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Inquisición Protestante

Es desafortunada la situación en la que el “marcador del escándalo religioso” necesita ser


nivelado, rescatar a los esqueletos menos conocidos del clóset, sacarlos de la oscuridad,
examinarlos y exponerlos. No me causa placer el escarbar en estos desagradables sucesos,
pero es necesario, por honestidad y por una justa valoración histórica. Esto no significa
que he desestimado el diálogo entre las iglesias o que deseo aporrear a los protestantes o
que niego las correspondientes deficiencias del Catolicismo.

Los hechos históricos son lo que son y la mayoría de los protestantes (y católicos) no son
conscientes de los siguientes acontecimientos y creencias, mientras que por otro lado,
siempre escuchamos acerca de la “vergonzosa y escandalosa” Inquisición Católica, que no
suele ser muy precisa o justa del todo. Si los lectores se conmocionan o sorprenden con el
título de este tratado (como sospecho puede ser el caso), debería ser un precedente y es
parte de mi justificación y propósito de enseñanza. Con tal finalidad y objetivo en mente,
ofrezco este vasto tratado con todo respeto a mis hermanos Protestantes y con cierta
inquietud también.

Contenido

i. La Intolerancia Protestante: introducción y visión general


ii. La división protestante y las mutuas animadversiones
iii. El saqueo como un agente de la revolución religiosa
iv. La erradicación sistemática del catolicismo
v. Radicalismo violento y la revolución protestante
vi. Muerte y tortura para católicos, protestantes disidentes y judíos
vii. La censura protestante

Bibliografía

.
I. La Intolerancia Protestante: introducción y visión general
1. La visión de historiadores protestantes y católicos

A. Johan von Dollinger

En la Historia no hay nada más incorrecto que aseverar que la Reforma Protestante fue
un movimiento a favor de la libertad intelectual. La verdad es que fue todo lo contrario.
Para los luteranos y calvinistas, es cierto, representó su libertad de conciencia, pero el
concederles esto a los demás, es falso, no mientras ellos dominaran la escena. La
eliminación completa de la Iglesia Católica y de todo lo que se les oponía en su camino
fue considerado por los reformadores como algo perfectamente natural. (Grisar, VI, 268-
269; Dollinger: Kirche und Kirchen, 1861, 68)

B. Preserved Smith

Si alguien todavía alberga el típico prejuicio de que los primeros protestantes eran más
tolerantes, debe ser desengañado. Salvo por algunos dichos liberales de Lutero,
correspondientes a sus primeros años cuando carecía de influencia, es casi imposible
encontrar algo en los líderes reformistas a favor de la libertad de conciencia. Tan pronto
como tuvieron a su alcance el poder para dominar, lo ejercieron. (Smith, 177)

C. Hartmann Grisar

Zurich, el Estado-Iglesia de Zwinglio, se desarrolló tanto como Lutero lo hizo.


Escolampadio en Basilea y el sucesor de Zwinglio, Bullinger, fueron destacados
represores. El nombre de Calvino es sinónimo de tiranía religiosa, mientras que la tarea
de entregar a la posteridad su dura doctrina de la coacción religiosa fue llevada a cabo
por Beza, en su famosa obra, El Deber de los Magistrados para Castigar a los Herejes. Los
anales de la Iglesia Oficial de Inglaterra fueron, del mismo modo, en sus comienzos,
escritos con sangre. (Grisar, VI, 278)

D. Oxford Dictionary of the Christian Church (protestante)

Los Reformadores como Lutero, Beza y en forma especial Calvino, fueron tan intolerantes
al disentimiento, como la Iglesia Católica Romana lo fue. (Cross, 1383)

2. The Double Standard of Protestant “Inquisition Polemics” (La contradictoria posición


de los Protestantes ante “La Polémica de la Inquisición”) de John Stoddard.
La persecución religiosa, por lo general, continúa hasta que una o dos causas emergen
para reprimirla. Una de estas causas es la noción escéptica de que todas las religiones son
buenas o válidas, haciéndolas iguales. La otra causa es tener un esclarecido espíritu de
tolerancia, con el fin de promover la opinión sincera inspirada por la convicción de que es
inútil obligar a practicar alguna religión. Desafortunadamente, este espíritu de tolerancia
es de lento crecimiento y nunca ha sido notorio en la historia, pero si se afirma que muy
pocos católicos en el pasado han estado inspirados por este espíritu, lo mismo puede
decirse de los protestantes. Los hechos son olvidados por los protestantes, ellos
promueven relatos que hielan la sangre acerca de la Inquisición y de las atrocidades
cometidas por los católicos, pero, ¿cuánto saben los protestantes acerca de las
atrocidades protestantes en los siglos que sucedieron a la Reforma? Nada, a menos que
hagan algún estudio especial sobre el tema. Si, los protestantes son bien conocidos por
cada estudioso de la historia. Si no enumero en este libro las persecuciones llevadas a
cabo por los católicos en el pasado, es porque no es necesario hacerlo aquí. Este volumen
está dedicado en forma especial a los protestantes, las persecuciones Católicas son bien
conocidas.

Ahora, aceptando sin conceder, que todo lo que se dice con frecuencia de las persecuciones
católicas fuese cierto, los protestantes no tendrían ningún derecho a denunciarlas, como si
esto fuese una característica exclusiva de los católicos. Las personas que viven en casas
de cristal, no deberían arrojar piedras a los demás.

Es incuestionable que los campeones del protestantismo: Lutero, Calvino, Beza, Knox,
Cranmer y Ridley defendieron el derecho de las autoridades civiles para castigar el crimen
de herejía. Rousseau dice con exactitud: La Reforma fue intolerante desde su cuna, y sus
autores, tiranos universales.

Augusto Comte escribía así:

La intolerancia del Protestantismo no fue menos tiránica que aquella que se le achaca al
Catolicismo. (Philosophie Positive, IV, 51)

Lo que hace, sin embargo, a las persecuciones protestantes de manera especial


repugnantes es el hecho de que eran por completo incompatibles con las doctrinas
fundamentales del Protestantismo, ¡el derecho a la interpretación personal en materia
religiosa! ¡Nada puede ser más ilógico que primero afirmar que uno puede interpretar la
Biblia a su antojo, para después torturar y matar por haber hecho eso mismo!
Tampoco debemos olvidar que los protestantes fueron los agresores, mientras que los
católicos solo se defendían. Los protestantes trataban de destruir a la antigua y
constituida Iglesia Católica, que al tiempo, cumplía mil quinientos años de existencia,
para reemplazarla con algo nuevo, inexplorado y revolucionario. Los católicos habían
mantenido su Fe, santificada por centenares de piadosas asociaciones y sublimes logros.
Los protestantes, por el contrario, luchaban por un credo que ya comenzaba a
desintegrarse en hostiles sectas, cada una de las cuales, al obtener ventaja sobre las
demás, ¡comenzaba una persecución general! Toda persecución religiosa es negativa, pero
en este caso, de las dos partes culpables, los católicos tenían, con certeza, los motivos
más defendibles para su conducta.

