Está en la página 1de 8

EL FIN DE LA DEPRESIÓN ECONÓMICA

Percy Gianfranco Sánchez Jiménez

Percy_sanchezj@hotmail.com

RESUMEN

La envergadura del presente artículo se basa en lo complicado que ha sido para los
economistas encontrar la solución definitiva a la crisis financiera. Para el análisis, la
metodología empleada se centró en la indagación de teorías propuestas por los entendidos. Se
concluye que: el problema no es tan difícil de solucionar como se piensa, solo se necesita una
buena toma de decisiones.

PALABRAS CLAVES: Crisis financiera, depresión económica, desempleo.

ABTRACT

The significance of the present article is based on how difficult it has been for
economists to find the ultimate solution to the financial crisis. For analysis, the used
methodology is centered on the investigation of theories proposed by connoisseurs. We
conclude that: the problem is not as difficult as you think, just a good decision making is needed.

KEYWORDS: Financial crisis, slump, unemployment.

INTRODUCCIÓN

Es la depresión económica un tema que ha generado controversia en los


últimos años y ha sido inspirador de innumerables debates entre los eruditos
que buscan encontrar una solución. Para definirlo recurrimos a su etimología. La
palabra depresión proviene del latín depressio, que significa “encogimiento”; y la
palabra economía proviene del vocablo griego oikonomia, cuyas raíces son: oikos,
que significa “casa” y nomos, que significa “administración”; dándole un sentido
contextual, significa “administración del Estado”. Hay que destacar que en Economía,
una depresión es una forma grave de crisis económica por lo que esta frase fue
acuñada en la década de los 30´, una etapa en la cual la economía mundial sufrió una
abrupta disminución en la producción y consumo. Entonces, la depresión económica
se define como: la reducción de la producción, consumo, empleo y rentabilidad de
inversiones en los Estados.

En un mundo globalizado, no pueden pasar desapercibidos los problemas


que se suscitan en la periferia y no solo eso, también es inevitable la vulnerabilidad a
los efectos y consecuencias que estos provocan. Por ello, es prioridad de los
gobiernos informarse de qué tan graves son las dificultades que preocupan en
diferentes partes del mundo y poseer los recursos necesarios que permitan blindar los
intereses nacionales o por lo menos menguar los daños que podría ocasionar la crisis
financiera.

Siendo todos los temas referentes a economía de carácter cosmopolita, la


depresión económica, es un tema recurrente en las conversaciones de los gobiernos
que buscan luchar y frenar sus temibles resultados. Cabe recordar que este suceso
económico ya tuvo lugar en el tiempo, con causas que conocemos y consecuencias
que muchos prefieren no recordar. Tal vez, esto último es otra razón para que una
nueva crisis vuelva a suceder y no se encuentre hasta la fecha una solución certera
que permita disipar los temores que no solo se apoderan de las autoridades
gubernamentales sino de la población en general; porque es la economía un eje en
torno al cual gira el mundo.

Ante esta situación, no solo caudillos políticos unen fuerzas para elaborar las
estrategias que permitan hacer frente a este mal financiero, sino también líderes de
opinión y sobre todo economistas se suman al séquito que pretende elaborar las
mejores estrategias y optar por las mejores decisiones que permitirán poner fin a la
depresión.

DESARROLLO TEMÁTICO

A fines del siglo pasado, la economía mundial manifestaba un constante


crecimiento y, la tranquilidad y optimismo que pregonaban los gobernantes era
comprensible. Todo inició posterior a la Segunda Guerra Mundial, el deseo de los
gobiernos por dejar atrás los problemas y mejorar su situación económica – después
de quedar en muchos casos devastada como consecuencia de los daños y gastos de
guerra – incentivó la creación de estrategias financieras que auguraban ser la fórmula
para lograr el auge económico.
El crecimiento en Estados Unidos era evidente, así como lo era también en
Europa y en el Asia; cabe resaltar que en la década de los noventa fue la
consolidación de los “cuatro tigres del Asia” (Corea del Sur, Hong Kong, Singapur y
Taiwán) como economías importantes y determinantes en el comercio internacional.
Este auge que experimentaron muchas naciones era consecuencia del acierto de los
economistas y gobernantes que tomaron la mejor decisión para direccionar el manejo
económico de sus Estados.

