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EL CONTRATO DE JOINT VENTURE

Estudio General

César CARRANZA ALVAREZ


Perú

Completo estudio doctrinario sobre uno de los contratos más importantes en materia
comercial: el Contrato de Joint Venture; donde se precisan sus orígenes, notas
tipificantes, tipología; se resaltan sus ventajas, tanto para los contratantes, como para
el país receptor de la operación conjunta; delimitación de su ámbito, finalizando con
una definición de la figura contractual.
Un amplio estudio para adentrarnos en el conocimiento de un contrato poco
desarrollado en la doctrina nacional y que, como opina el autor, constituye una de las
alternativas más destacables para los países en desarrollo, cuando de potenciar sus
empresas se trata.
ÍNDICE

I. ORÍGENES......................................................................................................................................3
II. ASPECTOS TIPIFICANTES .........................................................................................................5
2.1. Contractualidad .......................................................................................................................6
2.2. Ausencia de affectio societatis .............................................................................................7
2.3. Objeto específico ....................................................................................................................8
2.4. Consensualidad ......................................................................................................................9
2.5. Nominado y atípico ............................................................................................................. 10
2.6. Relación fiduciaria: lealtad entre las partes..................................................................... 11
2.7. Fin lucrativo .......................................................................................................................... 12
2.8. Temporalidad ....................................................................................................................... 13
2.9. Control conjunto con participación en utilidades y pérdidas......................................... 13
2.10. Contrato con prestaciones plurilaterales autónomas................................................. 14
2.11. Contribuciones y comunidad de intereses................................................................... 15
III. TIPOLOGÍA .............................................................................................................................. 15
3.1. Joint Venture contractual.................................................................................................... 16
3.2. Joint Venture corporation ................................................................................................... 16
3.3. Joint Venture operativo....................................................................................................... 17
3.4. Joint Venture instrumental ................................................................................................. 17
IV. LAS VENTAJAS DEL CONTRATO DE JOINT VENTURE ............................................... 18
4.1. Para el co-venturer extranjero ........................................................................................... 18
4.2. Para el co-venturer local .................................................................................................... 19
4.3. Para el país receptor........................................................................................................... 19
V. ÁMBITO DEL CONTRATO DE JOINT VENTURE................................................................. 20
VI. DEFINICIONES. NUESTRA DEFINICIÓN .......................................................................... 21
I. ORÍGENES

El Joint Venture no es un contrato de reciente data(1), pues su origen debe ser


indagado muchas décadas atrás, especialmente en los estrados judiciales
norteamericanos, quienes acuñaron esta denominación en virtud a una prohibición
– a la cual se aludirá más adelante- existente por aquella época. Sin embargo, la
doctrina especializada en el tema, ha logrado identificar ciertas manifestaciones
que bien podrían considerarse como los orígenes remotos del contrato que nos
ocupa.

Así, se considera que la génesis del Contrato de Joint Venture debe encontrarse
en el origen mismo del comercio desarrollado entre fenicios, egipcios y asirio-
babilonios, pero más concretamente en los Institutos de la Colleganza y la
Commenda, en Génova y Venecia respectivamente; dedicados a actividades
mercantiles con la finalidad de unificar esfuerzos para la realización de viajes
internacionales (2).
Otro sector de la doctrina (3) identifica a los gentleman adventures –que
organizaban corporations en la época de formación del imperio británico para
colonización de nuevos territorios- como antecedentes remotos del Joint Venture.

La gran empresa organizada con miras al descubrimiento de un nuevo mundo,


donde Cristóbal Colón reunió bienes, colaboradores, dinero, que configuraron una
unión de esfuerzos y patrimonios para realizar aquella aventura expedicionaria de
gran magnitud, es considerada también como uno de sus antecedentes (4).

No obstante lo anterior, la literatura especializada concuerda en resaltar el origen


jurisprudencial del Contrato de Joint Venture, derivado de la Partnership
norteamericana.

Efectivamente, la Partnership en el Derecho norteamericano no fue considerado


como sujeto de derecho; es decir, se mantuvo la clásica idea de la Partnership
como una agrupación de individuos, pero estableciendo la separación patrimonial,
a efectos de no verse afectado por las acciones de los acreedores particulares de
alguno de los partners. La Partnership estaba orientado a negocios de carácter
general y duraderos en el tiempo.
Así entendido, se le empezó a definir entonces como una asociación de dos o más
personas para conducir como condóminos un negocio, con la finalidad de obtener
utilidades.

Singular importancia cobró el hecho de quiénes podían ser los integrantes de una
Partnership y si una Corporation tenía la suficiente capacidad para integrarla, pues
como era sabido, éstas constituían entidades jurídicas creadas excepcionalmente
por actos del Estado en mérito a un acto político ad hoc, y cuya capacidad se
encontraba limitada a su objeto social; del mismo modo que las facultades de sus
administradores estaban restringidas a los actos necesarios para el cumplimiento
de sus fines y debidamente estipulados en el estatuto de creación.
De esta manera, llegó a cuestionarse que una Corporation –con objeto limitado-
pudiera ser integrante de una Partnership –la cual tenía un objeto amplio y no
determinado-, por cuanto ésta podría involucrar a aquélla en negocios para los
cuales no contaba con autorización específica. Del mismo modo, como en una
Partnership todos los partners tenían implícita facultad de administración, bien
podría suceder que la Corporation se viera obligada por la actuación de personas
distintas a aquellas consignadas en su estatuto de creación.
Estas consideraciones fueron expuestas en la decisión judicial del caso “Mallory
vs. Manaur Oil Works” de 1888, del cual nos hace mención Le Pera: “Partnership
y Corporation son incompatibles. El contrato de Partnership es totalmente
irreconciliable con el alcance y tenor de las facultades expresas de las
Corporations, sean éstas comerciales o privadas o tengan, por el contrario,
deberes con el público, como ocurre en el caso de un transportista general. Una
Corporation debe actuar a través de directores o representantes autorizados y
ningún miembro, en cuanto tal, puede obligarla. Pero si ésta fuese miembro de una
Partnership podría ser obligada por cualquier otro miembro de tal asociación, y al
hacerlo éste estaría actuando no como un funcionario o representante de la
Corporation y en razón de un facultamiento recibido de ella, sino como principal en
una asociación en la cual todos son iguales y cada uno capaz de obligar a la
sociedad por sus actos. (...) El peso de la doctrina está decididamente inclinado
en el sentido de que una Corporation no tiene capacidad para formar una
Partnership, ni con otras Corporations ni con individuos. La existencia de la
Partnership no sólo interferiría con la administración de la Corporation a través de
sus funcionarios regularmente designados, sino que lesionaría la autoridad de los
mismos accionistas, e involucraría a la sociedad en nuevas responsabilidades por
la acción de representantes sobre los que ésta no tiene control” (5).
A raíz de tal situación se determinó que una Corporation se encontraba impedida
de formar parte de una Partnership, toda vez que su objeto se hallaba orientado a
la consecución de un fin específico, contrastando en ese sentido, con ésta. Se
estableció, así, la prohibición siguiente: una Corporation es incompatible con una
Partnership, por lo tanto no puede ser integrante de ella.
Sin embargo, el desarrollo industrial de la época convirtió a las Corporations ya no
en entidades creadas excepcionalmente por actos políticos del Estado, sino más
bien en una forma ordinaria para configurar negocios. Esto originó, como
consecuencia lógica, que Tribunales norteamericanos encontraran que
Corporations habían ingresado en una relación de Partnership a pesar de la
prohibición existente, con lo cual hubo de recurrirse a una distinción necesaria a
fin de evitar el veto existente. A tal acontecimiento denominaron los Tribunales
norteamericanos Joint Venture, es decir, aquella relación resultante de la
coparticipación en un proyecto específico, a quien se le aplicaría las reglas de la
Partnership, pero como al no llamarse como tal, toda prohibición resultaba
inaplicable.

El uso de esta denominación puede encontrarse ya en el famoso caso Ross vs.