En todo caso, el argumento de que, las persecuciones por herejía, perpetrados por los
católicos, constituyen una razón por la que no se debe entrar en la Iglesia Católica, no
tiene una partícula de mayor fuerza que un argumento similar construido en contra de la
entrada en la Iglesia protestante. Ambos han merecido culpa en este sentido, y lo que se
aplica a uno se aplica también al otro. (Stoddard, 204-205, 209-210)

3. El Siglo XVII: Rutherford, Milton, Locke.

La tradición de intolerancia entre los Protestantes no se extinguió pronto, de acuerdo al


historiador protestante Owen Chadwwick: La hábil defensa de la persecución durante el
siglo XVI se dio por el presbiteriano escocés Samuel Rutherford (A Free Disputation
Against Pretended Liberty Of Conscience, 1649). (Chadwick, 403)

John Milton y John Locke, “esclarecidos” protestantes, argumentaron a favor de la


tolerancia pero excluyendo a los católicos, el primero en su Aeropagitica (1644) y el
segundo en su primera Carta sobre la Tolerancia (1689). (Cross, 1384)

4. Los perseguidos convertidos en perseguidores.

Una de las muchas ironías tragicómicas de la Revolución Protestante es el hecho de que


incluso los perseguidos protestantes fallaron para ver la luz: A menudo, la resistencia a la
tiranía y la demanda de libertad religiosa se combinan, como en la revolución puritana en
Inglaterra, y los victoriosos, habiendo logrado la supremacía, implementan una nueva
tiranía y una nueva intolerancia. (Harkness, 222)

Multitud de inconformes huyeron de Irlanda e Inglaterra hacia América; lo que es


sorprendente de este hecho es que, después de sus experiencias, esos fugitivos no
aprendieron la lección de tolerancia y no le otorgaron libertad a aquellos con quienes
diferían. Cuando se encontraron ellos mismos en la posición de perseguidores, fueron aún
más duros que lo que vivieron como perseguidos. Entre los que atacaron estaba la
sociedad de Amigos, mejor conocidos como Cuáqueros. (Stoddard, 207)

En Massachussets, por ser reincidente en las faltas, un Cuáquero podía sufrir la pérdida
de una o de las dos orejas, la perforación de la lengua con un hierro candente y algunas
veces, la muerte. En Boston, unos cuáqueros, tres varones y una mujer, fueron ejecutados
en la horca. El bautista Roger Williams fue desterrado de Massachussets en 1635, después
fundó la tolerante Rhode Island (Stoddard, 208).

Y dándole crédito, permaneció tolerante, una excepción a la regla, como lo fue William
Penn, quien fue perseguido por los protestantes en Inglaterra y fundó la colonia tolerante
de Pensilvana. El cuaquerismo (la fe de Penn) tiene una honorable historia de tolerancia
dado su extremo carácter subjetivo e individualista entre todas las sectas protestantes,
así como su predecesor, el Anabaptismo, que rehuye a asociarse con el “mundo”
(gobiernos, milicia, etc.), en donde se encuentra el poder necesario para perseguir. Así, los
Cuáqueros iban a la vanguardia del movimiento abolicionista en América, en la primera
mitad del siglo XIX.

5. El estado católico de Maryland: La primera colonia tolerante de Norte América.

A. Martin Marty

Baltimore acogió entre los inmigrantes ingleses, incluso a los odiados por los puritanos,
es decir, a los católicos. En enero de 1691, el nuevo régimen trajo dificultades para los
católicos, los protestantes clausuraban sus iglesias y les prohibían enseñar en forma
pública. Pero el pequeño puesto de avanzada de tolerancia práctica católica había dejado
su huella en la comunidad. (Pilgrims in Their Own Land: 500 Years of Religion in
America, New York: Penguin, 1984, 83, 85-86)

Lord Baltimore permitió a cientos de puritanos, rechazados de la episcopalista Virginia, a


entrar a Maryland en 1648. (Ver Ellis, abajo, p. 37)

B. John Tracy Ellis

Por primera vez en la historia todas las iglesias serían toleradas y ninguna sería el agente
del gobierno. Católicos y protestantes en términos de igualdad y tolerancia,
características desconocidas en la madre patria. El esfuerzo fue en vano, los puritanos en
octubre de 1654 rechazaron el acto de tolerancia y proscribieron a los católicos,
condenando a diez de ellos a muerte, cuatro de ellos fueron ejecutados. Desde 1718 hasta
el estallido de la Revolución, los católicos de Maryland fueron separados de la
participación en actos públicos, por no hablar de las leyes en contra de sus servicios
religiosos y escuelas de instrucción católica. Durante el medio siglo que los católicos
gobernaron Maryland, no fueron responsables de un solo acto de opresión religiosa.
(American Catholicism, Garden City, NY: Doubleday Image, 1956, 36, 38-39)

C. Oxford Dictionary of the Christian Church

En el siglo XVII los más notables casos de tolerancia fueron las colonias de Maryland,
fundada por Lord Baltimore y católicos perseguidos, en 1632, quienes ofrecieron asilo
también a los protestantes; y de Rhode Island, fundada por Roger Williams. (Cross, 1383)

Las historias de intolerancia religiosa protestante en Norte América antes de 1789,


podrían contarse sin parar. Jefferson y Madison, en su tarea de impulsar la libertad
religiosa, fueron inspirados por las riñas entre protestantes por la dominación y no por
los enfrentamientos en Europa después de la Reforma.

Hasta aquí se trata de la era inmediata a la Revolución Protestante – alrededor de 1517 a


1600, por lo que las anécdotas anteriores tendrán que bastar como ejemplos típicos.

6. Conclusión (Will Durant)

El principio que la Reforma había sostenido durante sus primeras fases, el derecho a la
libre interpretación, fue por completo rechazado por los líderes protestantes, como lo
hicieron los católicos desde su principio. La tolerancia fue menor después de la Reforma
que antes de ésta. (Durant, 456; referring to the year 1555)

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II. La división protestante y las mutuas animadversiones


1. Observaciones generales

El protestantismo estuvo plagado de disensión desde el principio, aunque sea una religión
que hace hincapié en el individualismo y la conciencia, no pudo estar exenta de esas
contrariedades y promover el mutuo respeto. El mito de la magnanimidad protestante y la
coexistencia pacífica (sobre todo en los inicios), sin duda muere una vez que se pasa del
dicho al hecho.
2. Lutero habla de Zwinglio y sus seguidores

Zwinglio fue un gran codicioso, no ha aprendido nada de mí. Escolampadio considera que
ha aprendido o escuchado suficiente de mí. (Grisar, IV, 309; in Table Talk, 1540)

Los zwinglianos luchan en contra de Dios y los sacramentos como los más inveterados
enemigos de la Palabra divina. (Janssen, V, 220-221; LL, III, 454-456)

Sería mejor anunciar la eterna condenación antes que la salvación, frente al estilo de
Zwinglio o Escolampadio. (Daniel-Rops, 85)

Los Zwinglianos creen que la Eucaristía es simbólica en su totalidad (quizás la posición


más aceptada entre los protestantes hoy día). Por lo tanto, cualquiera que crea eso mismo
tendría que haber declarado lo mismo que el Dr. Lutero, quien con firmeza sostiene la
consubstanciación, esto es, la Presencia Real del Cuerpo y la Sangre de Cristo, presentes
en la comunión, en el pan y en el vino.

3. Lutero habla sobre Bucero

Ellos piensan mucho sobre sí mismos, lo cual, por supuesto, es la causa y la fuente de
todas las herejías. Así, Zwinglio y Bucero presentan una nueva doctrina, cosa muy
peligrosa es el orgullo en el clero. (Grisar, VI, 283; WA, Vol. 38, 177 ff.)

