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QUÉ ES EL DUELO

El duelo es la reacción normal después de la muerte de un ser querido.


Supone un proceso más o menos largo y doloroso de adaptación a la nueva
situación.
Elaborar el duelo significa ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la
pérdida, valorar su importancia y soportar el sufrimiento y la frustración que
comporta.
La intensidad y duración del duelo depende de muchos factores: tipo de muerte
(esperada o repentina, apacible o violenta..), de la intensidad de la unión con el
fallecido, de las características de la relación con la persona perdida
(dependencia, conflictos, ambivalencia...), de la edad...
La duración del duelo por la muerte de una persona muy querida puede durar
entre 1 y 3 años.
Duelo resuelto. Podemos decir que hemos completado un duelo cuando somos
capaces de recordar al fallecido sin sentir dolor, cuando hemos aprendido a vivir
sin él o ella, cuando hemos dejado de vivir en el pasado y podemos invertir de
nuevo toda nuestra energía en la vida y en los vivos.
Estas son algunas de las reacciones más comunes que suelen aparecer
después de una pérdida. No te sientas obligado a tener todas las
sensaciones y experiencias aquí descritas. Cada duelo, como cada
persona, es único.
SENTIMIENTOS
Negación / incredulidad
¡No puede ser verdad! ¡No es más que una horrible pesadilla!
Piensas y actúas como si tu ser querido continuara vivo. Suena el teléfono y, por
un instante, piensas que es él. No has perdido la esperanza de que vuelva.
Necesitas tiempo.

Insensibilidad
Es como si le estuviese pasando a otro.
Nada parece real, te sientes embotada, como un autómata, incapaz de
reaccionar… Este aturdimiento te ayuda a ir asimilando la dura realidad.

Enojo /rabia /resentimiento


¿Por qué has permitido esto Dios mío? ¡Esos malditos médicos la dejaron morir!
¿Cómo me dejas ahora con todo lo que te necesito? ¡Todos siguen viviendo
como si nada hubiera pasado!
Estás rabioso contra todos y contra todo. El resentimiento forma parte de tu
dolor y es algo normal. No luches contra él. A medida que tu dolor se vaya
calmando ira disminuyendo.

Tristeza
Siento una pena muy grande y todo me hace llorar. La tristeza es el sentimiento
más común. Puede tener muchas expresiones: llanto, pena, melancolía,
nostalgia… Date permiso para estar triste, para llorar.
No te preocupes si lloras mucho o poco; el llanto no es la medida de tu amor,
sino parte de tu propia expresividad.

Miedo / angustia
Estoy asustado/a ¿qué va a ser de mí?
Te sientes inquieto/a, confuso/a, desamparado/a, desesperado/a. Tienes miedo
de volverte loco/a. Estos sentimientos tan intensos y tan desagradables son algo
natural.

Culpa / autorreproches
Si al menos hubiera sido más cariñoso/a
llamado antes al médico
tenido más paciencia
le hubiera dicho más a menudo lo que le quiero
La lista puede ser interminable. El pasado no puede cambiarse y ya tienes
bastante sufrimiento como para castigarte de esta manera. No olvides de hacer
también una lista con todas las cosas estupendas que hiciste por tu ser querido.

Soledad
Me siento tan sola ahora. Es como si el mundo se hubiera acabado.
Son tantas cosas vividas y compartidas juntos que vas a necesitar tiempo para,
poco a poco, ir llenando ese inmenso vacío.

Alivio
Gracias a Dios que todo ha terminado.
El final de una larga y dolorosa enfermedad o relación se pueden vivir con una
sensación de alivio y descanso.

Sensación de oír o ver al fallecido


Me parece que me sigue llamando por la noche. El otro día me pareció verlo
entre la gente.
Son sensaciones pasajeras absolutamente normales después del fallecimiento
de una persona querida.
Ambivalencia / cambios de humor
Hace un momento me sentía agradecido a mis amigos por su ayuda y ahora los
mandaría a todos a la mierda.
Puedes estar tranquilo/a en un momento dado y alborotado/a en el instante
siguiente. Los sentimientos pueden ser cambiantes y contradictorios. Acéptate
así, imprevisible.
IMPORTANTE: NO DUDES EN CONSULTAR CON UN PROFESIONAL SI
SIENTES QUE LA SITUACIÓN QUE VIVES TE SUPERA O QUE, PASADO EL
TIEMPO ,NO ENCUENTRAS ALIVIO A TU DOLOR.

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reacciones habituales
SENSACIONES EN EL CUERPO
Estas son algunas de las sensaciones corporales que puedes sentir. Es el
llamado duelo del cuerpo.
NAUSEAS
PALPITACIONES
OPRESIÓN EN LA GARGANTA, EL PECHO
NUDO EL ESTÓMAGO
DOLOR DE CABEZA
PÉRDIDA DE APETITO
INSOMNIO
FATIGA
SENSACIÓN DE FALTA DE AIRE
PUNZADAS EN EL PECHO
PÉRDIDA DE FUERZA
DOLOR DE ESPALDA
TEMBLORES
HIPERSENSIBILIDAD AL RUIDO
DIFICULTAD PARA TRAGAR
OLEADAS DE CALOR
VISIÓN BORROSA
DIFICULTAD PARA TRAGAR

IMPORTANTE: NO DUDES EN CONSULTAR A TU MÉDICO SI LAS


MOLESTIAS PERSISTEN O SI OBSERVAS UN DETERIORO IMPORTANTE
EN TU SALUD.
COMPORTAMIENTOS
Estas son algunos de los comportamientos o conductas habituales después de
la muerte de un ser querido
LLORAR
SUSPIRAR
BUSCAR Y LLAMAR AL FALLECIDO
HABLAR CON EL FALLECIDO
QUERER ESTAR SOLO, EVITAR A LA GENTE
DORMIR POCO O EN EXCESO
DISTRACCIONES, OLVIDOS, FALTA DE CONCENTRACIÓN
SOÑAR O TENER PESADILLAS
FALTA DE INTERÉS POR EL SEXO
NO PARAR DE HACER COSAS O APATÍA

IMPORTANTE: NO DUDES EN CONSULTAR CON UN PROFESIONAL SI


ESTOS COMPORTAMIENTOS TE PREOCUPAN O SON PERSISTENTES

Date permiso para estar en duelo


Date permiso para estar mal, necesitado, vulnerable…Puedes pensar que es mejor no
sentir el dolor, o evitarlo con distracciones y ocupaciones pero, al final, el dolor saldrá a
la superficie. El momento de dolerte es ahora.
Acepta el hecho de que estarás menos atento e interesado por tus ocupaciones
habituales o por tus amistades durante un tiempo, que tu vida va a ser diferente, que
tendrás que cambiar algunas costumbres...
Deja sentir dentro de ti el dolor
Permanece abierto al dolor de tu corazón. Siente y expresa las emociones que surjan,
no las pares. No te hagas el fuerte, no te guardes todo para ti, y con el tiempo el dolor
irá disminuyendo.
Sentir y expresar el dolor, la tristeza, la rabia, el miedo...por la muerte de tu ser amado,
es el UNICO camino para cerrar y sanar la herida por la pérdida.
Date tiempo para sanar
El duelo por la pérdida de una persona muy importante suele durar entre 1 y 3 años. No
te hagas pues expectativas mágicas. Estate preparado para las RECAÍDAS. Hoy
puedes estar bien y un suceso inesperado, una visita, el aniversario, las Navidades te
hacen sentir que estás como al principio, que vas para atrás, y no es así.

El momento más difícil puede presentarse alrededor de los 6 meses del fallecimiento,
cuando los demás comienzan a pensar que ya tienes que haberte recuperado.
Sé paciente contigo mismo/a
Aunque las emociones que estas viviendo pueden ser muy intensas y necesitar mucha
energía, son PASAJERAS. Procura vivir el momento presente, por duro que sea. Se
amable contigo mismo/a. Recuerda que el peor enemigo en el duelo es no quererse.
No temas volverte loco/a
Puedes vivir sentimientos intensos de tristeza, rabia, culpa, confusión o abatimiento,
deseos de morir... Son reacciones habituales y normales después de la muerte de un
ser querido.
Aplaza las decisiones importantes
Decisiones como vender la casa, dejar el trabajo, marcharte a otro lugar…es preferible
dejarlas para más adelante. Seguramente, ahora no puedes pensar con suficiente
claridad, y podrías más tarde lamentarlo. No suele ser tampoco conveniente iniciar una
nueva relación afectiva (nueva pareja, otro embarazo…) mientras no hayas resuelto
adecuadamente la pérdida.
No descuides tu salud
Pasados los primeros días puede resultarte muy útil que te hagas un horario (hora de
levantarte, comidas, hora de acostarte…) y lo sigas. Aliméntate bien y cuida tu cuerpo.
No abuses del tabaco, alcohol, tranquilizantes...
No te automediques
Si para ayudarte en estos momentos tienes que tomar algún medicamento, que sea
siempre a criterio de un médico y nunca por los consejos de familiares, amigos y
vecinos bien intencionados. Recuerda que tomar medicamentos para "no sentir"
pueden contribuir a cronificar el duelo.
Busca y acepta el apoyo de los otros
Sigue conectado con los otros. Necesitas su presencia, su apoyo, su preocupación, su
atención... Dale la oportunidad a tus amigos y seres queridos de estar a tu lado. Piensa
que pueden querer ayudarte, pero no saben la manera de hacerlo. Pueden temer ser
entrometidos o hacerte daño si te recuerdan tu pérdida. No te quedes esperando su
ayuda y pídeles lo que necesitas.
Procura ser paciente con los demás
Ignora los intentos de algunas personas de decirte cómo debes sentirte y por cuanto
tiempo. Sentirás que algunas personas no comprenden lo que estas viviendo.
Intentarán hacer que te olvides de tu dolor, comprende que lo hacen para no verte
triste. Piensa que quieren ayudarte, pero que no saben como hacerlo. Busca personas
de confianza que te permitan "estar mal" y desahogarte sin miedo cuando lo necesites.
Date permiso para descansar, disfrutar y divertirte
Date permiso para sentirte bien, reír con los amigos, hacer bromas... Tienes perfecto
derecho y además puede ser de gran ayuda que busques, sin forzar tu propio ritmo,
momentos para disfrutar. Recuerda que tu ser querido querría solo lo mejor para ti y
que los "malos momentos", vendrán por si solos.
Confía en tus propios recursos para salir adelante
Recuerda como pudiste resolver otras situaciones difíciles de tu vida. Repítete a
menudo: "algún día encontraré mi serenidad".

SI VES QUE PASADO UN TIEMPO...

TE SIGUES SINTIENDO ATRAPADO EN TU SUFRIMIENTO

EL ABATIMIENTO SE HACE MÁS PROFUNDO

DEPENDES MÁS DE LOS MEDICAMENTOS O EL ALCOHOL


EL DESEO DE MORIR SE HACE MÁS INTENSO…

BUSCA UN PROFESIONAL QUE TE AYUDE A ELABORAR EL DUELO


ADECUADAMENTE.

No es fuerte el que no necesita ayuda, sino el que tiene el valor de pedirla cuando la
necesita.

CUATRO PASOS HACIA LA RECUPERACIÓN

Dicen que el tiempo lo cura todo. Pero el tiempo, por si solo, no hace nada. Lo que
ayuda realmente es lo que tú haces con el tiempo.
¿Estás utilizando el tiempo para ACEPTAR LA PÉRDIDA, para reconocer que tu ser
querido ha muerto y no lo vas a recuperar?
¿Estas utilizando el tiempo para expresar las emociones y SENTIR EL DOLOR que
supone para ti esa pérdida?
¿Estás utilizando el tiempo para APRENDER A VIVIR sin esa persona querida?
¿Estas utilizando el tiempo para, poco a poco, CENTRARTE EN TI MISMO/A y en esas
personas que te quieren?
Si quieres sanar tu herida, si no quieres arrastrar, no basta pues con esperar a que
todo se pase, o seguir viviendo como si nada hubiera pasado. Necesitas dar algunos
difíciles pasos para recuperarte de tu pérdida. No existen atajos para el dolor.
Recuerda que tienes que vivir momentos duros y emociones intensas y que tu estás
muy vulnerable. No te exijas pues tampoco demasiado. Se amable contigo mismo y
respeta tu propio ritmo de curación.
Aceptar la pérdida
Aunque sea la cosa más difícil que has hecho en toda tu vida, ahora debes aceptar
esta dura realidad: tu ser querido ha muerto y no va a regresar.
Hablar de tu pérdida, contar las circunstancias de la muerte, visitar el cementerio o el
lugar donde se esparcieron los restos…Todo esto te puede ayudar poco a poco, y con
mucho dolor, a ir aceptando el hecho de la muerte. Sabrás que has podido dar este
paso cuando pierdas toda esperanza de recuperar a tu familiar o amigo.
Aceptar la pérdida puede resultar más difícil si no pudiste ver el cadáver y muy difícil, si
nunca se recuperó.
Sentir el dolor
Necesitas sentir el dolor y todas las emociones que le acompañan: tristeza, rabia,
miedo, culpa…
Habrá personas que te dirán: “Tienes que ser fuerte”. No les hagas caso. No escondas
tu dolor. Comparte lo que te está pasando con tu familia, amigos de confianza…No te
guardes todo para ti mismo por miedo a cansar o molestar.
Busca aquellas personas con las cuales puedes expresarte tal y como estás.
Aprender a vivir sin esa persona
Hacer el duelo significa también aprender a vivir sólo/a, aprender a tomar decisiones
por ti mismo/a, aprender a desempeñar tareas que antes hacía el fallecido, aprender
nuevas formas de relación con la familia y amigos...
Centrarse en ti mismo/a, en la vida y en los vivos
Llega un momento en que sabes que es necesario soltar el dolor y el pasado. La vida
te espera llena de nuevas posibilidades.
No hay nada malo en querer disfrutar, en querer ser feliz, en querer establecer nuevas
relaciones… En el caso de la muerte de la pareja, no hay motivo para avergonzarse si
aparece de nuevo el deseo sexual. En realidad, el corazón herido cicatriza abriéndose
a los demás.
Esto es lo que escribía una adolescente a su madre 2 años después de perder a su
padre: “Existen otras personas a las que amar, y eso, no significa que quiero menos a
papá”.

Finalizar el duelo no es olvidar...


 Es buscar para tu ser querido, el lugar que merece entre los tesoros de tu
corazón.
 Es poder pensar en él, y no sentir ya ese latigazo de dolor.
 Es recordarle con ternura y sentir que el tiempo que compartiste con él o con ella
fue un gran regalo.
 Es poder dar un sentido a todo lo que has vivido en estos meses o años.
 Es entender con el corazón en la mano que el AMOR no se acaba con la muerte
En cierto modo, nunca te recuperas de una pérdida significativa, porque ésta
inevitablemente te cambia. Tu puedes escoger si ese cambio será a mejor.
CÓMO AYUDAR A ALGUIEN QUE HA PERDIDO
UN SER QUERIDO

Si quieres acompañar a un familiar o amigo que ha perdido un ser querido, y no sabes cómo
hacerlo, te proponemos una serie de senderos o indicaciones sobre la mejor manera de ayudarle.
Evitar las frases hechas
La incomodidad nos mueve a recurrir a expresiones que no ayudan para nada: “Tienes
que olvidar”, "Mejor así, dejó de sufrir”, "El tiempo todo lo cura", “Manténte fuerte por
los niños”, "es la voluntad de Dios", "Es ley de vida"…
Lo que más necesitan al principio es hablar y llorar. No decirle que tiene que
sobreponerse, ya lo hará a su tiempo.
Si no sabes que decir, no digas nada. Escucha, estate presente, sin pensar que tienes
que dar consejos constantemente o estar levantando el ánimo.
Si no sabes que hacer, colaborar en algunas tareas cotidianas o ayudar en el papeleo,
puede ser una buena manera de ayudarlo/a.
Tener en cuenta las actitudes que no ayudan
No le digas que le comprendes si no has pasado por una situación similar.
No intentes buscar una justificación a lo que ha ocurrido.
No te empeñes en animarle/a o tranquilizarle/a. Posiblemente lo que necesita sólo es
que le escuches.
No le quites importancia a lo que ha sucedido hablándole de lo que todavía le queda.
No intentes hacerle ver las ventajas de una nueva etapa en su vida. No es el momento.
Dejar que se desahogue
Sentir y expresar el dolor, la tristeza, la rabia, el miedo…por la muerte de un ser
querido, es el ÚNICO camino que existe para cerrar y curar la herida por la pérdida.
Estás equivocado/a si piensas verle o dejarle llorar y emocionarse, no sirve más que
para añadir más dolor al dolor.
Estas equivocado/a si crees que ayudar a alguien que sufre es distraerle de su dolor.
Mediante la vivencia y expresión de los sentimientos, la persona en duelo se siente
aliviada y liberada.
A veces, podemos cortar las emociones del otro para protegernos de las nuestras.
No temas nombrar y hablar de la persona fallecida por miedo a que se emocione. Si
llora, no tienes que decir o hacer nada especial, lo que más necesita en esos
momentos es tu presencia, tu cercanía, tu compañía y tu afecto.
No temas tu mismo llorar o emocionarte. No hay nada malo en mostrar tu pena, en
mostrar que a ti también te afecta lo que ha pasado, en mostrar que te duele ver a tu
amigo/a o familiar en esa situación.
Permitir que hable del ser querido que ha muerto
Permitir que hable todo el tiempo y todas las veces que lo necesite.
Una pareja de padres expresaba su pesar con estas palabras:
“Los parientes y los amigos rehuyen hablar o pronunciar el nombre de nuestra hija,
desviando la conversación hacia cualquier otro tema. Tal vez tengan miedo de
alterarnos o hacernos llorar. Pero, ¿qué pretenden? ¿qué la olvidemos o que no
lloremos más?
Comparte con tu familiar o amigo/a recuerdos de la persona fallecida (ver fotos, contar
anécdotas...)
Recordar a la persona amada es un consuelo para los supervivientes. Repetir y evocar
los recuerdos es parte del camino que tienen que recorrer para sanar su herida.
Mantener el contacto
Una viuda se lamentaba: "había más de 400 personas en el funeral de mi marido.
Entonces se ofrecieron muchos para ayudarme. ¿Dónde están ahora, después de tres
meses?"
El contacto puede mantenerse de muchas maneras. Puedes hacerle una visita, quedar
para tomar un café o dar un paseo, enviar una carta o un email. Con una llamada
telefónica, por ejemplo, puedes romper su soledad y recordarle que no está solo/a, que
alguien está pensando en él o ella.
Las fiestas y aniversarios son momentos particularmente dolorosos en los que
podemos hacer un esfuerzo especial para estar cerca de la persona en duelo.

Duelo en niños

Ser completamente honestos con el niño/a


Acompañar a un niño en duelo significa ante todo NO APARTARLE de la realidad que
se está viviendo, con el pretexto de ahorrarle sufrimiento. Aunque por razones de edad,
no comprenda todavía lo que es la muerte, es perfectamente sensible a la reacción y el
llanto de los adultos, a los cambios en la rutina de la casa, a la ausencia de contacto
físico con la persona fallecida…, es decir, se da cuenta que algo pasa y le afecta.
Solamente en el caso de muertes repentinas e inesperadas, sería aconsejable (aunque
no siempre posible) apartar al niño durante las primeras horas o días. De esta manera,
evitaremos que pueda presenciar escenas desgarradoras de dolor y pérdida de control
de los adultos.
Aunque resulte muy doloroso y difícil hablar de la muerte con el niño, es mejor hacerlo
lo antes posible. Pasadas las primeras horas de mayor dramatismo y confusión,
buscaremos un momento y un lugar adecuado y le explicaremos, con un lenguaje
adecuado a su edad, lo ocurrido. Haremos un esfuerzo por contestar todas sus
preguntas. Si no tenemos alguna respuesta, le diremos sencillamente que no lo
sabemos.
Para los niños menores de 3 años, la muerte es algo provisional y reversible. Será pues
necesario ser pacientes para explicarle una y otra vez lo ocurrido y lo que significa la
muerte. Recordar que para que pueda iniciar adecuadamente el proceso de duelo, es
necesario que deje de esperar a su ser querido, y llegar a comprender que éste no
regresará nunca (alrededor de la edad de 4 años).
Evitar pues frases del tipo: "Se ha quedado dormido para siempre" (pueden temer no
poder despertarse), "Se ha marchado de viaje", "Dios se lo ha llevado"…
Para que el niño entienda qué es la muerte, suele ser útil emplear ejemplos traídos de
la naturaleza: las hojas en otoño, la muerte en los animales…
Explicarle que los médicos y las enfermeras hicieron lo posible para "arreglar" el
cuerpo, pero que, a veces, está tan herido o enfermo que las medicinas no le pueden
curar.
Es muy difícil, además de inútil, esconder la causa de la muerte al niño.
Es el caso del suicidio, la experiencia nos dice que como todos a su alrededor lo saben,
tarde o temprano se acaban enterando. Es mejor pues explicar al niño qué es el
suicidio, y responder a sus preguntas. Si quiere saber el porqué, podemos decirle, por
ejemplo, que la persona fallecida no tenía ya ganas de vivir…

Permitir que participe en los ritos funerarios


Animar al niño asistir y participar en el velatorio, funeral, entierro… Tomar parte en
estos actos puede ayudarle a comprender qué es la muerte y a iniciar mejor el proceso
de duelo.
Si es posible, es aconsejable explicarle con antelación qué verá, qué escuchará y el
porqué de estos ritos.
Animar también al niño a ver el cadáver. Muchos niños tienen ideas falsas con el
cuerpo. Comentarle que el cuerpo deja de moverse, de respirar, de comer, de hablar,
de ir al baño, y no siente dolor. Dejarle bien claro que ya no siente nada; ni lo malo, ni
el frío, ni el hambre…Antes de que vea el cadáver, explicarle dónde estará, qué
aspecto tendrá…Si el niño no quiere ver el cadáver o participar en algún acto, NO
FORZARLE NUNCA en contra su voluntad.
Si los padres o padre superviviente están demasiado afectados para ocuparse del niño,
puede ser conveniente que otra persona se responsabilice de acompañarle durante
estos actos. Es preferible que sea alguien cercano al niño, que le permita expresar sus
emociones y se sienta cómodo contestando sus preguntas.

