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70 ESUOZO DE UN!\ TEORfl\ DE!. VALOR


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funde nuestra creencia en !a realidad ele los objetos del eros. Las
razones generan nuevos "deseos motivados" por ellas, que
refuerzan nuestrn actitud positiva h<icia el valor. Es el deseo el
que conduce a la razón que inflama, a s u vez, el deseo. 3. VALORES EN POLÍTICA

\i i\LORf::S DE UN!\ ÉTICA POLfTICI\


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IJay distinlas especies de valores, tantas como reviste el eros.


Varios autores se han empeñado en cbsificarlas, dando lugar a
tablas que acomodan los distintos valores en relaciones
jerárquicas . Las apreciaciones varían pero, por lo general, los
valores "biológicos" o "vitales" ocupan la parte inferior de la
tabla y los "espit·ituales" Ja más alta . No añadiré un ejercicio m ás
a esos entretenimientos . Sólo me ·interesa recordar q u e en los '.l
próximos capítulos, no tratar·emos de todo género de valores,
sino sólo de los morales y , entre ellos, ele !os concGrnientes a la
vida en sociedad sometida a un sistema ele poder, es decir de
la política.
Tod o juicio norn1at ivo sobre lo que sea "d.i gno de ser desea-
do" puede formularse en un juicio valorat. ivo. Luego, una ética
ele la política puede expresat'Se indistintarnenle en una ética de,
valores o de normas . Los valores y normas de una ética política:
!) Tie11e11 validez. en 1111 ámbito público, no privado. Hay que
distinguir entre los valores personales, que fonnan parte del
plan de vida de un individuo, y valores integrantes de un bien
colectivo, de can'tcter social. Los primeros son características de
la imagen ideal con que una persona se identifica; pertenecen a
si1 mundo p1·ivado. Los segundos son notas de una repre-
sent<ición del orclcn social, en el que se relacionan los distintos
miem brns de una asociación política; perte necen al ámbito
público. Las nornias que prescriben la realización de valores
.. objetivos no co inciden necesariamente en uno y otro caso .
El ámbito en que se realizan valores públicos puede ser más
o menos amplio, según los tipos ele organización social. En ·
sociedades en que la presencia de lo colectivo en la vida de cada ·
quien es intensa y abarca muchas actividades ele la vida coti-
diana, el campo ele demzircación ele los valores privados frente a
los públicos es estrecho. Eso sucede en comunidades de escasa
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72 ESBOZO DE UNA TEORÍA DEL VALO R Vi\ LORES EN POI.ÍT!CA 73

complejidad social, limitadas al espac io de tribus o eLni<1s, en las


que gran parte de las actividades individuales tienen un« fun-
creericias colectivas . Ningún "paralelogramo de fuerzas" podrá
trazar una acción común, a parti r de la m'ultíplicidad ele accio-
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ción comunitaria, pero también, en el otro extremo, en los sis- nes singubres . Resulta indispensable, por lo tanto, referirnos ¡i
temas totalitarios, en que el Estado absorbe a la sociedad civil sujetos colectivos, sin perder de vista dos puntos: que su com-
y la vida privada está controlada por el poder estatal. En socie- potiamiento es la resultante de ac;:ciones individuales (incluyen-
dades de un diseño contrario, en donde p1iva el individualismo do las de personas del pasado) y que sus intereses y valores co-
y se ha deteriorado el sentido de comunidad, sucede la situación tTesponden a una mayoría, significativa pero indeterminable, de
opuesta: el ámbito de realización de valores públicos se estre- individuos.
cha, en beneficio de la ampliación de la esfera de lo privado. Los valores de que trata la política corresponden a relaciones
Por otra parte, valores públicos y pr·ivados no siempre se con- socinles; son , por lo ianto, compa rtidos por las personas inmer-
cilian. Puede haber oposición entre ellos. Una acción personal sas en esas relaciones. No son exclusivos de individuos, sino
puede cumplir nonnas de una moral privada y fallar a los comunes a muchos. Un comportamiento moral, en polftica,
deberes de la vida pública . Un hombre o mujer intachables en sería el que intentara re;.1liz<ir en la sociedad v;;t Íores qu'e son
sus relaciones consigo mismos, con su empresa y con un drcu- objeto ele un interés colectivo. Una ética política trata especial-
lo estrecho de parientes y amigos, puede fallar, por omisión o mente de los valores que satisfarían el interés gen eral de la aso,
desinterés, en contribuir al ejercicio ele valot"es cfvicos. /\ la ciación política; tradicionalmente responden al membrete de,
inversa, ciertos comportamienlos podrían considerarse f'altas "bien común" . Intenta determinar· lambién su relación con los
desde el punto de vista de una moral individual y bienes públi- ··1. intereses particulares, de los individuos y grupos componentes
cos por sus resultados sociaies; ciertos "vicios privados" pueden ele esa asociación .
ser "virtudes públicas".
3) Están e11 relación con el poder, No tódas ·las rel acion~s .
2) No son solamente individua!es, ta111bic!11 so11 com unes. El sociales son propiamente "políticas" . Hábda que 'di!'ltinguir en-
único agente moral es el individuo, puesto que sólo él tiene li- tre los valores y las reglas que rigen en los distintos grupos, inst.i~.
bertad y conciencia personal. El ente colectivo no es un super- lucion es, asociaciones que componen la sociedad ciVil, ylos que
sujeto dotado de conciencia y personalidad propias. Sin embar- conciernen a las relaciones de poder dentro de un sistema políti-
go, la filosofía política habla a menudo de sujetos colectivos, co. Sin embargo, las relaciones entre ambas esferas· son estre-
personalizándolos. El Estado es una persona artificial, decía chas. La moral efectivamente existente en una sociedad (la
Hobbes, con una v~luntad propia, forn1ada por muchos indivi- Sittlichkeif de los filósofos alemanes) está condicionada por el
duos. A menudo se mencionan también las ideologfas colectivas, sistema de poder y éste a su ve?, necesita de ella para legitimarse.
los intereses de clases, grupos o nacionalidades . Pero es dudoso Los límites entre la sociedad llamada "civil" y los aparatos del 4·
que alguien crea en la existencia real de sujetos supraindivi- Estado no pueden trazarse con nitidez. Por ott"a parte, las reglcis
duales, con un "ego" propio diferente al de las personas que los que se siguen ele hecho en la sociedad real no coinciden necesa-
forman. En teoría, deberíamos poder reducir las actitudes, in- riamente con los rreceptos que dct"ivadan de una concepción
tereses y valores colectivos a las de personas individuales, pasa- ética. Una ética política no puede prescindir de estudiar las
das y presentes, como nos invit<i a proceder el llaniado "indivi- relaciones que debería 1cncr el poder con las reglas de una
dualismo metodológico"; pero esa operación es imposible ele moralidad social efectiva. (Es lo que intentaré en la tercera parte
realizar. Carecemos del conocimiento de las voluntades y creen- de este trabajo).
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cias de cada uno de los individuos de una colectividad, tanto 4) 5011 realizables. Una acción moral, en política, no consiste
como de las relaciones concretas que median entre ellos, el cual sólo en la proyección y disposición de realizar el b ien común,
sería neces;irio para cleducir de esa divf'rsichd '!nlun t~"\"" v sino en su realiz0r;/m efecti':a en la sociedad. Los valores políti-

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74 ESBOZO DE UNA TEORíA DEL VALOR VALORES EN POLÍTJCA 75

cos deben poder cumplirse. Una ética política debe tratar ele la trata ele justificar cuál es el poder legítimo, éste pretende
relación de los valores colectivos elegidos con los hechos socia- explicar el poder efectivo. El primero es un discurso justificati-
les que permitirían realizarlos. vo, el segundo, explicalivo.
Por consiguiente, una ética política tiene por temas; El discurso justificativo no puede ser cientffico. Tiene que ver
1) Determinar cuáles son los valores comunes, dignos de ser con ia razón pr{ictica y se expresa en una ética de la acci,ó n
estimados por cualquiera. política. El discurso explicativo, en cambio, pone en obra una
2) Fundar en razones el carácter objetivo ele dichos valores. razón teórica sobre hechos y una razón instrumental sobre la
3) Indicar los principios regulativos ele las acciones políticas relación entre medios y fines. En su forma más sistemática y ri-
l para realizarlos. gurosa, aspira a formular una ciencia o una técnica dc:l poder.
La filosofía política no se entiende sin la confluencia y relación
recíproca de enunciados que pertenecen a uno y otr~ d iscurso .
Los DOS LENGUAJES DE LA POL1TJCA Entre uno y otro se suscita una antinomia. La tes is es~atuye
su diferencia, la antítesis, la mediación entre ambos.
De hecho, existe una ética implícita en todo discurso político. En La diferencia. El lenguaje explicativo in.tenla dar razón de las
efecto, en cualquier texto político encontramos dos tipos de rebciones políticas mediante hechos describibles . Éstos com-
lenguaje que se entremezclan y confunden a menudo. En los prenden las acciones intencionztlcs de los agentes; guq incluyen
manifiestos, proclamas, discursos, programas partidarios, pode- fines y valores. Tiene que tratar, por lo tanto, de valores subje-
mos distinguir dos géneros de enunciados. Por una parte, los tivos, los que cada g11.1po o individuo considera confor·m es a sus
inlereses. De ser una ciencia, la política pretendería explicar la
que se refieren a un estado social deseable. Pueden ser proyectos
dinám ica del poder a parti1· del choque de los intereses part icu-
de gobierno, indicaciones de fines por alcanzar, juicios de valor
lares ele distintos g11..1pos y clases sociales. Pero de los intereses
sobre las relaciones sociales, prescripciones acerca ele las con-
particulares no puede inferirse, sin otras premisas, el b ien
ductas debidas, o aun, proposiciones descriptivas ele un orde- común. Intentarlo sería caer en la falacia de que hablamos en el
namiento social considerado justo o legítimo. Cualquiera que capítulo anterior: la inferencia inmediata del valor objetivo a
sea su fom1a, suponen una concepción, más o menos clara, de partir del subjetivo, de lo verdaderamente bueno a partir de lo
una sociedad posible que no corresponde a la existente. Mien- que alguien cree benéfico para sí. La diferencia no puede salvar-
tras ésta es el resultado del choque entre intereses divergentes, se por el sólo discurso explicativo. De no adm itir la posibilidad
la sociedad deseable respondería al bien de todos. ele otro lenguaje, estamos condenados a reducir tos v'0lores a los
Por otra parte, encontramos enunciados que se refieren a ca- intereses particulares ele los distintos agentes sociales y a renun -
racterísticas de la sociedad existente, con independencia de la va- ciar, en política, al conocimiento ele un bien común. Es la re-
loración que nos merezcan. No hablan de proyectos valiosos, nuncia ;i cualqilier discurso ético, inevitable si limitamos la
sino de las fuerzas sociales que podrían favorecer u obstaculizar poiítica a una ciencia empírica de hechos.
su realización, no formulan los fines deseables sino los medios Por su parte, el discurso justificativo pretende determinar lo
necesarios para alcanzarlos . Sus prescripciones, si las hay, no bueno para cualquier sujeto. Debe establecer, por principio,
son normativas sino hipotéticas, se refieren a la efectividad de lo que corresponde al interés común, más allá de los deseos indi-
las acciones, no al deber de ejecutarlas . Cualquiera que sea la viduales excluyentes de los demás. Pero del valor orjetivo no se
forma de sus enunciados, señalan características y mecanismos pueden inferir, sin un razonamiento suplementario, los fines
de poder, o fuer-Las e intereses históricos ligados a su ejercicio. y valores que, de hecho, mueven a cada grnpo social, so pena de
Si el primer tipo de discurso juzga a la sociedad de acuerdo caer en la misma falacia: ele lo deseable no puede deducirse, sin
cpn lo posible, el segundo la explica por factores reales. Si aquél más, lo efectivamente deseado.
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Si no acude a olro lenguaje, el discurso justificativo se pro- no llegó a precisar esa rel ación entre la "superest rnctura", que t ~ ...