Willet, quienes acuerdan la compra de un cargamento de azúcar a fin de repartirse
posteriormente las ganancias de la venta, pero al fracasar el aquél y resultar de
ello cuantiosas pérdidas y negarse Mr. Willet a contribuir con ellas –a solicitud de
su socio- devino un proceso judicial ente los Tribunales de New York, cuyo fallo se
transcribe a continuación: “Insiste el demandado en que ninguna Partnership
existión entre él y Mr. Ross. Pero una Joint Adventure es una Partnership limitada,
no limitada en cuanto a la responsabilidad, según el sentido legal de esta
expresión, sino limitada en cuanto a su alcance y duración, y bajo nuestro Derecho,
Partnership y Joint Adventure están gobernados por las mismas reglas” (6).

Astolfi es claro al señalar el origen de la figura al decir que “la doctrina es


concordante en considerar de origen jurisprudencial la noción de Joint Venture:
(...) las primeras manifestaciones de una precisa tendencia jurisprudencial hacia
la identificación de los rasgos caracterizantes de las relaciones de Joint Venture
se remontan a la mitad del siglo XIX, y primeros años del siglo XX; entre
numerosos precedentes tenemos: ´Bruce v. Hostings en 1868, ´Ross v. Willet´,
´Lobsitz v. Lissberger´ en 1915” (7).
Finalmente, respecto a la denominación Joint Venture, expresa Juan Farina que
“la jurisprudencia norteamericana comienza a utilizar la expresión Joint Adventure
a principios del siglo XIX. Luego, la jurisprudencia y la práctica mercantil abreviaron
la frase utilizando la expresión joint venture, la cual –pese a que quizás es más
correcta la anterior- se consagró definitivamente no sólo en los Estados Unidos de
Norteamérica, sino en todo el mundo” (8).
Hasta aquí el tema correspondiente a los antecedentes.
II. ASPECTOS TIPIFICANTES

Cuando nos ocupemos de los intentos de la doctrina por esbozar una definición
del Contrato de Joint Venture, aludiremos a un comentario del profesor Astolfi,
para quien el hecho mismo de intentar encasillar al contrato dentro de un marco
definitorio rígido, ha originado que se obvien algunas de sus notas
características más relevantes, con la consecuencia de haberlo asimilado con
otras figuras atípicas.
Lo anteriormente señalado no deja de ser cierto, por cuanto es posible advertir
que, en ciertos casos de enunciación de definiciones, los autores han dejado de
lado caracteres sustanciales del contrato, anotando otros que, sin la
concurrencia de aquéllos, no podría llegar a tenerse una clara idea de su
significado.

Al tener que abordar precisamente este tópico, pretendemos anotar los


caracteres que consideramos los más tipificantes del Contrato de Joint Venture,
luego de lo cual estaremos en condiciones de intentar una definición del mismo.

2.1. Contractualidad

La doctrina es pacífica en aceptar como característica del Joint Venture su


naturaleza contractual. Ello, por cuanto el Joint Venture –como veremos en su
oportunidad- representa el acuerdo de dos o más partes decididas en agrupar
esfuerzos, conocimientos y aportes con la finalidad de llevar adelante un
negocio determinado que les signifique algún beneficio o provecho económico,
sin el animus de conformar un ente distinto a los contrantes.

No obstante esta afirmación, existe la posición de los profesores Chuliá Vicent


y Beltrán Alandete (9) para quienes el Joint Venture –y lo citan como rasgo
esencial- da lugar a la formación de una persona jurídica distinta a la de sus
miembros. Más adelante volveremos sobre el particular.
Anotamos esta nota característica, por cuanto el origen del Joint Venture,
recogido a partir de la Partnership, fue netamente contractual y por ende
excluyente del ánimo de formar una sociedad. Ahora bien, no obstante estar
incluidos dentro del término Joint Venture, tanto el Contractual como el Joint
Venture Corporation, debemos ser claros en señalar que en la gran mayoría de
casos las personas –sean naturales o jurídicas- que acuerdan establecer una
relación de este tipo, lo hacen con el propósito de vincularse temporalmente en
un negocio que excluye todo animus societatis, pues lo deseado realmente por
las partes, es no verse involucrados en relación societaria de ninguna clase.

En el Perú, el profesor León Barandiarán Hart expone esta situación al decir


que “(...) en una puridad conceptual, el Joint Venture debe ser considerado
como una figura jurídica totalmente distinta y claramente de naturaleza
contractual”, agregando que “el verdadero contrato de Joint Venture se puede
convertir, así, en la base contractual de la cual se genera el nacimiento de una
sociedad o corporación, a través de la cual se ejecuta la actividad conjunta
pactada en el contrato (...)” (10).
Por otro lado, “la Joint Venture debe ser fruto de un contrato, bien sea expreso
o implícito. La relación de partícipes de una Joint Venture se funda en un
contrato (...), y el que las partes hayan creado o no tal tipo de relación entre sí
depende de su verdadera intención, la cual se determina de acuerdo con las
normas generales que regulan la interpretación de los contratos” (11).

En suma, entendemos al Joint Venture como una figura de naturaleza


contractual, que excluye el affectio societatis entre sus integrantes, no
originando –necesariamente- un ente distinto a sus miembros.

2.2. Ausencia de affectio societatis

Relacionado en cierta medida con lo anotado precedentemente, encontramos


una nota tipificante fundamental en la estructura del Contrato de Joint Venture:
la ausencia de affectio societatis.

Debe entenderse por este carácter “(...) el elemento psicológico que compulsa
a las personas al consenso o acuerdo de voluntades para aunar esfuerzos a
través de la asociación con miras a realizar una explotación y repartirse
utilidades que resulten. La unión de esfuerzos requiere a su vez, una
colaboración activa de los asociados entre sí y de éstos con la sociedad, todo
lo cual ha de regularse en el contrato” (12).

La affectio societatis constituye un elemento moral y psicológico de significado


lato, por cuanto generalmente indica un lazo de fraternidad entre los socios, del
mismo modo que un sentimiento de estimación y afecto; elementos
indispensables para la constitución de una sociedad y existencia de una
actividad armónica, a fin de evitar posibles debilitamientos del vínculo
contractual entre los socios.

Aplicando dicha noción al Contrato de Joint Venture, observamos que sucede


aquí lo contrario, por cuanto las personas naturales y/o jurídicas integrantes de
un Joint Venture deciden agruparsem más que por una affectio societatis, por
una affectio cooperationis, pues lo que menos desean los co-venturers es verse
involucrados en una relación societaria y, además, tener que sujetarse a una
normatividad completamente rígida. Es precisamente por este motivo que el
Joint Venture ha logrado constituirse en una figura contractual versátil, toda vez
que al constituir sólo relación contractual, permite a los participantes pactar el
negocio de acuerdo con lo más conveniente para ellos.

Este hecho es advertido por Astolfi, al decir que "no corresponde la subsunción
del contrato es un esquema societario, en cuanto no sólo conduciría a una
errónea consideración unitaria de las Contractual Joint Ventures y de los Joint
Ventures Corporations, sino que no tendría en cuenta la circunstancia de que la
convención del Contrato de Joint Venture está motivado, en la generalidad de
los casos, en la propia voluntad de los contrayentes de convenir en una relación
de colaboración que quiere excluir una relación social"(13).

A pesar de haber quedado delimitado este carácter por la doctrina, existen


algunas opiniones discrepantes, como lo expresado por Pastor Argumedo, para
quien el animus o affectio societatis si es constitutivo del Contrato de Joint
Venture toda vez que "(...) los miembros que celebran el contrato, tienen la
intención de asociarse reuniendo en común capitales y conocimientos a efectos
de explotar un negocio determinado por un tiempo limitado"(14).

Nos permitimos discrepar con esta afirmación, por cuanto la consecuencia


inmediata del affectio societatis es, precisamente, dar nacimiento a una persona
jurídica distinta de los intervinientes, circunstancia totalmente ajena si de Joint
Ventures hablamos.

Prima facie, podría pensarse que en un Joint Venture Corporation,


efectivamente, es comprobable la presencia de este animus, al "decidir" los co-
venturers constituir una sociedad. No creemos que esto sea así, pues en la gran
mayoría de los casos, la constitución de una persona jurídica distinta a los
miembros se produce únicamente a efectos de lograr una mejor administración
del negocio y no, precisamente, porque esto haya sido la inicial motivación al
momento de celebrar el contrato.

