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Biotecnología de Materiales.

Curso 2011-2012

Tema 7 - Biodeterioro y Biodegradación de Plásticos y


Cauchos
Los plásticos y cauchos sintéticos forman un grupo de materiales modernos, que se
comercializan en cantidades significativas desde hace solamente unos sesenta años. El
término general de plástico cubre una amplia gama de estructuras diversas, y de hecho no sólo
se limita a los polímeros y copolímeros, sino que también incluye formulaciones. Por tanto,
para considerar su susceptibilidad al deterioro, es importante conocer fielmente lo que el
término plástico representa en términos de su composición total. Los plásticos pueden
contener una variedad amplia de aditivos y pueden tener coadyuvantes residuales de su
fabricación adheridos en su superficie; todas estas sustancias afectan a su susceptibilidad. El
caucho es un producto natural y por ello podría esperarse que algunos microorganismos
fueran capaces de utilizarlo en su forma cruda (el látex), que contiene proteínas y azúcares
suspendidos en una fase acuosa y, de hecho, así es. El caucho se procesa para eliminar estas
impurezas y mejorar sus propiedades. Los aditivos en la formulación de cauchos también
pueden estimular el crecimiento microbiano.
Los factores físicos también son importantes para determinar la susceptibilidad de los
plásticos y cauchos al biodeterioro. La hidrofobicidad puede limitar el contacto íntimo
requerido entre las enzimas extracelulares del biodeteriorador y el sustrato. La textura
superficial del producto puede incrementar su adhesión si es rugosa y aumentar la tasa de
colonización en comparación con una superficie lisa e impermeable. La dureza del material es
importante cuando el ataque es debido a insectos y roedores. También el tamaño y la forma
pueden tener importancia en el ataque por roedores, que necesitan conseguir agarrarse a un
objeto para roerlo. Las tuberías y cables de gran diámetro son más resistentes a los mordiscos
que las pequeñas. Desde el punto de vista medioambiental, es importante el uso que se le da al
plástico. Por ejemplo, la tensión sobre un plástico susceptible aumenta el ataque por
microorganismos y acorta su duración. La exposición a ambientes acuosos y suelos tendrá
efectos similares. Tales factores son escasamente entendidos y rara vez evaluados, por lo que
a menudo son malinterpretados.
La literatura publicada en relación con el biodeterioro de los polímeros carece a
menudo de la información específica sobre detalles de la composición, dificultando la
interpretación de los datos y, además, los datos recogidos en casos de fallos de servicio a
menudo son confidenciales o tergiversados por los inspectores in situ y destruidos
posteriormente. Las muestras tomadas en un lugar se pueden almacenar mal, de tal forma que
se hace más difícil el examen posterior del organismo responsable. Por ello, es difícil en
algunos casos obtener conclusiones definitivas sobre el comportamiento del producto en
servicio.
A continuación se describen los principales grupos de polímeros y se presentan las
unidades estructurales que, repetidas, forman su cadena principal. La mayor parte de estas
estructuras son grupos químicos extremadamente inertes, de alto peso molecular, saturados,
no ramificados y, cuyas estructuras, una vez curados, pueden entrecruzarse. Sin embargo, los
plásticos basados en celulosa modificada o regenerada y la introducción de grupos de
carbonilos, ésteres, amidas, alcoholes y uretanos presentan sitios potenciales para reacciones
catalizadas por enzimas. Solo se ha publicado evidencia de ataque directo sobre la estructura
de los cauchos naturales, las celulosas regeneradas, las proteínas regeneradas, los poliésteres,
los poliuretanos y las poliamidas. Es interesante indicar que las estructuras de estos polímeros
proceden de, o incorporan, partes naturales. Esto sugiere que los microorganismos no
necesitan sintetizar nuevos sistemas enzimáticos para degradar estas sustancias. Desde luego,