Un chismoso, reprobado una y otra vez, desconfío de él, Pablo dijo (Tito 3:10) Un hereje,
después de la primera y segunda advertencia, evítenlo. (Grisar, VI, 289; Table Talk, ed.
Mathesius / Kroker, 154, 253)

4. Calvino habla sobre Lutero y los luteranos

¿Qué pensar sobre Lutero?, no lo sé, su firmeza se mezcla con una buena dosis de
obstinación. Nada está a salvo mientras su ira contenida nos agita. Lutero nunca será
capaza de unírsenos en la verdad pura de Dios. El ha pecado de vanagloria, también de
ignorancia y de la más burda extravagancia, por los absurdos que nos ha impuesto,
¡cuando dijo que el pan es el verdadero Cuerpo!, un error muy grave. ¿Qué puedo decir de
su partidarios?, ¿no fantasean ellos mucho más de lo que lo hacía Marción respecto al
Cuerpo de Cristo? Por tanto, si usted tiene influencia o autoridad sobre Martín, úsela
para que se rinda a la verdad, a la que ataca de manera manifiesta en la actualidad.
Ingénieselas para que Lutero deje de llevar esa carga. (Dillenberger, 46-48; letter to Martin
Bucer, January 12, 1538)

Estoy cuidando de que el Luteranismo no gane terreno ni sea introducido en Francia. El


mejor medio para frenar al malvado sería el publicar mi sentir respecto a él. (Dillenberger,
76; letter to Heinrich Bullinger, July 2, 1563)

5. Melanchthon habla sobre Zwinglio

El tímido Melanchthon dedicó al menos un arrebato en contra de Zwinglio: Zwinglio casi


no dice nada acerca de la santidad cristiana. Sólo sigue a los Pelagianistas, a los
Papistas y a los filósofos. (Daniel-Rops, 261)

6. Lutero habla sobre los Herejes Protestantes

Heresiarcas, permanecen con obstinación en su engreimiento. No le permiten a nadie


encontrar una falta en ellos ni favorecen la oposición. Este es el pecado en contra del
Espíritu Santo, para el que no hay perdón. (Grisar, VI, 282; WA, Vol. 19, 609 ff.)

Esos son herejes y apóstatas, siguen sus propias ideas en lugar de la tradición de la
cristiandad, por pura malicia inventan nuevas formas y métodos. (Grisar, VI, 282-283;
WA, VII, 394)

Grisar añade:

En su estado de ánimo, se hizo imposible para él, darse cuenta de que su hostilidad y la
intolerancia hacia los ‘herejes’, podría redundar en sí mismo. (Grisar, VI, 283)

Debemos censurar a los fanáticos y maldecirles. Ellos se atreven a señalar deficiencias en


nuestra doctrina, esa chusma de bellacos hace gran daño a nuestro Evangelio. (Grisar, VI,
289; EA, Vol. 61, 8 ff.)

Les estoy pisando los talones a los Sacramentalistas y Anabaptistas, los retaré a pelear y
los pisotearé. (Daniel-Rops, 86)

Sacramentalistas eran aquellos que negaban la Presencia Real en la Eucaristía. Por


ejemplo: Zwinglio. Es necesario decir que las Escrituras condenan el engreimiento. Rom
12:16. Ver también: Prob 3:7, Rom 11:20, 12:3, 1 Cor 3:18, 8:2, Efe 2:9

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III. El saqueo como un agente de la revolución religiosa
1. Observaciones Generales

A. Hillaire Belloc

Durante 1536-40 su suscitó un cambio. La tentación de saquear bienes de la Iglesia y el


hábito de hacerlo habían aparecido y estaban creciendo. Esto creó con rapidez un interés
personal para promover cambios en la religión. Los que atacaron a la doctrina católica,
por ejemplo, el celibato en las órdenes monásticas, les abrieron la puerta a los príncipes
para tomar los cuantiosos bienes de la Iglesia. Las propiedades de los conventos y
monasterios fueron saqueados en grandes cantidades en muchas partes de la cristiandad,
en Escandinavia, las Islas Británicas, el norte de Holanda, gran parte de Alemania y en
muchos cantones en Suiza. Los bienes de los hospitales, colegios, escuelas, gremios, no
fueron incautados en su totalidad. Sin embargo, un cambio económico de esa magnitud en
tan corto tiempo, es algo que la civilización no ha vuelto a ver. Los nuevos aventureros y
los aristócratas, que de la noche a la mañana se habían enriquecido, consideraron que el
regreso de la Iglesia Católica representaba una amenaza para sus inmensas nuevas
fortunas. (Belloc, 9-l0)

B. Will Durant

Las ciudades se encontraron con un Protestantismo muy rentable, a cambio de la


distorsión teológica, ellos escaparon de los impuestos y las cortes episcopales, y se
podían apropiar con tranquilidad de las tierras y propiedades de la Iglesia. Los príncipes
no solo se consideraban señores temporales, sino también espirituales, de esta manera,
toda la riqueza de la Iglesia podía considerarse suya. Los príncipes simpatizantes del
movimiento luterano clausuraron todos los monasterios en sus territorios excepto
algunos en los que sus internos habían abrazado la fe protestante. (Durant, 438-439)

C. Henri Daniel-Rops

Desde el principio, la rebelión espiritual de Lutero desató la avaricia. Los gobernantes


alemanes, los monarcas escandinavos y Enrique VIII de Inglaterra tomaron ventaja del
rompimiento con el tutelaje papal, apropiándose tanto de la riqueza como del control de
la Iglesias respectivas. (Daniel-Rops, 309-310)

2. Melanchthon habla de los príncipes


Lo último que les importa es la religión, ellos están ansiosos sólo por tener el poder en sus
manos, para liberarse así del control de los obispos. Los príncipes se escudan en el
Evangelio para saquear las iglesias. (Durant, 438, 440)

3. Un precedente: Los Husitas

Los protestantes habían aprendido de los Husitas, pobladores de la región de Bohemia


que seguían al hereje John Hus, a quien Lutero aclamaba como uno de sus precursores.
Después de la ejecución de Hus en 1415, celosos ejércitos, campesinos en su mayoría,
seguidores de Hus, masacraron y robaron los monasterios de Bohemia, Moravia y Silesia
a su paso, como represalia. (Durant, 169)

4. Gustavo Vasa de Suecia

En Suecia, Gustavo Vasa privó a la Iglesia de todas sus tierras. La proporción de las
tierras en poder de la corona durante su reinado aumentó del 5,5% al 28%. La de la
Iglesia, del 21% a cero. (Dickens, 191)

5. Escocia e Inglaterra

Los “grandes” nobles escoceses, respaldaron a la revolución religiosa ya que ésta les
otorgó el poder de saquear a la Iglesia y a la monarquía al por mayor. (Belloc, 112)

De la misma manera, la Reforma Inglesa fue llevada a cabo, de forma principal, mediante
el saqueo perpetrado desde los más altos nivel del poder.

6. El rechazo de Erasmo hacia el saqueo protestante

El gran pensador europeo y hombre de letras, Erasmo, quien favorecía la Reforma en sus
inicios, se tornó en contra de ésta al observar sus frutos, unas semanas antes de la Dieta
de Worms, el 10 de mayo de 1521 escribía acerca de quienes codician los bienes de la
Iglesia:

Esto sin duda le da un giro a los acontecimientos, si las propiedades de los sacerdotes les
son quitadas por los soldados de esa manera tan inicua, para que éstos las usen de la peor
manera, desperdiciándola a su propio beneficio, entonces nadie sale beneficiado.
(Erasmus, 157)
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IV. La erradicación sistemática del catolicismo


1. Observaciones Generales

Janssen nos relata acerca de la visión de algunos líderes de la reforma, sobre este tema:

Lutero estaba complacido con la expulsión de los católicos. Melanchthon estaba a favor
de proceder en contra de ellos con castigos corporales. Zwinglio sostenía que, en caso de
necesidad, se debía aniquilar a los obispos y sacerdotes como un mandamiento de Dios.
(Janssen, V, 290)

2. La ciudad de Zurich, ciudad de Zwinglio

Esta ciudad, en dfinitiva, no era un paraíso de libertad cristiana: La asistencia a los


sermones era obligatoria bajo pena de castigo, toda enseñanza y práctica religiosa que se
desviara de las regulaciones prescritas, se castigaban. Incluso fuera del distrito de Zurich,
a los clérigos no se les permitía oficiar misa ni se permitía a los feligreses asistir a ésta. Y
fue prohibido, bajo pena de castigo severo, el tener imágenes y esculturas religiosas, aún
dentro de las casas. El ejemplo de Zurich fue seguido por otros cantones suizos. (Janssen,
V, 134-135)