Sierralta refuerza los conceptos vertidos en los párrafos precedentes al decir


que "no existe entre los sujetos vinculados el ánimo de formar una sociedad,
justamente optan por esta figura porque no desean formar un ente jurídico
autónomo. Está ausente la affectio societatis, no existe el ánimo de formar una
sociedad, pues se busca la realización única de una operación
determinada(...)"(15).

2.3. Objeto específico

El Contrato de Joint Venture debe orientarse a la realización de un objeto


específico, actividad única o specific venture; rasgo por lo demás caracterizante,
que lo distingue claramente de la Partnership.

El objeto específico a desarrollar, constituye la motivación principal por la cual


las partes deciden agruparse, uniendo para ello bienes o recursos con la
finalidad de proceder a su ejecución; actividad que requerirá ser precisada en
todos sus términos y alcances al momento de celebrarse el contrato.

Un Joint Venture puede ejecutar actividades diversas, tales como la explotación


de recursos naturales (minería, pesquería, etc.), construcción, prestación de
servicios, telecomunicaciones, energía, fabricación de productos diversos,
investigación, entre otros.

La doctrina se ha pronunciado al respecto, señalando que “el primero, tal vez


definitorio, es la limitación a la realización de un negocio jurídico único,
verbigracia la realización de una obra, comercialización de un producto(...)”(16).

Del mismo modo se pronuncian Binstein y Gene cuando mencionan que “el
objeto de la Joint Venture, usualmente, debe limitarse al desarrollo de una sola
aventura comercial” y, citando a Willinston añaden que “probablemente la
característica distintiva sobre la cual ha hecho mayor énfasis la jurisprudencia
es el carácter único o ad hoc de la empresa” (17).

Merece atención lo expuesto por Etcheverry quien parece resumir, en pocas


palabras, las ideas anotadas, cuando afirma que el Contrato de Joint Venture
“(...) no desarrolla ilimitadamente un objeto en el tiempo, no prevé una serie de
negocios genéricos, sino que su objeto está previsto en forma tal, que
individualiza un solo negocio, por más complejo o extenso en el tiempo que éste
resulte (...) De la cláusula referida al objeto, debe aparecer que se trata de un
emprendimiento muy concreto, específico e identificable y, por tanto, transitorio”
(18).

2.4. Consensualidad

Un contrato deviene consensual cuando únicamente se requiere el


consentimiento de las partes para su perfeccionamiento resultanto, por tanto,
ajeno a todo tipo de formalidad (19).

El Contrato de Joint Venture es de esta manera consensual, por cuanto sólo


basta para su perfeccionamiento el simple acuerdo de los intervinientes (futuros
co-venturers). No se encuentra sujeto a ningún tipo de formalidad, aunque la
escrita sea la mayormente utilizada, ya se trate para brindar seguridad jurídica
a los propios contratantes como a terceros interesados en el contrato. A ello
debe sumarse la envergadura de negocio que generalmente representa el Joint
Venture, exige que sean especificados la forma de organización, aportes,
reparto de utilidades, asunción de pérdidas, entre otros.
El no estar sujeto a reglamentación específica, hace que el Contrato de Joint
Venture redactado por escrito adquiera el carácter de ad probationem, es decir
actúa únicamente como medio de prueba y no ad solemnitatem (20), por cuanto
si así fuere, la inobservancia de alguna formalidad –impuesta por ley- acarrearía
inevitablemente su nulidad; situación que no se presenta en el presente caso.

No obstante lo anotado precedentemente, tratándose de Joint Ventures


celebrados en el área minera, será requisito esencial que el contrato sea
redactado por escrito, se eleve a escritura pública y se inscriba en el Libro de
Contratos de Riesgo Compartido del Registro de Contratos de la oficina regional
del Registro Público de Minería del lugar del domicilio señalado en el contrato;
tal y como lo dispone el D.S. Nº 03-94-EM, en su artículo 156.

2.5. Nominado y atípico

Nuestro ordenamiento civil, teniendo como base lo prescrito por el artículo 1353
prescribe que “Todos los contratos de derecho privado, inclusive los
innominados, quedan sometidos a las reglas generales contenidas en esta
sección, salvo en cuanto resulten incompatibles con las reglas particulares de
cada contrato”.

Si nos atenemos estrictamente al texto del citado artículo, tendríamos que el


Contrato de Joint Venture constituye un contrato innominado, por carecer de
una específica regulación legal; sin embargo, consideramos necesario –una vez
más(21)- anotar algunas ideas al respecto con el objetivo de precisar el
significado exacto de las expresiones “nominado”, “innominado”, “típico” y
“atípico”, y si es cierto que pueden considerarse sinónimas.

El artículo en comento fue objeto de diversas modificaciones antes de tener la


actual redacción contenida en el Código Civil. En el Anteproyecto de la
Comisión Reformadora del Dr. Arias-Schreiber (1980), en el artículo 6º se
expresaba que “todos los contratos de Derecho Privado, típicos y atípicos,
quedan sometidos a las reglas generales contenidas en este título, salvo en
cuanto resulten incompatibles con las reglas particulares de cada contrato”.
Posteriormente, en el artículo 1375 del Proyecto de la Comisión Reformadora
(1981) se cambia la expresión “típicos” y “atípicos” por la de “inclusive los
atípicos” , para finalmente en el Proyecto de la Comisión Revisora (1984),
artículo 1320, incluir la expresión “inclusive los innominados”, la misma que se
mantiene en la actualidad.

Es por ello el significado actual de los términos “nominado” e “innominado”, los


cuales se atribuyen a aquel contrato que posee regulación normativa propia y
cuando carece de ella, respectivamente.

Piantioni (22) nos dice que “esta clasificación (...) es de antigua data y se ha
dado en todos los países con legislación positiva vigente; existió en todos los
tiempos como consecuencia de la autonomía de la voluntad y de la libertad de
las formas frente a la necesidad de reglamentar las nuevas relaciones
interhumanas originadas por el avance de la ciencia, de la tecnología, de la
industria, del comercio, de la imaginación humana y el constante devenir de la
vida que sobrepasan a los tipos de relaciones jurídicas contractuales previstas
en la legislación positiva en un país determinado en un momento dado. Esos
nuevos negocios con características propias, convalidado, las más de las veces,
por los usos o las costumbres como contratos atípicos sin reglamentación
específica en el derecho positivo, pasan a ser típicos cuando son incorporados
al ordenamiento jurídico, con una reglamentación propia”.

Así tendríamos, entonces, que –en contra de lo dispuesto por el Código Civil-,
contrato típico será aquel que cuenta con una normatividad específica y atípico
cuando no la tuviera.

En cuanto a los contratos nominados, los consideramos como aquellos que


poseen un nomen iuris aceptado y reconocido por todos, que bien pueden estar
o no disciplinados legalmente, con lo cual estaríamos frente a la figura de
contratos nominados típicos o atípicos; contrariamente, los innominados son
aquellos que adolecen de una denominación que pueda identificarlos, no
obstante su constante utilización en el tráfico. Estos son exclusivamente
atípicos.

En ese sentido, el Joint Venture vendría a constituir un contrato nominado, por


cuanto posee un nomen iuris conocido y con el cual se le identifica en el
Derecho, con significación propia, elementos característicos perfectamente
delimitados y una estructura que lo diferencia claramente de otras figuras
contractuales; y atípico, al no gozar de una regulación normativa concreta, aun
cuando esté contemplado por cierta legislación, como sucede con la minera.

2.6. Relación fiduciaria: lealtad entre las partes

Elemento de connotación especial dentro del Contrato de Joint Venture lo


constituye el hecho de la mutua confianza y estricta lealtad entre los co-
venturers; conocido en doctrina como relación fiduciaria.

Esta confianza y lealtad nacen desde el momento mismo en que se deciden


agrupar voluntades, capacidades, esfuerzos, recursos financieros, tecnológicos
e industria dentro de una relación contractual con la finalidad de llevar adelante
la explotación de un negocio, con objeto determinado y por un cierto período de
tiempo.