híbe el conocimiento racional de las fuerzas que mueven real- comprende las valoraciones, y la base económica. Engels, al ,, •i¡;
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mente a una sociedad. Es el destino Je identific::ir una refkxión fin¿:¡] ele st1 vida, admitió que la tcorfa de la dcterminadón de las
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política con una disciplina normativa que tratara ele la sociedad ideas por las relaciones de producción ern incompleta, pues
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más justa, sin parar mientes en su realización histó1-ica. faltaban los "eslabones intermedios" que conectarían causal-
La me.diacíón, Para explicar la política, no se puede prescindir rnente ambas esferas . En un trabajo anterior (1986, 110) pro-
de la pretensión de objetividad de los proyectos colectivos . puse un esquema teórico que intenta cub1ir esa laguna. Per- h·,;
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Cualquier elección del bien propio se presenta corno búsqueda mítaseme i-ecordarlo aquí, con alguna vmiant~ tern1inológica:
de algún bien común. Nadie concede de buena gana gu iarse por "1) La situación de cada grupo en el proceso de producción y
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su interés egoísta, todos alegan contribuir al bien general. De reproducción de la vida real condiciona s11 situación social.
hecho, sólo así pueden legitimar, ante los demás, sus proyectos. 2) La situación social de cada grupo condiciona las cai'encias
La pretensión de objetividad tiene que establecer una relación percibidas por sus miembros. ~¡ l.o~ • . "'•'.
que medie entre los intereses particulares y los valores objetivos. 3) Esas carencias tienden a ser satisfechas. Para ell o generan
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De lo contrario el poder político sólo podría explicarse como un
dominio arbitrario, ajeno a toda justificación moral. Para que
impulsos y actitudes positiv<is hacia ciei-tos objetos , de carácter
social. Esas actitudes constituyen disposiciones a actuar de
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una explicación sea completa, en política, tiene que articulm·s 0
manera favorable o desfavorable en relación a aquellos objetos. i· i" ,, ;¡,
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con las pretensiones de justificación de los grupos sociales. 4) Las actitudes en relación con los objetos sociales condicio- , :¡¡ ' ; '
Por su parte, el lenguaje justificativo no puede contentarse nan (junto con otras condiciones aclicionélles) ciertas creencias '"
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con describir las características ideales de una sociedad justa. sobre los valores" . f1• 't,, '
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Porque lo que pretende es la realización en los hechos ele ese En este esq uema, se explica la aceptación ele ciertas creencias ¡!~~
bien común y para ello necesita conocer la realidad socia\, El (entre las que han de contarse l<'ls valorntivas) (4), por su condi- ~~~!
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discurso normativo requiere del empírico. Si no acude a él, se cionamiento social (1), mediante dos "eslabones" inte1medios:
condena a la descripción impotente de lo irrealizable. carencias y actitudes (2) y (3) .
Entre uno y otro discurso tendría que mantenerse, así, a la Si la liga entre los hechos sociales, mencionados en (1), y las
1· , vez que una diferencia, una mediación. Veamos cómo podría valo.raciones (4) füera necesaria, las creencias sobre valores esta-
lograrse. , rían dete1minadas por esos hechos. El determinismo de los valo-
, res elimir.a1fa cnlonces cualquier razonamiento sobre su vali-
dez, mós allá de las actitud es e intereses de cada grupo social. Es
LA MZTCCULACIÓN DE LOS DOS T.!',NGUAJES lo q ue sucedió en la interpretación determinista ' del marxismo.
Pero la relación causal en este c<iso sólo indica tendencias , incli-
La explicación de las acciones y creencias polfticas pone en naciones, Nótese que no empico el tfrmino "determ inar" sino
relación, en cada caso, dos órdenes de hechos: las situaciones "condicionar'', Porque en cacb uno de los eslabones, hay otros
y relaciones sociales efectivas y los proyectos, deseos, inten- condicionamientos a considerar; por otra parte, cada uno de los ·
ciones colectivos. Eslos últimos son hechos imaginarios; niveles superiores obra sobre el anterior. Por ejemplo, las acti - "ti
incluyen la aceptación ele valores relativos a los intereses parti-
culares de cada grupo social. Para vincular uno y otro orden de
hechos se requiere establecer cierta relación causal entre eilos .
tudes de un gn1po no sólo están condicion,adas por la percep-
ción de las carencias inherentes a su posición soda!, sino tam-
bién por la cultura tradicional, la educación recibida, las influ-
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Marx sostuvo que las creencias de un grupo o clase estaban encias de actitudes y creencias de otros grupos sociales, etc. Ade- :!..
determinadas por su posición en, el sistema de producción . Pero más, las actitudes son , a su vez, condiciones ele comportamien-
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tos que reobran sobre la situación inicial y pueden cambiarla, exclusivo ele un grupo, como si fueran de interés general. Los
así como las creencias que inducen pueden actuar sobre las fines benéficos para un sector se disfrazan ele bien general. Es la
actividades que las generan y modi.ficarlas. opcrncióIJ de las ideologbs. Volvc1·emos sobre ella en el capítu-
El esquema propuesto señala sólo una línea ele cond iciona- lo 8.
miento, el más frecuente, a la escala del grupo, no del individuo. Pcrn el proceso de justificación puede seguir otra línea. En
No establece una determinación necesaria, ni es aplicable a cada ella se encuentra con la ética. Para fundar su pretensión de obje-
individuo del grupo por separado. Es razonable suponer que los tividad, puede acud ir a otra Íl.mción de la razón . No ya la que
campesinos pobres serán más sensibles a los valores de subsis- explica los hechos sociales, sino la que Íl.mdamenta la validez .
tencia que quienes tienen asegurado el sustento, o que los profe- objetiva de los valores. Esta vía es contraria a la ideológica. No
sionistas tendrán mayor inclinación hacia las libei-tades cultu- disfraza el interés particular en un pretendido beneficio cornún;
rales que los obreros manuales, y éstos, a su ve?., apreciarán más aduce razones para determinar cuál es ese bien común y postu-
la igualdad social que los graneles empresarios Los intereses de la la coincidencia del interés particular con el intúés general.
cada clase y grupo están condicionados en gran medida por sus Los campesinos, por ejemplo, pueden argumentar que el Estado .
situaciones; los 6nes colectivos que dirijan sus vidas serán pues debe propiciar la satisfacción de las neces idade:;; de subsistencia
diferentes de uno a otro grnpo; pero carecemos de ra?.oncs sufi- de t.odos sus miembros; los intelectuales pueden Íl.mdar en
cientes para establecer una liga necesaria entre situaciones y fi- razones éticas las libertades de expresión, como cond iciones ele q:«\
nes colectivos. La elección de fines incluye la libertad de prefe- una sociedad libre; los obreros demostra1·án que si la justicia 'I
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. rencia dentro de cada situación. Seda excesivo, por lo tanto, en debe v<:1lci- para todos, incluirá la igualdad. Para ese ejercicio no
este nivel, hablar de necesidades que no admitieran excepción, se presta la razón teórica; es menester otro uso de la -razón: el
aunque sí de preferencias razonablemente fundadns. que establece la validez ob jetiva de Jos valores, con independen-
Sin embargo, las valoraciones de los distintos grupos sociales, cia de las actitudes particulares ele cada grupo. Ésta es una i·a-
aun si responden a carencias y actitudes particu lares, tienen la zón valorativa.
pretensión de ser objetivas. Nadie p iensa que sean ilusorios los Pero el lenguaje justificativo no plantea sólo la elección, en ·
bienes que remediatian sus p1ivaciones; todos intentan distin- abstrncto, de valores objetivos, también quiere su realización . .
guir frente a sus demandas pasajeras, necesidades reales. Lo que Y ésta n o es posible sin acudir a los hechos soci'ales. El interés
es más importante: los valores que proyectan, aun respondiendo general debe coincidir con un interés particular para concretar-
a su interés particular, pretenden ser benéficos para la sociedad se, el bien común ha de ser ob.ieto de acciones guiadas por el de-
en su conjunto; se presentan como un bien general. Los campe- seo del propio beneficio, si quiere realizarse.
sinos pobres son tal vez los únicos en dar preferencia, en sus La acción y el orden político no se entienden sin referirse a la
luchas, a sus necesidades de subsistencia, pero éstas son comu - distinción entre esos dos lenguajes, pern tarea de una ética polí-
nes a todos, no sólo a ellos . Los profesionist.as son conscientes tica es comp1·ender también s11 articulación .
del valor para todo ciudadano ele las libertades cul turales que
tienen a pecho, y si los obreros levantan el ideal de la igualdad
social, no es sólo porque redunda en su propio beneficio, sino EL PODER FRENTE AL Vi\LOR
porque forma parle del valor objetivo de la justic ia . En todos los ; ··
casos, los proyectos de un grupo no pueden entenderse sin su La relación entre los dos discursos se muestra en otra forma. El
pretensión de sostener un bien común . primero pone la atención en el poder, el segundo, en el valor.
Esta pretensión puede dar lugar a una maniobra: presentar, Poder y valor se oponen y, sin embargq, se requieren mutua-
sin mente.
.justificación suficiente, los valores que responden al interés
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80 ESBOZO DE UNA TEORÍA DEL VALOR
VALORES EN POLÍTICA 31

Desde la República de Platón, da vueltas, una y otra vez, la


imponerse sobre los demás para realizar sus propósitos; poder
misma pregu nta, tal vez ia más impo1tanle para la vida de la ciu-
és dominio sobre sí mis mo y sobre el mundo en tomo, natural y
dad: ¿Qué vfa habremos ele escoger: seguir 111 1estrn propio
social, para alcanzar lo deseado. Es el medio privilegiado para
interés bajo la apariencia de la justicia o persegu ir la justicia aun
lograr u n fin. Deseamos el poder par¿¡ obtener, gracias a él, otra
a costa de nuestro interés? Trasímaco, secundado por Glaucón,
cosa. Es pues un valor "extrfnseco", es decir,' vale en la medida
sostiene convincentes argumentos en apoyo de la primera tes is :
en que contribuya a la realización ele un fin valioso por sí mis-
de hecho, el fi n que todos buscan en la vida pol ítica es lograr el
mo. Si el fin tiene un valor inti-fnseco, el poder es igualmente
poder y actuar sin cuidar de la justicia, bajo la apariencia de ser valí oso.
justos . Injusticia es seguir el interés del más fuerte y el más
Podemos pensar en una sociedad donde el poder tuviera sola--
fuerte es quien ejerce el poder en beneficio propio. El bien
mente ese sentido positivo. Setia entonces el. medio para lograr
común es, para él, sólo un med io de satisfacer sus deseos. Así
un bien común y el término de u na voluntad general. Los miem-
son en realidad las cosas; el Estado es resultado de la voluntad
bros de una sociedad semejante coordinan sus fuerzas en la
de poder, lo demás es ilusión .
caza, suman sus esfuerzos en el momen to de la cosecha, con-
Sócrates, en cambio, ve en la justicia el fin de la república.
ciertan sus hab ilidades en el trabajo colectivo. O aun, la comu-
Justicia es la realización del bien de todos, en elb los elementos
nidad entra en guen-a con su vecina : requ ie re entonces de un
diversos se an11onizan . Quien quiere la justicia no puede actuar
poder común para vencerla. En todos esos casos, puede ser
en su exclusivo interés, qu ien quiere la justicia no puede desear
necesaria una au toriclad que dirija y coordine el poder colectivo:
el poder para sf mismo. Si una ciudad es tuviera gobernada por
el mejor cazador, e! hombre más sabio, el guen-ero más valjente.
homb res de bien, "maniobrarían para escapar del poder como
El poder de ese jefe no está separado del poder del gmpo, es uno
ahora se maniobra para alcilnz.arlo"; pues "el verdaclcrn gober-
¡t ;;'( de sus elemeníos. Ejerce autoridad sobre los d emás en la medi-
nante no está hecho pétra buscar su propio intc1'és sinr> ~1 del
d<> en que s irve para realizar e! valor común . La Yoluntad de la
sujeto gobernado" (Rcpú lJÍiro , ~ 4 7cl) . Trns ímaco y Sócn11cs pre-
autoridad no se impone a las volun tades ajenas. Su función es
sentan dos posiciones extremas . La búsqueda del propio poder
hacer eficaz el poder ele todos, al unificarlos en una acción colec-
y la del valor (la justicia) se oponen desde el p1incipio. Pero el
tiva. Ésta sería una sociedad en la que, en sentido est1icto, nadie
asunto no es tan simple: poder y valor también se requieren. La
impone su voluntad; en ella no existe, por lo tanto un poder
cuestión más importante, la "que debe dictar la regla de nuestra político.
vida" (352d), no ha sido resucita . Recorrerá de nuevo toda la
Urm sociedad semejante no es un puro figmento de la .fan-
filosofía moderna.

