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TRATAMIENTO DE UN CASO DE TARTAMUDEZ A TRAVÉS DEL MÉTODO DE

AZRIN Y NUNN.
Juan Manuel Moreno Manso y Elena García-Baamonde Sánchez
(Tomado de la Revista de Logopedia, Foniatría y Audiología, Vol XXII – Nº 4 – 2002)

RESUMEN:
En este artículo describimos un caso de tartamudez a través de la aplicación de un
procedimiento terapéutico para el tratamiento de hábitos nerviosos. Mediante la exposición de
este caso clínico demostramos la eficacia de dicha técnica en la tartamudez cuando el paciente
muestra motivación para el cambio. A lo largo del texto describimos los datos relativos a
entrevistas realizadas con padres e hijo, el procedimiento de evaluación del patrón de habla, la
personalidad y la adaptación personal, social y escolar del niño a través de la aplicación de
pruebas, los resultados de la misma y el método de intervención descrito paso a paso a lo
largo de las sesiones.

INTRODUCCIÓN
Con la presentación de este caso describimos un procedimiento terapéutico conductual
para el tratamiento de la tartamudez. Nos referimos al método de Azrin y Nunn (1987)
para el tratamiento de hábitos nerviosos. Desde este planteamiento, una de las razones por
las que persiste un hábito es por el hecho de que se asocia a otras pautas de conducta del
paciente, de tal manera que llega a formar parte de las actividades cotidianas y funcionales
de éste. El plan general de tratamiento pretende por una parte aumentar las expectativas de
autoeficacia del sujeto ante el problema de la tartamudez y conseguir que la persona tome
mayor conciencia de todas las conductas que preceden al hábito y las situaciones que
tienden a él.
Asimismo, este procedimiento destaca la necesidad de la motivación para el cambio en
el tratamiento de la tartamudez y la importancia del aprendizaje de una conducta que sea
incompatible con la practica del hábito, de manera que la persona pueda ponerla en
práctica en aquellas situaciones en las que note que empieza a tartamudear e incluso antes
de que se inicie. De ahí la importancia de aprender a reconocer cualquier conducta que
precede a la tartamudez, al igual que las situaciones proclives al hábito.
A lo largo del artículo se describen los datos relativos a la anamnesis, evaluación e
intervención de un caso de tartamudez.

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ANAMNESIS
C. es un niño de 12 años de edad que acude al centro a instancias de su madre. La madre
acude motivada por las cada vez más frecuentes manifestaciones nerviosas de su hijo:
tartamudeo y tics nerviosos.
La unidad familiar está compuesta por el padre de 58 años y la madre de 57 años, con un
nivel educativo y económico medio. El padre es inspector médico y la madre maestra, aunque
no ejerce desde la adopción de C.
C. es ansiosamente deseado por los padres, los cuales tardan varios años en conseguir una
adopción. Se desconocen los datos relativos a los padres biológicos. El desarrollo evolutivo
ha seguido las pautas normales.
El niño se encuentra escolarizado en un colegio privado donde ejerció la madre. El nivel
de exigencia de los padres respecto al niño es elevado, aunque éste tenga una media de
sobresaliente. En el colegio juega solo y cuando juega con otros niños se muestra agresivo y
autoritario, generando rechazo en los demás. En ocasiones los compañeros se burlan de él por
su tartamudeo y por sus tics, aunque C. suele provocarles previamente. El niño no tiene
amigos y prefiere la compañía de adultos a la de sus iguales.
La madre no desea un tratamiento continuo para su hijo, puesto que podría hacerse muy
dependiente del terapeuta y usarlo para manipular a los demás (padres), asimismo considera
que necesita esforzarse por sí mismo para cambiar, puesto que acostumbra a esperar que los
demás le solucionen los problemas.
Constatamos una tremenda rigidez en el planteamiento de exigencias escolares, sociales y
personales hacia el niño. La madre se muestra sobreprotectora con el niño, pero desconoce
cómo es su hijo realmente. Describe al niño racionalmente, sin utilizar términos afectivos, y
lo retrata en función de cómo responde a sus demandas, pero desconoce tanto sus gustos y
necesidades como la percepción que el niño tiene de sí mismo. No utiliza el término “hijo”
para referirse a él.
Los intentos de solución ante el problema han sido ineficaces. Algunos de ellos son:
hacérselo notar, reñirle, gritarle, castigarle, etc. La madre nos comenta que temporalmente
estuvo observando a su hijo durante los recreos para ver si allí también tenía tics y
tartamudeaba.
C. comienza a tartamudear a los 8 años, y 5 ó 6 meses después aparecen sus tics. Acude a
un psicólogo durante año y medio sin obtener resultados, al menos apreciables para la madre.
En estos últimos 11 meses los tics aumentan considerablemente. Actualmente hay temporadas