Pero la circunstancia que motiva esta conjunción de esfuerzos y recursos no


sólo reposa en el animus lucrandi de los participantes sino, además, en las
relaciones de buena fe, confianza y lealtad recíprocos existentes entre ellos;
pues consideramos que la elección de un co-venturer para intervenir
conjuntamente con otro en un Joint Venture descansa, más que en los atributos
financieros y tecnológicos de los cuales pudieran disponer, en ese elemento tan
esencial cuando de negocios complejos y duraderos en el tiempo se trata: la
mutua confianza y lealtad.

Esta nota tipificante ha sido advertida por la jurisprudencia norteamericana en


el fallo del caso Salmón vs. Meinhard del cual Le Pera nos da cuenta: “Los Joint
Adventurers, al igual que los partners, se deben el uno al otro, mientras la
empresa continúa, el deber de la más delicada lealtad. Muchas formas de
conducta permisibles en el mundo cotidiano para aquellos que actúan sin
ninguna especial vinculación entre sí están prohibidos para aquellos atados por
lazos fiduciarios. No solamente honestidad, sino también el puntillo del honor
más delicado es aquí una pauta de conducta”(23).

Deben destacarse dos momentos fundamentales en el Contrato de Joint


Venture: el primero de ellos lo constituye la confianza mutua que debe existir al
momento de pactar la unión y, el segundo, la lealtad y buena fe que deberá
mantenerse durante la ejecución del contrato, lo cual no impide que los co-
venturers sigan desarrollando con independencia sus negocios particulares.

2.7. Fin lucrativo

Rasgo distintivo en todo contrato asociativo lo representa en fin de lucro al cual


se orientan las activiadades de los contratantes.

En el Joint Venture, esta circunstancia no es tampoco ajena, toda vez que al


decidirse la conjunción de esfuerzos y capacidad tecnológica o industrial, los
co-venturers desean obtener una utilidad resultante de la ejecución conjunta del
proyecto para el cual se han relacionado contractualmente.

Ahora bien, en este contrato no siempre la finalidad lucrativa deberá entenderse


como la obtención de utilidades o beneficios monetarios; pues como señala
Ghersi “(...) no siempre la idea de beneficio debe ser traducida como sinónimo
de rentabilidad efectiva, pues a lo que aquí se apunta es a la valuación
económica”(24); valuación económica tal que puede estar presente cuando, por
ejemplo, una empresa extranjera se relaciona contractualmente con otra, con la
única y exclusiva finalidad de penetrar en el mercado nacional de su par con el
objetivo de ganar presencia internacional.

En este supuesto, aunque pudiera pensarse lo contrario, la empresa extranjera


aludida, además de justificar su presencia en el Joint Venture convenido, está
obteniendo un beneficio, digamos –más claramente- un beneficio patrimonial –
valuable económicamente, en palabras de Ghersi- como lo es el hecho de haber
logrado ingresar en un país con un mercado desconocido, haber tenido la
oportunidad de demostrar su capacidad organizativa e industrial y de evidenciar,
por último, la calidad de su producción.

2.8. Temporalidad

Cuando se especifica el proyecto u obra que comprenderá el Joint Venture,


tendrá que señalarse el tiempo de su ejecución, a efectos de determinarse el
momento exacto de su fenecimiento.

La duración puede ser acordada por los co-venturers en la cláusula respectiva


del contrato, pues éste es “(...) un contrato temporal. La duración es flexible.
Puede depender de cuanto dure el proyecto u obra” (25); lógicamente, tendrá
que tenerse presente la dimensión del proyecto a ejecutar y la capacidad de los
co-venturers para llevarlo adelante en el plazo convenido.
2.9. Control conjunto con participación en utilidades y pérdidas

Entiéndase por control conjunto, aquellas facultades de cuales están investidos


los co-venturers para dirigir el Joint Venture constituido.

Este control conjunto, bien puede recaer en manos de todos los co-venturers o
delegarse en uno o más de ellos; lo importante es que ninguno quede excluido
del control. Este aspecto, por lo demás, debe ser determinado con la mayor
minuciosidad a fin de evitar controversias o conflictos futuros que pudieran
poner en riesgo las relaciones de aquéllos.

Le Pera nos dice al respecto que “tenga o no tenga la facultad de administrar la


operación, un joint venturer debe tener alguna forma de control y dirección sobre
el proyecto, aunque delegue el ejercicio de ese control en los demás partícipes”,
agregando que “aunque una posición igualitaria y control conjunto de la
empresa es esencial para un Joint Venture, uno de los partícipes puede delegar
el control real de la operación en el otro, y todavía seguiría siendo un Joint
Venture” (26).

En cuanto a la participación en las utilidades y pérdidas, existe consenso en


considerar –como principio básico del Joint Venture- que sean todos los co-
venturers quienes participen en forma igualitaria de los beneficios o utilidades
obtenidas y que concurran conjuntamente en las pérdidas, si las hubieran. Del
mismo modo, nada impedirá que los partícipes, teniendo como marco lo
estipulado en el contrato respectivo, acuerden repartirse los ingresos brutos,
mas no las utilidades, asumiendo cada co-venturer sus propios costos.

En cuanto a la participación en las pérdidas, no desvirtúa la esencia del contrato


el acuerdo de la participación de todos en las utilidades, en tanto sólo algunos
soportarán el peso de las pérdidas que pudieran resultar de la ejecución del
negocio conjunto (27).

En suma, y de acuerdo con lo expresado en párrafos precedentes, resumimos:


 Todos los co-venturers tienen igual poder de control respecto del negocio
conjunto. No obstante, esta facultad puede ser delegada.
 Igualdad de participación en las utilidades resultantes.
 Participación conjunta en pérdidas, aunque podría estipularse que sólo
algunos la soporten.
 Todos estos acuerdos deben ser detallados minuciosamente al momento de
la suscripción del contrato.

2.10. Contrato con prestaciones plurilaterales autónomas

Tema que no admite discusión en doctrina, lo representa la calidad de las


prestaciones de las partes en un Contrato de Joint Venture, esto es,
considerarlas como autónomas y no recíprocas como anota un autor nacional
(28).

¿Cómo debemos entender esta circunstancia?, ¿qué implica un contrato que


contenga prestaciones plurilaterales autónomas?

Siguiendo a Manuel de la Puente, podemos decir que “(...) lo peculiar del


contrato es que el vínculo jurídico obligacional que surge en virtud de dicho
consentimiento contiene prestaciones que no son recíprocas entre las partes,
sino que van dirigidas a un fin común corriendo suertes autónomas unas de
otras, de tal manera que la ejecución de una prestación no está sujeta a la
ejecución de las demás. Falta ese paralelismo o simetría entre las prestaciones
que caracteriza al moderno contrato con prestaciones recíprocas” (29).
De esta manera, el Contrato de Joint Venture contiene prestaciones
plurilaterales autónomas en virtud a las consideraciones siguientes:
 Existencia de dos o más partes, unidos bajo la determinación de ejecutar un
negocio en común.
 Las prestaciones a que se comprometen los co-venturers son
independientes, obviamente destinadas a la consecución de aquel fin
común; corren por tanto, suertes distintas.
 No existe entre los co-venturers relaciones de acreedor-deudor, pues el
cumplimiento de la prestación por una de las partes no lo convierte en
acreedor de la prestación de la otra, ni ésta se convierte en deudor de
aquélla.
 El incumplimiento de la prestación, por parte de uno de los co-venturers,
genera también consecuencias particulares debido a la calidad de las
prestaciones involucradas, que por obvias razones no es menester abordar
aquí.

2.11. Contribuciones y comunidad de intereses

Todos y cada uno de los partícipes involucrados en la ejecución del Joint


Venture, deben comprometerse a efectuar una contribución a fin de realizar
el negocio o specific venture para el cual decidieron agruparse. Estos
aportes pueden ser de los más diversos, obviamente circunscritos al
proyecto que se pretende llevar a cabo. De tal suerte que los co-venturers
podrán acudir con bienes, derechos sobre patentes o conocimientos
respecto de algún mercado, industria, tecnología, recursos humanos, dinero,
maquinarias, insumos, entre otros.