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tasía . Corresponde a las sociedades a rcaicas, ante1iores al
El justo "debe escapar al poder"; pero ¿qué entendemos por
Estado, tal corno han sido d escritas por algunos etnólogos)
ese término? "Poder" se utili za, en el lenguaje orc!imu-io , con s ig- Pero "poder" , en política, se emplea en un sentido más pre-
nificados variables . Puede tener un sentido análogo a "ft!e17a",
ciso, que no poclrfa ;;tplicarse a una sociedad como la anterior. El
"capacidad", "dominio", "violencia", según los contextos. En este
significado vago y general, podríamos entender por "poder" sim-
r~ poder, en este sentido, nace con ·el conflicto. Supongamos que,
en la sociedad anterior, el jefe o el chamán pierde su capacidad
plemente la capacidad de algo o alguien de causar efectos,
ele unir a los miembros de la tribu, no puede ya tampoco allanar
alterando la realidad. Un hombre posee poder si tiene la capaci- f sus diferencias. Surge entonces la lucha en el interior de la
dad de satisfacer sus deseos y cumplir sus fines , cualesquiera
sociedad. Es el peor mal , porque consiste en la rnptur<:J. del
que éstos sean. Tiene poder quien es capaz de dominar las t. vinculo social y su remplaz:o por la violencia generalizada, que
fuerzas naturales, para obtener de ellas lo que quiere, tiene
poder quien puede sacar provecho de sus propias facullades e 1 Cfr. J. W . LapictTe (1968) y P . Clastres (1974).

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82 ESBOZO DE UNA TEORÍA DEL VALOR VALORES EN POL ÍT ICA 83

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destruye la asociación misma y hace imposible la realización de el dominado. Buscar poder político por sl mismo y no sólo como .
cualquier bien común. Es entonces cuando puede darse un salto medio paí-a un bien común no puede ser, por lo tanto, u n valor
c ualitativo: un individuo o un grupo ele la sociedad impone su objeti\'o Cada quien h a ele buscarlo parn si en detrimento del
voluntad sobre el resto para acabar con todo conílicto. Contra el otro. Su búsqueda es lo opuesto a la persecución de un b ien
mal de la violencia colectiva impone la violencia de una parte coml.'.in .
sobre el todo. Sólo entonces ha nacido el poder político. Con él El poder por sí m ism o está obligado a re~tringir la libertad de
ha surgido el Estado. qu ienes no lo ejercen . Su esencia es la dominación . No podr ía
Llegamos así a un sentido más preciso de "poder": ya no con- subsis tir sin ella . Al desearse por sí mismo corrompe tanto a
siste en la mera capacidad de real izar un fin querido; se trata de quien lo ejerce como a qu ien lo padece. Aquél tiene que buscar
un poder sobre los hombres , no sólo sobre sus acciones colecti- la humillación del otro, probar en él la violencia, con o sin
vas. Es de este poder del que Sócrates invita a escapar al hombre guantes blancos, ensalzarse sobre él, utilizarlo en su provecho;
de bien. el dominado debe aprender a ser servil, obsequioso, y habituarse
Pensemos en una sociedad donde se enfrentan individuos y a segu ir una voluntad ajena. Quien llega a servirse del poder no
gmpos. Sean A y B dos su jetos o grupos cualesquiera de esa puede menos de desearlo po r sí mismo, con in dependencia de
sociedad. A ejerce poder sobre B cuando las acciones de A li mi- sus resu lt ados . Po rque hay un goce vital de la propia fuerza , un
tan u obstruyen las de B, o bien cuando la voluntad ele A d irige de leite en el despli egue de nuestras capacidades, p~ra bien o
o doblega la de B; entonces la vo luntad de A t iende a suplantar para mal, para la creación o la destnJCci6n . El afán ele poder por
la de B por la propia. Podemos ca lificar a l poder, en este senti- sí mismo, sin m irar sus consecuencias, responde al deseo pro-
do, de impositivo. Cuando es duradero , cuando constituye una fundo ele todo hombre por prevalecer. Nadie que busque el
relación permanente entre A y B, el poder impositivo se con- poder puede sustraerse del todo a esa pasión .
vierte en dominación. La conocida defini ción de Weber (1944 , I,
Quien pretenda que la política consiste en la búsqueda del
53) se refiere a este sentido de "poder" : es "Ja probabil idad de
poder por sí mismo, tiene que sostener -como lo hace con
imponer la propia voluntad, dentro de u na relación social, aun
denuedo Trasímaco- que el fin ele la república no es el q ien
contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de
común, s ino la predominancia del [u erte sobre el déb il, esto es,
esa probabilidad" .
la injusticia . Pero la mayoría no tiene la valentía de Tras fmaco ;
El poder político de un individuo o grupo se ejerce sobre los
por cálculo o por vergüenza, revisten su voluntad de poder co'n
demás miembros de una formación social, po r lo tanto, no
el atuendo del valor. Para ser aceptado por los demás, el pode-
puede ser común a todos. Sólo puede tener un valor objetivo
roso no puede prescindir de alegar una justificación moral.
(ext1inseco) si es un medio necesario para la obtención de un
bien común . E n la estricta medida e n qu e sea necesar·io para ¿Cóm o se vería un pode1- incapaz ele presentarse co mo m edio
abolir la violencia generalizada, destructora ele la sociedad, para lograr algún valor común? Se m ostraría como un despo-
y restaurar la posibilidad de un esfuerzo colectivo, el poder tismo arb itrario, imposición descarada, sin justi fi cación expre-
político es un valor común. Y ésa es la justificación que h an soli- sa, de una fuerza bruta . Pero aun ese despotismo, pa~--a regir un
do siempre aducir quienes lo ejercen. Estado, se identifica, ele hecho , con el valor último al que tiene
Pero el poder impositivo siempre rebasa ese fin que pudiera que recurrir cualqu iera . Porque en un Estado semejante, cu al-
jústificarlo. En una sociedad desgarrada por el conflicto, cada quier lin social que se pretenda, cualquier bien que se elija , sól~
quien busca el poder para sí m ismo. Si lo logra, somete a los puede realizarse por la gracia del poder supremo. El poder abso-
otros a su dominio. El poder de un sujeto es, por principio, lu to se manifiesta, ele hecho, como la única man ifestación de u n
excluyente ele los otros. El dominador no puede compartirlo con valor colectivo .
84 ESBOZO DE UNJ\ TEORÍJ\ DEL Vi\LOR V i\LORF.S EN POr..fTJCJ\ 85

En las sociedades antiguas esa operación ideológica cr<.1 la EL CONTRi\PODER


sacralización del poder monárquico. El soberano es la última
instancia de decisión, h p u r.rt;1 dr.c ;<; jv;i., r<' lº lo !;rnto, p;-in h Así co rno r l pnd "r es nr11cslo al v:ilo1· pero lo ncceslla, 8.SÍ el
realiza ción de c11 nl c;11 i r bie n . Nn lnv c •,·<.1 ·i1:c1' .d ivci. i'·! um-
0 valor f"i o p u (:sln ;1! pod r 1· y lo requi ere. Por ptincipio, la búsque-
secuencia, el pocLr .· ' 111i o se rcvi~; Le clc1 '¡;,Jn r sur rc 1110. l\:ro el c.fa del bi<:'n común es op11esta a la volunt<·1d de poder. Porque el
valor supremo no es sino el obj eto de la volllntad del sobera no: poder impositivo es contnirio al valo r objetivo. Casi todas las
en r ealidad, no hay valor supremo. doctrinas éticas y religiosas han promulgado 1a abolición o, al
En las sociedades modernas la sacralización del pockr no menos, la limitación del poder. La vida moral auténtica no
proviene de la d ivini dad, es obra de la historia. Pero el resultado conoce más amo que la propia voluntad recta. La sociedad ética
es el mismo. El Estado totalitario remite la posibilidad de rea- sería la que hubiera eliminado toda traza ele dominación. Éste
lización de cualquier valor a la cima del poder; ningún fin puede es el tema ele todas las utopías. En la comunidad ideal no hay
cumplirse si no es compatible con lo deseado por el poder. En él poderosos ni desamparados, todos so11 hermanos, iguales en la
libertad.
se resumen los bienes realizables.
Diógenes que, ante el emperador Alejandro, le pide: "¡Apár··
La sacralización total del poder sólo es posible en una
tate, que me tapas el sol!", los c1istianos primitivos que aceptan
situación de dominación sobre todas las fue17.as sociales por
morir por no sacralizar al César, Ganclhi que prefiere suf¡ir la
una instancia: monarca absoluto, sacerdote-rey, partido único,
violencia a provocarla, Jan Patula que se inmola antes que servir
dictador. Pero la realidad suele ser más compleja. Hay múltiples
al poder· extrafio, son símbolos, entre muchos otros, ele la oposi-
instancias de poder, en relaciones variadas de competencia y de ción irreductible del valor al poder.
subordfriadón entre ellas. Cuando vvrias ent idacles compa1ten
Todos los movimientos de rafz étic<'l, en el campo de la políti-
cierto poder, el que sea hegemón ico ti e ne que present<wse ante ca, han guer-ido poner límites al poder estatal. Las revoluciones
las demás instancias como el m edio más eficaz para lograr s11s liberales tuvieron por fin principal proteger al individuo del
fines. Intenta convencer, ofreciéndose garante de la realización poder del gobierno . El equilibrio de poderes en el Estado, fos
de algún bien que conviene a todos: el cumplimiento de alguna derechos humanos individuales, el control del gobierno por la
promesa divina, el mantenimiento del orden cósmico, la paz y la representación popular no tienen otro objeto. Otros proyectos
seguridad colectivas, o la prosperidad, o la glotia, o la suprema- fueron más radicales; plantearon la abolición misma d el Estado
cía sobre los otros pueblos ... o la abolición de toda dominación como medio para realizar una sociedad auténticamente libera-
y de toda supremacía. Detrás de cualquiera de esas máscaras da. El anarquismo y la teoría marxista del "desvanecimiento"
está la voluntad del dominador. final del Estado, no por irrealizables, dejan de ser ideales éticbs
Pero el poderoso intenta a menudo identif-icarse con su más- libertarios. Por·que la 1·ealizaci6n plena del valor implica la abo-
cara. El disfraz no puede hacerse a un lado, y el engaño no sub- lición de cualqu ier dominio de unos hombres sobre otros.
sistiría si fuera completo y permanente. Para persistir, el poder El poder cmTompe a quien lo sustent;;l, humilla a quien lo
tiene que cumplir en alguna medida con los valores que procla- padece. Por eso la búsqueda del valor implica una actitud d is-
ma. ruptiva frente al poder existente, para afirmar "lo otro" del po-
De allí la ambivalencia de todo poder polft.ico: a la vez que se der. Pero el intento de terminar con la dominación o, al menos, ~j

busca por sf mismo, se justifica como medio de realizar un


valor. Es un fin: en esa medida, carece de valor objetivo; pero
de limitarla, requiere poder. Y aquí surge una paradoja. Si para
oponerse a un poder impositivo se utiliza otro poder del mismo 1
'
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también es un medio para un bien común: en esa medida, se género, el círculo de la dominación y con él el de ia violencia,
presenta como valor. perdura. Los detentadores de valores sociales de justicia y lil?er-