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en las que su tartamudeo se acompaña de tics: abrir y cerrar los ojos, elevar los hombros y
mover la cabeza hacia la derecha. El tic habitual es el de los ojos.
La madre atribuye la tartamudez y los tics al estrés escolar. El tartamudeo no ha cesado
desde su inicio, pero los tics se manifiestan en mayor o menor medida dependiendo de la
temporada. Antes sólo le pasaba a final de curso, con los exámenes, pero lleva un año que le
pasan continuamente. La madre considera que es consciente de sus tics y puede controlarlos
voluntariamente, dado que pueden pasar varios días sin que los manifieste.
La relación con la madre no es la adecuada. Según la madre no se llevan bien porque
tienen un carácter muy diferente y es rebelde ante las normas parentales. El padre se inhibe
ante el problema de C.
No se le ha realizado ninguna exploración médica con la finalidad de descartar la
organicidad del cuadro de disfemia, por lo que ésta es la primera indicación que le realizamos
antes de comenzar el tratamiento. Desconocemos la existencia de antecedentes familiares del
niño con la misma problemática.
Solicitamos a la madre que nos proporcione información sobre la tartamudez de su hijo,
con la finalidad de delimitar claramente las dificultades que tiene en el habla y poder ayudarle
más eficazmente. Ella nos comenta lo siguiente:
- Generalmente cuando se encasquilla con una palabra, repite varias veces la misma sílaba
antes de continuar hablando, aunque en ocasiones se para de repente y no puede seguir
hablando. Esto último le pasa con mayor frecuencia cuando va a comenzar a decir algo y
parece quedarse sin aliento momentáneamente.
- Cuando le ocurren las repeticiones y los bloqueos, se aprecia una elevada tensión en el niño,
acompañada de tics: abrir y cerrar de ojos, movimientos de la cabeza hacia la derecha,…
- C. no prolonga sonidos, pero sí introduce con mucha frecuencia la palabra “pues”. Para la
madre al igual que el abrir y cerrar de ojos, el “pues” es un tic.
- Habitualmente deja las frases sin terminar.
- No ha observado en el niño temblor en labios, ni gestos para ocultar su tartamudez, ni
tendencia a evitar determinadas situaciones y/o personas.
Durante la primera entrevista con C. (grabada en vídeo) constatamos la presencia de todas
aquellas manifestaciones que la madre nos comentó. La relación empática fue adecuada desde
el inicio de la entrevista. El niño utiliza comentarios y expresiones de adulto.
Apreciamos un movimiento asociado en los ojos (parpadeo constante), y bastante
actividad motora en brazos y piernas. En un momento de la sesión se produce un movimiento

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de ocultación, colocándose las manos delante de los ojos aparentando una actitud pensativa
ante una pregunta.
El niño dice ser consciente de su tartamudez, pero no siempre de sus tics. Comenta que su
madre está constantemente encima de él corrigiéndole y recordándole que ha realizado un tic.
Según él, el tartamudeo es continuo, y los tics son temporales, excepto el de los ojos, que es
permanente. Dice que cada vez se presenta un tic distinto: en el cuello (movimiento hacia un
lado), en la espalda (movimiento giratorio brusco) y en la cadera (movimiento de cadera,
asociado a un golpe del codo en el costado).
Considera que los tics aparecen y desaparecen solos sin que él haga nada, aunque cuando
se da cuenta de ellos (después de un tiempo) intenta corregirlos. Dice que en primavera y
otoño aparecen en mayor medida como consecuencia de la alergia que tiene a las hojas. Le
molesta la alergia a los ojos y aumenta el tic.
Se muestra motivado para solucionar la tartamudez y los tics, ya que son muy molestos y
cansados. Además, por culpa de su tartamudeo y sus tics le ponen motes en el colegio: “el
fotógrafo”.
Le molesta que la gente le mire porque piensa que es para reírse, y le molesta que su
madre le mire: “me mira con los ojos pegados a mí”. Atribuye la tartamudez y los tics a su
nerviosismo, y mantiene la creencia de que a todos los nerviosos les ocurre lo mismo.