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las estructuras secundaria y terciaria adquiridas durante el curado de estos polímeros pueden
afectar adversamente la capacidad de moléculas enzimáticas grandes para alcanzar los grupos
susceptibles y catalizar la degradación.
1. Cauchos Naturales y Sintéticos
El caucho en su estado natural consiste en una larga cadena formada por unidades
repetidas de cis-1,4-isopreno (véase la Figura 1) con un peso molecular medio de 2 x 106 y
un contenido proteico entre un 2 y un 3,5%. Es susceptible de oxidarse y se cree que este
precursor no biológico provoca la utilización microbiana de los productos de oxidación. El
látex de primer refino utilizado, por ejemplo, en la fabricación de guantes quirúrgicos, es la
forma más pura de látex. Contiene hasta un 15% de constituyentes de naturaleza no
isoprenoide como proteínas, lípidos y carbohidratos. En su estado no vulcanizado puede
absorber hasta un 15% de agua haciéndolo particularmente susceptible al biodeterioro cuando
se almacena en condiciones húmedas. El látex indudablemente se degrada de forma natural
como se ha puesto de manifiesto por los bajos niveles residuales en el suelo de las
plantaciones de caucho donde se depositan cantidades considerables con las hojas que caen
cada año.

Figura 1. Unidad de 1,4-isopreno

La vulcanización mejora las propiedades mecánicas, el rango de temperaturas de


trabajo y la resistencia química del caucho natural por el entrecruzamiento directo de las
cadenas a través de los átomos de carbono mediante radiación/agentes peróxidos o por medio
de grupos sulfuro si se utilizan aceleradores químicos. Algunos aceleradores, como el
mercaptobenzotiazol, disulfuro de tetrametiltiuram y dimetilditiocarbamato de sodio
presentan actividad biocida y se utilizan como conservantes en productos de base soluble
como los plásticos, adhesivos y pinturas en los que se requiere la protección fúngica de la
capa seca. La reducción en la absorción de agua y el entrecruzamiento también sirven para
reducir la susceptibilidad microbiana. Sin embargo, los ensayos de pérdida de peso en
cultivos puros y mixtos han demostrado que, con el tiempo, tiene lugar una degradación
significativa. Los estudios con partículas de caucho y neumáticos de coche en suelo y con
cultivos puros de Nocardia sp., respectivamente, sugieren que el proceso de biodegradación
puede ser viable para la eliminación de residuos de caucho. Se cree que la ruta degradativa
involucra el metabolismo bacteriano de compuestos poliisoprenoides como el geraniol,
citronelol y farnesol. Se ha identificado en la degradación de isoprenos por Pseudomonas
aeruginosa una enzima inducible, la geraniol coenzima A carboxilasa.
Para mejorar las propiedades del caucho natural se han desarrollado una gama de
cauchos sintéticos (Figura 2). Algunos de estos cauchos como el poliisopreno, polibutadieno
y policloropreno, tienen una estructura similar al caucho natural, mientras que otros como los
derivados del butilo, acrilonitrilo y estireno presentan grupos funcionales adicionales
incorporados al isopreno. En cambio, los cauchos de silicona y polisulfuro tienen estructuras
basadas en la silicona.
Existen muy pocos trabajos sobre la degradación de estos cauchos, a excepción del
copolímero de estireno-butadieno. Se ha demostrado que una Nocardia sp. ha sido capaz de

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degradar el butadieno a través de la epoxidación esteroespecífica del enlace C=C y la


posterior oxidación a acetato a través del piruvato.

Figura 2. Cauchos sintéticos

2. Celulosas Modificadas y Regeneradas


Las celulosas regeneradas como el acetato de celulosa y el nitrato de celulosa fueron
algunos de los primeros plásticos que se utilizaron comercialmente. La sustitución de los
grupos hidroxilo por los de acetato o nitrato (Figura 3) confiere un aumento de resistencia al
biodeterioro en relación con la celulosa no sustituida. Esto mismo también se ha encontrado
para los éteres de celulosa (Figura 3) como la carboximetil y la hidroxietil celulosas que,
dependiendo del grado de sustitución y del grupo sustituido, son invariablemente menos
susceptibles a la rotura del enlace β-1-4 que su estructura natural original. Esto no quiere decir
que estas celulosas no presenten problemas. De hecho, la pérdida de viscosidad en pinturas
durante su almacenamiento es debida, a menudo, al ataque enzimático sobre el espesante
basado en éter de celulosa; se pueden producir grandes cambios en la viscosidad por una