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86 ESBOZO DE UNJ\ TEORÍA DE!. Vi\f.OR
Vi\1.0RES EN POLfTICi\ 87

tad cuando im pugnan el poder, se convi enen en administra- b educación; o legal , poi: intermedio de un sistema de normas
dores de la dominación y la injusticia, cuand o lo obtienen. ¿No coactivas . El contrapoclcr, en cambio, intenta detener la violen-
es eso lo que ha sucedido tanto en bs revoluciones triunfantes cia del poder·. Puesto que no i111-po11e sin o ex-pone su voluntad
como en las victorias electorales ele los partidos socialde- ante los otros, su ámb ito es el ele la comunicación, no el de la
mócratas? Tal parecería que un movimiento disidente cumpliría violencia. Si pudiera ser tota lm en te puro se.ría no-violento.
su papel liberador en la oposición y dejaría de cumplirlo al lle- Contrn la impos ición del poder opone la resistencia de un valor
gar al poder. ¿Habría manera de romper el círculo? comúnment e aceplado . Sus procedimientos son, por lo tanto,
Frente al poder impositivo hay otra forma de poder: el que no · contrarios a la violencia . Ejercen una no-violencia activa. Sus
se irn-pone a la voluntad del otro, sino ex-pone la propia. Entre usos son negativos: la huelga, la disidencia crítica, individual o
dos partes en conflicto, la una no pretende dominar a la otra, colectiva, la resistencia organizada de grupos de la sociedad civil
sino impedir que ella la domine; no intenta substituirse a lavo- frente al Estado, la desobediencia civil, etc. Otras acciones son
luntad ajena, sino ejercer sin trabas la propia . Si "poder" lla- positivas; intentan remplazar, en todos los espacios sociales, la
mamos a la imposición de la voluntad de un sujeto "contra toda imposición por la tolerancia, el conflicto por la cooperación, el ·
resistencia", esta otra forma de fuerza social sería la resistencia enfrentamiento por la negociación y el diálogo. Así como el má-
contra todo poder. Podríamos llamarla, por lo tanto, "contrapo- ximo poder lleva consigo la máx ima violencia, el máximo con-
der" . Poder y contrapoder a menudo se confunden. Sin ernbZ1r- trapodt'r tiende Z\ establecer la mínima violencia.
go, son del todo diferentes . 4.- E ! f"in del poder es lograr el mayor dominio del todo social
1.- Mientras el poder impositivo consisle en la e<1pacidacl de por una de sus pa1·tes . El fin del contrapoder es alcanzar el
obstrnir las acciones y propósitos ele Jos otros y substituirlos por dominio de! todo social por sí mismo . En su límite plantearía la
los propios, el contrapoder es la capacidad ele llevar al cabo las abolición de todo pod er.
acciones por sí mismo y determinarlas por la propia voluntad . El contrapoder nunca se ha real izado plenamente, pero en
Puede ejercer esa capacidad, protegiendo su acción de la intromi- casos paradigmáticos ha estado muy cerca de sus objetivos, em-
sión del poder o, a la inversa, controlándolo o participando en él. pleando sus propios procedimientos frente a la violencia: ejer-
2.- El poder implica la dominación de un individuo o grnpo ciendo la voluntad autónoma sin dominar al otro. Recordemos
sobre los demás; es siempre particular. Si entendemos por la hazaña ele la no-violencia en el movimiento de Gandhi o en el
"pueblo" el conjunto de personas que componen una asociación de Martín Luther King; y aún están presentes las "revoluciones
política, el poder es siempre sobre o para el pueblo, pero no del de terciopelo", en pafses del Este de Europa. En otros casos, la ·
pueblo. El contrapoder, en cambio, puesto que no pretende oposición al poder ha obl igado a actos violentos de defensa, pero
imponer una voluntad sobre ningún grupo de la sociedad, puede ésta se ha reducido al mínimo en distintas formas ele disidencia
ser general. Puede comprender entonces el poder del pueblo; civil, y cesará plenamente cua ndo la propia voluntad sea recono-
pero "poder" tendría, en esta expresión, un sen tido contrario al c id a .
impositivo: significaría una situación en la que ni1~guna persona De cualquier modo, el sentido ele la violencia en el poder y en
Q

o grupo estuviera sometido a un dominio particular y cada el co11Lrapoder es opuesto. El primero tiene por agente al domi-
quien tuviera la capacidad de determinar su vida por sf mismo. nador, el segundo, al dominado. El dominador no puede menos
3.- El poder impositivo, puesto que tiene que doblegar las vo- de buscar el poder por sí mismo, tiene que aceptar, por lo tanto,
luntades ajenas, no puede menos de ser violento. Puede tratarse entre sus fines, la violencia ; el dominado reafirma un valor co- l
de una violencia física, en la represión, la acción militar o la mar- m(111 que considera hollado, tiene por lo tanto, que controlar y
ginación social; pero también puede ser mental, mediante la regular la violencia, para alcanzar su füi . En el contrapoder, la
r ,ropaganda, el control ele los medios ele comunicación y de violencia sólo puede ser con textual, usada en circunstancias que

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90 ESBOZO DE UNJ\ TEOR ÍJ\ DEL VJ\l.OR V /\LORES EN POLfTI CJ\ 91

análogo opuesto, el gue1Tillero, está convencido ele que sólo el El círculo de l poder y la vio lencia no se rompe con la inacción
poder cambia al poder, que podemos uti lizar la coacción como y la pasivid ad , pem tampoco con otro poder y otra violencia.
medio para controlarla. Pero el poder, una vez utili 7.ado, se con- Sólo puede "escapar a l poder", corno qu ería Sócrates, quien
vierte en el verdadero fin, profesado o inconfeso. El sistema que opone <'l l poder de la coacción el contrapoder de una voluntad
había que cambiar se encarga de poner a su se1vicio al cambia- común , co 11sc ientc del peligm pern1anenle de convertirse ella
dor. Llega u n momento en que ya no se puede distinguir entre misma en otra forma de poder coactivo. '
una acción política dirigida al cambio y la misma tendiente al
El contrapocler es, en pureza : 1) no impositivo; exponente de
ejercicio del propio poder.
la propia volun tad ; 2) general; ele todas las personas que com-
Por diferentes que sean esos tres casos, tienen algo en común:
ponen el pueblo; 3) no violento.
en todos, el contrapoder se pervierte en una forma más de poder
impositivo; es un rayo más en la rueda sin descanso del poder y E n consecuencia, ref'or7.ará el co ntra poder y evitará caer en
la violencia. Y sólo hay una vía de escapar a esa meda: acabar un nuevo poder impositivo, toda acción polftica qm;: 1) refuerce
con el deseo de poder por sí mism o . Implica desprenderse del la vo luntad libre e im p id a su res tJ·icción por un poder impositi-
interés personal en dominar y excluir a los demás, y convertir ia vo; 2) se base en el co ntrapoder del pueblo real e impida la
propia acción en una afirmación del bien del todo; obliga, e n s11 imposición de cualqui er poder sobre el pueblo; 3) remplace
lfmite, a renunciar a la voluntad de poder para sí m ismo. Es lo la violencia del poder por acciones que la limit en y controlen:
que habían comprendido Ganclhi y Luth er King; es lo que han negociac iones y acue1·dos e ntre advcTsarios; consensos y coo-
compren dido tambi én los indígenas zapatistas de Chiapas, en peración entre ell os . Po'rque la lucha socia l só lo puede tene1· dos
México, cuando decidieron no buscar el poder para sí mismos . resp u es tas : la imposición ele un poder pal"licular o el acuerdo en
Si se rebelaron en 1994 contra sus condici ones de marginación torno a valor.es comunes .
e injusticia extremas, si tuvieron que emplear las arm as para
La vo luntad ele poder y la búsqueda del valor se nos han re-
hacerse escuchar, su actitud difirió radicalmente ele los antiguos
movimientos gueffilleros . Pedfan democracia, paz con justicia y velado con11·a rias; sin embargo, no pueden prescindir la una de
dignidad; sólo querían usar las armas para que nadie más tarde la o tra: Si el poder tiene que acudir al valor para justificarse, el·
tuviera que emplearlas . Por eso eligieron de inmediato la vía de valor requiere del contrapodcr parn rea lizarse.
la negociación y del acuerdo. Los zapatistas son conscientes que Nos ha hecho frente el terna que ocupa rá el resto de este libro:
la responsable de la injusticia es, en últim o término, la voluntad la relación entre poder y valor. Refl ex ionaremos sobre ella en l<1s
de poder. Por eso proclamaron que su objetivo no era la toma tres partes s iguientes :
del poder sino el d espertar de la sociedad civil contra el poder. 1) Pues to que el poder se presenta como medio para realiza·r
No se trataba de remplazar un poder impositivo por otro, sino un fin cons id erndo val ioso ¿hasta qué punto está n justificados
de crear las condiciones de un contrapoder o rga nizad o que los rnecl ios en el lognJ de un v<1 lor?
resistiera la coacción del poder existente.3 2) Puesto qu e el valor es requerido para la jus tificación de un
poder ¿cómo se arti cula el pensamiento sobre el poder efectivo
3 Los zapatistas son conscientes de lo radical y en apariencia irra- con el pensamiento solxe el valor?
cional de su propuesta. Valga una cita: "Lo que nos hace diferentes es
nuestra propuesta política. Las organizaciones políticas, sean partidos
de derecha, centro, izquierda y revolucionarios, buscan el poder. Unos ca es la más n1clical que hay en México (y tal vez en el mundo, pero es
por la vía electoral , otros por la menti ra y el fraude, otros por la vía de pronto para decirlo). Es tan radical que tocio el espectro político tradi-
las armas. Nosotros no .... Nosotros no lu ch amos por tomar el poder; ci onal (derecha, centro, izquierda y los o lros de uno y otro extremos)
luchamos por democracia, libertad y justicia. Nuestra propuesta políti- nos critican y se c.leslinclan ele nuestro 'deliri o"' (EZLN, 1996).
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88 ESBOZO DE UN/\ TEORÍA DEL VALOR V /\LORES EN POLÍTICA 89


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exijan Ja defensa propia; siempre será un medio calculado para .~ La scgunJa f'igura emblemática es el guerrillero-terrorista.
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avanzar en su supresión futura. También él se pone al servicio de un valor común. Es un gue- . cf.