La Misa fue abolida en Zurich en 1525 (Dickens, 117). ¿Cómo pudo Zwinglio esparcir sus
ideas? Su progreso estuvo fundamentado en la destrucción de iglesias y a la quema de
monasterios. Los obispos de Constanza, Basilea, Lausana y Ginebra fueron forzados a
abandonas sus sedes. (Daniel-Rops, 81-82)

3. Farel en Ginebra

William Farel, quien precedió a Calvino en Ginebra, ayudó a abolir la Misa en agosto de
1535, capturó todas las iglesias y cerró sus cuatro monasterios y un convento de monjas.
(Harkness, 8)

Sus sermones en la iglesia de San Pedro, causaron amotinamientos, las estatuas fueron
destruidas, retratos destrozados y los tesoros de la iglesia, con un costo de diez mil
coronas, desaparecieron. (Hughes, 226-227)
4. Bucero en Augsburgo (Augusta), Ulm y Estrasburgo

Martín Bucero, aunque ansioso de ser valorado como respetable y pacífico, defendió de
manera abierta el poder de la autoridad sobre las conciencias. No descanso hasta que en
1537 provocó la supresión de la Misa en Augsburgo. A su instigación, muchas bellas
pinturas, monumentos y antiguas obras de arte en las iglesias, fueron destrozados con
arbitrariedad. Aquella persona que se negara a asistir al culto público, se le daba un plazo
de ocho días para salir de los límites de la ciudad. A los ciudadanos católicos se les
prohibió el asistir a los lugares de culto, bajo severos castigos. En otras ciudades, Bucero
actuó con no menos violencia e intolerancia, por ejemplo, en Ulm, en donde afianzó a
Escolampadio en 1531, y en Estrasburgo. Aquí en 1529, después de un concilio popular, se
prohibió el culto católico. Los predicadores solicitaron a los consejeros que emitieran un
reglamento en el cual se hiciera obligatoria la presencia al nuevo culto, y de esta manera
llenar los templos. (Grisar, VI, 277-278)

5. Otras ciudades protestantes

En 1529, el Consejo de Estrasburgo también ordenó la destrucción total de todos los


altares, imágenes y crucifijos que quedaran. Muchas iglesias y conventos fueron
destruidos. (Janssen, V, 143-144)

Acontecimientos similares sucedieron en Frankfurt. (Durant, 424)

En una convención luterana en Hamburgo, en abril de 1535, los poblados de Lubeck,


Bremen, Hamburgo, Luneburg, Stralsund, Rostock y Wismar, votaron en forma unánime
para colgar a los Anabaptistas y azotar a los Católicos y Zwinglianos antes de
desterrarlos. (Janssen, V, 481)

En la ciudad de Lutero, en el territorio de la Sajonia, se había instituido la expulsión de


católicos, en 1527. (Grisar, VI, 241-242)

En 1522, una muchedumbre entró por la fuerza en la iglesia de Wittenberg, la misma en la


que Lutero había clavado su tesis, destruyeron sus altares y estatuas y expulsaron a sus
clérigos. En Rotenburg, en 1525, la figura de Cristo fue decapitada. El 9 de febrero de 1529,
todo lo venerado en el pasado en la preciosa catedral de Basilea, Suiza, fue destruido.
Tales casos de brutalidad y fanatismo pueden citarse por decenas. (Stoddard, 94)

En Constanza, el 10 de marzo de 1528, la fe católica fue prohibida por completo por el


Consejo: “No hay derechos más allá de los establecidos en el Evangelio, como es
entendido hoy”. Los altares fueron destruidos, los órganos fueron removidos por
considerarlos obras de idolatría, los tesoros de la iglesia fueron enviados a las arcas del
gobierno. (Janssen, V, 146)

6. John Knox en Escocia

En Escocia, John Knox y sus seguidores aprobaron la siguiente legislación: fue prohibida
la Misa así como asistir a ésta, bajo la pena de perder todos los bienes y el azotamiento si
es la primera infracción, para la segunda, el destierro; si la tercera, la muerte. (Hughes,
300)

Knox, como casi sin excepción todos los fundadores protestantes, fue persuadido de que
“todo lo que nuestros adversarios hacen es diabólico”. Él se regocijaba en creer que “es
perfecto el odio que engendra el Espíritu Santo en los corazones de los elegidos de Dios, en
contra de los condenados por sus santos estatutos” (John Knox, History of the
Reformation in Scotland, New York: 1950, Introduction, 73)

En contra de nuestros malditos oponentes (es decir los católicos), todos los medios están
justificados, mentiras, traición (Ibíd., I, 194 and note 2), manipulación de las leyes aunque
sean contradictorias. (Durant, 610; Knox, ibid. Introduction, 44. See also Edwin Muir,
John Knox, London: 1920, 67, 300)

7. Lutero

Lutero fue a la vanguardia en su notable inquisición en contra de la práctica del


catolicismo:

En una tarea de las autoridades el resistir y castigar la blasfemia pública. (Grisar, VI,
240)

No sólo el poder espiritual, sino también el temporal deben sujetarse al Evangelio, lo


quieran o no. (Grisar, VI, 245)

Lutero decidió en 1527 que el hombre despreciaba el Evangelio e insistió en que fuera
obligado por la fuerza de la ley y la espada. (Grisar, VI, 262; EA, III, 39; letter to Georg
Spalatin)
Incluso aquellos que no crean, deben, no obstante, ser conducidos a la predicación, para
que al menos en apariencia sean obedientes. (Grisar, VI, 262; in 1529)

Aunque no podemos ni debemos forzar a nadie a creer en nuestra fe, las masas deben ser
conducidas hacia ésta para que así conozcan el significado del bien y el mal. (Grisar, VI,
263; WA, XXX, 1, 349; Preface to Smaller Catechism, 1531)

Es nuestra costumbre el atemorizar a aquellos que no asisten a los sermones, y


amenazarlos con el destierro y la ley. En caso de que persistan en su obstinación,
excomulgarlos, como si fueran paganos. (Grisar, VI, 263; EN, IX, 365; letter to Leonard
Beyer, 1533)

Aunque el papado ha abusado de manera vergonzosa de la excomunión, uno no debe


preocuparse por eso, sino utilizarla con corrección, como Cristo lo mando. (Durant, 424-
425)

Se me perdonara un irresistible juego de palabras en este punto: “Las Misas católicas


fueron expulsadas, mientras que las masas de católicos fueron forzadas a entrar (a los
servicios protestantes)”[nota del T: Mass = Misa; mass = masa]
8. Melanchthon y Calvino

Melanchthon pide al estado obligar a la gente a atender los servicios protestantes.


(Durant, 424)

Más tarde, en 1623, en la Sajonia, incluso las confesiones y la Eucaristía eran obligadas
por ley de manera estricta, castigables con el destierro. (Grisar, VI, 264)

Calvino, en Ginebra, también impulso un despotismo religioso que llegaba a un grado


absurdo.

9. Conclusión (Owen Chadwick)

Los estados Protestantes no cuestionan que la enseñanza de doctrinas desaprobadas por


ellos sean prohibidas. Tampoco cuestionan que el estado promulgue leyes para estimular
la asistencia a las iglesias. En la Inglaterra anglicana, en la Alemania luterana y en la
Holanda reformada, los ciudadanos son merecedores de castigos si, a menos que tengan
alguna buena razón, fallan en la asistencia a sus iglesias parroquiales. (Chadwick, 398)

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V. Radicalismo violento y la revolución protestante
1. La revolución de improperios de Lutero

Si tuviera a todos los frailes franciscanos en una sola casa, le prendería fuego. ¡Al fuego
todos ellos! (Grisar, VI, 247; Table Talk [edited by Mathesius], 180; summer 1540)

Es una obligación el vencer al Papa usando la fuerza. (Grisar, VI, 245; EN, IV, 298)

Los poderes espirituales, así como los temporales, tendrán que sucumbir al Evangelio, ya
sea por las buenas o por las malas, como se puede ver el ejemplo en la historia bíblica.
(Janssen, III, 267; letter to Frederick, Elector of Saxony, 1522)

2. Zwinglio

Zwinglio también tenía marcadas tendencias militares.