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pequeña cantidad de puntos aleatorios de ataque. El tejido conocido como rayón es un


derivado de la celulosa que ha demostrado que puede ser fácilmente utilizado por los
microorganismos. Trozos de rayón enterrados durante un mes en un suelo
microbiológicamente activo perdieron completamente la resistencia a la tracción. El celofán,
antaño utilizado con profusión como envoltorio, favorece de forma excelente el crecimiento
microbiano, particularmente el de los hongos. Muchos ecólogos microbianos que en el pasado
investigaron las actividades celulolíticas en el suelo, utilizaron celofán para aislar y
seleccionar especies celulolíticas y estudiar sus características de crecimiento en cultivos
puros en el laboratorio. Debido a su susceptibilidad, el uso de derivados de celulosa en el
embalaje ha dado paso a polímeros más inertes que, a menudo, presentan propiedades
mecánicas, físicas y químicas superiores. La celulosa tiene una gran demanda como materia
prima. Sin embargo ha habido un resurgimiento en el uso de nuevos derivados a partir de
residuos de celulosa.

Figura 3. Celulosas modificadas

Las razones están en la necesidad de hacer un uso más eficaz de grandes cantidades de
residuos de fibras que se acumulan en la agricultura y en el procesado de los alimentos y en
las ventajas de usar una fuente renovable frente a otra que es esencialmente de un solo uso.
De este modo se han producido derivados furfurales a partir de hemicelulosas presentes en
desechos de cereales y éstos se han introducido dentro de espumas aislantes conjuntamente
con resinas fenólicas. Éstas parecen resistir el ataque microbiano en condiciones de
laboratorio.
3. Proteínas Regeneradas
Algunos de los primeros plásticos producidos para su comercialización fueron
proteínas regeneradas, obtenidas a partir de la caseína de la leche desnatada y que se había
reticulado con formaldehído. Este compuesto de caseína-formaldehído se utilizó en piezas
eléctricas, como los interruptores de la luz. En la Figura 4 se presenta la unidad estructural,
donde el grupo R es el formaldehído. Estos plásticos son propensos a absorber agua y ser
atacados hidrolíticamente en los carboxilos, y su susceptibilidad al ataque microbiano avala
esta observación. El formaldehído de urea es un compuesto similar que se utilizó como
adhesivo para tableros de madera y papel prensado en productos laminados para el hogar. Las

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propiedades de los polímeros de este tipo, como su fragilidad e hidrólisis en contacto con
agua, han limitado su uso en productos industriales.

Figura 4. Unidad de la estructura de caseína-formaldehído

4. Polietilenos
El polietileno consiste en una cadena hidrocarbonada saturada de peso molecular muy
elevado con ramificaciones cortas ocasionales (de 2-3 carbonos de longitud) terminadas en
grupos metilo (véase la Figura 5), lo que lo hace extremadamente recalcitrante al ataque
microbiano. Los polietilenos de alta densidad (HPDEs) tienen menos de cinco ramificaciones
por cada 1.000 átomos de carbono y los polietilenos de baja densidad (LDPEs) tienen entre 20
y 30. Generalmente se asume que la oxidación (sea química o fotoquímica) es un paso
necesario para cualquier proceso de degradación biológica. Se ha encontrado que en
polietilenos marcados con 14C la fotooxidación aumenta su biodegradación en el suelo.
Muestras de polietileno sometidas durante cuarenta y dos días a fotooxidación y luego
enterradas durante diez años, presentaron un incremento de la degradación diez veces mayor
(2%) que las muestras no fotooxidadas. Se postula que la ruta biodegradativa subsiguiente
pasa por la β-oxidación. De esta manera podríamos predecir un proceso de mineralización
muy lento incluso en presencia de una oxidación abiótica. La hidrofobicidad y la
incorporación de antioxidantes al polietileno reducen todavía más la tasa de degradación.

Figura 5. Estructura de repetición de polietileno

Por el contrario, la degradación microbiana de los polietilenglicoles (PEGs) está bien


caracterizada. Los PEGs de peso molecular entre 400 y 20.000 (Figura 6) pueden ser
metabolizados por una diversidad de bacterias Gram-negativas mediante oxidaciones
sucesivas de los grupos alcohólicos terminales a aldehído y a ácido monocarboxílico,
seguidas de la rotura del enlace éter. Se han identificado tres PEG-deshidrogenasas como
responsables, dando lugar a la reducción de una unidad de glicol en la cadena del PEG.