EVALUACIÓN.
A partir de los datos de la anamnesis decidimos llevar a cabo una exploración del habla de
C., de su personalidad y del grado de adaptación personal, social y escolar, con la finalidad de
determinar el estado inicial del sujeto antes de la aplicación del tratamiento. Previamente, la
madre nos proporciona el informe médico descartando la organicidad del trastorno. La
evaluación consiste en la aplicación de las siguientes pruebas (durante 3 sesiones): CPQ.-
Cuestionario de personalidad para niños – Forma A. (Porter y Cattelll, 1988); TAMAI.- Test
Autoevaluativo Multifactorial de Adaptación Infantil. (Hernández, 1996); y análisis del habla
del niño a lo largo de las sesiones de evaluación.
a) CPQ (Cuestionario de Personalidad para niños.- Forma A) .
Tabla 1.- Resultados de la aplicación del CPQ.
FACTOR P. DIRECTA DECATIPO
A 1 1
B 9 7
C 0 1
D 8 9

4
E 5 5
F 4 4
G 7 6
H 1 1
I 6 9
J 7 8
N 7 9
O 10 10
Q3 4 4
Q4 8 9
QI 109 10
QII 15 1,5
QIII 46 4,6
A raíz de los resultados, constatamos un alto desajuste consigo mismo y con la realidad en
general, en el sentido de dificultad para aceptarla como es. Esto motiva su concepto de vida
problemática y su pesimismo.
Presenta elevada ansiedad, que le lleva a estar insatisfecho con sus posibilidades de
responder a las exigencias que le plantean las situaciones difíciles.
Manifiesta baja autoestima, autodesprecio y autocastigo (“me tengo rabia a mi mismo” ), y
existen sentimientos de tristeza, desdicha y preocupación. Está insatisfecho con sus éxitos.
Muestra encogimiento en sí mismo y miedo, todo ello relacionado con el desajuste existente y
con el factor de introversión, así como con el factor de aprensividad en el que la puntuación es
máxima y que se refleja en sensaciones de culpabilidad, inseguridad, preocupación y
autoreproches que pueden llevar a irritabilidad o ansiedad, e incluso a tristeza o depresión en
algunos casos.
En cuanto a los factores emocionales, existe una tendencia a dejarse turbar por los
sentimientos; es decir, a la inestabilidad emocional. Esto se refleja en una baja resistencia a la
frustración y una propensión a perder el control emocional, aunque tiene capacidad suficiente
para controlar su conducta y emociones.
El factor adherencia a las normas parece reflejar una tendencia moralista y una sensatez
algo mayor que la esperada. Ha incorporado los valores del mundo de los adultos en mayor
medida que la media de su edad. Eso le permite perseguir mejor sus intereses que otros niños,
aunque ello no quiere decir que resulte más maduro.
El nivel de comprensión y aprendizaje de ideas es bueno, lo que indica un buen
pensamiento abstracto.

b) TAMAI (Test Autoevaluativo Multifactorial de Adaptación Infantil)


Tabla 2.- Resultados de la aplicación del TAMAI.

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P INADAPTACIÓN PERSONAL PD= 25 MA C=96
P1 INSATISFACCIÓN PERSONAL P.D = 4 MA C= 99
P2 DESAJUSTE AFECTIVO P.D = 21 MA C= 99
P21 Cogniafección P.D = 4 MA C=97
P22 Cognipunición P.D = 17 MA C= 99
P221 Somatización P.D = 9 MA C= 96
P222 Depresión-Intrapunición PD = 8 A C= 92
P3 AUTOSUFICIENCIA DEFENSIVA P.D = 1 CA C = 70

E INADAPTACIÓN ESCOLAR PD = 21 MA C= 96
E1 AVERSIÓN - INSTRUCCIÓN P.D = 17 MAC = 96
E11 Hipolaboriosidad P.D = 6 MAC = 99
E12 Hipomotivación P.D = 7 CA C = 70
E13 Aversión - Profesor P.D = 4 A C = 92
E2 INDISCIPLINA P.D = 4 A C= 90