El fin último del contra poder es la abolición del poder imposi- lTem, pero un guerrero del valor supremo. Acepla el sacrificio
tivo; mientras no pueda lograrse, su propósito es limitar y con- total de sí mismo, el sufrimiento, la tortura, la muerte en el ano-
irolar el poder existente. Si ha de ser fiel a sí mismo, el con- nimato. Está dispuesto a dado todo por un bien que lo rebasa,
trapoder no puede remplazar un poder por otro, ni oponer una válido para toda la humanidad: la liberación, la redención del
a otra violencia. Sin embargo, ante la fuerza del poder, a menudo hombre.
mima sus actos. De resistencia contra el poder a nombre de un Es la versión moderna del crnzado, un caballero dispuesto al ,.:

valor, se trar1sforma en un poder impositivo más. Entonces se combate a muerte por su ideal. Pero su arma es la violencia. Al
niega a sí mismo y deja libre el curso al circulo de la violencia. principio, no la quiere por ella misma. Su fin no es el poder'para
Nuestro siglo ha sido testigo de esa transformación trágica . sf; la violencia es sólo un medio que considera necesario para un
Tres podrían ser sus figuras emblemáticas . fin común. Pero para él es el único medio. Piensa que no se pue··
La primera es la masa. La masa no es el pueblo. El pueblo de combatir el mal de la opresión más que con el mal de la
:1 [,

está constituido por un conjunto de personas ligadas en una red violencia. Más aún, es necesario acompañar la violencia con el :~ ) f;
de relaciones sociales, la "masa" es un cuerpo indiferenciado, odio, sumir la sociedad en el mal para que el bien se haga pre- ;1
anónimo, en el que se confunden las personas. En el pueblo, los ¡¡
sente. I'
individuos pertenecen a distintas comunidades organizadas, Entonces el poder, concebido primero como medio, llega a "· ¡i

con cuyos fines comunes pueden identificarse. En la masa, se 'illi


cobrar la importancia central. Va cubriendo todos los aspectos
anegan los individuos, olvidan sus identidades y objetivos per- de su vida; lograr poder, por la violencia, se va convirtiendo en ""
1

sonales para seguir ciegamente un fin que los rebasa . El sentido el objetivo real de Lodas sus acciones, La realización del valor
del contrapoder es clislinto si lo ejerce el pueblo organizado o la común es un fin demasiado lejano, importa ahora imponer su ,.
-~;;~~... masa indiferenciada. En el primer caso, es la resistencia a toda '
poder al adversario. (.Cómo distinguir ya el uso de la violencia
~· ·-· imposición de una voluntad ajena y la exposición, sin trabas, de como puro medio de su aceptación como fin válido por sí miS'.'.
una voluntad dirigida a un valor común . La masa, puesto que se mo? ¿Qué distingue el robo de un banco o el asesinato de una
cree pueblo, empieza también exponiendo un valor común familia campesina a nombre de La Causa, de los mismos actos
frente a los poderes existentes; pero necesita personificar un realizados por el poder en curso? La distinción crucial entre el ;
"enemigo del pueblo" a quien imponer su poder. Es el "traidor", uso del poder por anhelo de justicia y la voluntad de poder por :::1
.. .
el "renegado", el "enemigo de clase", el "Satán" . Pronto, el contra- el poder mismo, de hecho, se ha b01Tado.
poder de la masa lo reduce con violencia; entonces su acción ya Una última figura emblemática no es personaje de tragedia
no se diferencia de un poder impositivo más; es ahora una fuer- sino sólo de melodrama. Es el político progresista que pretende
za ciega, incapaz de razonar por sí misma: puede ser utilizada utilizar un poder opresivo para limitarlo participando en él.
],
por cualquier individuo o gn1po como arma de su propio poder. Hemos visto abundar esa figura en los regfmenes socialdemó-
El contrapoder al servicio de un vaior común se ha convertido en
cratas y laboristas del primer mundo y en los autmitarios y po-
un poder que impone los fines de un grupo a los demás. 2
pulistas del tercero . No es el cruzado en..Iucha a campo abierto
contra el mal , es el apóstol disfrazado en tierra de infieles. Reco-
2 Ejemplos en nuestro siglo de esta transformación del contrapoder noce el mal del poder, pero está dispuesto a entrar en el vientre · .,!,.'

en un nuevo poder impositivo, mediante la conversión del pueblo en de la ballena para cambiarlo. A veces justifica su participación
masa, podrían ser la "revolución cultural" china y la revolución inte- en el poder porque "sólo es posible modificarlo desde dentro",
grista en Irán. otras, porque evita que "otros lo hagan peor". Al igual que su

-·· IT"Z}ñ"Wñ57i5Wiñ 1Sf1 ~ üWT~t~-~~~~-~-~~~~


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4. MAQlJfAVELO: LOS DOS LENGUAJES


DE LA POLÍTICA

LECTUR J\S DE MJ\OUTJ\VELO

En la historia de la nlosofía política h ay, al m enos, un lugar


común: Maqu iavclo es el p1imer filósofo político moderno. Pero
cuando se trat a de explicar este aserto, las interpretaciones se
mu lti plican . Po r-que Maquiavelo, como Jano, presenta más de
un rostro . Para los unos, su innovación fue descub.1ir la autono-.
mía de la política frente a la moral , revelar una racionc¡lidacl
específica del campo político, sentan<lo asf las bases de una cieh- .
cia o, al menos, de una técnica del poder. Para los otros, su méri-
to es contrario ; MaquiaveJo habda establecido una nueva ética
social, diferente de la medieval, acorde con el individualisnfo
moclen10. Ambéls lcctu'r as pueden fundar-se en sus textos. La pd-
' ' rnera acude sobre todo a El p1i11cipe, la segunda, a los Discursos
E·~-····: sobre ia Primera Década de Tito f ,iv io, pero una y otra pueden
referirse a la totalidad ele sus escritos . Porque su obra está atra-
vesacb. por la tensión entre dos discursos. Uno sobre el poder
real, otro sobre el bien común. Si muchas interpretaciones de
Maquia"elo no logran convencernos es porque se atienen sólo a
uno de esos discursos, dejando en el desván el otro. La mayoría
riuctt'ia entre dos extremos.
Si seguimos el discurso del poder, aparecerá el Maquiavelo
tr<:1cl ic ional. escándalo de moralistas, consejero de príncipes,
guíé'l ele t inmos , preocupado sólo por sefíalar lqs a1-tilugios de l
manten imi ento del poder. Unos api-eciarán en él al fundador de ·.
un arte Lle la eficacia política, desembara7.ada de juicios de valor,
otros lo denostarán corno ejemplo ele cinismo, pero cualquiera
que sea el juicio que merezca, lo característico de su obra se verá
en el abandono de una consideración ética en el pensamiento
político .
"!' Si segu im os, en cambio, el discurso del bien común, mostra-
remos a l Maguiavelo patriota, republicano, deseoso ele inculcar
a sus conciudadanos una nueva moral capaz de restaurar el

95

i~~~~~~~il.®ii E IW iiWP:.x;~jh:~ d
92 ESBOZO DE UNA TEORÍA DEL VALOR

3) Puesto que la asociación poliLica valiosa es la que ponclria

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límites al poder para que se diera el valor ¿cuáles serían las ca-
racterís ticas de esa asociación y qué p<1pc l tcncl!"fa en ella el
poder?
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SEGUNDA PARTE

LA ACCIÓN POLÍTICA


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98 LA ACCIÓN POÜf!Ci\ Mi\OUI/\VEL.O LOS DOS LENGU/\.JES DE Li\ POLÍTICA 99

cionales, que no dependen e.le la libertad individual. La historia la medida en que consoliden los fines del Estado . Lo que se con-
resulta del juego entre virtü. y fortuna, es decir, entre las fi.1erzas sidera es el fin, no importan los medios que se usen . Mejor, sin
reales que rebasan la vo luntad del individuo y el denuedo de éste duda, si esos medios son conformes a ía moral y a la religión,
por conocerlas y aprovecharlas. Maguiavelo compara la fortuna pero si no lo fueran, no hay razón polílica pa1 ~dejar de emplear-
a "un río fatal que, cuando se embravece, inunda las llanuras, los. "Un príncipe, sobre todo uno nuevo, no puede observar en
echa a tierra los árboles y edificios, guita el terreno ele un para- todo lo gue hace tener por virtuosos a los hornbres: para man-
je para llevarle a otro. Cada uno huye a su vista, todos ceden a tcnc'r el estado, a menudo está en la precisión de obrar contra la
su furia sin poder resistirla. Sin embargo, por más f0tmidable fe, contra la ca1idacl, contra la humanidad, contra la religión:
que sea su naturaleza, no por ello sucede menos gue los hom- Pero es menester que su ánimo esté dispuesto a volverse se'gún
bres, cuando están serenos los temporales, pueden tomar pre- que los vientos y variaciones de la fortuna le ordenen y, como lo
cauciones, haciendo diques y explanadas: de modo que cuando he dicho más arriba, a no apartarse del bien mientras lo pueda, .
crezca de nuevo está forzado a ir por un canal o que su ímpetu pero a saber entrar en el mal cuando le sea necesario" (1950, 76).
no sea tan licencioso ni dafi.ino. Sucede lo mismo con la fortu- El fin de la política es el poder: sus condiciones, la utilización de
na: la cual muestra su poder cuando no encuentra una virtü gue las fuerzas de la fortuna por la virtil del gobernante.
le resista, y vuelve su ímpetu hacia la parte en que sabe que no Puestos el fin y las cond iciones, se establece entre ellos una
hay diques ni otras defensas capaces de detenerla". (1950, 97). necesidad raciona l. La política no puede ir contra la necesidad,
En este capítulo de El Príncipe concede que la f01tuna puede ser debe comprend erla y utilizarla. En la cadena necesaria entre
"el árbitro de la mitad de nuestras acciones", en los Discursos medios y fin es puede entrar el mal moral. Porque también el mal
(1968), en cambio, sostiene que a la verdadera virtú nada puede es, a menudo, un eslabón necesario en la cadena. La.astucia del
resistirle. "Se puede establecer que la Fortuna es inválida y gobernante consistirá justamente en convertir en méiito· propio
debilísima para arrebatar nuestra más pequeña virtii . Y con- los actos que se realizan por n eces idad. "Los hombres prudentes
viene no dudar que nada de lo que buscas y amas te es tan fácil saben siempre convertir en rnérito propio sus acciones, aunque
de obtener como la virtü.. Sólo carece de vi111/ quien no la quie- sea la necesidad la que los constriña" (1968, 200). Quien sabe
re". La libre voluntad política, con denuedo, señala su curso a la apreciar los m ed ios necesarios a la acción política y los pone en
historia. prácLica, no es por ello bueno o malo moralmente, es racional,
El arte del político consiste justamente en comprender y uti- porque obra acertadamente para lograr el fin que quiere. El
lizar para su propio poder las fuerzas ciegas de la fortuna . Prí11cipe abunda en ejemp los ele actos moralmente condenables
Reducidos a este género de discurso, el conocimiento político no que son racionales en ese sentido. Maquiavelo, por ello, los
se expresa en términos de valores, como la justicia , el orden o la lhmia a veces "buenos", aunque el adjetivo no puede tener aquí
paz sociales: se refiere, más bien, a los obstácu los que se levan- una connotac ión moral. La violencia, por ejemplo, es inevitable
tan ante el poder y los medios paca evité1rlos . La polftica es el en pc)lítica, lu ego, hay que usarla con oportunidad. El castigo
estudio de los medios para lograr y mantener el porlcr. Perte- debe ejc1n:rsc a tiempo para obtener el resultado apetecido,
necen a otro género de discurso la "bondad" o "maldad" moral como lo hizo César- Borgia en la Romaí'ía. La crueldad puede
de los actos, a éste le importan, en cambio, su utilidad o efica- h~1cer bien al Estado, porque restablece la paz y la concordia
cia. De allí el "inmoralisrno" del discurso que lo expresa. (Cfr. 1950, 72) Los asesinatos de Rómulo parecen malos sólo si
Al arte del buen gobierno no le concierne la bondad o maldad no se considera su fin. Porque censurable es la violenci<Í que des~
de las intenciones del príncipe sino sólo la eficacia de sus accio- truye, no la que construye (1968, 120). La hipocresía, el engafi.o
nes. La hipocresía, la adulación, el engaño o la violencia pueden son perversos moralmente, pero pueden ser "buenos" política-
ser manchas en un alma bella, pero serán vi11.udes políticas en mente. Porque no entra en cuenta la intención sino la dimensión