Zwinglio había llegado demasiado lejos y declararó que la masacre de obispos era
necesaria para el establecimiento del Evangelio purificado. En 4 de mayo de 1528 escribió:
Los obispos no desistirán a su fraude, hasta que el segundo Elías aparezca y una lluvia de
espadas caiga sobre ellos. Es más prudente arrancarse un ojo inútil que dejar el cuerpo
sujeto a la corrupción. (Janssen, V, 180; Zwingli’s Works, VII, 174-184)

Zwinglio murió junto con 24 predicadores afines a él, en la batalla de Kappel, a unas
cuantas millas al sur de Zurich el 11 de octubre de 1531. Ante esta noticia, Lutero
reaccionó con alegría. Este acontecimiento ayudo a que Bullinger sucediera a Zwinglio,
siendo el más leve y moderado de todos los fundadores protestantes.

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VI. Muerte y tortura para católicos, protestantes disidentes y judíos


1. Lutero

Hay quien enseña contradicciones a algunos reconocidos artículos de fe, con evidencia
fundamentados en la Escritura y que son creídos por buenos cristianos en todo el mundo,
como se les enseña a los niños en el Credo. Herejes de esta calaña no deben ser tolerados,
sino castigarlos como manifiestos blasfemadores. Si alguno desea predicar y enseñar,
debe demostrar su vocación para hacerlo o permanecer en silencio. Si no permanece en
silencio, entonces las autoridades civiles deberán conducir al sinvergüenza con su
maestro, llamado Master Hans (esto es, el verdugo de la horca). (Janssen, X, 222; EA, Bd.
39, 250-258; Commentary on 82nd Psalm, 1530; cf. Durant, 423, Grisar, VI, 26-27)
Los artículos de doctrina sediciosos deben ser castigados por la espada, sin necesidad de
pruebas. En cuanto a los Anabaptistas, que niegan el bautismo en la infancia, el pecado
original y la inspiración, lo que no tiene relación con la Palabra de Dios y con certeza se
opone a ésta, las autoridades civiles también están obligadas a limitar y castigar sus
falsas doctrinas. Tan solo piensen ¿qué desastre resultaría si los niños no fuesen
bautizados? Además, los Anabaptistas se separaron de las iglesias y crearon un
ministerio propio, lo cual es contrario al mandamiento de Dios. Por todo lo anterior,
resulta claro que las autoridades civiles están obligadas a imponer un castigo corporal a
estos agresores. También, cuando se trata de un sólo caso de defensa de algunos
postulados espirituales, tales como el bautismo infantil, el pecado original y la
separación innecesaria, entonces, llegamos a la conclusión de que, los obstinados
sectarios deben de ser aniquilados. (Janssen, X, 222-223; pamphlet of 1536)

Bullinger notó la contradicción de Lutero, quien apelaba a la tradición para castigar a los
herejes, pensó que era en realidad ridículo y que debía situarse en la realidad de que la
Iglesia había hecho esto por largo tiempo. Si el argumento de Lutero basado en que “así se
ha interpretado siempre” fuese admitido, entonces, la propia doctrina de Lutero se cae por
su propio peso, ya que su doctrina no es la misma que ha enseñado la Iglesia de Roma.
(Grisar, VI, 259; letter to Albert, Margrave of Brandenburg)

La consistencia lógica nunca fue uno de los puntos fuertes de Lutero. Grisar comenta:

Cada seguidor de su evangelio que discrepaba con su visión, estaba destinado a ser
encasillado como un hereje impío. Lutero nunca dudó que había descubierto un nuevo
evangelio. (Grisar, VI, 238)

Son bien conocidos los hechos de Lutero, referidos por fuentes no católicas acreditadas,
acerca de sus prácticas persecutorias en contra de protestantes no-luteranos.

En 1530 perseveró en el criterio de que dos ofensas deberían ser castigadas, incluso con la
muerte, éstas son la sedición y la blasfemia. Lutero interpretó como sedición incluso
alguna abstención en el gobierno o la milicia, y el rechazo a algún artículo de los
Apóstoles como blasfemia. En un memorando de 1531, escrito por Melanchthon y firmado
por Lutero, un rechazo de la oficina gubernamental fue descrito como una blasfemia
insufrible, y la desintegración de la Iglesia como sedición en contra del orden eclesiástico.
En un memorando de 1536, otra vez por escrito y firmado por Melanchthon y Lutero, la
distinción entre los Anabaptistas pacíficos de los rebeldes, fue borrada. (Bainton, 295)
Bajo los múltiples criterios de Lutero acerca de la herejía, la sedición y la blasfemia, los
siguientes grupos hubieran merecido la pena de muerte: Bautistas, Pentecostales, muchos
de los Evangélicos independientes, Operación Rescate activistas en pro de la vida,
activistas a favor de los derechos civiles, Abolicionistas, Los Padres Fundadores de
América, muchos Liberales y Conservadores, Comunistas y Socialistas, miembros de
comunas, los Hermanos Libres (Plymouth Brethren), Menonitas, Cuáqueros, Amish,
humanistas y ateos, todas las religiones no cristianas, los teólogos liberales, cultos, etc.
Es muy significativo observar cómo Lutero se trasladó de la tolerancia a la tiranía
religiosa, y cómo fue creciendo ésta en él.

En 1520 decretó: “cada hombre es un sacerdote” y agregó “debemos vencer a los herejes
con libros, no con la hoguera” (Open Letter to Christian Nobility, Luther’s Works,
Philadelphia, 1943, I, 76, 142)

Pero un hombre que tiene la “certeza” de tener a la Palabra de Dios en su poder, no


tolerará ninguna contradicción. En 1529 ya hacía algunas distinciones delicadas:

Incluso los incrédulos deben ser forzados a obedecer los Diez Mandamientos, asistir a la
iglesia, que se ajusten en lo exterior. (Letter of August 26, 1529 to Joseph Metsch)

En 1530, en su comentario al Salmo 82, aconsejaba a los gobernantes privar de la vida a


los herejes que predicaran la sedición o en contra de la propiedad privada y a aquellos que
enseñaran en contra 1

Debemos notar, no obstante lo anterior, que hacia el final de la vida de Lutero, éste
retorno a sus primeros sentimientos de tolerancia. En su último sermón aconsejó el
abstenerse de combatirla.

De nueva cuenta, como en el caso de la Revuelta de los Campesinos, fue muy tarde para
corregir el camino, su fin llegó. Durant nos ofrece ejemplos de persecución de
“reformadores” después de Lutero (Durant, 423-425): Bucero urgió la desaparición de toda
falsa profesión de fe, junto con sus esposas, hijos y ganado (Bax, Ibíd., 352). Melanchthon
insistió en usar la pena de muerte para los que rechazaran la Presencia Real de Cristo en
la Eucaristía, a los que negaran el bautismo a los niños (Smith, 177), y la creencia de que
algunos paganos se pueden salvar (Janssen, IV, 140-141). Demandó la desaparición de
aquellos libros que se opusieran o estorbaran a la doctrina luterana (Janssen, XIV, 503).
Los estados protestantes suprimieron el culto Católico y se apoderaron de sus bienes
(Janssen, VI, 46-63, 181, 190, 208-214, 348-349). La censura a la prensa fue adoptada
(Janssen, IV, 232 ff.), junto con la excomunión (por ejemplo en la Confesión de Augsburgo
de 1530).