Animarle a expresar lo que siente


Aunque no siempre las expresen, los niños viven emociones intensas tras la pérdida de
una persona amada. Si perciben que estos sentimientos (rabia, miedo, tristeza…) son
aceptados por su familia, los expresarán más fácilmente, y esto les ayudará a vivir de
manera más adecuada la separación. Frases como: "no llores", "no estés triste", "tienes
que ser valiente", "no está bien enfadarse así" …, pueden cortar la libre expresión de
emociones e impiden que el niño se desahogue.
El niño suele sentir rabia y enfado por haber sido abandonado, y puede expresarla de
muchas maneras: irritabilidad, pesadillas, juegos ruidosos, travesuras…Es frecuente
que dirijan el enfado hacia un familiar cercano. Permitirle que saque la rabia gritando,
corriendo, golpeando (con cojines por ej.)…
Los niños más pequeños creen que la muerte es contagiosa y pueden pensar que
pronto le llegará su turno. Explicarles que no tienen nada que temer. Pueden pensar
también que algo que dijeron o pensaron causó la muerte. Decirles bien claro que ellos
no son responsables.
Los tres temores más frecuentes del niño:

¿Causé yo la muerte?
¿Me pasará esto a mi?
¿Quién me va a cuidar?
Respetar su manera de afrontar la pérdida
Tener en cuenta que su manera de expresar el sufrimiento por la pérdida, no suele ser
un estado de tristeza y abatimiento como el de los adultos. Es más frecuente apreciar
cambios en el carácter, cambios frecuentes de humor, disminución del rendimiento
escolar, alteraciones en la alimentación y el sueño…
Aunque el niño sepa que su ser querido ha muerto, siente necesidad de seguir
manteniendo una relación afectiva, y así, la persona fallecida puede por un tiempo
convertirse en un padre o madre imaginario. En algunos casos, podemos ayudar al
niño dándole algún objeto personal del fallecido, que este conserve como un recuerdo
precioso y una forma de unión íntima con él.
Con sus compañeros y amigos pueden jugar a morirse, al entierro…Todos estos
comportamientos son absolutamente normales y tienen que ser respetados como
necesarios para que el niño realice de forma adecuada el duelo.
Lo más habitual, es que el niño elabore el duelo alternando fases de preguntas y
expresión emocional, con intervalos en que no menciona para nada el asunto.
Mantenerse física y emocionalmente
cerca del niño
No es malo que los niños vean el dolor y la tristeza. No tengamos miedo de mostrar los
propios sentimientos delante del niño (excepto manifestaciones violentas de rabia y
dolor) Cuando le mostramos lo que sentimos, el niño nos percibe más cercanos, y es
más fácil que nos diga el también, lo que le está pasando.
Permitirle estar cerca, sentarse a su lado, sostenerlo en brazos, abrazarlo, escucharle,
llorar con él…Podemos también dejar que duerma cerca, aunque mejor en distinta
cama.
Puede ser adecuado también buscar momentos para estar separados: dejarle sólo en
su habitación, dejarle salir a jugar con un amigo… Si es necesario, tranquilizarle
diciéndole que estaremos ahí por si nos necesita.
El niño intuye enseguida que la muerte va a tener muchas consecuencias en la familia.
Es bueno decirle que, aunque estamos muy tristes por lo ocurrido, vamos a seguir
ocupándonos de él lo mejor posible.
El niño puede temer también ser abandonado por el familiar sobreviviente. Asegurarle
que, aunque está muy afectado por la pérdida, se encuentra bien y no le va a pasar lo
mismo.
Asegurarles que vamos a seguir queriendo a la persona fallecida y que nunca la
olvidaremos
Estar atentos a la aparición de algunos
signos de alerta
Un periodo prolongado durante el cual el niño pierde interés por las actividades o
acontecimientos de la vida cotidiana.

Dificultades para conciliar el sueño.

Pérdida de apetito.

Miedo de quedarse solo.

Comportamiento infantil (hacerse pis, hablar como un bebé, pedir comida a menudo…)
durante tiempo prolongado.

Imitación excesiva de la persona fallecida, expresiones repetidas del deseo de


reencontrarse con el fallecido.

Alejamiento de las amistades.

Fracaso escolar importante o negativa de ir a la escuela.


LA PRESENCIA PROLONGADA DE ALGUNO O VARIOS DE ESTOS SIGNOS
PUEDEN INDICAR LA NECESIDAD DE PEDIR AYUDA PROFESIONAL QUE
VALORE LA SITUACIÓN, FACILITE LA ACEPTACIÓN DE LA MUERTE Y ASESORE
A LA FAMILIA EN EL PROCESO DE DUELO.

EL DUELO EN EL ADOLESCENTE

Se pide a menudo a los adolescentes ser fuertes


Muchas veces el adolescente, aunque sufra intensas emociones, no las comparte con nadie,
porque se siente, de alguna manera, presionado a comportarse como si se las arreglara
mejor de lo que realmente lo hace.
Después del fallecimiento de su padre, su madre o de su hermano/a, se le puede pedir "ser
fuerte" y "mantener el tipo" delante del otro padre. No se siente capaz de sobrevivir a su
propio dolor y además se les exige que sostengan a otros.
Este tipo de conflictos puede tener como resultado que el adolescente renuncie a vivir su
propio duelo (duelo aplazado o congelado).
El/la adolescente puede sentir mucha rabia, miedo, impotencia...y preguntarse por qué y
para qué vivir.
La adolescencia suele ser ya una etapa difícil
El/la adolescente tiene que hacer frente a la pérdida de un ser querido, al mismo tiempo
que hace frente a todos los cambios, dificultades y conflictos propios de su edad.
Aunque exteriormente parezca ya un adulto, el desarrollo del cuerpo no va siempre a la par
con la madurez afectiva. Es por eso que necesita todavía mucho apoyo afectivo para
emprender el doloroso y difícil proceso de duelo.
Puede faltarles ayuda
Como hemos mencionado antes, es frecuente que se espere del/de la adolescente que sea
adulto/a y se haga cargo de cuidar y ayudar al resto de la familia, sobretodo al padre o
madre sobreviviente o a los hermanos más pequeños.
Podemos pensar que entonces puede encontrar alivio y ayuda en sus amigos. Pero cuando
se trata de la muerte, salvo que se haya vivido una situación similar, los amigos se sienten
impotentes y pueden ignorarlo totalmente.
Conflictos de relación
El esfuerzo del adolescente para ser cada vez más independiente de sus padres, suele
acompañarse de conflictos y problemas en la relación. Atravesar un periodo de
desvalorización de su familia es una forma normal, aunque difícil, de separarse de ellos.
Si su padre o su madre fallecen mientras está alejándose física y emocionalmente de ellos,
puede experimentar un gran sentimiento de culpa y de "tarea inacabada". Aunque la
necesidad de separarse es perfectamente natural, esta experiencia puede hacer el proceso
de duelo más complicado.
Signos que indican que un adolescente necesita más ayuda
Como hemos visto, son varios los motivos que determinan que el duelo en el adolescente sea
más difícil. Algunos adolescentes pueden incluso mostrar un comportamiento inoportuno o
preocupante.
Vigilar los siguientes comportamientos:
 Síntomas de depresión, dificultades para dormir, impaciencia, baja autoestima.
 Fracaso escolar o indiferencia hacia las actividades extraescolares.
 Deterioro de la s relaciones familiares o con los amigos.
 Conductas de riesgo: abuso del alcohol y otras drogas, peleas, relaciones sexuales sin
medidas preventivas…
 Negación del dolor y alardes de fuerza y madurez.

IMPORTANTE: LA PRESENCIA PROLONGADA DE ALGUNO O VARIOS DE ESTOS


SIGNOS PUEDEN INDICAR LA NECESIDAD DE PEDIR AYUDA PROFESIONAL
QUE VALORE LA SITUACIÓN, FACILITE LA ACEPTACIÓN DE LA MUERTE Y
ASESORE AL ADOLESCENTE Y SU FAMILIA EN EL PROCESO DE DUELO

EL SUICIDIO DE UN SER QUERIDO


La muerte por suicidio deja tras de sí muchas preguntas: ¿por qué lo hizo? ¿Podíamos
haberlo evitado? ... Por más que lo intentas, no consigues entender las razones que le
llevaron a quitarse la vida. Procura no atormentarte demasiado buscando el porqué, y
con el tiempo algunas respuestas irán saliendo a la luz.
Es frecuente también un sentimiento de vergüenza, que lleva a no querer hablar de las
circunstancias de la muerte. Algunas personas necesitan mucho tiempo solamente para
pronunciar la palabra suicidio.
Seguramente te invade también un sentimiento de culpabilidad. Te puedes sentir mal
por algo que dijiste o hiciste. La sensación de culpa es algo perfectamente normal
después de una muerte de estas características. Uno se reprocha el no haberse dado
cuenta de lo mal que estaba... y suele quedar una fuerte sensación de no haber sabido
cuidarle. Piensa que con el tiempo, pasarás simplemente a lamentar algunas cosas del
pasado, y que llegará el día, en que sólo quede un sentimiento de impotencia ante la
muerte
Después del suicidio de un ser querido, es natural sentir mucha rabia y enfado hacia la
persona que te abandonó (¡Cómo has podido hacerme esto!), hacia Dios que no hizo
nada por impedirlo, y hacia todos los que han podido contribuir directa o indirectamente
en la realización de esta acción desesperada. La rabia es un sentimiento pasajero, y
como tal, irá disminuyendo. Mientras tanto, busca formas positivas de canalizar tu
cólera, sin autocastigarte y sin herir inútilmente a otras personas.
Recuerda que no pudiste elegir por él o por ella, y que la decisión del suicidio fue
enteramente suya. Acepta también que a pesar de lo que hayas podido decirle, tus
palabras no han tenido nada que ver con su decisión.
A medida que la tormenta de emociones vaya calmándose, surgirá poco a poco la
aceptación. Date tiempo para llegar allí, un duelo por suicidio necesita más tiempo para
sanar. Se paciente contigo mismo y verás el día que aceptes su elección.
Si sientes deseos de quitarte la vida, no esperes, y antes de que puedas hacer algo
irreversible, acude a un profesional que te ayude a buscar alternativas y a utilizar todos
tus recursos personales para salir adelante.
El sufrimiento puede enseñar a dar un nuevo sentido a la vida, a cambiar tus valores y
tus prioridades. Quizás ahora te parezca imposible, pero irás encontrándote mejor,
serás capaz de perdonar, y llegara un día en que podrás decir que la vida continua y
que te sientes feliz por estar vivo.
LA MUERTE DE UN HIJO Y SU IMPACTO EN LA PAREJA

La muerte de un hijo o una hija es una de las experiencias más duras, difíciles y
dolorosas que puede sufrir un ser humano.
Los padres se sienten responsables de la protección de sus hijos y, su pérdida, suele
ser vivida como un fracaso y con una gran culpabilidad.
Es frecuente que la muerte de un hijo produzca tensiones y conflictos en la vida de
pareja:

Dificultades para aceptar que la pareja viva la pérdida a su manera. Un miembro


de la pareja puede sentir, por ejemplo, que al otro no le importa la muerte lo suficiente
(quizás porque no llora o porque no quiere hablar del fallecido). A veces, la necesidad
de parecer fuerte, puede interpretarse por el otro como falta de interés.
Culpar a la pareja. Es frecuente que uno de los miembros de la pareja piense que el
otro es de alguna manera responsable de la muerte. Esto se puede traducir en
reproches continuos o en sentimientos de impaciencia e irritabilidad hacia el otro.
Falta de sincronicidad. Puede ocurrir que la pareja no viva al mismo tiempo los
momentos de mayor dolor o las recaídas. Esto puede crear la sensación de que uno
siempre está inmerso en el dolor, y puede contribuir a que se eviten el uno al otro en
los momentos difíciles, para no recaer en el sufrimiento.
Las relaciones sexuales. En las relaciones sexuales, puede ocurrir que las
necesidades de uno incluso aumenten, mientras que las del otro disminuyan o
desaparezcan. Esto puede ser fuente importante de conflictos. El hombre, en general,
tiene una sexualidad más genital, y es capaz de separar el deseo sexual de su
situación emotiva.
Algunas sugerencias: Convéncete que te resultará muy difícil sobrellevar esta
situación solo o sola. Si no puedes aceptar que tu pareja viva y sienta la muerte a su
manera, busca una o dos personas de confianza con quien compartir tu dolor. Procura
mantenerte lo más unido posible a tu pareja. Poned palabras a lo que os está pasando,
ayudaros mutuamente.
Los otros hermanos. La pareja puede estar tan afectada por su propio dolor, que
descuide a los otros hermanos. Ellos también sufren intensamente la pérdida, se
sienten culpables y pueden tener necesidad de desahogarse. Hablar del fallecido y
compartir, cada uno a su estilo, el dolor por la pérdida, puede ser la mejor manera de
ayudarse unos a otros y afrontar sanamente la experiencia de duelo.

IMPORTANTE: SI VEIS QUE OS ESTÁIS ALEJANDO EL UNO DEL OTRO Y QUE


VUESTRA RELACIÓN SE DETERIORA DÍA A DÍA, NO DUDÉIS EN PEDIR AYUDA A
UN PROFESIONAL QUE OS ASESORE Y OS AYUDE A ENFRENTAR LAS
DIFICULTADES.

En ninguna otra situación como en el duelo, el dolor producido es TOTAL: es un dolor


biológico (duele el cuerpo), psicológico (duele la personalidad), social (duele la
sociedad y su forma de ser), familiar (nos duele el dolor de otros) y espiritual (duele el
alma). En la pérdida de un ser querido duele el pasado, el presente y especialmente el
futuro. Toda la vida, en su conjunto, duele.
J. MONTOYA CARRAQUILLA
Cuando eres consciente de la muerte, acabas asumiendo tu propia soledad.
ROSA REGÁS
Cuando se muere alguien que nos sueña, se muere una parte de nosotros.
MIGUEL DE UNAMUNO
Amar a alguien, es decirle: no morirás.
GABRIEL MARCEL
Lo que una vez disfrutamos, nunca lo perdemos. Todo lo que amamos profundamente
se convierte en parte de nosotros mismos.
HELLEN KELLER
El amigo que está en silencio con nosotros, en un momento de angustia o
incertidumbre, que puede compartir nuestro pesar y desconsuelo... y enfrentar con
nosotros la realidad de nuestra impotencia, ése es el amigo que realmente nos quiere.
HENRI NOUWEN
En medio de este atolladero de angustia encontré la fuerza para luchar y salir adelante.
Quizás me di cuenta de que mi esposa no hubiese querido verme así. Algo me hizo
arrancar y aferrarme a la vida y al amor.
WILLIARD KOHN
Aun cuando todavía queden momentos difíciles, cuando llegas a aceptar el dolor
encuentras fuerza en ti mismo y puedes mirar al futuro con esperanza.
El Dios en quien yo creo no nos manda el problema, sino la fuerza para sobrellevarlo.
HAROLD S. KUSHNER
Nadie puede explicarnos el dolor, su ilimitado alcance ni sus profundidades
enigmáticas. Nadie nos puede descubrir el vacío que deja en el mismo centro de
nuestro ser, un vacío que nada lo llena.
RUTH COUGHLIN
Nunca nadie me dijo que el dolor se sentía como se siente el miedo... La misma tensión
en el estómago, el mismo desasosiego.
C.S. LEWIS (Una pena en observación)
"Eres más consciente que antes de lo que es importante y lo que es trivial. Tu ser
querido vivió, pero tú todavía estas vivo. ¡Vale la pena esperar al futuro!
H. DAVID THOREAU
El pesar oculto, como un horno cerrado, quema el corazón hasta reducirlo en cenizas.
W. SHAKESPEARE.
La muerte se lleva todo lo que no fue, pero nosotros nos quedamos con lo que tuvimos.
MARIO ROJZMAN
Lo que importa no es lo que la vida te hace, sino lo que tú haces con lo que la vida te
hace.
EDGAR JACKSON
Señor, dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para
cambiar las cosas que puedo y sabiduría para poder diferenciarlas.
REINHOLD NIEBUHR
CUÁNDO PEDIR AYUDA

Aunque el dolor, la soledad y los trastornos que acompañan al duelo son algo normal y
natural (ver reacciones habituales), debemos plantearnos seriamente hablar con
alguien sobre nuestro duelo si tenemos alguno de las siguientes reacciones:
Intensos sentimientos de culpa, provocados por cosas diferentes a las que hicimos o
dejamos de hacer en el momento de la muerte de nuestro ser querido.
Pensamientos de suicidio que van más allá del deseo pasivo de "estar muerto" o de
poder reunirnos con nuestro ser querido.
Desesperación extrema; la sensación mantenida de que por mucho que lo intentemos
nunca vamos a volver a recuperar una vida que valga la pena (la vida se ha terminado
para mí).
Inquietud o depresión prolongadas, la sensación de estar "atrapado" o "ralentizado"
mantenida a lo largo de periodos de varios meses; o, por el contrario, la sensación de
estar bloqueada, incapaz de sentir nada.
Síntomas físicos, como la sensación de tener un cuchillo clavado en el pecho o una
pérdida importante de peso, que pueden representar una amenaza para nuestra salud
física.
Ira incontrolada, que hace que nuestros amigos y seres queridos se distancien o que
nos lleva a "planear la venganza" de nuestra pérdida.
Dificultades continuadas de funcionamiento que se ponen de manifiesto en nuestra
incapacidad para conservar el trabajo o realizar las tareas necesarias para la vida
cotidiana.
Abuso de sustancias, confiando demasiado en las drogas o el alcohol para
amortiguar el dolor por la pérdida.
(Tomado de R.A. Neimeyer: Aprender de la pérdida. Una guía para afrontar el duelo.
Ediciones Paidos. Barcelona 2002)
Aunque la presencia de cualquiera de estos síntomas puede ser una característica
pasajera de un proceso normal de duelo, su presencia continuada debe ser causa de
preocupación y merece la atención de un profesional cualificado.
No es fuerte el que no necesita ayuda, sino el que tiene el valor de pedirla cuando la
necesita.
Ayuda para niños en duelo
Libros con ilustraciones
El abuelo del osito
Nigel Gray y Vanesa Cabban
No había nada que le gustara tanto al osito como ir a visitar a su abuelo y que le contara
historias de cuando era joven. Pero un día se lo llevaron e hospital y el abuelo se durmió
de la manera más profunda posible….

Te echo de menos
Paul Verrept
Carla era mi mejor amiga. Un día se mudó con sus papás. Yo me sentía raro. “Creo que
echas de menos a Carla” dijo mamá. “¿Qué quiere decir echar de menos?” Pensaba en
Carla y también en la abuela. La abuela murió.

Estirar la pata o cómo envejecemos


Babette Cole
Dos abuelitos nos cuentan, en clave de humor, cómo de ser bebés con cuatro pelos
pasamos a tener ochenta años y estar calvos y algo arrugados….
Mamá, ¿qué es el cielo?
María Shriver
Un libro par personas de cualquier religión y un punto de partida para padres que tengan
que abordar con sus hijos la cuestión de la muerte, con respuestas cariñosas, convincentes
e inspiradas.

Beta. Reúne fuerzas para afrontar el cáncer


Paulina Vergés de Echenique
Este cuento facilita la posibilidad de reflexión, crecimiento personal y elaboración de
sentimientos positivos ante procesos dolorosos como la enfermedad o la pérdida de un ser
querida.

El cuento de Thumpy
Nancy C.Dodge
Tumpy, el conejito comparte el dolor y las preocupaciones que siente cuando muere su
hermana repentinamente. La familia se une y se da ayuda mutua para sanar la pérdida y
crecer en una experiencia curativa. Este libro leído en compañía de un adulto suscita en el
niño preguntas que nos orientarán en el mapa de su estado emocional.

Tom en el hospital
Marie.Aline Bawin y Chritophe Le Masne
Tom ingresa en el hospital para una operación. Pero a pesar de la cariñosa acogida de las
enfermeras, la presencia tranquilizadora de sus padres y la simpatía de Gaspar, su
compañero de habitación, Tom no está del todo tranquilo. Una buena herramienta para
familiarizar a los niños con el mundo sanitario, y para aquellos que tienen que pasar por
la experiencia de un ingreso hospitalario.

Los recuerdos viven eternamente


Sharon Rugg
Un libro muy especial lleno de actividades, textos y poemas para ayudar a los niños a
“trabajar sus recuerdos”, una de las necesidades más centrales a tratar con niños
desconsolados por una muerte, ya sea de un abuelo, padre o hermano. Este libro enseña a
los niños que la vida vale la pena y que los seres queridos que nos han dejado pueden
seguir formando parte de nuestras vidas.

Se ha muerto el abuelo
Dominique de Saint Mars y Serge Bloch
El teléfono suena y Max y Lilí se enteran de la muerte del abuelo. Todos van a buscar a la
abuela para el entierro…Una historia para compartir las dudas y las emociones, para
mostrar los miedos, para guardar en el corazón a la gente que queremos y para amar la
vida. Muy válido para establecer una conexión profunda entre el adulto y el niño.