El clima mundial que se percibía era en mayoría de optimismo y certidumbre


de que todo seguiría así y aún mejor. Al parecer, ya los estragos y fantasmas del “crac
del veintinueve” habían quedado, lamentablemente, en el olvido. Sin embargo, no todo
estaba muy claro, pues había ciertos datos que al analizarlos a largo plazo provocaban
que esa placentera tranquilidad se esfumara. “Aproximadamente, desde 1980, fue de
prosperidad ilusoria: de lo que parecían ser buenos tiempos hasta que, en 2008, se
produjo el estallido de la burbuja.” (KRUGMAN, P. 2012). En realidad sucedió así, era
un evento que ya se veía venir, el surgimiento de una euforia financiera puso en
evidencia: el desarrollo en los últimos años de la desregulación financiera a nivel
global, el aumento de la tasa de interés, el estallido de la burbuja inmobiliaria en
Estados Unidos que luego fue conocida como “crisis de las hipotecas subprime”, el
conjunto con los derrumbes bursátiles y el índice de inflación aumentando a paso
acelerado producto del alza anormal de las materias primas debido a que el precio del
petróleo subía a un ritmo desproporcionado y alcanzando en julio de ese año un valor
récord de $ 147.25 el barril. Todos estos fenómenos financieros cooperaron para
desencadenar una crisis económica a escala internacional. En consecuencia, el
endeudamiento de las familias ha complicado aún más la solución de la crisis, también
se sufrió una disminución en la producción general y una baja en la demanda.
También se ha de recordar que las inversiones no producían la generosa liquidez de
años anteriores, las empresas se declaraban en quiebra y sobre todo el aumento atroz
del desempleo; solo basta corroborar algunas estadísticas que muestran lo alarmante
que crece la población desempleada, especialmente, la población joven (hasta 25
años), donde en Estados Unidos el índice medio alcanza a 17 %, en Europa se sitúa
por el 22 % y llega en países como España y Grecia a superar un devastador 40 % de
desempleo juvenil.

“Déjenme concluir mis palabras abusando ligeramente de mi condición como


representante oficial de la Reserva Federal. Quisiera decirles a Milton Friedman y
Anna: con respecto a la Gran Depresión, están en lo cierto. La provocamos nosotros.
Lo sentimos mucho. Pero gracias a vosotros, no nos volverá a ocurrir.” (Bernanke B.
2002). Friedman y los demás oyentes de Bernanke, tal vez asintieron con cierta
tranquilidad y esperanza ese mensaje; sin embargo, ahora sorprende y atribula la
seguridad con la que el representante de la Reserva Federal enunció estas palabras.
¿Dónde quedó su sapiencia que no le permitió prever que seis años después, ellos,
nuevamente, provocarían otra depresión, de magnitud similar a la de hace más de
ochenta años? En realidad, estaba crédulo por su vasto conocimiento financiero que,
en repetida ocasión, la decisión tomada por una autoridad de jerarquía superior volvía
a conducir el rumbo de nuestra economía por reiterada vez a la impresentable
depresión económica.

Por lo general, los economistas se preguntan por las causas que produjeron –
otra vez – esta debacle económica. La respuesta más certera es quizá solo el
resultado de décadas de malas direcciones políticas o mal orientadas. Pero ya se ha
tenido bastante tiempo para estudiar los motivos que nos conllevan a la ruina
financiera, por qué no sentarse en la mesa de discusión y decir: ¿y ahora qué
hacemos? Quizá esta sea una postura más acertada frente a la crisis que agobia a los
gobiernos de todo el mundo. El tema de discusión no es saber cómo se suscitó el
problema, sino cómo afrontarlo y menguar sus efectos adversos.

Son las grandes economías las más afectadas, y también son las primeras
que se preocupan, en mayor dimensión, por obtener una solución con que les permita
subsanar los daños que deja a su paso la recesión o por lo menos no prolongar más la
incertidumbre de permanecer en una deriva financiera mientras que la situación se
complica cada día más.

Es el aumento desmedido del desempleo lo que más incertidumbre y temor


crea en la población. “Las deficiencias principales de la sociedad económica en la que
vivimos son su incapacidad de proporcionar pleno empleo y su arbitraria y desigual
distribución de la riqueza de los ingresos.” (KEYNES J. M. 1936). Esta cita fue
enunciada en el contexto de “La Gran Depresión”, es por eso que llevado a la realidad
actual tiene mucho de acierto. Además, el alto índice de desempleados es alarmante y
una de las principales medidas que se tomarán para combatir la crisis es frenar el
desempleo.