S INADAPTACIÓN SOCIAL PD = 22 MA C = 99
S1 AUTODESAJUSTE SOCIAL P.D = 15 MAC = 99
S11 Agresividad social P.D = 3 MA C = 99
S12 Disnomia P.D = 12 MAC = 96
S2 RESTRICCIÓN SOCIAL P.D = 7 A C = 90

F INSATISFACCIÓN FAMILIAR PD = 1 CA C = 70

Pa EDUCACIÓN ADECUADA PADRE B C = 20


Pa1 EDUCACIÓN ASIST. PERSONALIZADA PD = 7 M C=50

Pa2 PERMISIVISMO PD = 0 M C = 50
Pa3 RESTRICCIÓN PD = 6 MA C = 96
Pa31 Perfeccionismo hipermónico
Pa32 Estilo aversivo PD = 1 CA C = 70
Pa321 Rechazo afectivo PD = 0 M C = 50
Pa322 Perfeccionismo hostil PD = 1 CA C = 70
Pa323 Marginación afectiva PD = 0 M C = 50

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M EDUCACIÓN ADECUADA MADRE MB C = 5
M1 EDUCACIÓN ASIST. PERSONALIZADA PD = 7 M C = 50
M2 PERMISIVISMO PD = 1 A C = 95
M3 RESTRICCIÓN PD = 5 MA C = 96
M31 Asistencia Restrictiva PD = 0 M C = 50
M311 Marginación afectiva PD = 0 M C = 50
M312 Rechazo afectivo PD = 0 M C = 50
M32 Person. Restrictiva PD = 5 MA C = 96
M321 Perfeccionismo hostil PD = 3 A C = 95
M322 Perf. Hipermónico PD = 2 A C = 95

DIS DISCREPANCIA EDUCATIVA PD = 2 M C = 50


PI PRO-IMAGEN PD = 3 A C = 70
Ctr CONTRADICCIONES PD = 2 M C = 50

En cuanto a la adaptación escolar vemos un alto descontento con la institución, la


situación escolar y los profesores, que le lleva a una hipolaboriosidad en el aprendizaje.
La inadaptación social es muy elevada. Se siente víctima de la hostilidad de los otros, por
lo que aparece el deseo de mando y superioridad. Presenta tendencia a la introversión (a ser
reservado, autosuficiente e inhibido en los contactos personales). Mediante el alejamiento de
sus iguales intenta evitar la amenaza. No es espontáneo en su relación con otros niños, ni
socialmente atrevido.
A esto se une su inseguridad e individualismo, que le llevan a ser crítico con los demás, y
por otro lado, la sobreexcitación, frustración y tensión que muestra. Esta tensión nerviosa se
refleja en irritabilidad o mal humor que dificultan la sociabilidad, y en conductas
sintomáticas, que en este caso podrían ser la tartamudez, los tics y la apreciable actividad
motriz. Se muestra excitable, impaciente y exigente, con una gran tendencia a exhibir
excitación o hiperactivación ante diferentes tipos de estímulos o ante una pequeña
provocación.
Existe cierta insatisfacción en la relación con sus padres. Por una parte, no denota carencia
ni rechazo afectivo por parte de ninguna de las figuras, aunque no está seguro de la intensidad
de ese afecto. En ocasiones siente cierto abandono del padre y le gustaría le tomara más en

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cuenta. En la madre acusa un exceso de recriminaciones y censuras, aunque ve una fácil
concesión de caprichos por su parte ante una presión emocional.

c) Análisis del habla del niño a lo largo de las sesiones de evaluación.


