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La obra de Luis Barragán (1902-1988).

Arquitecto de la
luz y el color
Publicado el mayo 19, 2010por artepedrodacruz
Pedro da Cruz

La trayectoria del arquitecto mexicano Luis Barragán muestra la influencia de


ideas provenientes de viajes, encuentros y lecturas. Una obra que está
íntimamente ligada a lo mexicano por la vivencia de las tradiciones vernáculas
de Jalisco, el legado del período precolombino, y la influencia de la arquitectura
mediterránea producto de la conquista española. Simultáneamente, Barragán
fue influido por tendencias europeas de la época: el llamado Estilo
Internacional, en especial la arquitectura de Le Corbusier. De la interacción, o
mestizaje, de diferentes tradiciones resultó una obra que ha sido calificada como
emblemática de la arquitectura de América Latina.

Barragán no dibujaba mucho, ya que generalmente sólo realizaba bocetos


concisos con unos pocos trazos de color. La mayoría de las casas particulares
que construyó en Ciudad de México fueron concebidas a partir de la
personalidad y la profesión de los futuros dueños. No solía dibujar en la mesa de
trabajo, sino que ante un encargo contemplaba largamente el lugar elegido, y
luego tomaba algunos apuntes. Sus allegados coinciden en indicar que usaba un
método de trabajo basado en la intuición. El escultor Mathias Goeritz utilizó el
término “emocional” para describir la arquitectura de Barragán.

La actividad profesional de Barragán se extendió por más de cinco décadas, de


la reforma de la casa de Robles León en Guadalajara en 1927, a la construcción
de la casa de Barbara Meyer en Ciudad de México en 1981. La obra del
arquitecto muestra tres períodos claramente definidos, caracterizados por
lenguajes arquitectónicos específicos, que han sido estudiados por la
investigadora Danièle Pauly en la monografía Barragán. Space and shadow,
walls and colour (Birkhäuser, 2002). El objetivo de la autora es estudiar las
raíces del lenguaje arquitectónico de Barragán, y demostrar como la obra puede
ser caracterizada como mexicana. Afirma que la interacción de la luz, la sombra
y el color tiene un papel muy importante, así como la presencia del agua, la
vegetación, las rocas volcánicas y el suelo mexicano.
JUVENTUD DORADA. Barragán nació en 1902 en Guadalajara (capital del
estado de Jalisco) como hijo de un hacendado, y durante su niñez y juventud
alternó la vida de la ciudad con estadías en la hacienda de Corrales, cerca de
Mazamitla, localidad próxima al estado de Michoacán. La pertenencia a la clase
de los dueños de la tierra permitió a Barragán tener una juventud
despreocupada, lo que quedó reflejado en fotografías de la época en las que se lo
ve de excursión con otros jóvenes en las cercanías de Guadalajara.
Casa González Luna, Guadalajara, 1929

A pesar de su extracción social no fue indiferente a su entorno, ya que se


interesó por las costumbres de las zonas rurales, especialmente las tradiciones
de la arquitectura popular, que documentó en numerosas fotografías. En
algunas de las construcciones que realizó años más tarde se evidencia, entre
otras, la influencia del llamado corredor, una galería techada, abierta a un patio,
a lo largo de la casa, donde se realizaban varias de las actividades diarias de la
hacienda. La idea la tuvo presente cuando reformó la casa que sería su casa-
taller en la calle General Francisco Ramírez de Ciudad de México. Otro
elemento con origen en las construcciones rurales son largos espejos de agua
que recuerdan los bebederos de piedra para los caballos y el ganado que eran
comunes en las haciendas, forma que usó en el jardín de una construcción en
Las Arboledas, cerca de Ciudad de México.

Barragán creció en una época muy violenta de la historia de México, la de la


Revolución Mexicana, una serie de acontecimientos que se desarrollaron entre
1910 y 1920. En 1924, con poco más de veinte años, emprendió su primer viaje a
Europa, del que regresó a Guadalajara un año más tarde.

El primer periodo de la obra arquitectónica de Barragán comprende las


construcciones que realizó durante su juventud en Guadalajara entre 1926 y
1931, época en que su principal fuente de inspiración fue el estilo mediterráneo
que había conocido en Europa, encarnado en la Alhambra de Granada y los
jardines diseñados por el escritor francés Ferdinand Bac. Debido al entorno en
que había crecido, sus amigos y clientes formaban parte de las familias
dominantes de Guadalajara, cuyo gusto era sumamente conservador.
Escalera y dos puertas de la Casa Cristo, Guadalajara, 1930

Las construcciones de Barragán en Guadalajara son conocidas por el nombre


de quienes las encargaron, entre otras las casas de Enrique Aguilar (1928),
Efraín González Luna (1929) y Gustavo Cristo (1930). Un denominador común
de esas construcciones es la articulación del área construida con los jardines
adyacentes por medio de logias, pabellones abiertos, arcadas, patios, terrazas y
pérgolas.