Estas contribuciones generarán una comunidad de intereses orientada al


cumplimiento de la finalidad querida. Los aportes efectuados a un Joint
Venture no crean un “patrimonio” autónomo; cada parte mantiene la
propiedad de lo que contribuye. En tal sentido, consideramos que la única
consecuencia derivada de los aportes o contribuciones de las partes no es
más que crear una comunidad de intereses, mas no una comunidad de
bienes; y esto debemos entenderlo así, por cuanto al no generar el Joint
Venture una persona jurídica autónoma de quienes lo conforman, mal
podríamos hablar de un patrimonio del Joint Venture (30).

III. TIPOLOGÍA

Corresponde, ahora, centrar nuestra atención en la tipología del Joint


Venture, dentro del cual reconocemos al Joint Venture contractual, el Joint
Venture corporation, el Joint Venture operativo y el Joint Venture
Instrumental. Revisemos seguidamente cada uno de ellos.

3.1. Joint Venture contractual

La doctrina lo entiende señalando que se "utiliza esta expresión para


denominar a toda relación de colaboración o emprendimiento común entre
dos o más empresas que desean excluir una relación societaria" (31).

Por nuestra parte, entendemos al Joint Venture contractual como aquella


unión de dos o más partes (naturales o jurídicas) que, excluyendo una
relación societaria, deciden efectuar los más diversos aportes con la
finalidad de llevar a cabo la ejecución de un negocio o proyecto determinado.
No se genera, per se, una persona jurídica independiente;
consecuentemente, cada miembro integrante conserva su propia
autonomía.

El ámbito en el cual se desenvuelve este tipo de Joint Venture puede ser de


lo más variado, dependiendo del negocio o área económica en la cual los
co-venturers decidan participar conjuntamente: comercialización,
suministros, fabricación, turismo, explotación de recursos, investigación,
entre otros, podrán ser ejecutados mediante Joint Ventures contractuales.

Nos inclinamos a pensar en la versatilidad de este tipo de Joint Venture, por


cuanto los co-venturers no se verán inmersos en una relación societaria no
deseada y lo que es, según nuestra óptica, más relevante: no ver sometidos
sus acuerdos a normas preestablecidas o determinadas de antemano, como
sucede con los entes societarios.

En síntesis, podemos señalar como características del Joint Venture


contractual las siguientes:
 Relación netamente contractual;
 No crea u origina una persona jurídica autónoma;
 Cada parte integrante conserva su autonomía respecto a la otra; y por
último,
 Los aportes de los co-venturers no son destinados a la conformación de
un capital societario, sino más bien a la constitución de un fondo común.

3.2. Joint Venture corporation

Aquí acontece lo contrario al tipo estudiado anteriormente. Los co-venturers


deciden la constitución de una persona jurídica independiente (una
sociedad) a ellos con la finalidad de administrar más eficientemente el
negocio conjunto, en virtud a la complejidad, envergadura o duración del
emprendimiento común.

Certeramente, Le Pera nos indica su concepción sobre este tipo de Joint


Venture y las motivaciones de su constitución. En efecto, expresa que "la
expresión joint venture es usada en el habla comercial para aludir a todo
acuerdo empresario para la realización de un proyecto específico (...) Una
de estas formas es la constitución de una sociedad por acciones (...) en la
que participarán las empresas de que se trata. A esta sociedad se la llama
frecuentemente Joint Venture corporation", agregando que "si el proyecto
requiere una inversión significativa en bienes del activo fijo (plantas,
equipamiento) cuya amortización habrá de producirse de manera más o
menos lineal a lo largo de un período prolongado, la creación de una
sociedad ad-hoc es no sólo aconsejable sino en algunos casos
probablemente necesaria. Un caso típico es la instalación y operación de
una planta industrial, principalmente de manufacturas"(32).

Resta por decir que la conformación de una persona jurídica autónoma se


realiza, únicamente, con la finalidad de proceder a la ejecución de un
subyacente Contrato de Joint Venture.

3.3. Joint Venture operativo

Este tipo de Joint Venture se encuentra orientado a la ejecución directa del


negocio en forma inmediata, obteniendo los co-venturers una parte del
producto extraído, teniendo en cuenta su participación en la inversión. En
palabras de Astolfi, diríamos que las partes encuentran en este tipo de Joint
Venture un punto de convergencia centrado en la posibilidad de evitar la
constitución de una nueva sociedad, en cuanto las finalidades perseguidas
por los co-venturers pueden ser obtenidas de manera más satisfactoria
mediante la simple coordinación de sus prestaciones y la adquisición directa
de una parte del resultado de la inversión más allá de la comunidad de
utilidades (33).

3.4. Joint Venture instrumental

Según Montoya Alberti "son suscritos con el fin de satisfacer la oferta de un


tercero, y donde el fin inmediato es coordinar actividades distintas para
satisfacer un requerimiento conjunto"(34). Se origina debido a que "(...) las
exigencias de la demanda o de la licitación no podrían ser satisfechas
separadamente o, simplemente, porque así conviene a las partes" (35).
Se configura un Joint Venture instrumental, cuando dos o más partes se
unen, agrupando actividades complementarias, a efectos de organizar y
presentar una oferta para lograr la ejecución de un proyecto específico que,
finalmente, será convenido con un tercero.

Pero nótese que aquí se presenta el Joint Venture Instrumental como


momento preliminar a la realización de ese proyecto, el cual de ser aceptada
la oferta por el tercero y entregada la operación al Joint venture creado;
entonces recién el Joint Venture podrá desarrollar la actividad a él
encomendada.

Parece discutible esta forma de Joint Venture, por cuanto se observa la


presencia de un elemento aleatorio representado por la decisión del tercero
de comisionar al Joint Venture el proyecto sustento de la oferta presentada,
previa evaluación. No se toma en cuenta que éste, en sí, tiene por finalidad
la ejecución inmediata, no estando sujeta a aprobaciones o determinaciones
de terceros para la realización de tal o cual proyecto.

No obstante lo anterior, nos inclinamos a pensar que en nada afecta la


naturaleza del Contrato de Joint Venture en que éste se celebre
exclusivamente para participar, por ejemplo, en una licitación. Cosa distinta
será que la oferta presentada sea aprobada y la ejecución del proyecto
autorizada, para proceder entonces a la actuación en común. Pero en ambos
casos, el contrato sigue siendo tal, no afectando -repetimos- su naturaleza.
IV. LAS VENTAJAS DEL CONTRATO DE JOINT VENTURE

Como se anotó, el campo de acción dentro del cual puede desenvolverse un


Joint Venture es amplio, pudiendo ser aplicado en cualquiera de las áreas de la
actividad económica. Esto ciertamente genera ventajas, no sólo para las partes
contratantes, sino incluso para el país donde se ejecutará el emprendimiento
común.

Para abordar seguidamente este ítem, imaginemos un Contrato de Joint


Venture, donde los co-venturers sean una multinacional extranjera y una
empresa nacional, y el país donde se ejecutará el emprendimiento, el Perú. Así
planteado el asunto, desarrollemos por separado las ventajas que obtendrían la
multinacional, la empresa peruana y el país receptor.