Durante las tres sesiones que duró la exploración, analizamos el habla de C. El estudio se
realizó tanto cuantitativa como cualitativamente. La finalidad era determinar el número de
disfluencias del niño, el tipo de errores que comete, la presencia o no de movimientos
asociados, la tasa respiratoria, la tensión muscular y si la presencia de la madre aumentaba su
tartamudeo. La sesiones se registraron en vídeo para un posterior análisis más completo y
preciso del patrón de habla del niño. El estudio de la grabación nos permitió establecer la
línea base a partir de la cual pudimos ir constatando los avances de C. una vez puesta en
marcha la intervención.
Con la finalidad de obtener una mayor información del niño, contactamos con el centro
escolar, donde a través de una entrevista personal con el tutor pudimos corroborar la
información proporcionada por la madre.
El estudio del habla de C. lo realizamos sobre muestras de 100 palabras en diferentes
momentos. Una vez analizada la grabación constatamos la presencia de un total del 17% de
disfluencias en situaciones de conversación y descripción/narración, que disminuían
considerablemente en tareas de lectura (9%) y aumentaban en presencia de la madre (23%).
También pudimos constatar un mayor número de repeticiones de sílabas que de palabras, los
bloqueos se producían fundamentalmente al inicio de sus comunicaciones o tras la intensa
repetición de una sílaba. En esos momentos también detectamos falta de aire y una elevada
tensión muscular en cara, cuello y hombros que duraba 2-3 segundos y en la cual se producía
enrojecimiento. La muletilla “pues” aparece generalmente en sustitución del bloqueo. Sólo de
manera excepcional no acaba las frases, y únicamente observamos el movimiento de la cabeza
hacia el lado derecho y el abrir y cerrar de ojos como conductas asociadas a las repeticiones y
bloqueos.
Los movimientos asociados de caderas y espalda sólo se producen en presencia de la
madre durante una de las sesiones, de ahí que pensemos que estas conductas de C. puedan ser
un llamada de atención sobre la madre con la intención de molestarla.

INTERVENCIÓN.
Tras la exploración del niño decidimos aplicarle el procedimiento terapéutico de Azrin y
Nunn (1987) para el tratamiento de hábitos nerviosos. La motivación para el cambio de C. nos

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hizo suponer que esta técnica podía ser eficaz para la mejora de su tartamudez. Las sesiones
inicialmente tuvieron un carácter semanal, con la finalidad de poder ir comprobando sus
avances y/o recaídas, y posteriormente pasaron a ser quincenales. La Tabla 3 muestra el plan
general de intervención según los autores mencionados:
Tabla 3.- Procedimiento terapéutico de Azrin y Nunn (1987)
PROCEDIMIENTO DE TRATAMIENTO DEL HABITO
Azrin, N.H., Nunn, R.G. (1987)

 Motivación. Ayudarle a comprender plenamente los inconvenientes causados por el


hábito.
 Toma de conciencia del hábito. Debe aprender a ser sensible a los detalles específicos del
hábito.
 Reacción de competencia. Debe aprender una reacción conductual que sea incompatible
con la práctica del hábito.
 Reacción correctiva. Debe utilizar la reacción de competencia para interrumpir el hábito
en cuanto note que empieza a caer en él.
 Reacción preventiva. Debe aprender a producir la reacción incompatible cada vez que
sienta la tentación de realizar el hábito, para impedir que se inicie.
 Comportamiento asociado. Debe reconocer la conducta que precede al hábito, y usar la
reacción de competencia para evitar incluso este comportamiento.
 Situaciones que tienden al hábito. Tomar conciencia de todas las situaciones proclives al
hábito, para practicar la reacción de competencia en ellas.
 Adiestramiento en relajación. Debe aprender un método para relajarse cuando se pone
nervioso.
 Apoyo social. Debe buscar apoyo en la personas que le rodean para que le ayuden a cobrar
conciencia del hábito.
 Práctica y ensayo simbólico. Debe practicar la reacción incompatible hasta que se vuelva
automática, imaginándose en situaciones proclives al hábito.
 Exhibición de la mejora. Debe buscar deliberadamente situaciones que ha evitado
anteriormente a causa del hábito.
 Registro. Debe llevar un registro diario de la frecuencia del hábito, de modo que pueda
observar sus progresos.