Cuando estoy triste ante la pérdida de un ser querido


Michaelene Mundy
"Los pequeños duendes que vas a encontrar en este libro son como tú, sienten y se
expresan como tú lo harías. Contempla los dibujos y presta atención a los consejos que te
dan..."
Ed/ San Pablo. Madrid 2001

El Proceso de Sobrellevar el Dolor y la Pérdida


de un ser Querido
Todos los padres de niños por nacer abrigan ciertos anhelos y
expectativas para la vida que esperan cobijar. Es posible que
como padres, ni siquiera nos demos cuenta de todo lo que
esperamos de nuestro niño aún por nacer. Sin embargo para
algunos padres, esta imagen de anhelos y expectativas dura
muy poco. A veces, el sueño se convierte en realidad el día en
que nace el bebé, ya que muchas discapacidades son
reconocibles al nacer el niño. Otros padres deben pasar
semanas, meses, o hasta años con sospechas y ansiedad antes
de escuchar el diagnóstico que cambiará la manera en que ellos
viven sus vidas. Cuando un médico explica un diagnóstico a los
padres de un niño con discapacidades, es posible que los padres
sientan emociones intensas. Las reacciones de estos padres
muchas veces siguen las etapas de duelo tal como las describe
Elisabeth Kubler-Ross, autora de un libro titulado Sobre la muerte
y el proceso de muerte: negación, coraje, negociación,
depresión, y aceptación. Los padres que han vivido una pérdida
semejante nos dicen que estas etapas no siguen necesariamente
el orden descrito, terminando con la aceptación como la etapa
final. Más bien el proceso suele tomar la forma de un círculo
donde los sentimientos tales como el coraje y la culpabilidad
aparecen y reaparecen en diferentes momentos.
Muchos padres describen el período inicial del duelo como una
mezcla de culpabilidad, coraje y confusión. Se preguntan por que
le ha pasado esto a su hijo y si ellos mismos han hecho algo para
contibuir al problema. Se dan cuenta de que tienen que
abandonar sueños que ni siquiera sabían que existían.
La intensidad de la tristeza y las emociones fuertes pueden ser
atemorizantes. Conjuntamente con el duelo, la culpa y el coraje,
uno siente una gran confusión que puede compararse a una
parálisis general. Muchos padres sienten dudas acerca de su
habilidad emocional, financiera o física para lidear con la
responsabilidad y sienten miedo de pensar que deben enfrentar
esa responsabilidad.
Muchos padres investigan por su propia para aprender más sobre
la enfermedad de su hijo. Leen la literatura médica más reciente
y hablan con los especialistas y expertos para aprender los
términos y el lenguaje de la comunidad médica con que tendrán
que lidear de ahora en adelante. Al hacerse expertos en la
discapcidad de su hijo los padres tienen la información necesaria
para determinar la mejor manera de cuidar a su hijo.
Sin embargo, en un momento dado, toda familia logra salir del
período de duelo para encontrar una fuerza y dedicación nueva e
inesperada. Uno también se da cuenta de que no se trata
simplemente de lidear con un niño con necesidades especiales;
uno tiene que adaptarse a un estilo de vida totalmente nuevo
Cada familia tiene que aprender a incorporar al niño a la vida de
la familia sin permitir que la discapacidad domine el mundo de la
familia.
Los padres deben trabajar para formar sus propios sistemas de
apoyo emocional, compuesto muchas veces de familiares y
amigos cercanos, personal médico, médicos e investigadores,
maestros, grupos formales de apoyo, grupos informales de
apoyo, asociaciones de discapacitados, trabajadores sociales,
etc. Aún más importante, los padres aprenden que si bien no se
realizaron sus sueños propios, el niño o la niña también tienen
sus propios sueños y expectativas. Esta realización es el
resultado de experiencias y logros que cada famila desarrolla por
sí sola.
A través del camino del proceso de atender a las necesidades de
un hijo discapacitado, vuelven a surgir sentimientos de culpa y
de duelo. Este resurgimiento suele suceder en momentos
significativos para la familia, tales como los cumpleaños y otras
fechas especiales. Es posible que todos los eventos que se
planificaron en función del niño, tales como sus primeros pasos,
el primer día de escuela, etc., no lleguen a realizarse. Cuando
por fin llega el momento especial, uno se siente defraudado y se
siente una tremenda tristeza.
Cuando Muere Un Hijo
Vivir con las emociones extremas y muchas veces contradictorias
cuando una persona cria a un hijo con necesidades especiales,
requiere un amor muy profundo, mucha dedicación y una
resistencia muy especial. La muerte de un niño discapacitado sin
embargo, es un desafío totalmente diferente. Es una trayectoria
cuya finalidad es irreversible y que presenta diferentes desafíos
emocionales.
Los padres que han pasado por esta experiencia cuentan que la
muerte de un hijo no provoca un sentimiento de incredulidad,
como se podría suponer, sino más bien un sentimiento de querer
adueñarse de la vida de nuestro hijo. El dolor profundo hace que
resistamos separarnos emocionalmente del niño y la necesidad
de cuidarlo permanece en nuestro mapa de comportamiento. Sin
embargo, ya no existe la esper-anza de una recuperación y no
hay nada que pueda aliviar ese dolor.
Para algunos padres, hablar con otros padres que han perdido un
hijo puede ser reconfortante. Hay muchas organizaciones que
ofrecen grupos de apoyo para el caso de la muerte de un hijo.
Estos grupos se organizan con personas que han sentido un
dolor semejante. Por ejemplo, una organización internacional:
Amigos con compasión (The Compassionate Friends — TCF)
ayuda a las familias que han perdido un hijo sin tener en cuenta
la edad del hijo.
Hay muchos otros grupos locales de apoyo que se reúnen. Un
grupo llamado Madres que empatizan y apoyan (Mothers in
Sympathy and Support (M.I.S.S.) Foundation) por ejemplo,
provee apoyo sico-social inmediato para familias después de la
muerte de un bebé o niño joven. Muchas asociaciones que se
identifican con una enfermedad específica, ofrecen sus propios
grupos de apoyo, conjuntamente con muchas otras
organizaciones. (Véase el directorio de recursos.)
Siempre es posible y aún probable recuperarse de los
sentimientos intensos de duelo y tristeza, pero el dolor que se
siente dura toda la vida. El cuidar a otros hijos mantiene a uno
en el presente y le ayuda a permanecer en este mundo pero la
presencia de otros niños no alivia el dolor. El dolor del duelo
estará siempre presente.
La Pérdida de un Círculo de Personas que Demostrabansu Afecto.
Otro factor adicional en el proceso de duelo cuando muere un
hijo con necesidades especiales es la desaparición repentina de
un estilo de vida.
Los itinerarios de muchas familias se fijan en base a las
necesidades de los cuidados que debe recibir el niño
discpacitado. Muchas veces, este trabajo pasa a ser la ocupación
única. Incluso, esta ocupación puede llegar a ser la misma
identidad de la persona dedicada al cuidado del niño. El día
entero de esta persona consiste en organizar los cuidados y la
interacción con otras personas que proveen servicos al niño, la
persona que trae el oxígeno, la enfermera especializada, el
terapeuta. Es posible que el círculo social de esa familia consista
de sólo aquellas personas que apoyan las necesidades del hijo
discapacitado. Cuando ese niño muere, el círculo de amigos y
allegados desaparece.
Muchos padres que se encuentran en duelo visitan los grupos de
apoyo por períodos extendidos de tiempo, aveces años, para
poder lidear con cuestiones parecidas a lo que acabamos de
describir. Aceptar estas pérdidas lleva tiempo y cada persona
debe cumplir las etapas de manera única y singular.
Cómo Ayudar con el Proceso de Duelo en los Niños
Las familias tienen la tendencia de descuidar el proceso de duelo
que sufren los otros niños de la familia. Los niños suelen
demostrar curiosidad cuando se trata de una muerte y muchas
veces cumplirán diferentes roles en el intento de querer consolar
a sus padres. Es posible que posterguen su propio proceso de
duelo a fin de ayudar a los padres a procesar la muerte del hijo.
Existen grupos de apoyo para niños para ayudarles a compartir y
sanar su propio dolor. Uno de estos grupos se llama New Song
Center (vea el directorio de recursos).
Como mencionamos anteriormente, el desafío de criar un niño
con necesidades especiales lleva consigo una gama llena de
emociones diferentes referente al duelo en el proceso de la vida
de una familia. Para la familia, la muerte de un hijo con
necesidades especiales trae consigo la misma angustia y
desesperación que acompaña la muerte de cualquier niño. Pero
lleva también otras emociones relacionadas con la experiencia
de ser la persona que ha cuidado a ese niño, emociones
referentes a la propia identidad de los padres, como así también
de la posición de la familia dentro de una determinada estructura
social. Lo importante es recordar que existen personas y grupos
que quieren ayudar a las familias a vivir este desafío de manera
saludable. Estas personas y grupos le ofrecen su fuerza y
suexperiencia y le recuerdan que usted no está solo(a) -- no
importa el camino que transite … no es necesario transitar ese
camino en la soledad. ?

DUELO INFANTIL
INTRODUCCIÓN:
El anhelo del hijo por el padre muerto es especialmente intenso y penoso, sobre todo cuando las
cosas se vuelven más difíciles de lo que eran antes. Ante la noticia de pérdida de un padre
algunos niños lloran otros, en cambio, no. La tendencia a llorar se manifiesta poco en niños
menores de 5 años y en los mayores de 10 es prolongada.
Al igual que los adultos, algunos niño tienen en ocasiones imágenes vívidas del padre muerto, las
que están vinculadas con la esperanza de su regreso.
Cuando las condiciones son favorables, el duelo se caracteriza por recuerdos e imágenes de la
persona muerta, además de tristeza por su muerte.
En el duelo patológico, el niño tiene dificultades para expresar lo que siente, generalmente se
debe a que los padres reprimen sus sentimientos, o porqué no saben como ayudar al niño a
superar esto.
Luego de la pérdida de un padre se debe estar atento al comportamiento o reacción de un niño
para poder ayudarlo a tiempo y evitar que algún tipo de conducta desadaptativa se fije en él.
Finalmente, creemos que sería importante el pronto inicio de una investigación seria en este
campo ya que la bibliografía e información son escasos, lo que puede presentar problemas al
clínico en un caso de éstos, ya que tendría que actuar en forma experiencial lo que implica un
gran gasto de energía tanto para él como para el paciente.
ASPECTOS QUE INFLUYEN EN LA SITUACIÓN DE DUELO.
El camino que tome el duelo, esta profundamente influido por la manera en que sea tratado, el
padre sobreviviente, por sus parientes y amigos durante las semanas y meses que sigan a la
pérdida.
1.- Lo que se le dice al niño y cuando se le dice:
Los adultos suelen estar presentes cuando muere un deudo o pariente, si no lo están, la
información le llega de todas maneras en forma pronta. En cambio, en nuestra sociedad, esto no
ocurre con los niños, y la información suele llegárles en forma tardía y equívoca. Debido a esto
muchas veces la respuesta del niño no está en consonancia con lo ocurrido.
Cuando muere uno de los padres, casi siempre es el progenitor sobreviviente el que informa a los
hijos de éste hecho, lo que obviamente es un paso penoso y difícil.
En la mayor parte de los casos, esta información se entrega en forma inmediata, pero en algunos
llega a postergarse por semanas e incluso meses.
Generalmente, se le informa al niño que el padre muerto se ha ido de viaje o que está en el
hospital. El padre sobreviviente es muy llevado a decir, también al niño, que el otro se fue al
cielo, esto en una familia devota no presenta mayores dificultades, pero cuando la familia no lo
es se crean dificultades pues hay una discrepancia entre lo que el padre cree y lo que se le dice al
niño. En este caso, el cielo, para el niño, no pasa a ser diferente de otros lugares físicos como
Rancagua, Arica, etc, y el niño comienza a preguntar donde queda este lugar, quienes viven ahí,
etc. El niño, suele creer entonces que el padre muerto regresará pronto; Ej: a un niño de 4 años le
dijeron que su padre muerto se había ido al cielo, el día de su cumpleaños lloró porque éste no
llegó a verlo.
Otra explicación que se les da a los niños cuando muere alguien es que esta persona se ha ido a
dormir, el niño no entiende que se trata sólo de una metáfora y para él, el irse a dormir, pasa a
convertirse en un hecho peligroso.
Ahora bien, los dos tipos de informaciones decisivas que se le deben entregar al niño son:
- El padre muerto no regresará.
- El cuerpo se encuentra sepultado bajo tierra.
Esta información es difícil de entregar porqué el padre sobreviviente busca proteger al hijo de la
impresión de muerte y de la situación de duelo.
Por lo común no se lleva al niño al entierro, y si se lo lleva, no se le explica la razón de estar ahí;
Ej: dos hijos son llevados al entierro de uno de sus padres, pero ellos no sabían que es lo que
estaba sucediendo allí, ni tampoco se atrevían a preguntar.
Se debe tener en cuenta que los niños interpretan rápidamente los signos, y cuando un padre
teme expresar sus sentimientos, los hijos también reprimen los suyos y dejan de hacer preguntas
al respecto, por este motivo algunos niños suelen negar la muerte de un padre.
- Lo que se debe hacer:
-El 1º paso consiste en brindar apoyo al padre sobreviviente de manera tal que pueda
reflexionar sobre lo ocurrido. Se le debe ayudar a expresar sus sentimientos e impulsos, de
esta manera el duelo toma un camino sano. Una vez producido esto, se hace menos dura la
tarea de incluir a los hijos en el proceso de duelo.
-El padre y los hijos pueden expresar en común sus sentimientos.
-Finalmente debe considerarse que sólo patologías y confusión nacen al ocultar la
información de muerte a un niño, o cuando se reprimen sus sentimientos. Sólo cuando se les
da información verdadera y el apoyo necesario, los niños son capaces de asumir y responder
al duelo en forma realista y sana.
2.- Ideas del Niño sobre la muerte:
Las ideas de muerte de un niño derivan de sus tradiciones familiares y de la relación con su
grupo de pares.
Los niños comienzan a preguntar sobre la muerte cuando ven a un insecto o a un ratón muerto; es
importante, en este momento, responder todas sus dudas para que se forme en él una adecuada
idea de muerte. Lo más importante es decir al niño desde pequeño que todos vamos a morir
algún día, que esta es una ley de la naturaleza y que en ese momento es natural sentir pena y
deseos de que esa persona regrese con nosotros.
3.- Consideraciones Favorables al Duelo
Siempre que las condiciones sean favorables, todo niño va a llorar a un padre desaparecido, igual
que en el duelo sano del adulto.
Las condiciones para el duelo infantil no son tan diferentes a las del duelo del adulto. Las más
significativas son:
- Que haya mantenido una relación razonablemente segura y afectuosa con sus padres antes
de sufrir la pérdida.
- Que se le dé información precisa sobre lo ocurrido, que se le permita hacer toda clase de
preguntas y se le conteste del modo más honesto posible, que participe en la aflicción de la
familia e incluso en las ceremonias fúnebres.
- Que cuente con la consoladora presencia del padre sobreviviente, sino es posible, de un
sustituto de confianza y que tenga la seguridad de que esa relación habrá de continuar.
Reconocemos que en la realidad estas condiciones son difíciles de reunir. Después de la muerte
de un padre, el niño o el adolescente generalmente anhela su presencia con tanta persistencia
como un adulto, a veces abriga la esperanza de que el padre desaparecido pueda volver, otras
veces reconoce de mala gana que eso no puede ser y se pone triste. A veces se puede comprobar
que experimenta una viva sensación de la presencia de la persona muerta. Puede tener estallidos
de cólera por la pérdida sufrida y en otras sentimientos de culpabilidad, también teme que el
padre sobreviviente muera, es decir el resultado de una pérdida es temer sufrir otra pérdida. A
menudo se encontrará ansioso y tendrá conductas difíciles de comprender.
Cuanto menor es el niño menos posibilidades hay de que el duelo se parezca al de un adulto.
Cuando las condiciones son favorables, el duelo de los niños se caracteriza por recuerdos e
imágenes persistentes de la persona y por repetidos accesos de anhelo y tristeza, especialmente
en reuniones de familia y aniversarios o cuando una nueva relación empieza a marchar mal, esto
es importante cuando se espera que un niño con duelo establezca una nueva relación. El niño
debe aprender a diferenciar la relación anterior de la nueva para que ésta prospere, esto es más
decisivo aún cuando se trata de una nueva figura parental, pues surgen las comparaciones que
son inevitables y penosas.
El niño responderá mejor a los nuevos rostros si el padre sobreviviente y/o la nueva figura
parental son sensibles al recuerdo del niño por la relación anterior.
4.- Respuesta a la Partida
El niño frente a la pérdida reacciona de diferentes maneras, algunas de las respuestas a la pérdida
que tienen implicaciones prácticas son la ansiedad, cólera y culpa:
La ansiedad: un niño que sufrió una pérdida teme sufrir otra. Esta actitud lo hará
especialmente sensible a toda separación de la figura que cumple con las funciones de
maternidad y también a cualquier hecho que le parezca indicar otra pérdida, es propenso a
buscar consuelo en algún juguete viejo o manta, algo esperable a su edad.
Cólera o ira: algunos niños pequeños que pierden a un padre se ponen extremadamente
furiosos por el hecho. Suelen pasa inadvertidos y por lo tanto no se consignan, especialmente
cuando la cólera se expresa de manera indirecta.
La culpa será abordada más adelante
PÉRDIDA EN LA NIÑEZ Y TRASTORNO PSIQUIATRICO
Cuando las condiciones de duelo son desfavorables, los niños a los que se les murió un padre
suelen convertirse más que otros en pacientes psiquiatricos. La sintomatología dependerá de la
forma en que fue elaborado el duelo. Estos niños muestran extremada pesadumbre emocional
durante la primera parte de la vida adulta.
Se ha hecho un estudio con la intención de seguir la evolución de niños que sufrieron una
perdida hasta sus 30 años y compararlos con la evolución de niños que no sufrieron ninguna
pérdida.
Existe una significativa correlación entre el sexo del niño remitido a tratamiento y el sexo del
padre muerto. Es más frecuente en niñas que se les murió la madre, y en niños que se les murió
el padre. Los síntomas y problemas presentados por los niños suelen, a si mismo, tomar la forma
de enfermedades neuróticas o trastornos neuróticos, como conducta antisocial o delincuencia.
Los factores posteriores a la muerte son tan o más importante que la muerte misma en cuanto a la
aparición de la misma. La mayoría de los procesos patológicos son el producto de la interacción
de condiciones adversas posteriores a la pérdida con los procesos de duelo puestos en marcha por
ello.
De todas las atribuidas a la pérdida temprana la conducta suicida es la que más aparece en el
testimonio, otras son
- Mostrar alto grado de apego ansioso (sobre dependencia).
- Desarrollar afecciones depresivas de gravedad que llegan incluso a calificarse como
psicóticas.
Con respecto a las depresiones, las ideas suicidas son más elaboradas y persistentes que en los
otros grupos (separación y divorcio), muchas veces les resultaban difíciles de controlar por lo
que buscan ayuda para protegerse. Muchos de los intentos suicidas estaban precedidos por la
pérdida o por la amenaza de una pérdida de una persona importante para ellos.
1.- Motivos que conducen al suicidio:
1. El deseo de reunirse con una persona muerta.
2. El deseo de vengarse de una persona muerta por haberse ido, deseo que puede tomar la
forma de deseos asesinos contra uno mismo suscitados por una persona que se ha ido o
bien deseos de abandonar a otra persona en represalia.
3. El deseo de destruir el sí-mismo a fin de acallar un abrumador sentimiento de culpa por
haber contribuido a una muerte.
4. La sensación de que la vida no vale la pena de ser vivida sin ninguna futura perspectiva
de una relación amorosa con otra persona.
2.- Motivos para hacer una amenaza de suicidio:
1. El deseo de obtener una respuesta solícita de una figura de apego a la que se siente
negligente; éste es el bien conocido grito de ayuda.
2. El deseo de castigar a una figura de apego para obligarla así a ser más atenta.
VARIEDADES PATOLÓGICAS
1.- Ansiedad Persistente.
A) Temor a sufrir otra pérdida:
Quienes pierden a un padre temen perder también al otro, ya sea por abandono o por muerte.
Esto puede evitarse si es que se le explica en forma clara al niño la causa de muerte del otro
padre, respondiendo, además todas sus preguntas al respecto. También deben evitarse
observaciones que directa o indirectamente hagan al niño sentirse responsable de la muerte
del padre o del estado de salud del sobreviviente.
Otra cosa que generalmente no se considera, es el efecto que tienen en un niño las palabras
del padre sobreviviente cuando dice que la vida ya no vale la pena vivirse, o cuando expresa
ideas suicidas.
En el niño es inevitable el temor de ser abandonado cuando uno de los padres muere, esto se
incrementa si se deja al niño con algún deudo o extraño por algún tiempo.
La patología comienza cuando no se reconocen los temores del niño de que pueda suceder tal
cosa, y se agrava cuando son rechazados o reprimidos por el padre sobreviviente.
B) Temor de morir también:
Este tipo de razonamiento es bastante natural, aunque sea equivocado. Como los niños se
identifican con el padre del mismo sexo, suelen creer que cuando muere el padre del mismo
sexo, deben morir ellos también.
Otro problema es que los niños suelen asociar la muerte con algún hecho cercano y tratan de
evitarlo, en lo futuro, para no morir; Ej: A una madre embarazada se le detecta un cáncer y,
debido a su estado y a que este cáncer se encontraba muy avanzado, la madre muere. Tiempo
después la hija manifiesta, en el colegio y en la casa, que no desea tener hijos y que cuando
grande va a ser monja. Una vez en terapia la niña manifiesta que este temor se debe a que ha
asociado el embarazo con la muerte.
2.- Esperanzas de reunión y Deseos de Morir El También:
Es común que los niños guarden la esperanza de reunirse con el padre muerto. Esto se manifiesta
de dos maneras:
- O bien cree que el padre muerto regresará a este mundo
- O bien, el niño desea morir para reunirse con él. Estas se ven fortalecidas por circunstancias
como:
- Promesas hechas por el padre muerto y que no alcanzó a cumplir, y
- Tener buenas relaciones con el hijo, y luego de la muerte, el cuidado y afecto se
vuelven penosos y desdichados para el niño
3.- Persistencia en Culpar o Culparse.
Es muy fácil que un niño le eche la culpa a algo o alguien (incluso a sí mismo) por la muerte de
uno de los padres, ésto se debe a dos razones:
- En general un niño no tiene ideas claras sobre lo que causa la muerte.
- Los niños asignan gran importancia a lo que ven, a lo oyen, o a lo que se les dice.
El 60% de los niños se culpa, o culpa al padre por la muerte del otro. Un niño se echará la culpa
si el padre que muere o el padre sobreviviente trataron de controlarlo diciéndole que su conducta
estaba enfermándole o que sería la causa de su muerte, así mismo cuando oye que un padre
amenaza a otro.
4.- Hiperactividad:
Cuando un niño se muestra excesivamente activo o agresivo, resulta difícil asociar ésto con la
pérdida de uno de los padres. Los niños suelen responder de esta manera cuando el padre
sobreviviente no demuestra cariño por el niño o cuando ambos se llevan mal.
Esta respuesta se da cuando se es incapaz de una adecuada respuesta de duelo, también se da en
los adultos por esta causa.
5.- compulsión a Entregar Cuidados y a Confiar en Sí Mismos:
Se da cuando se hace sentir responsable al niño de los cuidados de un padre. También cuando el
niño ha sido cuidado en forma inapropiada; luego de mostrarse triste y de anhelar amor y apoyo,
se preocupa intensamente de la tristeza de otros y se siente impulsado a hacer lo posible por
ayudarlos y sostenerlos; Ej: Un niño que, luego de la muerte del padre, siente que debe ocupar el
vacío dejado por éste.
6.- Euforia y Despersonalización:
Cierto grado de euforia es común en niños que no han pasado por el adecuado proceso de duelo,
algunas veces parece probable que se deba a una expresión de alivio por quedar ahora anuladas
las molestas restricciones impuestas por el padre muerto. También se da porqué los niños
manifiestan que no quieren estar tristes, el razonamiento es que la persona feliz no muere.
Otro motivo para presentar euforia, se debe a lo descrito por Mitchel en 1966: "La característica
más típica de la persona muerta es su inmovilidad, por lo tanto es natural que un niño que tema
morir se mantenga en constante movimiento. Incluso la idea de mantener con vida a otras
personas contribuye a esta respuesta".
7.- Síntomas Identificatorios y los Accidentes:
Particularmente notorios son aquellos casos en que la pérdida se manifiesta en síntomas que son
la réplica de aquellos que tuvo la persona muerta; Ej. Un niño, que perdió a su madre producto
de un ataque al corazón, manifiesta constantemente que le duele el pecho y que necesita de un
médico, sin que se le halla detectado nada en los exámenes que se le han practicado.
Muchos clínicos creen que aquellos niños que han sufrido una pérdida son más proclives a sufrir
accidentes que otros, muchos antecedentes circunstanciales apoyan esta tesis, aunque no se ha
hecho un estudio serio al respecto.
PERDIDA EN LA CONDUCTA DEL PADRE SOBREVIVIENTE CON LOS HIJOS
Viudas: Cuando un padre muere es inevitable que cambie el modo de tratar a los hijos del
sobreviviente, pues ahora se encuentra en un estado de aflicción y además es el único
responsable de los hijos. La madre sobreviviente debe desempeñar dos roles.
La muerte modifica todos los planes y esperanzas del futuro y precisamente cuando un niño está
más necesitado de afecto, paciencia y comprensión de los adultos que están a su lado, éstos no se
encuentran en condiciones de brindárselos. Una de las posibilidades que se presentan es la de
enviar a los niños a otra parte, otra forma frecuente de reaccionar es la contraria, es decir, que el
padre busque consuelo para sí en los hijos, en estos casos los hijos suelen compartir la cama con
el padre sobreviviente. También es común que se abrume al niño con responsabilidades o
exigencias demasiado elevadas que no le son fáciles de llevar, en otros casos se le exige al niño
que sea una replica del padre muerto, asimismo se observa ansiedad y preocupación por la salud
del niño y de la propia.
Ansiosa y emocionalmente inestable una viuda suele ser excesivamente laxa en los modos de
disciplina con los hijos, pasando frecuentemente de un extremo a otro, o sea puede llegar a ser
muy estricta también.
Viudos: Cuando se trata de hijas, los padres viudos suelen exigirle demasiado en cuanto a la
compañía y el consuelo. Cuando se trata de hijos pequeños, el padre encarga el cuidado de los
hijos a otra persona y los ve menos.
Finalmente, muchas de las dificultades que experimenten los niños luego de la pérdida de uno de
los padres dependerá de la conducta del padre sobreviviente con ellos.
INTERVENCIÓN TERAPEUTICA
- Rectificación de las fantasías de muerte.
- Trabajar la idealización del padre muerto.
- Terapia familiar:
a) Trabajar la elaboración de su propio duelo.
b) Aceptar al niño tal cual es, sin asignarle funciones del difunto.
c) Eliminar los beneficios secundarios que obtiene el niño en relación con el manejo
de la pérdida.
d) Colaborar en la desidealización del padre muerto.
e) Aceptar las emociones que se vivencian en relación al padre muerto.
El duelo en los niños
Lic. Marta Craichik