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96 LA /ICCJÓN POI.ÍTIC/\ MM)lJfi\VF!.CJ: LOS DOS LENGU/IJES DF. LA POL!T!CJ\ 97

honor de la nación italiana. En sus lfmiles, <iparecerá el paladfn interroga por los mec:mismos que mantienen el podGr efectivo.
de una nueva ética . Siguiendo el un o o el otro discurso podría- En el origen del poder no encuentra naturaleza ni razón, ni pac-
mos l)egar a ver la enseñanza de nuestro filósofo desde dos ex- tos entre iguales, Cl1 Sil Origen encuentra un hecho descarnado:
tremos caricaturescos: corno un "gangsterismo polftíco" \a fl1e17.a .
(L Strauss, 1958) o, al contrario, como la "ética ele un hombre Parte de una intui c ión ce11era: el Estado se basa en un aéto
nuevo" (F. de Sanctís, 1912).l de voluntad; un hombre o un grupo de hombres impone y man-
El hecho de que puedan darse ambas lecturas opuestas ¿no tiene un do minio sobre los otros: este acto conviet1e a un con-
nos está indicando ya el carácter más dis ti ntivo ele la obra de junto de individuos en un organismo político. De hecho, es el
Maquiavelo: surgir ele la tensión entre dos discursos en <1.pa1·ien- primero en emplear Ja palabra "lo Stato" para designar este
cia opuestos? En lugar de oividar un lenguaje de Maquíavelo organismo. Entiende por él "autoridad, preminencia, poder
para sólo escuchar el otro ¿no valdría mejor comprender cada político .. . que se ejerce sobre un detem1inado agrupamiento d e
uno en función de su contrario? Pues el lenguaje esperanzado hombres" (A. Córdova, 1973, 67) . El fundamento del Estad0 no
que anuncia un bien común para la nación italiana tal vez no habrá que buscado en la economía divina, ni en la naturaleza,
seria pe1tinente sin el que intenta revelar los mecanismos efec- ni en algún convenio entre los hombres. Estriba en un acto de
tivos del poder que permitiria realizarlo. A la inversa, el lengua- poder.
je sobre el poder efectivo carecería tal vez de objeto sin la pro- Pero ese acto no es arbitrai-io, responde a una necesidad . Ante
puesta de un valor superior que le otorgara un sentido. Que la multiplicidad ele los intereses paiticulares en pu gna (que, e n
quizás la "modernidad" de Maquiavelo consista juslarnenle en el caso de Ita lia, la habfan llevado a! deshonor y al caos) es nece-
una intuición: la ciencia de la política provendría de la conjun- saria una fuern superior que los limite y encauce hacia un fin
ción y tensión recíproca entre dos discursos diferentes, el del común. El poder político cu mple una función: imponer el inte-
poder real y el del Estado valioso. Ensayemos esta lectura. rés general sobre los deseos insaciables de los hombres. Las fac-
ciones sólo pueden cesar su pugna destructora y encontrar satis -
facción pardal en el interés general del Estado. Por ello, eri· la
EL DISCURSO DEL PODER situación !talian<i, el príncipe encarna la voluntad general. No
porqu e hayp siclo designcido para representarla, sino porque, por
Ivíaquiavelo nunca desarrolló una teoría acabada, ni siquiera el hecho mismo de su dominio, la realiza, El "príncipe" podría
propuso una concepción global del cuerpo político. ¿_Por qué en teoría, ser un hombre o varios, aunque en la Italia renacen-
entonces puede considerársele uno de los fundadores de la cien- tista sólo la primera posibi lidacl sea realista. Lo que lo distingue
cia polftica moderna? Quizás no porque expone una nueva teo- es que enc;irm1 el poder general del Est<ido: en él la voluntad per-
ría sino porque fo rmula una nueva pregunta. Para el gobic1 T10 sonal coincide con h colectiva . E l príncipe es - dice Gramscí
efectivo no importa tanto el Estado que debiera existi r sino el (1949, 3)- "un condoticrn que representa plástica y antropo-
que existe de hecho. "Porque hay tanta distancia entre cómo mórfic<imente ei símbolo ele la voluntad colectiva'.' .. La represen-
viven los hombres y cómo deberían vivir, que quien abandona el ta. no en idea sino en la realidad concret~1 . Impone ·su voluntad,
estudio de lo que se hace para estudiar lo que debeiia hacerse, es cie1·to, por la fuerza, pern sobre todo por su virtil .
prepara más bien su mina que su preservación" . (l 950, 69). La Vil1ú no tiene aquí un significado mora! : significa impuíso
pregunta de Maquiaveio es distinta a la de sus predecesores: libre, energía, valor, denuedo, capacidad para las grandes haza-
ñas. A ella se opone la for1zma. "Fortuna" es un concepto vago, :.1
1Para las diversas interpretaciones ele la obra de Maqu iavelo, ver al que puede acudirse cuando no tenemos una explicación racio-
C. Lefort, 1972. "- nal de un acontecimiento. Se refiere a las fuerzas ciegas, irra- . , ·,1¡~'·
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102 LA ACCIÓN POLfTICA
M1\QUTAVCl.O LOS DOS LENGUAJES DE LA POLÍTICA 103

grandeza de un pueblo lleva a preguntamos por la forma del nación al deso rden de éste con la autoridad de la nobleza . Su-
Estado mejor. Será, responde Maquiavelo, el que realice el bien perando la discordia, se lograría imponer un "bien común" a las
común. "Pues no es el bien par1icula1· sino el bien común el qlle distintas cbses. Ejemplos no faltan: los reyes ele Esparta logra-
hace grandes a las ciudades". "Y, sin duda, ese bien común ron un Estado firme y dura<lern porque pudieron unir en el
-continúa- no se observa más que en las Repúblicas" ( 1968, mismo propós ilo nobleza y plebe, Roma tuvo un gobierno feliz
235). Entonces, ya no preguntamos por el Estado existente de durante la república, porque acertó a equilibrar el poder del
hecho, sino por el más valioso. senado con el de los representantes del pueblo. En la época de
En todo Estado siempre hay dos partidos: el ele los nobles y el Maquiavelo, Venecia es la que más se acercaría a esos modelos
del pueblo. De su lucha nace la agitación, el desorden, el con- antiguos .
flicto pennanentes. El desacuerdo sólo tiene una alternativa : las Ahora bien, sobre la base de ese sistema equilibrado de go-
leyes, que regulan las relaciones entre las clases opuestas. bierno, siempre es preferible la república a la dictadura o al
En una sociedad no co!Tompicla, el poder del pueblo ofrece la principado, porque, en la república, el pueblo tiene más poder
mejor vía. Él es garante de la libertad (1968, 107). El pueblo ser- para proteger la libertad contra las ambiciones de los poderosos.
virá de control a un poder excesivo, frenará las ambiciones de República buena es la que busca, en la paz y en el orden, sin caer .
los nobles y pondrá límites a las dictaduras (1968 , 123). Maquia- en la discordia, preservar la libertad en el interior, y el poder de
velo compara el gobierno del pueblo con el de un p1incipe sin la nación ante las demás . Sólo alcanzan la grandeza los pueblos
control y se inclina por el primero. El pueblo es más prudente libres; se p ierden cuando se vuelven esclavos. Ésta es la lección
en sus elec;cíones, más amante de ia libertad, menos víctima de de la historia de Roma que Maquiavelo propone a los italianos,
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las pasiones, porque n o desea mandar s ino tener libertad y segu- con la esperanza de incitarlos a la libertad.
ridad. Perp el pueblo no puede tener libertad en todo . "Un pue- Las reflexiones sobre el bien común y el gobierno "mejor" se
basan en un supuesto, que no puede ser objeto de cien.cía: es .
blo que ptiede hacer lo que quiere no es sabio" ( 1968, 217) . Una
multitud sin cabeza es, en efecto, inútil. El pueblo necesita siem·· preferible una sociedad que cumpla con ciertos valores. Estos
pre a un guía que le muestre sti"auténtico bien y lo libre de enga- valores están implícitos en el discurso de Maquiavelo, no están·
ños. De la libertad absoluta del pueblo puede seguirse la tiranía. expresados paladinamente. Tenemos que descubrirlos entre
líneas . Ante todo es el orden, la concordia duradera en la socie-
Causas de la mayoría de las tiranías son "el excesivo deseo de ser
dad. Hay que acabar con los conflicto~ que desgarran a la
libre del pueblo y el excesivo deseo ele dominar de los nobles"
nación. Sería ésta la condición de posibilidad del Estado mismo.
(1968, 184). Los poderosos buscan el poder absoluto para
Pero la concordia está al servicio de la lib~rtad y de la glmia.
oprimir al pueblo, pero éste, al buscar su liberación, lleva al
Maquiavelo no dice con claridad qué entiende por esos concep-
poder a un jefe popular o a un grupo que pronto se convie11e en
tos , pero su significado se despre nde del uso que hace de ellos.
tirano del propio pueblo.
"Libertad" es, en lo interior, lo contrario de la opresión de los
¿Cuál sería entonces el mejor gobierno? Maquiavelo no se
ciudadanos por un tirano o por los nobles; ;;iutonomía, frente al
hace ilusiones sobre la bondad de ninguna de sus formas . Las
exterior. "Gloria" es algo más vago, que despierta la pasión y en-
formas clásicas de gobierno se transforman fácilmente en sus
ciende la esperanza. Comprende, quizás, la realización cole~tiva
versiones corruptas: la monarquía, en tiranía, la aristocracia en
de la virlú, el dominio sobre los otros pueblos, la civilización, la
oligarquía, la democracia, en licencia. Se inclina pues por una
realizáción de empresas osadas por una nación, en suma, todo
solución de equilibrio : un régimen mixto, con instituciones re-
lo que de manera intuitiva at1ibuimos a la "grandeza" de un pue-
presentativas de las dos clases, el pueblo y los nobles (1968, 99).
blo, como Roma o Esparta. Cuando Maguiavelo habla del "bien
Sería un sistema duradero en la medida en que controlara la
común" supone que consiste en la realización de esos valores
ambición de los poderosos con el poder del pueblo, y la incli-