Kurt Reinhardt, autor de dos volúmenes sobre historia alemana, escribió:

La iglesia invisible que Lutero esperaba establecer en los corazones de todos los fieles, se
había convertido en una institución muy humana y visible. Lutero se encontró a sí mismo
obligando y forzando, en contra de sus principios de libertad individual y tolerancia. Los
ideales de libertad espiritual, libre interpretación y sentimientos de introspección de
Lutero, en realidad nunca proliferaron en la estructura de su iglesia. La mayoría de sus
ideas que provocaron la separación con Roma, tuvieron que refugiarse en aquellas sectas
que las tres iglesias reformadas (zwingliana, calvinista y luterana) perseguían con el
fuego y la espada. (Germany: 2000 Years, I, New York: Ungar, revised edition of 1961, 235,
237)

Uno puede adivinar cómo vivían los judíos en esta atmósfera de intolerancia entre los
cristianos, los verdaderos o los que así se hacían llamar, Lutero aconsejaba:

Destruyan y destrocen sus casas. Quítenles sus libros de oración y Talmuds, sus Biblias
también. Prohíbanles a sus rabinos, bajo pena de muerte, el volver a enseñar. Prohíbanles
el paso por calles y carreteras. Prohíbanles que ejerzan la usura y quítenles todo su dinero
y sus tesoros de oro y plata. Y si esto no fuera suficiente, destiérrenlos, como si fuesen
perros rabiosos.
(EA, XXXII, 217-233; Durant, 422; About the Jews and Their Lies, 1543; Durant cites as his
source Janssen, III, 211-212)
Lo triste del caso es que tiempo antes Lutero había hablado acerca de ser más tolerantes
con los judíos. Ahora, en su vejez, atacado por la enfermedad, la frustración, la discordia
y la duda (y muchas veces también con la duda de sí mismo), otra vez soltaba la lengua
con consecuencias incalculables.

2. Melanchthon

Melanchthon aceptó la dirigencia de la Inquisición Secular que prohibió el Anabaptismo


en Alemania, bajo pena de muerte. ¿Por qué debemos sentir más pena de aquellos hombres
de la que Dios no ha sentido por ellos?, preguntó, él estaba convencido que Dios había
condenado al infierno a los Anabaptistas. (Durant, 423)
Una Inquisición ordinaria se creó en la Sajonia, con Melanchthon a la cabeza, bajo la
cual, muchas personas fueron castigadas, algunas con la muerte, otras con prisión de por
vida y varias con el exilio. (Smith, 177)

Incluso cuando los Anabaptistas no promovían de manera explícita la sedición ni la


blasfemia, era, en su opinión, la obligación de las autoridades darles muerte. (Grisar, VI,
250; BR, II, 17 ff.; February 1530)

Hacia finales de 1530, Melanchthon elaboró un memorando en el cual se defendía un


sistema de coerción con la espada (esto es, muerte para los Anabaptistas), Lutero lo firmó
con las palabras “esto me complace” y agregó:

Aunque pueda parecer cruel el castigarlos con la muerte, es más cruel para ellos el no
enseñar ninguna buena doctrina y perseguir a la doctrina verdadera. (Grisar, VI, 251)

El teólogo protestante August W. Hunzinger concluye: “Era costumbre de Melanchthon,


para no perder tiempo, utilizar el recurso del fuego y la espada. Esto fue una gran mancha
en su vida. Muchos hombres cayeron, víctimas de sus designios” (Grisar, VI, 270; Die
Theol. der Gegenwart, 1909, III, 3, 49)

En 1530, Melanchthon recomendó pena de muerte a aquellos que rechazaren la Presencial


Real de Cristo en la Eucaristía. Pero, ¡después cambió de parecer acerca de este punto de
doctrina! (Durant, 424)

3. Zwinglio

Jóvenes estudiantes de la Biblia, que alguna vez habían sido instruidos por Zwinglio,
proponían una reforma más radical, se negaban a bautizar a sus hijos amparándose en
sus primeras ideas. En enero de 1525, Zwinglio concluyó que ellos merecían la pena de
muerte por “desgarrar el tejido de una sociedad cristiana sin fisuras”. (John L Ruth.,
“America’s Anabaptists: Who They Are,” Christianity Today, October 22, 1990, 26 / cf.
Dickens, 117; Lucas, 511)

La inclemente Zurich de Zwinglio, persiguió a los Anabaptistas:

La persecución de los Anabaptistas comenzó en Zurich. Los castigos ordenados por el


Consejo de Zurich consistían en ahogar, quemar o decapitar, de acuerdo a lo que pareciera
más recomendable. “Es nuestra voluntad”, declaró el Consejo, “que en cualquier lugar que
se encuentren, sea uno o varios, sean ahogados a morir y ninguno de ellos sea perdonado”
(Janssen, V, 153-157)
4. Bucero

En sus diálogos de 1535, Bucero llamó a los gobiernos a exterminar por medio del fuego y
la espada toda profesión de falsa religión, ya sean mujeres, niños o ganado.” (Janssen, V,
367-368, 290-291)

5. Knox

Sus convicciones recordaban las prácticas más obscuras de la Inquisición. Cada hereje
debía ser condenado a muerte, las ciudades con predominio de los herejes debían ser
golpeadas con la espada y destruirlas al final.

“Para el hombre “carnal” esto pudiera parecer un juicio muy severo. Sin embargo, no
haremos excepciones, y todos serán conducidos a la muerte cruel. En estos casos, la
voluntad divina desiste del razonamiento para dar paso a la ejecución de sus
mandamientos”. (Durant, 614; Edwin Muir, John Knox, London: 1920, 142)

6. Inglaterra

Elizabeth, en 1575, condenó a la hoguera a dos Anabaptistas holandeses. En 1535, Enrique


VIII ejecutaba en un solo día a una veintena de ellos. (Hughes, 143)

Seis monjes cartujos y uno de la orden Brigidina fueron colgados, el obispo de Rochester,
san Juan Fisher, fue decapitado. En mayo y junio de 1535, otros fueron desollados en vida,
ahogados y descuartizados, por negar que Enrique VIII fuera la Cabeza Suprema sobre la
tierra de la Iglesia de Inglaterra. (Hughes, 181-182)

Hugh Latimer, un reformista inglés, empañó su elocuente carrera al aprobar la quema de


los Anabaptistas y los obstinados Franciscanos bajo el reinado de Enrique VIII, enfatiza
Durant. (Durant, 597)

La reina Elizabeth escribe a Phillip Hughes:

Se decretó una definición de herejía que nos hace la vida segura a todos los que creemos en
la Trinidad y la Encarnación. Esta ley deja intacto el principio que dice que la herejía es
castigable con la muerte. Cualquier “Servet inglés” pudo haber sido condenado a la
hoguera bajo el reinado de Elizabeth, y de hecho, en 1589, condenó a la hoguera a un
Arriano. (Hughes, 274)
No fue hasta 1679 cuando fue abolida la pena de muerte por herejía en Inglaterra, por un
decreto del Parlamento bajo Carlos II. (Hughes, 274)

John Stoddard lleva la cuenta de Enrique VIII, fundador del Anglicanismo:

Asesino de dos esposas, excomulgó a muchos miembros de la nobleza en su tiempo que


tuvieron la conciencia y el coraje para oponérsele. Entre estos personajes estaba el
venerable Obispo Fisher y sir Thomas More, uno de los hombres más distinguidos de ese
siglo. Cuando Enrique VIII comenzó su persecución, había unos mil monjes dominicos en
Irlanda, solo cuatro sobrevivieron cuando Elizabeth llegó al trono treinta años después.

Las ejecuciones comenzaron con rapidez, alrededor de 800 al año durante casi la última
mitad del siglo XVI. Hallam, protestante, relata que las ejecuciones de sacerdotes
jesuitas, en el reinado de Elizabeth, estaban caracterizadas por el salvajismo y el
fanatismo, que no estoy seguro que la Inquisición haya sobrepasado. Los detalles de tales
atrocidades no complacerían a los lectores Protestantes, acostumbrados a pensar que
todas las persecuciones religiosas han sido llevadas a cabo por los católicos.