Figura 6. Estructura del polietilenglicol (PEG)

Polímeros tales como el poliestireno, cloruro de polivinilo (PVC), poliacrilonitrilo,


poliacrilato y poliacetato de vinilo contienen grupos laterales diferentes que surgen a partir de
una estructura central de grupos repetidos de CH2. La bibliografía recoge la biodegradación y
mineralización de las estructuras de estireno, acronitrilos residuales y poliacrilato y

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poliacetato de vinilo solubles. Sin embargo, como plásticos rígidos, estos polímeros son
extremadamente recalcitrantes.
5. Poliésteres
Los poliésteres son polímeros de condensación obtenidos a partir de ésteres de un
ácido orgánico y un poliol. El ácido es generalmente difuncional y el poliol es un alcohol
dihidroxílico. La susceptibilidad del poliéster al biodeterioro depende principalmente del tipo
de ácido utilizado: adipatos, sebacatos y caproatos son generalmente reconocidos como
productores de poliésteres degradables, mientras que aquellos procedentes de los ftalatos,
tolueno, ácido sulfónico, hidrocarburos aromáticos y policarbonatos son más resistentes a la
degradación por los microorganismos. La degradación inicial de los poliésteres susceptibles
se debe a la inestabilidad del enlace éster que se hidroliza en presencia de enzimas con
actividad hidrolasa. Los poliésteres no ramificados son más susceptibles que aquellos
ramificados, aun cuando el peso molecular de los últimos sea mucho más bajo. Como ejemplo
en un área relacionada, la inserción de grupos metilo en el hidrocarburo dodecano impide el
crecimiento de un cultivo mixto de hongos patrón, mientras que el dodecano no modificado
permite un crecimiento excelente bajo las mismas condiciones. Los enlaces éster en una
posición lateral de la cadena principal, por ejemplo, el poliacetato de vinilo, no son atacados
(véase la Figura 7). En general, cuanto más alto es el punto de reblandecimiento más baja
tiende a ser la biodegradabilidad. Se ha documentado que la hidrólisis enzimática del poliéster
alifático poli(tetrametilen succinato) con un punto de fusión alto (113 ºC) es menor que para
la poli(ε-caprolactona) con un punto de fusión de 62 ºC. La longitud de cadena de un poliol no
ramificado también parece tener un efecto sobre el crecimiento de los hongos. Un alcohol
alquílico lineal con una longitud de cadena de entre C3 y C12 incorporado en un éster con
ácido sebácico estimuló el crecimiento de Aspergillus versicolor, mientras que por encima de
C12, el crecimiento se redujo. El alcohol por sí solo no sustentó el crecimiento del hongo. El
1,4-butanodiol se usa comúnmente como un compuesto poliol en muchas aplicaciones y
algunos estudios han demostrado que, además de la longitud de cadena, la posición de los
grupos hidroxilo tiene un efecto sobre el crecimiento de los hongos. Las posiciones 1,4
parecen dar lugar a un éster más susceptible que las posiciones 1,2 ó 1,3. Esta evidencia
señala a los grupos vecinos como influyentes en las enzimas responsables de las reacciones.
Los poliésteres susceptibles como la policaprolactona y el polibutilen adipato se incorporan
químicamente en la estructura de algunos poliuretanos y aquí tienen que ser considerados los
efectos de los grupos adyacentes del poliuretano. Estos compuestos se discuten más
extensamente en la sección de los poliuretanos.

Figura 7. Unidad de repetición del poliacetato de vinilo

Aunque los policarbonatos tienen mayor resistencia a la hidrólisis que los poliésteres,
se han aislado microorganismos capaces de biodegradarlos. Se ha descubierto, un hecho que
es muy interesante, que una cepa de Amycolatopsis sp., una bacteria degradadora de
poliésteres, es capaz de una mineralización completa de un copolímero de tetrametilen

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succinato y tetrametilen carbonato (Figura 8). En cambio, el politetrametilen carbonato


presentó escasa degradación.

Figura 8. Unidades repetitivas de poliésteres: (a) poli(tetrametilen succinato), (b) poli(tetrametilen


carbonato), (c) copolímero de (a) y de (b)

De los poliésteres resistentes, el más ampliamente utilizado es el polietilen tereftalato


o PET (comercialmente conocido como “Terileno” y “Dacrón”) (Figura 9). Es resistente a la
hidrólisis y al deterioro por los microorganismos. Se han documentado algunos crecimientos
pequeños sobre el “Terileno” pero esto ha podido deberse a los pigmentos, impurezas de bajo
peso molecular o coadyuvantes. Se ha observado in vitro la degradación del dimetiltereftalato
por Aspergillus niger y se ha propuesto una ruta degradativa provisional. Aparte de esto, no
existen datos que sugieran que el PET sea un polímero susceptible.