Es difícil para todos hablar de situaciones dolorosas en la infancia porque siempre el adulto que
lo acompaña está involucrado. Además es importante destacar la edad del niño cuando ocurre la
pérdida de un ser cercano en el afecto y en el significado: padres, hermanos, abuelos.
Sin embargo, pensar acerca de esto puede ayudar a comprender qué es el duelo, el dolor y para
ello distinguiremos entre la situación y la forma en que se la vivencia.
Lo que lo trasforma en traumático no es la situación en sí misma; será sí un período doloroso,
difícil, pero nada nos dice de lo que ocurre en el psiquismo del niño.
En el niño pequeño, por su escasa capacidad de relacionar, hacer preguntas, la situación que
rodea la muerte, antes y después, crea una atmósfera de inestabilidad y confusión. Esto sí invade
de tal amera que no le permite establecer ningún tipo de relación y se produce un desajuste
importante.
Es común creer que todo lo terrible, doloroso o penoso es traumático. Se habla del trauma que el
niño ha pasado.
Veamos qué significa duelo: éste es el proceso que lleva la aceptación de una pérdida, que se irá
logrando con lágrimas, enojos, preguntas y con tiempo.
Justamente el proceso de duelo permite que la pérdida no amenace la continuidad en el
crecimiento del niño y no desarticule la constante interacción con su mundo circundante; es
decir, aprendizaje, juegos, etc.
Sin embargo, no debemos olvidarnos que para entender el duelo del niño hay que tomar en
cuenta la forma en que los adultos que rodean al niño viven su propio duelo. Es decir que el
proceso de duelo se desarrolla en la interrelación del adulto y las necesidades específicas de cada
uno y además con los factores culturales y religiosos del grupo familiar.
El duelo es enfrentar lo irreparable, es parte de nuestra existencia vulnerable.
Para evitar que se transforme en traumático hay que ayudar al niño a que le ponga palabras,
enfrente el dolor y así lo exprese verbalmente, muestre su sufrimiento, haga preguntas dolorosas.
Lentamente se irá evitando que quede "congelado" un sentimiento que se irá trasformando en el
comer, dormir o síntomas corporales.
Nuestra función como adultos es acompañarlo para que, siguiendo en su condición de niño,
enfrente el dolor y pueda ir recuperando su capacidad de crecer.

Todos sufrimos distintas y múltiples pérdidas durante el transcurso de la


vida. Es inevitable ante estas situaciones atravesar un proceso de duelo.
El duelo es un sentimiento subjetivo que aparece tras la muerte de un ser
querido.
Luto o sentimiento de pérdida son términos que normalmente se utilizan en
lugar de la palabra duelo. El sentimiento de pérdida se relaciona con el
estado de sentirse privado de algún ser querido que ha fallecido. El luto es
el proceso que nos permite la resolución del duelo.
El duelo, además, puede ser la respuesta a la pérdida de status, de un rol,
separación de los hijos en la edad adulta, etc. Por ejemplo en el caso de
perder el trabajo o ser descendido dentro de una empresa se atraviesa un
proceso de duelo debido a que el trabajo implica un arraigo a un lugar físico
y psicológico, costumbres y hábitos que deberán ser modificados. Además
enfrenta a la persona a una incertidumbre hacia el futuro (¿qué vamos a
hacer a partir de este momento sin él?), a una pérdida de la identidad que
brindaba la empresa a la que pertenecía. Pérdida también de un proyecto
de vida que se había armado alrededor del trabajo (desde formar una
familia, comprar una casa hasta el prestigio personal por ser parte de esa
empresa).
El duelo es considerado como un síndrome, porque la persona presenta
determinadas manifestaciones y síntomas.
La forma de expresar el duelo está estrechamente relacionada con la
cultura a la que pertenezcamos (por ejemplo vestirse de negro), a las
situaciones que rodean a la pérdida, a la edad de la persona que fallece, la
situación vital, si se trata de una muerte anticipada o repentina. Ésta va a
abarcar distintos tipos de emociones, tales como llanto, negación,
aturdimiento.
Si bien el proceso de duelo puede desencadenarse por múltiples razones,
en este artículo se referirá al proceso de duelo desencadenado por la
pérdida de un ser querido.

Proceso de duelo
El duelo ocurre o se inicia inmediatamente después, o en los meses
siguientes a la muerte de un ser querido y está limitado a un período
de tiempo que varía de persona en persona (no se extiende a lo largo de
toda la vida).
El trabajo de duelo es un proceso psicológico complejo de deshacer los
lazos contraidos y enfrentarse al dolor de la pérdida.
Al hablar de duelo no podemos dejar de citar a Sigmund Freud, quien ha
hecho importantes aportes en lo que a este tema respecta. Freud compara
la melancolía con el duelo en sus escritos de "duelo y melancolía" (1915-
1917). Ambas son reacciones ante la pérdida de un ser amado. En el duelo,
la pérdida, trae grandes desviaciones en la conducta normal. Pero NO se
considera una conducta patológica. Esto es muy importante que quede
claro, todas las personas que sufren pérdidas afectivas atraviesan un
proceso de duelo y es inevitable sentir tristeza ante semejante
acontecimiento. En el duelo la pérdida es real, o sea que se pierde un
objeto del mundo externo y se sabe cual es, la persona comienza con
conductas anormales (pero no es patológico), se supera con el paso del
tiempo. Hay una menor productividad y el mundo queda pobre y vacío.
La melancolía sería equivalente a un duelo patológico. En este caso el duelo
se produce ante una pérdida que puede o no ser real, se provoca un estado
de ánimo deprimido, desinterés por el mundo externo, autorreproches,
autodenigración, insomnio, productividad inhibida. La persona siente un
vacío interno. En el duelo, el objeto amado ya no existe más.
Duelo en los niños
La forma en que los niños responden a la pérdida de un padre no es muy
diferente de la de los adultos. Las diferencias dependen del hecho de que
los niños son más sensibles que los adultos a las condiciones que
preceden, rodean y siguen a una pérdida. Además del estado de
dependencia de los niños del mundo que los circundante.
Una muerte vivida en la primera infancia requiere un trabajo psíquico
extra.
El persistente anhelo por la figura perdida conlleva un dolor inevitable para
el niño, como sucede en el duelo por su carácter doloroso.
Las diferentes etapas del desarrollo cognitivo y emocional de los niños
desempeñan un papel fundamental en su percepción, interpretación y
comprensión de lo que es la muerte. La habilidad de los niños para
entender la muerte se refleja en la habilidad general para entender los
conceptos abstractos. Por ejemplo, los niños de 4 años aproximadamente,
son animistas, y creen que todo, incluso las cosas inanimadas, están vivas,
solo entienden la muerte como una especie de separación parecida al
sueño. En el caso la muerte de uno de sus progenitores tienen dificultad de
imaginárselo sin vida y se refieren a éste como si estuviese durmiendo.
Podemos encontrar a niños de esta edad teniendo una conversación similar
a la siguiente "-...No puede regresar, si la entierran bien no puede volver.-
"... Más tarde podrá salir". "El hombre me dijo que si no ponés una
almohada adentro es como si estuviera en una lata pero si le ponés una
almohada tu mamá dormirá mucho tiempo....No te preocupes, ya tiene
almohada. Dormirá mucho, mucho tiempo..." (Fragmento extraído de la
película Ponette).

Como expresa el Dr. Villena Aragón (1), el niño se encuentra en un estado


de dependencia, por eso, lo primero que va a buscar ante la muerte es un
sustituto de la persona fallecida (que puede ser el padre sobreviviente,
otro familiar, un vecino o amigo de la familia), para no perder la seguridad
que le brindaba el objeto perdido. Los niños no se van a retraer del mundo
externo, sino que se torna demandante, porque necesitan comprobar que
existen suministros para la satisfacción de sus necesidades. Cuando las
condiciones que rodean a la pérdida no son favorables o cuando la pérdida
no es compensada por un sustituto, puede aparecer en el niño una
desilusión con respecto al objeto perdido. Es así como puede desarrollarse
un desapego defensivo, distancia afectiva, pueden aparecer pensamientos
tales como haber sido abandonado, traicionado y desilusionado por el
objeto pedido, pérdida de confianza que se va a generalizar en el otro.
John Bowlby es otro autor que ha hecho importantes aportes. Él establece
como condiciones favorables en el duelo de los niños de 4 años
aproximadamente:
 El haber mantenido una relación razonablemente segura y afectuosa
con sus padres antes de sufrir la pérdida.
 El recibir pronto información precisa sobre lo ocurrido.
 La posibilidad de hacer toda clase de preguntas y que sean
contestadas del modo más honesto posible, permitiendo al niño que
participe en la aflicción de la familia e incluso en las ceremonias
funerarias.
 El hecho de contar con la consoladora presencia de su padre
sobreviviente o de un sustituto de confianza, y tener la seguridad de
que esa relación habrá de continuar.
Si se reúnen estas condiciones las respuestas esperables que se observan
en los niños son:
 Anhelo de la presencia de su madre o padre, suele ser expresada a
una persona que muestra simpatía.
 Esperanza de que la persona fallecida volverá, lo que lo llevará a
ponerse triste o llorar.
 Se lo puede observar buscando a su ser amado perdido, decir que
habla con él, fantasear que vive con él por las noches, que juegan
juntos, que lo abraza y hasta sentirlo, incluso puede manifestar que
lo ve, y tener una viva sensación de la presencia de éste; puede
temer perder también al otro progenitor u otra persona.
La reacción ante la noticia de la muerte de un ser querido va a depender de
la edad. Por ejemplo en el caso de un niño de 4 años se espera que sea con
lágrimas. La tendencia al llanto va en aumento con la edad.
Pueden haber fantasías de destino (de que todo podría haber sido tan
diferente); pueden llegar a pensar que sería mejor si ellos también
estuviesen muertos. Podríamos escuchar frases tales como "Quiero
desaparecer para siempre" o "Tienes que hacerme morir". Además puede
ocurrir lo contrario, que tengan miedo de morir ellos también.
Los niños mantienen la esperanza de que el progenitor que falleció volverá,
y en ocasiones reconocen de mala gana que eso no sucederá y se ponen
tristes.
Los niños pueden hacer infinitos intentos para ver y reencontrarse con el
progenitor desaparecido, como ser buscar escondites que le puedan llegar a
agradar a éste para que venga a jugar o hablar y no los pueda ver nadie;
esperarlo con regalos, portándose bien.
Todo esto que le sucede al niño es importante para que pueda distanciarse
de este progenitor, sustituyéndolo por otra persona significativa del
entorno, para comenzar a aceptar la finitud del mismo y la imposibilidad de
poder verlo, escucharlo, dialogar y/o jugar con él.
En un estudio hecho por Kliman (1965) vemos que algunos niños en
ocasiones tienen vívidas imágenes del padre muerto vinculadas con
esperanzas de retorno.
Cuando el niño comienza con estas conductas de "resurrección" y
encuentro con el padre o madre muerto las personas que lo rodean no
deben impedirlo. Pero también es importante que le aclaren que esto no va
a dar resultado, que su padre o madre no va a poder volver a la vida.
Anna Freud y Dorothy Burlingham sostienen que ningún niño antes de
los 2 años tiene un aparato mental con suficientes capacidades
como para realizar un trabajo de duelo. Este implica un esfuerzo por
aceptar un hecho del mundo externo y efectuar cambios correspondientes
en el mundo interno. Autores como el Dr. J. Villena Aragón plantean que el
duelo en los niños se pospone y se realiza en la adolescencia o la adultez.
Siendo la reacción de no duelo adaptativa antes de la pubertad.
Una pérdida temprana no necesariamente conlleva a una patología. Son,
por lo tanto, las condiciones que siguen a la pérdida los más
importantes factores para que no se genere una condición
patológica -disponer de un sustituto que brinde seguridad,
protección, afecto, contención-, como así también la influencia del
vínculo con la persona antes de la pérdida, que va a depender más
de su cualidad que de su duración.
En cuanto a la patología que puede producir la falta de presencia de estas
circunstancias frente a una pérdida en la niñez, encontramos como las más
benignas reacciones a la vergüenza, la disminución de la autoestima; y
como los efectos más perniciosos las depresiones infantiles, los trastornos
de conducta y aprendizaje, entre otras.
Duelo normal en adultos
Un duelo es normal, cuando las respuestas de una persona a la pérdida son
esperables y presentan síntomas y un desarrollo predecibles. Generalmente
suele ser breve.
Las manifestaciones del duelo suelen perdurar en el tiempo. La duración e
intensidad del duelo van a depender de las condiciones que rodearon a la
muerte, es decir si ha sido una muerte más o menos inesperada:
 Si la muerte es repentina, el shock y la negación perdurarán más
tiempo.
 Si la muerte es esperable o inevitable el duelo puede darse desde
tiempo antes de que ésta se produzca y culminar cuando se produce
efectivamente la muerte. (duelo anticipatorio).
Lo normal y esperable es una duración de entre 6 meses y un año. Puede
ocurrir que luego de uno o dos años persistan signos y síntomas del duelo,
e incluso puede suceder que permanezcan toda la vida. Pero los duelos
normales se resuelven finalmente, logrando, recuperar el ánimo productivo.
Generalmente a los 2 meses del fallecimiento, los signos y síntomas más
agudos suelen ir perdiendo fuerza, pudiendo la persona adaptarse mejor
(recuperar el sueño, el apetito y el funcionamiento normal).
Podemos dividir el proceso de duelo normal en tres etapas, tal como lo
hace J. T. Brown:
1. Shock: La persona suele presentar aturdimiento, nudo en la
garganta, llanto, desconfianza, negación (comportarse como si la
muerte no se hubiera producido), suspiros, sentido de irrealidad,
vacío en el estómago.
2. Preocupación: Se observa ira, insomnio, tristeza, agotamiento,
debilidad, anorexia (pérdida de apetito y de peso), anhedonia
(desinterés en las actividades placenteras), introversión,
pensamientos sobre el difunto, culpabilidad, dificultad en el sueño
(problemas para dormirse, despertares repentinos) y para
concentrase, sueños con la persona fallecida.
3. Resolución: La persona puede recordar el pasado con placer,
recupera el interés por otras actividades, establece nuevas relaciones.
Estas tres fases pueden variar y presentarse emociones, síntomas o
pensamientos de una de ellas en otra de las etapas. Además estas
emociones suelen variar entre hombres y mujeres.
Puede aparecer autorreproche, pero con menos intensidad que en el duelo
patológico. Suele estar relacionado con actos triviales que se hicieron o
dejaron de hacer con la persona perdida.
El sobreviviente suele sentir culpa, deseos de haber sido él/ella quien
debería haber muerto y no el otro. En el adulto son más frecuentes los
deseos de morir, de no seguir viviendo sin el ser querido.
Los adultos suelen presentar una tendencia a la idealización y un recuerdo
selectivo de los atributos valorizados.
También puede producirse la sensación de "presencia del fallecido", que
puede tener una magnitud tal que aparezcan alucinaciones o ilusiones (oir
al difunto, verlo, olerlo). Pero, al tratarse de un duelo normal, la persona
puede darse cuenta de que esto no es real.
Cada persona va a manifestar el duelo de una forma distinta, porque somos
distintos y cada persona es única e irrepetible.
Está comprobado que las personas en duelo son más vulnerables
físicamente, lo que implica una mayor posibilidad de presentar algún tipo
de enfermedad física.
Duelo patológico en el adulto
El duelo anormal puede presentarse de diversas maneras, que van desde el
retraso del duelo o la ausencia hasta un duelo muy intenso y prolongado,
asociado a conductas suicidas o síntomas psicóticos.
Factores de riesgo:
 Una pérdida inesperada.
 Presenciar situaciones terribles alrededor de la pérdida.
 Aislamiento social.
 Sentimientos de responsabilidad por la muerte.
 Historias de muertes traumáticas.
 Intensa dependencia al individuo que falleció.
El duelo negado es la ausencia de la expresión de duelo en el momento de
la pérdida. Este tipo de duelo es patológico, ya que la persona que sufre la
pérdida intenta evitar la realidad. Pueden aparecer reacciones físicas
similares a las que causaron la muerte de la persona fallecida. También
pueden presentar reacciones desmedidas en el primer aniversario de la
muerte.
Hay un duelo patológico cuando la persona presenta una falsa euforia.
Otra forma de duelo patológico se presenta cuando aspectos normales de
un duelo se distorsionan o intensifican hasta adquirir respuestas en
proporciones psicóticas (es decir, creer que uno mismo es el muerto, que
se está muriendo de la misma manera que murió a persona (salvo que esto
esté sucediendo realmente), oir la voz del difunto persistentemente y no en
forma espontánea o esfímera, por ejemplo).
Las variedades patológicas del duelo abarcan alteraciones de la salud tanto
física como mental. Los grados de estas alteraciones van desde leves hasta
graves.
Duelo y depresión en el adulto
Depresión, culpa y tristeza son tres sentimientos que ocurren
inevitablemente tanto en le duelo patológico como en el normal. Pero duelo
y depresión no son sinónimos. No necesariamente el hecho de sufrir una
pérdida y atravesar un duelo va a desencadenar en una depresión. Lo que
ambos sentimientos tienen en común es su expresión a través de tristeza,
llanto, tensión, pérdida del apetito y/o de peso, insomnio, pérdida del
interés sexual, abandono de actividades externas. La diferencia radica en
que el proceso de duelo va revirtiendo a medida que pasa el tiempo,
recuperando el estado de ánimo normal.
Tanto en el duelo como en la depresión aparecen autorreproches, pero en
el duelo se refieren a las cosas que se dejó de hacer con la persona
fallecida, mientras que en la depresión la autoinculpación esta centrada en
sí mismo.
Los sentimientos de inutilidad, deterioro en el funcionamiento, y retardo
psicomotor surgieren un cuadro depresivo grave.
En cuanto a la duración, en el duelo normal los síntomas agudos
suelen durar de 1 a 2 meses, mientras que en las personas con un
trastorno depresivo la duración es más prolongada.
Es muy importante considerar que las personas deprimidas tienen un
mayor riesgo de presentar conductas o ideas suicidas en tanto que las
personas que atraviesan un duelo normalmente no presentan estas ideas.
Las personas en riesgo de presentar una depresión en lugar de un
duelo patológico, son aquellas que ya han sufrido un cuadro depresivo en
algún momento de sus vidas.
Duelo por la pérdida de un hijo
Este tema va a estar relacionado con la muerte de un hijo, con el
nacimiento de un hijo malformado, con la pérdida perinatal (pérdida que va
desde las 20 semanas de gestación al primer mes de vida).
Las fuentes utilizadas con respecto a este tema son estudios sobre padres
de niños con una enfermedad mortal, sobre todo leucemia. En éstos, las
reacciones duelo comienzan en el momento en que reciben el diagnóstico.
En estos padres suelen aparecer ciertas reacciones que se suceden en
etapas, tales como shock (se sienten aturdidos y nada les parece real,
incluso pueden parecer indiferentes), negación, rabia (buscan demostrar
que los médicos se han equivocado), depresión y aceptación. Además del
enojo contra los médicos común en padres de niños enfermos con estas
características, suele aparecer la culpa (por no haber prestado la suficiente
atención a los primeros signos de la enfermedad).
Debido a que la enfermedad ha estado presente desde hace quizás meses,
los padres pueden transitar un duelo anticipado.
Es común que algunos padres nieguen la muerte del hijo durante los meses
siguientes a que esta se produjo.
El resultado del duelo es más favorable cuando los padres pueden
compartir este proceso y se apoyan y consuelan mútuamente. Hay estudios
que señalan que se produce un 50% de divorcios en matrimonios en los
que muere un hijo o nace un niño malformado. Esto puede deberse a la
falta de apoyo y contención entre los padres, a conflictos previos en éstos,
entre otras cosas.
En cuanto a la conducta de los hermanos, gran parte de los trastornos
que presentan se deben a las consecuencias de la conducta alterada de los
padres para con ellos, y no son un efecto directo de la muerte del hermano.
La muerte de un niño acarrea una reacción emocional más intensa que la
de un adulto. Esto se relaciona con los sentimientos de culpabilidad e
impotencia.
La muerte de un hijo es un trauma muy significativo para ambos padres.
Estos viven un trauma más largo que el habitual, incluso puede acarrearse
durante toda la vida, al igual que sus manifestaciones.
No es aconsejable el reemplazo inmediato del niño muerto por un bebé
(antes de un año), debido a que se corre el riesgo de no completar el duelo
y de ver al nuevo bebé como un reemplazante o regreso del fallecido. Los
niños que nacen para "sustituir" a otro suelen ser sobreprotegidos, y
presentar problemas emocionales futuros.
En cuanto a la pérdida perinatal, lo normal es que se presente un dolor
más intenso cuando una pérdida ocurre en el tercer trimestre que antes de
este tiempo. Este sentimiento de dolor se atenúa con otro embarazo, pero
no llega a eliminar la necesidad del duelo.
Duelo en el anciano
El duelo en el anciano es similar al del niño, debido a que en la senectud se
produce una vuelta a la dependencia. Esto produce una disminución de la
capacidad para el duelo. La dependencia que presenta el anciano lo lleva a
desarrollar conductas no patológicas y adaptativas a la pérdida.
También necesitan un sustituto que les brinde seguridad, ya que la pérdida
de la persona querida amenaza esta seguridad. No obstante, en otros
casos, no parece haber un intento de búsqueda de sustituto, presentándose
conductas autodestructivas, en un aparente intento de reunión con la
persona perdida, sin mostrar signos de dolor por esta pérdida.
El anciano en condición de dependencia, parecería estar más preparado
para su propia muerte que la del objeto de su dependencia.
La ancianidad presenta más dificultades para elaborar el duelo y tienden a
reaccionar con manifestaciones somáticas.
Duelo y tratamiento psicológico
No todo proceso de duelo implica la indicación de una terapia. Se puede
ayudar a los familiares o allegados recomendándoles un tratamiento si se
observa que el duelo que atraviesa no es "normal" y que presenta
reacciones marcadamente divergentes a la pérdida (por ejemplo en
presencia de conductas o intentos de suicidio).
Especialistas consideran que no es recomendable que se le receten a la
persona, solamente, somníferos o sedantes para inducir el sueño, debido a
que es necesario que la persona viva el duelo para poder superarlo
positivamente.
Dentro de una terapia convencional, el terapeuta trabajará intentando
animar a la persona que sufre el duelo a que exprese sus sentimientos de
pérdida y los sentimientos hacia la persona fallecida. Es muy importante
que se le proporcione apoyo emocional a la persona, tanto de parte del
terapeuta como de la familia extensa y amigos.
Los tipos de tratamiento recomendados para estos pacientes pueden ser
tanto individuales como grupales y grupos de autoayuda.
La terapia grupal permitirá:
 Disminuir la ansiedad, la depresión y el dolor físico.
 Mejorar la adaptación al medio.
 Aumentar la autoestima.
 Estimular la esperanza.
 Aumentar la autoeficacia.
 Una visión diferente y positiva de la realidad.
 Descubrir nuevos recursos para enfrentarse a este problema.
 Enfrentar el duelo, pero en compañía de otros, de los cuales se
recibirá apoyo.
 Identificarse con otras personas que atraviesan por problemáticas
similares.
 Estar acompañado y no sentir soledad.
 Reforzar la capacidad de manejo y resolución de los problemas.
Referencias bibliográficas
 Bowlby, John (1993): "La pérdida afectiva: tristeza y depresión".
España, Paidós.
 Freud, Sigmund (1996): "Obras completas". Tomo XIV, "Duelo y
melancolía". Buenos Aires, Amorrortu.
 Grimberg, León (1994): "Culpa y depresión: estudio psicoanalítico".
Madrid, Alianza.
 Laplanche, J., Pontalis (1993): "Diccionario de Psicoanálisis".
Barcelona, Labor.
 Villena Aragón, Julio (1996): "Psicoanálisis contemporáneo: mitos –
creencias – hipótesis - conocimientos". Argentina, Biblioteca de
psicoanálisis contemporáneo.
(1) El Dr. Julio Villena Aragón es psicoanalista, miembro de la William
Alanson White Psychoanalitic Society de New York, Director del Instituto de
Psicoanálisis Contemporáneo de Buenos Aires, Jefe del Instituto Lanari.