Como dice Newman:

Es más placentero para ellos decir que están en contra de la persecución y calificar como
infernal a la Inquisición, que el considerar sus propias asuntos y obras en este sentido.
(Stoddard, 131-132, 135; citing Henry Hallam, Constitutional History of England, I, 146)

Stoddard nos relata más sobre la persecución en Inglaterra de los que se oponían a la
Iglesia Anglicana. Los Presbiterianos, por ejemplo, fueron calumniados, encarcelados,
mutilados e incluso condenados a muerte. Unos cuantos Anabaptistas y Unitarios fueron
quemados vivos. (Stoddard, 205)

Obispos anglicanos fueron cómplices silenciosos y testigos de mucha tortura. (Stoddard,


205-206)

En Irlanda, dos obispos fueron ejecutados por los ingleses en 1578, y otros tantos en 1585
y 1611. En 1652 hubo un intento por exterminar a todos los sacerdotes católicos en
Irlanda.

En un acta firmada por los Comisionados del Parlamento de Inglaterra, decretaron que
cada “sacerdote romano” debería ser colgado, decapitado, descuartizado, sacarle las
entrañas y quemarlas, colocar su cabeza sobre un poste en un lugar público. Al final,
fueron escasísimos los sacerdotes que quedaron en toda la isla. (Stoddard, 206)
Opositores en Irlanda también soportaron horribles sufrimientos. Hubo casos registrados
en los que se les arrancaron a tirones sus dedos, a los que se les chamuscó el cuerpo por
medio de hierros candentes, a los que se les rompían las piernas. Sus esposas también eran
azotadas en público. (Stoddard, 207)

7. Calvino

A. En general

En el prefacio de su obra las Instituciones, admitió el derecho a gobernar mediante la


condena a muerte de los herejes. Él pensaba que se debía odiar a los enemigos de Dios.
Aquellos que defienden a los herejes deben ser castigados también. (Smith, 178)

Durante el gobierno de Calvino en Ginebra, entre 1542 y 1546, cincuenta y ocho personas
fueron condenadas a muerte por herejía. (Durant, 473)

Aunque no recomendaba usar de manera directa la pena de muerte por blasfemia entre los
judíos, sí defendió su uso en contra de éstos. (Harkness, 102)

En defensa a apedrear a los falsos profetas, dijo:

Un padre no debe perdonar a su hijo ni el esposo a su esposa. Si alguien estima tanto a un


amigo como a su propia vida, permítanle acabar con su vida. (Harkness, 107; Calvin,
Opera [Works], vol. 27, 251; Sermon on Deuteronomy 13:6-11)

Habló acerca de la ejecución de católicos, pero al modo de Lutero, en realidad no deseaba


poner en práctica su retórica: Las personas que persisten en las supersticiones de la Roma
anticristiana, merecen ser reprimidas por la espada. (Harkness, 96; letter to Duke of
Somerset, October 22, 1548)

B. James Gruet

En enero de 1547, en la Ginebra calvinista, James Gruet, una especie de librepensador, fue
acusado de haber publicado una nota en la que se implicaba que Calvino debía salir de la
ciudad: fue arrestado con rapidez y se buscó de casa en casa a sus cómplices. Esta acción
fue inútil para revelar nada, excepto que Gruet había escrito en uno de los panfletos de
Calvino: “son tonterías”. Los enjuiciadores lo torturaron en el potro dos veces al día,
mañana y noche, por todo un mes, fue sentenciado a muerte por blasfemia y decapitado el
26 de julio de 1547. ¡La libertad evangélica había llegado al punto de que sus campeones
habían tomado la vida de un hombre por el simple motivo de una sátira! (Huizinga, 176;
cf. Daniel-Rops, 82-83)

Durant nos da más detalles:

Medio muerto, fueron atados sus pies a una estaca mientras le tiraban de la cabeza hasta
desprenderla. (Durant, 479)

C. Los hermanos Comparet

En mayo de 1555, ocurrió un disturbio de borrachos, provocado por un grupo que objetaba
el exceso de refugiados extranjeros en Ginebra. Estos opositores a Calvino fueron
calificados como “libertinos”.

Los hermanos Comparet, dos humildes barqueros, fueron ejecutados y las partes de sus
cuerpos desmembrados, regados en las salidas de la ciudad. (Daniel-Rops, 192)

Los hermanos Comparet fueron torturados con la aprobación de Calvino. En el potro de


tormento dijeron que el disturbio fue premeditado, más tarde, antes de su ejecución, lo
negaron. Varios fueron decapitados, incluyendo a Francois Berthelier. Otros más fueron
desterrados junto con sus esposas. (Harkness, 48)

Los otros miembros del grupo se fugaron, sin embargo fueron sentenciados a muerte en su
ausencia. (Daniel-Rops, 192)

D. Miguel Servet

La ejecución más infame en Ginebra fue la de Miguel Servet, un médico español que
negaba la Trinidad, fue una especie de gnóstico panteísta. Había conocido a Calvino y
éste último declaró, el 13 de febrero de 1547, en una carta a Farel:

Si él viene (a Ginebra), prevalecerá mi autoridad y no permitiré que vuelva a casa con


vida. (Daniel-Rops, 186)

Con el conocimiento de Calvino y con probabilidad su instigación, William Trie, de


Ginebra, denunció a Servet en la Inquisición de Viena (católica) mostrando las cartas
enviadas del hereje a Calvino. (Huizinga, 177)

Daniel-Rops dice respecto a este episodio, que los historiadores protestantes lo refieren
con vergüenza. (Daniel-Rops, 187)
El hecho no puede ser disimulado, Calvino mandó a Servet a la Inquisición y luego trató,
por medio de una mentira o un subterfugio, cubrir su participación en el asunto.
(Harkness, 42)

El arribo de Servet a Ginebra, el 13 de agosto de 1553, fue detectado casi en el momento.


Por medio de instigaciones fue arrestado y puesto en prisión. Calvino esperaba su
ejecución. (Harkness, 42)

El 20 de agosto Calvino escribió a Farel:

Espero que Servet sea condenado a muerte, aunque me gustaría que se librara de la peor
parte del castigo, se refería al fuego. (Daniel-Rops, 190)

Esto es, en lo referente a este caso, el ejemplo máximo de la clemencia de Calvino.

El 26 de octubre, el Consejo ordenó que se quemase a Servet al día siguiente. Su deseo de


muerte para Servet es claro. (Harkness, 44)

Las observaciones de Calvino respecto a esta horrible muerte, mediante una lectura
repugnante:

Él mostró la estupidez de una bestia. Bramó al modo español, ¡misericordia! (Daniel-


Rops, 190-191)

Henry Hallam, historiador protestante, nos ofrece su opinión:

Servet, de hecho, fue quemado no sólo por sus herejías sino por las ofensas que había
propinado a Calvino muchos años antes, que parecieron haber exasperado el tremendo
temperamento del reformador, para hacerle pagar por los dichos por los que al final lo
ejecutó. Así, en el segundo periodo de la Reforma, aquellos síntomas repugnantes que
habían aparecido en un periodo más temprano como la desunión, la violencia, la
obcecación y la intolerancia se arraigaron y crecieron hasta hacerlos incurables. (Hallam,
Ibíd., I, 280)

En la muerte de Servet, Calvino tiene gran responsabilidad, escribe Wendel, marcó al


reformador con un estigma sangriento y nada podrá borrarlo. (Daniel-Rops, 191)

Esta deshonra, sin embargo, es compartida por muchos otros “reformadores”, que
elogiaron su atroz venganza:
Melanchthon, en una carta a Calvino y Bullinger, dio gracias al Hijo de Dios y llamó a
tal ajusticiamiento, un santo ejemplo, memorable para la posteridad. Bucero declaró en
su púlpito en Estrasburgo, que Servet merecía haber sido desollado y desmembrado.
Bullinger, en general humanitario, coincidió en que los magistrados civiles deben castigar
la blasfemia con la muerte. (Durant, 484)

En 1554 Calvino escribió su tratado En Contra de los Errores de Servet, en el cual trató de
justificar su cruel acción:

Mucha gente me ha acusado de que con feroz crueldad quisiera matar de nuevo a aquel
hombre que aniquilé. No sólo soy indiferente a sus comentarios, sino que me regocijo en el
hecho de que me han escupido a la cara. (Daniel-Rops, 191)

Esta fue la actitud de Calvino ante el castigo de los herejes. De qué modo, digo yo, ¿es él
superior en su moral que todos aquellos que cometieron atrocidades por medio de la
Inquisición?