Figura 9. Estructura del polietilen tereftalato (PET)

6. Poliuretanos
El término poliuretano designa una amplia variedad de materiales poliméricos,
incluyendo espumas flexibles y rígidas, y elastómeros. Se utilizan en la fabricación de
pinturas, adhesivos, muebles, pieles sintéticas, cables eléctricos, componentes para
automoción e instrumental médico. En sus inicios, el grupo químico predominante en la
cadena era el grupo uretano, que dio lugar al término genérico de poliuretano (Figura 10). La
rápida expansión de este grupo de materiales en los últimos treinta años ha llevado a la
introducción de grupos estructurales importantes como ésteres, éteres y ureas en las
estructuras de los poliuretanos. Los poliuretanos constituyen un ejemplo excelente de
polímeros que contienen grupos funcionales susceptibles, de los que se sabe que fallan en
servicio y que han sido muy estudiados en los últimos años. Debido a sus propiedades únicas
(buen comportamiento a la abrasión, resistencia al agua y a los aceites, buena adhesión,

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elasticidad y alta resistencia) la variedad de aplicaciones de los poliuretanos se ha


diversificado de tal forma que están en íntimo contacto con comunidades microbianas en el
suelo y en ambientes acuosos como el mar, el cuerpo humano y las redes de alcantarillado. El
poliuretano más simple está formado por la combinación de un poliol con un di-isocianato
altamente reactivo, resultando un polímero rígido de unidades de uretano regularmente
repetidas (Figura 10). Tal polímero tiene un uso limitado como espuma aislante rígida. La
incorporación de un poliéter o de un poliéster produce un prepolímero elastomérico que puede
extenderse con un diol o una diamina para obtener un producto de cadena larga. Se pueden
producir entrecruzamientos (Figura 11) y el uso de los trioles puede dar lugar a estructuras
ramificadas, originando un plástico termoestable en el que los entrecruzamientos permanecen
estables y el polímero no puede ser remoldeado por calor. El producto se puede curar a alta
temperatura, resultando un producto totalmente inerte con la estructura dividida en partes, una
parte blanda (elástica) formada por una cadena del poliéster o del poliéter y una parte rígida,
que es la del isocianato (Figura 12).

Figura 10. Estructura básica del poliuretano

Figura 11. Entrecruzamiento en poliuretanos

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Figura 12. Formación de un segmento de poliéster poliuretano


Se sabe que los poliuretanos que contienen poliésteres son más susceptibles al ataque
y experimentan más fallos durante el servicio que aquellos basados en el poliéter (Figura 13),
lo que se debe a la susceptibilidad del éster a la hidrólisis, que una gran cantidad de enzimas
microbianas (las hidrolasas) catalizan. El efecto se puede demostrar con películas delgadas de
un polímero susceptible enterrado catorce días en el suelo activo de un jardín. La unión éter es
susceptible de oxidarse (y es menos estable que el éster en atmósferas secas calientes), pero
parece ser resistente al ataque microbiano. Esta conclusión se basa en observaciones tanto
sobre productos comerciales como sobre polímeros sintetizados en el laboratorio. Trabajos
más recientes proponen que los microorganismos pueden también estar involucrados en la
apertura de los anillos aromáticos del di-isocianato y en la hidrólisis directa de los grupos
uretano, amida y urea. No obstante, esto parece estar relacionado con la cantidad de puentes
de hidrógeno (entrecruzamiento) dentro de la parte rígida y la protección que brindan estos
grupos mediante la formación de estructuras secundaria y terciaria (cristalina). Esto
significaría que los poliuretanos basados en éter podrían estar en riesgo bajo ciertas
condiciones.