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El tratamiento se abordó a lo largo de diez sesiones y el desarrollo de las mismas fue el
siguiente:
En la primera sesión, nos centramos en cuatro aspectos contemplados en el
procedimiento de Azrin y Nunn: la motivación, la identificación de las situaciones que
tienden al tartamudeo, la toma de conciencia del mismo y la identificación de la/s conducta/s
que precede/n al tartamudeo.
Inicialmente, pedimos al niño que elaborase un listado con las situaciones, personas y
actividades que evita a causa de su tartamudez. Algunos de los inconvenientes que manifiesta
son los siguientes: ir a colegio a disgusto porque le insultan, se burlan y le imitan; los gritos y
castigos de la madre; la continua vigilancia de su madre; el impedimento de no hablar con
otros niños para que no se rían de él; no salir a jugar a la calle; etc.
A continuación, le proporcionamos una explicación sobre los movimientos asociados que
generalmente se producen con anterioridad a la práctica de un hábito nervioso (cerrar los
puños, levantar los hombros y echarlos hacia atrás, tensar el cuello, la mandíbula, retener el
aire,…) con la finalidad que pueda detectarlos. Para facilitar la detección de los mismos, le
pedimos que realice un registro (durante una semana) anotando lo siguiente: qué ocurre
inmediatamente antes de iniciar el tartamudeo, en qué situaciones se produce, en qué consiste
(repeticiones de palabras y/o sílabas, bloqueos, ….), qué ocurre durante la tartamudez
(movimientos de cabeza, abrir y cerrar los ojos,…) y qué ocurre inmediatamente después.
Únicamente en esta sesión, le pedimos a la madre que anote las conductas asociadas
previas al hábito sin que el niño lo perciba (dada su capacidad observacional), puesto que para
el niño puede ser muy complicado tener conciencia de estos movimientos por sí solo, y el que
la madre los identifique puede ayudarnos considerablemente en el proceso de intervención
sobre el tartamudeo.
En la segunda sesión comprobamos a través del registro, que el niño tiene conciencia de
cómo se produce su tartamudez, las circunstancias en las que tiende a producirse y con qué
personas se da en mayor medida (fundamentalmente con su madre). En cambio no tiene
conciencia de las conductas previas. La madre nos informa que el niño antes de iniciar su
tartamudeo se pone rígido y eleva los hombros (conducta que nosotros habíamos observado
en las sesiones de evaluación).
Aunque el método propuesto sugiere que el sujeto pida a alguien cercano que le avise
cuando incurre en el hábito y en las conductas asociadas previas. En esta ocasión no se hizo

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así, dada la sobreprotección y rigidez parental, se consideró que era posible que la atención
constante de los padres reforzara más el hábito del niño.
Para conseguir que el niño tomara conciencia de la conducta que precede al tartamudeo, le
informamos de cuál es la conducta previa que hemos observado en las sesiones y le pedimos
que durante una semana preste especial atención a la rigidez corporal y a la elevación de los
hombros. Se le pide un registro diario, para determinar cuántas veces al día percibe tensión en
esas zonas antes de tartamudear y en qué momentos.
La tercera y cuarta sesión la dedicamos al aprendizaje de la reacción de competencia y
al adiestramiento en relajación. Primeramente, a través del registro comprobamos que la
toma de conciencia de la conducta previa asociada al tartamudeo aumenta progresivamente.
Como reacción de competencia, le enseñamos una conducta incompatible al tartamudeo,
para que la ponga en práctica en aquellos momentos que note que va a tartamudear o cuando
se encuentre con situaciones/personas que le predisponen al hábito. Esta consiste en bajar los
hombros, hacer una pequeña pausa de 2 ó 3 segundos (para pensar lo que va a decir), tomar
aire y expirar lentamente mientras comienza a hablar. Esta estrategia también debe ponerla en
práctica cuando ha comenzado a tartamudear. En estos momentos, debe parar de hablar, bajar
los hombros, inspirar y exhalar lentamente el aire mientras comienza a hablar de nuevo. Así,
gradualmente toma conciencia cuanto antes del hábito y utiliza la reacción de competencia
hasta hacerla automática.
En cuanto al adiestramiento en relajación, se le enseña una técnica de respiración sencilla
y cómoda para que la utilice en aquellas situaciones en que se encuentra tenso o nervioso y
piensa que va a tartamudear.
Se le pide que siga con el registro que le mandamos en la sesión anterior. Y se le dice que
ejercite la reacción de competencia al menos 3 veces al día, con la finalidad de que el sujeto la
automatice.
La quinta y sexta sesión se centran en la práctica y ensayo simbólico del control del
hábito. Le entrenamos para que dedique cinco minutos al día a imaginarse lo más vívidamente
posible en situaciones asociadas al hábito (jerárquicamente) y realice todos los movimientos
implicados en él. Posteriormente, se le adiestra para que haga de nuevo los movimientos
asociados al hábito, pero esta vez verbalizándolos y utilizando la reacción de competencia,
todo ello delante de un espejo. Esto debe realizarlo diariamente en su domicilio, así el niño
estará preparado para corregir y prevenir la tartamudez cuando se encuentre en la situación
real.