4.1. Para el co-venturer extranjero

Señalemos las siguientes:


 Contar con un socio (utilizamos esta expresión en su amplio sentido) que le
permita el ingreso a un mercado desconocido, donde precisamente esperará
colocar sus productos y comercializarlos, o quizás producirlos,
aprovechando la mano de obra con bajo que su par pudiera proporcionarle.
 Aprovechar las relaciones de su contraparte, ya se trate de contactos con el
gobierno, Cámaras de Comercio, instituciones del sistema financiero o con
los gremios empresariales.
 Tratándose de relaciones con instituciones financieras, la multinacional
podría tener un acceso más fácil a programas de financiamiento.
 En cuanto al tema del personal que laboraría en la operación, el co-venturer
foráneo podría aprovechar el personal local, su experiencia en el proceso de
producción, así como el bajo costo que su utilización implicaría; con lo cual
ya no tendría necesidad de enviar directamente de su sede principal, al
personal para realizar las mismas actividades.
 Utilización del soporte industrial, canales de distribución y comercialización
de la contraparte.
 En cuanto a la provisión de recursos, la multinacional podría aprovechar de
su par, los componentes e insumos, los que conjuntamente con el personal
aportados, pueden derivar en la disminución del costo del producto y la
obtención de mayores beneficios.
 Es posible que el Joint Venture sea considerado como un medio para el logro
de otros objetivos, pues la multinacional podría tener como meta final,
simplemente competir con su producto y utilizar el contrato para ingresar en
el mercado de su contraparte y así darse a conocer; para posteriormente -
una vez fenecido el contrato- poder cumplir con dichas aspriraciones.
4.2. Para el co-venturer local

Desde el punto de vista de aquella empresa que ha obtenido una importante


presencia en el mercado nacional e integrante de un Contrato de Joint Venture
con una nultinacional, las ventajas a obtener serían, entre otras, las siguientes:
 Acceso a mercados del exterior.
 Acceso a conocimientos técnicos y de administración, que redundarían en
el entrenamiento y capacitación del personal a cargo del venturer local.
 Beneficios en cuanto a tecnología, maquinarias, componentes y piezas de
última generación.
 El venturer local, tan igual como se anotó para el caso del venturer
extranjero, podría utilizar al Contrato como estrategia, es decir, al tener
conocimiento que una empresa extranjera se encuentra próxima a radicar
en el país, la empresa nacional podría orientarse a la búsqueda de una
asociación con aquélla, a efectos de evitar la competencia.

4.3. Para el país receptor


Para un país que se convierte en receptor de Joint Ventures, los beneficios a
obtener son también relevantes. Así por ejemplo, el poder acceder a mercados
extranjeros para la colocación de su producción o reflotar las empresas
estatales con capitales frescos y tecnología de última generación(36).

La generación de empleo es otro de los grandes objetivos que buscan los


gobiernos -especialmente los denominados en vías de desarrollo- cuando
acogen en su territorio Contratos de Joint Venture, sea entre empresas
estatales o privadas con socios foráneos y, en ciertos casos, con empresas
locales. Pero no debemos olvidar que la ventaja se amplía, por cuanto a la par
de generar empleo para la población, este personal se verá beneficiado en su
preparación, pues es posible que el venturer extranjero aporte conocimientos
en materias de administración o técnicas de producción que serían
aprovechados por la contraparte local en la capacitación de sus trabajadores.

Sobre los beneficios que para un país representa el Contrato de Joint Venture,
haciendo hincapié en el Perú, se ha mencionado que "(...) la bondad de este
tipo de inversión radica en la creación de empleos, modernización de los
procesos de producción, acceso a mercados extranjeros, utilización de
tecnología, promoción a nivel internacional de una nueva imagen del país por
parte del inversionista extranjero (...)"(37).

Como vemos, para países en desarrollo como el nuestro, el acoger Joint


Ventures implicaría la obtención de múltiples beneficios. En efecto, como ya se
anotó anteriormente, una de las consecuencias inmediatas sería la creación de
puestos de trabajo con la consecuente preparación técnica de ese personal. El
acceso a mercados externos para empresas necionales, equipos de última
generación y know how, constituyen otras de las posibilidades que se tendrían
al alcance de optar por este Contrato, y lo que consideramos importante y
prioritario: la promoción de una nueva imagen empresarial de nuestro país.

V. ÁMBITO DEL CONTRATO DE JOINT VENTURE

En este punto pretendemos examinar aquellas áreas en las cuales un Contrato


de Joint Venture, suscrito en el Perú, puede operar.

El campo de acción de un Joint Venture no se encuentra limitado a un número


determinado de actividades. Por el contrario su esfera de actuación resulta de
lo más diversa. Entre ellas podemos citar la actividad minera, en cuanto a
labores de exploración, explotación, comercialización, entre otras, propias de
este campo.
La pesca constituye otra de las áreas productivas donde pueden desarrollarse
Joint Ventures con empresas extranjeras. Así, podría utilizarse para labores de
extracción y/o elaboración de conservas y harina de pescado, y orientarlas a la
exportación, mediante la utilización de los mercados que el co-venturer posea
en el exterior.

La agricultura representa otra de las áreas de actuación de Joint Ventures.


Podemos citar por ejemplo, la zona liberteña orientada a la siembra de
espárragos. Un eventual Joint Venture entre los propietarios de los terrenos de
cultivo con capitales externos resultaría ventajoso a efectos de lograr
exportación del producto y de introducir tecnología avanzada en los cultivos. De
la misma manera, un Contrato de este tipo puede ayudar en el procesamiento
de la caña de azúcar, logrando con ello la reactivación del sector y un
reflotamiento y crecimiento sostenido de las empresas dedicadas a este rubro.

La generación de energía y los servicios de agua potable, pueden ser materia


de un Contrato de Joint Venture, sea orientado a la construcción de plantas
generadoras de energía y a su distribución. En cuanto al servicio de agua
potable, un Joint Venture puede resultar eficaz, entre otras, para la construcción
y puesta en marcha de una planta de tratamiento de agua.

Las telecomunicaciones representan un área sumamente propicia para el


desarrollo de Joint Ventures, ya estén orientados a servicios de telefonía fija,
móvil, televisión por cable y conexión a internet.
La participación en licitaciones puede motivar también la suscripción de
Contratos de Joint Venture, sobre todo en aquellas que tengan por finalidad la
construcción y reparación de carreteras, puentes, acueductos, cambio o
reparación de redes de agua y/o desague. Esto será posible gracias a los
denominados Joint Ventures instrumentales, que revisáramos en líneas
precedentes.

Finalmente, se pueden establecer Joint Ventures para los supuestos de


prestación de servicios profesionales; por ejemplo, mediante la unión de un
estudio jurídico peruano con otro extranjero, a fin de brindar asesoramiento
conjunto en materia de inversiones.

VI. DEFINICIONES. NUESTRA DEFINICIÓN

La doctrina, en algunos casos, ha mostrado su reticencia cuando de definir al


Joint Venture se trata. Así, encontramos posiciones que por un lado conceptúan
el Contrato tratando de abarcar sus caracteres más sobresalientes; otros,
abordándola in extenso; en tanto algunos, se abstienen totalmente de hacerlo.
En las líneas finales que a continuación siguen, presentamos algunas
definiciones que nos brinda la doctrina –tanto nacional como extranjera- para
concluir con nuestra particular definición del Contrato de Joint Venture, dejando
a salvo por supuesto aquello que expresa Colaiácovo, en el sentido que “el
abordaje más apropiado es el que procura huir de las definiciones globalizantes,
trazando características básicas de las Joint Ventures” (38).

La literatura foránea ha mostrado un marcado interés por el estudio de figuras


contractuales como el Contrato de Joint Venture, lo cual queda evidenciado a
través de su vasta producción bibliográfica. En ella se nos muestra la
importancia que ha cobrado este contrato en el contexto de los negocios
internacionales y la necesidad de algunos países, v.g. países en desarrollo, de
orientarse a su aplicación con el propósito de atraer inversión extranjera, para
proceder a la explotación de sus recursos naturales o desarrollar determinado
negocio, conjuntamente con socios locales.

En Argentina, constituye Sergio Le Pera el autor con el cual se empieza a


estudiar con mucha mayor profundidad el Contrato de Joint Venture. Sin
embargo, a pesar de no esbozar una definición, de la lectura del punto 24.b)
referido a las características del Contrato, podemos entresacar algunas ideas
que nos ayudarán a delimearlo conceptualmente. Dice Le Pera: “ (...) para que
haya Joint Venture quienes en él participan deben efectuar una contribución al
esfuerzo común. Esta contribución puede consistir en bienes, derechos o
dinero, pero también en industria, o simplemente en el tiempo aplicado a la
ejecución del proyecto” (39).