Figura 13. Unidades estructurales de poliuretanos

Los datos de observación del crecimiento de cultivos mixtos de hongos sobre diversos
poliuretanos basados en éter y éster han demostrado que se pueden dar crecimientos
moderados en los poliéteres cuando están incorporados en di-isocianatos aromáticos. El di-
isocianato alifático, 1,6-hexametilen di-isocianato, presenta de forma consistente índices de
crecimiento más bajos tanto para sistemas basados en poliéter como en poliéster. La
bibliografía sobre la actividad proteasa (otra hidrolasa) sugiere que estas enzimas atacan

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preferentemente en un sitio próximo a un anillo aromático en otras estructuras, lo que


explicaría la mayor resistencia de los sistemas basados en el 1,6-hexametilen di-isocianato.
En los últimos años la mayor parte del trabajo se ha centrado en el aislamiento e
identificación de enzimas responsables de la degradación de los poliuretanos. Las proteasas
(papaína y ureasa) y las lipasas/esterasas aisladas de bacterias aerobias y anaerobias han
demostrado que degradan activamente las uniones del uretano y los segmentos de poliéster,
respectivamente, resultando una pérdida de la integridad estructural. Otros trabajos han
revelado la presencia de enzimas extracelulares y termoestables (10 minutos a 100 ºC) ligadas
a membrana en Pseudomonas fluorescens, Pseudomonas chlororaphis y Comamonas
acidovorans, con pesos moleculares en el rango de 30.000 a 65.000, que son capaces de
degradar la parte del poliéster. Es tal el interés que despiertan estas enzimas por su potencial
en la eliminación de residuos de poliuretano que se ha dedicado tiempo y esfuerzo en clonar y
expresar algunos de los genes de PUasa en Escherichia coli.
7. Poliamidas
Estos polímeros son conocidos genéricamente como nylon y son sintetizados por
policondensación de ácidos ε-amino o sus lactamas o por la condensación de diaminas con
ácidos dicarboxílicos. El Nylon 6 (preparado a partir de la caprolactama) y el Nylon 11
(preparado a partir del ácido ε-aminoundecanoico) son ejemplos de la primera reacción,
mientras que el Nylon 6,6 (hexametilen dimina y ácido adípico) y el Nylon 6,10 (hexametilen
diamina y ácido sebácico) representan la segunda reacción (Figura 14).

Figura 14. Poliamidas

Esto da lugar a estructuras repetitivas con pesos moleculares entre 100 y 200, con
polímeros para uso comercial de entre 10.000 y 100.000. La bibliografía recoge que los
nylones son en su mayoría resistentes al biodeterioro, aunque son colonizados con más
probabilidad por hongos cromógenos que crecen en superficies contaminadas, de lo que es
ejemplo la pigmentación rosada de los paracaídas de nylon por Penicillium janthinellum.
La información concerniente a la degradación microbiana de las poliamidas se
restringe a los copolímeros de glicina o serina y al ácido ε-aminocaproico (Figura 15). Estos
copolímeros se desarrollaron por su mejorada biodegradabilidad. Se pensó que debido a su
naturaleza hidrofílica y su solubilidad en agua eran capaces de poder sustentar el crecimiento
microbiano, en contraste con la poliglicina (Nylon 2) y la policaprolactama (Nylon 6), que
resisten bien el ataque microbiano. Se ha encontrado que unidades oligoméricas de nylon (el
dímero cíclico del ε-aminohexanoico) son biodegradables y se ha identificado el gen
responsable para expresar la enzima. Nuestra experiencia nos dice que el nylon no es
propenso a fallos relacionados con la estructura.

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Figura 15. Dos tipos de Nylon 2 y 6

8. Aditivos
Los plásticos y los cauchos pueden contener diversos aditivos (Tabla 1) que confieren
diferentes propiedades al producto final. Es escaso el trabajo realizado sobre estos aditivos
para determinar sus propiedades nutritivas o biocidas, con la notable excepción de los
plastificantes, que se han estudiado más detalladamente por su importante función
plastificante en el polímero inerte, microbiológicamente hablando, de PVC.