El gobierno de Estados Unidos, con Barack Obama como jefe de Estado,


tomó la iniciativa de implementar un proyecto muy ambicioso jamás antes visto en la
historia de ese país, este proyecto consiste en la creación de miles de puestos de
empleo para otorgar cierta tranquilidad a su población. Naturalmente, esto demandó
de un gran gasto público, el cual no fue fácil de ser aprobado, ya que la situación
financiera del país también se vio disminuida por efecto de la crisis y de fracasar esta
medida podría complicar más su situación. Esta propuesta trae consigo el debate de
qué política económica es idónea para intentar salir airosos de la manera más próxima
y sin generar un impacto en el Estado que sea perjudicial en el futuro.

En un momento dado se propusieron y enfrentaron dos posturas como


posibles soluciones al problema de la recesión: Según John M. Keynes (1936) dijo:
Ante el problema de la falta de demanda, para responder con eficacia a la crisis,
necesitamos una política gubernamental más activa. Esta idea fue postulada con la
finalidad de promover el gasto por parte del Estado, de este modo los ciudadanos
reciben un incentivo el cual les va permitir tener mayor capacidad de gasto – a esto le
llamaba: Demanda agregada – y así poder disponer de dinero para lograr un flujo
monetario constante y dinamizar la economía. Por otra parte, el afamado economista
Robert Lucas (1972) quien postuló que las recesiones se debían a una confusión
temporal y advertía que todo intento por combatir el ciclo de las empresas sería
contraproducente: las políticas activas – decía – solo acrecentarían la confusión.
Correcta o no la posición de Keynes y de Lucas, generaba mucha controversia al
respecto e indecisión al optar por una u otra teoría para menguar los efectos de la
debacle económica.

“Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que
los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas.”
(Russel B.) En efecto, el autor manifiesta un pensamiento que es contrastable con lo
dicho más arriba por el representante de la Reserva Federal. Se verifica que Bernanke
estaba completamente seguro de lo que aseveraba, dejando su afirmación mucho que
desear, además causa curiosidad saber si: ¿Realmente era un ignorante ostentando
un puesto de altísima jerarquía o su error fue solo uno más de los tantos que cometen
muy de vez en cuando las personas inteligentes? A pesar de su conocimiento del
ámbito financiero, sabemos cuáles fueron los resultados de las decisiones que tomó
en un vano intento de mantenernos en el auge y evitar conducirnos a la depresión.
Asimilando la frase de Bertrand Russell, es más conveniente que quien tenga la
potestad de elegir la estrategia sobre nuestro futuro financiero, esté dubitativo al
momento de la decisión, la experiencia nos hace suponer que eso puede ser lo más
beneficioso.

Pero los problemas que trae consigo la depresión económica no es solo el


desempleo, ni la baja producción, ni la baja en la demanda; también abarca al sector
de las inversiones, recordemos que otra de las causas del declive de la economía es
producto de que explotó la gran burbuja inmobiliaria que venía en acelerado
crecimiento hasta hace solo unos pocos años y beneficiando con monumentales
ganancias a los consorcios empresariales de dicho rubro.

En la década pasada, muchos ciudadanos que deseaban obtener una


vivienda se veían en la “obligación” de endeudarse con los bancos, siendo estos los
que aprovechaban del auge del sector inmobiliario para obtener mayor liquidez. Los
inmuebles estaban tan sobre valuados que estos costaban mucho más que su valor
nominal. Cuando en el 2008 explota la burbuja se desencadenaría los problemas que
ya se habían mencionado más arriba, además de esto el valor de los inmuebles que
ya habían sido comprados sufrieron una repentina desvaloración, alcanzando en
algunos casos solo el 50 o 60 % del valor que habían cancelado, esto generó un
problema enorme entre los bancos y los deudores, porque el bien que poseían ni
siquiera cubría el valor de la deuda que tenían que cancelar. Además de afectar al
sector civil, también alcanzó a perjudicar al sector empresarial, ya que el valor de sus
activos, considerando a la infraestructura o locales de una empresa, también perdió su
valor en algunos casos en más del 50 %, afectando groseramente su contabilidad y
encontrándose ante la necesidad de cerrar o declararse en la “banca rota”.

