ~se aeedne con un esadare en fama par aproximadamente cuarenta estadios de circunferencia {unos 7,2 km] y obligé también a unise a los ttos, otra tribu limitrofe, Al enterarse de ello, el Senado prohibio que fuera levantada la maralla, Jes reclamé los tributes estipulados en tiempos de Graco, y les ordené que pro- porcionaran ciertos contingentes de tropasa los omanes {J replicaron que Graco habia prohibido fundar nuevas ciudades, pero no fortifica las ya existentes. Acerca del tributo y las tropas auxiliares, manifestaron que habian sido eximidos por los propios romanos después de Graco. La realidad era que estaban exentos, pero el Se- nado concede siempre estos privilegios afadiendo que tendran vigor en tanto lo decidan el Senado y el pueblo romano (Apiano, Iber 44% trad. A, Sancho Royo). Diodoro (XXX1.39) hace un relato muy similar pero, sig- nificativamente, habla de que los segedenses votaron ampliar su ciudad, no que forzaran a otzos a integrarse en ella, Pese a la afirmacién de Apiano, es plausible que no fuera esta una ampliacién impuesta, sino un proceso de concentracién ur- bana frecuente en Hispania ya desde antes de la legade de Roma. En todo caso, parece que, por un lado, Roma se agarré a cualquier pretexto para reemprender la anexién de la Celti- beris ¥; por otro, tras mas de dos décadas de paz -una gene- racién-, quizd los belos habfan perdido la perspectiva de la agresividad que Roma podia demostrar ante cualquier accién «que remotamente pudiera dafar sus intereses, como podia ser _mejorar la capacidad defensiva de su prineipal ciudad. Sea como fuere, aunque Apiano salta ditectamente de este pirrafo al comienzo de la guerra, Diodoro, en cambio, habla ademés del discurso conciliador de un anciano sege- dense, Caciro, y del intenta de los belos de aplacar al Senado de Roma, que sin duda habia ya decidido atacar en cual- quiet caso, como Jo habia hecho tantas veces y lo harfa en el futuro, Por cierto que son una suerte de Consejos y Asambleas urbanas, y no la voluntad de los lideres indi duales, los que deciden la guerra en el mundo celtibérico, Uno de los acontecimientos més llamativos de esta gue- ra fe que le distancia ala que se realizaban las operaciones for26 alos romanos, en el aio 598 desde la fundacién de la ciudad (154/153 a. C.), a cambiar Ia fecha de los comicios cen los que se elegian los cbnsules. La razdn, como ya advir- tiera A. Schulten en 1937, era que estos pudieran entrar en fanciones en las calendas de enero (primer dia del mes) en lugar de en marzo, de modo que pudieran legar al teatto de operaciones al comienzo de la primavera y no en julio, para contar asi con mas meses ities de campaiia antes del invierno, Livio lo dice escuetamente: “La razén de cambiar Ja fecha de los comicios fue la insurreceién de Tos hispanos” (Per. XLVIL13-14), lo que no deja de ser un eufemismo. SEGEDA Y LA ARQUEOLOGIA Los trabajos de campo de F. Burillo han permitido identficar arqueol6gicamente la SekaizalSegeda de la numismética y las fuentes litearias con un gran yacimiento en Poyo de Mara, Za~ ragoza, a un centenar de kilémetros al este/sudeste de Numan- ia, més lejos de lo que da la sensacién por ls fuentes literarias, «que parecen ubicarla 2 menos dias de marcha. Incluso parece {que un proceso de sinecismo, es decit, de agrupacién de aldeas ex1.un centro urbano amptiado, es visible arqueoligicamnente, Confirmando en parte una propuesta de Schulten de 1937 {quien identificé el dtea, pero no el yacimiento concreto, porque cl de Schulten es Segeda II-Durén de Belmonte, yacimiento ad- yacente pero que es posterior la guerra), F Burillo y su equipo hhan podido recientementeidentificar y excavar en parte en Se- geda Tun gran recinto amurllado con un muro de més de4'm de grosor-, que abarca unas 17 ha (casi el triple que Numancia, con 7.2 ha) y sin apenas construcciones al interiot, datable, en efecto, hacia mediados dels. Il a, Cs se trataria pues de la am- pliacin citada, La cerdmica importada, bastante bien fechada, permite sugerir un abandono en torno al 153 a, C. Eltamatio de Segece, muy grande en comparacién con ls ciudades celtibéricas (que rara vez legan alas 10 ha), valida la cita de Apiano segtin ka cual era ciudad grande y poderosa dels belas (ibe. 44), aunque por su parte Diodoro de Sicilia la considerara “pequene” (OCXXI.39), Algunas de las cass de Segeda son muy sofisticadas ycontienen materiales, como un estrigilo griego (instrumento uusado para el asco tras el ejercicio en la palestra), que muestran ‘un urbanismo yun nivel de vida elevedo, por lo quelos segeden- ses que al final dela guerra marcharon como erbajadores a ‘Rom no se sentirian apabullados por una ciudad que por en tonces no era, ni remotamente la gran wrbs de mérmol y estas que llegara a ser bajo Augusto, siglo y medio después. MANDOS Y ALIANZAS Segedenses y numnantinos eligieron como general a un sege- dense llamado Caro (Apiano, ber. 45), quizd segiin Schalten el mismo Caciro de Diodoro, Pero este tiltimo es descrito como un anciano (presbitero). Por su parte Ploro, en una apre= tadisina sintesis que comprime la IIGC, menciona que los ‘mumantinos eligieron como jefe aun tal Megarivico, que no aparece en Apiano, y en un contexto (Epit. .34.4) que puede referral abo 153 a. C. Tanto Schulten como los editoresre- cientes de Floro piensan que este Megaravico pudiera ser un sobrenombre de Caro, Otra posibilidad, ya conacida y revi- vida por a investigacion més reciente, es que hubiera en rea~ lidad dos jefes, una suerte de generalato dual colegiado similar alde los dos cénsules o los dos pretores romanos. Hay indicios de una institucién de guerra de este tipo tanto en el mutdo ibérico (Indibil y Mandonio) como en el de los celtas del in- terior (Istolacio e Indortes} y en el mismo caso de la IIGC. En a