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100 LA ACCIÓN POLíT!CA t;; M/\QUl/\VELO LOS DOS LENGUAJES DE LA POLÍTICA 101
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social ele los actos y su resultado efectivo en una relac ión de sino la eficacia. Obedece a un;:i forma específica ele racionalidad:
poder. Importa la imagen que el pueblo tiene del príncipe, cómo la que no se pregunta por el fin más r~zonable a seguir sino por
se deja ver, no lo que sea en su subjetivid<.1ci . No intercs;-1 que sea los medios co11duccnlcs a !og1·arlo. E); \inh r<Kionaliclad i11str11-
justo, sino que lo parezca ante los demás : no es pertinente que 111e11tal. Dados un fin y bs condic iones de !a acción , determina
sea, en realidad, humanitario o fuerte, sino que así lo crea el los medios más adecuados en esas condiciones .
pueblo. La buena intención puede llevar a pct·der el Estado, la En Mac¡uiavelo encontr;:imos pues un primer discurso políti-
correcta apariencia, aún engañosa, puede salvarlo. "Porque co . No versa sobre la socicd;:id deseabl e sino sobre la sociedad
todos los hombres se sienten tan satisfechos con lo que parece real. No comprende juicios de valor sino juicios ele hecho. No in-
como con lo que es: así, muchas veces se mueven más por las co- daga sobre la validez del fin ele laacción política sino sobre los
sas que aparecen que por las que son" (1968, 154). Por otra par- instrumentos para lograrlo. Es un disrnrso de la necesidad, no
te, importa más, en último término, ser temido por lo que se re- ele la libertad. Le corresponde una fonna de ejercicio de la ra-
presenta que ser amado por lo que se es (Cfr. 1950, 73) . zón: la razón técnica o instrume ntal. La razón técnica da por
El conocimiento político tiene por objeto comprender la supuesto el fin elegido y revela el sentido de los actos en relación
cadena de actos n'ecesarios para lograr un fin : el poder. Versa a ese fin . El sentido de esos actos está determinado por su ade-
sobre las fuerzas reales que se oponen al acto libre y sobre los cuación al fin eleg ido. Pero si los actos políticos reciben un sen-
antecedentes y consecuencias ele la acción en una comunidad tido por el fin elegido ¿no cabe también preguntar por el senti··
política. Notemos que este conocimiento no implica la elabo- do de ese Fin? Esa pregun La ya no c01Tcsponde al m ismo juego
ración de una teoría, ni siquiera conduce a principios generales . ele lenguaje ni obedece " la misma forma de racionalidad .
Por ello no constituye, en sentido esu-icto, una ciencia. En rea- Porque no se refiere a los medios necesarios, sino al valor del fin
¡ •. lidad, los conocimientos que transmite Maqui;:wclo a sus con- que les otorga un scnt ido. Ese segundo lenguaj e está mezclado
temporáneos tienen por fuente la experiencia personal de la vida con el anterim·, en los esc1itos ele Maquiavclo. Ti·atemos ahora
pública, su propia práctica política y diplomática, los testimo- de identifi carlo.
nios ajenos trasmitidos por la historia, cierta sabiduría de1ivada
del trato con los hombres . No se trata de un saber teórico, com-
probable objetivamente, como el de la ciencia, sino de un ccmo- EL DTSCURSO DEL BIEN COMÚN
cimiento personal, precien tífico, destinado a orientar la acción.
Su objeto es la relación de medios a fines en el comportamiento Si en El Pdncipc predomina el lenguaje del poder, en los Dis-
político. cursos, Maquiavelo se preocupa por restaurar en Ttalia las virtu- ·
· Pero ese conocimiento personal puede expresarse en genern- des que hicieron la gr;:inc\ez<i del pueblo romano . Ante la
lizaciones válidas y eventualmente podda cod ifico1·se en reglas d ivisión , la se1-vidumh re y la coffupci6n que anegan a ItaliéL es·
de acción. Proposiciones de este género no faltan en la obra de menester restaurar la fe en un destino común, capaz de superar
Maquiavelo. El objeto de ese conocimiento sería justamente los mezquinos intereses paniculares y devolver el honor y la dig-
establecer ligas causales entre medios y fines de las ;:icciones, en nidad al pueblo italiano . Pern en Italia no hay un principio tradi- ¡:
condiciones dadas . Luego, es un conocimiento que conduce a cional de autoridad que revista, a los ojos del pueblo, la majes~ 1
. !;
una técnica. La política, en Maquiaveio, no es una ciencia, es tac! y la gloria ele la nación, no existe el equivalente de la monar-
una técnica del poder. "El Príncipe no es un libro moral o inmoral quía francesa , por· ejernplo. A falta de poder acudir a la conti-
---escribe Cassirer (1968)- es simplemente un libro de técnica nuidad de una tradición, Maquiavelo vuelve los ojos al recuerdo
política". La técnica no es, en sí misma, justa o injusta: puede ser de un pasado glorioso: la rrpi'1hlic8 romana . No se trata de un
útil para cualquier fin . Su criterio no es r~l Hen ~J el n;;>,1 n :n r: ' :r·.
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rcgrl:so si;io ele la pi-r)pucsta ck un renacimiC'nto. El tema de la

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106 LA ACCIÓN POJJT!CA MAOUIAVELO: LOS DOS LENGUAJES DE LA POLÍTICA ·. 107 il


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121). No basta, por lo tanto, saber cuál es el mejor gobierno y pueblo, tome sobre sí el interés genera l y lo imponga sobre los !¡.
proponerlo, pues "los hombres no obran nunca bien si no es por particulares.
necesidad, pero donde se puede elegir y hay li bertad de acción E l pri nci paclo n(.J es el gob iern o mejo r, pero es la manern efec-
se llena todo, inmediatamente, de confusión y ele desorden" tiva de ordenar ele nuevo una repúbl ica en s ituoción de conílic-
(1968, 104). Para alcanzar el bien hay que cornp1 ·ender cuál es l;i to ent 1·c intereses paniculares . Cumple la función que, de hecho,
necesidad que compele a él. Son las circunstancias ajenas a ha tenido la monarquía en Francia, España o Inglaterra. El
la voluntad humana -la "fortuna"- las que a menudo deter- Estado nace, ele hecho, de la fue17.a . La violencia del príncipe
minan si se realiza o no el bien querido. Por ejemplo, si i\tenas, cumple una fun ción necesaria: establecer el orden y la ley. Ante
bajo Pisistrato, no logra la libertad, a diferencia de Roma bajo la la necesidad primordial de funcla1- el Estado, la distinción entre
república, no se debe a que la primera no la quisiera y la segtm- república y principado pasa a segundo término.
da sí. "Quien considere todo lo dicho -escribe Maquiavelo- no El mejor gobierno sería una república libre de tiraní~ y bajo
criticará a Atenas ni ensalzará a Roma, s ino que culpará tan sólo el control de l pueblo. Ese ideal se basa en una elección . Se expre-
a la necesidad por la diversidad de accidentes que suced ieron en sa en un lenguaje valorativo, sobre la sociedad deseable. Pero el ;_'}
las dos ciudades" . (1968, 158) . Así, para lograr el mismo fin, lo hombre es fundamentalmente egoísta y se guía por su interés
que se prescribe para una situación debe ser distinto a Jo re- particular. La elección del valor choca con la realidad. Si la.elec-
querido para otra. "Porque se deben instituir diferentes órdenes ción de ln sociedad deseable quiere realizarse, debe acoplarse a
y modos de vida para un sujeto malo y para uno bueno, pues no la necesich1c! sefia lada por las circunstancias . La libertad, para
puede haber la misma forma en materias en todo contrarias" ser eficaz, debe doblegarse a la necesidad. Una frase podría resu-
(1968, 145) . En suma, el Estado deseable en abstracto, al con- mir el arte ele la política para Maquiavelo: "Una república o un
siderar las circunstan cias concretas, deberá acoplarse a la nece- principado debe apa rentar hacer libremente aquello a que le
sidad si quiere realizarse. obliga la necesidad" (1968, 200) . La acción política consiste en
La reflexión anterior nos perrn ite explicar la aparente contra- la elección libre ele una necesidad.
d icción en el pensamiento de Maquiavelo. ¿Por qué, si considera
la república como la mejor forma ele gobierno, propone a su
patria el principado ? ¿Por qué, al buscar la libertad como valor ¿HACI/I UN/\ ÉTIC/I POLlT!C/I?
superior, desarrolla una técnica de la dominación?
La república es excelente para un pueblo que no ha caído en Al pretender realizar el proyecto elegido, conforme al "bien
la corrupción. Era el caso, según nuestro autor, de Roma. Pero común", la neces idad impone rea lizar actos que la moral acep-
un pueblo corrompido no es capaz de realizarla. "Porque un tada considera da "malos" . Es necesario ejei-cer la violencia para
pueblo donde por todas partes ha penetrado la con-upción no obtener h concord i<i. Pero entonces acciones "malas" moral-
puede vivir libre, no ya un breve lapso de tiempo sino ni un mo- mente, como el asesinato de los enemigos, el engaño o la cruel- 4
mento" (1968 , 138). Por otra parte, donde existe igualdad no se dad, pueden cons iderarse "bucn;:is" al juzgarse medios necesa-
puede establecer un principado y donde no la hay no se puede rios para lograr un fin bueno. Si el pi-íncipe.expresa la "voluntad
establecer una república. Este último es el caso ele Italia y, en general'', todos los medios que concluzc~n· a afianzar su poder
particular, de Florencia. En Florencia reina la desigi1aldad y la serán necesarios para realizar esa voluntad. En la medida en que
corrupción . Los reformadores "nunca han buscado la utilidad son necesarios, podrían ser considerados ."buenos". Sin que 1'1a-
común, sino sus propios intereses, lo que ha producido, no un quiavelo lo diga, podemos concluir que esos actos se juzgarían
nuevo orden, sino un mayor desorden" (1968 , 197). De allí la "buenos" confonne a un tipo ele moral distinta a la individual.
necesidad en una ciudad corrupta, ele un prfncipe que guíe al Llamérnosla provisionalmente "moral política';. Maquiavelo no

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104 LA ACC IÓN POLÍTICA Mi\OUIAVELO LOS DOS 1.FNG1Jt\.!ES Df~ LA POLÍTTCA 105 ~;
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por la nación . Pero esos valores no se dan en la soc iedad ita liana, Est;:m1os pl!es <mte dos discl!rsos diferentes . En el prim ero 1;1 . .
coffesponden a una sociedad otra, objeto ele fe, esperanza, pro- (presente, sobre todo, en El l'd11ci17e, hasta el capítulo XXV) ~¡
yecto para dirigir nuestra acción y encender nuest 1·0 ;'.mimo, M;:iq ui ave lo li<1bb de los f;:icto1·cs que bvorecen u obst<:1culizan
el poder rea l. Trata sob1·e todo de las relaciones entre los medios
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sociedad deseable que se con trapone a la sociedad real. ·~
¿Por qué preferir esa sociedad y no otrn? ¿Po r qué esos valo- que h an ele emplc;.trse p0rn lograr los fines del Estado. Está '
res (concordia, libertad, gloria) y no otros J En Maquiavelo no constituido por enunciados ele hccl1 os, que describen relaciones
encontramos una justificación explícita. La proyección ele los necesarias entre el los, cond icionadas a los fines elegidos . Es un
valores deseables para la sociedad italiana proviene en él del lenguaje de la necesidad. El segundo discurso (presente, sobre
diagnóstico de los males de la época y de la admiración por las tocio, en los Discorsi y en el último capítulo de El Príncipe) trata
repúblicas gloriosas del pasado. Nada tiene que ver con una principalmen te de la sociedad dese<ible y ele los fines a elegir
"ciencia" de la política, ni aun con una "técnica" del poder. Los parzi la nacióll. Está constitu ido por enunciados de valor, des -
cripciones de b sociedad buena y enunci<1dos preceptivos qu e
valores que proyectamos son objeto d e pas ión .
inducen a persegu ir esos va lores. Apela a la libre elección de tm
El Príncipe temüna con una exhortación a b reali'z:ac ión ele la
Estado bueno para It<ll ia. Es un lenguaje de libertad .
grandez<:1 italiana. El último capítulo, el XXVI, no parece d e ri-
Uno y otro discurso responden a forn1as diferentes de racio-
varse d e los anteriores, por ello ha sum ido en perplejidad a
nalidad . Frente a u na racionalidad instrumen1al propia ele una
muchos comentadores . Mientras los capítulos anteriores desa-
técnic<:1 del poder, que se pr·eocl!pa por determinar los medios
lTOllan una técnica del poder, el último propone un fin a la gente m:1s cíic:aces para lograr un fin , cabe hablar de una racionalidad
italiana . El ideal a seguir es la consti lución. de una n<1c ión, la en la elecc ión de los fines mismos, que inten ta proponer la for-
unión de Italia frente al dominio ext ranjero y la restauración de ma de sociedad mejor.
la virlú y del valor italianos. Tem1ina con una cita de Petrarca: Un lenguaje no se dCl'iva lógi camente del otro. Del conoc i-
"La virtú contra el furor tomará las anm1s: y el comh:ite S<~rá miento de ln<: mcGrnisrnos para mantener el poder no se pue d e
corto; que el antiguo valor aún n0 ha m uerto en el contz(in ita- concllli1 cu{i] s<Tía el Fst<1do cuya elección sería más razoppblc
liano" (1 950 , 102) El lenguaje ele 1a p:isi6n, de b re y de la espe- para el b ien común . Del conocimiento del 1nejor Estado no se
ranza, inumpe en el último capítulo y deja a un lado los fríos deduce cuáles son los mecanismos más efectivos para lograrlo.
análisis sobre ias relaciones reales de poder. Como indica Cha- Maquiavclo no se preocupa ele la separnción entre uno y otro
bod (1984, 78): "El último capítulo de El Príncipe es el desen- discurso, el probl ema ele est<lblccer una derivación lógica entre
freno de la pasión mal conten ida que, trazndos los contornos ellos le es ajeno. Lo importante para noso tros es que, en su obra,
lógicos, los traspone , en un nuevo momento c1·eativo, en el ím- se pone de man ifiesto que ambos lenguajes son imprescindibles
petu de su deseo y los con vierte en esperanza y fe tras haberlos en el conocirn icnto ele la política, más aún, qpc el discurso políti-
contemplado como razón y pos ib ilidad". co supone la u11i(m de ;:irnb<>s . M<1qu i<1velo nos da indica ciones
No es que el úitimo capítu lo ca r ezca de relació n con los ante-· también de h clirección en que podríamos encontrar la relación
riores . Chabo<l (1984, 32) hace notar, con <icierto, que la pos ibi - entre los dos lenguajes. S in volverlo más coherente de Jo que foe,
lidad ele reconstrnir el Estado, por obra delpríncipe, tema de los busquemos esa relación a pai-ti r de sus escritos .
capítulos anteriores , supon ía, en las circunstanci<is italianas , un
elemen1o de fe y esperanza que se afiadiera a la necesidad políti-
ca estiicta. Pero, justamente, ese lenguaje de íe y de esperanza LA MEDJACT ÓN ENTRE u ;is DOS DISCURSOS

no se deduce lógicamente del cálculo sobre los medios para con-


servar el poder, añ a de a éste ]3 pmpu cs1a de un fin valioso por Maqu iavelu es pesim ista accrcé\ de b n8turaleza humana. "Los
hombres, piensa, son más inclinados al mal que al bien" (1968,
sí m ismo.