Mitos y realidades
Mito: La persona que ha perdido a una ser querido en un accidente o situación similar
no debe saber acerca de los detalles del acontecimiento. Tampoco es conveniente que
vea su cuerpo o alguna evidencia clara que indique la certeza de su partida o muerte.
Realidad: Saber acerca de los detalles que implicaron la desaparición de alguien
cercano permite aceptar la realidad de su ausencia, ya que que la persona entiende las
circunstancias y recrea mentalmente la situación. La confusión y falta de información
permiten que se elaboren toda clase de hipótesis y fantasías falsas sobre la
circunstancia.

Mito: Cuando una persona se demuestra rabia, dolor y desesperanza, y además cree
ver a la persona que se ha ido, se encuentra cercana a la locura o a sufrir una
depresión crónica.
Realidad: La expresión de tales sentimientos resulta adecuada ya que permite que se
procese la pérdida. Aunque estas manifestaciones aparezcan excesivas para algunos,
no son siempre indicadores de que la persona desarrollará un problema mental grave.
No obstante resulta conveniente permanecer alerta frente a señales que muestren una
alteración en el proceso de elaboración del duelo.

Mito: La intensidad y duración de los afectos asociados al trabajo del duelo son
directamente proporcionales al cariño que se le tenía a la persona que se ha ido. Es
decir, entre más cariño se sentía por la persona, más traumático, doloroso y largo debe
ser el proceso.
Realidad: El trabajo del duelo es una experiencia individual que depende de las
características de cada persona, del significado que para cada uno tenía el objeto que
se ha ido, de aspectos sociales y culturales, etc. Lo anterior implica que no hay reglas
para determinar el camino ni la duración del proceso de duelo. Los resultados de los
estudios son tan solo aproximaciones que intentan explicar un fenómeno humano, tan
cambiante como el hombre mismo.

Mito: Cuando la persona o situación se aleja o desaparece se pierde para siempre su


recuerdo y no queda nada de ella.
Realidad: Cuando un ser querido se aleja o muere, permanecen en la mente de las
personas recuerdos e imágenes que podrán ser recordadas eventualmente. Aunque la
relación con el objeto no permanece igual, debido al retiro de energía psíquica
realizado durante el proceso del duelo, es posible apreciar que las representaciones no
desaparecen y más bien permanecen "dormidas" en la mente, para volver a despertar
en la forma de recuerdos, sin ninguna correlación con la realidad.

Mito: La persona que ha sufrido la pérdida debe retomar inmediatamente sus


actividades sin dejar tiempo para asumir el dolor. Entre más ocupada esté, mejor.
Realidad: Siempre es conveniente que la persona, en lo posible, disponga de cierto
tiempo para reflexionar y sobrellevar el proceso psicológico que implica una pérdida.
Una vuelta demasido rápida a sus actividades cotidianas podría implicar que el proceso
de duelo no se lleve a cabo de manera satisfactoria, de tal forma que sus labores y su
vida en general se vean afectadas de manera negativa.

Mito: El sentimiento por la pérdida de un ser querido es un afecto que no debe ser
expresado ya que de esta forma se hace más fácil el proceso de sobrellevar la
situación.
Realidad: Aunque en nuestra cultura se veneran el valor y la entereza fría con la que
se deberían sobrellevar las situaciones dolorosas de pérdida, resulta conveniente hacer
a un lado esta creencia ya que en todo caso el sufrimiento debe ser expresado de
alguna manera y comunicado con el fin de permitir al doliente descargar la sensación
que en ese momento lo inunda.

Mito: Es inconveniente comunicar y hacer saber a los niños sobre cuestiones


relacionadas con el duelo y la pérdida ya que ellos no poseen las capacidades para
entender una experiencia como esta. Lo mejor es negarles todo y alejarlos lo más
posible de esta realidad.
Realidad: El niño es tan capaz como el adulto de experimentar una situación de duelo.
Una pérdida, por pequeña que parezca, por ejemplo, la de su mascota, puede ser una
situación que le permita luego afrontar situaciones de pérdida tanto o más dolorosas.
De esta forma, lo más conveniente es permitir que conozcan la realidad en relación a
aquel objeto que ya no está más a su lado.

Glosario
Ambivalencia: presencia simultánea de sentimientos, actitudes y tendencias opuestas
en la relación con una persona (objeto). Se trata en la mayoría de veces de amor y
odio. Uno de estos aparece consciente mientras que el otro se encuentra inconsciente.

Decatectización: es el proceso mediante el cual se desliga un monto específico de


energía mental de una representación, grupo de representaciones, parte del cuerpo,
objeto, etc.

Depresión mayor: trastorno del ánimo en el cual la persona manifiesta un estado


depresivo la mayor parte del día, casi cada día, pérdida de la capacidad para
experimentar placer, alteraciones en el apetito, insomnio o hipersomnia, pérdida de
energía, y pensamientos recurrentes de muerte, entre otros.

Libido: energía de las pulsiones sexuales que habita el aparato psíquico (la mente) de
los seres humanos. A partir de ella se establece el lazo entre las personas ya que el
sujeto carga o reviste con libido al objeto externo (a la persona como tal) y a su
representación mental (objeto interno).

Narcisismo: estado en el cual la libido se concentra en el yo del sujeto, mientras que la


energía mental que baña a los objetos (externos y sus representaciones mentales) se
disminuye. Esto hace que la atención, el cuidado, el dolor, se concentren en la persona
misma.

Situación traumática: en ésta la persona recibe una cantidad de estímulos


imprevistos, y a una velocidad tal, que no se hace posible su manejo. El impacto que
dicha vivencia tiene sobre la personalidad dependen de la magnitud de la experiencia
como tal, y de la fortaleza y mecanismos con los cuales cuenta la persona.
Yo: la teoría psicoanalítica utilizaba al comienzo este término para hacer referencia a la
personalidad global. Después se definió al yo como una instancia psíquica, al lado del
ello y el superyó. Entre sus funciones más importantes se encuentran la percepción, la
función de censura en los sueños, y la diferenciación entre mundo interno (mental) y
externo.

El proceso de duelo

Definición

Estado de pensamiento, sentimiento y actividad que se produce como


consecuencia de la PÉRDIDA de una persona o cosa amada asociándose a
síntomas físicos y emocionales. La PÉRDIDA es psicológicamente traumática
en la misma medida que una herida o quemadura, por lo cual siempre es
DOLOROSA. Necesita un tiempo y un proceso para volver al equilibrio
normal que es lo que constituye el DUELO.

Fases del Proceso de duelo

Hay cuatro fases secuenciales:

1) Experimentar pena y dolor.


2) Sentir miedo, ira, culpabilidad y resentimiento.
3) Experimentar apatía, tristeza y desinterés.
4) Reaparición de la esperanza y reconducción de la vida.
Manifestaciones del duelo

Aparecen:

a) Sentimientos: Tristeza, Soledad, Añoranza, Ira, Culpabilidad,


Autorreproche.

b) Sensaciones físicas: Estómago vacío, Tirantez en tórax o garganta,


Hipersensibilidad a los ruidos, Sentido de despersonalización,
Sensación de ahogo, Boca seca.

c) Cogniciones o pensamientos: Incredulidad, Confusión,


Preocupación, Presencia del fallecido, Alucinaciones visuales y
auditivas.

d) Comportamientos o Conductas: Sueño con el fallecido, Trastornos


del apetito por defecto o por exceso, Conductas no meditadas dañinas
para la persona (conducción temeraria), Retirada social, Suspiros,
hiperactividad y llorar, Frecuentar los mismos lugares del fallecido.
Tareas del proceso del Duelo

1. ACEPTAR la realidad de la pérdida.

2. SUFRIR pena y dolor emocional.

3. AJUSTE al medio sin la persona desaparecida.

4. QUITAR la energía emocional del fallecido reconduciéndola hacia


otras relaciones.
¿Cuándo finaliza el duelo?

Termina cuando las tareas del proceso han sido finalizadas. Por lo tanto no
hay respuesta concreta. Dos años es la fecha más aceptada. El hablar de la
persona desaparecida sin dolor es un indicador de que el duelo ha
terminado. Hay personas que nunca completan el duelo reapareciendo la
pena de vez en cuando.

Objetivos de orientación en el duelo

 Aumentar la realidad de la pérdida.


 Ayudar al doliente a expresar su afectividad.
 Ayudar a vencer los impedimentos que evitan el reajuste después de
la pérdida.
 Estimular para decir "adiós" al fallecido y sentirse confortable en la
nueva situación.
LOS NIÑOS Y LA PENA
Hace tiempo se tenía el concepto de que los niños eran adultos en miniatura y debían por tanto
actuar acorde. Hoy día existe una mayor sensibilidad a las diferencias en el desarrollo infantil y
otras etapas de desarrollo en el ciclo de la vida humana. Hay muchas diferencias entre el proceso
de la pena en los niños y en los adultos. Lo primordial no es si los niños experimentan o no pesar
y duelo, sino como lo manifiestan.
La principal diferencia entre el duelo en un niño y en un adulto, es que las expresiones intensas
emocionales y de comportamiento no son continuas en los niños. La pena en el niño puede
aparecer de una manera más intermitente y corta que en los adultos, pero el proceso dura mucho
más tiempo. El proceso de duelo en el niño tiene que ser analizado varias veces durante las
etapas de su desarrollo. El niño durante su proceso de crecimiento revivirá la pérdida con
frecuencia, especialmente durante los eventos importantes en su vida (al ir de campamento,
graduación de la escuela, matrimonio, el nacimiento de un hijo). Esto se puede explicar con el
hecho de que la capacidad del niño de experimentar emociones intensas es limitada.[1,2]
Varios aspectos afectan la manera en que el niño experimenta la pena: la edad, personalidad,
etapa de desarrollo, experiencias anteriores con la muerte, su relación previa con el fallecido,
ambiente, causa de la muerte, la oportunidad que se le brinde de compartir y expresar sus
sentimientos, estabilidad de la familia después de la pérdida, el estilo familiar de lidiar con las
tensiones, como se satisfacen las necesidades del niño, recuerdos, y sus relaciones con otros
adultos.[1-3]
Los niños no reaccionan a la pérdida de la misma forma que los adultos, y podrían no demostrar
sus sentimientos tan abiertamente. Además de la comunicación verbal existen otros métodos de
comunicación a la disposición de los niños en etapa de duelo como lo son el juego, drama, arte,
deberes escolares e historias.[4] Normalmente no se encierran en su preocupación con
pensamientos obsesivos acerca de la persona fallecida; usualmente se envuelven en actividades
con otros niños y por ejemplo pueden estar muy tristes un minuto, y jugando al siguiente. Este
comportamiento es usualmente interpretado de manera errónea como que "el niño no entiende" o
"que ya supero la etapa de dolor". Ninguno es verdad; la mente los protege de pensamientos y
sentimientos que son demasiado fuertes. Los episodios de pena en los niños tienden a ser más
cortos debido que ellos no pueden explorar de una manera racional todos su pensamientos y
sentimientos como lo hace un adulto. Además, los niños tienen dificultad para expresar sus
sentimientos acerca de la pena. Su comportamiento dice más que sus palabras. Los sentimientos
de rabia, y el miedo a morir o ser abandonados pueden ser evidentes en su comportamiento. Los
niños tienden usualmente a jugar a hacerse el muerto para de esa manera desahogarse de
sentimientos y ansiedades en un ambiente seguro. Estos juegos le son familiares y le proveen una
forma segura de expresar sus sentimientos.[1]
Bibliografía:
1. Corr CA, Nabe CM, Corr DM: Death and Dying, Life and Living. 2nd ed., Pacific Grove:
Brooks/Cole Publishing Company, 1997.
2. Fitzgerald H: The Grieving Child: A Parent's Guide. New York: Fireside, 1992.
3. DeSpelder LA, Strickland AL: The Last Dance: Encountering Death and Dying. 2nd ed.,
Palo Alto: Mayfield Publishing Company, 1987.
4. Goldman A: ABC of palliative care. Special problems of children. British Medical
Journal 316(7124): 49-52, 1998.

LA PENA Y LAS ETAPAS DEL DESARROLLO


La muerte y los eventos que la rodean, se interpretan de diferentes formas dependiendo de la
etapa de desarrollo en que se encuentre el niño.
Lactantes
Aunque los lactantes (del nacimiento hasta los 12-14 meses) no reconocen lo que es la muerte,
los sentimientos de separación y pérdida son parte del proceso de crear una conciencia de lo que
es la muerte. Los niños que han sido separados de sus mamás pueden exhibir una conducta
apática, callada, y no responden a sonrisas y arrullos. También pueden verse cambios físicos
(como pérdida de peso), desvelo y falta de actividad.[1]
Edades entre 2-3 años
los niños tienden a confundir la muerte con el dormir y pueden sentir ansiedad a una edad muy
temprana incluso a los tres años. En las etapas tempranas de la pena, los niños dolientes pueden
exhibir pérdida del habla y angustia generalizada.[1,2]
Edades entre 3-6 años
En esta edad los niños ven la muerte como una forma de dormir; la persona esta viva pero
limitada en alguna forma. Los niños no separan completamente la vida de la muerte. Los niños
piensan que la persona muerta continúa viviendo (por ejemplo, debajo de la tierra en el lugar
donde fue enterrado), y hace preguntas sobre las actividades del muerto (por ejemplo pregunta si
respiran, comen, van al baño, juegan, etc). Los niños en esta edad, pueden aceptar la muerte
física pero como algo gradual o temporal. Piensan que la muerte es reversible y no irrevocable(la
interpreta como un jugar al escondido). Su concepto de la muerte puede tener un componente de
pensamiento mágico, la idea de que sus pensamientos causan actos. Los niños pueden temer que
hayan hecho o pensado algo malo que causó que la persona se enfermara o se muriera. Los niños
menores de cinco años pueden exhibir trastornos en el comer, dormir, y en el control de los
esfínteres como respuesta a la muerte.[1,2]
Edades entre 6-9 años
No es inusual que los niños en esta edad empiecen a mostrar curiosidad acerca de la muerte,
inclusive haciendo preguntas concretas acerca de que le pasa al cuerpo una vez este deja de
funcionar. La muerte es personificada como si fuera separada de la persona o del espíritu: un
esqueleto, un fantasma, un ángel de la muerte o sencillamente "el coco" . Los niños piensan que
la muerte es real, irrevocable y atemorizante, pero no universal. A esta edad empiezan a "hacerse
a la idea" de que la muerte es irrevocable, pero que le pasa más a la gente vieja (no a ellos). Los
niños en este proceso de la pena pueden desarrollar fobia a la escuela, problemas de aprendizaje,
comportamiento agresivo y antisocial, pueden manifestar síntomas hipocondríacos o aislamiento.
Estos pueden también convertirse en niños sumamente atentos y apegados. Los varones
típicamente manifiestan una conducta agresiva y destructiva (se portan mal en la escuela)
expresando de esta manera su sentimiento en vez de mostrarse tristes. El niño puede sentirse
abandonado por ambos el padre que se murió y el que está vivo, ya que el padre que está vivo,
está inmerso en su propia tristeza y no es capaz de brindarle el apoyo emocional necesario.[1,2]
Edades de 9 años en adelante
ya para cuando el niño cumple los 9 años, la muerte es entendida como inevitable y no como un
castigo. Al cumplir los 12, la muerte es vista como irreversible y universal.[1,2]
En la sociedad norteamericana, los adultos que atraviesan por un proceso de duelo normalmente
se aíslan y limitan su comunicación con el mundo exterior. Los niños en cambio usualmente
hablan con otras personas (incluso extraños) como una forma de observar sus reacciones y
encontrar pautas que le ayuden a guiar sus propios sentimientos. El niño puede incluso hacer
preguntas confusas como; "Yo se que mi abuelo se murió pero cuando va a regresar?" Esto es
una manera de probar la realidad y confirmar la historia de lo que es la muerte.
Bibliografía:
1. Burnell GM, Burnell AL: Clinical Management of Bereavement: A Handbook for
Healthcare Professionals. New York: Human Sciences Press, Inc., 1989.
2. Fitzgerald H: The Grieving Child: A Parent's Guide. New York: Fireside, 1992.
OTROS ASUNTOS SOBRE LOS NIÑOS Y LA PENA
Hay tres temas prominentes en la expresión de la pena en los niños en duelo:
1. Causé yo la muerte?
2. Me pasará esto a mí?
3. Quién me va a cuidar?[1,2]
Causé yo la muerte?
Los niños frecuentemente se envuelven en el llamado "pensamiento mágico" y creen tener
poderes mágicos. Si la madre le grita en su desesperación, "tu me vas a matar", y luego se muere,
el niño puede pensar que él causó la muerte. También sucede con frecuencia entre hermanos
cuando después de una discusión se dice o se piensa "deseo que estuvieras muerto" si ese
hermano llegase a morir realmente, el hermano sobreviviente puede llegar a pensar que sus
pensamientos causaron la muerte.
Me pasará esto a mi?
La muerte de un hermano u otro niño es muy difícil de aceptar debido a que le toca demasiado
cerca, sobre todo si el niño piensa que esta muerte pudo haber sido evitada (ya sea por los padres
o el médico), de repente se preguntará si esto le puede pasar a él también.
Quien me va a cuidar?
Debido a que los niños dependen de los padres y otros adultos para su seguridad y bienestar, la
pérdida de alguien importante le puede hacer sentir miedo de quién le va a cuidar cuando esta
persona ya no esté.
Bibliografía:
1. Worden JW: Children and Grief: When a Parent Dies. New York: The Guilford Press,
1996.
2. Corr CA, Nabe CM, Corr DM: Death and Dying, Life and Living. 2nd ed., Pacific Grove:
Brooks/Cole Publishing Company, 1997.