Farina dedica el Capítulo XI, Sección B) al estudio del Joint Venture en


particular, y reconociendo lo difícil de conceptualizarlo, lo entiende como “un
acuerdo que se celebra entre dos o más empresas que mantienen sus
respectivas autonomías jurídicas con el fin de realizar un objetivo común
mediante la aportación de recursos y la administración compartida de
ellos”(40).

En Chile, Fueyo Laneri lo entiende como una “(...) asociación de dos o más
entes jurídicos que se unen para llevar a cabo operaciones comerciales, y aún
civiles, de gran envergadura económico-financiera, con objetivo limitado,
dividiéndose la labor según aptitudes y posibilidades, y soportándose los
riesgos correspondientes según convenios que se establecen entre ellos y que,
por consiguiente, pueden ser de contenido variable” (41).

Muguillo, por su parte, considera que el Joint Venture es “(...) una asociación de
dos o más personas en forma similar a la de una sociedad (partnership) para
llevar adelante una empresa común, por un determinado beneficio, para cuyo
propósito los miembros aportan su dinero, afectos o conocimientos, acordando
existir una comunidad de intereses entre sí y para el propósito del negocio en
sí mismo; y resolviendo que cada miembro (co-adventurer) va a actuar como
principal en el negocio, así también como agente de los demás, conservando
todos, iguales derechos de control sobre todos los medios empleados para
llevar a cabo el negocio” (42).

En último término, teniendo como base los pronunciamientos de las Cortes de


Estados Unidos, Linklaters & Paines lo conceptúan como “(...) una asociación
de dos o más personas naturales o legales, combinando propiedad y
experiencia para llevar a cabo una empresa particular de negocios y compartir
intereses patrimoniales, así como compartir el derecho a controlar y dividirse
las ganancias y pérdidas”(43)(traducción libre).

Hasta aquí lo relativo a doctrina extranjera.

En el Perú, en términos cuantitativos, el desarrollo doctrinario del Contrato de


Joint Venture no es abundante; por el contrario, son escasas las obras que lo
abordan orgánicamente, encontrando sí ensayos y algunas ponencias que
estudian temás específicos del mismo.

Para nuestro objetivo de delinear al Contrato que nos ocupa, bástenos citar las
siguientes definiciones que la doctrina nacional ha vertido sobre esta figura
contractual.

José León Barandiarán Hart (44) efectúa un análisis in extenso del concepto de
Joint Venture, desde dos perspectivas: la primera, haciendo notar que se le ha
utilizado para denominar acuerdos de colaboración entre empresas y aún entre
personas naturales con el fin de llevar a cabo un negocio específico y, por otro
lado, hace resaltar el carácter netamente contractual de la figura, el cual puede
llegar a configurar el nacimiento de una sociedad como en el caso del Joint
Venture Corporation. De esta manera, concibe al Joint Venture como “una
contribución especial de dos o más personas en una empresa específica, en la
cual una ganancia es conjuntamente buscada, sin la designación o existencia
de una sociedad o ente corporativo. (...) Así, más que una integración
empresarial debe ser vista como un acto de colaboración; podría hablarse de
una affectio cooperationis (según Nicole Lacasse), pues se trata de la
realización de una obra común (...) Las partes, para la consecución de este fin
común no renuncian a su autonomía o a su poder de decisión, por el contrario,
conservan sus propias identidades. Aspecto fundamental resulta, por lo tanto,
poder hacer compatible, armonizar y sincronizar los intereses individuales de
cada uno de ellos, con el interés y propósito colectivo”.

Pantigoso considera que es “(...) un acuerdo de naturaleza instrumental u


operativa, celebrado entre partes independientes, con circunstanciales
intereses concurrentes en un emprendimiento individual, en el que cada parte
efectúa aportes para la consecución de sus fines, sin desprenderse de su
propiedad, bajo una situación de confianza recíproca, con vistas a obtener y
repartir un beneficio” (45).

Julio Salas, por su parte, lo conceptúa como un “(...) acuerdo de participación


conjunta, temporal o para una finalidad específica, con el ánimo de obtener
beneficios y sin constituir una persona jurídica distinta con un patrimonio
independiente”(46).

El profesor Sierralta, finalmente, define al Contrato de Joint Venture como “(...)


la relación contractual de dos o más personas naturales o morales que sin
perder su propia identidad y autonomía, se vinculan con el objeto de realizar
una actividad económica determinada, pudiendo aportar a tales propósitos
activos tangibles o intangibles que deberán ser explotados únicamente en miras
al objeto específico del contrato y en un lapso determinado previamente o
limitado al cumplimiento de tal objeto” (47).

A estas alturas de nuestro trabajo, y con todo lo anteriormente escrito, estamos


ya en condiciones de verter nuestra definición del Contrato de Joint Venture, y
con ello dar por concluido el presente estudio general. En ese sentido, lo
entendemos como:

“Contrato por el cual dos o más personas –sean naturales o jurídicas- deciden
unir esfuerzos y los más diversos aportes para proceder a la ejecución de un
negocio específico por un plazo determinado; no constituyéndose,
necesariamente, una persona jurídica autónoma, con la finalidad de participar –
conjunta e igualitariamente- en la administración del negocio conjunto y de las
utilidades o pérdidas que pudieran generarse”.
NOTAS

(1) En ese sentido, olvidemos el errado como reiterado calificativo de “contrato


moderno”, con el cual cierto sector de la doctrina suele designarlo.

(2) SIERRALTA RÍOS, Aníbal. Joint Venture Internacional, Fondo Editorial de la


Pontificia Universidad Católica del Perú, 2º ed., Lima, 1997, pág. 43-45.

(3) LE PERA, Sergio. Joint Venture y Sociedad, ASTREA, Buenos Aires, 1984,
pág. 66.

(4) CASTAÑEDA RAMÍREZ, Luis Hernán, Los Contratos de Colaboración


Empresarial (Joint Ventures/Asociación en Participación/Consorcio). En:
Revista Cuadernos Tributarios, publicación de la Asociación Fiscal Internacional
(IFA), Grupo Peruano, Nº 16, 1993, pág. 44.

(5) LE PERA, Sergio; op. cit., pág. 53-54.

(6) Ibidem, pág. 64-65.

(7) ASTOLFI, Andrea. El Contrato Internacional de Joint Venture, Traducción de


Guillermo Moglia Claps, Edit. DEPALMA, Buenos Aires, 1986, pág. 3-4 (vid.
nota 15).

(8) FARINA, Juan. Contratos Comerciales Modernos. Modalidades de


Contratación Empresaria, Edit. ASTREA, Buenos Aires, 1994, 1º reimpresión,
pág. 744. En el mismo sentido, puede consultarse: COLEGIO DE ABOGADOS
DE LIMA, Ponencia de los Dres. Elías Laroza, Salas Sánchez, Del Busto
Quiñones y Juan Manuel Calle. Los Contratos de Cooperación Empresarial. En:
Cuadernos Tributarios. Asociación Fiscal Internacional (IFA), Grupo Peruano,
Nº 15, págs. 187-188.

(9) CHULIÁ VICENT, Eduardo y BELTRÁN ALANDETE, Teresa. Aspectos


Jurídicos de los Contratos Atípicos, José María Bosch Editor S.A., Barcelona,
Tomo I, 2º ed., 1994, 413 pp.

(10) LEÓN BARANDIARÁN HART, José. Consideraciones respecto al Contrato


de Joint Venture. En: Revista Peruana de Derecho de la Empresa, Lima, Nº 39,
1990, pág. 104.

(11) BINSTEIN, Gabriel y GENE, Gustavo Enrique. Algunas notas sobre los
Joint Ventures. En: Revista Jurídica argentina La Ley, Buenos Aires, Tomo
1989-A (Sección doctrina), pág. 1056.

(12) ARBELAEZ CARBAJAL, Joaquín y MEJÍA VALENCIA, Jaime.


Fundamentos de Derecho Comercial y Tributario, Mc Graw Hill, Santa Fe de
Bogotá, 2º ed., 1993, pág. 29.
(13) ASTOLFI, Andrea; op.cit., pág. 07.

(14) PASTOR ARGUMEDO, Reynaldo. Naturaleza Jurídica del Contrato de


Joint Venture. En: DERECHO, Revista de la Facultad de Derecho de la
Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, Nº 39, 1985, pág. 313-314.