MODERNIDAD MEXICANA. El segundo periodo de la actividad


arquitectónica de Barragán comenzó en 1932, inmediatamente después del
segundo viaje a Europa, y culminó hacia 1940. Durante ese tiempo se
produjeron dos hechos importantes en su vida: se radicó en Ciudad de México, y
fue fuertemente influido por el Estilo Internacional que había visto en Europa,
lo que se evidencia en los edificios de apartamentos que construyó después de
mediados de la década de 1930.
La renovada concepción fue principalmente resultado de influencias
arquitectónicas, pero a su desarrollo también contribuyó el ambiente intelectual
de la capital mexicana, con el que Barragán no había estado en contacto
mientras vivía en Guadalajara. La época posterior a la Revolución fue muy
fermental, entre otros factores debido a que el ministro de Instrucción Pública
José Vasconcelos alentó el desarrollo del muralismo mexicano. Varios artistas
tuvieron un papel protagónico, especialmente Diego Rivera y Frida Kahlo,
quienes estuvieron relacionados a personalidades internacionales como León
Trotsky y André Breton. En el caso particular de Barragán, fueron importantes
las relaciones profesionales que mantuvo con el arquitecto austriaco Frederick
Kiesler, los artistas Miguel Covarrubias, José Clemente Orozco y Gerardo
Murillo (conocido por el seudónimo “Dr. Atl”), así como con el historiador
Edmundo O’Gorman, hermano del reconocido arquitecto Juan O’Gorman.
Casa para dos familias, Ciudad de México, 1936

Luego de establecer su estudio en la capital, Barragán se adaptó a los


principios de la construcción industrial, que incluía la producción en serie, y se
desempeñó como planificador y arquitecto de nuevos barrios. Entre 1936 y 1940
construyó cerca de treinta casas de apartamentos en áreas del oeste de Ciudad
de México como Cuauhtémoc, Hipódromo, Condesa, y Colonia San Rafael.

Algunas de las características principales de los edificios de Barragán de esa


época son volúmenes perpendiculares, paredes blancas, techos planos,
superficies vidriadas y ventanas sin marcos, elementos similares a los de la
arquitectura modernista europea que permitían un tipo de producción
industrial. La distribución de los ambientes y los detalles de los interiores son
producto de una visión racionalista, con ambientes despojados y muy
iluminados. Pero pocos años más tarde Barragán abandonó el papel de
empresario, cansado de los conflictos con empresarios y clientes inherentes a
una actividad comercial.

El abandono temporario de la actividad constructora resultó en un balance


del desarrollo de la arquitectura modernista en México. Una postura
extremadamente crítica significó en la práctica que Barragán repudiara los
edificios que había construido durante los años en que aplicó los principios
funcionalistas. En 1940 decidió cambiar la orientación de su actividad y
dedicarse al diseño de jardines, entre los que se contaron cuatro en el área de
Tacubaya, tres en la Avenida San Jerónimo, y uno, con características de
parque, en el Pedregal de San Ángel. Los jardines se caracterizan por la
utilización del terreno, por ejemplo suelos rocosos que determinan la topografía
del conjunto, y de corrientes de agua, en algunos casos en forma de cascadas,
que crean un fantástico contraste con la frondosa vegetación.

Entrada y escalera de la Casa Gilardi, Ciudad de México, 1977

LUZ Y COLOR. El tercer y último período de la carrera de Barragán comenzó


en 1943, con la reforma y ampliación de una casa en la calle General Francisco
Ramírez de Ciudad de México (que sería su casa-taller), y se extendió hasta
1981. La característica principal de las construcciones de este periodo –
relativamente pocas – en el que abandonó la producción en serie y se dedicó a
crear de acuerdo a los deseos y personalidades de los clientes, es la importancia
dada a la interacción de la luz y el color con los volúmenes arquitectónicos.
Luego de largas conversaciones con los clientes planteaba una serie de
alternativas y realizaba bocetos que no eran definitivos, ya que la fase de
construcción podía estar condicionada por la relación con el entorno y cambios
dictados por la intuición. La última fase de la construcción era pautada por la
aplicación del color, en general colores primarios que se aplicaban a sólo una
pared de una habitación o patio interior.

Como en otros aspectos de su obra, el uso del color evidencia tanto la


influencia del modernismo europeo, específicamente los tratados de los
profesores de la Bauhaus Josef Albers y Johannes Itten, como de la arquitectura
popular mexicana. Dos construcciones de este periodo son la Casa Gálvez (1955)
y la Casa Gilardi (1977), ambas en Ciudad de México, cuyos interiores muestran
un uso no convencional del color, con dramáticos efectos provenientes de
variaciones en las fuentes de luz.

Barragán también se interesó por la realización de obras de arte público. El


más importante de los proyectos de esas características en que participó, en
colaboración con el escultor Mathias Goeritz, fue la realización de las Torres de
Ciudad Satélite (1957). En una plaza circular de la periferia de Ciudad de México
construyeron en hormigón cinco enormes prismas de base triangular, dos
pintados de blanco y los restantes de amarillo, rojo y azul.

EL LEGADO. Barragán recibió el prestigioso Premio Pritzker de arquitectura


en 1980. Su legado arquitectónico puede ser estudiado en la Barragán
Foundation de Birsfelden, Suiza. Lo que se explica por qué en 1995 el Vitra
Design Museum adquirió los archivos del estudio de Barragán, así como los que
pertenecían al estudio de Raúl Ferrera (socio de Barragán a partir de 1973), con
los que el museo sentó las bases de la fundación que fue creada en 1997. Luego
de un proceso de categorización, análisis y restauración los archivos fueron
publicados en 2001. En México, la Fundación de Arquitectura Tapatía Luis
Barragán de Guadalajara conserva los archivos privados del arquitecto y los
libros provenientes de su biblioteca. La fundación también se encarga del
mantenimiento de la casa de Barragán en Ciudad de México, la que actualmente
tiene el carácter de casa-museo, una parte del mundo privado de Barragán al
que han accedido arquitectos de todo el mundo, entre otros los renombrados
Tadeo Ando, Mario Botta y Álvaro Siza.
El País Cultural. No. 1062, 9 de abril de 2010, Montevideo, Uruguay.