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Durante las sesiones quinta, séptima, novena y décima, realizamos nuevas mediciones de
la tartamudez del niño ante tareas de mayor o menor complejidad (lectura, conversación,
descripción de láminas, narración de una historia previamente contada,…), constatándose una
reducción progresiva en la proporción de disfluencias.
La séptima, octava, novena y décima sesión, tuvieron un carácter quincenal, y se
centraron en el mantenimiento del control del hábito (a través de la práctica de la reacción de
competencia, el ensayo simbólico y el adiestramiento en relajación), prevención de recaídas y
puesta en práctica del control de la tartamudez ante situaciones/personas predisponentes o
favorecedoras del mismo, comenzando por las menos ansiógenas.
En la séptima, introducimos a la madre en la sesión, para determinar la reducción de la
tartamudez de C. estando ella presente, y comprobamos que la proporción pasa a ser del 12%.
Y en la décima y última sesión con el niño, vemos que la proporción de disfluencias por cada
100 palabras se reduce considerablemente, y pasa a ser del 7%. En esta misma sesión, tras una
breve entrevista con la madre, corroboramos los avances significativos del niño en el contexto
familiar y escolar. Ante nuestra sugerencia de una sesión mensual para el seguimiento de los
progresos y la prevención de recaídas, los padres deciden que el niño abandone el tratamiento
y sea él por sí mismo el que se esfuerce por mantener el control de su tartamudez.

CONCLUSIÓN.
El tratamiento de la tartamudez se abordó a lo largo de diez sesiones, simultaneándolo a
partir de la tercera sesión con el trabajo en habilidades sociales. Podemos concluir que el
resultado de la intervención fue parcialmente exitoso, ya que conseguimos reducir la
tartamudez del niño considerablemente, pero nos fue imposible constatar el mantenimiento de
la mejoría a través del seguimiento, dada la actitud familiar.
A través de la descripción de este caso destacamos que todo tratamiento debe funcionar
como un modo de inducción para crear expectativas de dominio del problema. Para que un
sujeto logre controlar la tartamudez, no sólo necesita de la existencia de las habilidades
precisas, sino también de la creencia de que dispone de la eficacia necesaria para utilizar estas
habilidades de modo que pueda controlar el hábito. El sujeto no sólo debe disponer de unas
expectativas de eficacia personal, sino también de unas expectativas de resultado (las
consecuencias más probables que producirá el control de su problema de fluidez). De ahí la
importancia de imaginarse un futuro sin el hábito nervioso, a través del análisis de los
beneficios, el niño tiene un incentivo para desarrollar las habilidades necesarias para

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controlarlo. El registro de las disfluencias y la reacción de competencia garantizan que el niño
se perciba más eficaz y con mayor control sobre su tartamudez.
Mediante el ensayo del control del hábito, en cada una de sus situaciones facilitadoras, el
niño está preparándose para corregir y prevenir la tartamudez cuando se encuentre en la
situación real. De esa manera, se percibirá más eficaz en cada una de las situaciones en las
que antes no podía controlarse.
Por último, destacar que con la exposición este caso no tratamos de crear una expectativa
de resolución del problema de tartamudez en escasas sesiones a través del procedimiento
terapéutico de Azrin y Nunn (1987), sino de resaltar el papel que desempeña la autoeficacia
en la resolución del mismo.

BIBLIOGRAFÍA.
Azrin, NH. y Nunn, RG. Tratamiento de hábitos nerviosos. Barcelona: Martínez Roca, 1987.
Hernández y Hernández, P. Test autoevaluativo multifactorial de adaptación infantil
(TAMAI). Madrid: TEA, 1996.
Porter, RB. y Cattell, RB. Cuestionario de personalidad para niños (CPQ). Madrid: TEA,
1988.

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