(15) SIERRALTA RÍOS, Aníbal, op. cit., pág. 67.

(16) GHERSI, Carlos Alberto. Contratos Civiles y Comerciales. Parte General y


Especial (Figuras Contractuales Modernas), Edit. ASTREA, Buenos Aies, 1990,
pág. 516.

(17) BINSTEIN, Gabriel y GENE, Gustavo Enrique; op. cit., pág. 1056.

(18) TORRES VÁSQUEZ, Aníbal. Contrato de Joint Venture. En: Revista de


Derecho y Ciencias Políticas, Universidad Nacional Mayor de San Marcos,
Lima, Vol. 49, 1991-1992, pág. 256.

(19) Noción sintetizada en la clásica expresión solus consensus obligat.

(20) En nuestro Derecho Civil peruano, conviene observar lo prescrito por los
artículos 143 y 144, que regula lo referente al principio de libertad de forma y al
carácter ad probationem de los negocios jurídicos, contenidos en el Título II,
Libro II del Código Civil de 1984. Resultan importantes estas normas, por cuanto
son perfectamente aplicables a Joint Ventures que pudieran ser suscritos entre
nacionales o entre éstos y personas naturales o jurídicas foráneas. Primará, de
presentarse este supuesto, el principio de libertad de forma (entendido según
Vidal Ramírez, como “la no posibilidad de que la manifestación de voluntad
pueda hacerse sin observar formalidad alguna, sino aceptando que los
interesados empleen cualquier forma que juzguen conveniente, salvo que
respecto a algún acto jurídico especial, la ley designe una formalidad
específica”. VIDAL RAMÍREZ, Fernando. En: Exposición de Motivos y
Comentarios al Libro II del Código Civil. Compilado por Delia Revoredo
Marsano, Tomo IV, pág. 280-281) y, de redactarse el contrato por escrito, en
mérito a la seguridad jurídica que desean los intervinientes para este tipo de
contratos, revestirá tan sólo el carácter –como se señaló- ad probationem.

(21) Pueden consultarse mis trabajos: Los contratos de colaboración


empresarial en el ordenamiento jurídico peruano, En: Revista Jurídica, órgano
oficial del Colegio de Abogados de La Libertad, edición especial por sus 75
años, Nº 134, enero 1996-julio 1999, Trujillo, pág. 65 y ss.; y su versión
ampliada: Algunos criterios respecto a los contratos de colaboración
empresarial en el ordenamiento jurídico peruano, En: Gaceta Jurídica, Sección
Actualidad Jurídica, Tomo 76-B, marzo, Lima, pág. 33 y ss.

(22) PIANTIONI, Mario A. Contratos típicos y atípicos. En: Libro Homenaje al


Dr. Jorge Mosset Iturraspe, Edic. La Roca, Buenos Aires, 1989, pág. 49.
(23) LE PERA, Sergio; op. cit., pág. 78.

(24) GHERSI, Carlos Alberto; op. cit, pág. 515.

(25) BENAVIDES TORRES, Eduardo. Contratación moderna e inversión


extranjera en el Perú, En: THÉMIS, Revista de Derecho editada por estudiantes
de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Nº 33,
Segunda Época, 1996, pág. 35.

(26) LE PERA, Sergio; op. cit., pág. 76-77.

(27) Como bien se ha dicho, “el derecho de participar en las utilidades es parte
esencial en el Joint Venture (...) Sin embargo, la doctrina americana admite que
álguien pueda no participar en las pérdidas, aunque sí en las ganancias, lo que
diferencia al Joint Venture de cualquier forma societaria. Este último supuesto
es impensable en una partnership. Pero esa condición dentro de ciertas
limitaciones fue aceptada para un Joint Venture, como cláusula contractual,
pues no se trataba de una sociedad, donde no era lícito pactar tal cláusula”.
MARZORATI, Osvaldo J. Alianzas Estratégicas y Joint Ventures, Edit. ASTREA,
Buenos Aires, 1996, pág. 85.

(28) Cfr. ARIAS-SCHREIBER PEZET, Max y ARIAS-SCHREIBER MONTERO,


Ángela. Los Contratos Modernos, Gaceta Jurídica Editores, Tomo I, 2º ed.,
1996, pág. 155.

(29) DE LA PUENTE Y LAVALLE, Manuel. El Contrato en General, En:


Biblioteca para leer el Código Civil, Fondo Editorial de la Pontificia Universidad
Católica del Perú, Lima, Segunda Parte, Vol. XV, Tomo IV, pág. 465.

(30) En igual sentido se estableció en las Cuartas Jornadas Nacionales de


Tributación, cuyo primer considerando del Tema II, referido a los Contratos de
Colaboración Empresarial, señalo: “Que los Joint Ventures tiene carácter ad-
hoc, no pudiendo concebirse para negocios permanentes que son propios de
una sociedad, constituyendo una característica esencial la contribución
recíproca de los venturers y la comunidad de intereses que se genera sin crear
necesariamente una nueva persona jurídica”. CONTRATOS DE
COLABORACIÓN EMPRESARIAL (Resolución de las Cuartas Jornadas
Nacionales de Tributación), En: Revista Cuadernos Tributarios, publicación de
la Asociación Fiscal Internacional (IFA), Grupo peruano, Nº 16, 1993, pág. 82.

(31) FARINA, Juan; op. cit., pág. 756.

(32) LE PERA, Sergio; op. cit., págs. 83-84.

(33) ASTOLFI, Andrea; op. cit, pág. 46.


(34) MONTOYA ALBERTI, Hernando. El Contrato de Joint Venture. En:
Materiales de trabajo del Curso "Contratos Modernos", dictado en el Ilustre
Colegio de Abogados de Lima, marzo de 1997, pág. 09.

(35) MANSILLA VÁSQUEZ, Jorge. El Joint Venture en el Derecho Comercial


Moderno, En: Revista ADVOCATUS, Universidad de Lima, Año I, segunda
entrega, pág. 44.

(36) Al respecto, puede verse mi artículo periodístico: Joint Ventures por


privatización: ¿por qué no?, publicado el 01/06/09 en la Página Editorial del
Diario La Industria de la ciudad de Trujillo.

(37) BOZA DIBÓS, Beatríz. Joint Ventures con Empresas Peruanas. Publicado
en 30/11/92, en Semana Económica, pág. 19.

(38) COLAIÁCOVO, Juan Luis; AVARO, Rubén Daniel; ROSADO DE SA


RIBEIRO, Marilda; NARBONA VELIZ, Hernán. Joint Ventures y otras formas de
Cooperación Empresaria Internacional, Edic. Macchi, Buenos Aires, 1992, pág.
79.

(39) LE PERA, Sergio; op. cit., pág. 74.

(40) FARINA, Juan; op. cit., 750.

(41) FUEYO LANERI, Fernando. Los Contratos de Colaboración Empresaria y


su modalidad complementaria de Contratos de Dominación, Edit. Jurídica de
Chile, Santiago, 1991, pág. 25.

(42) MUGUILLO, Roberto A. Cuestiones de Derecho Societario: sociedad


irregular o de hecho- sociedad accidental o en participación – Joint Ventures,
Edit. Merú, Tucumán, 1980, pág. 107.

(43) LINKLATERS & PAINES. Joint Ventures, Edit. Longman Group, Reino
Unido, 1º edic., 1990, pág. 02.

(44) LEÓN BARANDIARÁN HART, José; op. cit., pág. 109.

(45) PANTIGOSO VELLOSO DA SILVEIRA, Francisco. Los Joint Ventures en


relación a la Tributación, En: Revista Cuadernos Tributarios, publicación de la
Asociación Fiscal Internacional (IFA), Grupo Peruano, Nº 15, pág. 130.

(46) SALAS SÁNCHEZ, Julio. Joint Ventures, En: Invirtiendo en el Perú. Guía
Legal de Negocios, Edit. APOYO, Lima, 1994, pág. 345.

(47) SIERRALTA RÍOS, Aníbal; op. cit., pág. 68-69.