Tabla 1. Aditivos utilizados en plásticos


Pigmentos Plastificantes
Antimicrobianos Fotoestabilizantes UV
Catalizadores metálicos Absorbentes de UV
Aditivos de procesado Estabilizantes antihidrólosis
Desmoldeantes Antioxidantes
Lubricantes Retardadores de llama
Acelerantes Cargas de relleno y extendedores

En la Tabla 2 se presentan una lista de especies químicas plastificantes junto con una
indicación cualitativa de su susceptibilidad al biodeterioro.
Por lo general se acepta que los plastificantes basados en los adipatos y los sebacatos
son susceptibles al biodeterioro, provocando la pérdida de plasticidad del PVC y un eventual
agrietamiento localizado alrededor de la colonia microbiana (habitualmente fúngica). Otros
tipos de plastificantes son resistentes cuando se presentan como única fuente de carbono, pero
la presencia de otros nutrientes orgánicos en el medio estimula su utilización. Se desconoce si
este es un proceso cometabólico o está inducido enzimáticamente. Los plastificantes son
ésteres hidrolizados por lipasas/esterasas presentes en todos los órdenes bacterianos y
fúngicos; de este modo el PVC plastificado puede estimular una amplia variedad de hongos,
produciendo a menudo una mancha como primer efecto reconocible. La pigmentación más
reconocida del PVC plastificado es la “mancha rosa” causada por la presencia de
Streptomyces rubrireticuli. Este microorganismo forma parte de un protocolo de investigación
para evaluar potenciales biocidas.
El uso de aditivos como antioxidantes y estabilizantes UV no solo sirve para reducir
los efectos físicos medioambientales en la duración del polímero, sino que también retarda los
cambios, a menudo necesarios, para permitir que se inicie el crecimiento microbiano. En
cambio, los compuestos antihidrólisis utilizados, por ejemplo, en los poliuretanos de poliéster,
no son eficaces para prevenir la hidrólisis catalizada por enzimas. Se han diseñado para
absorber el ácido libre que puede llegar a ser autocatalítico, pero no pueden evitar la reacción
mediada por enzimas. Las comparaciones entre polímeros idénticos, con y sin compuestos
antihidrólisis, han demostrado que el ataque puede darse con la misma intensidad. Se ha
hecho muy poco para examinar la susceptibilidad de muchos de estos aditivos. La poca

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información disponible apunta a una resistencia pasiva al ataque microbiano o, en el caso de


ciertos catalizadores metálicos, a una resistencia activa.

Tabla 2. Ejemplos de plastificantes comerciales y de la capacidad de los hongos para degradarlos


Plastificante Diámetro de la coloniaa (cm)
Adipatos
Adipato de dihexilo 2,8
Adipato de dibutoxietilo 1,5
Adipato de dicaprilo 4,6
Adipato dioctilo 1,0
Adipato de di-iso-octilo 1,1
Adipato de dinonilo 0,4
Ftalatos
Ftalato de dibutilo 0,4
Ftalato de dioctilo 0,1
Ftalato de di-iso-octilo 0,0
Ftalato de dinonilo 0,0
Ftalato de didecilo 0,0
Sebacatos
Sebacato de dimetilo 1,0
Sebacato de dibutilo 4,4
Sebacato de doctilo 2,6
Sebacato de di-iso-octilo 1,6
Sebacato de dibencilo 5,5
Sebacato de polipropileno 5,9
Estearatos
Estearato de butoxietilo 6,2
Estearato de butilo 2,2
Ricinoleatos
Ricinoleato de metilo 6,0
Ricinoleato de cinc 6,8
Ricinoleato de butilo 6,1
a
Media en centímetros del diámetro de la colonia para 24 hongos
crecidos individualmente durante 14 días a 29 ºC en un medio
mineral salino que contiene el plastificante.

9. Impurezas
Las impurezas encontradas en los plásticos van desde los precursores y catalizadores
no curados o no utilizados de bajo peso molecular a los compuestos residuales desmoldeantes
y lubricantes utilizados durante la fabricación. El trabajo realizado en residuos de polietileno
de bajo peso molecular presentes en un polietileno de alto peso molecular demostró que el
crecimiento de microorganismos del suelo se detuvo cuando los mencionados residuos de
bajo peso molecular se eliminaron con un disolvente adecuado. Se ha observado los efectos
del aceite vegetal residual utilizado como lubricante en la producción y el tejido del
polipropileno. El almacenamiento de los rollos de tela en un ambiente húmedo y caliente hizo
que toda la superficie fuera recubierta por una masa de colonias fúngicas que, aunque no
afectaron a la resistencia a la tracción, causaron un manchado considerable.

Adaptado del Libro “Introducción al Biodeterioro”, Dennis Allsopp, Kenneth Seal, Christine Gaylarde.
Editorial Acribia. 2008.

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