8. Tortura protestante

El teólogo protestante Meyfart, fue testigo de las torturas que más tarde describió. El
ingenioso español y el astuto italiano se horrorizan ante estas bestialidades y
brutalidades. En Roma no se acostumbra someter ni a un asesino, una persona incestuosa
o a un adúltero a tortura por espacio de más de una hora, pero en Alemania, se mantiene
la tortura por un día completo, día y noche, por dos días, incluso cuatro días, después de
lo cual, todo vuelve a comenzar. Hay historias tan horribles y repugnantes que ningún
hombre puede escucharlas sin estremecerse. (Janssen, XVI, 516-518, 521)

Meyfart nos ofrece otro ejemplo típico de cómo se trataba a los Anabaptistas:

En Augsburgo, en la primera mitad del año 1528, de manera casi ciento setenta
Anabaptistas de ambos sexos, o bien fueron encarcelados o fueron desterrados por orden
del nuevo Consejo Popular. A algunos se les cortó la lengua. (Janssen, V, 160)

9. Conclusión

La persecución, incluyendo la pena de muerte por herejía, no es una exclusiva falta del
catolicismo. Con claridad es una falta protestante también y un punto ciego de la Edad
Media, de modo similar al aborto en nuestros “civilizados” días. Además, es una mentira
afirmar que el protestantismo, en su presentación inicial, abogó por la tolerancia. La
evidencia presentada hasta el momento refuta este concepto más allá de cualquier duda
razonable.

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VII. La censura protestante


1. Visión general

Los primeros protestantes no fueron los campeones de la libertad de expresión ni de la


libertad de prensa, como se nos quiere hacer creer. La prohibición de la Misa y el forzar a
asistir al culto protestante por medio de las leyes civiles, son ejemplos de esta
intolerancia respecto de la libertad de pensamiento y de acción.

Desde el principio, la vida religiosa protestante estuvo influenciada por la


desesperanzante contradicción de que Lutero, por un lado, impuso como un deber sagrado
en cada individuo, en todos los asuntos de fe, dejar a un lado la autoridad sobre todo la
de la Iglesia y seguir su propio discernimiento; mientras que por el otro lado, los teólogos
reformistas otorgaron más peso al poder de los príncipes, sobre la religión, sus tierras y
los individuos. Lutero nunca trató de resolver esta contradicción. En la práctica, Lutero
estaba complacido de que el príncipe tuviera el control supremo sobre la religión, la
doctrina y la Iglesia, y con otorgarle el derecho y la obligación de sofocar cualquier credo
que difiriera con el suyo. (Janssen, XIV, 230-231; citing Johann von Dollinger: Kirche und
Kirchen, 1861, 52 ff.)

El cuerpo doctrinal de Melanchthon había sido satisfactorio por mucho tiempo en la


Sajonia, pero a raíz de las controversias cripto calvinistas, el Elector Augusto prohibió
los trabajos de impresión. El control de la prensa, que Melanchthon había utilizado en
contra de otros, ahora se le revertía. (Janssen, XIV, 506)

En las ciudades protestantes, numerosos predicadores con gran celo y con la ayuda de las
autoridades municipales se movilizaron para suprimir los escritos de las corrientes
opositoras. Cuando Lutero comenzó a escribir sus libros se decía, recordando a Frederick
Staphyllus (1560), que “sería contrario a la libertad cristiana si los cristianos y la gente
común no tuvieran la posibilidad de leer toda clase de libros”. Ahora, sin embargo, los
luteranos mismos estaban prohibiendo que se adquirieran y leyeran los libros de sus
oponentes, miembros apostatas y de las sectas. (Janssen, XIV, 506-507)
Los príncipes protestantes amaban y promovían la censura, porque con ésta se acallaba
la bien merecida denuncia en contra del robo de los bienes de la Iglesia o de otros hechos
de interés propio e incluso actos criminales. (Janssen, XIV, 507)

La violación a las órdenes de censura, eran castigadas con severidad en todas partes.
(Janssen, XIV, 234)

2. Lutero prohibió las Biblias católicas

Janssen escribió un caso de censura hipócrita de Lutero (1529):

Lutero puso en movimiento su pluma con motivo de la traducción de la Biblia católica.


“La libertad del mundo”, que proclamaba para sí mismo, no la compartía con su oponente
Emser. Cuando se enteró que la traducción de Emser estaba por ser impresa en Rostock, no
sólo apeló a su seguidor, el duque Enrique de Mecklenburg, con la solicitud de que, “por la
gloria del evangelio de Cristo y las salvación de todas las almas”, detuviera esa
impresión, sino que también logró que los consejeros del Elector de Sajonia respaldaran
esta acción. Lutero negó el poder de las autoridades católicas para prohibir sus libros,
pero, por otra parte, invocaba a las autoridades civiles para impedir los escritos que le
disgustaban. (Janssen, XIV, 503-504)

3. Lutero y Melanchthon prohibieron los libros provenientes de suiza y los de los


Anabaptistas.

Cuando la controversia sobre “La Última Cena del Señor” comenzó en Wittenberg, se
tomaron las máximas precauciones para prohibir los escritos de los reformadores suizos y
de los predicadores alemanes que compartían su punto de vista con los suizos. Con la
instigación de Lutero y Melanchthon, el Elector Juan de Sajonia publicó un edicto con el
siguiente efecto: No será permitida la venta y lectura de libros y panfletos (de los
Anabaptistas, Sacramentalistas, etc.). Y aquellos conscientes de la violación de estas
órdenes y no las denuncien, serán castigados con la muerte y la pérdida de sus
propiedades. (Janssen, XIV, 232-233; BR, IV, 549)

Melanchthon exigió de la manera más severa y exhaustiva, la prohibición de libros que se


opusieran a las enseñanzas luteranas. Los escritos de Zwinglio y sus seguidores fueron
puestos de manera formal en el índice de Wittenberg (lista negra). (Janssen, XIV, 504; cf.
Durant, 424)

4. Universidades Protestantes
Por otro lado, el antagonismo también creció entre las Universidades Protestantes. Una
reprochaba a otra ser promotora y fuente de falsa doctrina. Wittenberg, en estos últimos
tiempos considerada como “la cuna de la nueva revelación y de la recién espabilada
Iglesia de Cristo”, en 1567 fue llamada “apestoso pozo del diablo”. (Janssen, XIV, 231-
232)

5. Otras ciudades protestantes

En Estrasburgo, los escritos católicos fueron prohibidos ya en 1524. El Consejo de


Francfort ejercía estricta censura. En 1532, en Rostock, el impresor de los Hermanos de la
Vida en Común fue enviado a prisión, ya que él acostumbraba publicar las desventajas
del Protestantismo. (Janssen, XIV, 502)

Los príncipes, al modo de la vieja moda bizantina, se consideraban a sí mismos teólogos,


de esta manera ejercían la censura de forma directa. (Janssen, XIV, 233)

Los casos, por supuesto, son múltiples, se han escogido los más ilustrativos en cuanto a
la hostilidad protestante hacia la libertad de prensa.

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