INTERVENCIONES EN LA PENA INFANTIL


Algunas intervenciones ayudan a facilitar el proceso de la pena infantil.
Explicación de la muerte
El guardar silencio acerca de la muerte (lo cual indica que el tópico es tabú) no ayuda al niño a
adaptarse a la pérdida. Cuando hable con un niño de la muerte, la explicación debe mantenerse
tan simple y directa como sea posible. Se les debe hablar con honestidad y con detalles
suficientes para el nivel de comprensión a su edad y etapa de desarrollo. A los niños debe
dárseles seguridad, ya que frecuentemente se preocupan de si van a morir también, o si es el otro
padre quien va a morir. Las respuestas deben ser honestas y directas y se debe estar seguro de
que el niño procesa la información.
Lenguaje Correcto
A pesar de lo difícil que es iniciar una conversación sobre la muerte con los niños, esta
conversación debe incluir las palabras apropiadas como ("cáncer", "muerte", "murió").
Eufemismos tales como ("está dormido", "lo perdimos", "se fue al más allá") no deben usarse
porque tienden a mal interpretarse y a confundir al niño.[1,2]
Planificación del rito
Después de una muerte los niños pueden y deben ser incluidos en el proceso de duelo y los
planes del rito. Esto les ayuda a recordar a la persona amada. A pesar de que los niños no
deberían ser nunca forzados a participar en el proceso de duelo, se les debe animar a participar en
aquellos aspectos en los que se sientan cómodos. Si el niño desea atender al funeral, se le debe
explicar en detalle y por anticipado, que es lo que debe esperar, por ejemplo cómo es el salón,
quienes van a estar presentes, que cosas va a ver, (personas llorando, la caja de muerto)que va a
pasar durante la ceremonia, etc). El padre doliente podría estar muy ocupado con su propia pena,
por lo que es mejor escoger un adulto de confianza o familiar cercano que ayude al niño durante
el proceso.[1]
Bibliografía:
1. Kastenbaum R: Death, Society, and Human Experience. Boston: Allyn and Bacon, 1995.
2. Fitzgerald H: The Grieving Child: A Parent's Guide. New York: Fireside, 1992.

REFERENCIAS Y RECURSOS SOBRE LA PENA INFANTIL


Existe una gran variedad de recursos (como libros y videos) que pueden ser compartidos con los
niños en proceso de duelo.
Bibliografía:
1. Worden JW: Children and Grief: When a Parent Dies. New York: The Guilford Press,
1996.
2. Doka KJ, Ed.: Children Mourning, Mourning Children. Washington, DC: Hospice
Foundation of America, 1995.
3. Wass H, Corr CA: Childhood and Death. Washington, DC: Hemisphere Publishing
Corporation, 1984.
4. Corr CA, McNeil JN: Adolescence and Death. New York: Springer Publishing Company,
1986.
5. Corr CA, Nabe CM, Corr DM: Death and Dying, Life and Living. 2nd ed., Pacific Grove:
Brooks/Cole Publishing Company, 1997.
6. Grollman EA: Talking About Death: A Dialogue Between Parent and Child. 3rd ed.,
Boston: Beacon Press, 1990.
7. Schaefer D, Lyons C: How Do We Tell the Children?: Helping Children Understand and
Cope When Someone Dies. New York: Newmarket Press, 1988.
8. Wolfelt A: Helping Children Cope with Grief. Muncie: Accelerated Development, 1983.
9. Walker A: To Hell with Dying. San Diego: Harcourt Brace Jovanovich, 1988.
10. Williams M: Velveteen Rabbit. Garden City: Doubleday, 1922.
11. Viorst J: The Tenth Good Thing About Barney. New York: Atheneum, 1971.
12. Tiffault BW: A Quilt for Elizabeth. Omaha: Centering Corporation, 1992.

RESPUESTAS TRANSCULTURALES SOBRE LA PENA Y EL DUELO


Cuando la pena se manifiesta, ya sea por la pérdida de un ser querido, algo que atesoramos o
debido a un cambio drástico en nuestras vidas, es una manifestación universal que traspasa todas
las culturas y edades. Sin embargo, hay muchos aspectos sobre la pena que aún desconocemos,
incluyendo, el papel que juega el aspecto cultural en la pena y el duelo.[1] Las actitudes,
creencias y ritos relacionados con la muerte son caracterizados y descritos acorde al contexto
multicultural, mito, misterio y otros aspectos que describen los que son la relaciones
transculturales.[2]
El potencial de que haya contradicción entre la experiencia intrapersonal de un individuo con el
proceso de la pena, y sus expresiones culturales del pesar, pueden ser explicadas por el uso
prevaleciente (aunque incorrecto) de la palabra pena (el proceso altamente subjetivo de
experimentar reacciones ante lo que percibimos como una pérdida) como sinónimo de luto
(despliegue de la pena como conducta social o culturalmente definida). [3,4]
Un análisis realizado de los resultados extraídos de varios grupos focales cada uno integrado por
personas de culturas específicas, revela que las experiencias individuales interpersonales de
duelo son similares en todas las culturas. Esto es verdad inclusive teniendo en cuenta los
diferentes rituales, tradiciones, comportamientos y expresiones de la pena entre los participantes.
Se ha llegado a la conclusión de que los profesionales en el área de salud, deben entender bien el
aspecto que las prácticas culturales de duelo juegan en la manera cómo un individuo asimila la
pena en general, para así poder brindarle a sus pacientes una ayuda sensible a su origen cultural.
[1]
A pesar de las legislaciones ,regulaciones sanitarias, costumbres y reglas de trabajo que han
influido en la forma en que se maneja la muerte en los Estados Unidos, el proceso de duelo varía
mucho dependiendo del origen cultural que se tenga. Cuando se evalúa la respuesta de un
individuo a la muerte de un ser querido, los trabajadores sanitarios deberían identificar y apreciar
lo que se espera o requiere en la cultura del doliente. Ignorar estos rituales puede llevar a que los
familiares experimenten un sentimiento de no resolución en relación a la pérdida.[5] Esto a veces
es difícil especialmente cuando la mayoría de los médicos atienden pacientes con diversos
bagajes étnicos.[2]
Ayudar verdaderamente a una familia a confrontar la muerte de un ser querido incluye el respeto
por la herencia cultural de la familia y estimularlos a participar en el desarrollo de los funerales.
Al momento se identifican cinco preguntas que los clínicos deben tomar en consideración
cuando traten de ayudar a alguien ante la pérdida de un ser querido.
1. Cuáles son los ritos y costumbres que se llevan a cabo en su cultura durante el proceso de
duelo, el funeral y el entierro?
2. Cuáles son las crencias de la familia acerca de lo que pasa después de la muerte?
3. Qué tipo de expresiones emocionales se consideran apropiadas ante la pérdida?
4. Existe alguna regla o rito especial cuando el fallecido es hombre o mujer a la hora de la
muerte?
5. Existe algún tipo de estigma ante determinado tipo de muerte (como el suicidio) o existen
ciertas clases de muerte que son traumáticas para su grupo cultural (como la muerte de un niño)?
[6]
Muerte, pena y duelo son aspectos universales y naturales del proceso de vida. Todas las culturas
han desarrollado prácticas que le ayudan a lidiar con la muerte en algún momento de la vida. El
perturbar estas prácticas puede interrumpir el necesario proceso de pena. El entender estas
prácticas pueden ayudar a los profesionales de la salud a identificar y desarrollar métodos de
tratar pacientes de otras culturas que manifiestan una pena considerada atípica.[7] Dada la
tendencia etno-demográfica actual, los profesionales de la salud necesitan entender estas
diferencias culturales para brindar un mejor y más eficaz servicio.[2]
Bibliografía:
1. Cowles KV: Cultural perspectives of grief: an expanded concept analysis. Journal of
Advanced Nursing 23(2): 287-294, 1996.
2. Irish DP, Lundquist KF, Nelson VJ, eds.: Ethnic Variations in Dying, Death, and Grief:
Diversity in Universality. Washington, DC: Taylor & Francis, 1993.
3. Rando TA: Treatment of Complicated Mourning. Champaign: Research Press, 1993.
4. Cowles KV, Rodgers BL: The concept of grief: a foundation for nursing research and
practice. Research in Nursing and Health 14(2): 119-127, 1991.
5. McGoldrick M, Hines P, Lee E, et al.: Mourning rituals. Family Therapy Networker
10(6): 28-36, 1986.
6. McGoldrick M, Almedia R, Hines PM, et al.: Mourning in different cultures. In: Walsh F,
McGoldrick M, eds.: Living Beyond Loss: Death in the Family. New York: W.W. Norton
& Company, 1991, pp 176-206.
7. Eisenbruch M: Cross-cultural aspects of bereavement. II: ethnic and cultural variations in
the development of bereavement practices. Culture, Medicine and Psychiatry 8(4): 315-
347, 1984.

Comentarios sobre psicología infantil: ¿Qué tiene el abuelo?


- Lucía (4años): ¿porqué el abuelo tiene eso?
- Margarita (7años): eso se llama “suero” y se lo ponen porque él ya no puede comer ni tomar
los remedios y está muy enfermo.
- Lucía: pero antes también estaba enfermo y no tenía eso.
- Margarita: es que ahora está grave y no se va a curar, Lucy.
- Lucía: ¿porqué no se va a curar, Marga?
- Margarita: mamá ¿le podés explicar a Lucy porqué el abuelo no se va a curar?
- Mamá de Margarita: el abuelo se está muriendo, está terminando de vivir. Todo lo que nace,
muere.
- Lucía: Ah!…(Al rato)… yo nací pero me falta mucho para terminar de vivir ¿no? Y a vos y a
mamá y a papá y a Marga también les falta mucho…y a Francisco que recién nació le falta más
que a todos…
A partir de este diálogo, Lucía y Margarita se retiraron de la habitación del abuelo, abrazadas y
llorando. En otra habitación, pasados algunos minutos, elegían divertidas los disfraces,
maquillajes y escenas, dispuestas a continuar su juego.
Si les cuento estas anécdotas es para transmitir una vez más, la importancia de no excluir a los
niños de los acontecimientos y las experiencias que hacen a su propia vida, como por ejemplo la
muerte de un abuelo.
Estas niñas entraban y salían de una habitación o de otra con absoluta naturalidad, sin miedo ni
fantasías paralizantes y sin hacer de cuenta que no pasaba nada.
En el momento del entierro surgieron nuevas preguntas:
- Lucía: ¿ le van a dejar la cabeza afuera para que respire?
- Margarita: no Lucy, los muertos no respiran ni ven ni hablan ni se mueven…
- Lucía: ¿se quedan así, como estatuas? …
Ustedes podrán observar las distintas maneras de concebir la muerte que se tienen a los 4 años o
a los 7 años. Sólo a partir de los 6 años aproximadamente, es posible para un niño hacerse a la
idea de algo que se perdió para siempre. Antes de eso, aún es posible, en la lógica de un niño,
estar “más o menos” muerto. He aquí la razón por la cual por momentos temen la aparición del
muerto que para ellos, puede estar en el cielo, bajo tierra y detrás de un árbol al mismo tiempo.
En cambio, con sus 7 años y ante el llanto de los adultos en el momento preciso de la muerte,
Margarita, visiblemente angustiada, empezó a correr gritando: “ me quiero ir a mi casa, esto es
demasiado triste, mamá por favor llévame”. Esta reacción da cuenta también de otro aspecto que
debemos atender en estas circunstancias: el sentimiento de abandono que puede experimentar un
niño cuando sus padres están inmersos en un duelo o en cualquier otra situación de la vida que
los comprometa afectivamente.
Para un niño lo que puede llegar a ser traumático, no es la muerte, el divorcio, la mudanza, el
embarazo de la madre, etc., sino sus efectos, a saber:
1. · La depresión de alguno de los padres ( o de ambos)
2. · La ausencia de algún adulto capaz de atender las necesidades afectivas y las ansias de
comunicación de un niño
3. · El sentimiento de impotencia al sentir que debería ayudar a sus padres olvidando su “ser
niño” ( dependiente, demandante, curioso y ansioso por naturaleza) .
No alcanza con que el niño esté presente en el lugar de los hechos. Ellos además, quieren saber
de qué se trata.

Niños en duelo
Ana Teresa Torres

El concepto de duelo en psicoanálisis es muy amplio y se refiere a distintas circunstancias o


situaciones que conllevan cambios que requieren de elaboración psíquica. En la medida en que el
proceso vital es fundamentalmente un proceso de transformaciones, el número de circunstancias
sometidas a procesos de cambio es prácticamente ilimitado. El duelo es una circunstancia
contingente y como tal no necesariamente ocurre en la infancia de todas las personas, a
diferencia de las transformaciones que son comunes a toda existencia. Es por lo tanto
conveniente distinguir el cambio del duelo para delimitar el tema y tratarlo con más
especificidad, para lo cual precisaré en primer lugar algunos términos. En primer lugar citaré la
definición de duelo que aparece en el Diccionario de Psicoanálisis de Laplanche y Pontalis:

Trabajo de duelo. Proceso intrapsíquico, consecutivo a la pérdida de un objeto de fijación, y por


medio del cual el sujeto logra
desprenderse progresivamente de dicho objeto.

"Objeto de fijación" es una proposición en términos de economía libidinal, y resulta una


conceptualización insuficiente porque, como veremos más adelante, puede incluirse en la pérdida
aquello que nunca se ha tenido, y por lo tanto no se ha fijado, de modo que resulta más
abarcativo hablar de "objeto significativo." Por otra parte, el duelo está asociado a conceptos que
no tienen definición propia dentro del psicoanálisis, y que consideramos conveniente precisar,
como son sufrimiento, pérdida, ausencia, presencia, dolor, privación, y otros como frustración y
trauma, que sí tienen definición dentro del lenguaje psicoanalítico.

Sufrimiento
1. Paciencia, conformidad, tolerancia con que se sufre una cosa.
2. Padecimiento, dolor, pena.

La noción de tolerancia y conformidad implica que se trata de un proceso, y que requiere de un


aprendizaje para asumirlo, remitiéndonos al término de
Dolor

1. Sensación molesta y aflictiva de una parte del cuerpo por causa interior o exterior.2.
Sentimiento de pena y congoja. 3.de corazón.
4. fig. y fam. El muy fuerte y pasajero, como el que producen los golpes recibidos en ciertas
partes del cuerpo poco defendidas por los músculos. 5. latente.6. dolor sordo.7. El que no es
agudo, pero molesta sin interrupción.

Vemos que el dolor es una sensación, con frecuencia asociada a la cenestesia, y que si bien puede
ser crónico, tiene una connotación mucho más episódica, y una característica de padecimiento
diferente al sufrimiento en el cual el ser humano desarrolla una capacidad para soportarlo.
En el caso del duelo, el dolor y el sufrimiento están causados por la:
Pérdida
1. Carencia, privación de lo que se poseía. 2. Daño o menoscabo que se recibe en una cosa. 3.
Cantidad o cosa perdida.4. loc. fam. No estar presente una persona o cosa en el lugar en que era
de esperar.5. fig. Ausencia del bien que se apetece y desea.
La pérdida, a su vez, debe distinguirse de la:
Privación
1. Acción de despojar, impedir o privar.2. Carencia o falta de una cosa en sujeto capaz de tenerla.
3. Pena con que se desposee a uno del empleo, derecho o dignidad que tenía, por un delito que ha
cometido.4. Renuncia voluntaria a algo. 4. "La privación es causa del apetito", fr. proverb. con
que se pondera el deseo de las cosas que no podemos alcanzar, haciendo poco aprecio de las que
poseemos.

Aparece en la privación un concepto diferente, pues la pérdida es por definición la que se


produce por la falta de un objeto que estuvo presente. En la privación se inscriben objetos que
faltan sin haber sido tenidos o que son correspondientes al deseo inalcanzables de los mismos.
Tanto la pérdida como la privación están relacionadas con la:
Ausencia
1. Acción y efecto de ausentarse o de estar ausente. 2. Tiempo en que alguno está ausente. 3.
Falta o privación de alguna cosa. 4. Psicol. Distracción del ánimo respecto de la situación o
acción en que se encuentra el sujeto. 5. Der. Condición legal de la persona cuyo paradero se
ignora. 6. Med. Pérdida pasajera de la conciencia. 7. buenas, o malas, ausencias. Encomio o
vituperio que se hace de una persona ausente, o buenas o malas noticias que se dan de ella. Prov.
brillar alguien o algo por su ausencia.
En la ausencia cabe distinguir que el efecto de ausentarse sea temporal, y que la acción provenga
del ausente o no, así como que dicha ausencia pueda o no ser buena, y que la ausencia, brilla, es
decir, se percibe, destaca al ausente o lo faltante, así como que el sujeto puede estar presente,
pero ausente de la situación en que se encuentra. Entra en dialéctica con la

Presencia
1. Asistencia personal, o estado de la persona que se halla delante de otra u otras o en el mismo
sitio que ellas.2. Por ext., asistencia o estado de una cosa que se halla delante de otra u otras o en
el mismo sitio que ellas.3. Talle, figura y disposición del cuerpo. 4. Representación, pompa,
fausto.5. fig. Memoria de una imagen o idea, o representación de ella. 6. de ánimo. Serenidad o
tranquilidad que conserva el ánimo, así en los sucesos adversos como en los prósperos.
La dialéctica ausencia-presencia es un movimiento indispensable en el funcionamiento psíquico
porque inicia el proceso simbólico. Al respecto es necesario recordar el ejemplo freudiano del
juego del carretel, conocido como el Fort-da, por ser las palabras alemanas que significan (fort)
"fuera, ausente" y (da) "allí, allá". Estas eran las expresiones de un niño de unos dos años de
edad que jugaba a alejar y acercar un carretel, tirando del cordel, relatado por Freud en Más allá
del principio del placer (1920) y que interpretó como una manera de elaborar la ausencia-
presencia de la madre, en la medida en que éstas eran dominadas simbólicamente por el niño al
controlar activamente el objeto, en vez de sufrir pasivamente los movimientos de la madre.

Por último es necesario reseñar los conceptos de frustración y trauma, de significado peculiar en
el psicoanálisis, y que se relacionan con la angustia traumática y la frustración que desata la
ausencia:
Trauma. Acontecimiento de la vida del sujeto caracterizado por su intensidad, la incapacidad del
sujeto de responder a él adecuadamente y el trastorno y los efectos patógenos duraderos que
provoca en la organización psíquica
Frustración. Condición del sujeto que ve negada o se niega la satisfacción de una demanda
pulsional
La dialéctica ausencia-presencia y la frustración concomitante son elementos inevitables e
indispensables para el desarrollo psíquico. El ejercicio y acostumbramiento a las frustraciones
permite al sujeto tolerar las transformaciones y pérdidas que vendrán. La experiencia de pérdida
no es la única experiencia traumática pero con frecuencia conlleva una fase traumática inicial. La
pérdida es traumática, es contingente, no ayuda al desarrollo, y tiene generalmente una
derivación que produce síntomas transitorios y con frecuencia crónicos. La incidencia de las
pérdidas en la infancia es considerada como causa importante del sufrimiento psíquico por casi
todas las teorías psicológicas.

Hechas estas distinciones y definiciones, consideraremos el proceso de duelo en los niños en los
casos de pérdida radical de un objeto significativo, los cuales pueden ocurrir en cuatro ámbitos:

Pérdidas en el cuerpo. Nos referimos a las pérdidas de miembros o funciones no restituibles


ocurridas por malformación, accidente o enfermedad ocurridas en la infancia.
Pérdidas de personas. Producidas por la muerte, ausencia física o psicológica, desaparición o
alejamiento indefinido de las personas más significativas en la vida del niño.
Pérdidas de animales . Muerte o desaparición de mascotas.
Pérdidas del contexto relacional (país, ciudad, barrio, escuela, casa, idioma, nivel
socioeconómico, etc) producidas por separación de los padres, emigración, mudanza ú otras
causas.
En la producción de estas pérdidas es necesario tomar en cuenta varios factores que concurren
para agravar o mitigar el dolor y sufrimiento causado.
Grado del trauma. Se refiere al impacto del evento y a la capacidad psíquica para adaptarse al
mismo, factores que están en relación con la posibilidad de acercamiento progresivo al
acontecimiento y con la naturaleza de las circunstancias. Por ejemplo, la pérdida de la casa
familiar producida por incendio podría ser revestida de una mayor cualidad traumática a la
pérdida de la casa por una mudanza prevista.
Capacidad reparatoria del ambiente familiar. Es decir, la capacidad de los miembros de la
familia en ayudar al niño en el proceso de duelo y las posibilidades sustitutivas que puedan
proporcionar.
Edad del niño en el momento de producirse la pérdida. Pueden dividirse las pérdidas en tres
fases: a) pérdidas pre-existentes. Es decir, ausencias que se han establecido antes de que el niño
pueda percibirlas. Por ejemplo, niños que no han conocido a una o ambas figuras parentales. b)
pérdidas tempranas (anteriores a la instalación del pensamiento lógico-concreto, es decir,
anteriores a los siete años. c) pérdidas posteriores a la instalación del pensamiento lógico-
concreto (entre los 7 y 12 años)
La edad del niño es un factor al que se le concede una gran importancia en cuanto a la
posibilidad de elaboración del duelo. La instalación del pensamiento lógico-concreto tiene
mucha relevancia en ello. Se considera que para la elaboración del duelo por muerte es necesario
tener una clara conciencia de que el objeto perdido no puede volver porque no está en ninguna
parte, es decir, que el niño haya comprendido que la ausencia es definitiva. De acuerdo con
Piaget, para esto es necesario comprender la ley de constancia del objeto que implica que el
objeto está ausente o presente siempre, lo percibamos o no. Para Piaget esta ley sólo puede
entenderse con la instalación del pensamiento lógico-abstracto en la adolescencia.

Desde el punto de vista psicoanalítico es posible inscribir la ausencia o presencia del objeto muy
tempranamente, inclusive antes de la instalación completa del lenguaje a través del registro
perceptivo imaginario, aun cuando no haya sido completado el proceso de simbolización. Esta
comprensión es observable en el simbolismo lúdico, que ya vimos a propósito del juego del fort-
da en el cual se ilustra cómo el deambulador puede registrar la ausencia o presencia de su objeto
significativo; esta dialéctica de la aparición y desaparición produce una privación perceptiva que
conduce al dolor y al sufrimiento que necesita ser dominada a través de un control activo. Sin
embargo, para convertir la privación en pérdida es necesaria la inserción simbólica del
acontecimiento, es decir, la puesta en palabras de lo percibido.

A continuación propondré algunos lineamientos en términos del procedimiento terapéutico. Me


referiré especialmente a las pérdidas personales de las cuales puede extrapolarse el
procedimiento para los otros escenarios mencionados. En relación a las pérdidas corporales,
confieso no tener experiencia clínica; en parte corresponden al duelo, pero tienen otras
implicancias de las que no podría hablar con precisión. Tampoco incluiré el divorcio o
separación de la pareja parental, por ser un tema que requiere un tratamiento específico, y porque
no necesariamente conduce a un duelo. El acostumbramiento a que los padres han dejado de ser
pareja entre ellos lo considero un cambio. Puede, por supuesto, convertirse en duelo si los padres
no logran sostenerse como pareja parental y producen un alejamiento radical.