Después de haber visto algunos de los más devastadores efectos que


provoca la crisis económica, es labor de nuestras autoridades formular hipótesis o
elaborar planes y estrategias para elegir la mejor opción que nos permita salir de la
recesión. Además ya conocemos muchas teorías que han sido aplicadas pero no han
dado resultado y todo lo contrario, han actuado en perjuicio de los intereses de los
gobiernos. Siempre se va distinguir opiniones divididas y a pesar de tener la
experiencia del “crac del veintinueve” parece que no nos ha servido lo vivido, todo lo
contrario, ante una situación similar desconocemos qué medidas adoptar y hasta
ronda cierto hermetismo que no permite actuar como deberíamos.

Debemos aprender a determinar con prontitud si la decisión elegida para


afrontar la crisis es eficiente o no lo es. “Este largo plazo es una guía errónea para
comprender el presente. A largo plazo estaremos todos muertos. Los economistas se
plantean una tarea demasiado fácil e inútil, si en las épocas tempestuosas, lo único
que pueden decirnos es que cuando la tormenta pase las aguas se habrán calmado de
nuevo.” (KEYNES, J. M. 1936) En esta cita comparto la opinión del autor, en la cual
divulgaba su preocupación por la pasividad de los llamados a mantener la estabilidad y
tranquilidad mundial, porque al realizar la evaluación de resultados en un tiempo
breve posterior a la implementación de las alternativas seleccionadas, si es observable
un hecho que no coincide con los resultados que se planearon obtener para dicho
periodo, la decisión tomada que debe de ser especifica pero flexible puede ser
reestructurada y orientada de mejor manera para contrarrestar los efectos de la
depresión.

En los últimos 2 años, en Estados Unidos así como en el resto del mundo, se
ha convenido una serie de medidas que se cree permitirá la recuperación de la
economía global; e implementar una política fiscal expansiva, la cual aumentará la
demanda del consumidor, ya que los impuestos bajan y los precios también. A esto se
le suma el aumento del gasto público, ya que actúa como un gran incentivo para
insertar un mayor flujo de dinero en el mercado y eso en efecto beneficia a la los
mercados y, consecuentemente, a la economía. Además se está manejando con cierto
criterio y sumo cuidado la aplicación de una política inflacionaria, la cual se prevé
tenga un incremento levemente mayor al habitual; esta se maneja mediante una
estrategia de reducción de la Tasa de Encaje Legal para promover la dispensa de
créditos.

“De forma clara y convincente, los cambios en el gasto gubernamental


mueven la producción y el empleo en la misma dirección: si se gasta más, crecerán
tanto el PBI real como el empleo; si se gasta menos, el PBI real disminuirá y el empleo
se desplazará en el mismo sentido.” (KRUGMAN, P. 2012) Con el aumento del gasto,
parece que se llegó a una solución, al menos por ahora está dando resultado. Y así
como dice el principio de la determinación rooseveltiana: “Si no lo has conseguido a la
primera, vuélvelo a intentar otra y otra vez.” Queda la experiencia de haber resurgido
ante las dos depresiones más crónicas de nuestra historia, y lo más importante, el
conocimiento descubierto que será de vital importancia para bregar y salir airosos ante
situaciones adversas futuras.

CONCLUSIÓN

Ante la crisis, asumir una decisión sensata puede hacer la diferencia de


convertir en recurrente la recesión o librarnos de la depresión. Para lograr el auge
económico solo necesitamos: claridad de ideas, lucidez intelectual y voluntad política.

Es posible combatir la depresión al reanimar la economía con un aumento en


el gasto público, lo cual permitirá elevar el PBI, la demanda, el consumo y,
principalmente, el empleo.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 KRUGMAN, Paul. (2012) ¡DETENGAMOS ESTA CRISIS YA! Primera edición.


México, D.F. CRÍTICA.
 KRUGMAN, Paul. (2009) El retorno de la economía de la depresión y la crisis
actual. México, D.F. CRÍTICA.
 REYES-HEROLES, R. (2009) La crisis financiera: orígenes y efectos. La
Gaceta de Economía, 26, 2009. México, D. F.
 http://blogs.elpais.com/paul-krugman/
 http://www.rae.es