~:i:""8i-:ii~~ti~~~-~.&L1tif· WWWW '. _ *_ <>. ..&Z e ; . M.IA·. *"',...· - ~~---~----·---~-------


108 LA ACCIÓN POIJTICA
MA01J! AVELO: l.OS DOS LENC;U/\.!ES DE LA POLíTIC/\ 109

formula esa "moral polílica", es du doso incluso que 1111biera dad ele su á nimo en soro d ar y vencer los sucesos que le son
aceptado el término. Pero está implícita en su maner;:i clej111.gar adversos, no vemos por qu{· le tendríamos por in fe1ior a l mayor
cic1-tos actos con10 "n1alos" rno1·;~]rn cntc pc1·0 "buc11os" o "excu- campeón de cu;1 lq t1 icT especie." Cumple Agá toclcs con la ima-
sables" en consideración a su fin político. Habría muchos ejem- gen del jef'c que vence con su virtud a la fortu na y logra la sal-.
plos de esa ambigüedad. Se refiere a los crímenes de Rómulo . vación de su patria . Sin embargo, rrente a ese juicio laudatorio,
Rómulo mata a su herm ano Remo y consienle en la muerte ele subsiste otrn que lo condena "La matanza de sus conciu dada-
su colega Tito Tacio . Pero lo hace por el "bien común", porque nos, la lraición ele sus am igos, su absoluta fal la de fe, de huma ..
lo juzga necesa1io. Así lo demuestra el hecho ele que no establece ni elad y de religión, son ciertamente medios con los que uno
un gobierno tiránico sino u n sen;:iclo que rige la ciudad. Ma- puede adqu iri r el imper-io, rero no adquiere nunca con ellos
quiavelo no oculta que considera el asesinato ma lo en sf, pero ninguna gloria" : Sus ac1os "no permiten alabarle como si él
justi[jca a Rómu lo por haber hecho lo necesario rmra el b ien mereciera oc11¡x1r un lugar entre los hombres insignes más emi-
común. El mismo acto no es malo, conforme a su fin político. nentes" ( 1950, 50). ¿Por qué no es merecedor de glori a ni ala-
"Considerando pues todas estas cosas, concluyo que para . banza? No cicr1arnente porque hriya sido un príncipe débil o
organizar una repúbli ca es necesario estar solo, y Rómulo ineficaz en logre.u· el bien común ele Sirncusa; antes al contrario,
merece excusa y n o reproche por la muerte de Remo y Tito utili zó en esa emrr·esa, con arrojo , los mismos m edios que Ma-
Tacio" (1968, 122) . quiavelo 1·ccomienda <1 1 pdncipe para mantener el poder. Pern
Otro caso: en polí tica, CLJando no es pos ible int e1fr.ri1 · en el no merece glrn-j;¡ porque sus aclos son suscep tibles ele una con-
mal, es p referible no intentar eletcnerl o. "Se deben considerar denación moral. ¿Debió entonces Agátocles renu nciar al poder ;
bien las fuerzas del rnal y, si Le pzirece que tien es bastante poder que conquistó sin gloria? ¿_Qué es prefe rible, en ese caso: salvar
para sanarlo, ponerle a ello sin clemora: en otro caso, dejarlo a la ciucJad a cos1a ele b propia ignom inia o suscitar la alaban-
estar, sin intentar nada en contra" (1968, 168). 1 . za por sacdficar a la virtud el poder? Mac¡uiavelo no decide ,
En consecuencia, u n mismo acto (por ejemplo, un asesinato) acepta los dos juic ios .
puede ser considerado "rn alo" conforme a la moral individual y 2. De algunos ejemplos de Maquiavelo podríamos deducir
"bueno" conforme a una "moral política". Lo cual pl a ntearía el· . ciertos criterios p<ira juzgar la bondad de una acción según lo·
problema de la relación entre ambas morales . ¿Cuáles serían los . que hemos llamado "mora l política" . Admite Maquiavelo que
cri terios para hacer prevalecer un juicio sobre el otro; ¿_IIas ta puede haber un "buen" o un "mal" uso ele la crueldad . "Podemos
dónde el juicio de una "moral política" podría privar sobre el . · llamar buen uso de los actos de crneldad, s i empero es lícito
juicio de una moral inclividuaP ¿O se trata de niveles ele juicio , hablar bien del mal , que se ejercen de una vez, ún icamente por
irreductibl es en tre sí y contrnclictorios? Maqu iri velo no responde la necesidad de p1·oveer a su propia seguridad , sin con1inuarlos
a estas preguntas . Ni siq11icra se J;1s pbntc;1. Pero en s\1 pen- después, y que ;11 rnís1110 tiempo 11·ata \ltlO ele dkigidos, cuanto
samiento podemos encon trar algunas indicaciones sobre la es posible, h<lcia la mayor utilidad de los gobernados" (1 950, 52) .
manel'a de abordar el problerna q¡1c hubi ern podido ser la suya. Podrfamos r;enern lizar este caso en la sigu iente forma: Una
l. En primer lugar, no d is iparfa la ambigüedad de juicio. acción "mala" corrfo1111e a la moral individual ptJ ecle conside-
Respecto ele un m ismo acto, pueden subsist ir dos jui cios con- rarse "buena" según la moral pol íti ca si y sólo si: 1) es dirigida
trarios. El caso de Agátoc!es, rrelor de S iracusa, evocado en el hacia un fin bueno (la "utiliclael de los gobernados") : 2) es uµ
capítulo VIII de El Príncipe, es paradigmático . La defensa exi- medio m:ces<ffio para la ob1encióD de ese fin y 3) se reduce a
tosa de su ciudad frente a los cartagineses no puede atribuirse a producir ese result:tdo, es decir, no se acomp;:ui.a de actos super-
la fortuna sino a su virtú. "Si co nsiderarnos el valor de Ag<'ilocles fluos que rebasen los estrictamente necesarios para lograr el fin .
en el modo que arrostrn Jos peli gros y sale ele ellos y la subl imi- ·. El político tiene, por lo tanto, que estar seguro ele la necesidad

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110 LI\ ACCIÓN POLÍTICI\

de esa acción y rea li zarla en la medida sólo en que sea necesaria.


De allí qué reqviera de una técnic;nlel poder. Pern la utilización
ele ese criterio 110 elim ina la clual id acl del j11ic io . f .; 1 ~•cci(m c111el
podrá ser juzgada "buena;, conform e a un criterio político, pero
sigue ocultando un ma l moral. La ambigüedad del ju ic io de 5. FINES Y MEDlOS ~.

Maquiavelo se expresa en esta frase dubitativa:" ..si empero es


líci to hablar bien del mal."
3. La acción política es, a la vez, bt'.1squcda del bien común, ¿Er. FIN JllSTIFICA LOS Mf-'.DIOSJ

expresado en la ley, y obra de la fuerza . El político tiene parte de


hombre y parte de bestia . "Debeis pues saber que hay dos modos El estud io de MaquiavcJo nos introduce al de la acción política.
de combatir: el uno con las leyes, el otro con la fue17.a. E l El cornprntam iento se d ir ige a un fin que considera vali oso, a la ·
primero es propio d el hombre, el segundo de las bestias : pero vez tiene que em plc<U" acciones adecuadas para i'ealizarlo . El fin ' ·
como a veces el primero no basta, conviene recun-ir al segundo . tiene que serjusti ficad o ¿justifica 1am bién a los medios) La pre-
Le es pues necesario a u n príncipe saber hacer buen uso de la gunta sólo tiene sentido si aceptamos los sigu ientes supuestos:·
bestia y del hombre. Esto es lo que con palab ras encubic1tas 1. Ciertas acc iones son medios para lograr otras acciones o
enseñaron los antiguos autores a los príncipes, cu<1nclo escri- sitw1ciones objetivas . Pueden consiclerni-se sus causas o condi-
bieron que muchos de la antigü edad, como Aqui les, fueron con- ciones inicial es. Snponemos una relación de catrsalidacl entre•
acciones y sus consecuencias.
fiados en su n iñez al centauro Chiron, para q ue los ci-iara y edu-
cara bajo su disciplina. Lo cual no quiere deci r otrn cosa sino 2. Las consecuencias ele una acción son el "fin" de ésta. El
que tuvieron por preceptor a un m aestro mitad bestia y mitad agente ejecuta la <1cc ión con la intención ele logra r un efecto .
hombre: es decir, que un príncipe tiene necesidad ele saber usar Qu e el cíecto sea el "fin" para el que se ejecuta la acción, impli- 411
ca considerar esa acción como insln1menlo para el fin.
de una y otra natLll"aleza, y que la una sin la otra no sería
duradera" (J 950, 75). 3. EJ fin puede :'jusLificar" la acción, es decir: si e l nn es bueno
Para juzgar cuándo es oportuno usar de una u otra natu- moralmente, el medio (la acción) resultará también bueno en
raleza, el príncipe requiere de una virtud esencial al gob ierno: la virtud de su carácter de medio. La relac ión ele "justificación" es
prudencia. Ésta consiste en saber empicar, en cada contexto distinta a la de causal idad . No es una relación instrumental sino
valorativa. Supuesta la bondad del fin ¿se "trasmite" ésta al me-
concreto, los medios adecu ados, dosificándo los según ias cir-
dio? ¿Adquiere la acción valor por ser instnunento para un fin
cunstancias . El conocim iento político sería para Maqu iavelo, valioso?
antes que una cienc ia, un conocimiento 'dirigido a situaciones
concretas. Pero M<:iqu i;wclo no clesa1Tol1;1 11 inguna t coda sobi-c La p1-cgunl<1 s(1 lo puede fon11ul;.-u-se si se usan dos lenguajes
di sti 11tos . Un lenguaje q11c habl~1 de la 1dac ión causal entre
ias formas de sabidui-ía política ni tampoco sobi·e !os criterios
hec hos, acciones y sus consecuencias; un .~cgunclo lenguaje que
que regirfan en una moral po!ftica. Ha abiei-to las puertas a un
campo sin recorrerlo. habla del valor moral el e accio nes y consecuencias. Si sólo per-
mitiéramos el prim er lenguaje, !as acciones se .iuzgai-ían en
cuan lo a su eficacia para 1-ealizar un cíecto, carecerfa de ,sentido
todo referen c ia a su "_justificación" moral. Si nos redujéramos al
segnndo lenguaje, juzgaríamos las accion es val iosas o car·entes
de valor, quedaría excluido hablar de la re lac ión causal que
pudiera haber entre ellas. El planteamiento de la pregunta deja
de tener sentido si excluimos uno u otro lenguaje.

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