En el planteamiento clínico del niño en duelo, en primer lugar es necesario tomar en cuenta que
la mayoría de las familias no consultan por el duelo sino por los derivados sintomáticos del
mismo, y que corresponde al terapeuta y a los otros profesionales relacionados, diagnosticar el
compromiso psíquico que el duelo tiene en la clínica que se presenta como motivo de consulta y
que puede estar alejada del acontecimiento de pérdida, incluso en el tiempo, ya que el duelo con
frecuencia puede quedar encapsulado y congelado, tanto para el niño como para la familia. En
segundo lugar, es necesario deslindar diagnósticamente los síntomas que pueden estar
relacionados con el duelo y los que corresponden a otras patologías; este diagnóstico diferencial
es complejo porque el duelo infantil no tiene una expresión sintomática específica y puede
manifestarse en cualquier área. Por ejemplo, un trastorno de aprendizaje puede, efectivamente,
estar comprometido con un proceso de pérdida pero ello no elimina la posibilidad de otras
circunstancias psicológicas o neurológicas concomitantes. En tercer lugar, es necesario evaluar la
capacidad de los padres o de otras figuras significativas en la ayuda o empeoramiento del
proceso. Con frecuencia la familia, si está a su vez alterada por el duelo, puede no tener las
condiciones para ayudar al niño en el proceso. El grado de intervención del terapeuta debe
ajustarse a esta situación, y es muy variable. Quizás en algunos casos serán suficientes algunas
indicaciones y en otros el terapeuta tendrá que tomar un papel protagónico.

En cuanto al proceso terapéutico individual propiamente dicho, la elaboración del duelo en la


infancia tiene un camino similar al del adulto, con algunas variantes que a continuación se
mencionan. El proceso de duelo tiene las siguientes etapas:

Reconocimiento de la pérdida y de los afectos concomitantes. Antes de llegar a este


reconocimiento, el Yo utiliza mecanismos de defensa, especialmente la negación, para evitar la
aceptación del hecho o de los afectos relacionados.

Seguir el camino del objeto: la sombra del objeto cae sobre el Yo, dice Freud. Es decir, el Yo se
identifica con el objeto perdido y puede producir síntomas que vehiculizan esta identificación
cuyo caso más extremo es el suicidio.

Triunfar sobre el objeto: el Yo se libera de este peso y reconoce que está vivo en contraposición
al objeto que está muerto.

Sustituir al objeto: el Yo busca otros objetos a los cuales unir los afectos perdidos.
El reconocimiento de la pérdida en el niño es necesario ajustarlo al nivel del pensamiento en que
se encuentre. Es decir, que en etapas tempranas no podrá pasar del reconocimiento de la
privación y del trabajo terapéutico para insertar la privación como pérdida. La comprensión de la
radicalidad de la pérdida será también de acuerdo a la posibilidad del niño de comprenderla. El
terapeuta requiere una mayor tolerancia con respecto a los mecanismos de negación así como a
los mecanismos mágicos de recuperación del objeto, ya que éstos son inevitables antes de la
instalación de las leyes del pensamiento lógico-abstracto. Sin embargo, tiene un gran campo de
acción a través de dibujos y juegos para ilustrar al niño la desaparición del objeto, la
imposibilidad de verlo, así como para favorecer la aparición de los sentimientos relacionados.

En el reconocimiento de la pérdida es de gran importancia introducir en la medida de lo posible


las causas y acontecimientos relacionados, hasta donde el terapeuta los conoce. Considero
totalmente equivocado "respetar la fantasía del niño" en cuanto a las causas de la pérdida ya que
el imaginario infantil puede producir un daño mucho mayor que la pérdida en sí misma.
Recuerdo el caso de una paciente adulta que repetía compulsivamente una pérdida traumática
infantil porque la desaparición temporal de los padres así como su mudanza de ciudad, no
tuvieron la menor explicación verbal, dando lugar a las más crueles fantasías por su parte y a
sentimientos de odio hacia la madre que le costó mucho trabajo elaborar en su tratamiento
adulto. El terapeuta no tiene por qué inventar lo que no sabe pero tampoco ocultar lo que sabe, y
está en su buen juicio el elaborar una versión de los acontecimientos adecuada a la verdad y a la
comprensión del niño paciente. Con frecuencia los mecanismos de negación de la familia pueden
mistificar las circunstancias de la pérdida y producir versiones que lejos de ayudar al niño lo
entorpecen. Particularmente, en los casos de ausencias indefinidas, desapariciones o abandonos,
la familia puede ceder a la tentación de elaborar mitologías sobre el personaje ausente, o cerrarse
a toda investigación por parte del niño.

En estos casos, corresponde a la habilidad negociadora del terapeuta el llegar a un acuerdo con la
familia de cómo, cuándo y cuánto de la verdad de los hechos puede ser comunicada. Puede ser
conveniente usar entrevistas familiares o también, si esto no luce como un procedimiento
favorable, el terapeuta hacerse cargo de iluminar ante el niño lo que puede saberse de la
ausencia. No es su papel disculpar o culpar al ausente, quizá baste con decir que a veces las
personas mayores hacen cosas incomprensibles. Tampoco puede prometer un final feliz en el
cual algún día el ausente se resolverá a volver sino acompañar al niño en la duda de si esto
ocurrirá o no.

En la elaboración de la pérdida es también de gran importancia ayudar al niño a evaluar sus


sentimientos hacia el objeto perdido. El grado de amor y odio que el niño siente hacia el objeto
desaparecido debe surgir del mismo niño y no de la suposición teórica del terapeuta. Quiero decir
con esto que no todos los niños tienen la suerte de contar con objetos buenos y que a veces el
objeto desaparecido puede haber sido malo para el niño, con lo cual es necesario estar atentos a
los sentimientos de culpa, ya que el niño puede tener un duelo patológico, es decir, reprocharse
no estar suficientemente triste. Por otra parte, no es necesario suponer que el niño siente la
desaparición como abandono y por consiguiente odia al objeto. Esto puede ser o no cierto en
cada caso y es necesario distinguirlo. En la aparición de los sentimientos ambivalentes hacia el
objeto perdido, es muy importante ayudar al niño a reconocerlos pero no creo que deba de ser
dejado en la duda de si estos sentimientos tienen algo que ver con lo ocurrido. Un niño puede,
efectivamente, haber concebido sentimientos muy hostiles hacia un hermano, pero el terapeuta
debe no sólo ayudarlo a reconocerlos sino a comprender que el hermano murió por otras causas y
explicarle con nociones sencillas los efectos de la enfermedad o accidente que produjo la muerte.
No se trata de un ejercicio necrofílico sino de respetar la necesidad de conocimiento que cada
niño tenga y las variantes individuales. Para algunos niños será suficiente saber que la
enfermedad no era curable, otros querrán ver en láminas anatómicas cómo era el órgano enfermo
o saber más de la enfermedad. No olvidemos que los niños contemporáneos tienen niveles de
información mucho más complicados que en épocas anteriores. Así, por ejemplo, en el caso de
muerte de un hermano, podría decir algo como, "a veces sentías mucha rabia con tu hermano, a
todas las personas nos pasa, que tenemos rabia con las personas que queremos, pero tu hermano
no se murió por eso, aunque tú lo hubieras querido siempre, igual él se iba a morir porque le dio
una enfermedad que hace tal y tal cosa en el cuerpo…"

En la fase del duelo correspondiente a seguir el destino del objeto, el sujeto en duelo se identifica
con el objeto perdido y puede tener conductas o sentimientos de autodestrucción. Esta fase del
duelo en niños debe tener un mayor énfasis en la posibilidad y deseo de supervivencia ya que la
dependencia infantil acentúa la ansiedad del niño, quien puede verse a sí mismo en peligro, por
la ausencia de un objeto protector. Es muy importante tomar en cuenta que la pérdida ocasiona
en el niño, además del problema de la ausencia del objeto, un daño narcisista. El grado de
diferenciación de su familia y de su entorno es menor en el niño que en el adulto. El niño no
solamente pierde un objeto sino un valor narcisista que requiere para la construcción del Yo que
no ha finalizado su proceso. En cierta forma pierde una parte de sí y pierde una parte revestida de
valor narcisista que lo coloca en desventaja subjetiva. Recordemos a Freud que en Aflicción y
Melancolía (1917) relacionaba el duelo con la pérdida de un objeto así como con la pérdida de
un ideal. El lazo afectivo del niño no sólo está en razón de la dependencia emocional con el
objeto sino con los ideales narcisistas atribuidos al objeto, así como con la caída de la
omnipotencia infantil. La muerte, la desaparición de una figura parental o fraternal, el cambio
significativo del entorno relacional, ocasionan en el niño una profunda y prematura decepción
ante la omnipotencia de su deseo y lo introducen en la dimensión de lo efímero y frágil de la
existencia. De modo que además del dolor por la ausencia objetal es necesario tomar muy en
cuenta la insuficiencia narcisista que plantea la experiencia prematura de la pérdida que, repito
una vez más, es una condición muy diferente a las transformaciones y cambios que se suceden a
lo largo de toda vida.

En la fase de sustitución, el terapeuta debe tener una mayor conducción que en el paciente adulto
porque las posibilidades de sustitución del niño son más escasas o de más difícil acceso. Los
objetos significativos no son siempre sustituibles, a ninguna edad, y en las sustituciones parciales
el terapeuta infantil puede tener un papel más activo que el terapeuta de adultos. En este aspecto
el concurso familiar y escolar es de absoluta necesidad, ya que con frecuencia los miembros de la
familia con los que el niño cuenta, están a su vez en duelo, y esto puede ocasionar una doble
pérdida, la del objeto desaparecido y la ausencia emocional de los objetos presentes; de modo
que en estos casos, como en casi todos los relacionados con la psicoterapia infantil, el terapeuta
necesita trabajar con la familia de acuerdo a la evaluación del caso específico. Por otra parte, es
necesario tomar en cuenta que en la infancia, la transferencia afectiva de un objeto a otro es más
rápida que en la vida adulta, y no puede ser calificada como sustitución maníaca de la misma
manera en que se haría con un paciente adulto. El terapeuta deberá estar atento a disminuir los
sentimientos de culpa en el niño si éstos le entorpecen el vínculo con el objeto sustitutivo,
haciéndolo sentir que traiciona al objeto perdido. Por ejemplo, ante la mayor vinculación con un
abuelo o abuela producida por una pérdida parental, podría decirse algo como, "tú querías mucho
a tu papá y no lo vas a dejar de querer, pero ahora necesitas a tu abuelo y necesitas quererlo, tu
papá estaría de acuerdo".

También es un duelo de objeto significativo la presencia de una enfermedad gravemente


incapacitante de alguno de los padres o trastornos psiquiátricos y neurológicos irreversibles que
convierten al objeto en ausente. De nuevo, el terapeuta tendrá que estar del lado de la verdad y de
la imposibilidad del niño de comunicarse con ese objeto que, si bien es percibible, no es
alcanzable. En estos casos, como en el que menciono a continuación, el terapeuta requiere
información constante y actualizada del proceso de la enfermedad, bien a través de un miembro
de la familia o bien del médico tratante. No es muy frecuente pero puede también presentarse el
caso de que el terapeuta o la escuela sean solicitados ante la inminencia de muerte de un
miembro del grupo familiar. El procedimiento terapéutico es básicamente el mismo que en el
caso de que la muerte ya haya ocurrido, con la salvedad de que el terapeuta debe acompañar al
niño en la esperanza de que la pérdida no se produzca, sin dejar por eso de ayudarlo a
comprender las causas por las cuales la enfermedad es mortal.

En resumen, el mayor enemigo en la elaboración del duelo en la infancia es la creencia de que


los niños no pueden atravesar el dolor de las pérdidas. Si bien, como mencioné más arriba, los
mecanismos mágicos de recuperación del objeto no son totalmente extinguibles en la infancia y
debe permitirse su alternancia con la prueba de realidad, también los adultos utilizamos estos
mecanismos, cuando soñamos con personas desaparecidas o cuando utilizamos rituales de
recuperación. A pesar de que el niño pueda alternar la negación con la aceptación de la pérdida,
un proceso de duelo bien conducido en la infancia, lo ayudará a asentar una elaboración
favorable para el futuro, pues, en definitiva, de eso se trata: de ayudar al niño a que pueda
proyectar su existencia a pesar de lo perdido.
Tabla de contenido.
INTRODUCCION
DESCRIPCION
FASES DE UNA ENFERMEDAD GRAVE
DECISIONES EN LA ETAPA FINAL
El SENDERO HACIA EL MORIR
PENA ANTICIPADA
FASES DEL PENAR
TRATAMIENTO
COMPLICACIONES DEL PENAR
LOS NIñOS Y LA PENA
LA PENA Y LAS ETAPAS DEL DESARROLLO INFANTIL Infantes
De 2 a 3 años de edad
De 3 a 6 años de edad
De 6 a 9 años de edad
De 9 años de edad en adelante
OTROS ASUNTOS SOBRE LOS NIñOS Y LA PENA ¿Causé yo la muerte?
¿Me pasará esto a mí?
¿Quién me va a cuidar?
TRATAMIENTO DE LA PENA INFANTIL Explicación de la muerte
Lenguaje Correcto
Planificación del sepelio
Referencias y recursos sobre la pena infantil
LA RESPUESTA CULTURAL SOBRE LA PENA Y EL DUELO

INTRODUCCION Este sumario para pacientes sobre la pérdida, la pena y el pesar es una
adaptación del sumario escrito para profesionales de la salud por expertos en cáncer. Esta y otras
informaciones fidedignas sobre el cáncer y su tratamiento, exámenes de detección, prevención,
apoyo terapéutico y ensayos clínicos en curso están disponible a través del Instituto Nacional del
Cáncer. El período de transición que comprende desde la etapa final de lo que es la experiencia
del cáncer hasta la muerte de una persona querida es diferente para cada persona. Este sumario
describe lo que es la pérdida, la pena y el pesar, las etapas del proceso de penar y los métodos
para lidiar con el mismo. Este sumario también incluye secciones que tratan sobre los niños y su
pena. DESCRIPCION Las personas tienden a asimilar la pérdida de un ser querido de diferentes
formas. Para algunos la experiencia les sirve como oportunidad para el crecimiento personal, a
pesar de ser un momento difícil y doloroso. No existe una forma correcta de asimilar la muerte.
La forma en la que una persona en particular manifiesta su pena dependerá mucho de su
personalidad y de la relación que tuvo con el fallecido. La manera en la que una persona asimila
el pesar está afectada por su experiencia con el cáncer, la forma en que se desarrolló la
enfermedad, las características culturales y religiosas del individuo, la forma en que afronta
situaciones difíciles, su historial de salud mental, los sistemas de apoyo a su disposición, y su
estado económico y social. Con frecuencia los términos pesar, pena y duelo se usan
indistintamente, cuando en verdad tienen significados diferentes. El pesar se produce cuando
alguien ha sufrido una pérdida y experimenta muchas emociones y cambios. El tiempo que dura
este estado va a depender de lo apegado que estaba el individuo a la persona fallecida, y el
tiempo que duró la espera del desenlace. La pena es el proceso normal de reacción ante la
pérdida. Se puede sentir pena ante la pérdida física de una persona (como en la muerte) o en
respuesta a pérdidas de tipo social o simbólicas (como la pérdida de un trabajo o un divorcio). En
todo tipo de pérdida la persona siente que se le ha quitado algo. A medida que una familia
atraviesa este proceso que es la enfermedad del cáncer, pasa por muchas pérdidas, y cada una de
ellas desencadena su propia reacción de pena. La pena se puede sentir como una reacción mental,
física, social o emocional. Las reacciones mentales pueden incluir la rabia, la culpa, la ansiedad,
la tristeza y la desesperación; las físicas pueden incluir problemas para dormir, cambios en el
apetito, trastornos físicos o dolencias; y las sociales pueden incluir los sentimientos que se
tengan en relación a tener que cuidar de otros en la familia, el encontrarse con amigos o
familiares, o el regreso al trabajo. Al igual que con el pesar, el penar dependerá de la relación que
se tuvo con la persona fallecida, las circunstancias que rodearon la muerte, y el grado de apego
con el difunto. La pena puede ser descrita como una combinación de problemas físicos,
pensamientos constante sobre la persona fallecida, culpa, hostilidad, y un cambio en la forma en
que se actúa normalmente. El duelo consiste en la reacción cultural, consciente e inconsciente
ante una pérdida. El duelo incluye el proceso de incorporar la experiencia de la pérdida en la vida
de la persona, y se ve influenciado por costumbres culturales, rituales, y las reglas sociales sobre
como lidiar con la pérdida. "El proceso de penar" es el proceso que el doliente debe de completar
antes de reintegrarse a la vida normal. Estas actividades incluyen liberarse de los lazos con la
persona fallecida, readaptarse a un mundo donde esa persona ya no existe, y establecer nuevas
relaciones. El liberarse de los lazos con la persona fallecida implica que uno debe enfocar en otro
punto la energía emocional que invertía en la persona que ha perdido. Esto no quiere decir de
ninguna manera que haya dejado de amar al ser desaparecido o que lo haya olvidado, sino que el
doliente necesita dirigirse a otros en busca de satisfacción emocional. El doliente tendrá que
modificar sus roles, identidad y habilidades para adaptarse a un mundo donde el fallecido ya no
está, concentrando en otras personas o actividades la energía emocional que antes dedicaba al
fallecido. Con frecuencia las personas que pasan por el proceso de penar se sienten
extremadamente cansadas, ya que este proceso requiere energía física y emocional. La pena que
sienten no es solamente por la persona que falleció, sino también por todos los planes y deseos
que no se llevaron a cabo con la persona desaparecida. La muerte despierta con frecuencia
recuerdos de pérdidas o separaciones del pasado. Podría decidirse que el duelo consta de tres
fases: la urgencia de recuperar a la persona perdida, la desorganización y tristeza, y la
reorganización. FASES DE UNA ENFERMEDAD GRAVE El entender cómo otras personas
afrontan las enfermedades de gravedad podría ayudar al paciente y su familia a prepararse para
lidiar con la que atañe a su caso. Se puede decir que la enfermedad grave consta de cuatro fases:
la fase antes del diagnóstico, la fase aguda, la crónica, y la de recuperación o muerte. La fase
anterior al diagnóstico de una enfermedad grave es el período de tiempo antes del diagnóstico
cuando el paciente se da cuenta de que corre el riesgo de desarrollar una enfermedad. Esta fase
no se compone de un solo instante, sino que se extiende por todo el período en que la persona es
sometida a un examen físico, incluyendo varios análisis, y culmina en el momento en que recibe
el diagnóstico. La fase aguda sucede durante el diagnóstico, cuando la persona se ve forzada a
entender el diagnóstico y tiene que tomar una serie de decisiones acerca de su cuidado médico.
La fase crónica se define como el período entre el diagnóstico y el resultado del tratamiento,
cuando los pacientes tratan de lidiar con las demandas de la vida cotidiana al mismo tiempo que
reciben tratamiento y tratan de aceptar sus efectos secundarios. Hace algún tiempo, el período
entre el diagnóstico de cáncer y la muerte era típicamente de unos meses, los cuales se solían
pasar en el hospital. Sin embargo, ahora las personas pueden vivir años después de recibir un
diagnóstico de cáncer. Durante la fase de recuperación, las personas tienen que afrontar los
efectos psicológicos, sociales, físicos, religiosos y monetarios del cáncer. La fase final o terminal
de una enfermedad grave ocurre cuando la muerte se convierte en algo inminente. En este
momento se cambia de objetivo, y en vez de intentar curar o prolongar la vida del individuo, los
esfuerzos se concentran en ayudar a que la persona se sienta cómoda y ofrecer alivios para el
dolor. Las tareas durante esta fase final a menudo se enfocan en lo religioso. DECISIONES EN
LA ETAPA FINAL El cuidado de una persona con cáncer empieza después de presentarse los
síntomas y haberse hecho el diagnóstico, y continúa hasta que el paciente se cura, entra en
remisión o fallece. Las decisiones que afectan la etapa final de la vida deben tomarse con
anticipación, antes de que sean necesarias. Estos temas no son placenteros o fáciles de tratar.
Muchas veces reflejan el carácter filosófico, moral, religioso o espiritual del individuo. Si una
persona tiene sentimientos definidos acerca de estas decisiones, debe comunicarlo para que se
puedan llevar a cabo. Pero debido a la naturaleza delicada de estas decisiones, casi nunca son
tratadas por el paciente, el médico o los familiares. Las personas involucradas piensan que
siempre habrá tiempo para hablar sobre esas cosas más tarde. Pero muchas veces, cuando llega el
momento de tomar estas decisiones, el paciente y la familia no son capaces de hacerlo, y los que
deciden son personas que en algunos casos no conocen los verdaderos deseos del paciente. El
primer paso a dar cuando se van a tomar decisiones en la etapa final de la vida es completar un
formulario llamado Health Care Proxy (HCP por sus siglas en inglés), en el cual se otorga un
poder legal relacionado al cuidado de la salud. Estos formularios varían de estado a estado, pero
su propósito es siempre el mismo. El formulario le da al paciente el poder de escoger a una
persona (su apoderado) que tome las decisiones médicas, en caso de que él no lo pueda hacer.
Puede que no sea necesario presentar este formulario ante un notario, pero siempre se debe
firmar ante dos testigos. En muchos estados este formulario tiene ventajas sobre la última
declaración voluntaria de vida ("living will") porque el paciente no tiene que dar instrucciones
específicas, sino que basta con que diga que su apoderado conoce sus deseos. La última
declaración voluntaria de vida es similar al formulario HCP. Esta permite al paciente declarar de
forma más detallada sus deseos relativos al cuidado de su salud, nutrición, y otros temas médicos
para que los doctores y los encargados de su cuidado puedan cumplir sus deseos. En algunos
estados las últimas declaraciones voluntarias de vida no son legales o no están disponibles, y en
los que se reconoce su validez, normalmente es necesario la presencia de un abogado y la
notarización para completar estos documentos. Las órdenes de No Resucitar (DNR por sus siglas
en inglés) dan instrucciones a los doctores y otras personas encargadas del cuidado médico para
que no tomen medidas extremas con el fin de salvar la vida del paciente en caso de que el
corazón le deje de latir o él deje de respirar. Para aquellos pacientes con ideas claras sobre estos
asuntos, es aconsejable que conversen con sus doctores y con las personas encargadas de su
salud y llenen los formularios apropiados lo más pronto posible (preferiblemente en el momento
de ingresar al hospital), antes de que la persona pierda la facultad de tomar estas decisiones. A
pesar de que los familiares y los pacientes se sienten usualmente incómodos a la hora de abordar
estos temas, los doctores y enfermeras pueden abordarlos respetuosamente y con tacto cuando lo
consideren apropiado. Existen programas, como el llamado hospicio, que dan la oportunidad de
que los pacientes puedan morir en su casa. En algunos estados existen formularios de DNR para
aquellos pacientes que prefieren morir en casa, lo cual les protege de ser resucitados en contra de
su voluntad. Estas instrucciones por adelantado son firmadas por el doctor del paciente e indican
que el paciente no desea ser resucitado. Es importante hablar sobre estos temas sin importar
dónde reciba el paciente cuidados médicos, ya sea en la casa, el hospital, el hospicio, un asilo o
cualquier otro lugar. El SENDERO HACIA EL MORIR Las personas que se encuentran en
proceso de morir pueden avanzar hacia el final de la vida de maneras diferentes; la muerte puede
presentarse en un plazo corto o prolongado. El sendero hacia la muerte depende de la causa de la
muerte. El sendero hacia la muerte puede ser un camino largo y lento, que puede prolongarse
durante años, u ocurrir rápidamente (como en el caso de un accidente automovilístico) donde la
fase crónica es corta o no existe. La trayectoria de "altas y bajas" describe a un paciente que
mejora con frecuencia sólo para volver a empeorar (como en los pacientes de SIDA o leucemia).
Otra trayectoria hacia la muerte es la caracterizada por un descenso largo y lento de la salud
seguido por un período de estabilización (por ejemplo, las personas cuyo estado de salud
desciende para luego estabilizarse en un nivel mas bajo y limitado). Este tipo de pacientes deben
adaptarse a la pérdida de algunos niveles de funcionamiento. Con frecuencia las muertes
asociadas al cáncer tienen procesos largos, muchas veces con dolores y sufrimientos a largo
plazo y pérdida del control sobre las funciones mentales y corporales. Las muertes por cáncer se
caracterizan por la demanda física y mental a la que están expuestos tanto los pacientes como sus
familiares al extenderse durante largos períodos de tiempo. PENA ANTICIPADA La pena
anticipada se refiere al proceso de duelo normal que ocurre cuando el paciente o los miembros de
la familia presienten la muerte, e incluye muchos de los síntomas que se presentan después de
que la persona fallece. La pena anticipada incluye depresión, suma preocupación por la persona
que va a morir, preparación para el desenlace y adaptación a los cambios que ésta conlleva. Esta
pena provee a los familiares de tiempo para absorber gradualmente la realidad de la pérdida. Los
individuos pueden finalizar "asuntos pendientes" con el moribundo (por ejemplo, el decir
"adiós", "te amo" o "te perdono"). La pena anticipada no es algo que se presenta siempre, y no
significa que la pena que se siente antes de la muerte sea igual a la que se experimenta después.
No existe tampoco una cantidad de pena determinada que deba sentirse, ni se puede decir que la
pena que se siente antes de la muerte logre que la pena después de ésta dure menos tiempo. La
pena que sigue a una muerte no esperada es diferente a la pena anticipada. Una pérdida no
esperada podría abrumar los mecanismos de asimilación de una persona, haciendo imposible su
funcionamiento normal. Los dolientes podrían no percatarse del impacto real de su pérdida. Aun
cuando la persona reconozca que ha perdido a un ser querido, podría no aceptar la pérdida a nivel
mental o emocional. Después de una muerte inesperada, el doliente podría tener la sensación de
que el mundo está en estado de caos y que ya no tiene sentido. Algunas personas piensan que la
pena anticipada casi nunca ocurre. El aceptar la muerte de un ser querido antes de que este muera
podría ocasionar que el doliente sienta que está abandonando al moribundo. La espera de una
muerte inminente usualmente estrecha los lazos con la persona que va a morir. A pesar de que un
penar anticipado podría servir de ayuda a los familiares, el moribundo podría verse afectado de
una profunda pena que lo lleve a retraerse. FASES DEL PENAR El proceso del duelo puede ser
dividido en cuatro fases:
1. Conmoción y aturdimiento: los familiares tienen dificultades para procesar la pérdida;
están aturdidos y estupefactos. 2. Anhelo y búsqueda: los sobrevivientes sienten ansiedad por
la separación y no pueden aceptar la realidad de la pérdida. Esto engendra el deseo de buscar
y recobrar a la persona perdida. El fracaso de esta búsqueda conlleva repetidos desencantos y
frustraciones. 3. Desorganización y desesperación: los familiares usualmente se sienten
deprimidos y tienen dificultades para planear el futuro, se distraen con facilidad y
experimentan problemas para concentrarse. 4. Reorganización
TRATAMIENTO Las sesiones de orientación ayudan a los dolientes con pena sin
complicaciones (normal) a completar el proceso del penar. La orientación la proporcionar
profesionales u otras personas en proceso de duelo. Estos servicios pueden llevarse a cabo en
grupo o individualmente. Las metas de esta orientación incluyen:
 ayudar a la persona en duelo a aceptar la pérdida, haciéndoles hablar sobre ella.
 ayudar al doliente a identificar y expresar los sentimientos relacionados con la perdida
(por ejemplo, rabia, culpa, ansiedad, desamparo y tristeza)
 ayudar al doliente a vivir sin el fallecido y a tomar sus propias decisiones
 ayudar al doliente a independizarse emocionalmente del fallecido y establecer relaciones
nuevas.
 proporcionándole el apoyo y el tiempo necesarios para enfocar su duelo en ocasiones
especiales como cumpleaños y aniversarios.
 explicarle en qué consiste una pena normal, y cuáles son las diferencias individuales en
este proceso.
 dar apoyo continuo
 ayudar a la persona a entender su forma de penar
 identificar problemas de la persona al confrontar la pena y recomendarle que acuda a un
profesional en terapia del penar.
La terapia del penar se usa en personas que reaccionan de manera compleja ante una pena. La
meta de la terapia es identificar y resolver los conflictos de separación de la persona con el
fallecido. Los conflictos de separación pueden presentarse como problemas físicos o del
comportamiento, duelo demorado o extremo, pena prolongada o conflictiva, o duelo inesperado
(aunque este tipo no se encuentra normalmente en las muertes por cáncer). La terapia del penar
puede proporcionarse de forma individual o en grupo. Lo normal es establecer un contrato con el
individuo para definir el tiempo límite de terapia, su costo, y las expectativas y enfoques a
utilizar. La terapia del penar requiere hablar acerca de la persona fallecida, y reconocer si hay
emociones mínimas o exageradas alrededor de la pérdida. Esta terapia puede ayudar a la persona
a ver que la culpa, la rabia, u otros sentimientos negativos o incómodos pueden existir al mismo
tiempo que otros sentimientos más positivos en relación al difunto. Los seres humanos tienden a
formar lazos afectivos sólidos con otras personas. Cuando estos lazos se rompen, como por
medio de la muerte, las reacciones emocionales son fuertes. Después de la pérdida, hay ciertas
tareas de duelo que deben completarse. Estas tareas básicas incluyen el aceptar la realidad de la
pérdida, vivir con el dolor físico y emocional de la pena, adaptarse a una vida sin el ser querido,
y separarse emocionalmente de él para continuar viviendo. Es esencial que la persona que
atraviesa por una pena de este tipo complete estas tareas antes de que termine el duelo. En la
terapia del penar, existen seis tareas que se pueden usar para ayudar a la persona en duelo a
superar el proceso: 1) desarrollar la capacidad de experimentar, expresar y adaptarse a los
dolorosos cambios afectivos de la pena; 2) utilizar los medios más eficaces de afrontar los
cambios dolorosos; 3) establecer una relación continuada con el difunto, 4) mantenerse saludable
y funcional; 5) restablecer antiguas relaciones, y entender que otros podrían tener dificultad en
comprender su pena; y 6) llegar a tener una buena imagen de sí mismo y del mundo. Pudieran
surgir complicaciones en el proceso del penar debido a que este proceso no fue debidamente
finalizado en pérdidas anteriores. Para poder resolver satisfactoriamente el duelo presente, se
debe afrontar la pena relacionada con estas pérdidas anteriores. Una terapia sobre el duelo
incluye el lidiar con la resistencia al proceso de duelo, identificar los asuntos pendientes con el
fallecido, e identificar y acomodar pérdidas secundarias como resultado del fallecimiento. Por
último se ayuda al doliente a aceptar lo irreversible de la pérdida y visualizar lo que será su vida
después del período de duelo. COMPLICACIONES DEL PENAR Las reacciones complejas
hacia la pena requieren de terapias más complejas que las reacciones normales del penar.
Algunas de las complicaciones del penar más comunes son los trastornos de la adaptación
(especialmente la depresión y la ansiedad o emociones y comportamientos perturbados), la
depresión grave, la toxicomanía e incluso los trastornos del estrés postraumático. Cuando el
penar se torna complejo, se puede identificar por la duración de los síntomas, la interferencia que
ocasionan o la intensidad de los mismos (por ejemplo, pensamientos o conductas suicidas
intensas). La pena compleja o sin resolver se puede manifestar como una ausencia total de pena y
duelo, la incapacidad de sentir una pena normal, la pena retardada, la pena conflictiva, o la pena
crónica. Los factores de riesgo en las complicaciones del duelo incluyen: lo súbito de la pérdida,
el sexo del doliente, y la relación con el difunto (por ejemplo, una relación demasiado cercana e
intensa o una ambivalente). Las reacciones de penar que se convierten en depresiones graves
deben ser tratadas con medicamentos y enfoques psicoterapéuticos a la vez. La persona que evita
todo lo que le recuerda al fallecido, que piensa constantemente en él o sueña con él, y que
reacciona con pánico ante cualquier cosa que le recuerde al difunto puede estar padeciento un
trastorno por estrés postraumático. Otra reacción posible es recurrir a la toxicomanía, a menudo
con el fin de intentar evitar los sentimientos de dolor relacionados con la pérdida y los síntomas
que la persona padezca (como el insomnio). Este problema también se puede tratar con
medicamentos y psicoterapia. LOS NIñOS Y LA PENA Hace tiempo se tenía el concepto de que
los niños eran adultos en miniatura y debían por tanto actuar como tales. Hoy se entiende que
existen diferencias en la forma de manifestar el duelo entre niños y adultos. A diferencia de los
adultos, los niños no experimentan un duelo intenso y continuo de reacciones emocionales y
conductuales ante la pena. Los niños pueden mostrar su pena de manera ocasional y breve, pero
en realidad el proceso dura mucho más tiempo que en los adultos. El proceso de duelo quizás
necesite ser analizado varias veces durante el desarrollo de la vida de un niño. El niño durante su
proceso de crecimiento revivirá la pérdida en ocasiones variadas, especialmente durante los
eventos importantes de su vida, como al ir de campamento, al graduarse de la escuela, al casarse,
o al tener un hijo. El que el periodo de duelo sea más largo se debe a que la capacidad del niño de
experimentar emociones intensas es limitada. Varios aspectos afectan la manera en que el niño
experimenta la pena: su edad, su personalidad, la etapa de desarrollo en que se encuentre, sus
experiencias anteriores con la muerte, y su relación con el difunto. Algunos factores que pueden
influir en el proceso del penar son: el ambiente que rodea al niño, la causa de la muerte, la
capacidad de comunicación de los familiares, y la estabilidad de la familia después de la pérdida.
También pueden influir cómo se satisfacen las necesidades del niño, las oportunidades que él
tenga de compartir sus sentimientos y sus recuerdos, la capacidad de los padres de afrontar las
tensiones, y la existencia de relaciones firmes entre el niño y otros adultos. Los niños no
reaccionan a la pérdida de la misma forma que los adultos, y podrían no demostrar sus
sentimientos tan abiertamente. Algunos niños, en lugar de volverse retraídos y tener
pensamientos obsesivos acerca de la persona fallecida, se vuelven activos (por ejemplo, pueden
estar muy tristes un minuto y estar jugando al minuto siguiente). Este comportamiento es
usualmente interpretado de manera errónea como que "el niño no entiende" o "que ya rebasó la
etapa de dolor". Lo que sucede es que la mente del niño lo protege de experiencias que son
demasiado fuertes para afrontar a su edad. Los episodios de pena en los niños tienden a ser mas
cortos debido que ellos no pueden explorar de una manera racional todos su pensamientos y
sentimientos como lo hace un adulto. Además, los niños tienen dificultad en expresar
verbalmente sus sentimientos acerca de la pena, por lo que su comportamiento dice más que sus
palabras. Los sentimientos de rabia, y el miedo a morir o a ser abandonados pueden ser evidentes
en su comportamiento. Los niños tienden a jugar a hacerse el muerto para de esa manera resolver
sus temores y ansiedades. El jugar les es familiar, y por tanto es una forma segura de expresarse.
LA PENA Y LAS ETAPAS DEL DESARROLLO INFANTIL La muerte y los eventos que la
rodean se interpretan de diferentes formas dependiendo de la etapa de desarrollo en que se
encuentre el niño. Infantes Aunque los infantes (etapa del nacimiento hasta los 12-14 meses,
nota del traductor) no reconocen lo que es la muerte aún, los sentimientos de separación y
pérdida son parte del proceso de crear una conciencia de lo que es la muerte. Los niños que han
sido separados de sus mamás pueden exhibir una conducta apática, callada, y no responden a
sonrisas o arrullos. También pueden verse cambios físicos como pérdida de peso, desvelo y falta
de actividad. De 2 a 3 años de edad Los niños de esta edad suelen confundir la muerte con el
dormir y pueden sentir ansiedad a una edad muy temprana, incluso a los tres años. Como
reacción pueden exhibir pérdida del habla y angustia generalizada. De 3 a 6 años de edad A esta
edad los niños ven la muerte como una forma de dormir; la persona está viva pero limitada en
alguna forma. Estos niños no separan completamente la muerte de la vida y pueden pensar que la
persona todavía está viva, aun después de estar enterrada, y hacer preguntas sobre ella (por
ejemplo, cómo come, va al baño, respira o juega). Los niños de esta edad saben que la muerte es
física pero creen que es temporal, reversible y no definitiva. Su concepto de la muerte puede
tener un componente de pensamiento mágico. Por ejemplo, pueden creer que un pensamiento
malo suyo causó que la persona se enfermara o muriera. Los niños menores de cinco años
pueden exhibir trastornos en el comer, el dormir y el control de las funciones corporales. De 6 a
9 años de edad No es inusual que los niños en esta edad empiecen a mostrar curiosidad acerca
de la muerte, inclusive haciendo preguntas concretas acerca de lo que le pasa al cuerpo cuando
uno muere. Estos ven la muerte como si fuera una persona o un espíritu separado del individuo
que falleció, por ejemplo, un esqueleto, un fantasma, un ángel de la muerte o sencillamente "el
coco." Los niños pueden ver la muerte como algo definitivo y que amedrenta, pero que le pasa
más a la gente vieja (no a ellos). Los niños en este proceso de la pena pueden desarrollar fobia a
la escuela, problemas de aprendizaje, comportamiento agresivo o antisocial, volverse
extremadamente preocupados sobre su propia salud (por ejemplo, mostrando síntomas de
enfermedades imaginarias) y aislarse de los demás. También pueden convertirse en niños
sumamente apegados y dependientes de otros. Los varones típicamente manifiestan una conducta
más agresiva y destructiva (por ejemplo, portándose mal en la escuela), en vez de mostrarse
tristes abiertamente. El niño puede sentirse abandonado por ambos padres, tanto el que murió
como el que está vivo, ya que el padre que está vivo está inmerso en su propia tristeza y no es
capaz de brindarle el apoyo emocional que necesita. De 9 años de edad en adelante Para
cuando el niño cumple los 9 años, ve la muerte como algo inevitable y no como un castigo, y
para los 12, entiende que la muerte es irreversible y que le pasa a todo el mundo. En la sociedad
norteamericana, muchos de los adultos que atraviesan un proceso de duelo se aíslan y limitan su
comunicación con el mundo exterior. Los niños en cambio a menudo hablan con otras personas
(incluso extraños) como una forma de observar sus reacciones y encontrar pautas que les ayuden
a explorar sus propios sentimientos. El niño puede incluso hacer preguntas confusas como; "Yo
se que mi abuelo se murió, pero ¿cuando va a regresar?" Esto es una manera de probar la
realidad y confirmar que la historia de la muerte no ha cambiado. OTROS ASUNTOS SOBRE
LOS NIñOS Y LA PENA Hay tres temas prominentes en la expresión de la pena en los niños: (1)
¿Causé yo la muerte? (2)¿Me pasará esto a mí? (3)¿Quién me va a cuidar? ¿Causé yo la
muerte? Los niños frecuentemente creen que tienen poderes mágicos. Si la madre le grita en su
desesperación, "me vas a matar", y luego se muere, el niño puede pensar que él causó la muerte.
También sucede entre niños cuando después de una discusión uno dice (o piensa): "ojalá se
muera". Si ese niño muere luego, el niño que lo deseó puede creer que sus pensamientos fueron
los que provocaron la muerte. ¿Me pasará esto a mí? La muerte de otro niño es muy difícil de
aceptar. Si el niño piensa que la muerte se pudo haber evitado (ya sea por los padres o por el
doctor), puede temer que le vaya a pasar a él también. ¿Quién me va a cuidar? Debido a que los
niños dependen de los padres y otros adultos para sus cuidados y necesidades, la pérdida de
alguien importante les puede hacer sentir miedo de quién les va a cuidar. TRATAMIENTO DE
LA PENA INFANTIL El proceso de duelo de un niño podría facilitarse si nos mostramos
abiertos y honestos con él en nuestras discusiones sobre la muerte, usando un lenguaje directo e
integrando al niño en los ritos y ceremonias relacionadas al fallecimiento. Explicación de la
muerte El guardar silencio acerca de la muerte (lo cual indica que el tópico es tabú) no ayuda al
niño a afrontar la pérdida. Al hablar sobre la muerte con un niño, la explicación debe mantenerse
tan simple y directa como sea posible. Se le debe decir la verdad usando detalles suficientes para
su nivel de comprensión, y sus preguntas deben ser respondidas con honestidad y sin rodeos. A
los niños se les debe dar seguridad (a menudo se preocupan de si van a morir también, o si su
otro padre les va a abandonar). También se debe responder a todas sus preguntas, asegurándose
de que el niño entiende la información. Lenguaje Correcto Esta conversación debe incluir las
palabras apropiadas, como "cáncer", "muerte" y "murió". No se debe usar eufemismos tales
como "se fue al más allá", "está dormido" o "lo perdimos" porque pueden interpretarse mal y
confundir al niño. Planificación del sepelio Después de una muerte, los niños pueden y deben
ser incluidos en los planes para el sepelio y participar en él. Esto ayuda a los niños (y los adultos)
a recordar a la persona amada. A pesar de que los niños no deberían ser nunca forzados a
participar en estas ceremonias, se les debe animar a tomar parte en aquellos aspectos en los que
se sientan cómodos. Si el niño desea participar en el funeral o el velatorio, se le debe explicar en
detalle y por anticipado qué es lo que debe esperar. El padre o madre sobreviviente podría estar
muy ocupado(a) con su propia pena y no atender al niño como necesita, por lo que puede ser
bueno escoger un adulto de confianza o un familiar cercano para que ayude al niño durante el
proceso. Referencias y recursos sobre la pena infantil Existe una gran variedad de libros y
videos que pueden ser compartidos con los niños en proceso de duelo. Los siguientes están en
inglés.
1. Worden JW: Children and Grief: When a Parent Dies. New York: The Guilford Press,
1996. 2. Doka KJ, Ed.: Children Mourning, Mourning Children. Washington, DC: Hospice
Foundation of America, 1995. 3. Wass H, Corr CA: Childhood and Death. Washington, DC:
Hemisphere Publishing Corporation, 1984. 4. Corr CA, McNeil JN: Adolescence and Death.
New York: Springer Publishing Company, 1986. 5. Corr CA, Nabe CM, Corr DM: Death and
Dying, Life and Living. 2nd ed., Pacific Grove: Brooks/Cole Publishing Company, 1997. 6.
Grollman EA: Talking About Death: A Dialogue Between Parent and Child. 3rd ed., Boston:
Beacon Press, 1990. 7. Schaefer D, Lyons C: How Do We Tell the Children?: Helping
Children Understand and Cope When Someone Dies. New York: Newmarket Press, 1988. 8.
Wolfelt A: Helping Children Cope with Grief. Muncie: Accelerated Development, 1983. 9.
Walker A: To Hell with Dying. San Diego: Harcourt Brace Jovanovich, 1988. 10. Williams
M: Velveteen Rabbit. Garden City: Doubleday, 1922. 11. Viorst J: The Tenth Good Thing
About Barney. New York: Atheneum, 1971. 12. Tiffault BW: A Quilt for Elizabeth. Omaha:
Centering Corporation, 1992.
LA RESPUESTA CULTURAL SOBRE LA PENA Y EL DUELO La pena por la pérdida de un
ser querido, de algo que atesoramos o debido a un cambio drástico en nuestras vidas es una
manifestación universal que traspasa todas las culturas y edades. Sin embargo, aún no se
entiende completamente el papel que juega el aspecto cultural en la pena y el duelo. Las
actitudes, creencias y rituales relacionados con la muerte deben ser descritos acorde a los mitos y
misterios que la rodean en las diferentes culturas. Las experiencias individuales de la pena son
similares entre diferentes culturas. Esto resulta ser cierto aun cuando las culturas exhiben
distintas ceremonias de duelo, tradiciones y conductas para expresar la pena. El ayudar a una
familia a asimilar la muerte de un ser querido implica el respetar su herencia cultural e
incentivarlo a que decida como honrar al fallecido. Las siguientes son una serie de preguntas
importantes para formularles a las personas que han perdido a un ser querido.
1. ¿Cuales son los ritos y costumbres que se llevan a cabo en su cultura durante el proceso de
duelo, el funeral y el entierro? 2. ¿Cuales son las creencias de la familia acerca de lo que pasa
después de la muerte? 3. ¿Que tipo de expresiones emocionales se consideran apropiadas
ante la pérdida? 4. ¿Existe alguna regla sobre el rol que debe desempeñar cada miembro de
de la familia ante la muerte de un ser querido? 5. ¿Existe algún tipo de estigma ante
determinado tipo de muerte (como el suicidio) o existen ciertas clases de muerte que son
especialmente traumáticas para su grupo cultural (como la muerte de un niño)?
La muerte, la pena y el duelo son aspectos universales y naturales del proceso de la vida. Todas
las culturas han desarrollado prácticas que les ayudan a lidiar con la muerte, y el perturbar estas
prácticas puede interrumpir el necesario proceso de pena. El entender estas prácticas pueden
ayudar a los médicos a identificar el proceso del penar en pacientes de otras culturas. Date Last
Modified: 12/2000

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